Literatura española novecentista del siglo XX

Novecentismo. Generación del 14. Ortega y Gasset. Juan Ramón Jiménez

  • Enviado por: Paula Ortiz
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 9 páginas
publicidad
cursos destacados

Doctorado en Lengua Española y Lingüística General
UNED
El Programa de DoctoradoLENGUA ESPAÑOLA Y LINGÜÍSTICA GENERAL, del Departamento de Lengua Española y Lingüística...
Solicita InformaciÓn

publicidad

EL NOVECENTISMO.

A finales de la primera década del siglo XX, la generación del 98 ya ha dado sus mejores frutos y se dispersa, aunque sus integrantes aún continúan escribiendo. Testimonio de esta crisis del Noventayochismo y del Modernismo es el poema de Antonio Machado llamado “Una España Joven” publicado en la revista “España” (que será el medio de expresión de los nuevos intelectuales).

A partir de 1910, cuando Modernismo y Noventayochismo están ya en decadencia, surgen nuevos aires intelectuales, un nuevo ambiente y una nueva forma de pensar y de crear que releva a las tendencias anteriores. Guillén llamó a estos años “revueltos y fecundos”.

Se han impuesto tres etiquetas para denominar a los nuevos caminos tomados en la literatura de esta época:

- Novecentismo o Generación del 14: Se gesta en la primera década del siglo XX, alcanza su máxima afirmación hacia 1914, convive con las vanguardias en los años 20 y tiene su ocaso hacia 1930.

- Vanguardismo: Los vanguardismos son fundamentalmente europeos y se dan sobre todo en Francia (cubismo, surrealismo, creacionismo...) entre los años 20 y los años 30.

- Generación del 27: Surge en España y se mantiene hasta la guerra.

En el periodo comprendido entre el fin del modernismo y noventayochismo y la aparición de la generación del 27 se manifiesta un nuevo grupo de intelectuales, nacidos alrededor de 1980, a los que se ha reunido bajo el nombre de Generación del 14 o Novecentismo (término utilizado por primera vez por Eugenio D´Ors.

¿Puede en este caso hablarse de una generación? A pesar de las diferencias entre unos y otros podemos citar unas características comunes a todos ellos:

- Casi todos los integrantes del grupo nacen hacia los años 80.

- No hay un acontecimiento nacional, como sucedía en la Generación del 98, pero hay un acontecimiento generacional: el estallido de la primera guerra mundial.

- Formación semejante de los miembros: todos ellos tienen una sólida formación intelectual, aunque también hay casos de autodidactismo, pero, a pesar de esto, todos se forman en los nuevos centros (Residencia de Estudiantes) o en el extranjero.

- Anquilosamiento de la generación anterior: Los novecentistas reaccionan contra las actitudes que consideran decimonónicas. Para ellos el Noventayochismo y el Modernismo son epígonos, que continúan con la literatura del s XIX.

Ideología del Novecentismo.

- Tomaremos como principio la revista “España”, que es la principal difusora de la ideología de la nueva generación, su órgano de expresión.

Hemos de tener también muy en cuenta para aproximarnos a la realidad ideológica del Novecentismo la Liga de Educación Política: entidad o asociación formada por candidatos o guías y mentores del pueblo en cuyos miembros había una vocación de preparadores de minorías. Nace en 1913 y su presentación oficial tuvo lugar con el discurso de Ortega sobre “Vieja y nueva política”.

- Los novecentistas pretenden un cambio y una ruptura con el periodo anterior, partiendo de una actitud crítica y renovadora.

- En lo cultural, el Novecentismo supone la aparición de un nuevo tipo de intelectual: el universitario, que tiene más métodos, más sistema, una mayor preocupación científica, deseo de precisión, formación más rigurosa que en las generaciones anteriores. Hay un clima intelectual distinto del anterior, por tanto.

- Los novecentistas se definen por su europeísmo: se resisten a encerrarse en lo nacional y atienden a lo universal.

- A pesar del punto anterior, sigue estando presente la preocupación por España, aunque no pervive la concepción castellanocéntrica de España. Ortega, por ejemplo, diagnostica la existencia de dos Españas: la España Oficial (que se obstina en prolongar los rasgos de la España decimonónica) y la Nueva España. Se supera el pesimismo de la época anterior con respecto a este tema y se toma una orientación europeísta.

- En lo político, las raíces novecentistas parten del reformismo burgués, que va desde el liberalismo hasta posiciones social-demócratas. Hombres como Ortega y Marañón defendieron los ideales republicanos. Piensan que ha de ser una burguesía moderna quien renueve el país y lo ponga al ritmo de Europa. Buscan la ascensión de las élites juveniles al poder para poder lograrlo.

- Reacción contra las posturas decimonónicas: se da un antirromanticismo y un fervor por lo clásico. La bohemia del periodo anterior queda fuera de lugar y de tiempo.

- Temas más frecuentes: la idea de revolución desde el poder y el elitismo y el Ya citado tema de España, cuya máxima expresión se halla en La España invertebrada de Ortega: para él ha de crearse una España nueva, una España a la europea).

Estética.

Dentro de la variedad, los novecentistas presentan una serie de características comunes, cuyo punto de partida sería la ya mencionada reacción contra las secuelas decimonónicas, lo que conduce a las posturas antirrománticas y al rechazo del realismo trivial.

- Huida del sentimentalismo: Uno de los rasgos más característicos de la nueva literatura. Se refrena lo romántico, la exaltación pasional y se da paso a lo clásico, a lo sereno.

- Se separan la obra de arte y la realidad: el arte ya no refleja la realidad ni aspira a reflejar sentimientos ni emociones, sino que tiene un valor primordialmente estético. Se elimina todo lo humano y se propone el arte como libre juego. Esto constituye el principio de lo que Ortega llama la deshumanización del arte, que se hará más acusada con el vanguardismo.

- Búsqueda del arte puro, como mero goce estético: el arte por el arte.

- Abandono del tono apasionado y vehemente, de la dicción interjeccional (como dice D`Ors).

- Imperativo de selección, que conduce a una literatura para minorías. El nuevo arte provoca el rechazo por parte de la mayoría de la sociedad, al alejarse tanto del realismo y no aparecer en él los elementos humanos.

- Intelectualismo, producto de la preocupación por evitar lo sentimental. Se busca la belleza por un proceso intelectual, lo que explica el predominio del género ensayístico sobre otros como la poesía. Si

- Ideal de arte puro, que se propone un mero placer estético.

- Preocupación por el lenguaje (gran riqueza lingüística: Ortega amplía el vocabulario existente, usa cultismos, vulgarismos...).

- Gran cuidado de la forma, el escritor huye de lo fácil y desmañado. La prosa recurre a la función poética del lenguaje (metáforas en Ortega, densidad lírica de Miró... cultivo del poema en prosa).

- Pulcritud, equilibrio. Los novecentistas hacen gala de un exquisito cuidado de la forma. Hay una gran preocupación por el propio estilo y rigor en la creación (actitud muy distante, por ejemplo, de Baroja). Afán por la obra bien hecha, bien meditada, trata de hacerse perfecta.

- Cobran gran importancia el ensayo y la novela.

Autores.

La renovación que inician los novecentistas alcanza a todos los géneros.

- ENSAYO: Cobra especial importancia este género y la nómina de autores que lo cultivan es muy extensa. Citaremos como los más importantes de entre estos a José Ortega y Gasset, Eugenio D`Ors, Gregorio Marañón, Manuel Azaña, Claudio Sánchez Albornoz...

- NOVELA: Gabriel Miró, Pérez de Ayala, Fernández Flórez, Benjamín Jarnés...

- POESÍA: Juan Ramón Jiménez, ...

JOSÉ ORTEGA Y GASSET.

Ortega es uno de los máximos representantes de la Generación del 14 o Novecentismo.

Nace en Madrid en 1883 en el seno de una familia vinculada al periodismo y a la literatura. Tras sus estudios en los jesuitas de Madrid (1891-1897) pasa a la universidad y se licencia en Filosofía y Letras.

Publica su primer artículo en 1902.

Amplia sus estudios en Alemania y sus colaboraciones periodísticas son cada vez más frecuentes a partir de 1904.

En 1908 es profesor de sociología, lógica y ética y en 1910 obtiene la cátedra de metafísica en Madrid. En este tiempo no abandona la literatura, a pesar de que ha de atender su ocupación oficial y además funda la Liga de Educación política, la Revista de Occidente (el vehículo de expresión en que encuentran cabida las nuevas corrientes europeas y españolas). Publica su primer libro en 1914: Meditaciones del Quijote, el ensayo La deshumanización del arte (1925) y otra serie de obras, que citaremos más adelante. Su actividad es cada vez más acelerada.

Con la llegada de la república interviene activamente en la política, pero sin abandonar sus tareas periodísticas y filosóficas.

En 1936 sale de España y reside en distintos lugares, hasta que en 1945 regresa a Madrid y crea el Instituto de Humanidades.

Trabaja en sus libros y ensayos y viaja dando conferencias hasta su muerte en 1956.

Obras.

- Meditaciones del quijote, 1914. Ensayo.

- El Espectador: Consta de ocho volúmenes y el primero fue publicado en 1916.

- La España invertebrada: 1921.

- El tema de nuestro tiempo: 1923 (filosofía).

- Ideas sobre la novela, La deshumanización del arte: ensayos publicados en 1924 y 1925, respectivamente.

- La rebelión de las masas: 1929-1930, en forma de folletón.

- En torno a Galileo: 1930, donde expone su teoría de las generaciones.

- Estudios sobre el amor: 1941.

- Papeles sobre Velázquez y Goya: 1950.

El tema de España en Ortega.

Sus ideas sobre España quedan explicadas en “La España invertebrada”, 1921. Hay una superación del pesimismo precedente y una orientación claramente europeística. Ortega denuncia el aislamiento de nuestro país.

Toca el problema de la decadencia española para explicar la situación presente, que se caracteriza por un proceso de disgregación, que él resume en tres puntos:

- Disgregación nacional: debida a los separatismos. España estaba hecha por Castilla, pero Castilla se agotó y esto amenaza con desintegrar el país.

- Disgregación nacional: que se debe a los particularismos de clase. Las clases sociales deben tener un espíritu de cooperación, pero este espíritu no existe en España.

- La indisciplina de las masas: desarrolla esta idea en “La rebelión de las masas”. Ortega piensa que una nación es una masa humana regida por una minoría selecta, pero en España no existe una minoría capaz de dirigir.

Para Ortega, los principios democráticos estaban en crisis. Para que España pudiera restaurarse era indispensable que la masa siguiera a los mejores, a esa minoría selecta que supiera ofrecer a todas las regiones y grupos sociales un proyecto sugestivo de vida en común.

El análisis de Ortega ha sido muy comentado y rebatido en varios puntos. Desde el punto de vista de la política se ha llegado a ver en sus ideas un antecedente de postulados fascistas, lo cual es una exageración, ya que Ortega era un liberal reformista. La crítica ha señalado también lo endeble de sus fundamentos históricos.

La filosofía en Ortega.

La vocación filosófica en Ortega es posterior a la literaria, pero su gran curiosidad le hizo acercarse a los más variados aspectos de la cultura.

En Alemania conoce la filosofía neokantiana, pero pronto se aleja de ella para llegar a una encrucijada entre el racionalismo y el vitalismo: ratiovitalismo, que se opone al irracionalismo imperante y se centra en la vida humana.

Sus meditaciones se centran en la vida humana, que considera un ineludible quehacer. “Yo soy yo y mi circunstancia”, decía, “vida y circunstancia son una”. Todo lo que rodea a la vida humana individual es circunstancia vital; fuera de esta circunstancia la vida individual es impensable. La realidad radical no está en el “yo”, sino en la relación del yo con el mundo, con las circunstancias.

En “El tema de nuestro tiempo” expone estas ideas. Contiene la doctrina del perspectivismo, según la cual, son igualmente válidas las más distintas concepciones del mundo, ya que su diversidad depende del punto de vista empleado, por lo que no existe una realidad única e inmutable. La realidad es el conjunto de puntos de vista.

Ideas estéticas: la deshumanización del arte.

Ocupan un lugar preferente en la obra de Ortega los textos dedicados a la estética y a la teoría del arte. Citaremos las obras de las que se desprenden sus ideas estéticas: “Ensayo de estética a manera de prólogo”, que escribe en 1914 a una obra de José Moreno Villa, “Ideas sobre la novela”(1924) y “La deshumanización del arte” (1925).

En un artículo llamado “Musicalia”, dedicado a la música de Debussy, Había ya observado Ortega la impopularidad del arte musical nuevo, frente a la popularidad del arte romántico.

En LA DESHUMANIZACIÓN DEL ARTE Ortega analiza el arte del siglo XX.

- Parte de un principio elitista que debe dirigir el orden de las cosas (desde la política hasta el arte): todo debe organizarse en dos grupos:

. Los hombres egregios: una minoría selecta que ha de dirigir a la mayoría, a la masa y que, desgraciadamente, no existe en España. A esta minoría le corresponde la ejemplaridad.

. Los hombres vulgares: son una mayoría. Les corresponde la docilidad.

En el siglo XIX la masa había pretendido ser toda la sociedad, en el XX no ha de ser así.

- El arte no debe reflejar la realidad, sino eliminar los elementos humanos, proporcionar un goce puramente estético y producir un placer inteligente y motivado. Se caracteriza por la negación y el alejamiento de todo lo humano. No es extracto de vida, como lo era el arte del siglo XIX.

- No se trata de un arte impopular solamente, sino que es un arte antipopular, de carácter minoritario. Para explicar esto, lo ejemplifica hablando de lo ocurrido con el drama representado en Hernani del arte del periodo anterior: en principio había sido rechazado, como todo arte joven es rechazado, pero después es aceptado y pasa a ser popular porque es extracto de vida, transmite las pasiones de los personajes y lleva al público a sentir las peripecias de los personajes. En cambio, la impopularidad del arte nuevo es de distinto tipo, ya que es un arte antipopular y minoritario que tiene a la masa en contra suya y siempre la tendrá, ya que está dominado por un “asco a lo humano” y los nuevos protagonistas son antihumanos.

Se produce con el arte nuevo una reacción contraria a la que tuvo lugar en el siglo anterior, al que una minoría le era hostil y una mayoría favorable.

Sin embargo, el arte nuevo no es tan deshumanizado como se dice, antes Ortega defendía un punto de vista distinto: no es un arte totalmente deshumanizado, lo que trata es de alejarse de la experiencia humana vulgar, no de toda experiencia humana.

- El arte nuevo separa a los hombres en los dos grupos ya mencionados. Esta disociación obedece a un principio: la disyunción se produce en un plano más profundo que el del gusto individual; depende de que unos, la minoría, lo entienden y el resto, la masa, no lo entiende.

. Los hombres egregios: comprenden el nuevo arte y le son favorables. Son hombres ilustres, son una minoría especialmente dotada. El arte les hace sentirse lo que son: buenos burgueses. Como Ortega les llama, son los “amigos de mirar”. Para ellos el goce estético es un placer espiritual, inteligente y motivado.

. La masa: No entiende el arte nuevo y por eso se siente humillada, inferior y le es hostil. Son los prácticos, los utilitarios. Ante el arte se preguntan ¿Qué es? ¿Para qué sirve?, porque no conocen otra actitud ante los objetos que la práctica. El goce estético no es un placer espiritual para ellos, porque sólo se interesan por las figuras y pasiones humanas (por esto abogan por el arte del siglo XIX). Les ofenden los principios característicos del arte nuevo.

Los principios del arte nuevo, para Ortega, son siete y guardan una gran relación entre sí:

1. DESHUMANIZACIÓN DEL ARTE: El arte nuevo relega las emociones humanas, en favor de la pura emoción estética. El placer estético ha de ser inteligente, perspicaz y motivado.

2. ARTE INTELECTUAL: que no se funda en el contagio emocional.

3. ARTE PURO: que evita las formas vivas, tan características del s XIX. El arte se valora ahora por las puras calidades formales, y no por lo que tenga de real.

4. ELUDE TODA FALSEDAD: No se exponen realidades vividas, sino que se atiende únicamente a la realidad artística. Se repugna toda confusión de fronteras, el poeta es poeta y no ha de transmitir sus emociones ni sentimientos como hombre. Ha de diferenciarse claramente hasta dónde llega a la vida y dónde empieza el arte.

5. ARTE COMO PURA FARSA: No es tal farsa, porque no aspira a expresar nada; nos invita a contemplar un arte que es broma, casi burla de sí mismo.

6. ARTE INTRASCENDENTE: esto no quiere decir que se le reste importancia al arte ni que al artista le interese poco su obra o su oficio. El arte del s XIX era un arte serio que pretendía salvar a la especie humana (había una conexión entre el arte y la política, la religión, la sociedad...). En el siglo XX las cosas son arte cuando pierden esa seriedad, el arte nuevo salva al hombre de la seriedad de la vida.

7. SENTIDO LÚDICO: se presenta el arte del siglo XX como juego, lejos de todo patetismo.

En ese distanciamiento y negación de la realidad juega un importante papel la POESÍA (“la poesía es el álgebra de la metáfora”) y, dentro de ésta, la METÁFORA.

Ortega parte de la poesía de Mallarmé, que fue quien liberó a la poesía de las resonancias humanas.

La metáfora: consiste en suplantar una cosa por otra, no para hallar una, sino para rehuir la otra, ya que induce al hombre a eludir realidades (es un proceso de desrealización). Es un procedimiento intelectual que ayuda a comprender mejor las cosas muy característico en la obra de Ortega.

Ya había hablado antes de la metáfora en “Las dos grandes metáforas”, de 1924 y en su “Ensayo de estética a manera de prólogo” y la define como una verdad, un conocimiento de realidades que se fija en os rasgos abstractos de la que surge una realidad distinta si llega a darse la identidad total.

Antes la metáfora adornaba la realidad, ahora la suplanta, constituyendo una realidad nueva y liberando a la expresión vulgar de la atonía y por medio de ella podemos aprender lo que nos es menos asequible.

Ideas sobre la novela.

Hace Ortega un análisis semejante al anterior en cuanto a la novela, en el que parte del agotamiento del género, ya que es difícil hallar temas nuevos y crece la exigencia del lector selecto (aparece claramente de nuevo la distinción de las dos clases).

- Según dice Ortega, la novela es un género moroso, tupido, que se desarrolla de forma lenta.

- No interesa ya la novela de aventura ni el realismo: esto no agradará a la sensibilidad superior de la minoría selecta. “El novelista ha de tratar anestesiarnos para la realidad”. Propone también la deshumanización de la novela.

- El agotamiento de los temas ha de compensarse con la atención y cuidado exquisito del resto de los ingredientes de la novela: el lenguaje, la estructura, el estilo

- El argumento ya no es lo principal: La acción y la trama son meros soportes mecánicos. La esencia de lo novelesco no está en el argumento, sino en el ser y estar de los personajes, Ortega reclama densidad psicológica en estos. Es novelista ha de afanarse en construir una fauna espiritual, inventar almas

- No han de buscarse nuevos argumentos, sino campos nuevos, desconocidos, profundos... dando paso a lo imaginativo e intelectual.

- Lo que complace al nuevo público es el conocimiento, el carácter difuso y atmosférico, la falta de acción, la descripción inmóvil.

- La novela también ha de ser intranscendente: no puede ser más que novela, de ahí su carácter hermético.

- Señala como ejemplo de buenos novelistas a: Proust, Dostoievski.

Conclusión:

Según dice Ortega, en la “Deshumanización del arte”, el asco a la forma vida es algo que sucede en todas las épocas, pero no entra en detalles para precisar esta tendencia, sino que trata de señalar que esta deshumanización es algo que se ha observado a lo largo de toda la historia.

En “La deshumanización del arte” y en “ideas sobre la novela”, se advierte un claro trasfondo ideológico de carácter elitista, pero más allá de éste, estas obras constituyen una lúcida interpretación del arte de Vanguardia.JUAN RAMÓN JIMÉNEZ.

Juan Ramón nace en Moguer (Huelva) en 1881. Estudió con los Jesuitas en Puerto de Santa María. Abandona sus estudios de derecho y se dedica a las artes. En 1900 publica en Madrid sus primeros libros de poesía, que se titulan “Almas de violetas” y “Ninfeas”.

Ha de volver a Madrid, donde muere al poco tiempo su padre, lo que le produce a Juan Ramón una profunda crisis y ha de ser internado en un sanatorio mental en Francia y más tarde en otro en Madrid.. A pesar de su enfermedad, lee y sigue escribiendo, además de colaborar en la revista “Helios”.

El doctor Simarro, en cuya casa pasó algún tiempo, ejerce una gran influencia sobre él al ponerle en contacto con la I.L.E.

En 1904 vuelve a Moguer, donde permanece hasta 1912, años en los que mantiene una intensa actividad literaria, lee mucho, escribe incesantemente... es entonces cuando comienza a escribir “Platero y yo”.

Vuelve a Madrid en 1912 y se instala en la Residencia de Estudiantes. Recuerda su estancia allí en “La colina de chopos”. Comienza una etapa decisiva, interrumpida por un viaje.

En 1916 se embarca a los Estados Unidos y contrae matrimonio en Nueva York con Zenobia Camprubí, regresando los dos juntos a Madrid. Residen allí hasta 1936. Esta etapa en Madrid es la etapa de composición de libros como “Estío” o de publicaciones que dan un giro radical dentro de la obra de Juan Ramón, como “Diario de un poeta recién casado”.

Estalla la guerra y Juan Ramón y su mujer salen de Madrid y residen, primero en Puerto Rico, más tarde en Cuba, Estados Unidos, Argentina y se instalan finalmente en Puerto Rico, donde muere en 1958 (dos años después de haber muerto su esposa y haberle sido concedido el premio Nobel).

Sensibilidad y concepción de la poesía.

- Pocos re presentan como él al poeta encerrado en su torre de marfil. Juan Ramón vivía en su mundo en soledad, tenía una excesiva sensibilidad y se sentía cada vez más alejado de la vida pública. Del reproche de su distanciamiento se defiende el propio Juan Ramón diciendo que “ha sido un poeta de terraza abierta” y además demostró su sentido de las responsabilidades públicas (acercándose a la realidad social en sus obras, por ej.).

- Es el prototipo del hombre entregado completamente a su obra. Para él, su poesía es el ideal de obra; de ahí su obsesión, afán por la perfección, que le lleva a reescribir varias veces sus obras. Sed de belleza, de perfección, de conocimiento, de eternidad.

- Entregado a una exigente persecución de la belleza y de la palabra fundamental.

- Su poesía es minoritaria, de dificultad y selección crecientes y de creciente hermetismo. El mismo dijo: “A la minoría siempre”.

- Para él, poesía es belleza: es la expresión de un goce exaltado de lo bello.

- Sus ansias de eternidad la llevan a la preocupación angustiosa por la fugacidad de las cosas. Concibe la eternidad como una posesión inalcanzable de belleza y verdad.

Etapas en su poesía.

La constante inquietud y permanente búsqueda de Juan Ramón explican su peculiar evolución. Es debido a esta evolución, por lo que su obra resume los caminos recorridos por la poesía española desde el Modernismo hacia nuevas formas.

Siguiendo las declaraciones del propio autor, suelen distinguirse cuatro etapas, que él reduce a tres y resume perfectamente en un poema de 1918 perteneciente a “Eternidades”.

Las fases, más que rupturas o fases tajantemente diferenciadas, constituyen una sucesión, una evolución... Juan Ramón comienza con la poesía sencilla y acaba decantándose otra vez por ella en su última fase.

Nos da esta idea de cambio progresivo en lugar de ruptura, por la forma que tiene de expresarlo: “fui odiando”, en lugar de “odié”... “se fue vistiendo...”

1. Al principio, observamos el gusto por la sencillez, inocencia, pureza.

2. También enseguida se nota la presencia del modernismo y su poesía se va llenando de ornamentación (aunque esto no surge intencionadamente en el autor, e incluso el mismo J. Ramón señala que la fue odiando, que era una poesía fría...). Parece que no era su intención caer en el modernismo, sino que se trataba de un simple contagio, la caída en la tentación de lo barroco, una fase “a la moda”. 3. Tras esto, su poesía comienza a despojarse de los rasgos modernistas, lo que alivia al poeta, va depurándose y él le sonríe.

4. Finalmente la poesía se despoja de esta túnica y se convierte en la “poesía desnuda”. Vuelve su poesía a la sencillez primitiva, a la sencillez de la primera estrofa, a su túnica de inocencia antigua .

Parece que el poeta ha sido siempre el mismo, ya que comienza y acaba con la misma sencillez, pero no es así, ya que la sencillez de la última etapa no es igual que la de la primera: lo sencillo en esta última etapa es lo conseguido con los menos elementos posibles, se trata de lo justo, sintético.

Parece que, en general, podríamos distinguir dos etapas:

- Una sencilla.

- Otra con elementos barrocos.

La línea divisoria se situaría en 1916, con la publicación de “Diario de un poeta recién casado”.

Juan Ramón distingue tres fases en su poesía:

- 1. POESÍA SENSITIVA: A partir de su aparición hay influencia del modernismo, aunque parece ser que la fuente de J. Ramón en esta época es más el simbolismo francés que el modernismo. Ejemplos: “Ninfeas”, “Violeta” (obras que pronto rechazará el mismo Juan Ramón). Esta primera época recoge toda su producción hasta la aparición de “Diario de un poeta recién casado”, lo que es, aproximadamente, desde 1903 hasta 1915. En este periodo escribe también obras como “Rimas” (1902), “Arias tristes” (1903), en las que Juan Ramón muestra ya un acento bien diferenciado del modernismo anterior (versos cortos, más sencillez...) Escribe también en esta época “Soledades”, “Jardines lejanos”, “Baladas de primavera”; “Pastorales”.

- 2. POESÍA INTELECTUAL: Inaugura su segunda época con “Diario de un poeta recién casado”, que escribe en gran parte durante su viaje a América. “Estío”, de 1915, ya preludiaba la nueva forma de hacer poesía. Esta etapa llega hasta 1936. Hay una nueva sencillez y se suplanta el octosílabo por el verso libre. Rompe totalmente con el modernismo. Cambia de influencias, siendo las nuevas la poesía inglesa y alemana. No se da la fácil musicalidad de sus primeros libros. “La estación total” (escrita entre 1923 y 1936, aunque se publicó más tarde). Ansia de eternidad, quiere llegar el poeta a una posesión total de la belleza.

Utiliza nuevas técnicas en “Diario”, como, por ejemplo, el collage (inserta en sus poemas textos o artículos que no han sido creados con fines estéticos)

Esta etapa presenta dificultades al lector dado que lo sencillo reside en usar los elementos justos. Predominan los poemas densos, pero breves. Utiliza la palabra justa, ceñida al concepto y desprovista de anécdota. Es una poesía metafísica que apunta a problemas anímicos elevados, que hacen que se oscurezca la expresión verbal se oscurezca, restando sencillez.

- 3. ÉPOCA SUFICIENTE O VERDADERA: Desde 1936 hasta su muerte. J. Ramón continúa su indagación poética, cada vez más encerrado en sí mismo y atento a la obra, cada día más exigente y ambiciosa. “En el otro costado”: en él figura el poema en prosa Espacio, que es la cima de su creación; es una extensión difusa de recuerdos e introspecciones que se muestran mediante la técnica de asociación libre. Ensarta vivencias y preocupaciones del poeta con un ritmo fluyente.

“Dios deseado y deseante”, poema que nos conduce a nuevas honduras. Es un poemario traspasado por un extraño misticismo o anhelo metafísico, en el que la sed de eternidad le ha llevado al contacto con un dios que se identifica con la naturaleza o la propia conciencia creadora.

Conclusión.

La trayectoria de Juan Ramón Jiménez es una trayectoria ejemplar, representativa. En nuestro siglo es la máxima encarnación de la poesía concebida como la búsqueda solitaria de belleza, de lo absoluto.

Debido a esto, ha tenido una gran influencia en alguno autores de la generación del 27 como Guillén, Salinas, Alberti, Lorca, etc... en los que está presente la huella de Juan Ramón.

En posguerra, cuando surge la llamada poesía desarraigada o existencial y tras esta la social, comprometida (años 40-50), viene casi el olvido total de J. Ramón, ya que no se comprende su obra, que se concibe como puramente esteticista.

Tras esta etapa de posguerra nos encontramos con los novísimos y las nuevas tendencias de los años 60-70. Se cambian las metas y se buscan nuevas formas expresivas. Rescatan el nombre de Juan Ramón Jiménez del olvido y se convierte éste en un ejemplo para la nueva literatura.