Karl Marx

Biografía. Filósofo. Hegel. Religión. Teología de la liberación. Marxismo. Sandinismo. Pensamientos

  • Enviado por: Jose González Cambeiro
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 29 páginas
publicidad
publicidad

0. BIOGRAFÍA DE KARL MARX

Si evaluamos la importancia de un economista no tanto por su peso en la profesión ni por su reconocimiento académico si no por su influencia en la práctica, por su impacto en la existencia concreta y cotidiana de las personas, entonces no cabe ninguna duda: Marx es, con diferencia, el economista más importante de todos los tiempos.

Karl Heinrich Marx nació en la ciudad alemana, entonces prusiana, de Tréveris en el territorio de Renaia-Palatinado, el 5 de mayo de 1818. Sus padres fueron el abogado Heinrich Marx y Henrietta Pressburg. Aunque descendiente de una familia tradicional judía, Heinrich, era un librepensador kantiano. Pocos años antes del nacimiento de Karl, se convirtió al protestantismo para eludir las restricciones impuestas a los judíos en Prusia.

Los vecinos de Marx eran la familia de Freiherr-Ludwig von Westphalen, un culto y distinguido funcionario que le habló al joven Kant de Saint-Simon y quien Karl profesó siempre mucho afecto. En 1837 Marx pediría la mano de la bella Jenny von Westphalen y obtuvo de buen grado el consentimiento de su padre, a pesar de la diferencia de categoría social entre ambas familias.

Karl Marx fue un joven muy capaz e inquieto. Entre 1830 y 1835 estudió en el colegio de Tréveris, institución sospechosa de liberalismo y vigilada por la policía en ese último año se matriculó en la Universidad de Bonn, donde se unió a unos juerguistas, borrachos y alborotadores; fue encarcelado por escándalo público; se batió en duelo y fue herido cerca de un ojo. Finalmente, a instancias de su padre, se trasladó en 1836 ala Universidad de Berlín, donde permaneció hasta 1841. Para complacer a Heinrich estudia derecho pero se inclina más hacia la filosofía.

Karl tuvo siempre una espléndida relación con su padre; llevó consigo toda la vida una fotografía suya, que Engels puso en el ataúd de Marx cuando éste murió. Heinrich por su parte, que murió mientras Marx estaba en la universidad en 1838, se preocupó mucho por su hijo: le recomendaba insistentemente que fuese una persona amable, que se ganara el afecto y la consideración de los demás, que cuidara bien a Jenny.

Marx se une a los jóvenes hegelianos, aunque desconfía del idealismo y aspira a combinar la dialéctica hegeliana, el cambio constante y contradictorio, con el materialismo. Esperaba poder dedicarse a la docencia pero Bruno Bauer, quien le iba a introducir, fue despedido de la universidad por antirreligioso.

La próxima actividad, en enero de 1842, fue algo que mantendría durante muchos años: el periodismo. Empezó a colaborar en la Gaceta del Rin, nuevo periódico liberal patrocinado por comerciantes e industriales progresistas de Colonia. A los diez mese Marx se había convertido en su director. Su forma de ser era intolerante y despótica, pero bajo su efímera dirección, cinco mese, la Gaceta triplicó y llegó a ser muy influyente en Prusia.

Un diario conservador acusó a la Gaceta de ser comunista y Marx, que no sabía nada de comunismo, empezó a estudiar a los socialistas franceses, aprendiendo de paso el idioma. El periódico en manos de Marx empezó a tomar un tono cada vez más radical y finalmente el gobierno prusiano lo cerró a petición del embajador ruso, por sus críticas al zar.

En 1842 vino de visita ala Gaceta un colaborador llamado Friedrich Engels, que iba de viaje a Inglaterra a trabajar en los negocios que su padre, un importante industrial textil, tenía en Manchester. Marx creyó que se trataba de un enemigo político suyo, enviado desde Berlín, y lo despidió sin averiguar quién era.

En junio de 1843 Marx y Jenny se casan y se marchan a París, donde Marx dirige con el liberal hegeliano Arnold Ruge los Anales Franco-Alemanes. Allí Marx lee un artículo de Engels sobre economía política, donde Engels habla de Smith, Ricardo y James Mill como racionalizadores de la propiedad privada. A Marx le gusta mucho el artículo, se ponen en contacto cuando Engels vuelve de Inglaterra al año siguiente y comienza una amistad que ya no se interrumpirá.

En este periodo Marx y Engels perfilan su idea del cambió histórico como una fuerza superior a los individuos; toman la noción general de Hegel pero la proyectan hacia el futuro; la culminación del progreso histórico es el comunismo que vendrá después de la revolución, cuyo agente será el proletariado. Ambos amigos rechazan la visión de los socialistas que Marx bautiza como “utópico” (es decir, prácticamente todos los que no eran ellos), que pretendían que el socialismo se impusiera desde arriba, por miembros desinteresados de las clases superiores. Marx expone el esquema en un ensayo titulado Crítica de la filosofía del derecho de Hegel, donde aparece su famosa frase: la religión es el opio del pueblo. Engels tenía una vivencia directa de la clase obrera bajo el capitalismo inglés, que le serviría para escribir un libro sobre el tema y dio carne y vida al proletariado abstracto de Marx.

El largo brazo del gobierno prusiano llegó también a París y Marx marcha expulsado, junto a Engels, hacia Bruselas en febrero de 1945. En los próximos años Marx y Engels van a escribir juntos obras como La sagrada familia, en 1845, una crítica al idealismo hegeliano de Bauer y La ideología alemana, que tardaría casi un siglo en ver la luz, en 1932, donde los autores exponen su visión del materialismo, donde los autores exponen su visión del materialismo histórico y el poder de las clases dominantes. El comunismo de Marx y su creencia en las leyes inapelables de la historia lo llevan a romper con el principal socialista francés de su tiempo, Proudhon, a quien critica en Miseria de la filosofía, de 1846. Marx y Engels maduran ideas como por ejemplo: la historia es la historia de la lucha de clases, hay formas de organización económica o “modos de producción” que determinan facetas superestructurales como la religión o la filosofía, el comunismo futuro será una sociedad sin clases, etc.

Todas estas ideas aparecen con singular fuerza en un programa que, la Liga de los Justos, una sociedad secreta de artesanos alemanes emigrados a Londres, pidió a Marx y Engels que redactaran en 1847. La Liga, integrados los dos amigos en ella, cambia de nombre a Liga Comunista y el texto se publica en 1848 con el título de El manifiesto comunista. Es un poderoso panfleto que augura la victoria del proletariado y culmina con la célebre consigna: “Trabajadores de todos los países, ¡uníos!”. Aunque el Manifiesto fue poco leído en ese momento, no ejerció influencia alguna sobre los acontecimientos de 1848 y cayó en el olvido tras la derrota del movimiento revolucionario en París, pocos años después fue penetrando en Europa. Hubo una traducción inglesa en 1850 y el libro inició una larga caminata de best-seller hasta nuestros días.

Marx y Engels participan de la agitación revolucionaria en Bélgica y Francia, y pasan a Alemania. Marx invirtió todo su dinero y el de Jenny en la compra de un periódico, la Nueva Gaceta del Rin, cuyos mensajes se radicalizaron hasta que el gobierno lo cerró. Fue una época brillante de Marx como publicista. Lenin dirá en 1914 que el periódico ha sido el modelo nunca superado de lo que debería ser un órgano del proletariado revolucionario. El último número de la Nueva Gaceta fue impreso en tinta roja. Marx fue desterrado, tuvo que vender sus muebles para salir de Alemania y en 1849 la familia Marx llega a Londres, que será su lugar de residencia definitivo.

Las condiciones de vida de los Marx fueron durante mucho tiempo paupérrimas. Seis años viviendo en dos habitaciones miserables en el Soho. Jenny tuvo un hijo a poco de llegar, que murió en ese piso del Soho. En 1851 nació una niña que murió de bronquitis al año y Jenny tuvo que pedir dinero prestado para el ataúd. En 1855 nació otra niña, Eleanor, pero en ese mismo año murió Edgar, el único hijo varón que tenían. Era un chico muy inteligente pero delicado de salud y sus padres carecían de medios para cuidarlo. En 1857 nació muerto otro niño. La descendencia quedó entonces compuesta de tres mujeres: Jenny, Laura, que habían nacido antes, y Eleanor.

Marx era totalmente incapaz de trabajar para ganarse la vida. Engels, que estaba en Manchester, lo ayudó siempre con dinero e incluso con trabajo, puesto que escribió artículos por él en el New York Tribune, del que Marx fue corresponsal durante muchos años. En la primera etapa de Londres Marx escribe La lucha de clases en Francia (1850) sobre los sucesos de 1848, y El 18 Brumario de Luis Bonaparte (1852) sobre el golpe de Estado de diciembre de 1851. Son muchas las reflexiones interesantes que Marx presenta en estos trabajos sobre acontecimientos contemporáneos, algo similar ocurría, mucho después, con La guerra civil en Francia (1871) sobre la Comuna de París.

En 1851 obtiene Marx la tarjeta de lector para la biblioteca del Museo Británico: iba todos los días desde las 10 de la mañana hasta las 7 de la tarde. Acumuló una vasta erudición sobre prácticamente todo el pensamiento económico escrito hasta entonces. Su primer libro sobre economía apareció en 1859: Contribución a al crítica de la economía política. Marx ya está decidido a incorporar el materialismo a al economía y a sostener la determinación económica de la historia.

En 1856 muere la madre de Jenny y con su herencia los Marx dejan el Soho y se mudan a una casa más grande en Maitland Park. Pero siguieron los problemas económicos. Marx alegó que procuraba mantener las apariencias por sus hijas. Laura y Jenny fueron a un colegio privado, donde destacaron por su inteligencia. En su casa tuvo Marx un despacho en el primer piso, frente al parque. La habitación era un completo desorden: libros, periódicos, cigarros y latas de tabaco, cenizas, papeles por todas partes. Pero Marx sabía perfectamente dónde se encontraba cada cosa. La alfombra estaba gastada a lo largo de una senda entre la puerta y la ventana, por donde Marx se paseaba.

El año 1864 es importante para Marx. Por un lado muere, y le deja dinero, su amigo Wilheim Wolff, uno de los pocos camaradas alemanes con quien Marx y Engels mantuvieron amistad permanente: la posteridad lo recordará siempre, puesto que El Capital está dedicado a él. Por otro lado se funda en Londres la Asociación Internacional de Trabajadores de quien Marx llegó a ser cabeza rectora, aunque, como había ocurrido siempre, el gran autoritario que era Marx entró en conflicto con sus socios y camaradas, en especial con el analista ruso Bakunin, lo que acabó por fracturar la Internacional. De esta época es la fotografía más famosa de Marx, serio y con barba y cabellera canas, de aspecto patriarcal.

En 1867 aparece la obra de Marx El Capital. El autor lo anunció como en principio de una colección de tres libros pero sólo éste fue publicado en vida de Marx. En 1885 y 1894 Engels publicó los libros segundo y tercero, sobre la base de los manuscritos de Marx. Una historia de las teorías del plusvalor, que Marx pensó incluir como colofón de su obra, fue publicada en 1905 por marxista alemán Karl Kautsky.

La “crítica de la economía política”, tal es el subtítulo de El Capital, es una obra extensa y en general muy bien escrita, que llama la atención por su énfasis en la historia y su modelo de una economía capitalista.

Si a Marx en la práctica, le preocupaba la política, en la teoría estaba obsesionado con la historia y creyó haber descubierto en el materialismo la clave para desentrañar sus leyes. Profundizó la noción dieciochesca de las etapas de la evolución social y defendió la idea de correspondencia entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción para explicar el paso de una etapa a la siguiente. Su enfoque además, es holístico, es decir, aspira a explicarlo todo a partir de las contradicciones más o menos intensa de dicha correspondencia, desde el desarrollo industrial hasta los sistemas políticos y las religiones.

El historicismo de Marx da lugar a posturas que pueden asombrar al lector no avisado. Por ejemplo, Marx condena el capitalismo acerbamente, pero lo defiende frente a los “modos de producción” anteriores. Por eso prefiere que sean los británicos y no los indios, los que manden en la India. En diversas oportunidades expresa Marx su admiración por el vertiginoso desarrollo de las fuerzas productivas abierto gracias al capitalismo. Esta evolución, además, habrá de extenderse por toda la tierra, como afirma Marx en prólogo a El Capital: “ El país industrialmente más desarrollado no hace sino mostrar al menos desarrollado la imagen de su propio futuro”. Todos los países serán, en efecto, pasarán por una fase capitalista se desarrollarán y eventualmente las relaciones de producción capitalistas bloquearán las fuerzas productivas y generarán una contradicción creciente que sólo se resolverá con el derrumbe del capitalismo y la llegada de un nuevo modo de producción, el socialista.

De ahí también la lógica conclusión de que la revolución deberá iniciarse en los países capitalistas más avanzados. Sólo más tarde, tras comprobar que la escasa productividad revolucionaria del proletariado inglés afectaba la precisión de su esquema, admitió Marx la posibilidad de que el socialismo comenzara en países atrasados como Rusia.

Con este objetivo histórico siempre presente, Marx plantea en El Capital un modelo teórico del funcionamiento de una economía capitalista y lo acompaña de ilustraciones y casos concretos de sus muy abundantes lecturas para demostrar los horrores del capitalismo. Marx y Engels abonaron así entre otros muchos, la superstición, vastamente compartida de que el nivel de vida de los trabajadores cayó durante el siglo XIX.

A partir de un supuesto crucial que toma de Ricardo y lo exagera hasta el extremo -sólo la fuerza de trabajo asalariada crea valor- Marx demuestra que el capitalismo explota a los obreros en el mercado y les extrae la plusvalía, que es apropiado por los capitalistas en su carácter de clase dominante por tener la propiedad de los medios de producción. Pero los capitalistas no disfrutarán de esa explotación para siempre, ni la clase obrera padecerá para siempre miseria y desempleo, al que Marx dio un nombre espectacular: “Ejército industrial de reserva”.

Según Marx habrá un proceso de concentración y de formación de grandes empresas, con lo que los capitalistas se explotarán entre sí; el proceso de tecnificación acabará por reducir el tipo de beneficio y las oscilaciones económicas culminarán en una gran crisis final del sistema.

Aunque las predicciones de Marx no se cumplieron, su impacto político llevó a que los economistas estudiaran sus escritos con entusiasmo. Así sucedió por ejemplo con su teoría del valor, que al excluir al capital le llevó a muchas complicaciones a la hora de explicar los precios relativos, en el libro tercero de El Capital. Otro aspecto destacado incluso por economistas totalmente opuestos a Marx, como F. A. Hayek, es el análisis de los ciclos económicos en el libro segundo de El Capital. Aunque sus debilidades analíticas y los aspectos poco eficientes del socialismo final y su crisis final con la caída del Muro de Berlín fueron apartando a Marx de los circuitos académicos e intelectuales, hay que subrayar que sus trabajos científicos lo avalan como un muy buen econom,ista, aparte de que, por supuesto, su enorme influencia lo convierte en un personaje extraordinario.

Porque en efecto la crisis comunista no puede ocultar el hecho del notable éxito de esta doctrina. Hasta hace relativamente poco, aproximadamente la mitad del planeta vivía bajo regímenes que se declaraban herederos de Karl Marx. En la otra la influencia del marxismo era muy considerable entre los intelectuales.

La pregunta es: ¿por qué? ¿Qué tiene el edificio marxista que lo vuelve tan increíblemente poderoso y atractivo? Pues precisamente lo que Marx pretendió que tuviera y batalló para poner en el centro de sus preocupaciones: la historia.

El control de las leyes de la historia, la necesidad histórica del socialismo, es una idea fascinante incluso para personas inteligentes y muy liberales, como fue el caso, nada menos, que de Hayek y de Popper, que coquetearon con la izquierda. Karl Popper, que era hijo, al igual que Marx, de un abogado liberal admirador de Kant, de Humboldt y de Stuart Mill, se hizo marxista al final de la Primera Guerra Mundial. Ha escrito que él es un ejemplo de “una persona joven que se deja engañar por las apariencias de la demostración de la necesidad histórica del socialismo y cree en ella, pues siente que coopera a un profundo compromiso moral; incluso cuando ve también , como yo, que los comunistas mienten a menudo y emplean medios morales inadmisibles. Porque si el socialismo debe llegar, entonces luchar contra la venida del socialismo es notoriamente criminal; el deber de cada uno es fomentar la llegada del comunismo, para que todo lo que tiene que llegar se encuentre con la Menor resistencia posible. Como individuo uno no es lo suficiente fuerte y por tanto uno tiene que ir con el movimiento, con el partido, y apoyando lealmente; también cuando esto significa que uno tiene que secundar o al menos transigir con cosas que le repugnan moralmente”.

Esta idea tan poderosa, y tan falsa, de que la historia en vez de estar abierta está de alguna manera determinada, puede contribuir a explicar también el interesante fenómeno del comunismo en la práctica, que aunque fue ensayado durante décadas en docenas de países, en contextos geográficos y culturales muy distintos, siempre adoptó sistemáticamente una sola forma política: la dictadura. Es razonable pensar qu el dominio de las leyes de la evolución histórica imbuirán en los gobernantes un escaso prurito a la hora de suprimir o silenciar a aquellos de sus súbditos que osen desafiar esas leyes ineluctables.

El propio Karl Marx fue una mezcla de ambas dimensiones, la económica- histórica, donde realizó sus principales contribuciones, y la política, puesto que siempre mantuvo una intensa actividad en ese terreno. El último acto de la carrera política de Marx fue una crítica al programa que socialdemócratas y lassallanos habían elaborado conjuntamente en la ciudad de Gotha en 1874. Allí se encuentran indicaciones sobre la futura sociedad socialista en sus primeras etapas; nunca fue Marx tan claro sobre este punto como en Crítica del programa de Gotha. Condena allí el reformismo y habla de las desigualdades que permanecerían tras la revolución aunque no hubiera clases, y que sólo desaparecerían en el futuro, cuando el socialismo generase enormes riquezas colectivas.

En los últimos días la familia Marx vivió con más comodidad. Su fiel y entrañable amigo Engels se instaló en Londres y el matrimonio Marx hizo algunos viajes para cuidar su deteriorada salud. En 1882 muere Jenny, de cáncer. Y en enero del año siguiente su hija mayor, Jenny. Al poco tiempo Marx tuvo un abceso pulmonar. En la tarde del 14 de marzo de 1883 se levantó de su cama y fue a sentarse en su mesa de trabajo. Y allí lo encontró Engels, poco después, muerto por una hemorragia.

Eleanor, la hija menor de Marx, y su favorita, tuvo una existencia trágica y acabó envenenándose en 1898. Dejó una nota que decía :”Qué triste ha sido la vida estos años”.

Los hijos de Laura Marx y Paul Lafarge murieron en edad temprana. En 1912, cuando Laura y Paul tenían 70 años, se inyectaron morfina. Los encontraron muertos en la cama.

Los únicos descendientes de Marx fueron los cuatro hijos de Charles Longuet y Jenny Marx, y un hijo ilegítimo que tuvo Marx con Helene Demuth, su asistenta, en 1851.

Karl Marx yace enterrado en el cementerio de Highgate, en Londres.

1. INTRODUCCIÓN

  • Marx y Hegel

Marx estudió profundamente a Hegel y pensaba como él que la historia evoluciona hacia delante por tensiones entre contrastes (tesis- antítesis y síntesis) y cambios bruscos.

Pero mientras que para Hegel la fuerza que impulsa a la evolución es el espíritu universal, las condiciones espirituales, la fuerza de la razón; para Marx la fuerza que impulsa la historia son las condiciones materiales, las condiciones económicas, las situaciones sociales concretas.

  • Bases de la sociedad y supraestructura

Estas condiciones materiales, económicas y sociales forman las BASES DE LA SOCIEDAD que se componen de tres partes o niveles.

  • Condiciones de producción: Condiciones y recursos naturales, materias primas, clima, etc. que son los cimientos de la sociedad.

  • Fuerzas productivas: Herramientas, máquinas para trabajar las condiciones anteriores.

  • Relaciones de producción, se refieren al trabajo y relaciones de propiedad de los medios de producción. Estas relaciones deciden las condiciones políticas e ideológicas de la sociedad.

  • Después interrelacionada con la anterior y como reflejo de la misma está la SUPERESTRUCTURA donde se insertan: las leyes, la religión, el arte, la moral y la ciencia

    • Materialismo dialéctico (No mecanicista)

    Es la relación recíproca y dialéctica entre las bases y la superestructura

    • Lucha de clases

    La historia es una historia de lucha de clases de quien no tiene (proletario) contra quien tiene los medios de producción (capitalista).

    Como consecuencia de ello, Marx profetiza un párrafo esencial del “manifiesto comunista” en 1848: “al desarrollarse la gran industria, la burguesía ve tambalearse bajo sus pies las bases sobre las que produce y se apropia de lo producido y la par que avanza cava su fosa, cría sus enterradores, su muerte y el triunfo del proletariado es inevitable (idea que no se cumplió).

    .

    2. LA RELIGIÓN EN MARX

    Una de las principales constantes en el trabajo de Marx es su crítica a la religión y el mantenimiento de una forma de ateísmo.

    Una de las visiones que se puede dar de su doctrina contra la religión es la teoría de la alienación religiosa de Marx, con su concepto de hombre. Marx se basa en una visión del hombre como ser natural y genérico, caracterizado por una actividad libre y consciente, a través de la cual transforma el mundo natural; así se opone a toda consideración de la trascendencia. Para Marx sólo existe lo inmanente, es decir, el hombre y la naturaleza.

    El tema de Dios supone un aspecto fundamental en la problemática de la libertad porque, para Marx, la libertad es la realización efectiva de la naturaleza humana. El hombre es definido como el ser, por sí mismo, de la naturaleza. Condición para este autodesarrollo del hombre es la no-existencia de Dios. Un ser que debe su existencia a otro no puede ser libre.

    Como se puede apreciar, Marx introduce motivos antiteológicos en sus planteamientos de la libertad. Como hemos dicho anteriormente, hombre y naturaleza son los dos términos que configuran la libertad del mundo.

    Por ello se opone a todo discurso o concepción teológica que considera a la naturaleza como un obstáculo para la realización del hombre, para la libertad, y la concepción subsiguiente de que la libertad existe por la gracia de un ser trascendental.

    A. Schmidt expresa esta posición de Marx: “la libertad del hombre sólo está garantizada para Marx por la no-existencia de Dios. El hombre es algo esencialmente fijo e inmóvil... El hombre sólo llega a una conciliación de su esencia con su existencia si se reconoce como la causa de sí mismo”. Es decir, para Marx el hombre sólo cobra sentido desde la negación de Dios. Hombre y Dios son términos contradictorios.

    Además, Marx formula conjuntamente la concepción de la religión como enajenación, Dios como realización fantástica del ser humano, y la explicación del papel de la religión en cuanto manifestación de condiciones reales de existencia. La alienación religiosa que da circunscrita a la conciencia humana.

    La alienación religiosa se expresa en formas como la resignación, aceptación paciente del mundo existente, justificación trascendente de las injusticias sociales, complemento celeste de una sociedad opresiva, etc. ; que enmascaran, en definitiva, las verdaderas relaciones entre los hombres y entre naturaleza y hombre.

    Otra idea unida a la anterior en Marx, es que la felicidad real del hombre se consigue cuando éste consiga la superación de la religión como felicidad ilusoria del pueblo.

    Para Marx: “la crítica de la religión desemboca en la doctrina de que el hombre es el ser supremo para el hombre y por tanto en el imperativo categórico de acabar con todas las situaciones que hacen del hombre un ser envilecido, esclavizado, abandonado despreciable”.

    En definitiva, Marx plantea el problema de la superación de la religión, ligándolo con el establecimiento del control humano sobre las condiciones de existencia, y a unas relaciones conscientes y libres entre los hombres.

    O dicho de otro modo:

  • La religión es un producto de la conciencia humana tomada en un cierto condicionamiento social y es la expresión ideal de este condicionamiento.

  • La religión debe ser suprimida y no lo será más que suprimiendo el condicionamiento social que la produce.

  • Jean Lacroix opina respecto del ateísmo de Marx, “el ateísmo no es una superestructura del marxismo, le es absolutamente esencial”. Puesto que, la crítica de la religión, crítica de la sociedad económica y política están íntimamente ligadas. Es decir, la emancipación religiosa del hombre seguirá a su emancipación económica y política.

    Una crítica contraria al marxismo la dio en un sermón monseñor Von Ketteler (Alemania, 1871). Denunciaba el aspecto anticristiano del socialismo marxista contemporáneo. Algunos años más tarde, otro eclesiástico alemán, el capellán Hohoff, escribía que “ el cristianismo y el socialismo se oponen como el agua y el fuego”. Así, se aprecia el pensamiento de los religiosos respecto al marxismo.

    Marx también critica a otra religión como es el judaísmo, diciendo que la auténtica religión judía es la religión del dinero, y además, hace extensiva esta interpretación al cristianismo. Adorar a Dios o al dinero, es entregar el fruto de su trabajo, es decir, su substancia, a una entidad extranjera e insaciable. Como toda religión, la religión del dinero se traduce en un menosprecio de la naturaleza y en un envenenamiento del hombre.

    Analizado ya el punto de vista marxista, vamos a analizar el cristianismo frente al marxismo. Según el cristianismo lo que está en peligro es la extinción misma de la religión; es decir, el marxista niega radicalmente la posibilidad de que el cristianismo sobreviva en una civilización materialista. Con lo cual, lo que inmediatamente debe aparecer como monstruoso en el marxismo para el hombre de fe no es el riesgo de un trastorno cultural, ni siquiera el de las persecuciones religiosas, sino esta negación tranquila y radical del propio objeto de la fe: la existencia de un Dios trascendente que interviene en la historia del hombre para aportarle gratuitamente una salvación que, mediante sus propias fuerzas, sería incapaz de conseguir. Se llega a la conclusión de que entre el mundo de las verdades cristianas y el de las verdades laicas (donde abundan los marxistas) existe una frontera infranqueable; entre esos dos mundos no es posible ningún diálogo, ni siquiera intelectual.

    • Certidumbre e inquietudes del cristiano

    Si gracias a la luz de su fe el cristiano tiene la certeza de su origen y de su destino sobrenatural, no puede en cambio tener igual certeza sobre la perennidad de las formas culturales en las que se ha expresado hasta hoy su vida cristiana.

    Ante el ateísmo marxista, la certidumbre del cristiano permanece inquebrantable, pues para él no existe más verdad que esta única certeza final que es la de la fe. Las transformaciones del mundo podrían quitarle todo aquello que le han procurado en veinte siglos una civilización y una moral, a cuya edificación aportó a menudo lo mejor de sí mismo, para irradiar su actividad cultural; nada de eso afectaría a sus últimas convicciones mientras permanecieran en el fondo de su corazón la firme adhesión a los artículos de su Credo y la llamada de las Bienaventuranzas del Evangelio. En fin, no hay más que un solo punto sobre el cual el cristiano se opone al marxista en una antimonía insuperable: el ateísmo del pensamiento marxista. Sólo esta negociación radical del propio objeto de la fe cubre un foso completamente infranqueable entre el cristiano y el marxista.

    • Fundamentos de la opinión marxista de la religión

    Hegel:

    Marx toma de Hegel su método dialéctico (tesis, antítesis, síntesis), pero mientras que para Hegel es esencialmente razón, espíritu; para Marx el hombre viene determinado por las condiciones materiales, las relaciones de producción,... Dios, la religión es una invención del hombre para olvidarse de la alienación que sufre

    Feurbach:

    Su pensamiento, mejor dicho, su crítica de la religión llegó a influir decisivamente en el pensamiento de Marx. Trata de demostrar que el único objeto de la religión es el hombre, y que Dios es solamente el ideal de un pueblo, como se aprecia en su obra “Esencia del cristianismo”. Con este pensamiento se ve claramente que su concepción sobre la religión influyó de manera notable en Marx.

    3. TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN Y EL MARXISMO

    • Historia

    La doctrina social de la Iglesia impedía a los cristianos el estudio del marxismo, en la Encíclica Rerum Novarum (1891) se condena al marxismo porque excita en los pobres el odio a los ricos y pretenden acabar con la propiedad privada y sustituirla por propiedad común. Lo mismo ocurre en las Encíclica Quadragésimo Anno (1931)

    Tampoco los marxistas estaban preparados para el diálogo dadas sus condiciones teóricas (ateísmo y materialismo) y sus errores históricos (frentes populares)

    Hemos de tener en cuenta que en los años cincuenta Estados Unidos y la URSS al finalizar la Segunda Guerra Mundial se reparten el control del mundo y se desarrolla una concepción dualista político- religiosa según la cual los creyentes cristianos son los buenos y los marxistas son los malos. Esta concepción da pie a la guerra fría con un anticomunismo visceral de los cristianos y odio a los marxistas.

    La fase inicial del encuentro se da en 1959 cuando se convoca el Concilio Vaticano II con la renovación de la Iglesia en el mundo católico y en el mundo comunista con la muerte de Stalin y el XX Congreso del Partido Comunista en Moscú

    Entonces comienzan los compromisos cristianos más radicales en política sobre todo en Latinoamérica y Brasil aunque muchos católicos pierden la fe al entrar en la política (como el caso de Camilo Torres que muere en la guerrilla en 1966).

    Dado su antagonismo ideológico la fase inicial de diálogo de marxistas y cristianos se da en la práxis, en la realidad.

    Por un lado la nueva izquierda abandona sus dogmatismos y se abre a nuevas posiciones (nace el Althusserianismo francés con nuevos postulados ideológicos); y fracasa el desarrollismo en Latinoamérica, Frondizi en Argentina, Betancour en Venezuela y Frey en Chile.

    En 1968 se conmueve toda América Latina con la muerte de 400 estudiantes en la Universidad de México, cae Organía en Argentina, fracasa la democracia cristiana en Chile (1964) y se realiza un encuentro trascendental en Medellín.

    Nace con Salvador Allende en Chile (1970- 1973) el primer trabajo conjunto de cristianos y marxistas fruto de una emergente teología de la liberación y del movimiento cristiano para el socialismo, inspirados en la experiencia de diálogo en Francia entre cristianos y marxistas.

    Fidel Castro llegó a exclamar: “Ha llegado la época en la que la religión puede entrar en política en relación al hombre y sus necesidades materiales, el cristianismo revolucionario bebe abrir camino para la acción junto a la clase trabajadora y el pueblo latinoamericano”.

    Y Luis Corbalán, secretario del Partido Comunista chileno, escribió: “En estas condiciones la religión pierde el carácter de opio del pueblo pues se compromete con el hombre y es un factor de lucha y de paz”.

    La teología de la liberación es un claro fruto del concilio Vaticano II que hizo posible el fenómeno Medellín (Colombia 1968) en cuya ciudad la Segunda Conferencia general del Episcopado Latinoamericano toma conciencia de la marginación del continente y asume como lema fundamental: “La opción preferencial para los pobres, a al vista de la injusticia que clama al cielo”.

    Esta opción por los pobres comporta un compromiso de lucha y solidaridad; la concepción que tiene el Vaticano II de la Iglesia no sólo como misterio si no como pueblo de Dios, supone un giro copernicano de toda la teología anterior.

    A partir de todos estos criterios y experiencias, en 1964 un grupo de teólogos piensa que la teología vigente, sobre todo europea, no resulta adecuada para estas realidades y surge la Primera Sistematización de la Teología de la Liberación. Aparecen tres libros decisivos:

    • “Teología de la liberación. Perspectivas”. Gustavo Gutiérrez. 1971

    • “Desafío a los cristianos”. Hugo Assman

    • “Cristianismo, opio o liberación”. Rubén Alves

    Los puntos clave de la teología de la liberación son tres:

  • Es una teología política. Es una reflexión crítica de la práxis histórica a la luz del evangelio, su reflexión arranca de la realidad humana, social e histórica para repensar las relaciones de injusticia que se ejercen sobre los pueblos pobres. Analiza los condicionamientos políticos, económicos y sociales que marcan la existencia humana inevitablemente llena de tensiones y conflictos.

  • Método. El método consiste en aceptar que el pensar va después del hacer; primero es la práctica y el compromiso y luego la reflexión. La teología tradicional partía de las cosechas teológicas, no de los hechos; sin embargo en la teología de la liberación los hechos son lo primero que se debe analizar. Esta teología no brota del interés científico o académico si no de los problemas humanos de carne y hueso, del compromiso humano para cambiar y mejorar el mundo. El acto de pensar no sólo es reflexión buscada en la teología si no que debe de contribuir al proceso liberador de los problemas que están en la calle, por eso la filosofía no es la única sierva de la teología, existen otras ciencias como las sociales y humanas que emplean esta teología para explicar la fe que se realiza en unas condiciones históricas concretas.

  • Su espíritu está en el pobre. Es preciso hablar de Dios desde la opción por los pobres que son aquellos que se ven privados tanto de los bienes materiales y biológicos cómo de los bienes culturales, religiosos, etc. y además se amplía esta pobreza a las clases explotadas, a las razas marginadas y a las culturas despreciadas. Ellos son el lugar teológico para comprender la revelación de Dios y captar la salvación que tiene Jesús. Hay tres niveles de pobreza:

  • Nivel 1º - Pobreza material: la gente que se muere de hambre, que es analfabeta y explotada por los detentores del poder. Es una especie de muerte lenta que abarca al hombre, a la raza y a los continentes que contrasta con la idea de resurrección que anuncia el evangelio y posee un carácter colectivo porque pertenece a sociedades, pueblos y continentes y que sólo la solidaridad entre todos puede redimir.

  • Nivel 2º - Pobreza espiritual: de abandono y miseria en formación, en espíritu, en cultura y religiosidad. Este segundo nivel crea fraternidad.

  • Nivel 3º - Pobreza que implica transformación del orden social existente que implica una práxis liberadora hacia una sociedad justa.

  • La base bíblica consiste en:

  • Estos puntos anteriores los apoya el texto bíblico. Por ejemplo, el Dios del Éxodo (Antiguo Testamento) legitima el levantamiento contra el faraón mientras que Jesús se hizo pobre para liberar a los pobres, según Mateo (Nuevo Testamento) “cada vez que lo hicisteis con el más humilde de mis hermanos, a mí me lo hicisteis”.

  • El lenguaje de la teología de la liberación. El lenguaje que utiliza está teología es profético. El primero era el contemplativo y denunciaba la injusticia; éste hunde sus raíces en la gratuidad del amor de Dios.

  • Cristología. Se enfoca desde el Cristo pobre y liberador de las condiciones económicas, sociales y políticas que los grupos dominantes imponen a los oprimidos, por eso a Cristo se le ve en sus momentos más duros contra los dominadores de su tiempo y el Cristo místico y vivificador que promete la vida después de cambiar las condiciones reales existentes.

  • La Eclesiogía. La Iglesia es vista como pueblo de dios, peregrino e itinerante, abierta a la aventura histórica de los hombres, organizada en comunidades eclesiales de base con un hondo vivir comunitario, llena de solidaridad, compromiso y exigencia, donde el camino tiene más importancia que la institución, la oración se vive dirigida hacia la acción para convertir la fe en una exigencia de cambio de las estructuras de dominación y riqueza. Es preciso que la Iglesia institución abandone la riqueza en la que está instalada y empiece a caminar hacia la Iglesia carisma.

  • El misterio de la Trinidad. Se explica en modelo de comunión, Dios es uno y trino como modelo de comunión convivencia y solidaridad respetando las diferencias.

  • Finalidad última.

  • Esta teología busca después de examinar las causas y razones de los hechos:

    - liberación personal del hombre a través de la historia

    • liberación política de los aspectos culturales y económicos que lo dominan

    • liberación religiosa del pecado y de las condiciones religiosas opresivas buscando la solución en Cristo

  • Tendencias actuales. En las últimas tendencias de la teología de la liberación se han radicalizado sus conceptos. El marxismo no se utiliza sólo como elemento teórico e instrumental si no que recurre a categorías marxistas como: alienación, explotación, práxis, medios de producción, releyendo ya el marxismo desde una perspectiva cristiana como hizo Santo Tomás con Aristóteles o Karl Rahnner Heideger. Los conceptos anteriores no son sólo el método si no que son conceptos estrictamente cristianos.

    • Crítica a la teología de la liberación

    1º- No es teología sino antropología, ésta es la crítica más general a la teología de la liberación. Es una teología centrada casi exclusivamente en el hombre, no tiene casi nada de ciencia espiritual si no que es una obsesión política contra el capitalismo

    2º- Sus orígenes están en la moderna teología alemana de Rahnner, que se basa sobre todo en el transcendentalismo de Kant, el idealismo de Hegel y el existencialismo de Heideger, es decir, mucha filosofía política centrada en el mundo y el hombre y poca teología como estudio de Dios.

    3º- Es un estudio de la práxis marxista, como método utiliza la dialéctica marxista de la lucha de clases que desemboca en la revolución violenta y con estos parámetros es muy difícil encontrar un lugar para el diálogo evangélico no abordado de una de las tesis fundamentales del cristianismo: la reconciliación.

    Dice Gustavo Gutiérrez en su libro “Teología de la liberación”: “optar por el pobre es optar por una clase social contra otra, es tomar conciencia del enfrentamiento de clases y tomar partido por una de ellas”. Esto es marxismo puro y duro, es decir, la inteligencia y el estudio teológico desde la práxis marxista.

    4º- Su concepto de la Iglesia, no hay fronteras entre Iglesia y mundo, la historia mundana y la historia de salvación constituyen una unidad total, es una iglesia popular, politizada y revolucionaria

    5º- Papel del teólogo, el teólogo no parece ser competente para juzgar las leyes del desarrollo humano como lucha de clases. Sólo distorsionando mucho el evangelio se puede entender como instrumento de acción política y social olvidando casi por completo su sentido espiritual. La teología no debe deducir de sus principios acciones políticas concretas y es evitable que aunque la Iglesia puede enunciar la violación de los derechos fundamentales, corresponde a otros reformar el orden social y político, y parece claro que desde la teología no se puede anatematizar el sistema capitalista, si esto se asume se rompería la Iglesia como lugar de encuentro de todos, de ricos y pobres sin excluir ni a unos ni a otros.

    Predican un mesianismo temporal que reduce el crecimiento del reino espiritual al progreso de la justicia en la sociedad, construyendo un cristianismo como utopía revolucionaria.

    4. EL SANDINISMO Y LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN

    El sandinismo lleva a la práctica la teología de la liberación apoyado por los cristiano- marxistas ocupando por la vía revolucionaria el poder. Hay una unión contra la dictadura Somocista y la Iglesia nicaragüense (obispos, sacerdotes, pueblo).

    Su objetivo principal es, siguiendo las pautas de la teología de la liberación, liberar al pueblo primero de las condiciones políticas dictatoriales que regían Nicaragua y en segundo lugar liberar al pueblo de las condiciones económicas de extrema miseria ya que la dictadura controlaba casi exclusivamente los medios de producción y en tercer lugar, liberarlo de las condiciones espirituales impuestas durante mucho tiempo por el régimen de Somoza.

    La revolución sandinista fue dirigida por sacerdotes y ex sacerdotes católicos partidarios de la teología de la liberación.

    Miguel D'Escoto, Tomás Borge, Daniel Ortega y Ernesto Cardenal y la muerte de muchos cristianos latinoamericanos, en especial la de Monseñor Oscar Romero y el jesuita Ellacuría, etc. sellaron la práxis de estas teorías.

    Sólo la Iglesia acogió en sus comunidades a los perseguidos por los regímenes dictatoriales implantados en casi toda Latinoamérica

    Acabamos con unas palabras de Fidel Castro: “La teología de la liberación es un reencuentro del cristianismo con sus raíces, con su historia más hermosa y heroica, y que obliga a toda la izquierda a considerarla como un acontecimiento esencial en la época actual”.

    5. VISTA DEL PAPA A CUBA

    El pasado mes de enero el Papa Juan Carlos I viajó a Cuba, el último reducto occidental del comunismo, y por tanto de las ideas marxistas. Este viaje, es un indicio claro de que las ideas y pensamientos en Cuba están cambiando, y aunque Fidel Castro se reafirme en sus convicciones marxistas, está claro que la reacción de los cubanos ha sido e apoyo al Papa y con ello al catolicismo.

    Esta idea se ve reafirmada con las más de 250.000 personas que se concentraaron de una manera masiva en Camagüey, o lo que es más claro, las más de 200.000 que se dieron cita en la Plaza de la Revolución de La Habana en la misa oficiada por el Papa, siendo esta plaza el lugar más simbólico del castrismo.

    Esto hace entreabrir una puerta al cambio del paso del régimen castrista a una democracia, pero no un cambio radical sino gradual; y no va a ser de la política de Fidel Castro sino una reacción del propio pueblo cubano, ante una situación muy difícil, con los exiliados políticos, el bloqueo estadounidense, la poca libertad tanto política, de expresión de asociación que deja el régimen castrista.

    Cambie o no cambie esta situación, es significativo que un ateísta convencido como Fidel Castro, y por tanto un marxista en toda regla, deje que este viaje se realice, con las misas correspondientes en Camagüey y en la plaza más simbólica de la revolución castrista. Este hecho apoya la prescripción de las ideas comunistas, cuyo único reducto es Cuba, y parece claro que más tarde o más temprano el paso a al democracia, y por tanto la apertura al exterior será un hecho.

    BIBLIOGRAFÍA

    • BAAS, Emile “Introducción al marxismo” Editorial Nova Terra. 3ª edición. 1970

    • CHAMBRE, Henri “De Carlos Marx a Mao Tse- Tung” Editorial Tecnos. 1965

    • FORCANO, Benjamín “El sueño de los pobres” Editorial Nueva Utopía. 1992

    • POST, Werner “La crítica de la religión en Karl Marx” Editorial Herder. Barcelona. 1972

    • PRIOR OLMOS, Ángel “La libertad en el pensamiento de Marx”

    Editorial Universidad de Murcia y Universidad de Valencia. 1988

    • WACKENHEIM, Charles “La quiebra de la religión según Karl Marx”

    Ediciones Península. 1ª edición. Barcelona. 1973

    13