Jefes, cabecillas y abusones; Thomas Harris

Búsqueda de poder. Jefes. Prestigio. Clases sociales. Políticos

  • Enviado por: Jorge y Javier
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 4 páginas
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RESUMEN:

En este pequeño libro Harris trata de exponernos las distintas fases por las que ha pasado la “política” de la humanidad desde el pequeño cabecilla hasta el Gran hombre (elegido por Dios).

Este libro esta esquematizado en 12 puntos en los cuales transcurre toda la vida sociopolítica de la antigüedad.

El primer punto empieza con una pregunta: “¿había vida antes de los jefes?”. En el que nos relata, a través de ejemplos de pequeños grupos y aldeas que enlaza con teorías de otros historiadores, antropólogos y filósofos, que la humanidad dividida en pequeños círculos sociales; aldeas, poblados... no necesita ni ha necesitado nunca ningún dirigente.

“Como ser cabecilla”.

Explica que en algunas poblaciones podía surgir un cabecilla sin ningún poder, pero con una gran fuerza de convicción. Estos personaje solamente toman la palabra con mayor frecuencia. Por consiguiente, para ser cabecilla hay que esforzarse más que nadie y preocuparse más que nadie.

“Como hacer frente a los abusones”

Explica que en un núcleo de personas nacidas en un territorio particular afirmaban ser los dueños de las charcas de agua y de los territorios de caza, pero esto no influía sobre los visitantes o gente que conviva con ellos. Al no existir propiedad privada debía existir entre estos grupos algún tipo de consumismo. Pero como en todo tipo de sociedades había individuos que querían aprovecharse de este sistema y a pesar de la falta de un sistema penal acababan siendo castigados.

“De los cabecillas a los grandes hombres”

El paso de mayor influencia en la distinción de rango fue la redistribución en el marco de la evolución de las jefaturas. Cuando había excedentes por el motivo que fuera, las bandas vecinas se reunían para celebrar festejos, ceremonias...

Los cabecillas-redistribuidores trabajaban más duro que sus seguidores y también daban con mayor generosidad reservándose para sí las raciones más modestas. Esto daría pie a que los cabecillas compitiesen entre sí para dar los mejores festines y de hay a querer ser el Gran Hombre.

“El nacimiento de los grandes abastecedores”

El intercambio redistributivo va asociado a proclamaciones publicas de la generosidad del redistribuidor y de su calidad como abastecedor. La carrera de redistribuidor tiene su base en lograr aumentar la producción. La selección que lleva al régimen redistributivo solo se lleva a cabo cuando las condiciones reinantes son suficientes como para que el esfuerzo suplementario aporte alguna ventaja. Pero esto puede tener un efecto negativo ya que se corre el riesgo de agotar los recursos animales y vegetales. Así que el mayor margen para intensificar la producción es en las sociedades agrarias, por tanto, mayores son las divisiones sociales.

“¿Por qué ansiamos prestigio?”

Según Harris tenemos la necesidad genética de amor, aprobación y apoyo emocional. Los abastecedores hacen este esfuerzo solo para conseguir la aprobación de su grupo; para conseguir prestigio. Los lideres se caracterizan por una mayor necesidad de alabanzas, que otros no tienen reparo en ofrecer a cambio de manjares, seguridad y de diversión.

“¿Por qué consumimos de forma tan conspicua?”

El intercambio, la exhibición y la destrucción conspicuas de objetos de valor son simples estrategias de base cultural para alcanzar y proteger el poder y la riqueza.

En la época preindustrial los objetos suntuarios funcionaban como proclamas, anuncios para captar la atención y advertirles de su poder.

“Yuppies, ¿Por qué?”

Dado que la fuente de riqueza de las modernas clases altas reside en el aumento del consumo todo el mundo cede ante sus inclinaciones emuladoras. Para los jóvenes que quieren ascender de clase social el consumo conspicuo no es tanto el premio sino el precio del éxito. Sin esta forma de vida no se puede conocer a las personas que hay que conocer ni encontrar el trabajo idóneo.

“Del gran hombre al jefe”

La carrera por la estratificación adquiría un gran empuje cuando el redistribuidor conseguía almacenar la cosecha más abundante y menos perecedera. Hay empezaban a tener un pequeño poder sobre el pueblo. En tiempos de escasez la gente acudía a ellos en busca de comida, que se les era entregada a cambio de ropa, vasijas, canoas... para uso propio del redistribuidor. Ahora ya no necesitaba trabajar en el campo para superar el rango de gran hombre.

Ya que eran sustentados por los demas aldeanos lo jefes podian en un nivel de vida que les distanciaba en mucho de susseguidores.

“El poder ¿Se tomaba o se otorgaba?”

El poder para dar ordenes y ser obedecido sin cuestión vino de las guerras libradas por los grandes hombres y jefes. Ya sea por la espada, por la recompensa o por la religión muy pocas jefaturas dieron el paso hacía el estado. La gran mayoría de las jefaturas que intentaron imponer impuestos, cuotas agrarias... fracasaron por completo.

“El umbral del estado”

Los primeros estados fueron evoluciones de jefaturas. Pero para que una jefatura se convirtiese en estado debía cumplir dos condiciones:

-Población numerosa ( Diez mil a treinta mil personas)

-Estar confrontada a unas tierras no utilizadas para poder huir a ellas.

“Los primeros estados”

Da ejemplos de los primeros estados (Sumer, 3500 a. C.) Explica que si el jefe poseía alimentos para distribuir a sus seguidores durante todo el año, era capaz de formar un estado.

OPINIÓN PERSONAL:

Es un gran trabajo sobre la evolución de la vida sociopolítica del hombre, con muchísima información acerca de tribus casi perdidas, pero que no logro encontrar la aplicación que puede llegar atener esto en filosofía. Supongo que al ver la evolución que tiene un cabecilla a un jefe. El aumento de necesidad o más bien de búsqueda de poder que experimentan algunos individuos que les lleva a un mayor afecto y admiración.

Es un libro bastante complicado pero aun así te enseña perfectamente como las antiguas poblaciones se las componían muy bien para sobrevivir sin ninguna distinción de clases.