La nueva ciencia renacentista y su influencia en la filosofía moderna

Evolución filosófica. Hipótesis copernicana. Revolución científica. Galileo y Kepler. Racionalismo. Silogismo. Inducción

  • Enviado por: Catarina
  • Idioma: castellano
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La nueva ciencia renacentista y su influencia en la filosofía moderna

La concepción del mundo que se había mantenido durante siglos, conocida con el término general de escolástica, se fundaba sobre dos autoridades principales: Aristóteles (384-322 a. de C.) y Santo Tomás (1225-1274), y reunía las ideas del pensamiento pagano con los dogmas de la Iglesia Católica. El cambio se produce con el Renacimiento en el siglo XVI. La escolástica ofrecía

explicaciones que satisficieron durante siglos, pero había llegado el momento en el que la realidad parecía desmentir su doctrina, la cual no tenía respuestas para ciertos hechos, y sólo el peso de la autoridad eclesiástica la mantenía en pie. Los descubrimientos geográficos demostraron que Ptolomeo se equivocaba, por lo que cabría la posibilidad de que los presupuestos astronómicos también fueran erróneos. Tras la publicación de la obra de Copérnico en la que éste exponía su teoría heliocentrista (póstumamente y con notas del editor quitándole importancia a la teoría, por miedo a represalias), una serie de científicos del S.XVI-XVII se atrevieron a defender públicamente la hipótesis copernicana, entre los que destacan Galileo y Kepler. Se realiza en este ámbito la revolución científica, que busca un cambio de modelo o paradigma científico. En cierto modo, estos científicos retornan a los ideales científicos del platonismo y pitagorismo que habían sido recuperados en la época renacentista. Se basan en su ideal de matematización del universo. Crean así una ciencia mecanicista que sustituye al conocimiento escolástico impregnado de teología y especulación. La principal aportación de Kepler es la enunciación de las leyes del movimiento planetario, mientras que Galileo destacó en el estudio de la mecánica terrestre y la invención del telescopio. Pero en general sus aportaciones fueron mucho más relevantes:

  • nueva visión del universo, opuesta al cosmos cerrado y geocéntrico de Aristóteles;

  • nueva actitud ante la realidad, donde el hombre ya no es el centro del universo y la razón ha adquirido nuevos derechos (ver opinión de Kant al respecto, pág.203);

  • nueva metodología científica, que se convertirá en modelo e ideal para los filósofos de los siglos siguientes.

    • Estos filósofos posteriores tendrán en común la crítica al método escolástico: el silogismo. El silogismo es una forma de razonamiento deductivo que puede aplicarse siempre que consta de una premisa mayor (que enuncia el principio general) y una premisa menor (que se refiere al caso particular incluido en el principio general). De ambas se extrae una conclusión: la nueva verdad. Por ejemplo:

  • Todos los hombres son mortales (premisa mayor)

  • Sócrates es un hombre (premisa menor)

De lo que se deduce: “Sócrates es mortal” (conclusión o verdad).

La escolástica pudo utilizar el pensamiento silogístico porque disponía de principios generales (premisas mayores) alcanzados por medio de la fe, la verdad revelada, o fundados en la autoridad de Aristóteles o en la Iglesia. Con tal procedimiento, nunca lo particular podía rebelarse en contra de las supuestas verdades generales. Pero Descartes y Francis Bacon, filósofos del SXVII, con igual intención que Galileo y Kepler, derrumbarán el silogismo al someter a duda las premisas generales de las que partía. Defienden que sin verdades generales no es posible descender a lo particular. Aunque impulsarán la filosofía y la ciencia por caminos radicalmente distintos (Descartes por la vía de la razón y Bacon por la de la experiencia, convirtiéndose en un claro precursor del empirismo), ambos concuerdan en su crítica al silogismo, al que hacen responsable del atraso de la ciencia. Bacon propone invertir el orden del razonamiento: partir de lo particular, de los casos experimentales observados, para ascender poco a poco a verdades más generales; utiliza la inducción (opuesta a la deducción utilizada hasta ahora). Pero Descartes no lo seguirá en la afirmación de la experiencia como criterio de verdad. Aunque éste había supuesto un avance respecto al dogmático criterio de autoridad, se hacía totalmente insuficiente debido a la limitación de la experiencia sensible: es casi imposible observar la totalidad de los casos posibles, por lo que no pueden extraerse de hechos empíricos leyes generales, universales, absolutas, invariables,… Por lo tanto Descartes no va a buscar en la experiencia los sólidos pilares sobre los cuales había de construir el edificio reciente derrumbado del conocimiento humano, sino que tomará la razón como criterio de verdad, y también la matemática, al observar que sus principios están a resguardo de la experiencia (un triángulo tiene tres ángulos siempre, no siendo posible una experiencia que lo contradiga).

Descartes se convierte así en el fundador de la filosofía moderna, al deshacerse de la especulación que había oscurecido a la filosofía durante tanto tiempo. Proclama la autonomía de la razón, ajena a la tradición religiosa y opuesta a los sentidos. Podríamos encontrar un antecedente de este pensamiento en Parménides: “lo mismo es el pensar que el ser”. Comienza así una corriente llamada racionalismo, que será continuada por Spinoza, Malebranche y Leibniz, entre otros.

Descartes llegará, mediante una duda teorética acerca de todo lo existente (duda metódica) y el hallazgo de una verdad primera e indudable (“cogito, ergo sum”), a forjar un método que él considera único, infalible y el que debería ser seguido por todas las ciencias. Desarrolla un método de carácter matemático para explicar la realidad, claramente influido por Kepler y Galileo y opuesto a Aristóteles, el cual creía que las matemáticas no podían utilizarse para interpretar la realidad. Su pensamiento es, por tanto, al igual que el de los empiristas, una continuidad a la postura reaccionaria que los científicos del siglo XVI (Galileo, Kepler, etc.) adoptaron frente a la especulación escolástica. Un filósofo del siglo XVIII, Kant, reprochará a los racionalistas haber aceptado el valor de la razón sin previa crítica y rechazo completo de la experiencia, y a los empiristas la tesis que afirma que todos los conceptos provienen de la experiencia (lo cual abocaba al escepticismo: la ciencia no es posible al no poder emitir leyes generales, universales, permanentes,…, ni hacer predicciones sobre lo que va a ocurrir). Llegará finalmente a una conclusión intermedia, influenciado por ambas corrientes, y reuniéndolas en su teoría sobre el conocimiento.