Historia de Argentina

Política internacional. Problemas de límites con Chile en el siglo XIX. Discusiones del gobierno. Relaciones internacionales. Problemas en la segunda presidencia de Rosas. Dimensión political

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Historia Argentina

Problemas de límites con Chile en el siglo XIX.

Los conflictos territoriales con Chile existen desde la fundación del Virreinato del Río de la Plata. Como una breve introducción al tema voy a nombrar los hechos calves en los que se definió el limite chileno-argentino.

En 1843 Chile tiene intención de colonizar la zona Magallánica comenzó por ocupar Puerto Hambre, luego Punta Arenas. Con intenciones de declararlo territorio chileno labran el acta de posesión de los estrechos de Magallanes y sus territorios.

En los años que lo precedieron los gobiernos no le dieron tanta importancia a la Patagonia ya que estaban centrados en el litoral y los conflictos internos. Esta falta de interés continuo hasta 1855 cuando se firma el tratado de paz y amistad según el cual las partes reconocían como limites los que poseían al tiempo de separarse de la dominación española en 1810 y convenían en aplazar las disputas y en caso necesario someterlas al arbitraje de una nación amiga.

En 1868 chile propone dividir la Patagonia por la mitad. Las negociaciones para llegar a un acuerdo sobre este tema continuaron hasta 1879. En el ínterin se varios protocolos y tratados.

1881, se firma el tratado definitivo de límites: Irigoyen, Echeverría. El cual actualmente es ley para ambos países. Chile abandono sus aspiraciones a la Patagonia y argentina sus derechos a las aguas y costas del estrecho de Magallanes, aunque conservo una franja de agua en la boca oriental. Como era de esperar surgieron diversas interpretaciones y se elaboraron para resolverlas los protocolos de 1888, 1893 y 1895 sin llegar a soluciones satisfactorias.

Las discusiones con el gobierno de Chile

Surgieron en el curso de la presidencia de Sarmiento discrepancias con el gobierno de Chile que fueron indebidamente utilizadas por adversarios nada escrupulosos. Alberto Palcos resumió y esclareció los antecedentes del debate, la actitud de Sarmiento, periodista en el progreso de Santiago en 1843, su conducta desde el gobierno y hasta el fin de sus días. La verdad es que ni en Santiago ni en Buenos Aires se tenía un conocimiento exacto de lo que significaba la Patagonia. Hallándose en Perú, O'higgins propicia en 1836 la colonización del estrecho de Magallanes y la instalación de un servicio de remolcadores a vapor en el para evitar naufragios frecuentes de los veleros que lo cruzaban. La iniciativa se renueva en 1842, cuando la hace suya el marino norteamericano Jorge Mahon. Comprende Sarmiento entonces, como el gobierno chileno, que si no se hace algo positivo, alguna de las grandes potencias marítimas intentara hacerlo en aquellos parajes despoblados e ignorados. En 1843 el presidente Blunes envía una expedición a bordo de la goleta Anduid para tomar posesión del lugar, dejando constancia de que con ello solamente se trataba de establecer el remolque de los barcos en transito por el estrecho. Se vuelve sobre el tema en 1849 y Sarmiento lo hace desde la crónica, en cuyos artículos habla de la cuestión del estrecho y no de la Patagonia. Entabló Rosas desde Buenos Aires una reclamación contra Chile, y su emisario Bernardo de Irigoyen, desde la ilustración Argentina, que se publica en Mendoza, califica al sanjuniano de traidor, el mismo Bernardo de Irigoyen que firmo con el plenipotenciario chileno Echeverría en 1881 el tratado que puso fin a la disputa reconociendo a Chile, Punta Arenas y más de la mitad de Tierra del Fuego, las islas vecinas del pacifico y las dos costas del estrecho, que se declara internacionalizado y abierto a la navegación de todas las naciones.

Sarmiento no cedió al vecino país, que consideraba como una segunda patria, un metro de territorio argentino, y fue el que más se esforzó por fomentar la exploración de la Patagonia; en 1873 hizo recorrer las costas australes por el general Brown y al año siguiente la goleta Rosales, a bordo de la cual viajo el naturista Carlos Berg y el joven Francisco P. Moreno, que desde entonces fue el abanderado y el símbolo de la incorporación de la Patagioina a la vida del país. Sarmiento se valió de todos los recursos, de sus amistades en la vecina republica, para evitar que la disputa fronteriza degenerase en conflicto armado, como lo hizo Roca en su primera presidencia. Mantuvo en Santiago a un hombre tan celoso como Félix Frias y en relaciones exteriores a Carlos Tejedor, los dos demasiado poco dúctiles en diplomacia para prestarse a cualquier debilidad o concesión.

Rozamientos con Chile en la Patagonia

Los límites con Chile no habían sido esclarecidos y durante la presidencia de Avellaneda estuvieron a punto de provocar un conflicto armado entre los dos países.

Durante la emigración, Sarmiento había declarado en 1842 escaso interés por las regiones australes, por el estrecho de Magallanes y opino a favor de su colonización por Chile. Fue una de las tantas salidas impulsivas del sanjuanino que no pueden adjudicarse a un ideario político definido; durante su presidencia, los opositores sacaron a relucir esa actitud circunstancial y sin más alcance en su momento que el de una reacción contra Rosas, pues cuando se planteó positivamente la instalación chilena en las zonas patagónicas, su comportamiento fue decidido en favor de la sobrenada Argentina.

En 1878 y comienzos de 1879 hubo manifestaciones publicas y excesos verbales y periodísticos en Buenos Aires y Santiago de Chile. El país vecino reclamaba jurisdicción sobre el estrecho, jurisdicción que la documentación histórica, en todo caso, atribuye al Virreinato del Rió de la Plata. Pero no obstante la firmeza demostrada en esas reivindicaciones por la Argentina, no se quería de ningún modo una guerra con Chile; no la querían Sarmiento ni Mitre, ni Roca, ni Rawson, ni Quintana, ni Elizalde. Sin embargo se hicieron preparativos bélicos para hacer frente a la emergencia de un conflicto, fueron alistados todos los buques de guerra que componían la naciente armada y se reunieron en escuadra; el comodoro Py fue puesto al mando de esa fuerza y partió hacia los mares del sur con instrucciones para desalojar el territorio patagónico de los ensayos de asentamiento chileno y proclamar la soberanía Argentina en los lugares de litigio.

En vista de esa decisión, el gobierno chileno modero su tono y se dejo asentado que la Patagonia era Argentina, derivando las reivindicaciones hacia otros lugares limítrofes cuya posesión fue delimitada por tratados en los que colaboraron Bernardo de Irigoyen y Rufino de Elizalde, ministros de Avellaneda.

Pero la verdad es que la Patagonia era solo un dominio teórico, del cual solo se tenían vagas noticias en Buenos Aires, pues los intentos de colonización para tener un dominio efectivo, habían sido propiamente nulos, fuera del ensayo de Carmen de Patagones, que tampoco fue alentador. En verdad, fue un hombre el que vinculó su existencia a la Patagonia y a los mares del sur mientras el resto del país se orientaba en dirección al litoral y la campaña bonaerense. Luis Piedrabuena, nacido en Patagones en 1832, fue marino desde su infancia, y logro adquirir un barco propio, el Espora, con el que realizo una obra permanente de exploración de los canales de Magallanes y Tierra del Fuego y se familiarizo como ningún otro en aquellos mares, realizando proezas de salvamento de náufragos; se calcula que le debieron la vida de 163 a 185 náufragos, poniendo muchas veces en peligro la suya.

Durante la administración de Sarmiento se le ofreció un buen sueldo para que atendiese a la proyectada colonia de Santa Cruz y vigilase las costas adyacentes, pero Piedrabuena rehusó la oficialización de sus tareas argumentando que sostenía con los propios recursos la población que había instalado en la isla de Pabón y que con su barco vigilaba las costas. Sin embargo el gobierno lo nombro capitán honorario de la armada nacional, y cuando se agito la cuestión de los límites con Chile, se le solicito la incorporación y esta vez no vacilo en ponerse a disposición de las autoridades nacionales. En 1876, requerida su ayuda, acepto el hémelo de teniente coronel graduado y fue entonces cuando se adquirió la nave Cabo de Hornos, que fue bautizada luego Piedrabuena, para vigilar las costas patagónicas.

Relaciones internacionales.

En esta materia, se firmaron tratados de extradición y comercio con numerosos países. La cuestión de limites con Chile, que periodísticamente agitaba la opinión y llego en los primeros tiempos del gobierno de Roca a la supresión de las respectivas legaciones, fue suavizada por procedimientos diplomáticos con intervención de los ministros plenipotenciarios de Estados Unidos, de la Argentina y de chile; en julio de 1881 se firmo en Buenos Aires un tratado que lleva la firma de su gestor principal, el doctor Bernardo de Irigoyen, ministro de relaciones exteriores, y la del cónsul general de Chile, Francisco de Borja Echeverría, canjeado en Santiago de Chile con la intervención del canciller chileno Juan Manuel Balmaceda y el cónsul argentino con atribuciones plenipotenciarias, Agustín Arroyo. Ese tratado fijo los limites entre ambos países, tomando como referencia la línea de las más altas cumbres de la cordillera de los andes, de norte a sur hasta el paralelo 52 de latitud; se señalo el limite de la parte austral hasta el estrecho de Magallanes y se declaro neutral a perpetuidad el estrecho; se delimito tierra del fuego y se sentó el principio de que toda disputa futura entre las partes por motivos de limites seria sometida al fallo de una potencia amiga.

En su mensaje al congreso de 1883 pudo anunciar Roca:

“la cuestión de limites con la republica de chile que tanto preocupo los ánimos y que había pasado por variadas y peligrosas alternativas, quedo amistosamente terminada, como vosotros lo sabéis, y nuestras relaciones con aquella nación descansan ahora en la más completa armonía. Pero no debo traer a vuestra memoria, de tanta importancia para nuestro país y de trascendencia para esta parte de América del sur, sin recordarles los nombres de los designados ministros plenipotenciarios del gobierno de los estados unidos en chile y la republica argentina. Sabéis, en efecto, que la cuestión estaba en una situación difícil cuando los señores generales Osborne interpusieron su influencia para abrir nuevas negociaciones y continuaron prestándola con toda deferencia hasta que el asunto quedo terminado”. La gestión de los Osborne duro siete meses y contribuyo eficazmente a allanar obstáculos y a limar aspereas.

También hallo solución amistosa la cuestión de los límites con el brasil en las antiguas misiones; en septiembre de 1885 se firmo un tratado que facilita el reconocimiento del territorio en litigio entre los dos países. Con los elementos reunidos en virtud de ese tratado, las cancillerías declararon el propósito de celebrar otro, definitivo, perpetuo, “que ningún acontecimiento de paz o de guerra podrá anular o suspender”. En las negociaciones con el brasil le toco intervenir e francisco j. Ortiz, nuevo ministro de relaciones exteriores. Ese paso precedió al tratado definitivo de 1889, que estableció el arbitraje del presidente Cleveland, de los Estados Unidos.

Relaciones con chile.

Durante la presidencia de Sáenz Peña el viejo pleito de limites con chile tuvo alternativas reflejadas en la exposición del presidente Sáenz Peña en mayo de 1893 al congreso: “creo de mi deber informaros que, tratándose de este asunto de trascendencia internacional, juzgue conveniente, antes de enviar al nuevo ministro a chile, reunir un consejo de distinguidos ciudadanos, de los que había dirigido la política exterior del país, para imponerles el estado de este asunto y oír sus opiniones, antes de expedir las instrucciones correspondientes a nuestro ministro, y dentro de esas opiniones inspiradas todas en la mayor cordialidad de la republica de chile y la convivencia recíproca de allanar las dificultades para la demarcación de limites, se expidieron las instrucciones respectivas. Nuestro plenipotenciario en chile comunico con fecha 14 de marzo un proyecto de acuerdo entre los peritos argentinos y chilenos, con intervención de sus respectivos ministros, y después de tomado en consideración por el P. E. Creímos que la importancia del asunto y el deseo de proceder con el mayor acierto nos indicaban la oportunidad de oír nuevamente las opiniones autorizadas de lo ya mencionados ciudadanos, y fueron todas favorables a los términos del arreglo, con alguna modificación. Ha continuado la negociación cambiándose diversas propuestas para evitar dificultades ulteriores, creyendo el gobierno argentino de su deber hacer constar que ha encontrado en el gabinete de la republica de chile las mejores disposiciones correspondidas por nuestro gobierno, proponiéndose mutuamente soluciones diversas, hasta que felizmente homos llegado al termino final de la negociación del modo más satisfactorio para ambas republicas, y el acuerdo que se ha celebrado será sometido a la brevedad posible a la aprobación del congreso”.

Se firmo en mayo de 1893 un protocolo adicional y aclaratorio del tratado de límites de 1881. Tenía por objeto zanjar las dificultades con que tropezaban los peritos para el desempeño de su cometido. El conflicto adquirió mayor gravedad en la presidencia de Uriburu, y tan solo quedaron resueltas las dificultades en la segunda residencia de Roca.

Problemas internacionales en la segunda presidencia de Rosas: limites con Chile.

La disputa de más duración por cuestiones de límites se tuvo con Chile, a lo largo de una frontera muy prolongada. En 1843 quiso el país vecino colonizar la región de Magallanes y ocupo puerto hambre con un presidio; después ocupo punta arenas, en la costa norte del estrecho, levantando un acta de posesión de los estrechos de Magallanes y sus territorios. El gobierno de Rosas reclamó en 1847; fue en esa ocasión cuando Sarmiento hizo objeciones a la reclamación. En 1852 se hizo otra reclamación y en 1855 se firmo un tratad de paz y amistad, según el cual las partes reconocían como limites los que poseían al tiempo de separarse de la dominación española en 1810 y convenían en aplazar las disputas y en caso necesario en someterlas al arbitraje de una nación amiga.

En 1868 propuso chile dividir por la mitad la Patagonia. Las negociaciones continuaron en 1872, 1876, 1877, 1878, 1879, y se firmaron varios protocolos y tratados. El 23 de julio de 1881 se firma el tratado definitivo de limites Irigoyen-Echeverría, que fue ratificado el mismo año por ambas partes y que todavía es ley para los dos países en todo lo que no fue materia de modificaciones y arbitraje. Chile abandono sus aspiraciones a la Patagonia y la argentina sus derechos a las aguas y costas del estrecho de Magallanes, aunque conservo una pequeña faja de agua en la boca oriental.

Surgieron interpretaciones diversas y se elaboraron para resorver los protocolos de 1881, 1893 y 1895 sin llegar, sin embargo, a soluciones satisfactorias.

El protocolo de 1893 estableció que el tratado de 1881 reconocía a la argentina el dominio de todos los puntos sobre el atlántico y a chile el de los lugares del Pacifico.

El tratado de 1881 establecía que el limite entre ambos países era, de norte a sur, hasta el paralelo 52° de latitud, la cordillera de los andes. La línea fronteriza corría en esa extensión por las cumbres más elevadas de dichas cordilleras que dividen las aguas asaba entre las vertientes que se desprenden de un lado y otro. Las dificultades que pudieran suscitarse por las existencias de ciertos valles formados por la bifurcación de la cordillera y en las que no fuese clara la línea divisoria de las aguas, serian resueltas amistosamente por dos peritos...

Hubo divergencias en la interpretación de los puntos del tratado; los peritos y negociadores argentinos sostenían que, dentro de la cordillera, debía trazarse el límite por las más altas cumbres, por el filo culminante y las vertientes que se encuentran en el; lo chilenos sostenían el principio que defendía el divortium aquarum continental. Para unos la base de la demarcación era hidrográfica, para los otros era oreografica. La región en disputa desde el paralelo 40° era importante por los valles fértiles que abarcaba y por los grandes lagos, excepción del Nahuel Huapi y los más septentrionales. En el norte se sometió a arbitraje la región del paso de San Francisco, o sea la parte que comprende el límite de la provincia de Catamarca y parte de la rioja con Chile.

En 1897 se comenzaron de ambas partes preparativos para un conflicto armado. El perito Moreno y el chileno Diego Barros Arana no se pusieron de acuerdo y fueron enviados los antecedentes al gobierno británico para la solución arbitral y, después de estudios sobre terrenos del coronel Holdrich y el informe técnico de la comisión asesora, se dicto la sentencia arbitral el 20 de noviembre de 1902. Pero antes, el 28 de mayo del mismo año ambos países en disputa firmaron los pactos de mayo, o sea un tratado general de arbitraje y una convención sobre discreta equivalencia naval, con lo que quedo fundada definitivamente la amistad entre chile y la Argentina, perturbada por la larga disputa. La superficie en discusión abarcaba unos 90.000 kilómetros y se aparto del tratado de 1881, que establecía el limite en la cordillera; la solución fue una línea intermedia; corta los grandes lagos desde el tronador hasta el cerro Fitz-Roy. El árbitro se aparto de las reclamaciones externas de ambos países e hizo prevalecer, aunque no con exclusividad, el divortium aquarum combinando con el de las altas cumbres.

El estrecho de Magallanes fue neutralizado a perpetuidad y asegurada la libre navegación por el para las banderas de todas las naciones, siguiendo el tratado de 1881. Según este tratado, las islas del sur del canal de Beagle hasta el cabo de hornos y el occidente de tierra del fuego pertenecía a Chile; según el protocolo de 1893, Chile no podía pretender punto alguno hacia el atlántico, ni la argentina hacia el pacifico. Las tres islitas de Picton, Nueva y Lennox, siguen en litigio.

Una cláusula preliminar relativa al pacifico esta destinada a clamar los recelos argentinos sobre los propósitos de expansión territorial de chile a expensas del Perú y Bolivia, así como las preocupaciones chilenas sobre la posibilidad de una intervención argentina en las disputas pendientes entre chile por un lado, y Perú y Bolivia por el otro. Como se declaro, por entonces, la cláusula del pacifico era la causa verdadera del malestar y la prevención entre chile y la argentina. Los plenipotenciarios tuvieron el acierto de encontrar la formula de avenimiento definitivo en ese punto. El plenipotenciario argentino declaro en el acta preeliminar que su país respetaba la soberanía de las demás naciones sin interferir en sus asuntos internos ni en sus problemas externos; el de Chile, a su vez, declaro solemnemente que no abrigaba propósitos de expansión territorial, fuera de los que resultasen del cumplimiento de los tratados en vigor.

Establecían también los pactos de limitación de armamentos; ambos gobiernos suspendieron, en consecuencia, la adquisición de nuevos buques de guerra y convinieron en disminuir sus fuerzas navales hasta una relativa equivalencia.

Otra cláusula del convenio se refería al tratado general de arbitraje, que estableció para ambas partes la obligación de someter a juicio arbitral todas las controversias que surgiesen entre ellas en cuanto no afectaran en sus respectivas constituciones. El árbitro designado fue el gobierno británico, al cual pidieron las arte contratantes que dictase el fallo arbitral y nombrara al mismo tiempo una comisión que decidiera en el terreno mimo los deslindes fijados en el fallo.

De un lado a otro de la frontera hubo partidarios de la solución por las armas: Estanislao Cevallos, Indalecio Gómez y Carlos Rodríguez Larreta, desde Buenos Aires, Juan Walser Martinez, desde Santiago de Chile, entre otros. Pero ni los presidentes chilenos Errazuriz y German Riesco, ni el presidente Roca querían guerra, sino arreglo pacifico de la disputa. Y la entrevista de Roca y Errazuriz en el sur, el llamado abrazo del estrecho, fue testimonio elocuente de esos sentimientos. El diario mitrista comentó el acontecimiento: “creemos, pues, que si las frases cambiadas entre los presidentes tienen la significación que les había atribuido los oradores, ellas dan la promesa de soluciones francas, directas y leales a las cuestiones que aun están suspensas de una gestión aleatoria. Tal es el comentario que sugiere la entrevista de los presidentes y los términos en que ellos han traducido su pensamiento en la forma circunscripta y reciente de la palabra oficial”...

Los pactos de Mayo fueron aprobados por los congresos de ambos países y fueron canjeados por los presidentes Roca y German Riesco el 22 de septiembre. El 20 de noviembre dio su fallo el monarca ingles en la cuestión de limites y adjudico a la argentina 42.000 kilómetros de los 90.000 en litigio. Con aquellos territorios se formo el antiguo territorio de los andes, creado por ley del 9 de enero de 1900.

En recuerdo de la crisis superada se erigió un monumento a Cristo Redentor en la línea divisoria de la frontera chileno-argentina, en los andes mendocinos, a 4.000m sobre el nivel del mar. Se inauguró el 13 de marzo de 1904 para borrar setenta años de disputas por cuestiones se limites, que cerraron los llamados patos de Mayo; llegaron a la inauguración unas 2.000 personas, muchas de ellas de Chile; las comitivas oficiales de los dos países fueron presididas por los ministros respectivos de relaciones exteriores, José Antonio Terry y J. Silva Cruz. Tropas chilenas y argentinas formaron en la ceremonia y rindieron honores de correr el velo que cubriría el monumento. El Cristo Redentor e obra del escultor Mateo Alonso, asienta sobre la mitas de un globo terráqueo; con la mano izquierda sostiene la cruz y con la derecha parece impartir la bendición; la imagen tiene casi siete metros de altura y pesa cuatro toneladas; fue fundida en el Arsenal de guerra. La idea del monumento, fue fomentada entre otros por la señora Ángela Oliveira Cesar de Costa y el entonces obispo de Cuyo, Marcolino Benavente. El arzobispo de Buenos Aires, Mariano Antonio Espinosa, oficio una misa; el presbítero Pablo Cabrera y el obispo de Ancud, Juan Ángel Jara, pronunciaron discursos de gran elocuencia y significación.

En su último mensaje al congreso en mayo de 1904, pudo señalar el presidente la importancia del aparato militar del país:

“Tal como se encuentra organizado, el ejercito, su división regional, sus unidades y cuadros de movilización, se puede afirmar que en caso necesario podría movilizarse en dieciocho días solamente un ejercito de primera línea de ochenta mil soldados, habiendo pasado todos por las filas con una dotación de cuatrocientos cañones y obuses de campaña de modelo tan perfeccionado y uniforme como ninguno tiene mejores”.

Sancionados y canjeados los pactos, el gobierno argentino envió una delegación de personalidades civiles y militares a chile para llevar al saludo del gobierno y del pueblo; la delegación realizo el viaje en el acorazado San Martín y fue cordialmente agasajada; por su parte, Chile retribuyo la visita en 1903 con una delegación equivalente en Buenos Aires, lo cual dio motivo para homenajes y festejos que sellaron la amistad entre los dos países.

Bibliografía:

Fuentes

Secundarias:

  • Diego Abad de Santillán Historia Argentina (tipográfica editora Argentina) Buenos Aires 1981 (abuela)

  • La Política Internacional la dimensión politica(1862-1914)

  • Raul C. rey Balmaceda Hielo continentales