La Divina Comedia; Dante

Literatura universal de la Edad Media. Narrativa medieval. Alegoría sobre Infierno, Purgatorio, Paraíso. Tema de la Vida Nueva. Estilo poético

  • Enviado por: L. Ferrari
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 16 páginas

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  • Elegir una parte de “La Divina Comedia” (Infierno, Purgatorio o Paraíso).

  • Buscar la biografía de Dante Alighieri.

  • Explicar los rasgos generales de toda la obra.

  • Explicar el argumento correspondiente a la parte elegida.

  • Ubicar cuatro personajes históricos dentro de la parte elegida.

  • ¿Que elementos medievales hay en la obra?.

  • Enumere algunos elementos que figuren de la mitología clásica.

  • Biografía:

  • Dante Alighieri (1265-1321), poeta, prosista, teórico de la literatura, filósofo y pensador político italiano. Está considerado como una de las figuras más sobresalientes de la literatura universal, admirado por su espiritualidad y por su profundidad intelectual.

    Primeros años

    Dante nació en Florencia, en los últimos días de mayo o los primeros de junio del año 1265, en el seno de una familia que pertenecía a la pequeña nobleza. Su madre murió cuando todavía era pequeño, y su padre al cumplir los 18 años. El acontecimiento más importante de esta trágica juventud, según su propio testimonio, fue conocer, en el año 1274, a Beatriz, la mujer a quien amó y que exaltó como símbolo supremo de la gracia divina, primero en la Vida nueva y, más tarde, en su obra maestra, la Divina Comedia. Los especialistas han identificado a Bice di Folco como la noble florentina Bice di Folco Portinari, que murió en 1290, con apenas 20 años. Dante sólo la vio en tres ocasiones y nunca habló con ella, pero eso fue suficiente para que se convirtiera en la musa inspiradora de casi toda su obra.

    Se sabe muy poco acerca de la educación de Dante, aunque sus libros reflejan una amplia erudición que comprendía casi todo el conocimiento de su época. En sus comienzos ejercieron una gran influencia sobre él las obras del filósofo y retórico Brunetto Latini, que aparece, por otro lado, como personaje destacado en la Divina Comedia. Se sabe que, hacia 1285, se encontraba en Bolonia, y se supone que estudió en la universidad de esa ciudad. Durante las luchas políticas que tuvieron lugar en la Italia de esos años, se unió en un principio al bando de los güelfos, opuestos a los gibelinos (véase Güelfos y gibelinos). En 1289 formaba parte del Ejército güelfo de la ciudad de Florencia que combatió en la batalla de Campaldino, en la que los güelfos vencieron a los gibelinos de Pisa y Arezzo. Por esa misma época se casó con Gemma di Manetto Donati, perteneciente a una destacada familia güelfa florentina.

    La Vida nueva

    La primera obra literaria de Dante fue la Vida nueva, escrita muy poco después de la muerte de Beatriz. Se compone de poemas en forma de soneto y de canzone, entre los que se intercalan textos en prosa. En ella se narran acontecimientos relacionados con el amor del poeta hacia Beatriz, como el sueño en el que Dante la ve muerta, la muerte real de la joven y la decisión del enamorado que, desesperado, decide escribir una obra literaria dedicada a ella, como último monumento a su amor.

    La Vida nueva muestra claramente la influencia de la poesía amorosa trovadoresca (véase Trovadores y troveros) de la Provenza francesa, y supone el punto culminante del Dolce Stil Nuovo, nombre que recibe la poesía escrita en la lengua vernácula en la Florencia de aquellos años. Esta obra consigue superar la tradición provenzal, pues describe los sentimientos amorosos del poeta de una manera sublime e idealista, pero insinúa una elevada espiritualidad muy próxima al misticismo. La Vida nueva, con su contenida intensidad de sentimientos, constituye una de las grandes obras de la literatura europea. La obra probablemente fue escrita entre 1292 y 1293 o incluso 1294.

    Actividad política de Dante

    Durante los cinco años siguientes, Dante participó activamente en la vida política de Florencia. Ciertos documentos fechados en 1295 le sitúan inscrito en el gremio de médicos y boticarios, ya que quienes no pertenecían a la nobleza no podían participar en el gobierno de la ciudad a no ser que fueran miembros de una corporación. En 1300 partió hacia San Gimignano al frente de una misión diplomática. Ese mismo año fue elegido como uno de los seis magistrados de Florencia, cargo en el que se mantuvo sólo dos meses. Durante su mandato se profundizó la rivalidad existente entre las dos facciones del partido güelfo florentino, los llamados negros, que veían en el Papa un interesante aliado contra el poder imperial, y los blancos, que pretendían mantenerse independientes tanto del Papa como del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Con el fin de mantener la paz en la vida política florentina, se decidió desterrar a los jefes de las dos facciones enfrentadas. Sin embargo, apoyados por el papa Bonifacio VII, los cabecillas de los güelfos negros regresaron a Florencia en 1301 y se apoderaron del gobierno de la ciudad. Al año siguiente expulsaron a Dante por un periodo de dos años y le impusieron una elevada multa. Al no hacerla efectiva le amenazaron con ejecutarlo si regresaba a la ciudad.

    El exilio del poeta transcurrió entre Verona y otras ciudades del norte de Italia. Vivió en París, entre 1307 y 1309. Durante este periodo de tiempo, sus ideas políticas sufrieron una considerable mutación, y abrazó la causa de los gibelinos, que deseaban la unificación de Europa bajo el gobierno de un emperador culto y competente.

    Durante los primeros años de exilio, el poeta escribió dos importantes obras en latín. La primera de ellas, De vulgari elocuentia (1304-1305), es un tratado sobre las ventajas que supondría el uso del italiano como lengua literaria. En él defiende la utilización de la lengua vernácula, establece criterios para su buen uso como lengua escrita y concluye con una sección dedicada a la crítica de algunas obras en lengua vernácula. La segunda de ellas, la inconclusa Convivio (1304-1307), la concibió como una recopilación o enciclopedia, en 15 volúmenes, del conocimiento de la época. El primero de los tomos sería un volumen introductorio, mientras que los 14 restantes incluirían otros tantos comentarios en forma de poema. Sólo logró completar los 4 primeros libros.

    Los anhelos políticos de Dante se vieron espoleados con la llegada a Italia de Enrique VII, rey de Alemania y cabeza del Sacro Imperio Romano Germánico. Las intenciones del emperador consistían en unificar Italia bajo su soberanía, tanto en la teoría como en la práctica. En medio de una febril actividad política, Dante escribió a numerosos príncipes y líderes políticos italianos, urgiéndoles a dar la bienvenida al emperador y apoyarlo en sus deseos de unificar la península Itálica, pues era la mejor manera de terminar con las luchas entre las distintas ciudades y en el interior de éstas. La muerte de Enrique VII en Siena, el año 1313, acabó con las esperanzas políticas del poeta. El tratado Monarchia (1310), escrito en latín probablemente durante la estancia del emperador en Italia, constituye una exposición detallada de sus ideas políticas, entre las cuales se encuentran la necesidad de la existencia de un Sacro Imperio y la separación total de Iglesia y Estado.

    Últimos años

    En 1316 la ciudad de Florencia ofreció a Dante la posibilidad de regresar, pero las condiciones que puso para ello eran las mismas que solían imponerse a los criminales perdonados por las autoridades de la ciudad. El poeta rechazó el ofrecimiento, argumentando que jamás regresaría a menos que le fuesen restituidos por completo su dignidad y su honor. Siguió, por tanto, viviendo en el exilio, y pasó sus últimos años en Ravena, donde murió el 13 o el 14 de septiembre de 1321. Fue enterrado en esta ciudad, pero sus restos han sido reclamados durante siglos por los florentinos, que le tenían reservada una sepultura en la iglesia de la Santa Croce.

    Entre las obras menores que escribió durante este periodo de tiempo se encuentran Quaestio de aqua et terra y dos églogas también en latín. La primera de las tres obras es un tratado cosmológico que trata sobre un argumento recurrente para los pensadores de ese momento: si la superficie de las aguas es mayor que la de la tierra. Las églogas estaban inspiradas en el modelo desarrollado por el poeta clásico romano Virgilio, a quien Dante consideraba su más importante y duradera inspiración.

    Divina Comedia

    La obra maestra de Dante, la Divina Comedia, la debió de comenzar alrededor de 1307 y la concluyó poco antes de su muerte. Se trata de una narración alegórica en verso, de una gran precisión y fuerza dramática, en la que se describe el imaginario viaje del poeta a través del Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. Está dividida en tres grandes secciones, que reciben su título de estas tres etapas del recorrido. En cada uno de estos tres mundos Dante se va encontrando con personajes mitológicos, históricos o contemporáneos suyos, que simbolizan cada uno un defecto o virtud, ya sea en el terreno de la política como en el de la religión. Así, los castigos o las recompensas que reciben por sus obras ilustran un esquema universal de valores morales. Durante su periplo a través del Infierno y el Purgatorio, el guía del poeta es Virgilio, alabado por Dante como el representante máximo de la razón. Beatriz, a quien Dante consideró siempre tanto la manifestación como el instrumento de la voluntad divina, le guía a través del Paraíso.

    Cada una de las secciones incluye 33 cantos, excepto la primera, que incluye uno más y sirve como introducción. Este extenso poema está escrito en terza rima, una estructura en que la rima se distribuye así: ABA BCB CDC… etc. (véase Versificación). La intención de Dante al componer este poema era llegar al mayor número posible de lectores, y por ello lo escribió en italiano, y no en latín. Lo tituló Commedia porque tiene un final feliz, en el Paraíso, al que llega al final de su viaje. El poeta puede por fin contemplar a Dios y siente cómo su propia voluntad se funde con la divina. Este adjetivo, divina, no apareció en el título hasta la edición de 1555, llevada a cabo por Ludovico Dolce.

    La obra, que constituye un catálogo del pensamiento político, científico y filosófico de su tiempo, puede interpretarse en cuatro niveles: el literal, el alegórico, el moral y el místico. Ciertamente, es una impresionante dramatización de toda la teología cristiana medieval, pero, más allá de esta consideración, el viaje imaginario de Dante puede ser interpretado como una alegoría de la purificación del alma, y de la consecución de la paz bajo la guía de la razón y el amor.

    Influencia e inspiración

    Ya en el siglo XV, muchas ciudades italianas habían creado agrupaciones de especialistas dedicadas al estudio de la Divina Comedia. Durante los siglos que siguieron a la invención de la imprenta, aparecieron más de 400 ediciones distintas sólo en Italia. La epopeya dantesca ha inspirado, además, a numerosos artistas, hasta el punto de que han aparecido ediciones ilustradas por los maestros italianos del renacimiento Sandro Botticelli y Miguel Ángel, por los artistas ingleses John Flaxman y William Blake, y por el ilustrador francés Gustave Doré. El compositor italiano Gioacchino Antonio Rossini y el alemán Robert Schumann pusieron música a algunos fragmentos del poema, y el húngaro Franz Liszt se inspiró en él para componer un poema sinfónico.

    La Divina Comedia ha sido traducida a más de 25 idiomas. La primera edición en castellano fue la de Enrique de Villena, a principios del siglo XV, hoy perdida. De 1429 data una versión catalana, en verso, de Andreu Febrer, y en 1555 Pedro Fernández de Villegas tradujo el Infierno. Entre las versiones modernas al castellano destacan la de Cayetano Rosell (1871-1872); en verso, y muy difundida en su época fue la del conde de Cheste (1879) y la del argentino Bartolomé Mitre (1894), también en verso. En catalán sobresalen la de Jacint Verdaguer (1879) y la de Sagarra (1950-1952).

    La influencia de Dante en la literatura española de los siglos XV y XVI fue muy importante, a partir, sobre todo, de la obra de Juan de Mena El laberinto de Fortuna o Las trescientas, terminada en 1444.

  • Antes de que Boccaccio y Petrarca abran nue­vos rumbos a las letras europeas, la Divina Co­media nos ofrece, a principios del siglo XIV, el más elevado trasunto estético del trasunto medieval en sus aspectos decisivos: sentimientos, aspiraciones, creencias... Como si Dante hubiera querido inmortalizar en una suprema creación artística los impulsos e ideales que movían al hombre de su tiempo, solicitado ya por nuevos afanes y dis­puesto a orientar su vida por otros derroteros es­pirituales, su obra viene a ser maravillosa cifra y compedio de esa cultura que hemos visto cul­minar en el siglo XIII, aunque sin haber hallado, en el terreno de la poesía, una expresión defi­nitiva y genial. Y éste es precisamente uno de los mayores timbres de gloria del autor de la Comedia. A excepción de ésta y de la juvenil « Vita nuova i>, el resto de la Producción de DANTE ALIGHIERI (1265-1321), escrita totalmente en el des­tierro que le impuso uno de los bandos políticos de su tierra natal florentina, apenas merece una espaciada reseña. Compónenla el inacabado convivió, donde intenta reunir, por primera vez en italiano, el saber de su tiempo, partiendo del co­mentario filosófico-moral de unas canciones suyas; el tratado De vulgari eloquentia, también incom­pleto, en torno a la lengua italiana, a la que desea ver apartada de las formas dialectales y ennoble­cida por el contacto con el latín, y el De Monarquía, en el que su condición de güelfo -- partidario del Papa - no le impiden, después de sus desengaños políticos, abogar por un imperio universal cris­tiano, regido en lo civil por la autoridad del Em­perador v en lo religioso por la del Papa.

  • Un clima esencialmente poético es el que hallamos, en cambio, en la primera obra que de él nos queda, La vita nuova, centrada ya en la figura de la que habría de ser el norte espiritual de toda su vida. Valiéndose de comentarios narrativas a una serie de poemas, el poeta nos refiere su primer encuentro con Beatriz, a los nueve años - punto de partida de un amor que perdurará hasta su muerte -, el primer saludo de ella nueve años más tarde - graciosa concesión que llena de felicidad al adolescente -, la desespera­ción al negárselo luego a causa de cier­tas actitudes de él, motivadas por el deseo de disimular su amor, y, después, la muerte de la amada ; una joven muestra compasión por el dolor del poeta y éste sien­te nacer una atracción hacia ella, pero pronto se arrepiente y, tras una visión, termina decla­rando su esperanza de poder decir algún día de Beatriz «lo que nunca fue dicho de ninguna», palabras en las que se ha visto un anuncio lejano de la Divina Comedia. El tono de ambas no puede, sin embargo, ser más distinto : en esta ultima lo que predominará será la visión realista, el trazo vigoroso y enérgico, la máxima concreción, aun en los momentos más elevados; en la Vita nuova, en cambio, el joven Dante hace que todo aparezca bañado por una dulce luz irreal que, borrando los contornos y eliminando los detalles, nos ofrece tan sólo una imagen idealizada de Beatriz y una ver­sión poética de su amor, hecho de timidez, de ado­ración mística y de suave nostalgia, de acuerdo con la alta espiritualidad del «dolce stil nuovo».

    Hacia los últimos años de su vida, Dante aco­mete la realización de su magna obra, proyectada ta1 vez por el tiempo en que componía los poemas de la Vita nueva. La llamará Comedia -el cali­ficativo de «Divina» surgió siglos más tarde - y será una amplia visión del destino del hombre en el mundo de ultratumba, que incorporará todo el caudal intelectual y toda la rica experiencia vital de su inquieta y apasionada personalidad He aquí cómo un historiador de la literatura italiana re­sume el esquema de la obra: la « Divina Comedia es un poema alegórico de 100 cantos en tercinas (33 por cada una de las tres partes, y uno de in­troducción), en el que Dante (el alma humana) imagina haberse extraviado en una selva (el pa­sado), y guiado por Virgilio (la razón humana ... ), visita el Infierno y el Purgatorio ; así, a través de la valoración de la culpa y de la expiación del pecado, llega al Paraíso Terrestre, donde Virgilio deja el puesto a Beatriz (la ciencia divina y la Iglesia), quien a través del Paraíso, conduce a Dante al Empíreo, donde San Bernardo (el mesticismo ) le permite gozar, por un momento, de la visión de Dios>.

    Siguiendo las ideas de la época y, como ase­guraba nuestro Asín Palacios, aprovechando nociones corrientes en la escatología musulmana, Dante imagina el Infierno como un embudo inmenso, situado en el centro de la Tierra y en e que los condenados se agrupan en nueve círculos, cada vez más estrechos, hasta llegar al fondo, donde se halla Lucifer sobre un lago de hielo. Una inscripción recuerda, a los que en él entran, su destino: « Lasciate ogni speranza, o voi che entrate» (1). Un intenso dramatismo agita toda esta primera parte, desde que, « nel mezzo del caimnin di nostra vita » (2), Dante se encuentra perdido en «una selva oscura», hasta que, atra­vesando el Infierno, sale al otro extremo de la Tierra y puede de nuevo «riveder le stelle» (3); fuerza dramática que llega al máximo patetismo en ciertos momentos en que los condenados dialo­gan con Dante y relatan, a instancias de éste, su vida terrena. Algunas figuras son realmente im­presionantes por lo que cuentan o por la forma en que el poeta nos los presenta: tal el arrogante Farinata, en su sepulcro de fuego, el trovador Bertran de Born, llevando su propia cabeza en la mano a guisa de linterna, el conde Ugolino, que suspende la horrible tarea de roer el cráneo de su enemigo, para narrar cómo fue encerrado para siempre en una mazmorra con sus hijos, o Paolo y Francesca, condenados a girar eternamente en un torbellino que arrastra a los que cometieron pecados de amor.

    Tras el negro abismo de la desesperación y del pecado, en el que Dante, implacable en sus odios o en su afán de justicia, colocó a sus enemigos, el poeta nos conduce al Purgatorio, alta montaña rodeada por el océano y dividida asimismo en nueve gradas circulares, la última de las cuales la constituye el Paraíso terrenal. Menos celebrada que la anterior, pero indudablemente mucho más bella, esta segunda parte nos ofrece un mundo de armonía y de paz en el que el principal castigo de los que en él se hallan es una punzante nos­talgia de la eterna beatitud; y así como el In­fierno es el exponente de los odios de Dante, aquí vemos aparecer todos aquellos a quienes se sintió unido por el vínculo de la amistad o de la admi-ración: tal los poetas Sordello, Arnaut Daniel, Guido Guinizzelli... lejos de las atroces escenas del Infierno, en el que no faltan rasgos grotescos, hay en el Purgatorio, como dice cierto crítico, < una atmósfera de aurora, hecha a la vez de mú­sica y de luz >, una suavidad de matices y una dulzura de sentimiento que hacen de esta segunda parte un maravilloso poema lírico. Al llegar al Paraíso terrenal, Virgilio desaparece y surge ante el poeta Beatriz, bajo «cándido velo» y «verde manto », <i vestita di color di fialnnia viva » (1).

    Acompañado por ella, penetra por fin en el Paraíso, donde todo será júbilo sereno, brillo cegador, coros angélicos, inmensos y solemnes gru­pos de bienaventurados y, hacia el fin, sólo luz, una luz cada vez más viva y deslumbrante

    Luce intelett al, piena d'a ore;

    amor di vero ben, pien di letizia,

    Letizia che Crucen ogni dolzore (2).

    Los bienaventurados salen al encuentro de Dante situándose, según sus perfecciones, en las nueve esferas concéntricas, correspondientes a los planetas, más allá de las cuales se halla el Em­píreo, donde el poeta contempla al fin la « cándida rosa » que forman los elegidos, y luego, por inter­cesión de San Bernardo, a la Divinidad, la « eterna luce », tras cuya visión siente su voluntad arreba­tada por el «amor che mueve il sole e l'altre stelle » (3).

    Hay quien destaca, entre las excelencias de la Divina Comedia, su perfecta estructura, compara­ble a la de una inmensa catedral gótica donde todo cabe y se organiza en una rigurosa trabazón jerár­quica, desde lo terreno a lo divino, desde la gro­tesca gárgola hasta la pura belleza de la Virgen Madre, y donde todas las líneas apuntan al cielo, como último sentido de su existencia; para otros, es la propia personalidad del poeta, con su ex­traordinaria capacidad de odio y de amor, de desdén y de entusiasmo, de serena contemplación y de intervención dramática en las cosas, lo que da unidad y densidad humana al poema. Y no puede negarse que así sea ; pero la Comedia no­ sería la obra genial que aún nos con nueve al cabo de seis siglos, si Dante no hubiera sido un artista prodigioso, capaz de convertir en materia estética sus emociones, sus pensamientos, sus ideales, su vida interior, en suma, y de dar altísima expre­sión lírica o dramática, a los elementos que le facilitaba su circunstancia espiritual y física.

    Dante había heredado del siglo anterior, no sólo una doctrina intelectual, sino el gusto por la alegoría y el símbolo. Pero si éstos últimos suelen aparecer en el XIII como un producto excesiva­mente cerebral, en él adquieren tal animación poética, tal fuerza plástica y tal contenido hu­mano, que hasta lo más abstracto cobra vida y se nos impone como algo auténtico donde se con­funden los límites entre la existencia real y los más puros anhelos del espíritu. ¿Qué es, si no, la figura de Beatriz, tras la que adivinarnos un sím­bolo cambiante de la gracia de Dios, de los más altos y emnoblecedores impulsos, o simplemente « del eterno femenino», y al propio tiempo un tra­sunto de dulce e infinita belleza de la mujer que iluminó, desde la infancia hasta sus últimos años, la vida del poeta? Realidad y abstracción, razón y fe, dogma y experiencia personal, historia y le­yenda, lo que ven los ojos y lo arrebata al espíritu; he aquí, pues, el contenido de esa gigantesca cons­trucción, levantada, cuando comenzaba a cuar­tearse el mundo medieval, por uno de los más extraordinarios genios con que cuenta la Huma­nidad.

  • En el infierno es una sima inmensa en forma de cono invertido situado en el hemisferio boreal, cerca de Jerusalén. Tiene nueve niveles que se estrechan hasta llegar al centro de la tierra, morada de Lucifer, precipitado al abismo desde el paraíso. Dante, acompañado por Virgilio, desciende por los niveles infernales: en el primero, el limbo, están los muertos no bautizados, en el segundo los lujuriosos, en el tercero los glotones, en el cuarto los avarios, en el quinto los iracundos, en el sexto los herejes y epicúreos, y en el séptimo los violentos divididos entre grupos, violentos contra el prójimo, contra sí mismos, y contra Dios. En el octavo nivel se encuentran los fraudulentos, divididos en diez hoyos concéntricos o `'bolsas'', y en el noveno, con cuatro zonas, los gigantes traidores agrupados por el objeto de su traición, los castigos que sufren los condenados se corresponden con la magnitud de sus excesos. Los lujuriosos, por ejemplo, que en la vida dejaron llevar por la pasión son arrollados por un torbellino que flagela implacablemente sus cuerpos, `' La tormenta infernal que nunca para''. Los adivinos y los magos, que sobre la tierra incitaron a la mirada mas allá de los limites establecidos para ver el futuro, son obligados a caminar lentamente con el rostro vuelto hacia atrás, porque `'Ver hacia delante era su error''. Dante debe al final subir su largo y torturuoso cono para salir y `' Ver de nuevo las estrellas''.

  • En las antípodas de Jerusalén, en el hemisferio desconocido por los seres humanos, esta el purgatorio, sobre las laderas de una montaña escarpadicima que tiene en su cumbre el paraíso terrenal. Es el lugar de la expiación de los pecados y la purificación del alma. Los pecadores están colocados en dos partes distintas: en el antepurgatorio en dos resaltos al pie de la montaña, están los merecedores de la salvación que, sin embargo, murieron excomulgados y los negligentes (que tardaron en arrepentirse o murieron sin tiempo de hacerlo). En un valle se encuentran los príncipes que, por sus afanes mundanos, desatendieron sus deberes para con sus súbditos y para consigo mismo. Desde allí se accede al purgatorio propiamente dicho, dividido en siete cornisas, tantas como pecados capitales: en la primera están los orgullosos, en la segunda los envidiosos, en la tercera los iracundos, en la cuarta los indolentes, en la quinta los avaros y los pródigos, en la sexta los glotones, y en la séptima los lujuriosos. Cada una de las cornisas esta guardada por el ángel de la virtud contraria al pecado que en ella se expió. Desde el paraíso terrenal Dante, guiado ahora por Beatriz, asciende al Empíreo a través de la esfera de fuego.

  • Entre todos los personajes que podemos ubicar en la obra, se destacan según nuestro criterio:

    • Cantos IV(43-63): Moisés: profeta y legislador hebreo, fundador de Israel o del pueblo judío. También el Islam, que le llama Musa, le venera. La historia de su vida se relata sobre todo en los libros Éxodo y Deuteronomio del Antiguo Testamento. Según estos relatos, nació en Gosén, región del antiguo Egipto. A la sazón, los judíos residentes en Egipto se hallaban esclavizados por el faraón. Poco antes del nacimiento de Moisés, el faraón había ordenado dar muerte a todos los varones hebreos recién nacidos. Para salvar a su hijo, su madre le colocó en una cesta de papiro que echó al Nilo, episodio que fue observado por su hermana Miriam (Éx. 2,4; Núm. 26,59). Fue rescatado por la hija del faraón, que crió al niño como si fuera suyo. Ya adulto, Moisés mató a un egipcio que a su vez había asesinado a un hebreo, por lo que hubo de huir de Egipto. En el exilio, Moisés fue pastor toda su vida. A los 80 años, Yahvé, el dios de los hebreos, se le apareció en una zarza ardiente y le ordenó volver a Egipto y salvar a su pueblo de la esclavitud. Una vez hecho esto, debía guiarlos hacia la tierra de Canaán, más tarde denominada Palestina, donde debían instalarse de forma permanente. Para ayudarle en el proyecto, Yahvé otorgó a Moisés el poder de realizar milagros.

    • Cantos IV(130-151): Socarres : (c. 470-c. 399 a.C.), filósofo griego fundador de la filosofía moral, o axiología que ha tenido gran peso en la filosofía occidental por su influencia sobre Platón. Nacido en Atenas, hijo de Sofronisco, un escultor, y de Fenareta, una comadrona, recibió una educación tradicional en literatura, música y gimnasia. Más tarde, se familiarizó con la retórica y la dialéctica de los sofistas, las especulaciones de los filósofos jonios y la cultura general de la Atenas de Pericles. Al principio, Sócrates siguió el trabajo de su padre; realizó un conjunto de estatuas de las tres Gracias, que estuvieron en la entrada de la Acrópolis hasta el siglo II a.C. Durante la guerra del Peloponeso contra Esparta, sirvió como soldado de infantería con gran valor en las batallas de Potidaea en el 432-430 a.C., Delio en el 424 a.C., y Anfípolis en el 422 a.C.

    Sócrates creía en la superioridad de la discusión sobre la escritura y por lo tanto pasó la mayor parte de su vida de adulto en los mercados y plazas públicas de Atenas, iniciando diálogos y discusiones con todo aquel que quisiera escucharle, y a quienes solía responder mediante preguntas. Un método denominado mayéutica, o arte de alumbrar los espíritus, es decir, lograr que el interlocutor descubra sus propias verdades. Según los testimonios de su época, Sócrates era poco agraciado y corto de estatura, elementos que no le impedían actuar con gran audacia y gran dominio de sí mismo. Apreciaba mucho la vida y alcanzó popularidad social por su viva inteligencia y un sentido del humor agudo desprovisto de sátira o cinismo.

    • Cantos IV(130-151): Platón: (c. 428-c. 347 a.C.), filósofo griego, uno de los pensadores más creativos e influyentes de la filosofía occidental.

    Vida

    Platón nació en el seno de una familia aristocrática en Atenas. Su padre, Aristón, era al parecer, descendiente de los primeros reyes de Atenas. Perictione, su madre, estaba emparentada con el legislador del siglo VI a.C. Solón. Su padre murió cuando aún era un niño y su madre se volvió a casar con Pirilampes, colaborador del estadista Pericles.

    De joven, Platón tuvo ambiciones políticas pero se desilusionó con los gobernantes de Atenas. Más tarde se proclamó discípulo de Sócrates, aceptó su filosofía y su forma dialéctica de debate: la obtención de la verdad mediante preguntas, respuestas y más preguntas. Aunque se trata de un episodio muy discutido, que algunos estudiosos consideran un metáfora literaria sobre el poder, Platón fue testigo de la muerte de Sócrates durante el régimen democrático ateniense en el año 399 a.C. Temiendo tal vez por su vida, abandonó Atenas algún tiempo y viajó a Italia, Sicilia y Egipto.

    En el año 387 Platón fundó en Atenas la Academia, institución a menudo considerada como la primera universidad europea. Ofrecía un amplio plan de estudios, que incluía materias como astronomía, biología, matemáticas, teoría política y filosofía. Aristóteles fue su alumno más destacado.

    Ante la posibilidad de conjugar la filosofía y la práctica política, Platón viajó a Sicilia en el año 367 a.C. para ser tutor del nuevo gobernante de Siracusa Dionisio el Joven. El experimento fracasó. Platón regresó a Siracusa en el año 361 a.C., pero una vez más su participación en los acontecimientos sicilianos tuvo poco éxito. Pasó los últimos años de su vida dando conferencias en la Academia y escribiendo. Murió próximo a los 80 años en Atenas en el año 348 o 347 a.C.

    • Canto V(50-69): Cleopatra: (c. 69-30 a.C.), reina de Egipto (51-30 a.C.), último miembro de la dinastía Tolemaica. Cleopatra era hija de Tolomeo XII Auletes, rey de Egipto. A la muerte de su padre en el 51 a.C., Cleopatra, que entonces contaba con 17 años aproximadamente, y su hermano, Tolomeo XIII, de unos 12, le sucedieron conjuntamente en el trono de Egipto a condición de que contrajeran matrimonio. En el tercer año de su reinado, Tolomeo, alentado por sus asesores, asumió el control exclusivo del gobierno y empujó a Cleopatra al exilio. Ésta, rápidamente, reunió un ejército en Siria, aunque fue incapaz de defender su pretensión hasta la llegada a Alejandría, en el 48 a.C., de Julio César, quien se convirtió en su amante y apoyó su causa. En el 47 a.C. Tolomeo XIII murió en combate y César proclamó a Cleopatra reina de Egipto.

    Cleopatra fue entonces obligada a casarse con su hermano menor, Tolomeo XIV, de aproximadamente 11 años. Después de poner el gobierno conjunto sobre una base segura, Cleopatra viajó a Roma, donde vivió como concubina del César. Tuvo un hijo, Cesarión, que afirmaba que era hijo de César. Después del asesinato de este último en el 44 a.C., Cleopatra regresó a Egipto, donde se dice que envenenó a Tolomeo XIV y convirtió a Cesarión en su corregente (con el nombre de Tolomeo XV). Dudó en alinearse en la guerra civil que siguió a la muerte de César y en el 41 a.C. fue convocada en Tarso (actualmente en Turquía) por Marco Antonio, que entonces gobernaba los territorios de Oriente, para que explicara su conducta. Éste se enamoró de ella y regresaron a Alejandría, donde vivieron juntos durante algún tiempo. En el 40 a.C. Marco Antonio fue obligado a volver a Roma, donde contrajo matrimonio con Octavia, hermana de Octavio, más tarde el emperador Augusto. Tras su partida, Cleopatra tuvo mellizos. En el 36 a.C. Marco Antonio viajó a Oriente como jefe de una expedición contra los partos. Mandó llamar a Cleopatra, quien se reunió con él en Antioquía. Se casaron y nació un tercer hijo. En el 34 a.C., después de una campaña de éxitos contra los partos, Marco Antonio celebró su triunfo en Alejandría y él y Cleopatra anunciaron formalmente la división del antiguo Imperio de Alejandro Magno entre Cleopatra y sus hijos. Marco Antonio continuó viviendo en Egipto y en el 32 a.C. Octavio declaró la guerra a la pareja y Marco Antonio se divorció de Octavia.

    Cleopatra insistió en tomar parte en la campaña. En la batalla de Actium en el 31 a.C., creyendo que la derrota de Marco Antonio era inevitable, retiró su flota y ambos huyeron a Alejandría. Poco después, Marco Antonio, engañado por un informe falso de la muerte de Cleopatra, se suicidó. Sabiendo que Octavio pretendía exhibirla por su triunfo en Roma, Cleopatra también se quitó la vida, probablemente envenenándose, según una antigua tradición, por la picadura de una áspide. Cesarión, el último de los Tolomeos, fue condenado a muerte por Octavio, y Egipto pasó a manos romanas.

    • Canto XXXIV(61-69): Judas Iscariote: (murió hacia el 28 d.C.), en el Nuevo Testamento, el apóstol que traicionó a Jesucristo ante el sanedrín. Al parecer nativo de Kraiot (en hebreo Ish-Kraiot, que significa hombre de Kraiot), tal vez una aldea de Judea, sirvió como asistente de Jesús y sus demás discípulos. En el Evangelio de Juan (12,6), Judas es descrito como codicioso y deshonesto. Según los Evangelios de Mateo y Marcos, fue la codicia lo que le llevó a traicionar a Jesús, a cambio de 30 monedas de plata y entregarlo al sumo sacerdote. En los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, Jesús es consciente de la traición premeditada, la cual vaticinó. Es su carácter de traidor el que ha motivado la utilización del término judas para referirse al que traiciona a un amigo. Cuando Judas vio las consecuencias de su acción, se suicidó abrumado por los remordimientos. El Nuevo Testamento contiene dos versiones distintas de su muerte (Mt. 27,3-5; He. 1,16-20).

  • Elementos medievales encontrados en la obra:

    • Infierno:

    • “...mis padres fueron lombardos...”. Lombardo, pueblo germánico, que invadió y conquistó el norte y centro de Italia entre los años 568 y 572 (Canto I, 64-78).

    • “... Oh mujer virtuosa, la única por la cual la especie humana supera a cuanto se contiene bajo la esfera menor del cielo...”. Es la concepción que tenía el hombre medieval del cielo (Canto II, 73-84).

    • “...mira aquel que, espada en mano, se adelanta a los otros tres como señor...”. Se refiere al sistema feudal de la época y su utilización del mismo. (Canto IV, 85-93).

    • Purgatorio:

    • “....fue de acuerdo con el primer consejo que Cristo había dado...”. Cristo, hijo de Dios y María, representa la nueva unión con Dios y con su muerte el comienzo del Cristianismo. (Canto XII, 21-145)

    • “...Y he aquí que, como en la hora matutina Marte enrojece por los densos vapores.”. Esto representa el conocimiento astrológico de la época. (Canto II, 1-24).

    • Paraíso:

    • Hace una descripción igual al entrar a la Iglesia acompañado por Beatriz, hasta llegar al altar en donde se encuentra Dios. También se da una clara concepción de la fe de los hombres de la época.

  • Elementos mitológicos encontrados en la obra:

    • Infierno:

    • “...Vi a Electra con muchos compañeros...”. Electra, en la mitología griega, hija de Agamenón, rey de Micenas, y de la reina Clitemnestra.(Canto IV, 121-129).

    • “...Allí esta el horrible Minos...” Minos, en la mitología griega, legendario soberano de Creta. ( Canto V, 1-12).

    • “...en el tiempo de los Dioses falsos y engañosos...”. Hace referencia a la mitología antigua. (Canto I, 64-78).

    • Purgatorio:

    • “....no de otro modo Aquiles se sobresaltó...”. Aquiles, en la mitología griega, el mayor de los guerreros griegos en la guerra de Troya. (Canto IX, 34-63).

    • “...Veía a Palas y a Marte, armado...”. Marte, en la mitología romana, dios de la guerra, hijo de Júpiter, rey de los dioses, y de su mujer, Juno. (Canto XII, 16-32).

    • Paraíso:

    • “...oh buen Apolo...”. Dios de la Profecía, hijo de Zeus.(Canto I 1-36).

    • “...Minerva me inspira y Apolo me conduce y las nueve musas me muestran las Osas...”. Mitología Romana, Diosa de la Sabiduría. (Canto II, 1-18).