Historia de la India

Edad Antigua y Moderna. Valle del Indo. Dinastía Maurya. Período Védico. Castas indúes. Invasiones musulmanas y mongolas. Imperio Mongol

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La civilización del valle del Indo

Alrededor del 2500 a.C., empezó a desarrollarse una civilización en torno al río Indo en lo que hoy es Pakistán y el occidente de la India. Las ruinas de ciudades como Mohenjo-Daro o Harappa muestran que aquel antiguo pueblo desarrolló sistemas de drenaje y para el regadío de las tierras de cultivo a través de la construcción de acequias y canales. Sus viviendas, realizadas con ladrillo, solían tener varias plantas. Asimismo, este pueblo creó un sistema propio de escritura y cálculo.© Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

Hacia mediados del tercer milenio a.C., la India drávida sufrió la primera de una serie de invasiones continuadas de tribus del grupo lingüístico indoeuropeo. Estas tribus, de origen incierto pero a las que por lo general se conoce como indoarias, entraron en el subcontinente a través de puertos de las montañas a lo largo de la frontera noroccidental y fueron ocupando la mayor parte del territorio norte de la cordillera Vindhya y el oeste del río Yamuna. Muchos drávidas huyeron al norte y al interior de la península india, regiones dónde el grupo lingüístico drávida aún es grande. El resto del pueblo drávida y, según determinados expertos, gran parte de su cultura fue absorbida por los indoarios.

Periodo védico

La oscuridad rodea la historia política de la India durante muchos siglos después de la conquista de los drávidas, pero los Veda, una colección de escritos sagrados que datan del año 1200 a.C., contienen bastante información sobre las costumbres sociales, las creencias religiosas y los logros culturales. Tal como aparece representada en algunos himnos védicos, la civilización que emergió durante los primeros siglos después de entremezclarse las culturas indoaria y drávida en el subcontinente fue notable en varios aspectos. Los órganos de política tribal funcionaban de acuerdo con los principios democráticos, la condición social de las mujeres era comparable a la de los hombres y el matrimonio se consideraba sagrado. Los indoarios lograron grandes avances en distintas artes y ciencias, entre las que se contaba la ganadería, la artesanía del metal, la carpintería, la construcción de barcos y las ciencias militares.

Los himnos védicos compuestos durante este y posteriores periodos también han representado la emergencia y cristalización de las características clave del sistema sociorreligioso conocido como hinduismo. Casi todo lo que se conoce con seguridad de la situación política es que en el curso del I milenio a.C., en la región limitada por el Himalaya, los tramos del sur del Ganges, la cordillera Vindhya y el valle del Indo se establecieron 16 estados autónomos. De estos estados, formados tanto por repúblicas como por reinos, el más importante fue Kosala, reino situado en la región que en la actualidad ocupa Oudh. Otros reinos importantes fueron Avanti, Vamsas y Magadha. Este último reino ocupaba el territorio de la moderna Bihar; a mediados del siglo VI a.C. se convirtió en el reino dominante en la India. Durante el reinado de su primer gran rey Bimbisara (543 hasta 491 a.C.), Buda y Vardhamana Jnatiputra o Nataputta Mahavira, fundadores del budismo y jainismo respectivamente, predicaron y enseñaron en Magadha.

En el año 326 a.C. Alejandro III el Magno dirigió una expedición a través de la cadena montañosa del Hindu Kush hasta el norte de la India. Consiguió algunas victorias durante su marcha hacia la India, cuyo punto culminante fue la batalla de Hydaspes que finalizó con la derrota del rey Poros cerca del río Hydaspes (ahora Jhelum). Sin embargo, Alejandro no permaneció durante mucho tiempo en la India y los efectos políticos y culturales de la invasión fueron insignificantes, excepto por la oportunidad que brindaron al rey Mauryan Chandragupta de expandir su imperio hacia el oeste aprovechando el vacío político.

Dinastía Maurya

Dinastía imperial que gobernó la India aproximadamente desde el año 321 hasta el 185 a.C., la primera que casi logró reunificar todo el subcontinente bajo una única autoridad. La dinastía Maurya tuvo su centro neurálgico en el reino de Magadha, que Chandragupta, fundador de la dinastía, ocupó hacia el año 321 a.C. tras enviar un abigarrado contingente contra la moribunda dinastía Nanda. Extendió su poder a casi toda la India septentrional y central, así como a Afganistán y al Hindu Kush. El éxito de Chandragupta provocó represalias por parte de los sucesores Seléucidas de Alejandro Magno, pero tras ser vencidos en el año 305 a.C., los Seléucidas concluyeron con él una alianza de matrimonio. La presencia Seléucida inspiró marcadas influencias helénicas en la cultura Maurya. Se cree que, posteriormente, Chandragupta abdicó en favor de su hijo Bindusara hacia el 298 a.C., el cual, de acuerdo con las creencias ascéticas del jainismo, ayunó hasta morir, pero para entonces la dinastía ya estaba muy consolidada.

El ayudante de Chandragupta, Kautilya (o Canakya), ministro superior brahmán, pudo haber sido el autor de la célebre obra Arthasastra (en sánscrito, Tratado sobre los objetivos de la vida), un libro de carácter político que ante todo parece ser una guía seria sobre las condiciones de la época. El rey, monarca absoluto, gobernaba desde la capital situada en Pataliputra (actualmente Patna), en la cúspide de un desarrollado sistema burocrático de gobierno central y local, con una India Maurya dividida en cuatro provincias controladas por gobernadores o príncipes imperiales. Estaba apoyado por un credo de soberanía real basado en la protección de un dharma social. El Estado recaudaba impuestos de las tierras y sus productos, así como del comercio, y de los campesinos asentados en extensas áreas. Se mejoraron los caminos y las zonas aisladas se hicieron accesibles. La sociedad estaba dividida en grupos sociales o castas, semejantes al actual sistema de castas de la India, con grupos administrativos especiales de consejeros y magistrados. Por supuesto, la dinastía Maurya también disponía de un gran Ejército.

Bindusara llevó más al sur el dominio Maurya, deteniendo la conquista total, sobre todo, porque sólo quedaban en el sur de la India los amistosos estados clientes tamiles. Su hijo Asoka, que le sucedió hacia el año 273 a.C., comenzó con una parecida vena marcial, pero una sangrienta campaña que tuvo lugar hacia el año 260 a.C. contra el poder que gobernaba la región oriental de Kalinga le desilusionó, y finalmente abrazó el budismo. Asoka, el monarca budista, quintaesencia de la sabiduría, ordenó la construcción de numerosas obras públicas y erigió pilares de piedra, grabados con edictos y exhortaciones budistas, por todo su Imperio. Mandó enviados y misioneros a las regiones de los actuales Sri Lanka, Siria, Egipto, Nepal e incluso hasta Macedonia. Durante su mandato, el Imperio (con unos cincuenta millones de súbditos) prosperó; su política budista trataba de favorecer el bienestar público y la cohesión social.

Con la muerte de Asoka en el 232 a.C., el Imperio Maurya fue desintegrándose progresivamente, aunque se desconocen los motivos exactos. Las luchas sucesorias entre los herederos de Asoka, la secesión por parte de los príncipes del sur y las invasiones precipitaron su caída, limitando su extensión a la zona del valle del Ganges. El último dirigente de la dinastía Maurya, Brhadratha, murió en el año 185 a.C. en una intriga palaciega.

El Imperio Gupta En el siglo IV, surgió la dinastía Gupta que unificó a las tribus que habitaban el norte de la India y formó una entidad política y religiosa cohesionada. El hinduismo se convirtió en una religión más coherente y metódica gracias a los esfuerzos de los reyes Gupta que fusionaron elementos del budismo con el hinduismo y resaltaron la naturaleza teísta de la religión, en particular el papel del dios Visnú.© Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

En el 320 un rajá de Magadha llamado Chandragupta I, conquistó los territorios vecinos y fundó un nuevo régimen imperial y la dinastía Gupta. Su nieto Chandragupta II (que reinó desde c. 375 hasta 413) expandió su reino, subyugando todo el subcontinente al norte del río Narmada. Bajo la dinastía Gupta, que duró 160 años, la cultura india alcanzó nuevas alturas. El periodo fue de paz duradera, crecimiento económico continuo y éxitos intelectuales, en particular en el arte, música y literatura. El hinduismo, que llevaba mucho tiempo en declive, experimentó un fuerte renacimiento al asimilar algunas características del budismo.

Invasiones musulmanas y mongolas

Concluido el prolongado periodo de luchas internas, un nuevo poder, sólidamente unido bajo el islam, apareció en Asia occidental. Este nuevo poder era Khurasan, antes una provincia Samaní que Mahmud de Ghazni (que reinó desde 999 hasta 1030) había transformado en un reino independiente. Hábil guerrero cuya soberanía sobre Khurasan había sido reconocida por el califa de Bagdad, Mahmud lanzó en el 1000 la primera de las 17 expediciones consecutivas a través de la frontera afgana hacia la India. Estas incursiones estuvieron marcadas por victorias sobre los indios desunidos. Hacía el 1025 Mahmud había saqueado numerosas ciudades de la India occidental, entre las que se contaba el riquísimo puerto de Somnath y había anexionado la región de Punjab a su imperio.

El más afortunado de los gobernantes musulmanes después de Mahmud fue Muhammad de Gur, cuyo reinado comenzó en 1173. Considerado por la mayor parte de los historiadores como el fundador real del poder musulmán en la India, inició sus campañas de conquista en 1175. En el curso de las tres décadas siguientes, sojuzgó toda la llanura Indo-Gangeática al oeste de Benarés (ahora Vrnasi). A la muerte de Muhammad de Gur, Qutb-ud-Din Aybak, su virrey en Delhi y un antiguo esclavo, se proclamó sultán. La denominada dinastía de los Esclavos, fundada por Qutb-ud-Din, su único gobernante destacado, duró hasta 1288.

Otro hábil musulmán, Ala-ud-Din (que reinó desde 1296 a 1316), fue el segundo gobernante de la dinastía siguiente, la Khalji. Consolidó el reino de la India al conquistar el Decán. No obstante, antes de que finalizase su reinado, los mongoles comenzaron a infiltrarse por las fronteras del norte de sus dominios. Muhammad Tugluq, el último sultán importante de Delhi, enajenó tanto a los musulmanes como a los hindúes por su crueldad y fanatismo religioso. El imperio estaba dividido por levantamientos revolucionarios y algunas provincias, entre las que destaca Bengala, se separaron. Los tumultos se incrementaron tras la muerte de Tugluq. En 1398, cuando el conquistador mongol Tamerlán guió sus ejércitos hasta la India, se encontró con muy poca resistencia organizada. Tamerlán completó su invasión victoriosa al saquear y destruir Delhi y masacrar a sus habitantes. Se retiró de la India poco después del saqueo de Delhi, dejando los restos del imperio a Mahmud (que reinó desde 1399 hasta 1413), el último de los Tugluqs. En 1414 el primero de los sayyids sucedió a Mahmud; esta era una dinastía que después fue expulsada del poder por Bahlol (que reinó desde 1451 hasta 1489), fundador de la línea Lodi de reyes. La dinastía Lodi, por lo general débil e ineficaz, terminó en 1526. En ese año Babur, un descendiente de Tamerlán y el fundador de la gran dinastía mogol, llevó a cabo una serie de incursiones en la India que finalizaron con la derrota del ejército de Lodi. Babur ocupó gra, la capital Lodi, y se proclamó a sí mismo emperador de los dominios musulmanes. Después de cuatro años de su victoria inicial, Babur controlaba una gran parte del continente de la India.

El Imperio mogol

El Imperio mogol El Imperio mogol dominó gran parte de la India en los siglos XVI y XVII. Los gobernantes mogoles desarrollaron una forma centralizada y estable de gobierno que sirvió como modelo para posteriores gobernantes indios.© Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

El Imperio mogol alcanzó su auge cultural bajo Sha Jahan, nieto de Akbar. El reinado de Sha Jahan (1628-1658) coincidió con la edad dorada de la arquitectura sarracénica india, cuyo mejor ejemplo es el Taj Mahal.

Sha mogol cazando Esta imagen muestra a un emperador mogol y sus cortesanos de caza. Los descendientes de Tamerlán, llegados al subcontinente indio desde Asia central, los emperadores Babur, Akbar y Yahan, lograron unificar gran parte de la zona norte y central de la India y crearon una esplendorosa cultura, pero el Imperio se desintegró a finales del siglo XVII debido a las guerras y persecuciones religiosas.Art Resource, NY/The Pierpont Morgan Library

En 1658 fue expulsado del trono por su hijo, Aurangzeb, quien tomó el titulo de Alamgir (`Conquistador del mundo'). Traicionero y agresivo, Aurangzeb asesinó a sus tres hermanos y prosiguió una serie de guerras contra los reinos autónomos de la India, socavando la moral y la fuerza material del imperio. Durante sus campañas en el Decán, los Marathas, un pueblo escita-drávida, infligieron numerosas derrotas a los ejércitos imperiales. La estabilidad del régimen de Aurangzeb se vio socavada como resultado del antagonismo popular al fanatismo religioso que favorecía. Durante su reinado, que terminó en 1707 con su muerte en el exilio, la fe sij obtuvo un importante medio para entrar en la India.

En el medio siglo que siguió a la muerte de Aurangzeb, el Imperio mogol dejó de existir como un estado efectivo. El caos político del periodo se vio marcado por el rápido declive de la autoridad centralizada. Aventureros musulmanes e hindúes crearon numerosos reinos y principados pequeños y los gobernadores de las provincias imperiales formaron grandes estados independientes. Entre los primeros grandes estados que surgieron estuvo Hyderbd, establecido en 1712. El ruinoso régimen mogol sufrió un golpe definitivo en 1739 cuando el rey persa Nadir Shah dirigió un ejército hacia la India y saqueó Delhi. Entre el botín que buscaban los invasores, la sexta fuerza musulmana que saqueó la India, estaba el gigantesco diamante Koh-i-noor y el fabuloso Trono del Pavo Real, hecho de oro puro y con incrustaciones de piedras preciosas. El rey persa fue pronto expulsado de la India, pero en 1756 Delhi fue capturada de nuevo, esta vez por Ahmad Sha, emir de Afganistán, quien ya se había apoderado antes del Punjab. En 1760 los mahrattas y los sijs unieron sus fuerzas contra los ejércitos de Ahmad Sha. La batalla que siguió, librada en Panipat el 7 de enero de 1761, dio como resultado una victoria completa para los invasores. En 1764, tras la retirada de la India de los invasores, el emperador mogol obtuvo de nuevo su trono. Sin embargo, su autoridad, al igual que la de sus sucesores, era puramente nominal. Con la derrota de los mahrattas y los sijs, la posibilidad de la reunificación de la India en un estado único y fuerte se había desvanecido y el país, que había sido durante mucho tiempo escenario de una encarnizada rivalidad colonial entre los poderes marítimos de Europa, fue cayendo cada vez más bajo el dominio británico.

CASTAS EN LA INDIA

El término se aplica a cada una de las cinco clases sociales hereditarias establecidas entre los habitantes de la India. En la lengua sánscrita se dice jati y grupo de jatis o sistema de castas es varna.

El sistema tradicional de castas en la India se desarrolló hace más de 3.000 años, cuando grupos nómadas arios llegaron del norte hacia el 1500 a.C.; los sacerdotes arios, siguiendo los preceptos de los libros sagrados de la India, dividieron la sociedad en un sistema de castas muy básico. Entre el 200 a.C. y el 100 d.C. fue escrito el Manu Smriti o Código de Manu y se crearon las cuatro grandes divisiones hereditarias de la sociedad india, hoy todavía vigentes: los sacerdotes estaban a la cabeza del sistema como “dioses terrenales” o brahmanes; en segundo lugar situaron a los guerreros, los kshatriyas; a continuación a los agricultores y mercaderes, los vaisyas, y por último a los sudras, empleados nacidos para servir a las otras tres castas, especialmente a los brahmanes. Muy por debajo de los sudras (realmente fuera del orden social y destinados a las tareas más bajas) estaban los sin casta, harijans o intocables, representados por los dravidianos, habitantes originales de la India, grupo al que se iban añadiendo los parias. Este sistema de castas, creado por la clase sacerdotal, pasó a formar parte de la ley religiosa hindú y fue considerada una revelación divina.

Las características de este sistema de castas incluyen: pertenencia estricta y hereditaria a la casta de nacimiento; posibilidad de contraer matrimonio sólo con personas de la misma casta; limitación en la elección del trabajo y en el contacto personal con miembros de otras castas, y aceptación por parte de cada individuo de la posición social asignada en la sociedad. Este sistema se ha perpetuado por la vigencia de creencias como la samsara, `reencarnación', y el karma, `calidad de acción'. Según estas creencias religiosas, todas las personas se reencarnan varias veces y tienen la posibilidad de nacer en una casta más alta, siempre y cuando en su anterior vida hayan obedecido las reglas de la casta a la que pertenecían. De esta forma, el concepto de karma ha disuadido a las personas de intentar en vida ascender a una casta superior o transgredir este sistema en las relaciones sociales de cualquier tipo. El karma puede también ser entendido como `camino' u `obligación', indicando la senda por la que discurre la vida de los seres pertenecientes a una casta en relación con los de otra.

Las cuatro castas originales han ido sufriendo subdivisiones a lo largo de la historia y actualmente resulta imposible determinar su número exacto. Se estima que en la India existen de 2.000 a 3.000 castas diferentes establecidas por la ley brahmánica, y cada región tiene sus propios grupos estipulados por las leyes consuetudinarias (véase Derecho consuetudinario).

Las complejas características de este sistema han constituido un serio obstáculo en el desarrollo de un Estado de derecho en la India. Sin embargo, su rigidez se tambaleó durante el periodo de gobierno británico. Además, el sistema de castas se ha visto sacudido periódicamente por grandes cismas eclesiásticos internos y en especial por el auge del budismo como reacción y protesta contra su intolerable rigidez.

En los últimos tiempos, las reformas educativas y de algunos movimientos en pro de los derechos sociales, cuyo principal líder ha sido Mohandas Gandhi, han ayudado a erradicar los aspectos sociales y económicos más injustos de este sistema. En la actualidad ya no existe la obligación del hijo de seguir la profesión del padre, algunos hombres de castas inferiores han alcanzado altas posiciones de rango y poder, y la excomunión o pérdida de casta no es tan grave como lo era en la antigüedad. El borrador de la Constitución de la India, publicado días después del asesinato de Gandhi, incluía una cláusula especial bajo el epígrafe Derechos humanos que rezaba: “Queda abolida la intocabilidad y prohibida su práctica bajo cualquier forma”.

3 CASTAS, MESTIZOS Y CIMARRONES

Durante el virreinato de Nueva España las castas, los mestizos y los negros cimarrones (esclavos huidos) no podían aspirar a ninguna ocupación y eran temidos por el desorden que provocaban. Fueron acusados de incitar a los indígenas en los grandes motines de la ciudad de México durante el siglo XVII. A ellos se sumaban grupos de españoles sin fortuna. Los cronistas y viajeros los retratan como un grupo numeroso que llegó a alcanzar cierto poder, ya que muchos de ellos fueron hábiles artesanos, capataces de haciendas y minas.

En Nueva España se dio una enorme diversidad de matices étnicos; algunos de ellos son los siguientes: de español e india nace mestizo; de mestizo y español, castizo; de castiza y español, español; de española y negro, mulato; de español y mulato, morisco; de español y morisca, albino; de español y albino, torna atrás; de indio y torna atrás, lobo; de lobo e india, zambayo; de zambayo e india, cambujo; de cambujo y mulata, albarazado; de albarazado y mulata, barcino; de barcino y mulata, coyote; de coyote e india, chamizo; de chamizo y mestiza, coyote mestizo; de coyote y mestizo, allí te estás.

Segregación

Separación de los individuos que integran una comunidad, por entenderse heterogéneos o no asimilables en función de criterios ideológicos, étnicos, religiosos o de otra naturaleza. Esta distanciación y enfrentamiento adquieren sentidos diferentes según los contextos sociales y el grado de desarrollo democrático y de los valores dominantes en cada comunidad.

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