Novelas petersburguesas: Diario de un loco, La nariz; Nikolai Vasílievich Gógol

Literatura ucraniana del siglo XIX. Narrativa. Biografía. Obra

  • Enviado por: Santiago Simón Cabodevilla
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 7 páginas
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DIARIO DE UN LOCO. LA NARIZ.

Nikolai Vasílievich Gógol nació en Soróchintsi, en la provincia ucraniana de Poltava, en marzo de 1809. De modo general, se suele indicar que Gógol, es decir, su obra, ejemplifica el paso, en la literatura rusa, del romanticismo al realismo. Como toda generalización, debe entenderse la afirmación anterior con sus restricciones ya que si se contempla el panorama de las letras rusas durante el siglo XIX, no cabe duda de que los escritos del autor de La nariz conllevan un punto de inflexión entre los tonos lírico-románticos del gran Pushkin y las narraciones netamente realistas de Tolstoi o Dostoievski. Bajo el título de Novelas petersburguesas agrupó Gógol cinco cuentos, entre ellos Diario de un loco (también conocido como Apuntes de un loco) y La nariz. Tienen en común como fondo social y físico la ciudad de San Petersburgo, actual Leningrado, y constituyen junto con Las Almas muertas, la cumbre de la narrativa gogoliana.

Comencemos nuestro estudio con un breve resumen del contenido de ambos relatos. Diario de un loco es una de las narraciones más conocidas de Gógol. En muchas ocasiones ha sido llevada al teatro. En ella, un modesto empleado se enamora de la hija de su director y piensa que puede casarse con ella para llegar así a una buena posición social. Su ansia de ser reconocido socialmente y aceptado como novio le lleva a la locura. Nuestro protagonista oye la conversación de dos perros (Medji y Fidèle) y escucha que incluso se escriben cartas: "Sospeché desde hace tiempo que los perros son más inteligentes que las personas, y que incluso, pueden hablar; solo que son bastante tercos: El perro es un verdadero político: todo lo nota, no se le escapa ni un paso del hombre." Al día siguiente va a interrogar a la perrita y le roba las cartas, por ellas se entera de que un tal Teplov visita a su amada (Sofía) y de que él no es el pretendiente elegido. Su locura se agrava. Se levanta un día y "cae en la cuenta" de que es el rey de España (éste es uno de los momentos clave de la obra): "¡Hoy es un gran día! ¡En España hay un rey! ¡Por fin ha sido encontrado! Y este rey soy yo. (...) Ahora me ha sido revelado todo, ahora lo veo todo con claridad." Más tarde es internado en un manicomio y él piensa que le han llevado a Madrid para gobernar: "¡Qué país tan extraño es España! Al entrar en la primera habitación, vi a muchas personas con el pelo rapado, y enseguida me figuré que debían ser dominicos o capuchinos, pues tienen el hábito de afeitarse la cabeza. El comportamiento del canciller de Estado conmigo me pareció de lo más extraño: me llevó de la mano y me condujo a un cuarto, a cuyo interior me empujó, diciéndome: -Quédate aquí. Y si persistes en pasar por Fernando (Fernando VIII. Tras la muerte de Fernando VII los aspirantes a la corona en la guerra de sucesión española eran dos: la regente de Isabel II, María Cristina y el hermano de Fernando, el infante Carlos lo que provocó la primera guerra carlista 1833-1840), ya te quitaré yo las ganas de seguir haciéndolo."

La novela tiene forma de diario con las anotaciones del protagonista: No está escrito con fidelidad cronológica Aunque al principio los días están cercanos, luego el calendario se espacia y acaba fechado sin sentido. Es una de las claves por las que podemos observar la propia evolución degenerativa del protagonista: " Día 34 de febrero de 343", " "Enero del mismo año, que tuvo lugar después de febrero", "Año 2000 3 de abril" o "cierta fecha". Podríamos afirmar que se trata de un proceso acelerado de demencia. El texto progresa desde un aparente realismo a un delirio esquizofrénico en el que se mantiene un intento de lenguaje verosímil. Es la historia de la no-aceptación de la realidad, del deseo de ser otro y tener un puesto social más elevado.

Para muchos enamorados de la obra de Gógol La nariz es, junto con El capote, el exponente máximo de su excepcional talento. Sin duda es la cumbre de su humor, de su comicidad, de su concepción universal de la risa. La trama tiene tres momentos. En primer lugar, un barbero encuentra en el panecillo del desayuno una nariz. Reconoce que es la del mayor Kovaliov (cliente suyo): "Sí, no cabía duda: se trataba de una nariz y hasta le parecía que era de un conocido". Asustado, se va a la calle para deshacerse de ella y se narran las peripecias hasta que se desprende de ella tirándola desde un puente. En segundo lugar el mayor se levanta y descubre que le falta su nariz, acude a la policía a denunciarlo, la reconoce en un consejero de estado que se escabulle ante sus preguntas, tiene lugar una persecución, aparece su nariz pero no puede adherírsela a su piel y más peripecias que se narran. En un tercer momento se vuelve a la normalidad. El mayor se despierta y la nariz aparece en su sitio: "Por la mañana, al despertarse, miró como por casualidad al espejo y vio reflejada en él... ¡su nariz! La cogió con las manos. ¡Efectivamente, era su nariz!".

¿Podemos encontrar alguna relación con Diario de un loco? Aparece en el diario una afirmación: "Ni tampoco tiene la nariz de oro, sino que es como la mía y la de cualquiera. Le sirve para oler y no para comer; para estornudar y no para toser". Parece que Gógol retoma el tema de la nariz para ejemplificar las diferencias sociales que la nariz marca como signo. Pero este no es el tema. Podemos observar un intento por demostrar la función que lo inverosímil ocupa en el arte y en la vida, como si ésta estuviera llena de elementos inverosímiles. Se puede apreciar esta idea sobre todo en la parte final del cuento en la que aparece una pequeña reflexión del narrador: "Y he aquí la historia que sucedió en la capital septentrional de nuestro gran imperio. Solo ahora, después de reflexionar sobre todo esto, vemos que hay mucho de inverosímil. Sin hablar de lo extraño de la desaparición sobrenatural de la nariz y su aparición en diferentes lugares, bajo la figura de consejero de Estado...(...)

Se trata del ejemplo máximo de humor grotesco y risa frente al mundo. Aprender a ver las cosas "del otro lado de lo trágico" ya que empieza la narración con el barbero que encuentra la nariz en su desayuno, no con el que la pierde. La lógica del desposeído de la nariz y la ambientación contribuyen a recrear una historia real pero disparatada. Los comentarios de la gente, las aglomeraciones que se producen en la calle para ver la nariz, las discusiones en las tertulias, cumplen las funciones de dotar de racionalidad aparente al relato. Pocas obras consiguen fundir con tanta perfección lo real con lo fantástico.

Hemos de afirmar, en primer lugar, que hemos encontrado muy pocos aspectos en común con lo estudiado en clase referente al tema de la locura. Vemos que no existe ningún punto en común en lo que se refiere al primer tema "locura en la controversia" ya que en el caso de Diario de un loco, nuestro protagonista, loco según el mundo no tiene por qué ser sabio frente a dios ni al contrario. En este caso, la verdadera sabiduría y la sabiduría según el mundo no están enfrentadas. En cuanto a los límites del atrevimiento, los dos protagonistas son comedidos pero no cobardes. El autor del diario, firma en una ocasión como Fernando VIII aunque en público prefiere "no dar su identidad". El mayor Kovalev toma cartas en el asunto en cuanto descubre la falta de su apéndice aunque por la calle se cubre la parte central del rostro con un pañuelo.

En lo que se refiere a la locura en relación con la creación artística no se aprecia ningún elemento en común ya que no existe ni visionarismo ni técnica ni inspiración ni identificación de naturaleza con los sentimientos. Lo único donde podemos encontrar una relación es con el Manifiesto surrealista de Bretón cuando afirma: "el loco es el que no ha renunciado a su imaginación". Todo o casi todo lo que le sucede al protagonista del diario es producto de su imaginación. Es ahí donde se mueve con libertad y lo que le hace feliz. Aunque acaba internado en una manicomio él piensa que está en España y que son sus raras costumbres lo que "no le cuadra": "(...) protesté enérgicamente, lo que me valió por parte del canciller dos golpes en la espalda(...) me contuve al pensar que eso era solo una costumbre caballeresca que siempre tenía lugar en los grandes acontecimientos, ya que en España se conservan aún las tradiciones caballerescas".

Sí hemos encontrado algún rasgo que comentar en cuanto al tema "locura y tragedia". Por ejemplo el personaje de Hamlet entra en la dinámica de la venganza a partir de la aparición del fantasma de su padre. En Diario de un loco el protagonista espera la llegada de los diputados españoles para vengarse de sus jefes en el trabajo y en general, de todos aquellos que se encuentran socialmente por encima de él: "No sabéis quien soy pero ya veréis". En el protagonista de La nariz, se observa un incontrolable deseo de vengarse a toda costa del autor de su desgracia aunque como esta venganza no sabe muy bien cómo encaminarla ni contra quién, se queda en rabia la mayor parte de las veces.

Sí se produce como punto de partida una situación de impotencia del protagonista, cosa que suele ocurrir en la mayor parte de las tragedias. En este caso la locura no está producida por la ira ni es infundida por los dioses. La locura de los personajes ni es sobrenatural ni demoníaca ni estos se comportan de forma temperamental ni desmesurada. Tampoco se trata de demencia senil ni existe familiar alguno que influya en su locura. En el caso del diario, se trata de un loco "loco" o de un loco "auténtico" que no hace daño a nadie aunque en su caso su locura será castigada con el ingreso en un sanatorio donde recibe maltratos físicos. Además desde el primer día la locura está presente ya que se observan síntomas de paranoia pues afirma que es perseguido por los jefes y que éstos le controlan de forma obsesiva. También en el primer encuentro con su amada oye hablar a las dos perritas. No se trata del caso de Margarita, protagonista de Fausto, que se deja llevar por un supuesto estado de "enajenación mental" por ello, en el caso de la salvación podríamos pensar que se salvaría por su sufrimiento ya que éste es injusto. Existe cierta ambición de poder pero en ningún caso perversión o abuso de la autoridad, por lo tanto el protagonista no es culpable de nada. El tema del amor no aparece en La nariz pero sí en Diario de un loco aunque es más que nada un deseo de medrar y alcanzar fama y posición social.

Muchos de los momentos de máxima comicidad de las dos obras me han recordado a las comedias de Molière, sobre todo al Misántropo. La historia del protagonista del diario es la historia de la no-aceptación de la realidad, del deseo de ser otro y serlo con un puesto superior. Es por tanto una denuncia del sistema cerrado de la sociedad rusa de aquel tiempo y una denuncia del deseo de aparentar que como consecuencia se producía. Aunque en esta ocasión esté descrito desde un caso extremo, no pierde su fuerza ni su significado. A nuestro protagonista le gustaría hacerse general no solo para obtener la mano de la hija del director también para "ver cómo me hacían la rosca con todas sus reverencias y sus equívocos de la corte y decirles luego que les escupo a la cara a los dos". El final de La nariz es satisfactorio mientras que el del diario nos deja sobrecogidos e impresionados.

En los momentos más cómicos se produce en nuestro interior una mezcla de risa y reflexión, una risa amarga que nos hace pensar en el funcionamiento de nuestra sociedad y en el deseo de poder que puede llegar a destruir a las personas. Nuestro protagonista es un prototipo caricaturesco del antihéroe gogolesco, comido por la ambición de trepar, del mismo modo que el director y padre de su amada es un espejo cruel de la miseria de los altos funcionarios. El humor se mezcla con la melancolía, la sátira con la compasión, la risa con la reflexión, etc. Todo esto hace que se produzca en el lector una mezcla de risa, llanto y confusión que podrá agradarle o desagradarle pero que en ningún caso y como en toda gran obra literaria, le dejará indiferente.

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