Luis Cernuda, Dámaso Alonso y Rafael Alberti

Literatura. Las nubes. Con las horas contadas. Estudios y ensayos gongóricos. Hijos de la ira. El adefesio

  • Enviado por: Loli Fernández Cabrera
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 4 páginas
publicidad

LUIS CERNUDA

Luis Cernuda (1902-1963), poeta español, uno de los más destacados de la generación del 27.

Nació en Sevilla, hijo de un padre militar, y se educó en un ambiente de rígidos e intransigentes principios. Empezó a estudiar Derecho en la Universidad de Sevilla y allí conoció a Pedro Salinas, que fue su profesor. En los años veinte se traslada a Madrid, donde entra en contacto con los ambientes literarios de lo que luego se llamará Generación del 27. Pasa un año como lector de español en la Universidad de Toulouse. Al proclamarse la República, la recibe con ilusión, y siempre se mostrará dispuesto a colaborar con todo lo que fuera buscar una España más tolerante, liberal y culta. Durante la Guerra Civil participó en el II Congreso de Intelectuales Antifascistas de Valencia, y en 1938 fue a dar unas conferencias a Inglaterra, de donde ya no regresó a España, iniciando un triste exilio: Inglaterra, Escocia y, desde 1952, México. Su primera obra, Perfil del aire (1927), estaba en la línea de la poesía pura. De su estancia en Francia surgió Un río, un amor (1929) influido por el surrealismo. Donde habite el olvido (1934) es un libro desgarrador por la sinceridad con la que aborda el fracaso amoroso. Desde 1936 agrupa toda la poesía que va produciendo bajo el título La realidad y el deseo, al que va añadiendo poemas. En el exilio publicó Las nubes (1962), Con las horas contadas (1950-1956) y Desolación de la quimera (1962). También escribió interesantes ensayos literarios y colaboró en revistas y periódicos como Excélsior o Novedades. Murió en la ciudad de México.

DÁMASO ALONSO

Dámaso Alonso (1898-1990), poeta crítico literario y filólogo español que perteneció a la generación del 27. Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras. Antes de la Guerra Civil española estudió en el Centro de Estudios Históricos de Madrid y participando a la vez en las actividades literarias e intelectuales de la Residencia de Estudiantes donde coincidió con: Federico García Lorca, Luis Buñuel y Salvador Dalí. Colaboraba en la Revista de Occidente y en la poética Los Cuatro Vientos. Para reivindicar la poesía de Góngora preparó todo un aparato teórico en su edición crítica de las Soledades (1927), cuya fecha de publicación da nombre a la generación del 27. Fue catedrático de la Universidad de Valencia y posteriormente catedrático de Filología Románica en la Universidad de Madrid. En 1945 ingresó en la Real Academia Española, de la que llegó a ser director, y en 1959 en la Academia de la Historia. También recibió el Premio Cervantes.

En Dámaso Alonso confluyen sus tres vocaciones: profesor, investigador y crítico literario, y la de poeta. Como poeta, existen dos momentos bien diferenciados, el de la poesía pura de ecos juanramonianos; a esta época pertenecen Poemas puros, poemillas de la ciudad (1921). A partir de 1939 y conmovido por los acontecimientos que se viven en España, desgarra el panorama literario con su obra Los hijos de la ira (1944), a la que siguen entre otras Hombre y Dios (1955) y Oscura noticia (1959), dos libros poéticos de ecos existencialistas y donde es visible la influencia de la obra de Joyce. A esta etapa también pertenece la mayor parte de su labor didáctica e investigadora, de la que son exponentes: La poesía de san Juan de la Cruz (1942), Poesía española: Ensayo de métodos y límites estilísticos (1950), Estudios y ensayos gongoricos (1955). En estos trabajos centra su esfuerzo por situar la critica literaria en el ámbito de la lingüística. Fundó la colección Biblioteca Románica Hispánica y ha sido director de la Revista de Filología Española. Su tarea como académico centró su esfuerzo en organizar encuentros periódicos con las academias para un trabajo común que evitase o retrasara la temida fragmentación lingüística de la lengua española.

RAFAEL ALBERTI

Rafael Alberti (1902- ), poeta y dramaturgo español, nacido en Puerto de Santa María (Cádiz).

Inicialmente se dedicó a la pintura. Se trasladó a Madrid con su familia, consiguió el Premio Nacional de Literatura, en 1925, por el primer libro que publicó, Marinero en tierra. Se trata de una obra de un refinado popularismo donde universaliza el mar, que llega a ser un mito. En 1926 apareció La amante, relato poético de un viaje en automóvil, al que sigue un nuevo libro de poemas, El alba del albañil, al año siguiente. Las tres obras se inscriben dentro de la tradición de los poetas anónimos del Romancero y Garcilaso de la Vega, aunque con una sensibilidad de poeta vanguardista.

En 1929 tuvo lugar un cambio importante en su poesía, cuando publicó Cal y canto, influida por Luis de Góngora y el ultraísmo. También en ese mismo año Sobre los ángeles. Considerada su obra maestra, es una alegoría surrealista en la que los ángeles representan fuerzas dentro del mundo real. Producto de una intensa crisis personal relacionada con lo que el propio poeta califica de “amor imposible” y los “celos más rabiosos”, contiene imágenes que suponen altas cumbres poéticas. Sus tonos apocalípticos se prolongaron en Sermones y moradas (1930).

La tendencia surrealista, que llevaba a Alberti a introducir asuntos personales en el ámbito de las cuestiones históricas, supuso en él una inclinación hacia el anarquismo, como demuestra su elegía Con los zapatos puestos tengo que morir, de 1930. Posteriormente se afilió al Partido Comunista español, y publicó hasta 1937 un conjunto de libros que el autor denominó El poeta en la calle, aparecidos conjuntamente en 1938. También de la misma época sus obras de teatro, entre las que destaca Fermón Galán (1931). Posteriormente, y dentro de la misma línea de carácter surrealista y político, sus obras teatrales más conocidas son El adefesio, de 1944, y de 1956 Noche de guerra en el Museo del Prado.

Con su compañera, la también escritora María Teresa de León, se vio obligado a exiliarse después de la derrota de la República en la Guerra Civil Española. Vivió en Argentina hasta 1962. A partir de ese año residió en Roma, y no regresó a España hasta 1977, siendo elegido diputado por la provincia de Cádiz. Obtuvo el Premio Cervantes en 1893. El poeta recoge su vida durante los años de destierro en La arboleda perdida (1859 y 1987).

Entre la poesía no política en Alberti, posterior a 1939, destacan Entre el clavel y la espada, de 1941, y A la pintura, de 1948, un brillante intento de describir un arte en términos de otro. En Retornos de lo vivo lejano, de 1952, y Baladas y canciones del Paraná, libro de poemas publicado el año siguiente, incluye canciones muy cercanas a las de Marinero en tierra que ofrecen un universo nostálgico del que no está ausente la ironía. Algo que vuelve a ocurrir en el primer libro que publicó a su regreso a Europa, Roma, peligro de caminantes, 1968. Al lado de estos poemarios, están los poemas más estrictamente políticos inspirados por las circunstancias, como las muy conocidas Coplas de Juan Panadero, de 1949, y La primavera de los pueblos, de 1961.

También cabe destacar entre la copiosa y desigual producción de Alberti posterior a su regreso a España, el libro de carácter erótico de 1988 Canciones para Altair.

CONTEXTO HISTÓRICO

Vanguardia, movimientos literarios renovados que se desarrollaron en la primera mitad del siglo XX en Europa y América.

La acepción de la palabra vanguardia pertenece al lenguaje militar. En Francia comenzó a usarse aplicada a la politica entre los socialistas utopicos hasta que se adquirió, con Karl Marx y Friederich Engel, el sentido de minoría esclarecida encargada de conducir la revolución. Posteriormente se desarrollo el concepto entre los movimientos artísticos que se proponían romper con las convenciones estéticas vigentes. La política y las artes han compartido desde entonces, unidas o relativamente separadas, el uso de la palabra vanguardia. Tanto España como los piases americanos se harán eco y reelaboraran las vanguardias surgidas sobre todo en Francia, en Alemania e Italia.

El 20 de febrero de 1909 Filippo Marinetti difunde su manifiesto futurista. En la década siguiente, y debido el impacto que produce el estallido de la Primera Guerra Mundial, surgen el expresionismo en Alemania, el dadaismo y el cubismo. De la redacción de los principios estéticos de este ultimo tanto en pintura como en literatura se encargan Pablo Picasso y Guillaume Apollinaire (1880-1918), autor de Alcoholes, de Caligrama y de Las tetas de Tiresias, obra en la cual utiliza por primera vez en 1918 el termino surrealista, movimiento que tendrá su primer manifiesto en 1924.

  • Primeras repercusiones y otros ismos

  • Un año después de lanzado el manifiesto futurista, Ruben Darío, máximo representante del modernismo literario, replica a Marioneta diciendo que la palabra “futurismo” ya había sido empleada por el poeta catalán Gabriel Alomar en 1904 y preguntándose si ciertos principios, como el culto de la velocidad, de la energía y de los deportes no estaban ya en Homero y Pindaro; si no habría que releer el manifiesto romántico de Víctor Hugo, incluido como el prologo del Cromwell, sobre todo cuando reivindica lo “grotesco” y la mezcla de géneros; si, como dice Marinetti, la “guerra” es la única “higiene del mundo”, ¿Qué pasa con la peste? Punto de vista el de Darío sumamente lucido, aun más si se piense en como el fascismo supo absorber de la proclama de Marinetti el culto del valor, de la energía y de la temeridad a toda costa. Tanto el chileno Vicente Huidrobo como el argentino Jorge Luis Borges y el brasileño Mario Andrade verán con reparos las veleidades futuristas, sin negar algunos de sus aspectos estimulantes. En 1916 Juan Ramón Jiménez había escrito Diario de un poeta recién casado, texto que señala un cambio en su evolución posterior y en la de la poesía española. Pero ese es el año 1918 el que marca un hito importante en el desarrollo de las vanguardias en España y en América. En este año viajo a Madrid Vicente Huidrobo, poeta chileno que defendía el creacionismo, según sus propias palabras de 1912 y comparo este movimiento con el imaginismo inglés-americano de Ezra Pound, dando ejemplos del dadaista Tristán Tzara y Francis Picabia entre otros. El conflicto entre la naturaleza y el arte (ya Oscar Wilde había dicho “la naturaleza imita al arte”) se resuelve en Huidrobo al decir que el poeta ha de crear su poema como la naturaleza crea un arbol.

    Los últimos meses de 1928 comienzan las tertulias de Rafael Cansinos-Assens, rodeado de jóvenes (poetas y aspirantes a poetas) en el Café Colonial de Madrid. son los gérmenes del ultraísmo, movimiento ultraromántico (Cansinos dixit) que reniega de lo viejo (el modernismo), de la oratoria y la retórica, de los prejuicios moralistas o académicos y defiende, proclamando que la guerra no ha servido para nada, un estar “adelante siempre en arte y en política, aunque vayamos al abismo”, construyendo la fraternidad universal a través de nuevas estéticas, siempre “subversivas y heréticas” porque “atacan al régimen y a la religión”.

    Lo nuevo se revelo en una mezcla de influencias: desde el dadaismo y el expresionismo, hasta el futurismo y el cubismo. El ultraísmo se expreso sobre todo a través de revistas, en la que publicaban el circulo de Cansinos Assens. Estuvieron ligados al ultraísmo Jorge Luis Borres, quien mas tarde se arrepentiría de sus devaneos; Ramón Gómez de la Serna cuyas greguerías estaban muy próximas al culto de la imagen sorprendente e ingeniosa, quien escribió, bajo el seudónimo de Tristán, una “proclama futurista a los españoles”; Guillermo de Torre, en quien abundan los neologismos, las imágenes cinemáticas, el abandono de los signos de puntuación, los juegos con la disposición tipográfica; y además Gerardo Diego, Cesar Vallejo y Juan Larrea.

    El ultraísmo, a través de Borges se difundió en Argentina, y a él estuvo ligado Oliverio Girondo, quien escribió el manifiesto de la revista Martín Fierro, que comenzaba diciendo “contra la impermeabilidad y hipotámica del honorable público ”y afirmaba la importancia de lo propio sin perder de vista la influencia de otras culturas, razonamiento muy semejante a los modernistas brasileños del manifiesto Antropofágico- hay que absorber al otro, al “enemigo sacro”-, desde Oswald de Andrade al “reino del mestizaje” de Paulo Prado.

    También en México hubo una versión peculiar del ultraísmo: el estridentismo de Manuel Maples Arce, Germán Lito Arzubide y Salvador Gallardo cuyo primer manifiesto incluye los nombres Cansinos Assens, Borges, Gómez de la Serna, Guillermo de Torre y otros, proponía un sincretismo de todos los movimientos y mandaba a “Chopin a la silla eléctrica”. Ya el poeta mexicano Enrique González Martínez escribía en 1911 su soneto antimodernista “Tuércele el cuello al cisne”. En Puerto Rico hubo manifiestos euforistas (Vicente Pales Matos y Tomás L. Batista) y uno atayalista (C. Soto Vélez). Las relaciones entre arte y política se desarrollaron a través del conflicto entre nacionalismo y cosmopolitismo (Boedo y Florida en Argentina o el negrismo en Cuba).

    .

    Generación del 27

    - 1 -