Migraciones españolas a Europa desde la segunda mitad del Siglo XIX hasta la década de los sesenta

Economía y Empresa. Historia Económica. Migraciones en España. Europa. Emigrantes. Consecuencias de las migraciones

  • Enviado por: Alejandro Silva
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 8 páginas
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1. Introducción

La población es un bien imprescindible para el desarrollo económico de una región debido a que conforma el factor productivo trabajo. Las empresas demandan personal que llevan a cabo la actividad productiva, haciendo que la población se tenga que desplazar desde su lugar de residencia hasta el lugar de trabajo. Este desplazamiento lleva en ocasiones a elegir la opción de cambiar de domicilio o incluso de país.

La emigración puede mantener el nivel de crecimiento de un país, ya que salen de su tierra personas que constituyen una carga para el mismo al no poder encontrar trabajo, aun encontrándose en plena disposición para desempeñar tal función. De esta forma se trata de conseguir un óptimo de población, además de la obtención de divisas que proporciona el envío de dinero de estas personas a las familias que dejan en el país de origen. La salida masiva de personas constituye además un elemento descongestionador de zonas superpobladas, aunque esto conlleve también perdida capital humano por parte del país emisor, al abandonar el mismo la fuerza de trabajo mas emprendedora y culta, la cual posee un mayor grado de formación (fuga de cerebros). No obstante, la emigración podría considerarse como un elemento compensador de las diferencias de población y económicas. Ésta puede clasificarse incluso en dos tipos: voluntaria (por motivos económicos) o forzosa (deportaciones).

Históricamente, sobre todo a lo largo del último siglo, gran cantidad de españoles han tenido que emigrar a otros países en busca de mejoras sustanciales bajo la perspectiva económica fundamentalmente.

2. Emigraciones españolas no transoceánicas hasta principios del siglo XX

En siglos anteriores al XIX, concretamente desde la conquista de América, la emigración transoceánica de españoles hacia el Nuevo Mundo era constante hasta el siglo XVIII, fecha cronológica donde la política populacionista de los Borbones suprimía estos movimientos (si bien hubo un ingente número de viajeros clandestinos). En 1853 se abolió esta prohibición, centrándose de nuevo las partidas españolas a los recién emancipados estados americanos sobre todo. Aunque entre estos dos periodos se produjeron, concretamente hacia 1814, emigraciones políticas como la salida de los afrancesados u otros grupos, entre los que destacan carlistas y liberales, cuyos destinos fueron preferentemente Francia e Inglaterra. Anteriormente incluso puede hablarse de emigración forzosa al referirse a ciertas expulsiones de carácter religioso como la de los judíos en 1492 o la de los moriscos en 1609.

No obstante, es de sobra conocido que la historia de la población española de las décadas anteriores a la guerra civil no puede ser entendida sin señalar el importante flujo migratorio dirigido hacia Europa y el norte de África. Especialmente durante la segunda mitad del siglo XIX y hasta el comienzo de la Gran Guerra Europea (1914), manteniéndose como focos principales de atracción para levantinos y baleares.

Estas migraciones hacia Europa y el Mediterráneo, durante la segunda mitad de la centuria decimonónica se centraron preferentemente entre Francia y Argelia. A partir de 1830 y hasta 1914 eran frecuentes los movimientos estacionales de agricultores a las explotaciones galas de forma temporal. Este tipo de salida se denominaba emigración golondrina, ya que se trataba de partidas anuales de ida y vuelta, y la procedencia de estas personas solía ser el campo valenciano, aunque también se daba el caso de movimientos de obreros de la construcción y empleados del servicio domestico, con carácter temporal y de igual forma, solo que, a diferencia de las emigraciones atlánticas, estos albañiles no trabajaban en la edificación de obras magnánimas como El Canal de Panamá.

Otro hecho fundamental que figura en los anales de la historia de las migraciones exteriores españolas fue el éxodo que se produjo fundamentalmente a las provincias norteafricanas del Magreb y el Oranesado, motivado este hecho por el resultado de las acciones bélicas emprendidas por la fuerza militar francesa que culminaron en la ocupación de Argelia en 1830, inmediatamente después se procedió a la colonización de este territorio.

La llegada de españoles a territorio argelino llego a superar incluso a los colonos franceses, alcanzando progresivamente hasta 1930 unos 300 000 residentes, provenientes sobre todo del campo levantino. Durante el transcurso de estos movimientos, muchas familias emigrantes se quedaron de forma permanente en el continente africano, continuando sus hijos las labores emprendidas por sus predecesores.

Un dato a destacar de esta emigración mediterránea fue la configuración de la sociedad argelina en la fase colonial, por parte de españoles, franceses y, en menor medida, de italianos y malteses.

3. Causas de la emigración española

La causa más importante que da lugar a la emigración es la aprobación del Plan de Estabilización por parte del gobierno en 1959, ya que éste forzó a numerosas empresas a cerrar o a realizar expedientes de crisis con los correspondientes despidos de trabajadores que pasaron a engrosar las simbólicas listas del paro. Este desempleo es muy importante para los países afectados por la Segunda Guerra Mundial, ya que los créditos del Plan Marshall y la buena capacidad organizativa de estos países condujo a la rápida recuperación de sus debilitadas economías durante la contienda, hasta el punto de tener la necesidad de recurrir a mano de obra extranjera para conseguir que continuara su desarrollo.

Otra causa destacada es la diferencia económica existente entre los países mediterráneos (años de escasez y pobreza) y el resto de Europa (abundancia y de prosperidad). Esta disimilitud se debe fundamentalmente a las nuevas tecnologías y a las técnicas de racionalización productiva adoptadas en Europa, ya que esto incrementó la rentabilidad de las empresas provocando el llamado “boom” europeo. Esta tensión geoeconómica fomentó la emigración a estos países con economías crecientes como Alemania, Suiza o Francia.

También es una causa importante el tradicional problema del campo español, ya que la estructura de la propiedad caracterizada por la baja productividad y en la que no faltaban abismales diferencias sociales entre el propietario y los agricultores, además de las pésimas condiciones de vida de los jornaleros en los latifundios, agravadas durante la dictadura franquista, provocaron que a la población campesina no le quedara más remedio que la salida de sus lugares de origen.

Durante los años cuarenta, sobre todo después de concluir la Segunda Guerra Mundial, es muy importante la emigración de refugiados políticos de la Guerra Civil Española, escapando pues de las persecuciones dirigidas contra todos los opositores al nuevo régimen gubernamental instaurado por los vencedores, el ejército sublevado durante el conflicto.

Un estudio realizado en 1966 por el Instituto Español de Emigración concluye que las causas de la emigración son:

-Mejora del salario………………………………………91'2 %

-Ahorro………………………………………………… 89'8 %

-Búsqueda de mejores condiciones laborales…….……. 78 %

-Búsqueda de vivienda……………………………....…..65'4 %

-Eventualidad……………………………………...…....58'6 %

-Desempleo……………………………………………..47'2 %

3.1 Modos de vida de los emigrantes españoles en la Europa de los años 60

El perfil de los emigrantes era fundamentalmente varones, casados de forma general, poco cualificados y que desempeñaban los trabajos más duros, peligrosos y peor remunerados.

La emigración era generalmente de manera permanente, aunque solían regresar un mes al año. De todas formas el anhelo de la mayoría de los emigrantes era la vuelta a España después de haber conseguido el dinero suficiente como para conseguir una vivienda y buscar un nuevo empleo o crear un pequeño negocio para poder seguir manteniéndose el resto de vida debido a que los emigrantes de los años sesenta veían la emigración como un remedio inmediato a sus problemas económicos y laborales que esperaban dejar solucionados en pocos años mediante el ahorro.

Hablar de ahorro emigrante es hablar de una voluntad férrea que impone unos modos de vida de austeridad impresionante, incluso superiores a los del país de origen. Este modo de vida se adopta debido a la tenencia de mayores privaciones y a un menor periodo de permanencia.

Esta idea de máximo ahorro se transforma en una casi ausencia de consumo, una alimentación escasa basada en patatas, huevos, tajadas y otro tipo de alimentos baratos y rápidos de realizar debido a que solían comer mientras trabajaban (sobre todo los que trabajaban en el campo). El ahorro por parte del emigrante en el ámbito alimenticio era tal que optaban por llevarse provisiones para diez o quince días, muchas veces detectadas y confiscadas en las aduanas para detrimento del emigrante.

Los emigrantes no descansaban ningún día de la semana debido a que el jornal era variable, cobrando a razón de las horas trabajadas en el sector industrial o en función de la planta dejada en el agrario, por lo que los españoles veían los días festivos como una pérdida de dinero.

Aunque donde más se refleja la austeridad vivida por los españoles en el extranjero era en la vivienda, ya que vivían en “barracones” en los que compartían habitación de ocho a diez personas. Estas viviendas estaban construidas con tableros de aglomerado, techo de Uralita y el suelo solía ser de madera muy deteriorada. En estos lugares las condiciones de vida eran infrahumanas con temperaturas inferiores a los -10ºC, hielo de varios centímetros de grosor en el interior de los barracones, duchas en el exterior, mientras que el lavado de la ropa se realizaba en el lugar más cercano en el que fluyese el agua.

Cabe destacar, para ejemplificar la presión social que tenía el emigrante, que cada quince días solía ir la policía a supervisar el trabajo de los foráneos y en algunos casos deportar a sus lugares de origen a aquellos que vieran cuyo rendimiento laboral no fuese el adecuado.

Para mayor tortura del emigrante, siempre se le hablaba de salario en términos brutos, del cual se le descontaban entre el 25 y el 30 % en conceptos de seguros sociales, impuestos estatales, impuestos eclesiásticos, etc. Esto hacía que el emigrante tuviera que permanecer más tiempo en el país de destino del que inicialmente pensaba.

4. Consecuencias de la emigración española

La gran corriente migratoria de españoles hacia Europa (Suiza, Alemania...), trajo consigo grandes consecuencias que afectaron tanto a los países receptores como a España.

Estas consecuencias que se dividen en tres (económicas, demográficas y sociales) tuvieron tanto efectos positivos como negativos.

Económicas: Fueron por una parte positivas, ya que las remesas de dinero enviadas financiaron buena parte del desarrollo económico de España, por consiguiente se consiguió reducir el déficit comercial (éste era el principal objetivo del gobierno). Además se pudieron adquirir la mayor parte de los bienes necesarios para modernizar la industria. Las migraciones exteriores, por su parte, aliviaron también el fuerte crecimiento natural, ya que al emigrar la población éste se reducía, lo que conseguía que hubiese más recursos disponibles.

Pero también hubo consecuencias negativas, muchos ahorros no se invirtieron en bienes productivos y una parte de las remesas enviadas no favorecieron a las zonas de partida de los emigrantes, ya que las nuevas divisas que entraban se invertían en las zonas más industrializadas, donde se esperaba sacar más beneficios, esto llevó a que el reparto de la riqueza no fuese equitativo lo que condujo posteriormente a que hubiese desequilibrios territoriales.

Demográficas: La población española creció más de un 10%, pero el crecimiento hubiese sido mayor si se hubieran tenido en cuenta los desplazados a Europa. Estos emigrantes eran ya 1 600 000 españoles a finales de los 60, sin contar los que no tenían regularizada su situación (ilegales).

Mayoritariamente los emigrantes eran varones y estaban en edad de trabajar, lo que provocó un cambio en la estructura de la población.

Las mujeres pasaron a numéricamente mayores que los hombres y el grueso de la población se componía de entre los menores de catorce años y los que sobrepasaban de los sesenta y cinco.

Como consecuencia se redujo la población activa, aun así el paro se duplicó en España entre 1960 y 1970, y sin la emigración a Europa los índices hubieran alcanzado a mayor número de la población activa.

Por otra parte la distinta participación de las regiones en las migraciones ha contribuido a los desequilibrios actuales en el reparto de la población. A ello ha favorecido que muchos de los emigrantes al volver a España no volvieran a sus lugares de origen sino que se asentasen en las ciudades industrializadas (las grandes urbes), donde su posibilidad de mejorar era notoriamente superior.

Sociales: No fue nada fácil la adaptación de los emigrantes a los países receptores, ya que iban a un país donde desconocían la lengua y la cultura.

Esta adaptación no fue fácil porque la mayoría de los emigrantes se fueron con la idea de que era un viaje con retorno, por lo que la sensación de que vivían una situación transitoria fue el factor que principalmente dificultó esta aclimatación.

La principal y gran consecuencia fue el desarraigo al incorporarse a sociedades donde los emigrantes no se esforzaban por conocer la cultura y la lengua. Muchos emigrantes partían de sociedades diferentes (de población rural a ciudad urbana e industrial), lo que les dificultaba su relación y a menudo los involucraba en fricciones con la población autóctona de estos países.

A todo ello hay que sumar que en muchos casos el contacto con estos habitantes era casi

nulo, solo los niños o los hijos de emigrantes nacidos en esos lugares, tenían más contactos con los residentes originarios de estos países.

Como anteriormente se ha citado, la mayoría se experimentaba penosas condiciones de vida, aceptando trabajos poco remunerados y lo mas bajo de entre lo mas bajo que un empresario podría llegar a ofrecer, en algunos casos, rozando lo denigrante estos empleos. La realización de estas rutinas laborales no ofrecía ningún título por su dedicación y/o formación, por lo que el conocimiento y la experiencia recibidos solo servían para poder promocionar y ascender en la propia empresa. Al buscar trabajo todo lo aprendido resultaba ser papel mojado ya que no contaban con un título que amparase tantos años de servicio.

Los emigrantes fueron los primeros afectados por los despidos derivados de las crisis económicas, regresando sin haber mejorado generalmente su calificación profesional, por lo que al llegar a España se encontraban generalmente en situación de paro.

Otro punto importante fue la legislación de los países receptores (principalmente Suiza y Alemania), con numerosas trabas a que los extranjeros mejorasen su situación en el país, defendiendo los intereses contrapuestos de sus habitantes naturales.

Entre 1964 y 1968 comenzó a descender la emigración española a Europa principalmente por el inicio del primer Plan de Desarrollo español, que aumentó la oferta de puestos de trabajo en España.

El retorno masivo llegaría con la crisis del petróleo de 1973 que provocó consecuencias negativas para la recién revitalizada economía española.

Aumento de las tasas de paro, reducción de salarios, dificultad para acceder a una vivienda y readaptarse a las nuevas condiciones de vida del país.

Por otra parte, la opinión de la sociedad era principalmente favorable a las migraciones exteriores y sus consecuencias. El gobierno la presentaba como un elemento de progreso para así poder mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos, pero estaba totalmente en contra de la instalación permanente de estas personas en el extranjero, por lo que en muchas ocasiones trataba de controlarlos.

La Iglesia, por su parte, se postulaba contraria a la emigración, por el miedo a perder las creencias religiosas y también porque pensaba que al volver estos emigrantes apostatarían de sus creencias y concebirían una opinión en contra de este organismo y sus instituciones.

En los países receptores, se empezó rechazando la inmigración para acabar aceptándola. Principalmente el repudio venía de los estratos sociales más humildes ya que los emigrantes constituían una gran amenaza para los puestos a los que ellos aspiraban.

5. Comparación de las migraciones españolas no transoceánicas.

Si comparamos los movimientos migratorios españoles a Europa y norte de África fundamentalmente, acaecidos hasta comienzos del siglo XX y la década de los 60, encontramos ciertas similitudes como el perfil del emigrante (joven, poco cualificado, preferentemente del medio rural y que desempeña los trabajos mas denigrantes en los países de acogida) o el objetivo primordial del Estado, la consecución de divisas procedentes del envió de remesas. De igual forma el hombre emigrante de ambos periodos se caracteriza por la toma de una vida austera, motivada por el afán de ahorro y el alto nivel de vida del país receptor.

De entre sus diferencias destacamos la temporalidad de estas emigraciones. Mientras que los emigrantes del XIX abandonaban España principalmente de forma eventual (emigración golondrina), los de la segunda mitad del XX permanecerían en estos territorios de forma más prolongada hasta lograr el dinero suficiente como para poder prosperar posteriormente en el país de origen, sin haber planificado previamente el retorno. Otro dato característico que diferencia unas emigraciones de otras fue la mayor adquisición económica de los emigrantes que se desplazaron al norte de África, que de los que emigraron a los países europeos durante el franquismo. Este hecho se produjo debido a que el país argelino acababa de ser conquistado por los franceses y su colonización requería la construcción de grandes infraestructuras, faraónicos proyectos de obras publicas y organización de servicios; todo lo contrario que los países europeos cuyas economías ya estaban fuertemente arraigadas al liberalismo económico.

6. Bibliografía

Geografía Segundo de Bachillerato, Mª Concepción Muñoz Delgado, Anaya

El exilio valenciano en América. Obra y Memoria. Albert Girona i Albuixech, Publicacions Universitat de València.

http://club.telepolis.com/geografo/regional/espa/emigrar.htm

http://www.uam.es/.../TEIM/Observainmigra/Atlas%201996/01%20cap%201/Vilar%20las%20migraciones%20espanolas.pdf

http://sauce.pntic.mec.es/jotero/Emigra3/causas.htm

  • Introducción

  • Emigraciones españolas no transoceánicas hasta principios del siglo XX

  • Causas de la emigración española

  • 3.1 Modos de vida de los emigrantes españoles en la Europa de los años 60

  • Consecuencias de la emigración española

  • Comparación de las migraciones españolas no transoceánicas

  • Bibliografía

  • MIGRACIONES ESPAÑOLAS A EUROPA DESDE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX HASTA LA DECADA DE LOS SESENTA DEL SIGLO XX

    LICENCIATURA EN ADMINISTRACIÓN Y DIRECCIÓN DE EMPRESAS

    HISTORIA ECONÓMICA

    GRUPO 10