Neocolonialismo e Imperialismo

Colonialismo británico, holandés, francés, alemán, estadounidense, ruso, chino, japonés. Asia. África. América. Australia. Revolución. Independentismo

  • Enviado por: Pedro R Ulloa Oyarzún
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 42 páginas
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Indice.

Introducción

“Colonialismo, neocolonialismo e imperialismo”. 2

“El nuevo Colonialismo” 4

“El Colonialismo británico” 5

“Inglaterra en América” 7

“Australia” 8

“El Colonialismo francés” 9

“Potencias Coloniales Secundarias” 11

“El Colonialismo alemán” 12

“Bélgica, España y Portugal” 13 “El Colonialismo Estadounidense” 14

“Rusia asiática hacia 1914, China y Japón” 15 “China” 16

“La transformación japonesa” 17

Conclusiones 18

Glosario de términos 19

Biografías 21

Bismarck 23

Carlos X 24

Chamberlain, Joseph 24

Disraeli 24

Dupleix 25

Gandhi 25

Lenin 27

Leopoldo II de Bélgica 29

Luis Felipe I de Orlèans 29

Marx 30

Napoleón III 32

Perry 32

Rodhes 33

Stanley 33

Victoria I de Inglaterra 34

Documentos 36

“Doctrina Monroe” 37

“Edicto de Nantes” 38

“Tratados de París” 38

“Estatuto de Westminster” 39 Organizaciones 40

“Commowealth” 41

“Compañía Británica de las Indias Orientales” 41

“Compañía Holandesa de las Indias Orientales” 41 Mapas 43

Colonialismo, Neocolonialismo y imperialismo: Clasificaciones teóricas.

El colonialismo es una realidad que se impuso en el mundo en el último tercio del siglo XIX, pero es también, y muy especialmente, una justificación. Esa realidad implicaba la explotación económica y la dominación política de los países de Asia y Africa por parte de las potencias europeas, como

culminación del expansionismo iniciado en el siglo XV. Sin embargo, el término “colonialismo” no aparece hasta principios del presente siglo, con un sentido eminentemente polémico, por cuanto engloba (1) a todas las doctrinas que pretenden justificar el dominio de Europa sobre otros pueblos técnicamente más atrasados. Sus principales manifestaciones se produjeron en Gran Bretaña y en Francia, pero la ideología (2) que lo sustentaba estuvo presente, en mayor o menor medida, en todos los Estados Europeos, con una repercusión muy específica en Estados Unidos.

Si el término “colonización” desde la antigüedad, hace referencia a la acción emprendida por grupos humanos sobre un territorio alejado de su lugar de origen, el colonialismo aparece en una concreta situación histórica para dar un sentido finalista, frecuentemente teñido de hipocresía, a la extraordinaria expansión europea de la segunda mitad del siglo XIX, en sus diferentes manifestaciones: Emigración (3), exportación de capitales, explotación de las tierras y los pueblos colonizados, dominación política, hegemonía(4) cultural, etc..

El colonialismo se confunde con el imperialismo, en parte como consecuencia de las consideraciones marxistas acerca del fenómeno colonial. Vladimir I. Lenin (1870-1924)(5) extrajo las últimas consecuencias de la doctrina de la acumulación de capital elaborada por Karl Marx (1818-1883)(6) y denunció el imperialismo, en tanto que dominación colonialista, como el “Estadio Superior del Capitalismo (7)”, impulsado por la misma dinámica del sistema económico para superar o atenuar sus contradicciones internas.

La noción de “imperio” es de origen romano y define la suprema autoridad ejercida por Roma sobre pueblos y territorios exteriores, generalmente sojuzgados mediante el empleo de la fuerza. La expansión europea moderna dio vida a nuevos imperios integrados por la metrópoli (8) y los territorios de ella dependientes. El imperialismo contemporáneo no exige el empleo de la fuerza militar para su constitución y ni siquiera la dominación política directa. Por otra parte, si bien sus manifestaciones son muy diversas, su esencia está determinada por la explotación económica del país sometido, tanto de sus recursos naturales como del trabajo de sus habitantes, en beneficio de la metrópoli.

El imperialismo contemporáneo surgió precisamente en la segunda mitad del siglo XIX, cuando las fuerzas productivas, especialmente la industria, alcanzaron un alto nivel de desarrollo, que impulsó la búsqueda de nuevos mercados para los productos, materias primas más abundantes y baratas, y un espacio económico en el que pudieran fructificar los capitales excedentes (9). Habida cuenta de las rivalidades existentes entre las grandes potencias europeas, esas ventajas sólo podían encontrarse en los países lejanos y atrasados, demasiado débiles, sin conciencia nacional y sin medios técnicos adecuados para resistir el asalto de la Europa industrializada.

La dominación y explotación colonialistas han adoptado formas muy diversas, según sus principales protagonistas, pero se pueden definir por algunos caracteres esenciales, según la síntesis de Georges Balandier:

  • Dominación por parte de una minoría extranjera, la cual ejerce una pretendida superioridad racial y cultural sobre una mayoría nativa materialmente inferior.

  • Contacto entre dos civilizaciones muy distintas: una, de religión cristiana, de economía potente, técnica avanzada y ritmo de vida acelerado; la otra, no cristiana, carente de técnica, condicionada por una economía agraria de subsistencia y un ritmo de vida lento.

  • La civilización europea avanzada y tecnificada se impone en todos los órdenes sobre la cultura autóctona, a través de diversas formas de organización política y administrativa.

  • En otro nivel, el neocolonialismo puede definirse como un fenómeno histórico caracterizado por el dominio o la influencia que las grandes potencias ejercen sobre los países descolonizados. Constituye una nueva manifestación del imperialismo, en la medida en que un Estado se propone el control de los destinos de otro para asegurarse la explotación de sus recursos económicos y su fidelidad diplomática. El primer orden neocolonial surgió en América Latina, después de la independencia de las colonial españolas. La “Doctrina Monroe” (10)(2 de diciembre-1823) fue la expresión diplomática de la dominación que las grandes compañías estadounidenses iban a ejercer sobre los recursos económicos del continente. Combinando las presiones diplomáticas y económicas, cuando no recurriendo a la intervención armada, Estados Unidos logró crear una verdadera “dependencia colonial”, principalmente en el área del Mar Caribe.

    *(1)(2)(3)(4)(7)(8)(9) Ver Glosario. *(5)(6) Ver Biografías. *(10) Ver Documentos.

    El neocolonialismo alcanzó dimensiones universales tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), como consecuencia de la liquidación de los Imperios Británico y Francés. Si el mapa anterior a la Guerra era básicamente el de los Imperios Coloniales, el actual refleja una situación neocolonial caracterizada por dos rasgos esenciales:

  • Mantenimiento de los países del Tercer Mundo como proveedores de materias primas. Las naciones imperialistas se reservan las transformaciones industriales, altamente rentables.

  • Lucha por la hegemonía entre las grandes potencias. Las presiones económicas o la fuerza militar se utilizan para obtener el alineamiento de los países en vías de desarrollo productores de materias primas o que se encuentran ubicados en zonas estratégicas. La satelización política descansa sobre imperativos económicos.

  • El Nuevo Colonialismo.

    La conquista de mercados para comprar materias primas y vender producción industrial se volvió más apremiante, en la medida en que las potencias industrializadas saturaban los mercados con exceso de producción de bienes. Al mismo tiempo, las tensiones sociales internas de Europa, el lento pero imperturbable avance del Sindicalismo (11), elevaba también los costos de producción, estrechando los márgenes de utilidades a un grado tal que sólo una producción muy grande podía mantener rentables las enormes inversiones de capital en maquinarias, capacitación de técnicos y financiamiento de investigación científica y tecnológica.

    Era esencial para Europa obtener en otras regiones los mercados que sostuvieran el ritmo de producción industrial y pagaran el creciente gasto social de los Estados y las empresas. El bienestar del trabajador europeo debía ser pagado por el trabajador de otros lugares del mundo.

    En segundo término estaba también la estrategia de dominio, la búsqueda de control en enclaves de aprovisionamiento y de eventual importancia bélica, en lo posible cerrándole el paso a las potencias rivales, como ocurrió con la expansión rusa hacia la India y la réplica inglesa de conquistar las regiones que hoy son Paquistán y Afganistán. Únicamente el salto político y tecnológico de mediados de siglo pudo gestar un cambio en el Colonialismo.

    *(11) Ver Glosario.

    El Colonialismo británico.

    A fines del siglo XVIII, el Imperio Colonial Inglés comprendía el antiguo Canadá francés, Jamaica y algunas otras islas; en Asia, algunas partes de la costa de la India; en Oceanía, una parte de la costa oriental de Australia, con Sidney.

    Las guerras de la revolución y las napoleónicas permitieron a los ingleses aumentar el número de sus colonias a expensas de Francia y de su aliada Holanda: así, la colonia del Cabo en África, la Guayana inglesa en América, Ceylán en Asia, Malta en Europa. Durante este mismo periodo, habían conquistado nuevos territorios en India. A partir de 1815, el Imperio inglés se desarrolló por dos procedimientos: por conquista, y por expansión pacífica y regular sobre territorios políticamente “vacantes”- es decir, territorios de los que aun no se había apoderado ninguna otra potencia europea. Por conquista, Inglaterra se apoderó, en Asia, de: la India, cuya sumisión fue acabada en 1856; Birmania desde 1826 a 1855; en África. Egipto ocupado en 1882 y el Sudán egipcio (1896-1908); Natal (1843) y las Repúblicas sudafricanas de Orange y de Transvaal ( Guerra de los Boers, 1899-1902); en Oceanía, Nueva Zelandia (1840-1869). Por expansión pacífica, estableció su dominación en América, sobre los territorios situados al norte de Estados Unidos, del Atlántico al Pacífico, donde creó la Federación Canadiense (1867-1871). En oceanía, creó la colonial del continente austral (1824-1859) y la Federación Australiana (1901). Para asegurarles libertad constante de comunicaciones con sus colonias y afirmar su supremacía marítima, fue apoderándose sistemáticamente de los pasos estratégicos de todas las grandes vías de navegación y, así como ya había tomado Gibraltar y Malta en el Mediterráneo, tomó Singapur (1819) y la Península de Malaca (1826) en el camino de India a China, y Aden (1839) en el de Europa a India. En suma, Inglaterra poseía a principios del siglo XX un Imperio de unos 29 millones de kilómetros cuadrados, con casi 350 millones de habitantes; es decir, era dueña de más de la quinta parte de la superficie del planeta y de la cuarta parte de su población.

    La conquista de la India fue hecha, no por el gobierno inglés, sino por la Compañía de las Indias, gigantesca sociedad anónima concebida sobre el modelo de la Compañía de Indias Orientales holandesa (12), y que en el siglo XVIII, durante la Guerra de los 7 años, había vencido a la Compañía Francesa de igual origen. Por lo demás, triunfó empleando los mismo procedimientos de Dupleix (13), el jefe francés, es decir, mezclándose en las querellas de los príncipes indios y reclutando sus ejércitos entre los indígenas.

    En 1857, una insurrección (14) militar puso en peligro la dominación inglesa en el norte de India. La causa profunda de la insurrección fue el odio de los hindúes contra los vencedores, y la esperanza de poner fin a una dominación que, según una profecía, debía terminar en 1867. El pretexto fue la distribución de los cipayos (15) de cartuchos untados con cebo de vacuno, animal sagrado para los hindúes. Un regimiento de caballería se negó a recibir las nuevas municiones. Todos los cipayos de las provincias del Ganges se sublevaron. Fue preciso más de año y medio para reducirlos (1857-1858).

    A consecuencia de la insurrección, el Parlamento pronunció la disolución de la compañía, que no había sabido prever la catástrofe. En 1876, la colonia fue erigida en imperio, y la reina Victoria (16) tomó el título de emperatriz de la India. A partir de ese momento, el gobierno británico realizó esfuerzos para “britanizar” aquel vasto territorio y asegurar su adhesión al imperio. Construyó una vasta red de ferrocarriles y carreteras, trabajos de irrigación (17) para incorporar tierras a la producción agrícola, y desarrolló un vasto plan de instrucción de tipo europeo para los indígenas. Un ejército de 220 mil hombres, de los cuales 73 mil eran europeos, bastaba para contener 320 millones de hindúes. Pero éstos continuaron siendo hostiles al vencedor. Los más instruídos clamaban no ser derrotados como vasallos, y se formó un Partido Nacional muy activo.

    En 1919 se creó una Asamblea Legislativa elegida por sufragio restringido, con el propósito de iniciar a los nativos en la vida política, aunque manteniendo la decisión final en manos de la metrópoli. Los hindúes la consideraron insuficiente y los ingleses no se resignaban a ser mandados por funcionarios nativos. El ilustre Mahatma Gandhi (18) encabezó el movimiento llamado de Resistencia Pasiva, como estrategia para obtener la autonomía plena dentro del imperio británico, semejante a la del Canadá o de Sudáfrica. Después de vicisitudes (19) diversas, en 1985 Inglaterra sancionó una Constitución que reunió los “once países” de la India en una Confederación con amplia autonomía. El 27% de los adultos incluídas las mujeres podían votar en las elecciones de las Cámaras de cada “Estado”. Establecía también un Parlamento Federal, a manera de Senado, elegido por los Príncipes, el cual, junto a las cámaras de los Estados, colaboraba con el Gobernador nombrado por la Corona. Este conservaba plenos poderes para asegurar la tranquilidad, y en materia económica, pudiendo en caso de necesidad proclamar la dictadura.

    *(12) Ver Organizaciones. *(13)(16)(18) Ver Biografías. *(14)(17)(19) Ver Glosario.

    *(15) Rebelión de los Cipayos: Insurrección de los soldados indígenas de la India (1857-58) contra la administración británica, provocada por la adopción de cartuchos engrasados con manteca de cerdo: ultraje inferido a los sentimientos religiosos de los hindúes.

    India era uno de los principales mercados de Inglaterra; el valor de sus ventas y sus compras pasaba en 1895 de 2.000 millones de libras esterlinas (unos 8.000 millones de dólares de la época, alrededor de 10 veces ese valor en dólares de 1997). De aquí que los ingleses procurasen con extremado celo conservar la India y, para ello, fortificaron la totalidad de sus pasos fronterizos. Al noroeste, quisieron apoderarse de Afganistán, por donde los rusos, dueños de Turquestán, podrían desembocar en India. Un primer ensayo de conquista fracasó pero, después de una segunda guerra, los ingleses llegaron a hacer aceptar a los afganos una especie de Protectorado (1878).

    Por otra parte ocuparon Beluchistán (1880) y trataron de asentar su dominio o Protectorado en Persia, y muy particularmente en las orillas del Golfo Pérsico. Al este, sobre Indochina, ocuparon Birmania (1826-1852). El deseo de afirmar la seguridad de India contribuyó en gran parte a determinar a los ingleses a ocupar Egipto y dejar el Canal de Suez bajo su control.

    Durante 6 años (1876-1882) Inglaterra y Francia ejercieron un condominio financiero para asegurarse el pago de las deudas egipcias. Las medidas de economía que impusieron los funcionarios europeos, provocaron una insurrección reprimida a mano armada por los ingleses, que quedaron, después, ejerciendo a el Protectorado, lo que Francia aceptó a cambio de Marruecos.

    Como medida de economía, los inspectores exigieron el retiro de unos 2000 oficiales egipcios de las Fuerzas Armadas de su Patria. De aquí la formación de un partido Nacional hostil a los extranjeros. En un motín, en Alejandría (1882), fueron acuchillados varios europeos. Los ingleses bombardearon Alejandría, desembarcaron tropas en el Canal de Suez, ocuparon El Cairo y la insurrección quedó vencida.

    Cuando los ingleses se apoderaron del Cabo (1806), la colonia no ocupaba sino la punta extrema de África. La población blanca se componía de colonos de origen holandés- los boers, es decir, campesinos- hombres enérgicos, descendientes de los primeros colonos holandeses y franceses que partieron a África del Sur después de la revocación del Edicto de Nantes (20).

    Al lado de los boers se establecieron los ingleses. En 1883, Inglaterra abolió la esclavitud en todas sus colonias. Ahora bien, los boers tenían numerosos esclavos, y para escapar a la interdicción, abandonaron el cabo y crearon sucesivamente 3 Estados: Orange, Natal, ocupado por los ingleses en 1843, y después, al otro lado del Vaal, el Transvaal. Este último país, considerado desde hace mucho tiempo como de escasa importancia, tomó enorme valor por el descubrimiento de ricas minas de oro (1885). Hubo gran influjo de inmigrantes, sobre todo ingleses y, en el centro del territorio se formó la ciudad de Johannesburgo, que en pocos años llegó a tener 100000 habitantes.

    Hacia el mismo tiempo, el primer ministro de la colonia del Cabo, el inglés Cecil Rhodes (21), concebía el ambicioso proyecto de un Imperio británico que atravesara África de Sur a Norte, del Cabo al Cairo. Fácil fue para Inglaterra apoderarse del territorio que se llamó Rhodesia. Desde entonces, Orange y Tranvaal quedaban rodeados por posesiones inglesas. Embarazando sus comunicaciones y por otra parte, excelentes presas a causa de sus minas, estaban destinados a perder su independencia. La ocupación inglesa se fundó en el exceso de impuestos y el nacionalismo en el gobierno. Después de una lucha cruenta y larga, conocida como Guerra de los Boers, se pudo obligar a los colonos de ascendencia holandesa a reconocer la soberanía británica (1902).

    Las posesiones de Inglaterra en Africa del Sur se extendieron entonces desde el Cabo al lago Tanganyica, en un espacio tan grande como la República Argentina, con una población en esa fecha de unos siete millones de habitantes. La sola explotación de las minas de oro y de diamantes daba un producto anual de mas de mil millones de libras, y en treinta años los ingleses construyeron hasta más allá del Zambeze una vía férrea de 5000 kilómetros, concebida como la parte meridional de una línea transafricana que uniese Ciudad del Cabo con El Cairo.

    En 1906 se organizó la Unión Sudafricana, formada por las colonias del Cabo, Natal, Transvaal y Orange. La antigua capital de Transvaal, Pretoria, pasó a constituir capital de la Unión, pero el Parlamento se mantuvo en Ciudad del Cabo. La Unión pasó a ser uno de los 7 Estados autónomos de la Confederación Británica, de acuerdo con el Estatuto de Westminster (22), que les concedió capacidad legislativa local.

    *(20)(22) Ver Documentos. *(21) Ver Biografías.

    Inglaterra en América.

    A principios del siglo XIX, los territorios de Inglaterra en América del Norte formaban Cuatro colonias: Nueva Escocia, Nuevo Brunsweek, Bajo Canadá, y Alto Canadá. El Bajo Canadá, a lo largo del San Lorenzo, con las capitales de Quebec y Montreal, el país francés. El Alto Canadá había sido constituído por desmembramiento del Canadá Francés y era Inglés en abrumadora mayoría. Cada colonia tenía su gobierno particular. Durante mucho tiempo hubo oposición entre los dos Canadá, y en cada colonia, entre ingleses y franceses. En 1840, las dos colonias fueron reunidas en una, a la que Inglaterra concedió autonomía, un Gobierno Parlamentario con dos Cámaras y Ministros responsables. Bajo este nuevo régimen, franceses e ingleses se reconciliaron. En 1867, temiendo los canadienses la ambición de Estados Unidos, propusieron a Nueva Escocia y Nueva Brunsweek reunirse en una Federación. De aquí salió el Dominio de Canadá, cuya capital es Ottawa, a cargo de un Gobernador General, reducido a funciones puramente honoríficas, como único representante de Inglaterra. Todo el poder quedó en manos de los Ministros responsables y del Parlamento (Senado y Cámara de Diputados). Bajo este régimen de Independencia, la prosperidad de Canadá se desarrolló rápidamente.

    Australia.

    Cuando los ingleses se establecieron en 1878, en la costa oriental de Australia, fue para crear el establecimiento de Sydney, un campo de concentración de delincuentes. Pero se descubreió que el país era bueno para la cría de ovejas, y colonos libres fueron a establecerse allí, fundando la primera colonia, que se llamó Nueva Gales del Sur. Sucesivamente, desde 1829 a 1859, se crearon en la costa otras 4 colonias, de las que cada una tuvo su Gobierno particular. El aumento de población fue lento hasta que en la colonia Victoria se descubrieron minas de oro (1851): en 4 años llegó allí medio millón de inmigrantes. Sydney y Melbourne pasaron a figurar entre las grandes capitales del mundo. Las colonias australianas formaron una Federación o Commonwealth (23), cuya organización fue calcada de la del Canadá en 1901.

    Los ingleses tomaron posesión de Nueva Zelandia en 1840. Tuvieron que luchar mucho tiempo contra los indígenas Maoríes, pueblo inteligente, enérgico y belicoso. Nueva Zelandia, rica por la cría de ganado, la agricultura y las minas, fue particularmente interesante por sus experiencias socialistas.

    El rasgo fundamental general en la organización de las colonias inglesas fue la autonomía administrativa completa, la casi Independencia de que gozaron muy pronto casi todas ellas. Así Canadá, Australia, Nueva Zelandia y África del Sur tuvieron sus Parlamentos particulares y sus Ministros. Sólo en las colonias donde predominaba el elemento indígena permaneció un fuerte sometimiento al Gobierno inglés. Algunas colonias aceptaron de buen grado las reformas; pero la India y Egipto jamás depusieron su nacionalismo.

    Por los Estatutos de Westminster el Parlamento británico dejó de legislar para los Dominios, que alcanzaron Derecho de Guerra y Paz, y de negociar tratados Internacionales. Inglaterra ejercía la representación diplomática y las funciones judiciales, financieras y defensivas.

    *(23) Ver Organizaciones.

    El colonialismo francés.

    En 1815, Francia poseía: en América la Guayana y algunas islas; en África, en el Atlántico, la costa de Senegal, en Asia, en India, 5 ciudades aisladas (Pondicheri, Chandernagor, Karikal, Mahé y Yanaón); en el Océano Índico, la isla de Borbón, hoy de la Reunión. Abstracción hecha de Guayana, cuya superficie iguala casi a la quinta parte de la de Francia, y estaba casi deshabitada, el conjunto de las posesiones francesas medía apenas unos 10000 kilómetros cuadrados. En un periodo de expansión agresiva, en alrededor de 60 años el Imperio Colonial Francés llegó a ser 20 veces mayor que Francia. En sus 11 millones de kilómetros cuadrados se contaban unos 60 millones de habitantes, y el valor de su comercio exterior con las colonias sobrepasó los 6800 millones de dólares de la época en 1929. La formación de este Imperio empezó en 1830, bajo el reinado de Carlos X (24), por la expedición a Argel: este fue el primer episodio de la conquista de Argelia, que, proseguida durante todo el reinado de Luis Felipe (25), no se terminó sino bajo el reinado de Napoleón III (26), en 1857, después de 27 años de guerra contra los patriotas moros. Luis Felipe hizo ocupar varias islas del Océano Pacífico, entre otras, Tahiti (1842). Durante el reinado de Napoleón III se tomó Nueva Caledonia (1853), y se comenzó en Asia la conquista de Indochina por la ocupación de Cochinchina (1859-1867) y el establecimiento del protectorado francés sobre Camboya (1863; en África, se empezó la conquista del Sudán occidental por la ocupación del valle del Senegal (1854-1865). Pero fue durante la Tercera República y en los últimos veinte años del siglo XIX, cuando se produjo sistemáticamente la mayor expansión colonialista: En África, Túnez (1881-1882), el Sudán occidental (1881-1900), Dahomey (1892), Congo y los territorios del Chad (1880-1900) y Marruecos (1907-1912); en el Océano Índico, Madagascar (1896); en Asia, Tonquin y Annam (1882-1885) - Vietnam.

    Argelia estaba nominalmente bajo la soberanía turca que designaba un bey, o gobernador. Un incidente, ocurrido en 1827 entre el bey Hussein y el cónsul de Francia, fue pretexto, en 1830, para enviar una expedición francesa contra Argel. El ejército turco - árabe fue abatido en Staueli y los franceses forzaron la capitulación de Argel. Aquel fue el primer episodio de una penosa guerra de 27 años. El gran adversario de los franceses fue el emir árabe Abd - el - Káder (1808-1883). Procedía de gran familia y se le consideraba descendiente del clan del Profeta Mahoma. Se alzó como caudillo de la Independencia de su Patria dando comienzo a la guerra santa. Con extraordinario genio militar, pese al precario armamento de sus hombres, que sólo poseían sables y mosquetes para enfrentar al moderno ejército francés, logró sin embargo algunas victorias, especialmente en el valle de La Macta, el 28 de junio de 1835. Sin embargo su posición era insostenible por la falta de pertrechos y alimentos, y al año siguiente el general francés Bertrand Clauzel, quebrantando la línea defensiva del líder árabe, tomó la ciudad de Mascara, donde Abd - el - Káder había nacido, e hizo una espantosa masacre de la población, entregando luego las casa al saqueo de la soldadesca. A pesar de todo, el caudillo forzó a los franceses a aceptar una paz negociada que se materializó en el Tratado de Tafna, de 1839, que los franceses traicionaron al año siguiente, volviendo a estallar la guerra.

    Vencido Abd - el - Káder en 1843 se refugió en Marruecos donde consiguió apoyo del Sultán, pero una vez más fue vencido por una abrumadora fuerza militar francesa y hubo de rendirse. Retirado al desierto, opuso una última resistencia, logrando derrotar a los franceses en la batalla de Sidi Brahim (septiembre de 1844). Pero ésta victoria sólo tuvo por efecto postergar el triunfo final de los franceses que poseían en Argelia ya un ejército de casi 300 mil hombres dotados de magníficas líneas de abastecimiento y del más moderno armamento de la época.

    Finalmente, Abd - el - Káder hubo de rendirse; fue enviado a una mazmorra en Tolón, de la cual, un año más tarde, fue rescatado por la presión internacional indignada por el trato vejatorio dado a un patriota. Finalmente, por mediación papal, se permitió a Abd - el - Káder retornar a algún país islámico, aunque se mantuvo su destierro de Argel. Se radicó entonces en Damasco, Siria, donde en una oportunidad (1860) salvó la vida de unos 12 mil cristianos que iban a ser masacrados por una muchedumbre de musulmanes enfurecidos, y por ello el Gobierno de Napoleón III le concedió la condecoración de la Legión de Honor de Francia. Retirado al fin de toda actividad pública, murió en Damasco al amanecer del 26 de mayo de 1883.

    La ocupación de Túnez fue fácil y rápida: se verificó durante el gobierno de la Tercera República, en 1881. So pretexto de castigar a unas bandas de montañeses que habían cometido asaltos en territorio argelino, un ejército francés entró en Túnez. El gobernador turco se vio obligado a firmar el Tratado del Bardo (1881), por el que se colocaba bajo el Protectorado de Francia. La cuestión marroquí fue provocada a principios del siglo XX. Marruecos, más extenso y rico que Argelia, y más importante por su situación en un recodo de África, había quedado, hasta fines del siglo XIX, casi completamente cerrado a los europeos, a excepción del puerto de Tánger.

    *(24)(25)(26) Ver Biografías.

    Como antiguamente el bey de Argel, el sultán de Marruecos no mantenía bajo su autoridad real sino una parte de las tribus, dispuestas siempre a rebelarse. En 1904, Inglaterra y Alemania abandonaron Marruecos a la influencia francesa, salvo una parte del Marruecos septentrional reconocida como zona de influencia española. Pero Alemania, cuyas empresas económicas empezaban a desarrollarse en Marruecos, intervino entonces para oponerse a los proyectos de Francia. La cuestión marroquí provocó entre las dos potencias un conflicto (1906-1911) que los llevó al borde de la guerra. Sin embargo, ambas potencias negociaron el reparto de territorios de África y Alemania, mediante concesiones territoriales en El Congo, terminó por aceptar el protectorado francés sobre Marruecos (1911).

    En África occidental, Francia se apoderó también de vastos territorios, que comprendían: en la costa, Senegal, Guinea, la Costa de Marfil y Dahomey; en el interior, los Territorios del Níger. El conjunto de éstos países, siete u ocho veces más grande que Francia, recibió el nombre de Sudán francés. Su conquista, empezada bajo el reinado de Napoleón III, hacia 1855, duró 45 años hasta 1900. Posteriormente se incorporó al Congo su hinterland (27), con la reunión, a orillas del lago Chad, de tropas llegadas desde las tres partes del África francesa: una que descendió de Argelia a través del Sahara, otra que llegó de Senegal y la tercera llegada de Congo. Los primeros establecimientos de Francia en Madagascar databan del siglo XVII. Sin embargo, hasta fines del siglo XIX, y después de una larga lucha de influencias con Inglaterra, Francia no se decidió a conquistar la isla entera. Después de una expedición que las fiebres hicieron mortífera - perecieron unos 6000 hombres - Madagascar fue declarado colonia francesa (1896).

    Expulsada de la India por los ingleses en el siglo XVIII, Francia consiguió ser potencia asiática en el periodo contemporáneo por la ocupación de Indochina oriental. Los países conquistados por los franceses corresponden casi todos al Imperio de Annam, tributario del Imperio Chino, por lo que Francia declaró la guerra, no solamente contra los annamitas, sino contra China. La primera expedición, enviada por Napoleón III para vengar una matanza de misioneros católicos (1859), dio por resultado la anexión, en 1863, de Conchinchina o región sur de la actual República de Vietnam, y el establecimiento del protectorado francés en el pequeño reino vecino del Camboya (1863). Posteriormente, un atrevido oficial, Francisco Garnier, realizó una incursión al reino de Tonquín a la cabeza de 120 soldados (1873). Diez años más tarde, en 1883, una expedición francesa obligó a Annam a aceptar definitivamente el protectorado francés. Pero Tonquín no fue conquistado sino después de una ruda guerra contra los chinos (1884-1885). China tuvo finalmente que firmar el tratado de Tientsin por el cual abandonaba a Francia, Annam y Tonquín.

    *(27) Ver Glosario.

    Potencias Coloniales Secundarias

    Dejando aparte Rusia - cuyas posesiones asiáticas no constituían colonias propiamente dichas, sino la prolongación de su Imperio en Asia - las potencias coloniales secundarias eran en 1914 Alemania, Holanda, Bélgica, Portugal, España, Italia y Estados Unidos.

    Holanda es una de las más antiguas potencias coloniales. Fundado a principios del siglo XVII, y aunque fuertemente disminuido por los ingleses durante las guerras de la revolución y del Imperio napoleónico, el Imperio Colonial Holandés siguió siendo hasta mediados del siglo XX uno de los más ricos del mundo. Comprendía: en América, una de las Guayanas y algunas Antillas; en el extremo oriente, la mayor parte de las islas de la Sonda e Indonesia - las Indias holandesas - y Nueva Guinea occidental; en total, más de 2 millones de kilómetros cuadrados, poblado por 39 millones de habitantes.

    Los esfuerzos de la colonización holandesa se orientaron principalmente hacia Java, gran isla de 130 mil kilómetros cuadrados, donde la población malásica es extremadamente densa - 230 habitantes por kilómetro cuadrado - el suelo rico y la vegetación prodigiosamente variada y abundante. El comercio de las Indias holandesas alcanzaba a 1000 millones de dólares hacia 1914; exportando sobre todo grandes cantidades de petróleo, especias, azúcar de caña y tabaco.

    El colonialismo alemán.

    Desde 1885, los alemanes adquirieron sucesivamente: en África, Togo, Camerún, el sudoeste africano y África Oriental Alemana; en Oceanía, la Tierra del Emperador Guillermo, es decir, el nordeste de Nueva Guinea y algunos archipiélagos inmediatos; después las Carolinas y las Marianas que compraron a España en 1899. En Asia, a consecuencia del asesinato de los misioneros, exigieron a China la cesión en arriendo del territorio de Kiao Tcheu, en la Península de Schantung. La superficie del Imperio Colonial Alemán era, en 1914, de unos 2 millones y medio de kilómetros cuadrados pero los elementos de este Imperio eran generalmente mediocres. Llegados los últimos al reparto del mundo, los alemanes no habían obtenido sino las peores partes. El valor de los cambios con sus colonias apenas pasaba de 200 millones de dólares, y ninguno de sus territorios, salvo algunas partes de África oriental y del sudoeste africano, era a propósito para llegar a ser colonia de población para recibir emigrantes. De esta situación era de donde derivaba el de los alemanes por Marruecos, en donde podrían formar una Argelia germánica.

    En realidad, las más importantes colonias de Alemania no eran sus colonias oficiales, sino las colonias espontáneas formadas por los emigrantes alemanes en países extranjeros. En efecto, se estimaba en más de 6 millones el número de alemanes que, desde 1820 a 1900, se esparcieron por el mundo, particularmente en algunos países sudamericanos como Argentina, Brasil, Chile y Paraguay.

    Otra forma de penetración alemana antes de 1914, fue la colonización económica por el comercio y la industria. La diplomacia y la política imperiales contribuyeron a estas empresas. El cuidado de abrir importantes mercados a su industria es el que hizo del Imperio Alemán el amigo y frecuentemente el protector de Turquía. Gracias a la influencia ganada en Constantinopla, los alemanes obtuvieron en Turquía de Asia importantes concesiones, principalmente la construcción del ferrocarril de Bagdad. Esta línea férrea, destinada a unir el Bósforo a Bagdad a través de Asia Menor y de Mesopotamia, tuvo gran importancia no solamente porque facilitaba el renacimiento económico de éstas regiones antiguamente tan prósperas, sino porque, continuaba hasta el golfo Pérsico, fue el camino terrestre más corto hacia la India. Pero los resultados obtenidos por los alemanes en esta región, se aniquilaron por la derrota de Alemania en 1918, cuyo resultado fue la desaparición de su Imperio colonial.

    Bélgica, España y Portugal

    Bélgica no poseyó más que una colonia de gran importancia, en el centro de Africa, la cuenca casi entera del río Congo, dominio inmenso y compacto de más de 2 millones de kilómetros cuadrados, y poblado de unos 20 millones de negros. Originariamente el Congo fue la propiedad privada de Leopoldo II (28), rey de Bélgica, - que la obtuvo por acuerdo con el explorador norteamericano Stanley (29) (1878) - siendo reconocido en la conferencia de Berlín (1885) como soberano del estado libre del Congo. En 1898 se convirtió en colonia belga por cesión hecha por el rey.

    España y Portugal habían sido las primeras grandes potencias coloniales; pero la una y el otro perdieron sus antiguos imperios durante el siglo XIX. Portugal conservó, sin embargo, en Africa: los vastos territorios de Angola y Mozambique, separados por la Rhodesia inglesa, con un total de unos 2 millones de kilómetros cuadrados. En el Atlántico, poseyó varios archipiélagos importantes, como las Azores, Madeiras y las islas de Cabo Verde. En el extremo oriente no le quedaban ya a principios del siglo XX más que algunas factorías, como Goa en India y Macao en China, y el nordeste de la isla de Timor en el archipiélago Malayo.

    *(28)(29) Ver Biografías.

    El Colonialismo Estadounidense.

    En la isla de Cuba, uno de los último restos del Imperio Colonial Español en América, la población se había sublevado (1895) proclamando la Independencia. Los españoles hicieron esfuerzos desesperados para reprimir la insurrección, enviando para ello a la isla más de 200 mil hombres en dos años. Pero Cuba tenía para Estados Unidos una gran importancia: en frente del valle del Missisipí y del futuro Canal de Panamá, es estratégicamente, la llave del Golfo de México.

    Además, posee inmensas riquezas que hacía valer desde luego el capital yanqui. En 1897, el Presidente Mac - Kinley declaró que si Cuba no estaba pacífica en un plazo perentorio, Estados Unidos se reservaba el derecho, “en nombre de la civilización y de la humanidad”, de intervenir con la fuerza en los asuntos cubanos. En 1898, después del turbio incidente de la explosión del acorazado americano Maine, surto en el puerto de La Habana, Estados Unidos intimó a los españoles la orden de retirar sus tropas y reconocer la Independencia de Cuba. Con este motivo estalló la guerra (abril de 1898). Después de la destrucción de sus dos principales escuadras ante Manila, en Filipinas, y ante Santiago de Cuba, tuvo que aceptar y firmar, por mediación francesa, al Tratado de París (30)(10 de diciembre de 1898) por el cual reconocía de Independencia de Cuba y cedía a Estados Unidos Puerto Rico y Filipinas.

    España, despojada de sus últimas colonias, buscó compensaciones en África, con el pequeño territorio de la Guinea española, la colonia desértica del Río de Oro en la costa del Atlántico, al sur de Marruecos, y las Islas Canarias en la misma región que pasaron a constituir una provincia española; por último, los antiguos presidios de África: Ceuta y Melilla. Francia e Inglaterra reconocieron la región norte de Marruecos como zona española, y España sostuvo allí guerras mortíferas contra los montañeses del Rif.

    Desde que consumó su unidad, Italia buscó también constituir en África un Imperio Colonial, soñando en primer lugar con Túnez. Burlada en sus esperanzas por la ocupación francesa, volvió la vista hacia Abisinia o Etiopía. Desde 1882 a 1888, los italianos se fueron apostando en sus inmediaciones, en Assab y Massauah, junto al Mar Rojo, y después en Somalía, en el Cuerno de África y frente al Océano Índico. Cuando decidieron establecer efectivamente su protectorado sobre Abisina, país rico y poblado, tropezaron con una resistencia inesperada. El soberano O Negu, Menelik, reunió 200 mil guerreros e infligió al ejército italiano el Desastre de Adua (1896). Italia tuvo que renunciar a Abisinia hasta 1936.

    En 1911, había ocupado militarmente a Trípoli y los principales puntos de la costa, por medio de rudos combates contra los turcos sostenidos por las tribus árabes.

    *(30) Ver Documentos.

    Rusia asiática hacia 1914, China y Japón.

    Por la conquista de Siberia y de Turquestán, Rusia llegó a ser una gran potencia asiática. El Imperio Ruso de Asia, prolongación de Rusia europea, extendiase en 1914 sobre 16 millones de kilómetros cuadrados, o sea, una y media veces la superficie de toda Europa. Era el más vasto Imperio del mundo.

    La conquista de Siberia por los rusos empezó a fines del siglo XVI, pero se hizo lentamente porque los rusos debían atender el frente europeo de su Imperio y Siberia sólo fue tierra de castigo o presidio inmenso, a dónde fueron deportados, durante varios siglos, los desterrados políticos y los condenados de derecho común. Pero a mediados del siglo XIX y después de la Guerra de Crimea y el Tratado de París (30), los rusos volvieron de nuevo la vista al Asia.

    Las partes del litoral del Pacífico ya ocupadas tenían el inconveniente de estar invadidas durante 7 u 8 meses por los hielos. De aquí que los rusos buscasen adquirir, a expensas de China, costas más meridionales. Los chinos fueron primero expulsados de la desembocadura del Amur, después, en 1858- 1860, mientras China estaba en guerra con Francia e Inglaterra, obtuvo los territorios que formaron la provincia marítima. En su extremidad meridional, en frente de Japón, crearon un puerto militar con el ambicioso nombre de Vladivostok, “El Dominador de Oriente”.

    Ensanchada Siberia, medía más de 12 millones y medio de kilómetros cuadrados: pero hacia 1860 no contaba con 2 millones y medio de habitantes. Los rusos intentaron poblar el país, muy fértil y rico en minas en sus partes meridionales, esforzándose en enviar allí el exceso de la población de Rusia europea y en fijar una parte de sus campesinos cuyo número crecía tan rápidamente que la tierra rusa no bastaba para alimentarlos. La colonización llegó a ser particularmente activa a partir de 1860; entre 1893 y 1900, más de 1 millón 200 mil campesinos fueron enviados a Siberia. Entre 1891 y 1901 se construyó, con tecnología y empréstitos italianos y alemanes, un ferrocarril de 7000 kilómetros de largo, llamado el Trans - Siberiano, como medio de transportar rápidamente las tropas al extremo oriente y asegurar allí, a expensas de China y Japón, el predominio de Rusia. La necesidad de asegurar las comunicaciones entre Rusia y Siberia determinó a los rusos a intervenir en Turquestán, siéndoles precisos 40 años para someterlo. (1845-1885).

    Para asegurar su dominio en Turquestán, los rusos pusieron en servicio (1888) una línea de casi 2000 kilómetros, el Transcaspiano, que va desde el Mar Caspio a Merv y a Samarcanda y a Tashquent, hoy capital de Turquestán.

    *(30) Ver Documentos.

    China.

    Hemos visto ya Que China es el más antiguo de los Estados actualmente existentes. Es más extenso que Europa entera y la fertilidad de sus llanuras atravesadas por dos ríos enormes y las innumerables minas de sus montañas hace de ella una de las tierras más ricas del globo. Hacia 1838, según estadísticas chinas, el Imperio tenía alrededor de 350 millones de habitantes. Inmovilizados en el respeto del pasado, los chinos no tuvieron por mucho tiempo más que desprecio por las ideas nuevas y desconfianza y odio por todo lo que venía fuera de los “diablos rojos”, es decir, los europeos de tez sanguínea.

    La riqueza del Imperio chino era conocida, desde la Edad Media, por los europeos, y el deseo de llegar a las fabulosas orillas del Catay - China - fue una de las causas de los grandes viajes de descubrimiento llevados a cabo por españoles y portugueses: llegaron a Cantón en 1517. Bien acogidos allí, no tardaron en exasperar a los chinos por su rapacidad, sus violencias y el prepotente fanatismo de los misioneros. De aquí que China se cerrase casi completamente a los “diablos extranjeros”. Esta situación duró hasta 1840. Fueron precisas dos guerras para abrir más extensamente China al comercio europeo; la Guerra del Opio (1840-1841), y la expedición de China (1858-1860).

    La Compañía Inglesa de las Indias (31) había obtenido el primer puesto en el comercio de Cantón. Su principal artículo de venta era la droga extraída de la adormidera, el opio - rico en los alcaloides morfina y heroína - que intoxica más que el alcohol y produce ensoñaciones equivalentes a la realización de los más deliciosos anhelos del cuerpo y del alma, en forma tan vívida que el fumador, al día siguiente, ya no sabe si sus recuerdos corresponden a ensueños o a una realidad concreta.

    Preocupado por el efecto adictivo y enajenador (32), el Gobierno Imperial de la China había prohibido la venta y distribución de la droga al público común, especialmente a los jóvenes, y funcionarios imperiales habían allanado y destruído un depósito de 20 mil cajas, de 50 kilogramos cada una, guardadas en los almacenes ingleses para su venta a los traficantes. En réplica, los ingleses bloquearon Cantón con buques de la Real Armada Británica, que, como demostración de fuerza, hundieron varios veleritos chinos. Pocas semanas después emprendieron una guerra conocida con el nombre de Guerra del Opio (1840-1841). Vencidos por la superioridad del armamento europeo, los chinos, además de verse obligados a permitir a los ingleses el libre tráfico de la infernal droga, tuvieron que ceder Hong - Kong a Inglaterra y abrir otros 5 puertos, entre ellos Shanghai, al comercio británico. Estados Unidos y Francia obtuvieron poco después las mismas concesiones.

    En 1856 se suscitaron nuevas dificultades en Cantón entre Inglaterra y China. Francia se unió a Inglaterra para “castigar” en común la “insolencia” china. Un nuevo cuerpo expedicionario internacional amenazó a Pekín, y nuevamente impuso al gobierno Imperial primero garantías para sus nacionales, y por último, nuevas facilidades para el comercio. Un ejército franco - inglés ocupó a Pekín (1860). Siete nuevos puertos fueron abiertos al comercio extranjero. A consecuencia de este nuevo descalabro, pareció que China quería transformarse un poco. Pero la masa del pueblo y los mandarines permanecían hostiles a las novedades, el gobierno se mostraba débil y vacilante. De Japón era de donde debía llegar el impulso necesario.

    *(31) Ver Organizaciones. *(32) Ver Glosario.

    La transformación Japonesa.

    La transformación de Japón es, por su instantaneidad, uno de los hechos más sorprendentes de la historia. Se puede decir que, en algunos años, Japón adquirió la experiencia que Occidente se demoró varios siglos en lograr.

    Los portugueses llegaron a Japón poco después de haber llegado a China (1543). Fueron seguidos de misioneros católicos que obtuvieron tan rápidos éxitos que, en 1582, los japoneses enviaron una embajada al Papa, a Roma. Pero querellas políticas, en las que los misioneros se mezclaron intentando obtener ventajas mediante intrigas, provocaron un cambio en aquella situación. A principios del siglo XVII, Japón se cerró. No solamente fue prohibido a los extranjeros, bajo pena de muerte, penetrar en el imperio, sino que, bajo pena de muerte también, fue prohibido a los japoneses salir de él o comprar productos extranjeros (1637).

    Como para China, este aislamiento duró hasta mediados del siglo XIX. En 1856, Estados Unidos despachó una escuadra al mando del comodoro Perry (33), quien se presentó delante de Yedo (Tokio): el shogún (34) estaba primero dispuesto a rechazar la demanda de los americanos; pero después que sus enviados hubieron examinado atentamente los barcos y su artillería, concedió la apertura de dos puertos. Francia, Inglaterra, Rusia, etc., pidieron y obtuvieron las mismas concesiones. La llegada de los extranjeros a Japón provocó una crisis interior muy grave, de una guerra civil y de una revolución. Finalmente, el Partido del Mikado se impuso al Partido del Shogún. En 1868 el nuevo emperador Mutsuhito, consolidó el poder centralizado.

    1868 llegó a ser para los japoneses el año inicial de una nueva era, la “Era del progreso”. El mikado, sostenido por la mayor parte de los nobles japoneses, abolió el régimen feudal para poner a salvo su Independencia y ponerle a la altura de las demás potencias europeas. Se llamaron misiones francesas, inglesas, alemanas; oficiales, ingenieros y profesores. Se enviaron estudiantes a Europa. Se abrieron escuelas, colegios y Universidades y se redactó un conjunto completo de códigos, inspirados principalmente en los códigos alemanes. Se construyeron ferrocarriles y líneas telegráficas. Se crearon arsenales, una flota acorazada y un ejército cuyo reclutamiento fue asegurado por el principio del servicio militar obligatorio para todos, y que, provisto del armamento más perfeccionado, subió bien pronto a casi 400 mil hombres. Por último, en 1889 promulgó el Emperador una Constitución que encomendaba el poder legislativo a dos Asambleas: una Cámara de los Pares, en su mayoría nombrada por el Emperador, y una Cámara de los Diputados.

    La importancia y la grandeza de la transformación de Japón aparecieron súbitamente en un conflicto con China, a propósito del reino de Corea, situado a pocas millas de la costa japonesa. Con gran sorpresa por parte de Europa, los japoneses batieron a los chinos con la mayor facilidad. Los chinos firmaron la paz: abandonaban a los japoneses las dos plazas que dominaban la entrada del Golfo de Petchili, al norte Port Arthur, con la Península donde está construido, y al sur, Wey

    Hai - Wei; cedían además, enfrente de China meridional la gran isla de Taiwan, llamada Formosa por los portugueses (1895).

    Entonces se produjo una intervención de Europa. So pretexto de defender “la integridad de China”, Rusia, que ambicionaba para ella Port Arthur supo arrastrar a Francia y a Alemania, y las tres potencias impusieron una revisión del Tratado de Simonosequi. Japón tuvo que contentarse con Formosa y una indemnización de guerra. Desde entonces se preparó a combatir contra Rusia.

    A consecuencia de los descalabros chinos, muchos creyeron en Europa que algún día sería posible distribuirse China, como se había distribuido África; y que de inmediato, por lo menos, las potencias podrían ocupar allí cierto número de puntos estratégicos y establecer “zonas de influencias”. La iniciativa de esta política de desmembramiento fue tomada por Alemania: ocupó (1897), el puerto de Quiao - Tcheu, al sur de la Península de Shantung, región reputada por su riqueza y sus minas de carbón.

    Por su parte, los rusos negociaban y obtenían, para la terminación del ferrocarril transiberiano, la facultad de construir la vía en línea recta sobre Vladivostok, a través de la provincia china de Manchuria. Obtenían, por otra parte, Port Arthur en arriendo, el puerto en aguas siempre libres, ambicionado desde hacía tantos años por Rusia: un entroncamiento debía unir este puerto al ferrocarril transiberiano (1898). Francia e Inglaterra se hicieron ceder igualmente en arriendo, la una Cuan - Tcheu, y la otra Wei - Hai - Wei (1898). Por otra parte las potencias obtenían la apertura de 12 puertos nuevos, el derecho de establecer en ellos manufacturas y la facultad para los vapores de circular por todas las grandes vía fluviales interiores. Arrancaban al gobierno chino para sus nacionales, concesiones de explotación de minas y de construcción de ferrocarriles, casi 10000 kilómetros.

    *(33) Ver Biografías. *(34) Ver Glosario.

    Conclusiones

    Las grandes potencias mundiales actuales, Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Alemania, España, Japón, Rusia, y otros países del viejo continente, deben su supremacía en materia económica al Colonialismo de antaño, pues si no hubieran podido expandir su territorio, buscar nuevas materias primas y tener mano de obra barata, aparte de tener nuevos y convenientes mercados para su excedente de producción, no hubieran alcanzado el nivel de vida que hoy en día poseen sus habitantes. Esta es una de las razones de que los países de Europa y Estados Unidos sean los más importantes del mundo.

    Colonialismo es un término distinto de Imperialismo, pero generalmente van enlazados. Si un país cualquiera tuvo colonias en el siglo pasado, formó un Imperio que abarcaba distintos pueblos, pero que tenía las mismas reglas y la misma política de desarrollo. Los gobiernos actuales han aprendido que los mismos códigos no sirven para un país africano, como para un país europeo, por lo que si tienen colonias en algún lugar del mundo, no forman Imperios, sino que establecen un gobierno con gente del país, aunque con ideas fieles al país metrópoli. Siempre existe la posibilidad de que los habitantes del país colonizado no estén contentos con un gobierno establecido por otro país, por lo que se realizan elecciones democráticas, aunque por supuesto gana el favorecido por el país colonizador.

    Los japoneses han establecido una de las economías más sólidas del mercado actual, aunque como todas tiene sus altas y bajas. Las razones son: principalmente, que han aprendido de los errores de otros países, se han vuelto pioneros en materias tan importantes como la medicina y la empresa, y todo esto debido a la gran capacitación que se preocupan de adquirir, como en un principio fueron mandados estudiantes a Europa. Ahora ya no necesitan importar sus bases educacionales, sino que se han convertido en líderes en la educación y la investigación.

    Los Estados Unidos de Norteamérica son, principalmente, un país de inmigrantes. Fueron hasta el siglo XVI colonia de Gran Bretaña, llegando hasta allí la gente más trabajadora y emprendedora del Imperio Inglés. Desarrollaron prontamente una política expansionista y colonialista, por lo que recibieron, al igual que los países europeos, dinero que se producía fuera de su territorio oficial.

    Los británicos, al ser los creadores de adelantos tecnológicos a partir de la Revolución Industrial, llevaron obviamente una ventaja al colonizar otras partes del globo. Así, aumentaron aun más su riqueza como país y la riqueza de sus habitantes.

    Con el tiempo los pueblos sometidos comenzaron a identificarse con la civilización moderna y a definir su propia individualidad. A partir de entonces lucharían por su Independencia. La descolonización y la transformación de los antiguos pueblos coloniales y dependientes en Estados Soberanos constituye uno de los hechos más importantes de la historia de la segunda mitad del siglo XX.

    La última colonia inglesa en ser entregada es Hong - Kong, que pasó a formar parte de China, como era hace algunos años.

    Englobar: Incluir o considerar reunidas varias cosas en una sola.

    Ideología: Conjunto de ideas fundamentales que caracterizan el pensamiento de una persona, época, movimiento cultural, religioso o político, etc.

    Emigración: Conjunto de habitantes de un país, región, etc. que trasladan su domicilio a otro.

    Hegemonía: Supremacía que un estado ejerce sobre otro.

    Capitalismo: Régimen económico fundado en el predominio del capital como elemento de producción y creador de riqueza. Su principal característica es la propiedad privada de los medios de producción y de los recursos económicos, así como el uso de la moneda como medio libre de intercambio y la libre iniciativa de los individuos. Su origen histórico es la llamada «Revolución Industrial», que, con el hallazgo de la máquina de vapor, revoluciona los telares y los transportes, amplía los mercados y racionaliza el trabajo artesano. Inglaterra impuso el librecambio, que se extendió por Europa en el s. XIX. Desde los fisiócratas, las teorías del capitalismo han sido elaboradas por economistas como Adam Smith, David Ricardo, John Stuart Mill, etc., que popularizaron la doctrina del laissez faire. Su principal crítico, Karl Marx, señaló la explotación del trabajador y la anarquía económica que supone moverse por el beneficio privado y no en virtud de las necesidades colectivas.

    La economía capitalista se caracteriza por una producción industrial masiva, buscando la optimización de los costes económicos, por la creación de una demanda que puede absorber esta producción industrial y por el ánimo de lucro, que es el motor del sistema. El supuesto ideal señala que el mercado aparece libre de restricciones y el precio del producto lo determina la oferta y la demanda. Sin embargo, las crisis y los monopolios limitan la supuesta libertad y conducen al poder de las grandes empresas y a la inestabilidad social. Por ello muchos países tratan hoy de conjugar formas de libertad con cierto grado de intervención, evolucionando hacia lo que hoy se conoce por economía social de mercado.

    Metrópoli: La Nación respecto de sus colonias.

    Excedente: Sobrante de lo normal.

    Sindicalismo: Sistema de organización obrera por medio del sindicato. Como sistema de organización laboral, el sindicalismo aparece promovido por la industrialización y va unido a la gestación del capitalismo, aunque se hayan querido encontrar ciertas relaciones entre los modernos sindicatos y los antiguos gremios. El sindicalismo, que se desarrolla y culmina en los ss. XIX y XX, trata de substituir la dirección unilateral de la empresa, consecuencia de la propiedad privada, por un sistema bilateral en el que participen los representantes de los trabajadores. En España, el sindicalismo tiene su primer antecedente en el Congreso Obrero Español de 1870, al que siguió la Asociación Nacional de Trabajadores. En 1887 se fundó la Unión General de Trabajadores (UGT), de tendencia socialista, y en 1910 la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT), anarquista. Junto a estas aparecieron los llamados Sindicatos Libres, de obediencia patronal, conocidos como «sindicatos amarillos».

    En 1939 se creó la Central Nacional Sindicalista, única y obligatoria, llamada más tarde Delegación Nacional de Sindicatos. En 1977 fue restablecido el derecho de libre asociación sindical y, aparte de los sindicatos minoritarios y el nacionalista vasco ELA-STV, quedaron como hegemónicos la UGT y Comisiones Obreras, nuevo sindicato de inspiración comunista, formado clandestinamente en el régimen de Franco. La fragmentada CNT, por su parte, no logró recuperar su anterior implantación. En Inglaterra, la pujanza de los sindicatos nace con la fundación en 1834 de la Grand National Consolidation of Trade Unions. Actualmente, la federación sindical, políticamente ligada al laborismo, el Trade Union Congress (TUC), representa a la inmensa mayoría de los sindicatos ingleses. Los primeros pasos del sindicalismo norteamericano se caracterizaron por su ámbito local. Entre 1886 y 1936 se desarrolló la American Federation of Labor (AFL), al margen de corrientes políticas.

    En 1937 el CIO (Congress of Industrial Organizations) se independizó de la AFL, pero en 1957 ambos sindicatos se agruparon en una central única: AFL-CIO. Antes de la I Guerra Mundial hubo varios intentos de organizar internacionalmente las fuerzas laborales. Después de la II se creó la Federación Mundial de Sindicatos (FMS) y en 1949 la Confederación de Organizaciones Sindicales Libres (CISL). Junto a estas convive la Federación Internacional de Sindicatos Cristianos.

    Insurrección: Levantamiento o sublevación contra el poder establecido.

    Irrigación: Acción y efecto de irrigar. Irrigar: Rociar o regar con un líquido alguna parte del cuerpo.

    Vicisitudes: Alternativa de sucesos prósperos y adversos.

    Hinterland: Tierras Vírgenes del interior.

    Enajenador: Que enajena. Enajenar: Sacar a uno fuera de sí, turbarle el uso de la razón o los sentidos.

    Shogun: O Sogún, nombre completo, seii tai shogun (en japonés, “jefe de las tropas contra los bárbaros”), título de los dictadores militares que gobernaron Japón entre 1192 y 1867. El término se utilizó por vez primera durante el periodo Nara (710-794) para designar a los generales enviados a combatir a las agitadas tribus del noreste. Después cayó en desuso hasta que Minamoto Yoshinaka lo reclamó cuando tomó la capital, Kioto, e intimidó a la corte imperial en 1183. A su muerte, el emperador concedió el título en 1192 a Minamoto Yoritomo, quien ya era jefe supremo de Japón, otorgándole plenos poderes para aplastar a cualquiera que pudiera perturbar la paz, y para nombrar funcionarios provinciales que supervisaran el país. Este nuevo régimen fue conocido con el nombre de shogunado Kamakura, ya que Yoritomo estableció su bakufu (en japonés literalmente, gobierno tienda) en Kamakura, apartado de la corrupta vida cortesana de Kioto. Con la muerte de Yoritomo en 1199, desapareció su línea dinástica, que fue reemplazada por la de su familia política, los Hojo, quienes colocaron como shoguns títeres a aristócratas, mientras ellos gobernaban como regentes. Interrumpido por la restauración anti-Hojo de 1333-1336, encabezada por el emperador Daigo II Tenno, el gobierno shogunal fue restaurado por los Ashikaga, que gobernaron en alianza con los daimio, hasta que estallaron las rivalidades daimio hacia 1470. Este periodo fue conocido con el nombre de shogunado Muromachi, debido a que se situó la residencia Ashikaga en el barrio Muromachi de Kioto. El último shogun Ashikaga abdicó en 1588, pero el poder ya había pasado a manos de Oda Nobunaga y Toyotomi Hideyoshi, supremos jefes militares de Japón. Tokugawa Ieyasu se convirtió en shogun en 1603. Los shoguns Tokugawa gobernaron durante más de 250 años, un periodo llamado Edo debido a que su capital se situó en la ciudad de Edo (actualmente Tokio). El gobierno Tokugawa duró hasta 1867, fecha en que su impotencia frente a la intrusión de Occidente desembocó en una rebelión radical para restaurar el gobierno imperial directo, conocido como la restauración Meiji.

    Bismarck-Schönhausen, Otto von (1815-1898), político prusiano, artífice y primer canciller del segundo Imperio Alemán (1871-1890).

    Bismarck nació en Schönhausen, al noroeste de Berlín, el 1 de abril de 1815. Su padre era un terrateniente de la nobleza y su madre pertenecía a la burguesía acomodada: su heterogénea formación es la causa de una personalidad en la que se funden la sutileza intelectual y el provincianismo de la aristocracia conservadora. Estudió leyes y comenzó a trabajar al servicio del Estado en 1836. Dimitió un año después para ocuparse de la administración de los bienes de su familia, poco productivos, y consiguió que volvieran a ser rentables.

    Guiado por una fuerte ambición de poder, Bismarck se introdujo en la política en 1847. Mientras fue delegado de la primera Dieta prusiana, destacó como uno de los más férreos conservadores; al estallar la Revolución de 1848 se apresuró a ir a Berlín para recomendar encarecidamente al rey Federico Guillermo IV que reprimiera la sublevación. Su consejo no se tuvo en cuenta, pero su lealtad fue recompensada al ser nombrado representante prusiano en la Confederación Alemana, la liga de los 39 estados alemanes, en 1851. Pasó a ser embajador en Rusia en 1859 y fue destinado a Francia en 1862.

    La unificación

    En este mismo año, la encarnizada disputa entre el gobierno prusiano y el Parlamento sobre la ampliación del Ejército había llegado a un punto muerto. En 1861, el Parlamento había concedido al gobierno fondos adicionales para realizar estas reformas, pero en 1862 se negó a entregarlos si no se llevaba a cabo una reducción de tres a dos años en el servicio militar obligatorio. El rey Guillermo I no cedía por temor a que los reclutas no estuvieran suficientemente imbuidos de los valores conservadores, y precisamente por esta razón el Parlamento, con mayoría liberal, insistía en obtener esta concesión.

    A fin de salir de este estancamiento, Bismarck fue nombrado primer ministro. Procedió a recaudar impuestos adicionales de acuerdo con el presupuesto de 1861, alegando que, puesto que en la Constitución no se disponía nada en el caso de una paralización de las negociaciones, se veía obligado a aplicar el presupuesto del año anterior. Para justificar la ampliación del Ejército, y refiriéndose a la unificación de Alemania, advirtió lo siguiente: “las grandes cuestiones del momento no se solucionarán con discursos ni con decisiones adoptadas por mayoría, sino con sangre y acero”.

    La opinión pública comenzó a inclinarse a su favor en 1864, cuando Bismarck utilizó al reorganizado Ejército prusiano, en alianza con Austria, para arrebatar las provincias de Schleswig y Holstein a Dinamarca. Dos años después, convirtió la disputa por estas conquistas entre Austria y Prusia en una guerra contra Austria y los restantes estados alemanes, la denominada Guerra Austro-prusiana o guerra de las Siete Semanas. Tras una campaña fulminante, Bismarck anexionó Schleswig-Holstein, Hannover y algunos territorios más a Prusia. Asimismo, reunió a todos los estados del norte y centro de Alemania en la Confederación de Alemania del Norte, bajo el control prusiano. Ante estos acontecimientos, el Parlamento de Prusia cedió y sancionó con carácter retroactivo sus estratagemas financieras de los cuatro años precedentes.

    En 1870, Bismarck consiguió involucrar a Francia en una guerra contra los estados alemanes. Confió en que, ante el entusiasmo nacionalista que se desataría, lograría atraer a los indecisos estados alemanes del sur al proyecto de una Alemania unificada. Y su plan tuvo éxito: en 1871 el Imperio Alemán, incluidos los estados del sur, reemplazó a la Confederación de Alemania del Norte y el rey de Prusia se convirtió en el emperador de Alemania.

    El canciller

    En tanto que canciller imperial, Bismarck consideró como su principal misión la consolidación del Estado recientemente unificado. En su política exterior buscó el fortalecimiento del Imperio mediante el establecimiento de una red defensiva de aliados; en cuanto a la política interior, luchó contra todo aquel que cuestionaba sus medidas. Los católicos, que se opusieron a la creación de un Estado centralizado, fueron víctimas de su cólera en la llamada Kulturkampf contra la Iglesia; también debilitó enormemente a los socialistas mediante restricciones para el Partido Socialdemócrata de gran repercusión; así mismo venció a los liberales al cuestionar su patriotismo. Bismarck consiguió desacreditar a los liberales, pero tuvo que reconciliarse con los católicos y, aunque no llegó a derrotar a los socialistas, la legislación en materia de asuntos sociales que él implantó (seguro social médico y de accidentes y jubilación) abortó cualquier proyecto revolucionario que hubieran elaborado.

    El emperador Guillermo II, que no era partidario de la cauta política exterior del canciller y que rechazaba sus nuevos planes para aplastar al proletariado por la fuerza, destituyó a Bismarck en 1890. Desde entonces se retiró a sus propiedades cerca de Hamburgo, donde falleció el 30 de julio de 1898. Había contraído matrimonio con Johanna von Puttkamer en 1847 y fue padre de dos hijos y una hija.

    Valoración

    En su afán por llevar a cabo la unificación de Alemania, Bismarck no sólo recurrió a “la sangre y al acero”. Todos sus pasos fueron meticulosamente calculados y puso fin a todas las guerras iniciadas en cuanto veía cumplidos sus objetivos. Su moderación se atenuó en los asuntos nacionales, agrandando las diferencias sociales y políticas existentes y provocando el rencor en sus adversarios al cuestionar su buena fe.

    Carlos X (1757-1836), rey de Francia (1824-1830), nieto de Luis XV y hermano menor de Luis XVI y Luis XVIII. Se le conocía como Carlos Felipe, conde de Artois, hasta que fue proclamado rey. Fue uno de los líderes de los émigrés durante la Revolución Francesa. Posteriormente residió en Gran Bretaña (1795-1814). Tras la ascensión de Luis XVIII al trono francés (1814), Carlos regresó a Francia, donde encabezó al reaccionario partido ultramonárquico. El favoritismo hacia la Iglesia católica y la aristocracia que caracterizó su reinado levantó un gran rechazo en el pueblo, lo que condujo a una revolución en 1830, conocida como la Revolución de Julio. Carlos fue obligado a abdicar y vivió exiliado nuevamente en Gran Bretaña y después en el continente.

    Chamberlain, Joseph (1836-1914), político británico, defensor del imperialismo en política exterior y de la reforma social en política interior.

    Nacido en Londres el 8 de julio de 1836, Chamberlain comenzó a trabajar en el negocio familiar a los dieciséis años. Dos años después se trasladó a Birmingham, donde sus prósperas fábricas le permitieron retirarse a los 38 años como un hombre rico. Inició su carrera política en 1873 al ser elegido alcalde de Birmingham. Mientras desempeñaba este cargo, se llevó a cabo la demolición y reconstrucción de los barrios bajos y el ayuntamiento asumió la administración y distribución de la red de gas y agua.

    Chamberlain fue elegido miembro del Parlamento como candidato del Partido Liberal en 1876. Cuatro años después se le nombro ministro de Comercio del segundo gabinete de William Ewart Gladstone, donde su reciente interés por la política imperialista le llevó a abogar por un estatuto de autonomía parcial para Irlanda. Sin embargo, su proyecto no fue aceptado ni por Gladstone ni por los irlandeses, de modo que Chamberlain dimitió en 1885, y volvió a abandonar su cargo en el nuevo gabinete de Gladstone, formado un año después, debido al mismo asunto. Su siguiente cargo gubernamental fue el de ministro de las Colonias en el gabinete conservador del tercer marqués de Salisbury.

    Aunque Chamberlain conservó su entusiasmo por la realización de la reforma social en política interior —por lo que defendió leyes tales como la Ley sobre Seguro Laboral de Accidentes de 1897— pronto destacó como defensor de los intereses imperialistas británicos. Su gestión en Suráfrica inmediatamente antes de la Guerra bóer (1899-1902) fue duramente criticada por algunos sectores y alabada por otros. Más polémico aún resultó el asunto de su supuesta complicidad en el ataque realizado por Jameson en 1895 y en otras agresiones que abocaron a la guerra. De cualquier modo, fue absuelto por el Parlamento de todos los cargos. Cuando la guerra terminó, sentó un precedente al visitar personalmente las colonias de Suráfrica como de ministro de Asuntos Exteriores. Las medidas que adoptó posteriormente en materia colonial tenían por objeto estrechar los vínculos económicos del Imperio Británico, pero su programa, considerado de prioridad imperial, que proponía poner fin a la tradición de libre comercio, resultó muy impopular. Sufrió una apoplejía en 1906 que le dejó inválido hasta su muerte, ocurrida el 2 de julio de 1914.

    Disraeli, Benjamin, conde de Beaconsfield (1804-1881), escritor y primer ministro británico (1868 y 1874-1880) que ejerció una enorme influencia en la política de su país durante más de tres décadas y dejó una huella perdurable en el Partido Conservador.

    Disraeli nació en Londres el 21 de diciembre de 1804. Estudió en las escuelas privadas de Blackheath y Walthamstow. Trabajó como pasante en un bufete londinense desde los diecisiete hasta los veinte años. Durante este periodo especuló en el mercado de valores y sufrió grandes pérdidas. Comenzó a escribir novelas con el objetivo principal de pagar sus deudas; su primera obra fue Vivian Grey, que apareció en 1826 y obtuvo cierto éxito. Continuó escribiendo novelas de tono fantástico y romántico, a la par que frecuentaba los salones de moda y se vestía de forma excéntrica. Viajó por España, los Balcanes, Turquía y Oriente Próximo durante 1830. Cuando regresó a Gran Bretaña decidió introducirse en el mundo de la política. Se presentó como candidato al Parlamento en cuatro ocasiones desde 1832 hasta 1835: la primera como miembro del Partido Radical y las tres siguientes por el Partido Tory (conservador).

    Pese a no ser elegido, ganó notoriedad a través de una serie de ensayos, tratados y cartas publicadas en The Times, en los que sentó las bases de su filosofía conservadora. En las elecciones de 1837, celebradas tras el ascenso al trono de la reina Victoria, consiguió finalmente un escaño en la Cámara de los Comunes. No obstante, estuvo a punto de arruinar su carrera política en su primer discurso debido a su extravagante retórica y su acicalado aspecto, que provocaron las risas burlonas de los demás parlamentarios. Fue ganándose lentamente la admiración de sus compañeros, aunque en 1841 rechazó un puesto en el gabinete conservador de sir Robert Peel. Disraeli se esforzó por recabar apoyo para su programa político, y por ello defendió a los trabajadores de las fábricas frente a los ricos industriales whig. En sus novelas Coningsby (1844) y Sybil (1845) expuso sus puntos de vista y ganó prestigio en el Parlamento, especialmente entre el grupo llamado Young England, contrario al conservadurismo de Peel. Cuando éste consiguió revocar las leyes del Maíz en 1846, las elocuentes críticas de Disraeli al jefe de su partido le convirtieron en el líder de los proteccionistas, pero el Partido Conservador, dividido en esos momentos, no consiguió la victoria en las elecciones del año siguiente. Disraeli apoyó al primer ministro liberal lord John Russell en 1847, cuando su gobierno levantó la prohibición que impedía a los miembros de la comunidad judía ingresar en el Parlamento. Fue nombrado ministro de Hacienda del gabinete de Edward Geoffrey Stanley, conde de Derby, en 1852 y mantuvo el mismo cargo en los gobiernos formados por Stanley en 1858-1859 y 1866-1868.

    Disraeli, como jefe del Partido Conservador en la Cámara de los Comunes, presentó en 1859 una enmienda en la que proponía la ampliación del derecho al voto a todos los contribuyentes. El proyecto no fue aceptado, pero consiguió que se aprobara la Ley de Reforma (Reform Act), de talante mucho más democrático, en 1867. Fue nombrado primer ministro al año siguiente tras la retirada de Derby, pero su gobierno fue derrotado en 1868, y pasó en la oposición los seis años que William Ewart Gladstone se mantuvo como primer ministro. Tras las elecciones de 1874, Disraeli formó un sólido gobierno con mayoría parlamentaria respaldado por la reina Victoria, con la que le unía una profunda amistad. Su primera legislatura como primer ministro estuvo marcada por numerosos eventos importantes. Impulsó una legislación en contra de las tendencias católicas en el ritual de la Iglesia Anglicana en 1874. Avaló personalmente un préstamo de 4 millones de libras en 1875 destinado a comprar para el gobierno las acciones del Canal de Suez, en poder del jedive de Egipto, con el fin de proteger la conexión principal con las colonias. Fue aún más lejos en su política imperial al crear el título de emperatriz de la India para la reina Victoria en 1876. Ésta le recompensó concediéndole el título de conde de Beaconsfield en ese mismo año, en reconocimiento a sus servicios.

    El triunfo más espectacular de Disraeli en política exterior tuvo lugar en 1878, cuando actuó como representante plenipotenciario del gobierno británico en el Congreso de Berlín, en el cual se volvieron a trazar las fronteras del sureste de Europa tras la derrota de Turquía en la Guerra Turco-rusa de 1877- 1878. Disraeli había procurado evitar que Rusia consiguiera posiciones estratégicas en el Mediterráneo durante la contienda, para lo cual envió a la flota británica a Dardanelos en febrero de 1878. Gracias a sus brillantes gestiones diplomáticas en el Congreso de Berlín, privó a Rusia de muchos de los beneficios de su victoria y regresó a Inglaterra proclamando que había alcanzado la "paz con honor". La reina le ofreció la concesión de un ducado como recompensa, pero Disraeli no la aceptó. Falleció en Londres el 19 de abril de 1881.

    Entre los escritos de Disraeli se encuentran Vindicación de la Constitución británica (1835) y las novelas El joven duque (1831), Henrietta Temple (1837), Tancred, or the New Crusade (1847) y Endymion (1880).

    La figura de Disraeli sigue representando un enigma pese a su larga trayectoria en la vida pública. Sus numerosos enemigos le consideraban un oportunista y un individuo ávido de poder; sus legiones de seguidores le veían como un hombre de elevados principios. Estas concepciones opuestas son probablemente el resultado de las contradicciones inherentes a sus actos públicos. Fue a la vez conservador y radical y, quizás, él personifique lo mejor de ambas tradiciones.

    Dupleix, Joseph François (c. 1697-1763), administrador colonial y líder francés en la India durante los conflictos anglo-franceses del siglo XVIII. Después de trabajar en la Compañía de las Indias Orientales francesa en diferentes puestos subordinados, Dupleix fue nombrado gobernador de la Compañía, cargo que ocupó desde 1742 hasta 1754. Durante la guerra de Sucesión austriaca, con la ayuda del jefe naval francés Bertrand François de la Bourdonnais, arrebató Madrás a los británicos, pero volvió a perder la ciudad de acuerdo con los términos de la Paz de Aquisgrán (1748). Después de la guerra intentó establecer la hegemonía francesa en el sur de la India mediando en las disputas que dividían a sus reinos, pero los británicos a las órdenes de Robert Clive le vencieron en la segunda guerra de Carnatic (1751-1754), que terminó con su retorno a Francia, donde murió.

    Gandhi, Mohandas Karamchand (o Mahatma) (1869-1948), líder nacionalista indio que llevó a su país a lograr la independencia mediante una revolución pacífica.

    Gandhi nació en Porbandar (actual estado de Gujarat) el 2 de octubre de 1869 y estudió derecho en el University College de Londres. En 1891 regresó a la India e intentó ejercer como abogado en Bombay con escaso éxito. Dos años más tarde, una firma india con intereses en Suráfrica le envió como asesor legal a sus oficinas de Durban. Al llegar a esta ciudad Gandhi se encontró con que era tratado como miembro de una raza inferior. Se quedó horrorizado por la negación generalizada de las libertades civiles y de los derechos políticos de los inmigrantes indios en Suráfrica y pronto se involucró en la lucha por la defensa de los derechos fundamentales de sus compatriotas.

    Resistencia pasiva

    Gandhi permaneció en Suráfrica 20 años y estuvo en prisión en numerosas ocasiones. En 1896, tras ser atacado y apaleado por surafricanos blancos, comenzó a propagar la política de resistencia pasiva y de no cooperación con las autoridades surafricanas. Parte de la inspiración de esta política se encuentra en Liev Tolstói (cuya influencia en Gandhi fue profunda). También reconoció la deuda que tenía con el escritor estadounidense Henry David Thoreau, especialmente por su ensayo Desobediencia civil (1849). Gandhi, no obstante, consideró los términos `resistencia pasiva' y `desobediencia civil' inadecuados para sus objetivos y acuñó otro término, satyagraha (en sánscrito, `abrazo de la verdad'). Durante la Guerra Bóer, Gandhi organizó un cuerpo de ambulancias para el Ejército británico y dirigió una sección de la Cruz Roja. Acabada la guerra, retomó su campaña en favor de los derechos de los indios residentes en Suráfrica. En 1910 fundó la Granja Tolstói, cerca de Durban, una colonia cooperativa para la población india. En 1914 el gobierno surafricano hizo importantes concesiones a las demandas de Gandhi, incluido el reconocimiento de los matrimonios y la exención de impuestos municipales. Dando por finalizada su misión en Suráfrica, regresó a la India.

    Campaña para la independencia

    Gandhi se convirtió pronto en el máximo exponente de la lucha por el autogobierno de la India. Tras la I Guerra Mundial, en la que desempeñó un destacado papel humanitario, inició su movimiento de resistencia pasiva, invocando la satyagraha contra Gran Bretaña. Cuando el Parlamento aprobó en 1919 las leyes Rowlatt, que daban a las autoridades coloniales británicas poderes de emergencia para hacer frente a las denominadas actividades subversivas, el movimiento satyagraha se extendió por toda la India, ganando millones de adeptos. Una manifestación en Amritsar contra la aplicación de esta legislación acabó en una matanza cometida por los soldados británicos. En 1920, al no lograr del gobierno británico reforma alguna, Gandhi proclamó una campaña organizada de no cooperación. Los indios que ocupaban cargos públicos dimitieron, los organismos gubernamentales y los tribunales de justicia fueron boicoteados y los niños abandonaron las escuelas públicas. Por toda la India las calles de las ciudades fueron bloqueadas mediante sentadas de ciudadanos que se negaban a levantarse incluso a pesar de ser golpeados por la policía. Gandhi fue arrestado pero las autoridades británicas se vieron forzadas a dejarle pronto en libertad.

    La independencia económica de la India fue el punto culminante del movimiento swaraj (en sánscrito, `autogobierno') de Gandhi, que implicaba un boicoteo completo a los productos británicos. Los aspectos económicos del movimiento eran significativos, puesto que la explotación de los campesinos indios por los industriales británicos había originado una extrema pobreza y la virtual destrucción de la industria de la India. Gandhi propuso como solución a esta situación potenciar el renacimiento de las industrias artesanales. Comenzó a usar una rueca como símbolo de la vuelta a la sencilla vida campesina que predicaba y del renacimiento de las industrias autóctonas, tales como el hilado manual.

    Gandhi se convirtió en símbolo internacional de una India libre. Llevaba la vida espiritual y ascética de un predicador, con ayuno y meditación. La unión con su esposa llegó a ser, como él mismo señaló, la de un hermano y una hermana. Rehusó cualquier posesión terrenal, vestía como las clases más bajas (con un mantón y un taparrabos) y comía vegetales, zumos de fruta y leche de cabra. Los indios le veneraban como a un santo y le comenzaron a llamar Mahatma (en sánscrito, `alma grande'), título reservado para los más grandes sabios. La defensa que hizo Gandhi de la no violencia o ahimsa (en sánscrito, `sin daño') era, como sostuvo, la expresión de una forma de vida implícita en el hinduismo. Gandhi consideraba que mediante la práctica de la no violencia Gran Bretaña llegaría a considerar la inutilidad de la opresión y abandonaría su país.

    La influencia política y espiritual del Mahatma era tan grande en la India que las autoridades británicas no se arriesgaron a atacarle. En 1921 el Congreso Nacional Indio (o Partido del Congreso), grupo que encabezó el movimiento independentista, otorgó a Gandhi autoridad ejecutiva plena, incluido el derecho a designar su propio sucesor. La población india, no obstante, no entendió plenamente la doctrina de la ahimsa. Estallaron una serie de revueltas armadas contra Gran Bretaña, y culminaron en tal violencia que Gandhi confesó el fracaso de su campaña de desobediencia civil, a la que puso fin. El gobierno británico le detuvo de nuevo y le encarceló en 1922.

    Tras su puesta en libertad en 1924, se retiró de la vida política activa y se dedicó a propagar la unidad comunal. Sin embargo, pronto se vio envuelto de nuevo en la lucha por la independencia. En 1930 Gandhi proclamó una nueva campaña de desobediencia civil, convocando a la población a negar el pago de impuestos, en particular el que gravaba la sal, sobre la que el gobierno británico ejercía un severo monopolio. Se llevó a cabo una marcha hasta el mar, en la que miles de indios siguieron a Gandhi desde Ahmadabad hasta el mar Arábigo, donde obtuvieron sal evaporando agua del mar. Una vez más, Gandhi fue arrestado y puesto en libertad en 1931. Detuvo la campaña después de que los británicos hiciesen alguna concesión a sus peticiones. Ese mismo año representó al Congreso Nacional Indio en una reunión celebrada en Londres.

    Ataque al sistema de castas

    En 1932 Gandhi inició una nueva campaña de desobediencia civil contra las autoridades británicas. Arrestado dos veces, Mahatma ayunó durante largos periodos en diversas ocasiones. En septiembre de 1932, mientras estaba en la cárcel, llevó a cabo un “ayuno hasta la muerte” para mejorar la situación de la casta de los intocables. Los británicos, al permitir que los intocables fueran excluidos del electorado indio, estaban, según Gandhi, cometiendo una injusticia. Aunque él mismo era miembro de la casta vaisya (mercaderes), Gandhi se consideraba el gran líder del movimiento indio que tenía como finalidad la erradicación de la injusticia social y económica del sistema de castas.

    En 1934 abandonó formalmente la política y fue sustituido como dirigente máximo del Congreso Nacional Indio por Jawaharlal Nehru. Gandhi viajó por toda la India predicando la ahimsa y predicando la defensa de la casta de los intocables. La estima en que se le tenía era la medida de su poder político. Tan grande era su autoridad moral y espiritual que el limitado autogobierno concedido por Gran Bretaña a la India a través de la promulgación de la Government of India Act (1935) no pudo ser puesto en práctica hasta que Gandhi lo aprobó. Pocos años después, en 1939, regresó de nuevo a la vida política debido a que aún estaba pendiente la federación de los principados indios con el resto de la India. Su primer acto fue una huelga de hambre con objeto de forzar al dirigente del estado de Rajkot a modificar su régimen autocrático. La conmoción pública que originó este ayuno fue tan grande que tuvo que intervenir el gobierno colonial británico; se concedieron las demandas. El Mahatma se convirtió de nuevo en la más importante figura política de la India.

    Independencia

    Cuando estalló la II Guerra Mundial, el Congreso Nacional Indio y Gandhi exigieron una declaración de intenciones respecto del conflicto y sus implicaciones respecto de la India. Como reacción a la insatisfactoria respuesta británica, el partido decidió no apoyar a Gran Bretaña a menos que se concediera a la India una completa y total independencia. Las autoridades británicas se negaron a ello y ofrecieron una serie de compromisos que a su vez fueron rechazados. Cuando Japón entró en guerra, Gandhi todavía rechazaba la participación de la India en el conflicto. Fue recluido en 1942 y liberado dos años más tarde por motivos de salud.

    En 1944 la lucha por la independencia de la India estaba en su última fase. El gobierno británico había aceptado conceder la independencia con la condición de que los dos grupos nacionalistas rivales, la Liga Musulmana y el Congreso Nacional Indio resolvieran sus diferencias. Gandhi se opuso firmemente a la división de la India, aunque al final la aprobó con la esperanza de que se alcanzaría la paz interna una vez que se hubieran concedido las demandas para la creación de un Estado musulmán. India y Pakistán se convirtieron en dos estados independientes una vez que Gran Bretaña concedió su independencia a la India en 1947. Durante las revueltas que siguieron a la división del país, Gandhi suplicó a hindúes y musulmanes que convivieran pacíficamente. Los disturbios afectaron a Calcuta, una de las más grandes ciudades de la India, y el Mahatma ayunó hasta que cesaron. El 13 de enero de 1948 inició otra huelga de hambre en Nueva Delhi para tratar de instaurar la paz. El 30 de enero, doce días después de acabado aquel ayuno, fue asesinado por Vinayak Nathura Godse, un miembro de un grupo extremista hindú, mientras se dirigía a su habitual rezo de la tarde.

    La muerte de Gandhi fue considerada como una catástrofe internacional. La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró un periodo de luto y todos los países expresaron sus condolencias. Las enseñanzas de Gandhi inspirarían desde entonces los movimientos pacifistas en todo el mundo, al tiempo que el recuerdo de su personalidad terminó por adoptar proporciones descomunales, siempre como ineludible referente de los sentimientos de lucha no violenta contra las injusticias evidentes.

    Lenin (Vladímir Ilich Uliánov) (1870-1924), revolucionario y teórico político ruso, fundador del Estado que se convertiría en la Unión Soviética y presidente del primer gobierno establecido tras la Revolución Rusa de 1917.

    Lenin, cuyo verdadero nombre era Vladímir Ilich Uliánov, nació en Simbirsk (ciudad que, desde 1924 hasta 1991, se denominó Uliánovsk en su honor) el 22 de abril de 1870, y era hijo de un funcionario. El primer incidente que alteró la tranquilidad de su juventud se produjo en 1887, cuando la policía arrestó y ejecutó a su hermano mayor Alexandr por haber participado en una conspiración para asesinar al zar Alejandro III. Lenin se matriculó en la Universidad de Kazán ese mismo año, pero fue expulsado al poco tiempo por participar en actividades revolucionarias radicales y se trasladó a la hacienda de su abuelo, situada en la localidad de Kokushkino.

    Durante este primer retiro (1887-1888) estudió las obras clásicas del pensamiento revolucionario europeo, especialmente El capital de Karl Marx, y no tardó en declararse seguidor de la ideología de este pensador. Pasado algún tiempo, fue admitido en la Universidad de San Petersburgo y terminó sus estudios de derecho en 1891. Ingresó en el Colegio de Abogados y comenzó a ejercer su profesión en la ciudad de Samara, a orillas del Volga, defendiendo a personas sin recursos, hasta que regresó a San Petersburgo en 1893.

    El organizador

    En 1895 participó en la fundación de la Unión para la Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera de San Petersburgo. La policía no tardó en arrestar a los líderes de esta organización. Tras pasar quince meses en la cárcel, junto a una de sus compañeras, Nadiezhda Konstantinovna Krúpskaia —que pronto se convertiría en su esposa—, Lenin fue deportado a Siberia hasta 1900. Después de este primer destierro allí, huyó a Suiza, donde fundó el periódico Iskra (La chispa) en colaboración con Gueorgui Valentínovich Plejánov, L. Mártov y otros marxistas. Esta publicación se convirtió en un instrumento eficaz de cohesión entre los socialdemócratas y contribuyó a la incorporación de nuevos miembros al movimiento. Lenin escribió su principal obra de teoría política, ¿Qué hacer? (1902), mientras se encontraba en el exilio. Su proyecto para la revolución se basaba en la existencia de un partido sometido a una férrea disciplina, compuesto por revolucionarios preparados para actuar como “vanguardia del proletariado” y conducir a las masas trabajadoras a una inevitable victoria frente al absolutismo zarista.

    La insistencia de Lenin en la importancia de la profesionalidad de los dirigentes revolucionarios dividió a los miembros del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR), y en su II Congreso (1903) las diferencias se hicieron más profundas. El grupo liderado por Lenin fue el que obtuvo la mayoría, de ahí el nombre de bolchevique (`mayoría' en ruso), mientras que la oposición era conocida como sector menchevique (`minoría' en ruso). Las disputas entre ambos grupos dominaron la política del partido hasta la I Guerra Mundial.

    El exilio

    Lenin pasó en Europa la mayor parte del periodo anterior a 1917. Regresó a Rusia tras la Revolución de 1905, pero se vio obligado a abandonar nuevamente el país en 1907 ante la misma falta de apoyo que acabó con la insurrección.

    Los años que pasó en Europa fueron amargos y difíciles. Lenin y los mencheviques se acusaban mutuamente de ser responsables del fracaso de la revuelta y muchos de sus más brillantes discípulos abandonaron sus filas. Fue en esta época cuando escribió su principal tratado filosófico titulado Materialismo y empirocriticismo (1909). La ruptura definitiva con los mencheviques tuvo lugar en la Conferencia de Praga celebrada tres años después, en la que los mencheviques fueron excluidos del POSDR.

    Cuando estalló la I Guerra Mundial en 1914, Lenin se opuso a la intervención de Rusia en el conflicto alegando que supondría una lucha fratricida entre los obreros de toda Europa en beneficio de la burguesía y alentó a los socialistas a “transformar la guerra imperialista en una guerra civil”. Expuso y sistematizó la concepción marxista de la guerra en El imperialismo, fase superior del capitalismo (1916), en donde defendía que únicamente una revolución que destruyera al capitalismo podría proporcionar una paz duradera.

    El líder revolucionario

    La Revolución Rusa de marzo de 1917 (febrero según el calendario juliano) que derrocó al régimen zarista fue un acontecimiento que Lenin no había previsto, pero consiguió introducirse en el país en un tren procedente de Alemania. Su espectacular llegada a Petrogrado (el nombre con el que fue rebautizada San Petersburgo) se produjo un mes después de que los obreros y soldados hubieran derribado al zar. Los bolcheviques de Petrogrado, entre los que se encontraba Iósiv Stalin, estaban de acuerdo en que los representantes del Ejército y de los soviets (juntas) de trabajadores respetaran al Gobierno Provisional que se había establecido, pero Lenin rechazó esta línea de actuación. En las llamadas Tesis de abril alegó que sólo los soviets podían satisfacer las esperanzas, aspiraciones y necesidades de los trabajadores y el campesinado. El Congreso del partido bolchevique aceptó el programa de Lenin bajo el lema “todo el poder para los soviets”, considerando la revolución de marzo como la fase burguesa que había de preceder a la inaplazable revolución proletaria.

    Después de un fallido levantamiento de los trabajadores en julio de 1917, Lenin pasó en Finlandia los meses de agosto y septiembre ocultándose del Gobierno Provisional. Durante ese tiempo plasmó su concepción del auténtico gobierno socialista en el ensayo El Estado y la revolución, su aportación más importante a la teoría marxista, en el que abogaba por la necesidad de la “dictadura del proletariado” como elemento de superación del Estado basado en la dominación de unas clases por otras. Asimismo, solicitó en repetidas ocasiones al Comité Central del partido que promoviera una rebelión armada en la capital. Finalmente su plan fue aprobado y puesto en práctica el 7 de noviembre (el 25 de octubre según el calendario juliano).

    Las bases

    Pocos días después de la revolución bolchevique de noviembre (octubre), Lenin fue elegido presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo (jefe de gobierno) y tomó las medidas oportunas para consolidar el poder del nuevo Estado soviético. No se nacionalizaron las empresas privadas, a excepción de los bancos, y Lenin ideó un programa para el establecimiento del socialismo y evitó la apariencia de un régimen de partido único mediante la inclusión del Partido Socialista Revolucionario en su gobierno. El principal interés de Lenin era defender el poder conseguido por los soviets frente a sus detractores del interior y el exterior del país; actuando en consonancia con este criterio, aceptó los onerosos términos de la Paz de Brest-Litovsk. Sin embargo el joven régimen soviético tuvo que pagar el alto precio de una guerra civil (1918-1921) provocada por quienes consideraban amenazados los privilegios que tenían durante el régimen zarista, que contaban con el apoyo de potencias extranjeras. Gracias a la labor del Ejército Rojo, creado y organizado por Liev Trotski, el régimen soviético salió triunfante de este enfrentamiento.

    Cuando terminó el conflicto, Lenin instauró la Nueva Política Económica (NEP), que suponía aceptar la economía de mercado en la Unión Soviética y restableció la sociedad pluralista que había existido durante los primeros tiempos del régimen; no obstante, exigió la prohibición del multipartidismo e insistió en el principio de que un sólo partido controlara el poder.

    La primera de las tres apoplejías que sufrió Lenin en mayo de 1922 le dejó incapacitado para cumplir con las obligaciones de su cargo. Aunque mostró alguna mejoría, nunca volvió a desempeñar un papel activo en el gobierno o en el partido. Se había recuperado parcialmente a finales de 1922, pero sufrió un segundo ataque en marzo de 1923 en el que perdió el habla. Concluía así definitivamente su carrera política. Falleció el 21 de enero de 1924 en la localidad de Gorki, situada en las proximidades de Moscú.

    Valoración

    Lenin fue el verdadero teórico de la Revolución Rusa, permitiendo que los bolcheviques alcanzaran la victoria y se mantuvieran en el poder. Sus biógrafos y críticos interpretan su pensamiento de diferentes formas. Mientras que unos aprecian una continuidad entre las ideas de Lenin y las de Stalin, otros hacen hincapié en la Nueva Política Económica, de la que fue partidario en los últimos años de su vida. La mayoría de los estudiosos coinciden en que fue el líder revolucionario más importante de la Europa del siglo XX.

    Leopoldo II (de Bélgica) (1835-1909), rey de los belgas (1865-1909). Hijo y sucesor del rey Leopoldo I, nació en Bruselas y su nombre original era Luis Felipe María Víctor. Ingresó en el Ejército belga siendo muy joven y contrajo matrimonio con María Enriqueta, hija de José, el archiduque de Austria, en 1853. En 1876 organizó la Asociación Internacional Africana, sociedad privada cuyo objetivo era promover el desarrollo en África central, y más tarde financió la expedición al río Congo (1879-1884) dirigida por el explorador británico sir Henry Morton Stanley. Durante la Conferencia de Berlín (1884-1885) fue reconocido como soberano del Estado Libre del Congo, que pasó a denominarse Congo Belga en 1908 (actual República Democrática del Congo, también llamada Zaire desde 1971 hasta 1997). Leopoldo recibió fuertes críticas por la explotación del Congo y se vio obligado a aplicar diversas reformas ante las protestas internacionales. Su sobrino Alberto I le sucedió en el trono.

    Luis Felipe I de Orleans, también llamado el Rey Ciudadano (1773-1850), rey de Francia (1830-1848). Era hijo de Luis Felipe José de Orleans (llamado Felipe Igualdad) y nació en París.

    Luis Felipe pertenecía a la Casa de Borbón-Orleans, una rama de la familia real francesa que se inició con Felipe I, duque de Orleans, hermano del rey Luis XIV. Ostentó el título de duque de Valois desde su nacimiento hasta 1785 y desde ese año la de duque de Chartres hasta 1793, año en el que su padre fue guillotinado y heredó el título de duque de Orleans. Luis Felipe, al igual que su padre, simpatizaba con los ideales de la Revolución Francesa. En 1790 se unió a los jacobinos, miembros del club político radical francés. Fue nombrado coronel del ejército revolucionario a los dieciocho años, y luchó en las batallas de Valmy y Jemappes. Después que el ejército francés fuera derrotado por los austriacos en la batalla de Neerwinden (Holanda) en 1793, Luis Felipe y su superior, el general Charles François Dumouriez, se vieron implicados en una conspiración contra la República por lo que tuvo que refugiarse en Suiza.

    Tras la ejecución de su padre durante el periodo del Terror, Luis Felipe pasó a ser la figura central en torno a la cual se reunieron los seguidores del partido orleanista, aunque no participó directamente en las intrigas para restaurar la monarquía. Durante el régimen del Directorio y el Imperio de Napoleón I Bonaparte permaneció fuera del país, viajando por Escandinavia, Estados Unidos (residió en Filadelfia cuatro años) e Inglaterra. También pasó una temporada en Sicilia invitado por Fernando I de Borbón, rey de las Dos Sicilias, y contrajo matrimonio en 1809 con la hija de éste.

    Regresó a Francia tras la abdicación de Napoleón en 1814 y fue bien acogido por el rey Luis XVIII que le restituyó todos los bienes de la familia Orleans. Sin embargo, hacia finales de la década de 1820, el país estaba sometido al gobierno autocrático de Carlos X hermano y sucesor de Luis XVIII y último monarca de la dinastía Borbón, y la agitación entre las clases medias y bajas iba en aumento. En esa época, Luis Felipe era el candidato favorito de los republicanos que temían provocar la oposición de toda Europa si se establecía un régimen republicano y confiaban en que el duque gobernaría siguiendo la voluntad del pueblo. En 1830, cuando tuvo lugar la Revolución de julio que derrocó a Carlos X y puso fin a la dinastía de los Borbones en Francia, Luis Felipe fue proclamado rey por la Asamblea Nacional francesa.

    Durante el comienzo de su reinado se sintió orgulloso de gobernar como un 'rey ciudadano' y deseaba satisfacer al sector republicano que le había entronizado; por ello, renunció a muchos de los privilegios reales. No obstante, su actitud fue cambiando progresivamente y, pese a que seguía manteniendo una monarquía constitucional, comenzó a adoptar medidas más autoritarias, a la vez que intentaba asociar a la dinastía Borbón-Orleans a la Corona y consolidar su posición entre los monarcas europeos. Acordó el matrimonio de su hija Luisa con Leopoldo I de Bélgica.

    Los últimos años de su reinado se vieron empañados por la corrupción política en el interior y la pasividad en los asuntos internacionales. Finalmente, Luis Felipe, que había intentado ganarse el favor tanto de los sectores democráticos como de los reaccionarios, perdió el apoyo de ambos grupos y fue derrocado por la Revolución de 1848, que tuvo como consecuencia la proclamación de la II República (1848-1852) y el posterior ascenso al poder de Luis Napoleón, que más tarde sería Napoleón III, emperador de Francia. Después de abdicar, Luis Felipe se trasladó con su familia a Inglaterra, donde falleció en su residencia de Claremont (Surrey).

    Marx, Karl (1818-1883), filósofo alemán, creador junto con Friedrich Engels del socialismo científico (comunismo moderno) y uno de los pensadores más influyentes de la historia contemporánea.

    Marx nació en Tréveris el 5 de mayo de 1818 y estudió en las universidades de Bonn, Berlín y Jena. Publicó un artículo en la Rheinische Zeitung (Gaceta Renana) de Colonia en 1842 y poco después pasó a ser su jefe de redacción. Aunque su pensamiento político era radical, todavía no podía calificarse de comunista. Las críticas de las condiciones sociales y políticas vertidas en sus artículos periodísticos le indispusieron con las autoridades, que le obligaron a abandonar su puesto en el rotativo en 1843; poco después, el periódico dejó de editarse y Marx se trasladó a París. Los estudios de filosofía, historia y ciencia política que realizó en esa época le llevaron a adoptar el pensamiento de Friedrich Hegel. Cuando Engels se reunió con él en la capital francesa en 1844, ambos descubrieron que habían llegado independientemente a las mismas conclusiones sobre la naturaleza de los problemas revolucionarios. Comenzaron a trabajar juntos en el análisis de los principios teóricos del comunismo y en la organización de un movimiento internacional de trabajadores dedicado a la difusión de aquéllos. Esta colaboración con Engels continuó durante toda su vida.

    El Manifiesto Comunista

    Marx se vio obligado a abandonar París en 1845 debido a su implicación en actividades revolucionarias. Se instaló en Bruselas y comenzó a organizar y dirigir una red de grupos llamados Comités de Correspondencia Comunista, establecidos en varias ciudades europeas. En 1847, Marx y Engels recibieron el encargo de elaborar una declaración de principios que sirviera para unificar todas estas asociaciones e integrarlas en la Liga de los Justos (más tarde llamada Liga Comunista). El programa que desarrollaron —conocido en todo el mundo como el Manifiesto Comunista— fue redactado por Marx basándose parcialmente en el trabajo preparado por Engels y representaba la primera sistematización de la doctrina del socialismo moderno. Las proposisicones centrales del Manifiesto, aportadas por Marx, constituyen la concepción del materialismo histórico, concepción formulada más adelante en la Crítica de la economía política (1859). Según se explica en estas tesis, el sistema económico dominante en cada época histórica, por el cual se satisfacen las necesidades vitales de los individuos, determina la estructura social y la superestructura política e intelectual de cada periodo. De este modo, la historia de la sociedad es la historia de las luchas entre los explotadores y los explotados, es decir, entre la clase social gobernante y las clases sociales oprimidas. Partiendo de estas premisas, Marx concluyó en el Manifiesto que la clase capitalista sería derrocada y suprimida por una revolución mundial de la clase obrera que culminaría con el establecimiento de una sociedad sin clases. Esta obra ejerció una gran influencia en la literatura comunista posterior y en el pensamiento revolucionario en general; ha sido traducida a multitud de lenguas y de ella se han editado cientos de miles de ejemplares.

    El exilio político

    Poco después de la aparición del Manifiesto, estallaron procesos revolucionarios (las revoluciones de 1848) en Francia, Alemania y el Imperio Austriaco, por lo que el gobierno belga expulsó a Marx temeroso de que la corriente revolucionaria se extendiera también por el país. El pensador alemán se trasladó a París y después a Renania. Fundó y editó en Colonia una publicación comunista, la Neue Rheinische Zeitung (Nueva Gaceta Renana), y colaboró en actividades organizadoras de agrupaciones obreras. En 1849 fue arrestado y juzgado bajo la acusación de incitar a la rebelión armada. Aunque fue absuelto, se le expulsó de Alemania y se cerró la revista. Pocos meses después las autoridades francesas también le obligaron a abandonar el país y se trasladó a Londres, donde permaneció el resto de sus días.

    Una vez instalado en Inglaterra, se dedicó a profundizar en sus ideas, publicando nuevos escritos, y a alentar la creación de un movimiento comunista internacional. Durante ese periodo, elaboró varias obras que fueron constituyendo la base doctrinal de la teoría comunista. Entre ellas se encuentra su ensayo más importante, El capital (volumen 1, 1867; volúmenes 2 y 3, editados por Engels y publicados a título póstumo en 1885 y 1894, respectivamente), un análisis histórico y detallado de la economía del sistema capitalista, en el que desarrolló la siguiente teoría: la clase trabajadora es explotada por la clase capitalista al apropiarse ésta del `valor excedente' (plusvalía) producido por aquélla. Véase Capital.

    La siguiente obra de Marx, La guerra civil en Francia (1871), analizaba la experiencia del efímero gobierno revolucionario francés conocido como la Comuna de París, establecida en esta ciudad durante la Guerra Franco-prusiana. Marx interpretó su creación y existencia como una confirmación histórica de la necesidad de que los trabajadores tomen el poder mediante una insurrección armada y destruyan al Estado capitalista. Aclamó a la Comuna como “la forma política, finalmente hallada, en la que podía producirse la emancipación del trabajador”. Esta teoría fue desarrollada en Crítica del programa de Gotha (1875) en los siguientes términos: “Entre los sistemas capitalista y comunista se encuentra el periodo de transformación revolucionaria de uno en otro. Esta fase corresponde a un periodo de transición, cuyo estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado”. Durante su estancia en Inglaterra, Marx también escribió crónicas sobre acontecimientos sociales y políticos para periódicos de Europa y Estados Unidos, entre ellos varios artículos sobre las `revoluciones liberales' en España y en la América hispana. Fue corresponsal del New York Tribune desde 1852 hasta 1861 y escribió varios artículos para la New American Cyclopedia.

    Los últimos años

    Después de la disolución de la Liga Comunista en 1852, Marx se mantuvo en contacto con cientos de revolucionarios a fin de crear otra organización de la misma ideología. Sus esfuerzos y los de sus colaboradores culminaron en 1864 con la fundación en Londres de la I Internacional. Pronunció el discurso inaugural, escribió sus estatutos y posteriormente dirigió la labor de su Consejo General (órgano directivo), superando las críticas del grupo seguidor de Mijaíl Bakunin, de carácter anarquista. Tras la eliminación y represión de la Comuna parisina, en la que habían participado miembros de la I Internacional, la influencia de esta organización disminuyó y Marx recomendó trasladar su sede a Estados Unidos. Los últimos ocho años de la vida del filósofo estuvieron marcados por una incesante lucha contra las dolencias físicas que le impedían trabajar en sus obras políticas y literarias. Los manuscritos y notas encontrados en Londres después de su muerte, ocurrida el 14 de marzo de 1883, revelan que estaba preparando un cuarto volumen de El capital que recogería la historia de las doctrinas económicas; estos fragmentos fueron revisados por el socialista alemán Karl Johann Kautsky y publicados bajo el título de Teorías de la plusvalía (4 volúmenes, 1905-1910). Asimismo, Marx planeaba realizar distintos trabajos que comprendían investigaciones matemáticas, aplicaciones de éstas a problemas económicos y estudios sobre aspectos históricos de varios desarrollos tecnológicos.

    Su influencia

    Marx no ejerció una gran influencia en vida, fue después de su muerte cuando su pensamiento comenzó a destacar dentro del movimiento obrero. Su concepción pasó a denominarse marxismo o socialismo científico, una de las principales corrientes de la teoría política contemporánea. Su análisis del sistema capitalista y su teoría del materialismo histórico, la lucha de clases y la plusvalía son las principales fuentes de la ideología socialista contemporánea. Su tesis sobre la naturaleza del Estado capitalista, el camino hacia el poder y la dictadura del proletariado tienen una importancia decisiva en la acción revolucionaria. Estas doctrinas, comentadas por la mayoría de los socialistas después de su muerte, fueron retomadas por Lenin en el siglo XX, y el desarrollo y aplicación que el político ruso hizo de ellas fue el núcleo de la teoría y la praxis del bolchevismo y de la III Internacional.

    Napoleón III (1808-1873), emperador de los franceses (1852-1870), creador del II Imperio Francés a mediados del siglo XIX, que gobernó hasta su derrota en la Guerra Franco-prusiana.

    Carlos Luis Napoleón Bonaparte nació en París el 20 de abril de 1808. Era el menor de los tres hijos de Luis Bonaparte (rey de Holanda) y Hortensia Beauharnais, y sobrino de Napoleón I Bonaparte. Su familia había sido desterrada de Francia después de la caída de su tío, por lo que el joven se educó en Suiza y Baviera. Su madre le instruyó en la gloria de la leyenda napoleónica y orientó su camino para que restableciera el poder de los Bonaparte. El joven Luis escribió ensayos y tratados con el propósito de adquirir popularidad y exponer su programa político, en el que se presentaba como un reformador social de talante liberal, un militar con experiencia y un firme promotor del desarrollo agrícola e industrial. Encabezó entonces dos rebeliones destinadas a derrocar el régimen del rey Luis Felipe I de Orleans en 1836 y 1840. Fue condenado a cadena perpetua tras ser capturado en la última revuelta, pero consiguió escapar de prisión en 1846, atrayendo nuevamente la atención del pueblo sobre su persona.

    El gobierno de Francia

    Una vez que Luis Felipe fue derrocado en 1848, Luis Napoleón se presentó como candidato a la presidencia de la nueva República francesa y, ante el asombro de los políticos veteranos, ganó por una mayoría abrumadora. No obstante, su triunfo se vio empañado por la victoria de los monárquicos en las elecciones legislativas de 1849 y la imposición constitucional que limitaba la legislatura a cuatro años. Decidido a eliminar estos impedimentos, dio un golpe de Estado el 2 de diciembre de 1851 que le permitió asumir poderes dictatoriales y ampliar su periodo de mandato a diez años. A pesar de que existían pequeños grupos de oposición, el amplio respaldo popular alentó a Luis Napoleón a trasformar la II República en el Segundo Imperio. Dado que el hijo de Napoleón I fue conocido entre sus seguidores como Napoleón II, Luis decidió adoptar el título imperial con el nombre de Napoleón III. Los historiadores dividen su reinado en dos periodos: uno de carácter dictatorial o Imperio autoritario, que se mantuvo hasta 1860 (en el curso del cual se casó con la española Eugenia de Montijo en 1853) y una segunda etapa marcada por una serie de reformas liberales que culminó en una monarquía limitada —el Imperio liberal— hasta 1870; esta segunda etapa liberalizadora se caracterizó por el desarrollo de una legislación sobre asuntos laborales, la apertura hacia el librecambismo y la rehabilitación de los partidos de la oposición. Es posible que la empresa más perdurable de Napoleón III fuera la reordenación urbanística de París planificada y dirigida por George Eugène Haussmann. No obstante sus éxitos se vieron ensombrecidos por una política exterior demasiado idealista en ocasiones, que impidió al emperador advertir los peligros que se cernían sobre Francia. Napoleón III hizo intervenir a Francia en la guerra de Crimea, apoyó al Piamonte en las guerras que tuvieron como consecuencia la unificación italiana, e inició una serie de expediciones cuyo fin era aumentar el prestigio y el territorio del Imperio tanto en Indochina como en América Latina, concretamente en México donde con el apoyo de los grupos políticos más conservadores promovió la instauración de un efímero Imperio, en la persona de su sobrino Maximiliano de Austria.

    La amenaza que representaba Prusia, concretamente, fue percibida demasiado tarde y el país no estaba preparado para hacer frente al conflicto que sobrevino en 1870. La derrota fulminante del ejercito francés en la batalla de Sedan durante la Guerra Franco-prusiana provocó la captura del emperador, y su régimen fue derrocado en París el 4 de septiembre de 1870. Huyó al exilio y falleció en Chislehurst (Inglaterra) el 9 de enero de 1873.

    Perry, Matthew Calbraith (1794-1858), oficial de marina estadounidense que comandó la expedición que obligó a establecer relaciones comerciales y diplomáticas de Japón con Estados Unidos, a las que siguieron otros países y que pusieron fin a la época Tokugawa. Nacido el 10 de abril de 1794, en South Kingstown (Rhode Island), comenzó su carrera naval a los 15 años, logrando sucesivos ascensos hasta convertirse en comodoro en 1842, después de ser capitán del primer buque de vapor de la Marina estadounidense. En 1846-1847 comandó la flota del golfo de México durante la Guerra Mexicano-estadounidense.

    En 1853 Perry fue enviado a Japón, país que había permanecido sin contacto de ningún tipo con el exterior desde el siglo XVII. El 8 de julio se dirigió con una flota, compuesta por cuatro buques, a la bahía de Edo (desde 1868, Tokyo) y presentó a los representantes del shogun Tokugawa Iesada (1853-1858), el borrador de un tratado comercial y amistoso. Con el fin de conceder tiempo a los japoneses para considerar la oferta, navegó hasta China. Regresó a Edo con una flota aún más poderosa en febrero de 1854. El Tratado de Kanagawa, firmado el 31 de marzo de 1854, exigía dispensar un trato humanitario a los marineros que naufragaran en territorio japonés, que los buques estadounidenses pudieran reabastecer sus provisiones de carbón en Japón y que los puertos de Shimoda y Hakodate se abrieran al comercio con Estados Unidos. La misión de Perry acabó con el aislamiento de Japón e intentó hacer de este país un nuevo mercado para el desarrollo imperial de las potencias europeas, como había ocurrido con China. La reacción japonesa con la revolución Meiji (1868) permitió la posterior modernización de Japón. Perry murió el 4 de marzo de 1858 en Nueva York.

    Rhodes, Cecil John (1853-1902), colonialista y financiero británico, uno de los principales promotores del dominio del Reino Unido en Suráfrica.

    Rhodes nació el 5 de julio de 1853, en Bishop's Stortford (Inglaterra). Después de una prolongada enfermedad, se le envió, en 1870, a vivir con su hermano a Natal, en la actual República de Suráfrica. Ese año se descubrieron en Kimberley, en la Colonia del Cabo, yacimientos de diamantes, y Rhodes se convirtió en buscador de piedras preciosas. Con 19 años ya había acumulado una gran fortuna. En 1873 volvió a Inglaterra a estudiar en la Universidad de Oxford; hasta 1881, cuando se retiró, dividió su tiempo entre la universidad y los yacimientos de diamantes. Su logro más importante durante este periodo fue la unión de un gran número de demandas de minas de diamantes para formar De Beers Mining Company, la cual pasó a controlar. En 1881 ingresó en el Parlamento de la Colonia del Cabo y mantuvo un escaño durante toda su vida. Rhodes fue el principal responsable de la anexión al Imperio británico de Bechuanalandia (actualmente Botswana) en 1885. En 1888, tras la fundación de las minas De Beers Consolidated, Rhodes monopolizó la producción de diamantes de Kimberley. Ese mismo año logró los derechos mineros exclusivos de Lobengula, regente de Matabeleland (actualmente en Zimbabwe). En 1889 el gobierno británico otorgó a Rhodes una carta de privilegio para una nueva compañía, la British South Africa Company, para desarrollar el territorio. Extendió la influencia de la compañía a una zona que en 1894 fue denominada Rhodesia (actualmente Zimbabwe y Zambia) en su honor, controlando la compañía hasta 1923.

    En 1890 Rhodes se convirtió en primer ministro de la Colonia del Cabo. Cinco años después apoyó una conspiración de los colonos británicos de la República del Transvaal (lo que actualmente es el noreste de Suráfrica) para derrocar al gobierno, dominado por bóers. La revuelta fue respaldada por tropas de la British South Africa Company dirigidas por sir Leander Starr Jameson, administrador británico de las tierras que actualmente componen Zimbabwe. El 29 de diciembre de 1895, Jameson invadió el Transvaal apresuradamente y sin éxito. Rhodes fue exculpado de las responsabilidades de la invasión, conocida como la incursión de Jameson, aunque fue censurado por su papel en la trama contra el gobierno del Transvaal, y al mes siguiente fue obligado a cesar en el cargo de primer ministro. A partir de ese momento su única preocupación fue el desarrollo de Rhodesia. Durante la guerra bóer (1899-1902) destacó en la defensa de Kimberley. En su testamento Rhodes dejó suficiente dinero para conceder unas doscientas becas Rhodes anuales para que alumnos de la Commonwealth, Estados Unidos y Alemania estudiaran en la Universidad de Oxford.

    Stanley, Sir Henry Morton (1841-1904), periodista y explorador angloamericano, es una de las más destacadas figuras de la exploración y colonización de África.

    Nacido John Rowlands, el 28 de enero de 1841, en Denbigh, Gales. Cuando contaba dieciocho años de edad viajó como grumete a Nueva Orleans, Luisiana, donde consiguió trabajo con el comerciante estadounidense Henry Morton Stanley, de quien adoptó el nombre. Durante la Guerra Civil de Estados Unidos, sirvió en el ejército confederado, fue capturado en 1862 durante la batalla de Shiloh. Transferido al ejército federal, fue licenciado poco después, a causa de su mala salud. En 1867, se hizo corresponsal de guerra del New York Herald, y como tal, en 1868, acompañó a la expedición británica de castigo contra el rey etíope Teodoro II, que mandó el oficial del ejército británico Robert Cornelis Napier. Stanley fue el primero en anunciar la caída de Magdala, que era entonces la capital de Etiopía.

    La búsqueda de Livingstone

    En 1869, el estadounidense James Gordon Bennett, editor del Herald, mandó a Stanley en busca del misionero escocés y explorador David Livingstone, de quien apenas se había tenido noticia alguna desde que partió en busca del nacimiento del Nilo. Después de sufrir algún retraso debido a otros asuntos, Stanley llegó a isla Zanzíbar, en la costa oriental de África, el 6 de enero de 1871. Desde allí pasó al continente, y el 21 de marzo se adentró en las tierras interiores con unos dos mil hombres. El 10 de noviembre se encontró con un deteriorado Livingstone en Ujiji, una aldea en el lago Tanganika, y según se cuenta lo saludó diciendo: “El doctor Livingstone, supongo”. Stanley cuidó de Livingstone hasta que se recuperó y después exploraron juntos la zona norte del lago Tanganika. En 1872, Stanley regresó a Europa, y un año después el New York Herald lo envió a África occidental para cubrir el reportaje de la ofensiva británica contra los ashanti, en lo que actualmente es Ghana.

    Otras expediciones

    El New York Herald y el London Daily Telegraph costearon la siguiente expedición de Stanley, que tenía como objetivo principal continuar la labor de Livingstone, que había fallecido en 1873. En noviembre de 1874, Stanley partió nuevamente desde Zanzíbar a las tierras del interior, acompañado de otras 359 personas. En primer lugar visitó al rey Mutesa, de Buganda, para posteriormente circunnavegar el lago Victoria, viéndose envuelto, mientras lo hacía, en varias peleas con los pobladores de las proximidades del lago. Después continuó hacia el sur, circunnavegó el lago Tanganika, y siguió al oeste, hacia el río Lualaba, un afluente del río Congo. En un viaje lleno de descubrimientos, descendió los ríos Lualaba y Congo hasta las cataratas Livingstone, que él bautizó con este nombre. Después continuó por tierra la corta distancia que lo separaba del océano Atlántico, a donde llegó en agosto de 1877. Casi la mitad de los miembros de la expedición habían fallecido durante el tiempo que duró el difícil recorrido.

    En enero de 1878 regresó a Londres, y al año siguiente, bajo el patrocinio de Leopoldo II, rey de Bélgica, realizó una nueva expedición al Congo que se prolongó durante cinco años. En este tiempo construyó un camino desde el bajo Congo a Stanley Pool (en la actualidad conocida como Malebo Pool) y sentó las bases para la fundación del Estado Libre del Congo.

    En enero de 1887, condujo una expedición para ayudar al explorador alemán Mehmed Emin Pasha, gobernador de la Provincia Ecuatorial del Sudán egipicio, que estaba rodeado por las fuerzas rebeldes de los mahdistas. En 1888, Stanley llegó hasta Emin Pasha, pero éste se negó a volver a Egipto. En el transcurso de la expedición descubrió la cadena montañosa de Ruwenzori, también llamada “montañas de la luna”, y que el río Semliki comunica el lago Alberto con el lago Eduardo. En 1889, Stanley consiguió por fin llevar a Emin Pasha de regreso a la costa.

    Los últimos años

    En 1890 Stanley se casó con Dorothy Tennant, quien posteriormente (1909) publicó la autobiografía del explorador. Stanley se había nacionalizado ciudadano de los Estados Unidos en 1885, pero en 1892 se volvió a nacionalizar ciudadano británico. Entre 1895 y 1900 fue miembro del Parlamento como diputado del Partido Liberal por North Lambeth. Su último viaje a África lo hizo en 1897, y en 1899 recibió el título de sir. Falleció en la ciudad de Londres el 10 de mayo de 1904. Entre sus obras destacan Cómo encontré a Livingstone (1872), El continente misterioso (2 volúmenes, 1878), El África tenebrosa (2 vol., 1890) y Emín bajá y la rebelión en el ecuador (1890).

    Victoria I (1819-1901), reina de Gran Bretaña e Irlanda (1837-1901) y emperatriz de la India (1876-1901).

    Alejandrina Victoria nació en el palacio de Kensington (Londres) el 24 de mayo de 1819. Su madre, Victoria María Luisa, era hija del duque de Sajonia-Coburgo-Saafeld; su padre, Eduardo Augusto, duque de Kent, era el cuarto hijo de Jorge III y el hermano menor de Jorge IV y Guillermo IV, reyes ambos de Gran Bretaña. Cuando Guillermo IV ascendió al trono en 1830, Victoria se convirtió en su futura sucesora, dado que su tío no tenía descendencia legítima. Guillermo IV falleció el 20 de junio de 1837 y Victoria fue coronada reina a los 18 años.

    Desarrolló un gran interés por las tareas de gobierno desde el comienzo de su reinado y fue asesorada por el primer ministro lord Melbourne, jefe del Partido Liberal, quien ejerció una constante influencia en el pensamiento político de la reina.

    Matrimonio

    Victoria contrajo matrimonio en 1840 con su primo carnal, Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, a quien había conocido cuatro años antes. A pesar de que se trataba de un matrimonio de Estado, ambos cónyuges se enamoraron, y la reina se ocupó de los asuntos de la vida familiar. Tuvo nueve hijos. Su primogénita, Victoria Adelaida María Luisa, fue más tarde emperatriz de Alemania. Su primer hijo, Alberto Eduardo, príncipe de Gales y posteriormente el rey de Gran Bretaña con el nombre de Eduardo VII, nació en 1841. Cuando el príncipe Alberto, de mentalidad conservadora, convenció a Victoria de que la política liberal hacía peligrar el futuro de la Corona, comenzó a disminuir la admiración de la reina por este partido. A partir de 1841, tras la caída del gobierno de Melbourne y el ascenso de sir Robert Peel, era ya una ferviente defensora del Partido Conservador. Asimismo, la influencia de su marido la llevó a cuestionarse hasta qué punto el soberano británico debía limitarse a desempeñar un papel consultivo. En 1850, Victoria desafió la autoridad de lord Palmerston, ministro de Asuntos Exteriores del gabinete liberal que asumió el poder en 1846. En opinión de la reina, se debería al menos discutir con el monarca lo referente a la política exterior del país. Palmerston, independiente y enérgico, ignoró la solicitud de la reina. Esta pugna alcanzó su momento de máxima tensión en 1851, cuando el primer ministro, lord John Russell, que también desaprobaba los métodos arbitrarios de Palmerston, le destituyó de su cargo. La estima que el pueblo sentía por los soberanos disminuyó a causa de sus diferencias con Palmerston, uno de los líderes políticos más populares de Gran Bretaña. Su imagen pública se vio aún más afectada en 1854, cuando intentaron impedir la guerra de Crimea. No obstante, brindaron su apoyo incondicional a esta causa una vez iniciado el conflicto. La reina instituyó en 1856 la Cruz Victoria, el más alto reconocimiento al valor en tiempo de guerra.

    Victoria concedió a Alberto el título de príncipe consorte en 1857. Éste falleció cuatro años después, y la reina acusó este hecho durante el resto de su vida. Evitó las apariciones en público y dejó que fuera el príncipe de Gales quien cumpliera con la mayoría de los deberes protocolarios de la Corona. No obstante, persistió su gran interés por los asuntos de Estado.

    Reinado después de 1861

    Varios políticos ocuparon el cargo de primer ministro durante la última etapa del reinado de Victoria I, pero únicamente el jefe del Partido Conservador, Benjamin Disraeli, que presidió el gobierno en 1868 y desde 1874 a 1880, se ganó su confianza gracias a su gran cultura y talento para los halagos. Asimismo, le permitió seguir su propio criterio en el nombramiento de cargos religiosos, militares y, en ocasiones, políticos. Victoria respaldó firmemente la política de fortalecimiento y expansión del Imperio Británico de su primer ministro; gracias a la política emprendida por Disraeli en este sentido, Victoria se convirtió en emperatriz de la India en 1876 (a lo que ella correspondió otorgándole el título de conde de Beaconsfield). Sin embargo, Victoria I no mantuvo el mismo entendimiento con el jefe del Partido Liberal, William E. Gladstone, quien ejerció como primer ministro en cuatro ocasiones entre 1868 y 1894; desaprobó las reformas democráticas que éste anunció, tales como la abolición de la compra de nombramientos militares y la legalización de los sindicatos, y se opuso firmemente a la concesión del Home Rule (autogobierno) a Irlanda propugnada por Gladstone. El líder del Partido Conservador, lord Salisbury, que presidió el gobierno en tres ocasiones entre 1885 y 1902, contó con mayor respaldo por parte de la reina.

    Popularidad entre sus súbditos

    La popularidad de la reina Victoria entre todas las clases sociales del país culminó en las dos últimas décadas de su reinado. Las celebraciones de su quincuagésimo (1887) y sexagésimo aniversario (1897) en el trono fueron motivo de gran regocijo popular. Muchos de sus súbditos disfrutaban en esos momentos de un periodo de prosperidad sin precedentes, y el entusiasmo con que emprendió la Guerra Boer (1899-1902), hizo aumentar la admiración que se sentía por ella en Gran Bretaña y en el extranjero. Falleció el 22 de enero de 1901. Su reinado, que duró 63 años, fue el más largo de la historia de Gran Bretaña. La mayoría de sus descendientes, entre los que se contaban cuarenta nietos, contrajeron matrimonio con miembros de diversas casas reales europeas.

    El reinado de Victoria I, al que se denominó 'Era Victoriana' se convirtió en símbolo de la consolidación del Imperio Británico, fue testigo del ascenso de las clases medias y se caracterizó por una moralidad profundamente conservadora y un intenso nacionalismo.

    La correspondencia de la reina Victoria se publicó en tres series: Cartas, 1837-1861 (3 volúmenes, 1907); Cartas, 1862-1885 (3 volúmenes, 1926-1928); y Cartas, 1886-1901 (3 volúmenes, 1930-1932).

    Monroe, Doctrina, declaración que recoge los principios de la política exterior de Estados Unidos con respecto a los derechos y actividades de las potencias europeas en el continente americano, expuesta por el presidente James Monroe en su comparecencia anual ante el Congreso de Estados Unidos el 2 de diciembre de 1823. Llegó a ser la base de la política aplicada por Estados Unidos respecto a Latinoamérica. No fue respaldada por ninguna legislación aprobada por el Congreso ni ratificada en el derecho internacional, por lo que inicialmente se la consideró tan sólo como una declaración política. Cuando su aplicación y popularidad aumentaron en Estados Unidos, a partir de 1845 fue elevada a la categoría de principio, siendo específicamente denominada Doctrina Monroe.

    La declaración original

    Monroe afirmó en sus dos discursos más relevantes que las potencias europeas no podían colonizar por más tiempo el continente americano y señaló que no deberían intervenir en los asuntos de las recientemente emancipadas repúblicas latinoamericanas. Previno a los estados europeos contra cualquier intento de imponer monarquías en las naciones americanas independientes, pero añadió que Estados Unidos no emprendería ninguna acción en las colonias europeas existentes ni en la propia Europa. Este último punto confirmaba las ideas expuestas por George Washington en su discurso de 1796, en el que recomendaba encarecidamente que Estados Unidos no entablara complicadas alianzas en política exterior.

    Al marcar de este modo la diferencia entre Europa y América, Monroe subrayaba la existencia de unos intereses americanos y, más concretamente, estadounidenses. Rechazó las monarquías europeas como sistema político; consideraba que ninguna nación americana lo adoptaría y que su presencia en el continente americano pondría en peligro la paz y seguridad de su joven nación. Asimismo, exponía que únicamente Estados Unidos estaba destinado a completar la colonización de los territorios vírgenes de América del Norte.

    A pesar de la determinación que se desprende de estas afirmaciones, Monroe no disponía de medios que aseguraran la aplicación de sus ideas, aunque sabía que Gran Bretaña, con su poderosa armada, también se opondría a que Europa interviniera en la lucha a favor de España, que deseaba recuperar sus dominios americanos.

    La evolución de la Doctrina Monroe durante el siglo XIX

    La Doctrina Monroe no tuvo gran repercusión en Estados Unidos hasta la década de 1840, cuando el presidente James Polk la aplicó para justificar la expansión territorial estadounidense. Recurrió a ella en 1845 como respuesta a las amenazas británicas en California y Oregón, y a los intentos de Francia y Gran Bretaña para impedir que Estados Unidos se anexionara Texas. Polk advirtió en 1848 que si Europa intervenía en la zona mexicana del Yucatán, Estados Unidos conquistaría esta región. A pesar de que Polk aplicó la Doctrina, cuya popularidad aumentó durante la década de 1850, la Guerra Civil estadounidense hizo disminuir enormemente su eficacia en la década siguiente; por este motivo, la reconquista de la República Dominicana por parte de España (1861) y la intervención de Francia en México (1862-1867) apenas encontraron resistencia.

    Esta política adquirió un nuevo significado durante las décadas de 1870 y 1880. Amparándose en ella, Estados Unidos prohibió la cesión de territorio americano entre potencias europeas y se arrogó el derecho a controlar con exclusividad cualquier canal que comunicara el océano Atlántico con el Pacífico a través de Centroamérica. Esta última reivindicación fue reconocida por Gran Bretaña en el Tratado Hay-Pauncefote (1901). El gobierno estadounidense interpretó esta doctrina en un sentido más amplio cuando el presidente Grover Cleveland presionó con éxito a Gran Bretaña en 1895 para que sometiera a arbitraje la disputa sobre límites fronterizos entre la Guayana británica y Venezuela.

    La Doctrina Monroe en el siglo XX

    En 1904, el presidente Theodore Roosevelt sostuvo que Estados Unidos podía intervenir en cualquier nación latinoamericana culpable de actuar incorrectamente en su política interior o exterior. El corolario de Roosevelt a la Doctrina Monroe justificó nuevas injerencias estadounidenses en los estados del Caribe durante el mandato de los presidentes William Taft y Woodrow Wilson.

    En las décadas de 1920 y 1930, Estados Unidos aplicó este criterio con más moderación, favoreciendo la realización de acciones conjuntas con otras repúblicas americanas. Este énfasis en el panamericanismo se mantuvo durante la II Guerra Mundial y la posguerra gracias al Acta de Chapultepec (1945), que, al igual que la Declaración de Panamá (1937), afirmó la ayuda mutua entre los países americanos frente a cualquier vulneración de su soberanía por un Estado no americano, lo que fue ratificado en el Tratado de Río (1947), en el que se afirmaba que atacar a una sola nación americana equivalía a atacar a todas. La creación de la Organización de Estados Americanos (1948) tenía como objetivo poner en práctica la Doctrina Monroe a través del panamericanismo. No obstante, argumentando el temor a que el comunismo se extendiera por Latinoamérica, Estados Unidos emprendió acciones unilaterales contra Guatemala (1954), Cuba (1961), República Dominicana (1965), Chile (1973), Granada (1984), El Salvador y Nicaragua en la década de 1980 sin consultar con sus aliados latinoamericanos. En 1989 tropas estadounidenses invadieron Panamá para arrestar a su presidente Antonio Noriega, acusado de narcotráfico por tribunales estadounidenses. En 1994, en cumplimiento de una resolución de las Naciones Unidas invadieron Haití, para restablecer en el poder al derrocado presidente Jean Bertrand Aristide.

    Repercusión

    La Doctrina Monroe ha tenido una considerable repercusión como elemento característico de la política exterior de Estados Unidos y ha encontrado un gran respaldo en ese país, debido a que favorecía sus intereses. Sin embargo, Estados Unidos la ha enarbolado en ocasiones para justificar su injerencia en los asuntos internos de otras naciones americanas al no establecerse en la formulación original una distinción clara entre los intereses de Estados Unidos y los de las naciones vecinas. La creciente intranquilidad que ha generado en este país la inestabilidad de los regímenes latinoamericanos motivó que estas intervenciones hayan sido frecuentes y polémicas a lo largo del siglo XX.

    Desde la misma época de su formulación, la Doctrina Monroe fue ampliamente rechazada, tanto por los gobiernos como por las fuerzas políticas de la mayoría de los países en América Latina, que entendieron perfectamente los intereses tras su formulación. A mediados del siglo XIX, el presidente mexicano Benito Juárez formuló su famoso apotegma, que todavía se enseña en muchas escuelas de México y América Latina, formulado como respuesta a Monroe: "El respeto al derecho ajeno es la paz".

    Nantes, Edicto de, decreto que otorgó la libertad religiosa parcial a los hugonotes (protestantes franceses), proclamado en 1598 por Enrique IV, rey de Francia, y revocado por Luis XIV en 1685.

    El Edicto de Nantes terminó con las denominadas guerras de Religión que tuvieron lugar entre los católicos y los protestantes y asolaron Francia desde 1562 hasta 1598. Durante estas guerras, se firmaron varios tratados ineficaces que incluían privilegios para los hugonotes. El Edicto de Nantes incluyó las disposiciones religiosas de dichos tratados y añadió algunas otras.

    Según los términos del Edicto, a los hugonotes se les garantizó libertad de conciencia en toda Francia, se les permitió construir iglesias y celebrar servicios religiosos en ciertos pueblos y en los suburbios de las ciudades (excepto en las ciudades episcopales y arzobispales, en las residencias reales y en un radio de cinco millas de París), los nobles hugonotes podían celebrar servicios religiosos en sus casas, se les garantizaban los derechos civiles y el derecho a desempeñar cargos públicos, se permitió que cuatro universidades o escuelas (en Montauban, Montpellier, Sedan y Saumur) fueran hugonotes, se estableció un juzgado especial, formado por diez católicos y seis protestantes, llamado Chambre de l'Edit (Cámara del Edicto), para la protección de los hugonotes en el Parlamento de París; también se establecieron cámaras auxiliares en los parlamentos provinciales. A los pastores hugonotes les pagaba el gobierno, como a los sacerdotes católicos. Como garantía de protección, se les concedieron cien plazas fuertes (places de sûreté) durante ocho años.

    Las disposiciones del Edicto de Nantes nunca se cumplieron en su totalidad, ni siquiera durante el reinado de Enrique IV. El cardenal Richelieu, secretario del rey Luis XIII, revocó las cláusulas políticas del Edicto en 1629. Durante el reinado de Luis XIV se reanudaron las persecuciones de los hugonotes, en particular después de 1681. Cuando se revocó el Edicto, cuatro años más tarde, cientos de miles de hugonotes salieron de Francia y se refugiaron en los países protestantes. En 1788 se publicó un nuevo edicto que devolvía todos sus derechos a los hugonotes que vivían todavía en Francia. Los posteriores acontecimientos revolucionarios profundizaron esta devolución.

    París, Tratados de, nombre de varios acuerdos firmados en París o sus alrededores.

    Tratado de París de 1763

    Fue firmado por Gran Bretaña y sus adversarios, Francia y España, el 10 de febrero de 1763 para poner fin a la guerra de los Siete Años —que tenía lugar en Europa— y a la Guerra Francesa e India —fase de ese mismo conflicto en tierras americanas.

    Tratado de París de 1783

    Fue firmado por Gran Bretaña y Estados Unidos el 3 de septiembre de 1783 para poner fin a la guerra de la Independencia estadounidense. En este documento Gran Bretaña reconocía la libertad y soberanía de los Estados Unidos de América, que hasta entonces habían sido trece colonias británicas. Ese mismo día Gran Bretaña suscribió acuerdos por separado con Francia, aliada de Estados Unidos, y España, aliada de Francia.

    Tratados de París de 1814 y 1815

    Desde 1799 hasta 1815 Francia, gobernada por Napoleón Bonaparte (desde 1804, emperador Napoleón I) entabló una serie de guerras, denominadas Guerras Napoleónicas, que le enfrentaron a varias potencias europeas. Napoleón fue derrotado en 1814 y se le obligó a abdicar. El Tratado de París, firmado por Francia y la coalición integrada por sus siete adversarios —Gran Bretaña, Rusia, Austria, Prusia, Suecia, Portugal y España— el 30 de mayo de 1814, era un tanto indulgente con la nación derrotada. Se permitía a Francia conservar todos los territorios que poseía en Europa en 1792 y quedaba exenta del pago de indemnizaciones. Gran Bretaña recibió de Francia, Tobago, Santa Lucía y Mauricio. El Congreso de Viena fue convocado para reorganizar las fronteras de los territorios europeos conquistados por Napoleón.

    Bonaparte regresó a Francia el 1 de marzo de 1815 para intentar recuperar el poder. Después de ser derrotado en Waterloo, abdicó por segunda vez. El 20 de noviembre de 1815 Gran Bretaña, Austria, Rusia y Prusia firmaron en París un nuevo tratado de paz, que era en realidad una alianza. Se restablecían las fronteras francesas existentes en 1790. Se obligaba a Francia a pagar 700 millones de francos como indemnización de guerra y a aceptar la ocupación de un ejército aliado durante un plazo máximo de cinco años. El acuerdo de 1814, a excepción de las disposiciones revocadas por el de 1815, continuaría en vigor al igual que las ordenaciones territoriales del Congreso de Viena.

    Tratado de París de 1856

    Fue firmado el 30 de marzo de 1856 para poner fin a la guerra de Crimea, un enfrentamiento armado sostenido entre Turquía —apoyada por Gran Bretaña, Francia y Cerdeña— y Rusia.

    Tratado de París de 1898

    Fue firmado el 20 de diciembre de 1898 en París, tras una larga negociación entre los plenipotenciarios españoles y estadounidenses y puso fin a la Guerra Hispano-estadounidense. Supuso el inicio del colonialismo estadounidense. Cuba dejaba de ser española y Puerto Rico era cedida a Estados Unidos, así como el archipiélago filipino.

    Westminster, Estatuto de, ley promulgada por el Parlamento británico en diciembre de 1931, en la que se reconocía la plena igualdad de los dominios británicos con el Reino Unido y se establecía la Commonwealth, una libre asociación de estados soberanos, unidos por una común fidelidad a la Corona, pero no sujetos a ningún tipo de relación de subordinación.

    El Estatuto de Westminster confirmó las decisiones adoptadas en las Conferencias Imperiales de Londres de 1926 y 1930. En ellas, Australia, Canadá, Irlanda, Terranova, Nueva Zelanda y Suráfrica (los dominios británicos de aquella época), recibieron plena autonomía dentro del Imperio Británico. Según las disposiciones del Estatuto, los dominios gozaban de la facultad de rechazar cualquier ley del Parlamento británico, si así lo decidían sus propios parlamentos, y de promulgar leyes sobre todo tipo de asuntos internos, como por ejemplo los referidos a la flota mercante.

    Commonwealth, denominación por la que es más conocida la Commonwealth of Nations, que, entre 1931 y 1946 se llamó British Commonwealth of Nations, asociación de diversas entidades políticas que, de forma voluntaria, ofrecen una simbólica o real fidelidad a la Corona británica. Entre estas entidades políticas se encuentran 51 estados soberanos y algunos territorios dependientes. Los países soberanos de la Commonwealth son: Reino Unido, Antigua y Barbuda, Australia, Bahamas, Bangla Desh, Barbados, Belice, Botswana, Brunei, Canadá, Chipre, Dominica, Gambia, Ghana, Granada, Guyana, India, Jamaica, Kenia, Kiribati, Lesotho, Malawi, Malaysia, Maldivas, Malta, Mauricio, Namibia, Nauru, Nueva Zelanda, Nigeria, Pakistán, Papúa-Nueva Guinea, Saint Kitts y Nevis, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Seychelles, Sierra Leona, Singapur, islas Salomón, Suráfrica, Sri Lanka, Swazilandia, Tanzania, Tonga, Trinidad y Tobago, Tuvalu, Uganda, Vanuatu, Samoa Occidental, Zambia y Zimbabwe. La Unión Surafricana (ahora República de Suráfrica) se retiró de la Commonwealth en 1961 e ingresó nuevamente en 1994. Pakistán la abandonó en 1972 pero volvió a ser miembro en 1989. Las islas Fidji se retiraron en 1987. La República de Irlanda está asociada a la Commonwealth por motivos comerciales pero no es miembro de ella.

    El Foreign and Commonwealth Office, con sede en Londres, es el órgano mediante el cual se establecen las relaciones entre el Reino Unido y el resto de los países de la Commonwealth, sin pasar por los ministerios de Asuntos Exteriores de cada Estado. Cada uno de los países miembros designa un alto comisionado, cuya categoría equivale a la de los embajadores. El Secretariado de la Commonwealth, creado en 1965, actúa como una agencia de información sobre temas relativos a los países miembros y ayuda a los organismos existentes a promover la cooperación. En aquellos territorios que carecen de jefe de Estado, el soberano británico está representado por un gobernador general.

    El término Commonwealth of Nations (Comunidad de Naciones) fue empleado oficialmente por vez primera en la Conferencia Imperial de 1926 para designar al “grupo de comunidades autogobernadas que forman Gran Bretaña y sus dominios”. Esta definición fue incorporada en el Estatuto de Westminster, promulgado por el Parlamento británico en 1931. Cuando la India se convirtió en una república independiente en 1949 y continuó en el seno de la Commonwealth, se estableció un precedente que ha sido seguido por muchas antiguas colonias británicas una vez que alcanzaron la independencia.

    La Commonwealth no tiene un órgano político ejecutivo y las únicas consultas políticas formales entre los estados miembros son los encuentros periódicos de los primeros ministros para tratar problemas comunes.

    Compañía Británica de las Indias Orientales

    Esta compañía, la más importante de todas las de las Indias Orientales, fue uno de los principales poderes de la India durante más de 200 años. La escritura de constitución fue concedida por la reina Isabel I el 31 de diciembre de 1600. Se concedió a la Compañía el monopolio comercial en Asia, África y América, por un periodo de 15 años, con el requisito formal de no interferir en los derechos comerciales previos de "otros príncipes cristianos". La compañía estaba dirigida por un gobernador y 24 consejeros elegidos entre sus accionistas. En los primeros viajes llegó hasta Japón, y entre 1610 y 1611 estableció sus primeras factorías en la India, en Madrás, Bombay y Calcuta. De acuerdo con los estatutos perpetuos, otorgados en 1609 por el rey Jacobo I, la Compañía comenzó a competir con Holanda por el monopolio comercial en el archipiélago malayo, pero tras la matanza de la isla de Amboina, cedió a los holandeses el territorio posteriormente conocido por el nombre de las Indias Orientales de los Países Bajos (holandesas). Sin embargo, sus comerciantes siguieron atacando a sus competidores holandeses, franceses y portugueses. Entre 1650 y 1655 la Compañía absorbió a las empresas rivales que habían sido constituidas durante la República y el Protectorado de Oliver Cromwell. En 1657 éste ordenó que fuera reorganizada como la única sociedad anónima con derechos sobre el comercio indio. En el reinado de Carlos II, la Compañía adquirió derechos soberanos, manteniendo sus privilegios comerciales. En 1689, con la creación de los distritos administrativos (llamados presidencias) en las provincias indias de Bengala, Madrás y Bombay, inició su largo dominio en la India. Sedas, especias, algodón e índigo eran algunos de los tesoros que se importaban a Europa, aunque sufría el acoso de los comerciantes que no eran miembros de la Compañía y que no tenían permiso de la Corona para ejercer el comercio. En 1698, gracias a una decisión parlamentaria en favor del libre comercio, estos recién llegados pudieron constituir una nueva compañía, llamada la Compañía Nueva o Compañía Inglesa. Sin embargo, la Compañía de las Indias Orientales logró controlar esta nueva empresa, y en 1708 una ley del Parlamento fusionó las dos empresas bajo el nombre de Compañía Unida de Comerciantes de Inglaterra en las Indias Orientales. Los estatutos fueron modificados varias veces durante el siglo XVIII, siempre haciendo concesiones financieras a la Corona. Las victorias de Robert Clive, barón de Plassey, uno de los directivos de la Compañía, frente a los franceses en Arcot en 1751 y en Plassey en 1757 sobre el nabab (gobernador) de Bengala, convirtieron a la Compañía en el máximo poder en la India. Toda la competencia europea desapareció con la derrota de los franceses en Pondicherry en 1761. En 1773 el gobierno británico estableció el mando de un gobernador general en la India, disminuyendo así en gran medida el control administrativo de la Compañía; así, su gobernador en Bengala, Warren Hastings, se convirtió en el primer gobernador general de la India. En 1784 la Ley de la India creó un ministerio dentro del gobierno británico, que ostentaba el control político, militar y financiero sobre los asuntos indios de la Compañía, y durante el medio siglo siguiente el poder británico se extendió por casi todo el subcontinente. En 1813 se abolió el monopolio de la Compañía sobre el comercio indio, y en 1833 perdió su monopolio comercial en China. Sus dividendos anuales del 10,5% se convirtieron en una carga permanente para los ingresos indios. La Compañía continuó con sus funciones administrativas hasta la rebelión de los cipayos de 1857-1858. En 1858, mediante la Ley para el Mejor Gobierno de la India, la Corona asumió todas las responsabilidades gubernativas de la Compañía y su contingente militar de 24.000 hombres pasó a formar parte del Ejército británico. La Compañía fue disuelta el 1 de enero de 1874, cuando entró en vigor la Ley de Amortización de Reservas de las Indias Orientales.

    Compañía Holandesa de las Indias Orientales

    Constituida por los Estados Generales de los Países Bajos en 1602, mediante la fusión de ocho compañías menores, su monopolio se extendía desde el cabo de Buena Esperanza hasta el estrecho de Magallanes, con derechos soberanos sobre los territorios que adquiriera. En 1619 Jan Pieterszoon Coen —considerado el fundador del imperio colonial holandés en las Indias Orientales— fundó la ciudad de Batavia (hoy Yakarta, en Indonesia), donde el gobernador general, su secretario, y el Consejo de Indias, quedaron responsabilizados de la gestión de las Indias Orientales. Desde Batavia, la influencia y la actividad holandesa se expandieron por todo el archipiélago malayo, China, Japón, India, Persia y el cabo de Buena Esperanza. Durante el transcurso de la guerra entre España y los Países Bajos (1605-1665) la compañía holandesa despojó a Portugal (que estuvo unida dinásticamente a España desde 1580 hasta 1640) de todas sus posesiones en las Indias Orientales y reemplazó a los portugueses en casi toda Indonesia y en la península malaya, en Ceilán (ahora Sri Lanka), en la costa Malabar en la India y en Japón. Durante este periodo también expulsó a sus rivales ingleses del archipiélago malayo y de las islas Molucas. En 1652 la compañía fundó El Cabo, la primera colonia europea en Suráfrica, situada en el cabo de Buena Esperanza. En la cumbre de su poder, en 1669, la compañía holandesa disponía de 40 buques de guerra, 150 buques mercantes y 10.000 soldados. Entre 1602 y 1696 los dividendos anuales producidos por la compañía no bajaban del 12%, y a veces alcanzaban el 63%. Los estatutos de la compañía eran modificados cada 20 años a cambio de concesiones financieras al gobierno holandés. En el siglo XVIII los desórdenes internos (como la corrupción), el incremento del dominio británico y francés, y las consecuencias de una política severa con los nativos provocaron el declive de la compañía holandesa. A partir de 1724 no fue capaz de producir dividendos y sólo sobrevivió con los tributos impuestos a los nativos. No pudo resistir el ataque británico a sus posesiones en 1780, y en 1799 la Compañía entró en proceso de liquidación, haciéndose cargo el gobierno holandés de sus responsabilidades, deudas y posesiones.

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