Las Olimpiadas

Evento deportivo internacional. Historia. Evolución. Sedes olímpicas

  • Enviado por: Gustavo
  • Idioma: castellano
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LAS OLIMPIADAS

TRABAJO REALIZADO POR:

GUSTAVO BLANCO

CURSO:

2º B

DE OLIMPIA A LA ACTUALIDAD

Si consideramos el deporte como un juego, un ejercicio físico o una diversión al aire libre, como lo han definido en numerosas ocasiones, podríamos decir que el deporte es tan antiguo como el hombre. Sin embargo, tuvieron que transcurrir algunos siglos, desde que el hombre hizo acto de presencia en la tierra, hasta que el deporte fue considerado como tal. Es decir, que tuvo una definición mas concreta, con gran proyección a lo largo de la historia, que en los últimos siglos se convertiría en uno de los movimiento mas populares.

Las raíces, sin embargo , parece que se han encontrado en Asia, con el descubrimiento de una escultura de bronce de un grupo de luchadores, que data del año 3000 a. de C. Y en Egipto, con signos de similar antigüedad, han aparecido reproducciones de mujeres jugando a la pelota y de hombres practicando el tiro con arco. Pero , para realizar un trabajo sobre la historia del deporte, con la seguridad de poder enfocarlo como un movimiento organizado y competitivo, hemos de dar el gran salto hacia los Juegos Olímpicos de la antigüedad.

El hombre moderno comprende y admira este aspecto deportivo de la antigua Grecia, que cultivó la belleza y vigor del cuerpo. En uno de los diálogos de Luciano de Samosata, el legislador Solón trata de hacer comprender al escita Anacaris el valor de los ejercicios atléticos a que se entregaban los jóvenes atenienses y que al “bárbaro” parecían inútiles y peligrosos: “El cuerpo de un hombre de bien no puede ser muelle y blando como el de una mujer, pálido por no salir de casa. ¡Mira a nuestros bronceados jóvenes! Son como deben ser los hombres, llenos de vida y vigor, rebosantes de salud; no rugosos y marchitos y menos aun gordos, pues el sudor ha hecho desaparecer su grasa superflua y no les quedan mas que musculos y fuerzas. Y ello gracias a la dieta y al deporte”.

El estado también tenia interés en que los jóvenes practicaran el deporte. Los mejores atletas eran seleccionados para los concursos o juegos públicos, incluidos en las grandes fiesta religiosas que regulaban la vida colectiva del pueblo griego. Por eso, cada ciudad griega tenia sus propios juegos. Pero, sobre todos, destacaban los juegos Panhelenicos o nacionales y que se dividían en Olímpicos, los mas importantes y mas famosos, que se celebran en olimpia en honor de Zeus; Píticos, en el santuario de delfos, dedicados a Apolo; Ístmicos, que tenían lugar cerca de Corinto, en honor a Poseidon, y los Nemeos, que se celebraban en honor de Nemea, en la Argolida, también en honor del padre de los dioses.

En el antiguo Peloponeso, cerca de su costa occidental, se alzaba la singular Olimpia, que contenía templos, edificios públicos y algunas casas residenciales. Este era el fastuoso escenario de los juegos, situado en el lugar donde los ríos Cladeo y Alfeo, en su confluencia, rodean una deliciosa llanura. A mediados del siglo V a. de C. fue construido el soberbio templo de Zeus, en el que se veneraba la famosa escultura crisoelefantina del dios, obra de Fidias. Había también monumentos mas antiguos y mas modestos, como el templo de Hera y el santuario de Penelope. Y al pie del monte Cronio, el estadio dónde se celebraban casi todas las competiciones, excepto las carreras de caballos y carros, que tenían lugar en el hipódromo, situado al sur del estadio. En la parte occidental, el gimnasio, centro de entrenamiento y preparación de atletas. Y al sur, el Buleuterio o palacio de sesiones del comité olímpico durante la celebración de los juegos.

Cuenta la historia que en el año 776 a. de C. un rey de la Elide, Ifito, dio la organización definitiva a unos festivales atléticos que se venia realizando en Olimpia. Un héroe legendario, Pélope, el primer vencedor olímpico, cuya tumba se veneraba en el recinto de los juegos, los Habría instituido en tiempos anteriores a la invasión dórica, pero mas tarde los dorios impusieron como fundador a su héroe preferido, Hércules. Y ésta fue la versión que prevaleció.

A partir del 776 a. de C., los juegos se rigieron por un ciclo cronológico que los griegos llamaban penteterida, es decir, que se celebraban cada cuatro años, al empezar el quinto. A partir del siglo IV se generalizo el computo de los años por las Olimpiadas. Era una olimpiada el espacio de cuatro años comprendido entre dos juegos olímpicos. Tucíades, Filocrato y Píndaro fueron los primeros “periodistas” que levantaron acta de estos primeros pasos deportivos.

Las primeras carreras a pie se desarrollaron en aquel legendario estadio -192,27 metros eran sus dimensiones- en el que posteriormente, se erigirían las primeras gradas olímpicas. En el año 724 a. de C. se duplicó la distancia, y cuatro años mas tarde se disputaron carreras sobre una longitud de 4800 metros. Por fin, en el año 708 a. de C. se celebró el pentathlon (carrera, salto, disco, jabalina y lucha) en el que se proclamaba vencedor el que conseguía mayor numero de puntos. La carrera de los soldados con armadura, el triple salto (52 pies de Olimpia, 16,87 metros), el lanzamiento de la piedra, el pugilato, el pancracio (mezcla de lucha y pugilato) y las carreras de caballos fueron “inventos” posteriores, calificado de espectaculares por los cronistas de la época.

Desde el año 572 a. de C., Olimpia pertenecía a la ciudad de Elis, que era la encargada de preparar y organizar los juegos. Diez meses antes, para hacer saber a todos los griegos la fecha del festival, las autoridades hacia partir heraldos que iban por grupo a llevar la noticia hasta los últimos confines del mar Negro, Asia, Siria, Egipto... Y estos hombres anunciaban también la tregua sagrada, en virtud de la que suspendían las hostilidades. Pero los Juegos tenis también sus reglamentos, sus propias leyes, entre las que destacamos: Prohibición de tomar parte en las pruebas a los esclavos y a los bárbaro, a los reincidentes en delito, a los homicidas, sacrílegos, etc. Se prohibía a las mujeres casadas aparecer en los juegos. Se prohibía intimidar o sobornar al adversario. Era apaleado el que trataba de corromper a los jueces... Y aquí también hay que buscar la idea clave de lo que posteriormente se daría en llamar amateurismo, puesto que el vencedor se llevaba como única recompensa una rama de olivo. No se luchaba por oro ni por plata, sino por el honor. Las ramas habían sido cortadas con cuchillos de oro y pertenecían al olivo sagrado que crecía junto al templo de Zeus. A partir del siglo VI a. de C., los vencedores tuvieron el derecho de hacerse erigir una estatua en el Altis. Y todo atleta coronado tres veces podía erigir una escultura con su efigie. Así sabemos que la tuvieron Diágoras, Ergóteles y Jenofonte de Corinto.

La imagen de aquellos fornidos atletas encuentra su mejor reflejo en el Discóbolo, de Mirón, que nos proporciona una idea exacta de la musculatura y medidas torácicas del hercúleo hombre griego que protagonizo estas gestas deportivas. Este exceso de narcisismo muscular, después de once siglos, condujo a la supresión de los juegos. El emperador Teodosio, en el 394 de nuestra era, consideró este movimiento como pagano e hizo incendiar el templo de Zeus. Y cuenta la historia que la venganza de los dioses no se hizo esperar. Un vertiginoso temblor de tierra y devastadoras inundaciones nivelaron después lo que quedaba de los sagrados y deportivos lugares.

Aquí precisamente damos el gran salto. avanzamos mil quinientos años y nos encontramos al también histórico Pierre de Coubertin, el hombre que supo devolver la mística al mas grande de los movimientos deportivos que han conocido los tiempos. El barón de Coubertin, descendiente de Cyrano de Bergerac y dueño y señor de un castillo en Mirville, había nacido en París el primer día de 1863. Veinticuatro años después figuraba en primera línea de los ambientes de la Sorbona, entre los innovadores del ambiente escolar, que querían integrar la educación física y los juegos recreativos a la enseñanza. Por aquellas fechas, George de Saint Clair funda U.S.F.S.A. (unión de sociedades francesas de los deportes atléticos). Pero el gran año del barón de Coubertin no llegaría hasta 1889, en el que el gobierno le encarga un estudio, de cara a la reforma de la educación física universitaria.

La era Moderna del deporte estaba apunto de nacer. Coubertin da vueltas a la idea de Fernando de Lesseps: “Antes de popularizar los deportes es preciso internacionalizarlos”. Y piensa que es la gran ocasión de reanudar la tarea que hace quince años había abolido Teodosio el Grande. El pensamiento olímpico le persigue día y noche, hasta que en 1892, en el anfiteatro de la Sorbona, revela sus propósitos. Era la antesala del éxito. Se suceden las reuniones, las gestiones con todos los países y, por fin, nace el comité olímpico internacional, que él mismo presidiría durante sus primeros treinta años de historia. Este mismo comité, en 1894, acuerda en la Sorbona la reanudación simbólica de la tradición olímpica. Atenas, tan sólo dos años después, volvería a ser el gran escenario. Los esfuerzos y la fortuna personal de Coubertin habían alcanzado sus objetivos. Había nacido la civilización del deporte.

Veintitrés olimpiadas han escrito desde entonces veintitrés paginas de gloria para el deporte mundial:

ATENAS 1896

PARIS 1900

SAINT LOUIS 1904

LONDRES 1908

ESTOCOLMO 1912

AMBERES 1920

PARIS 1924

AMSTERDAM 1928

LOS ANGELES 1932

BERLIN 1936

LONDRES 1948

HELSINKI 1952

MELBOURNE 1956

ROMA 1960

TOKIO 1964

MEXICO 1968

MUNICH 1972

MONTREAL 1976

MOSCU 1980

LOS ANGELES 1984

SEUL 1988

BARCELONA 1992

ATLANTA 1996

MELBOURNE 2000

¿SEVILLA 2004?