Literatura española y europea del Siglo XX

Modernismo español. Novecentismo. Generación del 98 y 27. Literarios europeos contemporáneos. Poesía, novela y tetro europeo. Nacionalismo alemán

  • Enviado por: Darwin Machado
  • Idioma: castellano
  • País: Colombia Colombia
  • 23 páginas

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LITERATURA ESPAÑOLA DEL SIGLO XX

En este siglo se produce una nueva edad de oro de las letras españolas . Principalmente debido a tres generaciones de escritores :

La Generacíón de 98 , influida en sus orígenes por el modernismo de Rubén Darío, los Escritores Novecentistas cuyo autor más destacado es el filósofo Ortega y Gasset , y la Generación del 27 que tiene su modelo en Juan Ramón Jiménez.   

El Modernismo 
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Se llama modernismo al movimiento poético introducido por Rubén Darío , a su vez  influenciado por los simbolistas franceses ,Verlaine , Mallarmé ....

Rubén Darío llegó a España como delegado americano en la fiesta del centenario colombiano.Para entonces ya había alcanzado el éxito con su librode poemas Azul.Después residió en París,donde recibió la influencia de los escritores simbolistas ,adaptando sus formas al castellano. Allí escribió sus : ProsasProfanas. A su regreso a España en 1.999 era ya considerado un maestro por los jóvenes escritores españoles, que sentían mágica la sonoridad de sus versos .

Rubén provocó una auténtica renovación en las letras españolas, adaptando las formas simbolistas, frente al arte realista de los escritores de la Restauración ; como hizo en su día Garcilaso de la Vega, adoptando las formas del Renacimiento .

El modernismo se caracterizó principalmentepor :

-Adopción del verso alejandrino  francés 
-Utilización del pié latino en el verso libre 
-Uso de formas métricas medievales 
-Profusión de imágenes y metáforas

Un grupo de escritores influenciados por el Modernismo , van alejándose paulatinamente de esta tendencia,al tiempo que adoptan una actitud crítica. 

GENERACION DEL 98 
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En esta fecha se produce el desastre militar de Cavite y de Santiago de Cuba  y se firma el tratado de París por el que España pierde sus últimas colonias .

Este sería el hecho generacional que unió a  una  serie de escritores preocupados por  la  decadencia de España .

El núcleo de escritores que la integraban estaba constituido por : Azorín , Baroja , Unamuno , AntonioMachado, y Maeztu. También se puede citar a Valle Inclán y Jacinto Benavente .

Tuvieron un precusor en su actitud crítica en  Angel Ganivet , que en su obra Idearium español somete a análisis las causas de la decadencia de España y resalta el caracter estoico y senequista de nuestra cultura .

Los rasgos más destacados en la personalidad y en la obra de éstos escritores , son :

- Idealismo exaltado frente al materialismo anterior.

- Amaban una España distinta de la que contemplaban.

- Ven a Castilla como el núcleo  aglutinador.

- Miran a la época posterior a la de los Reyes Católicos, para buscar la verdadera esencia de España.

- Con la madurez la crítica se va  dulcificando. Entonces ya la realidad no importa , lo que importa es nuestro ensueño ( Azorín )

- En cuanto al estilo literario se caracteriza por la sencillez, sinceridad,y expresividad

ESCRITORES NOVECENTISTAS 
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Hacia 1.910 surge un nuevo grupo de escritores  con nuevas ideas respecto a los anteriores :

Adoptan una actitud más serena, menos pesimista  y crítica .

En la poesía ,la  forma se depura, se desprende de la  retórica para dar lugar a creaciones intimistas y emotivas .

Destacan pensadores y ensayistas en todos los campos, historia, filosofía, medicina, filología ...

Los principales autores de este grupo son: Don José Ortega y Gasset, Eugenio d´Ors, Perez de Ayala, Gabriel Miró ,Ramón Gómez  de la Serna ,Concha Espina ...

GENERACIÓN DEL 27 
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Este año se celebró el centenario de Gongora. El hecho generacional sería la defensa que hicieron del poeta cordobés, proscrito por los críticos del diecinueve.

Los escritores que la integran son:
Federico García Lorca, Rafael Alberti, Gerardo Diego , Jorge Gillén,Dámaso Alonso,Miguel Hernandez . 
Casi todos tienen la misma edad y una formación similar

Se caracterizan principalmente por :
-Admiración a la poesía de J.R. Jiménez

-Culto por la metáfora

-Temática deshumanizada, represión de los sentimientos, culto a la belleza, a la estética.

ESPAÑA SIGLO XX

En el siglo XX la corriente literaria iniciada por la generación del 98 se apagó por un tiempo durante la Guerra Civil (1936-1939), cuando la mayoría de los intelectuales fueron silenciados u obligados a tomar el camino del exilio, pero recuperó su vigor después de la II Guerra Mundial. Véase Literatura española del exilio.

La sensibilidad y la absoluta pureza formal, en las obras de los escritores de comienzos del siglo XX, caracterizan la poesía de Juan Ramón Jiménez, quien obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1956. El filósofo y ensayista José Ortega y Gasset, maestro de la prosa, es muy conocido como uno de los principales intérpretes del espíritu de su época. Otros escritores destacados de este periodo son el novelista, poeta y crítico Ramón Pérez de Ayala; el novelista y ensayista Gabriel Miró; el novelista, dramaturgo y crítico Ramón Gómez de la Serna —autor de las greguerías—, que fue el máximo exponente del vanguardismo y el expresionismo literario en España; el crítico y ensayista Eugeni d'Ors; los ensayistas Salvador de Madariaga y Gregorio Marañón; y el crítico y catedrático Ramón Menéndez Pidal.

Poesía

Una brillante generación de poetas, conocida como la generación del 27, floreció a finales de los años veinte y durante toda la década de los treinta. El más conocido de estos poetas es Federico García Lorca, quien dio expresión al espíritu popular de España en sus poesías y obras teatrales. Otros poetas destacados de esta generación son Jorge Guillén, Rafael Alberti y Vicente Aleixandre. La obra de Guillén se agrupa, bajo el título de Aire nuestro, en tres libros: Cántico, Clamor y Homenaje. Guillén tuvo que exiliarse por motivos políticos en 1939, y sus versos reflejan un pesimismo creciente. Aleixandre, que obtuvo el Premio Nobel en 1977, ejerció una considerable influencia sobre otros poetas españoles. Su obra poética, que comienza con Ámbito (1928), adapta con inmensa creatividad la experiencia renovadora del surrealismo. Antología total (1975) es la más reciente colección completa de sus obras. La influencia de esta formación generacional se reflejó en poetas como César Vallejo, Pablo Neruda, Vicente Huidobro y Octavio Paz, entre otros. Al grupo al que en ocasiones se hace referencia como generación del 36 pertenecen Germán Bleiberg, Carmen Conde, Luis Felipe Vivanco, Leopoldo Panero, Luis Rosales, Dionisio Ridruejo y, así también, Miguel Hernández, quien fue elogiado de forma unánime tras la publicación de El rayo que no cesa (1936). La generación del 36 se caracteriza por la expresión de su fe religiosa y por su intimismo. Fueron poetas disconformes con la situación política y social creada tras la Guerra Civil española, pero que en vez de enfrentarse con el régimen establecido optaron por una poesía personal y sincera sobre la naturaleza, la fe religiosa y otros temas íntimos.

Nueve poetas dominan la generación que sucede a la de 1936; se trata de Rafael Morales, Vicente Gaos, Carlos Bousoño, Blas de Otero, Gabriel Celaya, Victoriano Crémer, José Hierro, Eugenio de Nora y José María Valverde. El verso de Hierro representa el antiesteticismo, el compromiso social y la preocupación por España que caracteriza al grupo en su conjunto. Otras características del grupo son: 1) poesía subjetiva del individuo en conflicto con el mundo exterior, como en los poemas iniciales de Blas de Otero; 2) actitud realista —ni trágica ni exasperada, sino serena y de religiosidad íntima—, como en la obra de Valverde y la poesía última de Blas de Otero; y 3) tendencias objetivas y poesía social, como en la obra de Gabriel Celaya, Victoriano Crémer y Eugenio de Nora. En la poesía actual española todavía hay dos generaciones encontradas con las nuevas de expresiones. Poetas que se iniciaron en los años cincuenta aún dominados por los temas sociales, pero que pronto se centraron en una poesía estética —con toques surrealistas, intuitivos y personales, y que se les conoce como la generación del 50. De este grupo formaron parte José Manuel Caballero Bonald, Ángel Crespo, Jaime Gil de Biedma, Claudio Rodríguez o Félix Grande. Los escritores que se dieron a conocer a finales de la década de 1960 significaban modernidad e intuición estética, en especial el grupo de los Novísimos, como Félix de Azúa, Pere Gimferrer, Antonio Martínez Sarrión, Leopoldo María Panero entre otros. A partir de 1980 —por marcar una referencia— la poesía española se ha hecho individual, fuera de grupos y escuelas. Cada creador se afirma y busca su expresión lingüística y estética, pero sin enfrentamientos con las generaciones y tendencias anteriores, como Blanca Andréu, aunque dentro de esta libertad creadora individualista también surgen los poetas que mirán atrás, tratando de establecer lazos con los mayores y moviéndose en grupos, como Luis García Montero. Es difícil, por no decir imposible, fijar criterios de unidad estilística con criterios clásicos por falta de perspectiva histórica y por la convivencia en la actualidad de géneros y estilos.

La novela

La novela es el género más floreciente de la literatura española contemporánea. Max Aub es autor, entre otras obras, de El laberinto mágico —amplio panorama sobre la guerra civil— y La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco (1960). Una de las mejores novelas de Francisco Ayala, crítico y sociólogo además de novelista, es Muertes de perro (1958), que describe el mundo esperpéntico de una dictadura americana. Las novelas La familia de Pascual Duarte (1942), de Camilo José Cela, y Nada (1944), de Carmen Laforet, figuran entre las más destacadas de un nuevo tipo de realismo conocido como tremendismo, que se caracteriza por la presencia del antihéroe y la insistencia en los aspectos más sórdidos y desagradables de la vida. Cela, galardonado con el Premio Nobel en 1989, ha escrito novelas de estilos muy diferentes y es también conocido por sus libros de viajes. La colmena (1951) es para algunos su mejor novela.

Una variante más tradicional de realismo es la que representan las obras de escritores como Ignacio Agustí, a quien se debe el ciclo La ceniza fue árbol, centrado en la burguesía de Cataluña, y José María Gironella, autor de Los cipreses creen en Dios (1953), que inauguró una saga de conflictos familiares que simbolizan las disputas políticas que condujeron a la Guerra Civil española. Miguel Delibes destaca por sus libros de viajes y novelas realistas, entre las que sobresalen La sombra del ciprés es alargada (1948) y Cinco horas con Mario (1966). Ana María Matute, que ingresó en la Real Academia Española en 1996, y que suele emplear un realismo exagerado pese a sus arranques líricos, encuentra en la infancia uno de sus temas habituales y es autora de libros como Los niños tontos (1956) y Primera memoria (1959). El Jarama, de Rafael Sánchez Ferlosio, es una novela objetiva en extremo, de estilo innovador en su época que su autor no tardaría en abandonar. Las novelas de Juan Goytisolo abordan problemas existenciales y son un alegato contra el vacío histórico de la sociedad española; entre sus obras más famosas se encuentran Reivindicación del conde don Julián (1970) y Paisajes después de la batalla (1982). Entre las novelas de Ramón J. Sender, considerado por algunos como el novelista más importante de esta generación, se incluyen Mr. Witt en el cantón (1935), Crónica del alba (1942) y Réquiem por un campesino español (1960).

El mismo proceso que llevó la poesía posbélica se dio en la narrativa. Pero en este caso las influencias foráneas desde James Joyce a William Faulkner, John Dos Passos, Franz Kafka o André Gide supusieron innovaciones temáticas y estilistas cuyo resultado fue una rica diversidad de obras y autores, de tal manera que se puede afirmar que de “los cinco millones de procedimientos que hay para contar una historia” —según Henry James— se están empleando todos. Entre los autores importantes de la narrativa actual, sin que ello suponga detrimento para los no nombrados, cabe citar a Alfonso Grosso, Juan Marsé, Mercedes Salisachs, Eduardo Mendoza, Aquilino Duque, Lourdes Ortiz, Luis Mateo Díez, Julián Ríos, Adelaida García Morales, Arturo Pérez-Reverte, Almudena Grandes, Mariano Antolín Rato, Quim Monzó o Rafael Chirbes, entre otros.

Teatro y ensayo

Dejando a un lado las tragedias líricas y simbólicas de García Lorca, el teatro moderno español no ha estado a la altura de los otros géneros. Cabe citar entre los dramaturgos a Alejandro Casona, de cuyo simbolismo es muestra La dama del alba (1944), y a Antonio Buero Vallejo, cuya Historia de una escalera es un buen ejemplo de su teatro realista con alusiones existencialistas. También son dignos de mención Alfonso Sastre, autor de Escuadra hacia la muerte (1953), Miguel Mihura y Fernando Arrabal, polémico autor, cuyas primeras obras, que él denominó “pánicas”, revolvieron la escena española. Véase también Teatro español.

En el terreno del ensayo, Julián Marías, discípulo de Ortega y Gasset, hizo algunas contribuciones importantes al género durante la posguerra. Américo Castro, Dámaso Alonso y Joaquín Casalduero son algunos de los críticos literarios más destacados. Entre la multitud de eminentes ensayistas contemporáneos se encuentran José Gaos, Pedro Laín Entralgo, José Ferrater Mora, María Zambrano, José Luis López Aranguren, Francisco Ayala, Guillermo Díaz Plaja, Ricardo Gullón y Guillermo de Torre.

LITERATURA EUROPEA

LITERATURA ITALIANA DEL SIGLO XX

La literatura italiana del siglo XX muestra una gran variedad de formas y temas. Gran parte de ella refleja las experiencias de los años del fascismo, mientras que, desde el final de la II Guerra Mundial, fue el realismo social el estilo dominante durante años, hasta que fue sustituido por una corriente profundamente introspectiva tanto en la poesía como en la prosa.

1) Escritores de transición entre el siglo XIX y el XX

Con el país definitivamente unido bajo una sola bandera, el intento de expansión territorial hacia las colonias se convirtió en el objetivo primordial de la política italiana en los años que marcaron el cambio de siglo. En la literatura, una vez apagados los fervores nacionalistas, el interés de los autores se desplazó desde los asuntos de tipo social a los de tipo individual. Los autores más representativos de este cambio de siglo se agrupan según diferentes concepciones estéticas.

El más importante de ellos y el que ejerció una influencia más duradera en los ámbitos literarios no sólo italianos sino también europeos hasta bien entrado el siglo fue Gabriele D'Annunzio. Guiado por su aspiración a convertirse en un artista universal, al estilo de los del renacimiento, rompió con los esquemas del neoclasicismo, del romanticismo y del realismo. Así, cultivó la poesía, el teatro y la narrativa, y escribió, incluso, libretos de óperas y arengas patrióticas. Fue un destacado militar y político que, además, cultivó la filosofía, influido por las ideas de los filósofos alemanes Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche. Algunas de sus mejores obras son los volúmenes de poemas titulados en su conjunto Laudi (1903-1912), la novela El triunfo de la muerte (1894) y la obra teatral La hija de Jorio (1904). Fue significativa su influencia entre la mayoritaria y permanente inmigración italiana en el Río de la Plata.

Otra importante figura literaria de estos años de transición de un siglo a otro fue Italo Svevo, escritor cuya obra no fue reconocida en vida. Años después, el periodista y novelista francés Valéry Larbaud y el autor irlandés James Joyce fueron los que llamaron la atención de la crítica italiana hacia este autor. La fuerza de su trabajo, que residía en la profundidad y el realismo de sus descripciones psicológicas, se puede admirar en obras como Una vida (1893), Senilidad (1898) y La conciencia de Zeno (1923).

Entre las restantes personalidades literarias del cambio de siglo se pueden citar: Guglielmo Ferrero, interesante historiador de la sociología y destacado opositor al fascismo, cuya obra principal fue Grandeza y decadencia de Roma (1902-1907); el filósofo Giovanni Gentile que, por el contrario, fue un convencido defensor del fascismo a través de libros como Orígenes y doctrina del fascismo (1929) y La filosofía del arte (1931); Matilde Serao, novelista que destaca por sus profundos análisis psicológicos, patentes en El país de Jauja (1891) y La bailarina (1899); y Grazia Deledda, premio Nobel en 1926, cuyas obras, entre las que destacan Elias Portolú (1903) y La madre (1920), retratan de un modo naturalista la vida rural en Cerdeña.

2) La literatura anterior a la II Guerra Mundial

Debido en parte a la influencia de corrientes foráneas, en la Italia de comienzos del siglo XX se desarrollaron numerosos movimientos artísticos y literarios cuyo principal nexo de unión era el común rechazo a la retórica y al lirismo en la poesía. El más radical y duradero de ellos fue el futurismo. Su fundador, el poeta Filippo Marinetti, contribuyó a desgarrar el lenguaje y dejarlo reducido a sus esencias. Guiado por la principal de sus ideas estéticas, la de que la literatura del naciente siglo debía reflejar el dinamismo de la industria y la vida contemporáneas, abogó por el uso de un estilo de escritura que emulara la velocidad y la tensión de las máquinas. Fue un activo defensor de la intervención bélica de su país en la I Guerra Mundial y, más tarde, del fascismo.

El más importante de los pensadores de estos primeros años del siglo XX fue el filósofo, crítico literario e historiador Benedetto Croce, cuya influencia se extendió por Italia y por el resto del mundo. A través de su revista bimensual La crítica (1903-1944), así como de sus obras literarias y filosóficas, desarrolló ampliamente las teorías del filósofo italiano del siglo XVIII Giambattista Vico, e insistió fundamentalmente en la importancia de la intuición en el arte y de la libertad en el desarrollo de la civilización. Su idealismo estaba en oposición con las tendencias del momento, fundamentalmente positivistas. Croce defendía el concepto de intelectual comprometido con la vida pública, de ahí su toma de postura, contraria al fascismo. Sistematizó su pensamiento concibiendo una “filosofía del espíritu” que expuso en cuatro volúmenes dedicados, respectivamente, a la estética, la lógica, la economía y la historia, y que aparecieron entre 1902 y 1917. Su autobiografía, publicada en 1918, evidencia su vida, espiritualmente rica y variada.

Además de La critica, hubo otras dos publicaciones periódicas que actuaron como foro de diálogo de los autores italianos de comienzos de siglo. Una de ellas, La voce (1908-1916), dirigido por Giuseppe Prezzolini, contribuyó enormemente a modernizar la cultura italiana, difundiendo ideas procedentes de Francia, Inglaterra y de toda América. Entre los colaboradores habituales de La voce, destaca el pintor y escritor Ardengo Soffici y el filósofo y novelista Giovanni Papini. La segunda de las publicaciones, Ronda (1919-1923), se caracterizaba por una tendencia reaccionaria y una inspiración clásica. De su entorno surgieron Antonio Baldini y Riccarco Bacchelli.

Una figura destacada de las tres primeras décadas del siglo XX fue el novelista y autor teatral Luigi Pirandello, que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1934. En sus obras de teatro introdujo elementos innovadores tendentes a acercar al público la interpretación de los actores y establecer una relación más directa entre ambos elementos de la escena. Muchas de sus obras teatrales son dramatizaciones de antiguas historias populares y, por lo general, abordan problemas filosóficos, como el relativismo y las personalidades múltiples, que el autor siciliano pone al descubierto a través de su sutil habilidad para describir la psicología de los personajes y de su chispeante ingenio. También abordó el problema de la emigración en la época de Garibaldi. Sus obras teatrales más famosas son: Seis personajes en busca de autor (1921), Enrique IV (1922), Así es (si así os parece) de 1917 y Esta noche se improvisa (1930), mientras que entre sus novelas destacan títulos como El difunto Matías Pascal (1904).

El triunfo del fascismo, con la consiguiente toma del poder por parte de Benito Mussolini, afectó negativamente a la hasta entonces rica vida literaria italiana. El fascismo fracasó a la hora de crear un tipo de literatura acorde con los principios del régimen en el poder. Los autores más destacados reaccionaron de diferentes modos ante las restrictivas condiciones intelectuales y la limitación de la libertad contenida en la ideología fascista. Muchos de ellos defendieron abiertamente posturas contrarias al régimen. Este fue el caso de Giuseppe Antonio Borghese, que describió la situación de su país en una novela, Goliath, la marcha del fascismo (1937), escrita en inglés y que no fue traducida al italiano hasta diez años después. Del mismo modo, el novelista Ignazio Silone sufrió la censura, se exilió de su país y obtuvo reconocimiento internacional por novelas como Fontamara (1930) y Pan y vino (1936). Benedetto Croce fue obligado a cesar en sus actividades durante el tiempo que duró la etapa fascista, mientras que el periodista y diplomático Curzio Suckert, que escribió bajo el seudónimo de Curzio Malaparte, comenzó trabajando para el Gobierno, en su cargo de alto funcionario, pero acabó renegando de Mussolini. Así, su obra más poderosa, Kaputt (1944), describe la degeneración moral y cultural de la Europa dominada por el fascismo

3) Literatura posterior a la II Guerra Mundial

Después de la II Guerra Mundial, una gran cantidad de autores italianos alcanzó fama universal.

a) Poesía

Giuseppe Ungaretti, que ocupa, junto a Eugenio Montale, un lugar preeminente dentro de la literatura europea del siglo XX, publicó un primer libro de poemas, El puerto sepultado (1916), que marcó un resurgimiento de la poesía italiana. Sus obras, caracterizadas por un sorprendente uso del vocabulario y por una gran habilidad para crear vívidas imágenes de inusual intensidad lírica, fueron recopiladas en un solo volumen titulado La vida de un hombre (1942-1961), que contiene, entre otros, los poemas de los libros Alegría de naufragios (1919), Sentimiento del tiempo (1933) y La tierra prometida (1950).

Los poemas más importantes de Eugenio Montale, en cambio, se encuentran reunidos en tres volúmenes titulados respectivamente Huesos de sepia (1925), Las ocasiones (1939) y El vendaval y otras cosas (1956). Su lírica, por la que obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1975, resulta a veces extremadamente concisa y hermética y contiene una ácida e inteligente crítica de la vida que, en ocasiones, la tiñe de pesimismo.

Salvatore Quasimodo es otro de los poetas destacados de estos años. Sus obras, entre las que se cuentan Y enseguida anochece (1942), Día (1942), La vida no es sueño (1949) y Dar y tener (1966), revelan una apasionada y lírica conciencia de la condición trágica de nuestra época. En 1959 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura.

b) Narrativa

Pocos años después del final de la guerra apareció en Italia un nuevo tipo de realismo ligado, en especial, al cine, que atravesó un periodo de creatividad antes desconocido, hasta el punto de que empujó a la crítica a acuñar un término nuevo para describirlo: neorrealismo. Entre las figuras literarias que se adscribieron a ese importante movimiento se encuentran Carlo Levi, que expuso los sufrimientos de los campesinos de sur de Italia en su conocida novela Cristo se detuvo en Éboli (1946); Elio Vittorini, autor de Conversaciones en Sicilia (1938-1939); y Vasco Pratolini, que escribió Crónicas de pobres amantes (1947). Otras destacadas personalidades de las letras de este periodo fueron Mario Soldati, conocido por su obra Cartas de Capri (1954); el poeta, ensayista y narrador Cesare Pavese, autor de Entre mujeres solas (1949), El diablo entre las colinas (1949) y La luna y las fogatas (1950); y Vitaliano Brancati, agudo crítico de la sociedad siciliana, como dejó patente en El bello Antonio (1949). Hubo, además una novela aclamada unánimemente y que dio origen a la película dirigida por Lucchino Visconti con el mismo título, El gatopardo. Escrita en 1958 por Giuseppe Tomasi di Lampedusa, se desarrolla en la Sicilia rural, desde el desembarco de las tropas garibaldinas hasta el final del siglo XIX.

Alberto Moravia es, quizá, junto a Pirandello, el escritor italiano moderno más conocido. Autor de novelas y relatos cortos en los que narra situaciones humanas contemporáneas, escribió en una prosa realista e impactante sobre los dilemas morales de hombres y mujeres atrapados en situaciones complicadas tanto social como emocionalmente. Su obra más conocida es La ciociara (La campesina, 1957), la historia de una madre y una hija en la Italia desgarrada por la guerra, llevada al cine por Vittorio de Sica e interpretada por Sofía Loren. Otro filme exitoso de Vittorio de Sica se basó en la novela de Giorgio Bassani, escrita en 1962, El jardín de los Finzi-Contini, que narra los avatares de una familia judía de Ferrara, ciudad natal del autor, durante los años del fascismo. Otro de los novelistas más destacables de la posguerra, Dino Buzzatti, escribió textos alegóricos entre los cuales destacan la novela El desierto de los tártaros (1940) y la obra teatral Un caso clínico (1953). Elsa Morante, cuya narrativa contiene elementos épicos y místicos, fue la autora de Mentira y sortilegio (1948), la vida de una familia del sur de Italia, y de La historia (1974), que describe la odisea de una pequeña familia formada por una madre asustada, un muchacho y un niño en la Roma de la II Guerra Mundial. Natalia Ginzburg, poeta y novelista, se ganó el reconocimiento de la crítica por su sensible aproximación a las mujeres y los niños de la Italia de su tiempo, relegados a papeles estereotipados dentro de las familias; entre sus obras destacan Las voces de la noche (1961) y Léxico familiar (1967). Primo Levi ejerció la profesión de químico y comenzó a dedicarse por completo a la literatura a partir de 1977. Además de las memorias de su estancia como prisionero en el campo de concentración nazi de Auschwitz durante la guerra, escribió El sistema periódico (1975), un conjunto de ensayos autobiográficos en los que utilizaba la química como metáfora de la vida. Umberto Eco, profesor de semiótica en la universidad de Bolonia, aunó sus estudios de semiótica con un apasionado interés por la historia en novelas como El nombre de la rosa (1980), una narración detectivesca ambientada en una abadía medieval que se hizo famosísima en todo el mundo. Italo Calvino, autor de El barón rampante (1957) y Las cosmicómicas (1965), alcanzó también gran popularidad con sus últimas obras, Si una noche de invierno un viajero (1979) y Palomar (1983). La idea central de esta novela es que cualquier intento por comprender la situación del ser humano está condenado al fracaso. Leonardo Sciascia escribió en 1977 una versión contemporánea de Cándido, la obra satírica de Voltaire, que Sciascia convierte en la historia de un huérfano siciliano rechazado por el mundo

La búsqueda experimental de la década de 1950 y la experiencia de la neovanguardia (que de algún modo encontró expresión en el cambio marcado por mayo de 1968) registran algunas etapas importantes: el experimentalismo de revistas como Officina(1955-1958), con Francesco Leonetti, Pier Paolo Pasolini, Roberto Roversi, Franco Fortini, Angelo Romanò, Gianni Scalia, e Il Menabò (1959-1967), con Vittorini y Calvino; la neovanguardia del Grupo del 63, que se proponía redefinir la relación entre literatura y público; Pier Paolo Pasolini, poeta, narrador y cineasta, que estudió y elaboró los compromisos lingüísticos -propios del neorrealismo- entre lengua y dialecto; Franco Fortini, poeta y ensayista; el experimentalismo expresionista de Giovanni Testori y de Stefano D´Arrigo (1919); la prosa de Antonio Pizzuto, en la cual se pone en entredicho el proceso narrativo; el caso singular de Luigi Meneghello; la escritura de vanguardia de Edoardo Sanguineti; los poetas-prosistas de la neovanguardia Elio Pagliarani, Alfredo Giuliani, Antonio Porta, Nanni Balestrini; las provocadoras ficciones de Giorgio Manganelli; y los inagotables artificios de Alberto Arbasino.

En cuanto a la lírica, la situación es rica y compleja: coexisten una línea en la que prevalece un vínculo más directo con las cosas y un lenguaje más tradicional y una línea más moderna y de tendencia hermética, que tiene sus modelos en Ungaretti y Montale. A la primera pertenecen poetas como Carlo Betocchi (1899-1986); Sandro Penna y su naturalidad en el tratamiento de las relaciones homosexuales; Attilio Bertolucci; Giorgio Caproni y, de algún modo, Giovanni Giudici. A la segunda, poetas como Mario Luzi y Vittorio Sereni.

Luciano Anceschi ha señalado también una “línea lombarda”, que comprende a poetas ligados a Milán y que se inician en la posguerra, como Giorgio Orelli, Nelo Risi, Luciano Erba, Bartolo Cattafi. En la misma tendencia se han incluido poetas más jóvenes como Giancarlo Majorino, Giovanni Raboni, Tiziano Rossi y Maurizio Cucchi. Entre las figuras más importantes de la poesía dialectal figuran Ignazio Buttitta y Tonino Guerra.

c) Después de 1968

En las últimas décadas se ha delineado una situación cultural en la que se han saturado las manifestaciones de lo moderno en las sociedades industriales avanzadas y en la que la realidad se elabora a través de procedimientos dispersos y poco controlables. Para definir esta situación se habla de posmodernismo. Un escritor estructuralmente posmoderno, incluso por su virtuosismo intelectual, es Umberto Eco. Otros viven lo posmoderno con una actitud mental de resistencia: entre ellos, Paolo Volponi con su racionalidad y Luigi Malerba con un registro satírico-grotesco. Existen poetas como Andrea Zanzotto (19219, con su sorprendente experimentalismo; Giovanni Giudici y la tensión moral; Amelia Rosselli y la atención obstinada que dedica al lenguaje; Franco Loi y la poesía dialectal.

Las mejores obras pertenecen a escritores no tan jóvenes como Gesualdo Bufalino (1920-1996), Vincenzo Consolo, Sebastiano Vassalli y Antonio Tabucchi en la prosa; algunos nombres de la “línea lombarda” (Raboni, Rossi, Cucchi), Cesare Viviani (1947), Valentino Zeichen (1938), Alda Merini y Vivian Lamarque, en la poesía. Entre los más recientes narradores figuran Pier Vittorio Tondelli, Stefano Benni, Daniele Del Giudice, Aldo Busi, Andrea De Carlo, Alessandro Baricco, Susanna Tamaro. Entre los poetas, Valerio Magrelli (1957).

Literatura Alemana del Siglo XX

1) NACIONALISMO ALEMÁN (1871-1945)

Tras la unificación de los estados alemanes en 1871, las tendencias revolucionarias de la literatura alemana empezaron a entrar en conflicto con el militarismo y el materialismo económico de la burguesía alemana. El principal representante de esta última, el estadista prusiano y primer canciller del Imperio Alemán, el príncipe Otto von Bismarck, expresó la visión dominante en la sociedad contemporánea en sus memorias tituladas Gedanken und Errinerungen (Memorias, 1898). Sin embargo, el poeta y filósofo Friedrich Wilhelm Nietzsche realizó una crítica demoledora de los valores sociales existentes. En libros como Jenseits von Gut und Böse (Más allá del bien y del mal, 1886) y Wille zur Macht (La voluntad de poder, 1901), Nietzsche rechazaba los valores religiosos tradicionales de la moralidad burguesa y el idealismo predominante en la filosofía alemana. Expuso su poética visión de un nuevo tipo de ser humano como figura dominante de una sociedad radicalmente transformada en la obra Also sprach Zarathustra (Así hablaba Zaratustra, 1883). Este nuevo tipo, el Übermensch (`superhombre'), daría cuerpo a las mejores cualidades del individuo creativo, la expresión más alta de la “voluntad de poder”, la fuerza que produce todo esfuerzo humano.

La preocupación de Nietzsche por las fuerzas interiores de la personalidad humana influyeron profundamente en el desarrollo del pensamiento de principios del siglo XX. En psicología, las teorías sobre la psique humana de Sigmund Freud y del psicólogo y psiquiatra suizo Carl Gustav Jung deben mucho a la obra de Nietzsche. A partir de la idea de Nietzsche de la recurrencia cíclica de los acontecimientos, el filósofo de la historia Oswald Spengler formuló sus principios sobre el determinismo histórico. Estos desarrollos en los estudios de psicología e historia, combinados con la concepción de Nietzsche del artista como un crítico radical de la sociedad, influyeron en los movimientos literarios más importantes de finales del siglo XIX y principios del XX: naturalismo, expresionismo y teatro épico.

a) Naturalismo

El movimiento naturalista en literatura apareció después del apogeo del realismo. El realismo busca un arte que refleje las fuerzas del bien y del mal que afectan a la vida humana. El naturalismo, por su parte, es una forma de determinismo artístico que pinta un mundo desolado en el que los seres humanos están atrapados y condenados al fracaso y al desastre por fuerzas incontrolables. Los temas utilizados a menudo por los escritores naturalistas incluyen la enfermedad, la locura, la senilidad, la hipocresía religiosa, las relaciones familiares, los problemas políticos y las fuerzas ineludibles de la economía, la herencia, la raza, la clase y el entorno. Los principios artísticos del movimiento naturalista fueron descritos por el crítico y escritor Arno Holz en su tratado Die Kunst (El arte, 1891). Holz fue también coautor, con Johannes Schalf, de tres dramáticas narraciones naturalistas, recogidas bajo el título colectivo Papa Hamlet (1889). Algunos elementos del naturalismo, especialmente aquellos que tienen que ver con los aspectos eróticos de la vida, aparecen en los dramas del médico y dramaturgo austriaco Arthur Schnitzler. El representante principal del movimiento naturalista, sin embargo, fue el dramaturgo Gerhart Hauptmann. En su obra Vor Sonnenaufgang (Antes de amanecer, 1889) describe a los seres humanos como víctimas de la herencia y del entorno, condenados a luchas desesperadas contra fuerzas que no pueden controlar. Este tema, así como la forma de presentarlo, anticipaba muchos tratamientos similares en la literatura moderna. En una obra posterior de Hauptmann, Die Weber (Los tejedores, 1892), el héroe del drama está representado por un grupo social. En los últimos escritos de Hauptmann se produce una transición desde el naturalismo hacia el movimiento literario conocido como impresionismo, en el que el detallismo realista es sustituido por una pintura de las impresiones que los objetos ejercen en la visión individual del artista.

Otros movimientos importantes de la literatura alemana de principios del siglo XX fueron el neoclasicismo, el neorromanticismo, el simbolismo, el surrealismo, dadá y, el más importante, el expresionismo, que pone el acento en cuestiones de orden psicológico.

b) Expresionismo

Con origen en la pintura, el expresionismo empezó a influir en la literatura alemana alrededor de 1910. Como reacción frente al naturalismo y el impresionismo, que se preocupaban principalmente de la representación realista de la existencia, el nuevo movimiento tenía por objeto la expresión o representación de los sentimientos, experiencias y reacciones interiores del artista o escritor. El escritor expresionista da cuerpo al concepto de Nietzsche del artista como un crítico de los valores tradicionales. Además, igual que el pintor, el poeta o el novelista buscaba retratar las poderosas fuerzas interiores en la personalidad humana. Un lenguaje emocional exagerado y el dibujo de tipos abstractos más que de personajes realistas se convirtieron en medios para ese fin. El dramaturgo alemán Frank Wedekind, un expresionista temprano, con un sentido grotesco del humor, luchó contra las convenciones sociales en demanda de una nueva moralidad sexual. Fuerzas tales como la rebelión adolescente y la sexualidad amoral quedan retratadas en sus obras Frühlings Erwachen (Despertar de primavera, 1891) y Die Büchse der Pandora (La caja de Pandora, 1904). Esta última sirvió de base tanto para una versión cinematográfica (1928) como para Lulu, una ópera del compositor austriaco Alban Berg.

El conflicto generacional se convirtió para muchos escritores expresionistas en un símbolo de la crítica de los valores tradicionales, como en Der Sohn (El hijo, 1914) de Walter Hasenclever. Las actitudes antibelicistas después de la I Guerra Mundial encontraron expresión en las obras de Ernst Toller, Fritz von Unruh y otros. Georg Kaiser, en su inmensa producción dramática, fue un especialista en el diálogo epigramático, que resultaba muy apropiado para la naturaleza abstracta y simbólica de sus personajes. Carl Zuckmayer, quizás el dramaturgo más popular de su generación, se hizo especialmente famoso por sus vivaces caracterizaciones. Entre sus obras más conocidas están el drama Der Hauptmann von Köpenick (El capitán de Köpenick, 1931) y el guión para Der blaue Engel (El ángel azul, 1930), el film de Josef von Sternberg.

El movimiento expresionista produjo algunos poetas de gran originalidad. Su tema central era la crisis de los valores individuales y colectivos, como aparece en los poemas de Georg Trakl, llenos de nostalgia y soledad; o los de Georg Heym, que expresaban la desesperación ante la miseria y la soledad de la vida urbana. Franz Werfel, escritor austriaco, el poeta más importante del expresionismo, escribió sobre su nostalgia de una armonía entre los hombres y la naturaleza.

c) Teatro épico

El dramaturgo más original y sugerente del periodo moderno fue Bertolt Brecht. Empezó como expresionista, pero pronto desarrolló su propio estilo al comenzar con su teatro épico, en el que utilizaba baladas, elementos documentales y otras innovaciones como comentarios a la acción dramática. Igual que Wagner, creía en la misión de la escena como centro de enseñanza política y moral. En sus numerosas obras, entre las que se encuentran Mutter Courage und ihre Kinder (Madre Coraje y sus hijos, 1941), Der Kaukasische Kreidekreis (El círculo de tiza caucasiano, 1944-1945) y Der gute Mensch von Sezuan (La persona buena de Sezuan, 1943), escribió parábolas dramáticas para educar a su público. La influencia de Brecht se extendió por todo el mundo y muchos escritores más jóvenes adoptaron las técnicas dramáticas que él desarrolló. Entre los discípulos de Brecht se encuentra Peter Weiss, famoso por su apasionado drama documental Marat-Sade (1964), Rolf Hochhuth y Heinar Kipphart, que han alcanzado éxito con el llamado teatro documental en el que se llevan a la escena acontecimientos históricos. El dramaturgo suizo Friedrich Dürrenmatt ha reanimando el teatro con importantes obras eclécticas, cínicas y melodramáticas. Max Rudolf Frisch mantiene creencias más fuertes y convicciones morales más profundas que Dürrenmat, pero ha tenido menos éxito de público internacional.

d) La novela del siglo XX

La poderosa tendencia narrativa que se percibe en algunos de los dramas de Hauptmann se hace prominente en su novela Der Narr in Christo Emanuel Quint (Manuel Quint, el loco en Cristo, 1910), la historia de un joven carpintero, lleno de entusiasmo religioso, cuyo martirio lo frustra el mundo profano. La prosa de Schnitzler pierde acción en favor del monólogo interior. En Leutnant Gustl (El teniente Gustl, 1901) y Fräulein Else (La señorita Elsa, 1924) creó una nueva técnica de tratar el inconsciente. Der Mann ohne Eigenschaften (El hombre sin atributos, 4 volúmenes, 1930-1942), del escritor austriaco Robert Musil, es un espejo intelectual y psicológico de una época cultural a punto de desaparecer en Europa. Hermann Broch, en su trilogía Die Schlafwandler (Los sonámbulos, 1931-1932), describió también la decadencia y la desintegración de la vieja sociedad burguesa. Monumentales cuadros de personalidades y acontecimientos históricos se pueden encontrar en los escritos de Ricarda Huch. En prosa, las obras más famosas de Franz Werfel son las novelas Die vierzig Tage des Musa Dagh (Los cuarenta días de Musa Dagh, 1933) y Das Lied von Bernardette (La canción de Bernardette, 1941). Alfred Döblin, en su novela Berlin Alexanderplatz (1930), encontró un original estilo de montaje para presentar la situación de la clase obrera berlinesa.

Los novelistas alemanes modernos más destacados son Thomas Mann, Hermann Hesse y Franz Kafka. Mann, en su primera novela, Los Buddenbrook (1901), expuso un tema frecuente en su obra posterior: el conflicto entre los suficientes y prósperos representantes de la saludable vida burguesa y el artista perspicaz y a menudo enfermizo. Los conflictos y dificultades de la personalidad creadora son el tema de las novelas y narraciones más importantes de Mann. En Der Zauberberg (La montaña mágica, 1924) ofrecía lo que de hecho es una alegoría de la vida intelectual occidental en vísperas de la I Guerra Mundial. Ácido opositor al nacionalsocialismo, Mann abandonó Alemania en 1933 y acabó en el exilio parte de los cuatro volúmenes de Joseph und seine Brüder (José y sus hermanos, 1933-1944). Su desesperación ante el destino de Alemania y su preocupación por el artista creador están elocuentemente retratados en Doctor Faustus (1947), un estudio de la vida cultural alemana durante el apogeo del nacionalsocialismo. Heinrich Mann, el hermano del gran novelista, se enfrentó también al nazismo y es conocido por sátiras políticas como Der Untertan (El súbdito, 1918).

Los escritos de Hesse expresan un sentido de la soledad espiritual, a menudo atemperado por la sabiduría y el misticismo de la filosofía oriental. Hesse describió la alienación y la dualidad de la naturaleza de los seres humanos modernos en Demián (1919) y Steppenwolf (El lobo estepario, 1927). En su obra quizás más importante, Das Glasperlenspiel (El juego de abalorios, 1943), propugna una nueva aristocracia ética e intelectual. La obra de Hesse, poco leída al principio salvo en Alemania, gozó de un considerable interés durante la década de 1960.

Ningún escritor en alemán ha ejercido una influencia tan extraordinaria en la novela contemporánea como el escritor checo Franz Kafka. Sus novelas Der Prozess (El proceso, 1925), Das Schloss (El castillo, 1926) y Amerika (1927), así como sus numerosas narraciones ofrecen un fascinante ajuste de cuentas con un mundo desarticulado e inescrutable, atrapado por la falta de fe y de dirección. El estilo narrativo aparentemente sencillo de Kafka dio una nueva profundidad al principio expresionista, evocando el misterio de la experiencia humana a través de símbolos sugerentes.

e) Poesía moderna

La época moderna de la poesía alemana empieza con Nietzsche, que escribía poesía lírica según las escuelas impresionista y expresionista. Su influencia puede rastrearse en la poesía y la prosa de Gottfried Benn, cuya desilusión y desesperación casi nihilistas subyacen en su búsqueda de valores positivos. Un gran resentimiento de injusticia social caracteriza los poemas de Richard Dehmel. Hugo von Hofmannsthal desarrolló sus dotes poéticas en poemas líricos y en libretos para óperas del compositor alemán Richard Strauss. El principal exponente del movimiento simbolista en la poesía alemana fue Stefan George, que, como Nietzsche, intentó recuperar el papel del poeta como crítico del materialismo y de la corrupción. Una tarea similar se propuso el también famoso poeta moderno alemán Rainer Maria Rilke. En Die Sonette an Orpheus (Sonetos a Orfeo, 1923), Rilke intentó transmitir las misteriosas percepciones de la belleza que tiene el poeta.

Literatura Austriaca de siglo XX

1) TEATRO DEL SIGLO XX

La moderna literatura austriaca, que se desarrolló mientras el Imperio Austro-Húngaro se desintegraba, empezó con Hermann Bahr. Fue el autor de la elegante comedia Das Konzert (El concierto, 1909) y el ensayista que promovió el impresionismo y otros movimientos renovadores. Su contemporáneo Arthur Schnitzler desenmascaró la hipocresía en obras como Anatol (1892) y Reigen (1897; filmada con el título de La rueda, 1950). Influido por el impresionismo, Schnitzler brilló con las comedias en un acto como La cacatúaverde (1899), y, anticipándose al novelista y poeta irlandés James Joyce, utilizó el monólogo interior en sus narraciones El teniente Gustl (1901) y La señorita Elsa (1924). Agudo analista del comportamiento humano, Schnitzler se ganó los elogios de su compatriota Sigmund Freud.

Hugo von Hofmannsthal al principio volvió a un nuevo romanticismo. Sus primeras obras teatrales en verso, como Der Tod des Tizian (La muerte de Tiziano, 1892) y Der Tor und der Tod (El loco y la muerte, 1893), eran estilizadas leyendas. Más tarde buscó la inspiración, como había hecho Grillparzer, en una herencia cultural más universal. Al escribir cultivó distintas formas, como el drama griego en Elektra (1903); la comedia de costumbres en Der Schwierige (El difícil, 1921); y el libreto de ópera. Suyos fueron los libretos utilizados por el compositor alemán Richard Strauss para Der Rosenkavalier (El caballero dela rosa, 1911), Ariadne auf Naxos (Ariadna en Naxos, 1912) y Die Frau ohne Schatten (La mujer sinsombra, 1919).

Para el influyente crítico Karl Kraus, la obra de sus contemporáneos, que él criticaba duramente en su revista Die Fackel (La antorcha, 1899-1936), era un síntoma de degeneración moral. Su obra Die lezten Tage der Menschheit (Los últimos días de la humanidad, 1919-1922), compuesta en parte por comunicados de guerra reales y por conversaciones callejeras, pinta un cuadro apocalíptico de la Viena de la I Guerra Mundial.

2) NOVELA Y POESÍA DEL SIGLO XX

Universalidad y preocupación por el análisis psicológico se funden en las biografías de Stefan Zweig. Entre ellas se encuentran Erasmus von Rotterdam (1934), Maria Stuart (1935) y Marie Antoinette (1932). Sus novelas también se sumergen en las profundidades de las aberraciones emocionales, como ocurre en Amok (1922), Verwirrung der Gefühle (Confusión de sentimientos, 1926) y Ungeduld des Herzen (Impaciencia del corazón, 1938). En la poesía de Anton Wildgans y de Georg Trakl y en el teatro de Franz Theodor Czokor es evidente la intensidad del estilo expresionista.

De los novelistas austriacos del siglo XX, Hermann Broch es el más cercano a James Joyce, como lo fue Schnitzler en teatro. Su Der Tod des Vergil (La muerte de Virgilio, 1945) utiliza el monólogo interior para expresar la desazón del poeta romano ante las discrepancias entre arte y verdad. Robert Musil escribió la monumental novela inacabada Der Mann ohne Eigenschaften (El hombre sin atributos, 1931-1943), en la que indaga en la posibilidad de la libertad humana, emancipada de prejuicios y costumbres. Esta novela analiza también el proceso de desintegración que se daba bajo la placidez de la vida vienesa. El análisis social se encuentra también en las voluminosas novelas de Heimito von Doderer, Ein Mord, den jeder begeht (Un asesinato que comete cualquiera, 1938) y Die Dämonen (Los demonios, 1956). Doderer, influido por el novelista ruso Fiódor Dostoievski y el escritor francés Marcel Proust, utiliza un entramado de relaciones humanas para dar sustancia y estructura a sus novelas sobre la vida vienesa después de la I Guerra Mundial. Doderer fue probablemente la figura más destacada de la literatura austriaca después de la II Guerra Mundial.

Entre los escritores posteriores, Fritz Hochwälder alcanzó renombre en Europa con dramas históricos cuidadosamente estructurados como Das heilige Experiment (El santo experimento, 1941). Ilse Aichinger, una escritora de novelas cortas, e Ingeborg Bachmann, poetisa, han sido ampliamente leídas. Uno de los versátiles autores más jóvenes es Peter Handke, cuya obra teatral Kaspar (1969), basada en la leyenda de Kaspar Hauser, ha sido muy representada. Su novela sobre la alienación extrema, Die linkshändige Frau (La mujer zurda, 1976), fue llevada al cine más tarde.

3) LOS AUTORES DE PRAGA

La literatura austriaca es esencialmente la de Viena y sus alrededores alpinos. Algunos escritores como Gustav Meyrink, Paul Kornfeld, Franz Kafka, Max Brod y Franz Werfel, que vivieron en Praga y escribieron en alemán, a veces se consideran austriacos. Aunque Bohemia fue durante siglos parte del Imperio Austriaco, los autores de Praga no comparten la conciencia nacional austriaca; es mayor su afinidad con la literatura alemana.

Literatura Francesa del Siglo XX

La literatura en Francia en el siglo XX se ha visto profundamente afectada por los cambios que han conmovido a toda la vida cultural de la nación. A los impulsos innovadores del simbolismo, se añadieron grandes influencias foráneas, como por ejemplo, la danza moderna introducida por la bailarina estadounidense Isadora Duncan y el ballet ruso, la música del compositor ruso Ígor Stravinski, el arte primitivo y, en literatura, el impacto que produjo el novelista Fiódor Dostoievski y, un poco más tarde, el novelista irlandés James Joyce. Las tendencias se compenetraron tanto, y los cambios fueron tan rápidos, que es necesario que los veamos desde la perspectiva del tiempo para comprenderlos bien.

1) La I Guerra Mundial

El relato realista de la I Guerra Mundial en El fuego (1916) de Henri Barbusse inspiró Las cruces de madera (1919) de Roland Dorgelès, precursores de los libros antibélicos de finales de la década de 1920 que aparecen no sólo en Francia, sino también en Alemania, Inglaterra y Estados Unidos. El ensayista André Maurois escribió sobre la guerra en clave de humor en Los silencios del coronel Bramble (1918). Más tarde fue uno de los primeros en escribir biografías noveladas como Ariel, o la vida de Shelley (1923). La suave ironía con la que el cirujano Georges Duhamel trató el tema bélico en Vida de mártires (1917) le separó tanto de aquéllos que veían la guerra como una experiencia gloriosa como de los que sólo veían el horror. En sus últimas novelas Duhamel se convirtió en cronista de la Francia burguesa. Todos los horrores de la I Guerra Mundial aparecieron en toda su crudeza en El gran rebaño (1931) de Jean Giono, cuyas obras muestran un pacifismo militante y una antipatía por la hegemonía de las máquinas.

2) Dadá y Surrealismo

En los últimos años de la I Guerra Mundial surgió en Francia, Alemania, Suiza, España y muchos otros países, un movimiento de jóvenes poetas y pintores que dieron lugar a las vanguardias artísticas. En rebelión contra todas las formas artísticas tradicionales, iniciaron su andadura declarando su intención de destruir el arte. Hacia 1923, algunos miembros del grupo, bajo el liderazgo de André Breton, se separaron del resto y formaron un movimiento, utilizando para denominarlo un término inventado por Guillaume Apollinaire: el surrealismo. Breton, el líder y máximo exponente del grupo, empezó su carrera estudiando medicina. En 1916 influyó en él notablemente Jacques Vaché, que proclamaba su deseo de vivir en permanente estado de aberración mental. La impresión que le produjo este personaje casi legendario, junto con el entusiasmo de Breton por los poemas de Rimbaud, dieron una nueva filosofía del arte y de la vida, en la que los valores más importantes son los dictados por el inconsciente. A pesar de los ataques a los que se vio sometido el surrealismo, este movimiento tenía sus orígenes muy arraigados en la literatura francesa. Lautréamont, Baudelaire, Cros, Rimbaud, y los simbolistas en general fueron sus antecesores directos.

Por la naturaleza dictatorial de Breton, que chocaba con la independencia de sus miembros, el grupo siempre fue muy cambiante. Algunos de los que pertenecieron, en un momento u otro, al surrealismo se mencionan más adelante.

Primero dadaísta, Louis Aragon se pasó al surrealismo en 1924 y escribió varios libros de poemas, incluyendo El libertinaje (1924). En 1928, sin embargo, en Tratado de Estilo, atacó los motivos de sus obras. Se hizo comunista en 1930, fue entonces expulsado del movimiento surrealista. Sus novelas Las campanas de Basilea (1934) y Los bellos barrios (1936) le consagraron dentro y fuera de Francia. Durante la ocupación alemana en la II Guerra Mundial, volvió a escribir poesía, en Le Crève-coeur (1941; El quebranto, 1943) y Los ojos de Elsa (1942), para lamentar la derrota de su país.

En Paul Eluard, el movimiento halló, quizás, a su mejor poeta. Tras un comienzo dadaísta, sus poemas, de Le Necéssité de la vie et la conséquence des reves (La necesidad de la vida y la consecuencia de los sueños, 1921), son modelos de imágenes independientes entre sí. Cuando se unió al grupo surrealista, en 1923, Eluard entrelazó las imágenes en la contemplación del amor como parte del espíritu universal, particularmente en Morir de no morir (1924) y Capital del dolor (1926). En estos libros las imágenes emanan del poeta, sin conexión alguna con la naturaleza, que es una entidad separada. Aunque rompió su conexión con el surrealismo, los poemas de Eluard sobre la II Guerra Mundial, Poesía y verdad (1942) y En la cita alemana (1945), presentan la misma técnica de imágenes para lamentar la caída de Francia y ensalzar la consiguiente resistencia.

Philippe Soupault, fundador del movimiento surrealista con Breton, fue desacreditado por los propios surrealistas en 1930 por el contenido de sus estudios Henri Rousseau, le Douanier (1927) y William Blake (1928), en los que se dejaban ver ciertos principios contrarios al movimiento. Desde entonces ha escrito algunos libros de interés como por ejemplo Charlot (1931), un ensayo sobre el cómico estadounidense Charlie Chaplin, y Recuerdos sobre James Joyce (1943), en el que Soupault recuerda sus experiencias como traductor de la novela de Joyce, Ulises.

3) Otras maneras y temas

Algunos novelistas emplearon maneras diferentes de expresión, no surrealistas, para describir el espíritu de aquellos tiempos. André Malraux, que había vivido la revolución y la contrarrevolución, refleja una vida sobre la que siempre se cierne la muerte en sus novelas La condición humana (1933), sobre la revolución en China; La época del desprecio (1935), sobre el movimiento marginal anti-nazi en Alemania, y La esperanza (L'Espoir, 1938), sobre la Guerra Civil española.

El aviador Antoine de Saint-Exupéry llegó a ser considerado el escritor mejor de su generación, con obras como Vuelo nocturno (1931) y Tierra de hombres (1939). El enfoque humanístico de El principito (1943), ha convertido esta fábula amable en libro favorito universal de chicos y grandes. En materia de misantropía absoluta, no se han llegado a superar las novelas de Louis Ferdinand Céline; Viaje al fin de la noche (1932) describe la catástrofe sin posibilidad de alivio, y en Mort à crédit (1936) todas las aspiraciones humanas están sujetas a una cruel ironía. Marguerite Yourcenar, nacida en Bruselas de doble nacionalidad francesa y estadounidense, es alabada por la pureza clásica de su estilo e intelectualidad. Escritora de novelas históricas tales como Memorias de Adriano (1951) y su biografía familiar Recordatorios (Souvenirs Pieux, 1973), fue la primera mujer en 1980, que accedió a la Academia Francesa. En contraste, están las historias populares semiautobiográficas sobre el amor moderno de Françoise Sagan, una de las primeras novelistas que publicó después de la II Guerra Mundial. La primera novela de Sagan, Buenos días tristeza (1954), que ganó el premio de la crítica, fue la que la consagró.

Entre los poetas más destacados de este siglo está Saint-John Perse. Su Anábasis (1924) describe paradójicamente al poeta separado y al mismo tiempo muy involucrado en la actividad humana. La actitud oficial de los simbolistas fue la reserva; la de los surrealistas, la agresividad. Perse representa una actitud más equilibrada y clásica en la que el poeta contempla la vida y participa en ella. Esta actitud se hace aparente en Marcas (1957), el poema más largo que escribió. René Char fue uno de los poetas más importantes de su generación. Su adhesión al surrealismo en la década de 1930 se modificó al participar en la década siguiente en la resistencia. Escribió sus mejores poemas entre 1940 y 1944 y publicó una colección de poemas, Las hojas de Hypnos sobre la guerra.

A Jean-Jacques Servan-Schreiber, fundador del semanario L'Express (1953) y miembro del gabinete del presidente Valéry Giscard d'Estaing en 1970, se le atribuye haber cambiado la opinión pública francesa sobre la guerra de Argelia por sus exposiciones de las atrocidades cometidas por los franceses, Teniente en Argelia (1957). En El desafío americano (1967) alertaba sobre la excesiva influencia de los Estados Unidos en Europa.

4) Existencialismo

En la década de 1940, bajo el liderazgo del filósofo, dramaturgo y novelista Jean-Paul Sartre, una dimensión negativa y pesimista desarrolló el movimiento filosófico y literario llamado existencialismo. La tesis general —expuesta en El ser y la nada (1943) de Sartre— plantea básicamente que la existencia humana es inútil y frustrante, y que el individuo es solamente un cúmulo de experiencias personales. En sus obras dramáticas Las moscas (1943), A puerta cerrada (1944), y Las manos sucias (1948), Sartre se extendió en temas que ya habían sido tratados antes de la guerra en su libro de cuentos El muro (1939). En su trilogía Los caminos de la libertad (1945), intentó mostrar al individuo sin ilusiones y consciente de la necesidad de participar en todas las instancias de la sociedad. La discípula más acérrima de Sartre fue su compañera de toda la vida Simone de Beauvoir, que escribió, entre otras muchas obras, la novela Los mandarines (1954), que trata de un modo encubierto las relaciones personales de algunos de los principales existencialistas franceses. Su obra La ceremonia del adiós (1981) es un homenaje a Sartre. En su día, Albert Camus podría haber sido englobado en el existencialismo, particularmente por su obra Calígula (1944); aunque en sus dos novelas más importantes, El extranjero (1942) y La peste (1947), reconoció la conveniencia y la necesidad del esfuerzo humano.

5) Últimas tendencias

En la década de 1950, dos escuelas de literatura experimental surgieron en Francia. El teatro del absurdo y el antiteatro cuyo claro ejemplo son las obras del rumano de nacimiento Eugène Ionesco, de Samuel Beckett y de Jean Genet. La popular Esperando a Godot (1948) de Beckett, y Los negros (Les Nègres, 1959) y Los biombos (Les Paravents, 1961) de Genet son claros ejemplos de esta escuela, opuesta al análisis psicológico y al contenido ideológico del existencialismo.

A la vez que el antiteatro, surgió la antinovela o nouveau roman (un término aplicado por primera vez por Sartre a una novela de Nathalie Sarraute) que ha llamado mucho la atención, principalmente las novelas y teorías de Sarraute, Claude Simon, Alain Robbe-Grillet y Michel Butor. Al igual que los dramaturgos, los nuevos novelistas se oponen a las formas tradicionales de la novela psicológica, enfatizando el mundo puro y objetivo de las cosas. Las emociones y los sentimientos no se describen como tales; más bien, el lector debe imaginarse como son, siguiendo la relación entre los personajes y a través de los objetos que tocan y ven. La novela de Sarraute Retrato de un desconocido (1949) abrió el camino, seguido de obras tales como ¿Los oye usted? (1972) y anterior a ésta, la de Robbe-Grillet La celosía (1957) y la de Butor La modificación (1957). Simon escribe novelas históricas muy densas, utilizando la técnica expresiva del monólogo interior. Su obra más importante es La ruta de Flandes (1960).

Una nueva escuela de crítica literaria, el estructuralismo, basada en parte en el trabajo del antropólogo francés Claude Lévi-Strauss, surgió en Francia a partir de la década de 1960. El máximo exponente de esta escuela fue Roland Barthes. Su obra Elementos de semiología (1964) es una introducción a la semiótica; sus Ensayos críticos y Nuevos ensayos críticos fueron publicados en 1964 y 1972 (respectivamente). La última tendencia crítica es la conocida por desconstrucción, cuyo pionero es el filósofo y crítico Jacques Derrida.

Literatura Galesa del Siglo XX

En el siglo XX se ha producido un tremendo resurgir de la actividad literaria y el sentimiento nacionalista en Gales. Poetas como Thomas Gwynn Jones y Robert William Parry produjeron importante poesía dentro de la tradición clásica, y William John Gruffydd realizó obras excelentes en metros más libres. Sir John Morris-Jones escribió 'Salmo a Mannon', considerada una obra maestra de la poesía galesa por la pureza de dicción y el uso técnicamente exacto de los metros clásicos. Sus poemas líricos no han sido superados en la poesía galesa del siglo XX, lo mismo que sus acertadas traducciones de poemas de otros idiomas. También es un vigoroso ensayista.

La prosa galesa del siglo XX ha contado igualmente con un renacido vigor. Entre los escritores de relatos se cuentan Kate Roberts, considerada como la escritora más profunda de todos los del género. D. J. Williams, también ensayista, y E. Tegla Davies han escrito importantes relatos. Novelistas destacados son Islwyn Ffowc Elis y Saunders Lewis, también distinguido dramaturgo.

Debe señalarse que un número impresionante de escritores nacidos en Gales son autores conocidos en inglés; por ejemplo el dramaturgo y actor Emlyn William, y Dylan Thomas, el renombrado poeta lírico y autor de relatos. La continuidad de la literatura galesa, sin embargo, está inevitablemente ligada al destino de la lengua galesa, actualmente apoyada por la Unión Europea y el gobierno británico.

Literatura Inglesa del Siglo XX

En el siglo XX se ha producido un tremendo resurgir de la actividad literaria y el sentimiento nacionalista en Gales. Poetas como Thomas Gwynn Jones y Robert William Parry produjeron importante poesía dentro de la tradición clásica, y William John Gruffydd realizó obras excelentes en metros más libres. Sir John Morris-Jones escribió 'Salmo a Mannon', considerada una obra maestra de la poesía galesa por la pureza de dicción y el uso técnicamente exacto de los metros clásicos. Sus poemas líricos no han sido superados en la poesía galesa del siglo XX, lo mismo que sus acertadas traducciones de poemas de otros idiomas. También es un vigoroso ensayista.

La prosa galesa del siglo XX ha contado igualmente con un renacido vigor. Entre los escritores de relatos se cuentan Kate Roberts, considerada como la escritora más profunda de todos los del género. D. J. Williams, también ensayista, y E. Tegla Davies han escrito importantes relatos. Novelistas destacados son Islwyn Ffowc Elis y Saunders Lewis, también distinguido dramaturgo.

Debe señalarse que un número impresionante de escritores nacidos en Gales son autores conocidos en inglés; por ejemplo el dramaturgo y actor Emlyn William, y Dylan Thomas, el renombrado poeta lírico y autor de relatos. La continuidad de la literatura galesa, sin embargo, está inevitablemente ligada al destino de la lengua galesa, actualmente apoyada por la Unión Europea y el gobierno británico.

1) La narrativa posterior a la I Guerra Mundial

Entre los novelistas y autores de relatos, Aldous Huxley es uno de los que expresan mejor la sensación de desesperanza del periodo posterior a la I Guerra Mundial en Contrapunto (1928), una obra escrita con una técnica que marca una ruptura con respecto a las narraciones realistas previas.

Antes que Huxley, y de hecho antes de la guerra, las novelas de E. M. Forster, como Una habitación con vistas (1908) y Regreso a Howards End (publicada también como La mansión, 1910), habían expuesto el vacío de los intelectuales y las clases altas. Forster proponía un regreso a la sencillez, a los sentidos y a la satisfacción de las necesidades del ser físico. Su novela más famosa, Pasaje a la India (1924), combina estas preocupaciones con un análisis exacto de las diferencias sociales que separaban a las clases dominantes inglesas de los habitantes nativos de la India, demostrando la imposibilidad de la permanencia de un gobierno inglés

D. H. Lawrence también expuso la necesidad de un regreso a las fuentes primigenias de la vitalidad de la raza. Sus numerosas novelas y relatos, entre las que destacan Hijos y amantes (1913), Mujeres enamoradas (1921) y El amante de lady Chatterley (1928) son mucho más experimentales que las de Forster. El evidente simbolismo de los argumentos de Lawrence y la exposición directa de sus opiniones rompen los lazos con el realismo, que se ve reemplazado por la propia dinámica del espíritu de su autor.

Mucho más experimentales y heterodoxas fueron las novelas del irlandés James Joyce. En su novela Ulises (1922) se centra en los sucesos de un solo día y los relaciona con patrones temáticos basados en la mitología griega. En Finnegans Wake (1939), Joyce va más allá creando todo un vocabulario nuevo a partir de elementos de muchos idiomas para realizar una narración de asuntos de la vida diaria entrelazada con muchos mitos y tradiciones. De algunos de estos experimentos participan las novelas de Virginia Woolf; sus obras La señora Dalloway (1925) y Al faro (1927) expresan la complejidad y evanescencia de la vida experimentada a cada momento. Ivy Compton-Burnett atrajo a menos lectores con sus originales disecciones de las relaciones familiares, elaboradas casi siempre a base de escuetos diálogos, como ocurre con Hermanos y hermanas (1929) y Padres e hijos (1941).

Evelyn Waugh, como Huxley, trazó una sátira de las debilidades sociales en la mayoría de sus obras, como Los seres queridos (1948). Graham Greene, convertido al catolicismo (como Waugh), investigó el problema del mal en la vida humana; es el caso de sus obras Un caso acabado (1961) o Los comediantes (1966). La celebridad de George Orwell le viene de dos novelas, una alegórica, Rebelión en la granja (1945), y una mordiente sátira, 1984 (1949), ambas dirigidas contra los peligros del totalitarismo.

2) La narrativa posterior a la II Guerra Mundial

Después de la II Guerra Mundial han aparecido pocas tendencias claramente distinguibles en la narrativa inglesa, al margen de los llamados “jóvenes airados” de las décadas de 1950 y 1960. Este grupo, que incluye a los novelistas Kingsley Amis, John Wain, Alan Sillitoe y John Braine, fustiga los valores caducos de la vieja Inglaterra. Iris Murdoch realizó un análisis cómico de la vida contemporánea en sus muchas novelas, como Bajo la red (1954), El príncipe negro (1973) o El buen aprendiz (1986).

Anthony Burgess, profundo escritor, se hizo famoso por su novela sobre la violencia juvenil, La naranja mecánica (1962), y John Le Carré ganó gran popularidad por su ingeniosas y complejas novelas de espionaje, como El espía que surgió del frío (1963) o La casa Rusia (1989). William Golding explora el mal del ser humano en la alegórica El señor de las moscas (1954), y obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1983. Durante la década de 1960 el realismo social de escritores como Amis, Braine y Alan Sillitoe, con su énfasis en el restrictivo provincianismo inglés, dio paso a influencias más internacionales. V. S. Pritchett y Doris Lessing, desde posturas muy distintas, obtuvieron el reconocimiento de los lectores. Lessing destacó por novelas en las que se ocupa del papel de la mujer en la sociedad actual, como ocurre en El cuaderno dorado (1962). Debe subrayarse también el humor negro altamente estilizado de escritores como Angus Wilson y Muriel Spark.

El género negro es una moda dominante en gran parte de la narrativa de la década de 1980 que, además, se centra en la creciente ambición de los desclasados y en el implacable individualismo capitalista. Martin Amis escribe con un coloquialismo que remite a los novelistas estadounidenses, y produce salvajes sátiras, como Dinero (1984) o Campos de Londres (1989). Ian McEwan es el autor de una serie de relatos y novelas muy interesantes que se ocupan de momentos de extrema crisis con un inquietante vigor que le convierte en el mejor escritor de los de su generación. Ha habido también un surgimiento de escritores poscoloniales, que revitalizaron la novela con nuevas perspectivas y argumentos. V. S. Naipaul, Nadine Gordimer, una escritora surafricana que obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1991 y Ruth Prawer Jhabvala, se han aproximado inteligentemente al colonialismo y a sus consecuencias desde perspectivas muy diversas. Salman Rushdie, que ha echado abajo las distinciones entre británicos y no británicos, cultiva la sátira política y ridiculiza los nacionalismos de los países sobre los que ha escrito. Utiliza la técnica del realismo mágico, lo mismo que hizo Angela Carter, que adaptó el estilo a objetivos feministas. Kazuo Ishiguro, nacido en Japón, ha escrito, entre otras novelas, Los restos del día (1989) donde retrata a un mayordomo inglés.

Otros escritores importantes son Peter Ackroyd, David Lodge y Malcolm Bradbury, junto a escritoras como A. S. Byatt y Jeanette Winterson.

Literatura Irlandesa del Siglo XX

El renacimiento literario irlandés se extendió hasta principios del siglo XX. El dramaturgo Sean O'Casey escribió La sombra de un pistolero (1923), Juno y el pavo real (1924) y El arado y las estrellas (1926), retratos realistas de la vida en los bajos fondos de Dublín. Los seis libros, reunidos en dos volúmenes con el título El espejo en casa (1956), representan una contribución fundamental a la historia de la literatura irlandesa. Las obras de Mary Colum y del dramaturgo y director del Abbey Theatre, Lennox Robinson, tienen un carácter eminentemente histórico y personal.

1) Narrativa y ensayo

Al mismo tiempo, salieron a escena varios escritores irlandeses nuevos, entre los que se cuentan los novelistas Liam O'Flaherty, autor de intensos relatos sobre la vida irlandesa como El delator (1925) y Hambruna (1937), y Elizabeth D. C. Bowen, autora de La muerte del corazón (1949) y Eva Trout (1968). También destacaron Molly Keane y, en especial, Edna O'Brien, autora de novelas de carácter autobiográfico sobre los intentos de unos jóvenes rebeldes por recuperar sus raíces.

Brian O'Nolan, conocido periodista, también es autor de novelas brillantes, mientras que los escritores de relatos más conocidos son Michael O'Donovan y William Trevor; entre los más recientes destaca Bernard MacLaverty. Sean O'Faolain escribió notables biografías, ensayos literarios y relatos.

Los escritores irlandeses del siglo XX, James Joyce y Samuel Beckett, aunque no se asocien con el renacimiento literario de su país, son reconocidos como figuras capitales de la literatura mundial. Todas las obras de Joyce, excepto Exiliados, se desarrollan en Dublín. Y Beckett, aunque exiliado en París, utiliza los ritmos de lenguaje y la jerga de Dublín.

2) Poesía

La figura dominante de la poesía irlandesa del siglo XX, y una gran personalidad mundial, fue William Butler Yeats, cuya obra influyó y ha seguido influyendo después de su muerte, en la obra de otros poetas. Destacan también los poetas católicos Austin Clarke y Thomas Kinsella.

En la década de 1980 Seamus Heaney atrajo la atención internacional, que culminó con la concesión del Premio Nobel de Literatura en 1995. Su pasión por las palabras y sus intensas imágenes que reflejan los conflictos trágicos de la experiencia irlandesa, se muestran en sus poemas y numerosos ensayos literarios.

3) Teatro

La vitalidad del teatro irlandés se hizo evidente en las obras irónicas de Denis William Johnston y en Brendan Behan. En años recientes destacó Brian Friel.

TRABAJO DE CASTELLANO

SOBRE:

- LITERATURA EPAÑOLA SIGLO XX

- LITERATURA EUROPEA SIGLO XX