Mujeres en la Antigüedad y la Edad Media; Maria Jesús Fuente

Historia universal. Mujer en Grecia y Roma. Situación medieval femenina

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Las mujeres en la Antigüedad y la Edad Media.

INDICE

  • Tiempo de silencio

  • Antes del mundo clásico ¿Existió un matriarcado?

  • La mujeres en las sociedades del Creciente Fértil

  • Mesopotamia

  • Egipto

  • La mujer en Grecia

  • La visión de la mujer en el mundo griego

  • 3.1.1. Pandora

  • La educación

  • María, la griega

  • El matrimonio

  • El trabajo de la mujer

  • La mujer en la política

  • Diosas y sacerdotisas

  • La mujer en Roma

  • La visión de la mujer entre los romanos

  • La educación

  • El trabajo

  • El matrimonio

  • Las mujeres y el poder político

  • Las mujeres en la religión romana

  • La mujer en la Edad Media

  • La visión de la mujer en la Edad Media

  • La educación femenina

  • El matrimonio

  • La situación jurídica femenina

  • El trabajo de la madre en la Edad Media

  • El ejercicio del poder político

  • La mujer en el convento

  • Opinión personal

  • Bibliografía

  • TIEMPO DE SILENCIO

  • La mujer desde la antigüedad ha sido menospreciada y siempre se ha dicho que ellas deberían estar dentro de las casas y nunca en los lugares públicos, se las consideraba solamente como madres y ni siquiera como personas.

    A pesar de que los hombres siempre han negado su capacidad para dirigir la sociedad y las recluyeron en la casa, las mujeres han desempeñado un papal importante a lo largo de la historia y ,sin duda, a través del ámbito privado influyeron en el público.

    Su participación en el mundo de la cultura no fue menos valiosa, pues desde la religión, la filosofía, la literatura o las ciencias, algunas dejaron oír su voz, aunque los hombres les impusieran el silencio.

    2. ANTES DEL MUNDO CLÁSICO ¿EXISTIÓ UN MATRIARCADO?

    Algunos historiadores se han basado en las sociedades primitivas en las que se adoraba a la madre-tierra como a la gran madre original para suponer que, por imitación de esto, a las mujeres se les habría tenido mayor consideración que a los hombres. Y gracias al hallazgo de numerosas figurillas neolíticas dedicadas a diosas y a la extensión del culto a Isis los historiadores pudieron confirmar esta teoría. Para afianzar dicha teoría, se señalaba la existencia de sociedades en las que la transmisión de derechos se hace a través de la madre. Pero sin embargo, algunos estudios recientes ponen en duda la teoría ya que no se ha podido atestiguar la existencia de ninguna sociedad matriarcal.

  • LA MUJER EN LAS SOCIEDADES DEL CRECIENTE FÉRTIL

  • Pocas noticias han llegado acerca del papel de la mujer en sociedades de la antigua Mesopotamia. Se sabe que en algunos lugares del Creciente Fértil las mujeres participaban en las reuniones políticas pero no podemos saber con exactitud el papel que desempeñaban en aquellas reuniones políticas.

    En las más antiguas recopilaciones de leyes, se reconocen a las mujeres derechos que en épocas posteriores, e incluso recientes a nosotros, habían perdido. También podían arrendar, testificar, pedir préstamos o representar jurídicamente a otras personas.

    En Egipto, las mujeres tenían mayor libertad de movimiento, pues <<andaban libremente por la calle>> como cuenta Heródoto con cierto escándalo. Sabemos que algunas trabajaban en la industria textil y en la elaboración de alimentos.

    No faltaban mujeres que llegaron a alcanzar un alto grado de poder, por ejemplo, una hija del faraón era consagrada como esposa del dios y ejercía el poder en Tebas. Las mujeres podían alcanzar la máxima jerarquía. Las esposas de los faraones eran transmisoras de los derechos de soberanía y podían ejercer la regencia hasta que sus hijos alcanzaran la edad suficiente para reinar.

    2.1.1. MESOPOTAMIA

    En la sociedad de Mesopotamia, las mujeres no estaban sometidas a sus parientes y el consentimiento de la madre eran tan necesario como el del padre para poder contraer matrimonio. Ejercían todo tipo de oficios y participaban en la vida pública. Algunas alcanzaron cierto status como regentes del reino. Sabemos que al menos una mujer ejerció como embajadora del rey de Summer ante el faraón egipcio.

    2.1.2. EGIPTO

    En Egipto, las mujeres gozaban de cierta libertad. La educación de las mujeres estaba equiparada a la del varón. Esta consideración que tenían hacia la mujer permitió reconocer derechos de herencia matrilineales a los varones y conservar sus bienes después del matrimonio.

  • LA MUJER EN GRECIA

  • La falta de tierra para cultivar llevó a los griegos a establecer colonias a lo largo del Mediterráneo. A partir de ese momento se creó una nueva clase social y que exigía participar en la vida política.

    El régimen aristocrático se mantuvo en ciudades-estado como Esparta, pero en otras, como Atenas se estableció un gobierno democrático. Este sistema político separaba el poder judicial, el legislativo y el ejecutivo; la Ecclesia, en la que podían asistir todos los ciudadanos, discutía y aprobaba las leyes que habían sido propuestas por la Boulé (Consejo de los quinientos miembros). Pero ciudadano era sólo el varón nacido libre que descendía de ciudadanos, los extranjeros y los esclavos estaban excluidos de esta organización.

    3.1. LA VISIÓN DE LA MUJER EN EL MUNDO GRIEGO

    La opinión que los antiguos griegos tenían de las mujeres se halla resumida en el relato que de su creación hace Hesíodo. Según este poeta, la primera mujer, Pandora, fue creada por Zeus como castigo a los hombres. De la caja de Pandora salían los dolores y las calamidades. Aristóteles, afirmaba que las mujeres son <<por naturaleza más débiles y más frías>> que los hombres. Se consideraba de cuerpo frío aquél que no había acabado de hacerse; la debilidad térmica de las mujeres se manifestaba en que envejecían antes que los hombres, tenían la carne más blanda y el cerebro menos voluminoso.

    Para Aristóteles, la mujer, en cuánto a madre, no era más que el soporte alimenticio y físico donde se encuentra el hombre antes de nacer.

    Además, apoyándose en la medicina hipocrática, Aristóteles afirmaba también que, en comparación con el hombre, la mujer era menos musculosa y tenía las articulaciones menos pronunciadas, en definitiva, su cuerpo, era menos bello que el del varón. En consecuencia, el cuerpo femenino no merecía ser representado en el arte. Pero, en Esparta, una mujer representada en una escultura desnuda significaba para el filósofo la encarnación de la decadencia, cuyo origen había que buscarlo en la libertad de que gozaban allí las mujeres.

    De esta visión del cuerpo femenino se pasó a considerar a la mujer como una eterna menor de edad, y a justificar así su exclusión de la vida pública.

    3.1.1. PANDORA

    En la mitología griega, Pandora fue la primera mujer que creó Zeus. Modelada por los demás dioses, Afrodita le dio su belleza, las Gracias la vistieron de joyas, y Hermes le otorgó la maldad y la falta de inteligencia. Mujer curiosa y desobediente, abrió la cada que su esposo le había regalado con la condición de que no la abriera. En la caja estaban encerrados los malos que Prometeo había conseguido atrapar para salvaguardar de ellos a los hombres. Con su actitud, Pandora dejó a la humanidad a merced de ellos.

    3.2. LA EDUCACIÓN

    La formación que recibían las mujeres se fundamentaba en la opinión que de ellas tenían los griegos y se orientaba hacia su futuro, es decir, conseguir ser una buena esposa.

    Las niñas aprendían a hilar y a tejer, así como algo de música y danza. Las hijas de los ciudadanos sólo aprendían a tocar la lira. Por lo general, las mujeres no continuaban su formación una vez que habían contraído matrimonio.

    En Esparta, donde las mujeres gozaban de mayor libertad ellas mismas organizaban sus actividades, y podían dedicarse al estudio de la música y a practicar ejercicios gimnásticos: participaban incluso en los desfiles de atletas, aunque no competían con ellos.

    En la Grecia asiática y en las islas, las mujeres se preocuparon más de su formación intelectual.

    En el ámbito de las ciencias también destacaron algunas mujeres, como Agnocide, médica ateniense que condenada a muerte por ejercer la medicina siendo mujer, se salvó, según la leyenda, por la solidaridad de las atenienses que amenazaron con quitarse la vida si se ejecutaba la sentencia.

    A pesar de los ejemplos anteriores, fueron pocas las mujeres que recibieron una educación que se extendiera más allá de prepararlas para desempeñar la función primordial de su vida: el matrimonio.

    3.2.1. MARÍA, LA GRIEGA

    También existieron mujeres que superaron las líneas de la educación. Son mujeres que ejercieron la medicina, que destacaron como matemáticas, o como Maria de Alejandría, cuyos trabajos e inventos en la química se siguen empleando en nuestros días. Su célebre <<baño María>> utilizado en la cocina, tiene origen en los laboratorios químicos con el fin de calentar una sustancia.

    3.3. EL MATRIMONIO

    En la época clásica el matrimonio era un contrato entre el padre y el esposo, que venía a significar un traspaso del derecho de tutela sobra la mujer. El acto por el que se formalizaba el contrato era la entrega de la dote. La dota era la aportación económica, en dinero o en tierra, que debía ser entregada por el padre al contraer matrimonio una hija.

    El esposo tenía la obligación de invertirla para que generara rentas que aseguraran el aumento del patrimonio de la mujer. En caso de divorcio o de viudedad, la dote era devuelta a la esposa, que volvía a contraer matrimonio contando con su dote.

    De la importancia del matrimonio y de la dote nos da idea el que la ciudad de Atenas dispusiera de una cantidad de dinero que se utilizaba para pagar las dotes de las hijas de los ciudadanos que eran considerados ciudadanos de mérito.

    El matrimonio se realizaba entre miembros de una misma familia, y esta muy mal visto si el padre de la novia le daba permiso para casarse con un extraño para ellos. La edad media para contraer matrimonio era de 14 años para las mujeres y de 30 para los hombres. Esta diferencia de edad se debía a que el marido debía tener la edad suficiente para ejercer los derechos de ciudadanía.

    El divorcio era fácil de obtener. Lo podía solicitar el marido o el padre de la esposa, a instancias de ellas o por su propio interés.

    Cuando una mujer era adultera, o había sido violada, el marido debía solicitar el divorcio.

    3.4. EL TRABAJO DE LA MUJER

    El modelo de sociedad que tenían hacia las mujeres los griegos dejaba a la mujer en el espacio doméstico, por eso las mujeres sólo podían realizar aquellos trabajos que se desarrollaban dentro de este ámbito o que tenían relación con el mantenimiento del hogar. Tener la piel blanca significaba que, por la buena situación económica, no se necesitaba trabajar al sol.

    En Atenas, las ciudadanas se dedicaban a dirigir el trabajo de las sirvientas y de algunos sirvientes.

    En Esparta, las tareas domésticas quedaban para las mujeres de las clases de menor poder económico.

    Un buen número de mujeres se dedicaron a la prostitución. Las prostitutas no estaban sometidas a las mismas normas que las ciudadanas y esto les daba mayor independencia y libertad de acción. Las mujeres que ejercían la prostitución eran en su mayor parte extranjeras; debían estar registradas y pagar un impuesto a la ciudad por su actividad.

    Un grupo especial de mujeres era el constituido por las hetairas o cortesanas, que recibían una formación intelectual y artística para agradar a los hombres en los banquetes. Algunas tuvieron una notable influencia en la sociedad de la época.

    3.5. LA MUJER EN LA POLÍTICA

    La sociedad griega antigua estableció la división entre lo público y lo privado, determinado para cada individuo un espacio de actuación. El espacio público, la política, era dominio del hombre, y el espacio privado, el oikos, el hogar, era dominio de la mujer.

    Los ciudadanos tenían derechos políticos, pero esto no era así para las ciudadanas, que no podían votar no formar parte de las asambleas. Los ciudadanos griegos encontraban muy divertidas las comedias, como La asamblea de las mujeres, de Aristófanes, en las que se representaba una situación tan absurda, para ellos, como la de que las mujeres atenienses estuviesen participando en la vida pública.

    Como la mujer era considerada una menos de edad toda su vida, necesitaba un tutor varón. En el caso de las viudas que no tuvieran parientes que pudieran representarlas, un arconte las tomaba a su cargo.

    Las mujeres sólo intervenían en la vida pública de forma indirecta, a través del matrimonio.

    En la casa, las mujeres ocupaban un espacio reservado, el gineceo, situado habitualmente en la zona más apartada de la vivienda , pues no debían ser vistas más que pos sus familiares más directos.

    Las mujeres, al menos las que querían ser consideradas como ciudadanas honradas, no participaban en actividades donde hubiera hombres. Sólo se reclamaba su presencia para las actos relaciones con las muerte.

    Las mujeres extranjeras que se instalaban en Atenas tenían mayor libertad de acción y podían disponer libremente de sus bienes.

    3.6. DIOSAS Y SACERDOTISAS

    Las diosas formaba parte del Olimpo griego de la misma manera que los dioses.

    En la versión de Hesíodo sobre la creación del mundo, Gea fue la primera diosa, la gran diosa madre, la que dio origen a todas las cosas.

    Los mitos relacionados con ellas nos llevan a pensar que no constituían modelos a imitar por las mujeres griegas.

    En los cultos y celebraciones en honor a los dioses, la participación de la mujer griega era limitada. Los hombres protagonizaban las fiestas y ritos, aunque había también fiestas exclusivamente femeninas, como las Tesmoforias, o como las que se celebraban en honor del dios Adonis.

  • LA MUJER EN ROMA

  • Nacida de una federación de pequeñas aldeas, Roma llegó a ser el centro de un gran imperio.

    Roma mantuvo siempre la división social entre patricios, clase aristocrática que basaba su riqueza en la posesión de la tierra y que poseía los máximos privilegios, y plebeyos, hombres libres también, pero de menor riqueza en origen, que estuvieron apartados de la participación política durante la Monarquía y buena parte de la República. Existía, un numeroso grupo de esclavos y de libertos.

    A lo largo de su historia, los romanos conservaron un sistema institucional que permitía la participación de los ciudadanos en decisiones políticas.

    La economía romana se basaba en la explotación de los latifundios agrícolas trabajados por esclavos. También la minería, la actividad de pequeñas industrias y el tráfico comercial entre las regiones del Imperio contribuyeron a la riqueza de Roma.

    4.1. LA VISIÓN DE LA MUJER ENTRE LOS ROMANOS

    La mujer romana tenía mayor libertad que la griega, al menos en algunos aspectos de su vida.

    Sobre la opinión del valor de las mujeres entre los romanos nos puede ilustrar el impuesto de capitación de Diocleciano para quien dos mujeres equivalían a un hombre.

    La mujer no tenía nombres propio, se la llamaba por el nombre del padre en femenino. Cuando en la familia había variar hijas, se añadía un ordinal al nombre, o se les apodaba <<la mayor>> o <<la menor>>, en caso de ser sólo dos hermanas.

    Según la ley, un ciudadano romano no tenía la obligación de criar más de una hija, la primogénita. Un <<pater familias>> solía reconocer sólo a una de sus hijas, pues, aunque la crianza no fuera necesariamente muy costosa, el ciudadano debía reservar una parte importante de su fortuna para dotar el matrimonio de la hija.

    La costumbre de abandonar a los niños al nacer, y no ser reconocidos por la familia, era frecuente, sobre todo, entre los patricios y afectaba más a las niñas. Las niñas abandonadas pasaban a ser esclavas; y, por lo general, eran recogidas por los dueños de los burdeles, que las adiestraban para ejercer como criadas y como prostitutas cuando alcanzaban la edad adulta.

    4.2. LA EDUCACIÓN

    La formación de una mujer romana de clase alta consistía en su preparación para ser madre. Los médicos aconsejaban el juego de pelota y el canto en los coros como ejercicios que preparaban su cuerpo para la maternidad y estimulaba la fertilidad. Las mujeres debían aprender a hilar, tejer y bordar. Entre los 7 y los 12 años de edad recibían la misma formación que los niños; las hijas de los plebeyos asistían a la escuela del Foro, donde aprendían a contar, leer y recitar versos; las de las clases altas tenían preceptores privados. No había, en principio, impedimento para que pudieran continuar su formación a partir de los 12 años, pero al contraer matrimonio era frecuente que acabara entonces su educación. Sólo las mujeres que se preparaban para cortesanas continuaban su aprendizaje.

    4.3. EL TRABAJO

    La mujer romana realizaba los mismos trabajos que los hombres.

    La matrona tenía como única responsabilidad la dirección de la casa, pero si, además hilaba o tejía se la consideraba un ejemplo de virtud; aunque no estaba entre sus obligaciones, era costumbre que supervisara la educación de los hijos.

    Al participar en el trabajo fuera del hogar, la mujer romana no estaba recluida en el gineceo. Podían ir siempre acompañando a su marido, salir a la calle libremente sin que estuviera mal visto pero debía ir siempre acompañada de una esclava o de otra mujer. Si una mujer salía sola a la calle era considerado como un atentado contra el decorum. También debían llevar la cabeza cubierta por un velo o un manto. No llevarlo podía ser causa del divorcio. De hecho, a las mujeres se las distinguía por la forma de vestir: las matronas debían llevar un manto que les estaba prohibido usar a las prostitutas.

    4.4. EL MATRIMONIO

    El matrimonio era, incluso por encima de la maternidad, la principal misión de la mujer romana en la vida. Era el medio que las clases altas empleaban para establecer alianzas políticas o económicamente entre familias, una mujer podía realizar tantos matrimonios como fueran convenientes para el interés familiar.

    Sin embargo, con el tiempo, se fue imponiendo el modelo de mujer <<univira>>, es decir, con un solo marido, pues estaba mejor considerada que la que tenía varios esposos.

    El matrimonio romano podía ser de dos tipos: in manus, en el que la potestad de la mujer pasaba del padre, y sine manus, en el que el padre conservaba el poder sobre la hija; por lo tanto, no necesariamente una mujer casada dependía de su marido.

    Para que el matrimonio fuera legítimo era necesario que la esposa aportara una dote. El no pagar la dote podía llevar a disolver el matrimonio.

    El matrimonio solía ser entre individuos de la misma clase social, pero también podía casarse entre distintas clases sociales. Estos matrimonios entre individuos de otras clases estuvieron prohibidos para los ciudadanos del orden senatorial. Resultaba extraño el matrimonio entre una persona libre y una esclava, pues el esclavo y sus hijos siempre pertenecían al dueño. El matrimonio entre esclavos no existía legalmente.

    La edad de matrimonio era de 12 años para las mujeres y de 14 para los varones. Esta edad quedó establecida por las leyes de Augusto, quien declaró la obligatoriedad del matrimonio e impuso penas para quienes no se casaran y no tuvieran un hijo.

    El adulterio sólo era delito para la mujer. El marido de una mujer adultera estaba obligado a divorciarse. La mujer también podía solicitar el divorcio por el adulterio del marido, pero no estaba obligada a ello.

    El divorcio era fácil de obtener, bastaba con tras días seguidos de interrupción de la convivencia entre esposos. Podía ser solicitado por el padre de la esposa, sin el consentimiento de ella, y, a veces en contra de la voluntad de los esposos. Los hijos de un matrimonio divorciado vivían siempre con el padre, si éste fallecía podían pasar a vivir con la madre o permanecer en la familia del padre. En caso de viudedad, la mujer podía elegir un tutor.

    La maternidad era considerada un deber de todas las mujeres hacia la comunidad. Las mujeres romanas tenían miedo al embarazo y al parto. La corta esperanza de vida se debía en buena medida a los riesgos de la maternidad. La anticoncepción y, sobre todo, el aborto eran utilizados por las mujeres romanas, si bien con métodos no demasiados efectivos.

    4.5. LAS MUJERES Y EL PODER POLÍTICO

    Las mujeres romanas estaban excluidas de la vida pública: no podía votar en los Comicios, ni ser magistradas o senadoras, no podían ser procuradoras, ni fiadoras de otro, ni garantizar las deudas ajenas, se las excluía de la adopción, práctica habitual entre los romanos para configurar su familia, ya que una ciudadana romana no podía ejercer dichos derechos, porque solo era considerada hija de un ciudadano romano. Tampoco tenían derecho a la limosna, ni al reparto del trigo, y los niños eran mantenidos hasta las 17 ó 18 años, mientras que las niñas sólo hasta los 14.

    Las mujeres no pudieron hacer testamento libremente hasta el siglo III d. C.

    Aunque legalmente estaban excluidas de esta vida pública, la realidad es que sí participaron en ella. La manera que tuvieron de intervenir era a través de la influencia que ejercían en sus esposos o en sus hijos.

    Conocemos también ocasiones en que las mujeres intervinieron directamente en defensa de sus interés. Por ejemplo, exigieron la abolición de la Ley Oppia, la cual prohibía a las mujeres llevar vestidos de púrpura, o pasear en carruajes, para obligarlas a mantener una apariencia de luto por los hombres muertos en la guerra contra Aníbal, y que limitaba la cantidad de oro que podían poseer las mujeres. Asimismo, cuando las riquezas que por herencia poseían las mujeres solteras o viudas, fueron requisadas a favor del Estado ellas protestaron en las calles de la ciudad y ante las entradas al Foro. También se manifestaron contra la Ley Bocona, que restringía la riqueza que podían heredar. Las mujeres se reunían en asambleas, con el beneplácito de los hombres, que siempre consideraban que estas reuniones tenían carácter religioso. En el 331 a. C., ciento dieciséis mujeres fueron condenadas por reunirse para confeccionar hechizos o venenos, por lo que resulta evidente el motivo de estas asambleas.

  • LAS MUJERES EN LA RELIGIÓN ROMANA

  • La religión es el ámbito público en el que más participación tuvieron las mujeres. Excluidas de algunos cultos, así como de todos los ritos en los que hubiera molienda o sacrificios de animales, en otros, esenciales en la vida de los romanos, la participación de la mujer fue imprescindible.

    5. LA MUJER EN LA EDAD MEDIA

    El paso de la Antigüedad Media y el transcurso de ésta no significó una mejora para la condición femenina. El Medievo representan un retroceso para la mujer para lo que concierne a su consideración, su poder o su participación en la esfera pública.

    Se considera Edad Media el período de tiempo que se extiende desde la caída de la capital del Imperio Romano de Occidente, hasta la caída de la capital del Imperio Romano de Oriente. Para facilitar su estudio se divide en Alta, Plena y Baja Edad Media. En esos mil años se produjo una evolución considerable se podría definir todo el período como la época de desarrollo de la economía u de la sociedad feudales.

    Durante toda la Edad Media el hombre vivió fundamentalmente del trabajo de la tierra, con una célula de organización básica: el latifundio o feudo.

    La artesanía y comercio fueron poco importantes durante la Alta Edad Media. La evolución posterior se puede definir por un incremento de la artesanía y del comercio en el peso económico general. Se produjeron cambios tecnológicos que permitieron mejorar el nivel de vida general, provocaron el aumento demográfico por el incremento de la productividad agrícola y fomentaron la artesanía al servicio de la agricultura.

    La jerarquización es una de las características de esta sociedad, podríamos decir que se dividían en, primer lugar el rey, seguido por los nobles, poderosos terratenienses. Esta sociedad se definía por los derechos y funciones de sus miembros. Los tres grupos o estamentos eran los nobles (que luchaban), los clérigos (que rezaban) y el pueblo (que trabajaba).

    Pero para una sociedad como la de la Edad Media eran normales aspectos que pueden parecernos a nosotros injustos, retrógrados o machistas.

    También, debemos remarcar la dificultad con la de generalizar acerca de la mujer en aquella época, por algunas razones: en primer lugar, porque su situación económica variaba, y en segundo lugar, porque también era diferente su posición según las áreas y la época en que nos situemos.

    5.1. LA VISIÓN DE LA MUJER EN LA EDAD MEDIA

    El Medievo hereda las ideas de la Antigüedad y las aumenta, y así, el antifeminismo aristotélico se vio reforzado por el de los primeros Padres de la iglesia o el de los clérigos medievales.

    La evolución ideológicas respecto al mundo femenino tiene dos momentos destacables, uno en torno a los siglos XI y XII y otro a partir del siglo XIII. En los siglos XI y XII se produjo un movimiento purificador en el seno de la iglesia que afectó a la mujer de dos maneras: como consecuencia de la imposición del celibato ya que se consideró a la mujer la causa de todos los males y en segundo lugar, por la nueva definición del matrimonio que en consecuencia se convertirá en monogámico y vitalicio.

    Las facultades de Teología y las nuevas órdenes mendicantes elaboraron el ideal de mujer de la Edad Media. El modelo por excelencia era la Virgen María.

    A finales de la Edad Media algunas mujeres empezaron a hacer oír su voz. La más conocida es Christine de Pisan, que escribió La cité des dames, donde se señalaba, la desgracia de haber nacido mujer y no se resignaba a aceptar los tópicos sobre la <<estupidez>> femenina, elaborados por los hombres. Los hombres consideraban inferior a la mujer.

    El hombres medieval limitó a la mujer al espacio doméstico o privado y reservó el público para los hombres.

    De algunos personajes antiguos proceden buena parte de las teorías que sobre la naturaleza de la mujer se divulgaron en la Edad Media.

    La menstruación, por ejemplo, se consideraba como el modo en que la mujer expulsaba las impurezas de su cuerpo, y pensaban que la presencia de una mujer menstruante podía estropear comida en proceso de elaboración, o que su mirada volvía opacos los espejos.

    Las mujeres, en resumidas cuentas, se tenía que comportar de manera que no provocara la sexualidad masculina. Se consideraba esencial para vencer el ocio, que de otro modo llevaría a la mujer a los malos pensamientos, y el silencio se le imponía como sacrificio de lo que, por otra parte, se le consideraba natural en ella: hablar demasiado.

    De poder participar en y algo relacionado con la iglesia los clérigos excluyeron a las mujeres de estas instituciones porque se requería una capacidad intelectual que, según ellos, sólo era poseída por los hombres.

    Las costumbres que la supeditaban a la autoridad del padre o del marido en los aspectos más importantes y en los momentos determinantes de la vida influyeron mucho en las ideas que tenían sobre las mujeres. La ley la trataba como a una menor, y la condicionaba para ejercer cargos públicos o acceder al mundo laboral. A pesar de todo, la mujer todo un papel muy importante tanto en el ámbito público como en el privado.

    5.2. LA EDUCACIÓN FEMENINA

    A la mujer se la educaba para conseguir cuatro objetivos: buenos modales, devoción religiosa, buen conocimiento de las labores del hogar y instrucción intelectual.

    Para conseguir una educación literaria las mujeres tenían cuatro vías: la instrucción en colegios conventos para hijas de la nobleza y de la alta burguesía; el servicio a grandes damas; el aprendizaje o el servicio en colegios elementales para niñas de clases más pobres. La mayoría de las mujeres eran analfabetas, aunque las damas de la nobleza u de la alta burguesía sabían leer y escribir.

    5.3. EL MATRIMONIO

    El “espacio natural” donde se encontraba la mujer era la casa. Allí la circunscribían los hombres, a no ser que les interesara internarlas en un convento. Allí permanecían solteras, casadas o viudas. La Iglesia señaló las diferencias cualitativas según el estado civil: la mejor consideración era para las solteras si vivían en castidad; después venían las viudas que, impuras durante su matrimonio tenían la oportunidad de ser castas y puras en su nuevo estado; y, por último, las casadas que, por mantener relaciones sexuales con el marido, se encontraban en estado de impureza.

    La Iglesia comprendía que sin el matrimonio no se podía continuar la especie, por eso no sólo aceptó las relaciones sexuales dentro del matrimonio.

    Para la mujer el matrimonio significaba un cambio de familia, dejar su casa paterna para ir a vivir a la casa familiar del esposo, pasar el dominio del padre al del marido. En resumen su vida se llenaba de nuevas obligaciones y sus derechos era mucho más limitados.

    La mujer no tenía capacidad de decisión acerca de si quería o no quería contraer matrimonio, era el padre o un tutor quien decidía su estado civil. Era la familia del varón la que elegía las mujeres casaderas aquélla que más se acomodada a sus intereses. Los valores que más se contaban eran: la edad de la novia, la calidad de la familia, a la dote que aportaba y, las cualidades personales de la candidata. El matrimonio era ante todo un contrato, una institución, y no se pensaba en el matrimonio por amor.

    La edad no puede generalizarse para todos los siglos y todas la áreas europeas. Aunque la iglesia fijó la edad de 7 años como mínima, pero, a esa edad sólo podían celebrarse los esponsales, y el casamiento era al cumplir los 12. Los muchachos podían casarse a las 14 años.

    Al realizarse el compromiso de boda, se establecía la dote que la mujer tenía que aportar al matrimonio. La cuantía de los bienes varía según la época y las áreas. La dote volvía a la mujer si el marido fallecía antes que ella o si el marido no la administraba debidamente. La mujer sólo perdía la dote en caso de cometer adulterio.

    La dote consistía en bienes muebles e inmuebles. El marido también aportaba una cantidad a la esposa. La aportación debía ser igual a la dote. Dicha cantidad se entregaba al padre de la novia, pero después pasaba a engrosar el patrimonio de la esposa.

    La buena esposa debía tener como modelo a Sara, personaje bíblico que la iglesia estableció como prototipo de mujer casada. Las cinco obligaciones fundamentales de la casada era: honrar a sus suegros, amar al marido, cuidar de su familia, gobernar la casa y portarse de un modo irreprochable.

    Muchas mujeres morían en el parto y otras pasaban buen parte de su vida matrimonial embarazada. La duración normal de un matrimonio no era muy larga, entre 10 y 15 años, pues la esperanza de vida era corta. La importancia que se daba a la maternidad llegaba a la esterilidad, se consideraba como un mal terrible, un castigo o una condena, y que fuera una de las pocas razones que hacían posible la ruptura de una pareja.

    5.4. LA SITUACIÓN JURÍDICA FEMENINA

    Frente a sus numerosas obligaciones, las mujeres apenas gozaban de derechos. Las mujeres que pretenden defenderse tienen rara vez a la ley de su parte. A una mujer le era muy difícil separarse del marido.

    El derecho discriminó a la mujer frente al hombre, y esto la perjudicó no sólo en el ámbito privado, sino también en el ámbito público. El poder político le estaba prácticamente vedado a la mujer, exceptuando la máxima jerarquía, el poder real. Las limitaciones de la participación femenina se agudizaban aún más, si tenemos en cuenta que ha determinados trabajos solo tenían acceso aquellas mujeres, generalmente embarazadas o viudas.

    5.5. EL TRABAJO DE LA MUJER EN LA EDAD MEDIA

    A lo largo de la Edad Media se produce en retroceso de la participación femenina en el mundo laboral.

    Se podría afirmar que en aquellas sociedad inminentemente rural buena parte de las mujeres se dedicaban al trabajo campesino ayudando a sus maridos. Las dos actividades principales eran las tareas agrícolas y la producción textil.

    En los primeros siglos de la Edad Media también encontramos también mujeres en tareas relacionadas con las letras, la medicina e incluso la magia.

    La Plena Edad Media fue para el trabajo femenino una época de estabilidad y cambio al mismo tiempo. Las mujeres continuaron realizando sus tareas tradicionales, pero los hombres entraron en campos de trabajo hasta entonces considerados femeninos.

    Los cambios en el trabajo femenino se produjeron con el renacer urbano a partir del siglo XI.

    Esa misma evolución parece producirse en las profesiones liberales. Por lo que respecta a la medicina, las mujeres continuaron con sus papeles tradicionales de enfermeras y curanderas. Pero la profesionalización de la medicina, que exigía estudios, exámenes y licencias para su práctica, fue excluyendo a las mujeres.

    Se les prohibía actuar como abogados o presentar querellas criminales ante los tribunales, a no ser que fuera por una injuria cometida contra su propia persona. Pero la diferencia con los hombres estaba en los salarios o en los beneficios de su trabajo.

    5.6. EL EJERCICIO DEL PODER POLÍTICO

    Como en otros aspectos la posición de la mujer variaba según se clase social, el espacio y el tiempo en el que le tocaba vivir. La participación femenina se encuentra limitada a las mujeres de las clases superiores y a figuras muy concretas.

    En los primeros tiempos medievales las mujeres participaban en las asambleas públicas, posiblemente como herencia germánica. Sin embargo, fue la tradición romana la que pervivió en la Edad Media.

    Hay muchos casos en los que la mujer tomó el poder bien por herencia de su padre, bien por quedarse viuda, y al ser siempre considerada menor de edad el hijo se hacía cargo de todas las responsabilidades.

    Las costumbres hereditarias fueron especialmente liberales hacia las mujeres en regiones fronterizas.

    Aparte de los derechos jurídicos, la mujer noble intervenía en el mundo político a través de la influencia que podía ejercer sobre su marido.

    5.7. LA MUJER EN EL CONVENTO

    El recogimiento en una institución religiosa encontraba marido apropiado para ellas o no tenía suficiente dote para casarlas. Aunque no faltaban las mujeres que ingresaban en el convento movidas por sus sentimientos. Eran las clases más elevadas de la sociedad las que buscaban la colocación de sus hijas en un monasterio, pues los pobres siempre encontraban algún trabajo en que emplear a sus hija, o simplemente no contaban con la aportación económica que muchos conventos requerían para ingresar.

    El convento era también un lugar de educación y funcionaba como un internado para niños y niñas de clases elevadas. Se trataba de una forma de conseguir algunos ingresos, esta costumbre debió de seguir practicándose por la necesidad de dinero.

    Su formación les permitía también dedicarse a las traducciones o a la producción de manuscritos.

    La vida diaria del convento requería una rutina estricta en el cumplimiento de los deberes religiosos. Había siete oficios diarios: maitines (a las 2 de la madrugada) seguidos de laudes, tras los que volvían a dormir hasta las 6 de la mañana para rezar tercias, sextas, nonas, vísperas y completas. Tomaban tres comidas al día: el desayuno tras rezar la prima; la comida al mediodía, en silencio y escuchando una lectura; y una pequeña cena tras rezar las vísperas.

    El silencio impuesto a las mujeres de forma metafórica era real para las monjas.

    En el norte de Europa miles de mujeres llevaban una vida religiosa voluntaria, solas o en pequeños grupos, sin adaptarse a ninguna regla, haciendo voto temporal de obediencia y de castidad, a estas mujeres se les conocía como las beguinas.

    5.8. SOMETIMIENTO Y SILENCIO

    Todas las mujeres estaban sometidas a los hombres, de tal manera que podría afirmarse que la historia de la mujer en la Edad Media es una historia de sometimiento. Los hombres influían en su pensamiento y en sus actos, le imponían un modelo a seguir, la condenaban al silencio.

    El sometimiento se reflejó en todos los ámbitos. La mujer no parece haber luchado contra esa situación, por el contrario, parece más bien haber asumido el papel que le otorgaron. Fueron escasas las voces femeninas que se alzaron en contra.

    Las reglas de la virtud femenina, sobriedad, decoro, recato, se rompían a menudo con las modas suntuarias de vestidos lujosos y grandes escotes, con el uso de maquillajes y adornos.

    La actitud rebelde de las mujeres se manifestó en otros aspectos de la vida, profana o sagrada.

    Algunos autores se han preguntado si hubo un <<movimiento femenino>> en la Edad Media. Parece claro que hubo mujeres que trataron de salir de la dependencia, el sometimiento y el silencio que los hombres les impusieron, y que la gran mayoría se vieron obligadas a aceptar.

    6- OPINIÓN PERSONAL

    Este libro me ha parecido muy interesante, ya que me ha permitido conocer la vida y la historia de las mujeres en la Antigüedad y la Edad Media. Aunque como todo ha habido una parte de esta historia que no me ha gustado por el tratamiento que durante siglos se le ha dado a la mujer. Las mujeres durante mucho tiempo han sido consideradas inferior al hombre, estando sometidas a ellos, cosa que no me ha parecido justa. Nunca se les dio una oportunidad para poder demostrar que por el simple hecho de ser mujer eran inferiores a los hombres.

    También, me ha parecido que las mujeres no pusieron mucho por su parte para intentar cambiar aquel machismo que había, o por lo menos hasta la información que nos ha llegado nunca ha sido demostrado. Pero, poco a poco la sociedad fue evolucionando y hoy por hoy, las cosas no son como aquellos años de desesperación que debieron tener todas aquellas mujeres.

    7. BIBLIOGRAFÍA

    Libro: Las mujeres en la Antigüedad y la Edad Media.

    Serie: Vida cotidiana.

    Editorial: Anaya.

    Autoras: María Jesús Fuente y Purificación Fuente.

    Madrid 1995

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