La familia y el cambio político en España

Sociología. Cambios. Relación con la infancia. Juventud: factores de conflicto. Trabajo. Vivienda y hogar. Ruptura: desorganización y disolución. Situación política. Perspectivas de futuro

  • Enviado por: Jijijuju
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 35 páginas
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  • LA FAMILIA Y EL CAMBIO POLÍTICO EN ESPAÑA

  • Empieza el capítulo asegurando que la familia siempre ha sido el centro neurálgico de las transformaciones sociales. Los cambios en la familia son imprescindibles para la construcción de una nueva sociedad, al tiempo que todo cambio político ha venido acompañado de modificaciones en la legislación familiar, debido esto a tres factores: porque repercute en la vida cotidiana de la población, porque esos cambios familiares pueden instrumentarse como símbolo del propio cambio político y porque el sistema familiar es el espacio privilegiado para fomentar el cambio social. Al ser la familia el primer núcleo de transmisión de valores sociales, la sintonía entre éstos y los valores políticos constituye una garantía de supervivencia del nuevo sistema.

    Se queja el autor que en nuestro país la familia actual y del pasado se encuentra huérfana de reflexión política y defiende que el análisis de la modernización de la legislación familiar es importante por tres razones: por el propio carácter de la transición política que implicó a otras muchas instituciones y sectores sociales (ruptura política implicó en muchos casos ruptura religiosa, social y cultural); por la institución que implica (a la familia en España se le ha otorgado una relevancia especial y ha estado siempre bajo el control de la Iglesia); y por la extraordinaria repercusión que alcanzaron precedentes de cambios en la regulación de la familia, que provocaron conflictos políticos o tensiones con la Iglesia pero que tuvieron reducidos efectos sociales. Aquí se exponen brevemente la Ley de Matrimonio Civil de 1870 (derogado en 1875) y la avanzada legislación familiar de la II República Española (que incluía regulaciones del aborto y del divorcio).

    En las siguientes páginas se analizan los cambios sufridos por la familia y la iglesia durante el franquismo. Con respecto a la primera, con la dictadura se anularon todos los avances republicanos en legislación familiar (se vuelven a prohibir los anticonceptivos y el adulterio, la mujer queda en inferioridad de derechos con respecto al varón...) hasta la transición democrática. Pero es durante el franquismo cuando se pasa de una sociedad de familias a una sociedad de individuos, debido al desarrollo económico de los 60 (concentración urbana, incremento del sector industrial y de servicios, altas tasas de escolarización para ambos sexos...). También desaparecen las rigideces del noviazgo tradicional y se produce un significativo descenso de la importancia otorgada al papel de los factores religiosos y morales, y el ascenso de la concedida a la educación, cultura y similitud de opiniones. A pesar de las políticas natalistas del gobierno de Franco, España completa la última fase de la transición demográfica, esto es, el descenso de la natalidad y la mortalidad, modernizando sus comportamientos demográficos. Todos estos cambios significan la pérdida de la hegemonía de la familia tradicional y su sustitución por la familia moderna y nuclear.

    Contrariamente a lo que se podría pensar, la actitud de la Iglesia ante modificaciones lega-les que suprimían su control sobre la regulación de la familia, puede calificarse como tolerante. Este cambio de actitud de la Iglesia, que facilitó dichas reformas legales y la transición política, es debido al Concilio Vaticano II, al fracaso de la Iglesia italiana en su movilización antidivorcis-ta(1974) y la firma de un Concordato de la Santa Sede con Portugal en 1975. Como factor interno cabe destacar la crisis del los tribunales eclesiásticos españoles (denuncias de tardanzas, sobornos, favoritismo,etc). Debido a este cambio de actitud, y no exento de ciertas tensiones, se produce el consentimiento de la Iglesia a la competencia de los tribunales civiles sobre los matrimonios canó-nicos y a la aprobación de la Ley del Divorcio de 1981.

    La falta de conflictos entre Iglesia y Estado se ha visto favorecida por las decisiones políti-cas: abandono de las posiciones anticlericales de la oposición, la fragua de pautas de diálogo entre diversos sectores (debido a que la nueva clase política había sido formada en parte por la Iglesia, la no creación de ningún partido demócrata cristiano. También se evitó incluir en la Constitución artículos polémicos, en lo que el autor ha denominado la vía de la ambigüedad. Así, las reformas legales se han planteado sucesivamente, como reformas parciales del derecho de familia: control de natalidad (despenalización de los anticonceptivos y del aborto), sexualidad (despenalización del aborto y del amancebamiento), igualdad jurídica de los cónyuges...

    En conjunto, pueden señalarse cuatro fases: durante la II República la legislación se encontraba más avanzada a las costumbres predominantes en la sociedad española; la segunda fase se sitúa entre el final de la guerra y 1960, donde la legislación vuelve a coincidir con el tradicionalismo de la sociedad española, cosa que no ocurre en la tercera fase (1960-1977) donde la legislación se queda obsoleta debido a los cambios registrados en España; hasta la cuarta fase, después de la transición política, donde las leyes acaban casando con el pensamiento de nuestra sociedad.

  • CAMBIOS RECIENTES EN LA FAMILIA ESPAÑOLA

  • El reconocimiento del pluralismo

  • La transición política ha significado el paso de un modelo tradicional de familia con numerosas protecciones legales, a una situación en que la familia aparece como carente de límites, como un magma indefinido en el que cualquier condimento puede tener cabida, desde las uniones de hecho hasta los matrimonios de homosexuales. Todas las demandas parecen insertarse dentro de un sistema familiar, hasta hace 20 años muy rígidamente regulado por la ley y por los comportamientos sociales. Este giro tan radical se inicia más tardíamente que en otros países europeos: es en los años 60 cuando en sistema familiar español comienza, primero con lentitud y luego con la transición aceleradamente a cambiar. Este ritmo lento ha permitido mayor capacidad de asimilación social y de respuesta institucional. Se ha pasado de una configuración monolítica de la familia a otra pluralista en la que las distintas modalidades de articular la vida familiar - cohabitación o matrimonio, unión homosexual o heterosexual, etc. - reciben semejante cobertura legal. Se ha producido una ruptura desde un tipo único de familia con una fuerte protección legal y social y sucesivamente se fue eliminando la prohibición del divorcio, de los anticonceptivos, del delito de adulterio, etc.

  • Contexto de los cambios familiares

  • Un elemento importante del contexto en que se producen los cambios familiares es la masiva incorporación de la mujer al trabajo extradoméstico, que se ha producido con un mayor nivel de estudios y formación, y accediendo a puestos de trabajo estables, mejor remunerados y de alta categoría. Esto favorece la consolidación real del equilibrio de poderes y en la división de tareas dentro del hogar y convierte en una opción real tanto la formalización como la finalización de una relación por vía de separación o divorcio. Otro elemento de este nuevo contexto es el movimiento feminista, contestando los estructuras patriarcales de la familia y promoviendo cambios tanto en la legislación como en las costumbres sociales. Las consecuencias reales están siendo impulsar el equilibrio general de distribución de tareas y atribuciones en las parejas y familias según sexo y edad, y sus efectos parecen conducir al fortalecimiento de la pareja y la familia.

    Los cambios en la regulación legal de la familia se han producido de forma escalonada y se puede hablar de una transición a ritmo lento del cambio jurídico familiar que ha favorecido una percep-ción de permanente actualidad de la familia como cambio y la creación de una imagen de la familia como cuestión abierta. Hay que añadir que se han utilizado los cambios sociales como símbolos de los cambios sociales en la transición.

  • Algunos cambios significativos

    • Nupcialidad! descenso muy importante desde 1975. Factores económico-laborales: alta tasa de desempleo, precariedad laboral juvenil, costes de la vivienda...

    • Formas de matrimonio! sigue prevaleciendo la forma religiosa, aunque el matrimonio civil ya representa uno de cada cinco

    • Personas solteras! su número ha aumentado. El matrimonio es ya una opción personal y no una necesidad para el desenvolvimiento de la vida cotidiana. Explican el aumento de la soltería los retrasos en el calendario nupcial, el incremento de la cohabitación, el rechazo al matrimonio...

    • Edad media de entrada al matrimonio! 26 años en 1991, semejante a la edad de matri-monio en los años siguientes a la guerra civil.

    • Prolongación de la estancia de los hijos en el domicilio familiar! aumenta el tiempo de dependencia económica y residencial de los jóvenes, debido a las dificultades de inserción laboral, en un contexto de ausencia de medidas de ayudas sociales significativas. Sólo a partir de los 27 años son mayoría los jóvenes que se han emancipado.

    • Mínimo histórico de natalidad! en los 90 nacen menos hijos que durante la guerra. En España se registra el número de hijos por mujer más bajo de Europa.

    • Divorcio! dos tendencias manifiestas en la evolución del número de divorcios. Al principio aparece un número elevado para descender levemente hasta 1986, cuando se invierte la tendencia y reaparece un crecimiento sostenido, sin duda debido a la conver-sión de separaciones en divorcios. La tasa de divorcio en España es de las más bajas de Europa, pese al carácter permisivo de la legislación que lo regula.

    • Relaciones intergeneracionales! elevada compenetración entre padres e hijos, que además parece presentar una tendencia hacia una mejora en las relaciones.

  • Nuevas formas de organización familiar

  • Junto al patrón de la familia nuclear se han desarrollado algunas formas de organi-zación familiar que ya existían antes pero que ahora han cobrado relevancia:

    • Familias monoparentales! 300000 hogares en 1992, la mayoría sustentados por mujeres. Cabe recordar el predominio de las mujeres mayores de 65 años, muchas de ellas viudas, y el 80% de las veces con escasos recursos (feminización de la pobreza).

    • Hogares de personas solas! en su mayor parte consecuencia del envejecimiento y del incremento de la población adulta soltera.

    • Uniones de hecho o cohabitación! salen de la clandestinidad y es previsible que aumenten esas uniones pues los jóvenes muestran su preferencia por esta forma de convivencia.

  • Familia y política social

  • Entendemos la política familiar como el conjunto de medidas o instrumentos de política pública más o menos articulados, destinadas a familiar y apoyar las funciones sociales que desempeñan las familias. Durante el franquismo existieron medidas de imposición de un tipo determinado de familia jeráquica. Con la llegada de la democracia el objeto de las políticas públicas se desplaza hacia las condiciones sociales de los individuos. Hoy, no se encuentra ningún órgano administrativo con competencias sobre la familia y destaca la poca relevancia que se concede a las fuentes estadísticas sobre la realidad familiar por parte de la Administración. El poder político aborda la familia desde una perspectiva neutralista, como una condición privada de los ciudadanos, lo que provoca la anulación de la discriminación pero es lesivo para las modalidades mayoritarias, que tienen derecho a ser protegidas en una sociedad democrática (ayudas económicas, reducciones fiscales...). Las escasas medidas adoptadas son el resultado de un reduccionismo asistencialista de la política familiar, esto es, se adopta un enfoque global de la familia únicamente cuando se percibe a ésta en una situación de marginación social. El evidente recelo ante la familia por parte de la administración central ha quedado atenuada por la intervención de ciertas comunidades autónomas. Es paradójico que la familia carezca de protagonismo público en España cuando los ciudadanos le otorgan extraordinaria relevancia.

  • La permanencia de la solidaridad familiar

  • A pesar de todos estos cambios la familia española goza de buena salud y sigue siendo un escenario de solidaridades (ayuda en caso de enfermedad, crianza de los hijos, etc) y un instrumento muy importante para la cohesión social. La familia ha hecho gala, en un contexto tan cambiante, de una extraordinaria capacidad de adaptación y sigue siendo la institución más valorada por los españoles.

    3. LA RELACIÓN INFANCIA-FAMILIA EN ESPAÑA

  • La ideología sobre los hijos

  • En nuestra sociedad se le otorga gran importancia a los hijos en la relación matrimo-nial y su papel como estabilizadores (“los hijos unen”). En estudios referidos a la pobla-ción casada se constata que “los niños son lo más importante en la vida” y que para la mayoría la paternidad asegura la más completa realización del individuo. Parece una verdad irrefutable que lo peor que a los hijos puede sucederles es la separación de sus padres, por muy tensas que lleguen a ser las relaciones, pero está comprobado que es preferible la separación a la convivencia con conflictos.

    Esas creencias sobre el papel cohesionador de los hijos provienen del influjo religio-so secular a favor de la natalidad (también para mantener el papel tradicional de la mu-jer) y que ha coincidido casi siempre con la figura del estado. Ideologías natalistas que se traducen en fuertes presiones, durante el proceso de socialización, encaminado a que la mujer asuma como expectativa vital básica la maternidad y el matrimonio.

    Respecto a los hijos únicos debe señalarse que los estereotipos peyorativos que se les atribuyen provienen del incumplimiento de la ideología natalista, más que de auténticos perjuicios sufridos por tales niños. Los hijos únicos cuentan con logros edu-cativos superiores, mejores niveles ocupacionales, mayor satisfacción con su trabajo, optimismo y mejores niveles en los indicadores de felicidad y satisfacción personal.

    Está demostrada la indiferencia con que se presencian malos tratos físicos recibidos por los niños en la calle, la insuficiente atención médica que reciben las embarazadas, la inexistencia de centros de planificación familiar, irrisorias prestaciones familiares por hijo... Se produce, en suma, la incompatibilidad radical entre los intereses reales de los niños y el mantenimiento del liberalismo inhibicionista estatal sobre su suerte.

    La planificación familiar consiste en el derecho de toda persona a decidir libre y responsablemente en número y espaciamiento de sus hijos y comprende tanto las conductas destinadas a evitar tener hijos como para tenerlos. Existe un persistente silen-cio respecto a medidas para solucionar la situación de gente sin hijos.

    II. Los hijos no deseados

    Se ha vinculado erróneamente con demasiada frecuencia la ilegitimidad con la nata-lidad no deseada.

    Los estudios afirman que cuanto más equitativa o menos tradicional es la división del trabajo en el hogar, tanto más probable es que las parejas se comuniquen entre sí con respecto al sexo, sus preferencias en cuanto al tamaño de la familia y la planificación de los nacimientos y que lleven a cabo una contracepción eficaz. Asimismo, ha quedado demostrado que la proporción de embarazos no deseados es alta (en 1977 casi una de cada tres mujeres no deseaba su último embarazo). El autor denuncia la escasa atención que se dedica a este fenómeno.

    III. El matrimonio por los hijos

    Se puede afirmar que los hijos, si bien no unen a los padres, en ocasiones los atan, esto es, son la causa del matrimonio. Pueden ocasionar un matrimonio hasta entonces no previsto por la pareja (provocado) u obligar a la pareja a adelantar su matrimonio ya previsto (adelantado). Diferentes factores condicionan la frecuencia de estos tipos de uniones en cada sociedad y, dentro de cada una según la clase social, la edad de matrimonio, actitud ante la ilegitimidad, comportamientos sexuales prematrimoniales, religiosidad...

    En España abordaremos la cuestión en tres dimensiones relevantes:

  • El matrimonio en caso de embarazo previo puede afirmarse que es el comportamiento esperado, e incluso obligado, en la sociedad española. La mayor libertad sexual parece asociada a la mayor frecuencia de este tipo de matrimonios, cuya práctica no tiende a desaparecer.

  • La frecuencia de embarazos prematrimoniales. Tres aspectos:

  • la tasa de ilegitimidad ha venido descendiendo desde principio de siglo pero en los 70 se invierte la tendencia y comienza a aumentar (sobre todo de madres menores de 20 años)

  • la proporción de matrimonios contraídos por varones de menos de 20 años aumenta sin cesar desde 1960 y, sobre todo, de 1979 (en su mayoría involucran matrimonios por embarazo prematrimonial).

  • frecuencia de embarazos prematrimoniales: en la encuesta de fecundidad de 1977, casi un 17% de las mujeres tuvieron su primer hijo antes del 8º mes de embarazo.

  • Consecuencias del embarazo prematrimonial: inestabilidad matrimonial y

  • rupturas frecuentes pero no puede considerarse consecuencia obligada. En la sociedad española dos factores han debido de afectar particularmente la estabilidad de los matrimonios por embarazo: el rechazo de la pareja por las familias de origen y los efectos diferenciales de estos matrimonios según medie o no una relación afectiva estable en la pareja.

    IV. El coste de los hijos

    La crianza de los hijos en lo material y para la famlia supone elevados costes: indirectos (inversiones en vivienda, mobiliario, tiempo...) y directos (ropa, alimentos, educación...). Estos costes varían en función de la clase social, edades de los hijos, medio rural o urbano...

    En nuestro país, en virtud de las reducidas ayudas económicas estatales y la insuficiencia de servicios públicos el coste de los hijos recae exclusivamente sobre a economía de la pareja, situación que guarda notorias relaciones con el descenso de la natalidad.

    V. Los hijos y la relación matrimonial

    Se fija aquí el autor en las repercusiones que los hijos van a ocasionar en la vida matrimonial. Supone el paso de la díada matrimonial a la tríada: la pareja y el hijo, que une tanto como separa. Desempeña la función de mantener unido el todo, bien fortaleciendo la unidad de la pareja, bien creando un nuevo e indirecto vínculo que trasciende al propio hijo. Los hijos introducen importantes cambios en la relación matrimonial susceptibles de originar conflictos: adaptación a los nuevos roles de paternidad y maternidad, modificación de las tareas domésticas, pautas de ocio, relaciones sexuales... pues por encima de todo se coloca el cuidado de los hijos.

    Por otro lado, la presiones a favor del mantenimiento del matrimonio con hijos operan aumentando su estabilidad pero no por la mejor calidad de la relación conyugal, sino por hacer a la pareja reacia al divorcio por sentido de la obligación ante los hijos.

    Según el autor es necesario incrementar sustancialmente la atención prestada por los científicos sociales a la infancia e instaurar una decidida política oficial a favor de la infancia.

    4.JUVENTUD Y FAMILIA

    La juventud y la familia se desenvuelven hoy en contextos inexistentes en el inmediato pasado, y esto es esencial para entender las relaciones entre juventud y familia.

  • LOS FACTORES DEL CONFLICTO

  • La coexistencia generacional

  • La disparidad tiene su raíz en una razón demográfica: el aumento de la esperanza de vida y el retraso en la edad de matrimonio y procreación han producido una innovación importante como es la coexistencia entre generaciones, generalizada hoy, pero no en el pasado, cuando la mayoría de los padres fallecía cuando los hijos alcanzaban la edad adulta. Por consiguiente, no existía la convivencia para originar conflictos entre los jóvenes y sus progenitores. Hoy viven juntos dos e incluso tres generaciones.

  • La transición a la madurez

  • La estabilidad y homogeneidad cultural de las sociedades tradicionales eran los factores más importantes para explicar la armonía entre los jóvenes y sus padres. Hoy:

    • la cultura es tan compleja que el período de aprendizaje y dependencia se prolonga mucho más del de la madurez fisiológica

    • el reconocimiento de la competencia social no se produce de manera simultánea y homogénea y es difícil fijar la edad a partir de la cual al joven se le reconoce como adulto (antes, la incorporación al trabajo, la mili, el matrimonio...)

    • nuestra sociedad proporciona poca institucionalización explícita de la progresiva emancipación de los hijos; es una cuestión privada de cada familia.

    • frente a anteriores modelos, el tipo de familia predominante en nuestra época, la familia nuclear, implica la convivencia exclusiva entre padres e hijos.

  • La ambigüedad de la juventud

  • La juventud no es una categoría biológica, sino social, y no tiene límites fijos. En el pasado el acceso al mundo adulto venía precedido de una breve fase de transición tras la cual se accedía bruscamente al mundo adulto. Hoy esa fase es dilatada y difusa. El trabajo y el matrimonio, símbolos tradicionales, tampoco cuentan con la relevancia del pasado. La juventud ya no es vivida como un momento transitorio y provisional sino como una fase duradera, continuada, casi indefinida, pues la presión social se orienta a que el individuo se instale en la juventud. Esta situación crea las bases para el conflicto entre los jóvenes y la familia. Primero porque la atribución del estatus del adulto proviene más que de modelos colectivos y generalizados de negociaciones particulares establecidas por cada familia. Segundo, los conflictos pueden generalizarse por la discrepancia radical en las expectativas (superación de la juventud versus instalación permanente en ella).

  • Juventud y escolarización

  • Puede decirse que la construcción social de la juventud es, en buena parte, resultado de la expansión del sistema educativo (también es importante el incremento del período de dependencia económica). Con la educación de masas los jóvenes viven en un mundo constituido exclusivamente por sus iguales en edad, con lo que las barreras de clase o raza han sido sustituidas por las barreras de edad. El aislamiento entre jóvenes y adultos reduce la comunicación entre ambos y favorece la autonomía de los jóvenes respecto a su familia y refuerza la influencia del grupo de iguales en la conducta juvenil. El sistema educativo ha reducido considerablemente el peso de la familia en la socialización primaria de los hijos, lo que es favorable al cambio social y a la innovación cultural pero también a la distancia cultural entre generaciones. Además la educación se ha convertido en la principal vía de paso del estatus adscrito del menor al adquirido del adulto. Se ha prolongado la duración de la dependencia familiar (un 85 % de jóvenes de 15 a 24 años vivía con sus padres en 1984 frente a un 70 % de los europeos). Por último el rendimiento escolar se ha convertido en una causa de conflictos familiares, al estar sometida al principio productividad.

  • Trabajo y familia

  • En el pasado la experiencia laboral y familiar se entrecruzaban e incluso se realizaban en un mismo espacio, involucrando a la totalidad del grupo familiar, que funcionaba como una unidad de producción. Desde la revolución industrial el adolescente urbano evoluciona sin tener ningún contacto inmediato con el mundo del trabajo. Además las habilidades propias sustituyen al marco de referencia familiar y la ruptura de la ética del trabajo.

  • El paro juvenil

  • Otra situación conflictiva proviene de las dificultades de inserción de los jóvenes en la actividad económica (la principal bolsa de paro está formada por jóvenes menores de 25 años). La situación económica obstaculiza el acceso a tres símbolos de la vida adulta: el matrimonio, el trabajo y vivienda propia aunque también puede revitalizar los lazos familiares y reforzando la solidaridad intergeneracional.

  • El cambio de estatus de la mujer

  • En el pasado las situaciones conflictivas eran estructuralmente menos frecuentes. Existía congruencia entre el discurso público y la vida privada: ambos eran discriminatorios contra la mujer. La cosa cambia cuando la sociedad se orienta hacia la equiparación de sexos. Pero aunque las leyes se cambien fácilmente las costumbres no se modifican por decreto.

  • LAS ACTITUDES FAMILIARES DE LOS JÓVENE

  • La nupcialidad de los jóvenes

  • Hace unas décadas podía decirse que el matrimonio era resultado, en parte, de imposiciones sociales y presiones familiares e institucionales (consecuencias negativas para los que cohabitaban, discriminación contra los hijos nacidos fuera del matrimonio...). Hoy la regulación legal ha anulado todas las discriminaciones respecto a los hijos, ha desaparecido el rechazo a la cohabitación y las relaciones heterosexuales de los jóvenes son libres y espontáneas. Así, si se mantienen las tasas de nupcialidad es un indicador de continuidad cultural, de aceptación de la institución de la familia. Los datos indican que han descendido las tasas de nupcialidad (de 7.4 en 1970 a 5.5 en 1989) pero por el paro juvenil, carestía de vivienda, precariedad de empleo...Respecto a la edad en que se contrae el matrimonio entre 1975 y 1981 desciende algo para aumentar bastante desde ese año (1975: 24.16 años en mujeres y 26.89 en hombres; 1992: 26.48 y 28.92). Todo esto revela que pese a la modernización de las relaciones interpersonales, éstas se siguen formalizando sobre todo en matrimonios.

  • Las relaciones de noviazgo

  • En el pasado el noviazgo suponía el medio que posibilitaba unas relaciones estables y permanentes. Hoy las relaciones heterosexuales son abiertas, frecuentes y permisivas sexualmente. Sin embargo, los jóvenes siguen formalizando sus relaciones de pareja y exigiendo fidelidad. Además, las cualidades valoradas del novio o la novia no han sufrido cambios drásticos en las últimas dos décadas.

  • Las actitudes ante la natalidad

  • En la natalidad tampoco parecen advertirse rupturas con las generaciones anteriores. Según las encuestas desde 1960 a 1990, los jóvenes que no desean hijos de su matrimonio son un porcentaje insignificante y la moda se mantiene en torno a los dos y tres hijos. Hay que diferenciar el número deseado de hijos (subjetivo) y el número considerado ideal para una familia española (objetivo). Entre los más jóvenes el primero es inferior al segundo y justamente lo contrario entre los más mayores.

  • Las relaciones familiares

    • Valoración de las relaciones entre padres e hijos: los estudios disponibles las califican de satisfactorias. Incluso han ido mejorando con el tiempo (un 7.17 sobre 10 en 1990 frente a un 6.83 en 1981, para los jóvenes de 18 a 24 años)

    • Valoración de la autoridad de los padres: la mayoría de los jóvenes españoles no tiene la sensación de haber sido tratados de forma estricta (2 de cada 3 en 1982). Los padres españoles aparecen como menos estrictos que los europeos.

    • Influencia en las decisiones familiares: entre 1975 y 1982 se reduce la distancia entre la influencia que se tiene (entre el 65 y 75 %) y la que se cree debería tener (sólo un tercio de los entrevistados lo declaran)

    • Comunicación con los padres: en 1977 un tercio de los jóvenes hablan con frecuencia con los padres (por este orden: trabajo, profesión y estudios; amistades; tiempo libre; actualidad y política; religión; y sexo), más con la madre que con el padre. En 1984, más de la mitad de los jóvenes asegura no hablar nunca de sexo, religión ni política pero sí del futuro personal. La tendencia observada es el ligero aumento de las situaciones en las que padres e hijos están de acuerdo y un descenso de las situaciones en desacuerdo.

    • El consenso normativo: en 1982 la transmisión normativa de padres a hijos es elevada en la sociedad española. De hecho, en actitudes sexuales, opiniones políticas, y actitudes sociales, los jóvenes españoles están más de acuerdo con sus padres que éstos con los suyos, esto es, la ruptura generacional se atenúa. Pero el consenso normativo de los jóvenes es superior en otros países europeos que en España.

    • Convivencia con los padres: los jóvenes españoles de 15 a 20 años conviven con sus padres más que el resto de los europeos (en 1982, más del 88 %). Las razones son las dificultades del empleo juvenil, la elevación del sistema educativo y el difícil acceso a la vivienda. Ya no se vincula la emancipación a la edad sino al nivel de ingresos.

    • El acceso familiar al trabajo: las relaciones familiares juegan un peso importante en el acceso de los jóvenes al trabajo. Un 35 % afirma en 1977 que hay algún familiar trabajando con ellos y ese porcentaje aumenta en 1982 (un 45 %).

    • Los comportamientos políticos: los indicios muestran importantes continuidades generacionales de las simpatías ideológicas aunque no se puede afirmar taxativamente.

  • TRABAJO Y FAMILIA EN ESPAÑA

  • Familia y trabajo constituyen los dos espacios básicos que definen e interconectan lo público y lo privado. La configuración actual de estos dos elementos es fruto de los cambios sociales impulsados por la Revolución Industrial, cuando se separan los lugares de trabajo y del hogar. Será necesario plantear el estudio de las relaciones entre trabajo y familia según las características del puesto de trabajo y en función de las distintas fases del ciclo familiar. Es frecuente que los análisis se realicen cuando se producen situaciones de quiebra o ruptura.

  • Efectos en la nupcialidad

  • El trabajo repercute sobre el sistema familiar desde su propia génesis: la formalización del matrimonio. En el sistema de familia extensa la formalización de nuevas parejas dependía de la red familiar, que era la que autorizaba el momento y la persona. En la actual familia nuclear, la posibilidad de matrimonio viene condicionada por los recursos económicos que proporciona la actividad laboral. Grande es el influjo del trabajo en los procesos de selección de pareja, sometidos con gran frecuencia a procesos de endogamia profesional. Las relaciones de pareja surgen en la proximidad espacial y también, por tanto, entre los compañeros de trabajo (la universidad o la empresa son los lugares habituales de selección de cónyuge. Alrededor de uno de cada cinco matrimonios es endogámico en España en los 80, aunque aumenta hasta casi la mitad entre los profesionales y los estudiantes.

    La caída del empleo reduce la nupcialidad y la edad en la que se contrae matrimonio. Otro aspecto en el que repercute el trabajo es la estacionalidad, en particular, la desvinculación de los matrimonios del ciclo agrícola y adaptación a las vacaciones del sector industrial. Ciertamente el matrimonio es un asunto de la vida privada, pero la actividad laboral se nos aparece como uno de los múltiples condicionamientos sociales, con gran peso para su puesta en práctica.

  • Trabajo y natalidad

  • En la sociedad española la natalidad es sobre todo matrimonial y la mayor parte de los nacidos proceden de los nuevos matrimonios (son primogénitos). Los efectos del trabajo en la nupcialidad influyen igualmente en la natalidad: al descender una, lo hace también la otra. Pero la relación más conocida entre natalidad y trabajo es la que se produce entre el trabajo de la mujer casada y fecundidad, matizada en función de numerosos condicionamientos de la actividad (niveles ocupacionales y educativos, sectores de actividad...). El trabajo de la mujer acelera procesos de cambio globales. Opera como adelanto de mutaciones sociales en momentos de transición demográfica y repercute en el descenso de la natalidad por los rasgos socioculturales donde se inserta. En el inmediato pasado, en España, el trabajo de la mujer ha retrasado, concentrado y reducido la natalidad, pero de manera atenuada, más a nivel de actitudes que de comportamientos. La natalidad siempre es más elevada en las inactivas que en las activas (la práctica de control natal se ejerce mucho más cuando la mujer casada trabaja fuera del hogar). Una excepción en ese descenso de la natalidad de las activas se produce el los grupos de edad de 30 y más años: cambio de signo la tendencia y , en 1986, es más elevada la fecundidad en las activas, debido al influjo de la natalidad de los segundos matrimonios y/o a la natalidad primeriza de mujeres de altos niveles ocupacionales que retrasaron el momento de tener descendencia.

  • Estrategias familiares de empleo

  • Cabría esperar que en una sociedad moderna los principios del mérito, del libre acceso y competitividad serían los que dieran acceso al empleo, en función de criterios universales de idoneidad. Pero en la práctica, la estructura de la amistad y los particularismos mediatizan esos criterios. El grupo familiar desempeña un papel básico en las estrategias de inserción concreta del individuo en un puesto de trabajo. Es un hecho que los sistemas particularistas son los que priman para la búsqueda y logro de empleo en la sociedad española. Las encuestas muestran esa tendencia al particularismo (en 1984, un 24 % de los jóvenes declaran que es la familia y el 34 % las amistades, el medio por el que logran el empleo. Son evidentes pues las estrategias familiares de empleo, pero además el individuo termina trabajando con sus propios familiares con una frecuencia muy alta: en 1977, el 35 % y el 1982, el 45 % de los jóvenes). Una tendencia que ilustra el proceso de reforzamiento de las vías particularistas al extenderse la escasez de empleo para los jóvenes. Este particularismo recibe incluso impulso legal, como vemos en el ejemplo de los funcionarios.

  • Efectos en la actividad

  • Antes se aceptaba sólo el trabajo de las mujeres solteras y el matrimonio llevaba, por mandato legal, a la pérdida de empleo. Esto hoy ha desaparecido, pero los efectos del estado civil no son irrelevantes. Si no hace perder el empleo, en ocasiones sí hace lograrlo. Tradicionalmente la mujer se incorporaba al trabajo a edades más tempranas que el varón, con las consiguientes menores cualificaciones y oportunidades ocupacionales. Y una de las limitaciones respecto al trabajo de la mujer era en función de su compatibilidad con las obligaciones familiares. Las actitudes de la población muestran reparos ante el trabajo de la mujer si ésta es casada, y rechazo total si tiene hijos menores de 5 años. Estas actitudes han mantenido la tasa de actividad de la mujer muy por debajo de los otros países europeos. Pero como consecuencia de cambios en el nivel de formación de la mujer, el influjo del estado civil en la población joven tiende a disminuir rápidamente.

  • La relación paro-familia

  • Aunque ya suprimido legalmente, en la práctica, el estado civil no es ajeno a la frecuencia del desempleo. El mercado de trabajo prima con el empleo al varón casada y penaliza a los varones solteros y mujeres casadas.

    Torregrosa ha sintetizado las consecuencias de la pérdida del empleo remunerado en los siguientes aspectos:

    • Consecuencias económicas: la pérdida de empleo ocasiona descenso en los ingresos, incertidumbres respecto al futuro, reducción del consumo y cambios en los estilos de vida.

    • El paro quiebra la estructura temporal que regula la actividad cotidiana de los individuos, desapareciendo como marco de referencia.

    • Con el paro desaparece el contexto interpersonal y comunicativo del trabajo, y el individuo queda sin las experiencias y contactos compartidos con personas fuera de la familia

    • Con el paro se ve alterado un componente central del estatus social y de la identidad personal del individuo.

    La nueva constelación en la que el parado se desenvuelve produce el incremento de dependencia con su red familiar. De ahí que sea una situación proclive tanto al desarrollo de la solidaridad y apoyo, como a la de tensiones y conflictos familiares.

    En España, en la década de los 80, existe un elevado de parados hijos que viven con sus familias (60.4 %), una baja proporción de casadas en paro (8.0 %) y una alta proporción de hombres parados que son cabeza de familia (26.8 %). Otra encuesta señala que el 69 % de las familias no tenían problemas de empleo, el 18 % tenía al cabeza de familia trabajando pero no así otros miembros, y el 13 % tenía al cabeza de familia en paro.

    La conclusión es que la familia ha constituido el mecanismo más difundido para la integración social del paro.

  • La prolongación de la convivencia padres-hijos

  • El paro de los jóvenes ha prolongado la fase de convivencia entre padres e hijos (más elevada que en otros países europeos), máxime cuando ha coincidido con aumentos muy elevados en el precio de las viviendas. La familia proporciona una red de apoyo social básica para evitar la desintegración psicológica del parado en una sociedad fundada en el trabajo.

  • El abandono temporal del trabajo

  • El abandono temporal del trabajo por parte de la mujer casada ha sido una pauta tradicional en la sociedad española. Numerosas encuestas destacan el importante porcentaje de población favorable a que la mujer no trabaje cuando tiene hijos pequeños, aunque estas actitudes se han modificado considerablemente. La creciente continuidad de la mujer casada en el mercado de trabajo no está motivada, exclusivamente, por la equiparación de las carreras laborales entre hombres y mujeres. Son las incertidumbres y dudas sobre las posibilidades de retorno las que influyen muchas veces en el no abandono temporal del trabajo.

  • Cambios en la familia

  • El paro favorece el equilibrio entre la pareja al impulsar la incorporación de la mujer al trabajo extradoméstico. Al convertirse la mujer en proveedora de recursos económicos para la familia cambia por completo el fundamento estructural de su relación de pareja. La dinámica de la vida cotidiana de la pareja se concentra en la esfera doméstica (un 35 % de los varones declaran que se ocupan más que antes de perder el trabajo en la realización de labores del hogar). Hay una ambivalente estela de efectos que el paro desencadena dentro de la casa: impulsa el reforzamiento de los lazos familiares y equilibra la estructura de autoridad entre la pareja pero al mismo tiempo constituye un importante motor desencadenante de conflictos en la pareja y en su red familiar.

    Los efectos de la crisis muy posiblemente estén propiciando un cambio en los comportamientos patrimoniales de las familias, antes y después de la emancipación de los hijos. Se produce en las familias un adelanto de la herencia y en el trasvase de renta que normalmente se produce tras el fallecimiento de los progenitores. También se han desencadenado respuestas inversas, de hijos hacia padres: los padres apoyan la instalación de lo hijos y éstos trasladan renta a sus padres cuando dejan la vida laboral.

    Están por analizar los efectos directos de la situación de paro en la crianza y socialización de los hijos; en qué medida la crisis genera la agudización de comportamientos discriminatorios por razón de sexos. Se puede precipitar el acceso de la mujer al mundo laboral en tareas no cualificadas. El paro también afecta a la natalidad: la mayoría de la población cree que el paro ocasiona que tenga menos hijos, que se retrase el momento de tenerlos o que no se tengan nunca. La encuesta de fecundidad también reveló las mismas tendencias. Los efectos del paro también se manifiestan en la estabilidad matrimonial, y la experiencia es especialmente crítica cuando ambos miembros de la pareja están en paro. El no tener hijos convierte al matrimonio en más susceptible de ruptura cuando el parado es el varón pero no cuando es la mujer.

    6. VIVIENDA Y FAMILIA

    I. FAMILIA, VIVIENDA Y HOGAR

    Generalmente existe una consideración casi exclusivamente económica, finan-ciera, fiscal o administrativa de la vivienda, olvidándose de otros importantes factores como sus efectos en la salud, la psicología humana o el equilibrio psíquico. Toda la vida cotidiana es afectada por el diseño y el emplazamiento de la vivienda: la escuela a la que acudirán los niños, donde se comprará, las relaciones de vecindad. La casa puede definir el nivel social de una familia, dentro de la comunidad en la que convive y fija el medio social en que la familia absorbe sus pautas culturales. Existen múltiples aspectos de la psicología colectiva y valores sociales o políticos involucrados en la relación del individuo con el hábitat que lo cobija. Así, el franquismo impulsó la política de vivienda en propiedad como un instrumento de conservadurismo y estabilidad social (también en países como Gran Bretaña y Estados Unidos).

    Tampoco el lenguaje es inocente: el destino de la mujer es el hogar. En España el uso del término hogar tal vez no sea más que una enfática denominación para encu-brir la histórica carencia de viviendas en condiciones dignas, la falta de equipamientos adecuados, con una superficie insuficiente y en un hábitat urbano sin servicios. Abrams y Dean señalan que la palabra hogar comprende diversos elementos: desde la posesión hasta el centro de las actividades familiares, pasando por un bastión emocional o un lugar para la expresión espontánea de los sentimientos.

    II. LA VIVIENDA Y LA DINÁMICA FAMILIAR

    Un equívoco que se plantea al analizar la relación entre familia y vivienda proviene de una consideración restrictiva de la situación y necesidades de la familia en materia de alojamiento: por una parte, por fundamentarla en una concepción estática de la familia y, por otra, por una concepción restrictiva de la composición de la familia. La familia no es estática y los profundos cambios en la vida de pareja van a afectar de manera directa a las necesidades de alojamiento durante las secuencias del ciclo vital: desde la pareja joven hasta las familias ancianas pasando por todos los hijos. Todo esto hace patente las disfunciones que conlleva otorgar primacía a la política de propiedad respecto a la de alquiler (ancianos solos habitando viviendas de una superficie y unos gastos desproporcionados para ellos, verbigracia).

    III. LAS FORMAS FAMILIARES Y LA VIVIENDA

    Otra insuficiencia proviene de entender que en la sociedad actual las demandas de vivienda por parte de las familias son homogéneas. Posiblemente no ha existido nunca esa homogeneidad, sino que se están haciendo públicos comportamientos que antes contaban con censuras sociales y/o sanciones penales. Hoy existe un creciente número de situaciones de convivencia que no se corresponden con el estereotipo de la familia nuclear (por ejemplo, familias derivadas del divorcio o el alto porcentaje de jóvenes españoles que aún viven con sus padres). Lo que ocurre es que se tiene en cuenta únicamente las diversidades de la clase social, pero no se percibe que éstas no son mayores que las familiares en la sociedad contemporánea, en lo que a vivienda se refiere. Muchas de estas distintas formas familiares se acomodan mejor con el estatus de alquiler, porque permite ajustar de una manera más dinámica y flexible las necesidades de alojamiento, laborales y de relación personal (aunque el modelo predominante siga siendo la familia mononuclear con hijos solteros, otras formas como las monoparentales o de una solo persona van en aumento).

    IV. VIVIENDA Y NUPCIALIDAD

    Se ha producido un muy brusco y continuado descenso de la tasa de nupcialidad, pero esto es debido a la crisis de empleo, más que al auge de la cohabitación. Este contexto de empleo juvenil no hace sino engrandecer el impacto de la vivienda sobre la nupcialidad. Los problemas económicos para hacer frente al alojamiento, sumado a la escasez de viviendas de alquiler, constituyen uno de los principales obstáculos para la nupcialidad de los jóvenes españoles. La principal manifestación de apoyo de la red familiar al proyecto matrimonial de los jóvenes se materializa en el apoyo financiero a la adquisición de una vivienda, aunque la mayoría de jóvenes inician su vida matrimonial en una casa alquilada con dinero propio, uno de cada cuatro involucra a sus familiares. Estos datos muestran la importancia de la red familiar en la nupcialidad y el influjo de sus actitudes en posibilitar u obstaculizar los propósitos matrimoniales de la pareja.

    V. VIVIENDA Y RELACIONES FAMILIARES

    ¿En qué medida la vivienda condiciona el tipo de relaciones internas de la familia? Es trascendente el auge de la privacidad y la relevancia que ha adquirido este fenómeno en las últimas décadas. El culto a la vida privada y el individualismo generan la revalorización del espacio doméstico y la creciente importancia de la vivienda para las relaciones familiares. La tendencia en el pasado era la preminencia de la vida en el exterior de la vivienda, lo que aún ocurre en mayor medida que en otras sociedades, debido a la larga jornada de trabajo (que además es partida), una pauta de ocio externo, la adjudicación del trabajo doméstico a la mujer... Estos factores han estado asociados con la tradicional falta de calidad de las viviendas, escasez de equipamientos domésti-cos y poco confort. En las dos últimas décadas la demanda de calidad del medio donde se habita se percibe con claridad. Es una muestra de la búsqueda de relaciones de privacidad más profundas que antaño. Los datos españoles muestran un significativo cambio de orientación. En una primera fase, entre 1981 y 1987, se percibe un acusado descenso de la relevancia otorgada a la vivienda como factor de felicidad; tendencia que cambia en 1990, incrementándose considerablemente este porcentaje.

    VI. RUPTURA FAMILIAR Y VIVIENDA

    Durante mucho tiempo la incertidumbre sobre la asignación de la vivienda del matrimonio fue una circunstancia que obstaculizaba el planteamiento de demandas de separación matrimonial. Ahora la legislación ya ha sido modificada, pero nos encontramos ante un nudo de problemas relevantes: la incidencia de la vivienda en la ruptura de la relación familiar.

    En la encuesta de fecundidad de 1977 una de las principales razones de la mujeres casadas para no tener más hijos era el no disponer de mejores condiciones de vivienda. Por otro lado, la dimensión de la familia influye igualmente en el hacinamien-to en la vivienda, es más, una especie de construcción legal del hacinamiento gracias a las medidas a favor de la promoción de viviendas sociales sobre la base de medidas limitativas de la superficie de la vivienda (política que choca con la relación inversa entre natalidad y clase social). Aunque el hacinamiento no es un concepto unívoco, un hogar con él, donde las actividades diarias de cualquiera pueden ser fácilmente observadas por otros, los aspectos más íntimos del ego están expuestos y carece de zonas de retaguardia. Para quienes habitan en estas circunstancias, resulta difícil que pueda cumplir con las dos funciones básicas que ha de satisfacer la vivienda: aislar al hombre de su contorno y contribuir a la superación de ese aislamiento favoreciendo su inclusión en grupos primarios. El hacinamiento imposibilita el desarrollo de la vida familiar y afecta a toda la vida social, promoviendo una cultura de calle. En España, además, la situación de hacinamiento puede estar significativamente incrementada por la incidencia de la crisis del empleo juvenil, que ha bloqueado sus procesos de emancipación del domicilio familiar, y por el descenso de la tasa de nupcialidad.

    TIEMPO Y FAMILIA

    La dimensión temporal ha estado al margen del desarrollo de la sociología de la familia. Los análisis sociológicos han marginado el tiempo como factor constitutivo de la estructura familiar, pero la familia es un tiempo compartido y su desenvolvimiento se basa en una serie de proyectos articulados temporalmente.

    I. SINCRONIZACIÓN TEMPORAL

    Las innovaciones técnicas, fundamentalmente la electrificación del alumbrado, han permitido utilizar todo el ciclo diario. Con la mejora del alumbrado y su generalización, la experiencia privada y pública del tiempo se transforma por completo. La difusión en los espacios públicos y privados del alumbrado, convierte lo que históricamente había sido una imposición de la naturaleza en una opción que cada individuo ha de realizar: sus opciones cronológicas cotidianas. Y al desaparecer la estandarización de las actividades, se hace necesario la sincronización de los usos del tiempo por parte de cada grupo social y por cada miembro de la familia. En España, la tardía electrificación ha hecho que la experiencia humana de acomodamiento a los fenómenos de sincronización de actividades sea muy reciente. No han sido desarrollados los procesos de socialización pertinentes ni se han asimilado los usos de la multiplicidad de horarios disponibles para una misma actividad (problemas, como la regulación de cierre de establecimientos juveniles, ocasionan tensiones intergeneracionales).

    Hay factores, como la disminución de la jornada de trabajo o la tecnificación de las tareas domésticas, hacen que hayan surgido muy recientemente los problemas derivados de la multiplicidad de usos potenciales del tiempo. Los individuos han de hacer de la jornada un cúmulo de decisiones de usos específicos del tiempo y, si viven en familia, esas decisiones requieren ser coordinadas con las del resto de miembros del hogar.

    II. ACCESO AL USO DISCRECIONAL DEL TIEMPO

    Antes la larga duración de las jornadas laborales y otras circunstancias sociales restringían el tiempo disponible para la libre determinación, hasta límites muy reducidos para la generalidad de los ciudadanos. Exclusivamente los varones -y a las avanzadas edades en que alcanzaban su autonomía- contaban con legitimidad social para articular sus proyectos de actividades cotidianas en el transcurso del día. La sociedad imponía a las mujeres y a los jóvenes la rígida reglamentación de sus actividades cotidianas. Hoy gozan de las mismas prerrogativas, se han multiplicado los actores que en cada sociedad organizan y estructuran sus actividades, libremente elegidas. Esto aumenta las dificultades de sincronización y amplía las circunstancias generadoras de tensiones y conflictos en la familia.

    III. LA MULTIPLICACIÓN DE LAS ACTIVIDADES

    Existe una ampliación de las oportunidades vitales en la sociedad moderna, para todos los actores que hoy protagonizan el escenario social y eso es otro de los elementos que dotan de problematicidad al tiempo. El individuo hoy cuenta con tal magnitud de alternativas para materializar cotidianamente, que las dificultades de la sincronización y de la articulación son numerosas en todos los sectores sociales.

    IV. LA QUIEBRA DE LOS RITMOS FAMILIARES

    Hoy se percibe un quiebra de los ritmos familiares, tradicionalmente asentados. Aun sin uniformidad, cada grupo social contaba con unos tiempos normativos o ideales que regulaban la secuencia de acontecimientos y el momento adecuado en que debían plantearse (matrimonio, hijos...). Lo singular de las últimas décadas no es que haya aumentado la frecuencia de la pluralidad de los ritmos temporales, es que no hay modelos comúnmente aceptados. Todas las prácticas gozan de sus esferas particulares de legitimación. El trastocamiento de los ritmos familiares afecta a prácticamente todos los acontecimientos del ciclo vital (matrimonio, ciclo reproductivo...) o incluso la inversión de la secuencia. Junto al aumento en la diversidad de las prácticas se repiten también las trayectorias (las experiencias del ciclo vital, como consecuencia del divorcio, se reproducen). Por eso podemos hablar de una absoluta heterogeneidad de ritmos familiares; la familia aparece desprovista de esquemas normativos temporales y de estandarización de usos.

    V. LA PRIVATIZACIÓN

    La estabilidad matrimonial viene condicionada en la sociedad actual por la calidad de la relación entre la pareja y es destacable la importancia central que han alcanzado los elementos temporales en las relaciones matrimoniales. Cuando el matrimonio se organizaba jerárquicamente, con la hegemonía del varón, la articulación temporal de la familia quedaba sometida a las imposiciones del marido, auténtico jefe de familia. Pero con la equiparación entre sexos y su democratización interna, las relaciones interpersonales adquieren una relevancia sin precedentes en el pasado. Como se ha dicho, los elementos temporales adquieren un gran protagonismo, pero no se trata de que aumenten las demandas de tiempo a emplear conjuntamente por la pareja, sino que se suscitan demandas de calidad, en el tiempo dedicado a la interacción interpersonal entre la pareja. Así, pueden existir disparidades entre la pareja pues cada uno cuenta con su propia percepción temporal y una evaluación propia de la relación, contando con que en cada fase del ciclo vital cada miembro de la relación puede modificar sus posturas en uno u otro aspecto.

    VI. LA PERCEPCIÓN DEL TIEMPO FUTURO

    La tradición es un elemento superficial y ya no comporta un mandato sobre el presente. Se parte de la base de que el presente debe contener innovaciones en sociedades sustentadas en el incesante cambio social; el futuro se encuentra permanentemente en la secuencia de acontecimientos de la actualidad. Esta multiplicación de horizontes temporales es fuente para alimentar situaciones de tensión matrimonial. Cada miembro de la pareja puede encontrarse orientado a una u otra -pasado, presente o futuro-, según la naturaleza de la cuestión o la actividad. Los conflictos, pues, pueden darse no solo por la heterogeneidad de enfoques prioritarios entre uno y otro, sino por cuál sea el que prevalezca en cada decisión concreta sustantiva para ellos. Este influjo del horizonte temporal constituye un elemento determinante para interpretar la evolución de las tasas de divorcio en las sociedades desarrolladas. Además de otras muchas consideraciones, las bajas tasas de ruptura matrimonial del pasado se fundaban en una percepción muy corta del futuro (no se encontraba en el futuro suficiente margen para reiniciar una experiencia vital). También la nupcialidad o la decisión de tener hijos son comportamientos mediatizados por las orientaciones de futuro asimiladas por sus protagonistas.

    LA RUPTURA FAMILIAR

  • DESORGANIZACIÓN Y DISOLUCIÓN FAMILIAR

  • Casi todos los autores coinciden en contemplar a la familia en el siempre incómodo filo de la navaja, pero sus evidentes y profundas transformaciones no parecen haber causado la decadencia de la familia, sino su ajuste a las nuevas y muy diversas condiciones culturales, sociales y económicas en las que se desenvuelve. Existe una interpretación idealizada del pasado (“utopía retrospectiva de la familia”), pero esa imagen irreal del pasado altera la percepción de la realidad presente, cuando se la compara con la supuesta armonía y estabilidad de la familia antigua (radicalmente diferente en sus funciones, estructura y dinámica internas). Hoy se asocia el divorcio con la evidencia de que el sistema familiar no funciona bien. Esa perspectiva tiene poco que ver con el papel real del divorcio y sus causas en la sociedad actual. La sociedad comparte la norma de que han de ser los vínculos afectivos y amorosos los fundamentos del matrimonio. Desaparecidos sus cimientos económicos, el matrimonio se ha convertido en una cuestión meramente personal. Por tanto, si desaparecen las causas motivadoras del matrimonio, el divorcio supone una respuesta coherente con las razones que motivaron el inicio de la propia relación. El divorcio comporta frustraciones y costes psicológicos, pero nadie ha demostrado que sean superiores al mantenimiento de una relación con desavenencias.

    La desorganización familiar puede ser definida como el fraccionamiento de la unidad familiar, la disolución o quiebra de una estructura de roles sociales cuando uno o varios miembros no desempeñan adecuadamente las obligaciones propias de su rol. Para examinar los principales tipos de desorganización familiar seguiremos el esquema analítico propuesto por Goode:

    II. SEPARACIÓN, ANULACIÓN, ABANDONO Y DIVORCIO

    • Separación de hecho: puede tratarse del primer paso en la ruptura definitiva o tratarse de una crisis provisional que finaliza con la reanudación de la relación matrimonial.

    • Separación legal: consiste en la declaración judicial del fin de la convivencia de la pareja, pero sin poner fin al matrimonio (no permite nuevas nupcias). A partir de 1981 son los tribunales civiles quienes juzgan las separaciones de los matrimonios contraídos tanto de manera civil como religiosa. Dos tipos: de mutuo acuerdo y a petición de uno de los cónyuges. Se observa un aumento sostenido del número de separaciones, siendo más frecuentes las de causa legal hasta 1995, año en que son superadas por las de mutuo acuerdo.

    • Anulación del matrimonio: significa declarar el matrimonio inexistente, nulo, desde su celebración, aun cuando subsistan determinados efectos civiles para los hijos, en el aspecto económico. De ahí que se restablezca el estado civil de soltero a quien con anterioridad se había casado.

    • Abandono de familia: se trata de un matrimonio informal de alterar sustancialmente o poner fin al matrimonio desde el punto de vista material, al dejar de cumplir con las obligaciones derivadas de la relación (es una de las causas legales del divorcio). Es más frecuente entre los varones que entre las mujeres.

    • Divorcio: es el indicador más empleado para el examen de la desorganización familiar. Significa la disolución del matrimonio subsistiendo determinados efectos civiles para los hijos y, en su caso, económicos para los cónyuges. Existen dos tendencias: al principio (1981) aparecen un número elevado de divorcios -al plantearse situaciones procedentes de los años sin divorcio- para después descender levemente hasta 1986, cuando se invierte la tendencia y se observa un crecimiento sostenido que se acelera en los 90, sin duda debido a la conversión de separaciones en divorcios.

    III. FAMILIAS VACÍAS

    Se trata de familias cuyos miembros permanecen viviendo juntos sin separarse, pero mantienen mínima comunicación, contacto o interacción mutua, faltando el apoyo emocional entre sí. Eran familias habituales en el pasado por la falta de divorcio y por la situación de la mujer. No son frecuentes en este tipo de familias la violencia abierta o las disputas.

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    IV. AUSENCIA INVOLUNTARIA

    Disolución de la familia por muerte de uno de los cónyuges, estar en prisión, o debido a guerras, catástrofes naturales o depresión económica. Suelen presentarse inesperadamente y pueden producirse incertidumbres respecto a cuando concluirá. Una de las principales manifestaciones de la ausencia involuntaria es la emigración por motivos de trabajo, tan importante en los 60 y 70 entre los españoles. Hoy subsiste en dos sectores distintos: uno, cuando el trabajo de los dos cónyuges están en localidades diferentes, en ocasiones muy distanciadas; el otro, la inmigración en nuestro país.

    V. FALLOS FUNCIONALES INVOLUNTARIOS

    Se trata de los efectos de crisis internas sobrevenidas dentro de la familia pero no como consecuencia de alteraciones de la relación de pareja, sino de hechos distintos que le repercuten. Comprende patologías graves de tipo físico, mental y emocional. Estas pertubaciones afectan a todas las esferas de la vida personal y familiar, con cambios profundos en las relaciones entre la familia y el entorno social, mediatizados por el nivel económico, medio de residencia, ayuda de la red de parentesco disponible...

    VI. MALOS TRATOS A LA MUJER

    Sin el rechazo cultural difícilmente pueden suprimirse la violencia en los comportamientos; y ese paso se está produciendo en las últimas décadas, impugnando un secular pacto implícito en la sociedad de guardar silencio sobre la vida privada, esto es, llevar lo privado hasta lo público. No es que los malos tratos fueran desconocidos en el pasado dentro de la familia pero ahora surgen a la esfera pública y la quiebra entre lo público y lo privado orienta buena parte de las tensiones sociales hacia el interior de la vida familiar. Primero, porque en la familia nuclear no existen mecanismos inmediatos ni personas que puedan neutralizar ni amortiguar los conflictos ni las agresiones, como cuando la familia era extensa. Segundo, los comportamientos violentos y los malos tratos se incrementan en situaciones de transición (mientras un miembro de la pareja evoluciona en sentido de los nuevos valores que aparecen, el otro puede radicalizar su apoyo a los que desaparecen. Y tercero, la familia se ha convertido en catalizadora de tensiones generadas fuera de su propio ámbito, es decir, absorbe, canaliza y desencadena tensiones originadas fuera de ella (“familia esponja”).

    Pero si la sociedad actual genera numerosos comportamientos violentos, como el maltrato a la mujer, el reverso de la moneda es que se produce un rechazo a esos mismos comportamientos. Nuestras sociedades se fundamentan en el rechazo a la violencia, pero debido a que es el ámbito privado el medio habitual de los malos tratos a la mujer, la dificultad de perseguir esos comportamientos es máxima, por lo que la verdadera trama de los malos tratos en la sociedad española sigue siendo desconocida.

    VII. MALOS TRATOS A LOS NIÑOS

    Tipología de los malos tratos

    ACTIVOS

    PASIVOS

    FÍSICOS

    Abuso físico

    Abuso sexual

    Abandono físico

    PSÍQUICOS

    Maltrato psíquico

    Abandono psíquico y emocional

    El tipo de maltrato más frecuente es el abandono, le sigue el maltrato emocional, y el maltrato físico ocupa el tercer lugar, aunque sea el que más trasciende a la opinión pública y el que más se identifica con la idea que se tiene del maltrato. Por último, el abuso sexual es el que más dificultades presenta en cuanto a su detección.

    VIII. ORFANDAD

    Normalmente la situación se enfoca desde la óptica de los adultos y, sin embargo, las consecuencias intergeneracionales de la desaparición del padre o la madre son importantes cuando involucran a menores. La familia nuclear aislada y con escasa relación con el entorno incrementa los efectos de la orfandad en los menores respecto al pasado reciente. La familia extensa protegía de las repercusiones de la desaparición de uno de los padres haciendo más activas las relaciones con los otros adultos presentes en el contorno inmediato. La orfandad a edades tempranas reducen también la posibilidad de encontrar apoyos y ayudas por parte de los hermanos (relaciones horizontales). Es mucho más frecuente el fallecimiento de los padres que de las madres a edades tempranas de los hijos. Los efectos económicos de la orfandad han tenido que ser muy acusados en la sociedad española y, por tanto, haber favorecido la movilidad social descendente.

  • LA PROTECCIÓN ANTE LA TENSIÓN

  • Convertida la familia en el reducto privilegiado de la privacidad, no se aceptan interferencias a su desenvolvimiento interno, salvo por graves maltratos físicos (sin tener en cuenta los psíquicos, abandono efectivo, etc.). Las respuestas (de acuerdo/desacuerdo) a la proposición “cuando los padres no educan bien a los hijos, el estado debería intervenir aunque no haya malos tratos” están bastante equilibradas (FOESSA, 1994).

    El núcleo del problema es que la familia nuclear es la menos transparente hacia el exterior respecto a formas anteriores de organización de la familia; es más hermético y el que, presentada la situación de tensión, ofrece menos alternativas tanto al conocimiento de los hechos, como al amortiguamiento de sus efectos. La intervención debe orientarse hacia el reforzamiento o sustitución de la familia o ayudas especiales a familiares para que asuman la crianza de los niños. Aun así, la demanda de adopciones es más alta que la oferta en España.

    En definitiva, la multiplicidad de fuentes de desorganización y el aumento, en concreto, de las tasas de divorcio no pueden interpretarse como crisis de la familia.

    9. LAS FAMILIAS MONOPARENTALES EN ESPAÑA: PROBLEMAS DE DEFINICIÓN Y ALCANCE

    I. PLANTEAMIENTO

    Familia monoparental es un concepto para referirse a la situación familiar de convivencia de uno o más hijos -generalmente menores de 18 años-, con uno solo de sus progenitores, sea el padre o la madre, por cualquier causa. Un tipo familiar que finaliza por la llegada del hijo a la edad adulta, o bien por contraer el progenitor solo un nuevo matrimonio, pasando a configurar lo que se conoce como “familia reconstituida”. Siempre han existido las situaciones hoy llamadas de monoparentalidad. La sola innovación es terminológica, pues rupturas matrimoniales, viudedades o madres solteras han existido siempre en el pasado. Como siempre, el autor se queja de que la investigación se orienta hacia los adultos, así como las medidas de asistencia y protección social. También opina que lo que es propiamente monoparental es el hogar, pero no necesariamente la familia.

    Las familias monoparentales están vinculadas a un problema en crecimiento en todos los países desarrollados: el de la feminización de la pobreza. Al estar encabezadas la mayoría de esas familias por mujeres (debido a la mayor esperanza de vida, a la menor edad al matrimonio y a las madres solteras), éstas son quienes han de hacer frente a las adversas circunstancias económicas y a la responsabilidad de crianza de los hijos.

    Circunstancias que dan origen a la monoparentalidad:

  • Vinculados a la natalidad

    • las madres solteras

  • Vinculados a la relación matrimonial

    • abandono de familia

    • anulación del matrimonio

    • separación de hecho del matrimonio

    • separación legal del matrimonio

    • divorcio

    • viudedad

  • Vinculados al ordenamiento jurídico

    • adopción por solteros

  • Vinculados a situaciones sociales

    • hospitalización prolongada

    • emigración

    • trabajo de la pareja en localidades separadas

    • encarcelación

    La extrema complejidad del análisis de los procesos que cristalizan en familias moonparentales, plantea múltiples desafíos al conocimiento de la realidad social: conocer el número de familias de cada tipo, el grado de voluntariedad, el sexo y edad del adulto...

    II. LA MONOPARENTALIDAD EN ESPAÑA

    Determinar el alcance de la monoparentalidad es una tarea difícil de realizar. A menudo existen definiciones estadísticas inadecuadas para aproximarse al análisis del fenómeno. Además, la información estadística suministra la fotografía de la situación actual, por lo que personas viudas se pueden haber vuelto a casar, los menores residir con otros familiares...

    Hay dificultad para distinguir entre familias monoparentales, hogares monoparentales y núcleos familiares monoparentales, que es la presencia en un hogar de la configuración formada por un progenitor con sus hijos solteros: pueden constituir un hogar independiente (monoparental) o formar parte de un hogar más amplio.

    Se trata de una situación familiar que históricamente ha pretendido dificultarse su manifestación externa. A partir de 1975 fueron eliminadas las trabas legales y comenzaron a plantearse públicamente las situaciones de monoparentalidad. También ha habido numerosos cambios sociales, que favorecen la adopción por los individuos de comportamientos que dan lugar a familias monoparentales (madres solteras). La aparición como problema de estas familias en España es muy reciente, lo que genera un considerable retraso de datos estadísticos son respecto a Europa y un déficit de servicios sociales específicos. La rapidez con que la monoparentalidad ha crecido adquiere mayor importancia práctica porque se presenta en un contexto de caída de la tasa de nupcialidad y de la natalidad.

    III. CARACTERÍSTICAS DE LAS PERSONAS MONOPARENTALES

  • Frecuencia: entre 1970 y 1981 los datos reflejan un crecimiento muy leve en el número de núcleos monoparentales, en el que la agudización de la crisis del empleo y el aumento de la población desanimada, sobre todo mujeres, en la búsqueda de trabajo tienen parte de la explicación. Lo prueba la evolución contradictoria por sexo: el descenso total se produce por el descenso importante del número de casos que son varones la persona principal y aumentan los registrados en que son mujeres las personas principales.

  • Persona de referencia: en torno a cuatro de cada cinco casos es una mujer el adulto. Los datos parecen indicar, incluso, una tendencia al incremento del diferencial entre sexos. En 1989 el 82.3 % de la persona principal en hogares monoparentales era mujer, frente a un 87 % en 1994.

  • Según edad de la mujer: los cambios en la distribución interna en las causas de la monoparentalidad tienen que estar “rejuveneciendo” a los titulares de este tipo de familias (aumenta el porcentaje mujeres menores de 45 años).

  • Causas de la monoparentalidad: hasta la introducción de la ley del divorcio, las causas de monoparentalidad, de mayor a menor importancia, eran las siguientes: viudedad, separación de hecho, madres solteras y separaciones legales. Tienen que haber sido muy numerosos los problemas económicos y la falta de garantía jurídica para el cobro de prestaciones en las familias monoparentales causadas por separaciones de hecho. Ya en 1994 son las divorciadas las que aparecen como el caso más frecuente de mujeres responsables de familias monoparentales.

  • Número de hijos: se trata de una dimensión básica por cuanto el discurso sobre los efectos de la monoparentalidad se centra en sus repercusiones en los hijos. Este tipo de familias cuenta con menos hijos que las familias completas, debido al todavía menor peso de los divorcios respecto a otras sociedades; a las madres solteras (que en un 83 % de los casos sólo cuentan con un hijo); y al importante peso de la disolución del matrimonio por viudedad que, por tener hijos menores dependientes para ser catalogadas como monoparentales, han de interpretarse como familias en que la viudedad ha interrumpido el calendario reproductivo de la pareja. Se concluye, pues, que el aumento de la monoparentalidad no viene acompañado por un aumento paralelo en el número de hijos que se ven envueltos en la situación.

  • La participación laboral: la tasa de actividad de las mujeres solas con hijos es mucho más alta a todas las edades. Lo inverso sucede en el caso de los padres: su actividad disminuye cuando carecen de cónyuge. En 1981, el 44 % de las madres sin cónyuge eran activas (hay que tener en cuenta el importante peso de la baja tasa de actividad de las viudas), frente al 17 % de las que sí tenían cónyuge. Para los padres estos porcentajes son del 86 y el 94 %, respectivamente. Por otra parte, las que tienen un solo hijo cuentan con menos actividad que las que tienen dos o tres hijos. La edad de la mujer con hijos y sin pareja es inferior a la del varón, con lo que la probabilidad de que la monoparentalidad interrumpa la formación previa al trabajo aumenta, y con ello las dificultades de una promoción laboral.

  • Nivel educativo de la mujer: se encuentra en profunda evolución, pero aún es significativamente inferior en las madres solas que en las mujeres con cónyuge. En 1984 casi la mitad de las madres solas tienen menos de seis años de estudio y sólo un cuarto de las mujeres con pareja.

  • Sobre las consecuencias de la monoparentalidad: la rapidez con que se ha incrementado este tipo de familias, ha sido sin duda una de las circunstancias que ha retrasado la puesta a punto de medidas sociales para hacer frente a sus problemas específicos, por lo que la situación social de las familias monoparentales es todavía muy deficiente. Y esto debido a varios factores:

    • la organización social se encuentra estructurada para desenvolverse desde la plataforma que proporcionan las familias biparentales.

    • con mayor frecuencia son mujeres con bajo nivel educativo

    • cuentan con bajos niveles de renta y no está suficientemente garantizado el cobro de pensiones

    • suelen ser mujeres urbanas, lo que puede dificultar el apoyo familiar

    • están aumentando las que tienen al frente a una mujer joven por divorcio y, sobre todo, por ser madre soltera. Esto es negativo para su formación educativa y su ulterior inserción laboral

    • el tardío reconocimiento de las situaciones de monoparentalidad ha ocasionado un efecto particularmente proclive a posteriores tensiones y conflictos. Los procesos de negociación inevitables en la mayor parte de las situaciones de monoparentalidad posteriores a la ruptura están sometidos a un alto grado de incertidumbre

    • la sociedad estructura los procesos de socialización sobre la base de estructuras biparentales. Y no existen ni suficientes instituciones de ayuda, ni suficientes instrumentos culturales para hacer frente a la quiebra de este supuesto

    • el desarrollo de servicios de apoyo específicos para las familias monoparentales se encuentra todavía muy limitado. Unos servicios que no tienen que centrarse en ayudas materiales o económicas, pues otras también son necesarias.

    TEMA 10

    FAMILIA Y POLÍTICA SOCIAL EN ESPAÑA, 1982-1996

    I. UNA POLÍTICA NECESARIA

    Pocas políticas públicas tienen un alcance socialmente tan generalizado como las políticas familiares. El período estudiado es dilatado (15 años), con un gobierno siempre del mismo partido y con el mismo presidente. Pocas épocas históricas han reunido tantos factores impulsando a la reflexión colectiva y las respuestas públicas a las necesidades de la familia. Algunos merecen enumerarse:

  • Estos años se enmarcan en un ciclo de cambios sociales de gran intensidad y rapidez. Unos cambios que han modificado los fundamentos mismos de la estructura social española y han alterado pautas seculares de una manera que hay que calificar de vertiginosa (hundimiento de la natalidad, mayor participación de la mujer en la población activa...)

  • Numerosas innovaciones legales introducidas en la regulación de la familia (divorcio).

  • Emergencia del pluralismo familiar, no desconocido en el pasado pero singular por tres circunstancias: simultaneidad (todas las modalidades crecen y aceleradamente); coincidencia con el descenso de la nupcialidad; y reivindicación de legitimidad en el espacio público.

  • La expansión del estado del bienestar: la familia es uno de los protagonistas decisivos de la sociedad de bienestar por lo menos en tres dimensiones: como fuente de necesidades sociales; realiza actuaciones de bienestar con carácter iniciático y complementario; y actúa como soporte completo de bienestar, pues brinda bienestar a sus miembros, adaptándose a las necesidades cambiantes.

  • II. LA SITUACIÓN DE LA POLÍTICA FAMILIAR

  • Los conceptos básicos: aquí se dan algunas definiciones de política familiar como la de Zimmerman (aquella que introduce consideraciones y perspectivas familiares en la arena política), o la de Dumon (toda medida adoptada por el gobierno para mantener, sostener o cambiar la estructura y la vida familiar). Pero se debe distinguir entre política familiar y el enfoque o análisis familiar de las políticas. Aunque no exista una política familiar explícita, sí existe un conjunto de actuaciones que afectan directamente a las familias y que representan de hecho medidas de política familiar, aunque sean de forma tácita y descoordinada. El enfoque familiar de las políticas implica una concepción global de sus intereses y evidencia que la familia ha logrado instalar su presencia y sus necesidades en la agenda pública. Otra distinción básica es la que diferencia entre política familiar explícita (tiene como objetivo proteger o reestructurar formas particulares de familia) y directa y política familiar implícita o indirecta (tiene en cuenta los intereses de la familia, pero sin crear un área autónoma de política. En ocasiones se añade la política neutra o negativa, que se niega a interferir en la vida familiar.

  • Los instrumentos: las medidas de orden legislativo constituyen el medio adecuado para establecer el marco básico de la política familiar (formación de uniones, su disolución, relaciones entre padres e hijos). Pero junto a esta dimensión existen las medidas de transferencia social (monetarias, de infraestructura social...)

  • Un aspecto decisivo para entender la política familiar es considerarla como un proceso. Un enfoque que implica tres aspectos fundamentales:

  • Ámbito de la toma de decisiones. En España las decisiones en política familiar provienen del poder central (legislación básica, núcleo decisivo), de las autonomías y de los municipios (cada vez con más protagonismo, cuentan con direcciones generales o conserjerías en el ámbito de la familia). La Unión Europea tiene también creciente relevancia en esta esfera

  • Protagonistas o actores de la política familiar: hasta ahora, poder legislativo y ejecutivo. Hay que tener en cuenta a los tribunales y los agentes sociales. También a la propia familia, pues desempeña un papel fundamental en la agregación de intereses del sector que integran.

  • Modalidades de la toma de decisiones: baste decir que la tendencia es a que no sean ni rígidamente jerárquicas ni promovidas desde la base. Se requiere la negociación entre todos los actores.

  • La diversidad de herramientas conceptuales evidencia la amplitud y diversidad de contenidos y orientaciones de la política familiar. Una política que no cabe descalificar ni suprimir, fundamentándola en ninguna etiqueta predeterminada.

  • La política familiar no exige una orientación natalista.

  • No puede reducirse a unos objetivos asistencialistas

  • No requiere una concepción reduccionista de la diversidad familiar existente.

  • No requiere que sean las organizaciones familiares quienes actúen como agentes activos de las políticas ni como interlocutores privilegiados de los poderes democráticos

  • No resulta válido atribuir un sesgo conservador a la política familiar como tal

  • No es incompatible con la liberación de la mujer

  • No se reduce a un contenido económico

  • Los datos: existe una red muy compleja de prestaciones sociales explícitas e implícitas de carácter familiar, lo que evidencia la extraordinaria dificultad comparativa de las estimaciones de las cuantías de la protección social. Sin embargo, la conclusión unánime de todas las estimaciones comparativas es que España se encuentra situada a la cola de Europa en el gasto destinado a este tipo de prestaciones sociales, con una diferencia muy considerable.

  • III. EL RECHAZO A LA POLÍTICA FAMILIAR

  • Sesgo contrario a la protección de la familia

  • La ausencia de todo tipo de estrategias políticas a favor de la familia ha sido demasiado duradera y generalizada para ser accidental. Sin una voluntad explícita de no articular un sistema específico de protección a la familia, no puede entenderse la carencia de políticas de familia durante más de una década. El franquismo, desde luego, situó en el centro del universo simbólico a la familia, pero para relegarla en el plano real económica e incluso institucionalmente. En todo caso es irrelevante que la dictadura otorgara o no un papel significativo a la familia, como explicación de su ulterior postergación. Tal vez sea una herencia ideológica de las ideas del movimiento del 68, pero dirigentes socialistas relevantes han mostrado su rechazo a cualquier política familiar, fundado en la creencia errónea del contenido conservador per se de cualquiera.

  • Falta de respaldo administrativo

  • La familia ha desaparecido del escenario social, en todas sus dimensiones. No existe como institución en la agenda pública, lo que se refleja en la dinámica administrativa.

  • Estructura administrativa: el organigrama de la administración central ha carecido de cualquier unidad con rango de ministerio o inferior en la que aparezca la referencia a la familia, y esto ha tenido efectos muy negativos para los intereses de la familia

  • Carencia de estadísticas de familia, que constituye la materialización de la postergación pública de la familia. Y ocasiona serias dificultades para el avance en el conocimiento de la realidad social de nuestro país. A la vez la falta de instrumentos estadísticos dificulta la configuración de la familia como grupo social con intereses propios. Aunque la actividad administrativa no crea la realidad, sin ella es más difícil su articulación como grupo y la difusión de sus singularidades y problemas.

  • Minusvaloración del Año Internacional de la Familia (1994): la AGNU establece que la familia constituye la unidad básica de la sociedad y que merece especial atención. Era sin duda una oportunidad excelente para poner en marcha un política familiar pero la conmemoración en España quedó desactivada, casi clandestina: se renunció deliberadamente a dar un giro sustancial en la política familiar aprovechando el evento.

  • Desaparición de la familia en el protección de ésta: el rechazo a la implantación de la política familiar en España se advierte también si se examina la legislación más relevante promulgada en esta década. En esta legislación se produce lo que se puede llamar la desaparición de la familia en las medidas de protección de ésta.

  • La compatibilidad entre la actividad laboral y la vida familiar ha sido una de las áreas más impulsadas por las instituciones europeas. En la normativa legal y el la interpretación jurisprudencial subyace una finalidad muy concreta: facilitar la compatibilidad entre una actividad laboral y la paternidad. No se trata de proteger a la familia ni favorecer la natalidad; lo que se busca de manera directa es establecer medidas protectoras para que aspectos de la vida privada de los trabajadores (tener hijos), no afecte negativamente a sus derechos laborales.

    Sin una postura previa deliberada de no reconocer a la familia, es difícil interpretar que no se mencione en ningún caso a la familia.

  • Tratamiento disperso de la familia: la falta de voluntad política de implantar una política familiar se evidencia en la dispersión de las medidas reguladoras de los pocos beneficios que se le dispensan. En realidad, como consecuencia de la voluntad de restar todo protagonismo a la familia, se adopta la estrategia de abordar de manera deliberadamente dispersa y fragmentaria su regulación. La Constitución proclama la protección de la familia: la manera de cumplir y al mismo tiempo eludir el mandato es desactivar su tratamiento, negándole su regulación sistemática en un único texto legal. La familia queda así marginada, separada como objeto legítimo de tratamiento directo y protector por el sistema jurídico. La consecuencia real de ese tratamiento fragmentario es restar cualquier protagonismo a la propia familia.

  • La orientación de la política de la mujer: las políticas de igualdad de la mujer han tenido un fuerte impacto desde la transición democrática. De hecho, se ha configurado como campo específico de las políticas públicas, pero la existencia de esta política no es incompatible con una simultánea política familiar explícita. En otros países, y por parte de las instituciones europeas, en la política de la igualdad ha desempeñado un papel prioritario el objetivo de facilitar la compatibilidad entre los roles familiares y los roles profesionales, para varones y mujeres, pero en España, las medidas en esa dirección han sido pocas y poco profundas y no han figurado como objetivo estratégico

  • La desatención a los intereses y demandas específicas de las amas de casa denota las limitaciones reales de la política de la mujer. Se ha centrado en el derecho de las madres a trabajar, excluyendo casi por completo la dimensión complementaria y profunda: el derecho de las trabajadoras a tener una familia.

  • Las escasas presiones europeas: otra de las razones de la falta de consolidación de la política familiar en España ha sido la ausencia de formalización de la política familiar en la Unión Europea. La tendencia general se orienta hacia la pérdida de importancia de las prestaciones familiares (de cuantía muy superior a las que existen en España) y el reforzamiento de medidas orientadas a favorecer la compatibilidad entre los roles familiares y profesionales. Pero, aun con estas orientaciones y con la organización de encuentros de expertos y de responsables políticos en materia familiar, la falta de claro respaldo normativo ha impedido que la UE se haya convertido en el impulso definitivo de este sector en España.

  • Las sensibilidades periféricas: la falta de centralidad de la política familiar ha coincidido con la creciente atención y apoyo a fenómenos periféricos. La falta de reivindicaciones de políticas familiares es simultánea con una opinión pública que se viene mostrando muy receptiva ante reivindicaciones de grupos estadísticamente minoritarios. No existe desconocimiento de la posibilidad de regular a favor de la organización de la vida privada de los ciudadanos. Sin embargo, brilla por su ausencia cualquier planteamiento reivindicativo a favor de la ampliación de los beneficios existentes para las parejas heterosexuales.

  • IV. PERSPECTIVAS DE FUTURO

    Un importante discurso modernizador ha coexistido con una práctica que ha conducido al reforzamiento de los componentes más tradicionales de la familia por:

  • Prolongación de la dependencia familiar de los hijos (altas tasas de paro juvenil)

  • La privatización de los costes de los hijos (prestaciones directas de la Seguridad Social)

  • Reforzamiento del papel de la familia como agente de protección social y económica.

  • Las razones que posibilitan esperar el desarrollo de la política familiar son numerosas. Se trata de una cuestión con protagonismo en todos los programas del partido popular y la experiencia en los gobiernos regionales del PP también permite esperar avances en estas políticas. Otro impulso importante lo encontramos en los Pactos de Toledo:

    • respecto a la orfandad, establece la necesidad de ampliar el límite de edad

    • para la viudedad prevé el incremento de las pensiones

    • establece políticas demográficas con el fin explícito de fomentar la natalidad

    La falta de una política directa durante tantos años, la hostilidad larvada o abierta a la familia en sectores difundida desde los años 60, la connotación natalista que se le supone , la ausencia de una estrategia de legitimación social de la política familiar, sus costes económicos, son aspectos que pueden hacer difícil una política familiar.

    El futuro se encuentra abierto y con indicios de poder abordarse el tema con rigor y profundidad. Por primera vez se dan condiciones adecuadas para articular una política familiar directa y global, y que responda a las necesidades de la ciudadanía. Se trata de llegar a situar a la familia en la agenda pública, para que sean tenidos en cuenta sus intereses y necesidades, que no son sólo económicas. Si se consigue, pasará a ser objeto de la actividad del Gobierno, del debate parlamentario y del contenido de la competición electoral.