Música clásica

Barroco. Neoclásico. Vivaldi. Henry Purcell. Clasicismo. Beethoven. Josef Haydn

  • Enviado por: Miguel Sanchez
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 16 páginas
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Música clásica

  • El Barroco ..........................................................Pagina 3

  • Antonio Vivaldi .....................................................Pagina 4

  • Obras ...................................................................Pagina 4

  • Biografía .............................................................Pagina 4 y Pagina 5

  • Henry Purcell......................................................Pagina 6

  • Obras....................................................................Pagina 6

  • Biografía..............................................................Pagina 6 y Pagina 7

  • El clasicismo.......................................................Pagina 7, 8 Y Pagina 9

  • Ludwig Van Beethoven.....................................Pagina 9

  • Obras...................................................................Pagina 9 y Pagina 10

  • Biografía.............................................................Paginas 11, 12, 13, 14

  • Josef Haydn......................................................Pagina 14

  • Obras..................................................................Pagina 14

  • Biografía............................................................Pagina 14, Pagina 15 y Pagina 16

  • El Barroco es el nombre con el que se conocen las manifestaciones artísticas del siglo XVII, éste supuso una ruptura de los ideales estéticos que había habido durante el siglo anterior (armonía, sencillez, ...). Esto llevó a concretarse en formas ornamentales, cargadas de sonoridad, luz y colorido, como salida a la necesidad de nuevas formas expresivas más acordes con la situación de crisis en que se vivía.

    Durante el barroco se podían distinguir dos corrientes literarias: el conceptismo y el culteranismo.

    El conceptismo se basa en la asociación ingeniosa de ideas en juegos de palabras que buscan resaltar el contraste, mientras que en el culteranismo se preocupa preferentemente por crear la belleza basándose en artificios con el lenguaje: se forman muchos neologismos provenientes del latín o del griego, el léxico está sobrecargado de cultismos, y se intenta imitar el ritmo de la sintaxis latina.

    Quevedo y Góngora fueron dos de los autores más importantes del barroco, uno representaba el conceptismo (Francisco de Quevedo y Villegas), mientras que el culteranismo lo representaba Luis de Góngora y Argote).

    Otros autores importantes de la época fueron Félix Lope de Vega, el teatro de Pedro Calderón de la Barca, Francisco Rojas Zorrilla...

    La obra poética de Lope debe situarse a la misma altura que la de Quevedo o Góngora. Lope de Vega es especialmente conocido por su aportación al teatro. Hasta la aparición de su obra, el teatro había sufrido una evolución que iba desde las representaciones religiosas al teatro populista escenificado en la calle con el único fin de entretener. Una de las obras más importantes de Lope es "Fuenteovejuna", que está basada en un hecho histórico sucedido en 1476.

    Durante el barroco tuvo lugar la creación de nuevos géneros musicales (ópera, oratorio, cantata, sonata, concierto).

    La poesía barroca, que es caracterizada por una proliferación de las metáforas y los otros dispositivos retóricos del Renacimiento, alcanzaron su culminación en el siglo XVII.

    La poesía del siglo XVII pude resumirse en tres grandes figuras de las letras castellanas: Lope, Góngora y Quevedo. Junto a ellos hay una gran cantidad de autores que compusieron su obra impulsados por una fiebre literaria.

    En el ámbito de la prosa barroca brilla también Quevedo, autor junto al que hay que situar a otros como Baltasar Gracián y Mateo Alemán.

    Durante ésta época apareció la comedia nacional, sus características principales eran: mezcla de elementos trágicos y cómicos, introducción en la comedia de cantos y bailes populares y la combinación de varias estrofas. La estructura de las comedias suele coincidir con el esquema clásico de exposición, nudo y desenlace. Cada uno de los actos está dividido en escenas que ocurren en lugares y tiempos diferentes. En estas obras los temas tratados eran el amor, los celos, la justicia o la religíon.

    Obras:
    4 Conciertos para violín, opus 8 "Las cuatro estaciones" (1723)
    Nº 1 Primavera:
    Nº 2 Verano
    Nº 3 Otoño:
    Nº 4 InviernoConcierto para laúd o guitarra, RV

    Concierto para mandolina, RV 425
    Concierto para flauta de pico, RV 444
    Concierto para dos mandolinas y orquesta, RV 532

    Concierto para dos trompetas, string y continuo, RV 537

    Gloria en re, RV 589 (1708) - Nulla in Mundo Pax Sincera, RV 630
    Juditha triumphans, RV 644 (oratorio-1716)

    Biografía:

    Vivio entre los años (1678-1741) Venecia, Italia
    Compositor y violinista italiano, el más influyente de su época. Nació el 4 de marzo de 1678 en Venecia, estudió con su padre, violinista en la catedral de San Marcos. Se ordenó sacerdote en 1703, lo llamaban il prete rosso (el cura pelirrojo), y comenzó a enseñar en el Ospedale della Pietá que era un conservatorio para niñas huérfanas. Trabajó allí como director musical hasta 1740, como profesor y componía conciertos y oratorios para los conciertos semanales a través de los que consiguió una fama internacional. A partir de 1713 Vivaldi también trabajó como compositor y empresario de óperas en Venecia y viajaba a Roma, Mantua y otras ciudades para supervisar las representaciones de sus óperas. Hacia 1740 entró al servicio de la corte del emperador Carlos VI en Viena. Falleció en esta ciudad el 28 de julio de 1741.

    Vivaldi escribió más de 500 conciertos y 70 sonatas, 45 óperas, música religiosa como el oratorio Juditha triumphans (1716), el Gloria en re (1708), misas y motetes. Sus sonatas instrumentales son más conservadoras que sus conciertos y su música religiosa a menudo refleja el estilo operístico de la época y la alternancia de orquesta y solistas que ayudó a introducir en los conciertos. Johann Sebastian Bach, contemporáneo suyo, aunque algo más joven, estudió la obra de Vivaldi en sus años de formación y de algunos de los conciertos para violín y sonatas de Vivaldi sólo existen las transcripciones (en su mayor parte para clavecín) de Bach.

    Los conciertos de Vivaldi se convirtieron en modelo de su género en toda Europa e influyeron en el estilo de sus contemporáneos, incluso en los de más edad. Más de 300 de sus conciertos están escritos para solista (220 para violín y otros para fagot, violonchelo, oboe y flauta). También escribió concerti grossi, 25 para dos violines y 32 para tres o más instrumentos y algunos son concerti de ripieno (para orquesta sin solistas). Vivaldi, virtuoso del violín que asombraba al auditorio por su técnica, estableció una de las características básicas del concierto de los siglos siguientes: su uso para lucimiento del virtuoso. Sus conciertos para violín también fueron decisivos en la evolución de la ejecución violinística en cuanto a su escritura de cuerdas cruzadas y al desarrollo de una nueva técnica para el manejo del arco. Vivaldi fue el primer compositor que utilizó de forma coherente el ritornello, que se llegó a imponer en los movimientos rápidos del concierto. El ritornello se repetía en diferentes tonalidades y era interpretado por toda la orquesta. Alternaba con episodios interpretados por el solista, a menudo de carácter virtuosista. Estableció la forma de tres movimientos para el concierto y fue uno de los primeros en introducir cadenzas para el solista. Sus conciertos para violín opus 8, Las cuatro estaciones, son uno de los primeros ejemplos de música programática que, como gran parte de su música, se caracteriza por ritmos vigorosos y fuertes contrastes.

    Obras:
    Fantasías para viola, Z 732-46 (1680) (1683)
    Dioclesian, Z 627 (obra dramática-1690)
    King Arthur, Z 628 (obra dramática-1691)
    The Fairy Queen, Z 629 (obra dramática-1692)
    The Indian Queen, Z 630 (obra dramática-1695)

    Music for Queen Mary (suite-1692/95
    Dido y Eneas, Z 626 (1689)


    Biografía:

    Vivio entre los años (1659-1695) Westminster, Inglaterra
    Uno de los compositores ingleses más destacados del periodo de la Restauración inglesa. En sus obras utiliza elementos barrocos franceses e italianos y formas musicales tradicionales inglesas. Nació en Westminster (actual Londres), procedente de una familia de músicos. Entró como cantante en la Capilla Real a la edad de 10 años y cuando su voz cambió pasó a trabajar con el conservador de los instrumentos reales. En 1677 ocupó el cargo de compositor de los violines del rey, y tres años después sucedió a John Blow en el puesto de organista de la Abadía de Westminster. En 1682 fue nombrado organista de la Capilla Real y en 1683 compositor ordinario del King's Musick, cargo de gran importancia bajo el reinado de Carlos II. Más tarde fue clavicembalista con el rey Jacobo II. Fue también profesor de música de miembros de la aristocracia, compuso odas y anthems ceremoniales para eventos reales, así como obras para el ámbito teatral, religioso y doméstico.

    Entre las primera obras de Purcell se encuentran las fantasías para viola (1680), que representan el final florido de la música isabelina. Muestran asimismo el dominio del joven compositor en la utilización de las técnicas contrapuntísticas de la polifonía antigua, así como la profundidad emocional y el control expresivo de la disonancia, típicas del estilo renacentista, características también patentes en los anthems de este periodo como Remember not, Lord, our offences (1682) y en su primera serie de salmos funerarios (c. 1683). En 1685 compuso música ceremonial, como el anthem de la coronación My Heart is Inditing, al tiempo que iniciaba su producción de música instrumental de cámara como las 12 sonatas a tres partes (1683) y las 10 sonatas a cuatro partes (1697), donde también se aprecia la influencia de la música italiana como las sonatas de Arcangelo Corelli. Aparte de la música para teatro, Purcell también compuso 80 canciones y duetos. Para crear tensión y un cierto sentido de inevitabilidad empleaba la chacona, forma musical en la que la melodía y la armonía varían sin cesar sostenidas por una línea de bajo repetitiva y que alcanza su máxima expresión en el lamento "When I am laid in earth" de su ópera Dido y Eneas (Londres, 1690).

    Tal vez las obras más famosas de Purcell sean las de teatro, al que comenzó a dedicar mayor atención a medida que la música religiosa iba decayendo. Su única ópera es Dido y Eneas, obra maestra basada en una tragedia de Nahum Tate y estrenada en 1689. Purcell compuso otras obras dramáticas, denominadas a veces semióperas, que son piezas de música instrumental y vocal escritas para acompañar obras como Dioclesian (1690) de Thomas Betterton, King Arthur (1691) de John Dryden, The Fairy Queen (1692) adaptación del Sueño de una noche de verano de Shakespeare, y The Indian Queen (1695, completada por su hermano Daniel) de Dryden y Robert Howard, que contiene algunas de sus partituras más famosas. La prematura muerte de Purcell tuvo un profundo efecto sobre la música inglesa.

    Si hubiera vivido más tiempo podría, por ejemplo, haber escrito una serie de óperas que habrían establecido una tradición inglesa de este género. Así, en cambio fue la ópera italiana la que dominó el Londres del siglo XVIII en la época de Händel. Puede decirse lo mismo de la música coral, ya que obras como "Soul of the World" de la Ode on St Cecilia's Day (1692) demuestra que Purcell estaba a la altura de Händel como autor de música solemne y grandiosa. Sin embargo, el redescubrimiento de la música de Purcell ha sido decisiva en el resurgir de la música inglesa del siglo XX, de forma que la influencia que a su muerte se desvaneció con rapidez, se ha impuesto más de 200 años después. Falleció el 21 de noviembre de 1695 en Londres y fue enterrado bajo el órgano de la abadía de Westminster.

    Esta consideración de "lo clásico" tuvo algunas matizaciones históricas. Así, por ejemplo, Charles Burney en su Historia general de la música, publicada en 1789, afirmaba que el periodo clásico corresponde al iniciado por los compositores napolitanos que sucedieron a Alessandro Scarlatti a partir de 1720: Leonardo Vinci y Leonardo Leo, lo que lleva a considerar como ciertamente plausible esa influencia italiana de la que se ha hablado más de una vez en el desarrollo de la música centroeuropea y, por tanto, en el resultado del desplazamiento del eje de su actividad de Berlín, Hamburgo, Leipzig, Dresde, París o Mannheim a Viena.

    Hoy día se entiende a considerar como preclásico, calificativo al que a veces acompaña el un poco engañoso de rococó, el periodo que abarca desde aproximadamente 1720 hasta 1765, y como plenamente clásico el que va de 1765 al final del siglo XVIII. No obstante, esta reducción temporal puede ser engañosa, pues se pueden hallar sin duda rastros del romanticismo en ciernes en Haydn y Mozart, al igual que se encuentran rasgos barrocos en Von Ditersdorf, quien, sin embargo, utilizaba un recurso tan romántico como el pretexto literario, de la misma manera que en Beethoven se hallan muestras que le emparientan aún, en plena eclosión romántica, si no con el espíritu clásico, sí con una escritura que anhelaba la claridad y el equilibrio. Sus dos primeras sinfonías, e incluso determinados pasajes de la Cuarta y hasta de la Octava, ejemplifican claramente estas afirmaciones. Es verdad que en Beethoven el romanticismo era más de carácter, mientras que el clasicismo predominaba en la estricta construcción de su música, cosa por otra parte que desmienten, por ejemplo, sus cuartetos de los periodos medio y final y obras como la Quinta, Séptima o Novena sinfonías. Los musicólogos que admiten esa teoría sitúan el comienzo estricto del romanticismo en un Franz Schubert que, sin embargo, pertenece, en sus primeras sinfonías, con bastante claridad a lo que se podría llamar el final del periodo clásico.

    El concepto de clasicismo remite sobre todo a ese equilibrio del que se acaba de hablar. Un equilibrio que tiene que ver también con la consolidación de las formas. Piénsese en que una sinfonía de un músico cercano a Mannheim como Jirí Antonín Benda suele durar unos diez minutos y la Sinfonía Praga, de Mozart, con todas las repeticiones contempladas en la partitura, alcanza los cuarenta y cinco. Este equilibrio buscado se desarrolla también a través de una exigencia formal que tiene que ver con la autonomía de las formas como autosuficientes y cada vez más cerradas en sí mismas. La suite, que era la base de muchas obras orquestales del barroco y del preclásico, cedió el paso, a través de los logros de Mannheim, a una sinfonía cada vez más ambiciosa. Ésta permitía, como sucedió en la primera de las escritas por Haydn, efectos instrumentales inéditos, que desarrollaba la forma sonata en la orquesta, como ocurrió en la propia sonata para piano -más en Mozart que en Haydn-, hasta otorgarle la posibilidad de constituirse en vehículo de una expresión cada vez más subjetiva y desembocar en la expresión romántica. La importancia de dicha subjetividad, que se puso de manifiesto, por ejemplo, en las dos únicas sinfonías en modo menor compuestas por Mozart, fue lo que influyó para que la música de Beethoven diera un paso más, el último, en el desarrollo de las formas consolidadas por el clasicismo. En Beethoven adquirió carta de naturaleza esa dialéctica entre lo apolíneo y lo dionisíaco que también se advierte en obras de Mozart tan significativas como su Sinfonía Júpiter. Tampoco se ha de olvidar lo que esa subjetividad significó como muestra de independencia en músicos como Haydn y Mozart, quienes en determinados momentos de su vida se libraron de la dependencia exclusiva de un patrono aristócrata o religioso para convertirse en músicos profesionales que dependían en buena medida del gusto del público que acudía a los conciertos, al a vez que intentaban imponer en ese público la expresión de su sinceridad como creadores de música que nacía también del corazón.

    Todo esto lleva a considerar el clasicismo como un periodo crucial en la historia de la música, de una importancia extraordinaria para su desarrollo como arte autónomo, en el que los sentimientos se expresaban con sus propias armas abstractas pero dotándolas de una extraordinaria capacidad de irradiación de lo subjetivo sin más intención que la afirmación de la voz individual del autor, como hasta entonces habían logrado, con pretexto "laboral" o sin él. No se debe olvidar tampoco que por algo para una gran masa de aficionados a la música, de no expertos, ésta comienza precisamente con las obras de Mozart, que fueron las primeras en abrirles el camino de la comunicación a través de una expresión comprensible con coordenadas que todavía se podrían calificar de modernas. Victoria, Bach o Monteverdi eran compositores, no se debe olvidar, a pesar de sus pautas de interpretación, "difíciles", que exigen una cierta preparación para que su audición no se convierta también en un camino de investigación paralelo abierto muchas veces sólo a esos aficionados que están dispuestos a "trabajarse" un placer que, indefectiblemente, llega, pero también sin duda a costa de un esfuerzo que no todos están dispuestos a hacer.

    Obras:
    Adelaide, opus 46 (canción-1795)
    Concierto para piano nº 1, opus 15 (1795
    Sonata para piano nº 8, opus 13 "Patética" (1799)
    Septiminio en mi mayor, opus 20 (1799)
    Cuarteto para cuerda nº 5, opus 18 (1800)
    Concierto para piano nº 3, opus 37 (1800)
    Sonata para violín y piano nº 5, opus 24 "Primavera" (1801)
    Sonata para piano nº 14, opus 27 "Claro de luna" (1801)
    Sonata para piano nº 17, opus 31 "Tempest" (1802)
    Sonata para piano nº 21, opus 53 "Waldstein" (1804)
    Triple concierto para violín, piano y violonchello, opus 56 (1804)
    Sonata para violín y piano nº 9, opus 47 "Kreutzer" (1805)
    Sonata para piano nº 23, opus 57 "Appassionata" (1805)
    Concierto para piano nº 4, opus 58 (1806)
    Concierto para violín y orquesta, opus 61 (1806) - (obertura-1807)
    (obertura-1807) (1808)
    Cuarteto para cuerda nº 9, opus 59 "Razumovski" (1808)
    Concierto para piano nº 5, opus 73 "Emperador" (1809)

    Trío para violín, piano y violonchello nº 7, opus 97 "El Archiduque" (1816)
    An die ferne Geliebte, opus 98 (colección de canciones-1816)
    Sonata para piano nº 28, opus 101 (1817)
    Sonata para violonchello y piano nº 5, opus 102 (1817)
    Sonata para piano nº 29, opus 106 "Hammerklavier" (1818) Misa Solemne en re mayor, opus 123 (1824)
    Cuarteto para cuerda nº 13, opus 130 y 133 con la Gran Fuga (1826)
    Sinfonía nº 1 (1800)
    Sinfonía nº 2 (1802)
    Sinfonía nº 3 "Heroica" (1803)
    Sinfonía nº 4 (1805)
    Sinfonía nº 5 (1808)

    Sinfonía nº 6 "Pastoral" (1808)

    Sinfonía nº 8 (1812)
    Sinfonía nº 9 "Coral" (1824)
    Fidelio (1814)
    Biografía:

    Vivio alrededor de los años (1770-1827) en Bonn, Alemania
    Compositor alemán, considerado uno de los más grandes de la cultura occidental. Nació en Bonn el 16 de diciembre de 1770. Se formó en un ambiente propicio para el desarrollo de sus facultades aunque excesivamente rígido. Sus primeros brotes de talento musical fueron dirigidos de forma tiránica por la disciplina de su padre, que era tenor en la capilla de la corte. En 1789 Beethoven comenzó a trabajar como músico de la corte para mantener a su familia. Sus primeras obras bajo la tutela del compositor alemán Christian Gottlob Neefe, especialmente la cantata fúnebre por la muerte del emperador José II, mostraban ya una gran inteligencia, y se pensó en la posibilidad de que se fuera a Viena para estudiar con Wolfgang Amadeus Mozart. Aunque la muerte de Mozart en 1791 hizo que estos planes no pudieran realizarse, Beethoven marchó a Viena en el año 1792 para estudiar con el compositor austriaco Josef Haydn. En Viena, Beethoven deslumbró a la aristocracia con sus improvisaciones pianísticas, a la vez que llegó a acuerdos bastante beneficiosos con los editores de música de la ciudad. Sus composiciones se encontraban a medio camino entre el audaz estilo del compositor alemán Carl Philipp Emanuel Bach y el exquisito refinamiento de Mozart. El creciente mercado de publicaciones musicales le permitió trabajar como compositor independiente, algo que Mozart intentó en la década anterior sin conseguirlo. En la primera década del siglo XIX Beethoven renunció al estilo local, de estructuras débiles, como el que aparece en el Septeto en mi bemol mayor opus 20 para cuerda y viento, y a partir del legado de Haydn y Mozart, creó un nuevo lenguaje. Aunque afirmaba "no haber aprendido nada de Haydn", e incluso llegó a buscar un maestro complementario como fue el compositor vienés Johann Georg Albrechtsberger, Beethoven asimiló en seguida el clasicismo vienés en todos los géneros instrumentales: sinfonía, concierto, cuarteto de cuerda y sonata. La mayoría de las obras que hoy se interpretan las compuso durante los años transcurridos entre la Sinfonía nº 3 en mi bemol mayor, opus 55 (Heroica, comenzada en 1803 y estrenada en 1805), y la Sinfonía nº 8 en fa mayor, opus 93 (1812), periodo denominado como su 'década heroica'. La fama de Beethoven alcanzó su punto culminante durante estos años pero la pérdida creciente de la capacidad auditiva que comenzó a notar en 1798, lo hizo aislarse de la sociedad.

    Comenzó entonces a cambiar de domicilio con frecuencia. Durante el periodo estival vivía en las afueras de Viena, sobre todo en Heiligenstadt y en invierno regresaba a la ciudad. En 1802 expresó el profundo sufrimiento que le causaba su progresiva sordera en el famoso Testamento de Heiligenstadt, un documento dirigido a sus dos hermanos y a la sociedad en general. Las excentricidades del músico aumentaron a partir del año 1805. Sus conciertos en público eran contados y en el año 1814 ofreció el último. A pesar de los rumores que circulaban entre las personas cercanas a él sobre sus repetidos enamoramientos, Beethoven siempre elegía a mujeres inaccesibles que pertenecían a la aristocracia, estaban casadas, o las dos cosas a la vez. En la carta dirigida a su 'amada inmortal' (que se supone nunca llegó a enviar y está fechada en el año 1812), expresa sus sentimientos hacia la única mujer que debió corresponderle. El misterio de la identidad de esta mujer se resolvió en 1977 gracias al musicólogo estadounidense Maynard Solomon. Se trataba de Antonie Brentano, esposa de un mercader de Frankfurt y madre de cuatro hijos. Su sentido ético y el miedo al matrimonio, hicieron que Beethoven huyera de esta relación, a pesar de los conflictos emocionales que le causó. En 1815, tras la muerte de su hermano mayor, Casper Carl, Beethoven empleó todas sus energías en un costoso pleito legal contra su cuñada por la custodia del hijo de nueve años de aquel, Karl. En un principio la madre obtuvo el favor del tribunal, pero la intervención en 1820 del archiduque Rodolfo, el protector más poderoso del músico, hizo que ganara el juicio. Beethoven no actuaba como un padre ideal y los roces y desavenencias surgidos entre ellos desembocaron en 1826 en un intento de suicidio por parte de Karl. En 1818 Beethoven, ya sordo por completo, tuvo que utilizar 'libros de conversación' en donde la gente escribía sus notas y observaciones para que el compositor los entendiera. Renegó de todo el mundo menos de un pequeño y cerrado círculo de amigos. Exceptuando los estrenos de la Sinfonía nº 9 en re menor, opus 125 y partes de la Missa solemnis en re mayor, opus 123 en 1824, su música siguió interesando únicamente a un reducido grupo de expertos. A pesar de todo, ya había alcanzado un gran prestigio y en su lecho de muerte recibió todo tipo de muestras de simpatía. Murió en Viena el 26 de marzo de 1827; miles de personas asistieron a su funeral.

    Las obras más importantes de Beethoven se pueden resumir en 9 sinfonías, 7 conciertos (5 para piano, uno para violín y un triple concierto para piano, violonchelo y violín), 16 cuartetos de cuerda, 32 sonatas para piano, 10 sonatas para violín y piano, 5 sonatas para violonchelo y piano, una ópera, Fidelio, 2 misas y la Misa Solemne, opus 123, varias oberturas y numerosas variaciones para piano. Tradicionalmente se le ha considerado como el puente hacia el romanticismo, y su producción musical está dividida en tres periodos según una conocida interpretación de Lenz. Actualmente los expertos lo consideran como el último representante de la escuela vienesa clásica, que en lugar de seguir la corriente romántica se dedicó a desarrollar la música que le habían legado Mozart y Haydn. Tras su llegada a Viena, Beethoven alternó las composiciones basadas en modelos clásicos, como su Cuarteto para cuerda en la mayor opus 18 nº 5 (1800, en el que tomó como patrón el Cuarteto de Mozart K. 464, cuarteto nº 18 en la mayor), con las inspiradas en estructuras italianas más imprecisas, como ocurre en la conocida canción Adelaide (1795). El nuevo estilo al que se refirió en 1802, marca su retorno a las estructuras vienesas clásicas. A pesar de la fuerza de sus composiciones en la década que transcurre entre 1802 y 1812, musicalmente representan el desarrollo de las formas empleadas por Mozart y Haydn. Esto se aprecia en obras de una envergadura sin precedente como la Sinfonía nº 3 en mi bemol mayor, opus 55 (Heroica) y el Concierto para piano en mi bemol mayor, opus 73 nº 5, (Emperador, 1809), o en composiciones de estructura compleja como la Sinfonía nº 5 en do menor, opus 67 (1808), y la Sonata para piano nº 23 en fa menor opus 57 (Appassionata, 1805). En estas obras demostró que con su estilo, basado en una temática del todo nueva y en armonías opuestas que utilizaban notas contrarias, podía crear música dotada de una fuerza y expresividad muy importantes.

    Las dificultades para terminar la Sinfonía nº 8 en fa mayor, opus 93 y las dudas sobre una posible relación con su 'amada inmortal' llevaron a Beethoven a un periodo de incertidumbre. La fascinante capacidad de producción de la década anterior entró en declive. Las obras posteriores a 1812, como la colección de canciones opus 98 An die ferne Geliebte, del año 1816, y las Sonata para piano en la mayor opus 101, de 1817, experimentaron nuevos matices y desarrollaron las estructuras musicales que el compositor utilizaba en la década de 1790. Este grupo de obras cíclicas y de final abierto respondía a la influencia de una nueva generación de compositores románticos (como, por ejemplo, los ciclos de Lieder del compositor alemán Robert Schumann). En 1818 Beethoven retomó las estructuras cerradas de su época heroica con la Sonata para piano en si bemol mayor opus 106 (Hammerklavier), obra de una extensión y dificultad sin precedentes que ha hecho estragos entre los intérpretes desde su época hasta nuestros días.

    Las composiciones del último periodo, en vez de formar grupos y colecciones, están marcadas por una individualidad que muchos compositores posteriores han intentado imitar sin conseguirlo. En la Sinfonía nº 9 en re menor, opus 125 y la Missa solemnis en re mayor, opus 129 plasmó un punto de vista idealizado de la humanidad, basado más en el movimiento ilustrado que en la doctrina católica romana, los resultados artísticos son aún más convincentes que las elevadas ideas que contiene su única ópera, Fidelio (1814). El estilo personal de sus últimos años originó los 5 cuartetos para cuerda compuestos entre 1824 y 1826, los dos últimos por iniciativa propia. En estas obras, Beethoven realiza una síntesis entre el estilo popular y el académico, entre lo festivo y lo sublime. En su época se consideraron demasiado avanzadas, incluso inaccesibles, pero con el paso del tiempo se han convertido en una pieza clave de la música universal. La costumbre de tomar apuntes sobre sus composiciones mientras trabajaba en ellas aumentó con el paso del tiempo. Los más de siete mil borradores que escribió en trozos de papel y pequeños cuadernos mientras viajaba, así como los libros de notas que confeccionaba en su casa forman parte de uno de los más importantes legados en la historia de la música occidental.

    Quizás la herencia más notable que Beethoven nos dejó fue un cambio en el papel del compositor en la sociedad; de ser un artesano que creaba a las órdenes de la Iglesia o de alguna autoridad aristocrática (hecho que Mozart y Haydn tuvieron que aceptar), pasó a ser un artista independiente desde el punto de vista económico gracias a la publicación de sus obras y a sus representaciones, con una motivación creadora íntima, concepto que fue el sello del romanticismo durante el siglo XIX. Desde este punto de vista, recogió la influencia de otros artistas de su época como Lord Byron y William Turner. La influencia de Beethoven tardó en imponerse. Para algunos compositores como Johannes Brahms, que no escribió ninguna sinfonía hasta los 43 años, su figura fue sobrecogedora. El compositor alemán Richard Wagner habló de la Sinfonía nº 9 en re menor, opus 125, en especial del movimiento coral con que termina, como la piedra angular de su visión del drama musical. Hubo que esperar hasta las últimas sinfonías románticas de compositores como Anton Bruckner y Gustav Mahler, ambos austriacos, para que el estilo heredado de Beethoven alcanzara su punto máximo de desarrollo. La música de Beethoven sigue en un lugar preferente dentro del repertorio mundial para orquesta y cámara

    Obras:
    Concierto para cello nº 1 (1765)

    Concierto para trompeta (1796)
    Cuarteto Emperador, opus 76 nº 3 (himno de Austria-1797)
    La creación (oratorio-1798)
    Las estaciones (oratorio-1801)
    Sinfonía nº 6 "Le Matin" (1764)
    Sinfonía nº 7 "Le Midi" (1764)
    Sinfonía nº 8 "Le Soir" (1764)
    Sinfonía nº 26 "Lamentatione" (1768)
    Sinfonía nº 45 "The Farewell" (1772)
    Sinfonía nº 88 (1787)

    Sinfonía nº 94 "Sorpresa" (1791)
    Sinfonía nº 100 "Militar" (1792)
    Sinfonía nº 101 "El Reloj" (1793)
    Sinfonía nº 103 "El redoble de tambor" (1794)
    Sinfonía nº 104 "Londres" (1795)

    Biografía:
    Compositor austriaco que vivio entre los años (1732-1809) en Rohrau an der Keitha, Austria, es una de las figuras más influyentes en el desarrollo de la música del clasicismo (c. 1750-1820). De origen humilde, nació el 31 de marzo de 1732 en Rohrau an der Keitha, cerca de Viena. Era el mayor de los dos músicos hijos de un fabricante de ruedas. Algunos suponen que era descendiente de croatas. Con ocho años entró en la escuela coral de la Catedral de San Esteban, en Viena, donde recibió su única formación académica. A los 17 años abandonó el coro y pasó varios años trabajando como músico independiente. Estudió los tratados de contrapunto y recibió algunas lecciones del prestigioso maestro de canto y compositor italiano Nicola Porpora. En 1755 trabajó para el barón Karl Josef von Fürnberg, época en que compuso sus primeros cuartetos para cuerda. En 1759 fue nombrado director musical del conde Fernando Maximilian von Morzin. El año 1760 contrajo matrimonio con Maria Anna Keller, unión que fracasó y de la que no hubo descendencia.

    La suerte de Haydn cambió en 1761, año en que fue nombrado director musical adjunto del príncipe Pál Antal Esterházy; en 1762 fue nombrado maestro de capilla. Trabajó para tres príncipes de la familia Esterházy. El segundo de ellos, el príncipe Miklós József Esterházy, fue un gran amante de la música. En Esterházy (Hungría), su lugar de veraneo, Miklós poseía una fundación musical importante, que fue dirigida por Haydn. Además de las sinfonías, óperas, operetas de títeres, misas, obras de cámara y música de danza que el príncipe le encargaba, también hizo que ensayara y dirigiera sus propias obras, así como las de otros compositores. Debía enseñar a los cantantes, mantener la colección de instrumentos y la librería musical, trabajar como organista, violista y violinista cuando fuera necesario y solventar las disputas de los músicos que estaban a su cargo. Aunque con frecuencia se quejó del peso de su trabajo y del aislamiento que sentía en Esterházy, su posición era envidiable para los músicos del siglo XVIII. Un aspecto importante de su contrato después de 1779 fue la libertad de vender su música a los editores y de aceptar comisiones por ello. Como resultado, durante la década de 1780 su obra empezó a conocerse más allá de los límites de Esterházy y su fama se extendió considerablemente. Tras la muerte del príncipe Miklós en 1790, su hijo, el príncipe Antal, redujo las ayudas para la fundación de Esterházy.

    Aunque Haydn mantuvo el puesto de maestro de capilla, no realizó más viajes fuera de Viena. El violinista y empresario británico Johann Peter Salomon lo contrató para sus conciertos en Londres. Los dos viajes que efectuó a la capital británica para asistir a estos conciertos (1791-1792 y 1794-1795), fueron las ocasiones perfectas para el éxito de sus últimas sinfonías. Conocidas como las Sinfonías Salomon o Sinfonías de Londres, incluyen algunas de sus obras más famosas: Sorpresa (nº 94), Militar (nº 100), El reloj (nº 101), El redoble de tambor (nº 103) y Londres (nº 104). Durante sus últimos años en Viena, Haydn comenzó a componer misas y grandes oratorios como La creación (1798) y Las estaciones (1801, basado en el poema del mismo nombre del escocés James Thomson). También de este periodo es El himno del emperador (1797), que más tarde se convirtió en el himno nacional de Austria. Tras conseguir fama y riqueza, murió en Viena el 31 de mayo de 1809.

    Haydn abarcó prácticamente todos los géneros: vocales, instrumentales, religiosos y seglares. Muchas de sus obras no se conocían fuera de Esterházy, especialmente los 125 tríos y demás piezas compuestas para viola barítono, instrumento híbrido de cuerda que el príncipe Miklós tocaba. La mayoría de sus 19 óperas y operetas de títeres las compuso según el gusto y las directrices del príncipe. Haydn admitió la superioridad de las óperas de su joven amigo Wolfgang Amadeus Mozart. No obstante, en otros géneros, sus obras tuvieron buena acogida y su influencia fue importante. Las 107 sinfonías (104 es el número tradicional; otras tres se han incluido posteriormente) y los 83 cuartetos para cuerda, que revolucionaron la música, son pruebas fehacientes de su original aproximación a nuevos materiales temáticos y formas musicales, así como de su maestría en la instrumentación. Sus 62 sonatas y 43 tríos para piano muestran un amplio abanico, desde aquellos compuestos para aficionados hasta los destinados a virtuosos del teclado, estos últimos pertenecientes a sus obras de madurez.

    La influencia que ejerció en el desarrollo de la sonata fue decisiva. Esta era la forma predominante del clasicismo, que utilizaron los compositores hasta el siglo XX para crear estructuras musicales cada vez más extensas. Haydn la utilizó de dos maneras diferentes: en primer lugar, desarrolló lo que hasta entonces había sido una simple exposición de temas en distintas tonalidades y creó una sofisticada interacción entre distintos grupos temáticos, cuyas diferentes tonalidades definían la extensa estructura de los movimientos; en segundo lugar, economizó el material temático de forma que sólo las tonalidades diferenciaban las distintas partes. Esta tendencia hacia la austeridad temática se puede apreciar en las últimas sinfonías de Jean Sibelius, ciento veinte años más tarde. La productividad de Haydn se vio reforzada por su inextinguible originalidad. La forma innovadora en que transformaba una simple melodía o motivo en complejos desarrollos fascinó a sus contemporáneos. Son característicos de su estilo los cambios repentinos de momentos dramáticos a efectos humorísticos así como su inclinación por las melodías de tipo folclórico. Un escritor de su época describió su música como “arte popular”, y, de hecho, su equilibrio entre la música directa y los experimentos innovadores transformó la expresión instrumental del siglo XVIII.


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    Música clásica

    Trabajo realizado por:

    Miguel Sánchez Alcácer

    3º C Nº 20