Libertad

Principios morales. Ley. Dios. Frases relacionadas. Hombre. Adolescencia. Responsabilidad. Presos. Fe. Tipologías. Libertinaje

  • Enviado por: Jorge Mosquera
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 13 páginas

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LIBERTAD:

“Los hombres de nuestro tiempo tienen una conciencia cada vez mayor de la dignidad de persona humana”.

De aquí podemos reivindicar la posibilidad para que el hombre “ actúen según su propio criterio y hagan uso de una libertad responsable, guiados por la conciencia del deber”.

En concreto, el derecho a la libertad religiosa y al respeto de la conciencia en su camino hacia la verdad en sentido como fundamento de los derechos de la persona considerados en su conjunto.

En algunos pensamientos modernos ha llegado a exaltar la libertad hasta el extremo de considerarla como una absoluto que sería la fuente de los valores.

La pregunta moral, a la que responde Cristo, no puede prescindir del problema de la libertad, es más, lo considera central porque no existe moral sin libertad “El hombre puede convertirse al bien sólo en la libertad”. La verdadera libertad es signo eminente de la Imagen Divina en el hombre.

La Libertad y la Ley:

El hombre es ciertamente libre, desde el momento en que puede comprender y acoger los mandamientos de Dios y posee una libertad muy amplia, porque puede comer “de cualquier árbol del Jardín”. Pero esta libertad la ciencia del bien y del mal, por estar llamado a aceptar la ley Moral que Dios le da.

La ley de Dios, pues, no atenúa ni elimina la libertad del hombre, al contrario, la garantiza y promueve, pero... en contraste con lo anterior, algunas tendencias culturales contemporáneas, abogan por determinadas orientaciones éticas que tienen como centro de su pensamiento un pretendido conflicto entre la libertad y la luz.

Dios quiso “dejar al hombre en manos de su propia decisión”, de modo que busque sin coacciones a su Creador y adhiriéndose a Él, llegue libremente a la plena y feliz perfección. Si existe el derecho de ser respetados en el propio camino de búsqueda (...) la verdad existe aún antes la obligación moral, grave para cada uno, de buscar la verdad y de seguirla una vez conocida.

En realidad, la libertad del hombre encuentra su verdadera y plena realización en esta aceptación: Dios que sólo Él es Bueno, conoce perfectamente lo que es bueno para el hombre, y en virtud de su mismo amor se lo propone en los mandamientos.

La libertad humana podría “crear los valores” y gozaría de una primacía sobre la verdad, hasta el punto en que la verdad sería considerada una creación de la libertad.

El hombre, en su tender hacia Dios - “sólo Él es bueno”- debe hacer libremente el bien y evitar el mal. Pero para esto el hombre debe poder distinguir el bien del mal. Y esto sucede ante todo gracias a la luz de la razón natural, reflejo en el hombre del esplendor del resto de Dios.

Frases de Libertad:

“Dios quiso dejar al hombre en manos de su propio albedrío” (Eclo 15,14)

“ de modo que busquen sin coacción de su Creador y adhiriéndose a Él, llegue libremente a la plena y feliz perfección”

“ Del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás” (Gén. 2,17)

“ El hombre puede convertirse al bien sólo en la Libertad”

“Conocerás la verdad y la verdad os hará libre” (Jn. 8,32)

La Libertad del hombre:

Uno de los valores más apreciados por el hombre es la libertad.

Hay mucha confusión acerca del entendimiento, del sentido de esta libertad. Hay países en donde movimientos insurreccionales combaten los gobiernos para conseguir la libertad como ellos la entienden mientras los gobiernos tratan de aplastarlos para defender la libertad según su propia interpretación.

Podemos descubrir la misma confusión o, por lo menos, muy variadas ideas acerca de la libertad al mirar a nuestro alrededor.

Hay quienes dicen que ser libre es poder hacer lo que a uno se le ocurra; otros piensan que el hombre sólo puede tener libertad si se lo orienta y dirige; hasta hay quienes quieren decidir por los demás “porque la gente no es madura”.

Libertad¿Para? O sea: la libertad en sí no es el absoluto valor último, sino que está en función del hombre. La “norma” de la libertad, de alguna manera, es el hombre. Ahí encontramos la clave para entender las distintas interpretaciones de la libertad a partir de las distintas ideas que hay acerca del hombre. Para las personas que creen alcanzar la meta siendo una especie de picaflor, la libertad y el libertinaje son sinónimos. Para los que creen que la felicidad se logra si la sociedad funciona bien, la libertad individual está supeditada al bien del estado (ideólogos, marxistas o fascistas). Los que creen que lo único importante es el individuo y que la sociedad andará bien por pura consecuencia del actuar de los individuos (ideologías liberales) propugnarán la libertad individual sin límites ni reglas.

Para encontrar el sentido cristiano de la libertad, debemos partir de la noción de “hombre”. Es al encontrar la verdad sobre el hombre que encontraremos la verdad sobre la libertad.

El hombre es llamado a ser imagen y semejanza de Dios que es amor. Constantemente existe la tentación de vivir según nuestro propio criterio. Eso implica que se es verdaderamente hombre en plenitud en la medida en que cada uno responde a este llamado de ser imagen y semejanza.

El llamado convive con la eterna tentación. La vida humana está llena de constantes opciones. El hombre, en la vida de todos los días debe optar, debe elegir. El conjunto de estas marcan el rumbo de la vida. El casamiento es el compromiso por el cual se sella la elección y la opción. A partir de ahí ¿el hombre, la mujer pierde la libertad? De ninguna manera. Ser libre para este hombre casado consiste en ser fiel a su opción asumida en libertad. Si este hombre se olvida de su decisión no está manifestando su libertad, sino lo contrario: está mostrando que es esclavo de su capricho y de la ocurrencia del momento, que no es capaz de ser fiel a su compromiso libremente asumido, que es dominado por el pecado.

El hombre y la mujer que tuvieron relaciones matrimoniales que dieron lugar a un embarazo, al abortar no manifiestan su libertad sino que muestran que no son capaces de asumir las consecuencias de sus actos y que son esclavos de su egoísmo. El joven que se droga no está dando ninguna muestra de su libertad. Al contrario, está manifestando de un modo particular su búsqueda de felicidad.

Jesús dice:

“Si ustedes permanecen fieles a mi palabra serán verdaderamente mis discípulos: conocerán la verdad y la verdad los hará libres”

La libertad no es algo que uno tiene o no tiene. La libertad no es meramente una libertad física que consiste es no estar preso. Tampoco se reduce a la sola libertad psíquica que supone que todo adulto normal puede decidir por sí solo. La libertad es la libertad de espíritu: la capacidad de superar todas las tentaciones y de ser fiel a mis opciones.

Realizada la creación, Dios no abandona su criatura a ella misma. No sólo le da el ser y el existir, sino que la mantiene a cada instante en el ser, le da el obrar y la lleva a su término. Reconocer esta dependencia completa con respecto al Creador es fuente de sabiduría y de libertad, de gozo y de confianza: “Amas a todos los seres y nada de lo que hiciste aborreces, pues, si algo odiases, no lo hubieras creado. Y¿ cómo podría ser subsistir cosa que no hubieses querido? ¿Cómo se conservaría si no la hubieses llamado? Mas tú todo lo perdonas porque todo es tuyo, Señor que amas la vida” (Cat I. C. 301)

Esta libertad no se tiene, se conquista día a día, en la lucha por ser fiel a partir de la constante búsqueda de la verdad de mi persona.

Durante toda su vida, el hombre tiene que buscar quién quiere Dios que él sea? Pero se tiene que hacer carne a través de nuestro modo de ser y de nuestro actuar. Seremos libres en la medida en que, en nuestras opciones grandes y chicas, logremos ser la persona que Dios proyectó el día en que nos concibieron nuestros padres.

Libertad en la Adolescencia:

El desprendimiento definitivo:

La entrada en el mundo de los grandes para los adolescentes significa la pérdida para siempre de su status de niño. Es este un momento muy especial en la vida y constituye la etapa definitoria del desprendimiento que comenzó en el momento del nacimiento.

El adolescente se ve con otro cuerpo, ya no le resulta tan conocida su manera de ser y de actuar. A medida que va reconociendo estos nuevos cambios comienza también a relacionarse de otra manera con sus padres y con el mundo.

Su carácter empieza a fluctuar entre la independencia extrema y la dependencia infantil y sólo la madurez, que tardará un poco más en llegar, le permitirá aceptar ser independiente dentro de la necesaria interdependencia con nuestros semejantes. El abrupto crecimiento de los hijos hace que los padres también tengan dificultades para aceptarlo: ¿Cómo lo trato? ¿Qué le permito? ¿ Hasta dónde le dejo hacer lo que quiera? ¿ Qué limites le pongo?

Tanto unos como los otros tendrán que ensayar diversas pruebas para ver la manera de establecer otra dinámica de relaciones familiares.

El joven en su búsqueda de desprenderse de los padres de la infancia pide tres libertades fundamentales: en las salidas y en los horarios, en elegir lo que quiere

Ser y defender su ideología o paradigma .Los padres lo que más controlan es la libertad de horarios y salidas aunque, en el fondo esto signifique un control sobre

las otras libertades.

Otorgar Libertad sin abandonar:

En la primera parte de la adolescencia los hijos necesitan a los padres más que cuando eran bebés, o por lo menos, lo necesitan de otra manera, tanto sea para

Enfrentarlos, criticarlos o pedirles mimos

Para poder hacer un buen uso de las libertades tiene que encontrar cierta aprobación de parte de los padres. Esto no significa no poder atacar ningún

límite, pues, en este caso, el efecto de la excesiva libertad confunde al joven y le produce un profundo sentimiento de abandono(y en realidad lo es)

La mejor posición es el estar atentos y poder acceder tanto a las necesidades de dependencia como de independencia, de acuerdo a las necesidades de sus hijas

Esto los ayudará a que logren su desprendimiento otorgándoles libertades y, a la

Vez proporcionándoles una dependencia madura.

El pedido de libertad necesita límites impuestos por el cuidado, la cautela, la observación, el contacto afectiva permanente, el diálogo, para poder acompañar paso a paso la evolución de las necesidades de cambio de los hijos.

Hoy el mundo nos exige movernos con más libertad pero ejercida con responsabilidad para no coartarla con violencia.

El uso responsable de la libertad:

Todo adolescente vive con intensidad el sufrimiento producido por los cambios

que sin él proponérselo, sin darle permisos, se le instalan en sus afectos.

Este dolor manifestado de muy distintas maneras: con hosquedad, silencios prolongados, gritos, cambios cíclicos de humor, desesperanza, proyecto de utopías, merece el mayor de los respetos por parte de los adultos.

Ahora nos demanda, desde su nuevo lugar, el uso de mayor libertad.

Enseñar acerca del uso que se pude dar a la libertad es enseñar nada menos que a vivir. El saber diferenciar lo bueno de lo malo, se adquiere a medida que vamos viviendo, y aunque sin duda, muchos nacen con una sensibilidad especial hacia

El uso valioso de la libertad, la mayoría lo aprendemos equivocándonos.

Para erigirnos el Maestro de los Hijos, comencemos con un acto de humildad, reconociendo nuestras propias limitaciones, ayudemos a encontrar el buen uso de la libertad, mientras por otro lado, nos preguntaremos hasta que punto nosotros lo sabemos y la ejercemos. Es seguro que los hijos estarán pendientes de nuestro hacer más que de nuestro decir.

Con el hacer, con el ejemplo, educaremos mostrando que no hay una manera de vivir, como no hay una sola de ejercer la libertad. Lo vaya a ser nuestra vida en parte, es el resultado de lo que cada cual quiera.

Sabemos que no somos libres de elegir muchas cosas que nos pasan, pero sí lo somos para responder a lo que nos pasa de tal o cual modo.

La libertad consiste en elegir dentro de las posibilidades que la vida nos presenta.

Es por ello que cuantas más capacidades desarrollemos y más oportunidades la vida nos brinde mejores resultados probemos tener del uso de nuestra libertad

¿Libres o prisioneros?

La prisión es aquel ámbito que limita de un modo forzado nuestra libertad. Nuestra libertad entendida es la capacidad de elegir lo que más nos dispone el bien, descubrimos que hay muchas situaciones que resultan verdaderas prisiones.

Presos de soledad

En la sociedad Argentina se atiende a la necesidad de buscar como resolver el hacinamiento de nuestro sistema carcelario y entre las muchas propuestas, nadie puede negar que, para los que vivimos en ella, el hacinamiento es un hecho cotidiano.

Inconscientemente la sociedad, va aumentando un sinnúmero de “unidades carcelarias” en la convivencia.

En el trajín diario, cargados como estamos de cosas y problemas, la mirada discreta y respetuosa, termina fastidiando. La palabra, pareciera toparse siempre con el cuartel de “ silencio hospital ”, fijado en el rostro de tanta gente que va como golpeada por la vida. Y aún el gesto más gratuito, roza con la desconfianza y la eriza.

Los medios de comunicación nos alteran en tal manera con la inseguridad, que nos llevan a estar mirando por dónde vendrá el manotazo.

Sin darnos cuenta nuestros gestos, se nos van poco a poco atrofiando.

Y así, frente a la incapacidad de no saber cómo tratar con el otro, y terminamos cerrándonos con el mundo que nos rodea.

La Soledad de los presos

Necesitamos del otro y el otro necesita de nosotros, pero atrofiados como están nuestras miradas, nuestra palabra y nuestro gesto, la consecuencia es que si no comenzamos por tomar la iniciativa en poner manos a la obra en sanar y fortalecer, el camino que viene por delante se desbarranca hacia una tremenda soledad.

La Madre Teresa decía: “La soledad, la sensación de no ser queridos, de ser rechazados: son circunstancias que pueden llegar a ser peores que el hambre y la carencia de cosas. Su hambre es de amor, de comprensión, de compañía”

No se trata de multiplicar “nuevas cárceles”, sino de “abrir antiguas prisiones”, a fin de no repetir lo vivido estando en libertad y elegir por el encuentro, ya no por soledad.

Se trata, de edificar sobre el cimiento de antiguos vínculos; de reparar lazos débiles, y restaurara la propia casa en lo que haya empezados a mostrar síntomas de quedar en ruinas.

Testimonio

“Una carta desde otra prisión”

Seguramente no te extrañará recibir una carta mía desde una prisión. Sospecharías que, nuevamente, me iban a detener, pues al no regresar ahí de un permiso, y estar indocumentado era un gran riesgo. Cuando no volvía el permiso, solamente pensé en ti, pues sabía que no te dolería mi deserción, después de los días que pasamos juntos y la amistad que hicimos. A pesar de todo no quisiera perder estas cosas que tenemos.

Durante todo este tiempo que he estado en al calle, diariamente has estado en mi pensamiento. Tenía ganas de verte, de charlar, de estar contigo. Contigo y con todo lo que representa para tu compañía, cuántas veces, amigo, he recordado las conversaciones que teníamos, el “Duc in altum” de Don Jesús y otras cosas que leíamos en aquel libro El Valor Divino de lo Humano, que para nosotros era un tesoro. En cuántas ocasiones, también en mi vida de prófugo, recordaba aquello que me decías de que todas las cosas que nos ocurren tienen su lado bueno.

Todas aquellas cosas que aprendí a tu lado, no las he olvidado. Muchos días me acerqué a una iglesia y desde el primer banco, mirando al Sagrario, quería descubrir al Señor. Yo sé que él comprende los motivos de mi evasión. Sólo allí, junto a Dios, me encontraba seguro, como otras muchas veces cuando tú y yo orábamos; cuando le pedíamos al Señor ayuda para nuestras vidas; cuando hablábamos de nuestros compañeros e ideábamos planes para que se acercaran a Dios.

Antes de entrar en prisión nunca pude suponer que un compañero me fuera a descubrir las cosas tan grandes que a tu lado a prendí. Me gusta orar a Cristo Crucificado porque él sufrió como nosotros sufrimos, aunque de manera distinta. Todos los días le pido por ti. Le digo que te ayude a seguir siendo como eres, y que a lo largo de tu vida se crucen muchos como yo lo hice. Si es necesario, agárrales de los pelos como a mí.

Cuando he llegado a la prisión, solamente tenía mil pesetas. Necesito cosas, pero he estado de ellas y esperaré a que me manden dinero. Las he invertido en comprar Camino y algún otro libro de buena lectura. Voy a pasar de todo menos de Dios.

Ahora más que nunca reza por mí. Y pide que recen por mí, pues los voy a necesitar.

Abrazos

Tipos de libertad

La libertad de la fe:

El hombre, al creer, debe responder voluntariamente a Dios, nadie debe estar obligado contra ser voluntad a abrazar la fe. Con efecto, el acto de fe es voluntario por su propia naturaleza “Cristo invitó en la fe a la conversión, El no forzó a nadie”.

Libertad en la creación:

Dios realiza la creación. No sólo le da el ser, el existir, le da el obrar y lo lleva a su término. Reconocer al Creador es fuente de sabiduría y de libertad, de gozo y de confianza.

Libertad rugía:

Esta libertad es para que vencieran en sí mismos, con la propia renuncia y una vida santa, al reino del pecado.

Libertad de las Vírgenes:

Es una libertad mayor de corazón, de cuerpo y de espíritu.

Libertad del hombre:

Dios ha creado al hombre racional confiriéndole la dignidad de una persona dotada de la iniciativa y del dominio de sus actos. “Quiso Dios dejar al hombre en manos de su propia decisión de modo que busque a su Creador sin coacciones y, adhiriéndose a El, llegue libremente a la plena y feliz perfección.

Libertad y responsabilidad:

La libertad hacia el hombre responsable de sus actos en la medida en que éstos son voluntarios.

Libertad y pecado:

La libertad del hombre es infinita y falible. De hecho el hombre erró. Libremente pecó. Al rechazar el proyecto de Dios se engañó a sí mismo y se hizo esclavo del Pecado.

Libertad y Salvación:

En la Cruz, Cristo obtuvo la libertad para todos los hombres. En Él participamos de “la verdad que nos hace libres. El Espíritu Santo nos educa en la Libertad espiritual para hacer de nosotros colaboradores libres de su obra en la Iglesia y en el mundo.

Libertad y gracia:

Por el trabajo de la gracia, el Espíritu Santo nos educa en la Libertad espiritual para hacer de nosotros colaboradores libres de su obra en la Iglesia y en el mundo.

Libertad social y natural:

Indispensables para el desarrollo de la creación humana. Es el derecho a actuar con la recta norma de su conciencia, a la protección de la vida privada y a la justa libertad.

Ley de Libertad:

Nos libera de las observaciones rituales y jurídicas de la Luz antigua, nos obliga a obrar espontáneamente bajo el impulso de la caridad.

Libertad de Cristo:

Jesús aceptó libremente su pasión y su muerte por amor a su Padre y a los hombres que el Padre quiere salvar. Cuando se encamina hacia la muerte.

MARÍA LIBRE

Desde los tiempos apostólicos, vírgenes cristianas llamadas por el Señor para consagrarse a El enteramente con una libertad mayor de corazón, de cuerpo y de espíritu, han tomado la decisión, aprobada por la Iglesia, de vivir en estado de virginidad “a causa del Reino de los cielos”.

María eligió ser la madre de Jesús, nadie la obligó. Dios la dejó elegir hasta el último momento. Creemos que ella eligió con la responsabilidad necesaria y adecuada para una decisión tan importante. Ella además de usar su razón y responsabilidad, usó sus sentimientos y su corazón y supo ser libre eligiendo correctamente ¿ y cómo supo elegir bien? Nosotros pensamos que ella eligió con tanta firmeza y seguridad ser servidora de Dios y valiente.

Tuvo el coraje necesario porque sabía que en ella estaba Dios y su Luz y Amor Divino. Estos fueron la que la ayudaron a elegir y demostrar que es Verdaderamente libre.

Tendríamos que tomarla como ejemplo, como ídola y que María en toda su vida fue libre, hasta estaba libre de pecado y lo demuestra de una manera tan sencilla que a los hombres nos ayuda a ser un poquito más Marías” (libres por elección) todos los días.

LIBERTINAJE:

Los remordimientos vienen de nuestra libertad. Si no fuésemos libres, no podríamos sentirnos culpables de nada y evitaríamos los remordimientos. Por eso cuando sabemos que hemos hecho algo vergonzoso procuramos asegurar que no tuvimos otro remedio que obrar así, que no pudimos elegir: “ Yo cumplí órdenes de mis superiores “, “ vi que todo el mundo lo hacía “, “ perdí la cabeza “, “ es más fuerte que yo “, no me di cuenta de lo que hacía “, etc. Del mismo modo el niño pequeño, cuando rompe el tarro de mermelada que intentaba coger de lo alto de la estantería, grita lloroso: ¡¡¡Yo no he sido!!! “, lo grita precisamente porque sabe que ha sido él; si no fuera así, ni se molestaría en decir nada. En cambio si ha dibujado algo muy bonito proclamaría: “ lo he hecho yo solito, nadie me ha ayudado!!! “. Del mismo modo ya mayores queremos ser libres para atribuirnos el mérito de lo que logramos pero preferimos confesarnos, “ esclavos de las circunstancias “. Cuando nuestros actos no son precisamente gloriosos. Despachemos conviviendo fresco al palmazo de Pepito Grillo: la verdad es que me ha resultado siempre tan poco simpático como aquel otro insecto detestable, la hormiga de la fábula que deja a la locuela cigarra sin comida ni cobijo en invierno, solo para darle una lección a la muy grosera. De lo que se trata es de tomarse enserio la libertad, o sea de ser responsable. Y lo serio de la libertad es que tiene efectos indudables, que no se puede borrar a conciencia una vez producido. Soy libre de comerme o no comerme el pastel que tengo delante; pero una vez que me lo he comido ya no soy libre de tenerlo delante o no. Tenemos otro ejemplo, este es de Aristóteles: si tengo una piedra en la mano, soy libre de conservarla o de tirarla, pero si la tiro a lo lejos ya no puedo ordenarle que vuelva para seguir teniéndola en la mano. Y si con ella le parto la crisma a alguien... pues tú me dirás. Lo serio de la libertad es que cada acto libre que hago limita mis posibilidades de elegir y realizar una de ellas. Y no

Vale la trampa de esperar a ver si el resultado es bueno o malo antes de asumir si soy o no su responsable. Quizá puede engañar al observador de afuera, pero a mismo no puede engañar del todo. Pregúntaselo a Gloucester... ¡O a Pinocho!.

De modo que lo llamamos “remordimiento no es más que el descontento que sentimos con nosotros mismos cuando hemos empleado mal la Libertad.

Es decir, cuando hemos utilizado en contra dirección con lo que de verás queremos como seres humanos. Y ser responsables es saberse auténticamente libre, para libre o para mal: apechugar con las consecuencias de lo que pueda enmendarse y aprovechar al máximo lo bueno.

A diferencia del niño malcriado y cobrar de, el responsable siempre está dispuesto a responder de sus actos: ¡Sí, he sido yo! . El mundo que nos rodea, si fijas, está lleno de ofrecimiento para descargar al sujeto del peso de su responsabilidad. La culpa de lo malo que sucede parece ser de las circunstancias, de la sociedad en que vivimos, del sistema capitalista, del carácter que tengo, de los anuncios de la tele, de las tentaciones que se ofrecen en sus escaparates, de los ejemplos irresistibles, perniciosos. Acabo de usar la palabra clave de estas justificaciones :

Irresistible. Todos los que quieren dimitir de sus responsabilidades creen en lo irresistible, aquello que avasalla sin remedio, se propaganda, droga, apetito, soborno, amenaza, forma de ser... lo que salte. En cuanto aparece lo irresistible las deja de ser libre y se convierte en marioneta a la que no se le deben pedir cuentas. Los partidarios del autoritarismo firmemente en lo irresistible y sostiene que es necesario prohibir todo lo que se puede resultar avasallador: ¡una vez que la policía haya acabado con todas las tensiones ya no habrá mas delitos ni pecados! Tampoco habrá ya libertad, claro, pero él algo quiere, algo le cuesta... Además; que gran alivio, saber que si todavía queda por ahí alguna tentación suelta la responsabilidad de lo que pase es de quien lo prohibió a tiempo y no de quien se a ella.

¿Y si te dije que lo “irresistible” superstición, inventada por lo que le temen a la libertad? ¿Qué todas las instituciones y teorías que nos ofrecen disculpas para la responsabilidad no me quieren ver más contento sino sabernos más esclavos?.

Que quien espera a que todo en el mundo sea como es debido para empezar a portase el mismo como es debido, para bribón o para las dos cosas que también suele pasar.

Un gran poeta y narrador Argentino, Jorge Luis Borges hace al principio uno de sus cuentos la siguiente reflexión sobre cierto ante pasado suyo: “ le tocaron como a todos los hombres, malos tiempos en que vivir “.

En efecto, nadie ha vivido nunca en tiempos completamente favorables, en lo que resulte sencillo ser hombre y llevar una buena vida. Siempre ha habido violencia, rapiña, cobardía, imbecilidad (moral y de la otra), mentiras aceptadas como verdaderas por que son agradables de oír... a nadie se le regala la buena vida humana ni nadie consigue lo conveniente para el sin coraje y sin esfuerzo:

Por esa virtud deriva etimológicamente de ver, la fuerza viril del guerrero que se impone en el combate contra la mayoría. Te parece un auténtico fastidio Pues pide el libro de reclamaciones... Lo único que puedo garantizarte es que nunca se ha vivido en jauje y que la decisión de vivir bien la tiene tomar cada cual con respeto a mismo, día a día, sin esperar a que la estadística le sea favorable o le respeto del universo se lo pida por favor.

El meollo de la responsabilidad, no consiste simplemente en tener la gallardía o la honradez de asumir las propias meteduras de patas sin buscar escusas a derecha e izquierda. El tipo responsable es consciente de lo real de su libertad. Y empleo

“ real “ en el doble sentido de auténtico “ o verdadero “ pero también de propio de un rey : el que toma decisiones sin que nadie por encima suyo le órdenes. Responsabilidad es saber que cada uno de mis acto me va construyendo, me va definiendo, me va inventando. Al elegir lo que quiero hacer voy transformándome poco a poco. Todas mis decisiones dejan huella en mi mismo antes de dejarla en el mundo que me rodea. Y claro, una vez empleada mi libertad en irme haciendo un rostro ya no puedo quejarme o asustarme de lo que veo en el espejo cuando me miro... Si obra bien cada vez me será más difícil obrar mal (y al revés, por desgracia): por eso lo ideal es ir cogiendo el vicio... de vivir bien cuando el protagonista de la película del oeste le dan la oportunidad de que dispare al villano por la espalda y él dice: yo no puedo hacer eso “, todos entendemos lo que quiere decir. Disparar, lo que se dice disparar, si que podría, pero no tiene semejante costumbre. ¡Por algo es el “ bueno de la historia!. Quiere seguir siendo fiel al tipo que ha elegido ser, al tipo que se ha fabricado libremente desde tiempo atrás.

Diferencia entre libertad y libertinaje:

Con respecto a lo anterior sabemos que libertinaje es ser libres (en cierta parte) por que podemos elegirle pero lo hacemos mal, sin responsabilidad ni conciencia entonces obramos mal. Pero no es tan fácil darnos cuenta de esto.

Lo que tenemos que tener en claro es el significado de la “verdadera libertad “ que es cuando usamos bien nuestra propia libertad y elegimos el camino correcto.

Siempre que elijamos algo, se ha el bien o el mal, vamos a perder otra cosa (lo que no elegimos).

Seguramente cuando elegimos el bien no nos va interesar lo que perdimos por que estamos contentos con nosotros mismos. En cambio si elegimos el mal vamos a perder muchas más cosas; como perder la tranquilidad de la conciencia que no nos dejaría tranquilos.

Somos libres cuando podemos elegir, pero la libertad es elegir el buen camino, con responsabilidad y conciencia; en cambio el libertinaje, que también podemos elegir libremente, es hacer las cosas mal, sin interesarnos por los demás y menos por nosotros. Somos libres elegir la libertad y el libertinaje, pero eligiendo el camino del mal, nos estamos convirtiendo inconscientemente esclavos del pecado.

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