Historia de Alemania

Evolución histórica alemana contemporánea. Siglo XX. Reconstrucción de Europa. Reunificación. División. Política interior y exterior. Economía

  • Enviado por: Larisha
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 24 páginas
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ALEMANIA EN LA EUROPA ACTUAL:

Desde el Final de la II Guerra Mundial

A nuestros días

ÍNDICE

Introducción 1

Reorganización de Europa 3

La División Alemana 6

La Reunificación Alemana 9

La Pólitica Interior 12

La Política Exterior 16

La Economía Alemana 21

Opiniones 24

Bibliografía 25

Introducción

Para entender la Alemania actual, hay que conocer su historia. Nosotros vamos a remontarnos a los hechos más recientes. Aquellos acontecidos en el S. XX, a partir de la II Guerra Mundial que tanto marcó a este país.

La satisfacción general por la derrota del nacionalsocialismo fue percibida como una victoria sobre los alemanes. ¿Cómo hubiera podido esperarse de personas que tanto habían sufrido bajo la cruz gamada la objetividad necesaria como para distinguir entre alemanes y nazis? La derrota había significado no sólo la rendición incondicional sino la destrucción total de un Estado en una medida quizás jamás dada en la historia. El tejido social estaba destruido. No podía dejar de percibirse que no sólo las ciudades sino también las almas y los pensamientos de todo un pueblo yacían en ruinas. En 1945 los Aliados tomaron en sus brazos al pueblo alemán y se lanzaron a la extraordinaria tarea de la reeducación: en el oeste en libertad, en el este como una ideología que negaba la libertad. Las atrocidades habían sido terribles y terribles fueron también las consecuencias. Casi no existe ningún ejemplo en la historia de una nación que, como supuesto castigo por sus errores, perdiera extensos territorios que le habían pertenecido durante siglos y millones de personas fueran obligadas a abandonar penosamente su patria.

Los europeos comprendieron que no era posible esquivar el problema de Alemania ya que afectaba el orden de paz en Europa Central. Desde el discurso de Byrnes en Stuttgart, el 6 de Septiembre de 1946, pasando por la autoresponsabilidad de los alemanes a través del Plan Marshall, hasta el paulatino establecimiento de la soberanía por medio de elecciones libres y una constitución: el objetivo fue siempre ofrecer nuevamente a una nación una base para la esperanza y la creación; este proceso estuvo estrechamente vinculado a la aparición de la guerra fría. En realidad, el conflicto entre el este y el oeste no surgió a raíz de Alemania. Fue más bien la expresión de la inevitable división en la concepción opuesta de la democracia: libertad en el Oeste y comunismo en el Este. La decisión de los alemanes era clara: libertad antes que la unidad y paz en libertad, pero la libertad tenía que ser la "condición y no el precio de la unidad". Europa era la meta a fin de lograr la libertad, la paz y la unidad, y por ello la reconciliación entre Alemania y Europa era la vía que conducía a ese futuro.

"El futuro de Alemania se llamaba Europa ". El puente aéreo para salvar Berlín fue la expresión de esta solidaridad por parte de las "potencias protectoras". Pero el desarrollo continuó, Berlín ha seguido siendo para todos el símbolo de la lucha entre la libertad y la dictadura. La audaz decisión de rearmar la RFA y de posibilitar en 1955 su ingreso en la OTAN no fue sólo una consecuencia de la guerra fría, significó el reconocimiento de Alemania como una democracia de igual rango, la superación de los temores pasados. El apoyo de Europa durante la crisis de Berlín de 1958 a 1960 hasta la vergonzosa construcción del "Muro" respondía a la responsabilidad conjunta de los europeos frente a Alemania. A pesar del fracaso, en 1954, de la perspectiva de una comunidad europea de defensa, debido a que la conciencia de los europeos todavía no estaba madura para este salto, la solidaridad se consolidó en aquellos años a través del ingreso de la República Federal de Alemania como decidido miembro fundacional de la Comunidad Europea (Tratados de Roma de 1957).

Este proceso está vinculado con el concepto de la "OSTPOLITIK" (la política del este). Los europeos apoyaron esta política y algunos hasta ya habían preparado los primeros contactos con el este.

¿Se ha convertido la RFA en los años `90 en una gran potencia? Los europeos ven en ella un país muy poderoso, pero no una gran potencia y tampoco una potencia mundial porque Alemania no aspira a jugar ningún papel rector, por mas que muchos quizás hasta lo deseen. No podemos medir su prestigio con viejas pautas pues está situada mucho más alto. La influencia que puede ejercer en el ámbito financiero y económico y en el comercio internacional, conduce a Alemania en una dirección que es europea y no alemana.

Ante los ojos de los europeos, Alemania ofrece una imagen clara e inequívoca: un país democrático que se siente comprometido con la creación de una Europa libre. Desde la perspectiva europea no puede ignorarse que Alemania, y los alemanes seguirán jugando un papel central en la confrontación de los europeos con ellos mismos. Para todos en Europa la creación de una Europa propia de la gente, más allá de las fronteras significa la reconciliación de ellos mismos, la superación de hostilidades milenarias. Impresiona el interés de los alemanes en llevar adelante este debate, que en tiempo reciente se ha ampliado demostrando cuán importante es y sigue siendo este tema.

Reconstrucción de Europa

Tras el final de la guerra, Alemania quedó en manos de los cuatro grandes; Estasdos Unidos, Gran Bretaña, Francia y la URSS.

Desde un primer momento aparecieron las primeras diferencias y conflictos entre las potencias. Lo único que contaban eran los propios intereses de cada potencia, que dejaron a una Europa aún más dividida y destrozada.

Gran Bretaña por intereses propios, y también por las peculiaridades de su líder político, tendía a cerrarse en banda a cualquier cosa parecida a la descolonización y, en general, favorecía regímenes monárquicos -en Italia, Grecia y Yugoslavia, por ejemplo- como si ello sirviera para contrapesar el tono radical de los movimientos de resistencia. Otros conflictos menores se produjeron con los norteamericanos en asuntos como la relación con De Gaulle -con el que el "premier" británico era más tolerante que el presidente norteamericano- y en lo que atañía a la inmigración judía hacia Palestina. Pero, a pesar de que Churchill mantuvo siempre una diferencia fundamental, al proponer una estrategia periférica, hacia Italia, los Balcanes o Grecia, en vez de en dirección hacia el centro del Viejo Continente, la cooperación militar siempre resultó muy positiva.

Con la URSS, la relación fue mucho más complicada. Las mayores discrepancias con los anglosajones surgieron en torno a Polonia. Ésta había sido el motivo de Gran Bretaña para ir a la guerra y tenía en Estados Unidos una importante minoría nacional. En cuanto a la nueva organización internacional, que Roosevelt consideraba indispensable, Stalin no quería que pudiera intervenir en la vida interna de la URSS; pretendía, además, exigir la unanimidad de los Grandes y en ella deseaba tener el mayor número posible de votos.

El acercamiento de los anglosajones a los soviéticos, con el propósito de elaborar una estrategia y unos planes de futuro comunes, tuvo lugar a partir de la segunda mitad de 1943. En octubre se encontraron por primera vez los responsables de la política exterior anglosajona con Stalin, pero el avance que se produjo en la relación fue limitado. Hubo acuerdo sobre la desnazificación de Alemania y la necesidad de desmembrar su territorio. Los británicos descubrieron, con sorpresa, que los soviéticos deseaban la flota de Italia y parte de su Imperio colonial. Se mencionó, también, pero vagamente, una posible organización internacional. Stalin dejó claro su mínimo interés en coordinar su acción militar con la de sus aliados.

Mucha más importancia tuvo la reunión de Teherán, entre noviembre y diciembre, con la participación por vez primera de Churchill, Roosevelt y Stalin. Las potencias democráticas pudieron ser conscientes de algunos de los mayores intereses soviéticos y de aquellos puntos en los que no iban a ceder. Stalin no iba a renunciar a los países bálticos ni a la salida a este mar, pero afirmó no tener interés en Finlandia.

Todos aceptaron una transformación de Alemania que la privara de peligrosidad. Para solucionar el problema de las futuras fronteras de Polonia, se optó por "empujar" el conjunto del país hacia el Oeste, siguiendo la indicación del dictador soviético. Pero por el momento, todavía los dirigentes anglosajones no dieron por supuesto un afán imperialista en Stalin. Pero las cosas cambiaron cuando, a partir del verano de 1944, no sólo se produjeron los ya mencionados sucesos polacos, sino que también se manifestó una creciente reticencia respecto a la colaboración en la organización internacional que, en el caso del nuevo orden económico mundial, resultó cerrada y definitiva.

La segunda reunión de los líderes aliados testimonió todavía menos generosidad por parte de Stalin pues se celebró en Yalta, en Crimea, durante los primeros días de febrero de 1945. Roosevelt, agotado y próximo a la muerte, consiguió mejores resultados de los que suele afirmarse, para tratarse de una de las reuniones internacionales de peor fama en la Historia de los tiempos recientes.

Se ha dicho, en efecto, que el presidente norteamericano cedió o fue engañado, entregando gran parte del Este de Europa a los soviéticos, pero lo cierto es que esto dependió siempre desarrollo de las operaciones militares. Churchill había intentado distribuir en porcentajes entre los aliados su influencia sobre cada uno de estos países del Sureste europeo. Stalin pudo aceptar la discusión e incluso los porcentajes, pero no tenía el menor deseo de cumplirlos, como no tardó en comprobarse. Al menos los anglosajones consiguieron que Stalin aceptara algunas propuestas;

- La Declaración de la Europa Liberada, que presuponía en ella la celebración de elecciones libres, no se convertiría en realidad nada menos que hasta 1989 pero, al menos, serviría para deslegitimar desde un principio lo que los dirigentes soviéticos siguieron haciendo a continuación.

- La admisión de Francia entre las grandes potencias.

- Se dió viabilidad a la Organización de las Naciones Unidas con el sistema del veto en el Consejo de Seguridad. Las naciones que declararan la guerra al Eje antes de marzo podrían participar en la reunión fundacional, que tendría lugar en los últimos días de abril en San Francisco para, de esta manera, involucrar en la cuestión a la opinión pública norteamericana. Stalin menos de un año después de haber ratificado su neutralidad respecto a Japón, se mostró dispuesto a declararle la guerra y aceptó dejar Manchuria en manos de China cuando se produjera su ataque.

No eran tan malos resultados y, además, la reunión resultó relativamente cordial. El presidente norteamericano, como ya había hecho en Teherán, a menudo utilizó la táctica de identificarse más con Stalin que con Churchill. Pero con lo que se jugaba no eran relaciones personales, sino formas muy distintas de entender la organización de la vida política y social y, en estas materias, los siguientes meses vieron ya cómo se abría un abismo entre los todavía aliados.

División Alemana

Tras la conclusión de la Segunda Guerra Mundial, el paisaje europeo era dramático. Desde el punto de vista humano, millones de personas que habían sobrevivido a la barbarie bélica se veían abocadas al hambre, al frío, a las enfermedades y a otras penurias en medio de ciudades y campos arrasados. Desde el punto de vista social, la caída de los estados fascistas y la reordenación de los límites había provocado un complejo movimiento de masas, con gentes que huían de las represalias, trabajadores forzados y prisioneros de guerra que regresaban a sus hogares. Y, desde el punto de vista político, la paz parecía no encontrar acomodo entre los aliados, cuyas tensiones derivaron en lo que se dio en llamar "Guerra Fría".

Pero no es lógico pensar que, después de la más devastadora de las guerras, que había provocado la muerte de unos cuarenta y cinco millones de personas, arrasado gran parte del aparato productivo y dejado el horror de la bomba atómica, la única causa de una tensión que amenazaba con desencadenar un conflicto aún más terrible fuesen las divergencias ideológicas entre los antiguos aliados.

Todo parece indicar que inicialmente ni EE.UU. ni la Unión Soviética tenían el propósito, al desaparecer el enemigo común, de repartirse el botín. La idea de una conspiración comunista para dominar el mundo resulta tan fantástica como la de un plan del imperialismo capitalista con el mismo cometido. Observando con perspectiva histórica la evolución de los hechos que desembocó en la división de Europa simbolizada en Alemania, queda claro que la Unión Soviética no la dio por válida hasta que tuvo la evidencia de que no controlaría el conjunto del país a través del Partido Comunista, tal como ya se había producido en la Europa Oriental.

Resulta más razonable creer que fue la misma dinámica de los acontecimientos la que arrastró a las potencias occidentales y a la oriental a configurar dos bloques ideológicos antagónicos. Una dinámica en cuya orientación tuvieron gran importancia el autoritarismo de Stalin y el dogmatismo anticomunista de Truman, así como las escasas dotes para la diplomacia de personajes como el soviético Andrej Zdanov y el estadounidense Dean Alheson.

La idea principal de 1945, era constituir una entidad estatal unificada, cuyo potencial administrado por los aliados tenía por objetivo impedir que volviera a desempeñar un papel protagonista en la escena internacional. De acuerdo con esto, una Comisión interaliada convertida en órgano superior de gestión debía asumir la administración de Alemania sectorizada en áreas de influencia; pero tal objetivo no pudo llevarse a cabo debido a que pronto surgieron divergencias en la interpretación de los pactos, que no pudieron resolverse en las conferencias celebradas en Moscú, París y Londres entre 1946 y 1947.

La rápida evolución en favor de la URSS en la Europa oriental, como consecuencia de la situación postbélica y la presencia del Ejército Rojo, determinó una amplia área de influencia comunista cuya imaginaria línea demarcatoria, que iba de Stettin a Trieste, recibió de Churchill la gráfica denominación de "telón de acero". A partir de 1947, año en que empieza a hablarse de "guerra fría", los acontecimientos que consagraron la ruptura entre los antiguos aliados se precipitaron. Los gobiernos de coalición previstos para los países de la Europa oriental no fueron duraderos. El proceso de concentración del poder efectivo en manos de los partidos comunistas nacionales, iniciado desde el mismo fin de la guerra, afectó a Bulgaria, Rumania, Albania, Polonia, Hungría y la antigua Checoslovaquia. La creación por Stalin de la "Kominform" (Oficina de información comunista), en septiembre de 1947, destinada a asegurar la cohesión de los regímenes prosoviéticos, la guerra civil de Grecia (1946- 1949) y el golpe de Praga (1948) tuvieron su respuesta en el feroz anticomunismo de la doctrina de Truman, la aplicación del plan Marshall de ayuda económica a las democracias europeas, la consumación de la alianza atlántica con la creación en 1949 de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que contribuyeron a ahondar las divergencias de uno y otro bando y a tensar las relaciones hasta límites peligrosos para la paz mundial.•

Ante el temor de la expansión del comunismo en Europa y la gravedad de la situación económica, las potencias occidentales tomaron una serie de medidas que marcaron la profundidad de la grieta ideológica entre los vencedores. Mientras en su sector la URSS organizaba la economía y la sociedad de acuerdo a principios comunistas, EE.UU., Gran Bretaña y Francia fusionaron los suyos y pusieron todos los medios para una rápida reconstrucción del país. En este sentido, los aliados occidentales no sólo condonaron gran parte de las indemnizaciones de guerra de las que Alemania era deudora, sino que aportaron importantes cantidades de capital, sobre todo a través del plan Marshall estadounidense, que derivaron en la reforma monetaria de 1948 y en la creación de un marco de gran fortaleza, cuya introducción en la zona soviética provocó, como reacción más espectacular y preludio de la división del país, el bloqueo de Berlín, entre el 24 de Junio de 1948 y el 12 de Mayo de 1949.

La partición de Alemania se consumó con la constitución de la República Federal de Alemania por los occidentales, el 23 de Mayo de 1949 y de la República Democrática de Alemania por los rusos, el 7 de Octubre del mismo año, entidades estatales que no ejercieron su soberanía hasta la derogación del Estatuto de Ocupación en 1955. Quedaron entonces bien definidas las dos Alemanias antagónicas.

El muro de Berlín fue la división física que existía entre el Este y el Oeste de Berlín desde 1961 hasta 1989.

A principios de la década de los 60, la guerra fría alcanzó un alto grado de tensión y las dos Alemanias fueron el escenario donde EE.UU. y la URSS parecían querer dirimir sus diferencias. En ese clima de crispación ideológica, en el que el espionaje de uno y otro bando encarecía las relaciones internacionales, miles de ciudadanos germano-orientales huían de la persecución política hacia la Alemania Occidental.

La escalada de tensión en Berlín, situada en territorio dominado por el ejército rojo y dividida en sectores administrados por potencias occidentales (EE.UU., Gran Bretaña y Francia por un lado y la URSS por el otro), se debió, entre otras causas, a las elecciones llevadas a cabo en ella y a la introducción de una nueva moneda en Alemania occidental, cuya fortaleza alteró los planes del desarrollo económico comunistas. La URSS no aceptó la introducción del marco occidental en el país y prohibió su circulación en Berlín alegando que conculcaba los acuerdos firmados.

La división política de Berlín se tornó física cuando en 1961, los residentes en Berlín se encontraron con una división de alambres de púas entre el Este comunista y el Oeste no comunista. Dicha división fue reforzada por el Este alemán mediante soldados y milicias, y rápidamente fue reemplazada por un muro de material de 103 millas de largo y 4 metros de alto, construído de la noche a la mañana.

A lo largo del mismo fueron construídas trampas y zanjas; y solo existían 2 entradas/salidas; la más famosa fue la de Checkpoint Charlie. El muro resultó ser una barrera muy efectiva durante 25 años.

El contraste de los niveles de vida en uno y otro lado se hizo evidente y ello contribuyó a fomentar la fuga constante de ciudadanos alemanes al sector Oeste. Se calcula que desde que fue construído unos 2,7 millones de personas aproximadamente intentaron pasar de la RDA a la RFA. Y según algunos informes más de 400 personas murieron en el intento durante la Guerra Fría. Pero los activistas de derecha aseguran que las muertes llegarían a 800 personas.

En 1989, el muro de Berlín se convirtió en algo irrelevante, después del permiso que Hungría concedió a los alemanes del este de dejarlos pasar por su país, para atravesar Austria y así llegar a la RFA. En Noviembre del mismo año cuando las noticias decían que no habría más restricciones para viajar o trasladarse de un lugar a otro, los ciudadanos comenzaron a demoler el muro sin ningún tipo de interferencia por parte de oficiales del gobierno. El Este alemán participó también en la destrucción del muro y se reunió junto al Oeste en 1990 como una Nación, "LA REPÚBLICA FEDERAL ALEMANA".

Reunificación Alemana

El objetivo perseguido por la política norteamericana de conseguir una Europa libre y unida presuponía una Alemania reunificada. Europa se inclinó por Estados Unidos, quien tomaría la dirección del proceso. Después de que se trató de aproximar los diferentes intereses en Londres, París y Moscú, se pudieron fijar los principios internacionales de la unidad alemana en el tratado "2+4". Los alemanes obtuvieron la oportunidad de reunificar su país como miembro de la OTAN. El proceso diplomático que condujo a dicha unidad representó sólo el primer paso de la misma.

Cuando el 9 de Noviembre de 1989 se abrió el muro berlinés, los alemanes de este y oeste fueron presa de una gran emoción, y gente que no se conocía se abrazaba efusivamente. Sin embargo, cuando empezó nuevamente la vida cotidiana se impuso la certeza de que los alemanes se encontraban frente al mayor desafío de su historia desde el término de la Segunda Guerra Mundial. En toda la Europa del Este y Central se rompían las cadenas del imperio soviético por lo que no hubo tiempo para tomar en serio la idea de constituir un segundo estado democrático en suelo alemán. Los ciudadanos federales tenían pocas expectativas ante una eventual unidad, y no pudieron ofrecerles nada más a sus compatriotas del Este que la economía social de mercado y el estado de derecho que habían obtenido de los aliados en 1945.

La posibilidad de restablecer la unidad estatal de Alemania nunca había sido tan grande. Con la apertura del muro, el sistema socialista de la desaparecida RDA había declarado públicamente su quiebra, al igual que todos los otros sistemas socialistas en el ex bloque oriental, poco antes o después. Ese derrumbamiento puso en marcha una dinámica de los acontecimientos que derrumbó en un breve período de tiempo un orden mundial bipolar. Solamente los sistemas de alianza occidentales, la Organización del Tratado del Atlántico Norte y la Comunidad Europea, quedaron como verdaderas "anclas de estabilidad" dentro de los cambios políticos y sociales que se dieron en Europa, y también más allá de sus fronteras.

En 1990 se hizo efectiva la unidad estatal de Alemania, y la RDA dejó de existir. Un factor de vital importancia para la unidad interna era que todos los ciudadanos alemanes tomasen conciencia de ser parte integrante de una sola nación y colectividad. Ese mismo año bajo el imperio de la unidad y la libertad, el pueblo alemán eligió por primera vez conjuntamente un Parlamento Federal alemán. Sin embargo todavía quedaba una frontera: la situación económica y material de la ex RDA y la República Federal eran totalmente distintas.

También hay que tener en cuenta que nadie estaba preparado realmente para afrontar la unificación. Después de la guerra, la población germano-oriental pasó casi sin darse cuenta de una dictadura a otra, y la represión y el igualitarismo dejaron marca en ella. En el Este existía el problema de la falta de iniciativa propia, la escasa disposición para tomar y delegar responsabilidades. El problema para la sociedad del este fue que el antiguo sistema tenía un carácter represivo y protector a la vez. La represión desapareció, algo justo y que también se pretendía conseguir. Pero también a su vez desapareció la protección, lo que explica el alto grado de inseguridad y a veces la nostalgia por los viejos tiempos que sigue existiendo en los nuevos Estados federados, aunque casi nadie desea restaurarlos verdaderamente. También el miedo ante los cambios, las tendencias a la inmovilidad, creciente egoísmo, inercia y mezquindad son los otros aspectos del bienestar individual dentro de una colectividad. En Alemania occidental, la población estaba marcada más por los valores materiales que por los espirituales.

En berlín propiamente encontramos con que la parte occidental era una isla democrática en un mar socialista, cercada durante casi tres decenios por el Muro y las alambradaslo que provocó un considerable retraso en el desarrollo, comparado con el de otras ciudades alemanas occidentales. Ciertamente, el nivel de vida de Berlín Oeste estaba a la altura del resto de la República Federal de Alemania; pero, ello era sólo posible gracias a las subvenciones que fluían en la ciudad. Con la reunificación alemana, se sumó al fiscalmente débil Berlín Oeste, una ruinosa mitad con un millón de habitantes que dependía para su reconstrucción aún más que el oeste de subvenciones y ayudas. Durante algunos años existió en una misma ciudad un desnivel económico comparable al que existe entre Milán y Nápoles.En Berlín la gente emigraba del Este al Oeste, y en algunos ámbitos, como el de la salud pública, se producían situaciones criticas: como las enfermeras ganaban en el Oeste el doble que en el Este, había allí una sensible falta de personal asistencial. Esto significa que había que equiparar rápidamente los salarios, no sólo en este ámbito.•

Esta ciudad necesitaba poder de atracción: la decisión sobre la capital se lo proporcionaría. Sólo así podría Berlín, tan largamente aislada y dividida, marcada todavía por los daños de la guerra y el desastre económico socialista, independizarse poco a poco de las altas subvenciones que todavía seguían siendo necesarias. El 20 de junio de 1991 338 de los diputados votaron por Berlín como nueva sede del gobierno; 320 por Bonn. Una ajustada pero concluyente decisión y un impulso para la Alemania unificada.

La decisión a favor de Berlín como sede del gobierno no tuvo un impacto financiero inmediato. Esta ciudad experimentó el "boom" de la construcción, ya que se instalaron en ella no sólo las empresas de prestaciones de servicios y las grandes empresas (que, desde allí deseaban explorar los nuevos mercados en el Este de Alemania y en la Europa Oriental que comenzaba poco a poco a desarrollarse), sino también los políticos, diputados, funcionarios federales, diplomáticos, asociaciones y medios de información. Y para todo esto se necesitaban centros de trabajo, viviendas, hoteles, restaurantes, infraestructura. Todo esto se vio obstaculizado por numerosos derechos de propiedad no declarados y reclamados por quienes fueron expropiados por la RDA o antes aún por los nazis. También se fundó la universidad de Berlín, y ello atrajo a la elite intelectual del país. Berlín tuvo esta oportunidad. Para ello tuvo que desprenderse del papel de mendigo y receptor de subvenciones, superar el sentimiento de ciudad-isla, a la que había que defender, y recuperar la confianza en sus propias fuerzas, su orgullo y su serenidad.

Política Interior

Los aliados occidentales crearon en la parte occidental de Alemania un sistema partidista pluralista, democrático y competitivo, al fomentar la creación de una gran diversidad de partidos, siempre y cuando no tuvieran conexiones con el nazismo y se comprometieran explícitamente con los procedimientos democráticos

La Grundgesätze o "ley básica" alemana que desempeña las funciones de una constitución, tiene referencias muy específicas para los partidos políticos pues, debido a que éstos fueron proscritos en el nazismo, la Grundgesätze tiene especial cuidado en garantizar la legitimidad y legalidad de los partidos políticos y su derecho a existir, siempre y cuando acepten los principios básicos del gobierno democrático. Como consecuencia, Alemania Occidental desarrolló un fuerte sistema de política partidista competitiva, misma que se convertiría en la columna vertebral del nuevo orden democrático.

Las elecciones en la República Federal Alemana tuvieron desde el inicio el importante significado de mantener el control del gobierno alternando las orientaciones hacia la izquierda o hacia la derecha como una función operativa de los resultados electorales. Los creadores de la Grundgesädtze tenían dos objetivos en mente cuando diseñaron el sistema electoral. Uno era reconstruir el sistema de representación proporcional usado en los años de la República de Weimar; el otro era evitar la fragmentación del sistema de partidos de Weimar, mismo que había generado crecientes crisis de gobernabilidad. Para satisfacer los dos objetivos se desarrolló un sistema híbrido, o mixto, que tomaba elementos tanto de la representación proporcional como del de mayoría simple.

Algunos analistas describen el sistema político alemán como un gobierno de partidos, por partidos y para partidos. Los partidos son concebidos, en consecuencia, básicamente como instituciones de la democracia representativa. Son los partidos los que deben actuar como intermediarios entre el público y el gobierno, y no hay, en principio, modalidades para una participación ciudadana directa, ni de tipo plebiscitario ni del corte de las iniciativas o referéndums. La ley fundamental estipula también la asignación de funciones educativas a los partidos. Los partidos políticos deben tomar parte en la "configuración de la voluntad política del pueblo" y por ello deben formar, informar y educar, y no tan sólo responder pasivamente a las demandas del electorado.

Las elecciones se estructuraron en torno a la competencia entre los demócratas cristianos (CDU), los social demócratas (SPD) y el pequeño partido liberal (FDP), que a menudo mantendría la balanza del poder. Actualmente es éste sistema el que está aún en vigor. El CDU constituyó uno de los pilares fundamentales del aparato de estado alemán de postguerra principalmente por dos factores. Por primera vez en la historia de Alemania un partido de centro derecha fue capaz de abroquelar al conjunto de la burguesía alemana. Además cumplió el rol de partido populista con una base social incluso más amplia que la de la socialdemocracia, siendo de esa forma el representante ideal para el capitalismo "corporativo" alemán. El CDU fue capaz de unir a los más variados sectores sociales: empleados, campesinos, obreros e industriales, católicos y protestantes social reformistas y liberales fundamentalistas. Todos están representados dentro de él. De esta forma, los conflictos de intereses pudieron ser resueltos dentro del partido evitándose así la lucha política abierta. Pero a causa de malversaciones de fondos y otros escandalos Kohl y el CDU dejaron paso al actual gobierno de Schröder y el SPD, que gobierna en coalición con “los verdes”.

Actualmente Alemania vive una fuerte crisis económica, que Schröder trata de afrontar con nuevas reformas políticas. Muchos creían que estas nuevas reformas serían la condena a muerte del estado social alemán, pero Schroeder siempre intentó recalcar que éstas solo debían servir para remodelar y no destruir el sistema social. Las reformas no fueron en todo caso sorprendentes.

El canciller anunció la reforma del seguro de desempleos: en el futuro los desocupados recibirán menos dinero y por menos tiempo que el actual y que llegará finalmente a equipararse con la llamada "ayuda social", un fondo del estado para aquellos que por distintas

La reforma del sistema de salud caerá también dentro del plan de Schroeder: en el futuro se reducirán las prestaciones de los servicios, aunque insistió que todo el mundo, independiente de su edad e ingreso, seguirá teniendo la cobertura necesaria. La anunciada reforma del sistema de pensiones apenas fue mencionada en el discurso.

Alemania se compone de Estados Federados y cada uno tiene su parlamento y su presidente independientes con sus normas propias. Pero todas deben atenerse a las normas generales que provienen de Berlín. Alemania es una República. La restauración de los Länder fue desde un principio uno de los objetivos políticos esenciales de la revolución pacífica de los ciudadanos de la antigua RDA en los años 1989/90. Los Estados Federados de Brandeburgo, Mecklemburgo-Pomerania Occidental, Sajonia, Sajonia-Anhalt y Turingia, así como Berlín oriental, que tras la reunificación del país volvió a formar parte del Land de Berlín, a su vez reunificado, fueron vueltos a crear por acuerdo de la Asamblea Popular alemana oriental (Ley del 22 de julio de 1990).

En buena medida como reacción a lo sucedido en la etapa del nacionalsocialismo, tras la Segunda Guerra Mundial el principio del Estado federal apenas fue contestado en Alemania occidental, a pesar de que según las encuestas en un principio solo tuvo escasa aceptación entre la población. En una encuesta de 1952 solo el 21 por ciento de la población se pronunció a favor de la estructura federal del país; en 1983 el 75 por ciento de los encuestados estaba a favor y tan solo del ocho por ciento en A la clásica división de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial en el Estado unitario o central, que puede denominarse división horizontal de poderes, se suma en el Estado federal la llamada división vertical de poderes, es decir, la separación del poder estatal entre el Estado central y los Estados miembros. Esto significa que cada uno de los tres poderes vuelve a subdividirse entre la Federación y los Estados Federados. Existe pues una "doble división de poderes".

Según la Ley Fundamental alemana, la Federación (Bund) tiene poder originario en el marco de sus funciones y competencias, al igual que los Estados Federados (Länder) en el marco de sus respectivas competencias. La Corte Constitucional Federal así lo recalcó en una de sus primeras sentencias: "Los Estados Federados, en cuanto miembros de la Federación, son Estados con un poder soberano propio - si bien limitado en su objeto - y no derivado de la Federación, sino reconocido por ella."

Ahora bien, debido a la limitación objetiva de sus derechos soberanos en favor de la Federación, los Estados Federados no pueden equipararse a Estados extranjeros independientes. Renania del Norte-Westfalia es mayor que Bélgica, Dinamarca o los Países Bajos por número de habitantes y superficie, pero no es un Estado independiente, sino "únicamente" un Estado miembro de un Estado federal. En una de sus primeras sentencias la Corte Constitucional Federal derivó de la idea maestra del principio del Estado federal el mandato, no explícitamente contenido en la Constitución, de la llamada "lealtad federal", es decir, la exigencia de que tanto la Federación como los Estados miembros ejerzan sus competencias adoptando un comportamiento mutuamente leal, esto es, respetando la posición e intereses respectivos, como corresponde a integrantes del mismo todo.

A diferencia del modelo de Estado federal de los Estados Unidos de América, inspirado en una estricta división de funciones entre la Unión y los Estados que la integran, de forma que los diversos ámbitos materiales corresponden por entero bien a la Unión bien a los Estados, la distribución de competencias prevista en la Ley Fundamental alemana se caracteriza por una compaginación de funciones, lo cual significa que la Federación y los Estados Federados asumen las competencias de los poderes estatales con arreglo a un sistema de prioridades y contrapesos.

La Ley Fundamental alemana aplica un sistema más complejo. No se atribuyen ámbitos competenciales por entero a la Federación o a los Estados Federados, sino únicamente determinadas funciones dentro de cada ámbito. A estos efectos la Constitución sigue el procedimiento de enumerar concretamente las atribuciones de la Federación por medio de un catálogo de competencias. En caso de que la Federación no tenga asignada una atribución de forma expresa, son competentes los Estados Federados.

Si la legislación de un Estado Federado vulnera alguno de los cuatro principios República, Democracia, Principio de Estado Social y el principio de Estado de Derecho incurre en inconstitucionalidad. En tal supuesto, la Federación está obligada a restablecer la legalidad, incluso por medios coactivos si fuere necesario. •

Política Exterior

Cuarenta años después de la fundación del Estado alemán occidental, la política de Bonn presentaba un apreciable balance de éxitos. La República Federal de Alemania era una importante potencia media, orientada hacia el equilibrio y la paz. En la OTAN prestaba una importante contribución a la seguridad y a la política de paz de Occidente. La Comunidad Europea, impulsada por la voluntad de Francia y de la República Federal Alemana, avanzaba hacia la Unión Europea.

La situación de partida había sido desastrosa, casi sin esperanza. El Reich Alemán había sido derrotado, dividido y desarmado; económicamente se encontraba por el suelo. Los territorios del Este de la línea Oder-Neisse estaban bajo administración polaca y una parte de Prusia Oriental había sido incorporada a la Unión Soviética. Alemania Occidental estaba inundada por doce millones de fugitivos. La mayoría de las ciudades en ruinas y los servicios públicos destruídos. Hasta fines de 1947 se habían realizado sin éxito seis conferencias de ministros de Relaciones Exteriores de las cuatro potencias vencedoras. Moscú había bloqueado toda la posibilidad de entendimiento. En 1949 entró en vigencia la Ley Fundamental. En 1949 el Canciller Federal Konrad Adenauer (presidente de la Unión Cristiano-Demócrata y primer jefe de gobierno de la RFA) había señalado que sus objetivos de política exterior más importantes eran la incorporación en la comunidad de los pueblos libres, la superación de la confrontación germano-francesa y la recuperación de la soberanía y la igualdad de derechos. Según él, sin una Europa fuerte y unida, vinculada con los EE.UU., no era posible lograr en libertad la unidad de Alemania.

El Plan Marshall de 1947, con su programa de ayuda para Europa, significó el detonante inicial de la reconstrucción de la RFA. El rápido establecimiento por parte de los EE.UU. de un puente aéreo para abastecer a la población como respuesta al bloqueo de Berlín (Oeste), impuesto por Moscú en 1948, y el coherente cumplimiento de las promesas de Bonn en el sentido de pagar reparaciones a Israel y a las víctimas de los crímenes nacionalsocialistas, contribuyeron decididamente a una creciente confianza recíproca. Entre ambos pueblos surgió una red cada vez más densa de relaciones humanas, políticas y económicas. En cambio, la relación con Francia estuvo todavía durante un tiempo afectada por los esfuerzos franceses de anexión del Sarre, importante región industrial alemana (en 1956 se pudo solucionar también este problema).

En 1950 se produjo la invitación para integrar al Consejo de Europa, en Estrasburgo. Adenauer dio de inmediato su aprobación al plan proclamado por el Ministro de Relaciones Exteriores francés Robert Schuman en el sentido de colocar bajo una autoridad común la producción del carbón y del acero de ambos países limítrofes y de otros Estados interesados. Un año después, Francia, los países del Benelux (unión económica que en 1948 formaron Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo), Italia y la RFA firmaron el acuerdo. Tras el estallido de la guerra de Corea en 1950, Adenauer se manifestó dispuesto a colaborar en una defensa común de Europa. En 1952 los miembros de la Comunidad del Carbón y del Acero acordaron fundar una Comunidad Europea de Defensa (CED), que fracasó en 1954.

Pronto se encontró otra solución. La clave la proporcionó el llamado Pacto de Bruselas, en virtud del cual Francia, Gran Bretaña y los países del Benelux se habían comprometido en 1948 a oponerse a una nueva política de agresión alemana. Las potencias de ocupación se transformaron en aliados. Se comenzó la organización del Ejército Federal alemán.

Adenauer buscó un nuevo punto de partida en la vinculación de las fuerzas económicas de Europa. El resultado fue, en 1956, la firma de los "Tratados de Roma" por parte de los seis Estados miembros de la Comunidad del Carbón y del Acero. En ellos se establecía la fundación, a partir del 1º de enero de 1958, de la Comunidad Económica Europa y de la Comunidad Europea del Atomo. En 1962, con la realización del Mercado agrícola común, Adenauer expresó que ese era "uno de los acontecimientos más importantes de los últimos siglos". Se habían logrado todos los objetivos básicos iniciales. Pero ello se había llevado a cabo a costa de graves conflictos de política interna. Ciertamente, el partido de la oposición (Partido Socialdemócrata) perseguía objetivos similares. Pero aspiraba a lograrlos sin pagar el precio de un endurecimiento o de una eternización de la división alemana. Durante once años debatieron en el Parlamento sobre este tema. Pero en 1960 fracasó la última cumbre de los "Cuatro Grandes" en París, y a partir de ese momento el SPD se adhirió a una política exterior e interalemana sobre la base de los acuerdos europeos y atlánticos.

Las relaciones con Washington y París fueron decisivas tanto para la posición y la capacidad de acción de la RFA como para la construcción de Europa. Los EE.UU. habían dado los primeros y más importantes impulsos para la admisión de Bonn en la comunidad occidental.

En los años siguientes adquirieron creciente importancia los esfuerzos para lograr una distensión en la relación Oeste-Este, no obstante los retrocesos que significaron la construcción del muro de Berlín en 1961 y la marcha soviética en Checoslovaquia después de la primavera de Praga. Este hecho fue desencadenante del comienzo de una reorientación de la política exterior soviética, que modificó las relaciones con el Oeste. La RFA, firmemente afianzada en Occidente, pudo utilizar esta situación para desarrollar las relaciones con el Este. La coalición social-liberal firmó a tal fin en 1970 los "Tratados con el Este" (Moscú, Varsovia y Praga) y negoció con la RDA un "Acuerdo Básico" que aseguraba un modus vivendi entre ambos Estados alemanes.

Con la Conferencia de Estocolmo, concluida en 1986, sobre medidas de seguridad y de creación de confianza, se dio la primera señal real para el desarme.

Transcurrido un año y medio desde la toma de posesión del gobierno de coalición del SPD y Alianza 90/Los Verdes la política europea de Alemania se caracteriza por su continuidad, sin perjuicio del cambio político. Entre tanto los vecinos se han acostumbrado a un nuevo estilo y un tono más desenvuelto en la política exterior alemana, casi propia de un gestor desapasionado. La política exterior alemana, afirmó Schröder, es una "política en y con Europa", los tiempos del particularismo alemán "han pasado para siempre a la historia". Por consiguiente, a juicio de Schröder la política exterior alemana debe ser una política de lo que el llamó un "interés propio esclarecido". Esta expresión implica tres cosas: primero, que los propios intereses "no hay que negarlos y es preciso publicitarlos"; segundo, que los propios intereses hay que definirlos y transmitirlos a los demás con argumentos racionales y, tercero, que "el secreto estriba en compaginar los intereses nacionales con los de nuestros amigos, para poder representar aspiraciones conjuntas". Dado que la soberanía alemana estuvo restringida durante años, la República Federal de Alemania "quizás haya aprendido o incluso tenido que aprender mejor que más de un país a practicar esa política basada en un interés propio esclarecido", explicó Schröder.

Así pues, se aprecia inequívocamente un nuevo tono y un nuevo estilo. La ausencia de circunloquios, la desenvoltura a la hora de poner sobre el tapete los propios intereses y sobre todo el tenor populista de algunas manifestaciones no presagiaban nada bueno para la presidencia alemana del Consejo durante el primer semestre de 1999, de por sí lastrada con retos poco menos que irresolubles, a los que para colmo vino a sumarse la guerra de Kosovo. Sin embargo, por su desarrollo y por sus resultados esa presidencia del Consejo bien puede considerarse la "prueba de madurez" europea del nuevo gobierno.

Schröder entendió que la tarea más ardua de la presidencia alemana consistiría precisamente en alcanzar un compromiso político entre todos los Estados miembros de la UE. Finalmente este objetivo se logró y la República Federal de Alemania cumplió cabalmente con su papel de mediador imparcial, si bien a costa de no ver reducida en la medida deseada (y anteriormente reivindicada) la contribución alemana a las arcas comunitarias. Con su disposición a hacer concesiones para salvar el régimen financiero de la Unión y la posibilidad de la ampliación, en lugar de obtener un rápido éxito en el plano doméstico a costa de Europa, el Canciller Federal alemán "aquilató sus merecimientos como europeo y como estadista", opina el periodista francés Daniel Vernet.

Con todo, al final de la presidencia alemana del Consejo quedaron insatisfecha algunas expectativas, como por ejemplo en orden a la lucha contra el desempleo en Europa. A principios del año Schröder había afirmado que el principal desiderátum de la política europea era plasmar una política social y económica a escala europea; según la posición alemana, la política de empleo debía convertirse en eje no sólo de la política nacional sino también de la política europea. En consecuencia, el Gobierno Federal propugnó con gran énfasis la aprobación de un pacto europeo para el empleo con ocasión del Consejo Europeo de Colonia, proyecto que a juicio de numerosos críticos finalmente ha defraudado en buena medida las grandes esperanzas que había despertado.

Por el contrario, los alemanes demostraron en términos generales buena mano en dos asuntos sumamente delicados: la política europea en Kosovo y la política de personal. La mediación alemana en las conversaciones de paz de Rambouillet, la inserción de Rusia en la política europea con respecto a los Balcanes y la aprobación del pacto de estabilidad para Europa sudoriental le reportaron a la presidencia alemana del Consejo un gran reconocimiento.

A pesar de ciertas críticas vertidas contra la política europea de Alemania, las expectativas de los interlocutores europeos en orden a la responsabilidad de Alemania para con Europa siguen siendo muy elevadas y el Gobierno Federal está haciendo honor a esta confianza a través de múltiples iniciativas, que atestiguan su gran empeño en pro de la construcción europea.

Los inicios fueron dificiles, teniendo en cuenta que Kohl era mucho más conocido que su sucesor y que la alusión al euro como "parto prematuro y enfermizo" que hizo el ex jefe del gobierno del Land (Estado Federado) de Baja Sajonia había aguzado los oídos de los observadores. El anuncio del "final de la política alemana de talonario en Europa", nada más acceder al cargo y formulado con excesiva brusquedad, y la observación de que el dinero alemán "se funde en Bruselas" hicieron que más de uno se preguntase por la continuidad de la política europea de Alemania. A raíz de tales declaraciones, Gerhard Schröder ha adoptado una actitud pragmática en los temas europeos. Por ejemplo, en la declaración de gobierno con ocasión de su toma de posesión el 10 de noviembre de 1998 aseguró que Alemania era y seguiría siendo un socio confiable en Europa y en el mundo. Asimismo reconoció que las esperanzas depositadas en el nuevo Gobierno Federal eran enormes e hizo hincapié en que no serían defraudadas.

También el Ministro Federal de Relaciones Exteriores, Joschka Fischer, enlaza plenamente con la política europea practicada por sus predecesores: Ya antes del cambio de gobierno, enumeró una serie de argumentos y fórmulas que habían marcado la política europea en etapas anteriores. Fischer definió la política europea como una rotunda negativa - basada en la experiencia histórica - a las políticas de gran potencia y de pretensión hegemónica alemanas, e hizo hincapié en las constantes de la autolimitación, la vinculación occidental y la integración europea. En noviembre de 1999 insistió en esta línea subrayando que la interdependencia de Alemania no había disminuido, sino, antes bien, que su responsabilidad para con Europa y como puente hacia el Este incluso se había redoblado. Aparte de la fundamentación intelectual de los ideales de la integración europea, el nombre de Fischer permanecerá siempre asociado ante todo a tres iniciativas: el pacto de estabilidad para Europa sudoriental, aprobado bajo la presidencia alemana por turno del Consejo de la UE, el ajuste fino del papel de Alemania en la gestión internacional de conflictos y el impulso proporcionado al últimamente muy intenso debate en torno a la aprobación de una carta europea de derechos fundamentales.

La política europea de Alemania se presenta recurrentemente como un concierto polifónico (con frecuentes estridencias de fondo), en buena medida debido a la "especialidad" política interna que supone la estructura federal del país, al existir un sinnúmero de órganos con competencia en los asuntos de la política europea que, a mayor abundamiento, en la mayoría de los casos actúan autónomamente, a saber, el Gobierno Federal, el Ministerio Federal de Relaciones Exteriores, los ministerios federales competentes por razón de la materia, el Bundestag Alemán (Cámara Baja) y el Bundesrat (Cámara Alta o de representación territorial), las conferencias interministeriales de la Federación y los Länder (Estados Federados), la conferencia de los ministros-presidentes (jefes de gobierno de los Estados Federados) y los ministros de asuntos europeos de cada Estado Federado. La Ley Fundamental regula los derechos de voz y voto de los Estados Federados .•

Respecto a la guerra de Irak, Schroeder señaló que en este caso se muestra el futuro del orden mundial y del papel que Europa tendrá en ello.

"Se trata del rol de Europa en la política internacional y en su independencia en las decisiones sobre el mundo que vendrá".

El canciller manifestó la necesidad de la unidad de Europa también para defender un modelo de sociedad que está amenazado:

"El modelo social europeo ha caído un poco por el predominio de las fuerzas del mercado y sólo con una acción conjunta podrá ser protegido de las tormentas de la globalización".

Schroeder nombró a Alemania, Francia y al Reino Unido, como los países que deberían dirigir con su desarrollo económico la protección del llamado "modelo europeo". •

Economía Alemana

Para disminuir las sobresalientes diferencias entre las dos Alemanias en los años siguientes a la caída del muro, se han transferido 600 mil millones de marcos a los Estados Federados para transformar la infraestructura del Este, modernizar las comunicaciones, ampliar autovías, acelerar los trenes, sanear viviendas, reestructurar los centros de las ciudades y volver a implementar el sistema parlamentario. Con la mejoría económica se volatilizaba el choque producido por la desaparición del régimen comunista y la reunificación. Con la unión monetaria de 1990, la economía de mercado reemplazó a la fracasada economía socialista planificada. Pero los cambios económicos no fueron realizados en forma estructural normal, sino que representaron la reconstitución de toda una economía.

Si se quiere hacer un balance de los efectos de la unión monetaria en la economía de Alemania del Este, no se puede tomar como canon la euforia de los primeros tiempos, ni el desencanto posterior. El considerable crecimiento económico alcanzado en nuestros días contrasta con un alto nivel de desocupación. Otro aspecto negativo, a pesar de las amplias subvenciones estatales, es la falta de capital propio. Independientemente de las fuertes inversiones privadas y públicas, la infraestructura consigna un grave déficit. La transformación de la economía en la desaparecida RDA implicó cierre de fábricas, pérdida de puestos de trabajo en las ramas industriales, inmigración de la población, pérdida de mercados, etc. La construcción de empresas, la creación y modernización de puestos de trabajo en ramas emergentes, el dinamismo de los centros de aglomeración y la apertura de nuevos mercados tienen lugar al mismo tiempo.

El despliegue de la actividad económica en la ex - RDA refleja una transformación económica exitosa a grandes rasgos, pero la capacidad competitiva de las empresas germano-orientales no es aún lo suficientemente fuerte debido a su bajo nivel en las exportaciones generado por la inexperiencia en los mercados. Por otra parte se acordaron aumentos de sueldos y salarios que por lo menos hasta 1992, sobrepasaron la capacidad en las empresas. La política de remuneraciones no fue, por lo tanto, un factor que apoyara al proceso de transformación, sino que por el contrario condenó a muchos a la desocupación. Actualmente, si bien existen aún problemas estructurales, la Alemania Oriental se encuentra en proceso de recuperación.

Los sectores más fuertes en alemania son el de la construcción, el automóvil, la química y telecomunicaciones. Tenemos grandes multinacionales como siemens, la BMW, la Bayern son prueba de ello.

Los impuestos alemanes son altísimos, y ello se debe en parte a las ayudas que reciben pensionistas, parados y regiones del Este. Aún se siguen pagando indemnizaciones a Israel y se deben tantos millones a los países que la derrotaron en el 45, por el plan Marschall.

La seguridad Social es en parte social en parte privada. Existen diversas empresas aseguradoras a las que se paga y que pagan a los médicos que tienen sus propias consultas y están trabajando para una aseguradora u otra o todas a la vez.

Para el comercio exterior, Alemania supone un puente con la Europa del Este, con los que mantiene estrechas relaciones económicas y políticas.

En cuanto al interior, el emplazamiento económico del Este de Alemania: un foco inversor con futuro. El Industrial Investment Council (Consejo de Inversiones Industriales) anima a inversores internacionales a conocer las ventajas regionales de los nuevos Estados federados.

En relación con la economía mundial, que en el segundo trimestre de 2000 continuó experimentando un gran dinamismo, y con el objeto de prevenir presiones inflacionarias no deseadas, las autoridades monetarias de los principales países industriales aumentaron sus respectivas tasas de interés de corto plazo. El banco central alemán aumentó la tasa base en 0.74 puntos porcentuales, la cual pasó de 2.68 por ciento en marzo a 3.42 por ciento en mayo. El Banco Central Europeo incrementó en dos ocasiones la tasa de operaciones principales de financiamiento, la cual pasó de 3.50 por ciento a 4.25 por ciento.

Actualmente Alemania afronta una fuerte crisis. El presidente del Banco Central alemán (Bundesbank), Ernst Welteke advirtió que el crecimiento económico de Alemania no superaría este año el 0,2%, mostrándose mucho más pesimista que el Gobierno del canciller, Gerhard Schröder, que todavía prevé que el Producto Interior Bruto (PIB) alcance el 0,75%. Según Welteke, la fase de estancamiento, que se prolonga desde hace ya tres años, continúa afectando todavía a la economía alemana y subrayó que el Bundesbank no observa signos de que esta situación pueda cambiar a lo largo del año "pese a la mejora de la coyuntura internacional". Welteke dijo que "las exportaciones alemanas han perdido ventaja competitiva", frente a una apreciación del euro de más del 40% respecto al dólar desde el mínimo alcanzado a finales del 2000. Según el Bundesbank, este año la tasa de inflación se mantendrá por debajo de 1%, eliminando así el riesgo de deflación.•

La guerra contra Irak también supone un duro golpe para Alemania. La posición de la política de seguridad alemana se ha mejorado decisivamente. La politica exterior alemana es una politica de paz que mantiene la meta que reserva la seguridad global futura. El final de la confrontación entre este y oseste consiguió una nueva libertad para todos los estados. Irak en la mira de economistas. Nadie sabe cuál será el impacto real de esta guerra en la economía. Una prolongada guerra en Irak costaría a la economía alemana, en el peor de los casos, unos 45.000 millones de euros y una caída del Producto Interior Bruto del 4,7% en el 2003. Tan sólo los costos directos del conflicto para cubrir la vigilancia de instalaciones estadounidense y proteger a la población civil alemana de ataques terroristas superarían los 8.000 millones de euros. Pero los costos indirectos para Alemania, en la peor situación imaginable en Irak, serían mucho más elevados: acarrearían un descenso del PIB del 4,7% este año y una pérdida de ingresos impositivos de 22.000 millones de euros, según estima el economista germano Rudolf Hickel. Aún cuando otros expertos, como por ejemplo Horst Siebert, consideren las cifras que se especulan, coinciden en que la caída del PIB se incrementará en proporción a la duración de la guerra y cada vez parece menos probable que la guerra sea breve. Fuentes gubernamentales tildan de poco creíbles estas estimaciones debido a la elevada incertidumbre sobre la evolución de la guerra y la posible participación de Alemania en la reconstrucción de Irak. Al respecto, Hickel manifestó que es comprensible que el Gobierno quiera desentenderse de estas previsiones, puesto que se ha propuesto aferrarse a las mejores perspectivas de crecimiento económico ya dadas. No todos son pesimistas El grupo automovilístico alemán Volkswagen mantiene sus pronósticos de ventas para este año pese a las previsibles consecuencias económicas de la guerra de Irak. El presidente de la compañía alemana, Bernd Pischetsrieder, señaló que el objetivo de más de 5 millones de vehículos vendidos en todo el mundo puede alcanzarse, a pesar de la crisis en el Golfo Pérsico. En 2002, el consorcio distribuyó 4,98 millones de vehículos. La situación del mercado estadounidense, donde las ventas de Volkswagen cayeron un 17% en marzo, es depresiva en este momento.

Opiniones

Finalmente, muchas observaciones serían posibles en este lugar, como lo es la comprobación de que la historia alemana es reiteradamente medida con una pauta ética de lo bueno y lo malo como si a los pueblos le estuvieran abiertas siempre todas las vías y los alemanes hubieran tomado siempre las decisiones falsas.

Hay quien opina que aunque en los años de la crisis los teóricos alemanes, han pronunciado discursos de arrepentimiento; sí, han llevado una política demasiado arriesgada, han recurrido con mucha ligereza a la ayuda de créditos extranjeros, han empujado demasiado rápidamente la modernización del equipamiento fabril, etc. Y que hoy, más que nunca los alemanes se lanzan hacia una aventura económica. Y que con los primeros signos de reactivación industrial, el capitalismo alemán se mostrará tal y como su pasado histórico lo ha conformado, y no como les gustaría configurarlo a los moralistas liberales. La persecución de los créditos extranjeros volverá a tomar un carácter febril. El mundo aterrorizado verá de nuevo el cuadro del período precedente, pero en forma de convulsiones todavía más violentas. Al mismo tiempo, el renacimiento del militarismo alemán avanzará como si los años 1914-1918 y 1940-1045 nunca hubiesen existido.

Sin embargo Alemania ha sido un país fuertemente castigado, que ha aprendido la lección. Ver a pocos kilómetros de tu ciudad un campo de concentración que recuerda las barbaridades que hizo un pueblo que es el tuyo. Ver una y otra vez peliculas sobre judíos y nazis que hacen cada día más insoportable llevar la sangre que corre por tus venas. Saber que alguien de tu familia estuvo ahi y participó en aquella matanza. No es fácil ser alemán. Viven con las cadenas del pasado, pagando lo que sus anteriores hicieron. Leyes permisivas de inmigración, mucho respeto ante los extranjeros, indemnizaciones a judíos y polacos…

En cuanto a la división que sufrió el país de Este y Oeste, Capitalismo y Comunismo, aún quedan huellas. Sigue habiendo diferencias entre un lado y otro, y se comenta que “alguien es del Este” con un tono algo más despectivo, como los italianos pueden decirlo de los sureños. Los jovenes del Este saben ruso. No es algo tan lejano. No es algo que se pueda apartar. Berlín sigue teniendo dos partes. Una de ellas está muy bien conservada, la otra es un deseirto con un par de rascacielos de cristal. Los medios de trasporte dejan que desear. Aún es una ciudad de postguerra.

Alemania aún está luchando por superar una guerra que la marcó para siempre.•

Bibliografía

Tatsachen über Deutschland; Frankfurt, InterNationes, 2000

www.dwelt.de

www.elmundo.es

www.sueddeutschezeitung.de

www.elperiodico.es

www.goethe.de

www.bundesregierung.de

www.artehistoria.com

• Este apartado está documentado en artículos alemanes y españoles de opinión encontrados en los periódicos virtuales de “el mundo”, “el periódico” y “Sueddeutsche Zeitung”.

• Los Datos de este apartado son en su gran mayoría tomados de la enciclopedia virtual “artehistoria” que aparece en la bibliografía.

• Esta información ha sido tomada del libro alemán “Tatsache über Deutschland”.

• Los datos más concretos han sido tomados de la enciclopedia “artehistoria” y el libro „Tatsache über Deutschland“, mientras que los comentarios han sido recogidos de diversos artículos periodísticos en la red.

• En su gran mayoría la información contenida en este apartado ha sido tomada de la página oficial del Gobierno Alemán “die Regierung” y “dwelt.de”, también sobre Alemania.

• Estos datos pueden encontrarse en la página del Goethe Institut, en su apartado dedicado a Alemania enEuropa.

• Parte de un artículo publicado en la página web del periódico “el mundo”.

• Datos resumidos del libro alemán “Tatsache über Deutschland”.

• Información recogida de un artículo alemán del Suddeutsche Zeitung.

• Las opiniones son más bien personales, pero también he recogido información de periódicos incluso de panfletos políticos.

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