Los Infantes de Lara

Literatura española (castellana) medieval. Romancero. Hazañas de Don Rodrigo

  • Enviado por: Ignacio Anton Aguilar
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 4 páginas
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Los Infantes de Lara

Hazaña de Don Rodrigo

Los Infantes de Lara
Érase una vez, en las tierras de Calatrava, una gran pelea entre castellanos, Moros. Con gran furor los de Castilla derribaron gran parte de Guadiana, mientras los Moros huían. Rodrigo fue muy importante en esta pelea, ya que con su escudo, y su espada, logró vencer a varios de estos. Al volver, victorioso, le pidió al conde Fernán Gonzales la mano de doña Lambra.

Los Infantes de Lara

Las Bodas y Los convidados

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Una vez, ya arreglado el matrimonio de don Rodrigo de Lara y doña Lambra, los festejos duraron siete semanas. Primero fueron en Burgos, en la casa de la novia, y luego en Salas. Tanta gente asistió a estas, que ya no entraban en las posadas. Cuando llegaron los siete infantes de Lara, su madre doña Sancha, hermana de don Rodrigo, salió a recibirlos. Les dijo que encontrarían alojamiento en los barrios de Calatarrana, y les advirtió que luego de haber comido no salieran a la plaza, ya que estaba colmada de gente.

Tablados e Insultos

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Una semana antes de que terminen las bodas, Don Rodrigo mandó a construir un escenario. Mientras doña Lambra armaba estos, muchos caballeros vinieron. Entre ellos se encontraba uno de los Córdoba la Llana, el cual con su caballo, cogió una vara y la arrojó, dándole así a las tablas. Luego dijo:

- Amen señoras, como son amadas, que cualquier caballero de Córdoba la Llana vale mas que cinco de los de Flor de Lara.

Doña Lambra al oír esto le dijo que si ella no estuviera casada, le entregaría su cuerpo. Doña Sancha, muy enojada, dijo:

- Callate, Alambra, no digas semejantes palabras, que si mis hijos te oyen, habrá grandes peleas.

Lara le respondió

- Callate vos, que paristes siete hijos, como un chancho, en un corral.

Uno de los caballeros que estaba por ahí, oyó esto, y fue llorando a los palacios donde estaban los infantes. Estos se encontraban jugando y no le prestaron atención, salvo el menor de ellos, Gonzalillo, el cual le preguntó que le pasaba. El caballero, le contó todo, y a todo esto, salió para la plaza, donde se encontraba doña Lambra. Al llegar, con su caballo, tomo una vara, y la arrojó pegándole así a las tablas. Luego dijo:

- Amen, lindas damas, como son amadas, que más vale un caballero de los de la Flor de Lara que treinta de los de Córdoba.

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Luego dirigiéndose a doña Lambra le dijo que se cuidara de él, porque si la encontraba diciendo, las mismas cosas que había dicho, lo mataría.

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Quejas de Doña Lambra

Doña Lambra muy enojada, fue a los palacios, donde se encontraba de Rodrigo. Le dijo que los infantes la habían amenazado de muerte y que si no tomaba ninguna medida se iría a quejar al moro Almanzor. Don Rodrigo le prometió vengarse y se fue a los palacios, para buscar al conde.

Traición de Rodrigo

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Al encontrar al conde, Rodrigo le dijo que le convenía matar a los infantes, y así apoderarse de Castilla y de Salas. Pero el conde lo rechazó, ya que tenía buena relación con estos, puesto que antes lo habían ayudado en la batalla de Cascajar. Al salir de él palacio, se encontró con Gregorio, un sacerdote honrado. Lo llevó a la iglesia, le contó su secreto y lo hizo jurar que no lo revelaría. Luego de esto, le escribió una carta al Rey moro para que le enviara siete reyes al mando del moro Aliarde, a campos de Palomar. Allí, les mandaría a los infantes de Lara para que los maten. Luego, el conde fue a hablar con los infantes, para que fueran a recibir a los moros a campos de Palomar. Les dijo que fueran solos y sin armaduras, pero Gonzalillo se opuso, ya que el había jurado ir a todos lados armado.

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Don Rodrigo espera a los Infantes

En las sierras de Altamina, Rodrigo esperaba a los hijos de su hermana. Como estaba muy impaciente juró sobre su espada que matarían a los que los detuviesen. Dirigiéndose hacia el lugar acordado, los infantes fueron detenidos y aconsejados por Nuño Salido. Luego continuaron con su viaje, donde su tío los esperaba.

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Nuño Salido intenta disuadirles

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Nuño salido tuvo un presentimiento e intentó convencer a los infantes de que no fueran al lugar, ya que había siete moros armados, esperándolos para matarlos. Y les rogó que no cruzaran el río porque el que lo hiciera no volvería jamás. A todo esto los infantes no le hicieron caso y cruzaron igual. Nunca mas se supo de ellos.