John Locke

Filosofía. Consideraciones. Royal Society. Ensayos sobre el gobierno civil. Teoría monetaria

  • Enviado por: Boliche
  • Idioma: castellano
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JOHN LOCKE

El trabajo de Child Breves observaciones, de 1668, fue responsable de que John Locke, filósofo de la libertad y fundador del empirismo moderno, empezara a discutir cuestiones económicas. Por aquella época, el protector, paciente y amigo de Locke, Anthony Ashley Cooper, que más tarde sería el primer conde de Shaftesbury, fue nombrado ministro de Hacienda y, en su nombre, realizó Locke un memorándum exponiendo sus criterios acerca del interés y del sistema monetario. Este memorándum de 1668 fue publicado en una edición, corregida y aumentada en 1892 cuando volvía a debatirse la cuestión de la reducción del tipo legal máximo de interés, junto con los problemas de la reforma monetaria. El folleto de 1692, que lleva por título Consideraciones acerca de la disminución del interés y del aumento del valor del dinero -la última frase se refiere a la adulteración o depreciación- fue seguido tres años más tarde por otros dos que trataban principalmente de las cuestiones monetarias.

      Las Consideraciones de Locke, ostensiblemente dedicadas a dos problemas específicos, contienen bastantes ideas generales, aunque en forma desordenada y difusa para constituir un tratado que toca los temas más descollantes de la economía. En su tiempo, se había producido una importante literatura económica y la gran biblioteca de Locke, de varios miles de volúmenes, incluía 115 títulos de economía. Esta disciplina no tenía por entonces ni nombre, ni método especial, ni posición propia dentro de la jerarquía de las ciencias, aunque Petty. con su «aritmética política», había intentado proporcionarle las tres cosas. Lo que los escritores ingleses habían de llamar economía política» era probablemente para Locke una parte periférica de la más amplia ciencia de la política. Esta, a su vez, pertenecía a la filosofía moral, definida por Locke como "el arte de guiar al pueblo para que se comporte con rectitud en sociedad y de mantener una comunidad entre sus vecinos".

      En la cuestión del interés, Locke había leído el opúsculo de Manley y había empleado algunos de sus argumentos. No se sabe si hubo algún contacto personal entre Locke y Petty, pero Locke estaba al tanto de sus escritos y poseía una copia del Tratado de las tasas y contribuciones, publicado por primera vez en 1662. La teoría del valor~trabajo enunciada por Locke en sus Dos ensayos sobre el gobierno civil, de 1690, es mencionada en el libro de Petty, si bien brevemente y solo entre paréntesis. Petty era algo mayor que Locke -no más de diez años- y ambos tenían edades aproximadas cuando fueron a Oxford; Locke veinte años y Petty veintiséis. Sin embargo, en 1652, cuando Locke llegó a Oxford, Petty, aunque lo suficientemente precoz como para ostentar el cargo nominal de vicedirector del Brasenose College y de profesor de anatomía, estaba con licencia y había empezado ya una nueva etapa de su polifacética carrera. Hubo limitadas oportunidades de contactos personales entre Locke y Petty a partir de 1668, cuando Locke fue elegido miembro de la Royal Society, fundada por Petty y otros, en 1660 Petty fue un miembro activo mientras estuvo en Londres. Asistió a las sesiones de la Sociedad y, desde 1674, fue vicepresidente de la misma. Sin embargo, en la época en que Locke entró a formar parte de ella, el número de miembros se había incrementado a doscientos y las oportunidades de un contacto más que formal entre ellos, era mucho menor.

      Además de lo aprendido en los libros, entre las diversas actividades de Locke al servicio de Lord Ashley, hubo una al menos, que le proporcionó una cierta experiencia de la economía práctica. En 1668 era secretario de los Lords Propietors de Carolina y un año más tarde, ayudó a trazar la Fundamental constitution for the governrnent of Carolina. Más tarde, en 1696, cuando su fama se había extendido y la Revolución de Orange y la caída de los Estuardo habían dado poder e influencia a los amigos de Locke, su carrera llegó a su cenit, al ser nombrado uno de los «Comisionados de Su Majestad para promover el Comercio de este reino y para inspeccionar y mejorar las Colonias de América y del resto del mundo», cargo importante y bien remunerado, que le ponía por encima de los gobernadores de las colonias.

      Locke, administrador cuidadoso y ahorrativo, consiguió aumentar su pequeña herencia paterna, mediante una serie de y variadas inversiones, tanto en empresas coloniales como del país. Era nieto de un tratante en paños; su sobrino y heredero, hijo de un abacero, terminó su carrera como Primer Canciller de Inglaterra y fue el fundador de una floreciente dinastía que ha llegado hasta nuestros días. Tanto la vida de Locke como muchos de sus pensamientos reflejan la "aparición de una clase media" movida por la fe en la razón y en la ciencia, por la creencia en la bondad innata del hombre, por el optimismo acerca de su futuro y por su insistencia en defender frente al estado los derechos fundamentales de los ciudadanos. En lo que a la libertad política, la tolerancia religiosa y la propiedad privada se refiere.. Saftesbury fue más su amigo que su superior. Su carrera no careció de reveses y vicisitudes y en ocasiones sintió su vida en peligro, cuando los trastornos políticos fueron causa de que se le espiara en Oxford, de que se le privara de su cargo académico y de que se le enviara al exilio. Aún después de que la Revolución de Orange hubo puesto fin a los odiados Estuardo, Locke no creyó oportuno declararse autor de los Ensayos sobre el gobierno civil. Los cambios de la política eran impredecibles y la suerte corrida por Algernon Sidney, otro teórico Whig, que había sido martirizado por su causa, fue para él siempre una advertencia. Locke encontró refugio temporal en Holanda y vivió allí una vida segura y confortable, gracias a su independencia económica. A la vista de su propia experiencia personal, es comprensible que considerara que la propiedad era la forma mejor de liberarse de la inseguridad política y personal y de la dependencia de los demás. En sus escritos, ha hecho surgir más de una vez la cuestión de ¿Cómo puede haber justicia cuando no existen bienes personales o derecho de propiedad? » Y en sus Ensayos sobre el gobierno civil define a éste como «poder despótico ejercido sobre los que han sido despojados de toda propiedad».

      En las Consideraciones de Locke, el tema tratado era la restricción legal del tipo de interés. La discusión de este asunto le llevó a desarrollar una teoría sobre el dinero -su naturaleza y sus funciones, la demanda del mismo y su relación con los precios y con la tasa de cambio-. Al mismo tiempo que una teoría de la oferta y la demanda, tanto en términos generales como en sus aplicaciones especificas al dinero y a la tierra.

      Un tipo de interés alto, será un «handicap» para el comercio. Los vendedores se encontrarán en desventaja competitiva y el coste del dinero se llevará parte de sus ganancias. «No hay otra forma de resarcirse de esto, como no sea mediante una frugalidad y laboriosidad general o siendo los dueños absolutos del comercio de alguna materia, de la que el mundo no tenga más remedio que comprarnos a nuestro precio, porque no le sea posible obtenerla de ninguna otra manera. » No hay otra forma de conseguirlo, porque la misma necesidad de dinero regula su precio». «El presente estado del comercio, del dinero y de las deudas elevarán el interés a su valor verdadero y natural»

.     La regulación legal de la tasa de mercado es una empresa llena de peligro y que debería evitarse. Los prestatarios encontrarían una forma de burlar el control legal y los presuntos prestamistas que no tuvieran la habilidad de obtener un rédito mayor del legal, pondrían sus fondos en manos de los banqueros. Esto monopolizaría los préstamos y al ser barata la tenencia de dinero, muchos se sentirían inclinados a mantenerlo ocioso. El resultado sería que la oferta de fondos para préstamos se vería reducida, produciéndose una contracción del comercio y una caída del valor de la tierra.

      Si tiene que haber un tipo legal de interés, lo mejor será rnantenerlo cerca del valor natural abonado por la «presente escasez» de dinero. La responsabilidad de que el tipo natural de interés sea alto depende de dos factores:

1.      La escasa oferta de dinero respecto a las deudas y, 

2.     La escasa oferta de dinero respecto al volumen comercial. El primer factor actúa en raras ocasiones, como, por ejemplo, en los pánicos financieros, cuando todos los acreedores tratan a la vez de recuperar sus fondos. EI segundo factor se hace sentir en todo momento.

      La teoría de Locke sobre el interés es, por lo tanto, una teoría "monetaria" e interpreta el interés como precio del dinero. EI que varíe el tipo de interés no es causa inmediata de variaciones en la cantidad de tierra, de dinero o de productos en Inglaterra, por lo que no tiene influencia directa sobre los precios; indirectamente, sin embargo, al afectar a la cantidad de dinero o al volumen de mercancías del país, sí puede tener dichos efectos.

      Los criterios de Locke acerca del dinero reflejan la aparición del papel moneda, hacia el que su actitud, sin embargo, es mucho más cauta y reservada que la de, por ejemplo, Davenant. Distingue dos funciones del dinero:

  1.      Como «forma de contar», sirve como unidad de medida del valor; y,

   2. Como «fianza», es como un derecho para reclamar unas determinadas mercancías. Si sólo tuviera que servir para contar, es decir, como moneda imaginaria, no se necesitaría ni oro ni plata. El papel moneda podría también utilizarse como un título para la obtención de mercancías en las transacciones estrictamente interiores; en las transacciones internacionales, sin embargo, son indispensables el oro y la plata. Locke fue, según esto, exponente de una determinada forma de metalismo.

      La cuestión de por qué se requiere dinero en metal para fines internacionales se contesta en la «teoría del consentimiento» de Locke: «La humanidad, al haber consentido en dar un valor imaginario al oro y a la plata los ha convertido por consentimiento general en las señales o prendas comunes que aseguran a los hombres que recibirán cosas de valores determinados, a cambio de cantidades concretas de dichos metales». Una legislación interior puede hacer aceptable el uso del papel moneda para dentro del país, pero no podrá nunca darle el valor intrínseco que el consentimiento general de la humanidad ha fijado en el oro y en la plata». El valor intrínseco de los metales preciosos utilizados en el comercio, es idéntico a su cantidad, "no es otra cosa sino su cantidad".

      En la discusión que Locke realiza sobre el volumen que debe tener el "stock" monetario de un país, se hace una distinción entre los fines interiores y los internacionales. Para fines internacionales no se necesita simplemente "más oro y plata" sino «más en proporción al resto del mundo o a nuestros vecinos». Locke llega a esta conclusión por medio de un proceso de aproximación gradual. Arranca de un modelo completamente irreal, «una isla separada del comercio del resto de la humanidad». En dicha isla, cualquier cantidad de dinero será suficiente cuando cada residente tenga «bastante para contar y suficiente para que le sirva como fianza, aumentando cuando aumen­e la cantidad de artículos". En el caso de esta imaginaria economía aislada, podría servir como moneda «cualquier material no perecedero». Su valor estaría determinado por su cantidad y en relación con el volumen de mercancías, es decir, estaría en línea con la teoría cuantitativa del dinero.

      ¿En qué forma debe modificarse todo esto para adaptarse al caso del mundo real o de cualquier país que no esté aislado sino envuelto en el comercio internacional? En estas condiciones, sigue manteniéndose la teoría cuantitativa del dinero, tanto para el mundo como un todo como para cada país en particular. En otros aspectos, sin embargo, hay que hacer dos importantes modificaciones a la teoría aplicada a la economía de la isla incomunicada. Primero, la sustancia de que está hecho el dinero deja de ser algo de poca importancia, entrando el oro y la plata a ocupar el lugar que les corresponde como metales monetarios, siendo éstos los únicos que pueden ser universalmente aceptables para realizar los pagos internacionales. Segundo, ya no servirá «cualquier cantidad de dinero». En su lugar, se requerirá «una cierta proporción» entre la cantidad de dinero de un país y su comercio.

      Lo que parece que Locke quiere dar a entender cuando habla de esto es que la razón de la cantidad de dinero de un país respecto a su «movimiento mercantil» no debe ser «mucho menor» de lo que sea en otros países. Si ello no ocurre así, los productos del país no alcanzarán unos precios «iguales o, al menos, aproximados a los precios que tienen los mismos tipos de artículos » en el extranjero, con la consiguiente pérdida sufrida por el país en su comercio. Si la cantidad de dinero de un país en este sentido es insuficiente, se producirá una serie alternativa de circunstancias adversas; pero, si embargo, no aclara, qué alternativas son las más probables. Si escribimos la ecuación de cambio en su formulación moderna, MV = PT (donde M es la cantidad de dinero, V su velocidad, P el nivel general de los precios y T el volumen de transacciones (PIBr), la insuficiencia o la disminución de M se reflejará, bien en una insuficiencia y disminución de P, o bien en un comportamiento similar de T.

      Locke no explica con detalle la disminución de T excepto para hacer observar que si no existiera en el país suficiente dinero para pagar los productos cuando éstos "cambian de manos», a los precios más elevados que rigen en el exterior, una gran parte del comercio del país sufriría un serio colapso. Locke no explica el por qué de todo ello. Si M disminuyera el 50 por ciento, 'quedarían sin pagar la mitad de nuestras rentas, sin encontrar salida la mitad de nuestros productos y sin empleo la mitad de nuestros trabajadores; con ello se perdería evidentemente la mitad de nuestro comercio». La disminución de P, que es una alternativa de la de T, significaría que los precios, salarios y rentas quedarían reducidos al 50 por ciento o a la mitad de lo que son en el exterior. No habría escasez de productos del país, pero éstos serían muy baratos y los extranjeros muy caros con lo que «ambos casos nos empobrecerían". Locke no discute la cuestión de si las exportaciones inglesas no deben alcanzar precios prácticamente iguales a los que rigen en el país de destino de las mismas o si las mercancías extranjeras importadas a Inglaterra deberían venderse allí a precios no mucho más altos que los precios ingleses. Afirma que la importación de productos extranjeros seria desalentada y, peor aún, los artesanos, marineros y soldados emigrarían a otros países donde se les pagara mejor.

      Así pues, el argumento de Locke en su conjunto, sirve para apuntalar sólidamente por la base la idea de una balanza comercial favorable. Un país debe procurar tener una balanza comercial favorable para que su «stock» de dinero no quede por debajo del de los otros países, pues ello tendría deplorables efectos, no sólo sobre el comercio, sino también sobre la agricultura, el empleo, los salarios, las transacciones comerciales y los movimientos migratorios. El asunto se hace todavía más urgente debido a que el "stock" monetario mundial crece continuamente, tanto en forma absoluta, como respecto a la cantidad de bienes. Esto implica tanto la idea de una inflación ininterrumpida y universal como la noción de que un país que permanece inmóvil se va quedando atrás: es decir, como la cantidad o «stock» de dinero que poseen los demás países va aumentando, una nación no puede permitirse el lujo de limitarse a mantener su propio «stock», sino que debe procurar aumentarlo también.

      La teoría de Locke respecto al dinero y a los precios difiere, según esto y en importantes aspectos, de los criterios de otros mercantilistas: No considera que los precios bajos sean un buen estímulo para la exportación. No se imagina tampoco la desaparición del tesoro en las arcas del rey, en los abismos sin fondo orientales o en la práctica del comercio, con lo que se conseguiría que M permaneciera estable con la correspondiente estabilidad de P. En su análisis y frente al aumento de M, P sólo puede permanecer estable si aumenta T, y he aquí precisamente el rasgo nuevo de su argumento:

      la posibilidad de otra alternativa. Para que todo ello quedara completo habría que decir que Locke estableció la importancia de V, aunque no desarrolló dicho pensamiento en ningún lugar de su obra.

      En cierto sentido, la teoría de Locke puede considerarse como un paso atrás, ya que su pensamiento está más alejado de la teoría del movimiento automático del metal, de lo que estuvo el de otros autores anteriores. Esta doble paradoja -de que fuera una de las pocas figuras relevantes de la historia intelectual de la humanidad que dejara de ver la posibilidad de que un país puede acumular tesoros indefinidamente- es quizá menos misteriosa si se contempla a la luz de la opinión de Locke sobre el alza secular del "stock de dinero mundial". Si esta cantidad de dinero «crece diariamente, debido a que «las minas suministran a la humanidad más de lo que [ella] gasta y consume con el uso de aquélla, no debe rechazarse la posibilidad teórica de que toda la humanidad vea aumentar sus stocks monetarios. Debe observarse también, que mientras en un contexto Locke está en favor de que un país adquiera más oro "en proporción con el resto del mundo", en los pasajes que contienen la parte principal de su argumentación, expresa su alarma frente a una situación en la que un país tenga "mucho menos dinero que los otros". No se declara explícitamente en ningún momento a favor de unos precios más altos de los que rijan en el extranjero -como es de suponer ocurriría en un país que poseyera mayor proporción de oro-,  sino que desarrolla su argumento sobre la hipótesis de que los precios han bajado sustancialmente por debajo del nivel del extranjero. Esto debido a que la cantidad de dinero del país era menor que la de los otros países. Resulta así posible encontrar dos razones por las que no se pone en movimiento el flujo automático de metal. Según la primera, el alza de M llevará consigo un alza de T, combinación ésta que hará innecesario el que P varíe en forma significativa. Según la segunda, M y P pueden aumentar a la vez, aproximándose pero no excediendo de los M y P del exterior, dejando así de ser causa de una inversión en el movimiento comercial.

      En el análisis que hace Locke de la posición económica de un país respec­to al exterior, el "stock" de dinero tiene otra función además de la de mantener los precios y la producción a un nivel adecuado. Locke explica esta función en su teoría de los cambios extranjeros, en la que señala que además de los movimientos de bienes hay otros factores, si bien de menor importancia, que determinan la tasa de cambio: el «stock" de dinero de un país y los movimientos de capital. El último es considerado cuantitativamente menos significativo y menos fugaz que el movimiento de bienes; por otra parte, puede haber sido inducido por un movimiento anterior de artículos, como, por ejemplo, cuando los extranjeros adquieren en el comercio de mercancías una cantidad que pueden luego prestar en el país donde la ganaron. Queda así imperturbada la primacía del comercio de mercancías, un asunto sobre el que habían insistido anteriormente los críticos de los bullonistas; «es el comerciante no el usurero el que regula el cambio».

      En cuanto a la cantidad de dinero del país, si es grande con respecto a la cantidad que posean otros países, será causa, de que el cambio del país se eleve por encima de la paridad, lo mismo que haría un saldo de exportación.

      Ambas cosas regulan el cambio en todo el comercio mundial, y en ambas el que la tasa de cambio sea mayor depende de lo mismo, es decir, de la mayor abundancia de dinero en un país que en otro; sólo con esta diferencia, allí donde el superávit de la balanza comercial eleva el cambio por encima de la paridad, habrá una abundancia de dinero que los comerciantes llevarán de un país a otro; cuando la riqueza del país eleva el cambio por encima de la paridad hay abundancia de dinero en todo el país.

      La idea de que la abundancia de dinero elevará la tasa de cambio -trayendo probablemente más dinero al país, conclusión ésta que no saca Locke, sin embargo, explícitamente- le aleja todavía más de la teoría del movimiento automático de metal. Según esta teoría, la abundancia de dinero invertiría el movimiento del comercio y sería causa de una posterior salida de metal. La teoría de Locke implica lo contrario y, aunque él no hizo demasiado caso de ello, había de convertirse en la base de las teorías inflacionistas de mercantilistas posteriores partidarios del papel moneda, tales como Law.

      Aunque los criterios de Locke acerca de las necesidades monetarias de un país para fines internacionales, son una versión extrema del pensamiento mercantilista, su teoría de la demanda de dinero para fines interiores contiene una afirmación sobre la demanda de dinero para transacciones, que es sorprendentemente moderna. Relaciona una vez más el volumen de las ne­cesidades monetarias de un país con el comercio del mismo, «aunque es di   fícil determinar la proporción en que debe encontrarse, pues no importa sólo la cantidad de dinero sino también su velocidad de circulación». Realizó un cálculo aproximado de las necesidades de efectivo de los distintos grupos económicos: hacendados, trabajadores y "corredores". Es decir, comerciantes, aunque no de los consumidores, ya que «son tan pocos los consumidores que no son a la vez trabajadores, corredores o hacendados, que pueden considerarse como una parte despreciable dentro del cálculo». Para cada grupo, las necesidades de numerario están íntimamente relacionadas con la duración de los períodos de pago y Locke pide una reducción de los más dilatados para «poder arreglarse» con menos dinero. Los corredores -intermediarios- cuyas actividades amplían al circuito monetario y cuyos beneficios son a costa de las ganancias de los trabajadores y de los terratenientes son «peor que los tahúres» puesto que no sólo tienen en sus manos constantemente una gran parte del dinero del país,  sino que obligan al público a que les pague por tenerlo». Compara el trabajo de los comerciantes con el de los industriales, saliendo estos favorecidos en la comparación, pues dicho trabajo puede llevarse a cabo con una pequeña cantidad de dinero» y "es merecedor de que se le apoye".

      La teoría general de Locke del valor y del precio, es una teoría de la oferta y la demanda. "El precio de un artículo sube o baja en proporción al número de compradores o vendedores". » En diferentes formulaciones, relaciona la oferta o cantidad (quantity) con la demanda o salida (vent) de los productos. Lo que regula el precio de los artículos no es otra cosa que su cantidad con respecto a las posibles salidas de los mismos. » Subraya en este pasaje el elemento subjetivo de la demanda:

      «Las salidas que tendrá una cosa cualquiera dependerán de lo necesaria o útil que sea dicha cosa; la utilidad o la estimación estarán guiadas por el capricho y determinadas por la moda». Aumentará o disminuirá, con lo que una parte mayor del dinero circulante en la nación será gastado en este [artículo] más que en otro cualquiera".

      La teoría cuantitativa del dinero constituye un caso especial dentro de esta teoría general. Los mercantilistas eran aficionados al dicho del Eclesiastés; «El dinero satisface todas las cosas». Si, según esto, todos están dispuestos a aceptar dinero «sin límites» y a conservarlo, la demanda o «salida del dinero será siempre suficiente o más que suficiente». Esta es, en realidad, la conclusión de Locke, aunque en otro momento afirma que la demanda de dinero «varía muy poco» ya que el deseo de dinero es constante y casi en todos los sitios el mismo». La primera formulación está más acorde con el criterio de Locke acerca de las necesidades monetarias del país para fines internacionales y la segunda con su demanda para transacciones interiores. Pero, independientemente de que la demanda de dinero sea constante, limitada o ambas cosas, concluye que, en cuanto al dinero respecta, la salida del mismo, o sea, su demanda, es inmaterial, y su valor, a diferencia del de otros bienes, está exclusivamente regulado por su cantidad.

      Locke sigue entonces examinando lo que determina la oferta y la demanda. Los bienes, en general, se consideran valiosos debido a que pueden ser cambiados o consumidos. Su utilidad es una condición necesaria pero no suficiente para ponerles un precio. Deben también ser escasos. Así, el aire y el agua son útiles pero no tienen un precio «porque su cantidad es muchísimo mayor que la necesidad de ellos". En la discusión sobre lo que determina la demanda, Locke demuestra su familiaridad con asuntos tales corno los que hoy son conocidos como «efecto snob, «efecto demostración» y «consumo suntuoso:

      La moda no es, en su mayor parte, más que la ostentación de riqueza y el alto precio de los artículos que se paga por seguirla más bien hace aumentar que disminuir la salida de dichos productos. Su importancia y magnificencia está en el gasto y no en su utilidad; y la gente entonces piensa y dice que vive bien, cuando pueden ostentar cosas raras y extranjeras que sus vecinos no pueden pagar.

      Hay algunos bienes cuya demanda se debe a que proporcionan una entrada de ingresos; en relación con esto, Locke desarrolla una temprana teo­ría de la capitalización. El principal ejemplo es la tierra, cuyo valor se debe "a que su constante producción de bienes vendibles proporciona unas determinadas rentas anuales". El multiplicador, conocido como «renta anual» en la literatura primitiva, aplicado a una ganancia anual constante y perpe­tua de la tierra da, en una primera aproxímación, que el precio de la tierra es inverso al tipo de interés. Así, con una ganancia anual de mil libras, el valor de la tierra seria de diez mil libras a un tipo de interés del 10 por ciento, de veinte mil libras si éste fuera del 5 por ciento y así sucesivamente; esto es así según parece, porque al variar el tipo de interés variarán también los respectivos valores de capital necesarios para producir una ganancia anual de mil libras. Esta regla que relaciona los altos valores de la tierra con los tipos de interés y viceversa fue sometida por Locke a una prueba empírica y el resultado le hizo dudar de su validez. La tierra que se encuentra en un emplazamiento favorable, como por ejemplo en la vecindad de centros indus­triales, tiene un valor debido a su escasez, lo que da por resultado unos precios superiores.

      Las fuerzas que mueven la demanda de dinero son, en parte, las mismas que incluyen en la demanda de bienes y también en parte similares a las de la demanda de tierra, dependiendo de si el dinero se quiere como medio de cambio o como fondo para préstamos. El dinero «puede procurarnos, me­diante el cambio, lo necesario o conveniente para la vida y en esto radica su naturaleza como artículo de consumo; la única diferencia es que normalmente nos resulta útil mediante el cambio y casi nunca mediante su consumo directo». Como fondo para préstamos, «resulta ser de la misma naturaleza que la tierra, pues nos da una cierta renta anual que llamamos uso o interés. Por el uso de la tierra, el arrendatario paga una renta, por el uso de los fondos prestados, el prestatario paga un interés. El interés y la renta surgen de la desigual distribución del dinero y de la tierra. El prestatario o el arrendatario tienen menos dinero, o menos tierra, que la que los pueden o quieren utilizar; el prestamista o el terrateniente tienen, en cambio, más de lo uno o de la otra.

      Locke estudia también el problema de la desigualdad de la riqueza, sin resolverlo satisfactoriamente, en sus Dos ensayos sobre el gobierno civil, de 1690, que es su mayor aportación a la filosofía política

      Locke desarrolla su teoría sobre el fondo de un estado natural que no es necesariamente una situación histórica, sino la que hubiera podido existir en ausencia de un gobierno y una sociedad civil. Para Hobbes, el estado na­tural habría sido una guerra «de todos los hombres contra todos», donde la fuerza y el engaño habríian hecho la vida «solitaria, mísera, sórdida, brutal y corta». Para Locke, sin embargo, el estado natural no sería un estado sin ley, sino ordenado por la ley natural. «La razón, que es donde radica dicha ley, enseña a todo el que quiera consultarla que todos los hombres deben ser iguales e independientes y que no debe dañarse ni la vida, ni la salud, ni la libertad, ni las posesiones de los demás. »

      Sin embargo, la ley de la razón no se interpreta ni se pone en vigor por sí misma y los hombres procuran escapar de los males que aquejan al estado natural, estableciendo una sociedad civil por medio de un contrato social y creando un gobierno que sea como algo en que confiar. Siendo cada persona a la vez parte y beneficiaria de ello. El fin principal y la causa de que los hombres creen este medio de convivencia es para «la mutua defensa de sus vidas, libertades y pertenencias, de todo aquello a lo que yo doy el nombre general de propiedad».

      Locke usa, por lo tanto, la palabra propiedad, tanto en el sentido amplio indicado, en el que abarca una extensa gama de intereses y aspiraciones hu­manas, como en un sentido más estricto, cuando se refiere a los bienes mate­riales. El meollo de su argumento está en que se trata de un derecho natural y en que se deriva del trabajo. Al considerar que la propiedad es un derecho natural que se encuentra por encima del gobierno, Locke difiere de Hobbes, para quien la propiedad es una creación del estado soberano. Al hacerlo pro­ceder del trabajo, discrepa también de Grotius y de otros exponentes de la ley natural que consideran que depende de un consentimiento general o contrato.

      La teoría del valor-trabajo. - Según Locke, la naturaleza ha dado a la humanidad la tierra en común, al mismo tiempo que ha suministrado también a cada hombre algo que pertenece a su propia persona. Del mismo modo que el cuerpo es propiedad de cada uno, así ocurre también con «el trabajo de su cuerpo y con la labor de sus manos». Al aplicar un trabajo a los productos de la naturaleza, el hombre se apodera de ellos y los hace de su pro­piedad. El trabajo no es sólo el origen de la propiedad, sino que marca también la diferencia de valor entre las cosas. Locke considera que el trabajo es lo suficientemente importante, como para ser considerado corno las nueve décimas, o quizá las noventa y nueve centésimas partes del valor de las co­sas, pudiendo atribuirse el resto a la naturaleza. La teoría del valor-trabajo, que había de llegar a ser uno de los puntos centrales del pensamiento de los economistas clásicos, rigió sin sufrir serios ataques hasta pasado 1870, probando con ello ser más consistente que la teoría de la propiedad-trabajo de Locke, que pronto encontró rivalidad en las teorías que justificaban la pro­piedad privada sobre bases utilitarias. Sin embargo, la idea de Locke de que la propiedad precede al gobierno, y su conclusión posterior de que el go­bierno no puede «disponer arbitrariamente de las pertenencias de sus súbditos", fue una de las grandes fuerzas que dieron lugar a la edad moderna. Incluso en nuestros días, se refleja en las enmiendas quinta y decimocuarta de la Constitución de los Estados Unidos que prohiben que ninguna persona pueda ser «privada de la vida, de la libertad o de la propiedad, sin el adecuado proceso legal».

      El trabajo, que crea la propiedad, contiene también en sí mismo uno de los limites a la acumulación: la capacidad de producción del hombre. El otro limite es la capacidad de consumo del hombre; ambas son consideradas por Locke como lo suficientemente moderadas como para impedir que las mercancías se estropeen o desperdicien o que los hombres se roben unos a otros. Así dice:

      La naturaleza ha establecido perfectamente la medida de la propiedad, 'mediante la posibilidad limitada de trabajo del hombre y lo que es conveniente para su vida. Ningún trabajo de ningún hombre podría sojuzgar o apoderarse de todo, ni podría tampoco consumir para su disfrute mas que una pequeña parte de ello; por esto, es imposible que ningún hombre, vistas las cosas de esta forma, pueda invadir los derechos de los demás o adquirir para sí una propiedad con perjuicio de su vecino.

      Mediante estas limitaciones sobre la acumulación de bienes perecederos y sobre los factores que los producen, era posible evitar algo que Locke consideraba como una ofensa «contra las leyes comunes de la naturaleza». El que las cosas se desperdiciaran conforme se fueron introduciendo productos más duraderos, los que estaban expuestos a estropearse con rapidez podían irse produciendo en mayores cantidades de las necesitadas personalmente por el productor e irse cambiando por otros productos de carácter menos perecedero, ciruelas por nueces, nueces por un objeto de metal, ovejas por municiones, lana por una piedra brillante o por un diamante. Los que acumularan riqueza de esta forma no ofendían la ley, «pues lo que excediera de los limites de la propiedad justa no estaría basado en la amplitud de sus posesiones, sino en el carácter perecedero de las cosas».

      La introducción del dinero marca la culminación de este proceso. He aquí una «cosa duradera que los hombres pueden conservar sin que se estropee y que, por consentimiento mutuo, puede cambiarse por otras cosas más útiles pero perecederas, que sean necesarias para la vida». La introducción del dinero hace posible la acumulación ilimitada de propiedades sin causar pérdidas debidas al desperdicio de las mismas. El mismo «consentimiento tácito y voluntario» de la humanidad, que da valor al oro y a la plata y justifica su uso en forma de dinero, justifica también las desigualdades en la propiedad privada. El oro y la plata -concluye Locke- pueden ser atesorados sin daño para nadie», puesto que no se estropean ni decaen en manos de su poseedor. Con la introducción del dinero por consentimiento general, se desvanecen los límites que la ley natural había puesto originalmente a la acumulación y a la desigualdad. Locke no admite explícitamente que haya un conflicto entre la ley natural y lo que el hombre ha dispuesto por consen­timiento general. Señala, sin embargo, que la desigualdad ha tenido lugar debido al tácito acuerdo de usar el dinero y no por el contrato social que establece la sociedad civil; añade que las leyes de la tierra pueden regular la propiedad. Quizá implique esto que una de las funciones del gobierno sea moderar el conflicto existente entre la acumulación ilimitada de propiedad que ha autorizado el consentimiento general y la casi igual distribución de riqueza autorizada por la ley natural. Locke no dice nada acerca de los principios de gobierno que deberían aplicarse para realizar esta función moderadora, caso que hubiera que aplicar algunos.

      ¿Se dio entonces cuenta de este conflicto? O bien, ¿creía realmente que el oro y la plata podían atesorarse sin perjuicio para nadie? En una carta privada, escrita seis años después de la publicación de sus Tratados, comen­ta «Los ricos pueden ser los instrumentos para realizar cosas tan buenas que yo creo que el pretender condenarlos es vanidad y no religión ni filoso­fía». En los primeros años de la década de 1660, unos treinta años antes, había escrito una serie de ensayos sobre la ley natural que, no permitió nunca que fueran publicados. En uno de éstos dijo: «Cuan­do un hombre agarra para sí todo lo que puede, quita del montón de otro hombre, lo mismo que él añade al suyo propio y es imposible que nadie se haga rico si no es a expensas de alguna otra persona". Se dio cuenta del problema planteado por la acumulación ilimitada, pero no consi­deró que fuera cosa suya contribuir a su solución. Los marineros cogidos sin salvoconducto y haraganeando serían reclutados para el servicio naval y los que fueran de mayor edad o estuvieran mutilados deberían ser enviados al correccional, donde tendrían que realizar pesados trabajos. Los niños mendigos debían ser «duramente azotados», implicando con ello que su obligación de realizar un trabajo productivo empezaba a los tres años de edad. A un mendigo que falsificara su pase se le podría imponer el castigo de cortarle las orejas.

      La mente de Locke, inclinada tanto al racionalismo como al empirismo, fue tan fértil que no todos los elementos de su pensamiento forman un todo coherente. Así la teoría del valor-trabajo de sus Ensayos sobre el gobierno civil, está hombro con hombro con la teoría de la oferta y la demanda desarrollada en las Consideraciones. Por otra parte, Locke basa la propiedad en el trabajo, para admitir al final la acumulación ilimitada de riqueza, fisura ésta de su pensamiento que explica el atractivo que su teoría de la propiedad tuvo, tanto sobre la naciente clase capitalista de su tiempo, como sobre los socialistas de una época posterior. En su filosofía política, Locke nunca deja de señalar las limitaciones del poder del gobierno. Al insistir en un gobierno debido al consentimiento del gobernado, prepara el terreno para la monarquía constitucional inglesa. Es difícil reconciliar el liberalismo de su pensamiento político, que apoya el derecho del pueblo a rebelarse contra el tirano, con aquéllos de sus criterios económicos que estaban empapados en la tradición mercantilista. Locke no veía contradicción entre el derecho natural del pro­pietario y los controles opresores establecidos para sostener la teoría de la balanza comercial mercantilista. Este tipo de elementos contradictorios en el pensamiento humano no eran, sin embargo, raros en unos tiempos en que se había perdido el sistema de valores integrado de la Edad Media y se andaba a tientas en busca de uno nuevo. Davenant, cuyos criterios generales acerca de la política económica eran más avanzados que los de Locke, era enemigo mortal de los Whigs, con los que Locke estaba asociado y a los que debía su ascenso y posición.  

    En el campo de la economía propiamente dicha, las conclusiones más claramente liberales de Locke son las relacionadas con su oposición a la re­gulación del interés. Si dudó en declararse a favor de las generalidades libe­rales, tales como las que pueden encontrarse en los escritos de Davenant, es quizá porque su mente penetrante era capaz de darse cuenta de las ramifi­caciones de tales pensamientos y de sus contradicciones con el principio de la balanza comercial.