John Maynard Keynes

Economía. Keynesianismo. Política fiscal. Demanda agregada. Invesrión. Desempleo. Política económica

  • Enviado por: Juncal Castanedo
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  • País: México México
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TEMA 16. JOHN MAYNARD KEYNES

Desde principio de los años treinta, Keynes se había interesado por la crisis del desempleo en EEUU e Inglaterra. El Consejo de Keynes era hacer un enérgico uso de la política fiscal (impuestos y gastos) para complementar el mecanismo de mercado del sector privado, que no conseguía resolver el problema de la ocupación.

La reacción de Kerynes ante los clásicos.

Los clásicos incluían, para Keynes, todo un conjunto de autores clásicos y neoclásicos, desde Smith y Ricardo hasta Marshall y Pigou (Keynes creía que los escritos de Pigou eran el depósito de toda la tradición).

La ruptura esencial de Keynes con los clásicos se produjo en relación con la ley de Say, que sostiene que la oferta crea su propia demanda. La creencia en la ley de Say implicaba que el desempleo no era posible.

En primer lugar, Keynes negó la Ley de Say. Para Keynes el equilibrio entre ahorro e inversión no era tan sencillo como para los clásicos. El ahorro y la inversión venían determinados por multitud de factores y no había ninguna garantía de que ambos condicionasen una actividad económica de pleno empleo.

En segundo lugar, las rigideces de la economía, tales como monopolios y sindicatos, obstaculizaban el movimiento de salarios y precios, que podría producir el ajuste al pleno empleo. Keynes creía que los trabajadores padecían “ilusión monetaria”; es decir, que su comportamiento estaba relacionado más con el salario monetario que con el real. Ellos rechazarían reducciones de su salario monetario.

¿Qué sucedería si los trabajadores estuvieran dispuestos a aceptar reducciones en sus salarios monetarios? ello significaría menores salarios reales y aumento del empleo si y solo si los precios permanecieran constantes.

Keynes argumentaba que los precios podían no permanecer constantes frente a los salarios monetarios decrecientes, porque significan que disminuye la demanda de bienes y sus precios; en resumen, los ajustes de salarios monetarios eran una vía ineficaz para atacar el desempleo.

El desempleo solo podía atacarse mediante la manipulación de la demanda agregada. Los trabajadores estarían dispuestos a aceptar los aumentos de los precios resultantes de un incremento de la demanda, dadas unas tasas de salarios monetarios estables. Tales aumentos reducirían los salarios reales, estimulando de esta manera el empleo. Keynes invirtió la proposición clásica: el empleo no aumenta reduciendo los salarios reales, sin que los salarios reales disminuyen a causa del aumento del empleo resultante de un incremento de la demanda agregada.

Demanda agregada

Keynes estudió los componentes de la demanda total de bienes. La principal es la función de consumo.

Una función de consumo relaciona el consumo de todos los bienes y servicios privados con el nivel agregado de renta. El consumo, como sabía Keynes, está relacionado con multitud de factores: expectativas sobre los precios, sobre la renta, instituciones... pero Keynes quería mantener estas variables en suspenso para considerar solo el consumo y la renta. Así pues, la renta puede consumirse o ahorrarse.

El punto importante para Keynes es que un nivel de producción generado por el consumo y la inversión no es necesariamente de pleno empleo. Keynes llegaba a la conclusión de que en una economía podía darse un nivel de renta de equilibrio que fuera inferior al de pleno empleo.

El papel de la inversión

La demanda de inversión viene determinada por muchos factores, entre ellos los rendimientos futuros esperados. La inversión real relaciona el coste de inversión del capital con los rendimientos esperados durante la vida de los proyectos de inversión. Keynes consideraba que las expectativas (que dependen de factores psicológicos) tienen efectos directos sobre la inversión y por tanto sobre la renta.

El gasto en inversión tiene múltiples efectos sobre la renta. Así pues la condición caprichosa de la inversión privada significaba que la predicción de la renta agregada era compleja y difícil. Pero aunque pudiera predecirse con un alto grado de exactitud, tales niveles serían de pleno empleo solo por casualidad.

Equilibrio con desempleo

Keynes argumentaba que los trabajadores podían estar involuntariamente parados. Los trabajadores, no ofrecían su trabajo con respecto al salario real, sino más bien al monetario. Además al sufrir ilusión monetaria no aceptarían una reducción de éste.

Consideraba que el trabajo se ofrecía en una cantidad N* a un salario W0 pero la demanda podría ser tal que al salario real (W/P)0 se demandara una menor cantidad de trabajo y con todo existiría equilibrio en el mercado de trabajo. El equilibrio de la economía podría alcanzarse con cualquier nivel de empleo. Los trabajadores, no aceptarían reducciones de los salarios monetarios, y aunque lo hicieran, los precios disminuirían probablemente en la misma proporción, originando el desplazamiento de la función de demanda de trabajo hacia la izquierda y manteniendo invariable el nivel de desempleo.

La demanda agregada tendría que aumentar para llevar a la economía al pleno empleo, Keynes creía que la inversión privada no lo conseguiría sola y sugería que el Gobierno actuara con una política fiscal para aliviar el desempleo y la subproducción.

La preferencia por la liquidez y el papel del dinero en el sistema Keynesiano.

Mientras los economistas clásicos consideraban que los individuos mantienen dinero por motivo transacción e incluso por motivo precaución, Keynes argumentaba que también lo hacían para especular en el mercado de bonos.

A la sociedad se le presenta la alternativa entre mantener bonos o dinero. Keynes teorizó que a tipos de interés altos los individuos preferirán mantener bonos. Sin embargo, a medida que disminuye el tipo de interés la compra de bonos se hace cada vez menos atractiva (el rendimiento disminuye) y los individuos preferirán mantener cada vez más dinero y menos bonos. Keynes había argumentado que el tipo de interés podía disminuir tanto como para que todo el mundo considerase el bono como una mala inversión. La trampa de la liquidez dice que a determinado tipo de interés positivo, la sociedad considera que la tenencia de bonos es arriesgada y en ese caso mantendrá dinero.

La existencia de la demanda especulativa de dinero significa que el mecanismo por el que éste influye en la renta no era tan simple como creían los clásicos. Uno de los mayores impactos del dinero sobre el gasto, la renta y el empleo, se producía mediante su efecto sobre los tipos de interés. Los tipos de interés bajos hacen que el consumo presente sea más atractivo que el futuro. La política monetaria podrá disminuir los tipos y de esta forma aumentar el gasto hasta el pleno empleo; dada la trampa de la liquidez, Keynes concluía que la política monetaria es impotente ante la depresión y el desempleo.

Precios y variación de los precios.

Keynes consideraba que los precios eran inflexibles a la baja pues prácticas como el monopolio podían impedir su descenso. ¿Qué sucedía si eran flexibles? Keynes creía que precios decrecientes y un conjunto de circunstancias adicionales podían mejorar la situación. Suponiendo que el stock monetario nominal permanezca constante, una reducción de precios aumentaría el stock monetario real, el tipo de interés disminuiría y la demanda agregada, la renta y el empleo aumentarían.

Keynes parecía creer que un nivel de precios decreciente que pudiese tener efectos sobre la economía tendría otros efectos perjudiciales como por ejemplo su influencia negativa sobre las deudas fijas de las empresas, o sobre las expectativas. La disminución de los precios puede suponer un descenso de la inversión. Keynes creía que la catástrofe económica no podía evitarse con un nivel de precios flexible y decreciente.

Keynes y la política económica.

Keynes no consideraba que los mecanismos del sector privado constituyeran una salvaguarda frente al desempleo prolongado. Podía existir un equilibrio por debajo del pleno empleo. La existencia de salarios y precios flexibles, aunque no era probable, no garantizaría el pleno empleo.

El Gobierno debía usar sus poderes para gravar con impuestos y gastar para influir en el ciclo económico. El gasto gubernamental podía financiarse mediante impuestos, ventas de bonos a la reserva federal u otros medios.

Keynes no creía que las inyecciones singulares fueran suficientes. Se requería un programa planificado de política fiscal. El Gobierno tiene que estar preparado para proporcionar las condiciones de pleno empleo.

Las ideas de Keynes penetraron en la mayoría de las instituciones de educación superior de EEUU.

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