Música Árabe

Islam. Música culta. Canciones árabes. Época preislámica. Califas ortodoxos. Dinastía Omeya

  • Enviado por: Matt
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La corriente principal de influencia del Islam se halla en el territorio comprendido entre el el sur de la Península Ibérica pasando por la costa mediterránea de África hasta el Cercano Oriente, donde se divide en dos ramas, una hacia Irán ( llegando hasta Indonesia ) y otra hacia Europa Oriental. En los extremos, las tradiciones musicales están muy mezcladas y el elemento islámico muy difuminado. Pero entre Marruecos e Irán hay una unidad cultural muy característica que predomina sobre las existentes en esos territorios (cristiana, judía, árabe, turca y persa) que es el elemento árabe.

En esta cultura la expresión musical está basada en el talento individual. El músico suele ser compositor, intérprete y libre improvisador, centrándose la valoración del arte en los detalles más que en la estructura. La interpretación está organizada en torno a los maqamat, una serie de indicaciones sobre notas preferidas, pequeñas células rítmico-melódicas, conclusiones y otros convencionalismos, todo ello alrededor de un modo melódico concreto. Con estos elementos y un sentimiento general basado en una emoción y una filosofía concretas unidas a cada modo, el solista compone, interpreta e improvisa. Todo ello se dirige a conseguir el tarab, el punto donde se encuentran el sentimiento y el intelecto del arte de hacer música.

La música culta ha sido, hasta finales del siglo pasado, siempre cortesana. Se ha desarrollado gracias al mecenazgo de la aristocracia, que la ha utilizado como entretenimiento, como símbolo de grandeza e incluso como arma política. El punto de partida ha sido siempre la poesía, pues la cultura islámica tiene un gran amor a ésta. Prueba de ello es el Corán, obra maestra poética de la historia de la literatura árabe y fuente absoluta de la lengua árabe. La gigantesca expansión del imperio islámico la convierte tambien en catalizadora de muchas tradiciones musicales.

La transmisión ha sido mayoritariamente oral, ya que incluso hoy se utiliza la notación casi exclusivamente con fines pedagógicos, pues nunca se ha buscado una excesiva precisión. Un ejemplo de esto es el cuarto de tono, que a pesar de estar registrado en la notación árabe, su afinación varía dependiendo de la escuela o incluso del intérprete. De igual manera, un mismo modo tiene diferentes nombres y afinaciones según la ubicación geográfica de la escuela.

La música está muy presente en la vida de cualquier árabe. Existe en cualquier celebración y en el sentir popular es un vehículo para compartir sentimientos comunes. Cada pueblo islámico tiene su propia tradición musical de carácter colectivo, que siempre tiene en mayor o en menor medida una parte de lo que llamamos el elemento árabe.

La época preislámica.

Los primeros textos históricos que hacen referencia a este período datan de finales del siglo IX, 250 años después de la llegada del Islam. Al no haber documentos históricos, muchos de los relatos se sacaron de la tradición legendaria de la península arábiga y de los restos de tradiciones indígenas que los árabes preislámicos habían conservado. Así, encontramos la leyenda de Lamak, que hizo el primer laúd de la pierna de su hijo muerto. La primera canción salió de su lamento.

La sociedad preislámica consistía en tribus nómadas agrupadas en clanes que subsistían gracias al comercio .La música estaba muy relacionada con la vida diaria, acompañando tanto el viaje, como las celebraciones o la lucha .La expresión fundamental de las tribus beduinas era la canción de caravana o huda´, que se cantaba mientras se iba montado en el camello. Lejos de ser un mero pasatiempo, la huda´ servía para distraer al camello de las enormes cargas que se le hacían llevar, ya que según los árabes, los camellos son muy sensibles al canto humano. El nacimiento de esta forma de canto, según la tradición, se debe a un beduino que, al caer de su camello y gritar "ya yadi" (ay, mi mano), notó cómo ese sonido afectó a su camello.

La huda´ era un canto fuertemente rítmico y repetitivo, pues seguía el paso del animal. Tenía un matiz de queja, tal y como lo eran las palabras, pues la vida de los nómadas era harto insegura y fatigada. Las condiciones climáticas, tanto como las contínuas luchas por la posesión de las rutas, hacían de la existencia un hecho pasajero e incierto. De esta expresión musical derivarían las ghina´, las canciones que eran interpretadas por los primeros músicos de la sociedad islámica .En las ciudades de la península arábiga se desarrollaba la figura de los poetas-músicos. Se les atribuían poderes sobrenaturales y eran temidos y respetados. En los mercados árabes, y especialmente en la ciudad de ´Ukaz, había competiciones de este tipo de artistas. Nos queda constancia de dos tipos de poemas: sinad, de motivos épicos y métrica clásica y hazay, de carácter lírico y metro corto. También los había de lamentación, de sátira contra el enemigo, o para ensalzar el orgullo de una tribu .La música de estos personajes, más elaborada que las huda´ de los caravaneros, estaba muy relacionada con la de las qaynat, cantantes y bailarinas profesionales (también escanciadoras de vino y servidoras sexuales) que practicaban su arte en los campamentos caravaneros, en las casas de los ricos y en las tabernas de las ciudades. Éstas cantaban a los amores románticos y platónicos y a los valores de de generosidad y protección al débil, lo cual no casaba con una sociedad poligámica, en la que la borrachera y la prostitución imperaban.

Las qaynat acompañaban también a los guerreros en el campo de batalla, cantando (y acompañándose con panderos) los rajaz, poemas que les incitaban a luchar con más violencia. Si algún guerrero caía en la batalla, le cantaban elegías, que provenían de los cantos caravaneros para ahuyentar a los malos espíritus.

El contacto con las culturas bizantina y persa está constatado. Se sabe que en el siglo VII cinco qaynat bizantinas cantaron sus canciones en una corte real de Arabia. Asimismo, el reino árabe de Al -Hirah estuvo relacionado muy de cerca con la cultura persa durante el imperio Sasánida. Los Sasánidas estimaban mucho la música, tanto religiosa como laica, y la consideraban entre los cuatro poderes espirituales. Barbad, un músico cortesano al que se le atribuye la invención de los modos preislámicos, fue modelo de logro literario para el mundo árabe hasta el siglo X.

La música árabe preislámica tenía también un marcado carácter colectivo. En esta expresión su utilidad era muchas veces mágica, y siempre para reafirmar la unidad del clan. No necesitaba de un entrenamiento específico, sino que era una expresión popular que daba salida a las emociones. Fue de la evolución de los músico-poetas y de las qaynat de donde surgirían los primeros músicos profesionales, coincidiendo con el nacimiento del Islam.

El comienzo del Islam y los califas ortodoxos (632- 660)

No tenemos una visión clara de cuál era la postura de Mahoma hacia la música. Mientras que existe una prohibición clara hacia las representaciones de animales y personas, la postura hacia la música es siempre ambigua. Hay relatos en el Corán que nos relatan tanto la desaprobación como la aceptación del profeta, lo cual suele estar ligado a una circunstancia concreta. Pero éste es un tema que trataremos más ampliamente en el capítulo de la música religiosa. Lo que sí es cierto, es que él mismo fundó la llamada a la oración (adhan), eligiendo al abisinio Bilal, que se ha convertido en el patrón del gremio de esta profesión.

Doce años después de la muerte de Mahoma, los ejércitos islámicos comenzaron a formar el futuro imperio. Se conquistaron Siria, Iraq, Persia, Armenia, Egipto y Libia, y con esto empezó el contacto y la influencia mutua entre las culturas conquistadas y la conquistadora, hecho que se prolongaría durante toda la expansión del imperio islámico. De los territorios conquistados llegaron músicos en calidad de esclavos (mawali), que serían adoptados por la aristocracia reinante en ese momento y serían los músicos en activo junto a los nativos mukhannathin.

Los mukhannathin no estaban considerados del todo bien en la sociedad... Sus instrumentos musicales estaban prohibidos y eran perseguidos periódicamente por las autoridades religiosas. Paradójicamente, la mayoría de éstos músicos trabajaban al servicio de la nobleza Quraisí (al igual que los mawali), que se había convertido al Islam a la muerte de Mahoma. Se cree que eran los religiosos los que promulgaban la mala imagen de estos músicos, pues su arte bebía de la tradición preislámica.

Parece que las mujeres cantoras gozaban de una mejor posición que sus colegas masculinos, como la famosa Azza al Maila´, que se hizo muy popular por sus conciertos en Medina y ganó así la protección de Ibn Ja´far. Su casa fue uno de los salones donde se ofrecía mayor calidad poética y musical de la ciudad y se decía que cautivaba a las audiencias con su interpretación de las al-ghina y las ar-raqiq o "canciones dulces".

Es el mismo caso de Jamila, que se hizo conocida por su peregrinaje a la Meca, el cuál recordarían en sus cantos poetas posteriores. Intérpretes masculinos famosos fueron Sa´ib Khatir, hijo de un esclavo persa, y Tuways, un árabe que imitaba los cantos de los esclavos persas.

Gracias a la nobleza Quraisí, la música árabe pudo desarrollarse (o al menos mantenerse) en una época en la que la situación económica era algo precaria y la conducta moral de los artistas estaba bastante cuestionada por las autoridades religiosas. Esta situación se pudo mantener gracias a que la música y la poesía no estaban relacionadas directamente con el vino y los placeres de la carne, como sucedería en tiempos posteriores, sino que la declamación era apreciada como un arte aisladamente.

Como ya sucedía en el período preislámico, la música era un vehículo para embellecer la poesía, haciéndose hincapié en la influencia física que producía sobre el oyente en ciertos momentos. Se hablaba de su poder mágico y de los gestos violentos y los movimientos de cabeza y miembros que hacían algunas personas al escucharla. Esto nos enseña que durante este período la música era un arte todavía utilitario y no una forma expresiva independiente.

Los nobles competían entre ellos para ver quién hacía los conciertos más bellos. En sus casas y en los sofisticados salones literario-musicales, descubrían y recompensaban a los talentos, llegando a tomar a algunos músicos bajo su tutela, costumbre que se generalizaría en épocas posteriores. Así, apareció una nueva generación de músicos que se alimentó de la tradición ya existente y de los elementos que fueron introducidos por los mawali extranjeros. Se adoptó la afinación del laúd persa para el ´ud árabe y las melodías y ritmos fueron regulados por un sistema modal que sería codificado más tarde. La tradición musical islámica estaba tomando forma. A parte de las expresiones musicales relacionadas con eventos populares habituales en toda la historia del mundo árabo-islámico tales como las bodas, nacimientos, circuncisiones, festividades, el trabajo, la salida y llegada de los peregrinos de la Meca, e incluso en la curación de enfermos, existía una que se fue perdiendo con el tiempo, pero que en los albores del Islam era muy practicada: la nawh o canción funeraria. Este canto estaba igual de arraigado en la tradición beduína que la huda´ y se practicaba por todo el territorio árabe.

Muchos cantantes conocidos del momento estaban especializados en este arte, tales como Sa´ib Khatir, que enseñó a otros buenos artistas del momento, y que a su vez lo había aprendido de las plañideras. En un principio era realizada por mujeres exclusivamente, pero debió convertirse en un arte refinado, ya que Ibn Surayj dejó de cantar cuando su alumno Al Gharid le superó. Al igual que otras expresiones preislámicas, se mantuvo a lo largo de las siguientes épocas, pero fue disminuyendo, ya que fue muy perseguida por las autoridades religiosas.

La Dinastía Omeya (661 - 750)

El imperio islámico siguió extendiéndose, trasladándose la capital a Damasco. La riqueza de los califas creció, al igual que su gusto por la música. Ésta comenzó a convertirse en un entretenimiento, en una etiqueta de elegancia que era imprescindible en la corte. Los músicos empezaron a subir en la escala social, y dejaron de tener la categoría de esclavo o sirviente, para subir un pequeño peldaño y empezar a formar una clase aparte.

Los palacios se llenaron de cantores y cantoras que, gracias a la tradición que se había ido formando anteriormente, daban una calidad cada vez mayor a sus interpretaciones e improvisaciones, que eran bien remuneradas. Muchos de ellos eran árabes de nacimiento o de aculturación, pero las influencias que seguían llegando de los territorios conquistados se hacían notar. Estas influencias eran mayormente persas, tal y como estaba sucediendo en las costumbres de los califas.

El músico más importante de la época de los Omeyas y el más influyente fue Ibn Misjah. Nacido en la Meca de una familia persa, viajó a Siria y Persia, donde aprendió la teoría y la práctica bizantina y persa, añadiéndolas a la formación árabe que ya poseía. Se le recuerda en los escritos como un cantante, laudista y teórico de la música de su momento con gran autoridad, pues además de incorporar nuevos elementos a la música de la época, rechazó otros por no considerarlos adecuados a los criterios de la música islámica.

Otro músico famoso del momento fue Ibn Surayj (hijo de un esclavo persa), conocido por su forma de cantar elegías (nawh) y por enseñar ese arte a sus contemporáneos, así como por sus improvisaciones. Al-Gharid, un alumno suyo de ascendencia bereber y Ibn Muhriz, de familia persa, fueron tambien valorados en su momento. Es el mismo caso del negro Ma´bad, creador de un estilo personal que copiarían generaciones sucesivas y que fue acompañado en su carro mortuorio por el califa Al Walid IbnYazid y sus hijos.

El apoyo a la música y la apreciación de ésta como arte independiente a la poesía aumentaba, siendo los califas cada vez más apasionados en este aspecto. La posición social y económica del músico crecía, permitiendo una dedicación más profunda a la composición y al estudio de la interpretación. Se estaba creando, pues, el caldo de cultivo para la que sería la época de apogeo de la música clásica islámica