Metodología de la ciencia económica

Historia de la economía. Filosofía de la economía. Corrientes filosóficas. Metodología clásica. Historicismo. Escuela austriaca

  • Enviado por: Pequefayad
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 6 páginas
publicidad
publicidad

Critica Metodología del Historicismo a la Escuela Clásica.

Introducción

En la discusión que este trabajo pretende analizar, antes de puntualizar las criticas se deben describir las distintas etapas en el desarrollo de la metodología económica. Salvando el anacronismo entre los términos y los autores se utilizaran las definiciones de verificacionismo definido por la escuela austriaca y del falsacionismo definido por K. Popper. Estos conceptos son posteriores a la mayoría de los autores que se citan, más estos operaban metodológicamente según describían aquellos.

La primera etapa comprende la obra de autores como J.S. Mill, W.N. Senior, J.E. Cairnes, J.N. Keynes, A. Marshall y L. Robbins. Se denomina “verificacionista” en atención al criterio establecido por el Círculo de Viena para decidir sobre la verdad de las hipótesis científicas.

La segunda etapa se llama “falsacionista” debido a la influencia que tuvo K. Popper en los escritos de los teóricos de la economía como T. Hutchinson, F. Machlup, M. Friedman y P. Samuelson.

La tercera y última etapa ha cogido impulso de las teorías de las revoluciones científicas post-popperianas, concretamente, aquellas elaboradas por T. Kuhn (“paradigmas”), I. Lakatos (“programas de investigaciones científicas”) y P.K. Feyerabend (“anarquía metodológica”).

El hecho de que no se incluyan los pensadores clásicos en esta categorización es que simplemente no contaban con una metodología económica definida ya que en el período de gestación de la ciencia económica moderna en el siglo XVIII las indicaciones metodológicas eran comprensiblemente escasísimas, y se les concedía a sus enunciados el estatuto de una verdad indubitable o una evidencia sin requisitos estrictos a cerca del proceder en su elaboración. Este hecho, sin embargo, no significa que autores como Adam Smith, Thomas Malthus y David Ricardo no tuvieran operativamente principio metodológico alguno sino que estos no estaban formalmente concebidos como tales. Los presupuestos de su investigación científica en una dimensión hasta entonces inédita de la realidad todavía no habían sido esclarecidos, sometidos a crítica y evaluados; aunque desde luego ya se encontraban en funcionamiento.

La crítica metodología a la que se someten en el transcurso de la historia los autores clásicos son el objeto de análisis de este trabajo. A continuación se ampliará la descripción de la metodología clásica.

La metodología clásica.

Para los clásicos la ciencia económica era una ciencia natural más, al igual que la biología o la geología por lo que emularon su método.

En las ciencias físicas se procedía primero con la observación de fenómenos, después, se formulaba una hipótesis experimentable, luego venía la comprobación de la hipótesis (una especie de reproducción controlada de los fenómenos), y finalmente, se llegaba a la conclusión en la que la hipótesis o bien se confirmaba o bien se refutaba (la modificación de la hipótesis anterior constituía el punto de partida para reiniciar el proceso).

Asimismo en la ciencia económica. La observación de la conducta humana individual y de las interrelaciones humanas en el ámbito de la economía inducía a postular la presencia de “instintos”, unas “fuerzas”, tendencias o inclinaciones innatas de las que surgen los movimientos y las acciones de los hombres. La hipótesis que entonces se elaboraba consistía en la descripción de la pauta que esos instintos siguen en su manifestación o desarrollo. Supuestamente, en la fase de la comprobación, se determinaba si el modelo propuesto se cumplía efectivamente; mas de hecho, no era así. Nunca se llegaba a comprobar realmente la hipótesis, limitándose el economista sólo a comprobar si las inferencias realizadas a partir de la hipótesis eran lógicamente correctas o no. Cuando la hipótesis se quedaba repetidamente confirmada, ésta se elevaba al rango de una “ley”; y cuando no, simplemente se introducían nuevas hipótesis secundarias.

Por lo tanto, la metodología que seguían estos primeros pensadores económicos bien podría tildarse de “sencilla” e “ingenua” ya que la formulación de las hipótesis surgían de una observación casual de algún fenómeno económico o de la introspección psicológica.

A partir de este método surgen los enunciados pilares de la economía clásica expuestos por Adam Smith, Thomas Malthus y David Ricardo como serian: el “egoísmo ilustrado” como norma del comportamiento humano y la “mano invisible” como mecanismo básico del mercado extensible a otras instituciones sociales (ambos atribuidos a Smith) , la teoría maltusiana sobre el aumento de la población y la escasez de los recursos alimenticios y la formulación ricardiana de la “ley de rendimientos decrecientes” , también se aceptaba entre los clásicos la idea de que el costo de producción determinaba el precio de los bienes.

El problema con este proceder es que tanto la observación y más aun la introspección dependen fuertemente de parámetros subjetivos.

La introspección o inspección interna es el conocimiento que el sujeto tiene de sus propios estados mentales. Ésta puede combinar conocimientos de las vivencias pasadas y también de las presentes, incluso las del momento del propio acto introspectivo y es la forma en que los clásicos trababan de dar una aprobación lógica a sus hipótesis. Los principales inconvenientes al utilizar este tipo de procedimiento para verificar hipótesis a cerca del mundo sensible es que la reflexión introduce elementos que desvirtúan la propia vivencia y a demás los estados mentales son los del propio individuo que realiza la introspección y no gozan de la objetividad necesaria.

A pesar de estos inconvenientes, las hipótesis formuladas gozaban en aquel momento de una validez indiscutible, por esto los clásicos a partir de ellas deducían implicaciones y consecuencias aplicando las leyes de la lógica.

De lo anteriormente dicho y a partir de las definiciones que Kant formuló en su “Critica de la Razón Pura” se entiende a los enunciados realizados por los clásicos como apriorísticos, es decir que son cognoscibles por un puro ejercicio de la razón, sin necesidad de recurrir al mundo sensible. Esto es una consecuencia de la forma en que formulaban ellos las hipótesis, las mismas eran previas a la experimentación, a la experiencia sensible, y no dependían de ella para su validez. A pesar de que el génesis del proceso de formulación de las hipótesis era una observación empírica, esta no constituía más que un indicio que bien podría haberse obtenido por introspección. A demás, en la generación de las hipótesis mediaba un simple proceso de inducción.

Lo anteriormente expuesto merece un mayor análisis.

Por un lado y también siguiendo a Kant, los enunciados pueden ser de dos clases: analíticos o sintéticos. La diferencia entre estos dos enunciados estriba en la forma como se les predica verdad: para los analíticos, sólo en función del significado de sus términos; para los sintéticos, en función de cómo es el mundo. Los analíticos, entonces, no nos dicen nada sobre el mundo: son puras tautologías que surgen de los conceptos previamente definidos. Los enunciados sintéticos en cambio se formulan en función de cómo es el mundo sensible. Kant a demás dijo que existen algunos enunciados sintéticos a priori, esto es, algunos enunciados que nos dicen cosas sobre el mundo y que pueden ser conocidos sin recurrir a la observación empírica. Para Kant, un sintético a priori serían las matemáticas, o la metafísica de las costumbres.

En el caso de la economía, los clásicos buscaban explicar la realidad con enunciados apriorísticos, obtenidos como ya mencionamos de un procedimiento lógico inductivo de las observaciones parciales del mundo sensible o de un procedimiento introspectivo. Luego estos enunciados sometidos a la experiencia sensible continuamente, se remendaban, refutaban o aceptaban. De esto se deduce que los enunciados de los clásicos eran sintéticos a priori lo que encuentra oposición en el mismo Kant (que solo encuentra este tipo de razonamiento en las matemáticas o la metafísica de las costumbres ) y luego en los empiristas lógicos quienes expresaban que sólo podemos hablar de cómo es el mundo si tenemos experiencia sensorial de él por lo que negaban la validez de los enunciados sintéticos a priori ya que si los hubiera, estos hablarían sobre el mundo sin necesidad de verificación empírica (en este caso nos referimos a la invalidez de la introspección como principio de formulación de enunciados). La alteración que sufrían los enunciados luego de someterlos a la experiencia sensible no constituían una observación empírica válida ya que el universo del cual se obtenía nueva información era distinto en varios aspectos.

Por otro lado nos encontramos con la invalidez de la inducción inicialmente criticada por Hume. Éste se dio cuenta de que no es válido pasar de lo que de hecho es y ha sido el caso, a lo que será o debe ser el caso, sin ninguna justificación para ello. Mas adelante la respuesta de Popper al problema de la inducción es que la ciencia no avanza confirmando teorías observacionalmente, sino demostrando que contradicen la experiencia. Esto es, a grandes rasgos, el falsacionismo.

Se puede en definitiva resumir el método clásico de formulación de hipótesis respecto de la economía con el siguiente procedimiento: observación del fenómeno a estudiar, inducción de consecuencias o proposiciones más generales que la propia observación, creación de una hipótesis para explicar dichas consecuencias o fenómenos, y verificación o comprobación de la verdad de los enunciados deducidos comparándolos con la experiencia.

Como se observa, este método adolece de todos los procedimientos inválidos anteriormente expuestos por lo que a continuación se destaca particularmente la crítica que realizan los historicistas a la escuela clásica por la aplicación de dicho método.

Los historicistas

Entre 1870 y 1871, Prusia y sus aliados germanos asestaron una severa derrota a Francia que cambió profundamente el equilibrio de poder en Europa, situó a la recién creada Alemania en el primer plano continental. En este nuevo contexto fue que surgieron en Alemania nuevas escuelas de pensamiento, cuestionando a las muy arraigadas escuelas inglesas y descartando a las francesas a causa de la enemistad reinante. Los economistas alemanes consideraron que las teorías inglesas sobre la economía no eran aplicables al imperio alemán dadas las diferencias en el marco económico, social, político e histórico de Alemania en ese entonces.

La teoría clásica, originaria de Gran Bretaña, denominada Manchesterismus, fue considerada por los economistas alemanes como excesivamente abstracta. Proponía teorías que pretendían ser universales, pero que fueron desarrolladas en base a la sociedad británica bajo un contexto económico, político y social determinado. No tenía en cuenta las variables culturales y sociales y su efecto en lo económico. Se basaba en el mercado y en la idea de un “actor económico racional”: el homo económicus dominado por consideraciones egoístas y completamente absorbidos por la búsqueda de ganancia material. Esta idea no era correcta para los alemanes ya que el hombre no siempre se comporta de esta manera y hay factores sociales, culturales y políticos que lo condicionan. El modelo económico ingles utilizaba proposiciones teóricas para la resolución de problemas y se basaba en un gran número de supuestos sin verificación empírica. Este modelo era muy poco aplicable a Alemania debido a las grandes diferencias contextuales que había entre los dos países.

De esta manera surge un interrogante: ¿Debería ser la economía una disciplina abstracta, ahistórica, basada en una serie de supuestos no demostrados acerca de los fenómenos y del comportamiento económicos, bien debería ser una ciencia histórica, concreta, empírica y particular, inductiva y descriptiva antes que explicativa?

Como respuesta ante este interrogante surgieron dos importantes economistas que se contradirían en una de las más famosas discusiones metodológicas de la economía. Por un lado Schmoller, quien fue considerado creador de una nueva Escuela Histórica Alemana. Este grupo indicaba que el método adecuado es el inductivo de investigación junto al deductivo de exposición, del razonamiento a partir de datos concretos, y de la relación entre las motivaciones humanas y las ciencias sociales. También mencionaban que las sociedades se encuentran en un continuo proceso de evolución y cambio, por lo tanto una ciencia social basada en la noción de conceptos “abstractos”, atemporales, estaba destinada a perder rápidamente su contacto con la realidad social y económica. En respuesta al concepto de “homo economicus” la Escuela Histórica sostenía que el hombre como ser social es el producto de la civilización y de la historia. Sus deseos, su perspectiva intelectual, su relación con los objetos materiales y su conexión con otros seres humanos no han sido siempre los mismos. La geografía influye sobre ellos, la historia los modifica, y el avance de la educación puede modificarlos por completo.

Se observa que el método inductivo persiste en la escuela histórica aunque este amplifica la lógica reinante entre los clásicos del “homo economicus” y los escenarios estáticos e incluye el método deductivo de exposición. De esta forma el historicismo logra una base más amplia incluyendo el horizonte temporal y la multidimensionalidad en la que se encuentra sumergido el objeto de análisis. Es así como los historicistas a pesar de utilizar el método inductivo (ya que no hay otro que se adecue a la Ciencia económica) obtienen conclusiones que gozan de mayor validez que las de los clásicos.

No obstante, para Schmoller, los trabajos específicos de historia económica, pueden permitir aportar el caudal teórico necesario para llevar a cabo una introspección desde el punto de vista económico de la realidad histórica al mismo tiempo que de la realidad política o de los contenidos sociológicos. También sostenía, a la hora de analizar el método estadístico y el método histórico, que la Estadística es una ciencia reciente mientras que la Historia es una ciencia antigua. Por un lado, la Estadística no está privada de su función auxiliar mientras que la Historia con la Filosofía es la más universal de todas la ciencias

Schmoller intentó demostrar, mediante una serie de estudios especiales históricos, el desarrollo de los acontecimientos económicos en relación a los hechos históricos y sociales. Pero a la vez reconocía la necesidad de añadir a esta descripción histórica, teorías en el sentido de hipótesis explicativas, pero no podía admitir reducir el flujo histórico. Su opinión fue, que era necesario sustituir las generalizaciones apresuradas de los economistas británicos por una con más estadística, más historia y más recopilación de material.

Escuela austriaca

A su vez, en contraposición a las teorías anteriores, en Austria Carl Menger, el teórico de la utilidad marginal afirmó la necesidad de aplicar los métodos exactos de las ciencias naturales a la economía política. El primer libro de Menger, “Principios de la Economía Política significaba una ataque tanto a la Escuela Histórica Alemana como a los economistas clásicos. A la primera por que el libro implicaba la existencia de leyes económicas universales y atemporales que eran negadas por los "históricos". A los segundos por que daba un giro de 180° con respecto a la teoría de los precios. Para Menger no eran los costos de producción los que determinaban el precio de los bienes (valor de cambio), como sostenían los economistas clásicos, sino justamente a la inversa.

Menger encontraba como punto de oposición frente a la escuela histórica la relación que debían tener la ética y la economía. Schmoller por un lado era partidario de integrarlas para lograr una base empírica mas amplia, en cambio Menger quería tratarlas por separado para analizar los diferentes comportamientos que hace unos miles de años supo distinguir Platón en cuanto al egoísmo en las relaciones económicas y al altruismo en las relaciones sociales.

Las críticas realizadas por Menger hacia la Escuela Histórica Alemana desencadenaron la controversia que se conoce como Methodenstreit. Menger reprochaba a Schmoller una supuesta “aversión a lo teórico” en su trabajo de investigación histórica. Lo que era realmente falso, pues Schmoller consideraba necesario el trabajo conceptual para poder llegar a formular cualquier resultado de sus estudios sobre la realidad histórica. Frente a esta situación Schmoller reaccionó con indignación ante lo que consideraba un verdadero rechazo a la investigación empírica histórica y considero a Menger como un seguidor de la teoría dogmática de la economía clásica. En el proceso de las discusiones Schmoller malinterpretó la posición de Menger, quien no negaba, e incluso practicaba la investigación de hechos.

Todo este proceso fue considerado por los economistas de la siguiente generación como “una historia de energías desperdiciadas”. El Methodenstreit en realidad contribuyó poco al esclarecimiento de los problemas que intentaba resolver. El fondo de la cuestión era si existía algo así como una ciencia además de la historia que se ocupara del estudio de las acciones humanas.

Ni Schmoller negaba la existencia de una teoría económica por detrás de sus estudios históricos, ni Menger ignoraba la necesidad de contrastar la teoría con los hechos. Pero ninguna de las dos orientaciones puso en práctica estas ideas de integración. Durante este choque de métodos cada uno de ellos se dedicó a defender su posición sin dar lugar a una discusión positiva que pudiera haber rescatado los elementos que llevaran a la formulación de una teoría integrada de ambos puntos de vista.

Cuando los esquemas se presentan rígidos y cerrados, como en este caso se van pareciendo cada vez más a dogmas y alejándose de lo científico, ya que la ciencia siempre debe mantenerse abierta a nuevos conocimientos y a modificaciones de los anteriores y siempre debe mantenerse cercana a la realidad.

Ninguna de las teorías, si son tomadas como dogmas pueden ser aplicables a una realidad determinada. Por ejemplo, la teoría clásica, que no toma en cuenta las variables sociales, culturales e históricas, trata de aplicar una doctrina a las distintas realidades económicas por igual. La Escuela Histórica de Schmoller, aunque admitía que la economía debía buscar elementos comunes que le permitieran formular leyes aplicables a distintas circunstancias nunca llegó a hacerlo. Su trabajo quedó limitado a la investigación histórica y monográfica de circunstancias específicas.

Conclusiones

La economía, si es considerada una ciencia, debe seguir un camino circular yendo de la teoría a los hechos para comprobar sus hipótesis para luego reformular las teorías si es necesario, es un proceso de retroalimentación que no tiene fin así como tampoco tiene fin el tiempo y los cambios que este produce. La suma de la historia de los métodos económicos debería guiarnos para formular un método general y aplicable a esta ciencia tan particular por su objeto de observación y por su rigurosidad y formalismo en el planteo de hipótesis. Actualmente y fuera de las discusiones antes mencionadas, remontarse al método de las ciencias naturales que utilizaban los clásicos perfeccionado por el historicismo y haciendo lugar a las críticas de los austriacos constituye una metodología ampliamente aceptada.

Fuentes

GIDE Charles y RIST Charles. Historia de las Doctrinas económicas. 3a ed. Madrid, Reus, 1974

SCARANO, Eduardo (2004), Los vínculos entre la economía y la metodología de las ciencias sociales. CIECE, FCE-UBA, Buenos Aires.

CONRAD, J. (1941), Politische Oekonomie (Historia de la Economía), traducción del profesor Dr. Algarra, Berlín

SISON, Alejo (2002), Instituciones Filosofía de la economía. Metodología de la ciencia económica. Instituto de empresa y humanismo, Cuadernos, Madrid.

VON MISES, R. (1962), “The Austrian School of Economics at the University of Vienna”.