Novela española (1940-1960)

Evolución histórica. Contexto. Narrativa. Nouveau Roman. Neorrealismo italiano. Realismo americano. Airados. Realismo social objetivista, crítico. Exilio. Tremendismo. Costumbrismo. Humorismo. Sender. Cela. Laforet. Delibes. Ferlosio. Matute. Aldecoa

  • Enviado por: Raul Franco Benavent
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 23 páginas
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*INDICE

1 CIRCUNSTANCIAS POLITICAS Y SOCIALES pag 2.

2 VINCULACIONES pag 3.

3 CARACTERISTICAS DEL REALISMO SOCIAL OBJETIVISTA pag 6.

4 TEMAS pag 7.

5 TENDENCIAS pag 8.

6 AURORES pag 12.

1.-CIRCUNSTANCIAS POLITICAS Y SOCIALES

La guerra civil sumió a España en una grave depresión económica, política y cultural de la que se fue recuperando con lentitud.

El régimen franquista impuso un férreo control de todas las actividades culturales, de los medios de comunicación y de la prensa, así como de las costumbres de los españoles. Todos los guiones de las películas y obras teatrales, las novelas y libros de poesía, así como los artículos periodísticos, pasaban por una comisión de censores que se pronunciaban sobre la pertinencia de la obra. Todos aquellos comentarios y comportamientos que pusieran en duda el régimen político, la moral católica y las tradicionales costumbres españolas eran censurados totalmente o en parte.

Tras la guerra civil, el general Franco impuso un régimen autoritario, ideológicamente próximo a los regímenes totalitarios de Hitler y Mussolini. Muchos españoles habían luchado en el bando republicano -y entre ellos muchos escritores- tuvieron que partir hacia el exilio; y entre los que permanecieron en España hubo algunos que optaron por guardar silencio, en lo que expresivamente se ha denominado exilio interior. De este modo desapareció la brillante tradición literaria forjada antes de la guerra.

La Segunda Mundial acabó con la victoria aliada sobre Alemania e Italia, lo cual dejo a España totalmente aislada. Los escritores españoles quedaron al margen de la literatura que se hacía más allá de nuestras fronteras.

En los años cincuenta, España empezó a abrirse al exterior: en 1953 firmo el tratado de ayuda militar con Estados Unidos y en 1955 entro a formar parte de la ONU. Esto significo el reconocimiento internacional del franquismo, lo cual se tradujo en una mejora de las condiciones económicas del país y en la comunicación con el exterior.

Los sesenta fueron años de expansión y desarrollo económico. El franquismo se consolido y se doto de un marco legal con la aprobación de la ley orgánica del estado. Pero, a la vez, empezó a desarrollarse una oposición al régimen cada vez mas sistemática.

En los últimos años del franquismo se confirmo la apertura de España al exterior. El desarrollismo de la década anterior sitúo al país entre los industrializados, se multiplicaron las inversiones extranjeras y entraron divisas procedentes del turismo. En estos últimos años la censura se fue haciendo menos rígida.

2.-VINCULACIONES

2.1.-NOUVEAU ROMAN

En los cincuenta surgió en Francia un grupo de novelistas, al cual se denomina “escuela de la mirada”, creadores de un nouveau roman o “nueva novela”. Este tipo de novela recibe también el nombre de objetalista por que en ella los objetos se presentan en primer plano -incluso el hombre es visto como tal-, con prolijas y minuciosas descripciones y sin pretender interpretar ni conferir ningún sentido a todo un “mundo de cosas”, lo que supone una visión cosificada del mundo. Aquí destaco sobre los demás autores como ROBBE-GRILLET(1922),cuyas novelas principales son Las gomas (1953), El mirón (1955) y La celosía (1957)-, otros componentes del grupo son MICHEL BUTRON -El empleo del tiempo (1956) y La modificación (1957)-, MARGUERITE DURAS -El square (1955), Moderato cantabile (1958)-, NATHALIE SARRAUTE, CLAUDE SIMON, etc.

2.2.-EL NEORREALISMO ITALIANO (cine)

Tras la caída de Mussolini en 1943 y la liberación en 1945, Italia conoció el nacimiento de una escuela que suponía una nueva forma de ver el cine: el neorrealismo. Al utilizarse los estudios de Cinecittá para albergar a refugiados, los cineastas salieron a las calles para contar historias sobre la resistencia o la vida cotidiana de la posguerra. La película emblemática del neorrealismo es Roma, cittá aperta (Roma, ciudad abierta) de Roberto Rossellini, con guión de Federico Fellini, rodada durante los últimos meses de la guerra y distribuida en septiembre de 1945, aunque las semillas del movimiento habían germinado desde bastante tiempo antes, siendo la principal precursora Ossessione (1943) de Luchino Visconti. Visconti, al mismo tiempo que se destacaba como director teatral y operístico, con barrocos montajes que dejarían huella en la segunda etapa de su obra cinematográfica, continuaba sus incursiones en el cine dentro del neorrealismo con La terra trema (1948), sólida epopeya sobre la dura vida de los pescadores sicilianos. Asimismo el equipo de director-guionista formado por Vittorio De Sica y Cesare Zavattini realizaba El limpiabotas (1946), sobre dos muchachos que viven de su ingenio en la Roma de la posguerra, la famosísima Ladrón de bicicletas (1948), considerada una de las mejores películas de la historia del cine, y Umberto (1952), la historia de un jubilado y su perro. Rossellini, tras el éxito de Roma, citta aperta, realizó Paisá (1946), película dividida en seis episodios sobre el avance aliado a través de Italia, y Alemania año cero (1948), que tiene como fondo las ruinas de Berlín.

El neorrealismo, a pesar de ser mundialmente aclamado y tener una enorme influencia, sobre todo fuera de Italia, tuvo una acogida dispar entre el público de ese país. Así, La terra trema se distribuyó sólo en una versión reducida y con el dialecto siciliano doblado al italiano, a pesar de lo cual funcionó mal en taquilla. Umberto D fue aún peor, y sin embargo otras películas menos valoradas por la crítica que mezclaban contenidos sociales con elementos del melodrama y de la intriga tuvieron más éxito, como la película de Giuseppe De Santis Arroz amargo (1949), cuyos planos además se recreaban en los muslos de una joven Silvana Mangano avanzando entre los campos de arroz. Además de estas dificultades, el neorrealismo tuvo que afrontar una escasa distribución y la hostilidad frontal de un gobierno preocupado por la imagen que estas películas transmitían de Italia, con lo que sus autores lo irían abandonando, en pos de un cine más rentable que renacía y del cine artístico que pronto iba a aparecer en el panorama internacional.

Para contrarrestar la fuerte competencia de Hollywood, la industria italiana se embarcó en la década de 1950 en una triple estrategia: por una parte, se realizaron comedias populares y películas de género de bajo presupuesto para el mercado local, y proyectos más ambiciosos a través de acuerdos de coproducción con otros países europeos; por otra, se estimuló a las grandes compañías estadounidenses a reinvertir sus beneficios en el mercado italiano en producciones rodadas en Italia, como Ben-Hur (1959, William Wyler) de la MGM; y, por último, se idearon producciones de prestigio planeadas de cara a la distribución internacional, estrategia que culminaría en 1963 con la obra de Visconti El gatopardo, financiada por la 20th Century-Fox. El gran éxito de La dolce vita de Federico Fellini (1960) y el éxito internacional de crítica de las vanguardistas La aventura (1960) y El eclipse (1962), ambas de Michelangelo Antonioni, situaron a Italia de nuevo a la cabeza del cine mundial, si no por la cantidad sí por la calidad de sus producciones. Al prestigio del neorrealismo y de los anteriores autores se vino a sumar una nueva generación de autores-directores, con figuras de la talla de Pier Paolo Pasolini (Accattone, 1961), Bernardo Bertolucci (Antes de la revolución, 1964), Ettore Scola (El demonio de los celos, 1970) o Marco Bellocchio (Las manos en los bolsillos, 1965), que trataban temas de gran importancia social y cultural de un modo muy personal. Los años sesenta también estuvieron marcados para el cine italiano por el éxito extraordinario que alcanzaron internacionalmente un tipo de películas concebidas en principio para el mercado local, los spaghetti western, que utilizaban paisajes españoles o yugoslavos como localizaciones del oeste estadounidense para crear un mundo de violencia ritualizada, casi abstracta, cuyo máximo exponente es el gran maestro del género, Sergio Leone (Por un puñado de dólares, 1964; El bueno, el feo y el malo, 1966).

2.3.-NOVELA REALISTA AMERICANA

Los novelistas estadounidenses de la primera mitad del siglo XX reflejaron la sociedad con voluntad reformista o revolucionaria. Algunos se preocuparon ante todo por denunciar la injusticia, como John Dos Passos o John Steinbeck.

Las novelas de F. Scott Fitzgerald (El gran Gatsby, 1925; Suave es la noche, 1934), Ernest Hemingway (Adiós a las armas, 1929; Por quién doblan las campanas, 1940) y Nathanael West (El día de la langosta, 1939) se caracterizan por el uso coloquial del lenguaje. La propensión al mito de los novelistas estadounidenses se pone de manifiesto en la obra de William Faulkner, especialmente en Luz de agosto (1932) y Absalom, Absalom (1936).

Tras la II Guerra Mundial destaca un importante grupo de autores judíos que sitúan la ficción estadounidense a la altura de la novela rusa del siglo XIX: Norman Mailer (Los desnudos y los muertos, 1948), Saul Bellow (Las aventuras de Augie March, 1953) y Philip Roth (Adiós, Columbus, 1959). Entre los principales autores contemporáneos cabe mencionar a John Updike, Joyce Carol Oates y Toni Morrison.

2.4.-JOVENES AIRADOS

En los años sesenta, con los llamados "Jóvenes airados", se inició una nueva fuerza en el teatro inglés. Destacan entre ellos John Osborne, Arnold Wesker, Shelagh Delaney y John Arden, que centraron su atención en las clases trabajadoras, retratando la monotonía, mediocridad e injusticia de sus vidas. Aunque Harold Pinter y el irlandés Brendan Behan escribieron también obras que se desarrollaban en ambientes de clase trabajadora, se mantienen al margen de los jóvenes airados. Fuera de cualquier tendencia, el novelista y dramaturgo irlandés Samuel Beckett, que obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1969, residente en Francia, escribió obras lacónicas y simbólicas en francés y las tradujo al inglés, como la obra de teatro Esperando a Godot (1952) y la novela Cómo es (1964).

3.-CARACTERISTICAS DEL REALISMO SOCIAL OBJETIVISTA

La novela objetivista se basa en las teorías de la sicología conductista o behaviorista (del término in­glés behavior), que considera el comportamiento humano como una serie de respuestas a determinados estímulos externos. El hombre interior, la sicología profunda no interesan, sólo se presta atención a lo ex­terno, a lo que es observable y medible: acciones y palabras.

Además de partir de esta teoría sicológica, el rea­lismo objetivista recibe una gran influencia del cine, porque el lenguaje cinematográfico caracteriza a los personajes fundamentalmente a través de lo que ha­cen o dicen, de lo que se puede ver desde fuera, de lo que la cámara puede registrar.

De acuerdo con esta base teórica, las novelas obje­tivistas utilizan las siguientes técnicas narrativas:

Reducción al mínimo de la presencia del autor, que se limita a narrar lo que ocurre sin comentar, sin opinar. El autor adopta el punto de vista de una cámara cinematográfica que graba lo que tiene de­lante.

Limitación dei protagonismo de los personajes. No hay en estas novelas héroes ni antihéroes, per­sonajes que acaparen el conflicto descrito. Más que el personaje, predomina la situación, el contexto. Por eso se prefiere el personaje colectivo, el grupo humano, como en La colmena o El Jarama.

Eliminación de la introspección y del análisis si­cológico. El mundo interior de los personajes no interesa al autor. No bucea en su pensamiento o en sus motivaciones profundas. Por eso no suelen apa­recer monólogos interiores.

Caracterización externa de los personajes. Co­mo en el cine, los personajes se definen por lo que hacen y por lo que dicen. De ahí la importancia del diálogo, que se basa muy de cerca en el lenguaje coloquial, reproduciendo con exactitud giros y ex­presiones de uso corriente para dar impresión de verosimilitud, de autenticidad.

Disolución del argumento en una sucesión de anécdotas. A diferencia de la novela decimonóni­ca, no se plantean grandes conflictos morales o existenciales. El argumento consiste en una acumu­lación de pequeñas situaciones cotidianas, intras­cendentes. El significado de la novela hay que bus­carlo en el conjunto de la obra, no en un conflicto central.

Sencillez estructural y estilística. Son novelas or­denadas de manera lineal, sin saltos en el tiempo, con descripciones escuetas y un estilo deliberada­mente sencillo. Los aspectos formales se subordi­nan al contenido.

Concentración temporal y espacial. Los argumentos se suelen concentrar en cortos períodos de tiempo (un día, en El Jarama y en La zanja; dos, en Dos días de setiembre) y en un marco espacial úni­co o poco variado. La importancia que adquiere el contexto se demuestra en que este proporciona con frecuencia el titulo de la obra: El Jarama, La mina, Central eléctrica, La zanja.

4.-TEMAS

El tema básico de la novela social de los años cin­cuenta es la sociedad española contemporánea. No hay, sin embargo, como en la novela del siglo XIX, voluntad de trazar un panorama del conjunto de la so­ciedad. Las novelas abordan diversos aspectos par­ciales de la realidad social. De acuerdo con los temas que tratan, podemos agruparlas en los siguientes apartados:

El mundo rural. En los años cincuenta, una gran parte de la población vivía en zonas rurales, dedi­cada a la agricultura en condiciones muy míseras y atrasadas. De ahí que sea el tema más frecuente. Los bravos, de Jesús Fernández Santos, es una de las primeras novelas que nos describe con técnica objetivista un pueblo leonés sometido a un cacique. La zanja, de Alfonso Grosso; y Dos días de setiem­bre, de José Manuel Caballero Bonald, ofrecen una visión crítica de sendos pueblos andaluces. En es­tas novelas se manifiesta un afán de documenta­ción que las aproxima al reportaje periodístico. De ahí que varios escritores optaran por el libro de via­je. Cela había inaugurado el género con Viaje a la Alcarria (1948), con un sentido más literario que documental. En cambio, Caminando por las Hurdes (1960) de Antonio Ferres y Armando López Salinas, y Campos de Níjar (1963), de Juan Goyti­solo, tienen una orientación de denuncia de la po­breza y el atraso en estas zonas rurales.

La clase obrera. La transformación de los campe­sinos en obreros es el tema común de Central eléc­trica, de Jesús López Pacheco, y de La mina, de Armando López Salinas. En ambas se hace patente la intencionalidad de denuncia de la situación de los trabajadores.

La burguesía. Varias son las novelas que retratan los ambientes burgueses, en especial el de los jóve­nes abúlicos y alienados de familias acomodadas. En cierta forma, se trata de un ajuste de cuentas con los ambientes familiares de los propios novelistas. En 1954 Juan Goytisolo inaugura el género con Juegos de manos, que tendría continuidad en La is­la (1961). En ellas describe la vida vacía de un gru­po de jóvenes entregados a la bebida y al sexo. Pa­recida temática trata Juan García Hortelano en Nuevas amistades (1959). Los jóvenes de la peque­ña burguesía provinciana protagonizan Entre visi­llos, de Carmen Martín Gaite.

5.-TENDENCIAS

5.1.-LA NOVELA DEL EXILIO:

Durante la guerra civil (1936-1939), y sobre todo a partir de la victoria nacionalista, se vieron obligados a partir camino del exilio muchos escritores e intelectuales, puesto que en su mayoría eran partidarios o simpatizantes de la causa republicana y contrarios a la rebelión. Estos exiliados (de muy diversas edades, con casi me­dio siglo de diferencia entre los mayores y los más jóvenes) busca­ron acogida en distintos países, aunque con preferencia se ubica­ron en las naciones americanas de habla española, como Méjico o Argentina. Su producción narrativa fue amplísima y muy varia­da, tanto en los aspectos formales como en su temática, y en ella destacan muy especialmente la trágica memoria de la guerra, la amar­ga vivencia del exilio y algunos temas americanos. Por desgracia, algunos de estos autores han sido casi totalmente olvidados y sus obras son difíciles de encontrar, por las condiciones precarias en las que vivían y publicaban, pero también por la «conspiración de silencio» que, durante muchos años, implantó la férrea censura fran­quista en torno a la vida y la obra de los hombres que formaron «la España peregrina» (según la acertada expresión de José Benjamin).

La actividad de estos exilados fue múltiple: creación literaria, fundación de revistas y editoriales, cátedras universitarias, periodismo, orientación de grupos y renovación de tendencias. Su ámbito lingüístico fue mayoritariamente español, pero hubo también escritores en gallego (Eduardo Blanco Amor, Rafael Dieste, Alfonso Rodríguez Castelao) o en catalán (Josep Carner, Joaquín Xirau).

Entre las revistas literarias y de pensamiento fundadas por exilados cabe recordar: en México, Nuestra España, La España peregrina, Taller (dirigida por el mexicano Octavio Paz), Romance, Ultramar, Cuadernos Americanos; en Argentina, Pensamiento español, Correo literario, Realidad, Galeuzca; en Cuba, Atentamente; en Colombia, Espiral; en Venezuela, España; en Chile, España libre; en Uruguay, Temas; en París, Libre, Cuadernos de Ruedo Ibérico.

En materia de editoriales, en México, aparece Séneca y en cierta medida, el Fondo de Cultura Económica; en Cuba, La Verónica; en Argentina, Losada, Sudamericana, Emecé, Santiago Rueda y Bajel.

5.2.-EL TREMENDISMO

En los años cuarenta, autores como Gonzalo Torrente Ballester, Miguel Delibes, Carmen Laforet o Camilo José Cela escribieron obras de calidad que contribuyeron a la recuperación de la novela. La primera de ellas fue La familia de Pascual Duarte, de Cela, publicada en 1942. Esta obra entronca con el naturalismo y con algunos aspectos de los esperpentos de Valle-Inclan e inagura una corriente narrativa llamada tremendismo, caracterizada por tomar los aspectos mas brutales de la realidad para efectuar una reflexión profunda sobre la condición humana.

5.3.-COSTUMBRISMO Y HUMORISMO

El costumbrismo

Hubo otra corriente narrativa que se centré en la descripción costumbrista de los ambientes de la burguesía, continuando la técnica y la temática de la novela realista, en especial la de Galdós y Baroja. De esta corriente son representativos: Juan Anto­nio de Zunzunegui (1901-1982), autor de numero­sas novelas, muchas de ellas ambientadas en Bilbao; e Ignacio Agustí (1913-1974), que en la serie La ceniza fue árbol narra la historia de una familia de la burguesía catalana, desde principios de siglo hasta la guerra civil. Continuador de este realismo tradicional es José María Gironella (1917), quien, años después, obtendría un gran éxito de público con Los cipreses creen en Dios (1953) y Un orillón de muerios (1960), en las que trataba el tema de la guerra civil desde una perspectiva más abierta y menos partidista.

El humorismo

También tuvo un desarrollo importante la novela de humor, que satisfizo la demanda de una literatura evasiva que hiciera olvidar la dura realidad social. En ella destaca Wenceslao Fernández Flórez (1884-1964). Esta narrativa es paralela al teatro cómico de la época (Enrique Jardiel Poncela, Miguel Mihu­ra...). Un lugar apane ocupa Alvaro Cunqueiro (1911-1981), que tanto en sus novelas como en sus cuentos trata temas fantásticos, tomados del foiclore gallego o de la mitología celta.

5.4.-EL REALISMO SOCIAL

Lo peor de la posguerra empieza a remitir a co­mienzos de la década de los cincuenta. Con la guerra fría, el régimen franquista sale parcialmente de su aislamiento gracias al apoyo de Estados Unidos. El fin de la autarquía económica y la inversión extranje­ra posibilitan una cierta recuperación económica ba­sada en la industrialización y el turismo. Al mismo tiempo, los intelectuales y universitarios adoptan posturas cada vez más criticas respecto al régimen y a las injusticias sociales.

Los novelistas enseguida son sensibles a estos cambios. El pesimismo existencialista se transmuta en visión crítica de la sociedad que les rodea. El cam­bio de rumbo que había marcado La colmena (1951) se manifiesta de manera espectacular en 1954, año en el que se publican varias novelas de un grupo de jó­venes escritores: Pequeño teatro, de Ana María Ma­tute; Los bravos, de Jesús Fernández Santos; El ful­gor y la sangre, de Ignacio Aldecoa; Juegos de manos, de Juan Goytisolo. En los años siguientes se irán dando a conocer obras y autores importantes:

1955. El Jarama, de Rafael Sánchez Ferlosio.

1957. Entre visillos, de Carmen Martín Gaite.

1958. Central eléctrica, de Jesús López Pacheco.

1959. Nuevas amistades, de Juan García Hortelano.

1960. La mina, de Armando López Salinas.

1961. La zanja, de Alfonso Grosso.

• 1962. Dos días de septiembre, de José Manuel Caba­llero Bonald.

Bien podemos decir que nos hallamos ante un pe­ríodo de auge de la narrativa. No sólo son muchas y valiosas las novelas aparecidas, sino que presentan una notable homogeneidad de temas y estilo, aunque con las lógicas diferencias entre los autores. Nacidos entre 1924 y 1931, para ellos la guerra y la inmediata posguerra constituyen sus recuerdos infantiles o ado­lescentes, lo que les permitirá ver la contienda desde una perspectiva crítica, distinta a la de las generacio­nes anteriores, que la habían vivido con toda intensi­dad. El realismo social, el afán de reflejar o de mos­trar críticamente la sociedad española de su tiempo, es común a todos ellos.

Dos son las grandes tendencias en que se subdivide el realismo social en España: el realismo objetivista y el realismo crítico que, tomando como referencia el marco de la literatura europea contemporánea, se si­túan en las proximidades del objetivismo del nouveau roman, y en un camino paralelo al neorrealismo italia­no, respectivamente. Con la salvedad de que, mientras el objetivismo coincide con el auge del nouveau roman en Francia, el llamado realismo critico se da en España con unos diez o quince años de retraso respec­to a otros países europeos.

Además de la influencia de la narrativa europea hay que tener en cuenta la fuerte tradición realista española, en la que se sitúan Pío Baroja y la novela so­cial de los años treinta. Por último, hay que citar un factor político específicamente español: el régimen franquista, que influía en la narrativa de una manera doble. Por una parte, la censura impedía llevar la crí­tica política y social a niveles demasiado explícitos. Por otra, la falta de libertad acentuaba la tendencia al compromiso político de los escritores, reforzando la consideración de que la literatura debía asumir una función de información y denuncia que no podían de­sarrollar los medios de comunicación. Juan Goytisolo afirmaba que «la novela cumple en España una fun­ción testimonial que en Francia y los demás países de Europa corresponde a la prensa».

Las diferencias que presentan los novelistas perte­necientes a cada una de estas dos tendencias no son sustanciales, sino de matiz, por lo que no es fácil la clasificación. A grandes rasgos, podemos trazar la si­guiente:

Realismo objetivista: Rafael Sánchez Ferlosio, Carmen Martín Gaite, Ignacio Aldecoa, Juan Gar­cía Hortelano, Jesús Fernández Santos.

Realismo crítico: Juan Goytisolo, Alfonso Grosso, Jesús López Pacheco, Armando López Salinas, Jo­sé Manuel Caballero Bonald.

Un lugar aparte merece Ana María Matute, que, aunque comparte los planteamientos ideológicos del grupo, se sirve de un realismo lleno de ternura y de li­rismo. Por otra parte, aunque las primeras novelas de Luis Goytisolo y Juan Marsé pueden encuadrarse dentro del realismo social, su evolución posterior jus­tifica que los estudiemos en la década de los sesenta.

6.-AUTORES

6.1.-RAMÓN JOSÉ SENDER

Este autor aragonés, nacido en Chalamera (Huesca) en 1901 y muerto en California en 1982, ya era conocido antes de la guerra por sus novelas y artículos periodísticos de denuncia social y de ideología próxima al comunismo). Su obra es­crita en el exilio es abundantísima y él está considerado como uno de los mejores narradores en lengua española de nuestra época. Su abundante producción presenta cierta dispersión temática, lo que le ha restado concentración en la creación de un mundo novelesco propio; no obstante, es escritor de extenso registro y potente capa­cidad tabuladora.

Algunas de sus novelas se aproximan a la novela-ensayo, de pre­tensión filosófica sobre la condición humana; así, por ejemplo, El rey y la reina (1949), en la que las complejas relaciones de una dama y su criado durante la guerra civil, son símbolo de las relaciones humanas de dominación y sometimiento. También trató el tema histórico español (Carolux Rex (1963)) y americano, por ejem­plo, en La aventura equinoccial de Lope de Aguirre (1964), magnífi­co relato sobre las aventuras de este brutal y alucinado conquista­dor vasco. También de tema americano es una de sus mejores novelas, Epitalamio del prieto Trinidad (1942), que relata la rebelión de los presidiarios de una isla suramericana, en un subyugante ambiente de misterio, violencia y sensualidad. En este mismo año (1942), Sender comenzó a escribir una serie de nueve novelas bajo el títu­lo común de Crónica del alba, que terminó en 1966. Esta obra es una autobiografía novelada cuyo protagonista es José Garcés (se­gundo nombre y apellido del autor); la mejor novela de la serie es la primera que lleva el título general.

Pero quizá su obra más lograda sea la que en su primera edición -1953- se tituló Mosén Millán y, en la edición de 1960, Réquiem por un campesino español. Esta obra es un relato o novela corta en la que el cura de un pueblo aragonés, mientras se prepara para cele­brar un funeral por Paco el del molino y espera que llegue la gente a la iglesia, recuerda la vida y la muerte de este muchacho, sano, valiente y de limpio corazón, que ha caído víctima de los odios desatados durante la guerra civil. Mosén Millán, que lo conocía desde niño quiso evitar su muerte, pero no supo cómo lograrlo. La narración se desarrolla en magnífico contrapunto entre el pasado y el presente, intercalándose, también discontinuamente, el romance que el pueblo ha creado sobre el recuerdo de Paco, elevándolo así a la categoría de legendario «mártir popular».

6.2.-CAMILO JOSÉ CELA

Vida y concepto de novela

Nació en Iria Flavia (La Coruña) en 1916 y estudió el bachillera­to en Madrid, donde se había establecido su familia en 1925. Ini­ció varias carreras, sin terminar ninguna, y trabajó como escribiente en una oficina de sindicatos. Durante el largo reposo de una enfer­medad leyó profundamente a los clásicos y, animado por el éxito de su primera novela, decidió dedicarse exclusivamente a la litera­tura. En 1957 ingresó en la Real Academia de la Lengua, en 1987 recibió el premio Príncipe de Asturias y en 1989 se le concede el Premio Nobel de Literatura.

Como Baroja -a quien tanto admiraba-, Cela tiene un concep­to muy pesimista del hombre y por eso la crueldad y la amargura están tan presentes en su obra, aunque, a veces, puedan vislumbrarse resquicios de ternura y compasión, como también sucedía en Baroja.

En toda su producción novelesca manifiesta insumisión a las re­glas y obsesión renovadora. Y casi se puede afirmar que cada nove­la suya es un nuevo intento o ensayo de técnicas y estructuras na­rrativas distintas, desde las propias de la corriente tremendista, a las del objetivismo y la experimentación.

Lo que más destaca en Cela es el dominio del lenguaje en todas sus posibilidades expresivas y la capacidad de crear ambientes y des­cribir tipos humanos muy diversos y originales, en la mejor línea costumbrista. Hay que hacer notar la influencia de Pérez Galdós, Baroja y Valleinclán y, de los clásicos, la de Quevedo. Como los dos primeros, presenta la realidad, a veces, de forma directa; como Quevedo y Valleinclán, las más de las veces, la deforma y distor­siona, mediante la sátira o el humor desgarrado.

Obras

-La familia de Pascual Duarte (1942)

Su primera novela, es, como ya se ha dicho, la más destacada y renovadora de la inmediata postguerra y con ella comienza, realmente, el período novelístico que se estudia en este tema.

En el ambiente de mediocridad y atonía de la España de entonces, la publicación de esta novela resultó ser un auténtico trallazo, de­bido a su tema antitriunfalista, a la fuerza de su argumento y a la prosa muy trabajada y también muy distinta de la que era habitual en aquella época.

Pascual Duarte es un campesino extremeño que, desde la cárcel en donde está condenado a muerte, relata su vida en primera per­sona. Esta vida es un compendio, ya desde su infancia, de sordidez, miseria y brutalidad, lo que determinará su carácter violento y los horrendos crímenes que va a cometer (entre otros, el espan­toso asesinato de su madre). Pero Pascual muestra, junto a esa vio­lencia bestial e irrefrenable, una personalidad que posee también aspectos de ternura y sensibilidad.

A pesar de sus imperfecciones (como por ejemplo el fallo del punto de vista en algunas descripciones, demasiado elaboradas li­terariamente para estar puestas en boca de un pobre campesino, o la inverosimilitud de algunos episodios), la novela tuvo un éxito inmediato y duradero y fue, como arriba se ha indicado, un revul­sivo por su novedad, su contenido (que apunta hacia la crítica social) y también por su violenta expresividad. La familia de Pas­cual Duarte dio origen a la corriente literaria del «tremendismo», que fue bastante efímera y que consistía en la presentación siste­mática de hechos desagradables, truculentos e incluso repulsivos.

Otras obras

Después de Pabellón de reposo (1944) -centrada en un grupo de enfermos tuberculosos interna­dos en un sanatorio- y Nuevas andanzas y desventuras de Lazari­llo de Tormes (también de 1944) -un divertimento en clave de no­vela picaresca-, Cela escribió La colmena (1951), que supuso un nuevo giro en el planteamiento narrativo y aún hoy sigue considerándose su obra maestra.

En 1953 publicó Cela Mrs. Caldwell habla con su hijo, que recoge las erráticas reflexiones de una madre enloquecida dirigiéndose a su hijo muerto. La catira (1955) se desarrolla en tierras venezola­nas y es, principalmente, una muestra de la capacidad lingüística del autor para recrear, ajustándose más o menos a la realidad, el español de América.

San Camilo 36(1969)-Vísperas, festividad y octava de San Ca­milo del año 1936 en Madrid es su título completo- señala la in­corporación de Cela al más audaz experimentalismo, con una to­tal renovación formal que, con algunos aciertos parciales, tal vez tenga más de novedoso que de verdadero logro artístico. La novela, de protagonista colectivo, se desarrolla en Madrid, unos días antes del comienzo de la guerra civil.

Oficio de tinieblas 5 (1973) se compone de más de mil párrafos de distintas dimensiones, sin ninguna puntuación y en los que se mezclan narraciones, monólogos, máximas, etc., con un lenguaje hermético y pretenciosamente poético.

Las dos últimas novelas de Cela son Mazurca para dos muertos (1983), ambientada en su Galicia natal en los años de la postgue­rra, y Cristo versus Arizona (1988), caótico monólogo de un con­fuso personaje en el Oeste norteamericano.

Cela ha escrito, además de novelas, numerosos relatos y también lo que él ha llamado «apuntes carpetovetónicos», género de evidente filiación costumbrista, a veces cercano al cuento y, otras, original descripción de ambientes o tipos, como, por ejemplo, El gallego y su cuadrilla (1949).

En una valoración global de la abundante obra de Camilo José Cela, sobresalen tres títulos narrativos muy por encima del resto:

La familia de Pascual Duarte, Viaje a La Alcarria, precioso «libro de andar y ver», y, especialmente, La colmena; lo demás son inten­tos, más o menos conseguidos, pero en todo caso muy por debajo de estas tres obras citadas.

6.3.-CARMEN LAFORET

Carmen Laforet, (1921- ), novelista española. Nació en Barcelona. En 1945 con su primer libro, Nada, obtuvo el Premio Nadal en su primera convocatoria. Publicó después La isla y los demonios (1952) y La mujer nueva (1955). La insolación (1963) era el inicio de una proyectada trilogía sin continuación hasta ahora. La publicación de Nada supuso uno de los hitos fundamentales de la reciente historia de la literatura española. Revitalizó la creación narrativa dentro del país, tras el trágico paréntesis de la Guerra Civil española, y el desconcierto que acompañó a la inmediata posguerra, al narrar la vida cotidiana de una adolescente en Barcelona. Una vida rodeada de la sordidez sin remedio de una familia, en la que la violencia física y verbal eran moneda corriente, y de la tristeza de una ciudad gris que cubre todo con su sombra constante. A través de la amistad aparecerá un hilo de esperanza, una unión con lo que se adivina más allá de lo inmediato, en la que estará finalmente la salvación de Andrea, la protagonista.

6.4.-MIGUEL DELIBES

Vida y concepto de novela

Nació en Valladolid en 1920. Ha sido catedrático de Derecho Mer­cantil de la Escuela de Comercio y, durante varios años, director del periódico El Norte de Castilla, diario vallisoletano caracterizado por su inspiración democrática y por la defensa de los intereses del pueblo castellano. En esta publicación, Delibes desarrolló una importante labor y creo una verdadera escuela de periodistas. En 1974 ingresó en la Real Academia de la Lengua.

Delibes ha vivido siempre en Valladolid, alejado de los centros de intriga y poder y de las camarillas literarias -ha dicho de sí mis­mo: «Yo soy como un árbol que vive y muere donde lo plantaron»-; y se le ha reconocido unánimemente un insobornable talante éti­co y la sencillez y sobriedad castellanas.

La visión del mundo de Delibes parte de una postura ideológica muy clara: la de un cristiano abierto y comprometido con los pro­blemas de su tiempo. Como él ha manifestado, «el hecho de que yo me incline por el hombre humilde y por el hombre víctima revela, imagino, mi espíritu democrático, pero no menos mi espí­ritu cristiano».

Delibes, breve y claramente, define así lo que es una novela: «un paisaje, una historia y un conflicto». Su narrativa se encuadra, pre­dominantemente, en el realismo con intención de reflejar con exac­titud situaciones, ambientes y tipos y problemas humanos; se ca­racteriza por la austeridad y sobriedad de su estilo y por l~ incorporación de términos sobre la naturaleza y la vida del cam­po, rescatando del olvido giros, modismos y vocablos arcaizante5 o generalmente poco conocidos, pero que constituyen lo más sonoro y entrañable de la lengua castellana; y, en fin, señalemos también la sencillez argumental y el continuo intento de renovación Sus principales temas son la exaltación de la vida del campo, la de­nuncia de las situaciones injustas, la marginación de la gente hu­milde y la crítica de la burguesía provinciana.

Obras

La primera novela de Delibes -La sombra del ciprés es alargada (1948)- obtuvo, como ya hemos dicho, el premio Nadal del año 1947 y se trata de una temprana tentativa de novela existencial con aciertos parciales, pero sin gran consistencia ni verosimilitud literaria.

Primera etapa

El camino (1950) abre la etapa verdaderamente importante en la creación de Miguel Delibes.

Es una novela de «acceso a la experiencia» o «despertar a la vida» de un niño de once años, Daniel «el Mochue­lo», quien en vísperas de su marcha a la ciudad para seguir sus estu­dios recuerda su vida y las relaciones con sus amigos de infancia en un pueblo castellano. A través de la evocación del protagonista, revelan las luces y sombras del mundo rural. Es una lograda na­ción, deliciosamente viva, tierna y amarga a un tiempo, escrita con un lenguaje claro y preciso, bien ajustado a la expresión de las vivencias infantiles.

Otras novelas de esta etapa son: Mi idolatrado hijo Sisí (1953), critica de la burguesía media, egoísta y pacata. Diario de un caza­dor (1955), por la que se le concedió a Delibes el premio Nacional de Literatura, es una sencilla y entrañable historia narrada por su protagonista -uno de los mejores tipos humanos, y también el más optimista, que ha creado su autor-: Lorenzo, bedel del Instituto de una pequeña ciudad, obsesionado por la caza y por la vida en contacto con la naturaleza. La hoja roja (1959) narra patéticamente la soledad e incomunicación en que vive un jubilado y denuncia, indirectamente, las injustas' circunstancias sociales que las provocan.

En Las ratas (1962), considerada como uno de los mayores lo­gros narrativos de este autor, Delibes se centra de nuevo, pero con mirada mas crítica e incluso mordaz, en un pueblo castellano, mar­ginado y olvidado, y en su lucha diaria por la existencia. El prota­gonista es el Nini, un extraño niño -en el que el autor vuelca toda su ternura-, dotado de un misterioso y profundo conocimiento del campo y mudo testigo de la miseria y patetismo circundantes; en el Nini se anudan las diversas situaciones de la novela -que ape­nas tiene hilo argumental- y es el punto de conexión de los de­más personajes. Es de destacar la sobriedad y depuración del len­guaje propio del mundo rural.

Segunda etapa

Cinco horas con Mario (1966) supone en la obra etapa de Miguel Delibes el comienzo de una nueva etapa -ya de plena madurez- caracterizada por una mayor profundidad crítica y por la renovación formal.

Parábola del náufrago (1969) es una novela que, próxima a lo kaf­kiano, narra el proceso de degradación del protagonista y que, se­gún el crítico Sobejano, constituye una estremecedora defensa de la libertad humana, esclavizada por los abusos del poder. En El príncipe destronado (1973) se relata -desde la perspectiva del protagonista y durante un solo día- la vida de un niño de tres años que, al sentirse desplazado por el nacimiento de un nuevo hermano, pre­tende, por todos los medios, seguir siendo el centro de atención de la familia. Es una deliciosa incursión en el mundo infantil y, desde él, una sutil crítica del de los adultos.

Últimas novelas

De las últimas novelas de Delibes las más importantes ­son Las guerras de nuestros antepasa­dos y, especialmente, Los santos inocentes. En la primera, publicada en 1975, se presenta la historia de Pacífico Pérez, un humilde y simple campesino castellano, autor de un crimen, cuya culpabilidad el protagonista reconoce con total candi­dez. Toda la novela es una conversación entre Pacífico y el médico psiquiatra del sanatorio penitenciario donde el primero esta reclui­do. A través de esta conversación, vamos conociendo su vida en el pueblo y a su familia, sobre todo al bisabuelo, al abuelo y al pa­dre, cada uno marcado por la guerra que le tocó vivir: la carlista, la de Africa y la guerra civil, respectivamente. Pacífico, persona sen­cilla e ingenua, acabará siendo víctima de la acumulación de las «memorias de violencia» de su familia. La obra es, en definitiva, una tesis interpretativa del carácter camita del pueblo español y, de nuevo, también en esta novela hay que destacar la sabia elabora­ción del habla popular castellana.

Los santos inocentes (1981) es una novela breve en la que el arte literario de Delibes, despojado de todo elemento superfluo y di­gresivo, llega a una perfecta síntesis narrativa. Una vez más, se na­rra la historia de unas pobres gentes, entrañables y sufridas, que malviven, ahora, en un cortijo extremeño, sometidas a una ana­crónica e injusta situación feudal. Azarias, Paco «el Bajo» y Regula, tan vivos y humanos en su condición de gente humillada, per­tenecen a la mejor galería de personajes que haya creado Delibes; y, frente a ellos, el señorito Iván, superficial y caprichoso, mani­fiesta el egoísmo y la crueldad de los poderosos. Este relato, desnu­do y sincero, ha sido calificado por el crítico Sanz Villanueva como «una de las novelas ruralistas más exactas y expresivas de toda la postguerra».

Cuentos

Miguel Delibes es también un importante autor de cuentos como, por ejemplo, La mortaja, pu­blicado en su libro Siestas con viento sur (1957) y considerado por la crítica como uno de los mejores relatos cortos de la literatura española contemporánea; o los breves apuntes narrativos del deli­cioso librito titulado Viejas historias de Castilla la Vieja (1964).

6.5.-RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO

Nació en Roma, en 1927. Es autor de la novela SÁNCHEZ de mayor importancia histórica -junto con La colmena- de los años 50, por la influencia ejer­cida en la narrativa del momento: El Jarama

(1956). La técnica objetivista se cumple casi a la perfección en esta obra: a través de un diálogo casi magnetofónico, los personajes se presentan, no por 10 que piensan o sienten, apenas por lo que ha­cen, sino, preferentemente, por lo que dicen. El autor se limita a ser un mero observador de lo que ve y oye. Sin embargo, es de no­tar el intencionado contraste entre el objetivismo narrativo, apli­cado a los personajes, a los aspectos humanos, por tanto, y las des­cripciones del paisaje, en las que se manifiesta una depurada elaboración subjetivista y que están próximas al lirismo.

La novela apenas tiene argumento: un grupo de jóvenes madrile­ños de baja clase social, va de excursión un domingo de verano a orillas del río Jarama. Allí se bañan, almuerzan y pasan el tiempo en conversaciones tópicas e intrascendentes. Como contrapunto a estas escenas de espacio abierto, en plena naturaleza, se presentan unas escenas de interior en una tasca cercana a la que acuden los excursionistas y donde charlan y beben los lugareños. Con lenti­tud y minuciosamente, ambos grupos humanos se muestran al lector a través de sus conversaciones. La monotonía del caluroso día de verano se rompe al final con un suceso trágico: Lucita, la chica más inocentona de la pandilla, se ahoga en el río de una manera estúpida. La historia es vulgar y sencilla, ocurre en un solo día y, a primera vista, puede despistarnos y hacernos creer que estamos ante una narración vacía de contenido y de intención. Pero esto no es así. El autor ha sabido expresar a través de la charla de los amigos y pueblerinos, el aburrimiento y la rutina de la vida en la España de aquellos años. La muerte de Lucita confiere una dimen­sión trágica a la banalidad de las vidas de los personajes y es sím­bolo de «la muerte en vida» que caracteriza a la sociedad española de la época: como se vive, se muere, sin más porqué ni para qué, sin más horizonte ni trascendencia.

El aspecto más importante de El Jarama es el lenguaje rápido y vivo -formado por palabras-comodín, modismos y giros sintácti­cos coloquiales, inusuales en la lengua escrita-, y al mismo tiem­po tópico y convencional hasta el grado máximo de la vulgaridad, lo que manifiesta la personalidad chata y sin relieve de los perso­najes. En contraste con este hiperrealismo conversacional, las des­cripciones paisajísticas y ambientales son, como ya hemos apunta­do, estilísticamente muy cuidadas y de gran belleza poética.

El Jarama ganó el Premio Nadal, tuvo gran difusión y fue tradu­cida a diversos idiomas; y, además de ser un magnifico documento testimonial de la vida de una época, es una obra artística de alto valor lingüístico.

En 1951, Sánchez Ferlosio había publicado un curioso relato, ima­ginativo y poético, protagonizado por un niño y totalmente dis­tinto de El Jarama: Industrias y andanzas de Alfanhul. Como un moderno Lazardlo «criado de muchos amos», el niño aprende a vivir corriendo diversas aventuras en las que continuamente se en­tremezclan fantasía y realidad.

6.6.-ANA MARIA MATUTE

Ana María Matute (1926- ), novelista española, una de las voces más personales y aisladas de la literatura española.

Nacida en Barcelona, pasó una juventud marcada por la Guerra Civil española que se reflejó en su primera obra literaria, centrada en los "los niños asombrados" que veían y, muy a pesar suyo, tenían que entender los sinsentidos que les rodeaban. Eso le llevó a plantearse la guerra civil como un enfrentamiento cainita/abelita que se manifestará en muchas de sus obras con características neorrealistas como en Los Abel (1948), Fiesta al noroeste (1953), Pequeño teatro (1954), Los hijos muertos (1958) o Los soldados lloran de noche (1964). En todas estas obras la mirada protagonista infantil o adolescente es lo más sobresaliente y marca un distanciamiento afectivo entre realidad y sentimiento o entendimiento. Son obras que se inician con gran lirismo y poco a poco se sumergen en un realismo exacerbado.

Después de varios años de gran silencio narrativo, en 1984 obtuvo el Premio Nacional de Literatura Infantil con la obra Solo un pie descalzo. En 1996 publicó Olvidado Rey Gudú, y ha fue elegida académica de número de la Real Academia Española.

6.7.-IGNACIO ALDECOA

Ignacio Aldecoa (1925-1969), narrador español, uno de los más representativos de la tendencia neorrealista de los años cincuenta.

Nació en Vitoria (País Vasco) en 1925 y se inició con El fulgor y la sangre que, junto con Gran Sol (premio de la Crítica 1958), constituye un ejemplo de la llamada novela-reportaje. Otras novelas dignas de mención son Con el viento solano y Los pozos, además de los libros de relatos y cuentos Espera de tercera clase, Vísperas del silencio (1955) y El corazón y otros frutos amargos (1959). Su producción incluye asimismo Caballo de pica (1960), Cuaderno de Godo (1961), Los pájaros de Baden-Baden (1965), Parte de una historia (1967) y Santa Olaja de Acero (1968). La importancia de este autor reside en su técnica objetivista y minuciosa con la que observa la vida cotidiana de las clases medias en la España de la posguerra civil. Murió en 1969 en Madrid.

6.8.-JUAN GOYTISOLO

Juan Goytisolo (1931- ), novelista español, que nació en Barcelona, se instaló en París en 1956, ciudad en la que ha vivido desde entonces, alternando con estancias en Marrakech y cursos en universidades estadounidenses y canadienses.

Su primera novela es Juegos de manos (1954), a la que siguieron Duelo en el Paraíso (1955), El circo (1957) y La resaca (1958), entre otras de carácter testimonial y crítico, cuyos fundamentos teóricos expone en su ensayo Problemas de la novela (1959). Señas de identidad (1966), una de sus obras más valoradas, supone un giro de signo experimentalista que profundizará en Reivindicación del conde don Julián (1970) y Juan sin Tierra (1975). En ellas manifiesta su ruptura con España y su heterodoxia total con respecto a los valores de Occidente. En Makhbara (1980) reivindica el triunfo de lo natural y primigenio frente al consumismo. Paisajes después de la batalla (1982) es una autobiografía ficticia de un extranjero en un barrio de París. Realiza un intento de enlazar la mística de san Juan de la Cruz con la tradición sufí en Las virtudes del pájaro solitario (1988). La cuarentena (1990) es un relato de carácter onírico, donde sigue una tradición musulmana según la cual, después de ser interrogada, el alma permanece en un estadio intermedio. Su novela más reciente es El sitio de los sitios (1995) sobre la guerra de la antigua Yugoslavia. Ha publicado también dos polémicos libros de memorias, Coto vedado (1985) y En los reinos de taifa (1986), y muchas obras de ensayo, una de las más recientes es Paisajes de guerra con Chechenia al fondo (1996), un personalísimo libro de viajes, género que ya había tratado anteriormente.

BIBLIOGRAFIA

-Literatura española e hispanoamericana moderna y contemporanea COU editorial TEIDA

-Lengua y literatura 4º curso SANTILLANA.

-Literatura española contemporanea SANTILLANA.

-Literatura española 3º BUP editorial ANAYA.

-Enciclopedia LAROUSSE.

-Enciclopedia ENCARTA `98.

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