Maquiavelo, Hobbes y Bodino

Historia de la filosofía. Ideologías políticas. Poder político. Materialismo. Estado natural. Monarquía absoluta. Príncipe

  • Enviado por: Jorge López
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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NICOLAS MAQUIAVELO

BIOGRAFÍA DEL AUTOR

Nicolás Maquiavelo -Niccolo Macchiavelli- nació en Florencia el 3 de mayo de 1469 y murió en la misma ciudad en 1572. Era hijo de Bernardo dei Niccolo Macchiavelli, jurisconsulto, y de Bartolommea dei Nelli, una dama muy bella e instruida. Fue escritor, jurista, diplomático y político. Su prestigio comenzó pronto, y a los veinticinco años se le nombró secretario del gobierno Dei Dieci. Desempeñó luego diversas embajadas en algunos estados de Italia y en Alemania, misiones que hubo de comentar en sus escritos. En 1502 contrajo matrimonio con Marietta Corsini, del cual nacieron cinco hijos. Sus actividades como embajador duraron hasta el año de 1512, en que empieza una época de persecuciones contra él. A la vuelta de los Médici al señorío de la ciudad fue encarcelado y sometido al tormento, acusándosele de conspirador. Ya había publicado para entonces obras filosóficas y literarias, pero en la cárcel intensificó sus tareas, y gracias a la atracción que siempre experimentó el gran Lorenzo de Médici. Uno de los espíritus más representativos del Renacimiento por las artes y las letras, pudo Maquiavelo obtener su favor. Muy distinguido también como tratadista y crítico militar, publicó obras muy notables de este carácter: El arte de la guerra, Ordenanza de la Infantería y Ordenanza de la Caballería.

En otros aspectos, destacan su Discurso sobre las Décadas de Tito Libio, Discurso sobre la Lengua, Historia Florentina, Mandrágora y Discurso Moral. En todas sus obras revela Maquiavelo su gran cultura, un pensamiento ágil y profundo y dotes extraordinarias de escritor. Maneja el idioma con personalísimo estilo y suprema elegancia. Físicamente era Nicolás Maquiavelo un hombre enjunto, de regular estatura y rostro anguloso , expresivo y sereno. La obra fundamental del célebre secretario florentino, la que ha perdurado a través del tiempo, dando siempre lugar a las más encontradas opiniones, es El Príncipe, libro que encierra cuanto de filosofía práctica y reglas de gobierno podría apetecer cualquier jefe de Estado de cualquier tiempo, dispuesto a no reparar en medio para alcanzar sus fines. Su índole moral es fundamentalmente recusable. El Príncipe ha tenido apologistas entusiastas, como Gentile, Alfieri, wicouefort, Gobineau y Nietzsche, y detractores implacables, a cuyo frente se hallan, en diferentes épocas, hombres como Saavedra, Fajardo, Voltaire, Federico de Prusia, Macaulay, Castelar, Tolstoi, etcétera. Napoleón comentó el libro de Maquiavelo con discrepancia en algunos puntos, pero siempre con simpatía. En cuanto al príncipe que hubiera de tomar como modelo para el diseño de su obra, se citan Fernando El Católico y César Borgia. Maquiavelo vivió algún tiempo en la corte del duque Valentinois, y en ella pudo ver muchos hechos y actitudes que aprovechó para la composición de su libro. Sea como fuere, lo cierto es que El Príncipe está considerado, con justicia, como una manifestación típica del espíritu del Renacimiento y una de las obras maestras de la literatura universal, de todos los tiempos.
 

OBRAS DE NICOLAS MAQUIAVELO

(1469-1527) Discursos sobre las Décadas de Tito Livio
(1521-1522) El Príncipe
(1513-1516) Anales de Italia
(1504) Vida de Castruccio
(1520) Arte de la Guerra
(1520) Historia de Florencia (inconclusa)
(1520) La Mandrágora (comedia)(impresa en 1524)
(1520)Clizia (comedia) Comedia en prosa (sin título) Belfegor (novela)

PENSAMIENTO

El poder considerado como uno de los ámbitos de realización del espíritu humano y el fenómeno político visto como la expresión suprema de la existencia histórica, que involucra todos los aspectos de la vida, es la concepción que subyace en las disertaciones de El Príncipe.

El Renacimiento había dado inicio a la secularización del mundo y las cuestiones religiosas quedaban restringidas al ámbito de la conciencia individual. La ciencia renacentista había despojado al hombre de su armadura teológica y le había devuelto la voluntad de organizar su existencia sin temores o esperanzas de compensación espiritual.

El Estado también empezaba a concebirse como un poder secular no ofrecido a los individuos por derecho divino sino por intereses económicos, de clases o ambiciones personales. Fue esa gran mentalidad la que permeó la obra de Maquiavelo y de la que derivó su concepción del poder y de la política. Maquiavelo no es ajeno a la moral. Y supo intuir antes que sus propios contemporáneos que era imposible organizar un Estado en medio del derrumbe social de Italia. Las opiniones posteriores sobre su obra, en lo concerniente a su politica de maximizar los medios frente a los fines en el ejercicio del poder, ignoran que el escritor florentino fue un ardiente partidario de la libertad. Y lo demostró con sus escritos defendiendo las instituciones republicanas que fueron destruidas con la invasión de Francia y España a Italia; lo mismo que contra la corrupción, a la que consideraba una amenaza contra la libertad, virtud sin la cual ningún pueblo puede construir su grandeza. "La experiencia muestra que las ciudades jamás han crecido en poder o en riqueza excepto cuando han sido libres", dijo Maquiavelo. "El fin justifica los medios", no es una sentencia carente de moral y ética como han pretendido demostrar los críticos de Maquiavelo. Sencillamente es una reflexión en la que se reconoce que de las mismas circunstancias que enfrenta El Príncipe, él debe extraer las premisas necesarias para desenvolverse en un mundo cambiante. El éxito de un soberano radica en tomarle el pulso a las situaciones, valorarlas y armonizar su conducta con la dinámica inherente a ellas. Son las necesidades las que impondrán una respuesta. Y con ello Maquiavelo demuestra que los hombres se miden con el mundo y actúan sobre él. Premisa infalible que había olvidado la Edad Media. Ello significa que la ambición de Maquiavelo de ver una Italia unida, expuesta de forma precisa en los consejos que en 26 capítulos sugieren al magnífico Lorenzo de Médicis, no constituyen un espejismo político sino que puede realizarse en la realidad material a través de la lucha por el poder y estimulando en los italianos los sentimientos comunes que configuraban la identidad cultural de ese país. Existe una circunstancia concreta: Italia invadida por fuerzas extranjeras, y una necesidad real: la liberación nacional y la construcción de la unidad política. El medio para lograrlo es la guerra y el fin, adaptarse a las exigencias de los nuevos tiempos, organizándose como estado nacional. Para Maquiavelo los fines políticos eran inseparables del "bien común".

La moral para el diplomático florentino radica en los fines y la ley constituye el núcleo organizador de la vida social. Todo lo que atenté contra el bien común debe ser rechazado y por ello "la astucia, la hábil ocultación de los designios, el uso de la fuerza, el engaño, adquieren categoría de medios lícitos si los fines están guiados por el idea del buen común, noción que encierra la idea de patriotismo, por una parte, pero también las anticipaciones de la moderna razón de Estado " (Romero). Las simplificaciones de las que ha sido víctimas Maquiavelo, no han logrado minimizar esa nueva dimensión ontológica sobre el poder genialmente concebida por el estadista florentino. Para Maquiavelo está claro que ha diferencia de los países europeos, en Italia no había sido posible construir el Estado-nación. El soberano que fuese a enfrentar esta reto histórico, necesitaría de una suma de poder que lo convirtiera en un monarca absoluto. Esa empresa solo es posible si el gobernante dispuesto a llevarla a cabo, arma los ciudadanos para liberar a su patria de las fuerzas extranjeras. Cumplida esta tarea procurará ofrecer al pueblo leyes justas y éste a su vez , asumirá la defensa y seguridad de la nación. El interés de Maquiavelo se centra, a través de toda su obra, en la política como "arte de conquistar el poder ". La política es por tanto el arte de el príncipe o gobernante en cuanto tal. Y el príncipe, en cuanto conquistador y dueño del poder, en cuanto encarnación del Estado, está por principio ( y no por accidente) exento de toda norma moral. Lo importante es que tenga las condiciones naturales como para asegurar la conquista y posesión del poder, " que sea astuto como la zorra, fuerte como el león" ( príncipe C.8 ) Dice Maquiavelo que el príncipe que quiere conservar el poder" debe comprender bien que no le es posible observar, en todo, lo que hace mirar como virtuosos a los hombres, su puesto que a menudo para conservar el orden de un Estado, está en la precisión de obrar contra su fe, contra las virtudes de la humanidad y caridad y aún contra su religión" ( Príncipe C.18), Para Maquiavelo la razón suprema no es sino la razón de Estado. El Estado ( que identifica con el príncipe o gobernante), constituye un fin último, un fin en sí, no solo independiente sino también opuesto al orden moral y a los valores éticos, y situado de hecho, por encima de ellos, como instancia absoluta. El bien supremo no es ya la virtud, la felicidad, la perfección de la propia naturaleza, el placer o cualquiera de las metas que los moralistas propusieron al hombre, sino la fuerza y el poder del Estado y de su personificación el príncipe o gobernante. El bien del Estado no se subordina al bien del individuo o de la persona humana en ningún caso, y su fin se sitúa absolutamente por encima de todos los fines particulares por más sublimes que se consideren. El sentido de la vida y de la historia, no acaba para los hombres si ellos prosiguen en la tarea de perfeccionar la sociedad sobre bases racionales que los trasciendan más allá del simple plano individualista o de atomización social en el que viven dentro de las sociedades contemporáneas de finales del siglo XX. La permanente transformación de la política, como la soñó Maquiavelo, puede ser el camino para la humanización del poder y la sociedad.


Leer "El Príncipe " es enfrentarnos al triunfo del espíritu renacentista sobre la religión, como también bordear el lado más creador y sombrío de los hombres en la ardua e inconclusa tarea de perfeccionamiento de la conciencia humana y de la sociedad. Generalmente se afirma que la historia es el registro de los choques entre situaciones o estructuras extremas. Desde esa interpretación "El Príncipe " de Nicolás Maquiavelo es la síntesis de la disolución de un mundo, el medioevo, y el nacimiento de un nuevo principio de realidad en el que el hombre, volvía a ser la preocupación esencial de todas las cosas, el Renacimiento. Si la política debía ser el arte de lo posible, para Maquiavelo ello significaba que ésta debía de basarse en realidades. Las necesidades de cambio que él formuló para su tiempo, fueron extraídas de su observación del mundo material y del estado de ánimo colectivo de sus compatriotas. Sin embargo en la médula de "El Príncipe " se encuentra la reivindicación del Estado moderno como articulador de las relaciones sociales y la necesidad de que los hombres vivan en libertad.

THOMAS HOBBES

BIOGRAFÍA

Thomas Hobbes (1588-1679) nació en Malmesbury, Inglaterra, de padres pobres e incultos. Siendo un niño precoz, sin embargo, su tío le proveyó la ayuda financiera que necesitaba y lo envió a la Universidad de Oxford. Al encontrar el pensum de lógica escolástica aburrido y la física aristotélica confusa y fastidiosa, dedicó la mayor parte de su tiempo a la lectura de los clásicos de la literatura. Al graduarse en 1608, Hobbes fue seleccionado como tutor de uno de los hijos de la familia Cavendish, familia a la cual permaneció unido la mayor parte de su vida. En calidad de tutor, Hobbes tuvo suficiente tiempo para reflexionar, viajar y para conocer y tratar a destacados filósofos y científicos contemporáneos suyos, como Galileo, Bacon, Kepler y Descartes.

 

En la obra de John Aubrey Vidas Breves se dice que a la edad de 40 años, casi por casualidad, Hobbes se enamoró de la certeza deductiva de las matemáticas. “Estando en la biblioteca de un caballero, los Elementos de Euclides abierto, en el séptimo [teorema del libro I]. Él lee entonces la proposición, `Por Dios', dice, `esto es imposible'. Así que lee la demostración y de nuevo la proposición... Ésta lo lleva a otra, que también lee. [Y así para atrás a los axiomas evidentes, cuando] por fin se convence de su verdad. Esto hizo que se enamorara de la geometría”. Presuntamente, alrededor de las mismas fechas, Hobbes lee los Diálogos de Galileo, y se convence firmemente de que una filosofía sistemática debe estar basada sobre el principio físico de que todo cambio es un cambio de movimiento. La forma deductiva de la geometría y el materialismo de la física se convirtieron en características esenciales de su filosofía, que estaba por entonces en su etapa formativa.

 

Durante su período de desarrollo intelectual, la escena política inglesa era una escena de continua crisis y agitación. Cuando la tensión entre el Parlamento y el Rey Carlos I estaba en su punto más crítico, Hobbes escribió un tratado político en el que defendía la doctrina de la soberanía absoluta del monarca. Él creía que la soberanía absoluta era una condición necesaria para una sociedad segura y pacífica, argumentando que si la autoridad suprema fuera limitada y dividida, como por ejemplo, entre el Rey y el Parlamento, sólo el caos podría resultar. Aunque no hizo ninguna referencia a la situación del momento, Hobbes pensó que se exponía a ser perseguido por el Parlamento, de manera que huyó a Francia. Durante este exilio autoimpuesto e innecesario (1640-1651), se dedicó a la investigación filosófica, fue tutor del futuro Carlos II, y escribió su importante tratado político Sobre el Estado (De Cive) en 1642, y su mayor obra filosófica, el Leviatán, en 1651.

 

Después de su retorno a Inglaterra, Hobbes permaneció alejado de la escena política, pero siguió escribiendo. El trabajo más significativo de este período fue De Homine (Sobre el Hombre), publicado en 1658. Aunque los trabajos de Hobbes muestran un trabajo académico fino, se distinguen particularmente por su penetración y originalidad.

PENSAMIENTO

Históricamente, Hobbes fue el primer filósofo que aplicó sistemáticamente los supuestos básicos de la ciencia del siglo XVII al comportamiento humano. Impresionado por los avances en “filosofía natural”, de Copérnico en astronomía, Galileo en física y de Harvey en fisiología, Hobbes intentó obtener resultados similares en otras ramas de la filosofía. Él entrevé la unificación de todas las ramas de la filosofía con el estudio de los cuerpos inertes, de los cuerpos vivos y de los cuerpos políticos. Convencido de que la clave del éxito de la física radica en su materialismo mecanicista -la idea de que todo se reduce en última instancia a cuerpos materiales en movimiento-, Hobbes extiende esta doctrina a la psicología y a la filosofía moral y política. Él cree que, aunque las distintas ciencias investigan diferentes asuntos, las leyes básicas de cada ciencia describen los movimientos de los cuerpos.

 

La filosofía moral de Hobbes está directamente relacionada con su teoría psicológica, en la cual sostiene una concepción mecanicista de la motivación humana. Hobbes se opone a la noción prevaleciente en su tiempo de que la mente y el cuerpo son sustancias diferentes, y sostiene que los fenómenos mentales no son más que movimientos fisiológicos. La acuciosa naturaleza de su psicología se hace más notoria en el análisis mecanicista de las acciones voluntarias. Para él, las acciones voluntarias son una variedad de “mociones animales”, que llama esfuerzos, o predisposición a actuar de cierta manera. Los esfuerzos son iniciados mecánicamente por estímulos sensoriales, aumentados por la acción de la imaginación y de la memoria, y guiados por una valoración cuidadosa de la situación. Los tipos más importantes de esfuerzos son los deseos y las aversiones. Los deseos lo mueven a uno a perseguir ciertos objetos, y las aversiones a evitar otros. Los esfuerzos no son solamente los determinantes principales de la conducta, sino también la base de las evaluaciones.

 

Evaluar objetos o acciones como buenas o malas no depende, insiste Hobbes, de nada más que de los deseos y aversiones. Ningún objeto o acción es intrínsecamente buena, esto es, buena por su propia naturaleza. Más bien, la gente llama buenos a los objetos de su deseo, y malos a los objetos de su aversión. Por lo tanto, los juicios o evaluaciones son transitorias y relativas a cada individuo. Los valores son transitorios, porque el deseo por un objeto puede cambiar a la indiferencia o incluso a la aversión: lo que es bueno en una ocasión puede en otra ser éticamente neutral o incluso malo. Los valores son relativos a los individuos, porque una persona puede amar un objeto en una situación y detestarlo en otra. El mismo objeto puede ser simultáneamente bueno, malo o indiferente.

 

Otra característica de la teoría psicológica de Hobbes es su concepción de la naturaleza humana como completamente egoísta. Él describe a las personas como siendo por naturaleza enteramente egoístas o desprovistas de auténticos sentimientos de simpatía, benevolencia o sociabilidad. Cada individuo está preocupado exclusivamente en la gratificación de sus deseos personales, y la medida de la propia felicidad es el éxito alcanzado en mantener un flujo continuo de gratificaciones. Hobbes llama poder al medio para alcanzar el objeto del deseo. Él sostiene que en un estado natural, los individuos son aproximadamente iguales en sus poderes físicos y mentales. Bajo estas condiciones, la competencia intensa elimina virtualmente todas las posibilidades de que los individuos alcancen la felicidad, y lo que es más serio, amenaza su propia supervivencia.

 

Hobbes cree que la razón apunta a la cooperación colectiva voluntaria como la manera más efectiva de que los individuos utilicen sus poderes. Cuando nuestro derecho a hacer lo que satisfaga nuestros deseos es elevado a la categoría de autoridad central, se dan las condiciones necesarias para nuestra supervivencia y felicidad. Cada individuo, en efecto, asegura: “Yo autorizo, y cedo mi derecho a gobernarme a mí mismo, a este hombre o a esta asamblea, bajo esta condición: que tú cedas también a tu derecho y autorices todas sus acciones en la misma forma en que lo hago yo”. Es a través de un “contrato social” que el estado de naturaleza se transforma en sociedad civil.

 

“Dícese que un Estado ha sido instituido cuando una multitud de hombres convienen y pactan, cada uno con cada uno, que a un cierto hombre o asamblea de hombres se le otorgará, por mayoría, el derecho de representar a la persona de todos (es decir, de ser su representante). Cada uno de ellos, tanto los que han votado en pro como los que han votado en contra debe autorizar todas las acciones y juicios de ese hombre o asamblea de hombres, lo mismo que si fueran suyos, al objeto de vivir apaciblemente entre sí y se protegidos contra otros hombres” (Leviatán, Cap. XVIII).

 

Con el establecimiento de la comunidad a través del contrato social, Hobbes dice que se dan las condiciones necesarias y suficientes para que se haga presente la moralidad. Lo que sea que vaya de acuerdo con la ley del soberano es correcto, mientras que lo que se desvía de ella es incorrecto. Hobbes establece por tanto la autoridad civil y la ley como el fundamento de la moral. Él argumenta que la moral requiere autoridad social, la cual debe estar en las manos del soberano. La voluntad de un poder soberano cuya autoridad es absoluta e indivisible constituye la única ley por la cual el comportamiento humano puede ser regulado apropiadamente. La moralidad, entonces, se basa en la ley -la ley del soberano absoluto-. Sólo con la institución de un gobierno que pueda premiar las acciones correctas y castigar las incorrectas es posible la conducta moral. Sin una autoridad civil, sería tonto y peligroso seguir los preceptos morales, mientras con ella, la moralidad se convierte en un “dictado de la razón”. En último análisis, actuamos correctamente sólo porque ello conduce a la seguridad individual, y la primera condición de la seguridad es el poder civil absoluto.

JEAN BODINO

BIOGRAFÍA

Nació en Angers, Francia, en 1530 y murió en Laon, en 1596) Economista y filósofo francés. Fue abogado del Parlamento de París, secretario del duque de Anjou (1571), lugarteniente general de la bailía de Laon (1584-1588) y procurador del rey (1588) en la misma sede. En su tratado Methodus ad facilem historiarum cognitionem (1566) defendió la importancia del conocimiento de la historia para la comprensión del derecho y de la política. Como economista se mostró favorable a la libertad de cambio y analizó, en Respuesta a las paradojas de M. de Malestrot (1568), el fenómeno del alza general de precios del siglo XVI, que relacionó con la llegada masiva de metales preciosos de América. Su obra más relevante es tal vez La República (1576), en la que defiende la monarquía absoluta, aunque sostiene que el soberano no es en ningún caso el dueño de los bienes de sus súbditos y que no puede establecer nuevos impuestos sin el consentimiento de los Estados Generales.

PENSAMIENTO

En la Edad Media el príncipe era considerado el soberano ya que sus súbditos no podían apelar a una autoridad más alta. Es hasta el siglo XVI cuando se construye sistemáticamente el concepto de soberanía con base en la presencia del Estado moderno, centralizado y burocrático, en el cual tal fenómeno constituyó una característica esencial. El Doctor Jorge Carpizo, al respecto, señala: "El Estado nacional nació con una característica antes no conocida: la idea de la soberanía. La soberanía es el fruto de las luchas sostenidas por el rey francés contra el imperio, la Iglesia y los señores feudales; este nacimiento del Estado soberano ocurrió a finales de la Alta Edad Media". En efecto, la presencia del Estado moderno dió nacimiento a una concepción nueva de ese poder, la cual surge con Jean Bodino en Les Six Libres de la République (París, 1576). Bodino, para designar ese fenómeno, dice:

"La souveraineté est la puissance absolute et perpetuelle d´une République que les latins apellent maiestatem."

Libro I, Cap. 8.

 

Así, para el pensador francés, soberanía es un poder absoluto y perpetuo. Por absoluto entendió la potestad de dictar y derogar las leyes, dejando claro que los príncipes están sujetos a las leyes comunes de todos los pueblos. El príncipe tiene el poder de dictar leyes civiles, nunca las divinas.

Entendió por perpetuo, el poder irrevocable, el poder por tiempo ilimitado.

Es claro que en la doctrina de Bodino no se piensa del soberano como un ente irresponsable, desligado de cualquier norma y arbitrario, sino en un príncipe que esté sujeto al Derecho, no sólo al que él hace, sino también a la ley divina, al derecho Natural, y a las leyes fundamentales del reino.

Pero el pensamiento de Bodino habría de ser deformado por autores que lo emplearon para probar que los Estados por su naturaleza, están encima del Derecho, que son omnipotentes. Calidad que automáticamente se le atribuyó al príncipe con la aparición de los Estados absolutistas, rompiendo con la noción tradiconal de que dicha figura estaba limitado por normas. Los escritores identificaron a la soberanía con el poder absoluto, con la omnipotencia.

La expresión legibus solutus no significa arbitrariedad del soberano, porque los príncipes de la tierra están sujetos a las leyes de Dios, de la naturaleza y al Derecho de gentes. Bodino distingue, nítidamente, entre Derecho y Ley, entre principio y precepto, y el soberano, a quien le compete dar las leyes a los hombres, no está sujeto, precisamente, a la Ley, aunque sí al Derecho divino, natural y de gentes".

 Así, entonces, para Bodino, los fenómenos de soberanía y el poder de hacer la ley son análogos y resultan además, inherentes a una persona; el príncipe. Empero, para Bodino el soberano es quien efectivamente gobierna, ya sea el príncipe, un grupo o el pueblo. Pero no hay que olvidar que Bodino era francés y admiraba a su rey por haber sido la monarquía la creadora de su Estado.

 La soberanía no se concibió en una doctrina o en una teoría, sino que fue producto de la realidad. Se afirma que Bodino era un observador de los hechos. Esto último puede ser comprobado si se toma en cuenta que él fue el primero en aceptar que ya había una nota esencial nueva en la organización política: la idea de la supremacía del gobierno nacional o central sobre el sistema descentralizado feudal de la Edad Media; el criterio de que debe haber una única fuente de toda ley.

La importancia de la teoría de Bodino radica en que ésta debe considerarse como aquél primer paso en la dirección de la autoridad central o nacional, trayendo el orden al caos medieval.

"La soberanía, en él, es la fuerza de cohesión, de unión de la comunidad política, sin la cual ésta se dislocaría".

Un acto derivado de esta tendencia fue la proclamación solemne de la soberanía nacional por los Estados Generales de Francia en 1789, que lejos de haber sido teoría, fue presente realidad.

Fueron los teóricos de la Revolución Francesa quienes identificaron a la soberanía con la voluntad del pueblo, fenómeno que hasta entonces parecía plástico y misterioso. La soberanía popular, que corriera con tanto éxito a lo largo del siglo XIX, que se constituyó en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y que condujo a la forma de gobierno constitucional.

Para Bodino, la ciudadanía consiste en la traslación empírica de la experiencia y sustrato natural que, desde la familia, conducía al individuo hacia un estadio superior. Este fenómeno se producía en un nivel asociativo, en el que el Pater Familiae se incorporaba a la cosa pública en condiciones de igualdad y dejando concientemente ciertos niveles de libertad, en favor del poder político soberano. Se presenta así que la libertad y la igualdad son dos condiciones para el acceso a la ciudadanía. Aquélla relativa y ésta tal vez absoluta (desde el punto de vista formal) en el ejercicio concreto.

La tesis de Bodino sobre el origen, carácter y alcances de la ciudadanía puede resumirse en los siguientes puntos:

  • La persona que, motu propio, traspasa el límite de las relaciones familiares, de derecho privado, para incorporarse al cuerpo social y político, regentado por un soberano, suspendiendo la libertad absoluta de la que está investido.

  • Aquella persona que se incorpora a la actividad pública es igual, desde ese mismo momento, a todas aquellas otras personas que ingresan a la esfera de lo público. En este contexto, la igualdad es la premisa básica de la ciudadanía. Bodino avizora con realismo que existe una igualdad formal, pero que no se puede negar, asimismo, una desigualdad fáctica, de hecho, que surge como resultado de las diferencias en la tenencia de bienes.

  • Un tercer elemento a tener en cuenta tiene relación con la forma de acceder a la ciudadanía. Para Bodino, la ciudadanía se adquiere, básicamente, por nacimiento y por incorporación. Es en este planteamiento en el que surgen, todavía precariamente, la noción nacionalidad y naturalización.

El pensamiento de Bodino es fundacional respecto del concepto de ciudadanía. El concepto se irá complejizando por factores históricos y por la interacción entre las nociones y las realidades diversas. Uno de los primeros que añade argumentos centrales para la construcción del concepto es John Locke, de cuyos estudios puede deducirse que la ciudadanía es una consecuencia natural de la conformación del Estado moderno. Es en la ciudadanía en donde los estamentos encuentran las formas más adecuadas para defender la tenencia y propiedad.

LA CONSTITUCIONALIDAD CONTEMPORÁNEA DE SU PENSAMIENTO

El pensamiento de los autores que he comentado se ha expresado a lo largo de la Historia de diversas maneras y han influido en casi todos los ordenes políticos posteriores, aunque el de más interés para los españoles es la Constitución de 1978, sus influencias se ven en:

Nicolás Maquiavelo

Art. 1.1 “ España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.”

En este artículo aparece el Estado moderno como engranaje de las relaciones sociales y la necesidad de que los hombres vivan en libertad. Esta búsqueda de libertad implica los otros valores que introduce el artículo, así pues tras la consecución de la libertad se podrán desarrollar el resto de los valores. Éste es el tipo de estado ideal proclamado por Maquiavelo.

Art. 9.2 “ Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.”

Los poderes públicos aquí referidos se representan en la figura de El Príncipe; pues éste es el encargado de superar todos los obstáculos. El Príncipe es el político mejor dotado para ejercer el poder y por ello utilizará su poder para obtener el bien común y, por tanto, solventar todos los obstáculos.

Art. 16.3 “ Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.”

Otra de las grandes aportaciones de Nicolás Maquiavelo a la política es la separación entre la Iglesia y el Estado. Esta separación se ve claramente reflejada en este artículo, en el que se ve que España queda configurada como un estado laico.

THOMAS HOBBES

Art. 6 “ Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos.”

Arts. 66-80 “Las Cortes Generales representan al pueblo español (...) (Art.66). (...) Las sesiones plenarias de las Cámaras serán públicas, salvo acuerdo en contrario de cada Cámara, adaptado por mayoría absoluta o con arreglo al Reglamento. (Art.80)”

Los artículos señalados, aunque a primera vista no apreciamos el contrato social se entrevé. Pues tal y como dices Hobbes el pueblo limita sus poderes otorgándoselos a un ente superior, que se transformará en el regidor de su vida, que es lo que hoy denominamos las Cortes.

(“Este contrato social de Hobbes implica en sí el contrato político, justificándose el uno con el otro. Dícese que un Estado ha sido instituido cuando una multitud de hombres convienen y pactan, cada uno con cada uno, que a un cierto hombre o asamblea de hombres se le otorgará, por mayoría, el derecho de representar a la persona de todos (es decir, de ser su representante)”(Leviatán Cap. XVIII)).

JEAN BODINO

Preámbulo “ La Nación española, deseando establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran, en uso de su soberanía, proclama...”

Art. 1.2 “ La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que manan los poderes del Estado.”

Art. 2 “ La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía a las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre toda ellas.”

Los artículos seleccionados nos muestran brevemente el pensamiento de Bodino pues expresan su pensamiento en cuanto a la soberanía y en cuanto a la unidad. “La soberanía es la fuerza de cohesión, de unión de la comunidad política...” sin la cual el Estado no podría mantenerse. La base de la soberanía es la ciudadanía. La unidad para Bodino es muy importante, pues él piensa que el Estado, para poder mantenerse y sobrevivir ha de estar unido.

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