José Delfín

Biografía. Arte venezolano. Arte popular. Escultura. Folklore venezolano. Religíon. Esculturas de barro. Esculturas de madera. Hechos históricos. Obras

  • Enviado por: Jose Delfin
  • Idioma: castellano
  • País: Venezuela Venezuela
  • 17 páginas
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Artista de Anzoátegui.

Hombre amoroso de acción y pensamientos

holísticos. (1-8). Puerto Píritu, 14, Marzo de 2007

'José Delfín'

JOSE DELFIN. ARTISTA DE ANZOATEGUI.

HOMBRE AMOROSO DE ACCIÓN Y PENSAMIENTOS

CARISMATICOS

A manera de introducción

José Delfín Carrillo Garcia (Pachaquito, Puerto Píritu, Municipio Peñalver Estado Anzoátegui 2007).

Un hombre a carta cabal, en quien se unen toda una serie de caracteres o caminos que lo identificarán a través de su vida. Nada le es ajeno a este hombre, cuyo camino principal lo conforma el arte a través del color, en todas sus manifestaciones. Pero su vida habría que observarla de manera intensa, de forma natural y abierta. Desde las artes, mejor dicho, desde sus inclinaciones por las artes plásticas, por la pintura, literatura oral, se desprenden varias directrices. Entonces habrá en él un amor por el color, por su pueblo por lo cotidiano, la religiosidad, la cultura popular; un amor por la historia patria, contemporánea o pasada; una querencia hacia el color, amor hacia la naturaleza, el paisaje oriental; apego fundamental al trabajo y una conciencia política inusual, desprendida de su concepción de la justicia social.

Tomare palabras propias de José Delfín cuando expresa: “

“…Solo el color cambia nuestras vidas…”

José Delfín…

'José Delfín'

Querida Naturaleza,

Con esta simple reflexión comienzo lo que te quiero contar, mi historia, dedicada y escrita para el color y con color. Sé que la simple paradoja del color, se centra, en encontrar la verdadera búsqueda del mismo, por eso no puedo ver el mundo, si no está el color, el color que me permite identificar mis expresiones más profundas, como es, la pasión, el dolor, la alegría y lo más importante mis propios sentimientos.

Yo sé, que siempre me has permitido ver en todas las mañanas, lo profundo y hermoso de ti a través del color. Digamos que sonaría hasta impropio dirigirme a ti tratando de explicar una cosa que ya la sé. Aún cuando todavía nacemos la belleza…”

De allí puedo decir que los antecedentes de la obra de JOSE DELFIN va a estar enmarcada a través de características específicas de su vida. En principio, un interés increíble por las cosas mundanas, aunado a ello, la memoria prodigiosa que fue desarrollando. Por otro lado, nuestro pueblo, sobre todo el oriental, tiene predominio por la leyenda, el folklore, los cuentos de caminos reales, de los aparecidos y de los milagros, de los seres desconocidos y de la naturaleza pura. Todo ello ayudará a incentivar la imaginación del niño y del joven José Delfín que servirían de abono para cultivar y compilar, en su memoria y en sus escrituras, lo que observaba, lo que oía, lo que recogía. Amén de ello, está presente una educación donde la ética, la moral (de la que él después se burló, al considerarla, falsa y tonta) están a la orden del día. La religiosidad reinante es otro punto a tomar en cuenta, aunado a ciertas experiencias álgidas vividas que crearon en él un ambiente de paz y amor invocándole siempre al color, pues el creía que en el color está la forma de expresar su felicidad. La pequeña historia, familiar, amorosa, colorida que tuvo a través de su padre el profesor José Delfín Carrillo más que todo contada, será un punto fundamental.

En otro orden de ideas, dentro de la herencia estrictamente familiar, su padre y su madre Doña Zaida con mucho amor lo empujaron a entender y comprender el por qué de la vida, seria entonces estudiante, abogado y hasta juez, le permitió entender su comportamiento locuaz, chistoso, ocurrente y también amigo de corazón humanitario y padre abnegado de sus tres hijos José Delfín, Dana y Rebequita. Su madre Doña Zaida Juliana será espiritual, bondadosa, de fuerte carácter, pero ingenua, “bonita y fina”, como la describe su mismo hijo José Delfín.

Religiosidad y folklore en José Delfín

Dos de los puntos trascendentales en la creación de la obra de José Delfín serán su apego, su relación con los motivos religiosos que en muchas circunstancias se unen con el folklore, con la leyenda, en unos casos más que en otros.

En este sentido podemos examinar obras como “José Gregorio Hernández”, donde se exalta la figura del llamado “Médico de los Pobres” quien aparece “figuradamente”, en la talla, en la parte superior su figura y en la parte inferior, la historia de su vida en la populosa vecindad de la Pastora, que él conoció y el día en que ocurrió el desagradable momento del accidente que le quitara la vida, como imagen transparencial, invisible, etérea, acompañado de un bello paisaje de la Caracas antañal que haría juego con otros elementos de la talla: casas, sombrero, calles, iglesia. José Delfín destaca la naturaleza (que sería otra constante en su pintura y talla, en su imaginario artístico), el hecho sobrenatural, la creencia, la fuerza de una figura siempre emblemática para el oriental y venezolano, marcado en nuestro gentilicio. De modo que religiosidad y folklore se unen en esta obra.

“La Niña de Petare” constituye otra reafirmación del folklore, de la leyenda, de la religiosidad. Si no, fíjense ustedes, en ciertos detalles de la talla como los trajes y atuendos de las mujeres, la presencia de las carteras, la figura de Cristo, como idea, recuerdo o aparición, al final de la obra, al lado del templo católico

“Dulce Nombre de Jesús de Petare” y la “actitud psicológica” de cada una de las mujeres. Pareciera que quien lleva la batuta referida a los corrillos de pueblo es la misma niña a lo largo atuendo impregnado de color.

La religiosidad, la superchería, las creencias se encuentran de nuevo, dentro del imaginario artístico de José Delfín, al realizar la obra “La Dolorosa”, especie de Virgen, de mujer sola y sabia.

Indudablemente se trata de una manifestación de nuestro sincretismo venezolano y oriental, donde se unen el folklore, la religiosidad, los mitos, los ritos.

Observen por ejemplo elementos reinantes: las tallas alusivas a los héroes o a religiosa o histórico como, animales que nos vienen desde la iconología prehispánica o indígena como las ranas, los murciélagos, las cruces, las velaciones, el mito del Morro Gallo de los indios Píritu. La figura central aquí se agiganta, se hace mítica y sabia, poderosa en cuanto a sus conocimientos y en cuanto a “su dominio” de otras realidades recónditas.

Aparece aquí, como en otras obras la perspectiva renacentista, el predominio de la figura central, como lo proponía Leonardo Da Vinci, en el Renacimiento, que José Delfín había estudiado, como otros temas universales, a los que haremos comentarios en su tiempo respectivo. “La Madre Naturaleza” será otro ejemplo de reivindicación de nuestro folklore, unido o los diablos danzantes de Yare que a muchos nos asustó cuando estábamos pequeños; con ellos nos metían miedo bien para comernos la sopa, para hacer caso (ser obedientes), para portarnos bien.

Las figuras alargadas, otra constante en las tallas de José Delfín, aunque estén agrupadas o en multitud de mensajes en la parte inferior, no pierden su individualidad, su autonomía pues están hechas una por una, como si fuese un gran mural, técnica que también utiliza José Delfín.

“Bolívar el Grande”, es una talla envolvente de color en donde convergen toda una gama de colores inolvidables que permite mantener la pieza en constante movimiento y donde a través de su mensaje se logra desdoblar las personalidades, donde la fantasía impera, al lado de una buena fiesta, y bienvenida como la recibió nuestro héroe de la patria un 14 de junio con su triunfante entrada en Caracas por cierto la última vez que pisa la tan ansiada Caracas.

Más adelante hará “Bolívar el pensador”, donde otra vez exaltará el heroísmo venezolano, en la ciudad de Lima. Lo mismo sucederá con dos obras claves del artista: “La Negra de Petare” y “el Niño Bolivar”, una mayormente masificada que la otra, ambas de fuertes colores, de recio cromatismo, de exaltación de nuestras creencias y de nuestro patrimonio. En ambas obras, José Delfín hará el paisaje venezolano colonial citadino, a sus montañas, a sus crepúsculos, noches, días y a su vegetación.

Un ejemplo más de religiosidad y de vida de nuestro pueblo, lo aportará la talla en madera “EL CRISTO DE JOSE”, en la cual, por un lado, reina la figura central de Cristo, crucificado, y por otro lado, el mensaje de la leyenda del Cristo de José en su tierra oriental.

Curiosamente esta obra de José Delfín se hace acompañar con una mirada fija de Cristo Redentor.

Amor e intereses por la historia patria o por la historia de la humanidad

José Delfín demostrará amor e interés por la historia de nuestra patria o por la historia de la humanidad, por los sucesos acaecidos en su tiempo de vida. Esta característica se dará a partir del testimonio oral recogido por el mismo o en base a sus lecturas de libros, periódicos. Un libro que lo marcará será Las Cartas de Bolívar. Dos ejemplos patéticos, tan reales como universales, se perciben en las obras “Bolívar el pensador” y “Manuela Saenz”.

En la primera obra, la escena es realmente aleccionadora, creativa, con una figura estilizada, de mirada fija y transmitiva de pensamientos. La figura se presentan con traje militar tan interesante e intensa que es el producto de las diversas épocas del artista. José Delfín consigue impactar y llamar la atención sobre este hecho humano y la infancia a partir de los mensajes superpuestos en las tallas, trabajo éste único en Venezuela, ya que las tallas son desdobles de tallado en madera y mensaje en colores, encaramados el uno sobre el otro, con pinceladas encontradas por doquier, con rostros cuyas expresiones se mueven entre el color y la vida, entre la felicidad y el amor, con expresiones cargadas de energía. Todo ello se debe a la conciencia histórica que desarrolló José Delfín y que la talla y pintura sólo es un medio para transmitir su mensaje, para ser oído, para decir, nunca un fin termina allí. De igual manera José Delfín se vale de la pintura para explicar todo en sus tallas.

En otras obras, existes un canto hacia la épica, hacia los valores patrios, hacia la gallardía, la valentía que reivindica el hecho guerrero, celebrado en la lejana provincia de Clarines y Píritu, conectada con la gesta emancipadora, con la historia grande de Venezuela, por lo que se adelanta a hacerle un reconocimiento a un hecho acaecido en Oriente como lo es la Huida a Oriente de Bolívar. Aquí la movilidad virtual se consigue debido a las múltiples escenas o situaciones planteadas, a manera de película; vemos otra vez la relación entre oralidad, literatura oral, historia, talla y pintura, como hechos dentro de la visión holística y el imaginario artístico de José Delfín. Este también se interesará por la historia de los indígenas, de los Píritus, Kariñas, nuestros antepasados, con sus mitos, el Morro Gallo, como lo podemos ver en su taller.

Este interés por la historia, por supuesto, que tiene que ver con sus reflexiones, su manera de ver al mundo, su concepción de la justicia social, sobre todo con su conciencia como hombre de su época que deploraba el imperialismo, las injusticias sociales.

Amor e interés por el arte

José Delfín tomó interés por el arte, por la pintura, talla y escultura desde los 9 años, cuando sólo la tradición de los sus abuelos podía enseñarles más bien los secretos de la tradición. Transmitido por su abuelo materno Don Nicolás García, quien era carpintero de profesión y que le permitía jugar en su taller de ebanistería cuando era niño, mientras que su abuela materna Doña Delvalle le contaba las historias del pueblo de Barcelona.

Sin embargo, no habría que ver en José Delfín a un hombre interesado por la pintura o la talla en madera o barro como un fin en sí mismo, así como no hay que verlo como a un cultivador de la oralidad per se. Estos son medios más bien para expresarse, para decir lo que su caudal pensante siente, vive. Así lo hará también cuando crea por ejemplo reflexiones acerca de lo que él llamó mensajismo, dentro de las artes, donde podía reunir pintura y talla simultáneamente con paisajes y emblemas, entre cuentos y tradiciones, entre figuras y naturaleza, en donde podía aparecer una imagen o varias a la vez, o en donde la imaginación y leyenda de los pueblos del mundo, incluyendo el de Píritu, Clarines, Caracas antañal representa más bien un puente entre la cultura de de los pueblos y su sabiduría autodidacta, que la da a conocer mediante el legado de la pintura, talla, del cuento, de lo narrado o recogido. Ahí reside además el carácter holístico de su creatividad, de su imaginario artístico, que aportará, en el transcurso de los años a Venezuela y particularmente a Anzoátegui, tierra de legado virgen y oriental.

Pero todo ello le proporcionará a nuestro artista a carta cabal una conciencia histórica y una conciencia del momento en que le corresponde vivir, caracterizada por su visión crítica de las situaciones, de los pareceres, del ideal bolivariano, tan vilipendiado en estos días nuestros.

Amor por la naturaleza y el trabajo

José Delfín, desde muy corta edad sentirá un gran amor por la naturaleza (como lo hace saber en su biografía), por el contacto con los animales, suele decir en la casa: “ Rebeca hay que tener en la casa un gato, un perro y un morrocoy, el gato para que arreche al perro, el perro para que muerda al morrocoy y el morrocoy para que diga que pendejos son los dos…”

Su madre Doña Zaida Juliana siempre adornaba la casa con flores y se sentía orgullosa de tener siempre animales en la casa. Siendo niño, José Delfín comenzó su atracción por la agricultura, el huerto familiar, las excursiones en familia. José Delfín llegaría a expresar que su dicha espiritual era la de contemplar las maravillas de la naturaleza a través del color, como mirar un cielo estrellado, una noche de luna clara, algún atardecer o anochecer, las visiones que podían producir las montañas, las rocas, los árboles, el sol, las fuentes, los pájaros, sus hermanas y sus hijos. Todo ello, como han visto y verán se refleja además en su talla “José Gregorio Hernández”, en las obras referidas al Niño Jesús, o como en la talla Bolívar el Niño en donde a pesar de su creatividad, destaca el paisaje, el caballito veloz de Simoncito con un cierto lirismo y nostalgia devenido de su alma, un interés por la naturaleza. En “La Madre Naturaleza”, José Delfín le canta a la naturaleza, a través de la mujer, como icono y sujeto realmente importante para su imaginario artístico. Y hay una figura emblemática que en muchas tallas aparecerá: es la figura de los árboles como símbolo de esperanza, de gallardía, de vigilia, de protagonismo, de reinado y de canto, donde lo demás son figuras minúsculas ante la avasallante presencia de los árboles, de la naturaleza y del paisaje.

El amor al trabajo le vendrá a José Delfín por la misma curiosidad de la vida y por herencia colectiva e individual. Trabajo como manera de realizarse, de ser creativo, de investigar, como cuando investiga y estudia el origen del morrogallo en nuestro Oriente, o cuando toma fotografías, estudia las plantas medicinales, realiza una talla, oye y se graba un cuento. Es decir, trabajo que no enajena, que es creativo, que es parte de la vida del hombre, como forma de ser, como manera de proyectarse y de sustento.

Así hay muchos elementos y caminos que podemos examinar en la vida y obra de este venezolano ilustre. Debiera ser siempre de manera global, completa, dinámica, de una relación gestáltica con el todo, con el universo que su Pachaquito, su Anzoátegui, su Venezuela, su América Latina, su mundo. José Delfín sigue dejando un legado maravilloso de sabiduría popular, de grandeza espiritual, de profundos conocimientos sencillos, amén, de preservar toda una magnífica herencia del hecho artístico siempre ligado a la vida.