Historia de México

Historia de América. Conquista. Culturas precolombinas. Moctezuma. Hernán Cortés

  • Enviado por: Yayo
  • Idioma: castellano
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América precolombina, oséa, antes de la llegada de los españoles, estaba habitada por diversas civilizaciones y grupos étnicos con diferentes grados de desarrollo. Podemos nombrar a:

Los Aztecas, los Mayas, los Incas, como las civilizaciones más importantes y que dejaron mayores vestigios; y también a grupos y pueblos como los Diaguitas, Atacameños, Picunches, Alacalufes, Onas, etc; todos estos habitantes de lo que hoy en día es Chile.

El siguiente trabajo se refiere a la conquista de México (incluyendo a los Aztecas y Mayas), a la civilización Inca, y al pueblo Sélknam u Ona y ¿como? y ¿por qué ¿ fueron desapareciendo al punto de que ya prácticamente no quedan descendientes directos vivos.

El Imperio azteca:

En el siglo XI los toltecas entraron en decadencia y abandonaron su metrópoli, Tula. Grupos de chichimecas, de carácter nómada, se impusieron en la región central de México. Dos siglos más tarde siete tribus nahuatlacas llegaron al valle de México procedentes del norte, de un lugar que en los mitos se conoce como Chicomoztoc, `las siete cuevas'. El grupo azteca, más tarde llamado mexica, la tribu más importante, fundó un asentamiento denominado Tenochtitlán en un área rodeada por lagos, entre ellos el de Texcoco. Conforme el asentamiento crecía, su valor militar era mayor debido a la construcción de calzadas que represaban el agua de los lagos de los alrededores y convertían a la ciudad en una isla fortaleza prácticamente inexpugnable. Bajo el mando de Itzcóatl, este grupo extendió sus dominios a todo el valle de México, llegando a ser la principal potencia del centro y sur de México cerca del siglo XV. Su civilización, basada en la tolteca y chichimeca, fue muy desarrollada, tanto intelectual como artísticamente. La economía azteca dependía de la agricultura, particularmente del cultivo del maíz y de los tributos que exigían a los pueblos dominados en la guerra. Según se hacían más ricos y poderosos, los aztecas construyeron grandes ciudades y desarrollaron una intrincada organización social, política y religiosa.

El primer explorador europeo que llegó al territorio mexicano fue Francisco Hernández de Córdoba, quien descubrió los varios asentamientos mayas en Yucatán en 1517. Un año más tarde Juan de Grijalva encabezó una expedición que exploró las costas orientales de México y entregó a la colonia española en Cuba los primeros informes acerca del rico Imperio azteca. Esos informes motivaron a Diego Velázquez, gobernador de Cuba, a enviar una gran fuerza en 1519, bajo el mando de Hernán Cortés.

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LA CONQUISTA DE MÉXICO:

La llegada de los españoles a México ocurrió en el año de 1528 cuando una expedición de cuatro navíos y 200 hombres capitaneados por Juan de Grijalva, provenientes de España tocó tierras de México.  Primero en Cozumel, continuó por las costas de Yucatán y a lo largo se encontró con la desembocadura de un río que llamaron Grijalva, en honor a Juan de Grijalva.  Desembarcaron en una pequeña isla de San Juan de Ulua, frente al Puerto de Veracruz.  Obtuvo suficiente información sobre los pueblos mesoamericanos, y siguió explorando las costas del Golfo, llegando hasta la región del Panuco, y cuando llegaron a Tampico, hicieron el regreso a Cuba.

Como la información obtenida indicaba la existencia de pueblos más avanzados y con mayores riquezas que los antillanos (de las Antillas, archipiélago del Atlántico, situado entre América del Norte y el Sur a la entrada del golfo de México), tiempo después descubrieron que era la gran Tenochtitlán.

Para organizar y dirigir la nueva expedición hacia México, Velázquez nombró a Hernán Cortes. Éste, hijo de Martín Cortés, un antiguo soldado empobrecido, y de doña Catalina Pizarro.  Había nacido en 1485 en Medellín, España.  Habiendo estudiado en la Universidad de Salamanca, en 1504, la abandonó para embarcar hacia América, en busca de la aventura. Cortes logro reunir los fondos para la expedición y salió precipitadamente, ya que Velázquez le había ordenado detener la partida.

Así, en febrero de 1519, acompañados por los capitanes Pedro de Alvarado, Gonzalo de Sandoval, Cristóbal de Olid y Francisco de Montejo, partió con 11 barcos, 508 soldados, 16 caballos y 4 cañones.

Primero tocaron la Isla de Cozumel, donde a fin de obtener la mayor información posible acerca de la región y sus pobladores, adoptó la política de llevarse bien con los indios.  Cortes tuvo noticias de que al interior de Yucatán había algunos paisanos suyos.  Y eran, Gonzalo Guerrero y Jerónimo de Aguilar, que habían naufragado en años anteriores y habían tenido que quedarse a vivir con los Mayas.  Cortes mandó llamarlos, pero solo Jerónimo de Aguilar acudió a su llamado y se convirtió en el intérprete de Cortes, ya que conocía la lengua maya.

El recorrido continuó rumbo al oeste, penetrando en el río Grijalva, en donde se hizo una batalla, en la que ganando, se adueñó de la región. Cortes hizo la Paz con los indios, quienes le trajeron varios regalos y veinte mujeres, entre ellas una que se llamaba Malintzin, que además de hablar el maya, también hablaba el náhuatl, la lengua que se hablaba en el Centro de México (la gran Tenochtitlán).  Mientras que en la Gran Tenochtitlán, Moctezuma, supuesto tlatuani mexica, estaba muy preocupado, pues no sabían quienes eran, ni de donde venían, ya que traían cosas muy extrañas y eran diferentes a los demás, eran altos y gueros. Según una leyenda, Qutzalcoatl, el dios supremo, había jurado regresar (haciéndolo desde el mar) y vengarse por haberlo despojado de su reino.

La descripción que se hace de este dios, era la de un hombre blanco, de ojos claros y barbado, por eso es que Moctezuma, al ver que los españoles tenían los rasgos de este dios y venían del mar, pensó que podía ser él, y para muestra de su agrado, le mandó regalos muy preciosos a Cortes, entre ellos placas de oro y plata, adornadas de grandes figuras hermosas, entre ellos el sol y la luna.

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Moctezuma, al recibir los informes y dibujos que sus embajadores le trajeron acerca de los españoles, se preocupó profundamente y envió nuevos regalos a Hernán Cortes, a fin de hacerlo desistir de sus intenciones de avanzar hacia la gran Tenochtitlán.

En agosto de 1519, el conquistador decidió partir hacia el centro de México acompañado de 400 soldados españoles y otros tantos aliados totonacas que habían tenido problemas con los del centro, porque les cobraban impuestos a todos los estados y eran muy agresivos, así es que decidieron unirse para luchar contra ellos (que fue un error muy grande).

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En la mayoría de los pueblos que pasaban, los nativos trataban de luchar contra ellos, con flechas y otras armas, incluso hasta piedras, pero siempre perdían, pues los españoles traían armas de fuego y en Cholula, Cortes pidió 200 soldados.  En Cholula, los españoles atacaron a los indígenas, quienes hicieron una gran matanza, eso hizo que los otros pueblos se asustaran y por ello se sometieron al dominio español.

Los españoles pasaron por muchos lugares, entre ellos Amecameca y Chalco, hasta llegar el 8 de noviembre de 1519 a la gran Tenochtitlán.

Moctezuma salió a la visita con su mejor vestimenta e hicieron intercambio de regalos, los visitantes fueron hospedados en el palacio de Axayácatl, los españoles quedaron sorprendidos de las grandes dimensiones de la ciudad, de sus templos, edificios, plazas y lo más impresionante era que tenía una gran cantidad de habitantes, también se dieron cuenta de las grandes riquezas y tesoros de Moctezuma, que eran joyas, oro y piedras preciosas.

Los visitantes estuvieron hospedados y así pasaron los días.  Al siguiente año, Pánfilo Narváez arribó a Veracruz, enviado por Diego Velázquez con el fin de cobrar la traición de Cortés; al darse cuenta Cortés de eso, salió de Tenochtitlán rumbo a Cempoala, en Veracruz, en donde sorprendió a su adversario y lo derrotó.  Cortés, al estar fuera dejó encargado a Pedro de Alvarado y este hizo prisionero a Moctezuma.

Un día de celebración de la fiesta de un dios llamado Tezcatlipoca, toda la gente estaba reunida en el templo mayor.  Alvarado dio la orden para que los soldados españoles atacaran impasivamente sobre la gran multitud de la población indígena, efectuando una gran matanza.  Esto provocó que el pueblo Mexica se revelara contra los españoles.  Ante ello Pedro de Alvarado ordenó a Moctezuma que calmara su gente, pero el pueblo no le hizo caso y siguieron los ataques contra los españoles.  Alvarado temía que
pasara algo grave y entonces mando llamar de urgencia a Cortés para que regresara lo más pronto posible.

Hernán Cortés regresó el 24 de junio de 1520.  El también habló con Moctezuma para que tranquilizara a la población, este lo hizo a través de su hermano Cuitláhuac, quien estaba en desacuerdo con Moctezuma, y entonces este se puso al lado del pueblo.  El 25 de junio toda la ciudad estaba en armas.

Cortés pidió nuevamente a Moctezuma que retirara al pueblo, pero ellos nuevamente no le hicieron caso y le aventaron piedras, y quizá ello ocasionó que a los pocos días muriera el gran monarca o según algunas
versiones, cuentan que el mismo Cortés le quitó la vida.

Cuitláhuac hermano de Moctezuma, asumió el mando del gobierno y del ejército.

La noche del 30 de junio, los conquistadores decidieron abandonar la ciudad de la gran Tenochtitlán, con mucho cuidado y sin hacer ruido.  Se estaban escapando por la avenida Tacuba, pero los Mexicas se dieron cuenta de que escapaban y empezaron los avisos entre el pueblo para pelear contra los
españoles; la batalla fue sangrienta, terrible y más de la mitad de los españoles muertos y hundidos en el lago que rodeaba a la ciudad.  Fue mucho el desastre, que el conquistador Cortés se retiró y lloró su derrota al pie de un árbol que se conoce como "El árbol de la noche Triste".  Con el resto del ejército, Cortés se fue por el este de la ciudad de México rumbo a Tlaxcala en donde logró recuperarse de su derrota.

Los españoles re-iniciaron la conquista contando otra vez con los aliados indígenas.  Cortés enfurecido cortó todas las comunicaciones de la gran Tenochtitlán con los pueblos vecinos, luego mandó construir unos bergantines y después de unos meses decidió atacar nuevamente al pueblo Mexica.

Por su parte, Cuitláhuac, nuevo emperador azteca, se dedicó a preparar la defensa de la capital, envió mensajeros a Tlaxcala, Michoacán y otros pueblos, ofreciéndoles perdonar los tributos que les tenían que pagar a cambio de pelear contra Cortés y sus soldados.  no muchos acudieron a su llamado, y para desgracia de los indígenas su nuevo emperador había muerto de viruela, una enfermedad traída por los españoles,  a su muerte fue sustituido por Cuauhtémoc (último emperador azteca) .

Los españoles contaban con cerca de mil soldados y unos cuantos cañones, además del traslado de bergantines al lago, también contaba con miles de indios aliados.  El 26 de mayo de 1521 cerró el sitio sobre Tenochtitlán.

Los españoles cortaron el suministro de agua que fluía desde Chapultepec. La escasez de alimentos y otras carencias fueron suficientes para que los Mexicas no pudieran resistirlo durante más de 3 meses y el 13 de agosto cayó la ciudad, Cuauhtémoc fue hecho prisionero.

El pueblo indígena tuvo que enfrentarse contra otro pueblo que le era desconocido.  Los españoles aprovecharon las ventajas de su organización y de adelantos tecnológicos como la pólvora, las armas de acero, los caballos de guerra y de su gran forma de organización para atacar.  Cabe destacar
que España, en su organización, llevaba siglos de adelanto en relación con los pueblos indígenas.

En un principio los pueblos indígenas confundieron a caballos y jinetes con un solo rey, y los conquistadores sacaron ventaja de esta situación, la luminosidad de las armas de pólvora, además de su mortífero efecto, causaron miedo entre los nativos.  Con la conquista de los españoles, cambiaron muchas cosas, una de ellas fue la religión.

Gobierno de Cortés:

Entrado ya el año siguiente, y obedeciendo instrucciones de Carlos V, Cortés emprendió un viaje a España. Llegó al puerto de Palos y tras pasar por Sevilla, Medellín y el monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe, se entrevistó con el emperador en Toledo. Aunque no recobró el gobierno de la Nueva España, obtuvo al menos el título de marqués del Valle de Oaxaca, así como 22 villas y 23.000 vasallos. Casado con doña Juana de Zúñiga, hija del conde de Aguilar, regresó a México hacia mediados de 1530.

La Nueva España se encontraba entonces en grande agitación debido a los desmanes de Nuño Beltrán de Guzmán que había sido nombrado presidente de la primera Audiencia. Cortés tiene que hacer frente a los de dicha audiencia que le impiden la entrada a la capital. Hallándose en Tezcoco, su madre Catalina Pizarro, que había venido con él, terminó allí sus días. Un año después, se instaló una segunda Audiencia con Sebastián Ramírez de Fuenleal como presidente de la misma.

Con base en las capitulaciones que había celebrado durante su estancia en España, Cortés emprende en 1532 una serie de expediciones en el mar del Sur (océano Pacífico). A mediados de ese año envía dos naves al mando de Diego Hurtado de Mendoza, sin alcanzar resultado alguno. El propio Cortés dirige personalmente en Tehuantepec la construcción de otras naves en el astillero que allí tiene establecido. El año siguiente zarpan otras dos embarcaciones desde el puerto de Santiago en Colima. Una de ellas, al mando Juan de Grijalva, descubre las islas Revillagigedo. La otra, al frente de la cual iba Diego Becerra, tras un motín a bordo, alcanzó a llegar al extremo sur de la Baja California. Allí la mayor parte de los que iban a bordo perdieron la vida en un enfrentamiento con los indios.

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El virreinato:

En 1535, unos años después de la caída de la capital azteca (1521), la forma de gobierno de lo que Cortés llamó Nueva España se instituyó con la designación del primer virrey español, Antonio de Mendoza. Hasta 1821, un total de 61 virreyes gobernaron Nueva España. Mendoza y sus sucesores dirigieron una serie de expediciones militares y exploratorias con las cuales finalmente hicieron parte de la Nueva España a los actuales estados de Texas, Nuevo México, Arizona y California, en Estados Unidos.

Una característica particular del virreinato novo hispano fue la explotación de los indígenas. A pesar de que durante la conquista murieron centenares de indígenas, continuaron siendo la mayoría de los habitantes de la Nueva España, que hablaban sus propias lenguas y mantenían gran parte de su cultura original. No obstante que eran libres por decreto y podían recibir salarios, en la realidad vivían casi todos en estado de sumisión. Su situación fue el resultado del sistema de encomienda, por medio del cual se dotaba a los nobles y soldados españoles no sólo de grandes extensiones de tierra, sino además se les otorgaba la jurisdicción sobre todos los indígenas que las habitaran. El gobierno español realizó algunos intentos para reglamentar la explotación de los trabajadores indígenas en el campo y en las minas. Las reformas decretadas en España fueron muchas veces ineficaces debido a la dificultad de su ejecución. La condición de los indígenas se convirtió en un objetivo primordial del gobierno mexicano después de que fue derrocada la administración colonial.

Una segunda característica del periodo virreinal fue la posición y la labor de la Iglesia católica. Misioneros franciscanos, agustinos, dominicos y jesuitas llegaron al país poco después de los conquistadores. En 1528 Juan de Zumárraga se convirtió en el primer obispo electo de Nueva España, y hacia 1548 se erigió un arzobispado. La iglesia mexicana llegó a ser enormemente opulenta debido a las dotes y legados que podía retener en perpetuidad. Antes de 1857, cuando se nacionalizaron los bienes eclesiásticos, la Iglesia poseía una tercera parte de toda la propiedad y territorio.

Una tercera característica fue la existencia de clases sociales muy marcadas: los indígenas, los mestizos (un grupo que se incrementó progresivamente durante la época virreinal), los esclavos negros, los negros libres y los blancos. Los mexicanos blancos a su vez estaban divididos. La clase más alta de todas era la de los peninsulares, aquellos nacidos en España, que se oponían a los criollos, descendientes de españoles que habían nacido y crecido en la Nueva España. Los peninsulares eran enviados desde España donde adquirían los puestos coloniales más importantes, tanto de la administración civil como eclesiástica. Éstos se mantenían a distancia de los criollos, a quienes casi nunca se les dio cargos de relevancia. El resentimiento de los criollos llegó a ser una fuerza que motivó más tarde el movimiento de la independencia.

Desde el comienzo del sistema virreinal, la ineficacia y la corrupción en la administración colonial estaba muy ligada al gobierno español central. En los últimos años del siglo XVIII, España intentó instituir una serie de reformas administrativas, principalmente durante los años 1789 a 1794, bajo el virreinato de Juan Vicente Güemes Pacheco, conde de Revillagigedo.

Estas reformas no erradicaron los problemas fundamentales del sistema y, a principios del siglo XIX, el resentimiento criollo y la ineficacia del gobierno de la Nueva España habían debilitado la unión entre la colonia y la metrópoli. A estas condiciones internas se añadió la influencia de las ideas políticas liberales de Europa, particularmente después de la Revolución Francesa.

La ocupación de España por Napoleón finalmente desembocó en la guerra de Independencia de México. Desorientados por el desastre que había tenido lugar en el gobierno central, los líderes administrativos de la Nueva España comenzaron a estar en desacuerdo entre ellos mismos, sin una autoridad central que interviniera. En 1808 el virrey José de Iturrigaray apoyó los intentos de los criollos para establecer un gobierno nacional. Otros oficiales peninsulares estuvieron en desacuerdo, por lo que fue depuesto, enviado a España y procesado. En el momento culminante de esas luchas entre facciones comenzó la rebelión política de la población criolla.

La conquista de México aún está inédita:

“México -- ``Hemos de darnos cuenta de que la conquista de México
 suscitó un gran número de memorias, y que si somos serios en cuanto a
 la historia de este gran país, alguien debería tratar de copiar y publicar
 todos los testimonios no publicados, que incluyen siete testimonios del
 propio Hernán Cortés'', aseguró el historiador británico sir Hugh
 Thomas, en el inicio del ciclo ``Cinco miradas británicas a la historia de
 México'', en el auditorio Jaime Torres Bodet, del Museo Nacional de
 Antropología.

 El autor de La conquista de México, investigación publicada en 1993,
 recordó que entre las 500 personas que fueron a la Nueva España en
 1519 con Hernán Cortés, 140 hicieron alguna declaración del tiempo en
 el que participaron en la conquista; es decir, entre el 12 y el 13 por
 ciento.

 Con esta información, añadió el estudioso, quizá podremos saber un
 poco más de la realidad de esa generación fascinante, de Cortés,
 Orellana, Jiménez de Quezada, hombres que fueron hijos de soldados
 pobres, de hacendados sin mucho valor, que pasaron su niñez en
 pueblos de Extremadura, de Sevilla, y de Castilla la Vieja, y que en su
 juventud hicieron hazañas tan increíbles que cambiaron al mundo más
 que ninguna otra generación de europeos.

 El catedrático, flanqueado por las banderas de la Gran Bretaña y la de
 México, dijo que como todos pueden ver, ahora se interesa en la
 microhistoria, cuyos materiales iluminan al mundo.

 En su disertación, que tituló La conquista iluminada por los recuerdos de
 los conquistadores, Thomas planteó que al parecer nadie había advertido
 que el libro escrito por el historiador estadounidense William Prescott, ya
 estaba desfasado.

 Luego aseguró que el libro de Prescott es una obra brillante que fue
 escrita por un hombre encantador y casi ciego, que permaneció mucho
 tiempo sin un desafío serio.

 Aludió después a dos fuentes que Prescott no consultó: la primera,
 derivada de la pesquisa oficial en cuanto a las actividades de Hernán
 Cortés en su residencia, y la segunda, que se deriva de la enorme
 cantidad de recordaciones de servicios y méritos que tantos
 conquistadores manifestaban, con el fin de demostrar que eran
 merecedores de reconocimiento oficial, una vez terminada la conquista.

 El historiador, que recibió la Orden Águila Azteca de México en 1996,
 indicó que entre los materiales que le urge ir a revisar a Sevilla se
 encuentran algunos referidos a la muerte, en 1532, de doña Catalina de
 Suárez, la esposa de Hernán Cortés.

 El catedrático aseguró que durante años algunos historiadores de
 Estados Unidos han mantenido la versión de que Hernán Cortés
 estranguló a su esposa y la hizo enterrar a toda prisa, sin investigación
 precisa acerca de la causa de la muerte.

 Thomas expresó que doña Catalina de Suárez llegó a Coyoacán para el
 gran desconcierto de su marido, aparentemente porque éste tenía
 muchas mujeres en su casa.

 ``Llevaba apenas tres meses en Coyoacán cuando murió de modo
 misterioso, una noche, tras una fiesta de la que se fue hecha un mar de
 lágrimas''.

 ``Yo quisiera sugerir otra versión. El hermano de Catalina, Juan de
 Suárez, viejo e íntimo amigo de Cortés en Cuba, antes de la expedición
 de México, llegó a la Nueva España en el otoño de 1520. Cortés mandó
 a Juan de Suárez por Catalina de Suárez y esto lo narraron varias
 personas'', refirió el especialista quien tiene en su haber el premio
 Somerset Maugham.

 La conferencia de sir Hugh Thomas estuvo precedida por una ceremonia
 en la que el embajador británico Adrián J. Beamish; Rafael Tovar y de
 Teresa, presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, y
 Teresa Franco, directora general del Instituto Nacional de Antropología
 e Historia, entre otros funcionarios

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