Hamlet; William Shakespeare

Literatura inglesa. Romanticismo. Obra shakespeariana. Tragedia. Vida y obras. Períodos literarios. Incertidumbre del ser. Personajes. Venganza

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Resulta imposible llevar a cabo una exposición completa y rigurosa de la vida de este famoso autor inglés, pues son muy pocos los datos comprobados que se tienen de él. Se mantiene tradicionalmente que nació el 23 de abril de 1564, y se sabe a ciencia cierta que fue bautizado al día siguiente, en Stratford-upon-Avon. Tercero de ocho hermanos, fue el primer hijo varón de un próspero comerciante, y de Mary Arden, hija a su vez de un terrateniente católico. Probablemente, estudió en la escuela de su localidad y, como primogénito varón, estaba destinado a suceder a su padre al frente de sus negocios. Sin embargo, según un testimonio de la época, el joven Shakespeare tuvo que ponerse a trabajar como aprendiz de carnicero, por la difícil situación económica que atravesaba su padre. Según otro testimonio, se convirtió en maestro de escuela. Lo que sí parece claro es que debió disfrutar de bastante tiempo libre durante su adolescencia, pues en sus obras aparecen numerosas y eruditas referencias sobre la caza con y sin halcones, algo poco habitual en su época y ambiente social. En 1582 se casó con Anne Hathaway, hija de un granjero, con la que tuvo una hija, Susanna, en 1583, y dos mellizos —un niño, que murió a los 11 años de edad, y una niña— en 1585. Al parecer, hubo de abandonar Stratford ya que le sorprendieron cazando ilegalmente en las propiedades de sir Thomas Lucy, el juez de paz de la ciudad.


Se supone que llegó a Londres hacia 1588 y, cuatro años más tarde, ya había logrado un notable éxito como dramaturgo y actor teatral. Poco después, consiguió el mecenazgo de Henry Wriothesley, tercer conde de Southampton. La publicación de dos poemas eróticos según la moda de la época, Venus y Adonis (1593) y La violación de Lucrecia (1594), y de sus Sonetos (editados en 1609 pero que ya habían circulado en forma de manuscrito desde bastante tiempo atrás) le valieron la reputación de brillante poeta renacentista. Los Sonetos describen la devoción de un personaje que a menudo ha sido identificado con el propio poeta, hacia un atractivo joven cuya belleza y virtud admira, y hacia una oscura y misteriosa dama de la que el poeta está encaprichado. El joven se siente a su vez irresistiblemente atraído por la dama, con lo cual se cierra un triángulo, descrito por el poeta con una apasionada intensidad que, no obstante, no llega a alcanzar los extremos de sus tragedias, sino que, más bien, tiende al refinamiento en el análisis de los sentimientos de los personajes. De hecho, la reputación actual de Shakespeare se basa, sobre todo, en las 38 obras teatrales de las que se tienen indicios de su participación, bien porque las escribiera, modificara o colaborara en su redacción. Aunque hoy son muy conocidas y apreciadas, sus contemporáneos de mayor nivel cultural las rechazaron, por considerarlas, como al resto del teatro, tan sólo un vulgar entretenimiento.

La vida de Shakespeare en Londres estuvo marcada por una serie de arreglos financieros que le permitieron compartir los beneficios de la compañía teatral en la que actuaba, la Chamberlain's Men, más tarde llamada King's Men, y de los dos teatros que ésta poseía, The Globe y Blackfriars. Sus obras fueron representadas en la corte de la reina Isabel I y del rey Jacobo I con mayor frecuencia que las de sus contemporáneos, y se tiene constancia de que sólo en una ocasión estuvo a punto de perder el favor real. Fue en 1599 cuando su compañía representó la obras de la deposición y el asesinato del rey Ricardo II, a petición de un grupo de cortesanos que conspiraban contra la reina Isabel, encabezado por un ex-favorito de la reina, Robert Devereux, y por el conde de Southampton, aunque en la investigación que siguió al hecho, la compañía teatral quedó absuelta de toda complicidad.

A partir del año 1608, la producción dramática de Shakespeare decreció considerablemente, pues al parecer se estableció en su ciudad natal donde compró una casa llamada New Place. Murió el 23 de abril de 1616 y fue enterrado en la iglesia de Stratford.

SU OBRA

Aunque no se conoce con exactitud la fecha de composición de muchas de sus obras, su carrera literaria se suele dividir en cuatro periodos: 1) antes de 1594; 2) entre 1594 y 1600; 3) entre 1600 y 1608; y 4) desde 1608. Dada la dificultad para fechar con exactitud sus obras, estos periodos son aproximativos y están basados en que el autor extraía los temas de sus obras de crónicas de su tiempo, así como de cuentos y narraciones ya existentes, tal y como era costumbre en aquellos años.

Primer periodo  

Se caracterizó fundamentalmente por la experimentación. Sus primeras obras teatrales, al contrario de lo que ocurrió con sus obras de madurez, poseían un alto grado de formalidad y, a menudo, resultaban un tanto predecibles y amaneradas.

Probablemente, sus primeras obras fueron cuatro dramas que tenían como trasfondo los enfrentamientos civiles en la Inglaterra del siglo XV, un estilo muy popular en la época. Estas cuatro obras, Enrique VI, Primera, Segunda y Tercera parte (hacia 1590-1592) y Ricardo III (hacia 1593), tratan de las funestas consecuencias que para el país tuvo la falta de un liderazgo fuerte y de un proyecto nacional, debido al egoísmo de los políticos de la época. El ciclo se cierra con la muerte de Ricardo III y la subida al trono de Enrique VII, fundador de la dinastía Tudor, a la que pertenecía la reina Isabel. En cuanto a estilo y estructura, contienen numerosas referencias al teatro medieval y otras a las obras de los primeros dramaturgos isabelinos, en especial Christopher Marlowe, a través de los cuales conoció las obras del dramaturgo clásico latino Séneca. Esta influencia, que se manifiesta en sus numerosas escenas sangrientas y en su lenguaje colorista y redundante, especialmente perceptible en Tito Andrónico (hacia 1594), una tragedia poblada de justas venganzas, que posee una puesta en escena muy detallista.

Durante este primer periodo escribió numerosas comedias, entre las cuales cabe resaltar La comedia de las equivocaciones (hacia 1592), una divertida farsa que, imitando el estilo de la comedia clásica latina, basa su interés en los errores de identidad que provocan dos parejas de gemelos y los equívocos que se producen respecto al amor y a la guerra. El carácter de farsa ya no resulta tan evidente en La doma de la bravía (hacia 1593), una comedia de caracteres. Por otro lado, Los dos hidalgos de Verona (hacia 1594) basa su atractivo en el uso del amor idílico, mientras que Trabajos de amor perdidos (hacia 1594) satiriza los amores de sus personajes masculinos, así como su entrega a los estudios con el fin de no caer en las redes del amor. El modo en que están construidos sus diálogos ridiculiza el estilo artificial y redundante del novelista y dramaturgo John Lyly, las convenciones cortesanas de la época y, quizá, también las discusiones científicas de Walter Raleigh y sus seguidores.

Segundo periodo

En este periodo, marcado por una profundización en su individualidad como autor teatral, escribió algunas de sus obras más importantes relacionadas con la historia inglesa y las denominadas comedias alegres, así como dos de sus mejores tragedias. Entre las primeras cabe destacar Ricardo II (hacia 1595), Enrique IV, Primera y segunda parte (hacia 1597) y Enrique V (hacia 1598), que cubren un periodo de tiempo inmediatamente anterior al de su Enrique VI. La primera es un estudio alrededor de la figura de un débil, sensible y teatral, aunque agradable rey que pierde su reino en manos del que sería Enrique IV. En las dos partes de Enrique IV, éste reconoce sus culpas y expresa sus temores sobre su hijo, que le sucederá con el nombre de Enrique V, temores que se demuestran infundados porque éste demuestra una gran responsabilidad y sentido moral sobre sus deberes como monarca. En una magistral alternancia de escenas serias y cómicas, el obeso caballero Falstaff y el rebelde Hotspur ponen de manifiesto los dos extremos entre los que el príncipe encontrará el equilibrio. La introducción, en distintas proporciones, de elementos trágicos y cómicos para expresar amplios espectros de caracteres se convertiría en uno de los recursos favoritos del autor inglés.


Entre las comedias de este periodo sobresale Sueño de una noche de verano (hacia 1595), una obra plagada de fantasía en la que se entremezclan varios hilos argumentales centrados respectivamente en dos parejas de nobles amantes, en un grupo de despreocupados cómicos y en una serie de personajes pertenecientes al reino de las hadas, entre los que se encuentran Puck, el rey Oberón y la reina Titania. En El mercader de Venecia (hacia 1596), por otro lado, se puede encontrar otra sutil evocación de atmósferas exóticas similar a la de la obra anterior. En ella aparecen retratadas las cualidades renacentistas de la amistad viril y el amor platónico que se oponen a la amarga falta de humanidad de un usurero llamado Shylock, cuyas desdichas terminan despertando la comprensión y la simpatía del público. El tipo de mujer de ingenio rápido, calidez y responsabilidad personificado en Porcia reaparecería, más adelante, en las comedias alegres del segundo periodo, mientras que, por el contrario, la ingeniosa comedia Mucho ruido y pocas nueces (hacia 1599) deforma, según la opinión de muchos críticos, en el tratamiento un tanto insensible, a los personajes femeninos. Sin embargo, las comedias de madurez Como gustéis (hacia 1600) y Noche de Epifanía (hacia 1600) se caracterizan por su lirismo, su ambigüedad y por el atractivo de sus bellas, encantadoras e inteligentes heroínas. En Como gustéis, Shakespeare describe el contraste entre las refinadas costumbres de la corte isabelina y las de las áreas rurales del país de un modo rico y variado, aunque no excesivo, y construyó una compleja trama argumental basada en las relaciones entre la realidad y la ficción y entre los distintos personajes, trama que utilizó para comentar las distintas debilidades del género humano. En este sentido, Como gustéis se asemeja a Noche de Epifanía, en la cual el lado cómico del amor aparece ilustrado por las desventuras de dos parejas de amantes rodeadas de numerosos personajes secundarios que actúan como comparsas cómicos. Otra de las comedias de este segundo periodo, Las alegres casadas de Windsor (hacia 1599), es una farsa sobre la vida de la clase media en la cual reaparece el personaje de Falstaff como víctima cómica.

Dos grandes tragedias, muy distintas entre sí por su naturaleza, marcan el comienzo y el final de este segundo periodo. Por un lado, Romeo y Julieta (hacia 1595) muy famosa por su poético tratamiento de los éxtasis amorosos juveniles, pone en escena el trágico destino de dos amantes, forjado por la enemistad de sus familias y por lo temperamental de sus propios caracteres. Por el otro, Julio César (hacia 1599) es una tragedia sobre la rivalidad política, muy intensa, aunque en menor medida que las tragedias posteriores.

Tercer periodo  

En él, el dramaturgo inglés escribió sus mejores tragedias y las llamadas comedias oscuras o amargas. Las tragedias de este periodo son las más profundas de todas sus obras y aquellas en las que la poesía de la lengua se convierte en un instrumento dramático, capaz de registrar las evoluciones del pensamiento humano y las distintas dimensiones de una situación dramática. Hamlet (hacia 1601), su obra más universal, va más allá de las otras tragedias centradas en la venganza, pues retrata de un modo escalofriante la mezcla de gloria y sordidez que caracteriza la naturaleza humana. Hamlet siente que vive en un mundo de engaños y corrupción, sentimiento que le viene confirmado por el asesinato de su padre y la sensualidad desenfrenada de su madre. Estas revelaciones le conducen a un estado en el que los momentos de angustia e indecisión se atropellan con frenéticas actuaciones, situación cuyas profundas razones continúan hoy siendo motivo de distintas interpretaciones.


Otelo, el moro de Venecia (hacia 1604) retrata el surgir y el expandirse de unos injustificados celos en el corazón del protagonista, un moro que es el general del ejército veneciano. El supuesto motivo de sus celos, su inocente esposa Desdémona, es utilizada por Yago, el lugarteniente de su marido, para destruir su carrera militar llevándole al borde de la locura. El rey Lear (hacia 1605), concebido en un tono más épico, describe las consecuencias de la irresponsabilidad y los errores de juicio de Lear, dominador de la antigua Bretaña, y de su consejero, el duque de Gloucester. El trágico final llega como resultado de entregar el poder al hijo malvado y no al bondadoso. Como contrapunto, la hija, Cordelia, pone de manifiesto un amor capaz de redimir el mal por el bien, pero ella muere en un final sobrecogedor. La idea de que el mal se destruye a sí mismo, sin embargo, se ve reforzada por el funesto destino de las hermanas de Cordelia y del oportunista hijo del duque de Gloucester. Antonio y Cleopatra (hacia 1606), otra de las grandes tragedias, se centra en otro tipo de amor, la pasión del general romano Marco Antonio por Cleopatra, reina de Egipto, glorificada por algunos de los versos más sensuales de toda la producción shakesperiana. Macbeth (hacia 1606), en cambio, describe el proceso de un hombre esencialmente bueno que, influido por otros y debido también a un defecto de su propia naturaleza, sucumbe a la ambición y llega hasta el asesinato. A lo largo de la obra, Macbeth, por obtener y, más tarde, retener el trono de Escocia, va perdiendo su humanidad hasta llegar al punto de cometer todo tipo de imperdonables actos.


Otras tres obras de este periodo revelan la amargura contenida en estas tragedias, pues sus personajes no poseen categoría trágica ni grandeza alguna. Así, Troilo y Cressida (hacia 1602), la más efectista de sus obras, pone de manifiesto, de un modo muy clarificador, el abismo que extiende entre lo ideal y lo real, tanto en el terreno político como individual, mientras que en Coriolano (hacia 1608), otra tragedia ambientada en la antigüedad, el legendario héroe romano Cayo Marcio Coriolano aparece como un personaje incapaz de seducir a las masas o de dominarlas por la fuerza. Igualmente amargo, Timón de Atenas (hacia 1608) narra la historia de un personaje reducido a la misantropía por la ingratitud de sus sicofantes. Debido a la fluctuante calidad de su escritura, se ha avanzado la hipótesis de que esta obra fuera escrita en colaboración con otro dramaturgo, posiblemente Thomas Middleton.

Las dos comedias de este periodo son también algo oscuras. De hecho, se las ha llamado “las obras problemáticas”, pues no entran claramente en ninguna categoría, ni presentan desenlaces demasiado inteligibles. A buen fin no hay mal principio (hacia 1602) y Medida por medida (hacia 1604) tienen en común, además, el hecho de cuestionar la moral oficial.

Cuarto periodo  

Comprende las principales tragicomedias románticas. Hacia el final de su carrera, el dramaturgo inglés creó numerosas obras en las que, a través de la intervención de la magia, la piedad, el arte o la gracia, sugiere con frecuencia la esperanza en la existencia de una redención para el género humano. Estas obras están escritas, por lo general, con una gravedad que las aleja de las comedias de los periodos anteriores, pero suelen tener finales felices en forma de reuniones o reconciliaciones. Estas tragicomedias basan parte de su atractivo en el carácter exótico y alejado en el tiempo de los escenarios en los que se desarrollan, y resultan mucho más simbólicas que cualquiera de las obras anteriores de su autor. Para muchos críticos literarios, las tragicomedias shakesperianas representan un giro de tuerca más en el desarrollo creativo del autor, aunque otros opinan que se debieron sólo a cambios acaecidos en las modas teatrales de la época.

La tragicomedia romántica Pericles, príncipe de Tiro (hacia 1608), retrata a un personaje abatido por la pérdida de su esposa y por la persecución de su hija. Tras innumerables y exóticas aventuras, el desagraciado Pericles consigue reunirse por fin con ambas. En Cimbelino (hacia 1610) y El cuento de invierno (hacia 1610), los personajes soportan también grandes sufrimientos aunque al final consiguen la felicidad. La más lograda, quizá, de las creaciones derivadas de este peculiar punto de vista sea la última de las obras que consiguió completar y aquella en la que alcanzó las más altas cimas de lirismo poético, La tempestad (hacia 1611), una tragicomedia a través de cuyo desenlace se pueden comprender los beneficiosos efectos de la alianza entre la sabiduría y el poder. En esta obra, Próspero, duque de Milán, expulsado de su reino por su hermano y condenado al exilio en una lejana isla, utiliza sus poderes mágicos para confundir al usurpador de su ducado y crear una relación de amor entre su propia hija, Miranda, y el hijo del rey de Nápoles, cómplice del golpe de Estado.

Dos obras finales, el drama histórico Enrique VIII (hacia 1613) y Los dos nobles caballeros (hacia 1613 y publicada en 1634), la historia de dos jóvenes caballeros enamorados de una dama, atribuidas a Shakespeare, parecen ser más bien fruto de su colaboración con John Fletcher.

IMPORTANCIA LITERARIA

Hasta el siglo XVIII, Shakespeare fue considerado únicamente como un genio difícil. Se han propuesto teorías según las cuales sus obras fueron escritas por alguien de una educación superior, tal vez por el estadista y filósofo sir Francis Bacon, o por el conde de Southampton, protector del autor, o incluso por el dramaturgo Christopher Marlowe, el cual, según la opinión de algunos estudiosos, no murió en una reyerta de taberna, sino que huyó al continente, donde siguió escribiendo. A pesar de la controvertida identidad de Shakespeare, sus obras fueron admiradas ya en su tiempo por Ben Jonson y otros autores, que vieron en él una brillantez destinada a perdurar en el tiempo; Jonson dijo que Shakespeare “no era de una época, sino de todas las épocas”. Del siglo XIX en adelante, sus obras han recibido el reconocimiento que merecen en el mundo entero. Casi todas sus obras continúan hoy representándose y son fuente de inspiración para numerosos experimentos teatrales, pues comunican un profundo conocimiento de la naturaleza humana, ejemplificado en la perfecta caracterización de sus variadísimos personajes. Su habilidad en el uso del lenguaje poético y de los recursos dramáticos, capaz de crear una unidad estética a partir de una multiplicidad de expresiones y acciones, no tiene par dentro de la literatura universal. Autores teatrales ingleses posteriores, como John Webster, Philip Masinger y John Ford tomaron prestadas ideas de sus obras, y su influencia en los autores de la restauración, en especial sobre John Dryden, William Congreve y Thomas Otway resulta más que evidente. Por otro lado, en numerosos escritores de nuestro siglo, como Pinter, Beckett y George Bernard Shaw se ven las huellas de Shakespeare.

"La incertidumbre del ser"



Introducción

Es increíble la cantidad de puntos que pueden encontrarse en común entre dos autores tan conocidos dentro de la literatura internacional. Por empezar cabe destacar que ambos son los representantes literarios de sus respectivos países. Solo basta con investigar algo acerca de la cultura inglesa para ver
aparecer al nombre William Shakespeare como símbolo de la misma y a Miguel de Cervantes como figura distinguida dentro de la española.
Ambos autoras no solo se limitaron a escribir obras dramáticas como por ejemplo: "Romeo y Julieta", o "don Quijote de la Mancha", característicos de cada uno de ellos, sino que también dedicaron parte de su vida a desarrollar el arte de la poesía. Dentro de este ámbito el dramaturgo Miguel de
Cervantes hizo florecer poemas tales como: "Viaje al Parnaso" (1614), "Canto del Calíope"(1584), "La Galatea", mas de cuarenta sonetos, cuatro romances y diversas redondillas.
En el caso de William Shakespeare nos ha dejado tres obras como testimonio de que en algún momento fue atraído por la lírica ellas son "Venus y Adonis" (1594) y un total de ciento cincuenta y cuatro sonetos. Son las características que estos literatos comparten que hasta coinciden las fechas
de inicio y finalización de su labor, por lo cual se los puede ubicar dentro de un mismo espacio cronológico. Comenzaron a fines del siglo XVI y murieron el mismo día, en el mismo año, un veintitrés de Abril de 1616.
Los éxitos de Shakespeare como autor teatral se resumen en: "Enrique VI", "Ricardo III", "La Fierecilla domada", "Romeo y Julieta", "El mercader de Venecia", "Julio César", "Hamlet", "Otelo", "El rey Lear", "La Tempestad",
"El cerco de Numancia", "El trato de Argel". La producción de dichas obras, que en realidad llegan a un total de treinta y siete, se inserto en dos periodos históricos en Inglaterra: el reinado de Isabel I y el de Jacobo.
Don Quijote de la Mancha (I y II parte), "La Gitana", "El amante liberal", "Rinconete y Cortadillo", "Las dos doncellas", "La fuerza de la sangre", son algunos de los trabajos que representan al literato español Miguel de Cervantes. "Don Quijote de la Mancha", representa la metamorfosis mental en su visión existencial de su vida. Fracasado como militar, pues no progresó en la carrera de las armas, como escritor, porque sus comedias no le permiten vivir decorosamente, como hombre de carrera, puesto que se gana la vida cobrando deudas, como hombre de honor; porque está preso, y aun como hombre, puesto que se halla manco, decide deshacerse riendo, de sus fantasmas. En cuanto a los recursos que dichos escritores utilizaron se pueden destacar: el humor casi negro que se ve a lo largo de cada una de sus obras, la simplicidad de los coloquios, la originalidad de los personajes y las situaciones en las que se ven implicados. Un hecho que al parecer puede no tener importancia, pero al analizarlo
resulta un dato muy importante es que ambos fueron bautizados. El tema religioso se encuentra presente, aunque sea de alguna manera en muchas de sus producciones. Por ejemplo podemos observar actos religiosos como casamientos (en Romeo y Julieta), aparición de clérigos. Los trabajos de estos dos representantes de la cultura han dejado huella.
Hoy en día pude observarse la influencia que tienen a pesar de todo el tiempo que ha transcurrido. Muchos especialistas creen que con ellos se ha llegado al apogeo de la literatura. Hamlet, don Quijote de la Mancha, obras que desarrollaremos, junto con Romeo y Julieta y unas pocas producciones mas
pueden decirse que inmortalizan el nombre, el estilo, la fama, los recursos, el mensaje y las ideas de sus autores.
En fin, para definir a un hombre como Cervantes pude decirse que exploró, incursionó en todos los géneros literarios y su aporte beneficio a la narrativa. Tanto es así que actualmente se lo considera al padre de la novela moderna.
Pero para definir a alguien como Shakespeare se tendría que tener en cuenta como logro representar dentro de cada una de sus obras tanto las distintas miserias y bajezas humanas como los sentimientos de misericordia y bondad de la humanidad. La venganza, por ejemplo, se ve expresada en Hamlet, el amor, en Romeo y Julieta, y los celos en Otelo, entre otros.


En el mundo existen algunos hombres soñadores, optimistas que son derrotados por la realidad y otros egoístas que solo buscan en cada situación su propio provecho. Desde este punto de vista podría decirse que la humanidad se halla dividida en gran grupo de hombres idealistas y otros seres materialistas.
En relación con las obras de William Shakespeare, "Hamlet", y la de Miguel de Cervantes, "don Quijote de la Mancha", podríamos afirmar que en ambas producciones se halla de hombre materialista. Refiriéndonos al trabajo del autor ingles el personaje que representaría el estilo de individuo recién
mencionado seria Claudio. Este es un factor desencadenante dentro de la obra. En esta Hamlet, príncipe de Dinamarca, se mueve lenta e indirectamente hacia la venganza de su padre asesinado por un tío suyo, que luego se casa con la reina viuda. Hamlet desprecia el amor de Ofelia, mata accidentalmente al padre de esta, Polonio, y embarca con destino a Inglaterra en virtud de
un astuto plan para destruirle. Fracasado el intento, regresa a Dinamarca y conspira contra su tío. Este induce a Learte, hermano de Ofelia, que en tanto se había suicidado ahogándose, a que mate a Hamlet en desafío usando una espada envenenada. En el duelo hay un intercambio de armas y ambos
contrincantes, Hamlet y Leartes quedan mortalmente heridos. Con la excitación la reina bebe un vino envenenado destinado a Hamlet, finalmente el desdichado príncipe consigue acuchillar al asesino de su padre. En el momento en que Claudio decide matar al rey de Dinamarca, se hace presente no solo el egoísmo, sino también y principalmente el interés por lo material ya que por el solo hecho de heredar el trono y todos los beneficios que trae aparejado ser rey, ha decidió terminar con la vida de un pariente
tan cercano. Mas allá de haber cometido tal acto de injusticia y que ese hecho puede ser calificado como algo terrible y mas que espantoso, existe una cuestión de fondo que, junto con todo lo mencionado, lo motivo a acometer un asesinato. Esa cuestión puede definirse con el termino de LUJURIA. El personaje Claudio tenia una relación oculta con la reina de Dinamarca, al morir Hamlet padre Claudio se caso con la esposa del rey realizando una doble jugada: heredar el trono y convivir con la persona a quien deseaba. En definitiva el tío del príncipe Hamlet, representa el hombre egoísta, egocéntrico, y por sobre todas las cosas materialista.


Algo similar, pero nunca llegado a producirse hechos tan trágicos ocurre en don Quijote de la Mancha. En dicha obra literaria podemos encontrar también un tipo de hombre al cual le interesa mas lo material que lo espiritual, al menos en un principio.
Ese ser es representado por "Sancho", este es el escudero del personaje principal de la novela, Alonso Quijano, a quien acompaña en sus aventuras. Don Quijote decide hacerce un caballero andante como los personajes que había leído de los famosos libros de caballería. En primer lugar cambia su
nombre por el de "don Quijote", luego buscar una amada a quien dedicarle sus triunfos, decide ponerle un sobrenombre a su caballo y por ultimo encontrar un acompañante. Sancho Panza es un hombre casado y con hijos. Él decide dejar a su familia, al menos momentáneamente, por ir tras un caballero que le promete tierras, riquezas y poder. Es decir que el escudero abandona sus afectos, seres
queridos; todo lo espiritual por lo material. Podríamos decir que Sancho es el complemento de don Quijote, es pragmático, concreto, una mezcla de sentido común e ingenuidad; es realista. Representa
a un sencillo y típico hombre de pueblo que admira a su señor con fe. Si bien representa la cordura, carece de cultura a tal punto que en ciertas ocasiones desarrolla un carácter infantil.
Alonso Quijada es un hidalgo que reside de la Mancha; este se entusiasma con los libros de caballería, tanto que así pasa los días y las noches leyendo. Así del poco dormir y mucho leer se le seco el cerebro de manera tal que perdió el juicio. Es entonces cuando comienza a pensar o imaginar ser uno de los antiguos caballeros andantes, quien debería ir en busca de aventuras y dedicárselas a una dama. Elige a Dulcinea del Toboso (sobrenombre puesto por el mismo).
Hay un elemento que define para siempre el carácter de las dos figuras. La dualidad gigantes-molinos. Sancho, con el sentido material de las cosas, de la apariencia fácil es la voz de la realidad: "Mire vuestra merced que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento y lo
que en ellos parecen brazos son las aspas, que volteadas del viento hacen andar la piedra del molino" .

Don Quijote es esencialmente idealista, soñador, ascético y servicial. Como ya hemos aclarado anteriormente, el hidalgo manchego Alonso Quijano carece de conducta, esun hombre que no tiene sentido común. A lo largo de las distintas aventuras en las que se ve involucrado, dicho caballero, fue sufriendo diversas alucinaciones. Creía imaginarse situaciones y objetos que en realidad no
existían y eran pura y exclusivamente producto de su imaginación. Como ejemplificación de su locura podemos citar a Dulcinea del Toboso. Al salir a recorrer tierras en busca de aventuras el protagonista de la novela, siguiendo el modelo de los personajes culpables de su desorden psíquico, creía que era necesario dedicarle sus batallas, riñas y logros a una mujer. La dama elegida, cuya verdadera identidad era Aldonza Lorenzo, una simple labradora no estaba enterada acerca de la resolución de Alonso. Y sin
saberlo, por decirlo de alguna manera, era el incentivo de don Quijote para luchar.
El hidalgo en esta obra sufre un cambio, una metamorfosis en su ser. El hombre parte de la mancha en busca de aventuras y proezas. Realiza un típico acto heroico: emprende un una partida y tras varios logros regresa triunfante.
El tema básico de nuestro héroe es salir de una condición y encontrar la forma de vivir mejor para regresar enriquecido y maduro. En este caso don Quijote recurre a la locura para escapar de la realidad, es decir para salir de un mundo y entrar en otro.

Todo héroe tiene un objetivo moral. Don Quijote cree en la justicia, el orden y la paz. Su anhelo moral es lograr dichos puntos, pretende ayudar al prójimo, ya sea salvando vidas, sacrificándose el mismo o despojándose de sus bienes por mas preciados que les parezcan.
Un superhombre debe pasar pruebas para comprobar si en verdad es un héroe.En el caso del hombre Manchego la prueba definitiva la vemos cuando dicho personaje deja de pensar en el, sufriendo una transformación, modificando su conciencia.
Luego de haber participado en distintas situaciones riesgosas y tras un largo andar, el personaje principal de la obra, fue poco a poco y sin querer, inculcándole su idealismo a Sancho.
Dicho hecho se resume, según algunos autores e investigadores de la obra con la vulgar frase: "Don Quijote se sanchifica y Sancho se quijotiza". Es decir, la novela comienza de una manera y termina en una situación totalmente diferente. En otras palabras el escudero quien en un principio tenia un perfecto y adecuado uso de la razón se enloquece y su amo recupera, si es que verdaderamente en algún momento la perdió, su cordura. Esto se ve en su lecho de muerte. Instantes antes de morir le
confiesa a su fiel y tan nombrado servidor Sancho Panza que dejo de ser Don Quijote para volver a ser Alonso Quijano.
Al analizar este hecho nos surgió una pregunta: Don Quijote, ¿de qué se despojo? Pensamos que se despojo de su locura, Alonso el bueno ya no esta loco, lo estuvo solo un momento cuando dijo: "yo sé quién soy, y sé qué puedo ser" . Era la locura de saber quién es: una quijotada. Desaparecida su
locura no queda nada. Don Quijote representa el problema de la fe, de la fe eterno, vive para hacer triunfar la verdad y la justicia en la tierra; no hay en Don Quijote rasgos de egoísmo. Diferente es el caso de Hamlet. En esta obra el "yo" es el centro del mundo.
La situación que nos plantea Cervantes a través de la novela que nos muestra, es: don Quijote, un loco, o un NO SER, que lo lleva a morirse. Creemos que la verdadera cuestión e NO SER: Renunciar a distintas situaciones que se presentan a lo largo de nuestras vidas por el simple hecho de SER.
En cuanto a la obra literaria de William Shakespeare, "HAMLET", en la cual se mata el rey de Dinamarca quien era a su vez el padre del protagonista de la producción que luego de morir aparece como fantasma y le pide a su hijo que no deje impune su muerte. Aquí se plantea la cuestión de SER o NO SER; frase mas conocida como "To be or not to be" : Hamlet duda, esa duda se expresa en dicha frase: Duda sobre distintas situaciones, Se pregunta si debe o no debe vengar la muerte de su padre, si el espíritu que se apareció es realmente el de su padre. Cree que si cumple con el mandato pedido por
el alma dejaría de SER él mismo para pasar a SER el agente de venganza de su padre. De esta forma el protagonista se pierde a sí mismo: Como acontece finalmente, cuando Hamlet deja de ser el mismo y le hace creer a los que lo rodean que se ha vuelto loco. Esta situación se torna insoportable para él.

Desde el principio de la obra Hamlet se compromete ser él mismo y arreglarse a su manera para acabar de una vez por todas con la falta de justicia hacia su padre, la lujuria de la reina y luchar contra los pecados de su tío.
Hamlet quiere una venganza perfecta, para conseguirla decide hacerse pasar por loco sin pensar que podría llegar a perjudicar a su amada Ofelia.
Esta dama, se podría compara con la quijotada sufrida por Sancho. Ya que ambos fueron víctimas de la locura de seres a fines a ellos. Tanto Hamlet como don Quijote le transmiten su desequilibrio psíquico a otras personas.
Vale aclara que el príncipe de Dinamarca, a diferencia del caballero de la Mancha era perfectamente consciente de sus y planeó todo. El mismo decidió hacerle creer a los demás que no estaba bien, que estaba enfermo de la mente, para no correr el riesgo de que sus deseos, pensamientos o más bien
remordimientos fueran descubiertos y poder así cumplir libremente con su objetivo: vengar la muerte de su padre.

HAMLET

Fragmento de Hamlet

De William Shakespeare.

Acto III, escena I.

HAMLET:

Ser o no ser... He ahí el dilema.

¿Qué es mejor para el alma,

sufrir insultos de Fortuna, golpes, dardos,

o levantarse en armas contra el océano del mal,

y oponerse a él y que así cesen? Morir, dormir...

Nada más; y decir así que con un sueño

damos fin a las llagas del corazón

y a todos los males, herencia de la carne,

y decir: ven, consumación, yo te deseo. Morir, dormir,

dormir... ¡Soñar acaso! ¡Qué difícil! Pues en el sueño

de la muerte ¿qué sueños sobrevendrán

cuando despojados de ataduras mortales

encontremos la paz? He ahí la razón

por la que tan longeva llega a ser la desgracia.

¿Pues quién podrá soportar los azotes y las burlas [del mundo,

la injusticia del tirano, la afrenta del soberbio,

la angustia del amor despreciado, la espera del juicio,

la arrogancia del poderoso, y la humillación

que la virtud recibe de quien es indigno,

cuando uno mismo tiene a su alcance el descanso

en el filo desnudo del puñal? ¿Quién puede soportar

tanto? ¿Gemir tanto? ¿Llevar de la vida una carga

tan pesada? Nadie, si no fuera por ese algo tras la [muerte

—ese país por descubrir, de cuyos confines

ningún viajero retorna— que confunde la voluntad

haciéndonos pacientes ante el infortunio

antes que volar hacia un mal desconocido.

La conciencia, así, hace a todos cobardes

y, así, el natural color de la resolución

se desvanece en tenues sombras del pensamiento;

y así empresas de importancia, y de gran valía,

llegan a torcer su rumbo al considerarse

para nunca volver a merecer el nombre

de la acción. Pero, silencio... la hermosa Ofelia ¡Ninfa,

en tus plegarias, jamás olvides mis pecados!

Fuente: Shakespeare, William. Hamlet. Edición bilingüe del Instituto Shakespeare dirigida por Manuel Ángel Conejero. Versión definitiva de Manuel Conejero y Jenaro Talens. Madrid. Ediciones Cátedra, 1997.

Hamlet: es una de la creaciones más orginales de Shakespeare, pese a haber echado mano de una fuentes bien determinadas: su base primordial arranca de Saxo Grámatico, escritor danés del siglo XII, autor de la Chronica Danica, obra impresa en París en 1514; en ella se nos narra la aventura de Hamlet (Amleth), hijo de Horwendilo, rey de Jutlandia, y de Geruta, hija del rey de Dinamarca, asesinado su padre por su propio hermano Fengo para poderarse del trono y casarse con ola madre de Hamlet, y temeroso de verse también asesinado, el principe se finge loco.

Varias Sagas de los siglos XIV al siglo XVI glosan y amplían el relato original, y así, en el poema Saga de Hamlode (o Hamlet) la leyenda se completa con diversos incidentes que se repetiran en la tragedia shakespeareane; por fín, las Histories tragiques de Francois Belleforest, impresas en París en 1570 y traducidas al inglés en 1598, glosan la crónica y las sagas danesas.

La figura de Hamlet destaca reciamente sobre las demás, preludiando una gran sensibilidad romántica inserta en un carácter moderno; personaje más hecho para la reflexión que para la acción, no tiene la decisión necesaria para afrontar

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