Más allá del principio del placer; Sigmund Freud

Psicoanálisis. Evolución psíquica. Displacer de percepción. Neurosis traumática. Instintos del organismo

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MÁS ALLÁ DEL PRINCIPIO DEL PLACER

Sigmund Freud

Alianza Editorial, Biblioteca Fundamental de Nuestros Tiempos (1984)

RESUMEN

El curso de los procesos anímicos es regulado automáticamente por el principio del placer. El placer y el displacer pueden relacionarse con la cantidad de excitación existente en la vida anímica, correspondiendo el displacer a una elevación y el placer a una disminución de la cantidad de dicha excitación. Como dijo Fechner: “Cada movimiento psicofísico que traspasa el umbral de la conciencia se halla tanto más revestido de placer cuanto más se acerca a la completa estabilidad o el displacer cuanto más se aleja de la misma”.

Por ello se puede decir que la vida psíquica es regida por el principio del placer, ya que una de las tendencias del aparato anímico es la de conservar lo más bajo posible o, al menos constante, la cantidad de excitación en él existente. Por eso, elevar la cantidad de excitación conllevaría un sentido antifuncional, es decir, el displacer.

A pesar de este perfecto funcionamiento primario del placer en el aparato anímico, éste tiene varios problemas o inhibiciones, como son:

  • El principio del placer es inútil y, hasta peligroso en alto grado, para la autoafirmación del organismo frente a las dificultades del mundo exterior. Bajo el instinto de conservación del yo, queda sustituido el principio del placer por el principio de la realidad que, sin abandonar el propósito de una consecuencia final de placer, exige y logra el aplazamiento de la satisfacción y nos fuerza a aceptar el displacer durante un largo rodeo necesario para legar al placer.

  • Casi toda la energía que llena el aparato anímico procede de los impulsos instintivos que le son inherentes, aunque algunos demuestran ser incompatibles con el resto por sus fines. Dichos instintos incompatibles son separados por el proceso de la represión y privados al principio de posibilidad de satisfacción.

  • La mayor parte de displacer es displacer de percepción, percepción del esfuerzo de instintos insatisfechos o percepción exterior. Un ejemplo de la transformación de la represión de una posibilidad de placer en una fuente de displacer es todo displacer neurótico, placer que no puede ser sentido como tal. La neurosis traumática es una perturbación que suele aparecer tras graves conmociones, teniendo síntomas motores análogos a la histeria y acusados signos de padecimiento subjetivo.

    Tanto para la neurosis como para otras enfermedades se usa la técnica de repetir lo reprimido del recuerdo del paciente, y no recordarlo como un trozo pasado. Para ello se utiliza la obsesión de repetición, que debe atribuirse a lo reprimido inconsciente, material que no puede exteriorizarse hasta que la labor terapéutica no halla debilitado la represión.

    Así, la resistencia del yo consciente y preconsciente se halla al servicio del principio del placer porque se trata de ahorrar el displacer que sería causado por la libertad de lo reprimido. De este modo, la labor será la de conseguir la admisión de tal displacer haciendo una llamada a principio de la realidad, lo cual produce disgustos pues saca los sentimientos reprimidos.

    Otro término relacionado con el placer-displacer es la conciencia, que es la función de un sistema especial que se denomina Cc. Dado que la conciencia procura percepciones de estímulos externos y sensaciones de placer y displacer que no pueden provenir más que del interior del aparato anímico, podemos atribuir al sistema P-Cc una localización, vuelto hacia el mundo exterior y envolviendo a los sistemas psíquicos. Todos los procesos excitantes que se desarrollan en los demás sistemas, dejan en el sistema P-Cc huellas duraderas como fundamento de la memoria, al contrario que en sistema Cc, que no dejan huellas duraderas. Por tanto, la conciencia se forma en lugar de la huella mnémica.

    Estudiado esto, se puede contradecir el principio kantiano que dice que el tiempo y el espacio son dos formas necesarias de nuestro pensamiento, ya que los procesos anímicos inconscientes no pueden ser ordenados temporalmente porque el tiempo no cambia nada en ellos.

    El sistema Cc recibe excitaciones procedentes del exterior y del interior, y la diversidad y a situación de las condiciones entre ambos es lo que regula la función del sistema y del aparato anímico. Contra las excitaciones del exterior existe una protección, logrando que las cantidades de excitación que llegan actúen disminuidas. Contra las excitaciones procedentes del interior, sin embargo, no existe ninguna protección, creándose por ello una serie de sensaciones de placer y displacer. Por esto la conducta actúa contra las excitaciones exteriores que conllevan un aumento demasiado grande de displacer. Además hay excitaciones exteriores que tienen suficiente energía para atravesar la protección, como las traumáticas, que ejercen un displacer específico. Para corregirlo, el sistema recibe nueva energía para transformarla en reposo.

    Por tanto, las funciones del aparato anímico son independientes al principio del placer, pareciendo más primitivas que a intención de conseguir placer y evitar displacer. Aun así, no se contradice.

    La carencia de un dispositiva protector contra las excitaciones del interior de la capa cortical tiene por consecuencia que tales excitaciones entrañen máximas “perturbaciones económicas”. Las más ricas fuentes de tal excitación interior son los instintos del organismo. Un instinto sería, pues, una tendencia propia de lo orgánico vivo a la reconstrucción de un estado anterior, que lo animado tuvo que abandonar bajo el influjo de fuerzas exteriores perturbadoras.

    Por ello, si todos los instintos orgánicos son conservadores e históricamente adquiridos, y tienden a una regresión o a una reconstrucción de lo pasado, se deberá atribuir todos los éxitos de la evolución orgánica a influencias exteriores, perturbadoras y desviantes. Así la tensión generada intenta nivelarse apareciendo el instinto principal de volver a lo inanimado: la meta de toda vida es la muerte. A pesar de esto, existe el instinto sexual, que se contradice con lo mencionado anteriormente, pero puede ser tomado como que el organismo no quiere morir si no es a su manera y no sin haber cumplido antes el otro instinto básico de reproducción. Los instintos sexuales muestran más resistencia contra las actuaciones exteriores pues conservan la vida por más tiempo, por lo que pueden considerarse los verdaderos instintos de vida.

    Ya que los instintos del yo están encaminados a la muerte y los instintos sexuales están encaminados a la conservación de la vida, cuando los pequeños animales copulan, antes de haber sufrido modificación alguna por la edad, quedan, después de la cópula, rejuvenecidos y preservados de la vejez. Asimismo, es muy posible que los infusorios sean conducidos por un proceso vital a una muerte natural.

    Habiendo visto todo esto, podemos decir que el principio del placer será entonces una tendencia al servicio de una función encargada de despojar de excitaciones al aparato anímico, mantener en él constante el montante de excitación o conservarlo lo más bajo posible, sin poder concluir en una sola de las dos opciones.

    También hay que decir que los procesos primarios producen sensaciones mucho más complejas que los secundarios. Además son más tempranos ya que al inicio de la vida anímica solo existen ellos.

    Por ello, se llega al resultado de que la aspiración al place se manifiesta más intensamente al principio de la vida que después, aunque no tan ilimitadamente, porque tiene que tolerar frecuentes rupturas.

    Por último, el principio del placer parece hallarse al servicio de los instintos de muerte, aunque también vigile a las excitaciones exteriores, consideradas como un peligro para las dos clases de instintos pero, especialmente, a las elevaciones de excitación procedentes del interior, que tienden a dificultar la labor vital.

    COMENTARIO PERSONAL

    Tras la detenida lectura del libro “Mas Allá del Principio del Placer”, de Sigmund Freud, puedo concluir que, dados mis conocimientos básicos de este psicólogo tanto en base a sus estudios como a sus obras, no he podido comprender al 100% lo planteado en este libro, ya que utiliza muchas referencias de otros de sus libros y emplea un lenguaje muy técnico acerca de enfermedades como la neurosis, etc.

    Como dice al final del libro, “debemos ser pacientes y esperar la aparición de nuevos medios y motivos de investigación, pero permaneciendo siempre dispuestos a abandonar, e el momento en que veamos que no conduce a nada útil, el camino seguido durante algún tiempo”. Como bien dicen Freud y sus colaboradores, cuando escribieron este libro aún no tenían los medios suficientes para averiguar todo lo necesario y poder así verificar o refutar su propia teoría. Por ello, lo expuesto en su trabajo son hipótesis que en ese momento no podían confirmarse.

    Bajo mi punto de vista, esta obra tiene varias contradicciones, como son las siguientes que voy a enumerar, que son para mí las más relevantes:

  • Dicen que la meta de todo ser vivo es la búsqueda del placer. En cambio, hay un momento en el que dicen que para hallar el placer hay que pasar antes por varias situaciones de displacer (principio de la realidad). En cambio, si nuestro objetivo es alcanzar el placer tanto como evitar el dolor, ¿no deberíamos buscar un camino para hallar el placer evitando el dolor, dado que ambas tienen la misma fuerza incentiva?

  • Al hablar de la neurosis traumática dicen que la forma de solucionarla es sacando a flote los recuerdos reprimidos mediante el principio de realidad y que la admisión de tal displacer produce disgustos al sacar dichos sentimientos reprimidos. Basándonos en el principio del placer, ¿no debería estar el organismo preparado para evitar dicho displacer y encontrar una solución para llegar al placer, arreglando de este modo el problema?

  • Tras esto, tratan los instintos, diciendo que los instintos del yo están encaminados a la muerte y los instintos sexuales están encaminados a la conservación de la vida. Para justificar el principio del placer en el instinto del yo, dicen que los organismos no luchan por no morir, sino por no morir si no es a su manera y no sin haber cumplido antes el instinto sexual. Si realmente los organismos fueran así de “rebeldes”, ¿no deberían negarse a la muerte y hacer todo lo posible por no llegar a ella?, ¿por que se da sino el instinto sexual que lucha por la supervivencia? Creo que nadie tiene asumido al 100% el hecho de la muerte, comprobándolo más fielmente con los enfermos terminales y pacientes con enfermedades incurables.

  • Tras este análisis y bajo mi opinión y sin conocimiento suficiente para juzgar lo leído, creo que, aunque la idea del principio del placer tenga una credibilidad muy fiable para mi, hay ciertos puntos oscuros que habría que reestructurar para perfeccionarlos y poder llegar (o no) a establecer una teoría demostrable en toda su plenitud (si no se ha hecho ya, claro esta).

    Para lograr esto y finalizar mi trabajo, voy a transcribir unos versos que empleó Freud para finalizar su obra, refiriéndose al lento progreso del conocimiento científico:

    Si no se puede avanzar volando,

    bueno es progresar cojeando,

    pues está escrito que no es pecado el cojear.