Leviathan; Paul Auster

Literatura universal contemporánea del siglo XX. Narrativa norteamericana de misterio e intriga. Coincidencias. Implicación personal del autor

  • Enviado por: Miguel Ángel Tejadas
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 14 páginas
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Leviathan; Paul Auster

Teoría de la literatura

Filología inglesa

Resumen.

La historia comienza con una noticia un tanto inquietante: un hombre muere a causa de la explosión de una bomba en Wisconsin, en una carretera. La explosión hizo que el cuerpo se fragmentase y quedara irreconocible e inidentificable. El suceso ocurre junto a un coche robado, y la identidad del hombre es imposible de determinar. Todo esto hace que el FBI comience a investigar. Peter Aaron, un amigo íntimo del muerto, cuyo teléfono encuentran en un bolsillo del fallecido, decide desvelar la historia antes de que el FBI cuente su propia versión de los hechos.

El muerto es Benjamin Sachs, y ambos son escritores. Se conocen en 1975 en un bar, en una lectura de poesía que no se llegó a realizar, y allí ambos se ponen al corriente de las vidas del otro. Poco a poco, ambos comienzan a sentir admiración mutua, y comienzan a verse en Nueva York. Aaron conoce a Fanny, la mujer de Sachs, de quien, curiosamente, había estado medio enamorado.

Más tarde, ambos cambian de residencia, uno después del otro y a diferentes lugares. Aaron se divorcia de su mujer y más tarde conoce a Maria Turner, con quien inicia amistad y relación sentimental. Maria es una artista difícil de definir, aunque principalmente fotógrafa. Un día, Fanny invita a cenar a Aaron. Éste descubre que Fanny piensa que Sachs le es infiel, y Fanny se le insinúa. Esto deja a Aaron descolocado, pero acaba cediendo a su proposición. Durante esos días, Aaron descubre a través de Fanny muchas cosas sobre Sachs, u otras que en realidad eran de otra manera. Sin embargo, Sachs no le da demasiada importancia, y lo entiende, cosa que a Aaron le cuesta mucho comprender. Según la versión de Sachs, Fanny es celosa y además disfruta inventando historias de infidelidades de Sachs, la mayor parte falsas.. De pronto es como si nada hubiese ocurrido.

Después, Aaron inicia una serie de relaciones sentimentales efímeras, con muchas mujeres. En esta época, Aaron acaba su libro, empieza otro y , de repente, todo termina. Maria aparece de nuevo. Aaron conoce a Iris, con quien llega a casarse, a principios de los 80.

En esta época hay una decepción para Sachs, ya que finalmente no se lleva al cine una de sus novelas. Aunque aparentemente no pasa nada, el resentimiento va por dentro. Además, poco después tiene lugar un extraño suceso que va a cambiar la vida de Sachs por completo. Durante una fiesta que da Maria, Sachs sufre una tremenda caída de la que, curiosamente, sale ileso. Durante un periodo de diez días, en el hospital, Sachs no dice una sola palabra. Cuando decide hablar, le cuenta a Aaron lo que pasó aquella noche. A Sachs le había costado mucho arreglar su matrimonio, pero lo había conseguido. Sin embargo, aquella noche se había sentido atraído por Maria e intentó un pequeño juego, erótico para él, que hizo que Maria le cogiese de la cintura para sacarle de la barandilla en la que se había sentado. Sin embargo, el azar quiso que otra persona tropezase, golpease a Maria y Sachs cayese al vacío. Éste interpreta el accidente como una especie de castigo por haber intentado seducir a otra mujer, y el brutal arrepentimiento va a cambiar radicalmente a Sachs. Decide cambiar su vida, como si el accidente le hubiese matado y empezase otra nueva. Quiere dejar de escribir y hacer otra cosa, algo nuevo. Se queda muy afectado y decide enfrentarse frontalmente a su recuerdo, viéndose con Maria regularmente.

Poco a poco, Sachs va saliendo de su depresión, pero ya está tocado. Quiere romper su matrimonio con Fanny, pero sólo para no herirla con su sufrimiento. Trata de convencerle para que le deje, y finalmente lo consigue. Además, se va a Vermont para trabajar en un libro, aconsejado por Aaron, quien pensaba que escribir le iba a ayudar, aunque Sachs toma el libro como una excusa para desaparecer.

Fanny conoce a otro hombre, Charles, y, teniendo en cuenta que fue Sachs quien propició la separación, eso no debería importar; sin embargo, lo hizo, ya que ella no le había dicho nada, lo que va a ser otro golpe para él.

Con motivo del nacimiento de la hija de Aaron, él e Iris van a visitar a Sachs, y ésta va a ser la última vez que le vean en mucho tiempo. Durante los dos años siguientes, Sachs va a desaparecer voluntariamente, y al cabo de ese tiempo va a recibir otro fuerte golpe en casa de Fanny, al descubrirla en la cama con Charles en una visita sorpresa. Sachs vuelve a desaparecer. Cuando van a Vermont no le encuentran. Deciden que él ha querido que sea así, y dejan de buscarle. Pasan los años y Sachs sigue sin aparecer, hasta que un día lo hace de repente en la casa de Vermont.

Durante ese tiempo, Sachs ha estado escribiendo el libro, pero los acontecimientos se han precipitado. Un día Sachs decidió ir a dar una vuelta por el bosque, pero se perdió. A la mañana siguiente, consiguió llegar a una carretera y un joven se ofreció a llevarle. Al poco rato se encuentran en el camino con otro coche, parado en mitad de la carretera. El joven se bajó para ayudarle, pero el hombre acaba disparándole. Sachs, intentando que el hombre no volviera a dispararle, fue a defender al joven con un bate de béisbol y, aunque mató al hombre que había disparado, el joven ya estaba muerto.

Asustado, Sachs huyó del lugar en el coche del desconocido y encontró en una maleta componentes para construir una bomba, 160.000 dólares y un pasaporte falso. Demasiado confuso, se dirigió a casa de Fanny y fue cuando la encontró con Charles. De allí fue a casa de María, a quien contó la historia a cambio de que ella le guardase el secreto. Sin embargo, Maria conocía al hombre del pasaporte, Reed Dimaggio, ex marido de Lillian Stern , quien se quedó arruinada.

Aquella noche, Sachs decidió ir a visitar a Lillian y devolverle el dinero que Maria le había prestado, devolvérselo por alguna extraña razón personal. Cuando llegó a casa de Lillian ella desconfía de él, le odia, pero acaba aceptando el dinero, e incluso Sachs pasa varias semanas en casa de ella. Acabaron enamorándose, aunque pronto se dieron cuenta de que aquello no funcionaba, y Sachs acabó marchándose.

En 1988 empiezan a volar en pedazos réplicas de la estatua de la libertad, sin heridos ni otros daños materiales. Estas explosiones van acompañadas de mensajes anónimos en periódicos, reivindicando paz y libertad, y el fin de la hipocresía americana, firmados por un tal Fantasma de la Libertad. Poco a poco, este personaje se va convirtiendo en una especie de héroe popular. Sus mensajes piden tan sólo que la gente use el sentido común y se deje de falsedades e hipocresía, que América predique con el ejemplo.

A Aaron poco le llama la atención este Fantasma, pero recuerda a Sachs. Aaron va con su familia a la casa de Vermont y, de repente, aparece Sachs. Durante la noche, éste le cuenta a Aaron que él es el Fantasma de la Libertad, y cómo ha llegado a tal decisión. Después, a los pocos días, desaparece repentinamente. Aaron habla con Maria de Sachs. Maria le da algunos detalles de su relación con él que Aaron no acaba de creer, y quiere conocer a Lillian, aunque no lo consigue. Vuelve a Vermont, dando a Lillian y a Sachs por perdidos. El FBI. vuelve a visitarle, con casi todos los cabos sueltos ya atados, y Aaron entrega al agente un manuscrito con toda la historia de Sachs.

Aspectos más relevantes.

Aunque uno no esté familiarizado con la literatura de Auster, poco a poco van surgiendo algunas de las características de su estilo. Una de ellas es el gusto de Auster por rizar el rizo, especialmente por medio de las coincidencias. Esta palabra surge a lo largo de la lectura de todo el libro, y surge en sus dos sentidos: como paralelismo y como capricho del azar.

En Leviatán hay muchos caprichos del azar. Algunos personajes, que en principio parecen tener poca relación o ninguna entre sí resultan estar estrechamente relacionados. El primero que se nos presenta es la relación existente entre Fanny y Aaron. Ambos estudiaban en la Universidad de Columbia, y habían coincidido en algunas clases. Tanto Sachs como ella, que vivían en el mismo edificio y que se conocieron “tropezando literalmente el uno con el otro” vivían a cinco manzanas de Aaron. Otro ejemplo lo tenemos en el hombre que asesina a Dwight, el joven que se ofrece a llevar a Sachs cuando éste se pierde en el bosque, resulta ser el ex - marido de Lillian, la íntima amiga de Maria Turner. Además, es precisamente Maria quien propicia la relación entre Lillian y Dimaggio con su juego de la libreta de direcciones y el cambio de identidades.

Sin embargo, la coincidencia que quizá más asombra, o quizá no, es que sea Sachs quien firmaba los libros de Aaron en su nombre. Este hecho, que es mencionado al principio del relato casi de pasada resulta ser el último adiós de Sachs, forma de comunicarse con él.

Las coincidencias, como ya hemos mencionado, son un componente esencial de Leviatán, contribuyen a complicar la trama y a “sujetar” al lector al libro. Sin embargo, cuando se va buceando en la biografía de Auster, se van encontrando las otras coincidencias, los paralelismos entre la vida de Auster y algunos de los personajes de la novela. A veces son tan evidentes que se podría llegar a pensar si no son otro recurso más que Auster utiliza para aderezar su novela. Obviamente, esto no es así, pero dado el grado de complejidad que pueden llegar a alcanzar algunas de sus obras, tampoco sería de extrañar.

Auster se retrata de manera más superficial en Aaron, y, de forma más profunda, en Sachs. Las coincidencias entre Auster y Aaron son muchas: tenemos ya una en las iniciales, ambos son escritores, traductores de francés e incluso pasan en Francia unos años. Los dos se casan, se divorcian y se vuelven a casar, con mujeres de parecido nombre. Para ambos una lectura de poesía va a ser crucial: en 1981 Auster conoce a Siri Hustvedt en una lectura en la calle 92, Y Aaron conocerá a Sachs en otra lectura en un bar del West Village. Tanto Auster como Aaron van a estudiar en la Universidad de Columbia, y tendrán alguna dificultad para publicar alguna de sus novelas: La ciudad de cristal de Auster va a ser rechazada 17 veces, y Luna, el libro de Aaron, 16.

Podríamos seguir con la lista de coincidencias durante varias páginas, y es que, si bien Leviatán está lejos de ser una autobiografía, bien pudiera serlo, sino fuese por lo que se verá más adelante.

Sin embargo, el nexo entre Auster y Sachs está más escondido, y es más profundo. Ambos han vivido su juventud en la guerra del Vietnam, en una época en la que nadie permanecía indiferente y en la que todo el mundo, de una forma u otra, protestaba. Tanto Auster como Sachs son escritores, y ambos utilizan dos modos de expresión de sus ideas, no sólo durante la época del Vietnam, sino también posteriormente. Auster participó durante su juventud en marchas y protestas, durante el transcurso de las cuales los barrotes de la celda y las porras de los policías de persuadieron sutilmente de que debía utilizar otra forma de expresarse, eligiendo la literatura.. Sachs recorre el camino inverso: si bien en su juventud ha sido insumiso, es en la cárcel donde va a escribir su primer libro, El nuevo coloso, para pasar posteriormente de usar la pluma a utilizar métodos muchos más drásticos, pasa de ser un influyente escritor a decidirse a “entrar en el mundo real y hacer algo”. Sachs se convierte en un “terrorista literario”, vuela en pedazos réplicas de la estatua de la libertad, pero no hiere a nadie, y acompaña cada actuación de mensajes en los medios de comunicación muy alejados de la típica parrafada terrorista, sólo sencillos mensajes que piden que América únicamente se mire al espejo y predique con el ejemplo, que abandone la hipocresía. Tenemos, pues, a Auster reflejado en su libro de dos maneras, o más bien a través de dos personajes. Hubiera sido muy fácil crear un personaje que viviera la vida del autor y actuara como él. Sin embargo, Auster ha decidido desdoblarse y expresarse a través de dos personajes.

Su vida queda claramente reflejada en Aaron. Si bien se ha dicho antes que el libro está lejos de ser una autobiografía, sí es posible que Auster quiera hacer una especie de revisión de su vida, unas memorias. Unas memorias de alguien que ha vivido como Aaron y que piensa como Sachs. Éste parece ser el corazón de Auster, un reflejo de su manera de pensar. Si aventuramos un poco más, podríamos decir que Aaron es lo que Auster fue y Sachs lo que le hubiera gustado ser. Esto, naturalmente, habría que cogerlo con pinzas, aunque Begley nos da alguna pista sobre el asunto:

He still has doubts about the social usefulness of his profession. He contends that a plumber is more valuable than a writer. “I'm constantly questioning the thing that I do”, he says. “It's certainly a stupid way to live your life, isolating yourself every day, making something nobody really needs or wants - the world can do very well without the books I write. […] It's not even that writing gives me a lot of pleasure. It's a hard work. You suffer a lot. You feel inadequate. The sense of failure is enormous - no sense of glory or triumph, no sense of satisfaction. It's just that when I'm not writing I feel lost; I feel that I'm not living to any purpose whatsoever”.

With these last remarks he has come around to one of the essential subjects of Leviathan: the writer's purpose, his place in the world.

El último párrafo de Begley es por sí solo muy claro. Auster, al igual que Sachs, tiene dudas. Ya hemos visto antes cómo los dos han tenido que elegir sobre las trayectorias que iban a seguir sus vidas. Quizá se han equivocado.

Sachs, en su novela El nuevo coloso mezcla personajes y hechos reales y ficticios de forma absolutamente sorprendente pero creíble. Además, el libro está lleno de sucesos totalmente inesperados pero descritos con tal precisión que resulta difícil no creerlos; la mezcla de realidad y ficción es “un fabuloso artefacto con luces parpadeantes y noventa y ocho efectos sonoros diferentes”. Esto nos recuerda perfectamente al más puro estilo de Auster, es como si estuviese describiendo, aunque de forma un tanto exagerada, como hace siempre que se refleja en Sachs, una de sus propias obras. Además, hay algo que nos dice que esto no es casualidad. Sólo hay que leer las palabras preliminares del autor al principio de la obra “el autor agradece efusivamente a Sophie Calle que le permitiera mezclar la realidad con la ficción”.

También es muy propio de Auster, aunque quizá entraría de ntro de su costumbre de enredarlo todo, el engañar al lector, de jugar con sus expectativas. Primero presenta un determinado hecho y, cuando casi nos habíamos olvidado de él le da la vuelta y nos ofrece un desenlace o una óptica totalmente insospechado, de forma explícita o no. Un ejemplo muy claro, aunque muy simple, es el ya mencionado anterormente, que Sachs resulte, al final, ser quien estaba firmando libros como Peter Aaron. Hay ejemplos algo más elaborados. Cuando Maria y Lillian deciden llevar a cabo el juego de cambio de identidades (propiciado por otro juego, el de Maria con la libreta de direcciones), sabemos las consecuencias que esto trae para Maria: El miedo, las fotos, la paliza... Sin embargo, nadie nos dice qué le ocurre a Lillian, hasta que Maria conoce a Sachs: Lillian conoce a Dimaggio, se divorcian, éste mata a Dwight, Dimaggio muere a manos de Sachs... No es, a veces, que las cosas no sean lo que parecen, sino que un pequeño hecho, insignificante, genera toda una serie de acontecimientos que van a ser cruciales. Cuando Maria se encuentra la libreta de direcciones, más de la mitad de los acontecimientos de la novela no habrían sucedido si la hubiese ignorado, o la hubiese depositado en Objetos Perdidos: no se hubiese encontrado con Lillian, ésta no hubiese conocido a Dimaggio, no se hubiesen divorciado y probablemente éste no habría estado en aquel lugar, no habría matado a Dwight, él no hubiera muerto a manos de Sachs, él no habría encontrado la bomba desmontada y no habría muerto de esa manera. Y todo por una sencilla libreta de direcciones que Maria insiste en quedarse.

El personaje de Maria Turner es, sin duda, muy interesante. Aunque no ocupa demasiado espacio en la novela, su papel va a ser importantísimo. Va a ser la que desencadene, directa o indirectamente, intencionadamente o no, los acontecimientos más importantes del libro.

Maria es un personaje muy singular,

era artista, pero el trabajo que hacía no tenía nada que ver con la creación de objetos comúnmente definidos como arte. Algunas personas decían que era fotógrafa, otras se referían a ella como conceptualista, otros la consideraban escritora, pero ninguna de estas definiciones era exacta. Su trabajo era demasiado disparatado, demasiado idiosincrásico [...].

Este singular personaje va a aparecer en momentos cruciales de la trama (y en otros que no lo son tanto), siendo quizá el más importante su papel en la escalera de incendios, además de ser ella misma quien organiza la fiesta. También es importantísimo el episodio ya mencionado de la libreta de direcciones, o el cambio de identidad con Lillian. Casi todos los acontecimientos importantes de la novela o bien están protagonizados por ella o suceden gracias a su intervención directa.

Si, una vez leído el libro, nos preguntan quién es el protagonista del libro, responderemos que Sachs, pero quizá no inmediatamente. Hay tres personajes clave en esta novela: Sachs, Aaron y Maria. Maria desempeña un papel fundamental, pero, aunque no es la protagonista, tampoco se puede decir que sea un personaje secundario. Aquí hemos de considerar al menos dos protagonistas, Sachs y Maria, ya que la relevancia de Aaron viene dada por otras causas, que seguidamente vamos a ver.

Aaron es el narrador, en 1ª persona testigo, aunque muchas veces centra la acción en él mismo. Por ésta, y por otras razones, no es puramente una 1ª persona testigo, y es que sus descripciones de algunos de los personajes corresponden a los de una 3ª persona omnisciente. El narrador conoce hasta los más íntimos pensamientos, todos los entresijos de la mente de los personajes a los que describe. Las descripciones psicológicas se constituyen en otro de los puntos fuertes del estilo de Auster. Son tremendamente gráficas, sabemos a través de ellas cómo son los personajes y cómo piensan, como si los conociéramos de toda la vida:

Parecía alguien que tuviese un tremendo dolor de muelas [...] o más bien un soldado ruso medio muerto de hambre, desamparado ante las puertas de Stalingrado [...], había algo fiero en sus ojos, una intensidad que sofocaba cualquier deseo de reírse de él. [...] Una vez que ibas más allá de su desgarbado cuerpo de jugador de baloncesto, empezabas a ver una clase de persona totalmente diferente, un hombre al que no se le escapaba nada con mil engranajes girando en su cabeza.

Esta descripción es un dibujo hecho con palabras, una fotografía. Auster parece tener especial habilidad para introducirse en la mente de sus personajes y hacer que el lector imagine justamente lo que él quiere. Esta mezcla entre 1ª persona testigo y 3ª persona omnisciente da que pensar. Una 1ª persona testigo no puede, sencillamente, conocer los detalles de una forma tan minuciosa. Esto nos hace pensar que la fusión autor - narrador, Auster - Aaron, es quizá un poco más profunda de lo que se ha sugerido antes, es como si el propio Auster se introdujese en su propia novela y tomase el nombre de Peter Aaron. De esta forma, él se convierte en testigo de los hechos de su propia novela, quizá para darnos una mejor visión. Más rizar el rizo y más juegos con el lector. El novelista Gary Indiana le compara con “un ingeniero mecánico que personifica a Kafka y a Beckett”.

El personaje de Sachs es, sin embargo, el más interesante. Benjamín Sachs se nos presenta como una persona que ha tenido que luchar contra las adversidades ya desde pequeño, que poco a poco ha ido subiendo, se ha hecho escritor de cierto renombre y, sin embargo, poco a poco se ha ido notando más vacío hasta que, súbitamente, esta caída se acelera y acaba con su muerte. Carl-Carsten Springer nos da algunas claves:

The crisis causes the hero to separate himself from other people […] but still communicating via artistic works. Often […] the protagonist enters into a state of isolation. This is where the protagonist stars to search for answers, for solutions for his crisis. […] On the one hand, the search is directed inward. The protagonist tries to make an attempt at self-evaluation, trying to learn about him/herself in challenges which [sic] he/she sets for him/herself. At he same time he/she searches for answers in the multitude of information and stimulants the surrounding environment […] has to offer. […] A number of Auster protagonists tries to find answers by examining the language they express themselves with […]. Writing an account - and most of Auster's heroes work as writers at some stage - is an attempt to gain control over the confusion they find themselves confronted with. […].

The protagonist of Auster's novel does not find a solution. The challenge, which he/she subjects him/herself to, only aggravates the crisis, which as a result leads to a loss of self-control. […]

Although Auster makes clear that there are always possible solutions in contacts to other humans, […] the protagonist's crisis only rarely arrives at a satisfactory solution. Instead, the hero often experiences an inner “emptiness” and a sensation of being “annihilated”. Indeed, many of Auster's heroes are literally annihilated […] or [die] a mysterious death.

Sachs se ajusta perfectamente a esta descripción. Ya antes del accidente, cuando su guión es rechazado en Hollywood, empieza la decadencia. Es un golpe para él, más duro de lo que parece, aunque el dolor va por dentro:

Es difícil calcular la medida exacta de la decepción de Sachs. Aparentemente se tomó el asunto jocosamente [...] [pero] había mirado a Hollywood como una forma de escapar a la inminente crisis que crecía en su interior, [...] creo que sufrió mucho más de lo que nunca dejó entrever.

Sin embargo, es a raíz del accidente cuando todo se desmorona definitivamente. Hay, digamos, un momento en el que los acontecimientos se disparan, cuando, físicamente, cae, y después empieza a hundirse rápidamente. Como dice Springer, Sachs rompe relaciones definitivamente con todos, incluida Fanny pero exceptuando a Maria, quien intenta recomponerle un poco. Ése es el reto que Sachs se impone a sí mismo: enfrentándose regularmente con la causa de sus problemas, pero intentando conservar el control, para demostrarse a sí mismo que todavía es dueño de sí mismo. Aaron contribuye involuntariamente a su aislamiento, aconsejándole que escriba, aunque sólo sea por dinero. Sachs acepta escribir, pero con la excusa real de aislarse más y más, marchándose a Vermont. Sin embargo, emprende la tarea con un inusitado esfuerzo y dedicación. El hecho de escribir le da una razón para no derrumbarse, para convencerse de que merece la pena seguir viviendo. Ha encontrado respuestas, aunque quizá endebles, pero respuestas al fin y al cabo.

Sin embargo, y aquí Sachs difiere algo de la visión general del héroe de Auster que nos ofrece Springer, si bien no alcanza una solución (en el texto de Springer se entiende que es porque el método no es el adecuado), esto ocurre a causa de una fatalidad, de un capricho del destino, típico de Auster y del que casi nos habíamos olvidado: se encuentra con Dimaggio, y lo que sucede a continuación va a ser demasiado para su ya maltrecho ego. Dimaggio va a ser una de las personas que, sin saberlo, va a precipitar la caída de Sachs (de todas formas, no olvidemos que la aparición de Dimaggio va a estar propiciada a su vez por Maria). Su encuentro con él va a ser muy importante para ambos: les va a provocar la muerte. Dimaggio muere allí mismo, pero Sachs todavía tendrá que encontrarse con él una segunda vez, a través de su tesis doctoral. Conforme va avanzando en su lectura, se va dando cuenta de quién fue Dimaggio. Sus sentimientos hacia él van cambiando y evolucionando hacia el respeto. Dimaggio fue soldado en la guerra del Vietnam, y a la vuelta se da cuenta de que su visión de América ha cambiado, al igual que le ocurrió a Sachs, aunque éste no necesitó ir. Mientras que Sachs lucha con las palabras, con su máquina de escribir, Dimaggio “continuó desarrollándose, continuó avanzando y al final tuvo suficiente valor como para poner a prueba sus ideas”, se dedicó al terrorismo. Por todo esto, Sachs decide seguir el camino de Dimaggio, pero a su manera, destruyendo réplicas de la estatua de la libertad. Ahora va a ser cuando Sachs empiece a caer en picado, pierde ya el control, aunque conservando un mínimo de lucidez, ya que no hiere a nadie.

De todas formas, Sachs desaparece de forma totalmente ajustada al héroe de Auster, ya que muere a manos de su propia bomba, que no iba destinada a matar a nadie, sino más bien a todo lo contrario.

Hay un símbolo en la vida de Sachs que llama rápidamente la atención: la Estatua de la Libertad. Este monumento es símbolo indiscutible del pueblo norteamericano, un símbolo exento de polémica y comúnmente aceptado por todos. Sin embargo, no sale muy bien parado. Aaron cuenta un episodio de la infancia de Sachs, cuando fue a visitarla, y lo único que consiguió su madre fue un susto tremendo y miedo patológico a las alturas. Más tarde, el propio Sachs vuela en pedazos réplicas de la Estatua de la Libertad a lo largo de todo el país. El símbolo de la libertad no es respetado porque su existencia no parece tener sentido. Tanto Sachs como Auster, o Auster por boca de Sachs, ponen de manifiesto la hipocresía del pueblo americano, que decepcionan de un modo u otro a su monumento no respetando los valores que representa. Sin embargo, Sachs sigue creyendo en ella. En 1983 Emma Lazarus escribió un poema en honor de la estatua, El nuevo coloso, que se convertiría en parte inseparable de la estatua y credo para millones de inmigrantes, y ése es el título que Sachs va a elegir para su primer libro. Está ambientado entre 1876 y 1890, y cubre los principales acontecimientos de la época, entre ellos la construcción de la estatua. Aparecen en el libro personajes como Emma Lazarus, Auguste Bartholdi, el escultor que la diseñó, o Joseph Pulitzer, un inmigrante húngaro y periodista que ayudó a que el proyecto de construcción no muriese por falta de fondos.

Sin embargo, a pesar de este pequeño homenaje, Sachs se muestra muy cauto, o quizás irónico, con el concepto de libertad. Al incidente de su madre con la visita a la estatua, Sachs responde que “fue mi primera lección de teoría política. [...] Aprendí que la libertad puede ser peligrosa. Si no tienes cuidado, puede matarte”.

Seguramente, su segunda lección fue que hay que tener cuidado con ella a la hora de reclamarla, porque pueden encerrarte en la cárcel. Este comentario es más importante de lo que parece ya que Sachs, sin embargo, sigue pidiéndola a gritos, o al menos llamando la atención sobre ella con sus actos cuasi-terroristas. Efectivamente, Sachs tiene razón: puede matarte.

Bibliografía.

Auster, Paul: Leviatán. Barcelona, Anagrama, 1999, p. 56.

Auster, op. cit., p. 140.

Begley, Adam: “Case of the Brooklyn Symbolist”, The New York Times, 30 de agosto de 1992, en http://www.nytimes.com/books/99/06/20/specials/auster-92mag.html.

Él todavía tiene dudas sobre la utilidad social de su profesión. Sostiene que un fontanero es más valioso que un escritor. “Cuestiono constantemente lo que hago” dice. “Es, ciertamente, una forma estúpida de vivir tu vida, aislándote cada día, haciendo algo que realmente nadie necesita o desea; el mundo puede apañárselas muy bien sin los libros que escribo[...]. Ni siquiera es que el hecho de escribir me de un montón de satisfacción. Es un trabajo duro. Sufres mucho. Te sientes incapaz. La sensación de fracaso es enorme. No hay sentimiento de gloria o triunfo, no hay satisfacción. Es sólo que cuando no estoy escribiendo me siento perdido; siento que no estoy viviendo absolutamente para nada”. Begley, op.cit.

Con estas últimas observaciones ha ido a parar a uno de los principales temas de Leviatán: el objetivo del escritor, su lugar en el mundo.

Auster, op.cit., p. 51.

Auster, op. cit., p. 7.

Auster, op. cit., p. 75.

Auster, op. cit., p. 24.

Al fin y al cabo, esto no sería nuevo: en La ciudad de cristal, Quinn, el protagonista, llama por teléfono a una casa buscando a “Paul Auster, de la agencia de detectives Auster” (cita, vid. Nota 3). Por si fuera poco, esto es un reflejo de una anécdota real vivida por el propio Auster, que recibió una llamada de alguien con acento español preguntando por Quinn. En la novela, es Quinn quien busca a Auster...

La crisis hace que el héroe de Auster se separe de otras personas pero que todavía se comunique a través de obras de arte. A menudo el protagonista entra en un estado de aislamiento. Aquí es donde el protagonista empieza a buscar respuestas, soluciones a su crisis. Por una parte, la búsqueda va dirigida hacia dentro. El protagonista hace un intento de autoevaluarse, intentando saber algo de sí mismo a través de retos que se impone. Al mismo tiempo busca respuestas en la multitud de estimulantes que le ofrece el medio que le rodea. Algunos de los protagonistas de Auster intentan encontrar respuestas examinando el lenguaje con el que se expresan. Escribir (y la mayoría de los héroes de Auster trabajan como escritores en algún momento) es un intento de tomar el control de la confusión a la que se enfrentan.

El protagonista de la novela de Auster no encuentra una solución. El reto al que se somete sólo agrava la crisis, lo cual lleva, como resultado, a una pérdida de autocontrol. Aunque Auster entiende que siempre hay posibles soluciones en el contacto con otras personas, la crisis del protagonista llega sólo raras veces a una solución satisfactoria. En lugar de ello, el héroe a menudo experimenta un “vacío” interior y una sensación de estar “aniquilado”. De hecho, muchos de los héroes de Auster son literalmente aniquilados o mueren de forma misteriosa. Springer, Carl-Carsten: “Paul Auster and the Crisis of the Individual” en http://www.rrz.uni-hamburg.de/Springer/welcome.htm.

Auster, op. cit., p. 22.

Auster, op. cit, p. 248.

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