Imperio de Maximiliano de Habsburgo

Historia de México. Invasión francesa. Tratado de Corwin-Doblado, de Londres y de Miramar. Armada intervencionista. Carlota de Bélgica. Golpe de Estado de Juárez. Conflictos con Napoleón III. Caída del imperio

  • Enviado por: Arlequin
  • Idioma: castellano
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Índice

  • Introducción.

  • Antecedentes.

  • Suspensión de la deuda pública .

-El tratado de Corwin-Doblado.

-El tratado de Londres.

-Pretensiones de los países intervencionistas.

-Condiciones históricas de los países intervencionistas. *

  • La armada intervencionista.

-Manifiesto de Almonte.

-Ultimátum al gobierno de Juárez.

  • Convenios preliminares de la Soledad y sus consecuencias.

  • La Intervención Francesa.

  • El gobierno provisional conservador en México.

  • El Imperio de Maximiliano.

-Maximiliano de Habsburgo.

-Carlota de Bélgica.

-Acuerdos de Napoleón III y Fernando Maximiliano. Los tratados de

Miramar.

-De cómo la aceptación de la corona por Maximiliano estaba lejos

de ser el establecimiento de la monarquía.

-Dificultades reales de la cuestión.

- Carta pastoral colectiva.

-Llegada de los emperadores a México.

-Los imperialistas ocupan casi todo el país.

-Juárez se refugia en Paso del Norte.

-Golpe de Estado de Juárez.

  • Gobierno de Maximiliano

-Dificultades con Bazaine

-Conflictos de Napoleón III

-Actitud ambivalente de los E.U. ante el gobierno de Maximiliano.*

-Retirada del ejército francés.

-Fracaso de Carlota.

  • Caída del Imperio

-La agudización de las contradicciones en el gobierno imperial.

-La situación internacional desfavorable. *

-Crece el poderío de los republicanos.

-Reconciliación de Maximiliano con los conservadores y

el fin del Imperio en Querétaro.

-Fusilamiento de Maximiliano.

-Toma de México por los republicanos.

-Entrada de Juárez en la capital.

  • Conclusiones

  • Bibliografía.

* Ubicación en el ámbito mundial.

Segundo Imperio

Introducción

Con el triunfo de los liberales en la Guerra de Reforma se había salvado en gran medida, el escollo interno representado por el poder conservador. La Constitución de 1857 y las leyes de Reforma serían los instrumentos políticos jurídicos para consolidación del nuevo Estado burgués. Sin embargo, mayores peligros se avecinaban sobre la joven República: La Intervención Francesa que amenazó seriamente la integridad del país. Este escollo externo encontraría la vía favorable con la ayuda (al menos política y un tanto militar) de los vencidos conservadores mexicanos. Francia aprovechando la situación internacional enmarcada básicamente en la Guerra de Secesión norteamericana, invadirá el país.

La Intervención y el consiguiente Imperio de Maximiliano nos deja ver claramente:

  • la dependencia de una clase ya debilitada que necesita la ayuda de una potencia extranjera para implantar un sistema de dominación.

  • Los métodos a que recurren las grandes potencias en su afán de dominio de los pueblos débiles.

  • Es un ejemplo claro, no sólo de intervención imperialista, sino también de la lucha de los pueblos por su emancipación.

  • Pese a la Intervención y el Imperio, en realidad la Reforma siguió adelante: por un lado encarnada en la lucha de los liberales encabezando al pueblo, y por otro en la política francesa y la de Maximiliano que no derogaron las leyes de Reforma ni cedieron a los intentos conservadores.

  • La Intervención logró, tal vez por segunda ocasión desde la Independencia, la unificación popular en torno a un proyecto nacional: el de los liberales.

  • Nos aclara que en realidad la Reforma, como tal, abarca todo un proceso que se inicia con el Plan de Ayutla (en este plan se desconocía a Santa Anna como presidente de la República y se pedía el nombramiento de un Presidente interino y un Congreso que expidiera una nueva Constitución) y prosigue por lo menos hasta la víspera del Porfiriato.

Las dificultades a las que se enfrentó el gobierno juarista para reorganizar el país fueron innumerables. Al bandolerismo y a la falta de sometimiento a la autoridad por parte de los grupos que habían obtenido poder en las distintas regiones del país, se sumó la crisis económica.

En contra de lo que el propio grupo reformista había pensado, la venta de las propiedades de la Iglesia no proporcionó al gobierno los recursos económicos necesarios y el 17 de julio de 1861 el presidente Benito Juárez decidió suspender el pago de la deuda externa por dos años.

Antecedentes

El triunfo de Calpulalpan, que definiría a favor de los liberales la Guerra de Reforma, no trae como consecuencia la pacificación de México. De hecho es apenas el inicio de nuevos conflictos ahora de tipo internacional, que combinados con la difícil situación interna propiciarán la Intervención extranjera y el consiguiente Imperio de Maximiliano.

Si bien toda guerra produce no sólo muertes sino también destrucción de medios de producción, en el caso específico del México posterior a la Guerra de Tres Años estos hechos propiciaron una crisis aún más profunda, una desesperada situación que prácticamente hizo fracasar todos los intentos liberales de estabilizar el país.

Ante todo recordemos que el año de 1861, junto al triunfo de Calpulalpan acechaba el fantasma de la miseria: el primer problema del gobierno juarista era la reorganización financiera y el recurso más a mano que se tenía (al menos teóricamente) eran los bienes eclesiásticos nacionalizados en 1859 con las leyes de Reforma. Es decir, se tenía un gobierno que, para justificar su existencia histórica debía acudir al expediente de las reformas, se hallaba con una hacienda agotada, pues los bienes del clero prácticamente se habían diluido: esa fue la amarga realidad a que se enfrentaría el ministro de Hacienda Guillermo Prieto.

La cruenta guerra civil, que para allegarse de recursos acudía a préstamos forzosos y a todo tipo de expedientes, incluyó dentro de éstos la utilización de los bienes del clero; eso hicieron uno y otro bando. La Iglesia facilitó capital a los conservadores, pero también los liberales -una vez decretada la nacionalización de 1859- disponían de dichos bienes, al menos en las zonas que controlaban. En la zona Occidental, por ejemplo, algunos gobernadores y militares liberales habían procedido a nacionalizar riquezas eclesiásticas aún antes de que se decretara legalmente por Juárez. Pero ese dinero se diluía, consumido en la voraz guerra, y una vez lograda la victoria liberal, resultaba que, de acuerdo con estimaciones de las riquezas eclesiásticas antes de la guerra, sólo quedaban después de ella menos de 50%. Entre especulaciones, subterfugios de los agentes del clero, depreciaciones y demás causas, se había ido una gran esperanza para restablecer las finanzas del país.

Muerto Miguel Lerdo (político mexicano, en distintos periodos presidenciales ocupó los ministerios de Fomento, Hacienda y Relaciones Exteriores) y ante la inminencia de la bancarrota, Prieto renuncia a Haciendo no sin antes establecer unas recomendaciones. Dicha propuesta se basaba en hacer frente a cuatro cargas nacionales: reducción del servicio de la deuda externa, reducción del pago de la deuda interna, disminución de las fuerzas armadas y sujeción fiscal de los Estados a la autoridad del gobierno federal.

Y efectivamente la deuda externa era el problema económico crucial: el servicio de ella absorbía casi por entero las entradas de las aduanas, hipotecando en su totalidad las de los puertos del Pacífico; en Veracruz y Tampico la escala había subido del 48% en 1856 al 85% en 1861, quedando sujeto el 15% restante para reclamaciones rivales.

Los problemas políticos de este periodo no eran inferiores a los económicos. Durante ese año (el régimen de Juárez) hubo de enfrentarse a dificultades inusitadas, si se tiene en cuenta que su victoria militar sobre los conservadores era muy reciente. Varios líderes conservadores se habían dado a la fuga y seguirían dando problemas militares al gobierno. Y lo que es más, había serias y a veces violentas diferencias de opinión entre los liberales. Había controversias acerca del poder del presidente, de la relación de los estados con el gobierno nacional, del personal del gabinete, de las ambiciones de una variedad de individuos, de si se administraría o no a los antiguos enemigos y de la aplicación de las leyes de Reforma. Era necesario llevar a cabo elecciones, establecer relaciones con naciones extranjeras, etcétera.

En síntesis:

-La política a seguir con respecto a los conservadores, derrotados en la Guerra de Reforma. Esta cubrió una amplia gama, con la expulsión a los embajadores de España, Ecuador y Guatemala, del arzobispo de México y varios obispos. El gobierno mostró una actitud vacilante al respecto a Isidro Díaz cuñado de Miramón (militar y político mexicano, Militante del Partido Conservador) y su ministro más importante, y más adelante otorgó una amnistía (extinción de la responsabilidad penal por la comisión de un delito y perdón del mismo por parte del Estado) general a los conservadores, que sólo excluía a los más peligrosos, aún levantados en armas, como Márquez (militar mexicano, conservador), Zuloaga y el líder campesino Manuel Lozada.

-La lucha por el poder entre Juárez, Miguel Lerdo (que muere en 1861) y Jesús González Ortega, con cierto temor de que éste último se levantara en armas.

-La oposición liberal al gobierno juarista, reflejada no sólo en los frecuentes cambios de gabinete, sino también en el Congreso y varios periódicos liberales.

-Los guerrilleros conservadores al mando de Mejía, Márquez, Zuloaga y otros, responsables los dos últimos de los asesinatos de Melchor Ocampo (político mexicano, liberal del grupo radical, se le encomendó la secretaría de Gobernación, así como las de Hacienda y Relaciones), Santos Degollado (militar y político mexicano, en 1861, fue destituido de sus cargos militares y procesado por haber entablado negociaciones con los conservadores opuestos a Juárez) y Leandro Valle, que desestabilizaron en mucho la situación política nacional.

- La relativa paz, sin embargo, permitió la aplicación más sistemática de las leyes reformistas. Las relativas a la desamortización y nacionalización de bienes raíces, llevarán directamente al despojo de tierras a las comunidades campesinas, a la formación de una nueva clase latifundista laica, pero también a las consiguientes rebeliones campesinas que profundizaron aún más las crisis ya generalizada.

Suspensión del pago de la deuda pública

Terminada la Guerra de Tres Años, don Benito Juárez convocó a elecciones de Poderes federales, y él mismo resultó favorecido por el sufragio popular para ocupar la Presidencia durante el periodo constitucional 1861-1865.

Pero después de aquella larga y sangrienta lucha, el gobierno se encontraba prácticamente en banca rota. En tales circunstancias el gobierno se vio obligado a dar un decreto (julio de 1861) suspendiendo por dos años el pago de todas las deudas públicas, aún las contraídas con las naciones extranjeras, a fin de poder nivelar su presupuesto y atender desde luego sus obligaciones más apremiantes.

Juárez envió a su ministro en Relaciones Exteriores, Manuel Doblado, quién logró un acuerdo con los representantes extranjeros. Acuerdo llamado Pacto de Soledad, según el cual los intervencionistas reducirían sus pretensiones a solamente el pago de lo debido. Las representaciones de Inglaterra y España aceptaron las proposiciones y llegaron a un rápido arreglo y el 9 de abril de 1862 declararon rota la alianza, ordenando el regreso de sus tropas. En cambio Francia desconoció los preliminares del Pacto de Soledad y con intenciones de invadir México se rehusó a firmar los convenios, ya que Napoleón III (emperador de Francia) se había comprometido con los conservadores a patrocinar el establecimiento de un Imperio; las tropas francesas comenzaron a avanzar hacia el interior.

A su vez, las potencias europeas estaban interesadas en disfrutar los beneficios del comercio de América y deseaban adelantarse en ese sentido a los Estados Unidos que, estando tan cerca de México, tenían más posibilidades de aprovechar tales beneficios.

Los gobiernos conservadores de Paredes, Santa Anna, Miramón y Zuloaga ya habían tratado este asunto en las cortes de Francia y España por medio de sus agentes diplomáticos, aunque con escaso resultado.

El tratado de Corwin-Doblado. Los Estados Unidos temía que la quiebra de la economía Juarista ocasionara una intervención Europea, le propusieron a través de su embajador, Thomas Corwin, un préstamo de 11 millones de pesos para que se pudiese pagar a los tenedores extranjeros de bonos mexicanos.

El presidente Lincoln al principio estuvo de acuerdo pero después se opuso. El embajador, sin acatar el parecer de aquel ni del senado presento el tratado al gobierno de Juárez y fue aceptado.

El peligro que esto implicaba para México, era evidente pero la integridad nacional volvió a salvarse por causas ajenas a la voluntad del gobierno juarista (ya que ni Lincoln ni el senado quisieron ratificar el tratado).

La consecuencia del desastre financiero del gobierno fue la suspensión de pagos de la deuda exterior decretada el 17 de julio de 1861. Y de ese hecho se siguió la intervención tripartita.

El tratado de Londres. Los gobiernos de Inglaterra, Francia y España, las naciones que tenían créditos más importantes contra México, suspendieron sus relaciones con el gobierno mexicano, y por medio de un convenio firmado en Londres (31 de octubre de 1861), resolvieron intervenir en nuestro país para asegurar el pago de sus créditos.

Los representantes de aquellos países convinieron en:

  • Enviar a México una expedición militar que ocupara las aduanas y posiciones estratégicas marítimas;

  • Integrar una comisión compuesta por un representante de cada potencia, que se encargaría de distribuir las sumas recaudadas en las aduanas;

  • Respetar la integridad del territorio mexicano y del gobierno constituido.

  • Al mismo tiempo se invitó a los Estados Unidos para que participaran en aquella alianza; pero el secretario de Estado, Seward, contestó negativamente en vista de las buenas relaciones que guardaba su país con México.

    Pretensiones de los países intervencionistas. En general, el motivo común de la intervención de las tres naciones era el pago de sus deudas; pero cada cual tenía además motivos particulares. Inglaterra reclamaba los $600,000.00 sustraídos de la Legación inglesa, por Miramón.

    España protestaba por la expulsión de su ministro, realizada por Juárez al triunfo de la Reforma, y la negativa de nuestro gobierno a reconocer el tratado Mont-Almonte, firmado por los conservadores.

    Y Francia reclamaba de México los pretendidos ataques a su embajador Saligny y la negativa del gobierno de Juárez a reconocer la deuda contraída por Miramón con el banquero suizo Jecker.

    Condiciones históricas de los tres países. Pero tras estas causas aparentes de la intervención, había otras más profundas cuyas consecuencias se proyectaban hacia un futuro no muy lejano.

    España, que se encontraba ya sin colonias, con un comercio decadente y su industria muerta, aspiraba al establecimiento de un gobierno conservador en México que le hiciera posible recobrar parte de sus antiguos dominios.

    Inglaterra, que había logrado desarrollar un gigantesco poderío industrial y financiero, había extendido su vasto imperio colonial por Asia y África y aspiraba a ensanchar sus dominios en América.

    También el Imperio Francés se había desarrollado, rivalizando con Inglaterra en potencia económica, y el emperador Napoleón III quiso aprovechar la intervención en México con un doble fin:

    Por una parte, contener el avance de E.U. y a la vez ofrecer a la burguesía francesa la oportunidad de abrir nuevos mercados y establecer ricas colonias mineras en Sonora y Baja California.

    La armada intervencionista

    Así fue como, en virtud del convenio de Londres, salieron rumbo a México los ejércitos de los tres países aliados, organizados de la siguiente manera:

    Las naves inglesas venían al mando del comodoro Dunlop, y traían como comisario a Sir Carlos Wyke; las francesas, a las órdenes del contralmirante Jurien de la Graviere, con el comisario Dubois de Saligny, y las españolas, cuyo mando militar y representación diplomática traía el general don Juan Prim.

    La armada española llegó primero a Veracruz (diciembre de 1861), y sus fuerzas ocuparon la ciudad que había sido abandonada por el gobierno republicano con el deseo de evitar un conflicto armado y llegar a un arreglo por medio diplomático. Las armadas inglesa y francesa llegaron poco después (enero de 1862).

    Manifiesto de Almonte. Vuelto Almonte del estupor que la había causado su destitución, publicó un manifiesto el 12 de enero, es decir, cuatro meses después de aquel acontecimiento.

    Comenzaba por enumerar las poblaciones que habían secundado el plan de Córdoba, es decir, Veracruz, Orizaba, Alvarado y la isla del Carmen, y mencionaba después los jefes que se le habían adherido. Decía en seguida que los “enemigos irreconciliables” de México y Francia, encontraron un pretexto en el plan de Córdoba para censurar al emperador de los franceses propalando la idea de que sus tropas habían venido a la república a imponer un gobierno por fuerza.

    Ultimátum al gobierno de Juárez. Los representantes de las tres potencias aliadas enviaron un ultimátum al gobierno de Juárez, en el que pedían el pago de sus deudas y la satisfacción de los agravios hechos a sus representantes diplomáticos (enero de 1862).

    Juárez contestó al ultimátum de las potencias aliadas manifestando sus deseos de llegar a un arreglo amistoso, e invitando a los representantes de las mismas a tener una conferencia con el ministro de Relaciones de México, don Manuel Doblado, para determinar el monto de las deudas (23 de enero).

    Al mismo tiempo Juárez derogó la ley por la cual se había suspendido el pago de la deuda externa, y declaró traidores a la Patria a los mexicanos que secundaran la intervención, pues los conservadores se mostraban partidarios de los países intervencionistas (25 de enero).

    Convenios preliminares de la Soledad y sus consecuencias

    Al parecer Juárez se había equivocado en algunas apreciaciones sobre las intenciones y las contradicciones entre los integrantes de la Alianza Tripartita. Se equivocaba cuando consideró que Inglaterra y Francia sólo tenían intenciones económicas, tanto que España las tenía políticas. Aunque en su encargo diremos que la experiencia reciente de la actuación española en alianza con los conservadores mexicanos durante la Guerra de Reforma , le daba motivos de sobra para desconfiar rotundamente de dicho país (Tratado Mont-Almonte, militares españoles actuando con los conservadores, participación activa del embajador hispano, etc.). El gobierno republicano erraba también en su apreciación con respecto a Francia, a la que se consideraba modelo de civilización y liberalismo.

    Se acertó, sin embargo, al basar parte de su política en explotar las contradicciones hasta lograr la disolución de la Alianza Tripartita; pese a que en la disolución concluyeron otros diversos intereses antes mencionados, el papel que en ella jugó México, fue el importante triunfo diplomático de los Preliminares de la Soledad.

    El gobierno juarista se preparaba para lo peor, y lo hizo doblemente: por la vía diplomática nombrando al general Manuel Doblado para conferenciar con la Alianza, y por la vía política mediante la ley del 25 de enero (para cualquiera que colaborara con el enemigo, la pena de muerte).

    El gobierno mexicano propuso a los representantes de la Alianza una conferencia, tratando así de evitar el enfrentamiento armado. Dicha reunión se realizó en el pueblito de La Soledad, el 19 de febrero de 1862. El representante mexicano fue el general Doblado y el de las potencias aliadas, Juan Prim, liberal español.

    Del encuentro entre ambos personajes resultaron los llamados convenios o Preliminares de la Soledad. El artículo primero de este documento significaba para México una victoria diplomática:

    a) El reconocimiento del gobierno de Juárez;

    b) La declaración de que las potencias respetarían la integridad y la independencia nacional;

    c) Que las negociaciones se llevarían a cabo en Orizaba y, entre tanto, las fuerzas aliadas establecerían sus cuarteles en las ciudades de Córdoba, Orizaba y Tehuacan para evitar los rigores del clima de la costa.

    d) Y que en caso de declararse rotas las relaciones, las tropas aliadas volverían a los puntos que inicialmente ocupaban en la costa de Veracruz.

    Como era de esperarse, los tratados de La Soledad sentaron las bases del rompimiento entre los aliados. Cuando los representantes de Inglaterra y España se dieron cuenta de que el emperador de Francia tenía miras muy distintas a las estipuladas en el Tratado de Londres, y se percataron de que el comisario francés solapaba a los conservadores refugiados en Tehuacan, declararon rota la alianza con los franceses (abril de 1862).

    Napoleón contestó a los convenios de La Soledad con dos medidas hostiles: la llegada de un nuevo ejército francés al mando del general Lorencez y el arribo del general Juan Nepomuceno Almonte, protegido de los franceses y que se hacía llamar representante de la nación.

    El 9 de abril en Orizaba se desbarata la Triple Alianza por la actitud hostil de Francia y por haber violado los convenios de La Soledad y el Tratado de Londres. Al lograr México que se reembarcaran los representantes de España e Inglaterra, así como sus tropas, quedaba con el enemigo más peligroso al frente: el Imperio napoleónico.

    La Intervención Francesa

    Francia, decidida a una guerra intervencionista, ocupó Orizaba para iniciar la penetración al interior del país en abril de 1862. Asimismo, se procedió a organizar la defensa del país. El general Ignacio Zaragoza fue designado Jefe Supremo de las Fuerzas mexicanas. Zaragoza se situó en las cumbres de Acultzingo para impedirles el paso. Los franceses, venciendo la resistencia que les opusieron las tropas liberales, la cruzaron y llegaron a San Agustín del Palmar. Zaragoza reconcentró su ejército en los fuertes de Loreto y Guadalupe que defendían la ciudad de Puebla. El 5 de mayo de 1862, los franceses dirigidos por el conde Lorencez atacaron vigorosamente en tres asaltos que fueron rechazados, por consiguiente la victoria fue para los liberales, dirigidos diestramente por Zaragoza.

    La injusta intervención francesa despertó grandes simpatías por la causa de México en toda América y en los sectores liberales europeos; la prensa española, inglesa y francesa censuraba a Napoleón y abogaba por el retiro de las tropas de invasión.

    El ejército francés era derrotado por los mexicanos. Napoleón III no tardó en enviar 30 mil soldados más y cambiar a sus dirigentes entregando el mando al general Federico Elías Forey. El ejército mexicano se volvió a concentrar en Puebla, pero sin el general Zaragoza quien había fallecido de tifoidea en septiembre de 1862. Juárez designó en su lugar al general González Ortega.

    Los franceses iniciaron el sitio en Puebla en marzo de 1863, que se extendería hasta el 19 de mayo. El ejército francés logra vencer al mexicano y el 10 de junio es tomada la capital de la República. Juárez inicia un peregrinar por todo el país para poner a salvo al gobierno legítimo de México.

    El gobierno federal había ordenado al general Comonfort que acudiera en auxilio de Puebla con el ejército del centro; pero fue derrotado en San Lorenzo, con lo cual los sitiados perdieron toda esperanza (8 de mayo).

    En tales condiciones, González Ortega ordenó que los cañones y el armamento fueran destruidos para que no cayeran en poder del enemigo, y después de disolver el ejército puso la plaza a disposición del invasor, entregándose los jefes y oficiales como prisioneros de guerra (17 de mayo).

    Los prisioneros fueron tratados al principio con grandes consideraciones; pero como se negaron a firmar un documento que los comprometía a no tomar las armas nuevamente contra los franceses, se les comenzó a tratar duramente, y con excepción de algunos que lograron fugarse (como González Ortega y Porfirio Díaz), los demás fueron conducidos a Francia, en donde se les retuvo como prisioneros.

    Al retirarse Juárez llevaba consigo la representación de la República, e iba investido de plenos poderes que le otorgó el Congreso; y en esas condiciones logró resistir durante cinco años a las fuerzas enemigas del gobierno republicano y de la Independencia nacional. El gobierno federal tomó las medidas necesarias para la defensa del país y contó con el apoyo de los gobernadores de los Estados, siendo a la vez reconocido por algunos países extranjeros.

    Apenas salido Juárez, se pronunció en la capital el general Bruno Aguilar, quien aceptó la intervención francesa y se puso a las órdenes de Forey.

    La vanguardia del ejército francés hizo su entrada en México al mando del mariscal Bazaine (7 de junio), y tres días después entró el resto del ejército invasor.

    Dueño de la capital, Forey expidió un manifiesto en el que atacaba al gobierno de Juárez, pero prometía mantener en vigor las leyes de desamortización y nacionalización de los bienes eclesiásticos y la libertad de cultos promulgados por el gobierno liberal, lo cual contrarió mucho a los conservadores.

    Los franceses impusieron una Junta Suprema de Gobierno y un Ejecutivo integrado por tres personas, mientras realizaban gestiones en Europa para traer a México a Maximiliano de Austria.

    El gobierno provisional conservador en México

    Después de la caída de la ciudad de México en poder de los franceses, Juárez traslada su gobierno a San Luis Potosí y más adelante hacia Monterrey, Saltillo, Chihuahua y Paso del Norte.

    Forey, en tanto, decidía el control político de Francia sobre los mexicanos, procedió como militar, aunque pésimo político, al nombramiento, el 16 de junio, de una Junta Superior de Gobierno. Lo formaban 35 reaccionarios elegidos por él. La composición política era muy clara de los intereses a representar: 4 clérigos, 15 ex-ministros de Santa Anna, ex ministros de Miramón y un francés. Para el 21 de junio la Junta elige un Consejo de Regencia (o poder ejecutivo) formando por Almonte, el obispo Pelagio Antonio Labastida y el general José Mariano Salas. Esa Junta convocó también una “Asamblea de Notables” de 215 personas, la cual debía pronunciarse por la forma de gobierno que el país quisiera darse. En realidad era una burda farsa, dado que todos sabían -desde napoleón hasta el último reaccionario- que la forma de gobierno sería la monarquía y el monarca Maximiliano.

    Como se esperaba, para el 10 de julio de 1863 la Asamblea dispuso:

  • La Nación Mexicana adopta por forma de gobierno la monarquía moderada hereditaria, con un príncipe católico en el trono.

  • El soberano tomará el título de Emperador de México.

  • La Corona Imperial de México se ofrece a su Alteza el Príncipe Fernando Maximiliano, Archiduque de Austria, para sí y sus descendientes.

  • En el caso de que por circunstancias imposibles de prever, el Archiduque no llegase a tomar posesión del trono que se ofrece, la Nación Mexicana se remite a la benevolencia de S.M. Napoleón III, Emperador de los franceses, para que le indique otro príncipe católico.

  • En fin, que la coalición francesa y conservadora mexicana logró que el pueblo emitiera cinco y medio millones de votos a favor de Maximiliano, de una población de ocho y medio millones. Lo curioso del caso, que debió preocupar a Maximiliano era que esos votos se recababan precisamente en las poblaciones sometidas por los franceses. Seguramente muchos mexicanos que votaron bajo presión, volvían a empuñar las armas para expulsar a los franceses.

    Dos cambios hizo Napoleón III para borrar toda “huella” política de los inicios interventores en México. Sustituyó al nefasto Saligny por el marqués de Montholon, y asimismo desplazó a Forey por Bazaine. La política y la espada. Así las cosas, Bazaine inicia la expedición militar al interior del país hacia noviembre, contando con 47, 667 hombres de los cuales habrá que nombrar un componente conservador. La idea de Bazaine era asegurar la comunicación entre la Capital y Veracruz.

    Entre tanto, Juárez era perseguido por las fuerzas franco-mexicanas, y continuaba su penosa retirada hacia el Norte.

    Por entonces el ejército republicano fue puesto a las órdenes de Comonfort, como general en jefe, y organizado en cinco divisiones, comandadas por los generales Porfirio Díaz, Manuel Doblado, Jesús González Ortega, José López Uraga y Felipe Berriozábal.

    El Imperio de Maximiliano

    ***

    Maximiliano de Habsburgo (1832-1867) - Archiduque de Austria y emperador de México (1864-1867), hermano menor de Francisco José I, emperador de Austria. Fue almirante de la Armada austriaca y gobernador (1857-1859) del territorio de Lombardía-Venecia. En 1863, el emperador francés Napoleón III le convenció para que aceptara la corona de México. Creyendo que contaba con el apoyo del pueblo, él y su esposa Carlota de Bélgica se trasladaron a México en 1864. Con el respaldo de las tropas francesas, los grupos monárquicos que lo apoyaban celebraron una Junta de Notables, proclamaron la monarquía y le ofrecieron la Corona, después de un remedo de plebiscito. Gobernó con el apoyo de los conservadores, pero no pudo sustraerse a la influencia de Napoleón III. Su política financiera resultó desastrosa. Consiguió que la mayoría de los gobiernos extranjeros restablecieran sus relaciones con México, con la sola excepción de Estados Unidos. A partir de 1865 este país (que se había opuesto a la intervención de Francia, pero que no había adoptado ninguna iniciativa a causa del enfrentamiento civil que se produjo en su territorio) comenzó a presionar a los franceses para que abandonaran México. Cuando éstos se retiraron en 1867, Maximiliano se negó a irse a con ellos. Entre tanto, el gobierno itinerante republicano, a las órdenes de Benito Juárez, prosiguió sus esfuerzos de liberación y, tras sucesivas batallas victoriosas, no tardó en recuperar el control de México. Maximiliano fue capturado por los republicanos en Querétaro, juzgado por un consejo de guerra y fusilado en junio de 1867.

    Carlota de Bélgica(1840-1927) - Emperatriz de México (1864-1867). Hija del rey de los belgas Leopoldo I y de Luisa María de Orleans (hija a su vez del monarca francés Luis Felipe I de Orleans), nació en el castillo de Laeken, próximo a Bruselas. El 27 de julio de 1857 contrajo matrimonio con el archiduque de Austria Maximiliano, con quien se trasladó a Milán al ser nombrado éste gobernador de Lombardía-Venecia. Seis años más tarde, cuando los monárquicos mexicanos ofrecieron al archiduque (que se encontraba en el palacio de Miramar, en Trieste) el trono de su país, Carlota le animó a que aceptara el título de emperador, como así ocurrió en 1864 (por lo que fue proclamado con el nombre de Maximiliano I). Desde entonces, participó en la política interna mexicana y, el 13 de julio de 1866, viajó a Francia para solicitar mayor ayuda militar al emperador Napoleón III, artífice del reinado de su esposo en México. Tras mostrar evidentes rasgos de locura, se dirigió al palacio de Miramar, en Trieste. En septiembre, se entrevistó con el papa Pío IX, con el objeto de aprobar un concordato con el Vaticano. El 6 de agosto de 1867, dos meses después de resultar fusilado su esposo, marchó a Bélgica, en cuyo castillo de Bouchout falleció sesenta años más tarde.

    ***

    Maximiliano era hermano del emperador de Austria; pero por cuestiones políticas había tenido que vivir en un destierro disimulado al castillo de Miramar (frente al Adriático), en compañía de su esposa, la archiduquesa Carlota Amalia, hija del rey de Bélgica.

    Al presentarse la comisión mexicana que iba a ofrecerle la corona imperial, el archiduque, que estaba ansioso de salir de la situación desairada en que vivía, se manifestó dispuesto a aceptar el ofrecimiento, a condición de que fuera llamado por la mayoría del pueblo mexicano.

    Acuerdos entre Napoleón III y Fernando Maximiliano. Los tratados de Miramar. Los convenios de Miramar concertados entre Napoleón III y Maximiliano habían sido elaborados por aquél, cuando el austriaco estuvo en París de marzo de 1864, precisamente después (y a espaldas) de la famosa comisión mexicana, se firmaron estos tratados para el futuro cercano de México.

    Los tratados de Miramar se componían de dos partes: el texto fundamental de 18 artículos y tres cláusulas complementarias secretas.

    Las cláusulas “públicas” de tipo militar estipulaban la permanencia en México de tropas francesas regulares, tendiendo a la reducción de sus efectivos, 28 000 hombres a 20 000 en 1867, es decir, por el cual se comprometía el emperador de Francia a mantener en México un ejército de aproximadamente 25 000 hombres que apoyaría al Imperio durante seis años, y que se irían reduciendo conforme se fueran organizando las tropas imperiales mexicanas.

    Por su parte, México pagará a Francia 270.000,000 de francos por concepto de los gastos de guerra hechos hasta el 1º de julio de 1864, más 76.000.000 por concepto de un emprésito que Francia le otorgaría a México con el interés anual de 3%.

    Además, México pagaría 1,000 francos anuales por cada soldado francés que permaneciera en el país y 400,000 francos por cada viaje de transporte; de igual modo, Maximiliano reconocía todos los créditos franceses, inclusive el de Jecker.

    Asimismo el archiduque se comprometía a seguir en su gobierno una política liberal, conforme a la proclama de Forey.

    Este tratado iba a ocasionar el fracaso del Imperio, ya que México no estaba en condiciones de pagar sumas tan considerables, ni los conservadores habrían de aceptar una política liberal en el gobierno.

    De cómo la aceptación de la corona por Maximiliano estaba lejos de ser el establecimiento de la monarquía. La aceptación de la corona de México por el archiduque de Austria ¿era en realidad el establecimiento serio de la monarquía? El joven príncipe había hecho depender su resolución final de tres condiciones que en abril creyó satisfechas; pero un ligero análisis sugiere el convencimiento de que ni esas condiciones estaban debidamente garantizadas para fundar sobre ellas una confianza racional, y de que, aun cuando lo estuviesen, no bastaban por sí solas para resolver el problema en un sentido favorable. En efecto, conceder valor positivo a las actas de adhesión era verdadero exceso de credulidad, pues saltaba a la vista que era obra exclusiva de un partido, que carecía de vida propia, puesto que se hallaba subordinado en todo y por todo a un poder extranjero. En cuanto al apoyo del ejército francés concertado con Napoleón nada podía ser mas precario e incierto. Por lo que hace al consentimiento del emperador de Austria, apenas merece mencionarse, pues no pesaba nada en la cuestión.

    Dificultades reales de la cuestión. Falta de apoyo interior. Tendencias generales de la América en oposición con Europa. Defensa de México en el cuerpo legislativo francés. Otro debería haber sido el punto objetivo de las consideraciones de Maximiliano, si hubiera querido darse cuenta exacta de la ardua empresa que iba a echar sobre sus hombros. Pobre fue sin duda alguna el concepto que se formó de los mexicanos que le ofrecieron la corona. Sus ideas atrasadas, tenían que parecerle extravagantes, y la prueba de ello es que se resolvió a echar por un cambio del todo diverso al que le señalaban los notables. Los proyectos de Napoleón III no herían únicamente los derechos y la autonomía de un pueblo, lo cual ya era demasiado, sino que lastimaban a todo un continente, bien hallado con sus instituciones. La cuestión de México se había convertido por la misma fuerza de las cosas, en cuestión continental; tanto en el sur como en el norte las simpatías todas estaban del lado del gobierno republicano. Los Estados Unidos, envueltos en una guerra civil, no podían tomar parte activa en la contienda que tan directamente les afectaba (claro, perdían otro gran pedazo de pastel, la tierra de México que tanto ansiaban). En la misma Europa, en la misma Francia, voces elocuentes se levantaban para mostrar con toda claridad los peligros que amenazaban a Maximiliano; las dificultades insuperables con que tendría que luchar el ejército francés para sostenerle en el trono. Oradores de la talla de Thiers, Guéroult, Berryer, Favre, tomaron la palabra en el cuerpo legislativo, el mes de enero de 1864, para patentizar la justicia de México y los planes desastrosos de Napoleón. Thiers aconsejaba resueltamente la retirada entrando en arreglos con Juárez.

    Llegada de los emperadores a México. Aceptada la corona, Maximiliano y Carlota hicieron un viaje a Roma para celebrar una entrevista con el Papa, sin que en ella hubiese ningún arreglo sobre la cuestión eclesiástica mexicana, limitándose a la promesa que les hizo Pío IX de enviar un nuncio para la solución de asuntos pendientes.

    Maximiliano y Carlota se embarcaron en Trieste (Italia) en la fragata Novara rumbo a México, y el 28 de mayo de 1864 desembarcaron en Veracruz donde fueron recibidos fríamente por la población.

    De allí continuaron su viaje a la capital, en donde hicieron su entrada el 12 de junio, siendo magníficamente recibidos por las altas clases sociales y el ejército francés.

    Carta pastoral colectiva. Su significación en las circunstancias en que fue publicada. El mismo día que hizo su entrada solemne Maximiliano en la capital (12 de junio de 1864) apareció una carta pastoral colectiva de los arzobispos de México y Michoacán, y de los obispos de Puebla, Oaxaca, Caradro, Querétaro, Tulancingo, Chiapas, Veracruz, Zamora y Chilapa. Documento curioso e instructivo es ese, pues en él pueden descubrirse los gérmenes del conflicto que bien pronto surgiría entre el archiduque y el clero, que en aquellos momentos se arrastraba a sus plantas. Sus autores no ignoraban que “el príncipe escogido” venía ligado por un pacto solemne a desarrollar en su política el pensamiento napoleónico, expuesto por Forey, confirmado por Bazaine, y realizado en parte por la Regencia. Así, pues, no es de extrañarse suponer que aquella carta fue una especie de advertencia al archiduque, indicándole que la gravísima cuestión eclesiástica dependía en todo sentido de la consideración de su gobierno. Pero Maximiliano, que no hizo ningún trato con la Iglesia por la corona, más adelante declaró la libertad de cultos.

    Los imperialistas ocupan casi todo el país. Para sostener su gobierno, Maximiliano contaba con un ejército de 63,000 hombres, de los cuales 28,000 eran franceses, 6,000 austríacos y 1,300 belgas, además de 20, 000 mexicanos y 8, 000 guardias rurales.

    Por órdenes del general Bazaine el ejército imperial avanzó rápidamente hacia el norte y oeste del país, en donde se posesionó de las plazas de Guadalajara, Aguascalientes, Zacatecas y Durango.

    Casi al mismo tiempo otras divisiones francomexicanas se apoderaban de Saltillo, Monterrey y Matamoros en el norte (agosto - septiembre), y poco después las fuerzas invasoras se hacían dueñas de Colima y Mazatlán en el occidente (julio a diciembre de 1864).

    A pesar de que la situación era favorable a los imperialistas, ya que habían ocupado las ciudades más importantes del país, sin embargo las fuerzas republicanas no cejaban en la lucha y obtenían algunos triunfos, como los del general Antonio Rosales, en Sinaloa, y los del general Porfirio Díaz, en Oaxaca.

    No obstante, no faltaron algunos militares republicanos que, desalentados por los triunfos de los invasores, reconocieron al Imperio; entre ellos el gobernador de Nuevo León, Santiago Vidaurri, que después de rebelarse contra Juárez se sometió al Imperio.

    Juárez se refugia en paso del norte. Bazaine, deseoso de aniquilar al gobierno republicano, que iba peregrinando de lugar en lugar ante el avance de los imperialistas, mandó una fuerte columna sobre Chihuahua en donde se hallaba Juárez, viéndose éste obligado a retirarse hasta Paso del Norte (hoy ciudad Juárez), en la frontera con los Estados Unidos (agosto de 1866).

    Durante todo el tiempo que duró la guerra, Juárez fue casi únicamente reconocido como Presidente de la República por los jefes republicanos y por los gobiernos de los Estados, quienes se atenían a sus propios elementos y recursos, siguiendo las instrucciones recibidas del Supremo Gobierno.

    Golpe de estado de Juárez. El 1º de diciembre de 1865, en plena lucha contra la intervención francesa, terminó el periodo constitucional de Juárez, que había sido electo Presidente de la República en marzo de 1861.

    Estando para terminar su periodo constitucional, Juárez dio un decreto en Paso del Norte ( 8 de noviembre de 1865) por el cual declaraba prorrogado el periodo de sus funciones presidenciales, así como la del Presidente de la Suprema Corte, Jesús González Ortega, en virtud de ser imposible hacer elecciones por estar el país en guerra y ocupado por los invasores.

    Tal decreto ocasionó una protesta del General González Ortega, quien pretendía asumir el Poder Ejecutivo en virtud de sus títulos constitucionales, por ser el Presidente de la Suprema Corte, juzgando la prórroga del mandato de Juárez como un golpe de Estado.

    Pero la mayoría del partido liberal estuvo conforme con aquella medida extraordinaria, considerando indispensable la presencia de Juárez en el gobierno, tanto porque estaba investido de facultades extraordinarias por el Congreso, como porque él personificaba a la República frente a la intervención y al Imperio.

    Gobierno de Maximiliano

    Las primeras contradicciones de su gobierno se dieron con los conservadores. Tanto Forey como Bazaine habían proclamado su adhesión a las leyes de Reforma y Maximiliano también lo hizo como liberal que era. El problema consistía en que no lo habían mandado a llamar los liberales, sino los conservadores: había sido el clero, Gutiérrez de Estrada, Hidalgo y toda la cauda de reaccionarios a los que había que unir al oportunista Almonte. Más Maximiliano el no menos pequeño, de suscribir principios tan reaccionarios como los que propugnaban un Murguía, un Labastida o un Velásquez de León, del alto clero político y que además no contaban con las reales fuerzas del poder.

    Es así que las medidas liberales, desde las leyes Lerdo, Juárez e Iglesias, y la Constitución de 1857 hasta las más radicales leyes de Reforma, fueron suscritas por el Imperio de Maximiliano: desamortización y nacionalización de bienes eclesiásticos, libertad de cultos, separación entre Iglesia y Estado, Registro Civil; medidas todas ellas tomadas no sólo para atraerse a los liberales sino por el avance histórico que implicaban. El Estatuto Provisional del Imperio sustituiría, en cuanto a forma de gobierno, más no en su esencia, a la constitución de 1857.

    La cuestión eclesiástica. Llegada del Nuncio Apostólico. El nuncio apostólico, Pedro Francisco Meglia llegó a México, con la misión exclusiva de dar marcha atrás al movimiento reformista, acabando todo ello en una mayor tirantez política, debido a la posición liberal de Maximiliano. En enero de 1865 publicó un decreto que exigía el permiso imperial para que las bulas papales pudieran ser publicadas; a continuación, en febrero, promulgó el decreto que establecía la libertad de cultos y la revisión de las ventas de los bienes eclesiásticos.

    La crisi que atravesaba el gobierno del archiduque iba a gravarse considerablemente con esta llegada. En la carta de Pío IX al archiduque, entregada por el Nuncio después de la ceremonia, era fácil descubrir el pensamiento de la corte romana, y la poca esperanza que podía abrigarse de llegar por aquel camino a la solución de las cuestiones pendientes. En ella exigía el Papa que la religión católica fuese la única que se admitiera en México; que los obispos tuviesen entera libertad en el ejercicio de su ministerio pastoral, que se restableciesen las órdenes religiosas con arreglo a las instrucciones y poderes dados, que el patrimonio de la Iglesia y los poderes dados, que el patrimonio de la Iglesia y los poderes que le son anexos estén protegidos y defendidos; que nadie tenga autorización para enseñar ni publicar máximas falsas ni subversivas; que la enseñanza tanto pública como privada, sea dirigida y vigilada por la autoridad eclesiástica; y que, en fin, se rompan las cadenas que han tenido hasta ahora a la Iglesia bajo la dependencia y despotismo del gobierno civil.

    Todo ello llevó al rompimiento con el nuncio y al distanciamiento nada menos que con el clero y los conservadores más poderosos del país. Maximiliano se enemistaba, con su base apoyo nacional, lo cual se ahondó al sacar del país con medidas disfrazadas de cargos políticos a Márquez y Miramón, brazos armados de los conservadores. Más aún, su política conciliatoria lo llevó a llamar a colaboradores liberales moderados. Esto lo enemistó aún más con los conservadores que, ahora sí, sentían que habían sido traicionados; peor aún: utilizados.

    ***

    Había además el problema de los nacionales y los extranjeros. Maximiliano se rodeó siempre de extranjeros a los que colocó en sitios claves, dejando a los mexicanos en lugares más decorativos, pero sin poder de decisión. Formó dos órganos contradictorios. Por un lado el Consejo de Estado, donde había nacionales, muchos de ellos liberales moderados. Frente a él integró un gabinete particular, órgano intermediario por cuyo conducto pasaban todos los asuntos. Estaba formado por extranjeros de varios países, desconocedores de la realidad nacional y del idioma. Era frecuente que existieran contradicciones entre las órdenes de los ministros y los del gabinete particular, lo cual llevaba a la parálisis gubernamental.

    Maximiliano dictó el 10 de abril de 1865 el Estatuto Provisional del Imperio Mexicano, aunque por supuesto difiere sustancialmente en la forma de gobierno: monarquía moderada, hereditaria y católica. Reafirma la prohibición de los bienes de las corporaciones. También dictó leyes facilidades a la inmigración extranjera con el propósito de colonizar.

    Más importante acaso, era la ley reglamentaria de los artículos 58, 69 y 70 del Estatuto Orgánico del Imperio, que liberaba a los peones endeudados. Aquí se va mas adelante que todos los gobiernos liberales desde Ayutla al estallido del movimiento de 1910, aunque habría que ver: a) Qué aplicación real podría tener en las condiciones políticas en que se gestó, y b) Hasta que punto fue una medida demagógica.

    El aparato de opereta, las fiestas, las órdenes y condecoraciones preocupaban a Maximiliano muchas veces por sobre los problemas políticos y militares. Mandó embellecer los palacios de Chapultepec y Cuernavaca, restableció la Orden de Guadalupe, creó nuevas condecoraciones, escribió varios volúmenes sobre la vida en la corte, ceremonias, adornos y esplendor que saldría más caro que cualquier gobierno en México. Mandó arreglar la “Avenida de los Emperadores”, más adelante por ironías de la historia llamada Paseo de Reforma.

    Decretó la libertad de imprenta, creó la Academia de Ciencias y Literatura, así como el Museo de Historia Natural y Arqueología; estableció nuevas cátedras en la Academia de San Carlos; creó el Ministerio de Instrucción Pública y Cultos; dispuso que los libros de texto fueran aprobados por el gobierno. Todo un aparato cultural, de oropel, que no, tocaba ni por asomo los problemas reales del país y que serviría de escaparate a las cortes europeas.

    Muchos conservadores conspiraban: el general Juan Vicario se levantó en armas en Morelos, en tanto que Francisco de Paula y Arrangoiz, ministro de Maximiliano en Europa, renunció por la “funesta política” del emperador. Mientras la unión franco-conservadora se resquebrajaba con Maximiliano en medio, la lucha republicana crecía a pasos agigantados.

    Dificultades con Bazaine. A estas dificultades se agregaban las diferencias surgidas entre Maximiliano y el mariscal Bazaine, quienes mutuamente se hacían cargos ante Napoleón III, aduciendo que el primero no podía organizar la hacienda pública y que el segundo era imponente para sofocar la rebelión popular; llegando Maximiliano a pedir la retirada del mariscal.

    Bazaine hizo creer a Maximiliano que el país estaba enteramente pacificado, y que el gobierno republicano había desaparecido por haber cruzado Juárez la frontera con E.U. En tales circunstancias, firmó un decreto (3 de octubre de 1865) por el cual declaraba bandidos y criminales a todos los republicanos que quedaban en el país por no tener ya causa que defender, y por tal motivo serían condenados a muerte dentro de veinticuatro horas, todos los que fueran cogidos con las armas en mano.

    Esta tremenda disposición fue aplicada a distinguidos personajes del partido republicano, entre otros a los generales José María Arteaga y Carlos Salazar, que en unión de varios jefes y oficiales fueron fusilados en Uruapan Mich.

    Conflictos de Napoleón III. En Europa el desprestigio de Napoleón iba en aumento, por el fracaso de su expedición a México y la fallida intención de crear un imperio favorable a los intereses de Francia y que contuviera la creciente expansión norteamericana.

    Pero, además, había surgido en Europa una nueva nación fuerte y pujante, Prusia, que bajo la dirección del canciller Birmarck se disponía a lograr la hegemonía de los Estados germánicos y derribar la supremacía de Francia.

    Por otra parte, habiendo terminado la guerra de secesión en los E.U., que les impidió protestar oportunamente contra la intervención francesa, el ministro de Relaciones americano, Mr. Seward, manifestó a Napoleón III que su país veía con desagrado que el ejército francés hubiera invadido a México, atacando a un gobierno republicano que gozaba de la simpatía de la Unión Americana, y que intentara reemplazarlo por una monarquía, y le exigía el inmediato retiro de las tropas francesas fuera de México.

    Estas fueron las causas principales que determinaron la salida del ejército expedicionario francés en 1866, ya que no le convenía a Napoleón comprometerse en una guerra con los E.U. teniendo frente a sí la amenaza de la guerra con Prusia.

    Actitud ambivalente de los E.U. ante el gobierno de Maximiliano. Como ya he dicho, quien realmente se encargó de la política internacional fue Seward, ministro de relaciones.

    Cuando el problema de la Alianza tripartita, Seward, a través del embajador yanqui Corwin, propuso pagar la deuda mexicana a cambio, de hecho, de la hipoteca territorial que abarcaba Baja California, Chihuahua, Sonora y Sinaloa. Como hemos dicho, en la Convención de Londres se invitaba a participar a E.U., que declina pretextando una política neutral como oficial de este país, posición que mantendrá en adelante con un total oportunismo.

    Retirada del ejército francés. Cuando Maximiliano recibió la comunicación de Napoleón III anunciándole el retiro del ejército francés, dos años antes del plazo fijado por el Tratado de Miramar, el emperador pensó en abdicar el trono de México, ya que era insostenible el Imperio sin el apoyo de los franceses por haberse descuidado la organización del ejército imperial mexicano.

    Pero Carlota no se resignó a perder la corona, y se embarcó rumbo a Europa, dispuesta a exigir a Napoleón el cumplimiento del Tratado de Miramar y a solicitar la ayuda del Papa (julio de 1866).

    A medida que las fuerzas francesas se concentraban en Veracruz para ser embarcadas, las tropas republicanas iban ocupando progresivamente y casi sin combatir varias ciudades importantes del norte, como Chihuahua, en donde se instaló el gobierno de Juárez; Saltillo, San Luis, Hermosillo y Guaymas.

    Las tropas francesas, que habían empezado a embarcarse el 18 de diciembre de 1866, acabaron de salir del país el 11 de marzo de 1867 fecha en que también se embarcó Bazaine.

    Fracaso de Carlota. La emperatriz llegó a Francia y celebró dos entrevistas con Napoleón, reclamando su ayuda para el Imperio y tratando de evitar el retiro de las tropas francesas. Pero el emperador declaró terminantemente que no ayudaría en nada.

    Abatida por la pesadumbre que le causó esta negativa, Carlota se dirigió a Roma en busca de apoyo; pero al encontrarse frente a Pío IX estalló la locura de la emperatriz, al darse cuenta que la causa del Imperio estaba perdida.

    Entonces fue conducida a Bélgica por su hermano y recluida en el castillo de Bouchoutt, en donde vivió sin recobrar la razón hasta 1927.

    Caída del Imperio

    La agudización de las contradicciones en el gobierno imperial. Todos los problemas que se han señalado anteriormente, como la dependencia económica, política y militar de Maximiliano con respecto a Francia; las incongruencias de la política del propio emperador; las contradicciones con los conservadores; la situación político-militar interna enmarcada con la lucha creciente de los liberales; y el estrangulamiento económico final; nos dan, la clave de la grave crisis que aqueja a dicho gobierno.

    Sólo era cuestión de tiempo. Las bases en las que se estableció el Imperio eran endebles y ningún gobernante sensato y realista hubiera aceptado embarcarse en una aventura como esta, que ahora fracasaba. Todo estaba preparado para el fracaso: la apreciación errónea de la Guerra de Secesión y su resultado, el supuesto partido monárquico mexicano, el también supuesto caos del país, las condiciones del tratado de Miramar, la sobrevaloración del ejército de ocupación francés, la subestimación de los liberales, la subestimación del pueblo mexicano, la indiferencia hacia la propia reacción política interna de Francia ante el Imperio, la falta de previsión sobre el creciente poderío prusiano...

    La situación internacional desfavorable. Fin de la Guerra de Secesión con el triunfo del Norte. Retiro de tropas francesas en México. Preparación de la Guerra Franco-Prusiana. La situación internacional, que en años atrás había sido el marco propicio para la Intervención, se tornaba ahora desfavorable a la misma. Esta problemática culmina en un hecho de alcances previsibles para la suerte del Imperio: la retirada de las tropas de ocupación en México.

    Napoleón III declaró sin valor el convenio de Miramar, ante el avance implacable de tres símbolos históricos: el triunfo del Norte sobre el Sur en los Estados Unidos, la integración del estado alemán en Europa, y sobre todo el triunfo y consolidación de la República en México.

    Una de las bases falsas que se venía abajo: Francia se embarcó en la aventura de México calculando que el Norte sería derrotado por el Sur en la Guerra de Secesión. Sucedió lo contrario: cuando el general Robert Lee, de los Confederados, se rendía ante el general norteño Ulises Grant en abril de 1865, a favor de América.

    El triunfo del Norte significó una importante revolución social que al abolir gran parte de las instituciones sureñas como la esclavitud, sentó las bases de una potencia mundial. Los Estados secesionistas fueron reincorporados a la Unión y ahora eran de los norteños quienes dirigían tanto la política interna como la externa del país. Aunque Lincoln fue asesinado al finalizar la guerra, estaba clara la política de los republicanos: presionar en el sentido de que Francia retirara sus tropas de México e igualmente apoyar en lo posible la lucha de los liberales mexicanos.

    Efectivamente comenzaron las notas diplomáticas yanquis a Francia y con la Doctrina Monroe resucitada se pedía el retiro armado de México, al tiempo que ahora sí se permitía a los liberales conseguir armas en territorio norteamericano. Se había acabado la Guerra Civil y existían fuertes excedentes de equipo bélico. Aunemos a ello el permiso a los soldados desmovilizados de participar apoyando a los republicanos mexicanos contra los franceses.

    Había en Europa peores problemas para Bonaparte. En su propio país crecía la oposición a su aventura mexicana; una aventura costosa en hombres y dinero.

    Ni un franco con destino a México se obtendría ya de la Cámara Legislativa o de los financieros franceses. Además Alemania se estaba preparando militarmente.

    A partir de ese año Prusia y Austria lucharon por el dominio de la Confederación germánica. La Prusia de Bismarck pretendía crear la nacionalidad alemana, lo que implicaba acabar con la hegemonía francesa. Los prusianos emprendieron tres guerras con el objeto de unificar Alemania: contra Dinamarca, contra Austria y finalmente contra Francia.

    En 1864 al pretender Dinamarca la modificación de los ducados de Schleswing y Holstein, Austria se opuso y con el apoyo prusiano se impusieron, repartiéndose el pastel en una alianza con Italia para de paso neutralizar a Francia.

    Tocó el turno a los austriacos y Maximiliano tuvo que enterarse de la derrota de sus paisanos a manos de Prusia en 1866, lo que dio dominio a ésta desde Rusia hasta Francia, sobre una población de 25 millones. El resultado es claro: Alemania surgía tanto política como militarmente; y sin embargo, faltaba una consolidación económica para la cual necesitaba arrebatar territorios a Francia.

    Toda Europa sabía que el enfrentamiento entre Prusia y Francia era inevitable; así, Napoleón tenía que concentrar sus tropas: para ello era indispensable repatriar las que se encontraban en México.

    En diciembre de 1866 Bazaine recibió de Bonaparte la orden de retiro de las tropas francesas y en enero de 1867 comenzó el proceso de embarcar al ejército. Para el 11 de marzo la retirada era total; Maximiliano perdía su base de apoyo. Conocidos los acontecimientos que sucedieron a Carlota al tratar desesperadamente de obtener apoyo en Europa para el Imperio; perdió la razón, aunque Maximiliano la había perdido desde que aceptó venir a México.

    Crece el poderío de los republicanos. Cuando los franceses desocupaban ciudades, de inmediato los sustituían los republicanos; eso sucede en todo el territorio prácticamente, por los triunfos militares obtenidos. La balanza cambiaba a favor de la República. Los destacamentos guerrilleros se habían convertido, poco a poco, en poderosos ejércitos armados, disciplinados y con una inmensa seguridad en la victoria final; Mariano Escobedo, Ramón Corona, Riva Palacio, Porfirio Díaz, representaban ya el inminente triunfo. Políticamente era ya muy grande el prestigio de Juárez, apenas comparable al desprestigio de Maximiliano y los conservadores; ante el pueblo quedaba muy claro quiénes tenían históricamente la razón. Los años de lucha y sacrificios, de asesinatos, de fusilamientos sin juicio, de incendios de pueblos enteros, de ver pisoteado el territorio, habían formado en el pueblo mexicano ahora sí un sentimiento de unidad nacional frente a las agresiones dentro y fuera.

    Reconciliación de Maximiliano con los conservadores y el fin del Imperio en Querétaro. En noviembre Márquez y Miramón regresaron de su destierro para ponerse a las órdenes de Maximiliano. Este había citado en Orizaba a sus allegados para tratar el asunto de su abdicación. Pero ahí recibió la noticia de que tanto su hermano Francisco José como su madre la archiduquesa Sofía, se oponían no sólo a su abdicación sino también a su regreso.

    Así que, por presiones familiares y de los conservadores, Maximiliano optó por sostenerse en su ilusorio poder, volviendo a los brazos de la reacción. Era una reconciliación no tanto por identificación política como por necesidad de subsistencia; ambos se jugaban la última carta.

    Pero ya era demasiado tarde. La pugna inicial entre el Imperio y los conservadores debido a los tintes del primero y al fanatismo de los segundos, había derrumbado ya las filosofías intermedias y. Por tanto, toda posibilidad de transacción. Los liberales moderados que en un principio apoyaron al Imperio, dejaron de existir; los que se hallaban más cerca de los conservadores se volvieron ultrarreacionarios y los más cercanos a los liberales se hicieron definitivamente republicanos.

    Los liberales avanzaban incontenibles y aunque tuvieron un tropiezo ante Miramón en Zacatecas, marcharon con tremenda fuerza a la Capital. Hacia febrero las tropas republicanas sumaban 40 mil hombres, armados, disciplinados y con una mentalidad triunfadora. Los conservadores llegaban solamente a 13, 500. Los monárquicos se concentraron en Querétaro, donde al mando de 9 mil hombres resistirían el embate republicano.

    Márquez salió de Querétaro, junto con Vidaurri, rumbo a México en busca de refuerzos. Díaz lo intercepta en San Lorenzo y sitia México. Imposibilitado Querétaro de recibir auxilio, cercado México. Hacia ellos apuntan las armas republicanas. Allí acuden numerosas guerrillas que habían luchado contra el invasor francés, ahí se reunirán con los ejércitos formales republicanos para aprestarse a la batalla decisiva.

    Mientras Miramón y Mejía preparaban el rompimiento del sitio, Maximiliano enviaba al coronel Miguel López a negociar la entrega de la plaza (a espaldas de los conservadores); pedía a cambio de que lo dejaran trasladarse a Tuxpan o Veracruz, jurando no volver a pisar territorio mexicano.

    Naturalmente Mariano Escobedo rechazó la petición, cayendo finalmente Querétaro el 15 de mayo de 1867.

    Fusilamiento de Maximiliano. Juárez ordena un consejo de guerra a Maximiliano, Miramón y Mejía. Empieza ahora el desfile de peticiones de perdón, las notas diplomáticas en tonos hacia el mismo objetivo. Desde Garibaldi a Victor Hugo, varios gobiernos de Europa y el de Estados Unidos. Maximiliano pide entrevistarse con Juárez, que se niega. La otrora Conchita, esposa de Miramón, pide clemencia. Estados Unidos presiona.

    Finalmente el 19 de junio de 1867 son fusilados en el Cerro de las Capanas, Querétaro, Maximiliano, Miramón y Mejía.

    Dos meses después llegó a Veracruz la fragata Novara, que venía a recoger los Restos De Maximiliano, solicitados por el emperador de Austria y el 27 de noviembre de 1867 se embarcó el cadáver del infortunado archiduque en aquella misma nave en que había venido con la ilusión de gobernar México.

    Así terminó aquel Imperio soñado por los conservadores, que costó a Francia 900 millones de francos y la vida de 65, 000 imperialistas, mas otros tantos soldados republicanos que se sacrificaron por la Independencia.

    Toma de México por los republicanos. Márquez fue sitiado en la ciudad de México por el general Porfirio Díaz; pero cuando vio que la defensa era imposible, huyó, dejando la plaza en poder del general Tavera, quien se rindió al general Díaz, entrando éste en la capital (21 de junio de 1867).

    Juárez ordenó que se fusilara a los generales Vidaurri y O'Horan que habían caido prisioneros, y que se aprehendiera a todos los que habían servido al Imperio.

    Con la toma de México y la de Veracruz (28 de junio) se consumó el triunfo de la República sobre el fracasado Segundo Imperio.

    Entrada de Juárez en la capital. El presidente Juárez entró en la capital el 15 de julio de 1867, acompañado de sus ministros Sebastián Lerdo de Tejada, José María Iglesias e Ignacio Mejía, restableciendo así el orden constitucional.

    El patriotismo y la energía del Presidente, manifestados en la defensa de la Patria, le hicieron acreedor a la estima universal, y los gobiernos de Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Perú y Uruguay lo declararon Benemérito de las Américas.

    Conclusiones

    La intervención francesa y el Segundo Imperio tuvieron gran importancia para el porvenir de México, porque durante el desarrollo de la lucha el pueblo fue unificándose y despertando su conciencia nacional; esto mas obvio no pude ser, pues a pesar de su reinado, la gran mayoría del pueblo siguió confiando en Juárez y durante toda su travesía por la República nunca pudo ser atrapado pues contaba con el pueblo.

    El derrumbamiento del Imperio borró para siempre toda idea monárquica y suprimió de allí en adelante todo intento de intervención extranjera, haciendo ver sus inconvenientes y su fracaso final.

    La tragedia de 1867 hizo definitivo el triunfo de las ideas liberales y reformista. En 1861 el partido conservador sólo había quedado vencido y desarmado; pero después de la caída del Imperio el partido conservador quedó desorganizado y vencido “para siempre”.

    En cambio, las ideas liberales y reformistas dejaron de ser el patrimonio de un partido para convertirse en el ideario de la nación entera.

    La pequeña burguesía liberal, que había dirigido la lucha contra el militarismo y el clericalismo, vino a constituir después de la victoria el grupo director del país en la época de reconstrucción que siguió a la caída del Imperio.

    Bibliografía

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    Acosta Meléndez, Raúl. “La Nueva Guía Propuesta XXI”. Talleres de Promoffset, México, DF, 2004. Cuarta edición. pp. 378.

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