La Divina Comedia; Dante

Literatura universal de la Edad Media. Poesía y prosa medieval moralizante. Vida y obras. Argumento y temas

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LITERATURA

2° “B”

No. 46

DANTE ALIGHERI

DANTE ALIGHERI

  • Dante Aligheri

  • Florencia

  • Marco Histórico

  • La Divina Comedia

  • 1.1DANTE ALIGHERI.- (1265-1321) 1.2 FLORENCIA 1.3MARCO HISTÓRICO

    Poeta, prosista, teórica de la literatura, filósofo y pensador político italiano. Considerado como una de las figuras más sobresalientes de la literatura universal, admirado por su espiritualidad y por su profundidad intelectual. Nació en Arno Toscana, Florencia, en el año de 1265, en seno de una familia que pertenecía a la pequeña nobleza. Su madre murió cuando era pequeño y su padre al cumplir los 18 años.

    En el año 1274 conoció a Beatriz, la mujer que amó y a la que exaltó como símbolo supremo de la gracia divina, primero en la Vida nueva y más tarde en su obra maestra La Divina Comedia. Dante sólo la vio tres ocasiones y nunca habló con ella, pero eso fue suficiente para que se convirtiera en la musa inspiradora de casi toda su obra. Estudio con los franciscanos en Santa Cruz y con los dominicos en Santa María Mayor. En sus comienzos ejercieron una gran influencia sobre él las obras del filósofo y retórico Brunetto Latini, que aparece como personaje destacado en La Divina Comedia.

    Hacia 1285, se encontraba en Bolonia, y se supone que estudió en la universidad de esa ciudad. Durante las luchas políticas que tuvieron lugar en la Italia de esos año, se unió en un principio al bando de los güelfos, opuestos a los gibelinos. En 1289 formaba parte del Ejército güelfo de la ciudad de Florencia que combatió en la batalla de Campaldino, en la que los güelfos vencieron a los gibelinos de Pisa y Arezzo. Por esa misma época se casó con Gemma di Manetto Donati, perteneciente a una destacada familia güelfa florentina.

    Durante cinco años, Dante participó activamente en la vida política de Florencia. Ciertos documentos fechados en 1295 le sitúan en el gremio de médicos y boticarios, ya que quienes no pertenecían a la nobleza no podían participar en el gobierno de la ciudad a no se que fueran miembros de una corporación. En el años 1300 fue elegido como uno de los seis magistrados de Florencia, cargo en el que se mantuvo sólo dos meses. Durante su mandato se profundizó la rivalidad que existe entre las dos fracciones del partido güelfo florentino, los llamados negros, que veían en el Papa un interesante aliado contre el poder imperial, y los blancos, que pretendían mantenerse independientes tanto del Papa como del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Con el fin de mantener la paz en la vida política florentina, se decidió desterrar a los jefes de las dos fracciones enfrentadas. Sin embargo , apoyados por el Papa Bonifacio VIII, los cabecillas de los güelfos negros regresaron a Florencia en 1301 y se apoderaron del gobierno de la ciudad. Dante, que se había opuesto al Papa Bonifacio VIII, fue expulsado por un periodo de dos años y le impusieron una elevada multa. Al no hacerla efectiva le amenazaron con ejecutarlo si regresaba a la ciudad. El exilio del poeta transcurrió entre Verona y otras ciudades del norte de Italia. Vivió en París entre 1307 y1309. Durante este periodo de tiempo, sus ideas políticas sufrieron una considerable mutación, y abrazó la causa de los gibelinos, que aspiraban a la unificación de Europa bajo el gobierno de un emperador culto y competente. Durante los primeros años de exilio, el poeta escribió dos importantes obras en latín. De vulgari elocuentia (1304-1305) y la inclocusa Convivo (1304-1307). Los anhelos políticos de Dante se vieron espoleados con la llegada a Italia de Enrique VII, rey de Alemania y cabeza del Sacro Imperio Romano Germánico. Las intenciones del emperador era unificar Italia bajo su soberanía. Dante escribió a numerosos príncipes y líderes políticos italianos, urgiéndoles a dar la bienvenida al emperador y apoyarlo en sus deseos de unificar la península Itálica, pues era la mejor manera de terminar con las luchas entre las distintas ciudades y en el interior de éstas. La muerte de Enrique VII en Siena, el año 1313, acabó con la esperanzas políticas del poeta.

    En 1316 la ciudad de Florencia ofreció a Dante la posibilidad de regresar, pero las condiciones que puso para ello eran las mimas que solían imponerse a los criminales perdonados por las autoridades de la ciudad. El poeta rechazó el ofrecimiento, argumentando que jamás regresaría a menos que le fuese restituidos por completo su dignidad y su honor. Siguió viviendo en el exilio, y pasó sus últimos años en Ravena, donde murió el 13 o el 14 de septiembre de 1321. Fue enterrado en esta ciudad, pero sus restos has sido reclamados durante siglos por los florentinos, que le tenían reservada una spultura en la iglesia de la Santa Croce.

    Dante consideraba a Virgilio su más importante y duradera inspiración.

    1.4LA DIVINA COMEDIA.

    La Divina Comedia es un poema alegórico estructurado en un total de 100 cantos, todos ellos escritos con la misma regla métrica, tercetos endecasílabos, y con un cuidado considerable por la forma y la estructura. De los 100 cánticos, 33 corresponden al Cielo, 33 al Purgatorio y 33 al Infierno, más un cántico introductor. Además, las tres partes tienen prácticamente el mismo número de versos, 4.500. Debió comenzarla alrededor de 1307 y la concluyó poco antes de su muerte. Dante describe su imaginario viaje a través del Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. En cada uno de estos tres mundos Dante se va encontrando con personajes mitológicos, históricos o contemporáneos suyos, que simbolizan cada uno un defecto o virtud, ya sea en el terreno de la política como en la religión. Así, los castigos o las recompensas que reciben por sus obras ilustran un esquema universal de valores morales. Destaca la búsqueda de su amada Beatriz, que naturalmente ha ido al Cielo, como todas las chicas de bien. Beatriz es tan, tan buena que por intercesión de la Virgen María permiten que Dante vaya en su búsqueda, recorriendo los tres reinos sobrenaturales, el Infierno, el Purgatorio y el Cielo. Durante los dos primeros, el acompañante del poeta italiano es el gran poeta clásico Virgilio, representante máximo de la razón; y durante su periplo por el cielo es la propia Beatriz la que le sirve de guía. Lamentablemente, al estar en el Cielo Dante no tiene ocasión de demostrarle su amor a Beatriz, y en su lugar se pasan el tiempo viendo a los ángeles y santos. El universo está pensado desde una concepción egocéntrica. Los puntos cardinales son: Jesusalén, el Ganges, el Éufrates y las columnas de Hércules o Estrecho de Gibraltar. Según la mentalidad de Dante, el infierno es un abismo en forma cónica compuesto de un vestíbulo y nueve círculos en los que, según van estrechándose, los suplicios crecen progresivamente en intensidad. Ya están ante la puerta en cuyo frontispicio se lee un tremendo aviso : “Dejad toda esperanza los que aquí entréis”. Allí en la entrada los dos poetas ven una turbamulta de almas sin vicios ni virtudes, para las que no hay cabida en el cielo ni e el Infierno. Desnudas y atormentadas por moscas y avispas que les clavan sus aguijones, les brota sangre que, mezclada con sus lágrimas, es devorada a sus pies por inmundos gusanos. Ya ante el río Aqueronte, que se halla a la puerta del Infierno, el portero infernal se niega a facilitarles la travesía del río. Caronte se resiste a darles asiento en su barca, pues ningún alma viviente puede trasponer aquellas riberas, pero al fin acata el mandato de Dios. Llegan al Limbo, que ocupa el primero de los 9 círculos del infierno. Allí moran las almas inocentes y buenas que no fueron bautizadas y, entre hermosas praderas y bosques, se ve las sombras de Homero, César, Ovidio, Lucano, Aristóteles, Galeno, Estor, Electra, Sócrates y otros ilustres poetas, sabios y guerreros, entre los que se cuenta el propio Virgilio que tiene allí su morada. Pasan al segundo círculo regido por el terrible Minos, antiguo rey de Creta, y poblado por las almas de los lujuriosos. Entre los condenados se encuentra Francesca de Rímini y a su amante Paolo, Elena, Dido, Cleopatra, Pares,.. En el tercer círculo sufren su castigo los golosos, enterrados en fango y víctimas de las dentelladas del Cancerbero. Siguen a éstos los pródigos y avaros que moran en el cuarto círculo, van cargando con cadenas una piedra igual al tamaño de su fortuna; y los iracundos y vengativos en el quinto, los cuales están en una laguna llena de sangre y lodo. Y luego, en el sexto los herejes e incrédulos encerrados en ardientes sepulcros. En aquellas tumbas se encuentran Farinata de los Uberti, jefe de los gibelinos partidarios del emperador, y con Cavalcante, padre de Guido, amigo del poeta y comprueba que los condenados tienen la facultad de predecir el futuro. Allí ve también al Papa Anastasio, arrastrado por Fortín fuera del camino recto, y contempla cómo se castigan las violencias, el fraude y la usura. En el siguiente círculo están los “violentos” divididos en tres órdenes: los que usan la violencia contra sus semejantes, con el asesinato, el robo, el incendio; los que la usan contra si mismos, y finalmente los que la emplean contra Dios al rebelarse contra su voluntad y no respetan sus leyes. El suplicio de los primeros consiste en estar sumergidos en un río de sangre hirviente; el de los segundos en encerrarse en plantas erizadas de púas venenosas, de las cuales se van comiendo las hojas las Arpías, monstruos con rostro humano, pies con garras y el cuerpo cubierto de plumas, los últimos, deben resistir una lluvia de fuego, que Dios le envía para fulminarles por sus ofensas. Aparece un monstruo volador llamado Gerión, a cuyo lomo el poeta y su acompañante son transportados al octavo círculo, que alberga a los fraudulentos, usureros y estafadores, repartidos en diez círculos concéntricos en torno a un pozo central, comunicados entre sí por una especie de puentes. Allí está condenado el astuto Ulises, debido a sus múltiples engaños. Después sumidos en un océano de inmundicia, los aduladores y los cortesanos. También los rufianes y seductores, rudamente apaleados por los demonios. Y más allá los seguidores de Simón Mago, capaces de vender por dinero por dinero las cosas santas. Y no lejos están los adivinos y embusteros y los jueces venales que comerciaron con la justicia, sumergidos en un lago de pez hirviendo. Vienen luego los hipócritas, bajo el peso de una gran plancha de plomo, y los ladrones, aguijoneados por horribles serpientes. Arden en medio de llamas los malos consejeros y aún queda sitio para los escandalosos, cismáticos y falsos profetas, acuchillados por las cortantes espadas de los diablos. Allí los falsarios, los suplantadores de personas, los monederos falsos y los calumniadores... cubiertos de lepra, devorados a mordiscos, atacados de sed insaciable y consumidos por la fiebre. El noveno y último círculo está reservado a los traidores; allí están Caín el fraticida, el arzobispo Ruggieri y el conde Ugolino. Alrededor de esos pecadores se ve a horribles gigantes, uno de los cuales Anteo agarra al poeta con sus poderosas manos y lo deposita en el fondo del pozo, donde Dante pisa un lago cubierto de hielo, que le parece de cristal en vez de agua. Bajo el hielo están las sombras de los condenados, en distintas posturas según su traición se haya dirigido a parientes, benefactores, a la patria o a los partidos políticos. La última tétrica figura es la de Judas, el traidor que con un beso entregó al Hijo de Hombre, y que sufre junto a los traidores Bruto y Casio, que le hacen compañía al mismo Lucifer. Ambos poetas se encuentran en el centro de la Tierra. Para pasar del Infierno al Purgatorio debe atravesarse un estrecho y oscuro subterráneo por donde corre un arroyo cuyo murmullo sirve de guía a los pasos de los dos poetas. Saliendo al hemisferio astral. El purgatorio lo concibe como una isla a cuya cima se asciende a través de siete cornisas, en las que las almas purgan, uno tras otro, los siete pecados capitales. A su lado se encontraba Catón elegido por Dios como guardián del “segundo reino” En el purgatorio distingue la alma de su amigo Casella, celebre músico florentino que cantaba en aquel momento, la canción de Dante titulada Amor che nella mente mi ragiona. Contemplan las almas de los excomulgados y de los negligentes y arrepentidos en el último instante, víctimas de muertes violentas. Allí se encuentra Mamfredo, hijo del emperador Federico II. También se encuentra Sordello, poeta mantuano. Un ángel guardián les abre las puertas y penetran en el primer círculo donde se purifican las almas de los soberbios y orgullosos abrumadas por pesos enormes. El ángel guardián ha señalado la frente de Dante con siete P, que significa los siete pecados capitales, y que irá borrando una a medida que el poeta vaya visitando las siete cornisas. Entre los orgullosos encuentra a Oderisi da Gubbio. De allí pasan al segundo círculo donde se purifica el pecado de envidia. Ven a los envidiosos cubiertos de cilicios y cosidos sus ojos con alambre. En el tercer círculo purifican su pecado de ira famosos coléricos, como Marco Lombardo. Siguen los perezosos, cuyo castigo consiste en correr incesantemente alrededor de la cuarta cornisa y, en el círculo quinto, están todos los que se purifican del pecado de avaricia, entre los que distingue el poeta al papa Adriano V y al propio Hugo Capeto; éstos, como pensaran sólo en las cosas de la tierra, están atados al suelo con el rostro vuelto hacia él, imposibilitados de mirar al cielo. En el círculo sexto se concentran los golosos, condenados a padecer hambre y sed, entre los que se cuentan el poeta Buonagiunta de Luca, el marqués de Rigogliosi y los arzobispos Ubaldino della Pila y Bonifacio, famosos por su gula, también se encuentra a Forese donati, su antiguo compañero. Al llegar al séptimo y último círculos se encuentran las almas de los que se purifican del inmundo pecado de la lujuria, donde conversa con el poeta de Bolonia Guido de Guinicelli y con el vate provenzal Daniel Arnault, que purgaban allí sus liviandades. Los poetas se encuentran ya en la cumbre del Purgatorio, al tiempo de romper la aurora. Virgilio ha cumplido su cometido y la hebla a Dante: “Has visto el fuego de un día y yo he llegado a un punto del que no me es permitido pasar”. Y entonces, sin una palabra de agradecimiento a Virgilio, el poeta camina hacia delante deseoso de ver el Paraíso Terrenal y a Beatriz, su divino amada. El Paraíso Terrenal, situado en la cumbre de las siete cornisas, es una bellísima y frondosa selva, en la que se oye un melodiosos canto de pájaros. Se le aparece una bella joven, guardiana del Paraíso, llamada Matilde. Beatriz le pide la confesión de todos sus errores y le incita a deponer su orgullo, una vez confesadas sus culpas, Matilde le hace beber de las aguas del Leteo, que tiene la propiedad de borrar el pasado culpable, después le introduce en las aguas el Eunoe, que reavivarán en él la virtud y la fe. El poeta lo concibe en forma de diez esferas: Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter, Saturno, Estrellas fijas, Primer móvil y Empíreo. En la Luna se encuentran las almas que habiendo hecho votos de virginidad, lo quebrantaron por pura violencia, como por ejemplo la florentina Piccarda de Donati. En Mercurio contempla millares de espíritus brillantes, uno de los más destacados en Justiniano, también esta Romeo. Pasan a Venus donde la sombra de Carlos Martel, Cuniza y el trovador Fulco de Marsella hablan con él. En el sol está Santo Tomás de Aquino, san Francisco de Asís, San Buenaventura, Santo Domingo de Guzmán,... Ascienden a Marte y allí divisan una luz resplandeciente en la que está Jesucristo con los mártires de la fe, entre ellos Cacciaguida. Llegando a Júpiter distingue agrupados en forma de águila los espíritus de los príncipes justos tales como David y Trajano. En Saturno esta San Pedro Damián, San Benito de Nursia,... Aparece un Sol esplendoroso que todo lo ilumina: Cristo, con María Virgen, los Apóstoles y los Santos, entre los cuales figuran San Pedro, San Jaime y San Juan. Dante sube con Beatriz a la novena esfera, llamada Primer Móvil, cuya naturaleza y virtud son reveladas. Por fin, llegados al empíreo, Beatriz se reviste de hermosura inmensa. Y al poeta se le aparece una gran rosa luminosa, cuyos pétalos se transforman en ángeles y santos. En aquella rosa está Dios. Beatriz va a ocupar su puesto entre los bienaventurados y, en su lugar, acompaña a Dante San Bernardo, quién les suplica a la virgen, “Hija de su Hijo”, para que interceda ante Dios a fin de que el poeta pueda obtener la gracia que le permita penetrar en los supremos misterios de la luz divina. La virgen así lo hace y Dante puede penetrar en la visión del punto luminoso en el centro de la divina rosa. Así termina el tercer y último canto de ese gran poema de Dante.

    Lo tituló Commedia porque tiene un final feliz, en el Paraíso, al que llega al final de su viaje. El poeta puede por fin contemplar a Dios y siente cómo su propia voluntad se funde con la divina. Este adjetivo, divina, no apareció en el título hasta la edición de 1555, llevada a cabo por Ludovico Dolce. La obra, que constituye un catálogo del pensamiento político, científico y filosófico de su tiempo, puede interpretarse en cuatro niveles: el literal, el alegórico, el moral y el místico. Ciertamente, es una impresionante dramatización de toda la teología cristiana medieval, pero, más allá de esta consideración, el viaje imaginario de Dante puede ser interpretado como una alegoría de la purificación del alma y de la consecución de la paz bajo la guía de la razón y el amor.