La Celestina; Fernando de Rojas

Literatura española Renacimiento. Narrativa prerrenacentista. Tragicomedia Calixto y Melibea. Amor. Sexualidad. Lenguaje. Personajes

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  • Idioma: castellano
  • País: España España
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La Celestina; Fernando de Rojas

NOMBRE:

CURSO:

ESPECIALIDAD: Musical

ASIGNATURA: Literatura española

PROFESORA:

AÑO: 2003

ÍNDICE

ARGUMENTO Pag.

Acto 1º 4

Acto 2º, 3º, 4º 4

Acto 5º, 6º, 7º, 8º 4

Acto 9º, 10º, 11º, 12º 5

Acto 13º, 14º, 15º, 16º, 17º, 18º 6

Acto 19º, 20º, 21º 7

PERSONAJES

Relaciones entre personajes 8

Personajes 9

Amor 11

OBRA

Obra 13

Estructura 14

Estilo y Lengua 14

AUTOR 16

ARGUMENTO

Acto 1º

- Calisto, persiguiendo a un halcón, se encuentra con una bella dama llamada Melibea en el jardín de la casa de ésta y queda prendado por los encantos de la muchacha, enamorándose perdidamente de ésta; por lo que Calisto intenta que este amor sea correspondido, cosa que no ocurrirá y que se irá desenlazando a lo largo de la historia, quedando en él un gran sentimiento de tristeza por la negativa de la joven. Calisto, una vez en su casa habla con uno de sus criados, Sempronio y le cuenta lo sucedido, este criado le habla de una vieja alcahueta, la Celestina, que podría ser la solución a su grave problema de amor. Mientras su criado Sempronio va a hablar con la Celestina, su otro criado, Pármeno le advierte del peligro que corre si se fía de la bruja ya que es una vieja malvada y sin escrúpulos, pero el amor de Calisto hacia Melibea es tan grande que ciega su razón y no hace caso a los consejos de su sirviente.

Actos 2º, 3º y 4º

- Al irse Celestina de la casa de Calisto, queda éste hablando con Sempronio sobre la tardanza de Celestina en cumplir su trato y le manda ir a vigilar a Celestina para asegurarse de que cumple el trato pactado.

Pármeno enoja a Calisto hablándole mal de la Celestina; pero si lo hacía, era por conocimiento de causa, ya que antes de servir a Calisto, la sirvió a ella y conocía muy bien los métodos que usaba la vieja alcahueta para unir a la gente.

Llega Sempronio a casa de Celestina, a la que riñe por su tardanza, hablan sobre Pármeno, y Celestina le cuenta como podrían hacer para convertirlo y volverlo uno de los suyos, la solución con la que se encontraron fue mezclando en este tema a Areúsa, una de sus sirvientas, de la cual esta enamorado.

Celestina manda a Elicia a buscar unos elementos para invocar al demonio y hechizar a Melibea. Después de un ritual consigue que el demonio entre en un hilo que será el medio para embrujar a Melibea.

Mientras Celestina va a casa de Melibea, va hablando consigo misma reprochándose como se podía haber metido en tal lío, en este momento empieza a ver su futuro oscuro. Al llegar a casa de Melibea ve a Lucrecia, criada de ésta. Consigue entrar diciendo que vende hilos, y Alisa, la madre de Melibea, las deja a solas porque se tiene que marchar.

Celestina comienza halagándola y comentándole los placeres de la juventud y le vende un hilado (en el cual ha hecho el hechizo),por último le comenta que el motivo de su visita no es otro que ayudar a Calisto. Melibea al oír esto se enfada y quiere echar a Celestina de su casa, pero la astuta vieja le dice que el muchacho tiene un dolor de muelas y le pide un cordón y una oración que tiene ella para sanarlo, Melibea se calma y accede a entregarle el cordón.

Actos 5º, 6º, 7º y 8º

- Al partir de casa de Melibea, Celestina va hablando consigo misma notándose una gran satisfacción por el trabajo realizado. Al llegar a su casa habla con Sempronio que la estaba esperando, mientras van hacia la casa de Calisto le va contando su visita a Melibea.

Celestina entra en casa de Calisto y éste le pregunta con impaciencia sobre lo que ha conseguido de su amada Melibea. Celestina, dando muchos rodeos, le cuenta todo lo que ha conseguido de Melibea gracias a su astucia y le dice que tiene una cita al día siguiente. Mientras Celestina habla, Pármeno le reprocha todo lo que dice, reprendiéndolo Sempronio.

Celestina le entrega el cordón a Calisto y éste lo abraza como algo importante de verdad, como si el cordón fuera su amada. Celestina se tiene que marchar y llevarse el cordón y Calisto la recompensa, por lo conseguido, con ropa nueva, que la vieja anteriormente había pedido.

Celestina se marcha acompañada de Pármeno.

Por el camino hacia casa de Celestina, la alcahueta hablando le encamina hacia la amistad de Sempronio. Pármeno le recuerda la promesa que esta le hizo sobre Areúsa. Y van juntos hacia casa.

Al llegar Celestina sube a hablar con Areúsa, que rechaza que suba Pármeno, ya que siente vergüenza de él, pero Celestina como de costumbre la convence. Pármeno sube y se marcha Celestina dejándolos solos, y quedándose Pármeno toda la noche.

Al llegar la mañana Pármeno, va a casa de su amo después de que pasara la noche con Areúsa. Pármeno se alegra de haber conseguido los favores de Areúsa, porque a logrado quedar con ella para verla otra vez, en una comida en casa de Celestina.

Pármeno le cuenta lo que le ha sucedido en casa de Areúsa y su nueva cita hoy para comer, a la cual también irá Sempronio.

Calisto se despierta y manda a sus sirvientes que le preparen para ir a misa

Actos 9º, 10º, 11º, 12º

Sempronio y Pármeno cogen comida de casa de Calisto y se van a la de Celestina, hablando de sus cosas.

En casa de la vieja están Areúsa y Elicia esperándoles. En la comida Sempronio nombra gentilmente a Melibea haciendo así enfadar a Elicia que se levanta de la mesa. Tratando de calmarla los demás.

En tanto que Lucrecia, criada de Melibea, entra a llamar a Celestina de parte de su ama.

Cuando llega Celestina, Melibea le dice que la ha llamado para que cure su extraño mal, lo cual hace de mucho agrado, ya que eso quiere decir que el conjuro ha hecho efecto.

Celestina va a casa de Melibea y le dice que la causa de su mal es el amor que siente por Calisto. La vieja alcahueta les prepara un encuentro para esa misma noche en la de casa de Melibea.

Al ver venir a Alisa, Celestina se marcha de casa de Melibea, preguntándole Alisa que hacia allí contestándole que para vender hilado. Alisa le prohíbe a su hija que vuelva a ver a Celestina, sabiendo que no se trataba de una buena influencia para su hija.

Al salir Celestina de la casa ve de lejos a Sempronio y Pármeno, que van a la iglesia a buscar a su señor, y los sigue para contarle las nuevas que trae de casa de Melibea.

Una vez todos en la casa de Calisto incluida Celestina, le cuenta todo los avances conseguidos. Calisto muy contento por la noticia le ofrece a Celestina una cadena de oro como recompensa.

La Celestina se marcha a su casa, con la cadena, donde esta Elicia esperándola.

Llegada la noche, Calisto y sus criados van a preparar las armas para partir hacia casa de Melibea; ésta y Lucrecia están en la puerta esperando a Calisto.

Al llegar a la casa se acerca Calisto a la puerta donde habla con Lucrecia, esta se marcha dejando solos a los dos jóvenes hablando a través de la puerta.

Al cabo de la noche los dos criados hablando entre ellos, escuchan el ruido de gente y echan a correr, al darse cuenta de que es el alguacil vuelven a por su señor, éste se despide con tristeza de su amada, quedando para la noche siguiente a la misma hora.

Los padres de Melibea, Pleberio y Alisa se despiertan y van a ver a su hija que los tranquiliza, diciéndoles que tenía sed y fue a por agua.

Calisto y sus criados se van hacia casa para dormir. Una vez que el señor de la casa se acuesta y duerme los criados de éste van a casa de Celestina a cobrar lo que habían acordado.

Celestina se niega a darles su parte, disimulando como quien no sabe de lo que le están hablando. Sempronio y Pármeno se enfadan con la vieja y riñen, forcejeando con ella y matándola para finalizar la discusión asestándole más de treinta cuchilladas. Al griterío de la vieja y de Elicia, se acerca mucha gente y Pármeno y Sempronio huyen saltando por una ventana, quedando, al caer al suelo, medio muertos y allí mismo serían decapitados.

Actos 13º, 14º, 15, 16º, 17º y 18º

Calisto se despierta, ajeno a todos los sucesos acontecidos, esa noche en la casa de la Celestina y en la calle, en cuanto llama a sus criados, Tristán, otro criado, le contesta que no hay nadie más en la casa que ellos dos y Calisto le ordena que le deje seguir durmiendo sin que nadie le moleste.

Al bajar Tristán a la puerta se encuentra con Sosia, el mozo de espuelas, que llega a la casa llorando. Tristán le pregunta que le pasa y este le contesta que ha visto a Pármeno y a Sempronio muertos en la plaza al haber sido juzgados, ya que eran culpables de la muerte de la vieja Celestina.

Ambos suben a contárselo a su amo, el cual siente pena por lo pasado con sus criados, pero aun más por lo que dirá la gente de ellos ya que les agradecía lo que habían hecho por él, aunque finalmente este sentimiento se torna en gozo, cuando descubre las traiciones de sus siervos y de la vieja alcahueta, así que piensa en preparar a Tristán y a Sosia para que le acompañen a casa de Melibea.

Melibea está preocupada hablando con su criada mientras espera la llegada de Calisto, que tarda mucho.

Calisto llega acompañado de los jóvenes criados, y sube por una escala al huerto de Melibea donde ésta le espera. Calisto quiere gozar de Melibea, ésta se niega porque perderá su honradez. Una vez Calisto cumple su voluntad se retira hacia su casa quejándose de su corta estancia con su amada.

Elicia va hacia casa de su prima Areúsa a contarle su pena. Allí encuentra a su prima discutiendo con un hombre, llamado Centurio.

Cuando se marcha Centurio quedan solas las dos jóvenes hablando, Elicia le cuenta a su prima la desgracia que a ocurrido en su casa y el dolor que siente por estas perdidas y quiere vengarse de Calisto y Melibea. Estas quedan en hablar con Sosia y para así poder vengarse de los señores.

Pleberio y Alisa creen que su hija Melibea posee el don de la virginidad y una extremada honradez, cualidades que hacen que sea la esposa perfecta y por eso piensan en casarla. Lucrecia, que lo está escuchando todo, corre a contárselo a su señora, ésta la manda salir a donde están sus padres y así hacerlos callar.

Elicia, haciendo caso de los consejos de su prima, decide dejar de lado el luto e ir a casa de ésta para ver si la ha visitado Sosia.

En esto aparece el joven, Elicia se esconde, y Areúsa con sus malas artes y sus mentiras lo seduce, éste le cuenta las visitas de su señor con Melibea cada noche.

Al irse Sosia, Elicia decide que Areúsa debe hacer las paces con Centurio y para ello van a casa de Centurio, una vez allí le ruegan que vengue las muertes de Sempronio y Pármeno en Calisto y Melibea; Centurio se lo promete.

Pero éste no lo quiere cumplir y manda a Traso el cojo y a sus dos compañeros.

Actos 19º, 20º y 21º

- Calisto va con sus criados a casa de Melibea, allí, Melibea, les está esperando y cantando con Lucrecia, en tanto, llega Calisto al huerto de Melibea donde se junta a ésta.

Sosia le cuenta a Tristán lo que le ha ocurrido con Areúsa y éste le advierte de que puede ser una trampa. Los dos criados ven venir a Traso con dos de sus secuaces, que fueron mandados por Centurio, así que Sosia, sale a alejarlos.

Entre todo este jaleo Calisto quiere bajar a ayudar a sus criados, cosa que Melibea intenta impedir, pero no puede y Calisto baja por la escala sin sus armaduras, aunque Tristán le avisa de que no hay peligro ni motivo alguno para que baje, ya que Sosia volvía victorioso, pero Calisto sigue bajando, con tal mala suerte que cae por las escaleras, quedando con la cabeza abierta en el suelo.

Melibea al verlo muerto en el suelo, se inunda de una gran pena y se lamenta profundamente de la desgracia acontecida.

Lucrecia, con prisa, va a avisar a Pleberio, padre de la joven, del dolor que siente su hija, ya que ésta pretende suicidarse, su padre va corriendo a verla. Pleberio la intenta consolar pero sus esfuerzos son en vano porque el dolor que siente su hija es tan fuerte, que es imposible consolarla, quiere llamar al médico, pero su hija no le deja porque su dolor no tiene cura, ya que es el dolor producido por la muerte de su amado, un dolor que ya nadie podría curar. Melibea le dice que su dolor es de corazón. Pleberio va a por unos instrumentos musicales, a petición de su hija, para así calmar su dolor y Melibea manda a Lucrecia bajar para que le diga a su padre que se asome porque tiene que decirle unas palabras. Una vez que a su padre le allegado el mensaje le pregunta a Melibea que quiere, ésta le contesta que no suba ni llore por ella y que la despida de su madre, ya que la pena tan grande que siente va ha hacer que termine con su vida

Pleberio cuenta a su mujer lo ocurrido, ésta muy triste se queja del amor por la desgraciada muerte de su hija, quedando en él un sentimiento de pena y de rencor hacia el mundo y a la religión.

Relaciones entre personajes

Pleberio-----Alisa                           [Alberto--------Claudina]
(padre)    |  madre)                           (padre       |     madre)
                |                                                          |
         Melibea<--->Calisto:   Sempronio,    Pármeno;                Tristán,    Sosia
               |                              (criado)            |   (criado)           (criado)   (criado) 
               |                                       |              |                                |               |
        Lucrecia<--->[Tristán]------------------------------------------- |  | 
         (criada)          (criado)           |               |  [Eliso --- madre]   |               |
                                                        |              |              |                |               |
                                                       \/              |              |                |               |
                Celestina:                   Elicia   &     ----- >Areúsa <-------  <--------
 (ramera, alcahueta, bruja,            /\  (primas rameras)  /\
   cirujana, «Avon Lady», etc.)      |                                 |
                                                       |                                 |
                                                  Crito                       Centurio (rufián) 
                                               (putanero)                         |
                                                                                         |
                                                                                Traso el cojo (rufián)

PERSONAJES

- Celestina es la que dirige la obra entera, aunque Calisto y Melibea aparezcan como protagonistas; éste es el hecho que justifica el cambio de título. Es, sin duda el personaje mejor logrado y a la vez el más complejo de los personajes creados por Rojas. Sobre este personaje se han cargado todos los calificativos imaginables, hasta el demoníaco y Celestina no es un personaje demoníaco sino humano en el sentido de que su existencia sólo es posible porque existe una sociedad urbana que de alguna manera la necesita. Celestina es un personaje que vive del vicio y de las bajas pasiones de los demás y todo ésto lo aprovecha en beneficio propio. Lo que sí hace Celestina es servirse de todas las artes, desde la hechicería a las ocasiones para lograr su propósito: dinero, porque la gran pasión de Celestina es la avaricia; la avaricia es la que la lleva a pervertir a los criados de Calisto: por avaricia no se detiene ante nada ni le importan los medios que halla que poner. Sus conocimientos de la naturaleza humana, el engaño, la falsedad, la pretendida compasión, el cinismo, la ironía, la hechicería y sobre todo su inmensa experiencia, todo lo pone al servicio de su gran pasión.

Celestina ha pasado a la posteridad como la encarnación de la moral sin escrúpulos, puramente utilitaria, para lo que todo es lícito si es en provecho propio; no repara en medios para lograr sus objetivos, y el proceso de perversión a que somete a los criados de Calisto es algo cercano a lo demoníaco. Importante también es señalar que Celestina ama su oficio y lo realiza con el interés de un profesional, como otros realizan el suyo - según ella misma dice-. El fundamento de dicho comportamiento lo constituyen dos aspectos: su filosofía del amor y una definida actitud psicológica. Para ella, el amor es una fuente de vida que la naturaleza proporciona y, por lo tanto, es bueno, obra de Dios; además, en su vida ha sido ley y norte. Psicológicamente, ella goza al revivir, realizando su oficio, el esplendor de su juventud. Otro hecho que la define de algún modo es su importancia social como alcahueta, hecho éste digno de tenerse en cuenta a la hora de ver La Celestina como testimonio histórico social. En efecto, Celestina es reconocida, tal como es, de una manera general. Pármeno, en la descripción que de ella hace, dice que en todas partes está y todos la solicitan.

- Calisto, mozo noble y de notable ingenio, no posee la firmeza y determinación de Melibea. Es voluble, impresionable, fácil al desánimo y a la exaltación más apasionada. Los dos rasgos más sobresalientes de este nuevo amador son: por un lado su total enamoramiento, es un poseso del amor, lo cual le hace andar completamente abstraído, en ocasiones como un sonámbulo; y por otro su egoísmo y su inseguridad. El enamoramiento le lleva a las alabanzas más incontenibles, y a veces sofisticadas, de Melibea. Cae así en los esquematismos del amor cortés y en las exageraciones propias de los amantes, fruto no de la razón sino del corazón. Encarna el amor ciego, la pasión desatada, pasión que le esclaviza hasta convertirle en un personaje trágico. Otro rasgo de este personaje es su inseguridad. Es tan inseguro, que llega incluso a perder protagonismo a favor de Celestina y de sus criados, quienes de esta manera se agigantan como personajes imprescindibles en la obra. En cualquier caso, la pasión de Calisto le lleva a un profundo egoísmo que no repara en dádivas ni en ofensas. A Celestina y a los criados se los gana mediante riquezas y adulaciones, y, cuando le llega la noticia de que han muerto, su dolor parece inicialmente sincero, pero enseguida se apresura a justificar su muerte. A Calisto sólo le importa la consecución de sus deseos, por eso morirá víctima de ellos.

- Melibea, según el retrato de Calisto, podría hacernos pensar que estamos ante un tipo de mujer estandarizada, con resabios de dama del amor cortés y con rasgos de la nueva estética renacentista, y, efectivamente, nos hallamos ante un retrato estereotipado, ante un ideal femenino de belleza que es común al final de la Edad Media y a todo el Renacimiento. Un retrato que tiene más de ideal y de sueño que de real. Pero aunque el retrato físico de Melibea pertenece a un ideal de belleza propio de una época, no así su personalidad. Melibea es ya profundamente individual; sabe actuar de modo práctico y directo, buscando enérgicamente aquello que anhela. Melibea no es la joven cuya voluntad aparece ligada a la de los padres. No dudará en engañarlos, en fingir, en pasar ella sola a la acción para lograr sus apetencias. En este sentido, Melibea representa en la literatura española la primera gran incorporación del individualismo de la persona defendido por el Renacimiento. El proceso de su pasión está magníficamente expresado con verdadera intuición del alma femenina: desde el rechazo inicial, al comienzo de la obra, hasta su entrega apasionada a Calisto en el jardín de su casa, pasando por ese punto intermedio de fingidas protestas y pretendidos rechazos.

Melibea enamorada ya no se detendrá ante nada. Pactará con la vieja, engañará a su madre y se entregará a Calisto. Cede a su pasión: no le importan la educación, el recuerdo de sus padres, ni tiene escrúpulos que la atormenten; es una mujer enérgica, apasionada, e incluso arrogante porque lo exige su pasión. Pero el azar, la fatalidad o el destino acabarán con cualquier tipo de apasionamiento, como posteriormente en Romeo y Julieta o en Don Álvaro, el duque de Rivas. Entra, por tanto en la concepción moderna de la mujer. En posesión de una belleza idealizada, propia del Renacimiento afirma, sin embargo, a lo largo de la obra su poderosa individualidad, su fuerza y su pasión.

- De los padres de Melibea no nos podemos olvidar, Alisa y Pleberio, tienen más importancia social que dramática. Son el reflejo de un matrimonio burgués, orgulloso de su hija y confiado en su inocencia. Son dos personajes sobre los que no pesa el convencionalismo. Pero su seguridad y confianza en la hija facilitan los manejos de Celestina y, en definitiva, del desenlace trágico. Alisa aporta originalidad a la obra en cuanto a una casi total ausencia de la madre en nuestro teatro posterior. Es autoritaria, pagada de su posición e ignorante en todo lo que se refiere a su hija. Pleberio es padre amoroso y preocupado por la seguridad económica de su hija, de la que, en definitiva, también lo desconoce todo. Por otra parte, Pleberio, con su retórico discurso, dará el testimonio de la enseñanza final: su imprevisora paternidad permitirá que Melibea caiga en las asechanzas del loco amor.

- Los criados de Calisto y las pupilas de Celestina están trazados con innegable maestría y originalidad. Son personajes enteros y no simples, y fieles servidores. Pármeno, Sempronio, Elicia y Areúsa representan la incorporación al teatro de toda una realidad social: el mundo bajo de los criados y las prostitutas, propio del ambiente de la gran ciudad. Sus intereses y conflictos van paralelos a los de los personajes de alto rango. En la tragedia clásica sólo intervenían reyes, héroes e, incluso, dioses; sin embargo, en la obra de Rojas las gentes del pueblo entran a formar parte de la trama trágica, lo cual es una característica de la comedia humanística. Fernando de Rojas ha sabido captar la crisis social del siglo XV, señalando la situación socioeconómica del asalariado. El resultado ha sido que, con una audacia literaria inesperada, ha hecho intervenir en u obra a los criados y a las prostitutas como si se tratasen de personajes altos socialmente. Cada uno de los personajes constituye un mundo con sus problemas, preocupaciones y miserias, cosa que no se dio ni en el teatro anterior ni en el inmediatamente posterior, en el que el criado no es más que un intérprete de la voluntad del señor. En La Celestina, en cambio, los criados deciden, ponen condiciones, exigen, y a la vez son pieza clave sin la cual es inconcebible la marcha de la obra; hasta el punto de que, cuando Pármeno y Sempronio son muertos aparecen suplidos inmediatamente por Sosia y Tristán. Los criados de La Celestina tienen su pequeño drama íntimo y su gran pasión: el interés y la avaricia. Todo cuanto hacen es arrastrados por el interés y el ansia de medrar. Los criados de La Celestina son un reflejo de esa crisis social que vimos anteriormente y que llevó al criado a cierto grado de rencor y desprecio hacia el señor.

AMOR

- El amor, como se sabe, es el tema determinante, el eje de la obra, el que dicta y suscita el comportamiento de todos los personajes. Los dos únicos personajes que no resultan víctimas del amor son Pleberio y Alisa, los padres de Melibea, pero su papel en la obra es más simbólico, como portadores de los valores institucionales (la paternidad, la moral), que real.

La Celestina, como sacerdotisa de la realidad, domina todo el escenario, y sus advertencias, sus recuerdos y sus ardides ocupan gran parte del diálogo.

El modo de presentar el amor en La Celestina es complejo, ambiguo y a veces contrario a las ideas tradicionales recibidas por los jóvenes. Así, por ejemplo, en la literatura amorosa tradicional se respetaba cuidadosamente la separación de las clases sociales, atribuyendo a la clase alta doctrinas y refinamientos ante el amor que las capas bajas eran incapaces de experimentar, pero La Celestina, fiel a su postura subversiva ante los valores sociales establecidos, pone en tela de juicio la validez de esta distinción. Podemos distinguir tres tipos de concepciones amorosas:

1.- Parodia del amor cortés:

Como es sabido, las doctrinas del amor cortés dominaban desde el siglo XII en adelante gran parte de la literatura amorosa y caballeresca europea. No es fácil suponer que tales doctrinas formaran una teoría consistente de aplicación universal, pero se pueden detectar algunos principios en común: el amante como vasallo de la dama; relación amorosa secreta; exclusión de la idea de matrimonio entre los amantes; perfección y divinización de la amada; sufrimiento amoroso que le causa placer al amador...

Desde el primer momento, los lectores de La Celestina, familiarizados con estas doctrinas, debían darse cuenta de que el caballero y la doncella eran figuras paródicas y por tanto ridículas, del amor cortés. Pero, Calisto, no tiene en absoluto la paciencia del amante cortesano, ni guarda el secreto de sus relaciones amorosas, y la divinización de Melibea le lleva hiperbólicamente a convertirla en `su Dios'. Este mismo papel paródico del amor cortés lo desempeña Melibea, aunque de una manera más restringida. En realidad, la relación amorosa entre Calisto y Melibea más parece propia del amor romántico, apasionado, que del amor cortés.

Todo parece indicar que se trata de una concepción escéptica del amor. El amor de Sempronio y Pármeno por Elicia y Areusa está claro que procura explícitamente el goce físico. Calisto y Melibea, aparentemente, utilizan un lenguaje más ideal y literario. Una rápida lectura nos podría conducir a la interpretación de que las diferencias sociales entre criados y amos engendran un concepto distinto de las relaciones amorosas. Sin embargo, las palabras que emplea Calisto son una muestra de los tópicos del lenguaje amoroso que durará hasta el siglo XVIII, e incluso podrían interpretarse como una burla del citado lenguaje, que aparentemente no sirve nada más que para encubrir intenciones y deseos más concretos.

2.- El amor como locura.

Al lado del amor cortés y entremezclado con él, La Celestina maneja también una doctrina acerca del amor apasionado que, con el apoyo de teólogos, moralistas y médicos de la Edad Media y del Renacimiento representa el punto de vista ortodoxo sobre el asunto. Era el `loco amor' que el Arcipreste de Hita y gran número de tratadistas habían denunciado en sus obras. Este amor apasionado no se distinguía de la lujuria, y era una manifestación auténtica de la locura. Tratados de medicina de la época colocaban el loco amor entre los cinco tipos de demencia humana.

Calisto, por tanto, no posee una locura metafórica, sino real, y sus actuaciones y palabras, como continuamente insisten los que le rodean, exhiben un personaje con todas las características de un loco de verdad.

Melibea, por su parte, una vez que admite la pasión amorosa para con Calisto, también se comporta como persona loca, y no vacila en poner en peligro tanto su fama como la de sus padres, introduciendo a su amante de noche en su huerto y desechando todas las modalidades morales propias de una muchacha de estirpe aristocrática.

3.- El amor como sexualidad.

Celestina, basándose en lo que ha aprendido a lo largo de una larga vida dedicada al amor ilícito, es la encargada de proferir juicios y consejos relacionados con amor y sexualidad. Para la vieja, amor y acto sexual son términos intercambiables. Desde luego pasa por alto la doctrina ortodoxa, según la cual el acto sexual era sólo permisible dentro del matrimonio, y defiende la idea de que las finezas del amor cortés son meros gestos hipócritas mediante los cuales hombres y mujeres aparentan una sensibilidad en las cosas amorosas, cuya falsedad ella sabe descubrir con rapidez.

La sexualidad no es cosa privada. Así , la vieja quiere asistir como testigo experto al acto sexual de Pármeno y Areusa, y Melibea, ya loca de amor, no halla inconveniente en que su criada Lucrecia esté presente en el huerto mientras hace el amor con Calisto.

El `amor impervio' en La Celestina, destructor implacable de protagonistas, cómplices y familiares, aunque proceda de una larga tradición, representa una fórmula original. El `primer' autor quizá pensara en darnos una clave más explícita de la imposibilidad amorosa entre los dos jóvenes amantes; la causa de que su amor fuese ilícito o imposible. Rojas, en la continuación y versión definitiva del Libro, dejó a un lado ese problema y prefirió insistir en los síntomas y en los efectos de la mortal `enfermedad' que se oculta detrás del amor impervio. La trágica incongruencia que opone el desenlace de La Celestina al de otras obras similares como Romeo y Julieta, donde la incompatibilidad entre los amantes está bien marcada por la oposición familiar, debe tener una explicación. O bien esa explicación ha sido perdida a lo largo del proceso de creación del libro, o bien Rojas quiso llevar hasta su último extremo la imagen del amor sin finalidad, del puro amor sin camino, en el que los amantes viven un presente desinteresado de todo compromiso social, de toda previsión futura y de toda fórmula: `Haga y ordene a su voluntad. Si passar quisiere la mar con el yre; si rodear el mundo lleveme consigo; si venderme en tierra de enemigos, no rehuyre su querer' (XVI, 257).

Es importante señalar que es en el acto primero donde únicamente aparece la frase `amor impervio'. Como también es en este acto donde figura la única referencia al amor ilícito. Dice Melibea: `no puede mi paciencia tolerar que aya subido en coraçon humano conmigo el illicito amor comunicar su deleyte' (I, 24). La idea precisa del enamorado `perdido, desventurado, abatido, ciego...' (I, 47, 49) está profundamente marcada a lo largo de todo ese acto, de tan dudosa atribución, y sus conceptos se ajustan con exactitud al sentido etimológico del adjetivo `impervio'. Hay también una idea paralela o complementaria, un traslado de la 'ilicitud' al plano moral de la deshonestidad: `Y si hombre vencido del deleite va contra la virtud, no se atreva a la honestad' (HI, 56). La relación entre esta variante y el amor desordenado', característico del Arcipreste de Talavera, es indudable. También otros pasajes iniciales van dirigidos contra `los locos enamorados vencidos en su desordenado apetito'.

En los restantes actos de La Celestina se olvida un poco el carácter ilícito e inmoral, del amor entre Calisto y Melibea, pero no deja de complementarse con otros matices, que van precisando la esencia conflictiva y la presenció continua de obstáculos y dificultades inaccesibles, `tirar coces contra el aguijón' (II, 64), propia del amor impervio.

OBRA

- El primer ejemplar conocido de La Celestina data de 1499, y fue impreso por Fadrique de Basilea en Burgos. Así pues, se cumplen quinientos años de la edición princeps de esta magna obra de la literatura universal, la cual, aunque su autor deseara `celar y encobrir su nombre', sabemos que fue escrita por el bachiller en leyes Fernando de Rojas. Si bien no hay duda de que Rojas fue el autor de los restantes actos, no se sabe con certeza quién redactó el primero de ellos. La crítica no dispone de los datos suficientes para emitir un veredicto definitivo sobre la autoría única o doble. En cualquier caso, La Celestina, en su conjunto, constituye una de las pocas obras maestras de la literatura de todos los tiempos. Por tanto, podemos suscribir hoy la afirmación de que jamás se había visto ni en lengua romana, toscana, griega o castellana, una `obra de estilo tan alto, tan subido'.La erudición relativa a la historia de sus ediciones - así como los problemas críticos al respecto - es enjundiosa y conflictiva.

Limitémonos aquí a señalar que existen 2 versiones principales, una de 16 actos, y otra de 21 (partes integrantes de la obra son también: la Carta de `El autor a un su amigo', las octavas acrósticas, los argumentos, etc.). Esto tiene incidencia en los textos retardando el desenlace y añadiendo nuevos personajes. Aparece un 2º prólogo en el que añade los conflictos que hay entre todas las cosas de la naturaleza y explica por qué ha cambiado el título y ha alargado el texto (por el éxito que tuvo). Antes del último acto se añaden otras 3 en forma de conclusión. En sus primeras publicaciones la obra apareció con los títulos de Comedia de Calisto y Melibea, Tragicomedia de Calisto y Melibea, y en unas ediciones posteriores como en Toledo en el 1500 y en Sevilla en 1501, bajo Libro de Calisto y Melibea y de la puta Celestina. La más antigua que se conserva es la de Zaragoza, 1507. Luego hay otras ediciones destacables como la de Valencia, 1514, la que se considera la más completa. El título de `tragicomedia' se impuso en los primeros años, la posterioridad acabó conociéndola con el nombre de la alcahueta, La Celestina. Si en la obra, que abundan personajes de baja extracción social, lo que obligaría a considerarla como comedia, el final desgraciado y su contenido infausto y pesimista la identifican con la tragedia. La crítica posterior la ha considerado como novela dramática o novela dialogada. Lo cierto es que en su época debió de ser una manifestación del teatro para leer.

ESTRUCTURA

- La obra de La Celestina la vamos a poder dividir en dos partes: la primera parte, hasta el acto XII, presenta un ritmo ascendente de acercamientos múltiples alrededor y en función del principal: el encuentro de Calisto y Melibea. Hasta este momento, los acercamientos interesados se van sucediendo con mayor o menor dificultad. Calisto ante los impedimentos determinados por la ilegitimidad de su amor y las imposiciones sociales se alía con Celestina por mediación de Sempronio. Pármeno, más idealista y bienintencionado para con su amo, es, al principio, un impedimento que hay que destruir. Las muchachas de Celestina, Elicia y Areusa, desempeñarán un papel importante en la consecución de la necesaria asociación de Celestina, Sempronio y Pármeno. Celestina se encuentra con una doble misión: atraer como aliado a Pármeno, que la conoce bien y la desprecia, y, como proyecto último conseguir la claudicación de Melibea, misión ardua no por el modo de ser de Melibea sino principalmente por los comportamientos sociales que se le imponen. La corrupción de Pármeno se consigue definitivamente en el acto IX en el encuentro con Areusa; la atracción de Melibea, trabajosa y lenta, culmina en el XII.

La segunda parte, de línea descendente, se inicia también en el acto XII con el asesinato de Celestina, a manos de Sempronio y Pármeno. La muerte, ya anunciada varias veces en la primera parte, va a convertirse a partir de ahora en motor de la acción. Tras la muerte de Celestina, Tristán y Sosia comunican el ajusticiamiento de Sempronio y Pármeno en el acto XIII. En el XIX, única noche de amor completo, muere Calisto. El XX, el suicidio de Melibea, último eslabón de la cadena: Celestina, criados, Calisto, Melibea. Pero la muerte también está presente también en otros actos; por ejemplo, en el XV, XVII y XVIII con los planes de venganza de las muchachas de Celestina y, sobre todo, en el XXI, con el planto de Pleberio, que cierra la obra confirmando el triunfo de la muerte sobre el amor por la fuerza del destino.

ESTILO Y LENGUA

- Se pueden distinguir, en efecto, un lenguaje culto y latinizante, cargado de artificios, y un habla popular lleno de refranes y de expresiones vivaces. Sin embargo, la separación no es nítida; el uso de los diferentes registros del lenguaje no corresponde de forma absoluta a los estamentos sociales distintos - señores y plebeyos. -, sino que se entrecruzan ambas tendencias, dependiendo no sólo del emisor, sino también del interlocutor y del asunto tratado. No obstante, hay que apreciar una clara tendencia a la diferenciación.

El estilo elevado, por su parte, presenta una cierta moderación, si bien encontramos aún la frecuente colocación del verbo en el final de la frase, consonancias, amplificaciones, latinismos léxicos y sintácticos como el uso frecuente del infinitivo y el participio de presente. En cuanto a la crítica sobre el exceso de erudición, hay que decir que la abundancia de sentencias y alusiones históricas y mitológicas se interpretan hoy como una convención estilística análoga al hecho de que en el Siglo de Oro todos los personajes hablasen en verso.

También el lenguaje popular, tan rico en La Celestina, está sujeto a cierta mesura; es prudente el uso de los modismos del hambre y prescinde de dialectalismos y de formas de ambientación localista que le hubieran proporcionado fáciles elementos de comicidad y colorismo. En cambio, es de destacar la gran abundancia de refranes.

La obra está escrita en prosa y en forma dialogada, lo cual ha dado lugar a otro interrogante: ¿es novela o teatro? Su estructura esencialmente dialogada es el principal argumento para calificarla como obra dramática; sin embargo, su excesiva extensión textual, que habría supuesto un gran obstáculo para su representación escénica, dificulta su inclusión en el género dramático. La consideración de La Celestina como novela es también problemática. El género novela hace referencia a lo narrativo, mientras el drama parte prioritariamente de la acción. En La Celestina apenas existen discursos narrativos, abundando por el contrario la acción realista de los personajes. La Tragicomedia de Calisto y Melibea es una obra que fue escrita no para ser representada, sino para ser leída, característica que enlaza con la comedia humanística, género en el que se inspira la obra de Fernando de Rojas. Una de las estrofas escritas por Alonso de Proaza nos da la clave:

`Si amas y quieres a mucha atención

leyendo a Calisto mover los oyentes,

cumple que sepas hablar entre dientes,

a veces con gozo, esperanza y pasión,

a veces airado con gran turbación.

Finge leyendo mil artes y modos,

pregunta y responde por boca de todos,

llorando y riendo en tiempo y sazón.'

En La Celestina, la técnica del diálogo se manifiesta con suma perfección, pudiéndose distinguir diferentes tipos según la intención del autor: monólogos caracterizadores y ambientadores, importantísimos, ya que, al no estar destinada la obra para la representación, sirven a su vez de acotaciones dramáticas-, diálogos oratorios y diálogos breves de gran riqueza.

Escrita de forma impersonal, el autor parece estar ausente y no interviene para opinar o moralizar, aunque en la "carta a un su amigo" dice que escribe para ayudar a los jóvenes que se dejan cautivar por el amor. A lo largo de la obra no vemos ninguna indicación de lugar ni de tiempo, sin embargo, los personajes son al mismo tiempo reales y simbólicos: son tipos humanos que pertenecen a todas las clases sociales (caballeros, burgueses, criados, y parásitos sociales) que convivían en una ciudad castellana del finales del siglo XV y proporcionan un elemento "realista" y de "credibilidad" a la tragicomedia; pero más que un realismo descriptivo de los elementos externos de los personajes, el autor nos presenta una visión realista del interior de los personajes.
El amor que domina a Calisto y a Melibea descubre un loco egoísmo; la ambición de Celestina y los criados descubre que en sus corazones no hay más que avaricia y deslealtad. La tragicomedia está envuelta en una atmósfera pesimista, donde todos los personajes son víctimas de sus propias pasiones, como si fueran controlados por un poder fatal que los dirige hacia la destrucción. En la obra parece haber dos planos que se mueven simultáneamente, pero que son independientes. El mundo ideal, del amor y la belleza, está representado por los dos amantes, que viven en un mundo (egoísta) de ensueño; el mundo de la realidad brutal y cínica, violenta hasta el crimen, lo representan los criados, Celestina y sus muchachas. Pero unos y otros son locos, que no se rigen por la razón. Sin embargo, el castigo parece alcanzar a todos, culpables y no culpables. El autor nos presenta un mundo en el que no existe una providencia justa que gobierne y juzgue la vida humana, un mundo en el que las crecientes tensiones sociales están en el origen de gran parte de los problemas.

AUTOR

- Fernando de Rojas, `nascido en La Puebla de Montalbán', ejerció como abogado, poseyó una importante biblioteca, y desde 1517 vivió en Talavera de la Reina, donde llegó a ser alcalde mayor, y donde murió en 1541, siendo enterrado en el convento de monjas de la Madre de Dios; sus restos fueron hallados en la iglesia de este monasterio en 1936, y exhumados en 1968.

Judío converso, entre los pocos datos que conservamos de su vida, se sabe que fue testigo de descargo en un proceso que la Inquisición entabló en 1517 contra el judaizante Diego de Oropesa, así como en otra causa del mismo tipo -en 1525- contra su suegro, Álvaro de Montalbán. Fernando de Rojas estuvo casado con Leonor Álvarez, y parece que dejó tres hijos, Catalina, Álvaro y Francisco.

Es muy posible que la familia de los Rojas, judíos, emparentaran con algunos señores de la Puebla de Montalbán, motivo por el que nuestro gran liderato sostuvo siempre su condición de hidalgo; ello no significó el alejamiento de la gente de su linaje: su matrimonio con la hija de un converso sospechoso así lo demuestra. Esa doble condición, de converso e hidalgo, hubo de marcar la vida y la obra de nuestro autor.

Rojas alega en la propia obra que halló escrito su primer acto y él añadió los restantes. Tal afirmación ha sido interpretada de diversas maneras: posiblemente se trata de una simple convención literaria; Rojas descarga en otro autor la responsabilidad de la redacción porque teme las reacciones que una obra conflictiva como la suya puedan suscitar en la Inquisición y en la sociedad; finalmente, dicha afirmación ha sido contemplada como veraz.

La Celestina; Fernando de Rojas