Mariano José de Larra

Literatura española del Romanticismo. Prosa (narrativa) romántica. Vida y obras

  • Enviado por: María Del Mar Gallego
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 8 páginas
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Mariano José de Larra

El Pobrecito Hablador

E

l siglo XIX marca el comienzo de una nueva corriente ideológica, que conocemos con el nombre de Romanticismo.

En España las teorías románticas se van filtrando poco a poco, pero no toman realmente cuerpo hasta 1834 cuando, tras la muerte de Fernando VII, termina un período de represión que había obligado a muchos escritores liberales a huir de España.

En el exilio, estos escritores habían tomado contacto con las nuevas ideas y será a su vuelta a España cuando van a desarrollarlas, dando a la literatura un sentimiento nacional que durante el siglo anterior había perdido. El momento de transición hacia el estilo romántico lo vive Mariano José de Larra.

Larra nace el 24 de marzo de 1809 en Madrid. En estas fechas se estaba librando en España la guerra de la Independencia que marcará el comienzo de la revolución liberal.

Su padre, don Mariano Larra, era médico militar y de ideas afrancesadas, motivo por el cual estuvo al servicio de los franceses mientras su ocupación en España. Al ser vencido José I y retirarse los franceses definitivamente, don Mariano tuvo que exiliarse con su familia, tomando el camino de Francia.

Se estableció con su mujer en París, dejando a su hijo, interno, en un colegio de Burdeos. Allí el futuro escritor aprendió el idioma francés y estudió las primeras letras.

En 1818 la familia regresa a Madrid, acogiéndose a una amnistía dada por Fernando VII. El pequeño Larra entró, otra vez interno, en el colegio Calasancio de San Antonio Abad, donde recibió una completa educación humanística. Cuatro años duró su estancia en este centro, pues en 1822 la familia se vio obligada a dejar Madrid, trasladándose a Corella, en la provincia de Navarra. La causa de este repentino cambio fue la participación del padre en los sucesos liberales de 1820, cuando el general Riego se sublevó en Cabezas de San Juan y obligó a Fernando VII a jurar la constitución de 1812. Cuando en 1823, los Cien mil Hijos de San Luis devuelven a Fernando VII su poder absoluto, la familia . Larra regresa otra vez a Madrid.

El pequeño Larra continúa sus estudios en el Colegio Imperial de los jesuitas, pero también por poco tiempo, pues en 1824 su familia reside en Valladolid. En su Universidad Mariano José se matricula del primer curso de Derecho; pero un desagradable incidente hará que el hijo se emancipe de la familia y se traslade a Valencia. Parece ser que el joven Larra estaba enamorado de una muchacha a la que tenía idealizada, un día la vio con un hombre que para colmo resultó ser su padre. Este incidente desilusionó totalmente al muchacho que se alejó definitivamente de su casa.

En Valencia debió de estar poco tiempo, pues enseguida se traslada a Madrid donde comienza su actividad literaria.

Publica en 1827 dos Odas bastante malas y dentro todavía del estilo neoclásico. Una estaba dedicada a la Exposición de la Industria Española, en la que canta a la laboriosidad y prosperidad de las provincias, y la otra la escribe con motivo de un terremoto que acaeció por entonces en Andalucía.

Al año siguiente funda un folleto que titula El Duende Satírico del Día, donde firma con el seudónimo de "El Duende" y del que sólo aparecieron cinco números pues fue retirado por orden gubernamental.

Contrae matrimonio, contra la voluntad paterna, con Pepita Wetoret, una joven burguesa que aunque era una buena ama de casa no era el temperamento más adecuado para el escritor, que en este momento contaba veinte años de edad. El matrimonio durará poco tiempo.

Larra frecuenta la tertulia del café del Teatro Príncipe, "El Parnasillo", a la que asistían muchos artistas y escritores de la época.

Se hace socio del Ateneo donde también se relaciona con la intelectualidad del momento.

Por estos años Larra traduce obras dramáticas francesas, en 1831 se estrenó una de estas obras en el Teatro de la Cruz. Era un drama titulado No más mostrador, donde a través de una historia intrascendente, en la que una dama burguesa ambiciona casar a su hija con un conde, ridiculiza un tipo de vida de pocas miras, un mundo donde todo es monotonía.

A este drama siguen otros estrenos de obras propias y de traducciones extranjeras.

Por esta época conoce a Dolores Armijo, una mujer casada, muy bella y de gran sensibilidad artística. Larra se enamora de ella apasionadamente, viviendo los dos unas relaciones tormentosas.

En agosto de 1832 funda la revista El Pobrecito Hablador en la que

escribe bajo el seudónimo de "El Bachiller don Juan Pérez de Munguia" y el de "Andrés Niporesas". En la revista trata temas de actualidad ciudadana, de costumbres, de vicios nacionales.... con una aguda visión satírica de todo lo que enjuicia. Se documenta para escribir los artículos paseando por la calle, estando en un café, todo lo que le sirve para sacarle punta a la vida nacional. El costumbrismo de Larra no es una recreación en el tipismo nacional, sino que son reflexiones casi filosóficas sobre el carácter de un pueblo. Larra es en esto un moralista.

No se limita a la descripción o en ocasiones a la narración breve próxima al cuento sino que transciende la anécdota , rechazando con expresa voluntad crítica y reformista la conducta que ridiculiza. La anécdota se convierte así en un medio , un ejemplo que ilustra la reflexión moral que cierra el texto. Por tanto, se acentúa desde un primer momento la intención satírica. Aparecieron 14 números hasta marzo de 1833. Se aducen varias razones para explicar la suspensión de la revista: Un estado de opinión adversa, la prohibición gubernamental, intereses relacionados con su propia carrera periodística. Fueron decisivas las últimas, ya que desde su primer número, Larra colaboraba como crítico teatral en la Revista Española . El 15 de Enero estrena el seudónimo que le hizo famoso y a partir de marzo alterna las reseñas teatrales con los artículos satíricos de costumbres ocupándose definitivamente de esta sección cuando Mesoneros Romanos abandona la redacción para viajar por el extranjero.

La aparición de la revista Española coincide con el deshielo del antiguo Régimen y el comienzo de la apertura liberal propiciada por el nombramiento de María Cristina como reina gobernadora. José María Carnero aprovecha la ocasión para convertir, con el cambio de nombre, las literarias cartas Españolas en un portavoz del liberalismo moderado.

Es probable que considerara oportuno incluir entre sus colaboradores a a quien venía desarrollando un tipo de periodismo que ahora convenía a sus intereses. Y a instancias de Grimaldi, llegó a un acuerdo con su antiguo enemigo, incorporándolo a la plantilla de la nueva publicación, con la condición de que Fígaro pusiera fin a su periódico. En “Ya soy un redactor” incluido en la Revista una semana antes del último número del Pobrecito Hablador, Larra parece insinuarlo.

De este momento son sus artículos Empeños y desempeños, El café, en el que ridiculiza a los españoles ociosos que se reúnen allí para arreglar el mundo; ¿Qué cosa es por acá el autor de una comedia?, El castellano viejo, donde habla sobre las costumbres groseras; Los calaveras, etc., además del artículo El casarse pronto y mal en el que plasma sus reflexiones sobre el matrimonio, compromiso que para él había resultado tan penoso.

La revista tuvo un pronto fin, pues como la anterior fue víctima de las iras gubernamentales.

Al año siguiente firma un contrato con la revista El Correo de las Damas en el que hace la crítica teatral, y entra como redactor en la Revista Española en la que firma sus artículos con el seudónimo de "Fígaro" que le haría tan famoso.

Estos años son los más fecundos de Larra, escribe sin parar y es constantemente solicitado e incluso temido por su mordaz pluma. De esta época son sus famosos artículos Vuelva usted mañana, sobre la lentitud y holgazanería de los funcionarios públicos; Mí nombre y mis propósitos, La fonda nueva, En este país, donde critica con agudeza las malas costumbres españolas. Con un estilo directo y periodístico intenta combatir la holgazanería, la incultura y la falta de civismo. Es un lúcido observador preocupado constantemente por el oscurantismo y la dejadez de un pueblo que se abandona a sí mismo.

En 1834 se publica su novela El Doncel de don Enrique el Doliente y se estrena el drama Macías. Ambas obras tratan el tema del trovador medieval Macías, víctima de su amor por Elvira, dama de la corte de Enrique III. Macías es el primer drama romántico, aunque con influencias todavía neoclásicas.

Este año de 1834 es además un año crítico para Larra, se separa definitivamente de su mujer, de la que tenía tres hijos; rompe con Dolores Armijo y deja la Revista Española. Se abre una época de crisis en su vida; sus escritos le muestran amargado y hundido en un total pesimismo. Sigue escribiendo artículos en las revistas: Los tres no son más que dos y el que no es nada vale por tres, Carta de Fígaro, Lo que no se puede decir no se debe decir y otros.

Se reconcilia otra vez con Dolores Armijo, de la que seguía ciegamente enamorado, y sigue escribiendo.

Estrena dos comedias traducidas del francés Scribe, El arte de conspirar y Partir a tiempo, además de la comedia ¡ Tu amor o la muerte! y el drama Macías el enamorado.

En abril de 1835 abandona por un tiempo Madrid y pasa una temporada en Badajoz, invitado por su amigo el conde de Campo Alange. Realiza después un largo viaje por Francia, donde conoce a Scribe, por Inglaterra, Bélgica y Portugal. Este viaje le sirve de evasión y de él regresa más animado.

Sigue colaborando en la Revista Mensajero, el nuevo nombre de la Revista Española. Firma un contrato como colaborador del Redactor General y El Mundo ganando un sueldo anual de 40,000 reales que era una suma muy elevada en aquel entonces.

Traduce y adapta una obra del francés Delavigne titulada Don Juan de Austria o la vocación.

En 1836 se presenta como candidato a diputado por la provincia de Avila, donde en este tiempo estaba pasando una temporada Dolores Armijo.

A Larra su temperamento y su espíritu crítico le habían puesto siempre en la oposición, pero al iniciarse la Regencia se embarcó en el partido progresista, aceptando intervenir en la política, dadas las circunstancias tan difíciles por las que atravesaba el país. Pero con esto no consiguió más que un nuevo fracaso, otro tremendo choque de su idealismo con la realidad.

Su vida de diputado en Cortes es breve, pues en julio de ese mismo año el Motín de la Granja da al traste con la posibilidad de una vía liberal para España. Esta maniobra dará el golpe de gracia a las esperanzas de Larra en una solución política.

Su amargura aumenta, va enterrando poco a poco la ya gastada esperanza que le queda, y para agravar la situación rompe otra vez con Dolores y además muere su amigo el conde de Campo Alange.

Su tremenda crisis moral está clara en los artículos El día de difuntos y La Nochebuena de 1836 donde se nos muestra vencido, desilusionado y totalmente desencantado.

Tres meses más tarde se ve con Dolores Armijo en su casa, el escritor esperaba la reconciliación con su amante, como ya única razón de existir. Sin embargo ella elegía en ese momento la senda del deber, volviendo al lado de su esposo.

Tras la entrevista con Dolores, Larra se suicidó dándose un tiro en la sien. Era el día trece de febrero de 1837.

A su entierro acudió toda una multitud de artistas, escritores y políticos. Ante su tumba un joven leyó una elegía que, aunque era muy mala, le dio a conocer; ese joven era Zorrilla.

Larra fue el primer periodista tal y como entendemos hoy esta profesión, sus artículos, ricos sobre todo por el contenido, llevan siempre latente una profunda preocupación por su patria.

Su formación francesa le hizo seguidor de las ideas enciclopedistas.

Su espíritu liberal y su temperamento chocaban con la cerrazón y el

oscurantismo nacional.

Sus principios eran la verdad y la razón, y su lucha no era otra que la de conseguir el progreso del pueblo español que siempre fue su gran preocupación. Pero su desesperación cada vez fue mayor al ver la necedad, la dejadez y la traición de los distintos ministerios liberales a sus propias ideas.

El suicidio de Larra no fue un episodio típico de las novelas románticas al uso, sino que el desdén último de su amante fue la gota que colmó el vaso.