Internet, ¿y después qué?; Dominique Wolton

Tecnología de la comunicación. Objetivos. Imagen. Televisión generalista. Gran público. Nuevas tecnologías. Contenido de la red. Medios de comunicación. Conclusiones

  • Enviado por: Inmaculada Saranova
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 36 páginas
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Introducción

Una nueva era de la comunicación.

¿Qué lugar ocupa la comunicación en nuestra sociedad? Aunque la com. es un problema d la humanidad muy antiguo, la irrupción de nuevas técnicas ha comunicado su posición de un modo considerable: ha resultado ser una com. más eficaz. La dimensión técnica de la comunicación ha sustituido la dimensión humana y social, muchos imaginan una sociedad de la comunicación, en la que se solucionarán la mayoría de los males de la humanidad.

Simultáneamente a la tecnificación se ha desarrollado la libertad de información, que ha hecho del ideal de la comunicación uno de los grandes valores de nuestra sociedad.

Las raíces de la comunicación se hallan en la tradición religiosa y cultural de Occidente. Su instrumentalización a través de técnicas más sofisticadas ha cambiado radicalmente su posición, introduciéndola en la era delos intereses y los beneficios.

El atractivo de la comunicación reside en la combinación de valores y resultados técnicos, ideal e interés, hasta que con la mundialización de la comunicación y el poder absoluto de Internet, ya no sabemos cual es la lógica que la mantiene: los valores o los intereses, los ideales o el comercio. Éste es el motivo de que la com. sea una apuesta política y cultural, ya que mezcla ambas dimensiones.

Perspectiva teórica.

Partiendo de la dualidad de la com. entre un sentido normativo(del ideal) y un sentido funcional(de la necesidad), la com. ha sido uno de los requisitos fundamentales de la aparición de la sociedad moderna. La comunicación es inseparable del lento mov. De emancipación dl individuo y del nacimiento de la democracia. La com es fundamental por:

  • Presupone la existencia de seres libres, y la libertad de com. y de inform. Es el eje de sus relaciones sociales y políticas

  • Debe gestionar los 2 mov. Contradictorios surgido de dos herencias políticas del s. XVII y XIX( libertad individual y igualdad de todos)

  • Es la condición necesaria para que haya democracia de masas.

En una sociedad en que la información y la comunicación están omnipresentes, esto no atañe al acercamiento entre individuos o colectivos, sino a la gestión de sus diferencias. No hay nada más peligros que ver en la presencia de tecnologías cada vez más productivas la condición del acercamiento entre los hombres. Cuanto más próximos están unos de otros, más visibles son las diferencias, y mas necesario garantizar las distancias para soportar las disimilitudes y alcanzar la coexistencia. No hay teoría posible de la com. sin una representación de la sociedad: toda teoría implica un modelo de com. en los ámbitos individual y colectivo. Aquí se unen teoría de la com y de la sociedad.

El tiempo técnico no es jamás el tiempo económico y social. La historia econ.,social y cultural da normalmente sentido a la historia técnica y no al revés.

El objetivo de este libro...

Es aplicar esta teoría a los nuevos avances de la comunicación: el futuro de internet y la guerra delos medios de com.

Los medios de com. de masas, sobretodo Tv, nunca han estado tan desvalorizados con relación a los medios individualizados o interactivos. Las innovaciones técnicas nos harán pasar de la sociedad industrial a la de la información, a una sociedad donde lo esencial de las estructuras descanse sobre una lógica de la inf. Y de la com. Se precisa una teoría de la com. que no se reduzca al análisis de los resultados técnicos. Se trata de comprender porqué la ideología técnica ha irrumpido con tanta eficacia en la com. ¿Por qué asistimos a esta tecnificación de la com y la sociedad?

Opinión y conocimiento.

Posición teórica principal de la com: aflojar las cuerdas de los tres discursos que oprimen la com la de los empresarios, la de los periodistas y la de los personajes políticos. Ninguno de ellos es falso, pero ninguno desea situar la com. dentro del conocimiento.

¿Hay lugar para la lógica del conocimiento? Podrá algún día el discurso de las ciencias sociales hacerse escuchar en materia de com? Cuando podrá ser comparado con los discursos de empresarios, políticos y periodistas? El discurso de las ciencias sociales no pretende la verdad. Para salvaguardar una cierta concepción de la com., hace falta pensarla.

La fascinación por las tecnologías, su economía y perspectivas, los modos y los conformismos refuerzan el pensamiento único, cercano a los intereses y alejado de los valores, identifica la rev. De la comunicación con el progreso y la modernidad. No le pida os a un investigador que piense como político, empresario o periodista.

En un sector donde todo va rápidamente estandarizado, preservar un sitio para una reflexión teórica es fundamental. La función de la invest. Consiste en ir más allá de lo que es evidente y visible, para pensar de otra manera y elaborar conocimientos.

Cada uno admitimos la presencia de esta función de libertad intelectual y de innovación en diferentes sectores de invest., pero todos desconfiamos de su existencia en las ciencias sociales. Desearíamos que las ciencias sociales reafirmarán los discursos existentes, pero el interés de las ccss y de l investigación es introducir otros problemas y otras lógicas: pensar de forma diferente. No existen conocimientos sin pensamiento crítico, es necesario dejar distancia para cuestionar los discursos y técnicas. Es preciso observar el mundo de otra manera y no quedarse satisfecho ante las evidencias.

¿Existe realmente una ruptura desde el punto de vista de una teoría de la com entre los medios de com. de masas y las nuevas tecnologías? Se trata de un cambio sustancial en la economía de la com(relación individual y colectiva)¿qué lugar asigna la sociedad a la com? Esta es la cuestión ppal. Todos estamos a favor de las nuevas tecnologías, sobretodo en com. Estas tecnol. Son mas sofisticadas que estos dos medios. Ahora bien, la eficacia y el sentido de un sistema de com. no se reduce a su resultado técnico.

Definir la comunicación.

Entender el lugar y papel de la comunicación en la sociedad significa analizar las relaciones entre los tres aspectos de la com:

  • sistema técnico

  • modelo cultural dominante

  • proyecto que sobreentiende la organización económica, técnica y jurídica de las técnicas de com.

Hay un conflicto entre estas tres lógicas. El interés de las investigaciones es demostrar que, si las tecnologías son lo más espectacular, lo esencial no es eso ni los atractivos resultados, sino la comprensión de las relaciones(+ o - contradictorias) entre sistema técnico, modelo cultural y proyecto de organización de la com. Estos elementos permiten comprender el papel de la com. en una época.

¿Existe un cambio real entre los medios de com. de masas e Internet? Esta relacionado la innovación de las tecn. Con un cambio cultural en los modelos de com individuales y colectivos? Existe otro proyecto de organización de la com. otra visión de su papel en una sociedad abierta? Esta es la cuestión import. Y no los resultados técnicos.

Muchas teorías se basan en una visión materialista y tecnica de la com. estableciendo relaciones directas entre la Hª de la com. y la de sus etapas tecnológicas. Pero la Hª de las tecnol. Demuestra lo contrario.

Muchos suponen que la tecnología cambiará directamente la sociedad y a los individuos. Se adhieren a la teoría del determinismo tecnológico: una revolución tecnológica provocaría una rev. En la estructura global de las sociedades. Pasamos así de una concepción materialista de la com. a una ideología - la técnica- de la com. La Hª demuestra los límites de las teorías deterministas. Se constata que las tecnologías evolucionan más rápido que los modelos culturales, y la org. Social de la com. no es suficiente para definir un sentido en el progreso de la com.

La propuesta de una teoría de la com. consiste en no reducir la com. hasta una explotación tecnológica, ni tampoco suponer que la innovación tecn. Siempre más rápida que la cultural o social, modificará al final la situación general de la sociedad. LO esencial en un sistema de com no es la técnica. No hay Tª de la com. sin una teoría implícita o explícita de la sociedad. Es imposible pensar en un stma técnico de com. sin relacionarlo con las carct. Sociales/culturales. El objetivo de las nuevas técnicas de com. es socializarlas, y no tecnificar al hombre o a la sociedad: separar la com. del problema de la productividad.

El objetivo de internet no es saber si todo el mundo se beneficiará de él sino comprender si existe alguna relación entre este stma técnico, y un cambio de modelo cultural y social de la com. Si está relación entre los tres ámbitos se produce, estaremos ante una verdadera rev. De la com.(Occidente ha conocido 2).

Del siglo XVI al s. XVIII la imprenta favoreció el nacimiento del modelo indiv. Y la construcción de un espacio público para la expresión y la circulación de opiniones. Del s.XIX al XX, primero el telf y después la radio y la Tv han estados relacionados con el triunfo del individualismo y de la democracia de masas. En ambos casos, la innovación tecnológica ha adquirido su dimensión real solo porq hubo en un espaci-tiempo similar evoluciones radicales del orden cultural-social. Si tomamos a internet como el símbolo de las nuevas tecn. Es necesario saber si esta innovación vuelve a encontrar un cambio en los modelos y proyectos socioculturales. Si no existe esta relación, las nuevas tecn. Por muy seductoras y productoras que sean, no son suficiente para erigirse en un símbolo de la rev. De la economía general de la com. Y menos en símbolo de una nueva sociedad.

Tres objetivos del libro:

  • Contribuir a una revaloración teórica de la com, demostrando que no solo se trata de tecnologías ni de un mercado en expansión, sino tb un valor esencial de nuestro patrimonio cultural. Consiste en hacer explícitos los vínculos entre Tº de la com y de la sociedad, partiendo de la dif. Entre com. normativa y com. funcional.

La com. implica: - un stma tecnológico

- un modelo cultural de relaciones indiv y sociales

- proyecto de sociedad.

Sí a la com. como objetivo teórico, no ala com. como ideología

  • Defender una reflexión sobre la Tv, medio de com.esencial para la democracia de masas. Es evidente que las tecn. Evolucionan pero esto no es suficiente para cambiar una sociedad.

A través del desprestigio de la Tv, ayer a título de influencia embrutecedora y uniformizadora, y hoy en nombre de los buenos resultados de las nuevas tecnologías individualizantes, encontramos no sólo la antigua hostilidad hacia los Mdc de masas sino tb a la cultura y democracia de masas. Estas críticas contra la Tv traducen la desconfianza contra las elites respecto a la problemática de la cantidad y de la com. al gran público.

La fuerza de los Mdc generalistas es precisamente mantener las dos escalas de la com., la escala individual y la colectiva, mientras que los nuevos medios se sitúan en la individual. Los medios generalistas, privilegian la lógica de la oferta, recuerdan la import. d una posición normativa que destaque, contrariamente ala ideología actual de la demanda, como la emancipación cultural pasa por la oferta = manera de imaginar la relación entre escala individual y la colectiva.

  • Tocar el timbre de alarma para Europa. La tradición Hca hace de Europa la cuna de la Tª de la com. vinculada al modelo democrático y a la voluntad de crear un espacio económico y político nuevo.

En resumen, todo esta presente para favorecer debates teóricos sobre la posición de la com. en la sociedad moderna y el papel de las nuevas tecn. Mañana la com. a escala será factor de conflictos, como lo han sido las materias primas(petróleo, colonias..). Europa es un territorio pionero en materia de com. Esto le permitiría romper el monopolio americano, sin embargo, se decanta por la continuidad. La U.E ha tomado por su cuenta el peor de los discursos ideológico sobre nuevas tecn., fijándose como objetivo la primera sociedad de la información y de la comunicación. Continuidad por:

  • la desreglamentación

  • la ausencia de ambición para dar a conocer otra forma de com. intercultural.

Sin embargo, la U.E. debe permitir inventar otra forma de cooperación cultural a partir de 15 pueblos que hablan 11 lenguas.La organización de la com. intercultural., de la excepción cultural. El día en que las cuestiones de com. sean realmente objeto de debates teóricos y culturales contradictorios, este hecho constituirá la prueba de la apropiación, por parte de los europeos, de su destino político.

Dos objetivos teóricos.

  • Restablecer le vinculo entre teoría de la com. y tª de la sociedad. Concierne directamente a la posición del receptor actitud crítica en la recepción. La capacidad del receptor de no ser manipulado por los mensajes, aceptar el vínculo de esta capacidad crítica respecto a la com. y a la política.

Se trata de defender que la com. sea reconocida como gran cuestión teórica de la democracia. Existe una desproporción entre la legitimidad que envuelve a la política, la cultura y la ciencia y la débil legitimidad de la com. Reducir esta dif. Es crucial en un momento en q la seducción de las tecn. Y el tamaño de los mercados esta a punto de hacer q la com. se decante del lado de los intereses, a expensas de los valores. La idea de reglamentación no debe ser considerada como un obstáculo para la libertad de la com. sino como una protección de esta libertad, la función pública se impone, la ruptura se debe producir en el ámbito teórico: hacer entrar la com. en las grandes cuestiones políticas, sociales y culturales. Para la com. las teorías todavía son más importantes que las tecnologías.

El comportamiento del receptor debe reexaminarse, tb los vínculos entre Tª política y de com. La mayoría de las tas políticas han ignorado las problemáticas de la com, porq estos temas de información todavía no han obtenido legitimidad cultural.

La com. desde el p.d.v de una Tª de la sociedad, cubre un ámbito mucho más extenso que el de la información, que permanece vinculado al mensaje. La com. se ocupa de las tres lógicas: del emisor, mensaje y receptor y de sus diferencias.

  • Reevaluar la problemática de las masas y la cantidad. Ambas inquietan desde siempre a las sociedades Occidentales. Vuela la ancestral preocupación por la multitud. Reconsiderar la cantidad es indispensable actualmente debido al triunfo en sus dos dimensiones:

    • Funcional, gracias a la mundialización, la apertura de los mercados y la economía a escala global.

    • Normativa, con el ideal de la organización pacífica de la comunidad internacional.

Ya no hay teoría política sin Tª de la com. La inteligencia del receptor y la problemática de la cantidad ilustran la importancia de ambas dimensiones no tecnológicas de la com. . La inteligencia del receptor y la problemática de la cantidad llevan a las dimensiones culturales y sociales de la com. y no solo a su dimensión tecn.

Los resultados técnicos no sustituyen la reflexión, sino que la reclaman; es la ideología la que se instala. La Hª demuestra que el conocimiento sigue siendo el mejor aliado de la comprensión del mundo. Producir conocimientos es una manera de relativizar las promesas y de evitar decepciones que se manifestarán cuando los individuos se den cuenta de que ni la felicidad individual y social ni la sociedad de la inf. Se encuentran en los teclados o en las terminales.

***

Imaginarse las nuevas tecnologías sólo es posible si abandonamos el terreno de la opiniones para reubicarla dentro de una Tª de la com. de los Mdc (Cap 1y 2). Esto permite comprender sus límites y sus intereses (Cap3), su articulación con los medios de com. de masas (Cap4) y sus objetivos europeos (Cap 5).

Este libro trataba de mostrar la importancia cultural, social y política de la Tv en la democracia de masas.

Pretende relativizar el tema de la revolución de la comunicación y que la esencia de esta no se encuentra en las tecnologías. Sus resultados no son siempre la mejor condición para una mejor com. humana o social. Tecnificar la com. o humanizarla es una de las prioridades del s. XXI.

Ariadna Fernández Planells.

CAPÍTULO 1

LA COMUNCACIÓN EN EL CENTRO DE LA MODERNIDAD

UN DEBATE TEÓRICO FUNDAMENTAL

Pocos sectores tan vitales para la sociedad contemporánea están tan de actualidad como la comunicación tecnológica, puesto que tiene sólo un siglo de vida.

Las rupturas introducidas por estas técnicas han sido tan violentas y se han llevado a cabo tan rápidamente, que parece que estén ahí desde siempre.

La ventaja específica de las tecnologías de la comunicación del siglo XX consiste en haber alcanzado a todos los públicos, todos lo medios sociales y culturales. Los medios de comulación del siglo XX han sido inscritos en la lógica de la cantidad. El símbolo de la sociedad actual es el tríptico:

  • sociedad de consumo

  • democracia de masas

  • medios de comunicación de masas.

El gran público de los medios de comunicación de masas es el equivalente, en cultura, al sufragio universal en política.

La revolución de la comunicación está adaptada a la sociedad de masas del siglo XX. Es su símbolo. Nada volverá a ser como antes de que llegaran los medios de comunicación de masas. Al mismo tiempo, tenemos la impresión de que la revolución de la comunicación no se detiene. Apenas nos hemos acostumbrado a esta escala de los medios de comunicación de gran público cuando llega una nueva revolución con los multimedia que individualizan y permiten acceder a un número incalculable de cadenas de televisión y de servicios informáticos.

La paradoja de la comunicación es la siguiente: si la historia de la comunicación es evidentemente muy larga, tan larga como la del hombre, la de las tecnologías del mismo nombre es, por el contrario, extraordinariamente reciente; además, el hombre debe prepararse para la etapa siguiente, en la que todo irá aún más rápido. Y entonces, ¿por qué hay tan pocas discusiones y controversias sobre las tecnologías de la comunicación?

Simplemente porque la idea central es que se trata del progreso. El dogma actual (puesto que se trata de un dogma), identifica la felicidad individual y colectiva con la capacidad de estar “conectado” y multiconectado. La consecuencia: toda crítica expresa y descubre un rechazo al progreso y al porvenir, se identifica con temor al cambio y al progreso.

EL VALS DE LAS MODAS Y LAS REVOLUCIONES

Ante las tecnologías de comunicación, los hombres siempre van con retraso, siempre obligados a ir más rápido.

La comunicación se reduce a las tecnologías, y las tecnologías se convierten en sentido, hasta el punto de que acabamos de llamar a la sociedad del mañana “sociedad de información o de comunicación” en nombre de la tecnología dominante.

Los medios de comunicación que comentan estas evoluciones retoman este discurso, propio de los industriales.

Nadie, en los últimos diez años, ha osado plantear el problema de esta continuidad inaudita, por miedo a ser acusado de hostilidad hacia esta revolución. Dicho de otro modo, el dumping ideológico es tal, que incluso los periodistas han formado parte de esta amenaza: plantear preguntas y ser crítico es ser hostil al progreso.

La radio, y después la televisión, han tenido impacto sólo porque estaban vinculadas al profundo movimiento a favor de la democracia de masas.

Con una tecnología de comunicación, lo esencial radica menos en los resultados del material que en el vínculo existente entre esta tecnología, un modelo cultural de relaciones entre individuos y el proyecto al que se dedica esta tecnología. La tecnología no es suficiente para cambiar la comunicación dentro de la sociedad.

El rechazo a pensar verdaderamente en la comunicación explica la influencia excesiva del discurso tecnológico y económico.

Si las tecnologías son el elemento evidente de la comunicación, la esencia es, el modelo cultural que transportan y el proyecto relacionado con el rol y la organización del sistema de comunicación de una sociedad; pero el salto adelante en las técnicas presenta la ventaja considerable de evitar una reflexión del conjunto y de ofrecer una comprensión, aparentemente, inmediata.

¿Resultado? Asistimos a una sucesión de modas:

  • Seducción por el sector privado. La televisión privada debía cambiarlo todo y dejar obsoleta definitivamente la idea de televisión pública. Por supuesto, el mercado no ha resuelto, como por arte de magia, todas las dificultades anteriores a la televisión pública.

  • Los medios temáticos: todo aquello que los medios de comunicación generalistas no habían conseguido transmitir lo harían la radio y la televisión temáticas.

  • Televisión por cable: las relaciones humanas y sociales deberían ser redibujadas con la emergencia de una “verdadera” democracia local como prioridad.

  • Desreglamentación: ¿la no-regulación es la mejor confianza que se puede dar al ciudadano?

  • Actualmente confiamos en la Red: los medios de comunicación de masas los relacionamos con “dominación cultural” y “pasividad”; con la Red pensamos en “libertad individual” y “creación”.

  • Estas modas van todas en el mismo sentido: sumisión a lo que surge, la ciega creencia en a tecnología y en el mercado, la certeza de que todo va a cambiar en la comunicación humana, en la familiar, en el trabajo, en el ocio, en la política, gracias a la multiplicación de las tecnologías de comunicación. El resultado es simple: la técnica define el contenido de la comunicación.

    Simplemente cada nueva generación tecnológica resuelve algunos de los problemas anteriores, desplaza a otros y crea, a menudo, otros nuevos.

    UNA ANTIGUA DESCONFIANZA HACIA LA COMUNICACIÓN

    La ausencia de distancia frente a la televisión y a las nuevas tecnologías es el síntoma de un problema más general: el de malestar y la dificultad que genera pensar en la comunicación en a cultura occidental. Esto es porque existe un déficit real de reflexión y de interés teórico.

    Instintivamente, desconfiamos de la comunicación a gran escala paradoja de la comunicación en nuestra cultura: ella es uno de los valores centrales, pero todos desconfiamos de ella. Negamos tanto la distancia crítica del receptor como la dimensión normativa del emisor, es decir, la posibilidad de una cierta incomprensión.

    Esta antigua desconfianza hacia la comunicación es tan paradojal como que la comunicación sea un valor de emancipación en el centro de la cultura occidental.

    La reivindicación de la libertad de comunicar es el fruto de una larga batalla:

  • Renacimiento: por la libertad de conciencia, de pensamiento y de expresión

  • A partir de los siglos XVII y XVIII: por la libertad de los libros y de la prensa

  • Siglo XIX: por la libertad de asociación, de manifestación y de participación política.

  • Siglo XX: por la llegada de la democracia de masas, con el sufragio universal y la información para todos.

  • La paradoja de la comunicación es: se trata de uno de los valores esenciales de la cultura política occidental al mismo nivel que los conceptos de libertad, igualdad y fraternidad; pero la comunicación nunca ha adquirido la legitimidad.

    Hemos creído identificar el efecto de una “mala comunicación”. Hemos temido naturalmente a los medios de comunicación de masas y, hemos creído que los medios de masas, por sus cambios tecnológicos, racionalizaban todavía más la comunicación y establecían una transmisión aún más eficaz entre el emisor, el mensaje y el receptor. Hemos creído que esta transmisión, más eficaz, acentuaba los mecanismos de influencias y, como se pasaba de la sociedad igualitaria de masas, hemos insistido en castigar violentamente el efecto de estandarización y de manipulación de los medios de comunicación de masas.

    Es esta insuficiente valoración de los conceptos de comunicación y esta desconfianza recurrente con relación a los medios de comunicación generalistas lo que explica la situación actual: la seducción de las nuevas tecnologías; éstas poseen todas las virtudes rechazadas por los medios de comunicación de masas; quizás porque el carácter individual y lúdico parece abrir una nueva etapa, incluso mientras que este uso individual supone una enorme infraestructura. Pero pensamos sólo en el uso individual, vemos solamente el teclado.

    Podemos resumir los cuatro momentos de esta antigua desconfianza hacia la comunicación:

  • La escala individual: la comunicación es inseparable de cualquier experiencia humana, es la base de nuestra relación con el mundo y con el prójimo. La comunicación no triunfa prácticamente nunca. La paradoja es pues: si no hay experiencia individual sin comunicación, la comunicación no está realmente valorizada, ya que todos comprobamos sus dificultades.

  • La comunicación a gran escala: alimentada parcialmente por las dificultades de la comunicación interpersonal, y siempre está identificada con una tentativa de manipulación, o, en todo caso, de influencia. No creemos en la sinceridad de la comunicación a gran escala. La comunicación a gran escala, que es, sin embargo, el complemento natural de la lucha por la democracia, da miedo.

  • Los medios de comunicación de masas condensan este doble temor de la manipulación y de la cantidad. Soñamos con una comunicación a gran escala más productiva que la comunicación humana y al mismo tiempo, desconfiamos de ella, puesto que, precisamente, es a gran escala.

  • La alteración de la problemática con las nuevas tecnologías.

  • La distinción entre los dos tipos de comunicación, la ideal y la de simple necesidad, es fundamental. La oposición no se establece entre la “buena” comunicación humana y la “mala” comunicación tecnológica. Sólo la acumulación de conocimientos permite pensar en el problema esencial: el de la articulación de la comunicación como valor en la cuestión de la cantidad en las sociedades abiertas.

    Por ejemplo, cuando afirmamos que la generalización de las redes de ordenadores y de satélites permitirá una mejor comprensión dentro de la comunidad internacional, estamos confundiendo comunicación normativa y comunicación funcional: como si intercambiar mensajes más rápido significara entenderse mejor. La aceleración de la circulación de mensajes, imágenes e informaciones deja más visibles que antes las diferencia entre culturas y sistemas de valores.

    LA POSICIÓN DE LA IMAGEN

    Esta desconfianza hacia la comunicación de masas es todavía más evidente cuando se trata de abordar la cuestión de la posición de la imagen. La imagen suscita reacciones contrastadas.

    Cuatro fenómenos que permiten construir la distancia indispensable entre el objeto, la imagen y el análisis:

  • Contexto de la historia. La imagen se inscribe en un contexto, con un antes y un después (relativización).

  • Reconocer la dimensión crítica del receptor. No hay imagen sin receptor. El receptor es a menudo crítico, los individuos, consumidores de imágenes, se han acercado siempre a ellas con desconfianza.

  • No pensar jamás en la imagen como “única”.

  • Recordar que no hay imagen sin imaginación. La imaginación que trabaja en la construcción de imágenes tiene todas las oportunidades de ser diferente a la que trabaja en la recepción.

  • La paradoja de la imagen es: a nosotros nos gusta y la consumimos porque estamos solos ante ella; somos libres de amarla o de rechazarla, y esta libertad parece que surja de nuestra propia decisión. El receptor no está solo: toda su historia y sus valores intervienen en esta percepción y análisis de la imagen.

    Los nuevos medios tecnológicos introducen un importante matiz: el virtual diferencia radical entre la imagen de la realidad y la de una realidad virtual. Para evitar las confusiones es preciso inventar permanentemente reglas que permitan a todos los niveles de la producción (difusión y recepción de imágenes) distinguir, entre todas las imágenes, aquellas que evocan la realidad y aquellas que son una simulación. Esta distinción esencial no se ha llevado adelante. Sería extremadamente complejo: ¿quién podría decidir lo que es una buena imagen? ¿A partir de qué criterios? ¿Debería aplicarse a todas las imágenes, incluso a aquellas producidas en el campo artístico y científico?

    En el terreno más movedizo de las nuevas tecnologías -la distinción entre lo real y lo virtual- el silencio teórico es el más ensordecedor. Desconfiamos de la imagen salvo en un punto, el virtual, no identificado como tal, mientras que, paralelamente, no desconfiamos de los nuevos medios de comunicación que, precisamente, constituyen uno de los lugares privilegiados de esta virtualidad.

    DISCURSOS RUIDOSOS Y SILENCIO TEÓRICO

    La comunicación es, el tema de un gran número de discursos.

    En el orden cronológico podemos citar:

    1º. Discurso de los políticos y juristas: defendían, al principio, una orientación de los valores. La idea de una gran filosofía de los medios de comunicación de masas apareció, después de los años 70, “desfasada”, y la continuidad económica y tecnológica finalmente se la llevó.

    2º. Discurso de los técnicos y de los ingenieros que acompañó la explosión tecnológica.

    3º. Discurso de los primeros empresarios, años 80, con la creación del sector privado y la entrada masiva de la economía en la comunicación.

    4º. Discurso de los publicitarios, tampoco contribuyó a la legitimidad de la televisión.

    5º Discurso estrellas de la pequeña pantalla, si ellas han contribuido a la legitimidad popular de la televisión, también han favorecido, con sus comentarios sobre la combinación sector público- sector privado, la idea de una televisión espectáculo antes que la de una televisión parte de la sociedad. La televisión, al convertirse en una industria ha ido abandonando el discurso de orientación y de valores que había sido el suyo durante los años 50 y 60. Se ha confundido el final de la televisión única y la deseada llegada de la competencia con el final de un discurso de orientación sobre la televisión.

    6º Discurso de los especialistas de la audiencia y de los estudios, se ha producido una confusión entre audiencia y calidad. Los periodistas no han conseguido modificar este discurso de la audiencia porque:

  • Ellos mismos se han servido mucho de él.

  • La prensa escrita siempre ha tenido una relación ambigua con la televisión

  • Sin ninguna moderación, se han zambullido en las delicias y los milagros que se esperaban de las nuevas tecnologías. La lógica de las cifras se ha impuesto en detrimento de cualquier discurso de valor.

  • 7º Discurso de los dirigentes los dirigentes de los sectores privados han adoptado invariablemente, los discursos de los jefes de industria con una práctica más o menos fuerte del lenguaje de los políticos. Los dirigentes del sector público se han instalado en un discurso prudente, criticado durante años por su lado mediocre.

    8º Discurso de los empresarios vinculados a las nuevas tecnologías, no deja de decir que todo va a cambiar: “los MdC de masas son los dinosaurios de la comunicación y el futuro pertenece a la interactividad y a la creatividad individual”. Esto tira un poco más a la “basura de la historia” una tecnología, la televisión, de la cual no se reivindicará nunca lo suficiente su importancia social.

    9º Discurso de los grandes grupos de comunicación que se están reestructurando desde hace unos 10 años, acredita también la idea de una entrada en “una nueva era de la comunicación”. Hacen y deshacen imperios, concentran y compran, fascinando a los observadores. Piden con todas sus fuerzas una desreglamentación a nivel mundial.

    10º Discurso de los europeos, no llegan ni a poner al discurso de la desreglamentación americana la especificidad europea y tampoco reivindican que la comunicación, más allá de la economía, es también uno de los valores centrales de nuestra cultura.

    Lo más sorprendente es que todo esto ha sido muy rápido: en menos de una generación; los occidentales pasan entre 3 y 4 horas al día delante de la tele, y llegarán a pasar de 5 a 6 horas cuando se añadan las que se están delante del ordenador. La fascinación predomina sobre el deseo de entender mejor. Hay una tendencia convergente hacia el abandono de la política de orientación.

    La paradoja es doble. No sólo la multiplicación de estos discursos no ha favorecido una lógica del conocimiento, sino sobretodo a desprestigiado la comunicación.

    La paradoja es que los trabajos de ciencias sociales sobre la televisión, la radio, la prensa y la comunicación en general han sido publicados.

    No faltan libros ni tampoco enseñanza, pero el problema es que no son objeto a demanda. La comunicación es probablemente uno de los sectores de la realidad en que la demanda de conocimientos es más débil. Así pues, es necesario entender por qué no queremos saber tanto.

    DIEZ RAZONES PARA NO QUERER SABER MÁS

    Si hubiera habido una reflexión autónoma sobre la posición de la comunicación en sus relaciones con la sociedad civil y la política, y sobre todo las relaciones entre las tecnologías de comunicación y democracia, no habría habido esta desconfianza hacia la radio y la televisión ni esta adhesión a las nuevas tecnologías.

    Acabamos de ver que numerosos discursos rodean y llenan la comunicación, aumentados por las proezas de las tecnologías. Hay otras causas de esta resistencia ante un conocimiento teórico de la comunicación:

  • El fantasma del poder total y de la manipulación. Hoy ha desparecido con las nuevas tecnologías.

  • La dificultad de análisis.

  • Deseo de conocimiento.

  • Razón vinculada a la omnipresencia de las tecnologías en todos los actos de la vida cotidiana. El desprestigio que se desprende es tranquilizador. El uso parece la mejor respuesta a las necesidades de conocimiento.

  • La quinta razón de esta resistencia al análisis procede de los mismos medios cultivados. Éstos se han sentido, erróneamente, amenazados en su cultura de elite, incluso en su papel, por la llegada de los medios de comunicación generalistas que, casi mecánicamente, han desplazado las fronteras entre cultura de elite, cultura mediana, cultura de masas, y cultura particular, sin reconsiderar su papel.

  • La sexta razón es la dificultad teórica de crear el vínculo entre problemáticas muy antiguas referentes a los modelos psicológicos, filosóficos y literarios de la comunicación humana clásica, y la explosión de la comunicación tecnológica en la que los cambios han ido prodigiosamente rápidos en medio siglo.

  • La séptima razón atañe a la comunicación como objeto de conocimiento. Ésta no es nunca para nosotros un objeto neutro, puesto que siempre estamos ligados a la comunicación. No queremos saber demasiado sobre la comunicación porque ésta siempre nos atrapa con nuestros éxitos y nuestros fracasos, mientras que las tecnologías, por sus resultados y su racionalidad, dan la impresión de un eventual dominio del tiempo y del espacio.

  • La octava razón es la debilidad misma de una demanda de conocimiento por parte de la sociedad. Política del avestruz.

  • La novena razón es la amplitud del movimiento con el cual las elites igual que los políticos y los periodista contrariamente a lo que había pasado con los MdC de masas, se movilizan por las nuevas tecnologías. La moda y la fascinación explican esta adhesión sin ninguna distancia crítica.

  • La ultima razón es que el publico se fabrica él mismo la opinión.

  • Tres características de la comunicación explican el contrasentido del cual han sido objeto ayer la televisión y hoy las nuevas tecnologías de comunicación:

  • La televisión igual que la comunicación, nunca ha tenido mucha legitimidad cultural e intelectual. No sólo no hay un gran interés por las teorías de la comunicación, sino que este escaso interés ha sido acentuado por la poca legitimidad de los medios de comunicación generalistas.

  • La segunda constatación concierne a las prácticas. Éstas evolucionan más lentamente que las innovaciones tecnológicas y las modas.

  • Es revitalizante constatar que la radio y la televisión continúan siendo, con ventaja, los principales medios de comunicación, ocio, cultura y apertura al mundo.

    Las prácticas de los medios de comunicación generalistas conservan la confianza del público. Esto no significa una adhesión sistemática a los programas, sino que significa que hay una adhesión en cuanto a su papel.

    La televisión pública ha conservado la confianza de la audiencia. Sin embargo, hace diez años estaba claro que el fin de la televisión pública era inminente.

  • Lo esencial de la comunicación no son los resultados de las tecnologías, ni la apertura de mercado, sino la necesidad de pensar en la comunicación.

  • CII MEDIOS DE COMUNICACIÓN GENERALISTAS Y GRAN PÚBLICO

    TELEVISIÓN GENERALISTA: UNA VICTORIA ILEGÍTIMA

    La televisión correspondía en parte a este ideal democrático que permite el acceso de una gran cantidad de público a la información, a la cultura o a la diversión. Digan lo que digan las elites, la televisión les ha dado miedo.

    Además en lugar de ver una oportunidad para la cultura de masas, han visto una máquina para influenciar sobre los ánimos y “bajar el nivel cultural”.

    La economía general de la televisión, se divide en tres partes desiguales: una mayoría para la televisión generalista, lo demás para los servicios del cable y el multimedia.

    La televisión gusta, pero forma parte tanto de la vida cotidiana, que no es preciso hablar de ella salvo para quejarse, ya que la paradoja es que nos es indispensable sin que nosotros estemos satisfechos. Este doble movimiento, uso y decepción, contribuye a la pérdida de la legitimidad de la televisión.

    Es falso decir que el telespectador se deja engañar por lo que ve. Aquí encontramos algo importante: el público está dotado de inteligencia crítica y, aunque otorgue éxito a la televisión, sabe guardar las distancias. Mirar no significa obligatoriamente adherirse a lo que se mira.

    En el espacio de comunicación, y los temas de curiosidad y de comprensión son mucho más amplios actualmente, en la medida del nivel cultural de la población es más elevado.

    En resumen, el éxito de la televisión es inmenso, real, duradero. La diferencia entre la oferta y la demanda de programas explica el éxito de los medios de comunicación temáticos, la dificultad de la televisión es intentar facilitar un acceso a la cultura. La televisión es un espectáculo y no puede ser una escuela con imágenes. La solución consiste en partir de esta necesidad de distracciones para elevarlas hacia los programas de calidad. Esta evidencia de la comunicación de masas le da fuerza y explica su papel inestimabl4 de vínculo social y de apertura a la cultura contemporánea. Esta banalidad de la televisión es un medio para soportar la prueba de la apertura al mundo. La diversión y la heterogeneidad de los programas son uno de los modos de compensar los efectos desestabilizantes de esta apertura al mundo. La banalidad es la condición por la cual la televisión juega este papel de apertura al mundo, tanto por la experiencia personal como por el acceso a la historia.

    Estamos tan acostumbrados al papel esencial de la televisión en la democracia que olvidamos cómo esta banalidad aparente cumple en realidad una misión esencial.

    Estas diferencias entre el importante papel que juega la televisión y la conformidad crítica que lo rodea ilustran la falta de reflexión de las elites sobre la sociedad contemporánea, y muestran cómo sus constantes críticas hacia la sociedad de masas expresan su conformidad y demuestran su retraso en comprender tres grandes cuestiones de la modernidad: la comunicación, la cantidad y la relación entre esfera pública y esfera privada en una sociedad abierta.

    La banalidad no se de a nuestra sociedad, sino a su crédito. En primer lugar, porque son el resultado de un inmenso trabajo de emancipación cultural y porque esta banalidad es una de las puertas de entrada esenciales a la comprensión de las contradicciones de la sociedad contemporánea.

    Esta conformidad crítica conlleva dificultad para comprender y una incapacidad de ver que, en dos generaciones, hemos pasado de dos culturas, la de elite y la cultura popular, a cuatro formas de cultura, la de elite, la mediana, la de masas y la particular. La paradoja es siempre la misma: no se trata más que de hacer vivir la democracia de masas, presentada como el único sistema político viable, los partidos, los sindicatos y los movimientos de opinión aunque, simultáneamente, critiquemos todas las manifestaciones concretas, entre las que se encuentran los medios de comunicación.

    La televisión presenta dos ventajas: valoriza la lógica de la oferta y destaca las dificultades de la comunicación, a saber, la incomprensible diferencia entre las tres lógicas, la del emisor, la del mensaje y la del receptor.

    LA GRANDEZA DE LA LÓGICA DE LA OFERTA

    La televisión es el ejemplo de la importancia de una política de la oferta. Destacar la preeminencia de la oferta es recordar toda la historia de la cultura. Si queremos facilitar el acceso a la cultura, es preciso ampliar la oferta cultural y no sólo interesarse por la demanda. Para formular demanda, es necesario organizar el acceso al mundo. Esta mejor capacidad de comprensión del mundo permite, en un segundo momento, formular una demanda. Contrariamente al discurso que domina actualmente, la emancipación pasa primero por la oferta y no por la demanda, puesto que es la oferta la que permite constituir los marcos de comprensión a partir de los cuales se va a manifestar la demanda.

    Esta oferta debe ser lo más amplia posible ya que las vías de acceso a la cultura son múltiples, y ninguna de ellas se interesa por el mismo tema al mismo tiempo. Desde el punto de vista de una teoría de la televisión, nunca se insistirá los suficiente sobre la importancia de las televisiones generalistas y sobre la lógica de la oferta.

    Toda teoría del público implica una teoría de la televisión, y después, una representación de la sociedad. Los argumentos que condenan el concepto de gran público se parecen a aquellos que regularmente condenan el concepto de democracia.

    Se debe recodar también, evidentemente, que el público nunca es pasivo o ajeno.

    La contrapartida a esta preeminencia de la oferta concierne a la exigencia de calidad.

    No es suficiente recordar la superioridad de la televisión generalista frente a la televisión temática, sino que también es preciso ver el vínculo que existe entre televisión generalista, servicio público e identidad nacional. La televisión privada generalista no está tentada a ampliar su paleta de programas más allá de aquellos que le aseguran la audiencia, la pública puede continuar ofreciendo una paleta de programas generalistas más amplia que la televisión privada. Cuando más generalista es la oferta de la televisión más desempeña aquélla su papel de comunicación nacional. La televisión es el principal espejo de la sociedad; es esencial para la cohesión social que los componentes sociales y culturales de la sociedad puedan encontrarse y descubrirse. Ello supone una mejora sustancial de la calidad de la forte, la cual es la clave de esta teoría de la televisión. Valorizar la televisión de la oferta obliga a valorizar la calidad de los programas.

    Lo que es interesante de la televisión generalista es la manera con que manifiesta las dificultades de la comunicación. La televisión temática ofrece al público lo que éste reclama, hecho que no permite ver tan fácilmente los límites de la comunicación. Las dificultades de los medios de comunicación generalistas, en el ajuste oferta-demanda, ilustran más fácilmente que los temáticos esta ley de la comunicación: no hay comunicación sin error, sin riesgo y sin decepción.

    No existe la racionalidad en materia de comunicación; su “rendimiento” es siempre incierto. La comunicación temática es más eficaz y racional que la comunicación generalista, pero ésta no sería nada sin la primera y no puede reducir mejor que la comunicación generalista esta diferencia entre la oferta y la demanda. Porque la demanda es a menudo implícita y necesita una oferta para formularse. Y porque la innovación proviene frecuentemente de la oferta, por la que se manifiestan la creación, la novedad y las diferencias.

    Los límites de los medios de comunicación generalistas no deben atribuirse a ellos mismos, sino que, son una garantía de la democracia de masas que, diariamente, tiene que organizar la convivencia entre universos sociales y culturales que todo lo separan. El gran público de la televisión no es otro que la figura del sufragio universal en el de la política. En ambos casos, se trata de una “ficción”.

    Así pues, no existe democracia posible sin medios de comunicación generalista que privilegien una lógica de la oferta lo más amplia posible. Debemos admitir esta doble paradoja: no hay cultura de masas sin una oferta generalista lo más amplia posible, pero esta oferta suscita poca admiración y reconocimiento por parte de casi todos los públicos.

    La radio y la televisión se consideran herramientas del “pasado” porque se basan en la oferta, en beneficio de los medios de comunicación interactivos, individualizados y basados en la demanda.

    Los medios de comunicación de masas, con relación a este objetivo esencial de estar juntos de una colectividad, están, por su lógica de la oferta generalista mucho más avanzados que los medios de comunicación temáticos o las nuevas tecnologías.

    ¿PARA QUÉ SIRVE LA TELEVISIÓN?

    Para reunir individuos y público que están separados por todo lo demás y para ofrecerles la posibilidad de participar individualmente en una actividad colectiva.

    El espectador es el mismo individuo que el ciudadano, lo que implica que se le debe asignar las mismas cualidades. La televisión generalista es la única actividad que, junto a las lecciones, reúne tanta participación colectiva.

    Si el público mira los programas malos, no es tanto porque le gustan como porque se los ofrecen.

    Por esto el audimetro mide menos la demanda que la reacción ante la oferta. Por esto la televisión es indisociable de la democracia de masas y descansa sobre la misma apuesta: respetar al individuo y aportar al ciudadano, es decir, al espectador, los medios para comprender el mundo en el que vive.

    La cuestión de fondo es: ¿para qué sirve la televisión? Sirve para hablar. Es una formidable herramienta de comunicación entre los individuos. La televisión es un objeto de conversación. Es por ell9o que es un vinculo social indispensable en una sociedad donde los individuos a menudo están aislados y, a veces, solos. La televisión ha amortiguado los efectos negativos de estas profundas mutaciones, ofreciendo un nuevo vínculo social en una sociedad individualista de masas.

    Su importancia es tan grande políticamente como socialmente. El control de las imágenes no asegura el control de las conciencias.

    Desde el punto de vista de una teoría sociológica, ¿cual es actualmente el problema esencial para la televisión? Conservar la tensión entre estas dos dimensiones contradictorias es la causa de su éxito: la realización individual de una actividad colectiva.

    ¿Cuál es el riesgo? Romper esta dimensión contradictoria, abandonar el objetivo colectivo, no interesarse más que por la dimensión individual. Y es aquí donde aparece el peligro de una mala utilización de las nuevas tecnologías. ¿La consecuencia? Una televisión de dos velocidades generalista y de poca variedad para los públicos populares y una miriada de programas más interesantes en las redes temáticas.

    La evolución apuesta pues por la individualización, siempre considerada como un “progreso”.

    Con la fragmentación, llegamos también al papel principal de la televisión como vínculo social. La libertad de elección se convierte aquí en el principio de la indiferencia hacia el otro.

    Si el espectador escoge, pero a partir de una oferta organizada. El espectador no es el programador. Es por ello que la televisión generalista no está condenada por la evolución actual, sino al contrario.

    La individualización de los comportamientos se presenta como el contrapeso necesario para la existencia de una sociedad de masas, pero ésta, está menos amenazada por el proceso de “masificación” que por los aspectos perversos de la individualización y de la segmentación social. La amenaza más es la soledad organizada, egoísmo institucionalizado y narcisismo etiquetado. La televisión obliga al menos a reconocer su legitimidad. Y reconocer la posición del otro, ¿no es ya el primer indicio de una socialización? La convivencia de los programas en un canal es una de las manifestaciones de la convivencia social.

    UN MANIFIESTO

    He agrupado en diez puntos la síntesis de la posición teórica que defiendo referente al sentido y al papel de la televisión de masas en un manifiesto que ha inspirado al Comité Francés de Audiovisuales, creado en 1993.

    1) La televisión es la principal herramienta de información, de diversión y de cultura de la aplastante mayoría de los ciudadanos de los países desarrollados. Esta situación crea responsabilidad social y cultural para los directores.

    2) La libertad de comunicación, no significa una ausencia de reglamentación. La reglamentación del sector audiovisual se impone hoy en día más que ayer, por el hecho de la abundancia de imágenes. La libertad de elección del espectador no excluye una organización.

    3) Una vez admitida en Europa la competencia entre sector público y sector privado, la dificultad se encuentra en el mantenimiento de un sector público fuerte en un sistema de competencia equilibrado.

    4) La televisión pública se encuentra ahora en una posición mejor, porque los telespectadores han entendido Internet y las limitaciones de la televisión privada. Porque la reducción de la oferta, alrededor de algunos programas de éxito asegurado deja insatisfecha una buena parte de las demandas. Y porque el sector público ha tomado conciencia de la imperiosa necesidad de un aplazamiento con la condición de que haga una cosa diferente que la televisión privada.

    5) Un sistema audiovisual equilibrado es aquel en el que los dos sectores tienen un tamaño comprable, y en el que los canales generalistas, públicos y privados, conservan la mayor parte de la audiencia. El verdadero desafío de la televisión continúa siendo el gran público.

    6) No existe la televisión sin una concepción implícita o explícita de su papel en la sociedad. El consumo individual de una actividad colectiva, obliga a plantear la pregunta principal para cualquier televisión: una televisión ¿para qué?

    7) Si desde un punto de vista teórico la diferencia entre los dos sistemas de organización de la televisión es simple, a priori nada garantiza la calidad de la televisión pública.

    8) La televisión pública debe poder hacer suya eta constatación: el espectador es el mismo individuo que el ciudadano. Si el ciudadano es considerado inteligente, la misma inteligencia debe serle aplicada en su dimensión de espectador.

    9) La calidad de los programas y por tanto, de los profesionales que los crean corresponde a la calidad del público. La internacionalización de la difusión de la imagen y del mercado de los programas no significa la desaparición del papel de identidad nacional de la televisión en cada país.

    10) La televisión se enfrenta actualmente con dos riesgos que constituyen sus ideologías más perniciosas.

    a) La primera es la ideología del mercado. El espectador es el mejor programador.

    b) La segunda, complementaria del resto, es la ideología técnica. Esta ve en la explosión tecnologías de comunicación el futuro de la televisión. La verdadera libertad, la de la elección estrictamente individual, sería posible, para los defensores de esta ideología, gracias a las tecnologías.

    Estas dos ideologías sobrevaloran la dimensión individual de la televisión en detrimento de la dimensión colectiva. Pero la fuerza y la originalidad de la televisión está en el hecho de que esta actividad es a la vez individual y colectiva, y ambas son indisociables. La multiplicación de los soportes y de los programas la obligan más que nunca a una política del audiovisual, de la elección y de las orientaciones.

    La comunicación en un universo actualmente sin fronteras es una apuesta demasiado importante para ser dejada sólo a las leyes del mercado o a las de las tecnologías. La abundancia de imágenes no reduce el interés de una ambición por la televisión: más bien la reclama.

    4- ESCAPAR A LA GUERRA DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

    Con este libro me gustaría contribuir a un cambio de actitud: salir del falso debate de antiguos contra modernos, viejos contra nuevos medios de comunicación, progreso contra conservadurismo... en definitiva, desatar el nudo de la ideología técnica y sugerir que la comunicación es la gran cuestión. Éste es el objetivo esencial: rehabilitar la comunicación como patrimonio teórico esencial del pensamiento occidental.

    Desde esta perspectiva, me impongo como prioridad insistir sobre dos puntos:

    1-No existe <<progreso>> en la incorporación de las nuevas tecnologías a los medios de comunicación de masas. Es cierto que existe un progreso técnico, pero este progreso técnico no basta para que podamos considerar que inicia un proceso general en la comunicación, puesto que lo esencial de ésta no reside en los resultados técnicos, puesto que lo esencial de ésta no reside en los resultados técnicos. La idealización de la tecnología evoca la fascinación que ejerce la técnica en nuestra sociedad. Lo esencial está en la relación entre un sistema tecnológico, el modelo cultural individualista y la realidad social de la democracia de masas. Las teorías deben situarse con relación a este objetivo.

    2-No existe oposición entre la televisión que se ocupa del número -de las masas- y los nuevos medios de comunicación que se ocupan del individuo. Los dos plantean el mismo problema, el de la relación contradictoria entre la escala individual y la colectiva. Lo interesante en la aproximación entre los medios de comunicación de masas y las nuevas tecnologías es observar cómo ambos sistemas de comunicación consiguen triunfos referentes a la cuestión que plantean, la de las relaciones entre la comunicación individual y colectiva.

    Los objetivos comunes

    1- Iniciar un reflexión teórica sobre la comunicación que tenga en cuenta sus tres dimensiones y que demuestre la importancia de la aplicación de una política de reglamentación, precisamente porque las dimensiones sociales y culturales son tan importantes como la dimensión tecnológica. Por otro lado, esta dimensión tecnológica no es completamente neutra y comportan también dimensiones culturales. Precisamente porque la tecnología es inseparable de las dimensiones culturales y sociales, debemos organizar la convivencia entre los sistemas de comunicación: de este modo, evitaremos la lógica única y reductora de la modernización.

    Existen técnicas de comunicación mundiales, pero no existe comunicación mundial. Y esto es tan cierto para los medios de comunicación generalistas como para las nuevas tecnologías. Hay progreso en materia de comunicación si se da, y solamente si se da, un encuentro entre una innovación tecnológica y un cambio de modelo cultural y de concepción de la comunicación en la sociedad. La defensa de la reglamentación no es el medio para frenar el progreso, sino una manera de recordar el peso esencial de las otras dos dimensiones de la comunicación, y de recordar también que no existe libertad de comunicación sin reglamentación, es decir, sin protección de esa libertad.

    El informe que abre la puertas a la desreglamentación llega de EEUU, donde el éxito creciente de las nuevas tecnologías parece justificar el abandono de las “prácticas puntillosas y de otra época”.

    El problema no ha variado desde hace siglos: el poderoso reclama siempre el librecambio, puesto que le es favorable, mientras destaca que esto beneficiará a todos; se le olvida señalar que lo hará en proporciones desiguales. Las reglas internacionales son el único medio que tenemos para minimizar los riesgos vinculados con esta mundialización de las condiciones de la comunicación, causa de nuevos y profundos factores de desigualdad.

    La mundialización del acceso a las redes no significa en absoluto una repartición mundial más igualitaria de las riquezas técnicas o humanas. La reglamentación también sirve para recordar que la comunicación jamás puede reducirse, como hacen tantos autores, a una problemática de las transmisión. Es cierto que hay reglas comunes para cada tecnología de comunicación, pero lo más importante es la manera en la que cada cultura hace suya la tecnología con relación a su universo social, mental y cultural, como lo han demostrado siempre los historiadores y los antropólogos.

    2- El segundo objetivo concierne a las relaciones entre comunicación funcional y comunicación normativa en el momento de la mundialización. Para que las aplicaciones sean mundiales, es preciso que sean lo bastante simples, es decir, funcionales, en detrimento de la dimensión normativa que se apoya en el respeto a las diferencias. Esto es lo que conduce a las aproximaciones industriales entre editores de programas de navegación y de lenguajes de programación: e escala mundial, la competencia se reduce a la lucha entre el grupo formado por Aol, Netscape, Sun y Java por un lado y por el otro, el polo Microsoft. Lo que está en juego en esta batalla es el control de acceso a Internet a través de los portales.

    No existe público internacional, sino públicos nacionales que, de vez en cuando, consumen productos internacionales. Cuanto más internacionales son los productos, más se deben preservar las identidades culturales. Reforzando las identidades evitaremos una estandarización internacional de la comunicación que sólo podría traer como consecuencia revueltas y conflictos. Se impone una reflexión crítica sobre los peligros de la mundialización en el momento en que en menos de veinte años de mundialización de la economía y del ahorro desembocan en la crisis monetaria y financiera de 1997-1998. Necesidad de tomar conciencia de que la mundialización de la información y de la comunicación corre el riesgo de convertirse en un poderoso factor de inestabilidad y de conflictos.

    3- El tercer objetivo común concierne a una reflexión sobre la posición de la sociedad individualista de masas, que administra las dos dimensiones contradictorias de la libertad y de la igualdad, en sus respectivas relaciones con los medios de comunicación de masas y las nuevas tecnologías.

    4- El cuarto objetivo concierne a la reflexión sobre los públicos y la recepción. Desde el momento en que la oposición entre las dos escalas de público, individual y colectiva, no es significativa, puesto que cada uno de nosotros circula permanentemente entre ambas escalas, la cuestión se centra en una reflexión cualitativa sobre la reflexión. La lógica de cómputo (votos, audiencia, sondeos...) es ampliamente insuficiente.

    Rehabilitar, relanzar el concepto de “gran público” es uno de los objetivos comunes a los medios de comunicación generalistas y a las nuevas tecnologías. Las nuevas tecnologías continúan siendo el rpivilegio de un ámbito reducido , mientras que la televisión tiene una extraordinaria experiencia en materia de divulgación y de comunicación a gran escala. Mediadora privilegiada del acceso al mundo para la mayoría, también sería mediadora para el acceso al mundo del multimedia.

    Los objetivos específicos para los medios de comunicación

    Los peligros de una desestabilización de la televisión son mucho más graves a causa de que su legitimidad jamás ha sido cuestionada y de que la reflexión acerca de su situación ha sido más bien limitada. Estos objetivos son cuatro.

    1- Afirmar la fuerte ambición de la televisión pública en Europa, que en los últimos quince años se ha inscrito en la realidad histórica y social. La televisión pública estaba ayer “desfasada”, como están hoy “desfasados” los medios de comunicación de masas. Sin embargo, la televisión se ha mantenido, no tanto por la calidad de sus programas como por la fidelidad de su público. La independencia de los periodistas con respecto al poder político, ha aumentado, ampliando un movimiento de competencia público-privado. La idea de regulación ha sido aceptada gracias a la creación de instituciones del tipo Conseil supérieur de l'audiovisuel.

    Los aspectos negativos conciernen a la ausencia de ambiciones de una política audiovisual europea. Los nuevos medios interesan mucho más a la Unión Europea que los tradicionales, a pesar de que la proporción de usuarios es de uno a cien. Esta ausencia de ambición europea, que se traduce en la posición de infundir miedo en lo que respecta a derechos de autor, coproducciones europeas y la excepción cultural frente a los Estados Unidos, reconforta la idea de que Europa pronto tomará el camino, en materia de comunicación, de la desreglamentación. También se traduce en una incapacidad para dar a Euronews la posición de un gran canal informativo para Europa, así como para sus fronteras del este y del sur.

    2- A continuación, rechazar el argumento del discurso técnico según el cual el futuro de la comunicación está junto al de la supremacía de la demanda, en relación a la oferta audiovisual. No sólo el universo multimedia no condena a la televisión, sino que además la refuerza en un sistema de comunicación en el que todo estará a disposición de todo el mundo, de manera temática, interactiva o de pago, la gran fuerza de la televisión consistirá en continuar ofreciendo gratuitamente una red generalista, lo más amplia posible y al mayor número de personas posible.

    La singularidad, la fuerza y la originalidad de la televisión generalista serán mucho más visibles mañana, en un universo individualizado y multimedia que hoy, precisamente porque la diferenciación será más flagrante. Mañana, cuando los usuarios, sobre todo europeos, hayan probado y comprobado las virtudes y las limitaciones de un universo multisegmentado, comprenderán el interés de los medios de comunicación generalistas. Los medios de comunicación generalsita, centrados sobre la oferta y la demanda, tienen el futuro ante sí.

    La posición de los medios generalistas es mucho menos importante en los países ricos del norte que en los del sur. Es evidente que en estos países donde las estructuras colectivas y simbólicas han sido violentamente destruidas en medio siglo, el papel de los medios de comunicación generalistas, es el de crear un vínculo social y cultural. Resulta nocivo proponer, a unos países cuyas identidades culturales y comunitarias están ampliamente destruidas, la huida hacia las tecnologías individualizantes, pues ello implica hacer caso omiso de toda la cuestión del "estar juntos", de la conciencia colectiva y, sobre todo, hacer creer que la posesión de un gran número de ordenadores será la condición del despegue económico. Salvar la radio y la televisión es, por lo tanto, un objetivo no sólo para la comunicación, sino también para la democracia.

    3- El tercer objetivo atañe a la constitución de una reglamentación específica para la televisión. No sólo resulta esencial su papel a la hora de proteger el audiovisual europeo de las industrias americanas, sino que también lo es para valorar la televisión pública en comparación con la televisión privada, y la televisión generalista en comparación con la televisión temática.

    4- Esto pasa también por un continuo movimiento de valoración de la televisión, de sus códigos, de sus programas, de sus ambiciones y de sus profesionales, de los que subestimamos ampliamente las competencias. No sólo hace falta una televisión más ambiciosa, sino también es preciso elevar el nivel de calidad de los programas ya que, de lo contrario, corremos el riesgo de completar el proceso que la amenaza desde hace unos quince años: la persistencia de programas mediocres y gratuitos en las cadenas generalistas y la llegada de programas interesantes y ambiciosos a los nuevos soportes, más o menos de pago; es decir, una televisión a dos velocidades.

    No existe vínculo directo entre abundancia tecno0lógica y progreso. Dicho de otra manera, la televisión es un test de ese otro problema, mucho más general, que consiste en saber si la explosión de la comunicación será, finalmente, el punto de partida para iniciar un trabajo teórico.

    Los objetivos específicos para las nuevas tecnologías

    Paralelamente a los referidos a la televisión, estos objetivos comportan tres dimensiones.

    1- Las tecnologías no bastan para crear la comunicación. Evidentemente, transmitir cada vez más rápido y en ambos sentidos suscita una nueva forma de comunicación, pero hace falta, además, un proyecto y un modelo cultural. Es decir, la "multiconexión" no es por sí misma un proyecto de comunicación, y muchas transmisiones no proporcionan forzosamente mucha comunicación. Es necesario quitarle importancia a los nuevos servicios lo antes posible.

    2- A continuación, será necesario abrir lo antes posible una reflexión sobre el tipo de información que producen estos sistemas tecnológicos. Sobre todo, para demostrar la imposibilidad de obtener una información transparente. Es cierto que el acceso es libre y fácil para el que sabe utilizar los sistemas; por lo tanto, el problema no es el acceso a la información, sino la capacidad de saber qué buscar. El contexto de competencia es esencial.

    Podemos montar nosotros mismos un mueble por módulos, pero no podemos acceder nosotros mismos directamente al conocimiento. Se necesita tiempo, mucho tiempo: precisamente lo que las nuevas tecnologías prometen ahorrar, y se necesitan también intermediarios humanos: profesores y documentalistas. La emancipación no consiste en suprimir a los intermediarios, sino al contrario, reconocer su papel. El acceso directo no cambia nada en lo que respecta a división y jerarquía de los conocimientos. Es el antes y el después de la información lo que plantea problemas y, a veces, la misma información.

    Ante todas estas innovaciones, es preciso conservar cierta distancia, guardar en la cabeza el principio de una regulación y desmitificar la palabra mágica "red". "¿De dónde proviene este mito de un sistema de informaciones infinito y gratuito, alejado de todas las problemáticas de poder, las mentiras y los errores? ¿De dónde proviene esta representación de un ciudadano occidental que siente curiosidad por todo, y que espera simplemente disponer de un terminal para convertirse en una especie de sabio? No es suficiente que las informaciones circulen más rápidamente para que las ciencias avancen con mayor rapidez y moderación... Olvidamos demasiado deprisa que numerosas aplicaciones de la Red no tienen nada que ver con el saber o el conocimiento, sino con otros aspectos de la realidad mucho más triviales, sórdidos o peligrosos... ¿Cuándo reconoceremos que el asunto de la saturación de información también forma parte de los problemas del crecimiento de las redes?

    Esto conduce a abrir una nueva reflexión sobre el futuro: reconocer que hay un límite para toda comunicación. No existe racionalidad completa posible de la información y de la comunicación. Y cuanto más abundantes son las dos, más es preciso recordar esta limitación, por el riesgo de sucumbir en una visión tecnocrática.

    3- Finalmente, será necesario llegar a una cierta contextualización de las nuevas tecnologías, puesto que éstas dan demasiado a menudo la impresión de circular más allá de las realidades sociales y culturales. Contextualizar es, en primer lugar, restituir las nuevas tecnologías en la historia de la comunicación, comprender las razones de su aparición, sus fuerzas y sus debilidades, compararlas con los medios de comunicación de masas, es decir, inscribirlas en una historia, antes que presentarlas como un sistema tecnológico incomparable. Cuanto más se habla de "ruptura radical", más debemos desconfiar.

    De los mitos que circulan relacionados con este asunto, el más activo y profundamente injusto concierne al vínculo que se establece entre la capacidad de navegar por la Red y la idea de inteligencia. Las disposiciones cognitivas necesarias para la utilización de estos servicios no son, en absoluto, sinónimas de inteligencia. Así, sería preciso salir del discurso mítico y entrar en una lógica simple de evaluación, como existe para todas las tecnologías en nuestras sociedades. Con o sin ordenador, con o sin Red, la desigualdad existe. Occidente se ha equivocado por completo al identificar estas redes con la inteligencia y con la idea de que sólo existe esta racionalidad, sinónimo de modernidad.

    La prensa debería retomar su papel. Los medios de comunicación deberían hacer con las nuevas tecnologías lo que hacen con las demás actividades sociales, técnicas y económicas: evaluar las fuerzas y las debilidades, los defectos y las cualidades, informar, explicar, criticar.

    Pensar en la comunicación

    Escapar a la ingenuidad general sobre las nuevas tecnologías es, por tanto, salir del discurso que opone la revolución de las nuevas tecnologías al arcaísmo de los medios de comunicación de masas. Esto supone tres pasos:

    1- En primer lugar, interrogarse sobre esta necesidad constante de simplificación y de huida hacia adelante que consiste en creer que los fracasos humanos y colectivos en materia de comunicación de hoy serán resueltos mañana por nuevas tecnologías. Los plolíticos gozan de una buena posición para saber todo esto: ellos conocen la diferencia que existe entre velocidad de la información y dificultad de la acción política. Los políticos deberían ser los primeros en comprender la necesidad de desatar el yugo de la tecnología. Una información cada vez más rápida no es siempre la condición para una buena decisión política. Las nuevas tecnologías acentúan esta lógica de la urgencia y añaden la inevitable complejidad de la lógica política.

    Interconectarse quizás suprima las barreras del tiempo, pero no puede de ninguna manera con las geográficas. Tecnificar la comunicación o socializarla continúa siendo el objetivo principal. Cuanto más nos interesamos por la dimensión tecnológica, más nos adherimos a una visión materialista de la comunicación. Cuanto más nos interesamos por la dimensión social y cultural, más nos adherimos a una visión humanista de la comunicación. Pensar en la comunicación es saber reconocer las limitaciones, es revalorizar la experiencia de la duración, la distancia, el silencio y los límites de la interactividad.

    2- A continuación, multiplicar las encuestas entre el público, es decir, los usuarios, los receptores, para ver concretamente cómo se desenvuelven los individuos, cómo se encallan y reinventan. La encuesta y la comparación ponen las cosas en su sitio y demuestran que el uso principal de Internet continúa siendo, de momento, el correo electrónico y sus servicios afines. No hay progreso en pasar del teléfono al móvil, y del móvil a Internet.

    Investigar es también efectuar estudios comparativos sobre los medios de comunicación. Romper la idea fija según la cual la comunicación por demanda es superior a la comunicación por oferta. Estos estudios demostrarían que el resto de este fin de siglo y del inicio del siguiente continua siendo, no la comunicación a toda costa, sino la gestión del número y la cohesión de las comunidades en un marco abierto y democrático. Nosotros poseemos una fuerte tradición filosófica y política que nos ayuda a pensar en las condiciones de la comunicación individual.

    3- Finalmente, sumergirse de nuevo en la historia de las utopías de la comunicación, muy numerosas desde hace dos siglos, ya que están todas ancladas en sistemas tecnológicos. Reexaminar las antiguas utopías permite extraer las lógicas de repetición y comprender que, desde el siglo XVIII, la cuestión es siempre la misma: ¿cómo articular la expansión de uno mismo y la pertenencia a la colectividad?

    Si la cultura se caracteriza por la capacidad de almacenar numerosas informaciones, Internet es , en efecto, una herramienta cultural porque el número de informaciones al cual permite acceder aumenta de forma vertiginosa. Se hablaba de trescientos a trescientos cincuenta millones de páginas accesibles a mediados de 1998, sin que esta cifra haya sido verificada.

    Pero si tomamos la otra dimensión de la cultura -la de la duración-, las cosas se complican. No hay cultura sin permanencia y sin acumulación. Ahora bien, lo propio de Internet y de la cibercultura es, por el contrario, hacerse y deshacerse constantemente, negar la idea misma de acumulación. No hay stock, nada de perennidad: todo es flujo (esto parece un anuncio de compresas! -pensó Diego...:-) El volumen de mensajes, la velocidad y la interactividad no son suficientes para constituir una cultura cuando sabemos que ésta se construye por acumulación, en una relación constante entre patrimonio y novedad, tradición y modernidad.

    El problema esencial no es, por tanto, en absoluto estar a favor o en contra de las nuevas tecnologías, sino saber a partir de qué momento la problemática de la comunicación será por fin reconocida como más importante que la de las tecnologías. De hecho, es preciso decir si, simultáneamente, a los medios de comunicación de masas y a las nuevas tecnologías, ya que ambas reflejan las características parcialmente contradictorias de la sociedad individualista de masas, que son la libertad y la igualdad. a una reflexión sobre el respectivo papel de los dos medios.

    Pero al mismo tiempo, es preciso decir no igualmente a la idea de que los resultados tecnológicos configuran una nueva economía de la comunicación. Desde este punto de vista, debería perseguirse una reflexión profunda, una vez que estos elementos se hayan adquirido, para separar durante mucho tiempo lo que distingue estos dos tipos de medios de comunicación, de los cuales unos están fundamentalmente en la lógica de la oferta, y los otros, en la de la demanda.

    La mayoría de las veces, estamos ante un verdadero conflicto teórico entre estos tres estudios de la comunicación, según se confiera mayor privilegio a la transmisión, al mensaje o a la interacción.

    Copyright by ElDiego. 2003

    CONCLUSIÓN

    DIEZ PROPUESTAS PARA PENSAR EN LOS NUEVOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN.

    La tesis de este libro se basa en que es urgente desatar el yugo de la tecnología en lo que respecta a la comunicación, ya que lo esencial de ésta es de otro orden: cultural y social. Si la comunicación está siempre definida por tres elementos, técnico, cultural y social, y si evidentemente la dimensión tecnológica cambia rápidamente las otras dos dimensiones son la menos igual de importantes.

    Estas mutaciones culturales y sociales todavía muy inacabadas, son al menos tan importantes como la extraordinaria revolución de las tecnologías de comunicación. Pero como éstas son menos evidentes que la revolución tecnológica, y mucho más controvertidas, no se da este discurso unánime que observamos respecto a la revolución de la comunicación. Una arqueología de la comunicación en occidente permitiría demostrar cómo las proporciones entre las dimensiones tecnológicas, culturales y sociales han evolucionado.

    La historia de la comunicación y de las teorías de la comunicación demuestra tres fenómenos. Una verdadera revolución existe cuando hay un encuentro, entre una innovación tecnológica y mutaciones culturales y sociales en los modelos de comunicación. Después, las tres dimensiones interaccionan; evidentemente, son las dimensiones sociales y culturales las más importantes. Finalmente, las nuevas tecnologías no bastan para cambiar la sociedad.

    Las nuevas tecnologías de comunicación constituyen una innovación tecnológica; como la posición de la comunicación en una sociedad no depende sólo de la tecnología sino también de las dimensiones culturales y sociales, es preciso efectuar la evaluación teniendo en cuenta este conjunto de tres características. Reflejan la misma sociedad, la sociedad individualizada de masas, en la que tanto unas como otras presentan una vocación particular: las nuevas tecnologías tienen la ventaja de estar al mismo nivel que la lógica individualista dominante en nuestra sociedad. Las nuevas tecnologías no son ni la condición, ni la vanguardia de la comunicación del mañana; son la otra cara, el complemento de los medios de comunicación de masas con relación al modelo de la sociedad individualista de masas. Los primeros insisten en la dimensión individual; los segundos, en la dimensión colectiva.

    Si los modelos culturales y sociales de la comunicación no evolucionan conjuntamente ante la llegada de las nuevas tecnologías, habrá profundas resistencias. El problema no es la llegada de las nuevas tecnologías, sino este discurso falso según el cual el cual dichas tecnologías son el futuro, como los medios de comunicación vienen a ser el pasado.

    El peligro más grave concierte al tropismo tecnológico que ve en la tecnología la esencia de la comunicación. Porque la amplitud de sus aplicaciones será tal que existe el riesgo de que aparezcan numerosos conflictos sociales. Las otras dos dimensiones, sociales y culturales, efectuarán entonces un regreso más o menos pacífico para compensar esta sobredeterminación. Porque la revolución tecnológica está tan vinculada a intereses económicos que será necesaria más y más energía y voluntad para evitar que esta dimensión económica y funcional de la comunicación conduzca a la dimensión normativa.

    DIEZ PUNTIOS RÁPIDOS PUEDEN RESUMIR LAS PIRNCIPALES CONCLUSIONES DE ESTE LIBRO.

  • El objetivo de la comunicación no es tecnológico, sino que concierne a la comprensión de las relaciones entre los individuos (modelo cultura) y entre éstos y la sociedad (proyecto social). Es la elección entre socializar y humanizar la tecnología o tecnificar la comunicación. La mayoría de las veces, se proporciona a la tecnología la capacidad para resolver un problema social o político.

  • Hay que apartar la ideología tecnológica que reduce la comunicación a la tecnología y que construye una falsa jerarquía entre nuevos y antiguos medios de comunicación.

  • ¿De dónde viene la fuerza radical de la ideología tecnológica en la comunicación? Del hecho de que la comunicación, no ocupa el lugar de los otros tres valores en crisis: la ciencia, la política y la religión.

    Destecnificar la comunicación se convierte en una imperativo categórico para reducir el aspecto cautivador de las nueva tecnologías y reintroducir distancias simbólicas. Es preciso todavía volver a crear distancias para conservar una cierta libertad.

    Destecnificar la comunicación es humanizarla y sociazarla.

  • Desarrollar los conocimientos para relativizar la ideología tecnológica.

  • Esta importancia teórica de la comunicación forma parte de la mayoría de los problemas antropológicos contemporáneos: la relación entre libertad individual e igualdad social; el vínculo social en una sociedad complicada donde coexisten la individualización, el igualitarismo y el comunitarismo; las relaciones entre identidad y comunicación en un universo cultural que se enriquece con la segunda mientras desconfía de la primera; la cuestión “del otro”, quien se ha convertido en omnipresente por mediación de las tecnologías, aun sin ser más aceptable. La comunicación no es nunca una cuestión sencilla, puesto que condensa la mayor parte de las cuestiones filosóficas, y de toda la teoría social.

  • Los medios de comunicación generalistas y las nuevas tecnologías son complementarios desde el punto de vista de una teoría de la comunicación, ya que reflejan el mismo modelo, el de la sociedad individualista de masas. La fuerza, la dificultad y la grandeza de los medios de comunicación generalistas consisten precisamente en superar la ley natural de toda comunicación; interesarse por eso que interesa ya. Los medios de comunicación suscitan evidentemente insatisfacción, puesto que encontramos de todo, y no sólo lo que buscamos, puesto que ofrecen también la oportunidad de acceder a otra cosa, en la cual no habíamos pensado a priori. Esta es la grandeza de los medios de comunicación de masas: mantener ambos extremos de la cadena, la dimensión individual y la dimensión colectiva.

  • Los medios de comunicación generalistas nacionales juegan continuamente un papel considerable en este doble movimiento de apertura y de mantenimiento de un mínimo de cohesión.

  • Es preciso recordar sin cesar la importancia de una oferta de calidad por parte de los medios de comunicación generalistas.

  • La lógica de la oferta es un verdadero reto cultural, ya que consiste en ofrecer al mayor número posible de usuarios una gama de productos de comunicación lo más amplia posible, de manera que todas las diferencias culturales y sociales encuentren una oportunidad de satisfacción. La pura lógica de la demanda conlleva una comunicación de dos velocidades y de dos precios: de baja calidad y gratuito para una buena parte de la población. Orientar significa repetir que la comunicación, igual que la información, no es un producto como los otros, porque ambos se definen en primer lugar por valores.

  • No hay racionalidad común a las tres lógicas del emisor, del mensaje y del receptor. Los medios de comunicación no han conducido a la estandarización de las opiniones y de las ideas. El mismo mensaje no se recibe de manera idéntica en los diferentes países. El público desarrolla un sentido cada vez más crítico a medida que está expuesto a un número creciente de informaciones. Sin embargo, cada uno, en la medida de su experiencia, constata cómo filtra los mensajes que recibe. Recibir no significa adherir. Esta resistencia a la recepción es lo que protege contra la manipulación, pero también lo que puede constituir un freno para el cambio. En el caso tan complicado de la ampliación considerable de la comunicación, la complejidad de la recepción es, sin embargo, un factor positivo para resistir a los múltiples desequilibrios que origina en cada uno de nosotros esta exposición cotidiana a todos los asuntos de la historia y a todos los acontecimientos del mundo durante las veinticuatro horas del día. La mundialización hace que todos lo veamos todo. Existe la siguiente contrapartida: la heterogeneidad. La mundialización de la comunicación, contrariamente a lo que se dice, va a radicalizar las diferencias de las percepciones, vinculadas a las identidades culturales.

  • En el plano internacional, las mismas declaraciones tienen un impacto radicalmente distinto según el lugar en que cada uno se encuentre cuando las reciba. Las informaciones son las mismas y se refieren a la vida europea.

    Habrá que subsanar lo antes posible esta supresión teórica, ya que no sólo no hay jamás información son comunicación, sino que es la comunicación la que proporciona su sentido a la información en un proceso de construcción del sentido de los efectos inesperados, por incontrolables.

  • La comunicación a distancia no sustituirá la comunicación humana directa. El progreso tecnológico no cesa de reducir el número de intermediarios par permitir una comunicación directa, ya que cada terminal da acceso a la mayor cantidad posible de imágenes, de servicios, de informaciones de contacto. Y progresivamente, redescubrimos la importancia de los intermediarios. La aldea global es una realidad tecnológica, pero no una realidad social y cultural.

  • Es aconsejable inscribir lo antes posible las novedades tecnológicas de comunicación en la larga historia de las tecnologías. Siempre hay un precio que pagar por el progreso.

  • Constatamos una profunda deshumanización y la necesidad urgente de reintroducirlos en el comercio.

    En el plan individual, cada uno la busca, ya que sólo hay vida en el intercambio, incluso aunque esta experiencia de la comunicación sea a menudo dolorosa. En el plan colectivo, todo cambia. La comunicación da miedo; desconfiamos de ella y rápidamente intentamos asimilarla a una tentativa de influencia, incluso de manipulación, de la que la comunicación política es emblema.

  • Es preciso desconfiar de la “multiconexión”. Es suficiente ver la esclavitud que representa el teléfono móvil con el que se nos puede localizar desde nos e sabe dónde, no importa quién, con no interesa qué motivo, para entender lo que es la enajenación de la conexión. El contrasentido consiste en confundir interacción y comunicación. Son las máquinas las que se conecta, no los hombres. El tema de la sociedad de comunicación es una ilusión.

  • La paradoja de los veinticinco últimos años es, por lo tanto, la siguiente: los medios de comunicación de masas siempre han suscitado una desconfianza real, puesto que temíamos su influencia. En realidad, ésta era infinitamente más controlable de lo que lo será en el espacio multimediático de mañana. Lo “multimediático” no protege más la libertad de lo que la amenazaban los medios de comunicación de masas, sino más bien lo contrario.

  • Si la “comunidad internacional” es una realidad en constante construcción, la “mundialización de la comunicación” no sabrá ser su símbolo. La distancia principal se llama el respeto a las identidades colectivas. En un mundo abierto, en constantes interdependencia, la identidad ya no es un obstáculo para la comunicación, sino su condición.

  • Esto requiere trabajar en dos direcciones de forma simultánea; respetar las identidades y desarrollar un proyecto más amplio que trascienda las diferencias.

    En conclusión, ésta es, sin duda, una de las paradojas más poderosas en este análisis de la “revolución de la comunicación”: contra la influencia tecnológica y los peligros de una mundialización de la comunicación, el recurso a la dimensión normativa de la comunicación constituye indudablemente el mejor antídoto.

    Tres observaciones que ilustran la complejidad antropológica de todo lo que gira alrededor de la comunicación.

    La primera concierne a la fascinación de Occidente por las tecnologías. Esta integración tecnológica fascina como si los resultados tecnológicos suprimieran las diferencias de contenido.

    La segunda observación concierne a los “ruidos” de la comunicación que forman parte integrante de la sociedad. Lo más moderno necesita con frecuencia de lo más arcaico.

    La tercera observación concierne a la jerarquía “natural” entre las nuevas tecnologías y los medios de comunicación de masas.

    La jerarquía sigue clásicamente este orden: el teléfono, la radio, la televisión, el ordenador, los nuevos medios de comunicación. Dicha jerarquía refleja la historia del progreso de las tecnologías: las de hoy son “mejores” que las de ayer. ¿Es tan exacta esta jerarquía?

    El teléfono y la radio, estos dos medios de comunicación “antiguos”, recuerdan también que lo esencial de su papel consiste en la ayuda modesta, aunque indispensable, que aportan a los hombres para que se entiendan mejor: trata de “entenderse, a falta de verse.

    CII MEDIOS DE COMUNICACIÓN GENERALISTAS Y GRAN PÚBLICO

    TELEVISIÓN GENERALISTA: UNA VICTORIA ILEGÍTIMA

    La televisión correspondía en parte a este ideal democrático que permite el acceso de una gran cantidad de público a la información, a la cultura o a la diversión. Digan lo que digan las elites, la televisión les ha dado miedo.

    Además en lugar de ver una oportunidad para la cultura de masas, han visto una máquina para influenciar sobre los ánimos y “bajar el nivel cultural”.

    La economía general de la televisión, se divide en tres partes desiguales: una mayoría para la televisión generalista, lo demás para los servicios del cable y el multimedia.

    La televisión gusta, pero forma parte tanto de la vida cotidiana, que no es preciso hablar de ella salvo para quejarse, ya que la paradoja es que nos es indispensable sin que nosotros estemos satisfechos. Este doble movimiento, uso y decepción, contribuye a la pérdida de la legitimidad de la televisión.

    Es falso decir que el telespectador se deja engañar por lo que ve. Aquí encontramos algo importante: el público está dotado de inteligencia crítica y, aunque otorgue éxito a la televisión, sabe guardar las distancias. Mirar no significa obligatoriamente adherirse a lo que se mira.

    En el espacio de comunicación, y los temas de curiosidad y de comprensión son mucho más amplios actualmente, en la medida del nivel cultural de la población es más elevado.

    En resumen, el éxito de la televisión es inmenso, real, duradero. La diferencia entre la oferta y la demanda de programas explica el éxito de los medios de comunicación temáticos, la dificultad de la televisión es intentar facilitar un acceso a la cultura. La televisión es un espectáculo y no puede ser una escuela con imágenes. La solución consiste en partir de esta necesidad de distracciones para elevarlas hacia los programas de calidad. Esta evidencia de la comunicación de masas le da fuerza y explica su papel inestimabl4 de vínculo social y de apertura a la cultura contemporánea. Esta banalidad de la televisión es un medio para soportar la prueba de la apertura al mundo. La diversión y la heterogeneidad de los programas son uno de los modos de compensar los efectos desestabilizantes de esta apertura al mundo. La banalidad es la condición por la cual la televisión juega este papel de apertura al mundo, tanto por la experiencia personal como por el acceso a la historia.

    Estamos tan acostumbrados al papel esencial de la televisión en la democracia que olvidamos cómo esta banalidad aparente cumple en realidad una misión esencial.

    Estas diferencias entre el importante papel que juega la televisión y la conformidad crítica que lo rodea ilustran la falta de reflexión de las elites sobre la sociedad contemporánea, y muestran cómo sus constantes críticas hacia la sociedad de masas expresan su conformidad y demuestran su retraso en comprender tres grandes cuestiones de la modernidad: la comunicación, la cantidad y la relación entre esfera pública y esfera privada en una sociedad abierta.

    La banalidad no se de a nuestra sociedad, sino a su crédito. En primer lugar, porque son el resultado de un inmenso trabajo de emancipación cultural y porque esta banalidad es una de las puertas de entrada esenciales a la comprensión de las contradicciones de la sociedad contemporánea.

    Esta conformidad crítica conlleva dificultad para comprender y una incapacidad de ver que, en dos generaciones, hemos pasado de dos culturas, la de elite y la cultura popular, a cuatro formas de cultura, la de elite, la mediana, la de masas y la particular. La paradoja es siempre la misma: no se trata más que de hacer vivir la democracia de masas, presentada como el único sistema político viable, los partidos, los sindicatos y los movimientos de opinión aunque, simultáneamente, critiquemos todas las manifestaciones concretas, entre las que se encuentran los medios de comunicación.

    La televisión presenta dos ventajas: valoriza la lógica de la oferta y destaca las dificultades de la comunicación, a saber, la incomprensible diferencia entre las tres lógicas, la del emisor, la del mensaje y la del receptor.

    LA GRANDEZA DE LA LÓGICA DE LA OFERTA

    La televisión es el ejemplo de la importancia de una política de la oferta. Destacar la preeminencia de la oferta es recordar toda la historia de la cultura. Si queremos facilitar el acceso a la cultura, es preciso ampliar la oferta cultural y no sólo interesarse por la demanda. Para formular demanda, es necesario organizar el acceso al mundo. Esta mejor capacidad de comprensión del mundo permite, en un segundo momento, formular una demanda. Contrariamente al discurso que domina actualmente, la emancipación pasa primero por la oferta y no por la demanda, puesto que es la oferta la que permite constituir los marcos de comprensión a partir de los cuales se va a manifestar la demanda.

    Esta oferta debe ser lo más amplia posible ya que las vías de acceso a la cultura son múltiples, y ninguna de ellas se interesa por el mismo tema al mismo tiempo. Desde el punto de vista de una teoría de la televisión, nunca se insistirá los suficiente sobre la importancia de las televisiones generalistas y sobre la lógica de la oferta.

    Toda teoría del público implica una teoría de la televisión, y después, una representación de la sociedad. Los argumentos que condenan el concepto de gran público se parecen a aquellos que regularmente condenan el concepto de democracia.

    Se debe recodar también, evidentemente, que el público nunca es pasivo o ajeno.

    La contrapartida a esta preeminencia de la oferta concierne a la exigencia de calidad.

    No es suficiente recordar la superioridad de la televisión generalista frente a la televisión temática, sino que también es preciso ver el vínculo que existe entre televisión generalista, servicio público e identidad nacional. La televisión privada generalista no está tentada a ampliar su paleta de programas más allá de aquellos que le aseguran la audiencia, la pública puede continuar ofreciendo una paleta de programas generalistas más amplia que la televisión privada. Cuando más generalista es la oferta de la televisión más desempeña aquélla su papel de comunicación nacional. La televisión es el principal espejo de la sociedad; es esencial para la cohesión social que los componentes sociales y culturales de la sociedad puedan encontrarse y descubrirse. Ello supone una mejora sustancial de la calidad de la forte, la cual es la clave de esta teoría de la televisión. Valorizar la televisión de la oferta obliga a valorizar la calidad de los programas.

    Lo que es interesante de la televisión generalista es la manera con que manifiesta las dificultades de la comunicación. La televisión temática ofrece al público lo que éste reclama, hecho que no permite ver tan fácilmente los límites de la comunicación. Las dificultades de los medios de comunicación generalistas, en el ajuste oferta-demanda, ilustran más fácilmente que los temáticos esta ley de la comunicación: no hay comunicación sin error, sin riesgo y sin decepción.

    No existe la racionalidad en materia de comunicación; su “rendimiento” es siempre incierto. La comunicación temática es más eficaz y racional que la comunicación generalista, pero ésta no sería nada sin la primera y no puede reducir mejor que la comunicación generalista esta diferencia entre la oferta y la demanda. Porque la demanda es a menudo implícita y necesita una oferta para formularse. Y porque la innovación proviene frecuentemente de la oferta, por la que se manifiestan la creación, la novedad y las diferencias.

    Los límites de los medios de comunicación generalistas no deben atribuirse a ellos mismos, sino que, son una garantía de la democracia de masas que, diariamente, tiene que organizar la convivencia entre universos sociales y culturales que todo lo separan. El gran público de la televisión no es otro que la figura del sufragio universal en el de la política. En ambos casos, se trata de una “ficción”.

    Así pues, no existe democracia posible sin medios de comunicación generalista que privilegien una lógica de la oferta lo más amplia posible. Debemos admitir esta doble paradoja: no hay cultura de masas sin una oferta generalista lo más amplia posible, pero esta oferta suscita poca admiración y reconocimiento por parte de casi todos los públicos.

    La radio y la televisión se consideran herramientas del “pasado” porque se basan en la oferta, en beneficio de los medios de comunicación interactivos, individualizados y basados en la demanda.

    Los medios de comunicación de masas, con relación a este objetivo esencial de estar juntos de una colectividad, están, por su lógica de la oferta generalista mucho más avanzados que los medios de comunicación temáticos o las nuevas tecnologías.

    ¿PARA QUÉ SIRVE LA TELEVISIÓN?

    Para reunir individuos y público que están separados por todo lo demás y para ofrecerles la posibilidad de participar individualmente en una actividad colectiva.

    El espectador es el mismo individuo que el ciudadano, lo que implica que se le debe asignar las mismas cualidades. La televisión generalista es la única actividad que, junto a las lecciones, reúne tanta participación colectiva.

    Si el público mira los programas malos, no es tanto porque le gustan como porque se los ofrecen.

    Por esto el audimetro mide menos la demanda que la reacción ante la oferta. Por esto la televisión es indisociable de la democracia de masas y descansa sobre la misma apuesta: respetar al individuo y aportar al ciudadano, es decir, al espectador, los medios para comprender el mundo en el que vive.

    La cuestión de fondo es: ¿para qué sirve la televisión? Sirve para hablar. Es una formidable herramienta de comunicación entre los individuos. La televisión es un objeto de conversación. Es por ell9o que es un vinculo social indispensable en una sociedad donde los individuos a menudo están aislados y, a veces, solos. La televisión ha amortiguado los efectos negativos de estas profundas mutaciones, ofreciendo un nuevo vínculo social en una sociedad individualista de masas.

    Su importancia es tan grande políticamente como socialmente. El control de las imágenes no asegura el control de las conciencias.

    Desde el punto de vista de una teoría sociológica, ¿cual es actualmente el problema esencial para la televisión? Conservar la tensión entre estas dos dimensiones contradictorias es la causa de su éxito: la realización individual de una actividad colectiva.

    ¿Cuál es el riesgo? Romper esta dimensión contradictoria, abandonar el objetivo colectivo, no interesarse más que por la dimensión individual. Y es aquí donde aparece el peligro de una mala utilización de las nuevas tecnologías. ¿La consecuencia? Una televisión de dos velocidades generalista y de poca variedad para los públicos populares y una miriada de programas más interesantes en las redes temáticas.

    La evolución apuesta pues por la individualización, siempre considerada como un “progreso”.

    Con la fragmentación, llegamos también al papel principal de la televisión como vínculo social. La libertad de elección se convierte aquí en el principio de la indiferencia hacia el otro.

    Si el espectador escoge, pero a partir de una oferta organizada. El espectador no es el programador. Es por ello que la televisión generalista no está condenada por la evolución actual, sino al contrario.

    La individualización de los comportamientos se presenta como el contrapeso necesario para la existencia de una sociedad de masas, pero ésta, está menos amenazada por el proceso de “masificación” que por los aspectos perversos de la individualización y de la segmentación social. La amenaza más es la soledad organizada, egoísmo institucionalizado y narcisismo etiquetado. La televisión obliga al menos a reconocer su legitimidad. Y reconocer la posición del otro, ¿no es ya el primer indicio de una socialización? La convivencia de los programas en un canal es una de las manifestaciones de la convivencia social.

    UN MANIFIESTO

    He agrupado en diez puntos la síntesis de la posición teórica que defiendo referente al sentido y al papel de la televisión de masas en un manifiesto que ha inspirado al Comité Francés de Audiovisuales, creado en 1993.

  • La televisión es la principal herramienta de información, de diversión y de cultura de la aplastante mayoría de los ciudadanos de los países desarrollados. Esta situación crea responsabilidad social y cultural para los directores.

  • La libertad de comunicación, no significa una ausencia de reglamentación. La reglamentación del sector audiovisual se impone hoy en día más que ayer, por el hecho de la abundancia de imágenes. La libertad de elección del espectador no excluye una organización.

  • Una vez admitida en Europa la competencia entre sector público y sector privado, la dificultad se encuentra en el mantenimiento de un sector público fuerte en un sistema de competencia equilibrado.

  • La televisión pública se encuentra ahora en una posición mejor, porque los telespectadores han entendido Internet y las limitaciones de la televisión privada. Porque la reducción de la oferta, alrededor de algunos programas de éxito asegurado deja insatisfecha una buena parte de las demandas. Y porque el sector público ha tomado conciencia de la imperiosa necesidad de un aplazamiento con la condición de que haga una cosa diferente que la televisión privada.

  • Un sistema audiovisual equilibrado es aquel en el que los dos sectores tienen un tamaño comprable, y en el que los canales generalistas, públicos y privados, conservan la mayor parte de la audiencia. El verdadero desafío de la televisión continúa siendo el gran público.

  • No existe la televisión sin una concepción implícita o explícita de su papel en la sociedad. El consumo individual de una actividad colectiva, obliga a plantear la pregunta principal para cualquier televisión: una televisión ¿para qué?

  • Si desde un punto de vista teórico la diferencia entre los dos sistemas de organización de la televisión es simple, a priori nada garantiza la calidad de la televisión pública.

  • La televisión pública debe poder hacer suya eta constatación: el espectador es el mismo individuo que el ciudadano. Si el ciudadano es considerado inteligente, la misma inteligencia debe serle aplicada en su dimensión de espectador.

  • La calidad de los programas y por tanto, de los profesionales que los crean corresponde a la calidad del público. La internacionalización de la difusión de la imagen y del mercado de los programas no significa la desaparición del papel de identidad nacional de la televisión en cada país.

  • La televisión se enfrenta actualmente con dos riesgos que constituyen sus ideologías más perniciosas.

  • La primera es la ideología del mercado. El espectador es el mejor programador.

  • La segunda, complementaria del resto, es la ideología técnica. Esta ve en la explosión tecnologías de comunicación el futuro de la televisión. La verdadera libertad, la de la elección estrictamente individual, sería posible, para los defensores de esta ideología, gracias a las tecnologías.

  • Estas dos ideologías sobrevaloran la dimensión individual de la televisión en detrimento de la dimensión colectiva. Pero la fuerza y la originalidad de la televisión está en el hecho de que esta actividad es a la vez individual y colectiva, y ambas son indisociables. La multiplicación de los soportes y de los programas la obligan más que nunca a una política del audiovisual, de la elección y de las orientaciones.

    La comunicación en un universo actualmente sin fronteras es una apuesta demasiado importante para ser dejada sólo a las leyes del mercado o a las de las tecnologías. La abundancia de imágenes no reduce el interés de una ambición por la televisión: más bien la reclama.

    CAPÍTULO 3

    LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS, EL INDIVIDUO Y LA SOCIEDAD

    LOS TRIUNFOS DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS DE COMUNICACIÓN

    La televisión, la radio y la prensa salen de una lógica de la oferta, mientras que los nuevos medios de comunicación salen de una lógica de la demanda. Ambas lógicas son complementarias.

    Entre estas dos formas de comunicación no hay progreso, eso es seguro. Las dos son útiles y la elección por una de ellas depende mucho de la naturaleza de los servicios y de las preferencias de los individuos. Con lo que, no existe ninguna jerarquía entre estas dos formas de comunicación, que dependen en realidad de los soportes, contenidos y preferencias de unos y otros, lo que no quiere decir que las dos sean equivalentes.

    Desde hace quince años, las nuevas tecnologías se benefician de una enorme publicidad. Paradójicamente, casi nadie osa criticarlas, ni plantear la cuestión de si, por una parte, merecen este sitio en el espacio público y, por otra, significan un progreso en este punto al cual, permanentemente, reclamamos la imperiosa necesidad de modernizarse.

    Esta identificación del progreso con las nuevas tecnologías está omnipresente en los discursos de los políticos, de los medios de comunicación y de las élites. Hablan de la `revolución de Internet' y afirman doctamente que la sociedad del mañana está en los teclados.

    La realidad es mucho menos `multimedia' de lo que los discursos afirman, pero es cierto que es omnipresente este discurso de modernización, su carácter obligado, su rechazo de la menor objeción y esta llamada constante a la juventud. Dentro de unos diez años los usuarios habrán relativizado los flamantes discursos de hoy.

    Pero… ¿y por qué las nuevas tecnologías de comunicación gustan tanto?

    El autor ha abordado ya este problema en Penser la communication: en él ha destacado la importancia para los jóvenes de la idea de apertura, pero también el rechazo a la omnipresencia de los medios de comunicación de masas, el deseo de responder a la innegable angustia antropológica, la atracción por la modernidad y, finalmente, la búsqueda de nuevas solidaridades con los países más pobres. Se trata, en conjunto, de modificar las relaciones humanas y sociales, lo que demuestra cómo, en el ámbito de la comunicación, cuidamos símbolos y utopías. El término que aquí es más conveniente usar es el de transferencia².

    Las dimensiones psicológicas son esenciales en la atracción por las nuevas tecnologías, ya que éstas reúnen el profundo movimiento de individuación de nuestra sociedad. Son el símbolo de la libertad y de la capacidad para organizar el tiempo y el espacio. Tres palabras son esenciales para entender el éxito de las nuevas tecnologías: AUTONOMÍA, ORGANIZACIÓN Y VELOCIDAD. Cada uno puede actuar sin intermediario cuando quiera, sin filtros ni jerarquías y, lo más importante, en tiempo real. Este tiempo real es esencial como factor de seducción. A causa de su abundancia, los sistemas de información se parecen un poco a los supermercados: es la `gran comida' de la información y de la comunicación. Comprendemos que esto se alimenta de dulces utopías. Ya que es un mundo abierto, accesible a todos. Y allí es donde las nuevas tecnologías adquieren una dimensión social: representan en parte `una nueva oportunidad' para todos aquellos que han fracasado en la primera. Las nuevas tecnologías son, por tanto, una figura de emancipación social. EJEMPLO: Estudiar por Internet sin profesor ni control. Todo esto no es falso y corresponde a un momento en el que ya no hay más territorios de aventuras ni evasiones que ofrecer a las nuevas generaciones.

    Sin dudad el correo electrónico y las funciones anexas de tratamiento de texto son las aplicaciones más seductoras y constituyen el principal triunfo de los sistemas automatizados. Nos encontramos en le corazón del ideal individualista liberal. El individuo entra y, fuera de toda estructura, puede desarrollar libremente su competencia, asegurar su destino, instruirse, intercambiase mensajes o conocer gente.

    El progreso también es real por el acceso a las bases de datos que resultan a la vez prácticos y directos. Para muchas profesiones en las que los individuos están obligados a reciclarse profesionalmente, como los periodistas o médicos, son una ventaja.

    Otro aspecto positivo que concierne al hecho de que las nuevas tecnologías satisfacen una necesidad de actuar. Es el DO IT YOURSELF³ que encontramos en todas las esferas de la vida práctica. Esta necesidad de actuar y de interacción encuentran allí un territorio cada vez más valorizante que concierne al saber, a la documentación y al conocimiento.

    Más aún, los nuevos medios de comunicación animan la capacidad de creación. Hay, en efecto, una imaginación y una creación cultural vinculada a la Red. Internet, después de la televisión y la radio en su momento, lanza de nuevo una imaginación, una búsqueda de estilos y de formas que expresan la modernidad. No podemos señalar que este nuevo soporte facilite una expresión cultural y unos lenguajes todavía en proceso de gestación, ya que todavía es demasiado pronto para saber si al final supondrán una ruptura cultural importante.

    Por otra parte, la juventud encuentra en las nuevas tecnologías un modo de distinguirse de la era de los adultos, simbolizada por el reino de la televisión. El multimedia abre otra historia de la comunicación, del trabajo, de las relaciones personales y del servicio: `Delante del ordenador, todo el mundo es igual'. Ya no hay jerarquías a priori. Por otro lado, este hecho explica el aumento de las utopías que rodean desde hace medio siglo el desarrollo de las tecnologías de la información.

    La red como soporte de una nueva solidaridad mundial se encuentra, por otra parte, en el corazón de un gran número de coloquios, obras y proposiciones políticas y culturales.

    El siglo XX ha sido tan sangriento que parece difícil rechazar el derecho a soñar a las generaciones que quieren construir un mundo mejor.

    Estos sueños de solidaridad son quizás la respuesta generosa y humanista a la ley implacable de la globalización económica. Dicho lo cual, en esa utopía de la red, lo más importante no es la fascinación tecnológica, puesto que toda la juventud en los países ricos vive ya, desde los años setenta, en un universo tecnológico; lo más importante reside en el hecho de que la red se haya convertido en el soporte de sueños eternos para una nueva solidaridad, aunque sea un poco triste constatar la diferencia entre la calidad de estas utopías y los comportamientos terriblemente eficaces de los proveedores del templo, de estas industrias tan alejadas de este ideal de solidaridad.

    EL CONTENIDO DE LA RED

    Queda por saber cómo funciona verdaderamente la comunicación de las grandes tecnologías y, después de haber soñado con las solidaridades universales, analizar lo que sucede realmente, sobre el terreno, con la utilización de las nuevas tecnologías.

    Empecemos por el principio. Internet agrupa un conjunto de servicios (la Red, Usenet, el IRC, el FTP, etc.) que están vinculados a protocolos técnicos de comunicación. Entre estos servicios, es la red lo que actualmente conoce más el gran público, y es en ella donde se concentra la mayoría de los objetivos. Por lo tanto, centraremos el análisis sobre la Red. ¿Qué contiene la Red?

    Tipología de las informaciones que propone:

    La multiplicidad de estos datos se resume en cuatro categorías:

  • Aplicaciones de tipo servicios para cualquier información y, a veces, para transacciones: reservas, anuncios, meteorología, anuarios, buscadores, bolsa de valores…

  • Aplicaciones de tipo ocio: juegos interactivos en red y, sin duda, dentro de poco el video.

  • Aplicaciones vinculadas a la información-acontecimiento: sea general (abastecida por agencias o periódicos) o especializada por medios socioprofesionales y socioculturales.

  • Aplicaciones de tipo informaciones-conocimiento: informaciones puestas en estos bancos de datos a los que se puede tener libre acceso, aunque a menudo requieran un pago o la utilización de un código de acceso.

  • Este nuevo tipo de información vinculada al aumento y a la especialización de conocimientos en todos los ámbitos no tiene su origen en la tecnología, sino en un cambio sociocultural mucho más amplio que conduce a un camino de representación de la realidad. Esta información es el resultado de un saber y de una construcción. El dato no existe si no ha sido construido; refleja una elección. Esta clasificación deja de lado el correo electrónico.

    En todo caso el hecho de mayor peso es que el campo de la información se amplía cada vez más. Los proveedores potenciales son, por otra parte, numerosos, y compiten por la captación de estos nuevos mercados.

    El verdadero problema no es la satisfacción de las necesidades de información preexistentes, sino la considerable ampliación del campo de la información. La Red provoca que se crea en la urgencia de satisfacer las necesidades de información del público y en la necesidad de que todo el mundo pueda estar informado a todas horas, aunque, en conjunto, la oferta esté muy por delante de la demanda.

    Oferta y demanda de las informaciones

    La oferta supera a la demanda del gran público. LA novedad de Internet es que promueve el interés por las aplicaciones fuera de trabajo, a una escala de masas, y en un espacio, la vida privada, donde hay poca costumbre de ser solicitado por un conjunto tecnológico integrado que ofrece servicios nuevos. Al final bastaría con que existiera en cada hogar una terminal inteligente para que la mayor parte de las necesidades de información, de servicios, de transacciones, de comercio… fueran satisfechos.

    Lo importante es que se suscite una visión simplista de la sociedad.

    La dificultad está en la diferencia entre dos escalas de tiempo que no evolucionan con la misma velocidad: la del cambio tecnológico y la de los comportamientos sociales.

    Para la información-prensa, se llevó a cabo un largo proceso vinculado a la filosofía del siglo XVIII con los valores de libertad e igualdad, que ha tenido como consecuencia el derecho a la información. Esta simple idea ha necesitado dos siglos para ser aplicada, así como a través de qué combates y de qué vigilancia se renueva cada día.

    Así pues, nos imaginamos las diferencias que existen entre esta concepción de la información y la que está al principio de estos nuevos servicios del multimedia. La representación de nuevos servicios como la prolongación de los servicios de información-prensa no es evidente. En el primer caso, hablamos de política y de valores; en el segundo, de economía y de intereses. Esto significa que no es posible la justificación del desarrollo del multimedia a través de una teoría de las necesidades.

    No hay muchos vínculos entre la información-prensa y la información-servicio, la información-conocimiento y la información-ocio. Su posición, su legitimidad, sus sistemas de referencias, sus costes y sus precios son a menudo, muy diferentes.

    Por otro lado, las nuevas tecnologías permiten reducir los desplazamientos. Pero esto no siempre es positivo, según como se mire. Ya que, por ejemplo, para la gente que vive en las grandes ciudades sí le es útil pero para alguien que vive en pequeñas ciudades no.

    Reaparición de las desigualdades

    Desde el s. XVIII es en nombre de la libertad y de la igualdad de los individuos que la información, toda ella, debe ser accesible a todos los ciudadanos como medio para conocer la realidad y actuar. ¿Cuál es la mentalidad que sirve de base a los nuevos servicios de información? Aparentemente, la misma, pero la realidad está más cerca del conocimiento-acción que la de la democracia. Puesto que el pago por la información será indisociable de estos nuevos servicios. Así pues, en la selección de información tiene mucho que ver el nivel cultural y adquisitivo (monetario).

    Las desigualdades socioculturales se encontrarán de nuevo en la utilización de los cuatro servicios: información, ocio, servicios y conocimientos. Las diferencias serán más grandes respecto a la información-conocimiento, puesto que se rige por esquemas culturales.

    El problema no es que unos tendrán acceso y otros no, sino más bien saber cuál será el nivel de la demanda. Este problema está relacionado con la posición social de la que cada uno parte.

    Los dos obstáculos son, entonces, la selección según el dinero y la segmentación de los contenidos en función de los medios sociales. En esto, las radios, los periódicos, las televisiones se manifiestan más democráticas: proporcionan lo mismo a todos. Juegan sobre lo universal y no sobre lo particular. Esto no significa una ausencia de desigualdades, pero sí son menos discriminatorias.

    INFORMACIÓN, EXPRESIÓN, COMUNICACIÓN

    La revolución de la comunicación lo engloba todo a su paso, integra cada vez más servicios y abre más posibilidades de interacción por todas partes. Mañana todo estará disponible en la misma terminal. Por tanto, la pregunta es: ¿existe una diferencia cualitativa entre las actividades de información, de servicios, de expresión y de comunicación ya que utilizan las mismas herramientas?

    LA ideología tecnológica establece una continuidad entre servicio y aplicación, entre innovación y uso, allí donde la experiencia y una teoría de la comunicación destacan sus discontinuidades. Es cierto que Internet ilustra el viejo sueño según el cual la tecnología crearía el uso; sin embargo, si separamos lo que parece aparentemente unido, vemos que aparecen tres diferencias:

    Un sistema de información no es siempre un medio de comunicación

  • Primera diferencia: las funciones:

    • La Red es el paraíso de la interacción y el reino de la información en todas las direcciones. La comparación no tiene ninguna relación con lo que los medios de comunicación tradicionales pueden ofrecer. Refleja lo que es necesario para el funcionamiento de una sociedad compleja.

    • Es también el reino de la expresión a través de los múltiples foros que cruzan por la fantasía de los internautas y desaparecen a voluntad de ella. Muestra la necesidad de hablar en una sociedad libre pero llena de soledades.

    • Se puede encontrar en ella una lógica más clásica de comunicación, como en los medios de comunicación con una oferta, una programación, una representación y un público. Implica la dificultad de la intercomprensión.

    • Segunda diferencia: inserción social de las nuevas tecnologías:

    • En el mundo de los medios de comunicación es estable y en el de las nuevas tecnologías es inestable, desde un punto de vista técnico (cada vez los resultados son más extensos) y económico. El mundo del multimedia está en ebullición constante, y da la expresión exacta de ser un terreno de aventuras sin límites. En los medios de comunicación todo está mucho más asentado tras 30 ó 50 años de legislación, de tradiciones culturales y profesionales, de usos y de inserción en la sociedad.

    • Tercera diferencia: los medios profesionales y las culturas:

    • El mundo de la radio y de la televisión ha conseguido enseguida prestigio, mientras que el mundo de la informática no, sólo seduce. Dispone de muchos medios financieros, pero ni un gramo de cultura ni de legitimidad. La lógica es sobre todo industrial y comercial, mientras que la radio y la televisión no se consideran, en un principio, industrias. Con los ordenadores estamos al lado de la producción y de la rentabilidad, mientras que con los medios de comunicación estamos al lado de la política y la cultura.

      Las diferencias culturales entre los tres medios profesionales (representaciones, posiciones y tradiciones) son esenciales para entender la situación actual de semicompetencia entre estos medios.

      Si todo lo que emana de la información no es comunicación, entonces: ¿qué es un medio de comunicación? La definición de un medio de comunicación no evoca sólo la representación de su público, sino que también integra una visión de la relación entre la escala individual y la escala colectiva, es decir, una cierta visión de las relaciones sociales. Es por ello que los medios de comunicación siempre están vinculados a alguna comunidad de lengua, de valores de referencias. No existen por tanto los medios de comunicación mundiales porque no existe receptor mundial. Por el contrario, la Red tiene la capacidad de transmisión sin una reflexión previa sobre lo que pueda ser la demanda y el público: llega a todo el mundo.

      Por otro lado, los medios de comunicación pueden ser un sistema de información peor que la Red, y ésta, un peor sistema de comunicación.

      La innovación que aporta la Red es la construcción de sistemas proveedores de4 información de todo tipo. En esencia, la Red no es un medio de comunicación, sino un sistema de transmisión y de acceso formidable a un número incalculable de informaciones.

      Es necesario darnos cuenta de que la Red urge de una reglamentación, porque sin ella peligra de ser destrozada por los más grandes virus, los de la desigualdad, las manipulaciones y los fantasmas. Así pues, estamos lejos de una Red que favorezca la nueva utopía de una sociedad enfocada al intercambio y a la apertura a los demás, una sociedad liberada de cualquier poder. Por el contrario, estamos frente a un sistema de información integrado, cuya finalidad está más del lado de una economía-mundo que del lado de una mejora de las relaciones interpersonales…

      Es evidente que la mayoría de los servicios surgen de una lógica de información funcional y de la comunicación funcional, pero no se debe ignorar la existencia de una información normativa que evoca el ideal de comunicación normativa. Por un lado, están las necesidades del intercambio y, por otro, la búsqueda de una intercomprensión. Sin embargo, nada sería más falso que oponer una comunicación normativa de los medios de comunicación a una comunicación funcional de Internet. La Red no crea ningún concepto nuevo. Por el contrario, da una extensión tanto a la información/comunicación normativa como a la funcional, a través de las tres dimensiones: de información-servicio, de expresión y de comunicación.

      EL INDIVIDUO FRENTE A LOS NUEVOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

      Las soledades interactivas

      Con Internet hemos entrado en lo que el autor llama las `soledades interactivas': se puede ser un perfecto internauta y tener las mayores dificultades para entablar un diálogo con el vecino del cibercafé. El símbolo de esta suma de las soledades interactivas se ve en la obsesión creciente de muchos por estar siempre localizables: es el caso del teléfono móvil y de Internet.

      No sólo la multiconexión no garantiza una mejor comunicación, sino que, además, deja intacta el paso de la comunicación técnica a ala humana. Efectivamente, siempre llega un momento en que es preciso apagar las máquinas y hablar con alguien.

      La prueba del tiempo

      No existe la comunicación sin la prueba del tiempo: del tiempo para hablar; leer un periódico, un libro; ver una película…: siempre hay una duración en el acto de la comunicación. El ordenador acentúa gracias a la velocidad la idea de una posible disminución del tiempo: se entra en otra escala de tiempo, ya que sí se ocupa tiempo navegando por la red pero éste contrasta con toda la información que puedes obtener de ella.

      El tiempo de las nuevas tecnologías es: homogéneo, racional liso… mientras que el tiempo humano es siempre discontinuo y diferenciado. Con Internet ya no existe lo que llamamos torpemente `la vida privada', pero, sin embargo, expresa la voluntad de poder conservar una distancia entre uno mismo y los otros, o sea, de cerrar las puertas.

      La transparencia imposible

      No sólo las máquinas no simplifican obligatoriamente las relaciones humanas y sociales, no sólo no anulan el tiempo, sino que a veces amplían la burocracia humana. Sería falso imaginar una sociedad donde la burocracia desapareciera desde el momento en que todos pudiéramos hacerlo desde una terminal. Ya que la transparencia social es imposible. A pesar de los discursos que hablan de relaciones más directas, todo el mundo introduce intermediarios burocráticos, filtros, reglas, prohibiciones o signos de distinción para proteger su relación con los demás.

      En cambio, lo que la pantalla permitirá simplificar y hacer más directo y transparente por un lado, lo hará más reglamentado, más cerrado y más codificado por el otro. Simplemente porque nunca hay relaciones sociales transparentes. A esta burocracia humana y social se le añade la burocracia técnica, puesto que los materiales son menos productivos de lo que parece y la sucesión de generaciones técnicas deja zonas oscuras e ineficaces. Un ejemplo: el famoso y temido `efecto 2000', con el que los informáticos se volvieron locos de miedo.

      Las distancias insuperables

      Con los nuevos medios de comunicación asistimos a un desplazamiento progreso del razonamiento: a partir de la premisa de que los resultados técnicos son siempre buenos para la comunicación humana, llega a la conclusión de que las industrias de la información y de la comunicación son la esencia de la sociedad del mañana.

      Los medios de comunicación tradicionales se veían limitados a la esfera privada. Actualmente, las nuevas tecnologías están por todas partes: en el trabajo, en el ocio, en la educación, en los servicios…De aquí a creer que se van a modificar las relaciones sociales sólo hay un paso. La hipótesis que sostiene esta idea de una mejor comunicación gracias a las máquinas supone otra hipótesis falsa: no existe diferencia entre el emisor, el mensaje y el receptor. Pues, la historia de la comunicación, humana o mediática, demuestra lo contrario. En cambio, la ventaja es que no hay correspondencia entre estos tres espacios.

      LOS NUEVOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN ENTRE COMERCIO Y DEMOCRACIA

      Los medios de comunicación de masas no han gustado jamás, en cambio el número es alabado por las nuevas tecnologías de comunicación. Celebramos escandalosamente el usuario de Internet un millón y esperamos ansiosamente el momento en que podamos anunciar que no hay cincuenta sino cien millones de internautas conectados a la Red en todo el mundo. Esto es porque el gran público de los medios de comunicación de masas nunca ha seducido, aunque en realidad fuera la transparencia del ideal del sufragio universal de la política a la cultura, la dimensión del gran público del multimedia fascina. De todas formas, la Red no es de fácil acceso porque se trate de algo utilizado por el gran público. Un uso generalizado es más que un problema de cantidad, es algo más que una cuestión de números de usuarios. El gran público hace pensar en una teoría de la cultura, en un análisis de las relaciones entre la política y la cultura en el seno de la democracia de masas. Esta dimensión intelectual, que concierne a las reflexiones sobre el `buen' o el `mal' número tiene consecuencia directa: el silencio en lo que respecta al control, indispensable sin embargo, de la información que circula por las redes. Ya que nadie controla lo que por la Red circula. ¡Las informaciones son verdaderas porque están en la Red! Nunca un sistema técnico ha creado de tal forma su propia legitimidad. Y nadie se escandaliza por esa ausencia de regulación o control, ni los periodistas que saben lo dura que es la lucha por la libertad de información.

      En realidad la distinción en Internet entre consumidor y ciudadano no se establece claramente, sobre todo en EE UU. Hacemos como si se le protegiera a la persona cuando en realidad, se le considera como un consumidor potencial. Aquí encontramos de nuevo, toda la ambigüedad que existe en Internet entre comercio y democracia. ¿Es el individuo sólo un consumidor o es igualmente una persona? ¿Quién es el responsable de lo que está escrito o difundido? ¿Cómo se administra la relación expresión-responsabilidad?

      De la protección de las libertades a los derechos de autor, pasando por las mentiras, los atentados a la vida privada, el mantenimiento de la separación sector público-sector privado, la confidencialidad de los datos y los derechos del hombre, los riesgos de la delincuencia informática se desarrollan a una velocidad y a un a escala insospechables. ¿Cuándo diremos, por fin, que el control de la información, acompañado de sanciones reales, es el único medio de salvar las redes? La UNESCO por ejemplo, en otoño del 98, gracias a su `declaración de Mónaco' ha puesto en guardia a los Estados sobre la necesidad de proteger la vida privada y de impedir cualquier difusión de información; pero esto todavía es insuficiente. El cerrojo mental que debe hacer se es admitir que un acceso directo a la información, sin control y sin intermediario, no constituye un progreso para la democracia sino, al contrario, una regresión y una amenaza. Es necesario reintroducir intermediarios para verificar el abastecimiento y el uso de la información.

      Si queremos salvar la libertad de información es necesario admitir lo antes posible que, en un universo saturado de informaciones, precisamente la información debe ser protegida, filtrada por intermediarios que garanticen este ideal.

      ¿Cómo en un contexto de democracia de masas, que no tiene ninguna relación con la realidad la que fue pensada la democracia dos siglos atrás, podemos preservar la libertad individual al mismo tiempo que un ideal de emancipación colectiva? Esta cuestión fundamental demuestra que, a pesar de todas las diferencias técnicas que distinguen los medios de comunicación tradicionales con la Red, desde el punto de vista de una teoría de la comunicación, ambos tienen más similitudes que diferencias.

      Internet, ¿y después qué?

      C4- ESCAPAR A LA GUERRA DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

      Con este libro me gustaría contribuir a un cambio de actitud: salir del falso debate de antiguos contra modernos, viejos contra nuevos medios de comunicación, progreso contra conservadurismo... en definitiva, desatar el nudo de la ideología técnica y sugerir que la comunicación es la gran cuestión. Éste es el objetivo esencial: rehabilitar la comunicación como patrimonio teórico esencial del pensamiento occidental.

      Desde esta perspectiva, me impongo como prioridad insistir sobre dos puntos:

      1-No existe <<progreso>> en la incorporación de las nuevas tecnologías a los medios de comunicación de masas. Es cierto que existe un progreso técnico, pero este progreso técnico no basta para que podamos considerar que inicia un proceso general en la comunicación, puesto que lo esencial de ésta no reside en los resultados técnicos, puesto que lo esencial de ésta no reside en los resultados técnicos. La idealización de la tecnología evoca la fascinación que ejerce la técnica en nuestra sociedad. Lo esencial está en la relación entre un sistema tecnológico, el modelo cultural individualista y la realidad social de la democracia de masas. Las teorías deben situarse con relación a este objetivo.

      2-No existe oposición entre la televisión que se ocupa del número -de las masas- y los nuevos medios de comunicación que se ocupan del individuo. Los dos plantean el mismo problema, el de la relación contradictoria entre la escala individual y la colectiva. Lo interesante en la aproximación entre los medios de comunicación de masas y las nuevas tecnologías es observar cómo ambos sistemas de comunicación consiguen triunfos referentes a la cuestión que plantean, la de las relaciones entre la comunicación individual y colectiva.

      Los objetivos comunes

      1- Iniciar un reflexión teórica sobre la comunicación que tenga en cuenta sus tres dimensiones y que demuestre la importancia de la aplicación de una política de reglamentación, precisamente porque las dimensiones sociales y culturales son tan importantes como la dimensión tecnológica. Por otro lado, esta dimensión tecnológica no es completamente neutra y comportan también dimensiones culturales. Precisamente porque la tecnología es inseparable de las dimensiones culturales y sociales, debemos organizar la convivencia entre los sistemas de comunicación: de este modo, evitaremos la lógica única y reductora de la modernización.

      Existen técnicas de comunicación mundiales, pero no existe comunicación mundial. Y esto es tan cierto para los medios de comunicación generalistas como para las nuevas tecnologías. Hay progreso en materia de comunicación si se da, y solamente si se da, un encuentro entre una innovación tecnológica y un cambio de modelo cultural y de concepción de la comunicación en la sociedad. La defensa de la reglamentación no es el medio para frenar el progreso, sino una manera de recordar el peso esencial de las otras dos dimensiones de la comunicación, y de recordar también que no existe libertad de comunicación sin reglamentación, es decir, sin protección de esa libertad.

      El informe que abre la puertas a la desreglamentación llega de EEUU, donde el éxito creciente de las nuevas tecnologías parece justificar el abandono de las “prácticas puntillosas y de otra época”.

      El problema no ha variado desde hace siglos: el poderoso reclama siempre el librecambio, puesto que le es favorable, mientras destaca que esto beneficiará a todos; se le olvida señalar que lo hará en proporciones desiguales. Las reglas internacionales son el único medio que tenemos para minimizar los riesgos vinculados con esta mundialización de las condiciones de la comunicación, causa de nuevos y profundos factores de desigualdad.

      La mundialización del acceso a las redes no significa en absoluto una repartición mundial más igualitaria de las riquezas técnicas o humanas. La reglamentación también sirve para recordar que la comunicación jamás puede reducirse, como hacen tantos autores, a una problemática de las transmisión. Es cierto que hay reglas comunes para cada tecnología de comunicación, pero lo más importante es la manera en la que cada cultura hace suya la tecnología con relación a su universo social, mental y cultural, como lo han demostrado siempre los historiadores y los antropólogos.

      2- El segundo objetivo concierne a las relaciones entre comunicación funcional y comunicación normativa en el momento de la mundialización. Para que las aplicaciones sean mundiales, es preciso que sean lo bastante simples, es decir, funcionales, en detrimento de la dimensión normativa que se apoya en el respeto a las diferencias. Esto es lo que conduce a las aproximaciones industriales entre editores de programas de navegación y de lenguajes de programación: e escala mundial, la competencia se reduce a la lucha entre el grupo formado por Aol, Netscape, Sun y Java por un lado y por el otro, el polo Microsoft. Lo que está en juego en esta batalla es el control de acceso a Internet a través de los portales.

      No existe público internacional, sino públicos nacionales que, de vez en cuando, consumen productos internacionales. Cuanto más internacionales son los productos, más se deben preservar las identidades culturales. Reforzando las identidades evitaremos una estandarización internacional de la comunicación que sólo podría traer como consecuencia revueltas y conflictos. Se impone una reflexión crítica sobre los peligros de la mundialización en el momento en que en menos de veinte años de mundialización de la economía y del ahorro desembocan en la crisis monetaria y financiera de 1997-1998. Necesidad de tomar conciencia de que la mundialización de la información y de la comunicación corre el riesgo de convertirse en un poderoso factor de inestabilidad y de conflictos.

      3- El tercer objetivo común concierne a una reflexión sobre la posición de la sociedad individualista de masas, que administra las dos dimensiones contradictorias de la libertad y de la igualdad, en sus respectivas relaciones con los medios de comunicación de masas y las nuevas tecnologías.

      4- El cuarto objetivo concierne a la reflexión sobre los públicos y la recepción. Desde el momento en que la oposición entre las dos escalas de público, individual y colectiva, no es significativa, puesto que cada uno de nosotros circula permanentemente entre ambas escalas, la cuestión se centra en una reflexión cualitativa sobre la reflexión. La lógica de cómputo (votos, audiencia, sondeos...) es ampliamente insuficiente.

      Rehabilitar, relanzar el concepto de “gran público” es uno de los objetivos comunes a los medios de comunicación generalistas y a las nuevas tecnologías. Las nuevas tecnologías continúan siendo el rpivilegio de un ámbito reducido , mientras que la televisión tiene una extraordinaria experiencia en materia de divulgación y de comunicación a gran escala. Mediadora privilegiada del acceso al mundo para la mayoría, también sería mediadora para el acceso al mundo del multimedia.

      Los objetivos específicos para los medios de comunicación

      Los peligros de una desestabilización de la televisión son mucho más graves a causa de que su legitimidad jamás ha sido cuestionada y de que la reflexión acerca de su situación ha sido más bien limitada. Estos objetivos son cuatro.

      1- Afirmar la fuerte ambición de la televisión pública en Europa, que en los últimos quince años se ha inscrito en la realidad histórica y social. La televisión pública estaba ayer “desfasada”, como están hoy “desfasados” los medios de comunicación de masas. Sin embargo, la televisión se ha mantenido, no tanto por la calidad de sus programas como por la fidelidad de su público. La independencia de los periodistas con respecto al poder político, ha aumentado, ampliando un movimiento de competencia público-privado. La idea de regulación ha sido aceptada gracias a la creación de instituciones del tipo Conseil supérieur de l'audiovisuel.

      Los aspectos negativos conciernen a la ausencia de ambiciones de una política audiovisual europea. Los nuevos medios interesan mucho más a la Unión Europea que los tradicionales, a pesar de que la proporción de usuarios es de uno a cien. Esta ausencia de ambición europea, que se traduce en la posición de infundir miedo en lo que respecta a derechos de autor, coproducciones europeas y la excepción cultural frente a los Estados Unidos, reconforta la idea de que Europa pronto tomará el camino, en materia de comunicación, de la desreglamentación. También se traduce en una incapacidad para dar a Euronews la posición de un gran canal informativo para Europa, así como para sus fronteras del este y del sur.

      2- A continuación, rechazar el argumento del discurso técnico según el cual el futuro de la comunicación está junto al de la supremacía de la demanda, en relación a la oferta audiovisual. No sólo el universo multimedia no condena a la televisión, sino que además la refuerza en un sistema de comunicación en el que todo estará a disposición de todo el mundo, de manera temática, interactiva o de pago, la gran fuerza de la televisión consistirá en continuar ofreciendo gratuitamente una red generalista, lo más amplia posible y al mayor número de personas posible.

      La singularidad, la fuerza y la originalidad de la televisión generalista serán mucho más visibles mañana, en un universo individualizado y multimedia que hoy, precisamente porque la diferenciación será más flagrante. Mañana, cuando los usuarios, sobre todo europeos, hayan probado y comprobado las virtudes y las limitaciones de un universo multisegmentado, comprenderán el interés de los medios de comunicación generalistas. Los medios de comunicación generalsita, centrados sobre la oferta y la demanda, tienen el futuro ante sí.

      La posición de los medios generalistas es mucho menos importante en los países ricos del norte que en los del sur. Es evidente que en estos países donde las estructuras colectivas y simbólicas han sido violentamente destruidas en medio siglo, el papel de los medios de comunicación generalistas, es el de crear un vínculo social y cultural. Resulta nocivo proponer, a unos países cuyas identidades culturales y comunitarias están ampliamente destruidas, la huida hacia las tecnologías individualizantes, pues ello implica hacer caso omiso de toda la cuestión del "estar juntos", de la conciencia colectiva y, sobre todo, hacer creer que la posesión de un gran número de ordenadores será la condición del despegue económico. Salvar la radio y la televisión es, por lo tanto, un objetivo no sólo para la comunicación, sino también para la democracia.

      3- El tercer objetivo atañe a la constitución de una reglamentación específica para la televisión. No sólo resulta esencial su papel a la hora de proteger el audiovisual europeo de las industrias americanas, sino que también lo es para valorar la televisión pública en comparación con la televisión privada, y la televisión generalista en comparación con la televisión temática.

      4- Esto pasa también por un continuo movimiento de valoración de la televisión, de sus códigos, de sus programas, de sus ambiciones y de sus profesionales, de los que subestimamos ampliamente las competencias. No sólo hace falta una televisión más ambiciosa, sino también es preciso elevar el nivel de calidad de los programas ya que, de lo contrario, corremos el riesgo de completar el proceso que la amenaza desde hace unos quince años: la persistencia de programas mediocres y gratuitos en las cadenas generalistas y la llegada de programas interesantes y ambiciosos a los nuevos soportes, más o menos de pago; es decir, una televisión a dos velocidades.

      No existe vínculo directo entre abundancia tecno0lógica y progreso. Dicho de otra manera, la televisión es un test de ese otro problema, mucho más general, que consiste en saber si la explosión de la comunicación será, finalmente, el punto de partida para iniciar un trabajo teórico.

      Los objetivos específicos para las nuevas tecnologías

      Paralelamente a los referidos a la televisión, estos objetivos comportan tres dimensiones.

      1- Las tecnologías no bastan para crear la comunicación. Evidentemente, transmitir cada vez más rápido y en ambos sentidos suscita una nueva forma de comunicación, pero hace falta, además, un proyecto y un modelo cultural. Es decir, la "multiconexión" no es por sí misma un proyecto de comunicación, y muchas transmisiones no proporcionan forzosamente mucha comunicación. Es necesario quitarle importancia a los nuevos servicios lo antes posible.

      2- A continuación, será necesario abrir lo antes posible una reflexión sobre el tipo de información que producen estos sistemas tecnológicos. Sobre todo, para demostrar la imposibilidad de obtener una información transparente. Es cierto que el acceso es libre y fácil para el que sabe utilizar los sistemas; por lo tanto, el problema no es el acceso a la información, sino la capacidad de saber qué buscar. El contexto de competencia es esencial.

      Podemos montar nosotros mismos un mueble por módulos, pero no podemos acceder nosotros mismos directamente al conocimiento. Se necesita tiempo, mucho tiempo: precisamente lo que las nuevas tecnologías prometen ahorrar, y se necesitan también intermediarios humanos: profesores y documentalistas. La emancipación no consiste en suprimir a los intermediarios, sino al contrario, reconocer su papel. El acceso directo no cambia nada en lo que respecta a división y jerarquía de los conocimientos. Es el antes y el después de la información lo que plantea problemas y, a veces, la misma información.

      Ante todas estas innovaciones, es preciso conservar cierta distancia, guardar en la cabeza el principio de una regulación y desmitificar la palabra mágica "red". "¿De dónde proviene este mito de un sistema de informaciones infinito y gratuito, alejado de todas las problemáticas de poder, las mentiras y los errores? ¿De dónde proviene esta representación de un ciudadano occidental que siente curiosidad por todo, y que espera simplemente disponer de un terminal para convertirse en una especie de sabio? No es suficiente que las informaciones circulen más rápidamente para que las ciencias avancen con mayor rapidez y moderación... Olvidamos demasiado deprisa que numerosas aplicaciones de la Red no tienen nada que ver con el saber o el conocimiento, sino con otros aspectos de la realidad mucho más triviales, sórdidos o peligrosos... ¿Cuándo reconoceremos que el asunto de la saturación de información también forma parte de los problemas del crecimiento de las redes?

      Esto conduce a abrir una nueva reflexión sobre el futuro: reconocer que hay un límite para toda comunicación. No existe racionalidad completa posible de la información y de la comunicación. Y cuanto más abundantes son las dos, más es preciso recordar esta limitación, por el riesgo de sucumbir en una visión tecnocrática.

      3- Finalmente, será necesario llegar a una cierta contextualización de las nuevas tecnologías, puesto que éstas dan demasiado a menudo la impresión de circular más allá de las realidades sociales y culturales. Contextualizar es, en primer lugar, restituir las nuevas tecnologías en la historia de la comunicación, comprender las razones de su aparición, sus fuerzas y sus debilidades, compararlas con los medios de comunicación de masas, es decir, inscribirlas en una historia, antes que presentarlas como un sistema tecnológico incomparable. Cuanto más se habla de "ruptura radical", más debemos desconfiar.

      De los mitos que circulan relacionados con este asunto, el más activo y profundamente injusto concierne al vínculo que se establece entre la capacidad de navegar por la Red y la idea de inteligencia. Las disposiciones cognitivas necesarias para la utilización de estos servicios no son, en absoluto, sinónimas de inteligencia. Así, sería preciso salir del discurso mítico y entrar en una lógica simple de evaluación, como existe para todas las tecnologías en nuestras sociedades. Con o sin ordenador, con o sin Red, la desigualdad existe. Occidente se ha equivocado por completo al identificar estas redes con la inteligencia y con la idea de que sólo existe esta racionalidad, sinónimo de modernidad.

      La prensa debería retomar su papel. Los medios de comunicación deberían hacer con las nuevas tecnologías lo que hacen con las demás actividades sociales, técnicas y económicas: evaluar las fuerzas y las debilidades, los defectos y las cualidades, informar, explicar, criticar.

      Pensar en la comunicación

      Escapar a la ingenuidad general sobre las nuevas tecnologías es, por tanto, salir del discurso que opone la revolución de las nuevas tecnologías al arcaísmo de los medios de comunicación de masas. Esto supone tres pasos:

      1- En primer lugar, interrogarse sobre esta necesidad constante de simplificación y de huida hacia adelante que consiste en creer que los fracasos humanos y colectivos en materia de comunicación de hoy serán resueltos mañana por nuevas tecnologías. Los plolíticos gozan de una buena posición para saber todo esto: ellos conocen la diferencia que existe entre velocidad de la información y dificultad de la acción política. Los políticos deberían ser los primeros en comprender la necesidad de desatar el yugo de la tecnología. Una información cada vez más rápida no es siempre la condición para una buena decisión política. Las nuevas tecnologías acentúan esta lógica de la urgencia y añaden la inevitable complejidad de la lógica política.

      Interconectarse quizás suprima las barreras del tiempo, pero no puede de ninguna manera con las geográficas. Tecnificar la comunicación o socializarla continúa siendo el objetivo principal. Cuanto más nos interesamos por la dimensión tecnológica, más nos adherimos a una visión materialista de la comunicación. Cuanto más nos interesamos por la dimensión social y cultural, más nos adherimos a una visión humanista de la comunicación. Pensar en la comunicación es saber reconocer las limitaciones, es revalorizar la experiencia de la duración, la distancia, el silencio y los límites de la interactividad.

      2- A continuación, multiplicar las encuestas entre el público, es decir, los usuarios, los receptores, para ver concretamente cómo se desenvuelven los individuos, cómo se encallan y reinventan. La encuesta y la comparación ponen las cosas en su sitio y demuestran que el uso principal de Internet continúa siendo, de momento, el correo electrónico y sus servicios afines. No hay progreso en pasar del teléfono al móvil, y del móvil a Internet.

      Investigar es también efectuar estudios comparativos sobre los medios de comunicación. Romper la idea fija según la cual la comunicación por demanda es superior a la comunicación por oferta. Estos estudios demostrarían que el resto de este fin de siglo y del inicio del siguiente continua siendo, no la comunicación a toda costa, sino la gestión del número y la cohesión de las comunidades en un marco abierto y democrático. Nosotros poseemos una fuerte tradición filosófica y política que nos ayuda a pensar en las condiciones de la comunicación individual.

      3- Finalmente, sumergirse de nuevo en la historia de las utopías de la comunicación, muy numerosas desde hace dos siglos, ya que están todas ancladas en sistemas tecnológicos. Reexaminar las antiguas utopías permite extraer las lógicas de repetición y comprender que, desde el siglo XVIII, la cuestión es siempre la misma: ¿cómo articular la expansión de uno mismo y la pertenencia a la colectividad?

      Si la cultura se caracteriza por la capacidad de almacenar numerosas informaciones, Internet es , en efecto, una herramienta cultural porque el número de informaciones al cual permite acceder aumenta de forma vertiginosa. Se hablaba de trescientos a trescientos cincuenta millones de páginas accesibles a mediados de 1998, sin que esta cifra haya sido verificada.

      Pero si tomamos la otra dimensión de la cultura -la de la duración-, las cosas se complican. No hay cultura sin permanencia y sin acumulación. Ahora bien, lo propio de Internet y de la cibercultura es, por el contrario, hacerse y deshacerse constantemente, negar la idea misma de acumulación. No hay stock, nada de perennidad: todo es flujo (esto parece un anuncio de compresas! -pensó Diego...:-) El volumen de mensajes, la velocidad y la interactividad no son suficientes para constituir una cultura cuando sabemos que ésta se construye por acumulación, en una relación constante entre patrimonio y novedad, tradición y modernidad.

      El problema esencial no es, por tanto, en absoluto estar a favor o en contra de las nuevas tecnologías, sino saber a partir de qué momento la problemática de la comunicación será por fin reconocida como más importante que la de las tecnologías. De hecho, es preciso decir si, simultáneamente, a los medios de comunicación de masas y a las nuevas tecnologías, ya que ambas reflejan las características parcialmente contradictorias de la sociedad individualista de masas, que son la libertad y la igualdad. a una reflexión sobre el respectivo papel de los dos medios.

      Pero al mismo tiempo, es preciso decir no igualmente a la idea de que los resultados tecnológicos configuran una nueva economía de la comunicación. Desde este punto de vista, debería perseguirse una reflexión profunda, una vez que estos elementos se hayan adquirido, para separar durante mucho tiempo lo que distingue estos dos tipos de medios de comunicación, de los cuales unos están fundamentalmente en la lógica de la oferta, y los otros, en la de la demanda.

      La mayoría de las veces, estamos ante un verdadero conflicto teórico entre estos tres estudios de la comunicación, según se confiera mayor privilegio a la transmisión, al mensaje o a la interacción.

      CONCLUSIÓN

      DIEZ PROPUESTAS PARA PENSAR EN LOS NUEVOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN.

      La tesis de este libro se basa en que es urgente desatar el yugo de la tecnología en lo que respecta a la comunicación, ya que lo esencial de ésta es de otro orden: cultural y social. Si la comunicación está siempre definida por tres elementos, técnico, cultural y social, y si evidentemente la dimensión tecnológica cambia rápidamente las otras dos dimensiones son la menos igual de importantes.

      Estas mutaciones culturales y sociales todavía muy inacabadas, son al menos tan importantes como la extraordinaria revolución de las tecnologías de comunicación. Pero como éstas son menos evidentes que la revolución tecnológica, y mucho más controvertidas, no se da este discurso unánime que observamos respecto a la revolución de la comunicación. Una arqueología de la comunicación en occidente permitiría demostrar cómo las proporciones entre las dimensiones tecnológicas, culturales y sociales han evolucionado.

      La historia de la comunicación y de las teorías de la comunicación demuestra tres fenómenos. Una verdadera revolución existe cuando hay un encuentro, entre una innovación tecnológica y mutaciones culturales y sociales en los modelos de comunicación. Después, las tres dimensiones interaccionan; evidentemente, son las dimensiones sociales y culturales las más importantes. Finalmente, las nuevas tecnologías no bastan para cambiar la sociedad.

      Las nuevas tecnologías de comunicación constituyen una innovación tecnológica; como la posición de la comunicación en una sociedad no depende sólo de la tecnología sino también de las dimensiones culturales y sociales, es preciso efectuar la evaluación teniendo en cuenta este conjunto de tres características. Reflejan la misma sociedad, la sociedad individualizada de masas, en la que tanto unas como otras presentan una vocación particular: las nuevas tecnologías tienen la ventaja de estar al mismo nivel que la lógica individualista dominante en nuestra sociedad. Las nuevas tecnologías no son ni la condición, ni la vanguardia de la comunicación del mañana; son la otra cara, el complemento de los medios de comunicación de masas con relación al modelo de la sociedad individualista de masas. Los primeros insisten en la dimensión individual; los segundos, en la dimensión colectiva.

      Si los modelos culturales y sociales de la comunicación no evolucionan conjuntamente ante la llegada de las nuevas tecnologías, habrá profundas resistencias. El problema no es la llegada de las nuevas tecnologías, sino este discurso falso según el cual el cual dichas tecnologías son el futuro, como los medios de comunicación vienen a ser el pasado.

      El peligro más grave concierte al tropismo tecnológico que ve en la tecnología la esencia de la comunicación. Porque la amplitud de sus aplicaciones será tal que existe el riesgo de que aparezcan numerosos conflictos sociales. Las otras dos dimensiones, sociales y culturales, efectuarán entonces un regreso más o menos pacífico para compensar esta sobredeterminación. Porque la revolución tecnológica está tan vinculada a intereses económicos que será necesaria más y más energía y voluntad para evitar que esta dimensión económica y funcional de la comunicación conduzca a la dimensión normativa.

      DIEZ PUNTIOS RÁPIDOS PUEDEN RESUMIR LAS PIRNCIPALES CONCLUSIONES DE ESTE LIBRO.

    • El objetivo de la comunicación no es tecnológico, sino que concierne a la comprensión de las relaciones entre los individuos (modelo cultura) y entre éstos y la sociedad (proyecto social). Es la elección entre socializar y humanizar la tecnología o tecnificar la comunicación. La mayoría de las veces, se proporciona a la tecnología la capacidad para resolver un problema social o político.

    • Hay que apartar la ideología tecnológica que reduce la comunicación a la tecnología y que construye una falsa jerarquía entre nuevos y antiguos medios de comunicación.

    • ¿De dónde viene la fuerza radical de la ideología tecnológica en la comunicación? Del hecho de que la comunicación, no ocupa el lugar de los otros tres valores en crisis: la ciencia, la política y la religión.

      Destecnificar la comunicación se convierte en una imperativo categórico para reducir el aspecto cautivador de las nueva tecnologías y reintroducir distancias simbólicas. Es preciso todavía volver a crear distancias para conservar una cierta libertad.

      Destecnificar la comunicación es humanizarla y sociazarla.

    • Desarrollar los conocimientos para relativizar la ideología tecnológica.

    • Esta importancia teórica de la comunicación forma parte de la mayoría de los problemas antropológicos contemporáneos: la relación entre libertad individual e igualdad social; el vínculo social en una sociedad complicada donde coexisten la individualización, el igualitarismo y el comunitarismo; las relaciones entre identidad y comunicación en un universo cultural que se enriquece con la segunda mientras desconfía de la primera; la cuestión “del otro”, quien se ha convertido en omnipresente por mediación de las tecnologías, aun sin ser más aceptable. La comunicación no es nunca una cuestión sencilla, puesto que condensa la mayor parte de las cuestiones filosóficas, y de toda la teoría social.

    • Los medios de comunicación generalistas y las nuevas tecnologías son complementarios desde el punto de vista de una teoría de la comunicación, ya que reflejan el mismo modelo, el de la sociedad individualista de masas. La fuerza, la dificultad y la grandeza de los medios de comunicación generalistas consisten precisamente en superar la ley natural de toda comunicación; interesarse por eso que interesa ya. Los medios de comunicación suscitan evidentemente insatisfacción, puesto que encontramos de todo, y no sólo lo que buscamos, puesto que ofrecen también la oportunidad de acceder a otra cosa, en la cual no habíamos pensado a priori. Esta es la grandeza de los medios de comunicación de masas: mantener ambos extremos de la cadena, la dimensión individual y la dimensión colectiva.

    • Los medios de comunicación generalistas nacionales juegan continuamente un papel considerable en este doble movimiento de apertura y de mantenimiento de un mínimo de cohesión.

    • Es preciso recordar sin cesar la importancia de una oferta de calidad por parte de los medios de comunicación generalistas.

    • La lógica de la oferta es un verdadero reto cultural, ya que consiste en ofrecer al mayor número posible de usuarios una gama de productos de comunicación lo más amplia posible, de manera que todas las diferencias culturales y sociales encuentren una oportunidad de satisfacción. La pura lógica de la demanda conlleva una comunicación de dos velocidades y de dos precios: de baja calidad y gratuito para una buena parte de la población. Orientar significa repetir que la comunicación, igual que la información, no es un producto como los otros, porque ambos se definen en primer lugar por valores.

    • No hay racionalidad común a las tres lógicas del emisor, del mensaje y del receptor. Los medios de comunicación no han conducido a la estandarización de las opiniones y de las ideas. El mismo mensaje no se recibe de manera idéntica en los diferentes países. El público desarrolla un sentido cada vez más crítico a medida que está expuesto a un número creciente de informaciones. Sin embargo, cada uno, en la medida de su experiencia, constata cómo filtra los mensajes que recibe. Recibir no significa adherir. Esta resistencia a la recepción es lo que protege contra la manipulación, pero también lo que puede constituir un freno para el cambio. En el caso tan complicado de la ampliación considerable de la comunicación, la complejidad de la recepción es, sin embargo, un factor positivo para resistir a los múltiples desequilibrios que origina en cada uno de nosotros esta exposición cotidiana a todos los asuntos de la historia y a todos los acontecimientos del mundo durante las veinticuatro horas del día. La mundialización hace que todos lo veamos todo. Existe la siguiente contrapartida: la heterogeneidad. La mundialización de la comunicación, contrariamente a lo que se dice, va a radicalizar las diferencias de las percepciones, vinculadas a las identidades culturales.

    • En el plano internacional, las mismas declaraciones tienen un impacto radicalmente distinto según el lugar en que cada uno se encuentre cuando las reciba. Las informaciones son las mismas y se refieren a la vida europea.

      Habrá que subsanar lo antes posible esta supresión teórica, ya que no sólo no hay jamás información son comunicación, sino que es la comunicación la que proporciona su sentido a la información en un proceso de construcción del sentido de los efectos inesperados, por incontrolables.

    • La comunicación a distancia no sustituirá la comunicación humana directa. El progreso tecnológico no cesa de reducir el número de intermediarios par permitir una comunicación directa, ya que cada terminal da acceso a la mayor cantidad posible de imágenes, de servicios, de informaciones de contacto. Y progresivamente, redescubrimos la importancia de los intermediarios. La aldea global es una realidad tecnológica, pero no una realidad social y cultural.

    • Es aconsejable inscribir lo antes posible las novedades tecnológicas de comunicación en la larga historia de las tecnologías. Siempre hay un precio que pagar por el progreso.

    • Constatamos una profunda deshumanización y la necesidad urgente de reintroducirlos en el comercio.

      En el plan individual, cada uno la busca, ya que sólo hay vida en el intercambio, incluso aunque esta experiencia de la comunicación sea a menudo dolorosa. En el plan colectivo, todo cambia. La comunicación da miedo; desconfiamos de ella y rápidamente intentamos asimilarla a una tentativa de influencia, incluso de manipulación, de la que la comunicación política es emblema.

    • Es preciso desconfiar de la “multiconexión”. Es suficiente ver la esclavitud que representa el teléfono móvil con el que se nos puede localizar desde nos e sabe dónde, no importa quién, con no interesa qué motivo, para entender lo que es la enajenación de la conexión. El contrasentido consiste en confundir interacción y comunicación. Son las máquinas las que se conecta, no los hombres. El tema de la sociedad de comunicación es una ilusión.

    • La paradoja de los veinticinco últimos años es, por lo tanto, la siguiente: los medios de comunicación de masas siempre han suscitado una desconfianza real, puesto que temíamos su influencia. En realidad, ésta era infinitamente más controlable de lo que lo será en el espacio multimediático de mañana. Lo “multimediático” no protege más la libertad de lo que la amenazaban los medios de comunicación de masas, sino más bien lo contrario.

    • Si la “comunidad internacional” es una realidad en constante construcción, la “mundialización de la comunicación” no sabrá ser su símbolo. La distancia principal se llama el respeto a las identidades colectivas. En un mundo abierto, en constantes interdependencia, la identidad ya no es un obstáculo para la comunicación, sino su condición.

    • Esto requiere trabajar en dos direcciones de forma simultánea; respetar las identidades y desarrollar un proyecto más amplio que trascienda las diferencias.

      En conclusión, ésta es, sin duda, una de las paradojas más poderosas en este análisis de la “revolución de la comunicación”: contra la influencia tecnológica y los peligros de una mundialización de la comunicación, el recurso a la dimensión normativa de la comunicación constituye indudablemente el mejor antídoto.

      Tres observaciones que ilustran la complejidad antropológica de todo lo que gira alrededor de la comunicación.

      La primera concierne a la fascinación de Occidente por las tecnologías. Esta integración tecnológica fascina como si los resultados tecnológicos suprimieran las diferencias de contenido.

      La segunda observación concierne a los “ruidos” de la comunicación que forman parte integrante de la sociedad. Lo más moderno necesita con frecuencia de lo más arcaico.

      La tercera observación concierne a la jerarquía “natural” entre las nuevas tecnologías y los medios de comunicación de masas.

      La jerarquía sigue clásicamente este orden: el teléfono, la radio, la televisión, el ordenador, los nuevos medios de comunicación. Dicha jerarquía refleja la historia del progreso de las tecnologías: las de hoy son “mejores” que las de ayer. ¿Es tan exacta esta jerarquía?

      El teléfono y la radio, estos dos medios de comunicación “antiguos”, recuerdan también que lo esencial de su papel consiste en la ayuda modesta, aunque indispensable, que aportan a los hombres para que se entiendan mejor: trata de “entenderse, a falta de verse.