La Cocina de los Filósofos; Francisco Giménez Gracia

Filosofía. Pensamiento. Literatura Española Contemporánea. Evolución. Desarrollo. Nutrición. Gastronomía. Ser Humano. Moral. Razón. Chocolate. Café. Holbach. Jean-Antonie-Nicolás Caritat

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LA COCINA

DE LOS

FILÓSOFOS

2º de bachillerato

1ª evaluación

ÍNDICE

I. LOS APERITIVOS.

1. El mono cocinero

II. LOS ENTRANTES.

2. La dieta de los sabios

3. La cocina de los utópicos: del rancho a la gastrosofía

III. LOS PLATOS FUERTES.

4. La batalla del café

5. El banquete galante del barón D`Holbach

6. Ganso asado al gusto sádico

7. La tortilla del ciudadano Condorcet

IV. LOS POSTRES.

8. La fruta prohibida

I. LOS APERITIVOS.

1. El mono cocinero.

En este capitulo lo que encontramos en primer lugar es una explicación que nos da el escritor, sobre la evolución de nuestra especie a la hora de elegir una comida, basándose, en la evolución de los monos, los chimpancés, los gorilas y los orangutanes.

Nos va explicando rigurosa y específicamente como cada una de las diversas especies nombradas anteriormente ha ido evolucionando y desarrollando su forma de actuar para poder sobrevivir.

Por otro lado nos comenta el hecho de que toda la familia de los monos a la cual pertenecen las especies nombradas hasta ahora hayan ido bajándose de los árboles por su gran volumen corporal quedándose en los árboles tan solo los más pequeños corporalmente.

Pero es de extrañar que una de las especies más corpulentas de la familia de los monos como es el orangután permanezca a día de hoy en los árboles.

El autor llega a la conclusión y nos explica que este hecho se debe a que los orangutanes son una especie que se siente una de las mejores de la selva, de las mas altas “socialmente hablando”; y que para ellos sería una deshonra arrastrarse por el suelo como el resto de sus congenitores, por lo que prefieren el riesgo que su peso y voluminosidad les entrañan al estar encima de un árbol.

Uno de los motivos de que nuestros antepasados los monos decidiesen bajarse de los árboles y hacer vida en el suelo, aún sabiendo que se enfrentaban a grandes peligros por su condición indefensa, asumen todos estos riesgos por el simple echo de que son unos glotones de cuidado y saben que en el suelo encontraran mas variedad de alimentos que en lo alto de los árboles.

El autor también se fija por otro lado en el alto valor nutricional y en los importantes que son en todo el mundo los cereales.

Giménez Gracia nos va relatando como el mono ha ido evolucionando hasta llegar a lo que hoy en día somos.

Nos explica la importancia que nuestras manos tienen en la evolución, pero también relata el hecho de que lo primero que nuestros antepasados empezaron a construir fueron armas para poder matar.

Y por otro lado nos explica que el cambio llevado a cabo en los dientes, boca, mandíbula, cabeza, cráneo.... ha sido provocado en gran parte gracias al consumo de gramíneas con lo que nos hace llegar a la conclusión en su opinión de que nuestra evolución depende en gran parte de nuestra alimentación en el pasado.

Por otro lado este capitulo también nos explica como el mono ha hecho y sufrido hasta lo imprevisible por ponerse en pie y andar erguido, y como el descubrimiento del fuego no ha sido tan importante en la evolución como se hace creer.

El paso final del mono al ser actual se basa en el lenguaje, llevado a cabo gracias a la calma mental de los monos.

Según el autor, la cocina ha supuesto el mayor paso dado en la evolución hacia el ser humano, ya que le hace tener una mayor imaginación para la combinación y elaboración de alimentos, lo cual le lleva a tener mayor arbitrariedad de juegos y situaciones que le hacen tener una mayor mentalidad. La cocina también hace que se empiecen a llevar cabo las actividades de grupo.

II. LOS ENTRANTES.

2. La dieta de los sabios.

En la introducción de este segundo capítulo encontramos una explicación del autor sobre como algunos filósofos comienzan a romper barreras en torno a hacer mas fácil la compresión de la filosofía y para ello no se les ha ocurrido otra cosa que compararla con la cocina, ya que a todos nos atrae en mayor o menor medida, por lo que según estos filósofos será mas fácil de comprender para todos los que no saben nada de filosofía.

Platón fue el primer filósofo que planteo la cocina como comparación de la filosofía pero en ese momento no tuvo mayor importancia.

Pero con el paso del tiempo hizo que esto se volviese a comentar entre los filósofos del momento, teniendo en cuenta el matiz de que algunos de los filósofos compararan la filosofía y la cocina con el placer lo que causo una gran revolución.

Transcurrido algo más de tiempo la cocina se veía como un pecado, llevado a cabo por el exceso de gula y placer.

3. La cocina de los utópicos: Del rancho a la gastrosofia.

Este punto nos comienza a hablar en un primer momento sobre diversos autores de la edad media y el porque estos deciden introducirse en el mundo de la filosofía.

En primer lugar el autor nos habla de Platón del cual nos dice que se refugio en la filosofía buscando; distancia, calma, método y sobre todo la concepción del mundo y crear un sistema de pensamiento global y racional que le permitiera idear e inventar un estado mejor e incluso perfecto. Platón se ocupo también de regular la alimentación de los ciudadanos; esta regulación fue llevada a cabo principalmente por el exceso orgiástico del banquete que fue el primer signo de podredumbre del régimen político de la época.

Para Platón la democracia se basaba en que nadie mandaba sobre nadie y en el que el poder se reparte de forma racional.

Pasado el tiempo y una vez introducido Platón en el mundo de la filosofía fundó una academia en la cual la comida se llevaba a cabo en conjunto de maestros y alumnos y donde la hora de la comida era el momento fundamental del día.

Por otro lado nos encontramos con un pensamiento de Platón en el cual nos dice: “El abstemio no será capaz de conocer en vida el aspecto maravilloso que tiene el mundo de las ideas”.

Por otro lado nos encontramos con que Platón dice que un régimen democrático puede terminar por convertirse en una tiranía, para lo cual Platón propone crear un régimen perfecto donde la educación tan solo sea publica.

La filosofía de Platón esta pensada para fundamentar el modelo educativo que habría de instaurarse en su República ideal.

Por otro lado e introduciéndonos ya en el tema que abarca este libro (la cocina) nos encontramos con que para Platón una comida sencilla se basa en el buen pan y el buen vino.

Por el contrario el autor nos habla sobre las costumbres griegas diciéndonos que en estas ciudades abundaban los retretes públicos para que los caballeros se sentaran con los amigos a charlar mientras realizaban sus necesidades. En esta obra también nos encontramos con una referencia de Delibes hacia los autores teatrales de los que nos dice que son gentes listas e inspiradas como para componer obras que creen opinión entre el pueblo.

Según el autor, tanto la educación como la sociedad han de estar en manos de los filósofos, quienes a su vez, llegaran a ser tales si a su naturaleza excepcional y a su educación estricta se le une una práctica continuada de trato con las ideas.

También nos habla de Tomas Hobbes (Tomas Moro) y la utopía y nos dice que este autor constituye el pórtico del pensamiento político moderno y nos define utopía como “ningún sitio”.

Por otro lado nos encontramos con que a los utopistas les molesta que la gente comiese en sus casas y justificaban este hecho diciendo que era necesario comer en común, a lo que Tomas Moro decía que las comidas comunes eran opíparas, en lo que todo el mundo estaba deacuerdo ya que el banquete es una ocasión para estrechar lazos familiares y de amistad.

Además el autor nos comenta que la cocina ha hecho nacer en nosotros un cemento que nos une por algo más hermoso que la necesidad de: cariño, simpatía, compasión, etc. La cocina es según el primer acto de amor que ejecutaron nuestros antepasados. En la cocina y por la cocina comienza nuestra inteligencia afectiva. Los utopistas querían que en un mundo perfecto, nadie comiese solo, buscaban una sociedad que se fundara sobre el cimiento sólido de la alegría compartido en la mesa.

Otro de los autores de los que nos habla esta obra es de Robert Owen del cual nos dice en un primer lugar que sus ideas no fueron estrictamente utopistas.

Owen proponía que el primer paso para la construcción de una sociedad justa era dotar a la infancia de una alimentación sana, suficiente y bien condimentada

También nos habla de Charles Fourier. El proyecto político de Fourier era construir una sociedad en la que cada hombre pudiera satisfacer sus placeres y sus necesidades. Fue el filósofo que dijo que había que transformar los océanos en un inmenso lago de gaseosa bien dulce.

Según Charles el primer paso de la nueva cocina sería sustituir el sosísimo pan por bollos suculentos bañados en crema y mermelada e introducir a la dieta, fresas con nata, jamón cocido con huevo hilado, etc...

Su intención era crear una dieta que favoreciese el que la nueva mujer tuviera una vagina lustrosa, jugosa, prieta, vigorosa, y sanguínea, capaz de procurarle innumerosos orgasmos durante todos los días de su vida; y que los hombres disfrutaran de unos testículos gruesos y siempre llenos así como de un pene espléndido cuyas imparables erecciones no le dejen nunca en la estacada y un tercer nuevo sexo que hiciese las delicias de los mas viciosillos. También decía que la nueva cocina tenia que estar llena de virtudes afrodisíacas.

III. LOS PLATOS FUERTES.

4. La batalla del café.

En este tercer capitulo el autor nos habla sobre la batalla provocada por el consumo del café y del chocolate y como se separaban los grupos sociales por ello.

Este movimiento revolucionario suele situarse entre 1688 y 1789; un periodo agitado y sangriento donde cobraron mucha relevancia los científicos, los médicos, los filósofos y por supuesto los cocineros, hasta el punto de que un tratadista político de la época llego a afirmar lo siguiente: “el descubrimiento de un nuevo manjar aporta mas felicidad humana que el descubrimiento de una nueva estrella”.

La ilustración tuvo tanto interés que fue una batalla, una guerra mundial, mucho más que una filosofía, una corriente cultural, o un modo de pensamiento.

A continuación el autor nos explica el porque y como se llevo a cabo enfrentamiento entre los partidarios del café y los del chocolate.

No tendría porque haber pasado de ser una mera trifulca lúdica o, como mucho, gastronómica, pero en seguida adquirió un serio calado político y filosófico.

En el bando de los partidarios del chocolate combatieron los defensores del antiguo régimen, los partidarios de fomentar la moral en la religión.

La moral ha estado muy unida a la religión durante un buen montón de siglos.

A lo largo de los siglos XVII y XVIII la filosofía demostró de manera eficaz que los seres humanos no necesitábamos de la religión para fundamentar la moral.

Los partidarios de esta nueva moral basada en la razón fueron los mismos que defendieron la extensión del café como bebida del nuevo hombre racional.

Ahora vamos a hablar sobre el bando de los chocolateros:

El chocolate a la taza se convirtió en una bebida muy popular en la sociedad puramente católica. El hecho de que el chocolate se hiciese tan famoso se debió a varios motivos: el principio activo del cacao que actúa como un suave antidepresivo; la teobromina puede resultar adictiva debido a que actúa de un modo muy parecido a las endorfinas; otras de las cualidades con las que cuenta el chocolate son: su sabor, su poderoso aroma, unido a su textura cremosa convierten a chocolate en un placer al que pocos saben negarse.

En su contra tenia el que todos los médicos atribuyeron al chocolate un fuerte efecto afrodisíaco. El chocolate compartía este dictamen con el resto de frutas y especias que llegaban del Nuevo Continente. Desde que Colon volviese de su primer viaje con su cabellera llena de frutas exóticas e indias con las tetas al aire, los europeos crearon una leyenda de lujuria sobre aquellas tierras.

Esta mala fama no supuso obstáculo alguno para el éxito del chocolate. Los teólogos españoles nunca fueron muy contrarios al pecado de lujuria. El objeto de sus peores iras se centraba, en el terreno de la herejía protestante, en la brujería y principalmente, en al persecución de cualquier rastro judío. En la España del siglo de oro freír con aceite de oliva, en lugar de con la muy cristiana manteca de cerdo, era un delito que había de ser tratado con la santa inquisición, por ser la del aceite de oliva una costumbre judaizante; mientras que desgraciar a una novicia era un pecado grave, pero perfectamente lavable en el confesionario de cualquier parroquia.

La iglesia nunca vio mal que el imperio entero, se entregara con pasión al vicio del chocolate. Si el chocolate despertaba el demonio de la carne, mejor. Siempre que el hidalgo se desfogara con su esposa; o el cura con su barragana, o cualquiera de ellos con las putas que servían en los burdeles arzobispales. Todos esos eran pecados propios de buenos católicos, pecados que la iglesia perdonaba de todo corazón.

El chocolate, por tanto, es bueno y santo porque se trata del ultramarino por excelencia del muy católico imperio español, porque no contraviene el ayuno ni la abstinencia y porque llena de buenos pecadores los confesionarios de la verdadera fe.

El chocolate encontró muy pocos defensores entre los filósofos; uno de los pocos partidarios filosóficos fue Francois de La Rochefoucauld, quien supo imponer una voz propia para expresar, una y otra vez su obsesivo mensaje: la falsedad es la gran reina del siglo, de cualquier siglo; no hay virtud, ni bondad, ni valor, ni altruismo....., no hay nada salvo el “amor propio”.

Fueron los filósofos modernos quienes, en su papel de líderes espirituales de la clase social emergente, terminaron por imponer el café como símbolo líquido del nuevo hombre.

El buen labrador realiza esfuerzos y trabajos físicos y necesita iniciar la mañana con un desayuno contundente: sopas de vino, o de ajo, migas o gachas han sido los desayunos más comunes de la gente del campo; por otro lado nos encontramos el burgués que realiza trabajos interiores, sedentarios e intelectuales. Para llevar a cabo ese gran proyecto se acude al café. El café fue la poción mágica de los nuevos tiempos al proporcionar un cuerpo despierto, atento y presto al tesón y a la duda, un cuerpo-reloj, ordenado, preciso, lucido, sobrio, seco, templado y trabajador, sobre todo muy trabajador.

Muchas de las propiedades atribuidas al café son puro invento, pero no se trata de un invento a la buena de Dios, sino que cuenta con una clarísima orientación ideológica: todas estas propiedades están relacionadas con las virtudes que proclama la nueva moral puritana del trabajo. Tan es así que los médicos llegaron a proclamar que la ciencia había demostrado que el café aplacaba la lujuria.

Para los europeos de los siglos XVII y XVIII la ingesta de alimentos saludables tenía mucha mayor importancia de la que tiene hoy día.

La profesora Rachel Laudan entendía la digestión como un proceso en el que los alimentos se cocían en el estomago y en el hígado. Los alimentos recomendados por la medicina de la época eran, aquellos que resultaran de fácil cocción por el organismo.

En el siglo XVII las cortes palatinas conocieron la llegada de unos médicos que creían que la digestión implicaba fermentación, no cocción.

Los cocineros más avisados no tardaron en darse cuenta de que su prestigio aumentaba si inventaban platos que fuesen saludables y resultasen sumamente placenteros.

En este nuevo panorama en el que los médicos llevaban la voz cantante a la hora de determinar las costumbres culinarias, el café gano la batalla principal. El café unía su carácter amargo y ácido, lo que facilitaba enormemente la digestión; a los partidarios del chocolate les importaba bien poco esta opinión.

El gremio de los filósofos opto por el café.

La batalla del café perdió su inicial ímpetu, al darla todo el mundo por ganada.

Voltaire mantuvo una relación con la marquesa de Chatelet durante 16 años (hasta muerta la marquesa) y en todo ese tiempo, Voltaire no dejo de desayunar ni un solo día cien ostras con champán y una taza de chocolate aromatizado con vainilla, canela y ámbar gris; cuyos tres componentes eran tenidos por la medicina como afrodisíacos.

Una riña con el filósofo Maupertius le obligo a alejarse de aquella corte, en esa época cambio por fin su desayuno y se aficiono al café.

Voltaire no se limitó a convertirse en un consumidor compulsivo de café, sino que también habituó a este desayuno a su sobrina, e incluso obligo al párroco de su propiedad a cambiar el chocolate por el café y a que predicase las bondades de este nuevo estimulante.

Don Manuel Kant antes de entrar en contacto con el café, pasó por una primera y estrepitosa borrachera de cerveza, que no hubiera tenido mayor importancia, de no ser por la reacción extrema que provoco en el filósofo. No volvió a beber en su vida ni una sola gota de cerveza, ni ningún otro tipo de licor.

Al poco de este episodio, probo el café; tan radical fue su afición que una noche pillo la primera y puede que la única borrachera de café de la historia.

Estas dos borracheras aportaron a Kant varias lecciones imperecederas. El hombre borracho pierde, a la vez, la salud y la dignidad; el mejor modo de conseguir la salud y alejar el vicio es vivir con regularidad.

Kant organizó su dieta milimétricamente. Como primera medida se prohibió así mismo comer solo. Tomaba cada día lo mismo: bacalao fresco cocido, carne asada, y dos rodajas de pan con mantequilla y queso inglés rallado. Durante la comida no bebía nada para no alterar la naturaleza y propiedades de los alimentos. Terminada la comida sustituía el café por una copa de vino hervido con cáscaras de naranja, y se fumaba una pipa la única del día. Y eso era todo. Kant no volvía a probar bocado hasta el día siguiente en que, nada mas levantarse se tomaba una taza de té y una rebanada de pan con mantequilla y queso inglés rallado.

5. El banquete galante del barón D'Holbach.

Esta parte del libro nos habla sobre Paúl Heinrich, barón de Holbach y como ve el mundo, sus aficiones, lo que opina de la religión, etc...

Una de las preocupaciones principales de Holbach fue la de poner en circulación las principales ideas que surgían en el mundo. La burguesía cafetera había cometido el error de dejar el latín en manos de los curas y publicaba sus escritos científicos y filosóficos en las distintas lenguas autóctonas. De ahí que fuese necesario traducir cada uno de los libros decisivos. D'Holbach se aplicó a ello.

Diremos que la bestia negra de D'Holbach fueron las supersticiones y los perjuicios de toda clase.

Un perjuicio es una idea mostrenca o una ocurrencia social con apariencia de idea que se trasmite tradicionalmente sin que nadie la someta a crítica.

Los perjuicios desgraciadamente no son cosa del pasado. Cada época genera los suyos. Los perjuicios están y han estado siempre muy bien repartidos, por eso la filosofía no termina nunca su labor.

D'Holbach considera que los mas perniciosos son aquellos que tienen su origen en las creencias religiosas. Esto hoy es una verdad absolutamente indiscutible. Cuanto más creyente sea una sociedad, más posibilidades hay que en su seno surjan la corrupción y el desgobierno.

El barón D'Holbach sostenía que: la humanidad seria mucho mas pacifica, disfrutaría de mayor numero de placeres, repartiría la riqueza de un mundo mas justo y se sentiría mucho mas feliz y satisfecha si no creyese en Dios.

Como primera medida, la educación religiosa debería suprimirse, y en su lugar, habría que impartir una sólida educación moral y una vez que estuviese limpia de prejuicios, habrá de impulsarnos a buscar el mayor placer posible para cada uno de nosotros.

D'Holbach piensa que Dios no es mas que una mentira peligrosa, la mas perniciosa de todas las fantasías que a creado la imaginación humana. Sabía muy bien que la razón nos obliga a creer únicamente en aquello que nos muestran los sentidos de forma directa o indirecta y piensa que afortunadamente no existen pruebas que hablen en favor de la existencia Dios.

Por otro lado nos encontramos con David Hume que nos dice que “este mundo parece el bosquejo rudimentario de algún Dios infantil, que lo abandono a medio hacer, avergonzado de su ejecución deficiente; es obra de un dios subalterno, de quien los dioses superiores se burlan; es la confusa producción de una divinidad decrepita y jubilada, que ya se ha muerto”.

También nos dice que Voltaire preguntaba a los curas que donde andaba su Dios mientras los lisboetas morían a puñados a causa del terremoto que arraso la ciudad en noviembre de 1755.

A continuación aparece John Locke del cual conocemos que es un buen aficionado al café que considera que el conocimiento comienza por los sentidos y que nuestra certeza se desmorona en cuanto pretende ir mas allá de lo que los sentidos nos dictan.

Este grupo de filósofos llegan a la conclusión de que el ateísmo es una postura filosófica totalmente sólida que se basa, en primer lugar, en la inconsistencia de todas las pruebas existentes en favor de la existencia de un ser trascendente.

D'Holbach pensaba que la ciencia, la nueva ciencia de Newton era la mejor alma para enfrentarse a los perjuicios.

Pensaba que todos los acontecimientos de la naturaleza se hallan estrictamente determinados. No solo no hay dios sino que tampoco existe el azar.

El conocimiento de las leyes que gobiernan la naturaleza nos libran del temor, puesto que nos hace comprender que no existe ningún dios. Para D'Holbach no había nada mas que materia ni siquiera el ser humano.

El día que la ciencia nos hable de otro tipo de energía, creeremos en ella, entre tanto tenemos materia.

A D'Holbach lo han condenado a ser un filósofo de sobremesa porque: el concepto de cena galante hace alusión a un tipo de banquete en el que la puesta en escena, los perfumes, etc, están pensados para proporcionar a los comensales una sabia mezcla de placeres gastronomicos y eróticos. Este tipo de banquetes se hizo tan popular que la cocina se caracteriza por el refinamiento y la complejidad y sobre todo, por la abundancia de condimentos supuestamente afrodisíacos.

La cocina como treta amorosa, la filosofía como golosina para el alma y como seducción intelectual el erotismo son los vínculos entre la gastronomía y la filosofía.

El materialismo, el cientificismo y el ateísmo de D'Holbach son los afluentes que aportan cauce metafísico a una teoría moral que se conoce con el nombre de hedonismo.

La filosofía nos ayudara a no dejarnos vencer por ese dolor que nos a de causar el mundo.

A continuación nos habla del progreso: puede que en ninguna otra época se haya creído y luchado tanto por esta idea, que viene definida por la creencia en que cualquier tiempo pasado fue peor mientras que el presente es el pórtico de un presente en el que nos aguardan mejoras inconcebibles, todo gracias a la filosofía.

Lo que nos viene a decir D´Holbach es que hay que darle gusto al cuerpo mientras este aguante.

El amor por el placer, para casi todos los moralistas, es la prueba más clara de que todos llevamos dentro una bestia lasciva que hay que matar, o, al menos, ignorar que el hedonismo asume hasta el fondo nuestra tendencia natural hacia el placer.

La vida humana no tiene más fin que el placer y negar esto es propio de bobos o de hipócritas.

El problema principal que tiene que enfrentar el hedonismo es cuando este se contempla desde el punto de vista social. Eso de que cada uno haga lo que mas gusto le de, esta muy bien hasta que se intenta comprender que pasaría en una sociedad en la que todo el mundo hiciese lo mismo.

D'Holbach oponía a estas objeciones los argumentos de David Hume conocido sobre todo por su trabajo como historiador y dentro del campo de la filosofía, por sus investigaciones sobre el origen del conocimiento; al propio Hume le interesaban mucho mas sus exploraciones en el terreno moral.

Afortunadamente Hume pensaba que la mayoría de nosotros posee un sentimiento natural de simpatía que nos lleva a compartir las alegrías y las tristezas ajenas.

En esto de la simpatía la instrucción pública tiene mucho que decir. Hume era optimista y pensaba que estos de los desalmados eran una pequeña minoría para la que bastaba el código penal; en un país como España hay miles de niños que reciben palizas atroces, quemaduras de cigarros y todo tipo de torturas y abusos por obra y gracia del capricho. El síntoma más claro de que el mal esta extendido esta mucho más cerca de nosotros. A la vista del interés que despierta las noticias relacionadas con la pederastia, el sadismo asesino y demás, se trata de que muchos, por no decir todos aprovechamos la salida a la luz de este tipo de noticias para contemplar la cara oculta y a duras penas reprimida de nuestra propia personalidad. En palabras de nuestro querido aristócrata chocolatero Francois de la Rochefoucauld: “si no tuviéramos defectos, no sentiríamos tanto placer al descubrir los ajenos”.

6. Ganso asado al gusto sádico.

En este capítulo el autor nos da a conocer a otro de los filósofos de la época de la que provienen los demás autores nombrados anteriormente.

Nos habla de Jean-Antonie-Nicolás Caritat y al igual que con el resto de los filósofos nos relata su vida, hazañas y forma de pensar respecto a la cocina.

En esta parte del libro el autor hace referencia a varios filósofos a parte de Jean-Antonie-Nicolás.

Donatien Alfonshe Francoise fue quien mejor se percato de que las conductas que la sociedad llamaba criminales, pecaminosas o pervertidas, son la consecuencia necesaria de ciertas pulsiones naturales del hombre. A lo que añadió, que por ser naturales esas pulsiones son buenas.

El discurso de Sade se distingue de los otros ilustrados en que el dictamen del divino marqués parte del siguiente diagnóstico: los principios morales y las leyes políticas vigentes son fruto de la mas corrupta, falta y estúpida de todas las religiones: el cristianismo. Sade da un paso más: visto que en nuestra alma late un hermoso racimo de pasiones cuya satisfacción nos proporciona los más vivos placeres, el divino marqués convirtió esas pasiones en su único dios.

La unión entre teoría y praxis se produce aquí una forma de función entre razón y sexo. Podemos resumir el pensamiento del divino marqués por lo siguiente: todo lo sexual es racional y todo lo racional es sexual.

Lo mas insidioso del pensamiento de Sade estriba no ya en la identificación entre sexo y razón, sino entre naturaleza y bondad.

El marqués nos ha puesto delante de los ojos un pensamiento terrible: no hay razón alguna por la que deba considerar el sufrimiento ajeno como propio, al igual que no hay ninguna razón por la que deba poner freno a la satisfacción de mis placeres. La simpatía no es una razón; pero es algo mejor, un sentimiento tan natural, como ese que lleva a Sade a disfrutar del dolor ajeno.

Nuestra educación moral debe ir encaminada a poner freno a les malas pasiones y a desarrollar las buenas. Nadie desearía vivir en un país en el que estuvieran permitidos la tortura y el asesinato en nombre del placer; entre otras cosas porque hasta el más furioso de los sádicos se ha de dar cuenta de que, en un mundo así de desatado el día menos pensado la victima será él.

A pesar de lo corrosivo de sus teorías Sade no ha parado de despertar simpatías. Sus ideas encontraron eco en otros muchos autores que dieron lugar a todo un género: el de la literatura libertina. A esa cocina galante y afrodisíaca se une ahora una cocina “sádica”, extendidísima por todos los recetarios, que introduce la necesidad de hacer sufrir violentas torturas a los animales para que estos resulten blandos, sanos, gustosos y sobre todo, excitantes y placenteros al paladar.

7. La tortilla del ciudadano Condorcet.

Jean-Antonie-Nicolás Caritat fue un apóstol de la idea de progreso, la batalla del progreso se libro entre dos contendientes: el partido chocolatero y el partido cafetero.

Jacques Rousseau era chocolatero o cafetero, según quien le invitara pero en este asunto del progreso estaba muy a favor de los chocolateros.

Don Juan Jacobo pensaba que el hombre era bueno por naturaleza; sostenía que, antes que naciese el estado, la propiedad llevada y todas esas instituciones el hombre vivía sano, vegetariano, fuerte, santo y feliz en medio de un bosque en el que podía desplegar a gusto de bondad natural. Eso de que el hombre es bueno por naturaleza es una de esas ideas que tienden a ser creídas mayoritariamente debido justamente a que se trataba de una mentira muy grata de oír. A nadie le gusta que le digan que es un ser perverso. La filosofía no tiene mas remedio que reconocer, que sin educación, nos convertiríamos en las bestias más peligrosas del reino animal.

A Condorcet le toco librar la batalla mas dura contra los adversarios del progreso. Nuestro filosofo entendía la historia como un proceso en el que los hombres luchan por librarse poco a poco de los obstáculos que lo separan de una sociedad posible en la que todos los ciudadanos dispondrán, al fin, de libertad, verán sus necesidades básicas cubiertas y tendrán la oportunidad de perfeccionar su sensibilidad, sus conocimientos y sus ideas.

El progreso no se ha producido siempre al mismo ritmo. En ocasiones, la historia parece detenerse, o retroceder, debido a que el proceso no adviene como un regalo inevitable del destino. La razón se abre paso con esfuerzo y va liberando a los hombres de todo tipo de miserias y tiranías. Quiere esto decir que la ciencia nos emancipa, nos libra de l tiranía natural, y la educación nos emancipa de la tiranía de nuestros vicios.

El siglo XX nos ha traído una puesta en cuestión de la idea de progreso. Las ciencias humanas se limitan a recordarnos que para comparar culturas es preciso fijar parámetros objetivos. De ahí que la antropología nos invite a buscar parámetros interculturales, como pueden ser la esperanza media de vida, la mortalidad infantil, la salud mental.

Proponemos entrar en el debate no solo si algunas costumbres son mejores que otras, sino incluso de si unas culturas son mejores que otras en esos parámetros básicos. Por ejemplo: en muchos países islámicos se acostrumba a rebanar el clítoris a las niñas en nombre de principios religiosos; en Francia algunas señoras muy progresistas han alzado la voz pidiendo que se legalice esta practica para poder realizarla en los hospitales públicos gratis e higiénicamente. Atendiendo lo que nos sugiere Condorcet, una cultura será superior a otra sin en ella sus ciudadanos disfrutan de un mayor grado de libertad.

IV. LOS POSTRES.

8. La fruta prohibida.

Este último capitulo nos habla del sicoanalista y de Freud, y nos dice que nuestra mente se divide en tres fases:

1-El yo.

2-El ello.

3-El súper-yo.