Innovadores en la educación

Reforma universitaria. Métodos de enseñanza y aprendizaje. Desmotivación. Motivación

  • Enviado por: Antonio Gomez Garcia
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 14 páginas
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¿INNOVADORES EN LA EDUCACIÓN?

El título más que una pregunta, es un reto. No faltan universidades que
bajo el nombre de "reforma
universitaria" han hecho reformas administrativas o de regulaciones
docentes pero han dejado intacto
la esencia de una reforma universitaria: los estudiantes, el eslabón al
parecer más débil del mundo
universitario, los cambios hechos son más de lo mismo, y ha quedado sin
modificar radicalmente los
tipos de aprendizajes que debe hacer un estudiante universitario, un
futuro profesional del país. El
problema atraviesa todos los niveles de enseñanza, pero tarda y sigue
tardando la cómoda y
conservadora universidad en vanguardizar los cambios necesarios. Ello
supone transformar muchas
concepciones y actitudes, ver de manera diferente al estudiante,
abandonar el facilismo de la trillada
clase convencional, y lo más duro, quizás, como evoca el pensamiento de
Touraine, trastocar ciertas
relaciones de poder entre docentes y autoridades docentes y los
estudiantes. Supone entender y
practicar la idea de que la función de la universidad tiene que ver con
que los estudiantes aprendan a
ser, aprendan a aprender y aprendan a hacer. Quizás aprender a hacer sea
de las tres variantes, la
más atendida, pero sucumbe ante el sesgo impositivo de una enseñanza
meramente informativa, que
transmite un sinnúmero de conocimientos muchos de los cuales quedan en
el olvido o en la memoria
pasiva del estudiante.

1.-¿Preocuparnos por enseñar o preocuparnos en el qué, el por qué y cómo
aprenden
nuestros alumnos?

He ahí el dilema. El "buen profesor" se preocupa enfáticamente en cómo
mejorar sus formas de
enseñanza, pule sus habilidades de orador, sus medios de enseñanza, mide
el monto de información
que va a transmitir, en el mejor de los casos busca y perfecciona sus
ejercicios prácticos. Sin
embargo el punto débil es que deja fuera de su análisis los procesos de
aprendizaje que se dan en el
estudiante.

Es por esto que decimos que la enseñanza formal en la educación superior
no ha superado el
modelo bancario, el estudiante es un recipiente "cuasi pasivo" de
información, mientras mejor
exponemos, más información creemos que depositamos en el estudiante, y
en la medida que es
expuesto a nuevas informaciones más informaciones depositamos en el
estudiante. Esta idea no
supera la simple concepción de una base de datos, que requiere percibir
y memorizar información, y
sacarla cuando es oportuno, sea para reproducir la información, sea para
usarlo en algún problema
prototípico. La enseñanza bancaria funciona con los procesos de informar
y después interrogar, y se
centra en las preocupaciones típicas de qué enseñar y cómo hacerlo
llegar a la audiencia.

En esta enseñanza se plantea un intercambio mercantil: el profesor da un
saber informativo al
estudiante, él decide que da y que no da, el estudiante paga con la
demostración en su examen de que
sabe lo que el profesor le da., luego el profesor le paga con una nota
según el estudiante sepa lo que
el profesor sabe, o lo que él quiere que el estudiante sepa. De ahí que
para acabar cada ciclo de
enseñanza es tan importante la nota, es vital, es primordial, el centro
de la vida del estudiante gira en
torno a la nota, la nota es un fetiche, de la cual vive apasionadamente
enamorado (a).

Sin embargo esta enseñanza esta plagada de problemas que todos conocemos
y nos quejamos:
muchos estudiantes desmotivados en las clases, no asimilan bien, no
cumplen con ciertas exigencias y
reglas que se le imponen, no asisten, no hacen bien los trabajos, no
rinden en los tradicionales
exámenes, etc. A pesar de que estamos centrados en como enseñar y mucho
menos en cómo ellos
aprenden, rápidamente buscamos al chivo expiatorio, y de nuevo nos
aparece el eslabón más débil : el
culpable es el estudiante porque no estudia, no se toma en serio lo que
el profesor le brinda en clases,
es entonces un estudiante irresponsable, nos quejamos de ellos, a veces
suavizamos la atribución de
responsabilidad de elllos(as) y se desplaza la responsabilidad a la
escuela primaria y secundaria,
¡claro- decimos- no lo formaron bien!

El problema se vuelve un círculo vicioso porque repetimos nuestra forma
de enseñar y de nuevo
encontramos los casos de desastre, aquellos que no entendieron los
conceptos dados en clases, que
no lo pueden ilustrar bien, que no se salen del ejemplo típico dado en
clases, que abusan de la
memoria, que son finalistas, que no estudian sistemáticamente, etc. Se
vuelve a la andanada de
acusaciones, luego se afloja y se ayuda a que algunos salgan a "flote",
siempre suspendemos a los
peores, que no tienen remedio, pero ellos no comprenden muchas veces que
pasa, el profesor
tampoco.

Los riesgos siempre están en esta situación circular, pero pueden
acentuarse con profesores horarios
que sólo van a la Universidad a dejar su saber, y están más centrados en
el enseñar, o mejor en la
oratoria al enseñar. Y esto en el mejor de los casos, no faltan aulas
universitarias donde aún se dicta
en clases.

Parece que la pregunta que hay que hacerse aquí y que se impone es ¿que
están aprendiendo los
estudiantes? ¿Les sirve para algo lo que aprenden en clases? ¿Tiene
alguna resonancia lo que
aprenden en sus vidas? ¿Tenemos una relación con estudiantes adultos o
cuasi-adultos o se les trata
como niños? ¿Sirve mucho enseñar esquemas informativos casi fijos en un
mundo tan cambiante?
¿Nos movemos en la formación del estudiante de la dependencia a la
autodirección?

El "buen profesor", innovador en la enseñanza, debe ir más allá,
adentrándose en un proceso
que ocurre casi fuera de su control: el proceso de aprendizaje.

2.-¿Por qué nuestros alumnos no se interesan en nuestras clases?
¿Podemos motivar el
aprendizaje?

Cuando uno aprende cosas en la vida cotidiana por sí mismo, sea para
resolver algún problema, sea
por otra razón, hay un proceso de aprendizaje muy diferente con lo que
ocurre en la escuela. Ese
aprendizaje cotidiano lo hacemos porque lo deseamos desde nuestro
interior, no nos es impuesto,
sabemos de antemano que tiene sentido para nosotros, la curiosidad nos
incita a preguntar, una fuerza
interna nos impulsa a aprender. En la escuela parece que nos tienen que
estar hincando para
aprender. Miren los resultados, el aprendizaje cotidiano, fuera del
aula, se hace rápido, se fija bien, se
aprende a usar correctamente, nos soluciona problemas, etc. Es lo que
pasa cuando leemos un libro
para aprender a manejar una situación de estrés personal, o cuando
queremos saber más de una
enfermedad que nos aqueja, o queremos saber como usar el complejo
control remoto de la TV, o
como hacer un plato delicioso, o cuando por la curiosidad sexual bebemos
libros sobre orientación
sexual, etc.

La diferencia es que estos aprendizajes cotidianos son significativos
para la persona que aprende,
están automotivados. Ahora cabe la pregunta: ¿son siempre significativos
los aprendizajes de la
escuela? Si no queremos engañarnos, parece que la respuesta es no, en la
gran mayoría de casos.
Parece que nuestros alumnos no se interesan por nuestras clases porque
la mayoría de la información
que se les da no los involucra, no son saberes significativos para sus
vidas, o no saben para que les
sirve o pueden servir, gran parte de los conceptos e ideas que transmite
el profesor se quedan en el
terreno de las abstracciones, es decir abstraídas de la vida real de los
estudiantes.

Aprender es algo muy personal, ocurre dentro del individuo, quién es el
único capaz de
activarlo. El proceso de aprendizaje está controlado principalmente por
el sujeto que aprende
no por el profesor. Las personas aprenden cuando se involucran
personalmente en el proceso
de aprendizaje.

Una propuesta innovadora de la educación universitaria parte de concebir
el proceso de educación
como un proceso de desarrollo de potencial, más que un proceso de
transmisión de información.
Educar es facilitar aprendizajes significativos acerca de lo que
necesitan los estudiantes, no
prepararlos para los exámenes, sino prepararlos para la vida. El
aprendizaje tiene que ser un puente
entre la escuela y la vida. Educar es facilitar aprendizajes
significativos.

Esto implica que hay que preparar a los estudiantes para que aprendan
por sí mismos, facilitar la
emergencia de motivaciones para que deseen, quieran y ambicionen
aprender, para que se orienten a
cambiar la sociedad (emprender).

Por supuesto esto supone hacer cosas distintas a lo que hacemos, ir
abandonando el esquema clásico
tradicional de clases expositivas, magistrales, etc, seminarios
reproductivos, para ver si se entendió o
no, y prácticas simples que ponen muy poca exigencia a la creatividad
estudiantil. El estudiante tiene
que dejar de ser objeto de la enseñanza para convertirse en sujeto de
aprendizaje. Esto también
supone una confianza básica en el potencial del estudiante.

Desde hace rato la psicología ha hecho ver la necesidad de desarrollar
lo que denominan
motivaciones intrínsecas del aprendizaje, en contraste con las llamadas
motivaciones extrínsecas.

Se habla de motivación intrínseca cuando una actividad está motivada por
las propia satisfacción del
ejercicio de la actividad, se habla de deseo, de hacer las cosas por
desearlas. Hay muchas cosas
motivadas intrínsecamente, por ejemplo leer una novela por el placer de
leerla, visitar a un amigo por
pasar un rato grato, escuchar una pieza de música por el simple
disfrute, etc. Es cuando el fin de una
actividad se encuentra en su propia realización. Se habla de
motivaciones cognitivas o intereses
cognitivos cuando el saber halla su motivo en la propia apropiación del
saber.

Las motivaciones extrínsecas son aquella que nos impulsan a realizar
acciones por consecuencias
externas a las propias acciones. Es decir leer un libro para demostrar
que soy sabihondo a mi grupo,
aprender ciertas operaciones matemáticas para sacar un examen, leerme
unos poemas para quedar
bien con el profesor, hacer una tarea doméstica para evitar un castigo
de los padres, etc. En estos
casos la propia actividad no moviliza "per se", hay un factor externo
movilizando.

La lógica dice que sólo se puede garantizar un auto-aprendizaje estable
cuando aparecen
motivaciones intrínsecas. Estas motivaciones son insaciables, la persona
que se interesa por saber
de algo por interés cognitivo, mientras más sabe, más quiere saber. Lo
deben haber experimentado
los que tienen algún hobbie o pasatiempo. Es muy común ver hoy en día en
nuestro medio personas
aficionadas a la computación que dedican mucho tiempo a aprender
programas o a navegar por
internet simplemente por el placer que en sí mismo proveen estas
actividades. Por eso las
motivaciones intrínsecas son las únicas que garantizan la estabilidad
del auto-aprendizaje.

Son motivaciones intrínsecas apara aprender, emprender, innovar, cambiar
los intereses cognoscitivos,
intereses de saber más y más, el afán por crear, producir algo nuevo, ir
más allá, producir nuevas
soluciones, etc. También la motivación a superarse a sí mismo, ir más
allá en la vida.

No se puede motivar a otro, en todo caso el profesor como facilitador de
procesos
motivacionales para el aprendizaje, crea condiciones para activar las
motivaciones, para que
emerjan motivaciones.

Hay ciertas condiciones que permiten activar motivaciones cognitivas: la
incertidumbre, la
complejidad, la novedad, la ambigüedad, el vínculo del saber con
problemas prácticos significativos.

Por otro lado hay ciertas condiciones que permiten activar motivaciones
para la innovación, para
crear, es el reto, dar libertad, proveer recursos para innovar,
estimular grupos heterogéneos.

Desde esta perspectiva hay tres tipos de conocimientos:

El que tengo

El que puedo conseguir

El que podemos construir

La tarea del profesor como facilitador es usar el primero, para lograr
el segundo con el fin de facilitar
el tercero.

Por supuesto es más fácil decirlo que hacerlo, pero la idea que no
podemos perder de vista es que el
profesor tiene que descentrarse de sí mismo, la carga de actividad la
hace el estudiante, hay que
centrarse en el aprendizaje, tratar de que sea significativo lo que
aprende, el profesor es facilitador de
este proceso. Si no vamos cambiando paulatinamente el enfoque de nuestro
trabajo estamos
condenados a perpetuar los problemas que nos aquejan hoy, pero peor, no
estamos formando
profesionales activos y emprendedores. Seremos cómplices silenciosos de
la cultura de la pobreza.



3.-Enseñanza tradicional vs. enseñanza activa, ¿vale la pena
arriesgarse?

La propuesta anterior es la propuesta de la enseñanza activa, muchas de
las ideas de la enseñanza
activa se han ido construyendo desde la psicología y la educación no
formal, en particular de la
psicología genética de Jean Piaget, y de pensadores de la corriente de
pensamiento humanista que
parten de la idea que el ser humano tiene un potencial positivo, y que
su desarrollo depende mucho de
encontrar condiciones adecuadas para que emerjan ciertas cualidades, que
lo potencial se convierta
en real. Desde esta línea de pensamiento el desarrollo individual puede
ser facilitado por los otros
significativos para la persona en desarrollo. Facilitar es hacer posible
o hacer más fácil determinado
proceso, tarea, acción, etc. (Brenson y Sarmiento, pág.2) Es un punto de
vista que tiene el claro
planteamiento de que la persona aprende fundamentalmente actuando,
haciendo, y muchos menos
oyendo o simplemente viendo.

Todo parece indicar que diversos estudios muestran que "para optimizar
el aprendizaje, el estudiante
debe estar dispuesto a: estar, participar, atender, comprender, ensayar
y evaluar" (íbid, pág. 2) Esta es
la parte que pone el aprendiz, el profesor prepara las condiciones que
facilitan este proceso.

En la tabla siguiente hemos tomado un resumen que nos parece interesante
para hacer un contraste
de la enseñanza activa y la enseñanza tradicional, es decir la que
hacemos hoy en día.


4.- ¿Y ahora qué? ¿Cómo hacer? La angustia del cambio.

Si el lector profesor universitario se siente un poco angustiado quiere
decir que este mensaje le llegó.
Siempre hay una angustia y temor al cambio. El cambio es algo nuevo
donde perdemos el control de
ciertas cosas y no sabemos totalmente lo que nos depara el mismo cambio.

Por supuesto lo anteriormente expuesto no niega que haya que seguir
dando clases expositivas, el
problema es que ella no niegue la participación del estudiante, que se
haga en la dosis mínima
necesaria, que permita que el estudiante por sí mismo construya su
aprendizaje.De todas formas es
recomendable empezar a introducir cambios paulatinos.




La enseñanza activa puede operar sobre cuatro procesos primordiales:

Búsqueda activa de información, se estimula a que complete
información, que responda a
algún interrogante buscando información, etc.

Crear y resolver problemas, para los cuales hay que reflexionar y
buscar información.

Crear nuevas realidades, poner en juego la creatividad, crear
nuevas soluciones, nuevas
combinaciones, nuevas formas de ver las cosas, etc.

Reflexionar para resolver un problema práctico, o aplicar un saber
a una nueva situación, etc.

Fíjense que estos procesos están indisolublemente unidos.

Hay muchas formas de hacer activo el aprendizaje, partir de problemas y
no de verdades, tratar de
enfocar el saber como soluciones transitorias a ciertos problemas,
entender que el conocimiento no es
más que un sistema de construcciones orientado por intereses. Aún el
saber más teórico tiene fuentes
problémicas, y todo saber teórico no es más que una construcción que
suele ser relativa.

Tener siempre presente la vinculación del saber con la solución a
problemas reales y cotidianos del
estudiante. Siempre se puede hacer algún vínculo.

Potenciar más actividades de grupo, hay diversas formas de hacer
trabajar al grupo activamente.

Recomendamos buscar bibliografía al respecto, hay muchos textos sobre el
uso de grupos para
activar la enseñanza.


El problema de las vías y los métodos que podemos utilizar en la
enseñanza activa requiere de nuestra
creatividad, por eso el título de esta ponencia es una provocación:
¿Innovadores en la educación?
Aunque ya hayan experiencias y referencias escritas y publicadas, hay
que innovar, crear formas
activas para cada tipo de materia, etc. Tenemos dos opciones, o el
camino trillado de siempre
produciendo y reproduciendo docilidad, o el reto de ir creando nuevas
formas de activar el
potencial de nuestros estudiantes. La opción está en nuestras manos.



Bibliografía de consulta:

1.Ander-Egg, Ezequiel; Un puente entre la escuela y la vida. Edit.
Magisterio del Río de la Plata,
Argentina 1995.

2.Brenson, Gilberto y Sarmiento, Mercedes; La facilitación de
procesos sinérgicos (libro de
láminas) Edit. Fundación Neo-humanista, Colombia (sfe)

3.Lesser, Gerald; La psicología en la práctica educativa, de. Trillas
Méjico, 1era edic 1981

4.Majmutov, M ; La enseñanza problémica, Edit. Pueblo y educación, La
Habana 1983

5.Mendes de Campos, Luiz H.; Los métodos activos e la enseñanza, en
Desarrollo del Potencial
humano de Lafarga J. y Gómez del Campo J., De. Trillas, Méjico 1991




¿INNOVADORES EN LA EDUCACIÓN?

El título más que una pregunta, es un reto. No faltan universidades que
bajo el nombre de "reforma
universitaria" han hecho reformas administrativas o de regulaciones
docentes pero han dejado intacto
la esencia de una reforma universitaria: los estudiantes, el eslabón al
parecer más débil del mundo
universitario, los cambios hechos son más de lo mismo, y ha quedado sin
modificar radicalmente los
tipos de aprendizajes que debe hacer un estudiante universitario, un
futuro profesional del país. El
problema atraviesa todos los niveles de enseñanza, pero tarda y sigue
tardando la cómoda y
conservadora universidad en vanguardizar los cambios necesarios. Ello
supone transformar muchas
concepciones y actitudes, ver de manera diferente al estudiante,
abandonar el facilismo de la trillada
clase convencional, y lo más duro, quizás, como evoca el pensamiento de
Touraine, trastocar ciertas
relaciones de poder entre docentes y autoridades docentes y los
estudiantes. Supone entender y
practicar la idea de que la función de la universidad tiene que ver con
que los estudiantes aprendan a
ser, aprendan a aprender y aprendan a hacer. Quizás aprender a hacer sea
de las tres variantes, la
más atendida, pero sucumbe ante el sesgo impositivo de una enseñanza
meramente informativa, que
transmite un sinnúmero de conocimientos muchos de los cuales quedan en
el olvido o en la memoria
pasiva del estudiante.

1.-¿Preocuparnos por enseñar o preocuparnos en el qué, el por qué y cómo
aprenden
nuestros alumnos?

He ahí el dilema. El "buen profesor" se preocupa enfáticamente en cómo
mejorar sus formas de
enseñanza, pule sus habilidades de orador, sus medios de enseñanza, mide
el monto de información
que va a transmitir, en el mejor de los casos busca y perfecciona sus
ejercicios prácticos. Sin
embargo el punto débil es que deja fuera de su análisis los procesos de
aprendizaje que se dan en el
estudiante.

Es por esto que decimos que la enseñanza formal en la educación superior
no ha superado el
modelo bancario, el estudiante es un recipiente "cuasi pasivo" de
información, mientras mejor
exponemos, más información creemos que depositamos en el estudiante, y
en la medida que es
expuesto a nuevas informaciones más informaciones depositamos en el
estudiante. Esta idea no
supera la simple concepción de una base de datos, que requiere percibir
y memorizar información, y
sacarla cuando es oportuno, sea para reproducir la información, sea para
usarlo en algún problema
prototípico. La enseñanza bancaria funciona con los procesos de informar
y después interrogar, y se
centra en las preocupaciones típicas de qué enseñar y cómo hacerlo
llegar a la audiencia.

En esta enseñanza se plantea un intercambio mercantil: el profesor da un
saber informativo al
estudiante, él decide que da y que no da, el estudiante paga con la
demostración en su examen de que
sabe lo que el profesor le da., luego el profesor le paga con una nota
según el estudiante sepa lo que
el profesor sabe, o lo que él quiere que el estudiante sepa. De ahí que
para acabar cada ciclo de
enseñanza es tan importante la nota, es vital, es primordial, el centro
de la vida del estudiante gira en
torno a la nota, la nota es un fetiche, de la cual vive apasionadamente
enamorado (a).

Sin embargo esta enseñanza esta plagada de problemas que todos conocemos
y nos quejamos:
muchos estudiantes desmotivados en las clases, no asimilan bien, no
cumplen con ciertas exigencias y
reglas que se le imponen, no asisten, no hacen bien los trabajos, no
rinden en los tradicionales
exámenes, etc. A pesar de que estamos centrados en como enseñar y mucho
menos en cómo ellos
aprenden, rápidamente buscamos al chivo expiatorio, y de nuevo nos
aparece el eslabón más débil : el
culpable es el estudiante porque no estudia, no se toma en serio lo que
el profesor le brinda en clases,
es entonces un estudiante irresponsable, nos quejamos de ellos, a veces
suavizamos la atribución de
responsabilidad de elllos(as) y se desplaza la responsabilidad a la
escuela primaria y secundaria,
¡claro- decimos- no lo formaron bien!

El problema se vuelve un círculo vicioso porque repetimos nuestra forma
de enseñar y de nuevo
encontramos los casos de desastre, aquellos que no entendieron los
conceptos dados en clases, que
no lo pueden ilustrar bien, que no se salen del ejemplo típico dado en
clases, que abusan de la
memoria, que son finalistas, que no estudian sistemáticamente, etc. Se
vuelve a la andanada de
acusaciones, luego se afloja y se ayuda a que algunos salgan a "flote",
siempre suspendemos a los
peores, que no tienen remedio, pero ellos no comprenden muchas veces que
pasa, el profesor
tampoco.

Los riesgos siempre están en esta situación circular, pero pueden
acentuarse con profesores horarios
que sólo van a la Universidad a dejar su saber, y están más centrados en
el enseñar, o mejor en la
oratoria al enseñar. Y esto en el mejor de los casos, no faltan aulas
universitarias donde aún se dicta
en clases.

Parece que la pregunta que hay que hacerse aquí y que se impone es ¿que
están aprendiendo los
estudiantes? ¿Les sirve para algo lo que aprenden en clases? ¿Tiene
alguna resonancia lo que
aprenden en sus vidas? ¿Tenemos una relación con estudiantes adultos o
cuasi-adultos o se les trata
como niños? ¿Sirve mucho enseñar esquemas informativos casi fijos en un
mundo tan cambiante?
¿Nos movemos en la formación del estudiante de la dependencia a la
autodirección?

El "buen profesor", innovador en la enseñanza, debe ir más allá,
adentrándose en un proceso
que ocurre casi fuera de su control: el proceso de aprendizaje.

2.-¿Por qué nuestros alumnos no se interesan en nuestras clases?
¿Podemos motivar el
aprendizaje?

Cuando uno aprende cosas en la vida cotidiana por sí mismo, sea para
resolver algún problema, sea
por otra razón, hay un proceso de aprendizaje muy diferente con lo que
ocurre en la escuela. Ese
aprendizaje cotidiano lo hacemos porque lo deseamos desde nuestro
interior, no nos es impuesto,
sabemos de antemano que tiene sentido para nosotros, la curiosidad nos
incita a preguntar, una fuerza
interna nos impulsa a aprender. En la escuela parece que nos tienen que
estar hincando para
aprender. Miren los resultados, el aprendizaje cotidiano, fuera del
aula, se hace rápido, se fija bien, se
aprende a usar correctamente, nos soluciona problemas, etc. Es lo que
pasa cuando leemos un libro
para aprender a manejar una situación de estrés personal, o cuando
queremos saber más de una
enfermedad que nos aqueja, o queremos saber como usar el complejo
control remoto de la TV, o
como hacer un plato delicioso, o cuando por la curiosidad sexual bebemos
libros sobre orientación
sexual, etc.

La diferencia es que estos aprendizajes cotidianos son significativos
para la persona que aprende,
están automotivados. Ahora cabe la pregunta: ¿son siempre significativos
los aprendizajes de la
escuela? Si no queremos engañarnos, parece que la respuesta es no, en la
gran mayoría de casos.
Parece que nuestros alumnos no se interesan por nuestras clases porque
la mayoría de la información
que se les da no los involucra, no son saberes significativos para sus
vidas, o no saben para que les
sirve o pueden servir, gran parte de los conceptos e ideas que transmite
el profesor se quedan en el
terreno de las abstracciones, es decir abstraídas de la vida real de los
estudiantes.

Aprender es algo muy personal, ocurre dentro del individuo, quién es el
único capaz de
activarlo. El proceso de aprendizaje está controlado principalmente por
el sujeto que aprende
no por el profesor. Las personas aprenden cuando se involucran
personalmente en el proceso
de aprendizaje.

Una propuesta innovadora de la educación universitaria parte de concebir
el proceso de educación
como un proceso de desarrollo de potencial, más que un proceso de
transmisión de información.
Educar es facilitar aprendizajes significativos acerca de lo que
necesitan los estudiantes, no
prepararlos para los exámenes, sino prepararlos para la vida. El
aprendizaje tiene que ser un puente
entre la escuela y la vida. Educar es facilitar aprendizajes
significativos.

Esto implica que hay que preparar a los estudiantes para que aprendan
por sí mismos, facilitar la
emergencia de motivaciones para que deseen, quieran y ambicionen
aprender, para que se orienten a
cambiar la sociedad (emprender).

Por supuesto esto supone hacer cosas distintas a lo que hacemos, ir
abandonando el esquema clásico
tradicional de clases expositivas, magistrales, etc, seminarios
reproductivos, para ver si se entendió o
no, y prácticas simples que ponen muy poca exigencia a la creatividad
estudiantil. El estudiante tiene
que dejar de ser objeto de la enseñanza para convertirse en sujeto de
aprendizaje. Esto también
supone una confianza básica en el potencial del estudiante.

Desde hace rato la psicología ha hecho ver la necesidad de desarrollar
lo que denominan
motivaciones intrínsecas del aprendizaje, en contraste con las llamadas
motivaciones extrínsecas.

Se habla de motivación intrínseca cuando una actividad está motivada por
las propia satisfacción del
ejercicio de la actividad, se habla de deseo, de hacer las cosas por
desearlas. Hay muchas cosas
motivadas intrínsecamente, por ejemplo leer una novela por el placer de
leerla, visitar a un amigo por
pasar un rato grato, escuchar una pieza de música por el simple
disfrute, etc. Es cuando el fin de una
actividad se encuentra en su propia realización. Se habla de
motivaciones cognitivas o intereses
cognitivos cuando el saber halla su motivo en la propia apropiación del
saber.

Las motivaciones extrínsecas son aquella que nos impulsan a realizar
acciones por consecuencias
externas a las propias acciones. Es decir leer un libro para demostrar
que soy sabihondo a mi grupo,
aprender ciertas operaciones matemáticas para sacar un examen, leerme
unos poemas para quedar
bien con el profesor, hacer una tarea doméstica para evitar un castigo
de los padres, etc. En estos
casos la propia actividad no moviliza "per se", hay un factor externo
movilizando.

La lógica dice que sólo se puede garantizar un auto-aprendizaje estable
cuando aparecen
motivaciones intrínsecas. Estas motivaciones son insaciables, la persona
que se interesa por saber
de algo por interés cognitivo, mientras más sabe, más quiere saber. Lo
deben haber experimentado
los que tienen algún hobbie o pasatiempo. Es muy común ver hoy en día en
nuestro medio personas
aficionadas a la computación que dedican mucho tiempo a aprender
programas o a navegar por
internet simplemente por el placer que en sí mismo proveen estas
actividades. Por eso las
motivaciones intrínsecas son las únicas que garantizan la estabilidad
del auto-aprendizaje.

Son motivaciones intrínsecas apara aprender, emprender, innovar, cambiar
los intereses cognoscitivos,
intereses de saber más y más, el afán por crear, producir algo nuevo, ir
más allá, producir nuevas
soluciones, etc. También la motivación a superarse a sí mismo, ir más
allá en la vida.

No se puede motivar a otro, en todo caso el profesor como facilitador de
procesos
motivacionales para el aprendizaje, crea condiciones para activar las
motivaciones, para que
emerjan motivaciones.

Hay ciertas condiciones que permiten activar motivaciones cognitivas: la
incertidumbre, la
complejidad, la novedad, la ambigüedad, el vínculo del saber con
problemas prácticos significativos.

Por otro lado hay ciertas condiciones que permiten activar motivaciones
para la innovación, para
crear, es el reto, dar libertad, proveer recursos para innovar,
estimular grupos heterogéneos.

Desde esta perspectiva hay tres tipos de conocimientos:

El que tengo

El que puedo conseguir

El que podemos construir

La tarea del profesor como facilitador es usar el primero, para lograr
el segundo con el fin de facilitar
el tercero.

Por supuesto es más fácil decirlo que hacerlo, pero la idea que no
podemos perder de vista es que el
profesor tiene que descentrarse de sí mismo, la carga de actividad la
hace el estudiante, hay que
centrarse en el aprendizaje, tratar de que sea significativo lo que
aprende, el profesor es facilitador de
este proceso. Si no vamos cambiando paulatinamente el enfoque de nuestro
trabajo estamos
condenados a perpetuar los problemas que nos aquejan hoy, pero peor, no
estamos formando
profesionales activos y emprendedores. Seremos cómplices silenciosos de
la cultura de la pobreza.



3.-Enseñanza tradicional vs. enseñanza activa, ¿vale la pena
arriesgarse?

La propuesta anterior es la propuesta de la enseñanza activa, muchas de
las ideas de la enseñanza
activa se han ido construyendo desde la psicología y la educación no
formal, en particular de la
psicología genética de Jean Piaget, y de pensadores de la corriente de
pensamiento humanista que
parten de la idea que el ser humano tiene un potencial positivo, y que
su desarrollo depende mucho de
encontrar condiciones adecuadas para que emerjan ciertas cualidades, que
lo potencial se convierta
en real. Desde esta línea de pensamiento el desarrollo individual puede
ser facilitado por los otros
significativos para la persona en desarrollo. Facilitar es hacer posible
o hacer más fácil determinado
proceso, tarea, acción, etc. (Brenson y Sarmiento, pág.2) Es un punto de
vista que tiene el claro
planteamiento de que la persona aprende fundamentalmente actuando,
haciendo, y muchos menos
oyendo o simplemente viendo.

Todo parece indicar que diversos estudios muestran que "para optimizar
el aprendizaje, el estudiante
debe estar dispuesto a: estar, participar, atender, comprender, ensayar
y evaluar" (íbid, pág. 2) Esta es
la parte que pone el aprendiz, el profesor prepara las condiciones que
facilitan este proceso.

En la tabla siguiente hemos tomado un resumen que nos parece interesante
para hacer un contraste
de la enseñanza activa y la enseñanza tradicional, es decir la que
hacemos hoy en día.


4.- ¿Y ahora qué? ¿Cómo hacer? La angustia del cambio.

Si el lector profesor universitario se siente un poco angustiado quiere
decir que este mensaje le llegó.
Siempre hay una angustia y temor al cambio. El cambio es algo nuevo
donde perdemos el control de
ciertas cosas y no sabemos totalmente lo que nos depara el mismo cambio.

Por supuesto lo anteriormente expuesto no niega que haya que seguir
dando clases expositivas, el
problema es que ella no niegue la participación del estudiante, que se
haga en la dosis mínima
necesaria, que permita que el estudiante por sí mismo construya su
aprendizaje.De todas formas es
recomendable empezar a introducir cambios paulatinos.




La enseñanza activa puede operar sobre cuatro procesos primordiales:

Búsqueda activa de información, se estimula a que complete
información, que responda a
algún interrogante buscando información, etc.

Crear y resolver problemas, para los cuales hay que reflexionar y
buscar información.

Crear nuevas realidades, poner en juego la creatividad, crear
nuevas soluciones, nuevas
combinaciones, nuevas formas de ver las cosas, etc.

Reflexionar para resolver un problema práctico, o aplicar un saber
a una nueva situación, etc.

Fíjense que estos procesos están indisolublemente unidos.

Hay muchas formas de hacer activo el aprendizaje, partir de problemas y
no de verdades, tratar de
enfocar el saber como soluciones transitorias a ciertos problemas,
entender que el conocimiento no es
más que un sistema de construcciones orientado por intereses. Aún el
saber más teórico tiene fuentes
problémicas, y todo saber teórico no es más que una construcción que
suele ser relativa.

Tener siempre presente la vinculación del saber con la solución a
problemas reales y cotidianos del
estudiante. Siempre se puede hacer algún vínculo.

Potenciar más actividades de grupo, hay diversas formas de hacer
trabajar al grupo activamente.

Recomendamos buscar bibliografía al respecto, hay muchos textos sobre el
uso de grupos para
activar la enseñanza.


El problema de las vías y los métodos que podemos utilizar en la
enseñanza activa requiere de nuestra
creatividad, por eso el título de esta ponencia es una provocación:
¿Innovadores en la educación?
Aunque ya hayan experiencias y referencias escritas y publicadas, hay
que innovar, crear formas
activas para cada tipo de materia, etc. Tenemos dos opciones, o el
camino trillado de siempre
produciendo y reproduciendo docilidad, o el reto de ir creando nuevas
formas de activar el
potencial de nuestros estudiantes. La opción está en nuestras manos.



Bibliografía de consulta:

1.Ander-Egg, Ezequiel; Un puente entre la escuela y la vida. Edit.
Magisterio del Río de la Plata,
Argentina 1995.

2.Brenson, Gilberto y Sarmiento, Mercedes; La facilitación de
procesos sinérgicos (libro de
láminas) Edit. Fundación Neo-humanista, Colombia (sfe)

3.Lesser, Gerald; La psicología en la práctica educativa, de. Trillas
Méjico, 1era edic 1981

4.Majmutov, M ; La enseñanza problémica, Edit. Pueblo y educación, La
Habana 1983

5.Mendes de Campos, Luiz H.; Los métodos activos e la enseñanza, en
Desarrollo del Potencial
humano de Lafarga J. y Gómez del Campo J., De. Trillas, Méjico 1991