Islam

Religiones. Mahoma. Hadit. Corán. Profetas islamistas. Cinco pilares. La Meca. Ramadán. Ayuno. Sábado. Yihad

  • Enviado por: José Carlos
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El Islam

Islam, importante religión a escala mundial, originaria de la península de Arabia y basada en las enseñanzas de Mahoma, llamado el Profeta. La palabra árabe islam significa entregarse en la acepción literal, pero el Corán establece su sentido religioso, someterse a la voluntad o a la ley de Dios. La persona que practica el islam es un musulmán (del árabe muslim, el que se somete a Dios).

Según el Corán, el islam es la religión universal y primordial, incluso la propia naturaleza es musulmana ya que obedece de modo automático las leyes que Dios ha establecido en ella. Para los seres humanos, que tienen libre albedrío, la práctica del islam no implica obediencia sino la aceptación libre de los mandamientos divinos.

Un musulmán es un seguidor de la revelación divina (recogida en el Corán) formulada por el profeta Mahoma lo que le convierte en miembro de la comunidad islámica. A los musulmanes les ofende que se los llame mahometanos, lo que implica un culto personal a Mahoma, prohibido en el islam.

Aunque no hay estadísticas exactas disponibles, la población musulmana mundial se estima en más de 935 millones. El islam ha florecido en muy diversas regiones climáticas, culturales o étnicas. Los principales grupos étnicos que componen la comunidad musulmana engloban a los árabes (la mayor parte del norte de África y Oriente Próximo), pueblos turcos y otomanos (Turquía, regiones de la antigua URSS y Asia Central), iraníes, afganos, indo-musulmanes (Pakistán, India y Bangla Desh), comunidades del Sureste Asiático (Malasia, Indonesia y Filipinas) y un pequeño porcentaje de chinos. En Europa el islam es la segunda religión más importante después del cristianismo.

Las dos fuentes fundamentales de la doctrina y la práctica islámicas son el Corán y la Sunna así como la conducta ejemplar del profeta Mahoma.

Los musulmanes consideran el Corán como la palabra increada de Dios revelada a Mahoma por medio de Gabriel, el arcángel de la revelación; creen que el mismo Dios, no el Profeta, es el autor y por lo tanto que el Corán es infalible. Recoge los diferentes pasajes revelados a Mahoma durante los casi 22 años de su vida profética. Está dividido en 114 capítulos de desigual extensión, el más breve contiene sólo 3 versículos y el más amplio 306 versículos largos. Tanto investigadores islámicos como no islámicos coinciden en la integridad sustancial del texto del Corán a lo largo de la historia.

La segunda fuente esencial del islam, la Sunna o ejemplo del Profeta, es conocido a través del hadit, la recopilación de tradiciones basadas en lo que dijo o hizo el Profeta con respecto a diversos asuntos. A diferencia del Corán, que fue memorizado por muchos seguidores de Mahoma durante sus vidas y que fue reunido en forma escrita muy pronto, la transmisión del hadit fue en gran parte oral y datan del siglo IX las actuales colecciones autorizadas.

A diferencia del Corán, el hadit no es considerado infalible. En el periodo islámico primitivo la infalibilidad del Profeta (aparte de las revelaciones del Corán) constituyó un punto de controversia. Pero más tarde el consenso de la comunidad islámica fue que tanto él como los profetas anteriores fueron infalibles. Aunque el hadit fuera transmitido sobre todo de forma oral, se admitió que pudo introducirse el error en la transmisión humana de ahí que el hadit sea una fuente secundaria respecto al Corán, aunque posea el mismo rango fundamental para la mayoría de los musulmanes.

Investigaciones recientes, no aceptadas todavía por la mayor parte de los musulmanes, han demostrado que una gran parte del hadit no procede en sí del ejemplo del Profeta sino que representa las opiniones de las primeras generaciones de musulmanes, opiniones que fueron después atribuidas a Mahoma; en ciertos casos se conservaron sus declaraciones genuinas, aunque a la postre se hicieron añadidos a ellas por musulmanes que querían exponer opiniones teológicas o legales.

El monoteísmo es una materia central para el islam, una creencia en un solo Dios (Alá). Creer en una pluralidad de dioses o en la extensión de la divinidad de Alá a alguna persona es rechazado con energía. Dios creó la naturaleza a través de un primordial acto de misericordia, de lo contrario existiría la nada. Además dotó a cada elemento de su creación de su propia naturaleza, o de leyes que gobiernan su conducta para que sigan una pauta característica. El resultado es un conjunto armónico, bien ordenado, un cosmos en el que cada cosa tiene su propio lugar y sus limitaciones, por lo que en la naturaleza no aparecen desequilibrios, trastornos o rupturas. Dios preside y gobierna el universo, que con su ordenado funcionamiento es el signo y la prueba principal de la existencia de Dios y de su unidad. Las alteraciones del orden natural en forma de milagros sucedieron en el pasado, pero aunque el Corán acepta los milagros de los profetas primitivos (Noé, Abraham, Moisés, Jesús y otros), los declara anticuados; el milagro de Mahoma es el Corán, prodigio que ningún humano puede realizar o repetir.

Según el islam, Dios cumple cuatro funciones fundamentales respecto al universo y a la humanidad en particular: creación, sustento, dirección y juicio. Dios, que creó el universo por su absoluta misericordia, está obligado también a mantenerlo; toda la naturaleza ha sido subordinada a la humanidad, que puede explotarla y beneficiarse de ella. Sin embargo, el último objetivo de la humanidad consiste en existir para el servicio de Dios, es decir, para adorarle sólo a él y construir un orden social ético, justo y libre de corrupciones.

El Corán declara que reformar la Tierra es el ideal que debe guiar todo esfuerzo humano. La crítica básica que se hace de la humanidad en el Corán es que es demasiado orgullosa y demasiado insignificante, de miras estrechas y egoísta. El hombre es por naturaleza timorato(tímido), dice el Corán. Cuando le acontece la desgracia sufre el pánico, pero cuando experimenta sucesos afortunados impide que lleguen a los demás. Este egoísmo hace que los individuos lleguen a estar tan sumergidos en la naturaleza terrenal que pierdan la visión de su Creador y que sólo cuando la naturaleza les falla, ellos, en su total frustración, vuelven a Dios. A consecuencia de su miopía las personas temen que la caridad y el sacrificio por los demás redunde en su propio empobrecimiento. Esto es sin embargo obra de Satán, ya que Dios promete prosperidad a cambio de practicar la generosidad con los pobres. El Corán insiste por lo tanto en que los individuos trasciendan su egoísmo y evolucionen. Al hacerlo desarrollarán su carácter moral interior, que el Corán llama taqwa (que suele traducirse como temor de Dios, pero significando en realidad es proteger del peligro). Gracias a este don, los humanos pueden comprender el bien del mal y sobre todo pueden evaluar sus propias acciones con honestidad, evitando engañarse, peligro al que siempre están expuestos los hombres. Hay personas que piensan que han actuado con bondad y rectas intenciones, pero su acción no tiene valor a largo plazo. El valor real de las obras de una persona sólo se puede juzgar a través del taqwa, y la intención de los individuos debería ser el beneficio último de la humanidad, no los placeres inmediatos ni las ambiciones personales.

Dios ha enviado profetas a la Tierra a causa de la debilidad moral de la humanidad para enseñar tanto a los individuos como a los Estados el correcto comportamiento moral y espiritual. Tras la creación y sustento, la misericordia de Dios se consuma en estos actos de orientación. Aunque el bien y el mal estén registrados en el corazón humano, la incapacidad o el rechazo de muchas personas a descifrar ese registro hace necesaria la dirección profética. Esta guía es universal; nadie en la Tierra ha sido despojado de ella. Adán fue el primer profeta; tras su expulsión del Jardín del Edén, su falta recibió el perdón de Dios (por esta razón el islam no acepta la doctrina del pecado original). Noé, José, Moisés, Salomón y David también son considerados profetas. Los mensajes de todos los profetas emanan de una misma fuente divina, las tablas de la revelación, la palabra de Dios desde el principio de los tiempos. También se le conoce como el Libro Celeste, trasmitido al profeta Mahoma por la intervención del ángel Gabriel. Las religiones, por lo tanto, son en síntesis una, aunque adquieran diferentes formas institucionalizadas. Los profetas constituyen una unidad indivisible y se debe creer en todos ellos, ya que aceptar a unos y rechazar a otros equivale a negar la verdad divina. Cristo, sin embargo, es considerado un asceta al que Dios arrebatara antes de morir en la cruz. Todos los profetas son humanos; no participan de la divinidad, pero son los modelos más altos y valiosos para la humanidad. Sin embargo, algunos profetas se consideran superiores a otros, sobre todo en lo que se refiere a la constancia bajo el sufrimiento. De esta forma el Corán describe a Mahoma como el Hombre Perfecto, sello de Profecía. Acatar sus enseñanzas era obedecer al propio Dios. Era, además, una inmensa manifestación de la misericordia divina respecto a los hombres, pues se considera el último mensajero de su voluntad. El versículo del Corán donde se interroga a los profetas humanos: ¿Acaso no te encontramos en el errar y te guiamos? exalta la primacía de Mahoma como profeta máximo del islam, aún cuando ha desencadenado diversos conflictos teológicos, sobre todo entre los shiíes. De aquí viene la creencia islámica de que los profetas se extinguieron y acabaron con él, y que el Corán es la última y más perfecta revelación de Dios, y se imponía a todas las anteriores.

Las actividades divinas de creación, sostenimiento y dirección concluyen con el acto final del Juicio. El día del Juicio la humanidad será reunida y todos los individuos serán juzgados tan sólo por sus hechos. Los elegidos irán al Jardín (el paraíso), y los perdedores irán al infierno, aunque Dios es misericordioso y perdonará a los que lo merezcan. Además del Juicio Final, que afecta a los individuos, el Corán reconoce otra clase de juicio divino, que afecta a la historia de naciones, pueblos y comunidades. Las naciones, como los individuos, pueden estar corrompidas por la riqueza, el poder y el orgullo, y si no se reforman serán castigadas con la destrucción o sojuzgadas por pueblos más virtuosos.

Cinco deberes, conocidos como los "pilares del islam", se consideran fundamentales en su práctica y son centro de la vida de la comunidad islámica.

De acuerdo con el absoluto compromiso del islam con el monoteísmo, la primera obligación es la profesión de fe o testimonio (shahada): No hay más dios que Dios y Mahoma es su enviado. Esta profesión debe ser hecha pública por cada musulmán al menos una vez en su vida de forma verbal y con total asentimiento de corazón, y señala el ingreso de un individuo en la comunidad islámica.

La segunda obligación es la de las cinco oraciones diarias. La primera oración tiene lugar antes de la salida del sol; la segunda, al mediodía; la tercera, entre las tres y las cinco de la tarde; la cuarta después de la puesta del sol y la quinta antes de acostarse y antes de la medianoche. Durante la oración los musulmanes miran en dirección a la Kaaba, una pequeña estructura de forma cúbica en el patio del al-Haram (el lugar inviolado), la gran mezquita de La Meca. En oración hay que permanecer en principio de pie, acto seguido hacer una genuflexión a la que suceden dos postraciones, y ha de tomarse asiento, por último. En cada una de esta posturas se recitan determinadas oraciones y fragmentos del Corán.

Las cinco oraciones del islam se realizan en comunidad y han de ser ofrendadas en una mezquita, aunque pueden tener carácter individual si por alguna razón no se puede estar presente en una congregación. La oración piadosa personal no es obligatoria, pero se anima a los musulmanes a cumplirla después de la medianoche; recibe el nombre de tahajjud (vigilia nocturna). En Oriente Próximo e Indonesia las mujeres participan también en las oraciones comunitarias, aunque ellas rezan en una sala separada o vestíbulo. En el subcontinente indio, las mujeres musulmanas rezan en el hogar. Como paso previo al inicio de la oración, el devoto tiene que hacer las abluciones pertinentes.

Antes de cada oración comunitaria se hace una llamada pública desde un minarete (alminar) de la mezquita por el almuédano (del árabe al-mu'addin, 'el que llama a oración'). En tiempos recientes la llamada se hace con megafonía para que se pueda oír a distancia.

A primera hora de la tarde de los viernes se realizan oraciones especiales de carácter comunitario en las mezquitas. Son precedidas por un sermón desde el púlpito pronunciado por el imán, llamado también el khatib. En los dos días de fiesta religiosa anual, llamados ids (uno de ellos tan pronto concluya el mes de ayuno del Ramadán y el otro después de la peregrinación a La Meca), se celebran por la mañana oraciones especiales seguidas de sermones. Estos rezos no se efectúan en mezquitas, sino en un espacio abierto exterior dispuesto para este fin.

La tercera obligación fundamental de un musulmán es entregar el zakat (limosna). Este fue en un principio el impuesto exigido por Mahoma (y después por los Estados musulmanes) a los miembros acomodados de la comunidad, sobre todo para ayudar a los pobres. También se utilizó para captar conversos al islam; para la redención de cautivos de guerra, para el auxilio de personas con grandes deudas, para la financiación de la yihad (la guerra por la causa del islam o guerra santa), que según los comentaristas del islam engloba la sanidad y la educación; y para facilitar viajes y comunicaciones. Sólo cuando se ha entregado el zakat se considera legítima y purificada el resto de la propiedad y fortuna de un musulmán. En la mayoría de los Estados musulmanes el zakat ya no es recaudado por el Gobierno y en su lugar se ha convertido en una limosna voluntaria, pero sigue siendo reconocido como una obligación esencial de todos los musulmanes. En varios países se ha reclamado su reinstauración como impuesto, aunque esto supondría una completa revisión de sus cotizaciones y estructura para adaptarse a las necesidades de un Estado moderno.

La cuarta obligación es el ayuno del mes del Ramadán. Puesto que el calendario islámico es lunar, las festividades islámicas no se limitan a una única estación. Incluso durante los cálidos veranos la mayoría de los musulmanes observa con rigor el ayuno. Durante el mes de ayuno las personas deben abstenerse de comer, beber, fumar y mantener relaciones sexuales desde el amanecer hasta la puesta del sol y evitar todo pensamiento o acto pecaminosos; quienes puedan permitírselo deben además dar de comer a un pobre, por lo menos. Si una persona no puede cumplirlo por hallarse enferma o de viaje, no es necesario que ayune entonces aunque debe compensarlo en días posteriores.

La quinta obligación es la peregrinación a la Kaaba, en La Meca. Todo musulmán adulto capacitado físicamente y dotado de bienes suficientes debe realizar esta peregrinación por lo menos una vez en su vida. Celebrado durante los primeros 10 días del último mes del año lunar, el rito exige que los peregrinos se encuentren en un estado de absoluta pureza vistiendo tan sólo una prenda blanca inconsútil, se abstengan de derramamiento de sangre y de cortarse las uñas o el pelo y eviten cualquier tipo de vulgaridad. Los componentes principales de este prolongado rito son las siete vueltas a la Kaaba, correr a paso ligero entre los dos túmulos próximos al santuario por siete veces, caminar los 3,827 kilómetros hasta Mina, después seguir los 11, 263 kilómetros hasta Arafat, permanecer allí por la tarde para escuchar un sermón, regresar andando a La Meca, ofrecer un sacrificio en memoria del intento de Abraham (Ibrahim) de sacrificar a su hijo (Ismael, según el Corán, y no Isaac), y de nuevo correr en torno a la Kaaba.

En años recientes los viajes aéreos han permitido a los musulmanes de todas las regiones del planeta realizar la peregrinación. En 1977 el número registrado estuvo cerca de los dos millones. A través de los siglos, la Kaaba ha desempeñado un importante papel como punto de reunión de investigadores islámicos para intercambiar, discutir y difundir ideas. Durante las dos últimas décadas, la peregrinación ha servido también para promocionar la solidaridad política en el mundo musulmán, aunque también han sido frecuentes los enfrentamientos abiertos entre los shiíes y las autoridades de Arabia Saudí.

Aparte de estas cinco instituciones básicas, el islam impone la prohibición del consumo de alcohol y carne de cerdo. Además de la Kaaba, el principal santuario musulmán, los centros más importantes de la vida islámica son las mezquitas, donde se realizan oraciones a diario, y las mezquitas catedral, donde se celebran los oficios del viernes.

El concepto islámico de sociedad es teocrático en tanto que el objetivo de todos los musulmanes es el "gobierno de Dios en la Tierra". Sin embargo, esto no implica gobierno clerical, aunque las autoridades religiosas hayan tenido una considerable influencia política en determinadas sociedades musulmanas. La filosofía social islámica se basa en la creencia de que todas las esferas de la vida (espiritual, social, política y económica) constituyen una unidad indivisible que debe estar imbuida por completo de los valores islámicos. Este ideal inspira conceptos tales como Derecho islámico y Estado islámico, y explica el acentuado énfasis del islam en la vida y en las obligaciones sociales. Incluso los deberes religiosos fundamentales establecidos en los cinco pilares del islam tienen nítidas implicaciones en lo que afecta a la comunidad.

La base de la sociedad islámica es la comunidad de los fieles, que queda consolidada por el cumplimiento de los cinco pilares del islam. Su misión es infundir el bien y prohibir el mal y de este modo reformar la Tierra. Sin embargo, la comunidad debe ser moderada y evitar todos los extremos. Durante la edad media las autoridades religiosas islámicas reivindicaron un grado de infalibilidad para el conjunto de la sociedad, pero la dominación colonial europea de los países musulmanes condujo a la especulación de que la comunidad debía haberse equivocado y había sido castigada. Por eso en el siglo XX algunos teóricos islámicos han presentado diversas concepciones sobre la sociedad musulmana deseable y propuestas de reforma respecto a los modelos ortodoxos.

El sistema educativo contribuyó a los grandes progresos culturales del islam. Las universidades se fundaron como instituciones de enseñanza religiosa donde se formaban los ulama (ulemas o investigadores religiosos), qadis (jueces), muftis (intérpretes de la Ley) y otros altos representantes y dignatarios religiosos. Estos funcionarios formaban una importante clase política, en especial en Turquía y la India donde tuvieron gran influencia en la vida pública. Sin embargo, en numerosos países musulmanes del siglo XX el ulama ha perdido gran parte de su antigua influencia, sobre todo entre los musulmanes de educación occidental, que no aceptan un código de gobierno religioso en el sentido estricto. En Turquía el ulama ha sido despojado por completo de poder legal efectivo.

En el siglo IX el califa al Mamun fundó una academia en Bagdad para el estudio de materias seculares y para la traducción de los textos científicos y filosóficos griegos. En el siglo X, en El Cairo, los califas fatimíes establecieron también una academia dedicada a la enseñanza secular, al-Azhar, que sigue siendo el centro más importante de enseñanza del mundo islámico. Es habitual que gobernantes y patrocinadores acomodados destinen fondos a disposición de investigadores particulares. Los investigadores islámicos medievales hicieron importantes aportaciones a los campos de la filosofía, la medicina, la astronomía, las matemáticas y las ciencias naturales; entre el siglo IX y el siglo XIII la comunidad islámica fue la civilización más fértil del mundo en el plano cultural.

Entre otras famosas universidades islámicas, la Nizamiya, fundada en Bagdad en 1067 por el estadista iraní Nizam al Mulk, impartía teología, Derecho y tradición islámica y tuvo entre sus colaboradores al famoso filósofo al Ghazali; la Mustansiriya, fundada en 1234 en Bagdad, impartía Derecho religioso y otras materias.

El Derecho islámico, llamado sharia, explica los objetivos morales de la comunidad. En la sociedad islámica, por lo tanto, el término Derecho tiene un significado más amplio que en el Occidente moderno secularizado, pues engloba imperativos morales y legales. Por la misma razón, no todo el Derecho islámico puede ser formulado como norma legal formal ni impuesto por los tribunales. En gran parte depende en exclusiva de la conciencia.

La sharia está basada en cuatro fuentes o fundamentos del Derecho. Las dos primeras son las fuentes documentales, el Corán y la tradición representada por la Sunna y el hadit. La tercera fuente es la llamada ijtihad (opinión individual responsable); se utiliza cuando un problema no está tratado por pasajes del Corán o de la Sunna; en este caso un jurista puede resolver el problema utilizando razonamientos (qiyás) analógicos; estos razonamientos se utilizaron por primera vez cuando los teólogos y juristas islámicos en países conquistados tuvieron que hacer frente a la necesidad de integrar leyes y costumbres locales con el Corán y la Sunna. Más tarde las autoridades islámicas consideraron que este pensamiento original era una amenaza para las fuentes documentales e impusieron normas estrictas limitando su uso. Pero a consecuencia de los profundos cambios operados en la comunidad musulmana mundial en las últimas décadas, se ha puesto un renovado énfasis en el pensamiento innovador de la ijtihad. La cuarta fuente es el consenso (ijma) de la comunidad, que se logra descartando de forma gradual determinadas opiniones y aceptando otras, ya que el islam no tiene una autoridad dogmática oficial, este es un proceso informal que por lo general requiere un largo periodo de tiempo.

En el islam surgieron cinco escuelas jurídicas, cuatro suníes y una shií. Las cuatro escuelas suníes aparecieron en los dos primeros siglos del islam: la shafí, la hanafí, la maliquí y la hanbalí. Todas utilizan de forma sistemática el razonamiento para esclarecer áreas legales no resueltas por el Corán o la Sunna. Difieren ante todo por el énfasis con que resaltan la autoridad textual o el razonamiento analógico, pero cada escuela reconoce las conclusiones de las demás como legítimas y dentro del marco de la ortodoxia islámica. Cada escuela tiende a ser la hegemónica en determinadas regiones del mundo: la hanafí en el subcontinente indio, Asia central, Turquía y en cierta medida en Egipto, Jordania, Siria, Irak y Palestina; la maliquí en el norte de África; la shafí en el sureste Asiático y la hanbalí en Arabia Saudí. La escuela shií (llamada jafarí) domina en Irán.

El término yihad, con frecuencia traducido como 'guerra santa', designa la lucha por el objetivo islámico de "reformar la Tierra", que puede englobar el uso de la violencia y la utilización de ejércitos si fuera necesario. En cualquier caso, se trata de un concepto mal asimilado fuera del mundo musulmán. La finalidad prescrita por la yihad no es sin embargo la expansión territorial ni la conversión a la fuerza de los pueblos al islam, sino la toma del poder político para aplicar los principios islámicos a través de las instituciones públicas de la comunidad. El concepto de yihad fue sin embargo utilizado por algunos gobernantes musulmanes medievales para justificar guerras motivadas tan sólo por ambiciones políticas.

Según el Derecho islámico clásico, el mundo está dividido en tres grandes zonas: la Casa del islam, donde los musulmanes tienen el dominio; la Casa de la Paz, de aquellos poderes con quienes los musulmanes tienen tratados y acuerdos; y la Casa de la Guerra, el resto del mundo. Pero de una forma progresiva la yihad se ha ido interpretando más en términos defensivos que ofensivos. En el siglo XX este fue el concepto que inspiró a los musulmanes en su lucha contra el colonialismo occidental.

La familia

La comunidad islámica primitiva aspiraba a consolidar la familia a cambio de abandonar las antiguas fidelidades tribales aunque no fue capaz de eliminarlas. El Corán insiste en la piedad filial y en el amor y misericordia que deben existir entre marido y mujer. Se declara iguales a hombres y mujeres, excepto que los hombres están en una categoría superior porque corren con los gastos de la casa. La fidelidad sexual es requerida, pero afecta sobremanera a la falta cometida por la mujer, y el adulterio probado se castiga en público con 100 latigazos.

El Corán aboga por medidas destinadas a mejorar la condición de la mujer. El infanticidio de niñas, práctica frecuente entre ciertas tribus, está prohibido; las hijas reciben una parte de la herencia, aunque sólo la mitad de lo asignado a los hijos. También insiste repetidas veces en el tratamiento cariñoso a las mujeres y concede a las esposas el derecho al divorcio en caso de malos tratos. El Corán aprueba la poligamia, permitiendo hasta cuatro esposas, pero también dice que si temes no poder hacer justicia entre tus esposas, entonces cásate con una sola. El abuso de poligamia y del derecho del marido en el islam tradicional a repudiar a la esposa, incluso cuando su conducta es intachable, ha conducido en los últimos años a la promulgación de leyes reformadoras de contexto familiar en casi todos los países musulmanes.

En tiempos de Mahoma (570?-632) la península de Arabia estaba habitada por beduinos nómadas dedicados al pastoreo y al bandidaje, y por árabes que vivían en las ciudades dedicados al comercio. La religión de los árabes era politeísta e idólatra aunque existía una antigua tradición de monoteísmo, o por lo menos la creencia en una divinidad suprema. Las comunidades judías y cristianas quizá contribuyeron a crear una mayor receptividad hacia las doctrinas monoteístas, aunque ni el judaísmo ni el cristianismo resultaran atractivos para los árabes. A Mahoma lo precedieron algunos predicadores monoteístas aunque con poco éxito.

Mahoma inició su ministerio a los 40 años cuando, según afirma, se le apareció el arcángel Gabriel en una visión. Mahoma confió a su familia, rama de los quarisíes, tribu que disfrutaba del poder político en la Meca, y amigos íntimos el contenido de ésta y de sucesivas visiones. Después de cuatro años había convertido a unas 40 personas y luego comenzó a predicar en público en su ciudad natal de La Meca, núcleo mercantil de primer orden en Arabia. Ridiculizado por los habitantes de esta ciudad, marchó a Medina en el año 622. A partir de este acontecimiento, la Hégira, se fecha el calendario islámico. En Medina, Mahoma adquirió muy pronto autoridad espiritual y temporal y llegó a ser reconocido como legislador y profeta. La oposición árabe y judía que encontró en Medina fue eliminada y emprendió entonces una guerra contra La Meca. Poco a poco las tribus árabes le declararon su lealtad y La Meca se rindió en el año 630. A su muerte en el 632, Mahoma era el máximo dirigente de un Estado árabe que acrecentaba su poder con una gran rapidez.

Las enseñanzas centrales de Mahoma eran la bondad, omnipotencia y unidad de Dios y la necesidad de que la generosidad y la justicia rigieran en las relaciones humanas. A esta emergente religión se incorporaron importantes elementos del cristianismo y el judaísmo, y otros elementos arraigados en la tradición árabe preislámica: instituciones tan importantes como la peregrinación y el santuario de la Kaaba fueron absorbidas en forma modificada del paganismo árabe. Mahoma, al reformar la tradición árabe preislámica, también la confirmó.

Durante los primeros siglos del islam (siglos VII al X) se desarrollaron los aspectos legislativos y teológicos considerados básicos por el islam ortodoxo. La teología sigue en importancia al Derecho en el islam, aunque no sea tan esencial como la teología lo ha sido para el cristianismo. Los debates teológicos comenzaron muy poco después de la muerte de Mahoma. El primer conflicto importante lo desencadenó el asesinato del tercer califa, Uthman ibn Affan, y las posteriores luchas políticas que se produjeron. La cuestión era si un musulmán seguía siéndolo después de cometer pecados graves. Un grupo fanático, los jariyíes, sostenía que la comisión de pecados serios, sin el debido arrepentimiento, excluía incluso a un musulmán (aunque siguiera observando los restantes artículos de fe) de la comunidad islámica. Buenas obras, por lo tanto, y no sólo fe, son esenciales para el islam. Los jariyíes llegaron a considerar impías a casi todas las autoridades políticas musulmanas y tras numerosas rebeliones fueron eliminados. Una facción más moderada de jariyíes, los ibadíes, consiguió sobrevivir y pervive en el norte y este de África, Siria y Omán.

La traducción de las obras filosóficas griegas al árabe en los siglos VIII y IX colaboró a la aparición de la primera escuela importante de teología islámica, los motáziles que subrayaban la razón y la lógica rigurosa. La cuestión de la importancia de las buenas obras persistía y los motáziles mantenían que una persona que cometiera un pecado grave sin arrepentirse no era un musulmán pero tampoco era un no musulmán, sino que ocupaba un terreno intermedio. Sin embargo pusieron el énfasis en la absoluta unicidad y justicia de Dios. Afirmaban que Dios era pura esencia sin atributos, puesto que los atributos implicarían multiplicidad. La justicia divina requiere del libre albedrío, ya que si el individuo no fuera libre para elegir entre el bien y el mal, premio y castigo serían absurdos. Dios, al ser perfecto y justo, no puede abstenerse de recompensar el bien y castigar el mal. Como racionalistas, los motáziles sostenían que la razón humana sirve para distinguir entre el bien y el mal, aunque pueda recibir la ayuda de la revelación. La teología de los motáziles se estableció como credo oficial por el califa al Mamum, pero hacia el siglo X se produjo una reacción, dirigida por el filósofo al Ashari y sus seguidores. Negaban la libertad del libre albedrío, considerando este concepto incompatible con el poder absoluto y la voluntad de Dios. Rechazaban asimismo que la razón natural humana pueda conducir al conocimiento del bien y del mal, pues las verdades morales son establecidas por Dios y sólo se pueden conocer a través de la revelación divina. Los conceptos de al Ashari y su escuela fueron imponiéndose con lentitud entre los suníes u ortodoxos, y siguen predominando entre los musulmanes más conservadores. Sin embargo, la tendencia de los suníes ha sido tolerar y acomodar pequeñas diferencias de opinión y subrayar el consenso de la comunidad en materia de doctrina.

Los motáziles fueron quizá los primeros musulmanes en adoptar los métodos filosóficos griegos para difundir sus ideas. Algunos de sus adversarios utilizaron los mismos métodos y el debate dio paso al movimiento filosófico islámico, basado en gran medida en la traducción al árabe de las obras filosóficas y científicas griegas y en su estudio favorecido por el califa al Mamun.

El primer filósofo islámico importante fue al Kindi (siglo IX), que intentó alinear los conceptos de la filosofía griega con las verdades reveladas del islam, que consideraba superiores al razonamiento filosófico. Como los posteriores filósofos islámicos de este periodo, estuvo influido ante todo por las obras de Aristóteles y por el neoplatonismo, que sintetizó en un único sistema filosófico. En el siglo X el turco Alfarabí fue el primer filósofo islámico en subordinar revelación y ley religiosa a la filosofía. Alfarabí sostenía que la verdad filosófica es idéntica en todo el mundo y que las muchas religiones existentes son expresiones simbólicas de una religión universal ideal.

En el siglo XI el filósofo y médico persa Avicena logró la más sistemática integración del racionalismo griego y del pensamiento islámico, aunque fuera a costa de varios artículos de fe ortodoxos como la creencia en la inmortalidad personal y en la creación del mundo. También sostenía que la religión era filosofía tan sólo en un lenguaje metafórico que la hace atractiva para las masas, incapaces de captar las verdades filosóficas en formulaciones racionales. Estos conceptos provocaron ataques dirigidos contra Avicena y contra la filosofía en general por los pensadores islámicos más ortodoxos, y de una forma destacada por el teólogo al Ghazali, cuyo libro Destrucción de los filósofos tuvo mucho que ver con el declive final de la especulación racionalista en la comunidad islámica. Averroes, el filósofo y médico hispanoárabe del siglo XII, defendió los conceptos aristotélicos y platónicos contra al Ghazali y se convirtió en el filósofo islámico más importante en la historia intelectual de Occidente gracias a su influencia en la escolástica.

El movimiento místico llamado sufismo tuvo su origen en el siglo VIII, cuando pequeños círculos de musulmanes piadosos, como reacción a la difusión mundial de la comunidad islámica, comenzaron a llamar la atención sobre la importancia de la vida interior del espíritu y la purificación moral. Durante el siglo IX el sufismo se desarrolló como doctrina mística, con la comunión directa o incluso una unión de éxtasis con Dios, como su ideal. Esta aspiración a la unión mística violaba el compromiso islámico ortodoxo con el monoteísmo y en el año 922 al Halaj, acusado de haber manifestado su identidad con Dios, era ejecutado en Bagdad. Destacados sufistas intentaron más tarde lograr una síntesis entre el sufismo moderado y la ortodoxia, y en el siglo XI al Ghazali logró introducir el sufismo en el ámbito de la ortodoxia.

En el siglo XII el sufismo dejó de ser el objetivo de una elite instruida y se transformó en un complejo movimiento popular (Dios no tiene fin y la palabra del Corán es inagotable). La insistencia sufí en el conocimiento y el amor de Dios aumentó el atractivo del islam para las masas e hizo posible su extensión más allá de Oriente Próximo, llegando a África y Asia Oriental. La hermandad sufí se multiplicó desde el Atlántico hasta Indonesia; algunas comunidades abarcaron el mundo islámico completo y otras fueron regionales o locales. La enorme implantación de estas fraternidades se debió en primer término a la capacidad y al humanitarismo de sus fundadores y dirigentes, que no sólo atendían las necesidades espirituales de sus seguidores sino que también ayudaban a los pobres fueran cuales fueran sus creencias y actuaban con asiduidad como intermediarios entre el pueblo y los dirigentes políticos.

Los shiíes son la única rama sectaria de importancia que sobrevive en el islam. Surgieron a consecuencia de una turbulenta disputa familiar sobre la sucesión política de Mahoma. Los shiíes afirmaban que gobernar a la comunidad es un derecho divino de los descendientes del Profeta a través de su hija Fátima y su marido Alí, quien inaugurara el periodo de los cuatro califas justos (658-750). Los shiíes creen en una serie de 12 caudillos religiosos infalibles que arranca con el imán Alí, por lo que a este grupo también se le conoce como duodecimanos. El duodécimo y último imán desapareció en el año 873, y los shiíes esperan que a su regreso el mundo se vea presidido por la justicia, teniendo en cuenta que proclamaban la infalibilidad absoluta de los jefes de la comunidad, éstos debían ejercerla con autoridad. Se les atribuían poderes alquímicos y sobrenaturales. El imán, por su propia condición, es el único designado por la luz divina para explicar la ley de Dios. Hasta ese momento incluso el mejor gobernante no tendrá la legitimidad absoluta. Los shiíes, en contraste con los suníes ortodoxos, partidarios de ampliar al máximo los grados de tolerancia hacia los otros credos, dentro y fuera del islam, subrayan el conocimiento esotérico por encima del consenso de la comunidad.

Varias sectas pequeñas se han desarrollado fuera de la Shia, es decir, la comunidad musulmana que sólo acata la autoridad que proceda de la persona del iman, o perteneciente a la casa de Alí. La de los ismailíes es la más importante. Las ideas teológicas de los ismailíes son más radicales que las de los shiíes y proceden en una parte importante del gnosticismo y el neoplatonismo. Los ismailíes se encuentran en la India y Pakistán; otros han emigrado en las últimas décadas de África Oriental a Canadá. La secta drusa es una ramificación de los ismailíes y surgió tras la misteriosa desaparición en El Cairo del califa ismailí al Hakim. Muchos drusos creen que al Hakim era una encarnación de Dios.

En 1841 un joven shií, Mirza Alí Muhammad, de Shiraz (Irán), se proclamó el bab (puerta a Dios) y asumió un papel mesiánico. Sus seguidores, llamados los babíes, fueron perseguidos con dureza por la clerecía shií, y él fue ejecutado en 1850. Durante el liderazgo de su discípulo Mirza Husain Alí Nuri, conocido como Bahaullah, los bahaís (como se conoció al grupo) desarrollaron una doctrina pacifista de carácter universalista, declararon al behaísmo como religión independiente del islam y lograron numerosos adeptos en Estados Unidos.

El estancamiento de la cultura islámica tras la edad media condujo a una renovada insistencia en el pensamiento original (ijtihad) y a movimientos de reforma religiosa. A diferencia de los principales movimientos doctrinales y filosóficos medievales, los movimientos modernos se preocuparon de una forma fundamental de las reformas sociales y morales. El primer movimiento de este tipo fue el wahhabí, llamado así por su fundador Ibn Abd al Wahhabi, que surgió en Arabia en el siglo XVIII para convertirse en un vasto movimiento integrista con ramificaciones en todo el mundo musulmán. El movimiento wahhabí pretendía reactivar el islam purificándolo de sus influencias no islámicas, y en particular de las que habían comprometido su monoteísmo original, subrayando la responsabilidad de los musulmanes para pensar con independencia en lugar de la aceptación ciega de las tradiciones que tendían a la universalidad.

Otros reformadores islámicos han estado marcados por las ideas de Occidente. El reformador más influyente del siglo XIX fue el egipcio Muhammad Abduh, para quien razón y pensamiento moderno occidental confirmarían la doctrina del islam en lugar de socavarla, y esa doctrina islámica podría ser reformulada en términos modernos. Muhammad Iqbal es el más importante filósofo moderno que abordó la reinterpretación de las doctrinas islámicas. Otros intelectuales en Turquía, Egipto y la India trataron de reconciliar las enseñanzas del Corán con las ideas surgidas tras la expansión de la democracia constitucional, la ciencia y la lucha por la emancipación de la mujer. El Corán enseña el principio de gobierno por consulta que en tiempos modernos, afirmaban, puede ser mejor realizado por gobiernos representativos que por monarquías. Advirtieron que el Corán favorece el estudio y la explotación de la naturaleza aunque los musulmanes, tras varios siglos de brillante trabajo científico, lo transmitieron a Europa para abandonarlo tiempo después. Sostenían que el Corán había dado a la mujer los mismos derechos aunque éstos hubieran sido usurpados por los hombres, que abusaron de modo ostensible de la poligamia y otros privilegios semejantes.

Aunque las ideas modernas estaban basadas en interpretaciones plausibles del Corán, los fundamentalistas islámicos se opusieron con energía a ellas sobre todo a partir de la década de 1930. La reacción contra el modernismo ha tomado impulso desde esos años por varias razones. Los fundamentalistas no se oponen a la educación moderna, la ciencia y la tecnología per se, pero acusan a los reformadores de ser los proveedores de la moralidad occidental. Creen que la emancipación de la mujer, tal como se concibe en Occidente, es responsable de la desintegración de la familia y de una moral sexual permisiva en exceso. Algunos fundamentalistas sospechan de la democracia porque no confían en el sentido moral de las masas. Por otra parte, los dirigentes y funcionarios de algunos países musulmanes no han logrado mejorar de un modo significativo la situación económica de la mayoría de la población ni el rápido aumento de la población. En último extremo, y quizá resulte lo más importante, el resentimiento que los musulmanes sienten hacia el colonialismo occidental ha originado que para muchos de ellos todo lo relacionado con las culturas de Occidente sea sinónimo y representación del mal.

Durante la época moderna el islam ha continuado incorporando nuevos creyentes a sus filas, de forma muy acusada entre los negros africanos y entre algunos grupos negros de Estados Unidos, atraídos por su igualitarismo fundamental y su estricto sentido de la solidaridad.

Convencidos de la verdad absoluta del islam los musulmanes no han procurado entablar diálogo con representantes de otras confesiones, aunque algunos investigadores islámicos medievales escribieron obras bastante imparciales sobre ellas. Desde la década de 1960, sin embargo, los musulmanes han iniciado un diálogo con representantes del cristianismo y el judaísmo, reconocidos por el islam como las otras dos religiones del libro basadas en la revelación. Pero el recuerdo del colonialismo occidental ha generado sospechas y frustrado todas las tentativas ecuménicas.