Narcisismo

Mito. Narciso. Grecia. Amor. Eco. Flor. Emoción humana. Egocentrismo. Omnipotencia. Confianza. Autoestima. Delirio persecutorio. Psicología débil

  • Enviado por: Pioja
  • Idioma: castellano
  • País: Uruguay Uruguay
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IDEA DE MITO.

Creemos pertinente comenzar este análisis definiendo la idea de mito. Esta expresión deriva del griego “mythos”, lo cual significa fábula, relato o representación fabulosa.

En la antigüedad se entendía que el mito se refería a hazañas de dioses o héroes y estaba destinado a ofrecer una explicación de la realidad que pudiera satisfacer al hombre.

“ La conciencia mítica no se asombra de nada; justifica el presente, cualquiera que sea, remitiéndolo a un precedente ontológico; todo lo que es, ha sido, jamás puede producirse nada nuevo.

El nacimiento de la filosofía es el despertar de ese sueño del inmovilismo mítico. El estado de problema atestigua la inquietud de un individuo que se descubre, en su mundo, como una persona desplazada”.

Hoy por hoy se reconoce que ciertos mitos constituyen un relato que a pesar de no responder a normas científicas o racionales, no son, fabulosos. Estos constituirían una primera elaboración de experiencias reales.

En opinión de Ortega y Gasset, mito significa “creación”, construcción mental esencial o incluso puramente imaginativa. Es una función interna sin la cual la vida psíquica se paralizaría. Establece que el mito es la hormona psíquica.

El mito es una alegoría, o sea, una representación intelectual o imaginativa que tiene por objetivo concretar una enseñanza.

En otros casos, el mito es la transformación por idealización de un nombre, de un hombre, de una idea o sistema de ideas.

Concluyendo la idea de mito, nos parece interesante destacar que un mito intenta siempre explicar algo, ya sea la causa de un fenómeno natural o el origen de una institución o de una costumbre. Es, pues, un cuento explicativo (etiológico).

El mito da una respuesta provisional, sin duda, pero respuesta al fin, a las preguntas del hombre curioso por conocer la razón de las cosas. Se trata, pues, de un fenómeno puramente intelectual, en el cual el sentimiento no entra para nada. La mitología es como la ciencia, un producto del intelecto. Lo que la distingue de la ciencia es que da un peso infinitamente mayor a la imaginación y no el suficiente a la observación.

NARCISICISMO.

Comenzaremos realizando una breve descripción del mito de Narciso para luego poder abordar en profundidad un análisis del mismo.

En la mitología griega, Narciso era un hermoso joven, hijo del dios del río Cefiso y de la ninfa Liríope. A causa de su gran belleza, tanto doncellas como muchachos se enamoraban de Narciso, pero él rechazaba sus insinuaciones. Entre las jóvenes heridas por su amor estaba la ninfa Eco, quien había disgustado a Hera y ésta la había condenado a repetir las últimas palabras de lo que se le dijera. Eco fue, por tanto, incapaz de hablarle a Narciso de su amor, pero un día, cuando Narciso estaba caminando por el bosque, acabó apartándose de sus compañeros. Cuando él preguntaba “¿Hay alguien aquí?”, Eco contenta respondía “Aquí, aquí”. Incapaz de verla oculta entre los árboles, Narciso le gritó: “¡Ven!”. Después de responder: “Ven, ven”, Eco salió de entre los árboles con los brazos abiertos. Narciso cruelmente se negó a aceptar el amor de Eco; ella estaba tan apenada que se ocultó en una cueva y allí se consumió hasta que nada quedó de ella salvo su voz. Para castigar a Narciso, Némesis, la diosa de la venganza, hizo que se apasionara de su propia imagen reflejada en una fuente. En una contemplación absorta, incapaz de apartarse de su imagen, acabó arrojándose a las aguas. En el sitio donde su cuerpo había caído, creció una hermosa flor, que hizo honor al nombre y la memoria de Narciso.

El narciso es una flor de corona blanca o amarilla; su nombre deriva del verbo griego Narkao que significa narcotizar. Así fue llamado porque su esencia tiene el mismo olor de un narcótico, además de tener esa misma propiedad.

La insensibilidad caracteriza la exclusión de cualquier otra persona del propio mundo afectivo para poder amarse solamente a sí mismo. Por esta misma razón, el joven del mito que se enamora de su propia imagen reflejada en el agua fue, llamado como la flor.

Podemos apreciar que este es un mito en donde se refleja una emoción humana, que si bien es muy intensa, puede llevar a trastornos en la personalidad, que, en la mayoría de los casos, son de gravedad. Es decir, hay determinadas circunstancias en las cuales el ser se enferma. El sujeto enfermo se crea un mundo propio y, si bien todos tenemos nuestro mundo interno, el narcisista, en la creación de su propio mundo, está matando o sintiendo muerto el mundo de relación. Así, es un ser ahí que no está en relación con los otros. El ser ahí de alguien es diferente del ser ahí de cada uno de nosotros y está determinado por su existencia. Sin la existencia de cada uno de nosotros el mundo no existe. Al darse cuenta de esto el individuo puede pensar “Soy el universo”, hasta poder caer en el extremo de pensar “yo soy el mundo”, por lo tanto hago lo que quiero. En algún momento todos somos ese ser omnipotente.

Ser un poco narcisista no hace mal, apreciarse y quererse bien es una condición indispensable para sentirse suficientemente seguros y a gusto en la vida. Pero cuando este amor se torna excesivo se nos olvida que también existen otros y que éstos son quienes dan un sentido determinado a la relación, ya que somos seres en la medida en que nos relacionamos.

Para el narcisista, los demás no tienen una vida propia, están para recordarnos nuestra belleza. Los mismos son los espectadores delante de los cuales nos mostramos, somos grandes protagonistas sobre el escenario constituido por el mundo que nos rodea.

Todos necesitamos, de alguna manera, de un reconocimiento y somos fenómenos en tanto tenemos nuestra propia capacidad de ser reconocidos por los otros. Somos un fenómeno porque somos algo que ocupa un lugar en el espacio, somos indescriptibles, podemos reconocer otros fenómenos y podemos preguntarnos acerca de nosotros mismos. Somos un fenómeno en tanto somos un objeto y, además, especiales, debido a que podemos reconocer a los otros y, al mismo tiempo, preguntarnos acerca de nosotros mismos y del ser. Por lo tanto, somos seres ontológicos. Esta respuesta del origen , del nacimiento del alma humana está en la naturaleza y llegar a su conocimiento es muy complejo.

El narcisismo es un estado de ánimo distinto de aquel que caracteriza a las personas con excesiva confianza y estima en sí mismos, que se creen los mejores y el centro de atención. Para ellos los otros existen para escucharlos, exaltarlos o influenciarlos y guiarlos gracias a la personalidad que creen poseer.

Quien sufre de un gran amor para sí mismo no se preocupa por la opinión del prójimo ni por tener la certeza de que todos lo ven bellísimo como él se cree. No tiene necesidad de convencerlos pero sí de sorprenderlos. Por ejemplo, poniéndose ropa llamativa o adoptando determinadas actitudes.

Amarse solamente a uno mismo es una forma de no sentir la necesidad de conquistar a los otros (hombres y mujeres). Este síndrome involucra sobre todo lo afectivo, ya que cada emoción nace y se manifiesta en la prudencia de la propia persona debido a que todos somos diferentes. De la satisfacción por la propia belleza a la convicción de que todo aquello que se dice o se hace es extraordinario, hay un breve pasaje.

El aspecto exterior es el que siempre tiene mayor peso y por eso necesita de un cuidado particular para poder sentirse espectacular en cada momento, inclusive esto sucede también en la tercera edad.

En el triunfo del yo y la autocontemplación, el narcisista percibe al mundo exterior como una realidad autónoma a nivel intelectual, pero no emocional. En las relaciones con la sociedad esto provoca problemas de integración y así se convierte, de alguna manera, en un marginado.

Socialmente vive en un mundo creado por la imaginación, corriendo así un gran riesgo por su salud psíquica.

El autoenamoramiento puede transformarse en un delirio que implica la pérdida de realidad con los otros. Así, el narcisista sufre un delirio persecutorio y de esta forma paranoica revela su libertad. Cada uno está condenado a ser libre y por este simple hecho, de alguna forma, se manifiesta una negación de la libertad, ya que no tengo libertad de ser libre. Esta libertad puede estar limitada tanto por la muerte como por los otros. No ser conscientes de la muerte es lo que nos hace libres. La muerte nos obliga a elegir porque cada acto que realizamos implica la muerte de otras posibilidades. La conciencia de la muerte como sujetos no patológicos nos obliga a tomar elecciones libres. La única posibilidad de elegir no elegir o de decidir estar muerto en vida es eligiendo no elegir. Esto, en definitiva, es una elección. Por lo tanto, estamos condenados a ser libres, a elegir, como a la muerte desde el momento en que fuimos concebidos.

La limitación que el otro hace de nosotros está dada en la ambivalencia de esta relación que tenemos con el otro porque, si bien, necesitamos que el otro tenga una identidad, una continuidad, al mismo tiempo, ese otro limita nuestra posibilidad de optar. Lo único que no tiene identidad es lo muerto, lo que no tiene vida. Lo que puede ser permanentemente idéntico es lo que no tiene vida propia y se rige por las leyes de la física. Un objeto es idéntico a sí mismo porque no tiene la posibilidad de identificarse. Este puede ser modificado pero no puede modificarse a sí mismo. En cambio, nosotros estamos modificando permanentemente, es decir, estamos cambiando siempre y lo que necesitamos es identificarnos, ser parecidos con el otro, tener cosas en común con él. Por lo tanto, necesitamos hacer propio lo del otro. Para ello, tenemos códigos en común con el otro y códigos que vamos aprendiendo. Implícitamente aceptamos que el otro maneja este código con el mismo sentido que le damos nosotros. El sujeto que, por algún problema, no logra confiar en que su discurso sea común con el de los otros o al cual no se le logra transmitir un discurso que sea único, no puede entregarse afectivamente porque la respuesta que va a dar a los otros va a ser errónea.

Comunicarse con los otros puede ser cada vez más dificultoso y hasta llegar a ser imposible, dando lugar a una patología. El narcisista tiene una percepción equivocada del mundo que lo lleva a no poder relacionarse con él, ya que soy en tanto me relaciono y en tanto considero al otro sujeto y no objeto. Al no objetivizar al otro y al aceptarlo como un ser similar a mí le estoy dando subjetividad, recuperándome así como sujeto, ya que no puedo ser sujeto para un objeto. Entre el ser que necesita ser un ser y un ser que necesita ser en relación con el otro, existe una dialéctica.

Como la mayor parte de nuestros comportamientos, también el narcisismo tiene origen en los primeros años de vida y es, por lo general, la relación con la madre. Esto es, una madre que adora a su niño, lo considera el más lindo, el más inteligente y el más bueno.

Muchas veces, este desmedido amor por sí mismo es un refugio, un escudo detrás del cual esconderse si se siente incapaz de enfrentar la realidad. Según Freud, se trata de un mecanismo de defensa de conflictos desestabilizantes, de inseguridades profundas, del miedo a otros. De acuerdo con este autor, el narcisismo nos habla del encierro, del olvido de los otros y del mundo. Esto va acompañado de la autosuficiencia, es decir, “yo puedo solo”. El narcisismo es una fase del desarrollo libidinal muy importante que contribuye a que nos queramos, a que elevemos nuestra autoestima. La libido, según el psicoanálisis, es la energía de la pulsión sexual.

El hecho de saber que necesitamos de otros, nos duele y los odiamos y expulsamos porque nos demuestran que no podemos solos y que necesitamos de ellos.

La génesis del amor es a la propia persona, mientras que la génesis del odio es hacia los objetos externos. Amar y odiar como sentimientos son posibles cuando se genera un desarrollo yoico, ya que en los primeros momentos del desarrollo, éstos no existen. El amor es la carga libidinal puesta sobre cada uno de nosotros o sobre los otros.

Así, el narcisismo es una fase intermedia entre el autoerotismo y la elección del objeto externo, ya que aquel toma en cuenta todo su cuerpo y no sólo una parte como sucede en el autoerotismo.

El interés del niño es su propia persona, él es el centro. Se quiere primero a sí mismo. De esta manera, el niño pequeño quiere que se lo atienda enseguida. Esta realidad nos muestra que, ya desde esta etapa, el bebé es un narcisista cognitivo porque no sabe que necesita de otros concretos, como por ejemplo: la mamá y el papá. El niño, todo el tiempo, reclama a su madre cosas para sí. Todas las actividades de vínculo amoroso con la madre son para que le den satisfacción. Por lo tanto, todo esto es permanentemente una satisfacción para él.

El enamorado de sí mismo no excluye a los otros, sino que es más, los necesita porque es un exhibicionista que reclama a su público. Es decir, si falta el reconocimiento externo, el narciso pierde su seguridad, ya que es a través de la admiración de los otros que refuerza su propia imagen. Si ésta llega a faltar, algo se rompe en su equilibrio y se vuelve inseguro y psicológicamente frágil, tiene fácilmente comportamientos infantiles, inclusive agresivos.

Pero, aún amándose sólo a sí mismos, estos egocéntricos exhibicionistas parecen vivir historias pasionales, muestran que tienen sentimientos también para los otros. Así parecería, pero son sólo apariencia.

Concluyendo, creemos que es imposible hablar de un yo sin un tú. Este yo y este tú implica un nosotros. Nuestros proyectos dependen necesariamente de los otros con los cuales estamos en relación. Ponemos permanentemente nuestra vida en manos de .... Cuidar al otro es también una forma de cuidar al yo. Permanentemente necesito del otro, básicamente, de la relación con el otro.

Creemos menester destacar que un poco de narcisismo es necesario para sentirse seguro, pero si se pasa del límite, se puede convertir en un verdadero desorden de personalidad.

Como dijo Eduardo Galeano: “Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás...”.

Así, pensamos que lo que brilla con luz propia nadie lo puede apagar.

De esta manera, efectuando una apertura al final de nuestro trabajo nos preguntamos si lo que brilla, brilla por sí mismo o porque es iluminado y si es en sí mismo lo que muestra o es lo que muestra un reflejo de lo que es.

BIBLIOGRAFÍA.

  • “La idea de Mito”

  • “Yo me amo”, artículo de la revista “Salud Vital”.

  • “Narciso (mitología)”, Enciclopedia Microsoft Encarta 99.

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