Masonería

Creencias religiosas. Masones. Orígenes. Bula papal. Gran Logia Inglesa. Revolución: americana y francesa. Club Bilderberg. Cronología. Judíos. España

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Masonería
LA MASONERÍA

ÍNDICE

Agradecimientos 4

Introducción 5

1 Orígenes de la masonería. La masonería operativa en la Edad Media 6

a) La masonería operativa. Francia, Alemania, Inglaterra, Escocia 8

  • Falsos orígenes de la masonería 14

  • 2 La masonería en el siglo XVII 16

  • El paso de la masonería operativa a la masonería especulativa 17

  • 3 La masonería en el siglo XVIII 24

  • La masonería especulativa 25

  • La bula papal 28

  • La masonería en Alemania y Francia 30

  • La Gran logia Inglesa 32

  • Escándalos de la masonería inglesa 35

  • El papel de la masonería en la Revolución Americana 37

  • La masonería en el continente 42

  • El papel de la masonería en la Revolución Francesa 46

  • 4 La masonería en el siglo XIX 52

  • La extensión de la masonería y la revolución con Napoleón 53

  • La masonería en el siglo XIX 55

  • 5 La masonería en el siglo XX 60

  • La masonería en el siglo XX. Acontecimientos principales 61

  • 6 Las instituciones mundialistas. El nuevo orden mundial 64

  • Un Nuevo orden Mundial 65

  • La masonería secreta judía 68

  • El CFR, el Consejo de Relaciones Exteriores 70

  • El Club Bilderberg 77

  • La Comisión Trilateral 81

  • 7 Apéndices 85

  • Apéndice sobre la masonería española 86

  • Apéndice sobre las relaciones entre masonería e iglesia católica 95

  • Incompatibilidades entre la masonería y la fe católica 98

  • Conclusión 100

    Bibliografía 102

    Quiero dar las gracias de una manera muy especial a José Sentandreu y Gabriel González por haberme facilitado los primeros libros, sin los cuales nunca me hubiera interesado sobre la masonería.

    También quiero mostrar mi profundo agradecimiento a Ana Costa, la tutora de mi trabajo, por su ayuda y su paciencia, sin las cuales jamás podría haber acabado el trabajo de investigación.

    Por último quiero agradecer a mi tío José Ignacio sus aportaciones, fruto de sus profundos conocimientos, que me han ayudado de una manera vital a acabar el capítulo de las instituciones mundialistas y de la masonería en España.

    INTRODUCCIÓN

    N

    ada ocurre tal como se planea. Hacía ya mucho tiempo que nos venían avisando para que fuéramos escogiendo el tema del trabajo de investigación.

    Corría en aquel entonces el primer trimestre de Primero de Bachillerato y yo creía tener más que resueltas mis dudas acerca de cuál iba a ser mi trabajo de investigación. Acababa de leer un libro de Arturo Pérez Reverte sobre la España de Felipe IV y sus gloriosos tercios y estaba decidido a hacer mi trabajo sobre los Tercios de Flandes.

    Sin embargo llegó a mis manos un libro que me prestó un familiar. Ese libro se llamaba “Iglesia, masonería y poderes ocultos ante el tercer milenio.” Al acabar de leerlo había cambiado de decisión. Me interesó sobremanera todo lo que el autor decía sobre la masonería y cómo presentaba hechos que yo había estudiado en Historia pero vistos desde la óptica de la actuación de la masonería.

    La masonería, esa gran desconocida. Hasta aquel entonces no había oído hablar en mi vida sobre la masonería y mi pregunta fue: si es verdad que la masonería ha tenido un papel tan relevante en los tres últimos siglos,¿Por qué jamás había oído hablar de ella?

    Mis dudas se confirmaron cuando, al preguntar a compañeros míos de clase, ni uno sólo me supo decir qué era la masonería. Entonces supe con certeza que la masonería me iba a dar un buen tema para mi trabajo.

    Al principio pensé en abordarlo sólo a partir del siglo XX, con el inicio de las instituciones mundialistas, pero cuando empecé noté que quedaba un gran vacío por explicar. No se puede empezar la casa por el tejado. Mis ambiciones en cuanto al trabajo se incrementaron y decidí abordar la práctica totalidad de la historia de la masonería, por lo menos la historia de la masonería europea.

    Los orígenes de la masonería se produjeron en la Edad Media, cuando el masón era un trabajador calificado, un verdadero maestro en el arte de trabajar la piedra. Poco a poco estos masones fueron admitiendo en sus logias, que eran gremios de trabajadores, a hijos de masones o amigos que no tenían nada que ver con el oficio del masón. A estos masones se les conoce por el nombre de masones aceptados. No pasó mucho tiempo hasta que estos fueron mayoría en las logias. En el siglo XVII la masonería se convirtió en una sociedad filosófica y social. Durante el siglo XVIII asistimos a una división de la masonería, la rama escindida se transforma en una masonería política, revolucionaria, anticlerical y liberal. A lo largo del siglo XIX las dos masonerías se extienden por todo el mundo, a menudo al servicio de intereses nacionales. En el siglo XX la masonería se identifica con el socialismo. Sin embargo éste no es el último cambio ya que, actualmente, en el siglo XXI, nos encontramos con una masonería que se ha identificado con las instituciones del Nuevo Orden Mundial.

    Barcelona, enero del 2002

    CAPÍTULO PRIMERO

    ORÍGENES DE LA MASONERÍA

    LA MASONERÍA OPERATIVA EN LA EDAD MEDIA

    El puente de Londres está cayendo

    ¿ Cómo habremos de reconstruirlo?

    Construidlo con plata y oro,

    Bailando sobre la dama de la pradera;

    el oro y la plata se han de robar,

    junto con una bella dama.

    Construidlo con hierro y acero,

    Bailando sobre la dama de la pradera;

    El hierro y el acero se curvaran e inclinarán,

    Junto con una bella dama.

    Construidlo con madera y barro,

    Bailando sobre la dama de la pradera;

    La madera y el barro serán arrastrados,

    Junto con una bella dama.

    Construidlo con una piedra tan fuerte,

    Bailando sobre la dama de la pradera;

    Pues así durará varios siglos

    Junto con una bella dama.

    LA MASONERÍA OPERATIVA

    Inglaterra, Francia, Alemania y Escocia.

    Aunque se le han buscado remotísimos orígenes, la masonería tiene su verdadero origen en las corporaciones gremiales de la Edad Media. Concretamente en la del ramo de la construcción.

    De estos gremios de masones ya se tiene constancia en el siglo XII, cuando en Inglaterra se les encargó la reconstrucción del puente de Londres en piedra, después de la destrucción en el año 1176 del antiguo, construido con madera.

    Los masones eran distintos. En la Edad Media, desde el siglo XII al XV, existía la sensación generalizada que los masones eran distintos del resto de la gente. Esta sensación tiene su origen en el hecho de que los masones viajaban a lo largo y ancho del país, cosa inusual en aquella época, donde lo normal era permanecer en la misma aldea toda la vida. Fue la Iglesia la que preservó la libertad de viajar de los masones. Normalmente en las sociedades feudales el siervo nacía ligado a la tierra, no la podía abandonar. Pero como muy pronto quedó constancia de que los masones eran trabajadores cualificados, y se necesitaba que participaran en las construcciones de todo el país, se les concedió el privilegio de circular libremente.

    Su nombre original, “francmaçon” (en Francia) o “freemason” (en Inglaterra) aparece ya en la baja Edad Media para indicar a los albañiles distinguidos y separarlos de los devastadores o canteros, indicando la excelencia en el arte de la construcción y la piedra. Es decir, los masones no eran simples yeseros o paletas, eran artistas trabajando la roca. Hay una teoría que afirma que el nombre de “freemason”, proviene de trabajador libre, “free” en inglés es libre, ya que la masonería se cobijó al principio bajo los privilegios otorgados a los albañiles. Pero es más creíble la teoría que afirma que la palabra francmaçon proviene de la excelencia en el arte de la piedra. En cuanto al término masón, se cree que puede derivar del latín medieval “mationes”, que aparece en el siglo VIII, derivado a su vez del germánico “makjo”, propiamente preparar la arcilla para la construcción.

    Los principales empleadores de los masones eran el rey y algunos nobles que obtenían el permiso de castillar, es decir, de construir castillos. Las principales tareas y las más importantes de los masones eran la construcción de catedrales. En Gran Bretaña, los masones eran de las pocas personas que viajaban en aquella época, se desplazaban por todo el país erigiendo catedrales o castillos, allí donde les demandaran su trabajo.

    Recorrían el país construyendo catedrales en los pueblos de los condados, castillos en puntos estratégicos y abadías en ciudades cercanas.

    La erección de catedrales proporcionaba muchas oportunidades de trabajo a los masones. En Francia entre 1050 y 1350 se construyeron 80 catedrales, 500 iglesias grandes y muchas más parroquias. En Inglaterra, las construcciones de las catedrales duraban con frecuencia más de 100 años.

    La obra requería mucha mano de obra, tanto cualificada como no cualificada. Se necesitaban trabajadores inexpertos que despejaran los escombros para construir los cimientos y que cargaran las piedras y el mortero hasta el sitio de la obra.

    Las reglamentaciones francesas de 1268 para la construcción de catedrales, que se redactaron después de consultar a los gremios artesanos, establecían que los masones, fabricantes de morteros y yeseros pueden tener tantos asistentes y criados como les plazca, siempre que no les enseñen nada de su oficio. Estas restricciones eran hechas para conservar el arte del constructor, y este tipo de secretismo sería lo que siglos más adelante daría pie a toda el aura misteriosa que envuelve las sociedades masónicas.

    Algunos caballeros y nobles se ofrecían como voluntarios para realizar el trabajo no cualificado como obra de piedad. En ciertos sitios los sábados santos se obligaba a los judíos a realizar ese trabajo como penitencia.

    Los masones eran trabajadores calificados. Había dos clases de masones: los picapedreros o masones rústicos que plantaban la piedra dura común, proveniente de Kent, y otras partes sobre las que se construían la iglesia. Los masones más diestros, que tallaban las elegantes fachadas del frente de la catedral. Esta fachada era trabajada a partir de una piedra blanda, terrosa, que se hallaba en muchos sitios de Inglaterra entre Dorset y Yorkshire, así como en otros países de Europa. Esta piedra más blanda era conocida como piedra libre o franca y los masones expertos en trabajarla pasaron a denominarse masones de piedra franca de donde deriva el actual término “francmasones”

    Cerca del sitio en el que trabajaban, los masones erigían su choza a la que llamaban “lodge” o posada en la que guardaban sus herramientas y comían, en el intervalo que se asignaba para ello durante el día. Sin embargo no dormían allí sino que alquilaban habitaciones en una hostería u otros alojamientos del lugar, y a veces residían allí durante años hasta que finalizaba su obra. Del término “lodge” cuyo significado en inglés es “posada” es de donde deriva la palabra logia, que es donde actualmente se agrupan los masones en sus asambleas.

    Aunque se trasladaban de un lugar a otro de trabajo desde todas las regiones de la nación, los francmasones no eran vagabundos desempleados que iban recorriendo el país en busca de empleos ocasionales. Eran famosos por su destreza y quienes les convocaban eran frecuentemente los obispos del lugar donde se estaba erigiendo la catedral.

    Eran trabajadores tan cualificados y solicitados que a veces estaban trabajando en una construcción y recibían, desde otras partes de Inglaterra, Francia o Alemania, ofertas que los tentaban a dejar esa tarea para ir, a cambio de recompensas más cuantiosas, a trabajar en otra construcción.

    Para evitar que los trabajos de los masones quedaran a medio hacer los obispos incluían cláusulas que los obligaban a trabajar hasta la finalización de la construcción; pero con frecuencia los masones rechazaban esa cláusula en el contrato.

    Cuando el rey estaba edificando un castillo o alguna fortificación que él consideraba esencial utilizaba sus poderes de requisa a fin de forzar a los masones a trabajar para él. En la década de 1540 Enrique VIII construyó fortificaciones en la costa de Kent a fin de protegerse de una posible invasión francesa. Masones de lugares tan distantes como Somerset y Gloucestershire fueron obligados a presentarse y trabajar allí. A otros masones de Wiltshire y Worcestershire se les obligó a ayudar en la construcción del magnífico palacio en Nonesuch, cerca de Esher, Surrey.

    A veces masones que estaban en Kent recibían la orden de ir a Berwick para trabajar en fortificaciones contra los escoceses y se les enviaban 12 chelines y ocho peniques para cubrir los gastos del viaje desde Maidstone, a 490 kilómetros de distancia. Otras veces, como las autoridades no confiaban en que los masones se presentaran a trabajar según se les había ordenado, los arrestaban y los llevaban por la fuerza al destino fijado.

    El cardenal Woley adoptó este método para construir su “Cardinal College of Oxford”, llamado también Iglesia de Cristo.

    Por lo general el reclutamiento de masones no era llevado directamente a cabo por el rey ni por el gobierno, sino por una corporación o gremio del oficio, a la que el rey había otorgado una licencia e instrucciones para regular la actividad. El gremio estaba compuesto por los principales empleadores del ramo, pero a veces era directamente controlado por un funcionario real. Los masones estaban bajo control de la “Mason's Livery Company” de Londres, que ya existía en 1220. Había gremios de masones en Chester, Durham, Newcastle y Richmond.

    La Europa del medievo era una sociedad eminentemente disciplinada y regulada. Un dato muy peculiar de la historia de la Edad Media y poco conocido en la actualidad era el hecho de que el Parlamento (en Inglaterra) establecía el sueldo máximo que se le permitía recibir a cada clase de trabajador y el número de horas diarias que estaban obligados a trabajar, en invierno y verano; el género y color de las vestimentas que podían usar los duques, los barones, los caballeros, las gentes comunes y los plebeyos. Establecían también el numero de platos que podían cenar, los días de ayuno en que no se permitía comer carne o huevos (costumbre que todavía se mantiene en la tradición católica de la cuaresma) y los juegos a los que les eran permitidos jugar.

    La vida de los masones, siguiendo con la tendencia de poner reglas a todo de la época, estaba profundamente regulada y disciplinada.

    Sus deberes estaban establecidos en directivas de los gremios que los controlaban y se conocían como “Cargas”. Las principales cargas eran:

    • Obligación del masón hacia Dios. Debe creer en la doctrina de la Iglesia Católica y rechazar todas las herejías. Este punto, como veremos más adelante en mi trabajo, es muy controvertido ya que a partir del siglo XVIII se abre un enfrentamiento de gran magnitud entre la Iglesia Católica y la masonería.

    • Obligación hacia el rey. Habían de respetar su soberanía y sus leyes. Este punto también trae gran controversia por la teoría de la fraternidad masónica que también veremos más adelante.

    • Obligación hacia el maestro. No podían traicionar los secretos del maestro (punto de partida de todo el secretismo que rodea a los masones en la actualidad) No debían seducir ni a su mujer ni a su ¡ama de llaves! No debían sostener ninguna discusión desobediente con su maestro.

    Luego tenían obligaciones del tipo moral como no cometer adulterio ni fornicación, no frecuentar burdeles y no jugar a los naipes. Estas obligaciones morales estaban ligadas con la doctrina de la Iglesia Católica en puntos como el adulterio y con las leyes inglesas en puntos como los naipes, a los cuales sólo podían jugar durante los doce días de navidad.

    En 1348 se produjeron una serie de epidemias en Europa, conocidas como la Muerte Negra, que en algunas partes de Inglaterra asolaron con la vida de entre un tercio y la mitad de la población. Como consecuencia hubo una escasez de mano de obra que permitió a los supervivientes negociar mejoras en su trabajo y en su salario.

    Aún así siguió la tendencia de fijar un salario máximo para los trabajadores. Estas leyes que eran dictadas por el parlamento respondían, de hecho, a aquello que beneficiaba tanto a los aristócratas de la cámara de los lores, como a los caballeros, mercaderes y empleadores de la cámara de los comunes.

    De esta manera los empleadores podían acordar un trabajo por el mínimo que los trabajadores estuvieran dispuestos a aceptar, pero era ilegal que los trabajadores cobraran por más de lo fijado por la ley. Los empleadores que pagaban más y los trabajadores que recibían más de lo estipulado eran multados con 20 chelines, equivalente a lo que percibía un masón en 6 meses.

    El salario medio de los masones por trabajar catorce horas en verano, y de la salida del sol hasta media hora antes de la puesta, era de 6 peniques diarios. Estos horarios que, como no, estaban fijados por la ley, se incumplían a menudo; como cuando Enrique VIII reunió a todos los masones de Inglaterra y los puso a trabajar en las fortificaciones reales, haciéndolos trabajar hasta de noche.

    A pesar de las autoritarias leyes, con frecuencia los masones y otros empleadores acordaban contratos ilegales conforme se pagaba más de 6 peniques por día. Esto era debido a la escasez de mano de obra, que incrementaba el poder de negociación de los trabajadores, en especial de trabajadores cualificados y sobradamente reconocidos como los masones. Todo esto hacía que en muchas ocasiones las dos partes se arriesgaran a violar la ley.

    Los masones fueron de los primeros trabajadores en agruparse en sindicatos ilegales, en reuniones secretas, en las que se acordaba que ninguno de ellos trabajaría por menos de un salario bastante más alto que el fijado por la ley. De estas primeras reuniones masónicas, que se hacían el más estricto secreto por razones obvias, es de donde deriva en parte la costumbre de la masonería de mantener todas sus acciones en secreto y bajo un halo de misterio.

    Estas primeras violaciones de la ley desembocaron con el tiempo en una continua violación, hasta el punto que la ley se hizo virtualmente imposible de aplicarla, y no se hacía ningún intento serio por revigorizarla.

    Por poner un ejemplo, Henry Yeveley, uno de los maestros masones más famosos entre 1356 y 1399, se hizo lo suficientemente rico como para adquirir dos fincas, algo imposible de obtener con el salario fijado por la ley.

    En el año 1425 se hizo un último intento por revigorizar la ley por parte del Parlamento y el Duque de Bedford. Se dictó un estatuto que afirmaba que los masones habían violado la ley y que habían formado agrupaciones ilegales para obligar a los patrones a pagarles salarios excesivos. La ley imponía penalidades severas a los masones que acudieran a esas reuniones, pero, como todavía había escasez de mano de obra y los masones conservaban intacto su poder de negociación, dos años más tarde no se volvió a hacer ningún intento posterior por aplicar la ley.

    En Francia, al igual que en Inglaterra, los masones eran la élite de la fuerza de trabajo empleada en la construcción de las catedrales, en especial los “francmaçons” o trabajadores de piedra franca. Así formaron una organización sin paralelo en Inglaterra ni en ningún país de Europa, la “Compagnonnage”.

    Los compagnons que pertenecían a ella recibían a trabajadores de todos los oficios y organizaban su traslado a los lugares de trabajo. Intentaban realizar negociaciones en representación de los trabajadores de los distinto oficios. De esta manera se convirtieron en el equivalente medieval más cercano a una confederación de sindicatos. Lo que hoy en día en España son la U.G.T. o C.C.O.O.

    De esta manera los masones no sólo hacían sindicatos para defender sus intereses sino que eran la punta de lanza de los derechos de los trabajadores en la Europa del medievo.

    Como es de esperar los reyes y gobiernos de Francia no aprobaban esta organización que luchaba contra sus intereses. Se dictaron leyes y decretos contra la Compagnonnage y en el 1601 se aprobó una ley que prohibía que más de tres compagnons fueran a una taberna o que se saludaran por la calle.

    En Alemania, al igual que en Francia y en Inglaterra, los Steinmetzen (masones de piedra) eran la élite de los trabajadores. Sus actividades estaban reguladas por corporaciones creadas por ellos mismos. Crearon organizaciones nacionales que cubrían la totalidad de Alemania y Europa central. Se fundaron logias en Viena, Colonia, Berna y Zurich, pero todas aceptaban el liderazgo de los masones de Estrasburgo.

    Estos tenían tal influencia que en 1459 el emperador Maximiliano I convirtió en ley el código de conducta que venían aplicando desde hacía tiempo los masones de Estrasburgo. Esta influencia de Estrasburgo perduró hasta que en el año 1681 Luis XIV anexionó Estrasburgo a Francia.

    En Escocia los gremios de masones eran incluso anteriores a los primeros de Inglaterra. Malcom III, en el año 1057, había otorgado una carta con el poder y la obligación de regular el oficio a la Compañía de masones de Glasgow. Había gremios de masones en Edimburgo, Irvine, Aberdeen y Dundee.

    A pesar de la antigüedad de los masones de Escocia estos tuvieron menos éxito en conservar su posición privilegiada en la construcción ya que carecían de piedra franca en su país por lo que no podían realizar su trabajo cualificado.

    Como ya he dicho antes la vida de un masón estaba profundamente regularizada, por lo cual nadie estaba autorizado a realizar un trabajo de maestro hasta que no hubiera cumplido un período fijo de aprendizaje. Sin embargo en Escocia, como consecuencia de no poder ejercer esa posición privilegiada, un aprendiz se podía convertir en aprendiz ingresado en un lapso muy corto de tiempo, y un aprendiz ingresado podía realizar la mayor parte del trabajo de un maestro masón.

    Para contrarrestar esta tendencia que restaba poder a la jerarquía de los masones, los maestros inventaron una palabra secreta, que transmitieron a todos los maestros masones y a la cual no tenían acceso los aprendices ni los aprendices ingresados. De esta manera los maestros masones se podían reconocer entre sí y evitaban en lo posible que los aprendices realizaran su trabajo. La “palabra masónica” es probable que fuera Mohaby que tiene relación con la palabra Marrow, que hasta el XIX en Escocia se utilizó para designar a un compañero o camarada.

    De esta costumbre de la palabra masónica han derivado muchas leyendas y teorías, que afirman que en la actualidad sigue habiendo palabras secretas y gestos masónicos que permiten reconocerse a los masones.

    De la evolución de la masonería tanto en Inglaterra, como en Francia, en Alemania y en Escocia, podemos observar como los masones se iban agrupando para crear grupos de influencia, que les permitieran acceder a mejores contratos laborales o extender sus normas de conducta y su modo de vida. Esta tendencia seguirá en el resto de la historia de la masonería y propiciará que con el tiempo alcancen gran influencia en los gobiernos de Europa.

    FALSOS ORÍGENES DE LA MASONERÍA

    “Así terminó Hiram de hacer toda la obra que llevó a cabo para el rey Salomón en el templo del señor”

    Reyes 7, 40-41

    En este capítulo quiero tratar sobre los falsos orígenes de la masonería. Anteriormente hemos visto cuál era el verdadero origen de la masonería, y cómo se desarrolló ésta en la Edad Media en el gremio de los constructores. Sin embargo hoy en día muchos masones siguen creyendo en los falsos orígenes de la masonería.

    Estas leyendas sobre el origen de la masonería son muy diversas, algunas teorías son descabelladas como la que afirma que el padre de todos los hombres, Adán, fue el primer masón.

    Una de las leyendas más extendidas, la llamada leyenda rosa de la masonería, presenta a la masonería como heredera de todos los cultos secretos iniciáticos de la Antigüedad, prolongados misteriosamente a través de la Edad Media hasta la Edad Moderna: Los misterios de Eleusis, la tradición báquica, los ritos de origen egipcio y mesopotámico, con otras influencias orientales, trasvasadas a Roma durante la época alejandrina.

    Estos misterios llegaron a la Edad Media y reflorecieron en las expediciones de los cruzados desde el siglo XII; en que trajeron su hallazgo a Europa sobre todo a través de la Orden del Temple y la de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén. El trágico fin de los templarios se conecta, en la leyenda, a la historia de la masonería, que se encargó de transmitir los recuerdos, el poder y la venganza del temple perseguido y martirizado.

    Sin embargo la leyenda más extendida y creída por muchos masones es la tradición arquitectónica de la masonería. Según la leyenda la masonería fue fundada por Hiram, rey de Tiro, que recibió de Salomón el encargo de ayudarle a construir el templo de Yahvé en Jerusalén, y que, en funciones de gran arquitecto, inició a sus colaboradores y subordinados en el arte secreto de la construcción.

    De éstos destacaba Hiram Abif, el arquitecto a quien el rey Hiram había encargado la obra. Hiram Abif tenía a sus órdenes a numerosos obreros a los que distribuyó en tres clases, cada una de las cuales recibía el salario proporcionado al grado de habilidad que le distinguía. Estas tres clases eran las de aprendiz, compañero y maestro.

    Cada una tenía sus misterios especiales y se reconocían entre sí por medio de palabras, signos y gestos que les eran peculiares. Hiram Abif fue asesinado en el templo por tres de sus discípulos, a quienes no quiso darles su secreto de maestro. Desesperados los discípulos por haber cometido un crimen inútil, ya que no habían obtenido el secreto de maestro, escondieron su cuerpo de noche, lejos de la ciudad, en un pequeño bosque, y plantaron encima una acacia.

    Los maestros constructores, al enterarse de la muerte de Hiram Abif, salieron en número de nueve en su búsqueda, divididos en grupos sucesivos de tres.

    Habiendo descubierto la acacia recién plantada la arrancaron, abrieron la tumba, y el maestro Hiram Abif resucitó.

    En los rituales masónicos hay abundantes huellas de estas leyendas, especialmente de la leyenda de Hiram y el templo de Salomón. Todos estos rituales y leyendas se cocieron en gran parte a principios del siglo XVIII, cuando se empezaron a oficializar los rituales y los masones empezaban a preguntarse por los orígenes de su orden.

    Signos reconocidos de la masonería como el compás y la escuadra, provienen de estas leyendas. A pesar de que existe algo de fundamento para poder creer en las leyendas, no existe ninguna prueba concreta de la existencia de la masonería antes de los gremios de constructores.

    Por ejemplo la forma de vida de los Esenios se semejaba bastante a la de los masones de la Edad Media, siendo una vida muy disciplinada y reglamentada. Pero de ningún modo estas coincidencias históricas nos sirven para probar estos legendarios orígenes de la masonería.

    CAPÍTULO SEGUNDO

    LA MASONERÍA EN EL

    SIGLO XVII

    EL SIGLO XVII

    EL PASO DE LA MASONERÍA OPERATIVA A LA MASONERÍA ESPECULATIVA

    Entre los años 1550 y 1700 los francmasones cambiaron de manera paulatina. Dejaron de ser un sindicato ilegal de trabajadores masones que aceptaba todas las normas y doctrinas de la iglesia católica. Su actividad ya no era la de construir catedrales, en vez de ser un gremio de trabajadores, obreros de las piedras, pasaron a ser organización de caballeros intelectuales, partidarios de la tolerancia religiosa, la amistad entre hombres de religiones diferentes (recordemos que en estos años las guerras de religión asolaban Europa), y convencidos de que las doctrinas teológicas polémicas debían ser sustituidas por una creencia simple en Dios.

    A pesar de que los historiadores no se ponen de acuerdo sobre como se produjo este cambio, existe una teoría mas o menos generalizada que explica el paso de lo que conocíamos como masonería operativa a masonería especulativa, aunque en la época el término de especulativa no se había acuñado todavía (no se utilizaría hasta el año 1757) y se los conocía como masones aceptados o caballeros masones.

    En los gremios de masones que hemos visto en el capítulo anterior había una vieja tradición por la cual se podía aceptar como miembros a hombres que no tenían ninguna relación con el arte del masón.

    Esta tradición existía sobre todo porque desde los primeros tiempos, los hijos de los miembros que habían nacido después que su padre se incorporara al gremio podían ser miembros por herencia. Lo común en la Edad Media era que el hijo siguiera el oficio de su padre, aunque no siempre era así, por eso los gremios llegaban a contar entre sus filas con mucha gente que no era masón. Este hecho se agravaba gracias a que los gremios podían admitir como a miembros a hombres que no tenían nada que ver ni con el oficio, ni por nacimiento o ocupación, y muchas veces lo hacían.

    Por poner un ejemplo en el siglo XIV, uno de los más importantes gremios, el de los sastres y confeccionistas del lino aceptaba como miembros a caballeros del campo que les vendían lana para exportarla a los Países Bajos. Incluso se llegó a admitir como miembro a Eduardo III, después de haberle prestado dinero que sabían que nunca recuperarían para sus guerras. La relación era mutuamente provechosa ya que los caballeros obtenían mejoras comerciales y los gremios obtenía prestigio social contando con caballeros entre sus filas.

    Especialmente en Escocia era habitual que los gremios de comercio invitaran a los caballeros a incorporarse. Esta práctica se volvió tan común que una familia a la que los masones llevaban años invitando a sus logias, la familia St Clair de Rosslyn, reclamó injustamente el derecho a ejercer autoridad sobre los masones de Escocia.

    Entre los siglos XVI y XVII fue la lectura de la Biblia la que causó que tantos caballeros desearan incorporarse a las logias masónicas. Esto era debido a que las logias enseñaban una vaga idea con una profunda tolerancia a la hora de entender lo que era Dios, cada cual que leyera la Biblia podía entender a Dios como él quisiera.

    De esta manera los caballeros no tenían porque hacer caso a la Iglesia, que era la que, (hasta que se empezó a traducir la Biblia a las lenguas propias de cada país), había enseñado lo que decía la Biblia y como se había de interpretar. Se cayó en el relativismo.

    Detrás de este cambio de muchos caballeros, que renegaron del catolicismo después de leer la Biblia en inglés o francés, no había muchas veces una cuestión de fe, sino unos intereses comerciales y morales, ya que se sentían mucho más libres para entregarse a hacer lo que ellos quisieran con la cómodo doctrina protestante o el deísmo masón que con la férrea doctrina católica.

    Fue en esta época, cuando los protestantes leyeron cada una de las 860.000 palabras de la Biblia en busca de textos que denigraran la doctrina y la autoridad de la Iglesia Católica, cuando surgieron muchas sectas y herejías.

    Esto se produjo gracias a la corriente de pensamiento que afirmaba que cada uno podía interpretar la Biblia a su manera. Así hoy en día todavía persisten aberraciones como la de los testigos de Jehová, que al leer en un fragmento de la Biblia que solo entrarían 160.000 personas en el reino de los cielos, lo tomaron de manera literal, y esa es la base de la doctrina que enseñan.

    Junto con todas las nuevas corrientes de pensamiento, fue en esta época cuando surgieron los falsos orígenes de la masonería, atribuyéndole orígenes del Templo de Salomón, egipcios etc. De este tema he dedicado un capítulo en mi trabajo (ver índice)

    Las logias masónicas, que aceptaban a no masones como miembros, aumentaban enormemente, entendiendo masón en el sentido del primer capítulo y no como los denominaremos a partir de ahora a los masones aceptados. La masonería se extendía por toda Inglaterra.

    En Londres muchos eminentes intelectuales y varios miembros de la Royal Society eran masones. Ashmole, Sir Robert Moray e Iñigo Jones eran francmasones. A pesar de que muchos afirman lo contrario Sir Isaac Newton no era masón ni siquiera simpatizante. En cambio Christopher Wren fue iniciado como francmasón aunque nunca tuvo un papel activo en la sociedad. De esta manera podemos ver como las logias masónicas comienzan a nutrirse de miembros importantes de la sociedad, y comienzan a adquirir bastante relevancia e influencia.

    Por poner un ejemplo muy claro del paso de la masonería operativa a la masonería especulativa voy a citar a la logia de Aberdeen. En 1670, de los 49 maestros masones, solo diez eran masones operativos, cuatro eran nobles, tres eran caballeros, ocho eran abogados, nueve eran mercaderes y quince eran comerciantes.

    En Inglaterra los masones aceptados fueron eclipsando desde su llegada a los masones de oficio o masones operativos. En el siglo XVI se terminan las catedrales y los trabajos de éstas son abandonados definitivamente, el renacimiento aporta nuevas técnicas de construcción que ya no exigen el sistema de aprendizaje y secreto mantenido por los masones operativos medievales. A la época de las catedrales, le sucedería la época de los castillos y palacios. Todo esto, junto con la aparición de las academias de arquitectura en Italia, quitó la razón de ser a los masones operativos.

    Al cesar pues la edificación de catedrales, las logias masónicas fueron quedando paulatinamente en manos de los masones aceptados, es decir, que con el tiempo los masones especulativos se impusieron totalmente a los masones operativos.

    Antes de pasar al definitivo cambio a la masonería especulativa, analicemos un poco el contexto histórico de Inglaterra y Escocia que había en esa época.

    El hecho de dejar de construir catedrales y símbolos religiosos fue lo que hizo, en gran parte, que la nueva masonería especulativa estuviera desprovista de las creencias católicas de la masonería operativa, unido por supuesto a la llegada del protestantismo.

    La restauración de 1660 en Inglaterra llevó al poder a los “Cavaliers”, o partido Tory, y dio lugar al dominio de la Iglesia de Inglaterra, que persiguió tanto a los católicos romanos como a los protestantes no conformistas.

    La persecución era muy severa y muchos acabaron en prisión o ejecutados. Aunque el rey era católico en secreto no se atrevía a ponerse en contra de su gobierno protestante, ya que el pueblo todavía tenía resentimiento por las persecuciones de María Tudor.

    Les dejaba que colgaran, cortaran y descuartizaran a los jesuitas y a otros sacerdotes católicos bajo falsas acusaciones de traición. Los eclesiásticos no conformistas perdían sus hogares y prebendas debido a la ley de las cinco millas, ya que esta ley disponía que era un delito que un ministro no conformista residiera a menos de 5 millas de cualquier pueblo en el que hubiera obtenido alguna prebenda.

    En Escocia la persecución religiosa a católicos y a presbiterianos todavía fue más intensa, ya que en esa zona los presbiterianos armaron una revuelta contra el gobierno anglicano y asesinaron al arzobispo de St Andrews. Esto originó el envío de los ejércitos ingleses, que paraban a gente aleatoriamente por la calle y les hacía decir “Dios salve al rey”. En caso de que se negaran los podían fusilar allí mismo. También era práctica corriente atarlos a un poste en la orilla durante la marea baja para que al llegar la marea alta se ahogaran.

    En 1685 Carlos II murió y fue sucedido por su hermano Jacobo, que aunque no ocultaba su condición de católico romano defendía la preponderancia de la Iglesia de Inglaterra. Jacobo suspendió las leyes contra los católicos romanos y se intentó ganar a los no conformistas, que empezaban a ser conocidos como Whigs, el partido liberal. Sin embargo los Whigs odiaban a los católicos romanos e hicieron frente común con la Iglesia de Inglaterra en contra de Jacobo. Estos invitaron a Guillermo de Orange a invadir Inglaterra para librarse de Jacobo. En el 1688 Jacobo huyó a Francia y Guillermo de Orange se convirtió en el nuevo rey de Inglaterra. En 1690, la resistencia armada de los católicos en Escocia e Irlanda ya había sido sofocada.

    Esta revolución introdujo la tolerancia religiosa excepto para los católicos que para acceder a un cargo público debían abnegar de la teoría de la transubstanciación, es decir, reconocer que la consagración la ostia era un símbolo y no era realmente el cuerpo de Jesús.

    Existen teorías que los francmasones habían jugado un papel importante en la eclosión de la revolución de 1688, incluso algunos francmasones de la época hicieron suyo ese mérito, sin embargo hoy en día no contamos con pruebas de su participación y sí que sabemos que ninguno de los principales líderes de la revolución era francmasón.

    Aunque sí que es verdad que los masones sacaron mucho partido de la nueva situación, que les era infinitamente más favorable.

    Para poner un ejemplo de la nueva situación John Toland, un irlandés de Londonderry publicó un libro en 1690 que no podía haber sido publicado antes de la revolución. En “Cristianismo no misterioso” defendía una creencia simple en Dios y en las enseñanzas morales de Jesucristo y evitaba discutir la teoría de la transubstanciación o cualquier otro tema teológico polémico.

    El mismo Toland fundaría más tarde una sociedad filosófica en Oxford, en el que explicaba la posición de la sociedad bajo la triple meta de los sabios: la verdad, la libertad y la virtud.

    A pesar de que comenzaba el apogeo de las logias masónicas en Inglaterra, que se concretaría en 1717 con la implantación definitiva de la masonería especulativa, en ciertos sectores los masones se estaban volviendo impopulares. En 1698 se distribuyó en las calles de Londres un folleto firmado por un tal Mr. Winter que advertía de los perjuicios y maldades practicados a la vista de Dios por todos aquellos que se hacían llamar masones liberados, ya que, continuaba, estos juramentan contra todos los que no son sus partidarios, ellos son el anticristo que viene a alejar a los hombres del temor de Dios.

    Todo este recelo de parte de la sociedad provenía de la actitud de ocultamiento de los masones, así como de sus juramentos secretos. Esto era lógico ya que aun hoy en día yo me pregunto: Si los francmasones son una sociedad legal y respetable ¿ Por qué el secreto? ¿ Por qué se va a ocultar todo bajo ese halo de misterio si, como nos cuentan, lo que pretenden es una mayor fraternidad entre los hombres? Si de verdad tienen este propósito encomiable yo, al igual que Mr Winter trescientos años atrás, no entiendo por qué se ocultan.

    De todas maneras, a pesar de que su actitud de ocultamiento y misterio despertaba las sospechas de la sociedad al mismo tiempo fascinaba a los mismos masones, ya que les gustaba creer que ellos, y solo ellos conocían importantes secretos. Hubo gente que llegó a abrigar la convicción de que los francmasones poseían el tipo de secreto que ellos siempre habían querido descubrir. Owen, poeta galés se unió a los masones porque creía que estos conocían las leyendas de los druidas galeses. William Stukeley, doctor, se unió a los masones con la esperanza de descubrir los misterios de los antiguos.

    En 1714, a la muerte de la reina Ana Georg Ludwig se transformó en el rey Jorge I de Inglaterra, conforme a la ley de sucesión al trono, que investía la corona sobre los descendientes de Sofía siempre, y repito siempre ya que era esencial que no hubiera excepciones, fueran protestantes. Si uno de ellos se hacía católico o se casaba con un católico no podía reinar. Aún hoy en día esta obsoleta ley sigue vigente en la casa Real de Inglaterra. Fue el triunfo de los protestantes y de la casa de Hanover.

    Con todo este contexto favorable llega la eclosión de la masonería especulativa, el definitivo paso, que se dio cuando en 1717 cuatro grandes logias de Londres decidieron unirse y fundar la Gran Logia nacional, que tendría autoridad sobre todas las otras logias de Inglaterra, aunque para tomar esta decisión no tuvieron en cuenta la opinión de otras logias de Londres, Manchester, Southampton etc.

    Con la llegada de 1717, asistíamos al nacimiento oficial de una nueva masonería, muy diferente a la que habíamos conocido en la Edad Media.

    Cada una de las logias tenía alrededor de 15 miembros, la mayoría masones operativos, conectados de alguna manera con el ramo de la construcción. Sin embargo la última de las 4 logias contaba con 70 miembros, todos ellos caballeros y por supuesto masones especulativos.

    En febrero de 1717 los miembros de las 4 logias tuvieron una reunión en la Taberna Apple Tree de Charles Street, que fue cuando decidieron formar la Gran Logia y se oficializó todo. El día de san Juan Bautista, 24 de junio de 1717, se reunieron en una cervecería cerca de la Iglesia de St Paul y eligieron entre todos como Gran maestro a Anthony Sayer.

    En esta reunión el peso principal de las decisiones lo tuvieron un francés y un escocés.

    El francés era Desaguliers, que había escapada de la represión de Luis XIV a los protestantes cuando apenas era un niño de 2 años. Más tarde tuvo ocasión de vengarse, cuando Francia entró en guerra con Inglaterra por la sucesión del trono de España. Desaguliers que se oponía a la liga militar católica ideó un nuevo tipo de arma que sirvió decisivamente a los ingleses durante los sitios para ganar la guerra. Esto lo hizo debido a su resentimiento contra los católicos y especialmente contra el Papa.

    Desaguliers se unió a la masonería al ver a ésta como el camino hacia un deísmo tolerante que evitara futuras guerras de religión, al ver que quien gobernaba en Inglaterra era la aristocracia terrateniente se decidió a convertirla a la masonería para que floreciera una sociedad de deístas, libres de persecuciones y ataques.

    Muchos nobles aceptaron las ideas de Desaguliers, abrazando la masonería.

    A los aristócratas ingleses, famosos por su disposición a confraternizar con los de las clases inferiores, una organización en la que realmente todos los miembros eran hermanos les atraía, además del hecho de lo atractivo que era unirse a una sociedad con nexos históricos con personajes bíblicos, que aceptaba el orden protestante establecido pero que evitaba problemas fomentando la tolerancia religiosa.

    Si el primer hombre de la reunión fue el encargado de difundir la masonería sobre las clases más influyentes de Inglaterra el segundo, el escocés, conocido como Anderson, fue el encargado de publicar los principios de la masonería en “Constituciones”

    La primera edición apareció en 1723. Se hace constar en ellas de una forma simbólica que en adelante ya no será una catedral el templo a construir, sino que el edificio que habrá de levantarse en honor del Gran Arquitecto del Universo, será la catedral del universo: la misma humanidad.

    El antiguo trabajo sobre la piedra bruta que se había de pulir pasará a ser el hombre, la masonería tiene una función principalmente ética. Un artículo fundamental de las constituciones de Anderson es el que exige a todo masón la creencia en Dios como medio de conciliar una verdadera amistad entre sus miembros. El artículo reza así:

    “Todo masón está obligado en virtud de su título a obedecer la ley moral; y si comprende bien el Arte, no será jamás un estúpido ateo, ni un irreligioso libertino. Así como en los tiempos pasados los masones estaban obligados en cada país, a profesar la religión de su patria o nación, en el presente nos ha parecido más a propósito el no obligar más que a aquella en la que todos los hombres están de acuerdo, dejando cada uno a un lado su opinión particular: a saber, ser hombre buenos y verdaderos, hombres de honor y probidad, cualquiera que sea la denominación o creencias con que puedan distinguirse. De donde se sigue que la masonería es el centro de unión y el medio de conciliar una verdadera amistad entre personas que sin ella permanecerían a una perpetua distancia.”

    El artículo respecto de la obligación de prestar obediencia al rey y su gobierno era poco común y ambiguo:

    “Un masón es un súbdito en paz con las autoridades civiles, donde fuere que resida o trabaje, y jamás se mezcla con intrigas o conspiraciones contra la paz y el bienestar de la nación. Si un hermano se rebelara contra el estado, no debe ser apoyado en su rebelión, por más que pueda sentir lástima por él en su adversidad; y si no se le condena por ningún otro delito, aunque en la hermandad debe, en ese momento, desaprobar su rebeldía y no dejar sombra de duda ni terreno para la sospecha política por parte del gobierno; no puede ser expulsado de la logia y su relación con ella sigue siendo irrevocable.”

    Por un lado repudia con total claridad la traición y la conspiración, por otro lado, la cláusula demuestra una actitud muy tolerante hacia aquellos que se niegan a obedecer al gobierno existente; lo que se pretendía sobre todo era no crear disputas en la logia y no juzgar sobre aciertos y errores a hermanos masones.

    Otro de los artículos fundamentales de estas constituciones es la prohibición de los debates religiosos y políticos dentro de la logia:

    “Evitad la política y la religión. No tengáis nada que ver con estas y ocupaos de vuestro bienestar. Nuestra política es la mejor: la honestidad. Es la política del sagrado Jesús que le dio al César lo que era del César. Lo mismo sucede con la religión que profesamos, que es la mejor que existió jamás, que existirá y que puede existir. Porque es la ley de la naturaleza, que es la ley de Dios, porque Dios es la naturaleza. Consiste en amar a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos; ésa es la religión verdadera, primitiva, católica y universal, según se ha acordado en todas las épocas.”

    Este artículo atrajo a muchas personas que estaban asqueadas de la virulencia de las polémicas y conspiraciones del siglo XVIII.

    A lo largo de las Constituciones se inculca la práctica de la virtud por el sentimiento del deber, no como esperanza de premios ni por temor de castigos. Se especifica que no se hará distinción de clases ni de creencias políticas o religiosas. Todos los masones se han de guiar por el triángulo de la tolerancia, la fraternidad y el respeto a la religión.

    A partir del momento de la redacción de las constituciones nos encontramos con una nueva asociación que ya nada tiene que ver con la masonería operativa, a pesar de conservar el espíritu, organización y nomenclatura de la antigua cofradía, con sus principios y usos tradicionales. Manteniendo los términos técnicos y los signos usuales que simbolizaban la arquitectura de los templos. A partir de aquel periodo la masonería se transformó en una institución cuya característica era la consecución de una finalidad puramente ética, que se había de propagar entre todos los pueblos.

    CAPÍTULO TERCERO

    LA MASONERÍA EN EL

    SIGLO XVIII

    LA MASONERÍA ESPECULATIVA

    INICIOS DE LA MASONERÍA ESPECULATIVA EN EL SIGLO XVIII

    El Gran Maestre de la Gran Logia Nacional se elegía entre los miembros por votación y su mandato tenía una duración de un año. Después de elegir como primer Gran Maestre a Anthony Sayer en 1717 eligieron a Payne en 1718. Éste creo dos nuevos puestos: el de Grandes Vigilantes, que también se elegían por votación.

    En 1719 la Gran Logia Nacional reconoció los servicios de Desaguliers que ya he relatado en el anterior capítulo eligiéndole a él Gran Maestre. En 1720 Payne fue reelegido y esa fue la última ocasión en que un ciudadano común accedió a esa posición. En 1721 se eligió al duque de Montagu como Gran Maestre, y de allí en adelante, durante 282 años, todos los Grandes Maestros han sido nobles o miembros de la familia real, en esta Gran Logia de masones que se vanagloriaba de suprimir la distinción de clases.

    Ya en 1720 se había recortado el poder de decisión de los miembros de la logia, estableciendo que Los Grandes Vigilantes debían ser designados exclusivamente por el Gran Maestro para que lo asistieran.

    Es un dato relevante que el duque de Montagu fuera considerado como el hombre más rico de toda Inglaterra, sólo detrás del rey. La masonería ya se había implantado decisivamente en las esferas del poder político y económico, lo que será una máxima durante los casi trescientos años siguientes.

    El siguiente gran maestro fue Philip Wharton. A pesar de no contar con todas las simpatías de la logia fue elegido como gran maestro, ya que a pesar de todo era un duque. Montagu no creía en la legitimidad de éste pero Desaguliers le convenció para que no interviniera por miedo a la división de la masonería. Wharton resultó ser más tarde un conspirador jacobita, un pésimo Gran Maestre que había utilizado sus influencias como maestro francmasón para preparar el retorno del rey Jacobo exiliado en Francia.

    Personalmente no le hubiera dado yo a este hecho mayor importancia si no fuera porque estoy trabajando con otro libro escrito por un masón que cuenta con el beneplácito de las grandes Logias. Es sorprendente que después de lo que se quejan de la leyenda negra masónica durante el franquismo encuentre en este libro esta frase refiriéndose al periodo de Wharton: “en consecuencia Wharton fue elegido Gran Maestre y su administración fue una de las más fecundas y prósperas para la Sociedad que felizmente lo había designado.”

    A pesar de esto los maestros masones que lo sucedieron hicieron florecer la masonería y convencieron a la sociedad inglesa de que no tenían porqué desconfiar de ella.

    A diferencia de épocas anteriores los francmasones se esforzaban por atraer la atención pública. En el día de su celebración, el 24 de junio, marchaban en procesión por las calles de Londres, vestidos con túnicas y mantos masónicos, encabezados por el Gran Maestro.

    Después de esta marcha los masones alquilaban un teatro para una función especial de una obra de Shakespeare. Se escribía un prólogo y un epílogo especial para la función, recitados por un actor o actriz famosos, en los que se elogiaba a los francmasones y se declaraba que era un gran honor actuar ante el noble duque Gran Maestro y todos sus hermanos.

    Con actos como éstos, los masones establecieron la reputación de ser un club social, en el que caballeros y comerciantes de la clase media confraternizaban con la aristocracia.

    A pesar de estar en un buen momento la masonería en Inglaterra también recibía críticas. Sobre todo tendían a ridiculizar los mantos, las ceremonias, los falsos orígenes de la masonería, pero que los masones fervientemente creían, y en especial se burlaban de afirmaciones históricas que aparecen en las constituciones.

    En una ocasión se acusó a los masones de odiar a las mujeres por no admitirlas en la Logia. En una época en que nadie esperaba que hubiera mujeres en el Parlamento, en los jurados, en las profesiones legales o médicas ni en las universidades acusar a una sociedad de no admitir a las mujeres nos deja muy claro que la gente veía la masonería como un club social, ya que en las fiestas y recepciones la mujer sí que era la estrella de la fiesta.

    De todas maneras los masones salieron al paso de esta grave acusación diciendo que históricamente las mujeres no habían sido masones operativos, alegando que la presencia de mujeres podía distraerlos de sus obligaciones y para evitar acusaciones de actos inmorales dentro de las logias.

    De hecho la política quedó bastante zanjada cuando, en 1728 en la obra de teatro anual, el epílogo compuesto por la actriz trataba sobre lo felices que eran las mujeres de los francmasones.

    Desaguliers seguía convirtiendo a aristócratas a la masonería. Su reputación era tan alta que incluso le nombraron tutor del hijo de Jorge II, príncipe de Gales.

    Sin embargo, ésta no era su única ocupación, ya que después de haber influido decisivamente en la reunión para la creación de la Gran Logia Nacional Desaguliers estableció contactos con la masonería escocesa, e incluso fue nombrado hermano allí. También estableció contactos con logias fundadas por residentes ingleses en el extranjero, como la de la Haya, logia a la que se adhirió le duque de Lorena, emparentado con el Sacro Emperador Romano.

    En 1737 los masones obtuvieron uno de sus mayores triunfos con la incorporación a la masonería del príncipe de Gales, teniendo lugar la ceremonia en el palacio de Kew. Por supuesto los masones se encargaban que este tipo de noticias aparecieran en todos los periódicos para mejorar su reputación como el St. James Evening Post o el mismo Daily Post.

    Aunque recurrían a todos los medios a su alcance para obtener una opinión favorable en la prensa y para revelar la identidad de los hermanos nobles y miembros de la realeza seguían guardando secretos que jamás revelarían al no iniciado.

    Esta actitud, lejos ya de crear desconfianza entre la mayoría de la población, aumentó aún más las afiliaciones ya que la idea de unirse a una sociedad que era la única poseedora de ciertos secretos, aparte de poder sentarse con duques y nobles era muy atractiva.

    Algunos críticos se preguntaban si realmente tenían un secreto. Locke, que no era francmasón a diferencia de muchos otros filósofos, al ser preguntado a este respecto dijo:

    “Incluso si este fuera el único secreto-es decir que no hay secreto- de todas maneras no es tarea fácil mantener eso en secreto.”

    La masonería había cambiado mucho. Se sentían superiores a los demás, miraban por encima del hombro al resto del pueblo y ni siquiera les afectaban las críticas. Esto se reflejaba en su cancionero con canciones como éstas:

    “Seremos libres y alegres

    bebiendo oporto y jerez

    ¡Y que circule, que circule alrededor de la mesa!

    ¡Mientras que la envidia confunde a los enemigos de los masones!”

    Definitivamente esta masonería ya no tenía nada que ver con aquella de la Edad Media en la que los masones operativos dejaban de trabajar en las catedrales y bajaban a cenar a una choza llamada logia.

    LA BULA PAPAL

    El 28 de abril de 1738 el Papa Clemente XII emitió una bula contra los francmasones. El Papa emitió esta bula alegando que “los francmasones habían formado logias en la que los hombres, sin importar de qué religión o secta sean, unidos por una cierta pátina de virtud moral, están unidos entre sí en una liga cerrada y exclusiva” y juraban sobre la Biblia preservar sus secretos bajo amenazas de castigos horribles si quebraban su juramento.

    El Papa se hacía la eterna pregunta ¿ Por qué los francmasones necesitan el ocultamiento si están haciendo el bien y no el mal? De esta manera el Papa prohibía a los católicos convertirse en francmasones bajo pena de excomunión.

    Mucho se ha escrito sobre esta decisión del Papa, y la mayoría de las opiniones han coincidido en que la decisión del Papa fue injusta y desproporcionada. Sin embargo en este trabajo incluyo un apéndice sobre la incompatibilidad entre la masonería y el catolicismo que justifica que el Papa prohibiera a los católicos ser masones. Lo que obviamente tienen razón los masones al protestar es en la reacción de los gobiernos, a quien deberían dirigir sus críticas, ya que la persecución de los masones si que no estaba justificada, al menos en ese momento.

    La bula Papal comenzó a aplicarse en varios países católicos pero no en todos. Por supuesto entró en vigor enseguida en los estados pontificios, y también en Portugal. En Portugal unos católicos irlandeses habían fundado una logia pero al enterarse de la bula papal la disolvieron e informaron a la Inquisición. Como los miembros eran buenos católicos y disolvieron la logia la Inquisición no emprendió ninguna acción contra ellos.

    En 1740 se prohibió la masonería en España, actuando con más lentitud que en el caso de Portugal.

    La logia francmasónica de Florencia estaba compuesta por refugiados católicos jacobitas y se disolvió apenas se emitió la bula papal. El secretario fue arrestado por la Inquisición, pero a pesar de que la masonería inglesa difundió a través de numerosos medios la falsa creencia de que estaba siendo torturado, luego se ha probado históricamente que no sufrió ningún tipo de tortura o vejación. Un hecho destacado es que el duque de la Toscana era el antes mencionado duque de Lorena, que aunque podría haber ayudado a su hermano masón no quiso arriesgarse ya que estaba en juego su futuro puesto como emperador del Sacro Imperio Romano, y tampoco se tomaba muy en serio su juramento masónico de ayudar en todo a su hermano masón.

    Quien sí actuó para ayudar al secretario florentino fue el secretario de asuntos exteriores de Gran Bretaña, que era consciente de que muchos aristócratas con poder e influencia eran francmasones y quería ganarse su favor a pesar de que el no era francmasón. Finalmente intercedió el Papa y el secretario fue liberado.

    Otra de las notorias persecuciones a masones fue la que se llevó a cabo en 1743 en Viena. Los miembros de esa logia estaban celebrando una reunión con ilustres masones extranjeros cuando la policía que había recibido el chivatazo irrumpió y arrestó a todos los que estaban allí.

    Sin embargo poco duró el arresto al darse cuenta el jefe de policía que, de los masones que estaban presentes, trece eran nobles austriacos o extranjeros, entre ellos lord Hamilton o el príncipe alemán Hesse-Rheinfield.

    En Lisboa en 1743 la Inquisición arrestó a Coustos, suizo nacionalizado británico, por crear una logia cuando la francmasonería había sido prohibida en todo Portugal. Se le incitó a que revelara los secretos masónicos y reveló las ceremonias y ritos en gran medida cuando fue sometido a tortura. Iba a ser enviado a galeras cuando intervino el embajador inglés, por los mismos motivos por los que había actuado anteriormente el secretario de asuntos exteriores y Coustos fue desterrado de Portugal. Cuando llegó a Inglaterra publicó un libro sobre su experiencia “Los sufrimientos sin igual de John Coustos” que incrementó la popularidad de la masonería en Inglaterra y aumentó el odio hacia los católicos.

    LA MASONERÍA EN ALEMANIA Y FRANCIA

    En la década de 1730 se habían formado ya logias masónicas en los Países Bajos, Francia, Alemania, el Imperio Austriaco, España, Suecia y en varios estados de Italia.

    La mayoría de ellas eran o creadas por residentes ingleses en el extranjero o fundadas independientemente de la gran Logia Nacional pero imitando su ejemplo.

    En el capítulo sobre los orígenes de la masonería hablé sobre la Compagnonnage y los Steinmetzen. Sin embargo las logias de Francia y Alemania de masones operativas ya habían dejado de existir para cuando se implantaron las logias especulativas a imitación del modelo inglés, por lo que queda descartada la teoría de que la masonería moderna alemana derive de los Steinmetzen, al igual que la de Francia con la Compagnonnage.

    En la Europa continental la aristocracia y las clases medias, al igual que en Inglaterra, sentían una atracción por la masonería. Sin embargo el contexto político en los dos sitios era diferente. En Inglaterra, que contaba con un gobierno constitucional, el hecho de que los nobles estuvieran afiliados a la masonería no suponía ningún problema sino que aseguraba su respetabilidad. Sin embargo en los regímenes absolutistas, donde los nobles frecuentemente instigaban las revoluciones se veía con malos ojos que los aristócratas se unieran a una sociedad secreta, creada además en la Inglaterra con gobierno constitucional y protestante.

    En Alemania la masonería floreció y despertó el interés del príncipe heredero Federico. Sin embargo Federico Guillermo, rey de Prusia, detestaba la masonería y, en una reunión con el conde Lippe durante un viaje a Holanda, la atacó ferozmente al oír como Lippe opinaba que la masonería era una cosa buena. En esa misma reunión estaba el príncipe Federico, que estaba muy interesado en la masonería pero no se atrevía a decírselo a su padre.

    Durante el viaje de vuelta a Berlín Federico fue iniciado secretamente a la masonería por el conde Lippe.

    Dos años más tarde murió Federico Guillermo y subió al trono de Prusia Federico, un rey homosexual, que amaba la cultura francesa, de ideas liberales y progresistas, francmasón y que durante su reinado propició que la francmasonería se extendiera por toda Alemania.

    En Francia la reacción a la bula papal fue complicada ya que Luis XIV, a pesar de ser católico, casi había nacionalizado la iglesia gala, y había forzado al Papa a aceptar que ninguna bula papal tendría efecto en Francia hasta que el rey diera el visto bueno.

    Luis XIV se había ocupado durante todo su reinado de quitar poder a los nobles, sobornándoles para que aceptaran puestos en la Corte que les impidieran tramar intrigas en sus tierras y contratar ejércitos que pudieran desencadenar una guerra civil. Los funcionarios de Luis XIV eran los encargados de cumplir las órdenes del rey y contribuían a quitar poder a los nobles en sus señoríos.

    A pesar de la pérdida de poder de la nobleza éstos fueron tomando una actitud de solidaridad con las clases inferiores, a imitación de los ingleses, y empezaban a sentirse culpables de disfrutar de unos privilegios como la exención de impuestos.

    Con la publicación de los libros de Montesquieu, que alababa el sistema constitucionalista inglés, las obras de Voltaire y posteriormente de Rousseau y de los enciclopedistas, la actitud de los nobles seguía cambiando, y muchos querían unirse a la masonería.

    Sin embargo, el ya rey Luis XV desconfiaba de que sus nobles se juntaran en reuniones secretas junto con gente de clase media, en especial porque los francmasones seguían las enseñanzas de la Inglaterra constitucional y protestante.

    A pesar de todo la bula papal no tuvo efecto y la masonería iba floreciendo en Francia, siendo unas de sus logias las primeras en aceptar a mujeres, que eran de la alta sociedad y que propiciaban por su hermosura que más gente se quisiera unir a las logias.

    Tanto la policía, que estaba descontenta por la celebración de reuniones secretas, como la Iglesia, descontenta por la no aplicación de la bula papal, ejercieron presión sobre Luis XV para que prohibiera la masonería pero este no se decidía.

    LA GRAN LOGIA INGLESA

    En el año 1750 los hombres que habían fundado la Gran Logia ya estaban muertos. Anderson, el redactor de las constituciones falleció en 1739 y Desaguliers, expansor de la masonería inglesa, falleció en 1743. Anthony Sayer, el primer gran maestro murió en 1742.

    Obviamente con todo el prestigio del que gozaban los masones en la Inglaterra del siglo XVIII los funerales fueron a lo grande, con presencia en los titulares de algunos periódicos.

    Toda una nueva generación de masones sucedieron a estos ilustres en sus cargos. Contaban entre sus filas con gran número de filósofos y de eruditos aristócratas. El cargo de Gran Maestro iba cambiando año tras año, sucediéndose entre nobles siempre.

    En esta nueva etapa de la masonería William Preston y Thomas Dunckerley tuvieron un papel importante. Los dos eran estudiantes de filosofía. Más tarde Dunckerley llegó a ser gran Maestro. En la sociedad de la época era un secreto a voces que Dunckerley era el hijo bastardo del rey de Inglaterra Jorge II, e incluso a la muerte de su padre Jorge III le otorgó una generosa pensión.

    Dunckerley escribió muchos libros sobre la masonería y ayudó a extender su desarrollo. Además utilizó todas sus influencias con la realeza y la aristocracia para contrarrestar la a veces mala reputación de los masones, a los que se les acusaba en determinados círculos de la sociedad de entregarse a la gula y a orgías alcohólicas.

    Posteriormente Dunckerley introdujo una ordenanza que prohibía fumar en las logias. Esto era debido a que desde 1770, y durante más de 80 años fumar se consideró de mal gusto en la sociedad británica, a pesar de que anteriormente la aristocracia fumaba tabaco en largas pipas de barro.

    Ya he tocado antes el tema de que muchas veces las logias actuaban como clubs sociales, así que lo que ocurría en las logias era un reflejo de la moda, de lo que se estilaba en la sociedad de la época. De ahí la explicación de la prohibición de fumar.

    A partir de 1750 los ritos de la masonería se fueron complicando, ya que se había ido desarrollando otro rito nuevo conocido como la Bóveda Real. Se cree que este rito fue inventado por el caballero Andrew Ramsay.

    En este rito, el de la bóveda real se le revela al iniciado el nombre de Dios, el Gran Arquitecto del Universo. Se trata de uno de los secretos más celosamente guardados por los masones. A pesar de que han sido revelados en los últimos años parte de los secretos que los masones han guardado durante años este lo siguen manteniendo en el más estricto secreto.

    Algunos miembros renegados de la francmasonería lo publicaron, y aunque no está confirmada su veracidad se cree que el nombre del Gran Arquitecto del Universo es Jahbulon. Jah representa a Jehová, Bul a Baal y On a Osiris.

    Sin embargo a pesar de que tanto Osiris como Jehová, son Dioses que en las religiones de sus pueblos son Dioses buenos Baal aparece en el Antiguo Testamento considerado como el Mal Absoluto. Al incluir a Baal en el nombre compuesto de Dios los miembros de Bóveda Real se identifican con el mal absoluto. Con lo que yo llego personalmente a esta conclusión ¿Cómo puede ser compatible ser católico o protestante con el ser francmasón si el Dios de los masones lleva en su nombre compuesto a Baal? Por supuesto todas estas conclusiones sólo serían validas si en verdad se confirma, a pesar de que muchos testimonios coinciden, en que Jahbulon es el nombre del Dios masón

    Esta figura de Ramsay es una que no he tocado apenas en mi trabajo pero sin embargo es vital tratarla para entender ritos y orígenes de la masonería ya que este personaje influyó decisivamente.

    Ramsay nació en 1686, hijo de un panadero escocés. De joven sirvió en el ejército de Marlborough durante la Guerra de Sucesión Española. Después de abandonar el ejército permaneció una parte de su vida en los Países Bajos. Allí conoció al arzobispo de Cambray quien lo convirtió al catolicismo romano.

    A pesar de residir en París, viajaba con frecuencia a Inglaterra y en uno de sus viajes se inició como masón en Westminster. En París pasó a ser conocido como Chevalier de Ramsay ya que el Duque de Orleáns le había entregado el título de Chevalier de la orden de San Lázaro. Fue designado orador ante la Gran Logia Francesa y en 1737 escribió el discurso que debía decir como orador.

    Este discurso marcó un antes y un después, ya que Ramsay sostuvo que los francmasones eran descendientes de los Templarios, los Caballeros Templarios del Reino Medieval de Outremer. Este tema sobre los posibles orígenes de la masonería ya ha sido tratado en el apartado sobre falsos orígenes de la masonería.

    Se desarrollaron además numerosos grados con los nuevos ritos. En un principio sólo había tres grados masónicos. Un iniciado era admitido como masón aprendiz, luego ascendía a aprendiz ingresado (o compañero) y en la tercera ceremonia pasaba a ser maestro masón.

    En cambio con este nuevo rito se aumentaron los grados hasta treinta y tres, aunque al principio únicamente los tres primeros estaban bajo el control de la logia y el Gran Maestro mismo solo habría podido llegar hasta el tercer grado.

    Durante el siglo XVIII se desarrollaron otros ritos masónicos en distintos lugares del mundo, de los cuales el más importante es el llamado rito escocés. En realidad no existió jamás en Escocia sino que se originó en Francia, pero recibió ese nombre porque se pensaba que había sido Ramsay el que lo había creado.

    Si se suman todos los grados de los distintos ritos que existen podemos llegar a alcanzar la suma de mil cuatrocientos grados, con sus propios procedimientos y diferencias.

    Por ejemplo hay algunos ritos de inspiración templaria que son específicamente cristianos y sus rituales son de inspiración cristiana. Hay otros como los utilizados en la Logia de Israel que es una versión judía de la masonería.

    Sin embargo todos deben tener un denominador común, se debe creer en alguna clase de Dios, el Gran arquitecto del universo, y en todas las reuniones debe haber un libro sagrado, ya sea el Corán, la Biblia, el antiguo Testamento o cualquier otro libro sagrado de otra religión.

    En Irlanda y en Escocia surgieron grandes logias nacionales, a imitación de la Gran Logia Nacional de Inglaterra, entre la serie de hermanos nobles que fueron Grandes Maestros de la Gran Logia de Irlanda estaba Garrett Wesley, quien fue gran Maestro en 1776. Su hijo mayor, fue hincado como francmasón y más tarde fue gobernador general de la India. Arthur, el hijo menor, posteriormente fue iniciado como masón y recibió el título de Duque de Wellington, que más tarde sería el gran triunfador en la célebre batalla de Waterloo contra Napoleón.

    En sus inicios casi todo el mundo aceptaba la autoridad de la Gran Logia de Inglaterra pero más tarde fueron muchas logias inglesas, las que cuestionaron la autoridad de la Gran Logia. Muchas de estas logias se separaron de las otras logias masónicas rebelándose contra la Gran Logia. Sin embargo la inmensa mayoría de estas logias acabaron despareciendo pocos años más tarde.

    En 1751 la Gran Logia se enfrentó con una revuelta más seria. Con el argumento de que la tradición y la Constitución de Anderson afirmaba que el rey Athelstan había establecido una logia de masones en el Siglo X, ese año la Logia declaró que era la más antigua de todas y que por tanto no aceptaría la autoridad de la Gran Logia de Londres. Esta Logia de York se autodenominaba la Antigua Gran Logia y se referían con desprecio llamando a los de la Gran Logia Nacional “los modernos”

    La división entre los Modernos y los antiguos duró más de 60 años hasta que se reconciliaron y se unieron. Si la logia de York duró tanto fue porque invitó a grandes nobles a ser los Grandes Maestros de la Logia. Hubo épocas en las que el Gran maestro de York se equiparaba en influencia al Gran Maestro de Londres.

    ESCÁNDALOS DE LA MASONERÍA INGLESA

    En varias ocasiones la Gran Logia de Londres se vio enfrentada a situaciones incómodas. A lo largo de toda su historia de más de trescientos años los francmasones ingleses han intentado más o menos alejarse de los conflictos políticos pero estuvieron a punto de no lograrlo en el caso de John Wilkes.

    Nacido en 1727, hijo de un destilador Wilkes adquirió en su juventud la reputación de ser un hombre licencioso. Mantuvo amistad con nobles de mala reputación, se incorporó a lo clubes de bebedores e incluso asistía a ceremonias satánicas.

    Sin embargo con el acceso al trono de Jorge III cambió su personalidad y su modo de vivir. Jorge III creía que un rey tenía que gobernar además de reinar, y gobernar con la cámara de los comunes gobernada por los liberales Whigs era imposible.

    De este modo decidió crear un partido que opositara a los Whigs, gente conocida y amigos suyos, partidarios de una mayor implicación en el gobierno por parte del rey. Así se creo el partido Tory. Mediante sobornos y ofertas de honores el rey consiguió desalojar de la cámara de los comunes a los Whigs y poner en ella a gente de su confianza.

    Mientas tanto Wilkes, gracias a la influencia de los Whigs, había obtenido una banca en la cámara de los comunes representando a la ciudad de Aylesbury, y también había abierto un periódico, el North Briton.

    El artículo de Wilkes en el número 45 comentaba un discurso del rey en el que afirmaba que gracias al tratado de París Federico el Grande de Alemania había obtenido condiciones ventajosas en el tratado de Hubertusburg, y en este artículo acusaba al rey de manera implícita de decir una mentira a sabiendas.

    El rey se puso furioso y expulsó a Wilkes de la cámara de los comunes y lo mandó arrestar. Sin embargo Wilkes denunció que el arresto había sido ilegal y tuvieron que liberarle. Más tarde se presentó como candidato al parlamento en Middlesex y resultó ganador. La Cámara de los Comunes volvió a expulsarlo y declaró vacante el cargo. Se volvió a presentar por segunda vez y por segunda vez fue expulsado. A la tercera vez pasó exactamente lo mismo. Por todo el país circulaba el grito de ¡Wilkes y libertad!

    Por cuarta vez se volvió a presentar, y a pesar de que el rey y los Tories se habían gastado mucho dinero en promocionar la candidatura de su adversario Wilkes salió ganador por abrumadora mayoría. Sin embargo se declaró ganador al otro. El grito de ¡Wilkes y Libertad! se volvía a oír con más fuerza.

    En este momento Wilkes pidió ser admitido como francmasón en la Logia Jerusalén de Londres y ésta lo aceptó. A pesar de que la Gran Logia se oponía a aceptar a Wilkes respetó la decisión de la Gran Logia de Jerusalén.

    Esto acarreó numerosas consecuencias como la enemistad del rey y parte de sus amigos hacia los masones. Los masones perdieron con este suceso buena parte de su reputación entre los círculos más influyentes del país.

    Finalmente y como último apunte solo destacar que Wilkes se presentó por quinta vez y esta vez no lo expulsaron, pudiendo despeñar su cargo durante más de 16 años.

    Los escándalos continuaron en el seno de la masonería después del incidente Wilkes. Continuaron con la aceptación a la masonería del capellán del rey, William Dodd. Éste tenía reputación de ser un predicador popular y caritativo, que incluso había fundado un hogar para prostitutas para que abandonaran su trabajo.

    Sin embargo quienes le conocían de verdad sabían que Dodd era un hombre licencioso, que mantenía relaciones con prostitutas y que llevaba negocios turbios ya que organizaba extravagantes fiestas que excedían en su coste en mucho más de lo que el capellán del rey en principio se podía pagar. De todas maneras el conde de Chesterfield era su principal valedor en la Corte y alejaba el escándalo de todos estos sucesos.

    Siendo éste ya un masón de pleno derecho, creó el puesto de Gran Capellán de los francmasones, un puesto totalmente nuevo que había sido creado especialmente para él. Todos estos honores los dieron los masones sabiendo que Dodd había sido el capellán del rey y para conseguir el favor de nuevo de éste.

    Sin embargo todo les salió al revés ya que Dodd engaño a Chesterfield, su principal valedor, con unos bonos y este mandó que le ahorcaran. A pesar de la oposición de los masones que se movilizaron en masa, el rey no concedió el indulto ya que, en una de las fiestas de Dodd, había sido invitado Wilkes. Finalmente colgaron a Dodd.

    El PAPEL DE LA MASONERÍA EN LA REVOLUCIÓN AMERICANA

    “¿Acaso la vida es tan querida y la paz tan dulce que deba comprárselas al precio de cadenas y esclavitud? ¡Dios Todopoderoso no lo permita! No se que rumbo tomarán los demás pero en cuanto a mi ¡Dadme la libertad o dadme la muerte!”

    Patrick Henry dirigiéndose a la asamblea de americanos en Virginia.

    Varios de los emigrantes ingleses de América del Norte en el siglo XVII fueron francmasones y abrieron logias en esa región; pero no existen registros de francmasonería en América del Norte anteriores al establecimiento de la Gran Logia de Inglaterra. Cuando los pobladores de las colonias americanas se enteraron de que la francmasonería inglesa se estaba poniendo de moda entre la aristocracia quisieron seguir el ejemplo inglés y establecieron sus propias logias. Hay constancia de que en 1730 ya había logias en Boston y Filadelfia.

    La difusión de la masonería en América del Norte se vio facilitada por la formación de Logias militares. Luego de la creación de la Gran Logia se establecieron logias militares que se movían de un lado a otro de las trece colonias. Se adoptó el mismo sistema inglés de designar a un Gran maestro noble, y las logias militares se hicieron profundamente elitistas.

    La Gran Logia dictaminó que los civiles no podía ingresar en las Logias Militares, porque deseaban que los habitantes locales fueran iniciados en sus propias logias fijas; pero en la práctica esta reglamentación se pasaba por alto y muchas logias de regimientos invitaban a sumarse a las fuerzas locales. Cuando el regimiento se trasladaba, los residentes locales continuaban llevando a cabo sus reuniones; tiempo después le pedían a la Gran Logia que los constituyera como una nueva logia afiliada.

    Esto fue creando una gran cadena y debido a la gran cantidad de regimientos británicos asentados en las colonias hizo que la masonería se extendiera rápidamente por toda Norteamérica.

    Con el fin de garantizar el control sobre las logias norteamericanas, la Gran Logia inglesa nombraba a un Gran Maestro Provincial, quien en virtud de la autoridad que en él delegaba la Gran Logia de Londres podía crear logias locales y ejercer control disciplinario sobre ellos.

    Benjamín Franklin nació en Boston en 1706 pero ya en la adolescencia emigró a Filadelfia debido a la actitud intolerante y fundamentalista de los presbiterianos de Massachussets. Cuando tenía 18 años de edad emigró a Londres donde conoció la masonería. Poco después de su regreso a Filadelfia ingresó, en 1731, en la Logia St John. En 1734 publicaba una edición americana de las Constitutions de Anderson.

    Del mismo modo que en Gran Bretaña en Norteamérica le salieron numerosos enemigos a la masonería. Las sectas protestantes no aceptaban el deísmo vago del Gran arquitecto, se las criticaba por sus secretos y se las ridiculizaba por sus ceremonias y rituales.

    En América del Norte los francmasones atraían a dos clases diferentes de personas: los intelectuales filosóficos y los caballeros que pensaban que una logia masónica era un lugar de reuniones sociales amables y útiles. Benjamín Franklin pertenecía al primer grupo, y sus ideas de religión congraciaban excelentemente con el deísmo que propagaba la masonería.

    Sin embargo otro ilustre personaje que pertenecía al segundo grupo fue iniciado poco más tarde: George Washington. Washington nunca tomó muy en serio a los masones y más bien se aprovechó de los contactos que gracias a la masonería se consiguió. De hecho en 1793, cuando ya era presidente de Estados Unidos, acudió con su mandil masónico a la instalación de la piedra basal del capitolio en la nueva ciudad de Washington DC.

    En 1757 Benjamin Franklin volvió a Londres por una razón muy distinta de la que lo había llevado allí treinta y dos años antes. Ahora representaba los intereses del estado de Pensilvania. Durante 5 años residió cerca de Westminster cultivando la amistad de los francmasones ingleses y por ende de la aristocracia. Regresó a Filadelfia con amistades influyentes cultivadas y al cabo de dos años volvió para negociar con el gobierno británico: estas negociaciones que durarían mas de 10 años acabarían, aunque al principio nadie se dio cuenta, con la Revolución norteamericana y la Declaración de Independencia. Durante todas estas negociaciones resultó ser un duro e implacable defensor de la causa norteamericana y un adversario de la monarquía británica.

    Franklin y los norteamericanos defendían el principio de no pagar impuestos si no había representación en el Parlamento. Pero metámonos más en el contexto:

    Jorge III como ya he comentado antes tuvo que crear un partido para gobernar Inglaterra y no estaba dispuesto a ceder sus poderes casi absolutos a las colonias de América. La crisis llegó al punto más alto con la impuesta Ley de Sellos, y Franklin desde Londres contribuyó en gran parte a que estallara la resistencia.

    Franklin fue uno de los principales instigadores de la revolución al hacerse con unas cartas del gobernador británico de Massachussets, en las que este expresaba su desprecio por el pueblo americano y proponía a la corona utilizar medidas más duras para sofocar la creciente rebelión.

    Sin embargo la gota que colmó el vaso de agua fue cuando el gobierno británico decidió revocar la Ley de Sellos y en su lugar aplicar un impuesto a todo el té importado por las colonias norteamericanas.

    Uno de los incidentes que desencadenaron la Guerra de la Independencia Americana fue cuando envió Inglaterra tres barcos cargados de té a Boston. En ese momento algunos hombres vestidos como pieles rojas, eran masones, abordaron el barco y lanzaron todo su contenido al mar.

    En Londres Franklin fue convocado a comparecer ante el Consejo del Rey donde lo acusaron de ser el responsable de todos los problemas de las colonias americanas. En 1775 los colonos ya estaban dispuestos a la lucha armada. Franklin decidió que era hora de abandonar Inglaterra y en Marzo salió rumbo a Filadelfia. Cuando llegó el 5 de mayo se enteró que los combates ya habían comenzado dos semanas antes.

    De hecho la batalla comenzó con el protagonismo de dos francmasones. Cuando el general británico Gage decretó una amnistía para todos los líderes de la revolución si desistían de emprender la lucha armada exceptuó al masón de Massachussets, John Hancock, porque era demasiado facineroso y corrupto para entregarle esa consideración. Cuando los revolucionarios de Boston se enteraron de la ofensiva británica enviaron al masón Paul Revere a Lexington para prevenir al ejército continental. En Junio de 1775 hubo el primer choque entre norteamericanos y británicos. Había empezado la guerra.

    Franklin tenia una mente clara y lógica y sabía que si se llegaba a una guerra abierta los británicos llevaban las de ganar contra el triste ejército continental. Por eso esperaba convencer a los franceses para que lucharan de su lado pero se le presentaba una disyuntiva. Francia era el enemigo jurado de Inglaterra y si establecía una alianza con Francia perdería la gran simpatía que había por la causa norteamericana entre los sectores Whigs de Inglaterra, encabezados por el francmasón ingles Edmund Burke.

    Pero los franceses eran reacios a entrar en una guerra abierta con Gran Bretaña sin saber con seguridad si el ejército continental americano era un ejército profesional que aguantaría el peso de la guerra. Luis XVI halló una solución fácil que ayudaría a los norteamericanos sin comprometer a Francia. Autorizó al marqués de La Fayette, que era progresista y masón, a reunir un grupo de voluntarios dispuestos a combatir por Norteamérica.

    Sin embargo Franklin era un realista con todas las de la ley, se dio cuenta que eso no sería suficiente y 18 meses más tarde, gracias a su vinculación con los masones franceses que tenían influencia en Versalles, y gracias a la victoria norteamericana de Saratoga, convenció a los franceses de unirse a la guerra. Un año más tarde España entraría en liza contra Gran Bretaña pero sin ser aliado del ejército norteamericano ya que no se fiaba de las intenciones de éstos sobre su posesión de la Florida.

    Hay una teoría muy extendida y bastante probable que afirma que fueron los francmasones de Boston quienes instigaron la revolución y la resistencia violenta a las autoridades británicas lanzando todo el contenido de los barcos al mar mientras estaban disfrazados de pieles rojas.

    De hecho la misma teoría que, repito, no ha sido comprobada pero que tiene visos de credibilidad continua afirmando fueron los francmasones quienes firmaron la Declaración de Independencia, encabezaron la lucha revolucionaria durante la guerra de la Independencia y en 1787, después de la victoria redactaron la Constitución de los Estados Unidos.

    Por supuesto esta teoría actualmente no cae muy bien entre los francmasones británicos, quienes admiran o por lo menos simpatizan con Jorge III, y están avergonzados de ver a la francmasonería relacionada con los revolucionarios norteamericanos. Aunque de todas maneras se cuidan muy bien de ofender al sempiterno aliado de Gran Bretaña, los Estados Unidos, ofendiendo a esos dos francmasones revolucionarios, George Washington y Benjamin Franklin.

    Por el contrario en Estados Unidos la francmasonería acepta con fervor la teoría de que fueron los francmasones quienes llevaron el peso de la revolución y no se ha ocupado nunca de intentar rebatir esa teoría.

    A pesar de que es innegable el hecho de que muchos masones contribuyeron decisivamente al éxito de la revolución americana también hay que resaltar los líderes de mayor jerarquía de la francmasonería norteamericana eran leales al rey.

    De los 7 grandes maestros provinciales, cinco apoyaban a Jorge III y condenaban la agitación revolucionaria contra la autoridad establecida británica en las colonias americanas.

    Joseph Galloway, gran amigo de Benjamin Franklin y también masón, que fue el encargado de custodiar los documentos de Franklin en su viaje a Londres pero al estallar la guerra se declaró leal al rey. Cuando las fuerzas británicas marcharon sobre Filadelfia Galloway fue el superintendente de policía y cuando las tropas británicas evacuaron las colonias después de su derrota definitiva Galloway marchó al destierro con ellas y vivió en Londres hasta su muerte. Por supuesto la asamblea de Pensilvania lo declaró culpable de alta traición y confiscó todas sus propiedades.

    Otro caso de masón leal al rey lo encontramos en sir William Jonson. William estableció contacto con algunas tribus nativas americanas e hizo que lucharan del lado del Rey durante la guerra. Joseph Brant, el indio nativo amigo de Sir William y responsable de alzar a las tribus contra los colonos, fue aceptado como francmasón en una logia inglesa, convirtiéndose en el primer americano nativo convertido en francmasón.

    John Butler, un británico masón que luchaba con las tribus indias enroladas por Sir William era conocido por su brutalidad al capturar a los rebeldes norteamericanos. Butler y los indios atacaron y mataron a los revolucionarios en varios choques sangrientos, y aplicaban una horrible tortura a los prisioneros capturados.

    En una ocasión Butler y su grupo capturaron a un coronel del ejército continental, cuando lo iban a ejecutar, éste utilizó como último recurso la señal de identificación masónica. Brant identificó la seña, ordenó que lo desataran y lo envió a Canadá donde más tarde el coronel pudo unirse de nuevo a su ejército.

    A pesar de que Brant se tomaba muy en serio el juramento masónico otros anteponían los intereses nacionales a sus juramentos masónicos. Boyd, un oficial revolucionario masón, al ser capturado hizo la señal masónica con la esperanza de que lo dejaran huir. Al verlo Brant quiso liberarla pero Butler antepuso los intereses del rey a su juramento masónico y lo ejecutó.

    También durante esta guerra los dos bandos intentaron ganarse el apoyo de los esclavos negros. Al recibir a los esclavos negros entre sus filas, con frecuencia, los ingresaban en las logias militares masónicas y de esta manera muchos negros pasaron por vez primera en la historia de la masonería a ser francmasones.

    Personalmente, mi opinión es que la francmasonería no actuó en la revolución como institución sino más bien actuó a través de hombres con ideales propios. Las logias eran caldo de cultivo para propagar las ideas revolucionarias y permitieron que, a pesar de no inducirlos a ello, se conocieran hombres influyentes que compartían el mismo punto de vista sobre la independencia americana. Algunos revolucionarios eran francmasones y otros no. Thomas Jefferson, John Adams y Alexander Hamilton, hombres clave de la revolución, no eran francmasones. Y ya hemos dejado constancia de que muchos masones se mantuvieron leales al rey.

    Como dato para el archivo, reseñar que treinta y tres generales del ejército continental americano y ocho de los asistentes o secretarios militares de Washington eran francmasones.

    LA MASONERÍA EN EL CONTINENTE

    Con el auge de la masonería inglesa y su posición preeminente en la sociedad, los francmasones franceses desearon ser tan respetables como sus pares ingleses. Comenzaron a imitar a la Gran Logia de Inglaterra invitando a grandes nobles a que se unieran a sus logias y a que fueran los Grandes Maestros.

    El primer noble que fue Gran Maestro de la entonces conocida como Loge Anglaise fue el duque de Antin en 1738. En 1743 fue Gran Maestro el conde de Clermont, Luis de Bourbon, uno de los aristócratas más importantes de Francia.

    Después de la victoria sobre los británicos en la batalla de Fontenoy el orgullo francés decidió que su logia ya no podía llamarse Loge Anglaise y pasó a llamarse Grande Loge de France, en 1773 volvería a ser cambiada con el nombre que aún persiste hoy en día: Grand Orient.

    A pesar de que habían casi igualado a la masonería inglesa contando entre sus filas a masones tan ilustres como el mariscal Saxe en la década de 1770 los franceses tenían pretensiones más altas y estaban a la búsqueda de un Gran maestro de la realeza.

    Ellos mismos hicieron correr el rumor infundado de que Luis XVI era masón. No lo pudieron convencer para que se uniera a la masonería. Por el contrario su hermano, el que luego sería conocido como Luis XVIII sí que se mostró interesado en la masonería y se cree que más tarde se incorporó. También el hermano menor de Luis XVI, el conde de Artois, se inició como francmasón en 1778.

    Es notable que el conde de Artois aceptara hacerse masón ya que los francmasones eran considerados en algunos sectores como una fuerza izquierdista y revolucionaria. Sin embargo el conde de Artois era enemigo de la revolución y un defensor de la extrema derecha. El conde de Artois fue parte del grupo que instó a Luis XVI a que no hiciera concesiones al pueblo y a que rechazara todas las demandas de reforma del actual régimen.

    Quizás uno de los mayores triunfos de la masonería francesa lo obtuvieron cuando a la tercera vez de proponerlo el Duque de Chartres y futuro Duque de Orleáns, primo del rey, aceptó ser Gran Maestro de la Logia. De esta manera los masones pensaban que eso demostraría lo respetables que eran.

    Mientras tanto Voltaire, de quien ya hemos hablado antes, cultivaba la amistad de Federico el Grande de Prusia. Federico era francmasón y Voltaire acabaría siéndolo. Tenían en común la simpatía por el deísmo que propagaba la francmasonería y compartían un profundo odio por la Iglesia Católica. A pesar de algunas trifulcas su amistad fue muy profunda y vital para crear un clima de odio anticlerical y anticatólico en sus respectivos países.

    Se especula con el hecho de que Federico el Grande no se afilió a la francmasonería sólo por sus ideales, sino también porque era un gran aficionado a los criptogramas, lo que tal vez tuviese relación con el interés por los rituales de la masonería.

    En su esfuerzo por asegurarse un papel relevante en la sociedad los masones extendieron otro falso rumor semejante al que habían hecho circular sobre Luis XVI. Pero esta vez el rumor era, si cabe, más escandaloso, consistía en que el mismo Papa Benedicto XIV había sido iniciado a la masonería en una logia junto con varios cardenales del Vaticano.

    Por otra parte el rey de España, Fernando VI, y su hijo el rey de Nápoles, Carlos VII, ejercieron presión sobre el Papa para que este proclamara una bula sobre la masonería. Estas presiones del monarca católico unidas a los falsos rumores hizo que el Papa emitiera una nueva bula papal sobre la masonería.

    Mientras tanto en Austria, a la muerte de María Teresa y su marido el masón Francisco I, accedió al poder José II. Revirtió la política católica reaccionaria de su madre e introdujo numerosas reformas liberales y progresistas, que favorecieron el auge de la masonería.

    En Viena, la capital imperial, la influencia de la masonería fue en aumento, no sólo entre los intelectuales sino en todos los círculos de moda. Los mandiles masónicos y otros emblemas se incorporaron a las ropas de mujer.

    La francmasonería fue particularmente fuerte entre los músicos. Franz Joseph Haydn era francmasón. De hecho fue Haydn quien convenció a su joven colega, Wolfgang Amadeus Mozart, de que se hiciera francmasón. Mozart fue ingresado en la logia de Haydn en 1784. En esta misma logia había filósofos distinguidos como Reichfeld y Von Born.

    La afiliación de estos dos grandes músicos no era sólo testimonial sino que los dos estaban profundamente interesados en la masonería. Ocho composiciones de Mozart tienen relación con la masonería. Tres de ellas las escribió en 1785, poco después de haberse incorporado a la logia. Se tratan de las canciones “Die Gesellenreise”, “Apertura y Cierre de la logia” que fue compuesta para su nueva logia y “Zur Neugekrönten Hoffnung”.

    Posteriormente hizo otras composiciones que tocaban el tema de la masonería, pero sin duda, la más famosa entre ellas, es la ópera “la flauta mágica”1 compuesta en 1791, cuando los francmasones se enfrentaban a una situación muy diferente de la que habían vivido hasta entonces.

    Analicemos el contexto de Austria, y como este cambió para que Mozart escribiera un alegato a favor de la masonería tan claro como lo fue en su día “la flauta mágica”

    La política de José de introducir el liberalismo mediante los decretos de un soberano autocrático como era él no fue exitosa. Sus políticas de reforma agraria y abolición de la servidumbre y sus medidas para restringir el poder de la Iglesia se toparon con la oposición de grupos poderosos y se vieron frustrados por la burocracia gubernamental. El antiguo régimen estaba saboteando sus planes reformistas.

    Su relación con los francmasones fue amistosa. Declinó su invitación de convertirse en Gran Maestro ya que no quería estar afiliado a la masonería. Al igual que pasaba en Francia el Emperador no se oponía a que los nobles se reunieran en logias de masones pero al jefe de policía no le gustaba la idea de que se juntaran con periodistas y artesanos de clase media baja en reuniones secretas.

    El problema del gobierno con los francmasones se exacerbó con la entrada en escena de la secta conocida como “Illuminati”. Esta sociedad secreta fue fundada por Adam Weishaupt, un judío que había llegado a ser sacerdote católico pero que había colgado los hábitos. En un principio en la organización eran de sólo 5 miembros aunque llegaron a aumentar hasta la cifra de dos mil quinientos. Weishaupt que recibía el nombre de Espartaco creía que el y su sociedad por medio de la infiltración podían derrocar a todos los reyes, gobiernos y estados y gobernar ellos el mundo, ya que creían que solo ellos podían gobernar el mundo de forma libertaria y tolerante.

    Muchos illuminati se infiltraron en la masonería ya que compartían varios puntos de vista sobre el deísmo y la tolerancia religiosa. De esta conjunción entre masonería e “illuminati” saldrían siglos más tarde las ideas que propagarían tanto el CFR como el Club Bilderberg y la Trilateral de quienes ya hablaré con detenimiento más adelante.

    Sin embargo fue también un masón, el barón Adolf Von Knigge, quien a pesar de haber sido íntimo amigo de Weishaupt y uno de sus colaboradores más cercanos, ayudó a destruir a los illuminati cuando no se pusieron de acuerdo sobre que rumbo debía tomar la masonería.

    Las autoridades de Baviera actuaron contra los Illuminati y Weishaupt huyó precipitadamente dejándose algunos papeles de importancia vital. Estos documentos causaron sensación en la época ya que demostraron que los “Illuminati” estaban planeando revoluciones contra todos los gobiernos de Europa.

    Existe una teoría que afirma que los “Illuminati” estuvieron detrás de cada una de las revoluciones que se desencadenaron entre 1776 y 1919, incluidas la francesa y la rusa. Se llegó a esta teoría gracias a varios datos: el hecho de que Weishaupt fuera judío, y de que el seudónimo Espartaco fuera utilizado por los comunista alemanes, Karl Liebnecht y rosa Luxemburgo, cuya Liga Espartaco inició una fallida revolución en Berlín en enero de 1919. Una de las principales personas que apoyaban esta teoría era la fascista británica Nesta Webster. En su libro acusaba a los illuminati de estar detrás de las revoluciones. Uno de los que se mostró más convencido de las verdades sobre este libro fue el hermano masón Winston Churchill, especialmente en su fase antibolchevique posterior a la revolución rusa. Estaba bastante dispuesto a creer que Lenin y Trotski eran herederos de Weishaupt.

    Los iluminados influyeron decisivamente en la política de José II respecto a los francmasones. A pesar de que había abolido las leyes que se habían dictado contra los francmasones durante la regencia de María Teresa no podía olvidar la relación de la masonería con los peligrosos iluminados y tampoco podía desdeñar las advertencias que su jefe de policía le hacía al respecto de las reuniones secretas.

    El factor decisivo fue que, como ya he comentado antes, Federico el Grande era masón y el reino prusiano era el gran enemigo de Austria. José se preguntaba si en caso de que estallaran una guerra los francmasones no actuarían como agentes de su hermano masón Federico de Prusia.

    Por todo lo cual José II emitió un edicto escrito de puño y letra en el que declaraba que por la información que había recibido creía que las actividades de los francmasones eran beneficiosas pero que había peligros obvios en la existencia de una organización secreta por lo cual ordenaba que no existiera más de una logia de francmasones en cada provincia, con excepción de las tres capitales: Viena, Budapest y Praga, en cada una de las cuales se podía formar hasta tres logias. Además los francmasones tenían que entregar a la policía los datos de los funcionarios, miembros y sitios de reunión de todas las logias francmasónicas.

    Este hecho produjo una enorme consternación en los francmasones pero acataron el edicto por temor a que se les declarara una organización ilegal. En febrero de 1790 José II falleció y subió al trono Leopoldo II. Como gran duque de Toscana Leopoldo había tolerado la francmasonería pero recordemos que estamos justo después de la Revolución Francesa de la cual hablaré en el siguiente capítulo. María Antonieta, a quien el masón La Fayette había encarcelado en Francia escribía cartas a Leopoldo para que tratara con firmeza a los masones.

    Los masones se dieron cuenta de la gran importancia de que Leopoldo los viera bien por lo que encargaron a Mozart, que iba a componer una ópera para el día de la coronación, que compusiera una obra sobre la francmasonería que actuara como propaganda promasónica.

    A pesar de que Mozart no se entusiasmó con la idea recibió fuertes presiones de los masones instándole a cumplir con su deber como francmasón. Finalmente Mozart accedió a regañadientes. La Flauta Mágica se estrenó el 30 de septiembre y, aunque al principio no tuvo buena acogida, finalmente, despertó gran interés entre el público.

    En la Flauta Mágica la malvada reina de la noche que persigue al héroe es María Teresa. Los espíritus malignos que la alientan son el clero y la Iglesia Católica. Sarastro, el dirigente bondadoso es el rey José II.

    EL PAPEL DE LA MASONERÍA EN LA REVOLUCIÓN FRANCESA

    “Allons enfants de la patrie,

    le jour de gloire est arrivé,

    contre nous de la tyrannie

    l'étendard senglant est levé”

    Himno nacional francés escrito durante la revolución por un masón

    Ahora pasaremos a analizar, prescindiendo de leyendas y de rumores sin un mínimo de veracidad, el verdadero papel de la masonería en la revolución francesa. Miremos de manera breve el contexto que llevó a la revolución francesa.

    En Francia hacía ya tiempo que el antiguo régimen estaba en dificultades. El gobierno se enfrentaba a crisis financieras que una sucesión de ministros de economía capaces no habían podido paliar debido principalmente a la obstaculización de grupos e individuos con influencia en la corte.

    El problema principal es que la aristocracia mantenía el privilegio de exención de impuestos, se les había otorgado ese privilegio a cambio de que no se metieran en cuestiones políticas. Los nobles de la época ya no eran crueles como sus antepasados. Muchos de ellos eran moderadamente liberales, leían a Voltaire y se convertía a la masonería. Pero no aceptaban los ruegos del rey de pagar impuestos voluntariamente.

    En 1788, las dificultades financieras y la negativa de los aristócratas de la asamblea de los Notables a ceder su privilegio de exención impositiva, llevaron a Luis XVI a convocar a los Estados generales. En los Estados Generales estaban el primer estado, que era el clero, el segundo Estado, que eran los nobles y el tercer Estado que era la clase media, aquellos que poseían suficientes propiedades para tener derecho al voto. Durante la campaña electoral de los estados generales el abad Sieyes escribió un panfleto titulado ¿Qué es el tercer estado? En el cual sostenía que el tercer estado era el único con derecho a gobernar Francia. Este panfleto tuvo una enorme importancia para las aspiraciones del Tercer Estado.

    Cuando los Estados Generales se reunieron en Versalles el tercer Estado cuestionó el derecho del primero y del segundo para participar en el gobierno de Francia. El conde de Mirabeau, que había sido encarcelado varias veces en la Bastilla sin motivo alguno fue le principal orador del tercer estado.

    Mirabeau deseaba preservar la monarquía pero aspiraba a que fuera como la de Inglaterra, constitucional con poderes limitados. Mirabeau no era masón pero sí que lo eran la mayoría de sus colaboradores, que ejercían una gran influencia en él.

    El conflicto en los estados Generales llevó a que el tercer Estado se adjudicara el carácter de asamblea nacional con atribuciones legislativas plenas.

    Luis XVI no emprendió ninguna acción contra ellos pero en París corría el rumor de que estaba preparando un golpe militar para disolver la Asamblea Nacional. El pueblo de París respondió allanando los depósitos de armas de Les Invalides y asaltando la Bastilla el 14 de Julio de 1789.

    El asalto a la Bastilla fue considerado en todas partes como el derrocamiento de una tiranía. El gobernador de la Bastilla fue decapitado y posteriormente se linchó y colgó a muchos ministros y funcionarios particularmente odiados por la gente.

    En Agosto la Asamblea Nacional aprobó los derechos del Hombre y abolió todos los privilegios de la aristocracia. A raíz de un nuevo rumor de golpe realista los revolucionarios marcharon a Versalles y obligaron al rey y a la reina a volver con ellos a París, donde los encarcelaron en el Palacio de las Tullerías.

    La asamblea nacional había creado una guardia para protegerse de golpes monárquicos y había nombrado comandante al masón La Fayette, de quien recordará el lector ayudó personalmente en la revolución americana. La Fayette consideraba que tenía dos funciones: proteger a la asamblea Nacional contra un golpe realista y proteger al rey y a su familia de la ira de la muchedumbre.

    La Fayette y Mirabeau tendieron la mano al rey para evitar que los extremistas se apoderaran del gobierno, intentando protegerlo. De hecho proporcionaron escolta a la familia real en el viaje de Versalles a París. Sin embargo, María Antonieta desconfiaba de las intenciones de estos dos y persuadió al rey para que se mantuviera alejado de ellos.

    Esta política moderada siguió presente en su gobierno. En la primavera de 1790 intentaban mantener la ley y el orden reprimiendo los excesos revolucionarios; los extremistas los acusaban de traicionar la revolución y de proteger a la monarquía. Mientras la asamblea Nacional redactaba una constitución semejante al modelo inglés en la que el rey seguiría siendo el jefe del ejecutivo y conservaría el derecho al veto de la legislación. La guardia nacional de La Fayette protegía la propiedad de los campesinos que reclamaban venganza contra los opresores aristócratas y abría fuego cuando trataban de incendiar sus castillos y sus títulos de propiedad.

    En el verano de 1790 estallaron motines dentro del ejército que fueron reprimidos duramente por los oficiales aristócratas. El gobierno de la Asamblea Nacional intentó reprimir los motines a través de una mezcla de amenazas y promesas pero fracasó. Entonces el comandante en jefe de las provincias orientales, el marqués de Bouillé decidió actuar por su cuenta y arrasó los motines de Nancy y Metz. Los revolucionarios se indignaron y Bouillé poco después era nombrado en la canción La Marsellaise como uno de los ejemplos principales de déspota sanguinario.

    A pesar de las quejas la Asamblea nacional se negó a sustituirlo y la Fayette aprobó la represión de los motines como paso necesario para la preservación del orden, lo que le granjeó numerosos enemigos entre los revolucionarios.

    Los principales críticos del gobierno moderado eran Danton, Marat y Robespierre. Es de destacar el hecho de que Marat fuera masón ya que nos encontramos en la misma posición que en la Revolución americana, con masones alineados en bandos totalmente opuestos.

    Marat, que criticaba fervientemente el gobierno moderado, había crecido admirando la Constitución Inglesa; pero cuando en 1769 llegó a Londres en el apogeo del ya mencionado Wilkes y Libertad1 se le reveló la corrupción de la vida pública inglesa y la opresión que la nobleza ejercía sobre las clases inferiores y se desilusionó en gran medida. Escribió un libro “reflexiones sobre los errores de la Constitución inglesa” en el que criticaba el sistema de gobierno inglés.

    A su regresó a París, cuando estalló la revolución Francesa, sacrificó su posición en la sociedad y su cómoda existencia por el bien de la revolución en la que él creía. Sus ataques contra el gobierno de la asamblea nacional provocaron que se le encarcelara. Durante este periodo Danton hizo grandes actos públicos en los que acusaba al gobierno de haber encarcelado a Marat injustamente, y tuvo que huir a Inglaterra para evitar ser apresado.

    Bajo fuertes presiones de los revolucionarios el rey aceptó la declaración de derechos del Hombre y la abolición de los privilegios de la aristocracia. Esto provocó que numerosos aristócratas se marcharan de Francia y se instalaran como refugiados en Alemania, Inglaterra y otros países. Hincaron una campaña de propaganda contra los revolucionarios franceses. Entre ellos figuraban el conde de Artois y el marqués de Bouillé. Luis XVI se negó a emitir una declaración en contra de estos refugiados.

    Pronto también los revolucionarios empezaron a hacer barbaridades con miembros del clero, lo que provocó que el Papa emitiera una bula papal contra la revolución que no hizo sino incrementar los desmanes de estos con la Iglesia de Francia. Sin embargo seria con la llegada al poder de los extremistas posteriormente cuando empezaría la verdadera persecución religiosa.

    En junio de 1791 el rey y la reina, al ver que los extremistas estaban ganando poder influencia, intentaron escapar de Francia. Su objetivo era cruzar por Varennes en dirección a Renania donde Bouillé los esperaba con un ejército, listo para rescatarlos. El rey y su familia estaban llegando a Varennes cuando un revolucionario los vio, atajó por el camino y volcó a todo el pueblo a la calle para evitar que el rey escapara. Fueron tantos los habitantes de Varennes que ocuparon la plaza de la ciudad que el carruaje del rey no pudo recorrer el ultimo kilómetro que los separaba de la frontera y del ejército de Bouillé.

    La familia real regresó a París bajo la protección de la guardia nacional. El 17 de julio de 1791, un mes después del intento de huida se llevó a cabo una manifestación revolucionaria contra la monarquía en le campo de Marte que fue duramente reprimida por La Fayette. Mientras tanto Marat que había salido de la prisión se mantuvo oculto, y Danton se quedó en Londres.

    Con todos estos acontecimientos los gobiernos de Europa se dieron cuenta del tremendo peligro que la revolución suponía para la monarquía. El gobierno español recibió un informe de su embajada en París en el cual se afirmaba que los francmasones que estaban participando destacadamente en la revolución estaban preparando revoluciones en toda Europa. En este informe se adjuntaba un documento sobre la logia roja desenmascarada en la cual se suponía que se fraguaban las revoluciones.

    En el verano de 1791 los soberano europeos consideraron seriamente atacar Francia para cortar de cuajo la revolución. Gustavo de Suecia, que era masón, fue el líder de esta coalición antirrevolucionaria que se cortó de cuajo, antes de poder llevar a cabo sus planes, cuando fue asesinado por unos nobles suecos. Estos nobles que lo asesinaron por razones propias no se dieron cuenta del enorme favor que les habían hecho a los mayores enemigos de la nobleza, los revolucionarios extremistas.

    Mientras tanto en Francia muchos revolucionarios querían llegar más lejos que Mirabeau y La Fayette. Estos se dividían en dos grupos: los girondinos y los extremistas jacobinos.

    En abril de 1792 se formó un gobierno compuesto por miembros del sector más moderado de los girondinos. Estos respondieron a las amenazas de intervención extranjera declarando la guerra a Austria y a Prusia. Los jacobinos se oponían a la guerra ya que no estaban seguros de ganarla. Mientras tanto María Antonieta llevaba correspondencia secreta con los ejércitos de Prusia y Austria rezando para que sus ejércitos entraran en Francia y aplastaran la revolución.

    El 20 de junio de 1792 los jacobinos asaltaron el palacio de las Tullerías. Solicitaron a la ciudad de Marsella que enviara hombres que supieran como morir y seiscientos voluntarios partieron de Marsella, su líder François Westermann era francmasón. Cuando marchaban cantaban el himno cantaban la Marsellaise que había compuesto el también masón Roger de Lisle en honor del ejército francés del Rin.

    Mientras tanto el ejército prusiano esperaba en la frontera de Francia. Estaba comandado por el duque de Brunswick, el cual era un francmasón muy importante que había hecho mucho para alentar la francmasonería en Alemania. Brunswick amenazó a los revolucionarios con destruir París si no respetaban al rey.

    El manifiesto tuvo el efecto contrario. Marat salió de su escondite y incitó al pueblo francés a tomar como rehén al rey para amenazar con la ejecución de este a su hermano masón Brunswick.

    El 10 de agosto los marselleses apoyados por jacobinos parisienses atacaron las Tullerías de nuevo. El rey y la reina fuero encarcelados en la prisión del Temple. Al día siguiente la Asamblea Nacional depuso al rey y pocas semanas más tarde se proclamó la República.

    La Fayette prestó su apoyo a la monarquía y el gobierno de París lo tachó de traidor. En su huida fue finalmente capturado por los austriacos, que lo mantuvieron en prisión 5 años como revolucionario que se había rebelado contra el rey.

    Danton, que ahora era el nuevo ministro de justicia, conminó al pueblo a castigar a los contrarrevolucionarios escondidos, lo que dio paso al inicio de una terrible represión que se cebó especialmente en la Iglesia.

    Después de la batalla de Valmy, en la que los ejércitos revolucionarios franceses derrotaron a las tropas de austriacas y prusianas Goethe declaró con palabras de tintes proféticos: “Hoy comienza aquí una nueva época del mundo”

    Las sospechas de que los francmasones estuvieran implicados en la Revolución Francesa se vieron confirmadas con la actitud del Gran Maestro del Gran Oriente de Francia. Recordemos que después de intentarlo varias veces finalmente los masones habían conseguido que el Duque de Chartres, el primo del rey, se convirtiera en Gran Maestro.

    Después de que estallara la revolución Felipe, duque de Orleáns, antiguo duque de Chartres, Gran Maestro de los masones, renunció a su título de nobleza y adoptó el nombre de Philippe Egalité. El Gran maestro fue visto por sus enemigos como un traidor a su familia y a su clase y considerado un peligroso líder revolucionario.

    En enero de 1793 el gobierno revolucionario francés decidió juzgar a Luis XVI por traición debido a que había mantenido correspondencia con los ejércitos enemigos. Danton declaró: “Los reyes de Europa están atacándonos, arrojémosles como desafío la cabeza de un rey”

    Las opiniones sobre lo que se debía hacer con el rey estaban muy divididas. Algunos querían declararlo culpable sin condenarlo a muerte, otros trasladar la decisión al pueblo, otros posponer indefinidamente la cuestión, pero algunos estaban decididos a ejecutarlo de inmediato.

    Se celebró la votación y Philippe Egalité votó por condenar a Luis y por aplicar la pena de muerte. Pero realmente su voto fue decisivo en la siguiente votación, cuando se preguntó cuando debía ejecutarse y se propuso que se aplazara la decisión indefinidamente. Este proyecto fue derrotado por los que querían la ejecución inmediata por 361 votos contra 360. El voto a favor de ejecutarlo inmediatamente de Philippe Egalité, el masón noble, decidió definitivamente la cuestión.

    Circula una teoría que afirma que el duque de Orleáns mandó a los francmasones alentar la revolución destronar a su primo y reemplazarlo él en una monarquía constitucional. De todas maneras esta teoría no tiene ninguna prueba y se presenta poco plausible.

    Con las acusaciones de la época sobre la francmasonería se inició un círculo vicioso. Cuanto más acusaban los enemigos de la revolución a los masones, más revolucionarios se volvían estos. Si las logias masónicas eran un lugar donde se planeaban revoluciones, como efectivamente pasó con los jacobinos, entonces los jóvenes revolucionarios se harían masones.

    Por lo que hemos podido ver los francmasones estuvieron en los diferentes bandos que hubieron durante la revolución francesa. Hubo masones en las filas de los ejércitos conservadores antirrevolucionarios, hubo masones en los extremistas jacobinos, hubo masones en los partidarios de la actitud de la Fayette y finalmente la mayoría de los masones que estuvo en el bando de los girondinos.

    La revolución Francesa acabó mal para los masones a pesar de que en gran parte habían contribuido a llevarla a cabo. Los jacobinos acusaron a los masones de ser poco revolucionarios, ya que los jacobinos se habían enemistado con los girondinos, y argumentaron que la masonería era antidemocrática y opuesta al ideal revolucionario de la igualdad.

    Finalmente el baño de sangre de finales de la revolución afectó a los masones ya que Philippe Egalité, la mayoría de líderes masones girondinos y Danton acabaron asesinados en la guillotina.

    A pesar de ser perseguidos al final de la revolución, los masones siguieron siendo acusados justamente de haber ayudado a desencadenarla. John Robison publicó un libro en 1797 que juntamente con la labor del abate Barruel explicó finalmente por qué se produjo una persecución anticlerical tan fuerte. El libro de Robison se titulaba “Pruebas de la conspiración contra todas las religiones y gobiernos de Europa llevada a cabo en las reuniones secretas de francmasones, Iluminados y sociedades de lectura”

    Barruel en su labor informaba a los lectores que “a mediados del siglo en que vivimos, se encontraron tres hombres. Los tres estaban llenos de un profundo odio contra el cristianismo. Estos tres hombres eran Voltaire, D'Alembert y Federico II de Prusia.” Según Barruel durante ese encuentro planearon los sucesos que llevarían la Revolución Francesa. Obviamente no la crearían ellos sino que aprovecharían el sentimiento del pueblo y lo encauzarían por donde fuera más útil. Como el ataque a la Iglesia era el preludio al ataque a la monarquía, recordemos la unión entre Iglesia y estado, el asalto al altar era un paso preliminar para el asalto a la monarquía.

    Barruel explicaba la incongruencia de la presencia de Federico II alegando que el rey no percibió que el trono no sobreviviría si caía el altar, y no comprendió que al destruir la Iglesia Católica y la Cristiandad también destruiría las monarquías de Europa. Eso llevó al triunfo de los jacobinos que pisotearon altares y tronos en nombre de la Igualdad y Libertad que convoca al pueblo a la matanza en nombre de unos ideales que nunca se cumplirían.

    Barruel en su libro explicaba que el 12 de agosto de 1792, dos días después del asalto al palacio de la Tullerías muchos francmasones corrían por las calles de París anunciado abiertamente que ellos eran los precursores de la Libertad, Igualdad y Fraternidad, en especial la fraternidad que era un concepto totalmente masónico.

    En su libro Barruel sin embargo deja bien claro que los masones culpables son los franceses, ya que los conservadores y religiosos masones ingleses le merecían todo su respeto haciendo por primera vez una distinción extremadamente clara del diferente rumbo que iban a tomar en el futuro la masonería inglesa y todas la afiliadas a ella y la masonería francesa.

    Todas estas teorías que he apuntado en este capítulo no quieren decir que la revolución se fraguara exclusivamente en las sesiones masónicas, y la masonería no actuó como institución, pero en todo caso, sin el caldo de cultivo de los debates masónicos dentro de las logias secretas, no se comprende la preparación y desencadenamiento de la Revolución. En vísperas del estallido de la revolución, las logias superaban a las seiscientas en Francia y agrupaban a unos 80.000 miembros. La revolución Francesa asumió los símbolos masónicos pero a la vez dividió profundamente, como ya hemos visto, a los masones, y de hecho muchos de ellos perecieron en la guillotina a manos de otros masones.

    CAPÍTULO CUARTO

    LA MASONERÍA EN EL

    SIGLO XIX

    LA EXTENSIÓN DE LA MASONERÍA Y LA REVOLUCIÓN CON NAPOLEÓN

    “Los masones son un hato de imbéciles que se encuentran “à faire bonne chère” y dispuestos a llevar a cabo tonterías ridículas”

    Napoleón hablando en Santa Helena sobre los masones

    Con la llegada al poder de Napoleón, primero en el directorio y finalmente como emperador cambió mucho el panorama de Francia. Napoleón deseaba evitar los desmanes revolucionarios contra la Iglesia Católica y por eso decidió congraciarse con ella. Esto era debido a que conocía la influencia de la Iglesia en el pueblo y apreciaba el efecto disciplinador que la religión ejercía en el pueblo.

    Sin embargo Napoleón no deseaba que la Iglesia Católica fuera muy poderosa en Francia y pudiera constituir una amenaza para su cargo. Por lo tanto decidió alentar a la masonería, ya que sabía que los masones eran enemigos de la iglesia, especialmente después de la revolución, y así se produciría un equilibrio de fuerzas que le permitiría a él controlarlo todo fácilmente.

    En una confesión al escritor O'Meara en Santa Helena Napoleón confesó que había alentado a la masonería “porque ellos luchan contra el Papa”. Napoleón advirtió netamente la importancia de la masonería y su vinculación a los intereses de Inglaterra. Napoleón había visto como los ingleses utilizaban a la masonería para fortalecer su imperio y propagar sus costumbres y él pretendía hacer lo mismo con la francesa. De esta manera pretendió penetrarla e instrumentarla a su servicio, por lo que la puso a las órdenes de su hermano José, que más tarde sería rey de España.

    Siguiendo su premisa, Napoleón alentó a sus parientes a que se unieran a la masonería. El código napoleónico de derecho está redactado por uno de los allegados de Napoleón, Cambaceres, que era un fervoroso francmasón. En vez de reprimir a la masonería Napoleón convirtió a los masones en partidarios leales. Cuatro hermanos de Napoleón eran francmasones: José, rey de España; Luis, rey de Holanda; Luciano, príncipe de Cannino y Jérome, rey de Westfalia. Por supuesto en todos estos lugares se extendió la masonería bajo el mando de Napoleón.

    El brazo de Napoleón también llegó a Italia cuando primero invadió el norte, luego los estados papales y finalmente el reino de Nápoles. Allí también alentó la extensión de la masonería. A pesar de que a medida que invadía toda Europa utilizaba a la masonería para extender sus ideas Napoleón siempre tuvo un poco de temor. Sentía que algunas logias podían ser desleales y servir para maquinar contra el régimen. En 1811 emitió un decreto prohibiendo la unión en las logias de más de 20 masones.

    No le faltaba razón ya que, a pesar de que la mayoría de las logias eran leales había algunas que habían sido infiltradas por Buonarotti, un italiano que creó dentro de la masonería a los “carbonari”1, una sociedad secreta que ejercía en las logias italianas actividades revolucionarias.

    Finalmente fue un masón quien derrotó a Napoleón en la batalla de Waterloo,donde menos Napoleón todos los jefes eran masones ya que el francés Ney, Wellington y el mariscal prusiano Gerhard Bluscher eran masones. Wellington se había afiliado a la masonería inglesa de joven. Sin embargo, Wellington negó durante su vida que él fuera francmasón ya que estaba avergonzado de pertenecer a una sociedad revolucionaria e instrumentalizada.

    LA MASONERÍA EN EL SIGLO XIX

    “Ese es el estado, mi Muy Gracioso Soberano, en el que están las logias masónicas en Petersburgo. En lugar del espíritu de mansedumbre cristiana y de las verdaderas reglas y docilidad de los masones, en ellas predomina un espíritu de autodeterminación, turbulencia y verdaderos actos de anarquía”

    Informe del teniente general Kushelev al zar de Rusia en 1821

    Después de la derrota definitiva de Napoleón en Waterloo, los masones franceses se identificaron profundamente con el régimen monárquico. Habían permanecido inteligentemente a la espera durante los 100 días del regreso de Napoleón, sin proclamarse ni a favor ni en contra y ahora no ocultaban ya su afección al régimen monárquico.

    A pesar de esto los masones no disfrutaron de una posición cómoda durante el reinado de Luis XVIII, debido a su reputación de revolucionarios y a que habían apoyado a Napoleón durante el consulado y el Imperio. En esta época su máximo protector fue el ministro del interior, el duque Decazes, que era francmasón, y que convenció a Luis XVIII para que proclamara que la francmasonería no era una sociedad peligrosa y adoptara medidas liberales.

    En esa época no todos los francmasones eran liberales ya que por ejemplo, el hermano del rey, que era masón, se oponía a la política de Decazes y se declaraba profundamente conservador, junto con el gran ensayista también masón, Joseph de Maistre.

    A la muerte de Luis XVIII el conde de Artois, hermano del rey, se convirtió en Carlos X. Su política fue más reaccionaria que la de su hermano y su gobierno tomaba medidas muy conservadoras.

    Pero en esa época entró de nuevo en escena un personaje del que ya he hablado sobradamente en este trabajo, el ya veterano La Fayette. La Fayette se oponía con todas sus fuerzas al gobierno de Carlos X. Se embarcó en un recorrido por toda Francia en la que asistía a fastuosos banquetes masónicos. En estos banquetes de masones se exaltaba el liberalismo opositor al gobierno y se criticaba la política oficial.

    Desmintiendo las apariencias, cuando en 1830 estalló la revolución ni La Fayette ni la Gran Logia Nacional que había alentado a éste tuvieron nada que ver. Los masones que sí tuvieron algo que ver fueron los jóvenes revolucionarios masónicos, que habían fraguado casi íntegramente la revolución de 1830 en sus logias.

    La Gran Logia Nacional se mantuvo a la expectativa durante los combates de la Revolución, pero cuando finalmente ganaron los jóvenes masones, los declaró luchadores de la Libertad. De esta revolución salió coronado rey el masón Luis Felipe, hijo del ya conocido Philippe Egalité, que obtuvo el apoyo total de la masonería e invitó a los liberales a formar gobierno.

    Mientras los masones llegaban al poder de nuevo en Francia, en Italia, a la caída de Napoleón, la francmasonería, que fue acusada de colaboracionista con el Imperio, fue prohibida en todos los reinos que ocupaban la península Itálica. Se suprimieron todas las logias masónicas, pero estas que estaban infiltradas por los Carbonari, se siguieron reuniendo en secreto.

    En Austria, le príncipe Clemens Von Metternich fue canciller y ministro de Asuntos exteriores durante treinta y nueve años en los que sofocó a la masonería por completo con su política reaccionaria.

    En Rusia, a la muerte de Catalina la Grande la represión de la francmasonería disminuyó. Pablo I, su sucesor, al principio respaldó a los masones pero luego los atacó. El heredero de Pablo I, Alejandro I, fue un liberal que se propuso introducir grandes reformas en Rusia pero que desconfiaba de las intenciones secretas de la masonería.

    A principios de su reinado prohibió todas las sociedades secretas en Rusia, incluida la masonería. En 1805 recibió la visita de un prominente masón, Iván Boeber, miembro de la Academia Imperial de Ciencias, quien no sólo convenció al rey de la lealtad de los masones al zar sino que incluso consiguió que Alejandro I se adhiriera a la masonería.

    La masonería vivió durante casi 20 años un régimen plácido en Rusia pero a la formación de la santa alianza, de política reaccionaria, junto con el informe arriba citado del teniente general de policía Kushelev propiciaron que Alejandro I prohibiera la masonería en toda Rusia y en Polonia, que estaba bajo la influencia del zar.

    Nicolás I, sucesor de Alejandro I, fue el que puso en práctica los decretos dictados por su hermano, y aplastó todas las organizaciones potencialmente revolucionarias, entre ellas la masonería, especialmente después de la fallida revolución de 1825.

    Mientras todos estos sucesos acaecían en el continente, en Gran Bretaña la masonería continuó floreciendo bajo la protección del rey. En esa época accedió al cargo de Gran Maestro de la Gran Logia de Londres Augusto Federico, duque de Sussex. La eterna logia rival, la Antigua Gran Logia de York convenció a su vez al hermano del duque de Sussex, el duque de Kent para que fuera Gran Maestro.

    Cuando los dos hermanos estuvieron en el poder de las dos grandes obediencias masónicas obligaron a estas a renunciar a sus diferencias, que habían durado mas de sesenta años. En 1813 se formó la Gran Logia Unida con la fusión de las dos logias y el duque de Sussex fue su Gran maestro.

    El duque de Sussex, desde su puesto de Gran Maestro influyó en el gobierno para que éste adoptara medidas liberales. Después de la victoria de los Whigs, estos adoptaron el Proyecto de Ley de Reforma que contenía numerosas medidas liberales. Muchos francmasones se interesaron durante esta época por la defensa de los obreros, mediante ideas socialistas, que propagaban el masón duque de Kent y su amigo Robert Owen, propietario de una fábrica en Escocia donde se trataba bien a los empleados.

    De esta manera los masones ingleses comenzaron a interesarse por el movimiento obrero, y a respaldarlo frente a muchos de los abusos burgueses.

    Después de la revolución de 1830 los masones franceses del Gran Oriente fueron leales al rey Luis Felipe, al que ellos mismos habían ayudado a coronar. El primer ministro, François Guizot, era masón, pero su política conservadora le granjeó la enemistad de numerosos masones jóvenes y revolucionarios. El Gran Oriente trataba de frenar estas logias revolucionarias pero muchas de las logias masónicas comenzaron a conspirar contra el régimen.

    En 1847 se volvió a la costumbre que implantó La Fayette en 1830 de los banquetes masónicos, en los que se criticaba la política del gobierno. Mientras tanto las logias francesas seguían conspirando para crear una nueva revolución e instaurar la República.

    El primer estallido revolucionario de 1848 tuvo lugar en Palermo el 12 de enero de 1848. Como si fuera un reguero de pólvora la revolución se fue extendiendo hasta París, donde llegó el 24 de febrero. El 15 de marzo hubo una revolución en Berlín y el 19, los carbonari y los masones, alentaron la revolución de Milán que se alzó contra la guarnición austriaca.

    Como siempre la Gran Logia Nacional se supo adaptar al contexto político francés y declaró su apoyo total al nuevo régimen, la república y a su gobierno. Enseguida surgieron luchas internas entre los socialistas revolucionarios y las fuerzas de gobierno al mando, con el triunfo final de éstas, que fueran apoyadas por la casi totalidad de los masones.

    Finalmente y por medio de elecciones llegó al poder Luis Napoleón Bonaparte, que había participado en las revoluciones de 1831 en Italia y que se había unido en esa revolución a los masones y a los carbonari.

    La masonería no vio con agrado la llegada al poder Luis Napoleón, a pesar de que era masón, y muchos masones revolucionarios fueron encarcelados por éste. Durante esta época el Gran Oriente consideró prudente reformar su constitución. Así del artículo que rezaba que la masonería era una asociación filantrópica universal y que uno de sus objetivos era el análisis y discusión de todas las cuestiones sociales y económicas suprimió las palabras sociales y económicas para evitar que la masonería fuera perseguida.

    En diciembre de 1851 Luis Napoleón organizó un golpe de estado e instauró una dictadura. Al día siguiente hubo un intento de resistencia protagonizado por un masón, Baudin, pero pronto fue sofocada.

    Con el progresivo endurecimiento de la política de Luis Napoleón muchos optaron por irse a Inglaterra como Víctor Hugo o como muchos masones que se exiliaron en Londres. Durante la dictadura la Gran Logia nacional intentó congraciarse con el nuevo régimen proponiendo a Murat como Gran Maestro, hijo del mariscal de Napoleón. Este hizo que los masones cambiaran su emblema de la libertad, fraternidad e igualdad por el de caridad y fraternidad. Sin embargo mantenía una actitud de no confrontación con la Iglesia Católica.

    Pero en 1859 Napoleón III imprimió un giro a su política y se alió a Víctor Manuel II, francmasón revolucionario, que se oponía brutalmente a la Iglesia católica y a los estados pontificios. Sin embargo en 1860 volvió a imprimir un nuevo giro a su política y se volvió a aliar con la Iglesia Católica.

    Los francmasones revolucionarios conspiraron para sacar a Murat como Gran Maestro, ya que éste había votado a favor de mantener el poder temporal de la Iglesia. Eligieron Gran Maestro al príncipe Napoleón, que era de ideas anticlericales y revolucionario. Esto ocasionó que Murat organizara purgas entre los masones y obtuvo el poder según el cual Napoleón III era el que elegiría a partir de ahora a los Grandes Maestros.

    De esta manera Napoleón III eligió como Grandes Maestros durante la época a personajes poco polémicos.

    Los francmasones tuvieron un lugar prominente en la Revolución que estalló en 1870. Como siempre gran parte de la revolución se había gestado en las logias masónicas. De esta manera se proclamó la tercera república. Al establecimiento de la tercera República siguió la Comuna de París en 1871, que estaba encabezada por los masones y republicanos rojos supervivientes de la Revolución de 1848.

    Los masones quedaron divididos entre los que apoyaban al gobierno obrero de la Comuna de París y al gobierno legítimo de Versalles. Muchos líderes de la comuna eran masones: Benoit, que era miembro de la AIT encabezada por Marx, Clément, Pottier etc. Durante esta época tomaron un estrecho contacto la masonería y el comunismo que propagaba Marx. En el otro bando había también masones prominentes como Louis Blanc o Jules Simon.

    Finalmente las tropas de Versalles tomaron París y se afianzó la tercera república, con la ejecución de más de 20.000 comuneros, que a su vez habían dejado incontables víctimas en París, especialmente entre el clero, llegando a fusilar hasta al arzobispo. Se cree que los masones comuneros fueron los grandes instigadores de esta persecución.

    Sin embargo la persecución religiosa en París no acabó con la Comuna de París sino que siguió con la Tercera República. Se tomaran profundas medidas secularizadoras, tanto en la enseñanza como en los valores tradicionales. Todas estas medidas fueron instigadas por una Cámara que en 1886 contaba con 200 diputados masones.

    Fruto de esta política liberal radical de la tercera República y profundamente anticlerical surgió la transformación del Gran Oriente en 1877. En este año el Gran oriente de Francia rompía con la tolerancia religiosa, borraba a Dios de sus ritos y juramentos y se politizaba en sentido radical anticlerical cada vez más hostil. Así eliminó toda referencia a Dios en sus ceremonias, apartó la Biblia de sus logias y admitió a agnósticos y a ateos.

    Para la Gran Logia Nacional de Inglaterra eso fue la gota que colmó le vaso. Venía observando como la masonería continental se politizaba cada vez más y se hacía menos tolerante y más revolucionaria. Con la supresión del Gran arquitecto del Universo en la masonería francesa la Gran Logia Inglesa rompió relaciones con el gran oriente y lo mismo hicieron los masones de estados Unidos. El Gran Oriente intentó defender su intolerancia religiosa y su postura anticlerical bajo argumento de “cosmopolitismo y universalidad.”

    A pesar de toda la agitación existente en el continente la masonería inglesa no se vio mezclada en revoluciones y asuntos turbios, al contrario que gran parte de la masonería continental, en especial la francesa. Durante la última parte del siglo XIX se dedicó a extenderse por medio mundo, como un instrumento al servicio de los intereses británicos en el extranjero, asentándose especialmente en la India, en Canadá, en Nueva Zelanda y en Australia.

    En todos estos países la masonería floreció rápidamente bajo la protección de los ingleses y muchos nativo abrazaron rápidamente la masonería. Los únicos que tuvieron problemas para abrazar la masonería fueron los hindúes, a quienes al principio la Gran Logia Inglesa no les dejó entrar por que no tenían un solo Dios sino varias divinidades.

    De esta manera acabamos el siglo XIX, con una masonería claramente dividida entra la deísta y tolerante, encarnada por la masonería inglesa y norteamericana, y una masonería radical y anticlerical, encarnada principalmente por la francesa y seguida por la italiana.

    CAPÍTULO QUINTO

    LA MASONERÍA EN EL

    SIGLO XX

    LA MASONERÍA EN EL SIGLO XX

    “La francmasonería se despega a la vez del cristianismo, del que se quiere alejar, y del marxismo, al que sin embargo se acerca”

    Jacques Mitterrand, La politique des francmaçons. 1973

    Pretendo ser breve en este capítulo sobre la masonería en el siglo XX ya que considero que ya me explayo bastante sobre la masonería en el siglo XX en España. Otra de las razones por la que pretendo ser breve es que en el capítulo sobre el nuevo orden mundial (ver índice) reviso la actuación de organizaciones mundialistas de influencia masónica a lo largo de todo el siglo XX.

    Al llegar el siglo XX, mientras la masonería anglosajona se mantenía en su línea deísta y patriótica, al servicio del alto interés internacional de sus sedes nacionales, la Masonería europea, guiada por el Gran Oriente de Francia, seguía enzarzada en una lucha mortal contra la Iglesia Católica, y empeñada en el combate de la secularización total.

    Durante el siglo XX la masonería francesa se identificó mucho con el movimiento socialista. En 1905, después de la creación del partido socialista francés, multitud de solicitudes de socialistas llegaron al Gran Oriente para entrar a formar parte de la masonería.

    A comienzos del siglo XX varios socialistas prominentes como Jean Longuet, Jean Monnet, Roger Salengro y Vincent Auriol eran masones. Muchos maestros de escuela eran masones, y muchísimas veces entraron en conflicto con los curas católicos locales. En esa época había más de 10.000 maestros masones en Francia.

    También las cúpulas militares estaban llenas de masones e infiltradas profundamente, Joseph Joffre, comandante en jefe del ejército francés durante los primeros años del siglo XX era masón. También numerosos miembros del partido comunista francés eran francmasones.

    En Rusia, tal como ya hemos visto, la masonería estuvo prohibida durante todo el siglo XIX, desde Alejandro I, pero los socialistas y liberales rusos se incorporaban a logias masónicas ilegales.

    Existe la teoría bastante comprobada que los masones franceses, al estallar la guerra en 1914, influyeron en sus hermanos masones rusos con el fin de que éstos a su vez influyeran en los mencheviques para que el ejército ruso zarista entrara en la 1ª Guerra Mundial.

    Muchos de los líderes que llegaron al poder después de la revolución de marzo de 1917, incluyendo a Alexander Kerensky, eran francmasones. En el verano de 1917 el ministro de agricultura francés, Albert Thomas, que era masón, acudió a san Petersburgo para rogar a Kerensky que éste lanzara la ofensiva de junio con objeto de ayudar a sus hermanos masones franceses. Esta ofensiva, que fracasó estrepitosamente, fue una de las principales bazas de Lenin para llegar al poder.

    Después de la guerra los masones franceses volvieron a gozar de poder político, ya que la mayoría de los miembros del partido radical, que ganó las elecciones de 1924, eran masones.

    Así la masonería siguió su rumbo favorable en toda Europa hasta que llegaron uno a uno los totalitarismos en todo el continente. Los totalitarismos prohibieron, persiguieron y sofocaron a la masonería, tanto los de derecha como los de izquierda, como creación y plataforma capitalista y burguesa. Así sucedió en los regímenes de la Italia de Mussolini, en la Alemania de Hitler y en la Rusia Soviética de Lenin y Stalin.

    En 1929 la Masonería inglesa acentuó la brecha entre los masones ingleses y sus hermanos del continente. Al observar los desmanes de la masonería continental difundió una declaración en la que explicó las condiciones bajo las que reconocería y cooperaría con los masones extranjeros. Como condiciones requería que los masones extranjeros estuvieran gobernados por una autoridad central que evitara que logias locales siguieran sus propias políticas, que afirmaran la creencia en Dios y rechazaran a los ateos y que evitaran hablar de política o religión en sus reuniones de logia.

    Como todos los gobiernos autoritarios desde el siglo XVIII los totalitarismos persiguieron a la masonería porque desconfiaban de las reuniones en las logias y las posibles conspiraciones.

    La Alemania de Hitler se cebó especialmente en esta persecución, ya que identificaba a la masonería con el judaísmo. Según ellos los francmasones eran agentes de los judíos, exaltando así una falsa visión de algo que sin embargo tenía fundamento, ya que como veremos en las organizaciones mundialistas, existe de verdad una conexión judeo-masónica.

    La masonería y el comunismo se aliaron por vez primera en 1935. El líder comunista tuvo que hacer un discurso en la sede del Gran Oriente para que el partido radical, formado casi enteramente por comunistas, dejara atrás sus recelos justamente fundados y se aviniera a formar con ellos el Frente Popular que ganó las elecciones de 1936.

    Con la invasión de Francia por Alemania la masonería fue duramente reprimida. Quizás uno de los pocos momentos en los que la masonería y los católicos se aliaron fue en la resistencia, cuando el líder francmasón de la Resistencia Marc Rucart formó equipo con el líder del movimiento católico de resistencia, Henri Fresnay.

    Uno de los principales artífices de la victoria aliada fue Winston Churchill. Churchill era un prominente masón, que había recorrido anteriormente el país ganándose el aplauso de los radicales con sus ataques a la aristocracia y a la cámara de lores. El masón Churchill supo llevar con mano de hierro a Inglaterra hasta la victoria.

    Después de la victoria aliada en 1945, la masonería revivió con fuerza en todo el continente, especialmente en Alemania, Francia e Italia, donde el número de nuevas afiliaciones a la masonería creció espectacularmente.

    Después de la segunda Guerra Mundial se produce una reorientación de la masonería continental europea hacia el socialismo. Uno de los símbolos de esta reorientación lo marca el conocido Jacques Mitterrand.

    Jaques Mitterrand recorrió él mismo, como si fuera un símbolo, la trayectoria que lleva desde el partido radical al partido socialista de Francia. Masón desde 1933, participó en la Resistencia y fue Gran Maestre del Gran Oriente de Francia en 1962 y en 1969. Luego se convirtió en un ardiente militante socialista. Se declaró siempre ardoroso partidario de la masonería politizada frente al apoliticismo tibio de la masonería anglosajona.

    Es Mitterrand quien expone la tesis sobre la existencia de dos masonerías: una teórica, lejana, deísta; otra, política, socialista y anticlerical. En su época Mitterrand ya tomó partido por Salvador Allende, que era otro masón de los de la línea de acción socialista y anticlerical y marcó el camino que a su juicio tenía que seguir la masonería continental: la vía masónica del socialismo anticlerical y profundamente politizada.

    Actualmente la masonería está muy extendida por toda Europa. Sólo en Inglaterra existen más de 8.000 logias masónicas. Se calcula que hay actualmente en el mundo unos 4.5 millones de masones repartidos en 29.518 logias. No hay país europeo en el que no esté fuertemente asentada la masonería, especialmente en Europa Occidental. Y nos guste o no, para bien o para mal, actualmente la masonería sigue teniendo influencia en toda nuestra sociedad, aunque muchas veces ni nos demos cuenta.

    CAPÍTULO SEXTO

    LAS INSTITUCIONES

    MUNDIALISTAS

    EL NUEVO ORDEN

    MUNDIAL

    UN NUEVO ORDEN MUNDIAL

    “Ahora vemos aparecer un nuevo orden mundial”

    George Bush, 1991

    Primero averigüemos qué es el Nuevo Orden Mundial. El Nuevo Orden Mundial es la situación jerarquizada - que antes no existía con carácter universal- que después del hundimiento de la URSS y de la Guerra del Golfo vive el mundo baja la hegemonía única de los Estados Unidos, quizás ligeramente tambaleada con el ataque a los EEUU del 11 de septiembre del 2001 pero igualmente imperante.

    El año clave para comenzar a hablar del nuevo orden mundial es 1991. El día de navidad de ese mismo año Mikhail Gorbachov deja de ser presidente de la URSS y el 31 de diciembre es la fecha oficial para la desaparición de la Unión Soviética, sustituida por una Confederación de Estados Independientes liderada por Rusia, pero que dejaba de ser una superpotencia enfrentada a los EEUU. El 31 de diciembre fue la fecha oficial reconocida por todo el mundo, aunque el principio del fin de un mundo bipolar fue el 9 de noviembre de 1989, con la caída del muro de Berlín.

    Antes del desplome de la URSS Sadam Hussein invadió, el 2 de agosto de 1990, el estado independiente de Kuwait en el Golfo Pérsico. Era el primer paso para apoderarse de todas las reservas petrolíferas de la zona, especialmente las de Arabia Saudí, que cuenta con las mayores reservas petrolíferas del mundo. Sin embargo Sadam Hussein no previó que se encontraba en nuevo escenario mundial, donde EEUU actuaba como potencia hegemónica, y donde no existía ese miedo a actuar que marcó todas las batallas de la Guerra Fría. Los Estados Unidos se negaron a dejar que Sadam cumpliera con sus objetivos y convocaron a todos los países interesados en una cruzada contra el invasor.

    El consejo de seguridad de la ONU aprobó las medidas de fuerza necesarias para echar de Kuwait a Sadam. El 17 de enero de 1991 los helicópteros de ataque Apache abrieron fuego contra tanques iraquíes. Poco tiempo después Kuwait se veía libre del ejército iraquí y la coalición internacional celebraba triunfalmente su victoria.

    Lo que realmente destaca de esta guerra son dos hechos que consolidaron el inicio del nuevo orden mundial:

    • En esta guerra no se alinearon los dos bloques en posturas diametralmente opuestas como habían hecho durante las guerras de la Guerra Fría, como en Vietnam o Corea. La Unión Soviética nada hizo salvo protestar levemente, para impedir que el enemigo de los EEUU fuera destruido. Se mantuvo al margen viendo como los EEUU actuaban ya de hecho como única superpotencia, dejando que triunfara el imperialismo petrolífero.

    • El discurso del presidente George Bush, que proclamó estas palabras ante el congreso con la nación enfervorizada, después de la guerra del Golfo: “Ahora vemos aparecer un Nuevo Orden Mundial. Un mundo donde las Naciones Unidas, libres del obstáculo de la Guerra Fría, estén en condiciones de realizar la visión histórica de sus fundadores. Un mundo en que la libertad y los derechos del hombre sean respetados por todas las naciones”

    Cabe destacar en el discurso del presidente George Bush lo que se escondían detrás de esas palabras solemnes e idealistas. Esas palabras tenían como trasfondo el embargo de bienes y suministros decretados por los vencedores, que acarrearía que millares de niños iraquíes perecieran al año siguiente por falta de medicinas y desnutrición.

    También tenían como trasfondo los millares de kurdos que los estadounidenses dejaron que el ejército iraquí masacrara, kurdos a los que habían prometido ayuda para cambiar el régimen, sólo para salvar la estabilidad de la región y sus intereses petrolíferos. Pero por supuesto los vencedores sólo veían, en palabras de Bush, “un mundo en que la libertad y los derechos del hombre sean respetados por todas las naciones”.

    Es de suponer que al nuevo orden mundial, tiene que corresponder, en un horizonte futuro, un Nuevo Gobierno Mundial.

    Hay teorías que afirman que ese Nuevo Gobierno Mundial podría ser el de la potencia hegemónica, Estados Unidos, ayudado de organizaciones internacionales de gran envergadura como la ONU, la OTAN y el FMI.

    Sin embargo muchos observadores advierten una existencia en el mundo de centros de poder capaces de condicionar efectivamente a la presidencia y al gobierno norteamericano para orientarles hacia una línea estratégica, política y económica afín al horizonte de esos centros de poder. En este punto podemos llegar a hablar de gobierno en la sombra.

    Todo el mundo conoce el poder del dinero, pero aquí hablaremos del Poder del Dinero, con mayúsculas, ya que muchos acontecimientos históricos han estado marcados por esta esfera de influencia e intereses económicos.

    En España tenemos un muy buen ejemplo con la guerra de 1898 entre España y los EEUU. Todo el mundo sabe que el incidente que desencadenó esta guerra fue la voladura del barco estadounidense Maine, que en realidad fue llevada a cabo por americanos para justificar la guerra. En 1898 el Congreso de los Estados Unidos declaró la guerra a España, pero no fue el presidente MacKinley quien movió al Congreso, sino la prensa amarilla de los EEUU al servicio de poderosos intereses económicos norteamericanos, a los cuales les beneficiaba que España abandonara el Caribe y el Pacífico Suroriental.

    Estos intereses económicos se han agrupado en instituciones secretas o semisecretas que están actuando para condicionar la orientación del mundo con vistas a intervenir de manera decisiva en el Nuevo Orden Mundial y en el Gobierno Mundial.

    Llegados a este punto uno se puede preguntar ¿Qué tiene que ver esto con la masonería? Pues tiene que ver mucho, como hemos podido ver a lo largo de todo el trabajo no podemos hablar de una masonería in de una sola forma de actuación.

    Las asociaciones masónicas empezaron primero con un carácter supra-regional y después con un carácter supranacional. A lo largo del tiempo la masonería ha ido sirviendo a determinados intereses. Éstos han sido intereses de tendencia política (monarquía francesa, masonería estuardiana y hannoveriana en las guerras civiles inglesas del siglo XVII) de servidumbre imperialista (al servicio de los imperios británico y napoleónico) y de partidismo religioso y político (lucha de los masones ilustrados contra la Iglesia Católica, identificación con el liberalismo radical del siglo XIX o con la Internacional Socialista y el socialismo en general en el siglo XX)

    Por eso no hemos podido catalogar durante este trabajo a la masonería como fruto de una determinada tendencia o actitud. Sin embargo la masonería ha mutado de nuevo, una transformación que empezó a principios del siglo XX y ha culminado con la entrada del Nuevo Milenio.

    La masonería ha sido tomada por aquellos que luchan con el arma de la poderosa finanza internacional. Aquellos que toman las decisiones realmente trascendentales en la sombra.

    La masonería ha sido vaciada de contenido por estos grupos financieros, han obviado ya los antiguos rituales y cualquier dimensión religiosa que le quedara (siguiendo en la línea de la masonería francesa) y la utilizan para sus propios intereses, como una red de contactos y de ideologías.

    Por eso hoy cuando hablamos de la influencia de la masonería nos hemos de fijar en estos 4 principales grupos de altas finanzas que voy a citar en este capítulo.

    La masonería secreta judía: la orden B'Naï B'Rith

    Se trata de la organización judía de ayuda mutua más antigua y numerosa. Cuenta con medio millón de afiliados y 1700 logias masculinas, de las cuales una cuarta parte se encuentran en Estados Unidos. La fecha de su fundación data del 1843, precisamente en los EEUU.

    El B'Naï B'Rith, fue fundado exactamente el 13 de octubre de 1843 en un café judío próximo a Wall Street. Su fundador fue Heinrich Jonas, que había americanizado su nombre convirtiéndolo en Henry Jones.

    Desde su fundación la orden ha actuado para revitalizar el espíritu judío de sus miembros, situarlos en puestos destacados de la sociedad y organizar redes de ayuda mutua en las necesidades de la vida. Aquí nos encontramos con el principio de fraternidad masónico.

    De hecho debemos considerar el B'Naï B'Rith como una orden masónica específicamente judía. Su relación con la masonería regular se oficializó el 14 de septiembre de 1874, en el que se firmó un acuerdo documentado entre una y otra masonería, con Armand Levy por el B'Naï B'Rith y Albert Pike por la masonería regular americana.

    El B'Naï B'Rith colaboró eficazmente en redistribuir a los judíos instalados en Nueva York, normalmente en condiciones difíciles, a otros muchos puntos del territorio norteamericano.

    Ahora veremos como en todas las iniciativas de envergadura emprendidas por la colonia judía figura siempre el B'Naï B'Rith. Cuando en la década de los veinte comenzó a verse clara la influencia del cine el B'Naï B'Rith se instaló en medio de ese mundo y creo unas logias masónicas para judíos atraídos por el cine.

    De hecho muchos judíos de estas logias pueden considerarse los fundadores de Hollywood. Sólo para ver un detalle de la influencia que comenzaban a ejercer los judíos en el mundo del cine hay que ver el hecho de que el presidente de la orden, Cohen, consiguió de Cecil B. Mille, el director de Rey de Reyes, la modificación de algunas de sus escenas para que no recayese sobre los judíos la pasión de Cristo.

    En 1927 se firmó un acuerdo con el organismo más importante de distribución y producción de Hollywood para eliminar cualquier trato antisemita en ellas.

    Actualmente el dominio judío se extiende a las productoras Paramount y Warner. La orden del B'Naï B'Rith creo una logia que en los cuarenta contó con más de 1600 afiliados.

    Los judíos se han procurado una situación de influencia decisiva en todos los medios de comunicación, quizá para evitar casos como el Holocausto. Aunque todos estamos hartos en la actualidad de oír hablar sobre el Holocausto judío, sin embargo muy pocos medios de comunicación denuncian el genocidio del pueblo palestino a manos de Israel.

    La influencia judía no llega sólo al cine sino que alcanza a la mayoría de periódicos líderes de opinión como el New York Times, que es abiertamente pro-judíos.

    Este influjo a veces resulta tan exasperante que desemboca en una oposición como la de la extrema derecha que últimamente está intentando difundir “Los protocolos de los sabios de Sión”1, un libro de principios del siglo XX que explica como supuestamente los judíos llevan a cabo una conspiración mundial y que carece de cualquier fundamento histórico

    Uno de los frentes más importantes de difusión creado por el B'Naï B'Rith es “la liga anti-difamación”, que fue creada para desactivar cualquier agresión antijudía que pudiera producirse a lo largo y ancho del globo. Este frente anti-difamación fue creado en el 1946, un año después del final de la segunda guerra mundial, cuando la humanidad comenzaba a enterarse de los horrores del holocausto. Esta rama del B'Naï B'Rith comunica sus programas a través de cientos de emisoras. El tema central de esta liga anti-difamación es el Holocausto. También ha promovido numerosas acciones contra la alarmante resurrección de grupos racistas y neo-nazis en todo el mundo, especialmente en Alemania y los Estados Unidos.

    La masonería judaica, específicamente conocida como hijos de la Alianza o

    B'Naï B'Rith, ha contado con personalidades relevantes en muchos campos del saber. Entre ellos destacan en el siglo XX Albert Einstein, creador de la teoría de la relatividad y el doctor Sigmund Freud, conocido por su método del psicoanálisis.

    Freud perteneció a la masonería judaica desde el año 1895, aunque no lo hizo público hasta su LXX cumpleaños, con un discurso leído en su nombre ante la sede del B'Naï B'Rith.

    Su relación con esta organización estuvo muy marcada después de la publicación de sus investigaciones. Esta publicación provocó que todos sus amigos y colegas le abandonaran, de esta manera Freud solo encontró refugio con sus compañeros de hermandad. Freud era ajeno a toda religión, aunque se reconocía judío. Los miembros de la logia de Viena fueron los que organizaron un auditorio en el que Freud expuso sus teorías con un éxito que no había tenido hasta entonces.

    Cuando la persona y la doctrina de Freud cayeron en pleno descrédito en los medios y ambientes científicos de Viena el B'Naï B'Rith fue el que movió los hilos para defenderle y lograr el renacimiento de su prestigio como psicólogo. Esta es solo la primera de las veces en las cuales iremos viendo como los organizaciones de origen masónico apoyan totalmente a sus miembros para que alcancen sus objetivos, el llamado principio de fraternidad.

    Esta adhesión a la masonería judaica se entrelaza con la configuración definitiva del sionismo, al que Freud se adhirió inmediatamente, y al que están adheridos hoy en día todos los judíos relacionados con las altas finanzas.

    El CFR, el Consejo de Relaciones Exteriores

    “El mundo se divide en tres categorías de gentes: un muy pequeño número que hace que los acontecimientos se produzcan; un grupo un poco más numeroso que vigila su ejecución y que observa para que se cumplan y, finalmente, una amplia mayoría que jamás sabe lo que ha sucedido en la realidad”

    Presidente de la universidad de Columbia

    Miembro del CFR

    La definición del CFR sobre sí mismo

    << El consejo es una organización nacional de miembros y una institución de estudios con sede en Nueva York, oficinas en Washington D.C. y programas que se extienden ampliamente. A través de un equipo directivo de investigación respetado e influyente con experiencia en gobierno y altos estudios sobre cualquier asunto internacional; se celebran reuniones regulares con los miembros y otros dirigentes y pensadores. Estas sesiones exclusivas de mesas redondas forman el núcleo intelectual del Consejo. Su objetivo es profundizar en los asuntos internacionales y desarrollar nuevas ideas para la política exterior de Estados Unidos, especialmente la seguridad nacional y la política económica exterior. Los miembros del consejo aportan sus libros, artículos, manuscritos y originales y participan regularmente en comentarios por Tv. y radio.>>

    El CFR (council of foreign relations) se presenta como una institución transparente y diáfana. Los portavoces del CFR dicen que el CFR se fundó en el año 1921 por hombres de negocios y abogados decididos a mantener a Estados Unidos implicados en el mundo.

    Dicen también que hoy en día el CFR está formado por hombres y mujeres de todos los sectores de la vida internacional y de América, dedicados a la creencia que la paz y la prosperidad de la nación son las del resto del mundo. De este sentimiento fluye la misión del consejo, el conocimiento de América sobre otras naciones para así servir a la nación a través del estudio y el conocimiento público.

    El Consejo publica la revista Foreign Affairs2, que es líder en asunto exteriores y patrocina los trabajos más importantes del mundo que se refieren a los asuntos del mundo.

    El CFR se compone de 3400 miembros divididos casi por igual entre Nueva York y Washington y el resto de la nación.

    En este grupo de personas se incluyen a casi todos los actuales y anteriores altos funcionarios del gobierno de los Estados Unidos que tratan de asuntos internacionales; reúnen a estudiosos, líderes de empresas y medios de comunicación, derechos humanos, actividades humanitarias y organizaciones no gubernamentales. Los miembros del consejo son los que escogen nuevos miembros.

    Se fomenta una atmósfera no partidista y no ideológica entre sus miembros. Las opiniones expresadas en medios del CFR como Foreign Affairs son de la responsabilidad exclusiva de aquellos que los suscriben.

    Los miembros del CFR se marcan unos objetivos para cumplir sus misiones y tradiciones:

    • El Consejo patrocinará grupos de trabajo independientes cuando un problema actual se revele de importancia primordial para la política exterior de Estados Unidos y procurará tener en cuenta diversos puntos de aproximación al problema.

    • El consejo podrá transformarse en una organización nacional auténtica. Esto se puede lograr mediante la organización de grandes seminarios y grandes debates nacionales de política exterior.

    • El consejo se irá renovando con la aceptación de jóvenes que participen desde dentro del consejo en programas especiales. Entre diversos líderes que han dirigido estos grandes seminarios se pueden encontrar al Presidente Clinton y a la señora Albright.

    Así es como se auto presenta el CFR. Como se puede advertir todo lo que nos dice es abstracto y escasamente concreto. Pretende dar una imagen de transparencia cuando en verdad no habla ni sobre los problemas concretos ni sobre sus auténticos fines.

    LA REALIDAD SECRETA DEL CFR

    “Lo que pretenden los banqueros de inversión que controlan los bancos centrales es nada menos que crear un sistema mundial de control financiero en manos privadas capaz de dominar el sistema político en cada país y la economía mundial en conjunto”

    Profesor Carroll Quigley, mentor de Bill Clinton en Georgetown.

    El CFR es el brazo para promoción que pertenece a la élite de los EEUU. Sus miembros son políticos, financieros y dueños de los medios de comunicación más influyentes de América.

    Esta élite usa su influencia para propagar el Nuevo Orden Mundial en la vida americana. Los expertos escriben eruditos trabajos para su uso en la toma de decisiones, los académicos valoran la sabiduría de un mundo unido, los medios distribuyen el mensaje.

    ORÍGENES DEL CFR

    El poder del dinero, las grandes familias económicas americanas, intentaron ya desde 1816 crear un banco central en Estados Unidos, pero fue suprimido por el presidente Andrew Jackson, que lo veía como una amenaza al poder político de la nación.

    Hasta 1907 los EEUU se la arreglaron sin banco central, fecha en que surgió la propuesta del senador Nelson Aldrich (suegro de John D. Rockefeller, de quien ya hablaré más adelante) para crear un banco central. En 1913 se aprobó la ley en el congreso para crear la Reserva Federal cuyo objetivo era estabilizar la economía ante posibles pánicos, pero que en realidad formaba el monopolio más grande del mundo. A pesar de llamarse federal, la reserva es posesión de los bancos miembros, hace su propia política y no está sometida a supervisón por el Congreso ni por el presidente.

    Los mayores participantes iniciales en el sistema del banco de la reserva federal fueron:

    Rotschild de Londres y Berlín; Lazard Brothers de París, Sheiff de Italia, Jun Lob Company de Alemania y USA, Lehman Brothers y Rockefeller de Nueva York entre otras (es de notar que muchas de estas familias son judías) Por cierto, el sistema de la reserva federal, como todo el mundo sabe, fue inútil para estabilizar la economía ante la crisis de 1929, pero no para ir logrando otros objetivos que permanecían en la sombra, como el objetivo globalizador.

    Gracias a la reserva federal las grandes familias se lucraron todavía más, con el establecimiento del impuesto sobre la renta, la conversión de los grandes monopolios ilegales en grandes fundaciones revestidas con un toque de legalidad. Fueron estas grandes familias las que influyeron decisivamente en la elección del presidente Wilson frente a William Taft, que había amenazado proponer una legislación que evitara la decisiva influencia que iban adquiriendo estas grandes familias económicas. El consejero principal de Wilson fue el Coronel Edward House, miembro clave del CFR, que actuó como patrocinador de la ley de la reserva federal.

    La Primera Guerra Mundial produjo enormes beneficios para los bancos y familias que poseían el Banco de la reserva federal. De hecho fue Bernard Baruch, un político que contó con el respaldo a su candidatura del poder de los grandes intereses económicos, el que fue designado presidente de la Comisión de Industrias de Guerra y ejerció un gran poder de la economía de los EEUU en torno a la guerra. Las compañías que obtuvieron mayores beneficios fueron Rockefeller y J.P.Morgan.

    Sin embargo la primera guerra mundial no solo proporcionó enormes beneficios sino que además permitió hacer grandes avances hacia el objetivo mundialista de las grandes familias económicas.

    Durante la guerra predominaba en EEUU el sentimiento aislacionista, así que los partidarios de que la gran potencia entrase en la guerra tuvieron que hacer algo semejante a lo que pasó en 1898 con el Maine en la guerra hispano-americana, en lo que España no tuvo ni arte ni parte.

    El incidente que provocó que los EEUU entraran en la guerra fue el hundimiento del Lusitania, que navegaba bajo bandera de EEUU y con 128 americanos a bordo. La prensa americana subrayó hasta la exageración la barbarie germánica omitiendo un detalle muy importante, que el ataque no fue indiscriminado sino que el Lusitania transportaba una considerable carga de municiones de guerra hacia Inglaterra que justificaban el ataque alemán.

    Otro detalle fue que los códigos secretos alemanes de comunicación de submarino ya habían sido descifrados por los británicos que conocían perfectamente la situación de cada uno de los submarinos alemanes ¿ Por qué no se dio aviso al Lusitania? Quizá por que a los intereses económicos les interesaba entrar en la guerra y necesitaban de u incidente para agrupar al pueblo americano y decidirse a entrar en la guerra. Más tarde pasó algo muy parecido con Pearl Harbour en la segunda Guerra Mundial.

    El presidente Wilson había ganado las elecciones prometiendo al pueblo americano la no-intervención en la guerra de los EEUU, pero mientras Wilson hacía esas promesas el asesor House (recordemos que era miembro muy importante de lo que luego sería el CFR) pactaba secretamente con los británicos la intervención en la guerra.

    Lo que de verdad buscaban los mundialistas en la Primera Guerra mundial era el poder de decisión que tendrían después de ella. Este hecho se produjo cuando Wilson viajó a París para establecer los 14 puntos para la configuración de la paz entre los que figuraba la propuesta de la creación de la sociedad de naciones, primer paso para los objetivos mundialistas. Por cierto en una biografía sobre Wilson escrita por Baker se señala que esta idea no fue de Wilson sino de su omnipresente asesor House.

    Los promotores del mundialismo decidieron actuar sobre la opinión pública mundial creando de manera simultánea en EEUU y Gran Bretaña el Institute of International Affairs, antecedente inmediato del CFR.

    La rama británica que conservaría ese nombre aceptó como sus líderes a varios miembros de la Tabla Redonda, una institución secreta creada a finales del XIX por lord Cecil Rodhes, estadista de la expansión imperial de Inglaterra en África, cuyo principal objetivo era federar los pueblos anglosajones y colocarlos a todos bajo su dominio e influencia.

    De esta idea todavía tenemos constancia en la política actual, como la inmediata respuesta favorable del reino Unido a cualquier acción que emprenda los EEUU, como en la guerra del Golfo, Yugoslavia, o incluso Afganistán después de los atentados del 11 de septiembre del 2001, y donde, en fecha de realizar este trabajo, las tropas angloamericanas luchan codo con codo.

    Esta institución de la mesa redonda empezó en 1870, cuando John Ruskin fue nombrado profesor de Bellas Artes de Oxford. Explicaba a sus alumnos no sólo su asignatura sino la responsabilidad que les incumbía por ser miembros de la clase dirigente inglesa, cuyos valores habrían de extenderse a todo el imperio británico para evitar que estos mismos los perdieran.

    Esta enseñanza de sentido moral sacudió fuertemente a uno de los alumnos, Cecil Rhodes (1853-1902) quien trató de aplicar posteriormente a su realización la enorme fortuna que adquiriría en Sudáfrica con las minas de oro y diamantes.

    Su propósito consistía en formar una federación de pueblos anglófonos para imponer a todo el mundo el sistema de gobierno del que gozaban os EEUU y el Reino Unido. Un objetivo más a corto plazo era un gobierno mundial regido por la confederación anglo norte americana.

    Para ello fundó el famoso sistema de becas aún vigente en la actualidad para estudiantes aventajados de los EEUU y el Reino Unido. Muchos de los discípulos de Ruskin se unieron a esta iniciativa de Rhodes. Fue en 1891 cuando Rhodes creó con un fin reformista imperialista y mundialista una sociedad secreta llamada Sociedad de Iniciados cuyas ansias se concretarían a través de una red de asociados que recibió el nombre de Tabla Redonda.

    Esta sociedad contaba con inmensos recursos, fruto de la herencia de Rhodes y generosas aportaciones de grandes familias, entre las que no faltaban grandes banqueros.

    De esta manera llegamos a 1919 cuando se funda el Royal Institute of International Affairs en Inglaterra que tiene su homónimo en el CFR de los EEUU.

    Los Astor, propietarios del Times, eran miembros muy activos del proyecto y aceptaron antes de morir Rhodes que la nueva capitalidad de la organización se asentara en Washington en vez de en Londres, con la asombrosa idea de que el propio Reino Unido y las colonias británicas pasaran a ser Estados de La Unión.

    Todos los fundadores, entre ellos Rhodes, estaban convencidos que para llevar a cabo sus fines la mejor forma de institución era la secreta.

    El Council of Foreign Relations se fundó de manera formal en Nueva York el 29 de Julio de 1921, aunque como ya hemos visto actuaba de algún modo no formal desde antes de la primera guerra mundial.

    Aunque al principio nació como rama americana del instituto londinense muy pronto se independizó y asumió la dirección del conjunto.

    Entre los miembros fundadores del CFR figuraban el Coronel House y los banqueros J.P.Morgan, Rockefeller, Warburg, Kahn y Schiff; el mismo grupo que controlaba el banco de la reserva federal.

    El presidente fundador del CFR fue Davis, letrado personal de Morgan que ya estaba asociado con el pequeño grupo de contactos de la tabla redonda que había en los EEUU. Con el tiempo la influencia determinante de los Morgan pasó a ser de los Rockefeller, que consideraban la competencia como un pecado y el monopolio global su máximo objetivo. Su máxima era “haced que la sociedad trabaje para vosotros y pensad que el mejor negocio es la política”.

    Esta máxima de que el mejor negocio era la política fue la base de actuación del CFR desde su fundación.

    El CFR apuntaba siempre a llegar a un gobierno mundial al que pudieran controlar para proteger sus intereses. Aquí voy a relatar como el CFR se ha infiltrado en la vida política americana en este último siglo.

    Durante los felices años veinte América gozó de una gran prosperidad, alimentada por una fácil disponibilidad de crédito. Entre 1920 y 1929 la Reserva Federal expandió el incremento del dinero hasta un 62% (recordemos que la reserva Federal estaba controlada por las grandes familias económicas).

    Cuando se produjo el tristemente famoso crack del 29 y la bolsa reventó infinidad de pequeños inversores se arruinaron pero no los que estaban dentro del juego, que sacaron mucho provecho de este crack. En marzo de 1929 Warburg anunció - sólo para iniciados del CFR - que el reventón estaba próximo y las grandes fortunas se salieron del mercado.

    Con el crack de la bolsa los grandes con sus fortunas intactas pudieron comprar compañías enteras a precio de saldo e incrementar sus fortunas y poder.

    El gran crack del 29, si no estaba previsto y calculado en beneficio de algunos privilegiados, sí que se sirvieron de él para aumentar su poder e influencia.

    Toda la política monetaria de Roosevelt estuvo diseñada por el CFR, que diseñó el New Deal. Durante los años de Roosevelt el CFR controla la vida política de EUU ya que el secretario de estado, el de guerra, el de tesoro y el secretario adjunto eran todos miembros del CFR. Desde 1934 todos los secretarios de Estado y defensa han sido miembros del CFR.

    La CIA también ha contado entre sus directores generales a miembros del CFR como Allen Dulles.

    Siete presidentes de los EEUU han sido miembros del CFR: Hoover, Eisenhower, Nixon, Roosevelt, Kennedy, Bush padre y Bill Clinton. Supongo que el actual presidente Bush hijo, será al igual que su padre miembro del CFR aunque no tengo constancia escrita de ello.

    Todos han sido promotores del nuevo orden mundial a través de la utilización de las Naciones Unidas. Hasta el solar donde se edificó el actual edificio de la ONU pertenecía al presidente del CFR, David Rockefeller.

    La delegación americana para la Conferencia de San Francisco que diseño la carta de las naciones Unidas tras la victoria en la Guerra Mundial estuvo controlada en su mayoría por el CFR, que contaba con 47 miembros de esa delegación.

    Grandes medios de comunicación están en control del CFR como el Washington Post o el Time. El CFR pretende la eliminación de todas las fuerzas armadas y armamentos excepto los necesarios para mantener el orden interno dentro de los Estados, y proveer a las Naciones Unidas fuerzas de paz hasta el ejército de las Naciones Unidas sea tan fuerte que ninguna nación le pueda amenazar.

    Uno de los pocos escándalos al que se ha visto sometido el CFR fue cuando el almirante Chester Ward, que había sido miembro del CFR por más de una década luego denunció al Council acusándole “de ser una banda cuyo principal objetivo es terminar con la soberanía y la independencia nacional de los Estados Unidos”.

    También acusa de que dentro del CFR. hay un núcleo duro formado por los hermanos Rockefeller3 y banqueros internacionales que pretende arrebatar el monopolio de la banca a cualquier poder para que caiga a su vez dentro del gobierno mundial.

    El CFR no está afiliado al gobierno como dicen ellos mismos en sus informes, sino que son el mismo gobierno.

    EL CLUB DE BILDERBERG

    “Si el grupo Bilderberg no es una conspiración, tiene todas las trazas de ser algo muy similar”

    Gordon Tether, columnista del Financial Times.

    El Club Bilderberg es una institución semejante al CFR. Los promotores y dirigentes mundialistas del CFR llegaron a observar que todos los miembros eran norteamericanos y en un grado secundario y minoritario británicos.

    Para llevar a cabo sus objetivos de manera eficiente estos promotores del mundialismo necesitaban otras instituciones subordinadas al Council donde figuraran personalidades de otros países. Estos no habían de figurar sólo como colaboradores y participantes para tareas puntuales sino actuar como miembros al mismo nivel, teóricamente, que los norteamericanos.

    Este propósito fue propuesto y llevado a cabo por el clan dominante del CFR, la familia Rockefeller. Éste se erigió en coordinador y dirigente ejecutivo de este nuevo grupo, que incluía tanto a los mundialistas de Norteamérica como a los de la nueva zona que abarcaba, Europa.

    El grupo Bilderberg fue fundado en el año 1954. El creador aparente fue el príncipe Bernardo de los Países Bajos, convencido por alguien que se movía en la sombra, Joseph H. Reitinger, un miembro influyente de la comunidad judía mundial, polaco y que mantenía excelentes relaciones con los grupos dirigentes de Estados Unidos.

    El club de Bilderberg pues nació de la confluencia de tres factores: por un lado Mendel House representando a Rockefeller y el CFR que facilitaría las ideas generales y las orientaciones globales del Club, por otro la capacidad de Reitinger que era un hombre brillante y que se sirvió de sus importantes contactos europeos y por último el príncipe Bernardo de Holanda aportando su nombre, prestigio y fortuna.

    Reitinger era miembro de la masonería sueca (otro ejemplo de conjunción judeo-masónica) y convenció al príncipe Bernardo, que era presidente de grandes organizaciones ecologistas como el World Wildlife Fund4, para crear el Club Bilderberg.

    Reitinger no disimuló la identidad de los auténticos promotores del Grupo Bilderberg, que eran grandes financieros como David Rockefeller y Edmund Rotschild.

    La intervención del príncipe Bernardo de Holanda en los preparativos y las reuniones de esta organización secreta al más alto nivel provocó que algunos sectores de la prensa francesa, viendo que se caminaba hacia la unidad de Europa, se preguntaran si el objetivo oculto del Grupo Bilderberg era que un monarca afín a sus intereses presidiera toda la Unión Europea. Sin embargo esto nuca se llegó a confirmar y se quedó solo en un rumor.

    Finalmente el príncipe tuvo que abandonar la presidencia del Grupo debido a su responsabilidad personal en el caso de los sobornos provenientes de la compañía de aviación americana Lockheed.

    Sin embargo fue sustituido rápidamente por la Reina Beatriz de Holanda, que acudía casi siempre a las reuniones secretas del Grupo Bilderberg, a veces acompañada, y he de reconocer que este dato a mí me sorprendió mucho pero viene avalado por un gran historiador, por la reina Sofía de España.

    La fundación se llevó a cabo en una conferencia en mayo de 1954 en Oosterbeck, Holanda, en los salones del Hotel Bilderberg, que dio nombre al grupo.

    La pertenencia al Grupo Bilderberg no restringe la pertenencia a otros grupos, como el CFR o la Trilateral, de la cual hablaré más tarde. Por ejemplo David Rockefeller figura de forma destacada en las tres organizaciones. Se ha de notar que el CFR es sólo para americanos mientras que Bilderberg es para americanos y europeos.

    Miembros destacados del Club Bilderberg son el presidente de Fiat, Giovanni Agnelli, el asesor del ex presidente Carter, el antiguo secretario de defensa británico y de la OTAN Lord Carrington, el omnipresente David Rockefeller, presidente del Chase Manhattan Bank; el político portugués Francisco Pinto, William Buckley, editor de la famosa revista National Review; el primer ministro de Canadá Jean Chretien; Richard Hoolbroke, titular de varios cargos diplomáticos norteamericanos, Lionel Jospin, presidente de Francia, el omnipresente Kissinger y George Soros, multimillonario norteamericano y consejero de varios gobiernos.

    Al igual que el CFR el Grupo Bilderberg se presenta como un grupo cuyos objetivos son perfectamente diáfanos y que no oculta nada, presentando unas actas de reuniones para los medios de comunicación que quieran verlas. Sin embargo presenta otra cara oculta, con reuniones secretas en los que se tratan objetivos que no son revelados sino a iniciados.

    El hecho de que todas las reuniones hayan sido realizadas bajo un halo de misterio, extrema discreción y clandestinidad ha sido justificado por este grupo alegando que se hace así a fin de mantener una mayor libertad en los planteamientos.

    El objetivo oficial del grupo Bilderberg en su fundación fue la ayuda a la reconstrucción europea después de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo bajo esta ayuda había otros objetivos de los que lo había impulsado, como Rockefeller.

    El CFR se movió para que los Estados Unidos enviasen ayuda masiva tanto económica como militar a Europa. La primera buscaba garantizar el mercado americano de comercio y hacerlo de manera que todas las instituciones económicas europeas pasaran bajo control fáctico americano. La segunda era preservar a la Europa de la posguerra del comunismo, opuesto diametralmente a los ideales del Nuevo Orden Mundial.

    Necesitaban neutralizar las tendencias extremistas creando una especie de Foro permanente fuera de las estructuras oficiales de los Estados Nacionales, para que las elites estadounidenses y europeas se conjuntasen.

    Alcanzando este sistema de interdependencia se conseguirá que estas elites puedan comunicar en privado y tomar decisiones para manipular a las estructuras políticas clásicas de uno y a otro lado del Atlántico.

    El grupo Bilderberg nació como una necesidad para responder al auge de la nueva transnacionalización de las grandes multinacionales, y poder contar en Europa con una representación de la elite financiera para llevar a cabo sus objetivos. El club Bilderberg ensanchó la zona de operaciones del CFR agregando la región de Europa.

    De esta manera y bajo el pretexto de ayudar a Europa, imponía a Europa una elite de mando a las órdenes de los negociantes internacionales del CFR.

    Por poner un ejemplo de hasta donde llega el poder del Grupo Bilderberg, Gordon Tether que escribió la frase con la que he encabezado el inicio de este tema, fue cesado después de 18 años de colaboración con el periódico, ya que descubrió demasiado tarde que su jefe, Freddie Fisher, director del Financial Times era uno de los miembros del Club Bilderberg.

    En una reunión en 1971 del Grupo Bilderberg que tuvo lugar en Vermont, en una casa propiedad de la familia Rockefeller, al ser interrogado uno de los asistentes sobre que temas se habían tratado contestó que se había hablado sobre la posibilidad de un cambio del papel de los EEUU en la política mundial. Dos meses después y en plena guerra fría Kissinger, miembro destacado del Grupo, se desplazó en secreto a China para preparar el viaje sorpresa de Nixon.

    En una reunión en 1975, que tuvo lugar en el hotel Son Vida, de Palma de Mallorca, se filtró que los temas de reunión fueron la estandarización de armamentos en la OTAN, el aumento del mercado de armas, y analizar la situación de la península ibérica, hablando de la necesidad de contar con hombres de su confianza capaces de asegurar el relevo del franquismo sin problemas ( o sea, implantar hombres que sirvieran a sus objetivos)

    Ahora citaremos la conferencia del Club Bilderberg que tuvo lugar en Canadá. El número de participantes de esta reunión fue de 118 personalidades de la política, las finanzas y las comunicaciones, de estos 118 participantes 23 eran miembros de la Trilateral. Por supuesto el control de esta asamblea estaba en manos de 23 delegados norteamericanos, que eran además miembros del CFR.

    Entre las personalidades españolas que asistieron a este encuentro podemos citar a la Reina Sofía de España, Don Jaime Carvajal y Urquijo y Don Juan Antonio Yánez Barnuevo, representante permanente de España en las Naciones Unidas, también se contó con Juan Luis Cebrián, director del País, periódico que defiende las tesis sostenidas por el Grupo Bilderberg, ya que Jesús Polanco, es un miembro destacado de la Comisión Trilateral.

    Los medios de comunicación al no poder acceder al acta de estas reuniones y su contenido se centran en la lista de asistentes de estos encuentros entre las personas que realmente dirigen el mundo.

    En la convención de 1989 que tuvo lugar en la Isla de la Toja acudieron los reyes de España. También acudió Felipe González, que en el 1976 había declinado una invitación para asistir a la reunión de Torquay, ya que no le interesaba que le vieran codeándose con las altas finanzas del mundo.

    El entonces presidente del gobierno español tuvo una conferencia que fue muy aplaudida, lo que me lleva a preguntar que clase de socialista era González para que todas las altas finanzas estuvieran de acuerdo con él. También estuvo Miguel Boyer en esta reunión.

    En la convención de 1998 en Escocia, presidida por Lord Carrington, hubo una lista muy nutrida de personalidades importantes. En esta lista figuraban la Reina de Holanda, aunque esta vez no estaba acompañada de la Reina de España; el antiguo secretario general del PSOE Joaquín Almunia, la comisaria italiana de la UE Emma Bonino, Jaime Carvajal, Georges Papandreu, ministro de Grecia, Matías Rodríguez, vicepresidente del Banco Santander, Javier Solana ya como miembro de pleno derecho y como no, David Rockefeller.

    En la conferencia de Sintra se pasó, el 15 de julio de 1999, ante la expectación de los medios de comunicación se pasó un acta al más puro estilo de estas organizaciones, un texto ambiguo en el que se especificaba que el tema de la reunión había sido “las relaciones atlánticas en tiempos de cambio”. En esta conferencia constatamos la presencia de la presidenta del Senado Esperanza Aguirre, junto con el doctor Joaquín Freitas do Amaral, fundador del CDS portugués y miembro del Opus Dei. También se pudo ver en esta reunión al ex ministro socialista Pedro Solbes así como los grandes habituales ya citados antes.

    El aparato de seguridad en el hotel de Sintra hizo impenetrable la entrada de los medios de comunicación, los informes de la prensa que trataron de enterarse fracasaron. Sin embargo hubo una pequeña filtración a través de la investigación del diario portugués The News que sirvió para que este periódico calificara al Grupo Bilderberg como un conjunto antidemocrático incontrolado que no deja de impulsar la idea de un gobierno mundial y mantiene en secreto sus conspiraciones.

    LA COMISIÓN TRILATERAL

    “Las consultas de los jefes de Estado para las grandes decisiones económicas, como las del grupo G-7, las sugerimos nosotros”

    Jaime Carvajal, miembro español de la trilateral

    La Comisión Trilateral fue creada en el año 1973 por el CFR, a través de David Rockefeller, que esta vez actuó directamente y no con un intermediario como hizo con el Club Bilderberg.

    Esta comisión es la tercera y cronológicamente última de las grandes instituciones mundialistas. La Trilateral surgió como una necesidad de ampliar aún más las miras de la transnacionalización que ya se habían empleado con Bilderberg.

    Al constatarse, tras la crisis del petróleo de los años sesenta, que los Estados Unidos no gozaban ya de una hegemonía tan absoluta, ya que la recuperación económica de Europa encabezada por Alemania era un hecho y que Japón se había perfilado ya como la segunda economía más importante del mundo se empezó a pensar en una institución mundialista más amplia.

    De esta manera David Rockefeller, el activista permanente del mundialismo, concibió la idea de crear la Comisión Trilateral por inspiración d un libro del profesor de Columbia Brzezinski, Between two ages, en el que exponía la necesidad urgente de configurar una alianza profunda entre las elites más influyentes Norteamérica, Europa Occidental a la que luego se le uniría Rusia y Japón, después con la integración de los dragones del Pacífico.

    Su objetivo principal era promover el espíritu mundialista, según los criterios del CFR y Bilderberg dentro de la hegemonía norteamericana, pero con disolución gradual de los estados nacionales ( David Rockefeller se consideraba no un americano, sino un ciudadano del mundo, como Diógenes aunque con otra perspectiva claro está)

    Las reuniones preparatorias para crear la Trilateral se celebraron en la mansión de los Rockefeller, en Pocantico Hills, cerca de Nueva York. El omnipresente Rockefeller se encargó de presentar el proyecto en Knokke (Bélgica) ante una reunión plenaria del Grupo Bilderberg.

    La finalidad básica de la Trilateral es coordinar estrechamente a los grupos dirigentes de Norteamérica, Europa Occidental y Japón para la defensa y preservación del capitalismo mundial, o mejor dicho, neocapitalismo, del cual ya hablaré más adelante.

    En otras palabras, el objetivo final es que los gobiernos, pueblos y economías de las naciones del mundo deben ponerse al servicio de los bancos y empresas multinacionales, basadas casi todas en Estados Unidos aunque sin excluir a las de los otros dos vértices del triángulo trilateral.

    A pesar de que se parece enormemente al CFR y al Grupo Bilderberg, ya que las tres organizaciones fueron creados por los mismos intereses, mantiene unas notables diferencia con respecto al Grupo Bilderberg. Estas diferencias son básicamente tres:

    • La nómina de la Trilateral es bastante más amplia que las de las otras dos, siendo quizá no tan extremadamente selectiva pero manteniendo en sus filas sólo a la elite.

    • Se admiten discretas solicitudes de ingreso, no se ha de esperar a recibir una invitación para unirse a estas conferencias. Sin embargo estas solicitudes sólo se aceptan siempre que provengan de altas personalidades de la política, la universidad, las finanzas o los medios de comunicación. Los miembros quedan en excedencia mientras ostentan cargos políticos en activo, para evitar posibles escándalos.

    • Por último y como ya he comentado antes se abre el área de actuación a la zona del Japón y de los dragones asiáticos.

    En caso de solicitar un ingreso en la Trilateral se ha de abonar una cuota mínima de medio millón de pesetas, cantidad irrisoria para el tipo de personas que solicitan entrar en este gran club de VIPS mundial.

    La Comisión Trilateral, en uno de sus comunicados ambiguos al estilo CFR y Bilderberg se auto define como:

    “Un grupo no gubernamental de debate político, compuesto por más de trescientos notables norteamericanos, japoneses y de Europa Occidental, procedentes de diversos campos económicos, sociales, académicos, políticos etc. sin responsabilidad directa en la gestión gubernamental, pero más o menos vinculado a los asuntos públicos”.

    La finalidad de la Comisión es fomentar el mutuo entendimiento y la cooperación entre las tres áreas mediante el análisis de sus problemas comunes y la elaboración de propuestas para abordarlos, resolverlos, o más frecuentemente conllevarlos…

    Sus raíces históricas se encuentran en los comienzos de la década de los sesenta, cuando la recuperación económica de Europa Occidental no deja ya lugar a dudas, el Japón aparece como potencia económica mundial y la crisis petrolera pone en tela de juicio a la vez ambos logros y la solidaridad política de estratégica de una y otras zonas con el que durante un cuarto de siglo había sido su común hegemon, los Estados Unidos de América.”

    El País, diario que simpatiza abiertamente con las tesis mundialistas de la Trilateral, la definía así el 22 de abril de 1979:

    “ La trilateral es una asociación privada que pretende colaborar a un mejor entendimiento en todos los niveles, como base para un orden mundial más justo y equitativo, con especial preocupación por la defensa democráticos y pluralistas y los derechos humanos”

    Sin embargo mi opinión personal, lejos de las florituras de estas dos definiciones, y creo que la que se ajusta más a la realidad es que la Trilateral es el gobierno del mundo en la sombra, la organización que mueve los hilos de casi todos los acontecimientos relevantes y que tienen que ver con sus intereses.

    La Comisión Trilateral ofreció inmediatamente pruebas de su inmenso poder e influencia. Los intereses mundialistas deseaban en los años setenta que se eligiera en los estados Unidos a un presidente intachable, no comprometido ideológicamente, populista y dispuesto a seguir las indicaciones y directrices mundialistas. Este hombre lo encontraron en el gobernador de Georgia, un hombre sencillo, antiguo plantador de cacahuetes, religioso y de vida familiar admirable. Este hombre se llamaba Jimmy Carter y era poco conocido en los círculos políticos influyentes.

    En la primera conferencia de la Trilateral, celebrada en Kyoto (Japón) en el año 1975, tanto David Rockefeller como Brzezinski ( el ideólogo de la trilateral y del nuevo orden mundial) propusieron a Carter como candidato ideal a la presidencia de los EEUU.

    Rockefeller invitó personalmente a Carter a unirse a la Trilateral, Carter aceptó y pasó a ser miembro de pleno derecho aunque quedando en excedencia por el cargo político.

    Todo el aparato financiero y de comunicación de la Trilateral, atento a las consignas del CFR,, se puso a trabajar para que el desconocido gobernador de Georgia ganara las elecciones presidenciales. Todo el mundo sabe hoy del resultado de las gestiones de la Trilateral, Carter fue elegido presidente.

    Miembros españoles destacados de la Trilateral que pude ver en una lista de 1988 son el ya fallecido Jesús Aguirre, Duque de Alba; Claudio Boada, entonces presidente del Banco Hispano americano; Jaime Carvajal y Urquijo, presidente de Iberfomento y también miembro del club Bilderberg; Cerón Ayuso, ex ministro de comercio en la época franquista; Julio Feo, ex secretario general de la presidencia en la época socialista; Ferrer Salat, banquero y empresario, Herrero de Miñón, miembro del Congreso; Schwartz, catedrático de universidad; Antonio Segurado, miembro del congreso; Luis Solana, entonces presidente de telefónica; Trias Fargas presidente de CDC y Vila Marsans, empresario.

    Entre estos miembros hay que destacar a Jesús Polanco, dueño de el País, y a Luís María Ansón, anterior director de ABC y hoy director de la Razón.

    El grupo norteamericano y el japonés están nutridos de personalidades igualmente importantes e influyentes, tanto en número como en calidad.

    En la lista de 1995 las novedades son la catedrática socialista Victoria Camps, Antonio Garrigues Walker, abogado y dueño de uno d3e los mejores bufetes españoles, Carmen Iglesias, académica reconocida de historia, Antxón Sarasqueta, periodista, el Marqués de Tamarón,, experto en asuntos culturales y Emilio Ybarra, que hace muy poco acaba de dejar su puesto de copresidente del BBVA.

    Una de las últimas reuniones plenarias de la Trilateral fue la convención de Washington entre el 13 y el 15 de marzo de 1999. ésta resultó muy movida debido a la preocupación de todos los miembros de la trilateral por el creciente movimiento antiglobalización que desencadenaría en las manifestaciones contra la OMC en Sydney, o las manifestaciones en el 2001 de Barcelona y Génova ante las reuniones de grupos como el G-7.

    Brzezinski, el ideólogo de la Trilateral estaba visiblemente disgustado por la ola de nacionalismo anti mundialista imperante en EEUU, donde la opinión pública desea la hegemonía de los EEUU sobre los otros países pero de ninguna manera caminar hacia una superación del sistema de los Estados nacionales, creando un gobierno mundial único, que incluya la supresión de los mismos Estados Unidos.

    La opinión pública no está preparada para asimilar (todavía) el sistema de gobierno neo capitalista que propone Brzezinski, aunque instituciones como el CFR, Bilderberg y la misma Trilateral se encargan de manejar los hilos para llegar a ese objetivo.

    CAPÍTULO SÉPTIMO

    APÉNDICES:

    LA MASONERÍA EN ESPAÑA

    LA MASONERÍA Y LA IGLESIA

    APÉNDICE SOBRE LA MASONERÍA ESPAÑOLA

    “Desde que se fundó la masonería en España hasta nuestros días, la masonería ha puesto su mano en todas las desgracias patrias. Ella fue quien provocó la caída de la Ensenada. Ella quien eliminó a los jesuitas, quien forjó a los afrancesados, quien minó nuestro Imperio, quien atizó nuestras guerras civiles y quien procuró que la impiedad se extendiera. En nuestro siglo fue la masonería la que derribó a Maura y quien se afanó siempre por atarnos de pies y manos ante el enemigo, la que apuñaló la monarquía y finalmente quien se debate rabiosa ante nuestro gesto actual de viril independencia. ¿Cómo se nos puede negar el derecho a defendernos de ella? ¿Es que puede alguien escandalizarse porque España la haya puesto fuera de la ley? Los masones en España significan esto: traición a la patria y amenaza de la religión; abyectas figuras que por medrar son capaces de vender a sus hermanos al enemigo”

    Francisco Franco bajo pseudónimo de Jakim Boor

    Diario Arriba

    El lector de este trabajo se preguntará por qué no he insertado la masonería española en mi trabajo cronológico. La respuesta es que a la masonería española le quiero dar un tratamiento breve, pero continuado para que se puedan ver a grandes trazos las acciones de la masonería en España.

    La masonería especulativa fue implantada en España por un Gran Maestre, el duque de Wharton, de quien ya he hablado anteriormente. Fue iniciada casi al mismo tiempo que la de Francia. La primera logia española es la de “las tres flores de Lis”, en Madrid, en 1728. Después se fundaron logias en Gibraltar, Menorca (durante la ocupación británica), Cádiz, Barcelona y otros puntos de España.

    En España la masonería tiene que ir con mucho tiento, y no puede florecer debido a la persecución de la Inquisición, que ya estaba en su tramo final. Los masones se tienen que ocultar en la clandestinidad y aprovechan para ello los frecuentes viajes ilustrados a Europa y la cobertura paralela de las reales Sociedades Económicas de amigos del país, que llegó a formar una estructura de ocultación masónica.

    El Papa Clemente XII, (como he relatado anteriormente en el trabajo) condena formalmente a la masonería en 1738. En el fondo de esta condena lo que latía de verdad era el enfrentamiento entre la ilustración deísta y la Iglesia Católica. Benedicto XV renueva la condena en 1740.

    Este enfrentamiento fue protagonizado por la Compañía de Jesús, que era el bastión ilustrado de la Iglesia y la punta de lanza de esta en cuestiones del saber. Los jesuitas fueron los que recibieron los mayores embates de la masonería lo que llevó a la persecución de jesuitas y aniquilamiento de la compañía de Jesús en Francia en vísperas de la revolución francesa. Esto fue el preludio de la expulsión de la compañía de Jesús en España, llevada a cabo por el masón Conde de Aranda durante el reinado del simpatizante masón Carlos III. El conde de Aranda mantuvo durante esta época estrechas relaciones con todos los masones prominentes del resto de Europa.

    En España tuvo especial aceptación el rito escocés Antiguo y aceptado, que consta de 33 grados simbólicos, que se inspiraban en los tres pilares de Aprendiz, Compañero y Maestro. Este rito es de creación judía, lo que refuerza las tesis sobre la conjunción judeo-masónica.

    Desde comienzos del siglo XIX la masonería evoluciona en España según dos pautas sucesivas y diferentes. En primer término la masonería instrumentalizada por Bonaparte, que se extendió en España con la invasión del ejército francés, tiempo durante el cual se crearon numerosas logias que apoyaron fervientemente el liberalismo y a José Bonaparte. Con la expulsión de Napoleón de España viene la segunda pauta, que se identifica con los ideales de la Gran Logia Nacional, sirve a los intereses imperiales del Reino Unido y se configura como estandarte del liberalismo radical, en lo que difiere de los ingleses, y profundamente anticlerical.

    Mientras tanto Cádiz se había convertido en un semillero masónico en 1812 principalmente por la cercanía de Gibraltar, aunque no hay constancia histórica de que la masonería hubiera influido en la redacción de la Constitución.

    Con la vuelta al poder del absolutista Fernando VII la masonería fue perseguida por la restaurada Inquisición. Esta persecución contra los masones y los liberales propició que la masonería reclutara a muchos de los diputados y se identificara en España cada vez más con el liberalismo radical y el anticlericalismo militante.

    Uno de los masones por excelencia en esta época fue Mendizábal, conocido especialmente por las famosas desamortizaciones de Mendizábal. Mendizábal era judío y masón. Estas desamortizaciones del famoso masón contribuyeron a expoliar a la Iglesia de sus bienes para, al contrario de lo que era su objetivo, aumentar las posesiones de los terratenientes y perjudicar a los campesinos.

    Varios pronunciamientos revolucionarios durante la época fernandina en sus diversas etapas reconocen un claro origen masónico. El pronunciamiento del general Riego en 1820 fue preparado por las logias, para evitar el envío de la expedición militar española que hubiera podido salvar al Imperio, al menos por unos años, en América.

    El trienio liberal de Riego marca una época de apogeo masónico, donde numerosos historiadores han confirmado que el verdadero poder que movió los hilos en el gobierno fue la masonería.

    Un dato relevante sobre como la masonería se puso al servicio de Inglaterra después de la caída de Napoleón fue su actuación en la independencia de América. Todos los grandes libertadores eran masones: Miranda, Bolívar y San Martín. Del imperialismo español las colonias hispano americanas pasaron a estar bajo el imperialismo comercial inglés.

    Fernando VII durante todo su mandato se convirtió en el paladín de la lucha antimasónica, a pesar de todo la masonería se iba extendiendo en el ejército, la marina y la sociedad española.

    Al morir Fernando VII, en 1833 la reina Cristina, que inició una transición al liberalismo, decreta la amnistía a favor de los masones a pesar de mantener la prohibición de sus actividades. Por supuesto esta prohibición los masones se la saltan a la torera, ya que las represalias nunca se producían.

    La anterior Gran Logia instalada en España desaparece en estos años y se funda el Gran Oriente de España. El Gran Oriente Español presentará desde su fundación dos caras bien distintas y en apariencia contradictorias. Por una parte servirá a los intereses de la política económica y exterior británica, pero por otra parte en su actitud mostrará una tendencia liberal radical y un profundo carácter antieclesiástico, a imitación de la francesa.

    Como muestra a esta tendencia liberal radical del Gran Oriente de España cabe destacar los datos que corroboran que la mayoría de quemas de conventos y de matanzas de frailes durante la década de 1830 se fraguaron en las logias masónicas. Dos masones destacados de este periodo fueron el infante Francisco de Paula y el político liberal radical Ramón María Calatrava.

    Posteriormente el Gran Oriente se dividió y las obediencias masónicas que se habían separado por motivo casi siempre personalistas se acogieron a distintas obediencias extranjeras lo que nos impide hablar de una única masonería en España.

    Durante el reinado de Isabel II el desarrollo de la masonería fue muy grande. Especialmente este crecimiento se dio en el seno de las fuerzas armadas, donde muchísimos oficiales pertenecían a la masonería. A semejanza del modelo inglés se crearon numerosas logias militares.

    Cabe destacar la importancia de la masonería en la Revolución Gloriosa de 1868,cuyo triunfo marca el segundo de los apogeos masónicos en España, después del de 1820. Esta revolución trajo al poder a Amadeo I de Saboya, el segundo rey extranjero del siglo XIX, que como José I, era masón. En esta época hay muchos personajes relevantes que son masones: el general Juan Prim, Segismundo Moret, Mateo Práxedes Sagasta, Manuel Becerra, Manuel Zorrilla, Cristino Martos…, así podríamos decir que todas las figuras políticas y militares del liberalismo radical pertenecían a la masonería.

    Masones eran los miembros del partido demócrata en pleno. Al amparo de la Gloriosa proliferaron las logias y la masonería se identificó definitivamente con el liberalismo radical, la ilustración y el progresismo. Entre 1869 y 1876 se cuentan en las cortes nada menos que 1490 diputados masones.

    Con la crisis de la monarquía saboyana, el Gran Oriente español, temeroso de una implantación de una monarquía represiva y bajo la capa de neutralidad aparente, apoyó la implantación de la primera república española. Durante toda la república el contexto político fue especialmente masónico, alcanzando la masonería grandes cotas de poder e influencia.

    Con la llegada de la Restauración la masonería supo de nuevo adaptarse a través del masón Mateo Práxedes Sagasta. Este fue designado por el cargo de gran maestre del gran oriente de España en 1876, que se afianzó como la principal de las obediencias masónicas en España, después de la antes citada división.

    Al año siguiente, el gran Oriente de Francia, como ya comento en el grueso del trabajo, rompe la tolerancia religiosa, borra a Dios de sus ritos y juramentos y se identifica con la política radical anticlerical hostil.

    La masonería española no necesitó imitar al Gran Oriente, ya que, aunque de forma no oficial y tal como hemos podido ver, esa fue la política de la masonería española durante todo el siglo XIX.

    Para que captemos un poco la importancia de la masonería en España podemos observar estas cifras. La segunda obediencia masónica en cuanto a importancia, el gran Oriente nacional, contaba a finales del XIX con 14.358 miembros, de ellos 130 ministros, ex ministros y altos cargos; 1033 magistrados, jueces y abogados y 1094 militares. El Gran Oriente nacional fue guiado principalmente por Calatrava.

    Los dos grandes Orientes finalmente se fusionaron en 1888, y lo lograron bajo el mando del Gran Maestre Miguel Morayta, que fue una de las grandes personalidades masónicas de finales de siglo. Durante esta época las mujeres se empezaron a incorporar a la masonería, aunque con muchas reticencias por parte de los masones, sobre todo al principio.

    También en esta época es cuando adquiere mucha importancia, dentro del contexto masónico español, la Gran Logia Simbólica Catalano-Balear, que muy pronto asumió los ideales autonomistas e incluso separatistas. Esta logia se identificó mucho con el creciente catalanismo político. Entre los fines de la logia figuraba el conseguir que Cataluña formara un Estado soberano.

    A pesar de que durante la primera época de la restauración la masonería no estaba legalizada ni reconocida en España, sí que se toleraba en virtud de la apertura asociativa que impulsaron los liberales Muchas logias se acogieron a la “ley de asociaciones” para evitar ser molestadas por las fuerzas del orden.

    En una encuesta organizada en esa época entre los afiliados por el gran Oriente de España todos los masones encuestados se declaraban unánimemente anticlericales, adversarios de la vida religiosa y enemigos de la “secta jesuítica”1, partidarios de suprimir la enseñanza religiosa y de cerrar a las órdenes y congregaciones la posibilidad de enseñar, partidarios del liberalismo y en un muy alto porcentaje, republicanos.

    L masonería, fiel a sus actos revolucionarios se vio también metida de por medio con el anarquismo. Entre 1883 y 1893 existieron unas relaciones muy sólidas entre anarquismo y masonería. El gran hombre del anarco sindicalismo, Anselmo Lorenzo, fue masón.

    Aunque parezca sorprendente varios estudios de historiadores acabaron por dar la razón a Franco, creador de gran parte de la leyenda negra española sobre la masonería, en su afirmación sobre la actuación de la masonería en el desastre colonial de 1898. Se ha probado que la masonería influyó decisivamente en la desmoralización y la impreparación de las fuerzas armadas españolas en las guerras coloniales de 1898.

    El Katipunan filipino, la sociedad secreta patriótica y revolucionaria, era una rama masónica comprobada y las conexiones entre la masonería española y la insurrección contra España en el Caribe y en el Pacífico han sido probadas.

    Mientras tanto en España continuaba también la marcha dominante del Gran Oriente español, dirigido por Miguel de Morayta, que había superado con relativa facilidad la repulsa de la sociedad tras el descubrimiento de las implicaciones masónicas en la pérdida de las Colonias Ultramarinas.

    En 1903 el Gran Oriente conseguía la plena legalización y se reorganizaba según un sistema federativo. Morayta seguiría al mando del Gran oriente hasta 1917 y sus sucesores serían el doctor Luis Simarro y augusto Barcía Trelles. Después de la reunificación de las dos grandes obediencias masónicas la única obediencia masónica que le hacía algo de sombra al Gran Oriente era la Gran Logia Española, que provenía de la Logia Catalano- Balear.

    Alrededor del año 1917, con la revolución rusa al fondo, ingresó en la masonería española una nueva generación de jóvenes que estaban muy tentados por la política. Esta nueva generación fue bien acogida por los masones prominentes ya veteranos como Melquíades Álvarez, Santiago Casares Quiroga y Diego Martínez Barrio, figura capital de la masonería española.

    Todos los miembros de la generación joven tenían vinculaciones socialistas, como Llopis, Julio Álvarez del Vayo y Lucio Martínez Gil o vinculaciones de tipo radical como Rafael Salazar y Graco Marsá. De esta manera y con la irrupción de esta nueva generación la masonería se identifica con los partidos de ideología socialista y radical.

    Esta conjunción entre liberalismo y socialismo empezó a actuar con fuerza en el contexto político español y estalló definitivamente como un torrente anticlerical en 1919, con motivo de la consagración de España al corazón de Jesús en el cerro de los Ángeles por parte de Alfonso XIII.

    Poco antes de este estallido anticlerical, fomentado en gran parte por la masonería, los francmasones habían pedido a Alfonso XIII su ingreso en la orden, además de la introducción de leyes anticatólicas en la enseñanza que consagrasen la separación entre Iglesia y Estado. El rey, como profundo católico que era, se negó. Posteriormente Alfonso XIII reveló a sus confidentes de la compañía de Jesús en Roma que él atribuyó a esta negación su destronamiento, negación de la que siempre estuvo orgulloso.

    Otra de las acciones políticas de la masonería, a través del partido liberal en el cual estaba muy infiltrada, fue oponerse con todas sus fuerzas a la campaña católica de la Asociación de propagandistas. La anticampaña fue tan fuerte que el mismo Alfonso XIII tuvo que cancelarla bajo el efecto de la presión.

    Con la llegada de la dictadura de Primo de Rivera la masonería actuó de forma ambigua y cautelosa al principio. Pronto se decantó en su contra cuando Primo de Rivera reconoció la validez directa académica de los grados conseguidos en centros superiores universitarios de la Iglesia.

    La masonería formó como un solo hombre y su política se encaminó a proteger a los intelectuales liberales perseguidos por el Régimen. Masones reconocidos de la época como Eduardo Ortega y Gasset y José Giral apoyaron a Miguel de Unamuno en su lucha contra la dictadura.

    Durante todo este periodo numerosos militares, sobre todo en el ejército de África, entraron en las logias. Este ingreso masivo de militares repercutió en la unidad y la moral militar, hecho que agravó los recelos de numerosos militares hacia la masonería, oficiales entre los que figuraba un joven general Franco. La acción masónica fue fomentada principalmente en las fuerzas armadas por políticos como el republicano masón Lerroux.

    La sanjuanada, conjura militar contra la dictadura en 1926, tuvo una trama civil masónica que tuvo su continuidad en el apoyo a Sánchez Guerra en 1929. Estas dos sublevaciones tuvieron como telón de fondo una trama civil masónica. Toda esta actividad política y militar masónica se tradujo en España con un auge de logias y afiliaciones. Al término de la Dictadura el Gran Oriente contaba con 62 logias y 21 triángulos, que son agrupaciones menores que no llegan a logia.

    Por supuesto desde todos ellos se trabajó a fondo a favor de la caída de la monarquía y el advenimiento de la segunda república.

    Con la caída de la dictadura los masones concedieron un crédito de confianza al régimen de transición de Berenguer, pero pronto se hartaron de éste y se identificaron plenamente con la República.

    Con el advenimiento de la República la masonería creció todavía más en España, ya que en el nuevo régimen, ser masón era una etiqueta importante para hacer carrera tanto política como administrativa. El crecimiento de las logias y las afiliaciones era imparable.

    Paralelamente crecía el poder y la influencia de la masonería. El Gran Maestro del Gran Oriente de España era el ministro de comunicaciones Diego Martínez Barrio, y de los 11 ministros que formaban el Gobierno Provisional 6 eran masones. Pertenecían también a la masonería 5 subsecretarios, 5 embajadores, 15 directores generales, 12 altos cargos diversos y 21 generales del ejército.

    En las Cortes Constituyentes entre 1931 y 1933 figuraban 151 diputados masones, de los que 135 eran de la obediencia del Gran Oriente. De ellos 35 pertenecían al PSOE, 43 al Partido radical, 30 al radical socialista, 16 a Acción Republicana, 11 a ERC y 12 al partido republicano federal. Con estas cifras podemos ver que toda la izquierda española estaba dominada por la influencia de la masonería.

    La declaración de principios comunicada por el Gran oriente de España en 1931 equivalía a una consigna secularizadora, sobre todo en la enseñanza y en la lucha contra la Iglesia, que los masones debían cumplir.

    Al constituirse el Congreso y ante el debate constitucional sobre la Iglesia, los diputados de izquierda se dividen en dos grupos. Los extremistas, que aspiraban a la supresión total de toda influencia eclesiástica en la sociedad, con disolución de todas las órdenes y relegándola a un plano privado de la conciencia y los “moderados”, que inspirados por Azaña se contentaban con eliminar a la Iglesia de la enseñanza, cortarle los medios de subsistencia y eliminar a la Compañía de Jesús.

    De todas maneras estas posturas levemente divergentes coinciden en la clave, la secularización de la enseñanza, que era el objetivo masónico primordial. La mayoría de los masones se identificó con la postura extremista, especialmente los socialistas y los radicales. La masonería española se identificó con el liberalismo radical, yo diría que casi jacobino por el odio hacia la Iglesia Católica, y arremetió contra la libertad religiosa, la libertad de asociación y la libertad de enseñanza.

    Todas estas acciones de la masonería eran sumamente contradictorios con aquellas constituciones de Anderson en las que se proclamaba que la masonería era la defensora de la libertad y la tolerancia.

    Cuando se votó la constitución de 1931 la mayoría de los masones se sintieron decepcionados por la “poca dureza” de la persecución religiosa. En este contexto los masones más radicales y exaltados exigieron controlar la actividad política y parlamentaria de todos los masones, y en la asamblea masónica de 1932 se establecieron las normas para ese control que incluía un nuevo juramento en ese sentido.

    La gravedad de este hecho es innegable. La masonería a partir de 1932 controló a todos los diputados masones, que como ya hemos podido ver eran muy numerosos, y orientó sus votos hacia donde más le convenía.

    En este contexto, el 5 de marzo de 1932, se produce la iniciación masónica de Azaña, presidente del gobierno en su momento de máximo poder. A pesar de que Azaña consideraba ridículas las ceremonias masónicas supo captar que la masonería española era mucho más que las ceremonias. Presintiendo la influencia política de la masonería Azaña se hizo masón para contrarrestar políticamente la preponderancia de Lerroux, que era francmasón reconocido.

    Durante el período de presidencia de Azaña la masonería, gracias al juramento de fidelidad de los masones, pudo actuar como un rodillo y sacar leyes como la famosa ley de Congregaciones religiosas y confesiones, que establecía definitivamente los objetivos secularizadores de la masonería y de la república.

    El declive de la masonería después de su espectacular apogeo se produjo con la llegada de la CEDA al poder en 1933. El número de masones presentes en el Parlamento se redujo a la mitad, y los que quedaban eran del partido radical en su mayoría, que eran los que presentaban mayor tolerancia en relaciones con la Iglesia.

    En 1936 la masonería favoreció el retorno al poder de Azaña de la mano del Frente Popular. Gil Robles habla de 11.000 masones en España en vísperas de la Guerra Civil. De todas maneras la masonería no volvió a experimentar un nuevo auge ya que los totalitarismos que reinaban en Europa eran contrarios a la masonería y bien pronto estalló la Guerra Civil.

    Los once mil masones españoles entraron divididos geográfica y políticamente en la Guerra Civil. La gran mayoría permaneció fiel a la República y sufrieron una dura persecución en la zona nacional. Varios centenares de masones fueron ejecutados por el mero hecho de ser masones.

    El general Franco, que sentía aversión por la masonería, inspiró y alentó la persecución contra la masonería. Depuró la presencia de masones tanto en el ejército como en la Administración.

    Antes de que se consumase la agonía de la zona republicana las obediencias masónicas españolas decidieron abatir columnas, es decir, clausurar las logias y cesar toda actividad ritual hasta que soplaran mejores vientos para la masonería.

    Al final de la Guerra Civil y con la victoria del bando nacional Franco disolvió las logias y ordenó que todo el material incautado fuera llevado a Salamanca. Incluyó a la masonería entre las actividades condenables de la Ley de Responsabilidades Políticas y promulgó en 1940 la Ley de represión de la masonería.

    Durante toda la dictadura Franco se consagró a que la masonería ya no fuera un problema para España. Aparte de la represión Franco publicó artículos que hacían referencia a la leyenda negra de la masonería, hay una parte de un artículo suyo al principio de este apéndice. Sin embargo y a pesar de que sus teorías eran demasiado exclusivistas y simplistas, latía un fondo de verdad en sus teorías.

    Así que durante la dictadura de Franco la masonería yació en estado latente hasta que llegó el despertar de la transición. Murió le general Franco y los masones se dispusieron al retorno. Siendo Fraga ministro de la Gobernación en la primavera de 1976 recibió a una comisión masónica que le pidió la autorización para reiniciar las actividades de la masonería en España. También le pidió a Fraga que este se adhiriera a la masonería aunque sin éxito.

    El Gran Oriente vino a España desde Méjico, reconocido como legal y legítimo por los comendadores del grado 33. La masonería pretendía resucitar en España como la masonería inglesa o norteamericana, volviendo a la idea del deísmo tolerante y olvidando el liberalismo radical anticlerical que la había caracterizado desde siempre en España.

    En 1979, después de una prohibición inicial, la apelación ante la Audiencia Nacional dio vía libre a la legalización de la masonería y del Gran Oriente. Enseguida la nueva masonería en España se apoyó en la masonería internacional, por medio de la Internacional socialista, para la refundación del PSOE sobre la base de Felipe González y Alfonso Guerra.

    La mayor parte de agrupaciones iberoamericanas del PSOE están controladas por masones, especialmente las de Buenos Aires y Río de Janeiro. En el PSOE español hay bastantes masones. Entre los senadores socialistas masones de 1981 están: Virtudes Castro, Alberto de Armada, Fernando Baeza, Manuel Díaz Marta, Rafael Fernández etc.

    Actualmente la masonería española se debate entre la tendencia tolerante y deísta de Inglaterra o seguir en la línea del gobierno francés en la época de Mitterrand, con profunda acción secularizadora. Sin embargo la masonería, que está arraigada con fuerza en el PSOE, ya nos dejó ver como poco había cambiado en su actitud durante el gobierno de los socialistas.

    Destacan los proyectos que llevó a cabo el PSOE de secularización en campos como la política educativa y familiar. Esto presagia que la masonería española no se va a quedar quieta y va a seguir con su anticlericalismo disimulado.

    Cuando en 1982 Felipe González, al frente del socialismo español, consiguió una victoria histórica y aplastante era bastante menos moderado en sus doctrinas que ahora. Alfonso Guerra se permitió en medio del clima de euforia general sacar el llamado Programa 2000 del PSOE.

    En este programa 2000, que se identificaba muy bien con los postulados masónicos anticlericales de la segunda república, se atacaba especialmente a la familia y a la religión, proponiendo una acción secularizadora en la enseñanza y destruyendo la familia tradicional para implantar parejas de hecho, en las que prime por encima de todo el bienestar de cada uno, olvidando valores como el sacrificio por los demás.

    A pesar de estos datos, todavía no está muy claro si en España, ahora que justo empieza el nuevo milenio, podemos esperar una actitud conciliadora de la masonería o, por lo contrario, una nueva lucha como la que enfrenta a la masonería y a la Iglesia y el estado desde hace más de tres siglos.

    APÉNDICE SOBRE LAS RELACIONES ENTRE MASONERÍA E IGLESIA

    Ecrasez l'infâme”1

    Voltaire, prominente masón, en clara referencia a la Iglesia Católica

    Desde el nacimiento de la masonería especulativa, cuando la masonería dejó de ser operativa para convertirse en una “sociedad filantrópica” surgieron los primeros roces entre la masonería y la Iglesia.

    Pocos años después de que se publicaran las Constituciones de Anderson, en las que se explicaba lo que era y qué pretendía la masonería, el Papa Clemente XII emitió una bula papal. Esta bula, de la que ya he hablado en el capítulo titulado “la bula papal” (ver índice) fue publicada en 1738.

    Esta condena de la masonería se debía a varios factores, principalmente al sospechoso secreto en el que se refugiaban todas las actividades masónicas y la tolerancia que ésta mostraba, poniéndose como elemento conciliador entre todas las religiones.

    La bula de Clemente XII no fue un hecho aislado. A la primera condenación de la masonería siguieron las de Benedicto XIV en 1751, Pío VII en 1821, León XII en 1825, Pío IX en 1846 y siete veces más a lo largo de su pontificado y León XIII en 1884.

    Durante el papado de León XIII salieron de la Santa sede al menos 173 documentos condenando a las sociedades secretas, y explícitamente a la masonería. León XIII llegó a decir en su encíclica: “la masonería pretende destruir hasta los fundamentos de todo el orden religioso y civil establecido por el cristianismo… y levantar a su manera otro nuevo con fundamentos y leyes sacados de la entraña del naturalismo”.

    También afirmaba en su encíclica que la masonería trabajaba desde hacía mucho tiempo tenazmente para anular en la sociedad toda injerencia del magisterio y la enseñanza de la Iglesia, bajo el lema de la separación entre Iglesia y Estado, privándolo según él de la beneficiosa influencia de la Iglesia Católica en el Estado.

    A esta condenación siguió la San Pío X en 1906. Pero la mala relación entre la masonería y la Iglesia Católica tiene su reflejo oficial en el vigente código de derecho canónico que Benedicto XV promulga en 1917.

    Entre los principales códigos canónicos voy a citar algunos que considero vitales para aclarar las relaciones existentes:

    • El canon 2.335 dice así: “Los que dan su nombre a la secta masónica o a otras asociaciones del mismo género que maquinan contra la Iglesia o contra las potestades civiles legítimas incurren ipso facto en excomunión”

    • El canon 2.336 advierte a los clérigos: “Los clérigos que ingresen en la orden incurren en suspensión y deben ser denunciados a la Congregación del Santo Oficio.”

    • El canon 1065, el 1240 y el 765: “Se reprueba el matrimonio con un masón, se prohíbe al párroco asistir conscientemente a estos actos, se priva a los masones de la sepultura eclesiástica y se les prohíbe ser padrinos de bautismo.”

    A la publicación de este código de derecho canónico hay que buscarle unas razones. La primera de ellas ya la hemos citado anteriormente, la basada en el secretismo de las actividades de la masonería. Pero es obvio que esta razón por sí sola no habría generado tantas condenas papales. Analicemos otras razones.

    En la Francia e Italia del siglo XIX, los masones ejercieron una vasta y profunda acción revolucionaria de tipo político contra las monarquías, los gobiernos y muy especialmente contra el Papado y los Estados Pontificios. Como hemos podido ver a lo largo del trabajo la masonería ejerció una profunda acción liberal radical anticlerical que llevó a la pérdida de poder de la Iglesia y a horribles persecuciones religiosas.

    La tercera razón de esta condena a la masonería es que ésta no se limitó a los ataques anticlericales “explicables” en la pasión de las revoluciones, sino que adoptó posturas doctrinales radicalmente antirreligiosas (la postura de la doctrina la trato en el siguiente capítulo). Ésta última razón se hace extensible a toda la masonería pero especialmente a la masonería continental liderada por Francia.

    Después del Concilio Vaticano II mucha gente quiso ver una retractación de la Iglesia Católica y un progresivo acercamiento de la Iglesia Católica y la masonería hacia una futura reconciliación. Sin embargo estas posturas se fundamentaban en una intervención del obispo perteneciente a la teología de la liberación Sergio Méndez durante el Concilio, en el que pedía mayor tolerancia hacia la masonería.

    Sin embargo esta fue una actitud aislada, proveniente de un obispo que no conocía la realidad de la masonería. A pesar de que la prensa se quiso hacer eco de una actitud aislada, la realidad es que fue el único entre 2500 obispos que hizo una aportación sobre la masonería., por lo que no podemos hablar de un cambio de actitud en la Iglesia.

    La no pronunciación sobre la masonería durante el Concilio dejó claro de una manera tácita que el código de derecho canónico era igualmente vigente en su condena hacia la masonería.

    Después del Concilio Vaticano II surgió una nueva tesis, la que afirmaba que ya que se podían distinguir dos masonerías bien diferenciadas (la inglesa deísta y tolerante y la francesa radical y anticlerical) no se podía condenar como un bloque a la masonería, por lo que convenía revocar el famoso canon 2335.

    Con este fin se iniciaron contactos entre miembros importantes del episcopado alemán en 1974 para ver si la masonería había cambiado, y en caso de que hubiera cambiado, revocar la condena.

    Pero las conclusiones del grupo encargado de averiguar si la masonería había cambiado fueron negativas. A pesar de que existía una parte de la masonería que era apolítica y no era anticlerical su doctrina era incompatible con la doctrina católica. Los obispos encontraron que la neutralidad religiosa reduce las creencias masónicas a un lejano deísmo impersonal y sigue olvidando el terreno de la figura de Cristo, obviamente esencial para un cristiano. No ha sido necesaria ninguna nueva condena de la masonería ya que las condenas anteriores siguen vigente porque la masonería puede haber cambiado en la forma pero no en el fondo.

    Las conclusiones a las que llegó el episcopado alemán para seguir condenando la masonería son literalmente estas:

  • El relativismo y el subjetivismo son convicciones fundamentales en las actitudes masónicas.

  • El concepto masónico de verdad niega rotundamente la posibilidad de un conocimiento objetivo de la verdad.

  • El concepto masónico de religión es relativo: todas las religiones serían para expresar la verdad sobre Dios.

  • El concepto masónico del Gran Arquitecto del Universo es deísta, un Dios que no sería un ser personal, sino más bien neutral, un “algo”.

  • El concepto masónico de Dios no admite la posibilidad de una verdadera revelación o auto manifestación de Dios.

  • El concepto masónico de tolerancia no se relaciona solamente con las personas, sino también con las ideas, aunque sean contradictorias.

  • Los rituales masónicos dan la impresión de ser, pero no son sacramentos.

  • La espiritualidad masónica pide a sus adeptos una total y exclusiva pertenencia, dedicación y entrega, ya que no deja lugar para las exigencias espirituales de la Iglesia.

  • INCOMPATIBILIDAD DE LA MASONERÍA CON LA DOCTRINA CATÓLICA

    Una de las más famosas definiciones sobre la Masonería es la que reza así:

    “La francmasonería es una asociación universal, filantrópica, filosófica y progresiva, que procura inculcar en sus adeptos el amor a la verdad, el estudio de la moral universal, de las ciencias y de las artes, los sentimientos de abnegación y filantropía y la tolerancia religiosa: que tiende a extinguir los odios de raza, los antagonismos de nacionalidad, de opiniones, de creencias y de intereses, uniendo a todos los hombres por los lazos de la solidaridad y confundiéndolos en mutuo afecto de tierna correspondencia.”

    De este texto y de otras definiciones que he citado anteriormente como las relatadas en las constituciones de Anderson (ver el paso de la masonería operativa a la masonería especulativa) podemos extraer la conclusión de que la finalidad de la masonería es el ser una reunión de hombres que creen en Dios, que respetan la moral natural y quieren conocerse y trabajar juntos a pesar de la diversidad de opiniones religiosa, o de su pertenencia a confesiones o partidos opuestos. Pero bajo este difuso deísmo yo creo que se puede intuir una realidad más profunda.

    Esta realidad más profunda ya la expresa muy bien león XIII en su famosa encíclica “Humanum Genus”. Aquí pone de manifiesto como las doctrinas religiosas, filosóficas y morales en que se inspira la masonería no llevan a un mejor conocimiento de Dios como dicen ellos sino a la misma negación de Dios, abriendo camino de esta manera al ateísmo, el panteísmo, el iluminismo, el espiritismo etc.

    Últimamente, como hemos visto en el anterior capítulo, se ha puesto de moda decir que la masonería ha cambiado y que es perfectamente compatible ser masón con ser católico. Independientemente de las conclusiones del episcopado alemán he creído interesante citar aquí algunas de las incompatibilidades más caras y sencillas. Por eso he creído importante realizar en este trabajo un breve y sencillo análisis de lo que dice cada una y contrastarlas:

    • La existencia de Dios: Muchos masones lo aceptan como el Gran Arquitecto del Universo. Se trata de un Dios constructor, ordenador del mundo. Que creó al mundo y luego se desinteresó de él. Contrasta claramente con la idea que tenemos los católicos de un Dios personal, con el que nos podemos comunicar. Los masones caen en un claro deísmo.

    • La libertad: A mi entender se produce una clara contradicción en el concepto de libertad de los masones. Los masones defienden el derecho a pensar libremente, a creer lo que cada uno desee, a hacerse un Dios a la carta. Sin embargo luego se imponen normas y juramentos para no revelar sus verdades y secretos. Si alguien cree que está en la verdad ¿lo lógico no es ir diciéndola a todo el mundo e intentando que la gente abrace esa verdad y la pueda compartir con nosotros como hace cualquier religión?

    • Importancia de la razón: Los masones creen que la razón es autónoma. Son racionalistas, creen que con la razón pueden entender todo. Esto está en claro contraste con la relación entre razón y fe que propaga el catolicismo.

    • Moral: Los masones propugnan la ética, una moral independiente de la religión. Los católicos en cambio se guían por la moral católica, con conceptos como la caridad cristiana.

    • Religión: Desde su tolerancia religiosa los masones rechazan cualquier dogma o verdad de fe. Si alguien es un buen católico cree en los dogmas de las Iglesia, como el de la Santísima Trinidad. En cambio los masones rechazan estos dogmas que son imprescindibles para cualquier fe católica.

    Por todas estas razones actualmente, en el 2002, y por mucho que algunos clérigos progresistas nos intenten hacer creer lo contrario la masonería es incompatible con la fe católica.

    CONCLUSIÓN

    A lo largo de este trabajo he ido recorriendo toda la historia de la masonería. Desde sus inicios en el gremio de constructores en la Edad Media hasta las instituciones para un Nuevo Orden Mundial. A lo largo del trabajo he ido repasando la historia de los masones y cómo estos influyeron en los acontecimientos más importantes de los últimos tres siglos.

    A pesar de que empecé el trabajo con mucha ilusión he de reconocer que no ha sido nada fácil llevarlo a buen término. En las librerías faltan libros que nos hablen sobre los masones y los pocos que hay son difíciles de encontrar, están agotados o incluso descatalogados.

    Para ser sincero empecé este trabajo con una idea muy negativa sobre la masonería. No es que esta investigación me haya hecho cambiar radicalmente de opinión pero sí que me ha hecho ver que en la masonería, como pasa en el mundo, no todo es blanco o negro, sino que también existe el gris.

    Creo que en este trabajo he sido bastante objetivo, ya que en mis fuentes de información contaba con libros de escritores claramente antimasónicos como De la Cierva pero también con libros de escritores alineados totalmente a favor de la masonería como Ferrer Benimeli o incluso el escrito por el masón John Trutch.

    Las conclusiones básicas que he podido sacar de esta investigación son varias. La primera de ellas es que no podemos hablar de una sola masonería, sino que como hemos podido ir viendo en mi trabajo la masonería no sólo se dividió sino que se ha ido transformando y adaptándose al contexto político a lo largo de la historia.

    La segunda de ellas, que creo que la he demostrado , es que la masonería es incompatible del todo con la fe católica. En mi opinión se ha de rechazar de pleno la teoría que afirma la compatibilidad entre ser católico y ser masón.

    La tercera es que en contadas situaciones la masonería ha actuado como una sola. En casi todos los conflictos que hemos podido apreciar, como la revolución americana o la francesa, había masones en los dos bandos. Quizás en España es donde, con su talante anticlerical, la masonería haya actuado más en bloque.

    La última de mis conclusiones es que la masonería no puede auto calificarse como “una sociedad filantrópica, universal, progresiva, apolítica… que pretende hermanar a todos los hombres en lazos de solidaridad y confundirlos en mutuo afecto de tierna correspondencia…”.

    Esta definición es absurda ya que en ningún momento de la historia la masonería ha actuado como tal, sino más bien como instrumento de los intereses políticos, como punta de lanza de las revoluciones o como plataforma de ideologías anticlericales.

    Espero haber conseguido ofrecer con este trabajo una buena óptica sobre esa gran desconocida, que es la masonería. Lamento no haber ahondado más en los rituales masónicos pero he creído más interesante centrarme en la historia y en la influencia de la masonería. De todas maneras si alguien después de leer este trabajo desea conocer los rituales y grados de la masonería puede consultar el libro de John Trutch: Manual del Francmasón o el libro de Ricardo de la Cierva: El triple secreto de la masonería.

    Barcelona, enero del 2002

    BIBLIOGRAFÍA

    • Ricardo de la Cierva. Los signos del Anticristo, Iglesia, masonería y poderes ocultos ante el tercer milenio. Editorial Fénix, Serie Máxima. Getafe. 1999.

    • Jasper Ridley. Los masones. Editorial Vergara, Grupo Zeta. Barcelona. 2000.

    • Ricardo de la Cierva. Las puertas del infierno, la historia de la Iglesia jamás contada. Editorial Fénix, Serie Máxima. Toledo. 1995.

    • Charles Ledré. La Masonería. Editorial Casal i Vall. Colección Yo sé, yo creo. Seu d'Urgell. 1958.

    • Ricardo de la Cierva. Misterios de la historia. Editorial Planeta. Barcelona. 1990.

    • José Antonio Ferrer Benimeli. La Masonería. Historia y Geografía. Alianza Editorial. Madrid. 2001.

    • Luis Capilla. La Comisión Trilateral, el gobierno del mundo en la sombra. Acción cultural cristiana. Madrid. 1997.

    • F.T.B. Clavel / John Trutch. Manual del Francmasón. Ediciones Alcántara. Madrid. 1999.

    • Joaquim Lledó. La masonería. Acento Editorial. Madrid. 2001.

    • Johann Gottlieb Fichte. Filosofía de la masonería, cartas a Constant. Editorial Istmo. Madrid. 1997.

    • William Blaise. The Council on foreign relations and the New World Order. Tesis para la universidad del estado de Nuevo Méjico. 1995.

    Canción popular del siglo XII que habla sobre la reconstrucción del puente de Londres por los masones y de cómo encerraron a una bella dama en su interior para aplacar la ira de Dios e inducirlo a que lo protegiera.

    “Lodge” en inglés significa posada, choza, casita, madriguera.

    Compañía de masones de Londres

    En el significado actual es una asociación de obreros dentro de una misma profesión.

    Trabajadores de piedra, canteros cualificados.

    A pesar de su antiguo significado actualmente marrow significa meollo o tuétano.

    1 La flauta mágica es una de las más famosas óperas de Mozart y sería la mejor composición musical que se ha hecho sobre los masones si no fuera porque circula la teoría que la novena sinfonía de Beethoven fue hecha en honor de los masones.

    1 Grito pronunciado por los Whigs contra la censura de Jorge III

    1 Los carbonari nacieron también como una sociedad tipo la masonería pero pronto se radicalizaron mucho más. Sus tesis eran naturalistas.

    1 Libro antisemita tramado a principios del siglo XX por la propaganda zarista en Rusia

    2 Revista de gran difusión de habla inglesa. Se podría traducir como Asuntos Exteriores.

    3 Este núcleo duro fue formado enteramente por Rockefeller, y es el que nos demuestra la predominancia de esta familia dentro de las altas finanzas internacionales.

    4 Organización ecologista que defiende a los animales en extinción y los protege en su hábitat natural

    1 Este alusión despreciativa la proferían los masones por que la Compañía de Jesús fue la encargada durante los siglo XVIII y XIX de ser el bastión de la Iglesia que la protegiera contra los embates de la masonería, la ilustración y el liberalismo.

    1 Aplastad lo infame. Este lema lo pronunció Voltaire cuando un jurado, por influencia de la Iglesia Católica, condenó a muerte a un protestante inocente, monsieur Calas.

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