La Celestina; Fernando de Rojas

Renacimiento literario. Siglo de Oro de la literatura española. Tragicomedia. Novela humanista. Medievalismo y Renacentismo. Personajes. Contexto

  • Enviado por: Pablito
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La Celestina; Fernando de Rojas

Calixto y melibea

El autor

  • El libro de La Celestina, tal y como hoy lo conocemos, contiene una carta de "el autor a un su amigo", once octavas acrósticas, un prólogo, la obra propiamente dicha, compuesta por el Argumento y los veintiún actos con sus argumentos, tres octavas explicando el propósito de la obra y, finalmente, las coplas del corrector Alonso de Proaza en las que explica cómo han de leerse los dichos versos acrósticos. éstos, al unir la primera letra de cada uno, dicen: <<El bachiller Fernando de Rojas acabó la Comedia de Calisto y Melibea e fue nascido en la Puebla de Montalbán>>. En la carta "a un su amigo" se dice que, habiendo encontrado el primer acto, "viendo no sólo ser dulce en su principal historia o ficción toda junta, pero aun de algunas sus particularidades salían deleitables fuentecillas de filosofía [...] se detuvo en continuarla quince días". Estas palabras plantean varios problemas: ¿Fueron dos o uno los autores? Si hubo dos, ¿quién fue el del primer acto? ¿Quién fue Fernando de Rojas?

Si bien la crítica del siglo XIX se inclinó rotundamente por la unidad del autor, opinión consagrada por la autoridad de Menéndez y Pelayo, hoy los eruditos son partidarios de los dos autores que las palabras de Rojas afirman. El primer acto es, por lo tanto, anónimo. La atribución de su autoría a Cota o a Mena está hoy generalmente descartada.

De FERNANDO DE ROJAS se puede afirmar que era bachiller en leyes. Nacido en la Puebla de Montalbán (Toledo) hacia 1475, poseyó una importante biblioteca. Estudió en la Universidad de Salamanca, donde la tradición clásica siempre tuvo una enorme acogida. En 1517 se estableció en Talavera de la Reina (Toledo), donde ejerció por breve tiempo el cargo de Alcalde Mayor. Era judío converso. La ascendencia judía de Rojas está probada por el proceso contra álvaro de Montalbán; éste, acusado de judaizante nombró "por su letrado al bachiller Fernando de Rojas, su yerno, vecino de Talavera, que es converso", pero la Inquisición lo rechazó diciendo que no había lugar y le pidió que nombrara a otra persona "syn sospecha". Rojas otorgó testamento en Talavera el 3 de abril de 1541 y debió de morir casi inmediatamente, ya que su mujer comienza el inventario de sus bienes el día 8 del mismo mes. Fue enterrado en la "yglesia del monesterio de la Madre de Dios" en Talavera, de cuya Congregación era miembro. Sus restos fueron localizados en marzo de 1936 en la pequeña iglesia de dicho monasterio, y exhumados en marzo de 1968.

Cuando en 1525 la Inquisición de Toledo instruyó proceso contra Alvaro de Montalbán, su suegro, sospechoso y judaizante, el encausado declaró que su hija Leonor Alvarez, que tendría entonces treinta y cinco años, era “mujer del bachiller Rojas, que compuso a Melibea”, lo que revela bien a las claras el prestigio literario que le había dado La Celestina. En el citado proceso se califica a Fernando de Rojas de converso.

El autor2

l primer ejemplar conocido de LA CELESTINA data de 1499, y fue impreso por Fadrique de Basilea en Burgos. Así pues, se cumplen quinientos años de la edición princeps de esta magna obra de la literatura universal, la cual, aunque su autor deseara “celar y encobrir su nombre”, sabemos que fue escrita por el bachiller en leyes Fernando de Rojas. Éste, “nascido en La Puebla de Montalbán”, ejerció como abogado, poseyó una importante biblioteca, y desde 1517 vivió en Talavera de la Reina, donde llegó a ser alcalde mayor, y donde murió en 1541, siendo enterrado en el convento de monjas de la Madre de Dios; sus restos fueron hallados en la iglesia de este monasterio en 1936, y exhumados en 1968.

Judío converso, entre los pocos datos que conservamos de su vida, se sabe que fue testigo de descargo en un proceso que la Inquisición entabló en 1517 contra el judaizante Diego de Oropesa, así como en otra causa del mismo tipo -en 1525- contra su suegro, Álvaro de Montalbán. Fernando de Rojas estuvo casado con Leonor Álvarez, y parece que dejó tres hijos, Catalina, Álvaro y Francisco.

Es muy posible que la familia de los Rojas, judíos, emparentaran con algunos señores de la Puebla de Montalbán, motivo por el que nuestro gran liderato sostuvo siempre su condición de hidalgo; ello no significó el alejamiento de la gente de su linaje: su matrimonio con la hija de un converso sospechoso así lo demuestra. Esa doble condición, de converso e hidalgo, hubo de marcar la vida y la obra de nuestro autor.

La obra

Escribe Menéndez Pelayo, tratando de La Celestina: “Las bellezas de esta obra soberbia son de las que parecen más nuevas y frescas a medida que pasan los años... Si Cervantes no hubiera existido; La Celestina ocuparía el primer lugar entre las obras de imaginación compuestas en España”.

Rojas alega en la propia obra que halló escrito su primer acto y él añadió los restantes. Tal afirmación ha sido interpretada de diversas maneras: posiblemente se trata de una simple convención literaria; Rojas descarga en otro autor la responsabilidad de la redacción porque teme las reacciones que una obra conflictiva como la suya puedan suscitar en la Inquisición y en la sociedad; finalmente, dicha afirmación ha sido contemplada como veraz.

La Celestina; Fernando de Rojas

Si bien no hay duda de que Rojas fue el autor de los restantes actos, no se sabe con certeza quién redactó el primero de ellos. La crítica no dispone de los datos suficientes para emitir un veredicto definitivo sobre la autoría única o doble. En cualquier caso, LA CELESTINA, en su conjunto, constituye una de las pocas obras maestras de la literatura de todos los tiempos. Por tanto, podemos suscribir hoy la afirmación de que jamás se había visto entonces, ni en lengua romana, toscana, griega o castellana, una “obra de estilo tan alto, tan subido”.

La erudición relativa a la historia de sus ediciones - así como los problemas críticos al respecto - es enjundiosa y conflictiva. Limitémonos aquí a señalar que existen 2 versiones principales, una de 16 actos, y otra de 21 (partes integrantes de la obra son también: la Carta de “El auctor a un su amigo”, las octavas acrósticas, los argumentos, etc.). En sus primeras publicaciones la obra apareció con los títulos de COMEDIA DE CALISTO Y MELIBEA, TRAGICOMEDIA DE CALISTO Y MELIBEA, y en una edición Sevillana, bajo LIBRO DE CALISTO Y MELIBEA Y DE LA PUTA VIEJA CELESTINA. El título de “tragicomedia” se impuso en los primeros años, la posterioridad acabó conociéndola con el nombre de la alcahueta, LA CELESTINA. Si en la obra abundan personajes de baja extracción social - lo que obligaría a considerarla como comedia - , el final desgraciado y su contenido infausto y pesimista la identifican con la tragedia. La crítica posterior la ha considerado como “novela dramática” o “novela dialogada”. Lo cierto es que en su época debió de ser una manifestación del “teatro para leer”.

Por lo que respecta a su valor literario, Rojas no atribuye gran mérito a su composición, aduciendo con retórica modestia que: “siendo jurista yo, aunque obra discreta, es ajena de mi facultad”. Estaba más cerca de la verdad cuando, refiriéndose al primer acto, afirmaba que no sólo es dulce “en su principal historia o ficción”, sino que también “de algunas de sus particularidades salían deleitables fontecicas de filosofía, de otro agradables donaires, de otros avisos y consejos”. A sus valores de estilo, se añaden, así, la dulzura y belleza de su ficción, su filosofía y su moralidad.

Ni que decir tiene que la posteridad se ha encargado de colocar esta genial obra entre las mejores de la literatura universal, y como una cumbre de la literatura española, tras EL QUIJOTE. Su traducción a todas las lenguas cultas, y su multitud de ediciones así lo atestiguan. Según decía Francisco Rico, en LA CELESTINA hay bocado para los paladares más diversos: unos degustarán la impecable trabazón de la intriga y la densidad de los personajes, otros se complacerán en las viñetas “costumbristas”, las estampas pintorescas y los rasgos jocosos; unos terceros serán sensibles a las sutilezas de la construcción dramática, mientras no pocos se dejarán llevar por el juego del diálogo, la agilidad de los apartes, el brío de los soliloquios.

 

EDICIÓN CONMEMORATIVA DE LA CELESTINA

Así pues, y aceptando, como Rojas, “la necesidad que nuestra común patria tiene de la presente obra”, la organización del quinto centenario elabora una nueva edición de LA CELESTINA, con la pretensión de que supere en belleza a todas las anteriores. Se trata de una edición de lujo, gran formato (27,5 x 36,5), reproducida a ocho colores, con caja estuche, encuadernada en seda con estampaciones en oro.

La genialidad literaria del pueblano Rojas quedará enriquecida en esta edición con la lucidez intelectual de Juan Goytisolo, que se ocupó del prólogo. El texto de La Celestina aquí utilizado es el fijado por el profesor Julio Rodríguez Puértolas en su edición de Madrid, 1996 (Ediciones Akal). Él es también el autor del epílogo. Quinientos años después, su paisano Teo Puebla asume la tarea de interpretar la figura física y psicológica de los personajes celestinescos tal y como -según su concepción- vivirían en la época y en la cabeza de Rojas. El entusiasmo y reconocido mérito de este artista de La Puebla de Montalbán, ahondará sin duda en la fisonomía espiritual de esos personajes ya paradigmáticos de la literatura universal, y, uniendo las imágenes a las palabras, añadirá belleza a la belleza.

La influencia de La Celestina en la literatura posterior es amplísima. Desde el principio fue objeto de continuaciones como la Segunda Celestina de Feliciano de Silva. Su influencia fue grande en obras de Lope de Vega como La Dorotea y El Anzuelo de Fenisa. También la tuvo presente el autor de La Lozana Andaluza y el género de la novela picaresca. Fue traducida durante el siglo XVI al italiano, alemán, francés y holandés

Ya entramos en una maraña de traducciones, adaptaciones, continuaciones, versificaciones, latinizaciones, comentarios, prohibiciones... La obra formaba parte de la literatura universal.

   

Estructura

  • Lo sorprendente es que una historia en apariencia tan simple, que podría haber sido la de una novela de serial, se convierta en argumento de una extensa y trascendental obra. ¿Cómo ocurre esto? Aparte de otras razones, dos son las que aquí se pueden señalar: por una parte, la acción se demora tranquilamente, con lo que se consigue diseñar unos caracteres de gran fuerza y un ambiente que es exacto reflejo de la vida misma; por otra, la trabazón de causas y consecuencias - fatales en definitiva - se entrecruzan como en la vida misma. Es por lo tanto, la plasmación de esa vida y la intensidad humana de los personajes lo que determina esa riqueza, profundidad y complejidad de la obra.

Atendiendo a la estructura argumental, debemos tener presente tres tipos de factores.

Como señala el esquema, el motor de la acción es el amor o pasión. Pero obsérvese que se trata del amor-trágico; y es que la estructura de La Celestina está montada sobre el contraste de amor y muerte, maridaje permanente en la literatura de todos los tiempos. El acto XII es fundamental. Es el momento en que cambia el movimiento de la obra; el amor y la muerte se aúnan aquí en un mismo acto, en síntesis estructural perfecta: el primer encuentro de amor de Calisto y Melibea y la primera muerte, la de Celestina. Anteriormente se ha visto una ascensión hacia el amor; desde ese momento, aparece la muerte como protagonista de la caída en cascada.

Efectivamente, la primera parte, hasta el acto XII, presenta un ritmo ascendente de acercamientos múltiples alrededor y en función del principal: el encuentro de Calisto y Melibea. Hasta este momento, los acercamientos interesados se van sucediendo con mayor o menor dificultad. Calisto ante los impedimentos determinados por la ilegitimidad de su amor y las imposiciones sociales se alía con Celestina por mediación de Sempronio. Pármeno, más idealista y bienintencionado para con su amo, es, al principio, un impedimento que hay que destruir. Las muchachas de Celestina, Elicia y Areusa, desempeñarán un papel importante en la consecución de la necesaria asociación de Celestina, Sempronio y Pármeno. Celestina se encuentra con una doble misión: atraer como aliado a Pármeno, que la conoce bien y la desprecia, y, como proyecto último conseguir la claudicación de Melibea, misión ardua no por el modo de ser de Melibea sino principalmente por los comportamientos sociales que se le imponen. La corrupción de Pármeno se consigue definitivamente en el acto IX en el encuentro con Areusa; la atracción de Melibea, trabajosa y lenta, culmina en el XII

La segunda parte, de línea descendente, se inicia también en el acto XII con el asesinato de Celestina, a manos de Sempronio y Pármeno. La muerte, ya anunciada varias veces en la primera parte, va a convertirse a partir de ahora en motor de la acción. Tras la muerte de Celestina, Tristán y Sosia comunican el ajusticiamiento de Sempronio y Pármeno en el acto XIII. En el XIX, única noche de amor completo, muere Calisto. El XX, el suicidio de Melibea, último eslabón de la cadena: Celestina, criados, Calisto, Melibea. Pero la muerte también está presente también en otros actos; por ejemplo, en el XV, XVII y XVIII con los planes de venganza de las muchachas de Celestina y, sobre todo, en el XXI, con el planto de Pleberio, que cierra la obra confirmando el triunfo de la muerte sobre el amor por la fuerza del destino.

Estructura II

Calixto, de noble linaje, entra en el huerto de Melibea persiguiendo un halcón. Presa de súbito y profundo enamoramiento, al ver a Melibea, se lo manifiesta; pero ella le rechaza. Ya en casa, se muestra abatido y pesaroso. Aconsejado por sus criados, Sempronio y Pármeno, recurre a la vieja Celestina que se presta a ablandar el corazón de Melibea.

La Celestina; Fernando de Rojas

Celestina visita a Melibea y consigue, con astucia, interesarla por Calixto. Sempronio y Pármeno, que tienen amores con Elicia y Areúsa, jóvenes pupilas de Celestina, desean parte de las recompensas que Celestina ha ido recibiendo de Calixto. Calixto logra el amor de Melibea casi al mismo tiempo que Sempronio y Pármeno, después de discutir con Celestina por las ganancias obtenidas, la matan y, a los gritos de Elicia, viene la justicia que prende a los asesinos.

Tristán y Sosia, otros dos criados de Calixto, le cuentan que el pueblo, indignado, dio muerte también a Sempronio y a Pármeno cuando eran conducidos por los alguaciles. Calixto lo lamenta; pero pronto lo olvida, atento a su propia felicidad.

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Elicia y Areúsa conciertan con Centurio, nuevo galán de ésta, vengar las muertes de Celestina, Sempronio y Pármeno, de las que hacen responsable a Calixto. Pleberio y Alisa, padres de Melibea, ignorantes de los amores de su hija, piensan que ha llegado el momento de casarla. Areúsa se entera por Sosia de las repetidas entrevistas nocturnas que Calixto y Melibea tienen en el huerto de ésta y Centurio manda allí gente con armas. A las voces de Sosia, Calixto sale precipitadamente, pero, al no estar en el muro la escala que había utilizado para subir, se despeña y muere.

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Melibea, desde lo alto de la torre de su casa, cuenta a su padre sus amores, el trágico fin de Calixto y, sin esperanza de felicidad, se despeña también, para tener la misma muerte que Calixto. La obra termina con el llanto de Pleberio ante el cadáver de su hija quejándose del poder y de los lamentables efectos del amor.

Argumento

  • Calisto, un joven noble apuesto y de preclaro ingenio, penetra persiguiendo a un halcón en la huerta donde se halla a Melibea, de quien queda profundamente enamorado. Ante el rechazo de ésta y aconsejado por su criado Sempronio, decide encomendar su cuidado a Celestina, para lograr por medio de ella el amor de Melibea. La alcahueta consigue mediante artimañas que Melibea se enamore de Calisto. Los criados de éste intentan explotar un beneficio propio la pasión de su amo: que había prometido una cadena de oro a Celestina si lograba entre todos enamorar a Melibea. Cuando esto sucede, los criados reclaman su parte y ante la negativa de Celestina, la matan. Son apresados y ejecutados por la justicia, de lo que Calisto tiene noticia al día siguiente. Concierta una entrevista una entrevista nocturna con Melibea; sube por una escalera de cuerda y cuando va a bajar para marcharse, se rompe la escalera y Calisto se mata. Ante la muerte de su amado, Melibea sube a una torre y se arroja desde ella tras declarar las causas del suicidio a su padre. Termina la obra con el llanto y unas reflexiones morales de Pleberio, padre de Melibea.

Argumento II

ARGUMENTO GENERAL 
de toda la obra 

     Calisto fue de noble linaje, de claro ingenio, de gentil disposición, de linda
criança, dotado de muchas gracias, de estado mediano. Fue preso en el amor de  Melibea, muger moça, muy generosa, de alta y sereníssima sangre, sublimada en  próspero estado, vna sola heredera a su padre Pleberio, y de su madre Alisa muy amada. Por solicitud del pungido Calisto, vencido el casto propósito della entreueniendo Celestina, mala y astuta mujer, con dos seruientes del vencido Calisto, engañados y por ésta tornados desleales, presa su fidelidad con anzuelo  de codicia y de deleyte, vinieron los amantes y los que les ministraron, en amargo  y desastrado fin. Para comienço de cual dispuso el aduersa fortuna lugar oportuno, donde a la presencia de Calisto se presento la desseada Melibea.

Argumento iii

”. La Celestina, es una exposición dialogada y en prosa de los amores de un joven caballero, Calisto, que para lograr a Melibea recurre a la mediación y tercería de la vieja Celestina, la cual sólo pretende extraer ganancias explotando la ardorosa pasión, de acuerdo con Sempronio y Pármeno, criados de Calisto. En contraste con los amores ideales de Calisto y Melibea, aparecen los de Sempronio y Pármeno con Elicia y Areusa, hembras de baja extracción. La vieja Celestina es apuñalada por los criados, éstos son rápidamente ejecutados por la justicia; Calisto muere al caer de la escalera que le llevaba a sus furtivas citas nocturnas con Melibea, la cual se suicida poco después, dejando dramáticamente doloridos a sus padres.

Argumento iv

En La Celestina se muestran los trágicos amores de Calisto y Melibea y las malas artes que emplea la alcahueta Celestina para que se enamoren.

Calisto, un mozo inteligente y de clase alta, ha conocido en una huerta, algo alejada de la cuidad, a la bellísima Melibea, y se ha enamorado de ella. Vuelve a encontrársela en la ciudad, cerca de la iglesia, y le comunica sus sentimientos; ella lo despide irritada. Vuelve Calisto a su casa y confiesa su amor y su pesar a su criado Sempronio. Éste le propone que utilice a la vieja Celestina como intermediaria, para que suavice la aspereza de Melibea.
Celestina logra entrar en la mansión de Melibea e intercede en favor del enamorado; consigue vencer su esquivez y la joven corresponde a Calisto. Sempronio y Pármeno, criados de Calisto, de acuerdo con Celestina, desean explotar la pasión de su amo, que había ofrecido a la vieja una cadena de oro si lograba sus propósitos. Los criados reclaman su parte a la vieja, que se niega; la matan y huyen. Pero son apresados y muertos por la justicia.
Calisto suele visitar a Melibea trepando a su jardín por una escalera de cuerda; estando en él, se produce en la calle una pelea. El joven, pensando que uno de sus nuevos criados tiene problemas, desea intervenir en ella y al bajar por la escalera cae al vacío. Calisto muere, y Melibea, al saberlo, sube a una torre y se arroja desde lo alto.
La obra termina con el llanto de Pleberio, padre de Melibea.

 

Estilo

  • Aunque el carácter de obra dramática de La Celestina parece imponerse sin dificultad debido a su estructura y a la total ausencia de parte narrativas, el género literario a que pertenece ha sido objeto de diversas estimaciones, basadas sobre todo en el hecho de su gran longitud - que la hace prácticamente irrepresentable en su forma original - y de su peculiar utilización del tiempo, que hace pensar en formas novelescas; de aquí los nombres de novela dramática o de novela dialogada con que ha sido calificada en muchas ocasiones.

A pesar de lo dicho es innegable el carácter dramático de la obra. La estructura es pues básicamente dramática, pero, de algún modo, rebasa los moldes propios del drama.

Pero es que la Tragicomedia de Calisto y Melibea no fue escrita para ser representada, sino para ser leída, característica que enlaza con comedia humanística, género en que se inspira la obra de Fernando de Rojas. Este género fue creado por Petrarca y se caracterizaba por el argumento simple pero de desarrollo largo y su interés por los sectores pobre de la sociedad. Otra característica era el diálogo variado y que estaba escrito en latín

  • No debemos olvidar que La Celestina llega en un momento de madurez y por ello los diferentes movimientos culturales y literarios confluyen en ella purificados. En efecto, en ella se aúnan, en equilibrio admirable, el mundo medieval y el renacentista, por una parte y la tendencia culta y la popular, por otra. Esto determinará en gran medida su lenguaje y estilo.

Se pueden distinguir, en efecto, un lenguaje culto y latinizante, cargado de artificios, y un habla popular lleno de refranes y de expresiones vivaces. Sin embargo, la separación no es nítida; el uso de los diferentes registros del lenguaje no corresponde de forma absoluta a los estamentos sociales distintos - señores y plebeyos. -, sino que se entrecruzan ambas tendencias, dependiendo no sólo del emisor, sino también del interlocutor y del asunto tratado. No obstante, hay que apreciar una clara tendencia a la diferenciación.

El estilo elevado, por su parte, presenta una cierta moderación, si bien encontramos aún la frecuente colocación del verbo en el final de la frase, consonancias, amplificaciones, latinismos léxicos y sintácticos como el uso frecuente del infinitivo y el participio de presente. En cuanto a la crítica sobre el exceso de erudición, hay que decir que la abundancia de sentencias y alusiones históricas y mitológicas se interpretan hoy como una convención estilística análoga al hecho de que en el Siglo de Oro todos los personajes hablasen en verso.

También el lenguaje popular, tan rico en La Celestina, está sujeto a cierta mesura; es prudente el uso de los modismos del hambre y prescinde de dialectalismos y de formas de ambientación localista que le hubieran proporcionado fáciles elementos de comicidad y colorismo. En cambio, es de destacar la gran abundancia de refranes.

Por último, en La Celestina la técnica del diálogo se manifiesta con suma perfección, pudiéndose distinguir diferentes tipos según la intención del autor: monólogos caracterizadores y ambientadores - importantísimos, ya que, al no estar destinada la obra para la representación, sirven a su vez de acotaciones dramáticas-, diálogos oratorios y diálogos breves de gran riqueza.

En lo referente a prosa, en Rojas hay dos corrientes del lenguaje :
Prosa elegante marcada por latinismos (amor cortés).- Este estilo culto se mezcla con un lenguaje mucho más natural. Observamos que todos los personajes utilizan los diferentes niveles lingüísticos por igual en sus discursos. No hay tipos, es decir, el rey antes hablaba como rey y el pobre hablaba un lenguaje bajo, ahora todos hablan el mismo lenguaje, a veces de forma culta y a veces no.

El estilo de la obra conjuga a la perfección el lenguaje culto de los nobles con el popular de la alcahueta y los criados, la erudición con las expresiones de la calle, logrando un equilibrio magistral. 

Género.- Hasta hoy se ha discutido a qué género pertenece. En aquella época comedia y tragicomedia no se refiere a lo mismo que hoy. Podemos pensar que es una obra dramática (disposición en actos y escenas) pero por otro lado la gran extensión de la obra y el ritmo lento apuntan al género novelesco.
En los siglos XVI y XVII se consideró como género dramático. En el XVIII con las normas neoclásicas surge el problema del género. María Rosa Lida nos dice que se encuentra en la tradición de la comedia humanística, que son obras dramáticas escritas en latín por autores cultos y que son escritas para leer las obras en público de forma dramatizada y no para ser representadas. El propio Rojas se refiere a esto en el prólogo.
Stephen Gilman dice que La Celestina no es otra cosa que diálogo puro que contiene novela y drama a pesar de ser anterior a ambos. Según Gilman carece de género. A través del diálogo se realiza la creación de los personajes. Los personajes nos descubren su vida por medio del diálogo.

Estilo

La figura más utilizada es el hipérbaton como por ejemplo en: ”¡En hora mala acá esta noche venimos!” o “nos han en tanto tiempo de sentir de su casa o vecinos”; también se da el asíndeton: “La esperanza es cierta, el tiempo breve, cuanto tu ordenares.” Y la anáfora en los pensamientos da Calisto.

En este fragmento se dan casos de polisíndeton, como: “no creas que soy tu cativa por saber mis secretos y mi vida pasada y los casos que nos acaecieron a mí y a la desdichada de tu madre”; hipérbaton, como: ”Entraron unos conocidos y familiares míos en aquella sazón aquí”; apóstrofe, como: “¡ Oh Dios, y como crece la necesidad con la abundancia!”; etc.

Los paralelismos del texto, como son “En pensar en él me alegro, en verlo me gozo, en oírlo me glorifico” o “para que de su voluntad venga, para que diga cual le agrada”, contribuyen a hacer el texto más melódico.

Los apartes en La Celestina, para este fin comparativo, se pueden distribuir en dos categorías principales: los monologados y dialogados, dependiendo de que sea un personaje o varios los que hablan con intención de no ser oídos por sus compañeros de escena. La variedad de funciones de los monologados es rica, como puede apreciarse de las diversas subdivisiones.

La Celestina; Fernando de Rojas















personajes

Los personajes ya no son prototipos del mundo jerarquizado medieval, sino personalidades individualizadas características de la edad moderna, lo que los hace totalmente creíbles.

  • La Celestina es una obra única en cuanto a la creación de caracteres. Aunque Calisto y Melibea aparecen como protagonistas, Sus conocimientos de la naturaleza humana, el engaño, la falsedad, la pretendida compasión, el cinismo y la ironía, la hechicería y sobre todo su inmensa experiencia, todo lo pone al servicio de su gran pasión, que no es la lujuriar sino la avaricia.

Celestina ha pasado a la posteridad como la encarnación de la moral sin escrúpulos, puramente utilitaria, para lo que todo es lícito si es en provecho propio No repara en medios para lograr sus objetivos, y el proceso de perversión a que somete a los criados de Calisto es algo cercano a lo demoníaco.

Importante también es señalar que Celestina ama su oficio y lo realiza con el interés de un profesional, como otros realizan el suyo - según ella misma dice-. El fundamento de dicho comportamiento lo constituyen dos aspectos: su filosofía del amor y una definida actitud psicológica. Para ella, el amor es una fuente de vida que la naturaleza proporciona y, por lo tanto, es bueno, obra de Dios; además, en su vida ha sido ley y norte. Psicológicamente, ella goza al revivir, realizando su oficio, el esplendor de su juventud - recuérdese la escena con Areúsa.

Otro hecho que la define de algún modo es su importancia social como alcahueta, hecho éste digno de tenerse en cuenta a la hora de ver La Celestina como testimonio histórico social. En efecto, Celestina es reconocida, tal como es, de una manera general. Pármeno, en la descripción que de ella hace, dice que en todas partes está y todos la solicitan.

Celestina sabe muy bien, por experiencia propia, que el enemigo del amor no es la muerte: es el tiempo. El tiempo es quien separa para siempre a las parejas amorosas: la muerte quien las une, quien las junta, inseparablemente, para la eternidad. Es la muerte la que hace inmortal el amor de las parejas amorosas Calisto, mozo noble y de notable ingenio, no posee la firmeza y determinación de Melibea. Es voluble, impresionable, fácil al desánimo y la exaltación más apasionada. Los dos rasgos más sobresalientes de este nuevo amador son por un lado, su total enamoramiento, es un poseso del amor, lo cual le hace andar completamente abstraído, en ocasiones como un sonámbulo, y por otro su egoísmo y su inseguridad.

El enamoramiento le lleva a las alabanzas más incontenibles, y a veces sofisticadas, de Melibea. Cae así en los esquematismos del amor cortés y en las exageraciones propias de los amantes, fruto no de la razón sino del corazón. Encarna el amor ciego, la pasión desatada, pasión que le esclaviza hasta convertirle en un personaje trágico.

Otro rasgo de este personaje es su inseguridad. Es tan inseguro, que llega incluso a perder protagonismo a favor de Celestina y de sus criados, quienes de esta manera se agigantan como personajes imprescindibles en la obra.

En cualquier caso, la pasión de Calisto le lleva a un profundo egoísmo que no repara en dádivas ni en ofensas. A Celestina y a los criados se los gana mediante riquezas y adulaciones, y, cuando le llega l noticia de que han muerto, su dolor parece inicialmente sincero, pero enseguida se apresura a justificar su muerte.

A Calisto sólo le importa la consecución de sus deseos, por eso morirá víctima de ellos.

El retrato que Calisto hace de Melibea podría hacernos pensar que estamos ante un tipo de mujer estandarizada, con resabios de dama del amor cortés y con rasgos de la nueva estética renacentista. Y efectivamente, nos hallamos ante un retrato estereotipo, ante un ideal femenino de belleza que es común al final de la Edad Media y a todo el Renacimiento. Un retrato que tiene más de ideal y de sueño que de real.

Pero aunque el retrato físico de Melibea pertenece a un ideal de belleza propio de una época, no así su personalidad. Melibea es ya profundamente individual; sabe actuar de modo práctico y directo, buscando enérgicamente aquello que anhela. Melibea no es la joven cuya voluntad aparece ligada a la de los padres. No dudará en engañarlos, en fingir, en pasar ella sola a la acción para lograr sus apetencias.

En este sentido, Melibea representa en la literatura española la primera gran incorporación del individualismo de la persona defendido por el Renacimiento. El proceso de su pasión está magníficamente expresado con verdadera intuición del alma femenina: desde el rechazo inicial, al comienzo de la obra, hasta su entrega apasionada a Calisto en el jardín de su casa, pasando por ese punto intermedio de fingidas protestas y pretendidos rechazos.

Melibea enamorada ya no se detendrá ante nada. Pactará con la vieja, engañará a su madre y se entregará a Calisto. Cede a su pasión: no le importan la educación, el recuerdo de sus padres, ni tiene escrúpulos que la atormenten; es una mujer enérgica, apasionada, e incluso arrogante porque lo exige su pasión.

Pero el azar, la fatalidad o el destino acabarán con cualquier tipo de apasionamiento, como posteriormente en Romeo y Julieta o en Don álvaro, el duque de Rivas. Entra, por tanto en la concepción moderna de la mujer. En posesión de una belleza idealizada, propia del Renacimiento afirma, sin embargo, a lo largo de la obra su poderosa individualidad, su fuerza y su pasión.

No se puede olvidar a los padres de Melibea. Alisa y Pleberio, padres de Melibea, tienen más importancia social que dramática. Son el reflejo de un matrimonio burgués, orgulloso de su hija y confiado en su inocencia. Son dos personajes sobre los que no pesa el convencionalismo. Pero su seguridad y confianza en la hija facilitan los manejos de Celestina y, en definitiva, del desenlaza trágico. Alisa aporta originalidad a la obra en cuanto a una casi total ausencia de la madre en nuestro teatro posterior. Es autoritaria, pagada de su posición e ignorante en todo lo que se refiere a su hija. Pleberio es padre amoroso y preocupado por la seguridad económica de su hija, de la que, en definitiva, también lo desconoce todo. Por otra parte, Pleberio, con su retórico discurso, dará el testimonio de la enseñanza final: su imprevisora paternidad permitirá que Melibea caiga en las asechanzas del loco amor.

Los criados de Calisto y las pupilas de Celestina están trazadas con innegable maestría y originalidad. Son personajes enteros y no simples y fieles servidores. Pármeno, Sempronio, Elicia y Areúsa representan la incorporación al teatro de toda un realidad social: el mundo bajo de los criados y las prostitutas, propio del ambiente de la gran ciudad. Sus intereses y conflictos van parejos a los de los personajes de alto rango. En la tragedia clásica sólo intervenían reyes, héroes e, incluso, dioses; sin embargo, en la obra de Rojas las gentes del pueblo entran a formar parte de la trama trágica, lo cual es una característica de la comedia humanística. Fernando de Rojas ha sabido captar la crisis social del siglo XV, señalando la situación socioeconómica del asalariado. El resultado ha sido que, con una audacia literaria inesperada, ha hecho intervenir en u obra a los criados y a las prostitutas como si se tratasen de personajes altos socialmente. Cada uno de los personajes constituye un mundo con sus problemas, preocupaciones y miserias, cosa que no se dio ni en el teatro anterior ni en el inmediatamente posterior, en el que el criado no es más que un intérprete de la voluntad del señor. En La Celestina, en cambio, los criados deciden, ponen condiciones, exigen, y a la vez son pieza clave sin la cual es inconcebible la marcha de la obra; hasta el punto de que, cuando Pármeno y Sempronio son muertos aparecen suplidos inmediatamente por Sosia y Tristán. Los criados de La Celestina tienen su pequeño drama íntimo y su gran pasión: el interés y la avaricia. Todo cuanto hacen es arrastrados por el interés y el ansia de medrar. Los criados de La Celestina son un reflejo de esa crisis social que vimos anteriormente y que llevó al criado a cierto grado de rencor y desprecio hacia el señor.

Personajes

Calisto, soñador y altanero--, no sólo supo captar el tono de amor altanero del Calisto de Rojas sino que gracias a él ese amor progresó hasta culminar, en el huerto, en el más idóneo y gratificante climax: la ingestión de la presa. Las Por otra parte Celestina es un personaje vivo, real, no un personaje literario

personaje sin tomar en cuenta lo moral, particularmente lo moral católico, aunque lo disfracemos de moral psicopatológico, puede ser labor extremadamente difícil, cuando no imposible, e invito a una discusión que nos pueda plantear algo diferente a lo moralmente tachable. El mismo Rojas (1) reconoce que su obra pretende ser una lección para los jóvenes que buscan amores apasionados (2). Vemos pues que la pasión adquiere de entrada una valoración negativa desde lo moral. Por ello la necesidad de un final trágico, culposo, moralejizante (3).

   Calisto y Melibea representan la pasión descontrolada y destructiva. No dominan sus actos y viven ajenos a la razón. El matrimonio no es para ellos una posibilidad, ante el goce que anhelan de sí mismos.
   Sus criados, Pármeno y Sempronio, igual que Elicia y Areusa, pupilas de Celestina,44.
   Los padres de Melibea, Alisa y Pleberio, ignoran la realidad y pagan caro su error.

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