Las minas del rey Salomón; Henry Ridder Haggard

Literatura universal contemporánea. Narrativa y novela de aventuras. Exploradores africanos. Quatermain

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Páginas

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Biografía del autor ……………………………………………………….. Pág. 3 - 4

Personajes principales ………………………………………………….. Pág. 5

Capítulo 19 - El adiós de Ignosi ……………………………………….. Pág. 6

Capítulo 20 - Encontrado ……………………………………………….. Pág. 7

Opinión personal ………………………………………………………….. Pág. 8

El autor

Octavo hijo del matrimonio formado por el terrateniente William Haggard y Ella Doventon, Henry Ridder Haggard vino al mundo en Wood Farm, condado de Norfolk, el 22 de junio de 1856. Los prados y bosques de Brandenham Hall, la propiedad solariega de la familia, contemplaron las correrías de Henry niño y más tarde las primeras cacerías del muchacho. La caza, en efecto, era, más que el deporte favorito de los varones de aquel hogar, una pasión que ocupaba todo el compraventa de ganado, pastos y forrajes. Henry compartirá esta desmedida afición, cuya presencia tendrá un peso determinante en su obra.

En este ambiente, no precisamente calificable de intelectual, creció el futuro escritor, cuya educación, contra lo que resultaba habitual en su clase, fue encomendada en una primera etapa al rector de la vicaría local. El rico hacendado tampoco consideró oportuno para su hijo el paso por la universidad, y Henry fue enviado a estudiar a una grammar school de Ipsxich, donde dio ya muestras de su capacidad al componer versos en latín. Todavía muy joven intentó sin éxito ingresar en el Foreign Office, pero poco después su padre le recomendó a sir Henry Buwer (sobrino del autor de Los últimos días de Pompeya), recién nombrado gobernador del Natal. Con sólo diecinueve años, Henry R. Haggard marchó como funcionario a Sudáfrica. Allí, sus ocupaciones profesionales no le impidieron recorrer una parte del país, tratar con los nativos y practicar la caza.

Al cabo de cuatro años decide abandonar su trabajo, volver a la metrópoli y dedicarse a los negocios. Su regreso a Inglaterra ocasiona la ruptura con su padre, que no aprobaba la pérdida voluntaria de un puesto laboral seguro y con futuro.

Sus primeros pasos en el mundillo de los tratos comerciales sólo le conducen al fracaso. Conoce entonces a Louise Margitson, una amiga de sus hermanas, y el amor surge de inmediato entre ambos jóvenes. En el verano de 1880 se casan. Henry consigue así una compañera que le apoyará toda su vida y la reconciliación con su padre, pues Louise, rica heredera, estaba considerada como un excelente partido.

Poco después, el matrimonio viaja a Durban. En esta ciudad sudafricana, Henry, asociado con un amigo, reemprende sus intentos de establecer un negocio sólido. Su incapacidad para este tipo de actividades y las luchas entre británicos y bóreas obligan al matrimonio Haggard a retornar a Gran Bretaña en 1881. Aunque su situación económica era desahogada, gracias a las propiedades de Louise, Henry estudia leyes, y al cabo de un tiempo ejercerá como abogado. Mientras tanto publica en 1882 Cetawayo y sus vecinos blancos, que recoge sus experiencias con reyezuelos locales en Sudáfrica. El libro pasa inadvertido. Un año después prueba de nuevo fortuna con La cabeza de la bruja. La buena acogida que recibe ese título le anima a dedicar cada vez más tiempo a la escritura, restándolo a la práctica de las leyes. En 1885 da a la imprenta una historia escrita de un tirón en sólo un mes; se titulaba Las minas del rey Salomón. Su éxito extraordinario decide el futuro de Henry R. Haggard: abandona la abogacía y se dedica por entero a la literatura.

En el mismo año escribe Aventuras de Allan Quatermain, cuyo protagonista, el mismo de Las minas del rey Salomón, ya envejecido, morirá al final. Sin embargo, la admiración del público por el personaje y el afecto que su creador le había tomado obligan a éste no a resucitarle -como hiciera Conan Doyle con su Sherlock Holmes-, sino a buscar en su pasado y a contar de él experiencias anteriores, en un curioso proceso cronológico invertido.

En 1886 aparece Ella, quizá la novela más conocida de Haggard y la de mayor éxito en su momento, hasta el punto de hacerle rico en una semana.

En años sucesivos sigue publicando obras de ambiente exótico y misterioso: Cleopatra, Ayhesa, La venganza de Maiwa, El testamento de Mr. Meedson, Beatrice, El deseo del mundo, etc. En 1891, una tragedia familiar, la muerte de su hijo Jock mientras él viajaba por Méjico dando conferencias, le hunde una depresión que nunca logró superar por completo. Durante algún tiempo permaneció recluido en su casa de campo, negándose a cualquier trato con la gente. A pesar de todo, no abandonó la pluma. Siguió escribiendo novelas, cuentos y artículos hasta su muerte, acaecida en Londres en 1925.

Haggard viajó en 1888 a Egipto, un país que le hechizaba por la belleza y el arcano de su antigua cultura, pero no volvió jamás al África negra, teatro de sus relatos más fascinantes.

Sir Henry Curtis

Hombre de unos treinta años. Individuo de torso ancho y brazos largos. Pelo amarillo, gran barba amarilla, facciones muy marcadas y ojos grandes y grises muy hundidos en la cara. Recuerda a un hombre danés.

Good

Bajo, robusto, moreno y de muy diferente aspecto a sir Henry. Es un oficial naval, un tipo valiente y muy simpático aunque dado al lenguaje soez.

Umbopa

Hombre alto, apuesto, de unos treinta años y de color muy claro para ser un zulú.

Scragga

Chico alto y de color cobre. Es el hijo del rey de los kukuans.

Infadoos

Hombre mayor, con aspecto de ser un viejo soldado y de color cobre. Es el medio-hermano de Twala (el rey de los kukuans)

Twala

Hombre enorme, de aspecto repulsivo. Tiene los labios gruesos, la nariz muy plana, y un solo ojo, brillante y negro.

Gagool

Mujer de avanzada edad que se deslizaba a cuatro patas y tiene arrugas amarillentas. Casi no tiene nariz y tiene los ojos grandes. Se le llama Isanus, que significa doctora-bruja.

Fulata

La chica más bella de todas las mujeres kukuans. Good la salva de su muerte y ella se enamora de él, lo cura cuando está enfermo y lo acompaña hasta el final.

Diez días después de salir de las minas del rey Salomón, se encontraban otra vez en Loo.

Después de haberse recuperado del agotamiento, volvieron a ver si encontraban el agujero por el que habían salido de las minas, pero fue imposible, ya que había llovido y habían muchos huecos de osos hormigueros. Good ya no era el mismo de antes, estaba muy triste por la muerte de Fulata, pero fue mejor así, ya que no hubiera sido peor el despedirse. Entraron otra vez por el pasillo de las estalactitas y a la habitación de la muerte, pero no pudieron encontrar el mecanismo que abría la puerta, así que marcharon otra vez a Loo. Cuando llegaron a Loo, fueron recibidos por Ignosi, que, al escuchar la historia y la horrible muerte de Gagool le preguntó a un hombre viejo si él de pequeño conocía a Gagool y el hombre dijo que sí, y que era tan vieja como era ahora.

Quatermain aprovechó para despedirse de Ignosi. Ignosi se enfadó porque pensaba que se iban porque solo querían las piedras y no le querían a él, pero después entendió que ellos añoraban su tierra igual que él había añorado la suya, entonces les dejó marchar pero les dijo que ningún hombre blanco entraría jamás a las minas, porque él le haría volverse y si fuera necesario harían una guerra, pero que para ellos las puertas de Loo siempre estarían abiertas.

Al día siguiente marcharon temprano de Loo. Iban con Infadoos y tres guías más, que les había dado el rey. Toda la gente estaba despidiéndose de ellos y las mujeres tiraban flores por donde ellos pasaban. Una mujer le dijo a Good que había venido desde muy lejos para ver sus piernas. Y Good después de refunfuñar un rato se las enseñó y todas las damas dejaron ir un grito de admiración, y Good tuvo que ir con las piernas descubiertas hasta que salieron de Loo.

Infadoos les explicó que había un camino para salir de la tierra de los kukuans que estaba lleno de oasis y que por ahí sería más fácil ir. Cuando llegaron al primer oasis, Infadoos se despidió de ellos y Good le regaló un monóculo. Entonces se fueron por el camino de los oasis con los tres guías.

Hacia el mediodía del tercer día encontraron un oasis de los que les habían hablado los guías y pisaron la hierba mientras escuchaban el murmullo del agua.

Cuando estaban caminando por las riberas del arroyo, Quatermain vio una cabaña hecha de paja y barro. De pronto se abrió la puerta de la choza y salió un hombre blanco cojo de la pierna derecha y con una gran barba negra. Se quedaron mirando y el hombre blanco salió corriendo para ellos y cayó a los pies de Henry. ¡Era George, el hermano de Henry!

Después salió un zulú vestido con pieles y le dijo a Quatermain, que era Jim y que había perdido el mapa que le había dado para que se lo entregara a George. Cuando George se levantó le dio un fuerte abrazo a su hermano y después les explicó su historia que más o menos decía que habían estado preguntando a los zulúes sobre las minas y por lo que les contestaban habían encontrado este camino. Pero un día acamparon aquí y Jim estaba cogiendo miel, y movió una piedra que cayó encima de la pierna derecha de George y a causa de su invalidez no podían ni avanzar ni retroceder y se quedaron allí.

Quatermain y Good acordaron que le darían la tercera parte a Henry y que si él no la quería se la darían a George, pero Henry aceptó quedárselas.

Y así fue como acabó la historia. Cuando Quatermain estaba terminándola de escribir recibió una carta de sir Henry que le invitaba a irse para Inglaterra a vivir o al menos a pasar las Navidades con ellos. También explicó que Good no se había mejorado todavía de la muerte de Fulata y que se habían hecho ricos porque estaban vendiendo las piedras. Y que tenia los colmillos del elefante que mató a Khiva en el salón junto con los colmillos de búfalo que él le regaló. El hacha con la que había matado a Twala estaba en su escritora y que le hubiera gustado haberse traído también las cotas de maya.

Después de leer esta carta, Quatermain decidió irse para allá aunque solo fuera para ver a su hijo y para imprimir el libro.

El libro de “Las minas del rey Salomón” me a gustado mucho. Es una historia muy bonita y con mucha acción. Lo que más me a gustado del libro es cuando se hacen pasar por hombres que vienen de las estrellas y salvan a Fulata y también me a gustado mucho cuando entran a las minas del rey Salomón. Están muy bien descritos los escenarios, bueno, el lugar donde están los protagonistas, por donde pasan y todo. Y al estar tan bien explicado te hace meter más en la historia e imaginarte por donde pasan los protagonistas, que sienten, etc.

Lo que no me a gustado mucho es que los capítulos eran muy largos y se te hacía un poco pesado y también cuando explican cosas de la guerra y no las he entendido muy bien. Pero lo demás se entendía muy bien.

Y, aunque tenga algunos defectos (a mi gusto), el libro está muy bien y no me importaría leer otros libros de este autor porque son muy chulos.

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