Impresionismo

Arte impresionista. Pintura. Berthe Morisot. Influencia

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“Impresión: mujer reciente”

arte y comunicación

susel arzuaga palomino

comunicación social

cuarto año

2002. “Berthe Morisot no es ciertamente una artista perfecta. De cualquier modo, hay admirables instintos en la forma en que el borde rosa de un paño de muselina se coloca junto a una sombrilla verde o azul, y qué adorable vaguedad hay en la distancia al mar donde los diminutos puntos de los mástiles se inclinan.”

Jean Prouvaire [Pierre Toloza], Le Rappel, 20 de abril, 1874.

Nadie puede decir con certeza si nacer mujer es dicha incomparable o error fatal de nuestros padres. Y las reflexiones en torno siguen sucediéndose hoy, que hay tantas libertades. ¿Qué diríamos de haber vivido hace unos siglos?

En principio hubiésemos tenido que silenciar toda rebeldía, moderar la curiosidad intelectual y estar preparadas para acatar pasivamente los designios masculinos. Por eso, entre otras razones, existen tan pocas mujeres artistas. Si para el inconmensurable Aristóteles éramos solo “hombres incompletos” ¿qué se les podía pedir a los representantes de la rancia Academia?

Aunque han llegado a nuestros días los rumores de las artistas griegas, desafortunadamente no se conservan sus obras. Los relatos de pintoras con suficiente documentación histórica provienen del Medioevo, donde las mujeres solteras se atrevieron a incursionar en oficios de hombre, gracias a las bondades de los conventos. Pero seguían siendo casos aislados.

Para el siglo XV el número de artistas en activo había ascendido considerablemente y en la misma proporción había aumentado la presión social en contra de la liberación femenina, y los privilegios de la cultura eran privativos de la clase alta.

Curiosamente, los cuadros de todos los tiempos han tenido en lugar principal a las mujeres, unas veces diosa, otras madonna, en ocasiones hechiceras e incluso prostituta, pero siempre objeto “en si” y pocas veces “para si”, vista como madre, hembra o musa, nunca pintora del mismo nivel.

Sin embargo, para el siglo XVIII tres mujeres estaban asombrando las cortes europeas: la veneciana Rosalía Carriera, la suiza Angélica Kauffman y la francesa Elisabeth Vigée-Lebrun, hija de un pintor parisino. Mucho tuvo que ver en su formación la influencia paterna, aunque la mayor parte de su éxito se debe a la enorme terquedad y resolución de la muchacha que llego a ser pintora de la reina Maria Antonieta quien modelo para una serie de cuadros del mas puro rococó. A pesar de la calidad de su arte y de su poderosa protectora, nunca fue aceptada por la comunidad plástica.

El nuevo siglo trajo consigo más oportunidades y menos prestigio para las pintoras. Los cuadros de la Bonheur y la Potter se convirtieron en fuente lucrativa para sus autoras.

La evolución total llego con las nuevas corrientes “marginales”, los artistas hombres, rechazados ellos mismos por la crítica y el público, comenzaron a interesarse por el trabajo de sus talentosas colegas.

"La primera exhibición de la Sociedad Anónima de Artistas (Pintores, Escultores, Grabadores, etc.) fue celebrada en el 35 Boulevard de los Capuchinos, en lo que hasta hacia poco eran los estudios del fotógrafo Nadar. (….) duró desde el 15 de abril al 15 de mayo (de 1874). A pesar de la relevancia de este evento en la historia del arte, el propósito primario de sus organizadores no era tanto promover un nuevo estilo de pintura como escapar de las restricciones del Salón y dar a los artistas la oportunidad de mostrar su trabajo libremente, sin la interferencia de jurados o la participación estatal.

Había 165 trabajos en la exhibición, incluyendo 5 óleos y 7 pasteles de Monet; 4 óleos, dos pasteles y 3 acuarelas de Morisot; 6 óleos y un pastel de Renoir (…) algunas pinturas eran préstamos como el Modern Olympia de Cezanne, Cache-cache de Morisot, que pertenecía a Monet, y dos paisajes de Sisley comprados por Durand-Ruel. (…)

Hubo 175 visitantes el primer día y 54 el último, la suma total fue de aproximadamente 3500. Tampoco fue un desastre la exhibición desde el punto de vista de las ventas, aunque algunos pintores pusieron precios demasiado altos, Pisarro quería 1000 francos por The Orchard y Monet igual suma por "Impression: soleil levant", ninguno de los cuales fue vendido. (…) Ni Morisot, ni Boudin vendieron nada, tampoco Degas, cuyos cuadros eran, en su mayoría, prestados."

Berthe Morisot (1841-1895), primera mujer impresionista, fue de las más afortunadas. Hija de un oficial francés amante de la plástica y nieta del famoso Jean-Honoré Fragonard, parecía predestinada a pintar. Desde niña se dedico con seriedad a su arte haciendo copias de todos los grandes maestros de la antigüedad que se mostraban en el Louvre; su hermana Edma, con similar talento pero menor vocación, le hacia compañía en sus labores.

En su tiempo, la pintura femenina, aunque tolerada, se veía como hobby y no como una profesión, los temas que “debían” representar eran niños y mujeres, un desnudo era casi delictivo. De ahí que la mayoría de los cuadros de la Morisot tengan como sujetos a su familia o la naturaleza, sus composiciones delicadas, femeninas y de alto lirismo eran frecuentemente lienzos de brillantes tonalidades con estudios de mujeres en las labores domésticas o en actividades al aire libre. Fue su maestro Corot quien le aconsejo que aprendiera a pintar plein-air y fueron esos paisajes los que le ganaron un lugar dentro de las exposiciones de la Academia en 1864. Diez años más tarde decidió que nunca más prestaría su trabajo a la censura y crítica oficiales. Para esa fecha ya era amiga íntima del incomprendido Eduard Manet quien la inmortalizó en numerosas pinturas.

El influjo de Manet es perceptible en toda la obra de Berthe, él le insufló el estilo libre y las pinceladas sueltas, el rechazo de la profundidad geométrica, la preferencia por colores naturalistas, de tonos claros y colores sin degradar, que se apartan de los experimentos ópticos y cromáticos de otros pintores. La influencia entre estos artistas fue mutua, Berthe alentó en Manet la pintura en exteriores, la vitalidad en los colores, la supresión del claroscuro y el abandono del negro.

El profesionalismo de esta mujer tenía pocas referencias en sus colegas, mientras ellos tentaban otras formas de expresión o dejaban de pintar por tiempos o simplemente se lanzaban en busca de otros fines, Berthe perseveraba en el impresionismo aun cuando algunos de sus fundadores hubiesen dejado el campo, de tal modo, participó en todas las exposiciones impresionistas excepto en la cuarta cuando una enfermedad la impedía de pintar.

Casada con Eugène Manet, hermano menor del pintor, Berthe tuvo éxito en la más dura prueba a su arte: el matrimonio, en tanto Edma había abandonado la pintura para dedicarse a sus quehaceres conyugales y a la familia, Berthe pudo llevar tranquilamente ambas cosas. Tuvo una hija de su matrimonio y aun así las ocupaciones no impidieron que siguiera pintando con la misma calidad y profusión que antes de casarse.

Ambos esposos convirtieron la casa que tenían en París en centro de reunión de los intelectuales de la época: Degas, Caillebotte, Monet, Pisarro, Whistler, Puvis de Chavannes, Duret, Renoir, Mallarmé, Zola. En este sentido es significativo su aporte a la unión de este grupo de genios cuyos temperamentos y ambiciones en ocasiones eran opuestos.

A pesar de moverse entre hombres ilustrados y cultos, el arte de Berthe no escapaba de las comparaciones con sus colegas, de ella se decía como gran cumplido que “pintaba casi con el vigor de un hombre”, como si la delicadeza y femeneidad de esta pintora fueran un pecado artístico.

Sus rasgos pictóricos distintivos eran precisamente la suavidad, la finura de su pincelada, la exquisitez en el color, sus cuadros demuestran al profano la innegabilidad de su condición de mujer.

Por supuesto fue puesta en la pública palestra como mala aprendiz de pintor, se le criticaba lo inacabado de su trazo, la ligereza de los colores, la poca seriedad de la perspectiva y para colmo impericia pictórica: nada, que para ser mujer, no estaba tan mal.

Tenía fama entre sus compañeros por la rapidez de su ejecución, no tardaba mucho en plasmar lo transitorio, lo efímero. Esta idea de atrapar el momento fue alfa y omega de su obra. Partió, como todos los impresionistas del desacuerdo con los temas clásicos, escogió la pintura al aire libre tratando de conseguir una representación espontánea y directa del mundo, marcada por los efectos de la luz sobre los objetos.

El abocetamiento es otra característica destacable de su obra, parte de esta intención de evocar fugacidad, en donde los largos trazos dominan al dibujo, que está presente en menor medida. El aspecto fotográfico, la impresión de instantánea, se ve en la intimidad de su composición donde la luz también tiene un papel destacado al jugar con zonas contrastadas, incidiendo directamente en el color, o reflejándose plana o difusa en sus numerosos cuadros.

En sus escenas se diluyen los contornos de los personajes, de los arbustos y las plantas, en una sensación atmosférica de gran belleza. Los colores que emplea, como ya mencionamos, son por lo general muy vivos, destacando el verde y el rosa, aplicados con una técnica exquisita. Esos toques de pincel aparentemente desordenados conforman el conjunto, trabajando Morisot en un estilo cercano a Renoir y Monet aunque con un fuerte estilo personal. Su predilección por los temas de la vida familiar será seguida por Mary Cassatt con gran éxito.

Eugène Manet y su hija, 1881, es el cuadro que elegí para el anexo. No resulta fortuita esta preferencia, entre sus obras, rápidamente puede uno dilucidar cuál podría representar sin grandes menoscabos el estilo de esta pintora. Desde la temática que trata, hasta el uso del color, son en este cuadro expresión sintética de su obra en general. Ubicada en el jardín de su casa, la escena describe un momento de solaz entre su esposo e hija, ambos juegan con imperturbabilidad en una composición que resalta los colores otoñales y las tonalidades de la naturaleza de fondo, no existe intención alguna de detallar rasgos superfluos, los rostros y vestidos están dados con toques como al descuido, sin que por eso se borren los rasgos personales; las miradas transpiran serenidad, lo que en un barroco quizás fuera clímax desgarrado o tensión dramática, Berthe lo muestra con naturalidad, con la sencillez con que vemos los sucesos diarios, que no por comunes dejan de ser bellos.

Al mismo tiempo, algo de Vermeer podemos ver en el cuadro: el intimismo de la escena, la importancia acentuada de los sucesos cotidianos que tienen para el artista la relevancia que los instituye como obra de arte. Aquí también se integra el paisaje al acontecimiento principal, ya no se ve el jardín como un telón de fondo, sino que, como en los románticos, la naturaleza ocupa un cimero lugar que merece igual que las personas un papel dentro de la obra.

Como todo impresionista, Berthe no diferencia la luz del color, acá podríamos decir lo mismo que las ropas tienen tonalidades carmelitas o que la tarde es perfectamente otoñal. La composición escapa de todas las ataduras convencionales, el encuadre, a diferencia de aquellas panorámicas del rococó, se centra en los personajes que la pintora desea resaltar a los que la luz ilumina de forma plana, sin grandes contrastes de sombras.

El resultado es una pintura amable, ligera, sin frivolidades, donde la luz engendra el color y las sombras de cada cosa e incluso sirve para sugerir sus formas.

La artista, viendo su recorrido pictórico, se encuentra tan alejada de los problemas sociales como el resto de sus colegas, a ellos no los comprometen movimientos masivos, se evaden hacia el idilio de sus cuadros.

Berthe se mantuvo hasta el final fiel al estilo que le había ganado fama mundial aunque, como casi siempre pasa, no vivió éxitos comerciales con sus cuadros. Para 1886, con la exposición de “Tarde de domingo en la Grande Jatte” de George Seurat, primera gran obra puntillista, se confirmó la disolución del impresionismo y la formación de un nuevo método pictórico.

Irónicamente, cuando en marzo de 1895 moría, de una neumonía, esta gran artista, dejando un cuantioso legado de pinturas a sus entrañables amigos, en su certificado de defunción ponían: sin profesión conocida.

Bibliografía.

Arte Universal. Selección. Consejo Nacional de las Artes Plásticas. La Habana, 2001

Berthe Morisot. 'Wet Canvas Virtual Museum' http://www.wetcanvas.com

Berthe Morisot. http://ww.hearts-ease.org/cgi-bin/gallery_bio.cgi?ID=36

Berthe Morisot. 'Women In Art' http://www.mystudios.com/women/klmno/morisot.html

Berthe Morisot. http://btr0xw.rz.uni-bayreuth.de/cjackson/morisot/morisot_bio.htm

Berthe Morisot. "OLGAS GALLERY" http://www.abcgallery.com/M/morisot/morisot.html

The Chronicle of Impressionism. En el siguiente URL

http://www.artchive.com/galleries/1874/74chron.htm

The Chronicle of Impressionism. En el siguiente URL http://www.artchive.com/galleries/1874/74chron.htm

Por ejemplo “Reposo”, “El balcón”.

Entre las obras que más evidencian esta característica cabe destacar Joven cosiendo en el jardín (1884) que muestra una de sus socorridas escenas íntimas con la familia como modelo. Lo más destacable de la obra es precisamente la impresión de brevedad, la informalidad de las poses y la naturalidad de los gestos de su hija y el aya.