Johann Sebastian Bach

Música clásica. Barroco musical. Compositor clásico. Vida y obra

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Introducción

La fama le llegó a Johann Sebastián Bach demasiado tarde, que llevó a cabo su actividad profesional como compositor o solista. Tardó mucho en que la gente lo comprendiera y valorara su arte. La vida de Bach fue muy desconocida entre grandes músicos. Nuestro personaje no fue un revolucionario, o un innovador puesto que no inventó nada que no existiera ya en una u otra forma. No inauguró una nueva época. Bach asume el entorno artístico y profesional que le viene impuesto, pero consigue elevarse por encima de él. Bach se ve privado de conocer Italia y de departir y tocar con sus músicos. Nacido en el seno de una saga de músicos-artesanos, Johann Sebastián prosigue una tradición familiar que habrán de quebrar precisamente sus propios hijos, amantes y practicantes de un cosmopolitismo ilustrado al que su padre hubo de renunciar bien a su pesar.

Alemania estaba muy lejos de ser un país con un peso específico relevante dentro del concierto musical europeo.

La ópera y el oratorio de Bach es indisociable de los diversos puestos que ocupó a lo largo de su vida y que le fueron dictando en cada momento qué tipo de música debía escribir. Pero, al contrario que las de su compatriota, algunas de las partituras bachianas más significativas nacieron sin un destino concreto, sin un público determinado que pagara por oírlas, sin un patrón que las sufragara, sin que su autor llegara siquiera a precisar qué instrumentos debían darle vida. Se trataba, en definitiva, de creación pura, una condición que habría de proporcionarles a la larga una vigencia y una aceptación ilimitadas.

La música de Bach hubo de esperar casi dos siglos para que estudiosos e intérpretes comenzaran a desentrañarla y, de hecho, el primer catálogo completo de su obra (el Bach Werke verzeichnis, realizada por Wolf Schmieder) no apareció hasta 1950 y desde entonces no ha cesado de ser objeto de constantes modificaciones hasta que fue reemplazado por el Bach Comperdium iniciado en 1985.

Bach, que escribe su música con la Pasión según San Mateo como ejemplo supremo, se ha presentado invariablemente desde el Romanticismo como el paradigma del compositor religioso a dictado de su inquebrantable fe luterana. Lejos de enarbolar a Bach como un estandarte religiosa, los defensores de la nueva imagen del compositor prefieren incidir en los aspectos más ignorados por la musicología precedente. Así, por un lado debe recuperarse al Bach de Weimar y Cöthen, desligado casi por completo de cualquier obligación eclesiástica y volcado de lleno en la música instrumental y en la absorción de influencias extranjeras. Por otro, conviene desnitrificar al Bach entronizado como Cantor de Santo Tomás, ya que son varias las sendas que apuntan a que nunca llegó a considerar este empleo como la culminación de su trayectoria profesional o como un puesto a la altura de su talla como compositor.

Algunas biografías de Bach dicen que Bach no escribe apenas composiciones religiosas originales, sino que se decanta por reelaborar obras anteriores.

Tantos años sepultado y presa del olvido, Bach pasó a ser pronto para los alemanes algo más que la gloria nacional que reclamará Forkel. Él no se alejó apenas de su entorno natural como harán más tarde Beethoven o Brahms, sino que llevó a cabo toda su carrera profesional en suelo alemán, la opción elegida también por Schumann, Wagner o Mendelssohn.

La estrecha vinculación existente entre el órgano y la música de iglesia reanudó en esta consideración de Bach como compositor religioso, de hecho, si tal hubiera sido su interés, el compositor podía haber optado por un empleo como organista de las importantes iglesias del norte de Alemania, ya que le presentan como un maestro inigualable en la improvisación y la ejecución organísticas. La música de Bach fue degustada y admirada en vida del compositor en un radio geográfico excepcionalmente limitado. Las cortadas publicaciones de sus partituras, sus manuscritos y las copias realizadas por sus alumnos se dispersaron tras su muerte, y la primera edición completa de sus obras conservadas no concluirán su dilatado periplo hasta 1926.

I

Bach se vio precedido por cuatro generaciones de música. Su profesión le vino impuesta, por tanto, de algún modo por el precio de su propia historia Bach se sintió orgulloso de constituir un eslabón más de la saga familiar y de perpetuarla en varios de sus hijos. En 1735 escribe una genealogía: “Origen de la familia musical de los Bach”

El 21 de marzo de 1685, en Eisenach, nacería nuestro querido Johann Sebastián Bach, hijo de Johann Ambrosius y de María Elisabetha Lämmerhirt.

Tras morir sus padres teniendo diez años se instala en casa de su hermano mayor, Johann Christoph. A los quince años, Bach se ve obligado a abandonar sus estudios en Ohrdruf por motivos poco claros. El 15 de marzo de 1700 la casa de su hermano mayor, que en aquel año esperaba el nacimiento de su tercer hijo, se había quedado demasiado pequeña como para darle cobijo. Lo cierto es que Bach parte a pie hacia Lüneburg a donde llega antes del 3 de abril. Bach canta en el coro de la escuela además de estudiar música. Tampoco en Lüneburg recibe una educación musical específica, aunque debió preocuparse de escuchar con atención la maestría desplegada por George Böhnn, sorprendido por su recital de más de dos horas que ofreció Bach en Hamburgo en el que fuera su órgano durante más de medio siglo: “el admirador admirado”. El órgano, constituyó quizás el interés primordial del joven Bach, el que salió triunfante en su intento de conseguir un puesto como organista de una iglesia en 1702, tubo suerte y consiguió firmar un contrato como organista titular de la iglesia.

Años después fue rechazado, pero en 1714 es nombrado“Kanzertnaeister” en Halle.

La oferta habría de llegarle de nuevo de una localidad cercana. El príncipe Leopold de Anhalt-Cöthen, un consumado instrumentista y cantante notable, conocía a Bach por medio de sus estancias en la corte de Weimar.

En noviembre de 1718 nace un nuevo hijo, Leopold Augustus y sus padrinos son el propio príncipe y su hermana, una circunstancia que no se había producido nunca en el anterior destino del músico. Este goza de libertad para viajar. Entre las ciudades que visita se encuentran Leipzig, donde había de informar sobre un nuevo órgano; Berlín, para comprar un nuevo clave para la corte, y Halle, para intentar una vez más, sin éxito, a Haendel. En 1720 muere María Bárbara y el año siguiente, con tan solo una semana de diferencia, tendrían lugar dos matrimonios que iban a marcar decisivamente la vida del compositor. Primero, el suyo con Anna Magdalena Wilcke. A continuación el del príncipe Leopold con su prima Friederica Henrietta.

Lo cierto es que Bach aparece inscrito en 1722 entre los candidatos para suceder Johann Kuhnau como Cantor de la Thomasschule de Leipzig. El compositor obtuvo finalmente el codiciado puesto, pero no fue, el primero en recibir el ofrecimiento por parte de las autoridades lipsilenses. Al final, entre varios candidatos, sale elegido Bach.

Sea como fuere, Bach hizo las maletas, ya por última vez, y puso rumboa Leipzig.

“Me hubiera gustado poner fin a mis días” con el príncipe Leopold, le confiesa Bach sin rubor a su amigo Erdmann. De sus palabras se deduce que el músico consideraba aquel puesto de “Kapellmeister” como la culminación de su carrera, por lo que “al principio no me pareció de todo adecuado convertirme en “Cantor” después de haber sido un “Kapellmeister”. Bach quiere, que sus hijos, que parecían inclinados al estudio, puedan recibir una formación completa y tengan la posibilidad de acceder a la universidad. Sus años en Leipzig están surcados de desavenencias, desencuentros y discusiones con sus superiores. Un año después de la muerte del príncipe Leopold en 1728, se aseguró un nombramiento idéntico en la corte de Weissenfels. Muerto su protector, el duque Christian, en 1736, Bach apuntó más alto y el 19 de noviembre de aquel año consiguió un nuevo título honorífico, el de “Compositor de la capilla de la Corte” del rey de Polonia.

Tiempo después, Bach, en el Collegium Musicum, ofrecía con su agrupación conciertos públicos todas las semanas. Bach, más tarde abandonó poco a poco su faceta de compositor religioso. A partir de 1728 no escribe más que catorce cantatas originales. Éste siguió siendo el responsable de la interpretación de la música religiosa que sonaba en Leipzig, pero su interés por escribir obras nuevas con destino a la liturgia semanal se quebró abruptamente.

La composición y publicación de los diversas partes del Clavier-Übung, integradas en tosas los casos por obras para teclado que tenían entre sus objetivos darle a conocer en un radio geográfico más amplio, la segunda parte del “Clave bien temperado”, la finalización de la “Misa en Si menor”, los alambicados cánones de los últimos años, la “Ofrenda musical” y “El arte de la fuga” son obras desligadas por completo tanto de sus obligaciones al frente de la cantoría de la Thomasschule como de la cambiante coyuntura histórica, que comenzaba a ajuntar en una dirección estilística muy diferente.

Dos hechos requieren mención especial. Ambos tuvieron lugar en 1747: el primero, su ingreso como miembro de la Sociedad de Ciencias Musicales fundada por Lorenz Christoph Mizler, un antiguo alumno de Bach, lo que comportó al menos la composición de un “canon triplex” a seis voces y de sus obras maestras, las ya citadas “Variaciones canónicas sobre Vom Himmel hoch”; el segundo, su visita a la corte de Federico el Grande en Potsdam, en la que trabajaba como clavecinista su hijo Carl Philipp Emanuel, que dio a su vez a la composición de la “Ofrenda musical”.

Bach no padeció problemas graves de salud hasta que sus ojos comenzaron quizás pasarle factura por tantos años volcado en concebir o desentrañar los manuscritos musicales propios o ajenos. Operaciones debieron minar definitivamente su salud y el 28 de julio de 1750 sufrió un infarto seguido de unas fiebres altísimas que pusieron fin a su vida sin que tuviera siquiera tiempo de redactar su testamento. Haendel le sobrevivía aún nueve años y Londres lloraría amargamente su periodo. Previamente, el tercero de los ilustres hijos del venturoso año de 1685, Domenico Scarlatti, había entonado ya su último adiós en 1757 en la calle de Leganitos de Madrid.

II

Bach dominó y toco también otros instrumentos musicales, pero el órgano fue su mejor compañero por la diversidad sonora que aporta en la música, como es el caso de su obra Toccata y fuga en Re menor BWV 565. Dentro de sus composiciones tras abandonar Weimar en 1717 se encuentran los corales de las cuales tienen muchos ejemplos representativos. En sus últimos años en Leipzig están caracterizados por la revisión de obras anteriores, Bach retomó un grupo inconexo de 17 corales escritos probablemente en Weimar. Por otra parte también existe un Bach organístico inequivocablemente profano que compone obras a menudo sin ninguna conexión entre sí y que fueron compuestos para el lucimiento en las iglesias más importantes del norte de Alemania.

En los preludios y fugas conviven el Bach más arcaizante, el heredero natural del arte de Buxtehude Pachelbel, Böhmo Lübeck, con el Bach más atrevido e innovador, el amigo de caminar flanqueando las normas. Pero también hay lugar para la luz en el legado organístico del compositor alemán. Esta llega de Italia, la cual Bach nunca conoció pero cuya música estudió con verdadera fruición, especialmente en sus años de Weimar y Cöthen.

III

Su esquematismo, su estructura musical apenas apuntalada, permitieron edificar sobre Bach.

El propio Bach utilizó escritos de Neumeister en sus Cantatas BWV 18, 24, 28, 59 y 61. La división en arias, ariosos, recitativos, coros y corales está intacta en las dos pasiones de Bach. Éste despliega todo un alarde de variedad musical. La cantata se inicia, a veces, con una sinfonía instrumental, ley aria que se transforma en días atrios. Los recitativos se intercalan con un coro o coral. Bach conoce una de las manifestaciones artísticas más elevadas. La afinidad de Johann Sebastián queda de manifiesto en las primeras cantatas nacidas durante su estancia en Mühlhauser.

La cantata BWV 106 está hecha para el funeral de su pariente. En los años de Weimar, las cantatas de Bach eran etalianizante. El guía para seprano tiene un idiomático acompañamiento. La cantata BWV 168 alcanza unas cotas que él había permitido asomar en sus cantatas; las cantatas BWV 22 y 23 son la tarjeta de su presentación ante el concejo lipsiense. El 7 de febrero de1723 sirven de pórtico a la frenética de la actividad de los próximos 4 años. La cantata BWV 75 fue escrita para el primer domingo después de la trinidad. También compuso la cantata BWV 20 en el mismo año; la BWV 110 en 1725 y en 1727 la BWV 84.

Bach recurrió otras obras de su sobrino Sohann Ludwig Bach. Bach se sintió más de una vez presionado por el tiempo.

Bach dedacta un memorándum el 23 de Agosto de 1730. Más tarde pierde el puesto de trabajo de imaginación, como cantor sumiso se viene abajo.

Hay dos obras muy diferentes entre sí que requieren una mención especial: la pasión según San Mateo y la Misa en Si menor. La pasión según San Mateo es en alemán y la misa es en latín. La pasión tiene esmero y la misa se decanta.

Bach se apartó de la tradición que representaba su antecesor alemán Heinrich Schütz.

La historiografía a puesto a la Pasión según San Juan en una posición inferior a la escrita de San Mateo. La pasión según San Juan tiene acción concisa, y la Pasión según San Mateo se detiene con frecuencia en reflexiones poéticas. La Pasión de Juan se estrenó el Viernes Santo de 1724 en la Nikolaikirche de Leipzig. La pasión según San Juan es un modelo de eficacia al servicio de un texto dramático, lo que no impide efusiones dramáticas como el Asia “ Es istwvollbrachi o pinturas sonoras como el coro “Kreuzige, kreuzige”. Si oímos la pasión según San Mateo percibimos las dos orquestas, los dos coros y el coro adicional de triples al unísono que la componen. La presencia de dos coros le permite a Bach tratarlos de muchas maneras. La obra es rica en simbolismos, muy del gusto de especulador nato como Bach. Bach se sirvió de fragmentos precedentes Parodiándolos para su inclusión en esta obra. La Pasión según San Mateo muestra una unión de criterio en la que los préstamos no hicieron mella alguna.

La misa en Si menor ha planteado grandes problemas. Lutero redujo el Ordinario de la misa a sus dos primeras secciones. Bach puso música a ambos en torno a 1733 ya que lo envió al monarca católico Federico Augusto II, el sucesor de Augusto el fuerte.

Bach decidió acometer hacia 1747 la conclusión de la misa. La parodia hace su aparición en las grandes obras suyas, que retomó un Sanctus de 1724. Bach trocea el texto hasta formar 27 fragmentos independientes. Después conjuga los elementos italianos, la música instrumental alemana y la tradición del contrapunto. La obra tiene una perfecta simetría mediante la alternancia de voces. Donde se impone el sentido arquitectónico bachiano es en el Credo.

Bach no debió conocer plasmación sonora de su obra completa. Se trata de un testimonio de quién quiere sentirse parte de una tradición engalanada por nombres ilustres. Estaba preocupado por un futuro que acabaría decantándose de su lado porque era tacaño y obstinado en dar la espalda a su genio, la Misa en Si Menor que esconde un hermoso acto de rebeldía.

IV

Aunque fueron pocos los años de su carrera en los que Bach tuvo entre las obligaciones inherentes a su cargo la composición de música instrumental, su catálogo presenta en este apartado una riqueza comparable a la de sus páginas vocales, a pesar de que contamos con indicios más que suficientes para presumir que, también aquí, una gran parte de sus obras no ha llegado hasta nosotros. Conciertos, suites y sonatas constatan, por un lado, que Bach supo absorber y hacer suyas como pocas de las diversas tendencias musicales imperantes en su tiempo y, por otro, que poseía un conocimiento de las peculiaridades de los instrumentos que no puede ser fruto únicamente de una observación atenta de las evoluciones de los mismos en la práctica cotidiana, sino del denuedo puesto en desentrañar sus secretos por sí mismo. Bach fue un consumado experto en la morfología u el manejo de los instrumentos de tecla, pero sus partituras nos enseñan también que poseía un conocimiento exhaustivo de la técnica de la flauta,el oboe, el violín, el violonchelo, el laúd o la viola de gamba.

El poder de la imaginación de Bach se despliega también cuando concibe una colección de obras destinadas a formar parte de un tono unitario.

En el “Concierto nº 1” nos sorprende su estructura en cuatro movimientos y su plantilla de instrumentos solistas: violino piccolo, dos trompas, tres oboes y un fagot; en el “Concierto nº 2”, tiene una audaz convivencia tímbrica entre flauta dulce y trompeta. Esta última relegada al silencio en un segundo movimiento de carvo camerístico; en el “Concierto nº 3” la escritura para nueve instrumentos de cuerda con partes independientes para todos ellos, lo que crea una textura de una gran riqueza; en el “Concierto nº 4” la conjunción de un violín solista y dos flautas de pico que le prestan un delicado transfondo tímbrico; en el “Concierto nº 5” el poderío desplegado por un clave omvímodo y en muchos sentidos revolucionario que relega casi a la condición de comparsas a la flauta travesera y el violín que comparten con él labores solistas; en el “Concierto nº 6” el componente intimista y arcaizante de una obra que prescinde por completo del violín y cuyo atractivo reside en la posición entre dos violas da braccio y dos violas de gamba, con un violonchelo ejerciendo de mediados entre ambos grupos.

El catálogo de Bach alberga también un número significativo de partituras en las que no cabe plantearse otra alternativa que la utilización de un solo intérprete por parte.

Las dos grandes colecciones para violín y violonchelo solo parten de una negación: la imposibilidad de ambos instrumentos para hacer música por si solos.

V

Entre las obras de teclado que escribió Bach destacan una serie de siete Toccatas, en las que alternan los pasajes improvisatorios con secciones dominadas por el contrapunto imitativo, lo que la situó en el mismo ámbito estilístico que algunas de sus obras organísticas juveniles.

Bach fue un excelente profesor y entre sus instrumentos pedagógicos más renombrados se encuentran sus “Invenciones y Sinfonías”, tras revisarlos y reordenarlos en una secuencia tonal ascendente.

Las seis Partitas que Bach trabajó empezaron a publicarse individualmente, a un promedio de uno por año, a partir de 1726 sus intenciones quedan claras tras la simple observación de las danzas que decide incluir en cada una de ellas.

El pensamiento musical de Bach trasciende con las danzas y trata un discurso deshojado de cualquier elemento accesorio.

La dificultad técnica se extrema en relación con las Partitas, especialmente en las temibles últimas variaciones. Junto a rasgos arcaizantes hallamos elementos típicamente barrocos, novedosos e inclusos guiños humorísticos. Pero el concepto que mejor define la obra es el de su circularidad. Las “Variaciones Goldberg” participan del viejo aforismo medieval.

VI

El estilo Kyrie se convirtió para Bach al final de su vida en una obsesión permanente, en el objeto recurrente de sus horas de estudio. Bach se convirtió en un auténtico “Imitador de voces”.

En 1722 compuso la primera parte de su “Clave bien temperado”. El Clave bien temperado nos transmite la imagen de Bach que se acerca a su zenit en el dominio del contrapunto imitativo.

Junto a este Bach especulativo, críptico, que ni siquiera menciona a qué instrumentos destina una música mucho más teórica que práctica, encontramos al autor de una sonata en trío que participa de muchos de los rasgos del estilo galante que iba a servir de puente entre el barroco y el clasicismo.

En el último contrapunto, una triple fuga que quedó truncada por la muerte del compositor (28 de julio de 1750 en Leipzig), en su tercer sujeto son las cuatro notas que, en la anotación alemana, se corresponden con las letras de su apellido. Su hijo Carl Philips Emanuel anotó en la partitura autógrafa que Bach murió después de utilizar su propio nombre como materia de la composición: pasto, en fin de cuentas, la histografía romántica tan perniciosa en la imagen deforme que los ha legado de Johann Sebastián Bach. Con su ingente número de obras como escudo, el compositor alemán ha sabido resistir los envites del tiempo, el acoso del olvido y continúa siendo hoy día, más de dos siglos después de su muerte, luz de la música.