Miguel Ángel Buonarroti

Renacimiento. Pintura renacentista italiana. Cinquecento. Capilla Sixtina. Cúpula

  • Enviado por: Muki
  • Idioma: castellano
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EL AUTOR

Con Miguel Ángel nos encontramos frente a un genio clásico en todo su esplendor. A parte de su virtuosismo, es doblemente admirable porque domina todas las técnicas artísticas (escultura, pintura, arquitectura, poesía...) y es humanista; no se limita a cuestiones planteadas por el arte en su expresión formal, sino que se vincula a los temas vitales y se interesa a su relación con las causas primeras. Es ante todo una filosofía. Esta filosofía, presenta puntos comunes con el neoplatonismo, con el que Miguel Ángel prácticamente se adhirió, aunque manteniendo algunas distancias, como las que le llevaron a considerar al hombre prisionero de su propio cuerpo.

Éste es el tipo de artista que consigue la revalorización del gremio como algo más que meros artesanos. En su época gozaba ya de una reputación muy justificada, se relacionaba con las esferas más altas de la sociedad e incluso se le permitía ser altanero con el mismo Papa. Anécdota: Cuando el Papa Julio II que a pesar de todo le tenía en gran estima, “le ofendió” al preferir a Bramante para el proyecto de construcción de la nueva basílica de S. Pedro y al dejar además en suspenso el encargo de su propia tumba, el artista abandonó bruscamente Roma y se refugió en Florencia jurando no volver a poner los pies en la corte pontificia.

Sus virtudes artísticas van a provocar envidias entre los artistas contemporáneos.

Con ser un genio y porque le atormentaban enormes problemas, estará sujeto a crisis depresivas y a entusiasmos desbordantes.

A pesar de las hostilidades provocadas por la Contrarreforma, no escondió nunca su tendencia homosexual, tendencia que muchos teóricos subrayan para dar importancia a la masculinización de todas las figuras (incluso las femeninas carecen de esa gracia tierna que se les suele atribuir) y el gusto por los desnudos masculinos (ignudis y bronzeis) que tantos problemas se van a encontrar posteriormente, que incluso van a tener que ser ocultados tras unos paños “braghettonis” en los siglos XVI y XVII por nuevas normas del Concilio de Trento.

Para terminar con esta breve reseña sobre el genio italiano, me gustaría recordar que al tener una vida tan larga (vivió más de 80 años) su obra es extensa, y podemos diferenciar entre lo más temprano, que está contenido en el renacimiento clásico y obras como lo que comentaremos a continuación, donde Miguel Ángel ya forma parte de la nueva tendencia del Manierismo.

A pesar de comenzar a aprender de joven en los talleres de Ghiraldaio (un pintor) su gran pasión y donde se va a desenvolver con más comodidad será en la escultura, y en sus obras, de la naturaleza que sean va a imprimir siempre su característica “terribilitá” que son esa corpulencia y dramatismos tan característicos.

LA CAPILLA SIXTINA

La Capilla Sixtina fue erigida entre los años 1473 y 1481 por orden del Papa Sixto IV y de quien tomará su nombre, y está situada dentro de los museos Vaticanos.

Este lugar está preparado para las reuniones del Colegio Sagrado de Cardenales. Éste cónclave, formado por 120 obispos y arzobispos elegidos por el Papa, es encerrado bajo llave en este lugar tan pronto como fallece el Papa anterior. Dos terceras partes deben estar de acuerdo en el candidato, a menos que se elija por aclamación (la divina Providencia hace que todos los cardenales digan el mismo nombre) o por compromiso (se designa una comisión y se acepta la decisión)

No se les permitirá abandonar la Capilla hasta haber encontrado a un sucesor, lo que en los dos últimos Papas no tomó más de dos días, pero en la antigüedad llegó a ser necesario hacerles deliberar en presencia del Papa difunto o ponerles a pan y agua.

Las papeletas se queman después de cada votación en la chimenea de la capilla, lo que arrojará un humo blanco, gracias al añadido químico, si se ha logrado un resultado. De lo contrario el humo aparecerá negro.

Al día siguiente un nuevo Papa será coronado en la basílica de S. Pedro.

A parte de los trabajos de Miguel Ángel en la cúpula y el frontal del Juicio Final, las paredes contienen obras de Boticcelli, Perugino, Roselli y Signorelli. En ellas se encuentran algunas de las pinturas más importantes del siglo XV. La pared derecha ilustra la vida de Cristo, mientras que la izquierda recrea la de Moisés. Entre los frescos cabe destacar “La entrega de las llaves a S.Pedro” de Perugino; “las tentaciones de Cristo” de Botticelli; y “la última cena” de Roselli, aunque todas son importantísimas.

Ésta capilla fue restaurada desde 1980 a 1994. Con eso consiguieron conocer la realidad del trabajo de Miguel Ángel, desvirtuado a causa del paso de los años y el humo. Descubren el trabajo con colores vivos absolutamente increíbles, que resaltan sus toques manieristas, agudizando el dramatismo.

En esta restauración también se aprovechó para quitar algunos de los paños que cubrían los desnudos y que se habían puesto muchos años después de su concepción original.

La Sixtina ocupa diez mil metros cúbicos de aire, que son cambiados 1'7 veces cada hora.

LA CUPULA

Estos trabajos de pintura supusieron más una imposición que una libre elección para el artista, pero han llegado a convertirse una de las obras cumbres de la pintura de todos los tiempos.

Al principio la cúpula de la Capilla, poseía unas pinturas haciendo el efecto de una bóveda estrellada, que fueron sustituidos a partir de 1508 por el magnífico conjunto de los frescos de Miguel Ángel que se conservan en la actualidad.

Las obras fueron continua fuente de fatigas y desalientos para el autor, pero esto no impidió que el resultado fuese impresionante cuando en 1512 se inauguro el resultado.

Es importante señalar que el Genio se encerró solo en la capilla y pintó el techo subido en un andamio especial con una sola mano.

Como la capilla ya contaba con decoración en las paredes laterales donde se narraban dos ciclos religiosos: la historia desde Moisés hasta Cristo y la historia a partir de Cristo, Buonarrotti pensó que para completar el ciclo narrativo de la historia faltaba el periodo desde la creación hasta Moisés, así que este es el tema que eligió para la parte superior.

Miguel Ángel Buonarroti
En los nueve recuadros de la zona central , en la parte superior de la bóveda, Miguel Ángel representó escenas del Génesis: la creación de la luz, la creación del sol, de la luna y de las plantas. La separación de las tierras y las aguas, la creación de Adán (uno de los más conocidos), la creación de Eva, el pecado original y la expulsión del Paraíso Terrenal, el sacrificio de Noé, el diluvio universal y la embriaguez de Noé. Esto nos habla del pecado, los orígenes del mundo y el hombre...en resumen: la condición humana prisionera de los sentidos.

Las figuras desnudas que se disponen a los lados de estas escenas son de lo mejor del artista. Miden de 150 a 180 cm y sostienen mediante festones vegetales o cintas los medallones en los que están representadas diversas historias bíblicas.

Una moldura separa esta zona de la siguiente, ocupada por figuras de sibilas y profetas, que destacan por el gran repertorio de posturas que ofrecen.

Ya en la parte superior de las paredes, unos niños sostienen las cartelas en las que figuran los nombres de las sibilas y los profetas. El conjunto se completa con los niños-cariátide que aparecen a los lados de los tronos de profetas y sibilas, y con los llamados desnudos broncíneos. Éste asunto de conjuntar profetas y sibilas es muy interesante en la obra, ya que estas pitonisas o adivinadoras de la tradición griega aparecen al mismo nivel que la tradición cristiana (con los profetas).Anuncian la Redención.

No está muy claro el significado de las escenas representadas en los lunetos, pero se cree que hacen referencia a la genealogía de Cristo. Teóricamente, simboliza a la humanidad primitiva aun no redimida por el mensaje salvador de Cristo y condenada a peregrinar sin descanso y a vivir la angustia de su incierto destino.

En las pechinas se representan cuatro pasajes del Antiguo Testamento; El Castigo de Amán, la serpiente de bronce, Judith y Holofernes y David y Goliat. Ilustran las cuatro salvaciones milagrosas del pueblo de Israel.

FRESCOS DEL JUICIO FINAL

Fue uno de sus últimos trabajos y es una de sus obras maestras. En plena Contareforma el tema fue elegido para avisar a los feligreses: “las almas de los difuntos ascienden para enfrentarse a la ira de Dios”.

En 1533 el Papa Clemente VII encomienda a Miguel Ángel el fresco del juicio final, que debía constituir el colofón terrorífico a la historia de la humanidad cuyo prólogo ya había representado en la bóveda de la capilla.

Para ello el artista se documentó durante un largo periodo, y en mayo de 1536 se ponía manos a la obra ya bajo el pontificado de Pablo III.

El resultado es estremecedor, y capta a la perfección el antiguo tema de “la ira de Dios”, ofrece un vertiginoso conjunto donde una figura resalta sobre las demás: la de un Cristo musculoso y joven, que lanza su maldición sobre la masa de pecadores levantando la mano y expresando con maestría el movimiento de su brazo. Esto crea un remolino que hace girar a los cuerpos y provoca inestabilidad.

Miguel Ángel Buonarroti
Con obras como ésta Miguel Ángel sobrepasa la tradición formal del Renacimiento y anticipa algunos aspectos del gusto Barroco.

La misma grandeza de sus esculturas se observa también en obras como ésta, que poseen la terribilitá característica de sus bloques de mármol.

Plásticamente nos encontramos con figuras enormes, poderosas, vigorosas. Las posturas son forzadas recargadas y desequilibradas, mostrando un continuo estado de tensión. Ésta tensión contenida es en todo caso característica general del manierismo.

El tratamiento del color también es manierista; colores estridentes y fuertes que agudizan la sensación de inquietud. Lo mismo pasa con la luz; lleno de contrastes de claroscuros bruscos y violentos que dinamizan todavía más una composición ya de por si agitada.