Filosofía y Ciencia


La teoría de los valores de Max Scheler


La teoría de los valores de Max Scheler

Max Scheler

y su valor

Índice

- Portada

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- Índice

........................................................................................... 1

- Introducción

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- Trabajo propiamente dicho

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- Valoración personal

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- Bibliografía

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- Apéndices documentales (fotografías)

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Introducción

El tema elegido para realizar este trabajo de estudio e investigación es “la teoría de los valores de Max Scheler”. Para desembocar en el tema, primero presentaremos al autor y su biografía, enmarcándolo en su contexto histórico, y explicando el término valor y su evolución brevemente, como preludio al trabajo.

El filósofo alemán Max Ferdinand Scheler nació en Munich (Alemania) el 22 de agosto de 1874. Su padre, un campesino bávaro luterano, al casarse se convirtió al cato- licismo. Del lado materno desciende de familia judía, lo que explica que en la época nazi fueran boicoteadas sus obras. Estudió en Luitpold y en el Ludwig- Gymnasium de Munich. En la adolescencia se convirtió al catolicismo bajo la influencia del capellán del Liceo, y se hizo bautizar, pero abandonó esta religión progresivamente.

Estudió Humanidades, y Filosofía y Letras en Munich. Se trasladó a Berlín, don- de frecuentó cursos de Ciencia y Filosofía con Dilthey, “filósofo de la vida” que influyó en su pensamiento. Pasó a la Universidad de Jena, donde tuvo como maestros de Filoso- fía a O. Liebmann (partidario del “retorno de Kant”) y a R. Eucken, filósofo de la “vida del espíritu”. Bajo la dirección de Eucken, principal guía de su formación, elaboró en 1897- 99, las dos tesis que le habilitaron para la enseñanza superior. La primera versa “sobre las relaciones entre los principios lógicos y éticos” y la segunda, de título Die transzendentale und die psychologische Methode (Leizpig 1900).

Scheler inicia su actividad docente en la Universidad de Jena en el 1901, y tiene su primer contacto con Husserl, en reuniones de colaboradores de los Kantstudien en Halle, atrayéndole sus novedosas doctrinas. En 1907 se traslada a Munich y continúa su docencia, introduciéndose allí en el grupo de jóvenes fenomenólogos, discípulos de Husserl, que se adhirieron a las nuevas ideas buscando nuevas líneas de desarrollo. En este círculo de fenomenología desarrolló en contenido de sus primeras obras de madurez.

En 1910 renunció a la enseñanza “por circunstancias personales” ajenas a la vida académica. Rompió prácticamente con la Iglesia por su matrimonio civil con una persona divorciada, ya que no le permitía a un cargo público. Tras romper esta unión se volvió a casar, con Maerit Furtwaengler, reconvirtiéndose al cristianismo. Vivió dando lecciones y entregado a sus estudios privados durante nueve años, periodo muy fecundo en su vida intelectual y en el que comienzan sus publicaciones. En 1933 publica la Simpatía y la primera parte de su ética, El formalismo, en el “anuario” de Husserl. Escribe diversos trabajos para revistas, mientras reside en Gotinga, donde contacta con Husserl.

Scheler se establece en Berlín, pero la Primera Guerra Mundial estalla, y Scheler se ve influido por este drama. Publica El genio de la guerra y la guerra alemana (1915), Guerra y reconstrucción (1916), Las causas del odio de Alemania (1916), Misión de Alemania y el pensamiento católico (1918), profundizando en los acontecimientos apa-reciendo en su mente el ideal de “unidad espiritual de Europa” basada en la solidaridad de los cristianos. En los últimos años de la guerra participa en política, encargado de Mi- siones por el Ministerio de Asuntos Exteriores de su país y enviado a Ginebra y La Haya.

La guerra fue esencial en su evolución espiritual hacia la Iglesia, aunque mantuvo su fe en Dios personal, simpatizando con el cristianismo pero negando algunos dogmas. En el Formalismo niega que la justicia divina castigue y premie. En 1916 su segunda reconversión en la abadía de Beuron. Las obras de este periodo reflejan sus convicciones cristianas (De lo eterno en el hombre, 1921; De la inversión de los valores, 1919).

En 1919 va a la Universidad de Colonia como catedrático de Filosofía y Sociolo- gía, y director del Instituto de Estudios sociológicos. Publica sus principales trabajos de sociología. En 1921 pide la anulación de su segundo matrimonio para casarse con una de sus alumnas, y al no conseguirlo, se casa civilmente. En 1922 empieza a aparecer en sus escritos la evolución de su pensamiento hacia el ateísmo, y a partir de 1925 este cambio aparece en manifestaciones públicas. Obras de esta fase, en las que deriva hacia un pan- teísmo evolucionista, son: Las formas del saber y la sociedad (1916), El puesto del hombre en el Cosmos (1928) y Concepción filosófica del mundo (1929). En esta última fase trata de síntetizar donde debe surgir una antropología filosófica y una metafísica, pero lo acabará. En 1928 renuncia a su puesto en Colonia y acepta la cátedra de Filosofía en Francfort, pero poco después de llegar muere de un ataque súbito.

Las obras de Scheler tienen un carácter asistemático, y la mayoría se publicaron como ensayos y artículos que luego se reunieron con nuevos títulos. El artículo Über Ressentiment und moraliches Wertuteil (1912) se incluyó después en la Inversión de los valores. Sus obras fundamentales son Der Formalismus in der Ethik und die materielle Wertethik (Halle 1916), Vom Umsturz der Werte (“De la inversión de los valores, Leipzig 1919) y Zur Phänomenologie und Theorie der Sympathiegefüble (Halle 1913), refundida con el título Wesen und Formen der Sympathie (“Esencia y formas de la simpatía”, Bonn 1923). Sus trabajos sociológicos están en la colección Schriften zur Soziologie und Weltanschauungslehre (“Escritos de sociología y doctrina de la concepción del mundo, 4 vols., Leipzig 1923-24) y el ensayo Die Wissensformen und die Gesellschaft (“Las formas del saber y la sociedad”, Leipzig 1926). Su principal obra de metafísica panteísta es Die Stellung des Menschen im Kosmos (Darmstadt 1928).

La vida de Scheler está a caballo entre el siglo XIX y el XX, por lo que asiste a los cambios e innovaciones que se producen de manera abundante a lo largo del siglo XX: en 1901 Marconi emite ondas de radio, en 1903 los hermanos Wright realizan el pri- mer vuelo en avión, en 1905 Einstein formula la teoría de la relatividad, en 1909 apare- cen los primeros antibióticos, en 1910 Ford inicia la fabricación en serie del automóvil, en 1911 Rutherford demuestra que el átomo es casi hueco y casi toda su masa se concen- tra en el núcleo, en 1927 Friedman expone la teoría del Big Bang,... Estos cambios influ- yen en la mentalidad de la época que asiste al vertiginoso progreso de la ciencia.

Por otro lado estalla, como ya citamos antes, la Primera Guerra Mundial (1914- 1918), que Scheler vivió muy de cerca. La derrota de las potencias centrales, entre las que se encontraba Alemania, les obligó a firmar el Tratado de Versalles, por el que Ale- mania sufrió fuertes sanciones económicas y la pérdida de gran parte de su territorio. Uno de los efectos de la guerra fueron millones de muertos y una Alemania humillada y resentida, con un gran deseo de venganza, sentimiento que hará que se consolide el fas- cismo alemán, conocido con el nombre de nazismo.

En este ambiente, Scheler desarrolla su teoría de los valores. El concepto valor se ha usado para referirse a numerosos contenidos: en significado económico, en sentido general como algo preferido, y con frecuencia en sentido moral. En la “teoría de los valo- res” (o “axiología” y “estimativa”) el concepto de valor se trata en un sentido filosófico general. Esta teoría usa el concepto de valor y reflexiona sobre él, tratando de determinar la naturaleza y el carácter del valor y de los llamados “juicios de valor”. Pero antes de es- ta “teoría de los valores” hubo doctrinas filosóficas en la antigüedad que contenían jui- cios de valor, y muchas de ellas igualaban “el ser verdadero” con “el valor”. P. ej., para Platón el “ser verdadero” (las Ideas) son notablemente valiosas, por lo que afirmar que algo es y algo vale es más o menos lo mismo. Nietzsche dio un gran impulso a lo que luego se llamó “teoría de los valores”, ya que para él tenía importancia de la noción de valor como tal, ya que habló de “valores” y de “inversión de todos los valores”, descu- briendo el valor como fundamento de las concepciones del mundo y de la vida, que consistía en la preferencia de un valor. Por otra parte, hubo doctrinas morales (p. ej. el utilitarismo) que fueron importantes para la formación de la teoría de los valores.

Pero en la formación de la teoría de los valores destacan filósofos de los siglos XIX y XX como: John Dewey, R. B. Perry, Scheler, Hartmann, J. N. Findlay, Raymond Polin, Jean Pucelle, Louis Lavelle, Risieri Frondizi, Robert S. Hartman, S. C. Pepper, y otros. Las investigaciones axiológicas más influyentes son las de Scheler y Hartmann.

Trabajo

El punto de partida de la filosofía de Max Scheler (1874- 1928) lo expresó en sus dos primeras tesis (de doctorado y de habilitación). Durante toda su vida desenvolverá de forma original su interés por los problemas éticos y de la vida del espíritu.

La teoría más llamativa y esencial de este filósofo alemán se conoce como la “teoría de los valores”, con su nuevo planteamiento de la ética fundada en la doctrina de los valores. Para Scheler todas las teorías de los valores pueden dividirse en tres tipos:

- La “teoría platónica del valor”, según la que el valor es independiente de las co- sas, en lo que las cosas valiosas están fundadas. Los valores serían entidades reales.

- El nominalismo de los valores, según el que el valor es relativo al hombre o a cualquier portador de valores.

- Lo que Scheler llama “teoría de la apreciación”, emparentada con el nominalis- mo ético porque niega la independencia de los fenómenos estimativos, pero diferente porque el valor moral viene dado por una apreciación.

Scheler no admite estas teorías, porque le parece que ninguna le permite desarro- llar una “teoría pura de los valores” o “axiología pura”. Para él, los valores son apre-hendidos por una intuición emotiva, y dentro de una teoría pura de los valores se puede distinguir entre “una teoría pura de los valores mismos” (que sería una “teoría lógica del objeto”) y una de las “posturas valorativas” (una “teoría del pensamiento”).

Scheler asume algunas de las teorías de Kant. Comienza rechazando, al igual que él, toda moral de los bienes y los fines, rechazando la existencia de un Bien supremo o fin último. El valor moral de la voluntad dependería de la experiencia histórica, por lo que tendríamos una moral en continúa evolución. P. ej., en la actualidad es normal que las mujeres vayan en bikini a la playa, pero ésto hace algunos años sería impensable y totalmente inmoral.

La “teoría de los valores” de Scheler fundaría su nueva ética material, y respon- dería a las objeciones de Kant, que creyó poder prescindir de los valores manifestados en los bienes y confundió los valores con los bienes y los fines, quedando el valor totalmente confundido con la actividad subjetiva del sujeto moral en cuanto tal.

Scheler analizó la realidad original de los valores. Su teoría es una teoría general de los valores y no sólo de los valores morales. Establece los valores como independientes de las cosas y de sus estructuras reales, intentando mostrar la diferencia del valor respecto del objeto concreto. P. ej. que un helado esté rico es inherente a él, pero esta cualidad no se desprende de sus propiedades o de sus diversas sensaciones de agrado, sino que depende de los matices de lo agradable sensorial de forma independiente de las cosas en que se manifiestan. Esta manera de ser objetivamente es propia de las esencias.

Los valores representarían un mundo especial de esencias que son llamadas cuali- dades valiosas o “cualidades de valor”, dominando los objetos con sus particulares rela- ciones y conexiones. Las cualidades valiosas serán “objetos ideales”, como p. ej. los colores y las cualidades del sonido.

Scheler habló de la distinción entre los valores y los bienes y los fines, ya que para él, los valores constituirían una esfera especial de las esencias. Por lo tanto, para este filósofo alemán, no hay valores porque haya bienes y fines (que sería lo que opinaba Santo Tomás de Aquino), ni hay valores porque haya normas (como decía Kant), sino que los valores serían independientes de las cosas, estarían en otra esfera diferente. Lo propio de las cosas es “ser”, pero lo propio de los valores no es “ser”, sino que es “valer”: las cosas son y los valores valen.

Los valores son descubiertos mediante la experiencia fenomenológica, que es a priori, porque no se conocen por la experiencia sensible: se sustraen por inducción. Los valores son dados igual que las demás esencias, mediante una intuición inmediata y evidente, por la experiencia. Los valores no pertenecen al dominio de lo pensado, ni son captados por una intuición racional, sino que la experiencia de los valores se tiene por un acto especial llamado “percepción afectiva” de los mismos, que sería el sentimiento. Los valores sólo son dados en una percepción afectiva absoluta, que es un sentimiento puro que capta la esencia a priori. A esta percepción de los valores por la vía del sentimiento se la conoce como “intuición emocional de las esencias”.

Scheler recurre frecuentemente a expresiones de Pascal para basar este modo de conocer afectivo. Cree que al lado de una lógica de la razón hay otra lógica de la vida emocional que fundaría “una teoría pura del valor”, ya que las leyes y correlaciones esenciales se sustraen de las leyes de la lógica.

Scheler realizó una clasificación de los valores que llamó “clases fundamentales de relaciones de esencia apriórica”. Según esta jerarquía de los valores, unos valores son

“más altos” y otros más bajos, siguiendo una serie de criterios:

- Criterio de duración: “los valores parecen ser superiores cuanto más duraderos son”. Es de esencia de lo agradable el captarse como variable y efímero. Los valores vitales son dados como estables.

- Criterio de la divisibilidad: los valores son tanto más altos cuanto menos divisi- bles o fraccionados. Esto parece realizarse el mínimo en lo agradable sensorial y se reali-za más en los valores estéticos. El valor de lo divino es universalmente participable.

- Criterio de satisfacción: es más elevado al aportar una satisfacción más profun-da. Lo agradable sensorial sería un valor inferior porque no puede dar una satisfacción entera. Los valores del conocimiento serían superiores a los valores sensoriales y a los vitales, porque pueden satisfacer incluso dentro del displacer de la enfermedad. Los valores religiosos pueden producir un gozo sereno.

- Criterio de fundamentación y de relatividad. Los valores que se fundamentan en otros son inferiores a éstos, porque dependen de ellos y son relativos a otro valor. Este otro valor será más alto, llegando al final a valores independientes (que no se fundamentan en ningún otro) y absolutos.

Scheler da también una ordenación jerárquica de los valores, reduciendo a cuatro las clases o “modalidades de valores”:

1) La serie de lo agradable y lo desagradable, en la que estarían los sentimientos sensoriales de placer y dolor sensible. En ellos diferencia los estados afectivos de la vida sensible de los valores de lo agradable y de lo desagradable percibidos por el espíritu en la intuición emocional.

2) La categoría de los valores vitales, de los bienes y males fisícos que acompa-ñan la vida, como la salud, vigor, enfermedad, vivencias emocionales e instintos.

3) El reino de los valores espirituales, que serían independientes del cuerpo y captados por un “percibir afectivo espiritual”. Dentro de ellos están los valores estéticos, los valores de los “justo e injusto”, los valores del puro conocimiento de la verdad realizados por la filosofía, y los “valores por referencia”. Los “valores de referencia” serían los de la ciencia y la cultura.

4) Los “valores de lo santo y lo profano”, dados sólo respecto de objetos absolutos o divinos, alcanzados por una forma de amor que se dirige a las personas. El valor de lo santo es esencialmente un “valor de personas”, con reacciones específicas como la fe, la incredulidad, la veneración, la adoración; y “valores de referencia” como el culto, los sacramentos, personas y cosas santas, etc.

Scheler clasifica también los valores en realación a los sujetos portadores de los mismos: los valores de las personas y los de las cosas, que pueden ser propios o extra-ños. Estarían, además, los valores de los actos, de conocer, de amar, de pensar, etc., de las funciones de ver, oír, sentir; valores de la disposición interior, de la intención, de la acción, y de los estados afectivos; valores de la forma de unión y relaciones entre personas (p. ej. el matrimonio) y, en general, valoresindividuales y colectivos. Scheler engloba todas las realidades del universo en su nueva categoría del valor.

Scheler destaca la estructura jerárquica del reino de los valores y sus relaciones esenciales, negando que el conocimiento de esta jerarquización se obtenga por experien- cia empírica o deducción lógica racional.

Scheler no incluyó en sus cuatro clases fundamentales de valores los valores éticos, ya que en torno a ellos giraría la especulación, porque son los valores propios de la persona, que se han de realizar según la preferencia y elección de los valores superiores en cada caso.

Esta “teoría de los valores” parece haber influido directamente en algunos filósofos, entre los que podríamos mencionar a Paul Ludwig Landsberg.

Conclusión personal

Max Scheler es un filósofo alemán que consiguió una gran resonancia mundial y cuyas ideas se introdujeron tempranamente en España, lo que nos lleva a pensar que los temas que trata en sus teorías son interesantes y nos conducen hacia alguna conclusión favorable y positiva.

Pero Scheler no se limitó a dar una explicación sobre el término valor, sino que amplió el campo de visión proporcionándonos una escala de valores. Es interesante y llamativa la forma de enfocar el sistema de valores articulándolo jerárquicamente, y también llama la atención que el la cima de su escala de valores ponga los valores religioso, siendo la vida de este filósofo un contínuo cambio de pensamiento hacia lo religioso.

Claramente podemos observar la relevancia actual de este tema, que en nuestro tiempo está tan de moda. Hoy muchos afirman que “se están perdiendo los valores de antaño”, lo que demuestra la preocupación de una gran parte de la sociedad porque cada persona tenga y respete una escala de valores adecuada. Continuamente se oye hablar sobre el tema de los valores, ya que en nuestros días se ha establecido una polémica que toca en cierto modo el problema de los valores, especialmente de los valores morales, debido a que no todos nos preocupamos por los mismos valores.

Posiblemente es un tema que no solamente tiene relevancia actual, sino que es un problema que se arrastra a lo largo de la historia de la humanidad: los valores, especialmente los valores morales, que parece que se pierden y se debilitan a lo largo del tiempo, a pesar del esfuerzo de algunos porque se conserven firmes e inalterables. Un ejemplo de ésto podría ser la Iglesia, que trata de que la gente conserve unos valores preestablecidos años atrás.

Parece aceptable y positivo que la gente se plantee establecer una escala de valores en su vida, jerarquizando los valores y viviendo según ellos. Con esta “teoría de los valores” se demuestra que se puede establecer una escala de valores o jerarquización, de modo que nos podamos guiar a través de ella. Pero como afirmamos al principio del trabajo, según Scheler los valores cambian con la historia, lo que parece cierto, y según esta historia, este tiempo, transcurre, los valores que la mayoría de la sociedad tiene cambian, no siempre siguiendo el gusto de todos.

La “teoría de los valores” de Max Scheler podría explicarse brevemente, afirman-do que para este filósofo alemán, no hay valores porque haya bienes y fines, ni porque haya normas, porque los valores son independientes de las cosas, tan independientes que ni siquiera “son”, ya que las cosas son, pero los valores valen. Los valores serían cualida-des, y atenderían a una jerarquización.

Bibliografía

FERRATER MORA, JOSÉ. Diccionario de la Filosofía. Círculo de Lectores. Barcelona, 1992. 1ª. Tomo 4. Págs. 2943- 2945.

FERRATER MORA, JOSÉ. Diccionario de la Filosofía. Círculo de Lectores. Barcelona, 1992. 1ª. Tomo 4. Págs. 3373- 3380.

FERRATER MORA, JOSÉ. Diccionario de Filosofía. Círculo de Lectores. Barcelona, 1991. 1ª. Tomo 1. Págs. 264- 265.

URDANOZ, TEÓFILO. Historia de la Filosofía. Biblioteca de autores cristianos. Madrid, 1988. 2ª. Toma VI. Págs. 404- 455.

ABAD PASCUAL, JUAN JOSÉ y DÍAZ HERNÁNDEZ, CARLOS. Historia de la Filosofía de 2º Bach. Mc. Graw- Hill. Madrid, 1996. 1ª. Tema 15. Págs. 349- 360.

Apéndices documentales

Estas fotografías han sido extraídas del navegador Netscape de Internet en el servidor: www.yahoo.com. Todas ellas pertenecen a la pág. Web: Professor Frings' MAX SCHELER Web Site, y bajo cada una de ellas se indica como buscarlas en el navegador.

http:/members.aol.com/fringsmk/Graphics/Scheler_3_1.jpg

http:/ members.aol.com/frigsmk/Graphics/SchelerCar_1_1.jpg

María y Max Scheler en su automóvil.

http:/members.aol.com/fringsmk/Scheler2.hmt

Max Scheler hacia 1928.

http:/members.aol.com/fringsmk/Scheler.1.htm

“Círculo Göttingen” hacia 1911 (de la izquierda a la derecha): Reinach, Neimeyer, Lipps, Scheler, Koyré, Hering, Mrs. Martius, Hamburger, Conrad, Heubener, Sybel, Clemens.

http:/members.aol.com/fringsmk/Scheler.1.htm

Tumba de Max y María Scheler en el cementerio de Suedfriedhof (Colonia).

Max Scheler hacia 1912.




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Enviado por:Iria
Idioma: castellano
País: España

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