La ciudad de los césares; Manuel Rojas

Literatura hispanoamericana contemporánea. Narrativa y novela del siglo XX. Onaisín. Argumento. Tema

  • Enviado por: Joaquín
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 12 páginas
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La ciudad de los césares

1. El Indio y su Perro

Tarde de noviembre. Río Sin Nombre, cerca de la desembocadura del Pacífico. El perro y el amo parecían vigilar las entradas de los estrechos que allí forman las islas de los archipiélagos. Atrás hay cerros nevados y tierras vírgenes. Viento y soledad. Hombre: alto, rostro moreno, cara color aceituna pálido, pelo negro lacio y recio, ojos negros, nariz ancha, pómulos salientes, boca y labios gruesos. Uno de los últimos onas (raza que antiguamente pobló la Tierra del Fuego). Lleva pantalón y chaqueta pana amarilla, altas botas, pañuelo en cabeza, carabina al hombro y machete. Perro: parecía un lobo y un zorro… esa es la raza de los perros fueguinos (ya casi extinguidos). El perro se llama Indio.

2. La Infancia de Onaisín

Nació una mañana de enero en Onayusha (que queda en la costa de los onas, en Tierra del Fuego, en los márgenes del canal Beagle). Su padre, Tlescaia (casi 2 metros, musculoso, agilísimo, muy mal carácter), estaba cazando al interior cuando nació Onaisín. La madre es una mujer obscura y flaca. Viven en una choza miserable. A Tlescaia no le hizo gracia el nacimiento de un nuevo hijo porque ya tenía 3 hijos, 4 perros y una mujer que alimentar. La caza cada día era más difícil porque los hombres blancos aumentaban y se apoderaban de tierras y animales, robaban al indio (incluso a mujeres e hijos) y los empujaban más allá del Canal Beagle, hacia las islas cercanas Cabo de Hornos o a las desoladas islas de la salida oeste del Cabo de Hornos.

A los 15 días: Tlescaia sumergió a la guagua desnuda en el agua (ceremonia purificadora en que Onaisín queda incorporado a la vida social de la isla). La madre y las amigas le enseñan la lengua ona. Niño 5 años: creencia ona: por el hecho de ser hombre es muy superior a la propia madre. Empezó a aprender de la dura vida indígena a cargo del abuelo manejo arco y flecha. Después de matar su primera avutarda, viene la 2ª fase de aprendizaje: acompañar hombres por veredas del bosque y senderos de la costa para que se acostumbre a las largas caminatas.

Tlescaia sólo se fijó en Onaisín cuando vio que podía alimentarse por sí solo y no necesitaba ayuda para prosperar. Ahí viene la 3ª fase: caza del guanaco, lo cual requiere de mucha destreza. A los 7 años Onaisín tiene el cuerpo como un alerce joven, elástico, esbelto y lleno de vigor. A veces es alabado por Tlescaia.

3. Llegan los blancos

Fondeó barco cerca de su casa. Onaisín los saluda golpeándose el pecho (costumbre ona) y tratándolos de amigo. Un hombre se burla de su desplante y para divertirse dispara su fusil junto a la oreja de Onaisín (sólo le produjo extrañeza y asombro, pero no miedo). Onaisín les mostró vertientes con agua. Después lo subieron al barco, donde el capitán. De su padre sabía decir: Cristiano, no good. Comió y volvió feliz a tierra porque le regalaron una cuchara. El consejo decidió esconder a las mujeres y niños en los bosques. Prepararon los arcos y las flechas. Al día siguiente el buque estaba en la bahía. Indios escondidos en la selva. Era un barco explorador de la región fueguina su misión era elaborar mapas de las costas. Los oficiales y los marinos eran pacíficos. Onaisín se acerca a ellos y le regalan un botón dorado, carne y fósforos. Tlescaia le quita todo a Onaisín y empieza a pedir cosas (hasta el barco).

Tres días después el barco se va. Tlescaia vende a Onaisín (piensa que igual tiene 3 hijos más) a cambio de un cuchillo, 1 paquete de tabaco, 2 botellas de aguardiente y una cinta roja. Onaisín y su madre sienten pena.

4. Las primeras aventuras de Onaisín

Lo bañan, le cortan el pelo y lo visten. Aceptó entusiasmado, pero se demoró en aceptar los zapatos. La tripulación le enseña el idioma. Debido a sus escasos conocimientos sus trabajos son servir al capitán (Alberto, autoridad) y al cocinero (Andrés, alimentación). Para Onaisín ellos son dioses. En Punta Arenas es bautizado como Onaisín Errázuriz (Errázuriz era el apellido del presidente de Chile).

Poco después murió el cocinero, el capitán pasó a desempeñar funciones del gobierno y casi toda la tripulación fue renovada. Nuevo cocinero cruel (no le da comida ni lo deja que entre a la cocina). Onaisín comprende mediante el sufrimiento físico y moral que no todos los hombres son iguales. Se resignó tratando de ser complaciente. Lo malean y Onaisín ingenuamente sigue los malos ejemplos de los marineros. El cocinero le enseña a tomar y a robar. En Punta Arenas se dedicaban a perseguir a los borrachos. Onaisín, como era el más fuerte, lo sujetaba, y los demás le robaban. Así fue como una noche aparece un nuevo dios para Onaisín.

5. Onaisín tiene otro amo

Mala suerte esa noche porque no habían ebrios. Un hombre tropezó, creyeron que estaba borracho, Onaisín lo pesó, pero el hombre de un puñetazo lo lanza contra la pared. Acento inglés y le dice ¿qué quieres amiguito? Entiende que el nombre de Onaisín tiene que ver con su tierra. Lo perdona. Onaisín le pide que lo lleve consigo. Sam Cocktail/Ricardo Stewart es marino y sabe que Onaisín tiene que aprender lo que es la confianza. No se separarían más. Ricardo nació en las islas Malvinas (padre: ballenero inglés, madre: francesa establecida en la isla), alrededor 40 años, vive en Punta Arenas. Tiene un hijo de la edad de Onaisín (Enrique) y un perro fueguino.

Onaisín, 15 años, hombre de confianza, sirviente, compañero de Ricardo. Onaisín le enseña todo lo que sabe al hijo de Ricardo. Su lema era la confianza, mal humor, feliz de haberlo rescatado calle, hombre franc, recto y noble. Sin embargo, su trabajo era poco noble. Aunque estaba prohibido, cazaba lobos. Pero en su cutter (barco pequeño) iba a acechar a los barcos que se iban por el Cabo de Hornos y no por el Estrecho de Magallanes. En la noche, en las islas rocosas Wollaston prendía y apagaba fuegos, los marinos desconcertados pensaban que era un faro, chocaban contra las rocas y naufragaban. Saqueaban los barcos que habían naufragado. Profesión poco honorable. Pocos años después que Onaisín estaba con él, un guardacostas los sorprendió, hundió el cutter, Ricardo se ahogó y Onaisín apoyado por el perro se salvó. A pie cruza Tierra del Fuego, cruza en bote frente a Punta Arenas y llega ante el hijo de Ricardo que lo recibe llorando.

6. El cutter “Sam Cocktail”

Apareció un cutter en la desembocadura del río. Los tripulantes eran Enrique (hijo de Ricardo, rubio, tostado, bigote y barba corta, ojos verdes, alto, casi delgado, su lema también era confianza. Bondad, energía, carácter aprendidos de su padre), Smith, Queltehue y otro hombre (Ricardo Hernández cara pálida y enérgica). Indio es cariñoso con ellos. Mucho afecto entre Enrique y Onaisín.

7. Los tripulantes del “Sam Cocktail”

A Enrique su padre le dejó una casa en Punta Arenas, un montón de pepitas de oro, algo de dinero y el prestigio de su nombre. 18 años: decide trabajar. Smith (que había sido socio de Ricardo, le propone asociarse para negociar cueros, oro, maderas y pieles. Smith tenía un cutter, “El Petrel”. Onaisín se asocia con ellos y el cutter pasa a llmarse “Sam Cocktail” Smith: vigorozo, faz roja, anchas espaldas, barba dorada, piernas firmes, de origen inglés, pero su nacionalidad era indefinida. Nació en las Malvinas, padre inglés, madre española, pero ahora islas Malvinas eran inglesas. Desde chico amigo de Ricardo, sólo una pelea por la madre de Enrique. Queltehue: estupendo cocinero, siempre hambriento, muy alto y flaquísimo, pelo colorín y cara huesuda. La ropa siempre le quedaba corta. Caminaba como un queltehue, por eso tenía ese apodo. Ricardo Hernández: nadie lo conocía, pelo castaño, liso y muy corto, bajo, delgado, ágil. Se ofreció como socio y aportó dinero. Sólo sabían que era español, pero nada de su vida pasada.

8. El derrotero

Onaisín era taciturno (reservado) en presencia de extraños. Partirían pasado mañana, Onaisín iría delante. Van en búsqueda de fortuna.

9. Candelario Campillay

Hablan del derrotero: 15 años atrás en Tierra del Fuego explotaban los lavaderos de oro, vino del norte un minero llamado Candelario Campillay. Tenía unas minas en Copiapó, pero muy lejanas unas de otras y producían poco. No tenía plata para explotarlas y creyó que en Tierra del fuego encontraría el dinero que necesitaba. Se hicieron grandes amigos con Enrique. Exploró el Río Sin Nombre y encontraron oro para compensar el viaje. Se enfermó, lo llevaron al norte y murió, pero le escribió a Enrique dándole instrucciones donde habría de encontrar oro y platino. Llevan caballos. Smith es el jefe del grupo, Enrique el director de ruta, Queltehue el jefe de alimentación, Onaisín, el guía, y Ricardo Hernández, el consejero. El perro, Indio, era el guardia y proveedor de la caza fresca.

10. ¡Andando!

Enrique y Onaisín iban por la orilla derecha del río, Hernández y Queltehue arreaban los caballos por la izquierda y Smith iba navegando por el río. Onaisín pronto dejó a los demás atrás y desde lo profundo de un bosque oyó un ladrido presencia del hombre. 4 hrs después oyeron disparos, lo que significaba que tenían que volver. No encontraron rastro de hombres. Comieron.

11. Habilidades de Indio

Como llevaban varios días comiendo vegetales, quieren comer carne. “¡busca, busca! Significaba que Indio tenía que cazar. Cazó un ganso y un cisne pero después se internó en el bosque. Pasó mucho rato y al final cazó un venado. Como está envejeciendo, quieren encontrarle una perra para que Indio deje descendencia.

12. El indio Santiago

Este indio, que era yagán o alacalufe, tenía una gran crianza de perros fueguinos. Tuvo un perro que se lo trataron de robar, pero el perro saltó del barco y volvió donde Santiago. Con esto a Santiago se le ocurrió ganarse la vida con sus perros. Amaestraba a los perros, “vendía” un perro, el perro le hacía gracias al nuevo dueño, pero pronto volvía donde Santiago. Enrique conocía la treta, le dieron a Santiago aguardiente, ropa, pan, cuchillos… amarraron a la perra, que nunca pudo devolverse. De ese perro Indio y de esta perra nació el perro que ustedes ven.

13. Onaisín se divierte

Queltehue provoca a Onaisín para que lo pille. Finalmente, Indio hace que se caiga y todos se ríen con el juego.

14. Cambia el paisaje

Marcharon varios días, hasta que un día Onaisín estuvo todo el día fuera (los demás estaban preocupados porque no volvió a pesar de los disparos que le hicieron). Dijo que más allá el bosque empezaba a aclararse y que posiblemente terminaría la selva. Suaves lomajes y luego montañas cubiertas de nieve. Se veían pequeños valles y arroyos. El río se ensancha y según lo dicho por Campillay, había que tomar el sur. Según enrique, Candelario encontró oro a orillas de ese río. Onaisín exploró y encontró la casucha donde estuvo Candelario. Trajo una botella que tenía un mensaje: que el oro tenía que encontrarse hacia el sur, `pegado a la cordillera, pero que tuvieran cuidado porque habían indios., ¡cuidado1 Quedaron sorprendidos porque creían que en esa zona no habían indios. Igual dicen que son mineros y no conquistadores. Celebran un consejo (reunión).

15. El consejo

Recuerdan que siguen las instrucciones de Candelario y que dice que en esa parte del río es muy poco el oro que hay. Todos, menos Onaisín son de la idea de seguir adelante sin hacer caso de la advertencia de que hay indios no saben si todavía hay, si son bravos, etc se conforman pensando que son inteligentes y van bien armados). Onaisín al final acepta. Él irá un día de camino antes que el resto y mediante señales de fuego les indicará la ruta o si hay peligro. Los demás lo irán siguiendo y caminarán de noche si es necesario. Debe ir pegado a la cordillera examinando arroyos y ríos.

16. En busca de lo desconocido

No hubo novedades durante varios días: Onaisín prendía la fogata, ellos prendían otra. Sin embargo, un día la fogata era distinta, parecía un faro que se prendía y se apagaba. Se dan cuenta que Onaisín les dice que algo ha visto o encontrado. Si no se enciende la fogata significa peligro. Al día siguiente encuentran un trapo blanco que indicaba que ahí había oro. Esa noche nuevamente se encendió una fogata como faro. A la noche siguiente Onaisín no encendió fogata, lo cual indica peligro. Enrique y Hernández partieron en busca de Onaisín, pero como no encendieron fuego, Queltehue y Smith parten a buscarlos también.

SEGUNDA PARTE

1. Que pretende ser histórico

Hace más de trescientos años, en un mes de enero, una armada española de 4 naves llega a conquistar la Patagonia y el Estrecho, en el Cabo Vírgenes. Un espantoso temporal hizo naufragar a la nave capitana y a otra. Las otras dos naves no pudieron ayudarles. Eran sus 300 hombres, mujeres y niños que llegaron a tierra (habían indios) e inútilmente esperaron ayuda. Sacaron lo que pudieron de las naves y se internaron en la tierra a colonizar. Los indios iban tras ellos. Tenían una relación de amistad con los indios y los españoles siempre pensaban que serían auxiliados por otros españoles. Decidieron buscar una ciudad española y se la pasaron en eso días de días. Se produjo un sentido de fraternidad entre los españoles y estos indios que tenían que defenderse de los indios más bravos por eso decidieron no separarse. Decidieron buscar una región para fundar un pueblo. Así, Fray Francisco de la Rivera, comendador de Burgos, fundó con el nombre de “La Ciudad de los Españoles Perdidos” la actual “CIUDAD DE LOS CÉSARES”.

2. La Ciudad de los Césares

Cerca de ese valle vivían los indios chíchares (muy altos y mansos) y con el tiempo fueron absorbidos por los patagones. A la entrada de otro valle más alto moraban otros indios mansos que fueron los que le contaron a aventureros blancos de la ciudad de los chíchares o césares casas, siembras y árboles, muchos animales domésticos y herramientas; la tierra era buena y el clima soportable. La ciudad creció.

Por los cuentos de indios (mentirosos ), soldados, frailes y aventureros trataron de encontrar esta ciudad, pero nunca la hallaron. Así la ciudad de los Césares pudo prosperar y seguir desarrollándose.

3. Vóltel

Este indio era más fornido que Onaisín y vio las fogatas durante varios días, lo cual le produjo asombro ya que eso significaba que el hombre estaba por ahí. También vio el trapo blanco que dejo Onaisín y se dio cuenta que se trataba de buscadores de oro. Vio cómo Onaisín e Indio caminaban sin parecer tener mayor apuro, hasta que se internaban en el bosque que quedaba bajo la montaña que vigilaba Uóltel. Uóltel recogió su arco y su flecha y partió.

4. ¡Extranjero!

Aun cuando Onaisín ya había descubierto dónde había oro, le desconcertaban las palabras de Candelario que decían que habían indios, siendo que no se había topado con ninguno. Por curiosidad decidió explorar el bosque que se veía hacia la cordillera. Encontró pisadas (de unos pies bastante grandes). Una flecha fue a dar con un tronco y recordó que era como las flechas que usó en su infancia y que su padre el ona Tlescaia hacía. La flecha había sido disparada dos o tres minutos antes y eran una advertencia, de lo contrario lo habrían matado nomás. Igual decidió seguir buscando la huella. Indio iba adelante. Se sintió observado y se sorprendió cuando una voz le dijo ¡extranjero! Quien había hablado estaba semidesnudo, descalzo y era alto y moreno. Le impresionó el rostro del indio ya que le recordaba muchos rostros de su infancia. Los dos indios estaban sorprendidos e Indio pareció encontrar cierto parecido entre este indio y Onaisín. Conversan y Uóltel se da cuenta que Onaisín nunca había escuchado de la Ciudad de los Césares (de la cual él es un guardián), preguntó por qué los hombres buscaban oro y para qué les servía) Conversan en plano de amistad. Uóltel lanzó flecha contra el árbol (punta de oro) con el fin de poder conocer a Onaisín. Uóltel le preguntó si había nacido en tierras del Estrecho de Magallanes (no lo conoce, pero sabe que existe). Quedaron en verse al día siguiente en ese mismo lugar. Uóltel le pide que no diga nada a los demás, pero Onaisín le dice que eso es muy poco probable.

5. ¡Prisioneros!

Onaisín quedó muy extrañado ante este indio que hasta sabía inglés.

No quiso ni seguirle los pasos. Se sorprendió que hubiera una ciudad, oro, y otros objetos. Pensó si Uóltel estaría bromeando. Pensaba en lo que se sorprendería Smith (que decía conocer todo el mundo). Esa noche encendió una fogata que decía que había novedad. Despertó cuando sintió que lo amarraban, le vendaban los ojos y a Uóltel que le decía que no le harían daño y que lo llevarían con ellos. Lo llevaron en una especie de camilla atravesaron un lago en balsa, anduvieron como 1 hora por una gruta subterránea y luego salieron al aire libre. Todos iban callados. Vio que estaban en la falda de una montaña a cuyo pie lejos brillaban luces (la Ciudad de los Césares). Uóltel le dice que quiere mostrarle la ciudad, que no huya ni tenga susto; le aclara que tampoco lo trae como prisionero, sino que no quiere que vea por donde lo llevan. Le habían quitado la carabina. Uóltel tiene orden de llevar a la ciudad a los extranjeros que encuentre, le dice que cuando quiera lo pueden devolver donde estaba y que al día siguiente pueden volver a conversar como amigos. Era de noche y a Onaisín le preocupaba que sus compañeros no fueran a ver alguna fogata suya. Empieza a amanecer.

Lo llevan a una casa y el hombre se sorprende que Onaisín tenga rasgos indios. A Onaisín le pasa lo mismo con este rostro moreno aindiado. Le muestra una cama, silla, ropa y agua atenderlo bien. Quedó muy sorprendido cuando el hombre le preguntó si traía algún libro (no lo traía) y le explicó que ahí todos sabían leer. En esa pieza todo era de oro. Se durmió pensando qué dirían los demás si supieran donde estaba.

6. Onaisín se entera

Onaisín descansó, pero tenía mala cara porque esta aventura en que se había metido empezaba a fastidiarle. Uóltel le recuerda lo dicho el día anterior: que cuando quiera puede volver, que no lo trajo como prisionero, que es muy pronto para que se vaya. Onaisín le dice que está preocupado por sus amigos y Uóltel le dice que los verá ahí mismo y que nada les pasará. Uóltel explica que los habitantes de la Ciudad de los Césares necesitan de los extranjeros por los conocimientos que estos traen (por el aislamiento son ignorantes); por eso valoran tanto al extranjero. Onaisín dice que como él es un indio no tiene mucho que enseñar, pero Uóltel le explica que cualquier cosa que Onaisín sepa que ellos no saben sería bueno para ellos.

Uóltel le dice que le contará la historia de la Ciudad de los Césares. Onaisín está de mal humor por no saber dónde está. Uóltel le explica que viven escondidos porque al principio no podían hacer otra cosa, pero que ahora lo hacen por el oro. (porque o si no vendrían miles de blancos, sacarían el oro y los matarían). Cuenta que los blancos que fundaron la ciudad les enseñaron a labrar la tierra, a trabajar el oro, a tejer… a vivir. Dice que las cosas están por cambiar porque un hombre blanco ambicioso llegó y que no ha hecho más que hablarle a los césares blancos de la opulencia y del lujo que el oro da en otros países. Convenció a muchos y dos meses atrás pretendieron marcharse. Los césares negros los tomaron prisioneros y los tienen amenazados, pero saben que a escondidas preparan irse. El jefe de ellos es María García de Onares último descendiente de Fernando García de Onares, fundador de la ciudad. Esa familia siempre ha sido la máxima autoridad en la ciudad. El último García Onares (Francisco) sólo dejó una hija que le ha hecho caso a las palabras de Diego Rodríguez (el blanco que les contó del lujo). Le cuenta que cazadores, buscadores de oro, exploradores, viajeros, sabios y bandidos han llegado a la ciudad y que han aprovechado la inteligencia, el consejo y la tenacidad de cada uno de ellos. Ninguno ha vuelo a salir de la ciudad.

Uóltel comenta que si sus amigos son buscadores de oro posiblemente tomarán partido por los césares blancos. Onaisín no sabe qué contestar. Uóltel le recuerda que son amigos. Onaisín tuvo el presentimiento que sus compañeros influirían de algún modo en la Ciudad de los Césares.

Problema: césares blancos versus césares negros.

7. Todos apresados

Enrique encuentra las huellas y se da cuenta que las de Uóltel son de indio porque los indios pisan con los dedos primero. De la misma manera que Onaisín, Enrique y Hernández fueron tomados prisioneros. A la mañana siguiente se reúnen con Onaisín (no habían hecho señales de fuego a Smith y Queltehue). Onaisín le contó lo que sabía de la ciudad y sus habitantes, pero no nombró el conflicto que tenían. El césar negro quedó feliz con un diario atrasado y con un libro (La Biblia) que traía Hernández.

8. Otra vez juntos

Al atardecer llegan Smith y Queltehue. De inmediato los césares blancos quieren hablar con ellos. Smith había oído hablar de la Ciudad de los Césares por el chilote Barrientos. Ve a Queltehue que se está echando una vasija en el bolsillo; cuando ve que es de oro, le dice que se busque algo más grande. Lo tomó a la chacota y no le dio importancia que fuera de oro. Estaba asombrado por el hecho de estar ahí. Salen y se topan con puros césares negros con lanzas, arcos, flechas y mazos.

9. Los césares blancos

Los llevan a la sala del Consejo de los césares blancos (parece municipio provinciano el edificio). Eran hombres altos, blancos, rubios, otros morenos, estupendas barbas y vestidos con túnicas blancas, costumbre de la ciudad.

Comentan que piensan comprar a los extranjeros dándoles mucho oro (o si no a encerrarlos). Don Felipe García dice que la marcha puede ser esa noche o la siguiente y que Diego Rodríguez está advertido y espera su libertad para ponerse al frente de la gente. Le dice a los demás que en vez de asistir a las reuniones, parece que todos prefieren pesar el oro que cada uno se llevará. Felipe García era uno de los que más oro poseía y eso mismo lo hacía sentirse muy seguro de sí (el oro le da seguridad). Era el jefe del consejo y descendiente de uno de los fundadores de la ciudad. Igual los césares blancos les dijeron que nadie dejaba la ciudad porque o si no la noticia del oro se correría. Los césares blancos se lanzaban miradas. Como los extranjeros se veían tan andrajosos, Uóltel temió que serían convencidos por los césares blancos.

10. Mucho discutir

Toma la palabra Smith y le pregunta a Felipe su nombre diciendo que no está acostumbrado a hablar sin saber el nombre de la persona a quien le está hablando. Después se presenta como William Smith y dice que es la primera vez que alguien le dice que debe quedarse en un lugar sin su consentimiento, que no pretendían entrar en esa ciudad ni sabían que existía, y que sus compañeros han sido traídos como prisioneros (él y queltehue pactaron que o se agarraban a tiros o venían como invitados). Habla Fernando de Villagrán diciendo que los conocimientos y experiencias que ellos traen son muy útiles y que a cambio ellos les ofrecen una vida de tranquilidad. Smith dice que él no consentiría porque ha sido traído casi a la fuerza y que hará lo imposible por marcharse. Le preguntan si él es el jefe y Smith dice que cada uno es libre de expresar lo que quiera. Enrique dice que no es necesario que le pregunten a los demás puesto que todos tienen la convicción de que han sido traídos a la fuerza. Hernández concuerda con los demás y les dice que debieran abrir la ciudad al mundo y que de nada les sirve una ciudad aislada que está prácticamente muerta, que es de una riqueza muerta.

Onaisín valerosamente dijo que él estaba dispuesto a unirse a los césares negros y defenderlos y preguntó a los césares blancos por qué no decían la verdad. Aclara que si lo dejan irse él no dirá nada de la ciudad. Felipe García quiere castigar a Onaisín por insolente, pero Indio sale en su defensa y Queltehue lo amenaza con su carabina (no se la habían quitado ni a él ni a Smith porque los trajeron como invitados). La paz estaba quebrada y los césares blancos, algo avergonzados, se retiraron. Fernando de Villagrán dice que al día siguiente continuarán con la conversación.

Ellos se ponen a conversar. Smith sugiere que se vayan llevándose oro también, que las razas indias están destinadas a desaparecer. Hernández dice que Onaisín toma una actitud indebida ya que como sirviente debe seguir la opinión de su amo. Enrique le aclara que Onaisín no es su sirviente sino que su amigo, y que Onaisín no tiene que seguir la opinión de Enrique porque él hasta el momento no ha dicho nada. Hernández se disculpa. Con felicidad Uóltel ha visto todo esto. Los llevan a sus habitaciones, pero pide hablar con Onaisín y Enrique.

11. Los césares negros

Uóltel dice que ha traído a estos dos extranjeros porque le parece que están más cerca de ellos. Le pide a Sol de Plata, el más sabio, que hable. Están es una especie de habitación india, todos semidesnudos. Onaisín sintió mucha emoción de verlo ya que le pareció ver a uno de los oscuros dioses de su raza (que agonizaba en los canales magallánicos). Sol de plata explica la situación y que no permitirán que los blancos se vayan. Dice que se ha dado cuenta que los blancos no sienten aprecio por ellos. No quieren correr la misma suerte de los indios de Tierra del fuego. Aclara que no quiere que se produzca choque entre ellos, pero que deben dejar de lado toda piedad. Reconoce todo lo que los blancos les han enseñado. Explica que Sasiulp (= Luz de los Ojos) (nombre que los césares negros dan a María García) últimamente no ha mostrado intenciones de querer marcharse, pero que igual hay otros que quieren irse.

Se paró otro indio, Río Negro, diciendo que él y sus hombres no dejarán que se marchen. Era el jefe de los guerreros de la Ciudad de los Césares. Sol de Plata dice que últimamente no han hablado con Sasiulp, pero que la esperanza está en ellos (los extranjeros). Les dice que si convencen a los blancos, podrán irse con todas las riquezas que quieran llevarse. Enrique dice que no sabe lo que sus demás compañeros opinan, que piensa que Onaisín siente lo mismo que él, pero que no luchará contra sus compañeros ni los abandonará. Sin embargo, acepta la misión que le han encomendado (convencer a los césares blancos), no se pronuncia ante la oferta que le hicieron. Resumen lo conversado: enrique le dirá a los césares blancos que los negros se oponen, bajo amenaza de guerra, a que abandonen la ciudad.

12. La Noche

En la ciudad había un ambiente intranquilo. Césares blancos y negros iban armados, sabiendo que el asunto se resolvería por la fuerza. Smith iba tranquilo porque se iría con los césares blancos llevándose lo más que pudiera. Hernández iba sombrío porque le pesaba haber sido tan brutal con los césares negros y Onaisín. A Queltehue le daba lo mismo, más bien pensaba que si se iban los blancos, él se quedaría con los negros y viviría plácidamente ahí. Un mestizo llega a decir que los césares blancos quieren hablar con ellos tres. Supusieron que querían pedirles ayuda, sobretodo porque Smith y Hernández habían manifestado deseos de irse de la ciudad. Van a la casa de Felipe García, quien les confirma que piensan irse al día siguiente. Solicitan de Smith y Hernández su compañía y consejo porque no saben si los césares negros permitirán la libertad de Diego Rodríguez. Smith pide la misma cantidad de oro que llevará Felipe García. Hernández no pide oro. Dice que irá con ellos siempre que no haya violencia porque él no es hombre de armas, sino de fe. Hernández dice que los acompañará hasta el mar, pero que después volverá donde los césares negros ya que quedarán desamparados y necesitarán ayuda ante todo lo que después vendrá. Los negros tienen hombres en la salida oriental. Smith pregunta por los demás y los blancos contestan que se han declarado neutrales, no se preocupa, porque si son neutrales, después los verá. Hernández era un religioso. 10 miembros el concejo de césares blancos, 6 el de césares negros: cada uno representando una actividad en especial, elegidos por el pueblo.

14. A Queltehue le gustan las indiecitas

Vuelven Enrique y Onaisín. Queltehue les dice que los césares blancos querían hablar con Smith y Hernández; comenta que le gustan las indiecitas. Dice que quiere quedarse porque quiere tener una casa y una mujer ya que se está poniendo viejo. Igual le ofrece ayuda a Uóltel. Llegan a decirles que Sasiulp desea conocer a los extranjeros. Sólo van Enrique y Onaisín ya que Queltehue dice que él es un césar negro. Comentan en el camino que es peligroso que se dividan entre ellos, que Smith está viejo y es pobre, pero que lo más probable es que les consulte. Temen que los césares blancos no dejen que Smith los vea. Enrique siente interés por conocer a esta mujer.