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Guión de cine: La construcción del personaje


Cinematografía. Esencia. Modificación. Estilo. Análisis transaccional. Enfoques. Acción dramática. Conflictos. Leyes. Caracterización. Construcción



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Guión de cine: La construcción del personaje

Guión de cine: La construcción del personaje

Guión de cine: La construcción del personaje
 
Nuevos Talentos



La construcción del personaje

EL PERSONAJE DE LOS MANUALISTAS

Piedra fundamental del edificio dramático, el estudio del

personaje encuentra lugar preponderante en todos los manuales de

dramaturgia: no existe, prácticamente, narración sin

personaje(1), razón por la cual, su inclusión en cualquier

modelo de construcción dramática, se da por descontado. Hay sin

embargo, algunos presupuestos, tácitamente aceptados por los

manualistas que ameritan una breve discusión:

- El término personaje abarca, generalmente, el ámbito particular

del personaje naturalista, cuya manifestación más acabada la

podemos encontrar en el moderno drama psicológico

(paradigmáticamente, en dramaturgos como Ibsen). Este personaje,

definido sociológicamente, poseedor de una identidad psicológica

y moral similar a la de los hombres, es un efecto de persona y

como tal, es aproximado, para su construcción, con variables

idénticamente "realistas". Cabe destacar que el personaje

naturalista no agota en ningún modo el inventario de los grandes

personajes dramáticos, ni del teatro ni del cine(2).

- Una segunda distinción, en general eludida en los manuales,

prevé la diferenciación entre lo que Pavis denomina personaje

leído y personaje visto, diferencia que remite, en su vertiente

de escritura, a la existente entre el personaje creado para ser

leído (personaje del guión) y el personaje encarnado por el actor

e integrado al filme. El personaje inventado por el dramaturgo

participa de algún modo de una doble realidad, compleja y, en

cierto modo, inaprensible: es, inevitablemente, un efecto de

texto, en el preciso sentido de Genette, y también, una invención

sígnica que reproduce, en un grado imposible de identificar -a no

ser a través de la subjetividad del escritor- el producto de una

"puesta en escena imaginaria" que tiene lugar en la mente del

dramaturgo(3). De estas dos vertientes, es solamente la textual

la única susceptible de ser analizada con precisión y, poste-

riormente, modificada a partir de ese análisis. De una manera u

otra, todo escritor construye su objeto en un va et vient del

texto a su escena imaginaria.

- Toda discusión en relación al personaje, se sitúa, desde

Aristóteles, dentro de un continuum en cuyos extremos el

personaje, o es postulado como esencia que actúa (ser que hace),

o es descrito como resultado de una acción (hacer que hace

ser)(4) La conciliación de estos dos extremos, presente en

las teoría del relato desde Propp y afirmada por analistas menos

formales como Bentley(5), constituye, a nuestro entender, un

enfoque de incuestionable poder a la hora de la construcción

dramática.

LA ESENCIA DEL PERSONAJE

La discusión en torno a la primacía entre el personaje y la

acción se concreta en la manualística del guión, en forma de

predilección, ora esencialista, ora dinámica, en los

autores estudiados. Lajos Egri introduce, en su excelente

manual, una descripción que pretende ser exhaustiva. Para

la elaboración de la estructura básica (bone structure) del

personaje, Egri procede, en primer lugar, a la construcción

de lo que denomina el diseño de su tres dimensiones:

Dimensión física-fisiológica: sexo, edad, descripción física

(peso, altura), apariencia, defectos deformidades, enfermedades);

Dimensión social: clase social, ocupación, educación, religión,

raza, nacionalidad, filiación política; Dimensión Psicológica:

historia familiar, Vida sexual, autoestima, actitud frente a la

vida, habilidades, cualidades, I. Q.

Bajo la visión de Egri, el escritor debe, en primer lugar, agotar

una construcción del personaje que sea capaz de definir,

orgánicamente, cada uno de los componentes de las dimensiones

antes citadas. Lejos de constituir este recurso una técnica de

acumulación de datos, el autor quiere motorizar una reflexión

dinámica, que permita llevar a cabo dicha construcción. Sin

embargo, el enfoque dialéctico de Egri no se agota en una tal

enumeración. Egri pide que el personaje sea elaborado en

relación dialéctica con su ambiente, que se trabajen sus

vínculos y sus contradicciones internas y externas y -aspecto

dinámico muy importante- que el personaje construido sea capaz de

crecer, con fuerza de carácter en torno a la unidad de

opuestos(6). La orquestación, por otra parte, asegura la

diversidad de apariencias y actitudes de los personajes que

intervienen en el universo dramático. Cucca afina tal

diversidad hasta la configuración de grados de disimilitud (1°,

diversidad física; 2°, de objetivos; 3°. de comportamiento; 4°,

diferencias de comportamiento en un mismo personaje). Por

último, Egri solicita del dramaturgo la construcción de la

dialéctica interior del personaje, es decir, el universo de

motivaciones y de causas y efectos que llevan al personaje a ser

lo que es.

Este último aspecto, es desarrollado por diferentes autores en

detalle. Para Eugene Vale se reduce a la determinación del

motivo (razón por la cual el personaje quiere o necesita lograr

el objetivo), la intención (situada a nivel volitivo) y el

objetivo (meta a lograr u objeto a obtener por el personaje),

mientras que Cucca, rozando quizás involuntariamente el aspecto

de lo que podrían denominarse los niveles conscientes e

inconscientes del personaje, diferencia entre las necesidades

propiamente dichas del personaje y sus intenciones. Por su parte

Syd Field engloba motivo, intención y objetivo en el concepto

de necesidad dramática (dramatical need), concepto que parece

emparentarse con el de super-objetivo de Kulechov.

Para dar cuenta de los aspectos relacionales del personaje

también con mayor detalle, Cucca habla del comportamiento. Así,

la caracterización del personaje requiere del conocimiento de su

comportamiento ante las acciones de los demás personajes, ante

los obstáculos y en relación al lugar en que se desenvuelva.

Para Field esto se resume en el problema del punto de vista del

personaje (una escogencia de perspectiva, al decir de Pavis en

relación al conflicto principal.

Según Antoine Cucca la dramaturgia del cine europeo se

caracteriza porque, en ella, la individuación de los personajes

sirve de punto de partida para el desarrollo de las acciones. El

cine de los Estados Unidos prefiere descubrir

(¿aristotélicamente?) al personaje directamente por las acciones.

Esta afirmación, quizás teñida de subjetividad, se constata sin

embargo en los principales manualistas norteamericanos(7).

Field, el más importante de ellos, lo dice de un modo

contundente: el personaje es lo que hace. Su interior es todo lo

que suponemos le ha acontecido antes del tiempo presente narrado

en el film y que conforma su carácter actual. (Es precisamente

ese el sentido de la sucinta biografía que el autor recomienda

construir para el personaje)(8). Su exterior es lo que cuenta en

el presente diegético y se revela, casi exclusivamente, a través

de la acción(9). Esta subordinación del ser del personaje a la

acción dramática es patente en otro autor importante: Dwight

Swain. Para el autor de Film Scriptwriting, cada uno de los

factores constituyentes del personaje se construye alrededor de

la acción: aspectos externos como la impresión dominante

(overall impact) o las etiquetas de reconocimiento o tags (de

apariencia, del habla, "manierismos") y aspectos internos, como

el punto de vista, la actitud dominante, los intereses y lo

que Swain denomina el potencial climático, cuya definición

resalta el carácter dinámico de una capacidad del personaje:

Climax potential: "goal-motivated character's capacity for

harboring two strong emotions at once. [...] [A character who

has climax potential] though driven well-nigh compulsively by

desire, still can feel the pull of another, contradictory

emotion. (10)

La biografía queda reducida en Swain a la mera recopilación de

circunstancias del personaje que motivan o explican acciones que

tienen lugar en la historia y el mismo Field, al postular los

tres niveles de definición del personaje (profesional, personal e

íntimo), no hace más que indagar en tres niveles posibles de las

acciones. Este modo de proceder, aunque extremo, es, no

obstante, cercano al razonamiento de un teórico de la profundidad

de Howard Lawson, para quien, las características que definen a

un personaje, deben surgir de un proceso dinámico de selec-

ción no narrativo, "buscando [no material psicológico e

ilustrativo] ... sino un sistema de acciones". Muy lejos, sin em-

bargo de aquella petición, citada por el mismo Howard Lawson,

que, en su libro The Inn of Tranquility, conmovía a Galsworthy:

El dramaturgo que subordina sus personajes a la trama, en vez de

subordinar la trama a sus personajes, es culpable de un pecado

mortal.

En síntesis, aunque el diseño del personaje toca ciertos

aspectos que pueden considerarse como esencialistas y que lo

deparan un "cuerpo", una "vida" y una "historia", hay un énfasis

claro en los manuales de considerar como elemento esencialísimo

de construcción el hacer del personaje y de referir sus factores

constituyentes a la dinámica de su transformación.

LA MODIFICACION DEL PERSONAJE

"There is one realm in which

characters defy natural laws

and remain the same: the realm

of bad writing."

Lajos Egri. "The Art of Dramatic Writing"

No es posible hablar del personaje sin convocar su requisito

obligado: el de la modificación. Ya Aristóteles al hablar de la

acción, sitúa en la peripecia, el reconocimiento y la pasión,

tres instancias modificatorias del personaje. Aun cuando este

aspecto de la modificación será desarrollado con mayor detalle

más adelante, adelantaremos una breve discusión en relación al

uso que le dan los autores estudiados.

Para Lajos Egri, el llamado crecimiento del personaje constituye

una condición indispensable del buen drama:

...characters move relentsly from one state of mind to another;

they are forced to change, grow, develop...(11)

Ese crecimiento gradual, que evita las transiciones bruscas o

injustificadas en el personaje, tiene su origen en el conflicto:

The contradictions within a man and the contradictions

around him create a decision and a conflict. These in

turn force him into a new decision and a new conflict

(12)¨

Un ejemplo de esta gradualidad que lleva al personaje de un

extremo al otro, y por ende, de un universo de acciones al

universo opuesto, es el que proporciona Egri(13):

Amistad --> desencanto --> disgusto --> irrita-

ción --> rabia--> agresión--> amenaza --> preme-

ditación --> asesinato

Conviene señalar que las etiquetas del ejemplo describen

indistintamente tipos de vinculación (amistad), emociones

(rabia), sentimientos (disgusto, irritación) y acciones con-

sumadas (agresión, amenaza, asesinato). Esta imprecisión podrá

ser subsanada al recoger de Greimas la formulación de la acción

en términos de relaciones sujeto-objeto, como haremos más

adelante.

Los autores norteamericanos, aunque sin preocuparse del detalle,

también hablan de la modificación del personaje como de un

elemento de primera importancia. Swain la contempla como un

aspecto central en el diseño del personaje, asociándola con la

posesión de secretos (el personaje sería modificado, en ciertos

casos, por el descubrimiento o la revelación de ese secreto).

Tanto este autor, como James Boyle y Syd Field hablan del

cambio confinándolo al reino de los personajes protagónicos. Los

personajes secundarios, y sobre todo el antagonista, son

personajes que no cambian, o cambian muy poco (14).

Cucca sitúa la modificación del personaje dentro de un ciclo

apuntalado por los estados de la condición, aspiración y la

realización del personaje. Nuevamente nos situamos bajo un punto

de vista de la modificación del personaje que toma en cuenta su

voluntad consciente como instrumento de modificación. Este sesgo,

típico de una filmografía que prioriza la acción exterior y por

ende, la relación consciente con el medio, es precisamente el

compartido por los manualistas norteamericanos. Curiosamente, es

Lawson, un socialista (y norteamericano) quien los expresa más

explicitamente:

El significado de las situaciones se encuentra en el grado y

clase de voluntad consciente ejercida, y en cómo ésta funciona;

la crisis, la explosión dramática, se crea mediante una ruptura

entre el objetivo y el resultado; en otra palabras, mediante un

cambio de equilibrio entre la fuerza de la voluntad y la fuerza

del cambio social. Una crisis es el punto en el cual el balance

de fuerzas es tan tenso que a veces se quiebra, y causa así una

nueva alineación de fuerzas, un nuevo esquema de relaciones.

Por último, cabe citar el inventario, parcialmente aristotélico,

que lleva a cabo Chion, al enumerar los elementos que modifican

al personaje o, con el nombre que lleva el capítulo, "Qu'est ce

qui fait courir les personnages (et marcher les spectateurs)?"

Estos elementos son: el terror, la conmiseración, el cambio de

fortuna (la metabasis aristotélica), los ya mencionados

reconocimiento y peripecia (o coup de thèâtre(15)), el

malentendido o quiproquo, la deuda (de dinero, de un servicio

recibido, de la vida), la condición social, los valores morales,

las perturbaciones, las dificultades, la voluntad, la presencia

de un antagonista o de un objeto de extremado valor como el

llamado "Mac Guffin"(16). Toda esta agotadora enumeración tiene

sin duda el valor de recoger procedimientos de reconocida

universalidad, pero peca, en su particularismo, de mostrarnos un

universo fracturado en el cual, la característica esencial del

mecanismo de modificación del personaje, aparece diluida. Nos

volveremos a preguntar acerca de ese mecanismo posteriormente.

PERSONAJES Y PERSONAS

Remarquemos, una vez más, que a través de la discusión

precedente, nos hemos referido al personaje como a una instancia

obligatoria de la invención dramática(17), que de alguna manera

toma su fuente de inspiración en la persona humana. No obstante,

este componente narrativo, este efecto de texto como ya lo hemos

señalado, no debe confundirse nunca con un ser humano.

Hasta un pragmático como Swain no puede dejar de afirmar en su

manual:

A film character is a simulation and simplification of a

person. Though played by a living actor, he is not an actual

human being(18).

Hay que subrayar que las investigaciones de los semiólogos ha

deslindado para el texto la total autonomía de sus

actantes(19), incluso, en la instancia del narrador(20),

circunstancia que eleva a nivel semiótico la imagen de

cualquier ser humano apenas es objeto de un relato, o, para

decirlo con la hermosura de las palabras de Gérard Genette:

...Paris et Balbec sont au même niveau, bien que l'un soi

réel et l'autre fictif, et nous sommes tous le jours objects

du récit, sinon héros de roman (21).

Esta previsión, si duda nada redundante, nos guardará, si no de

cometer errores, por lo menos de caminar con el máximo cuidado a

la hora de establecer algunos paralelos con objetos más terrenos

y riesgosos como los de la lingüística y el psicoanálisis.

EL USO DE ALGUNOS MODELOS FORMALIZADOS

En lo que sigue se intenta ampliar la reflexión acerca del

personaje mediante la revisión de ciertas formalizaciones

extraídas de la semiología y de la lingüística. Se espera que,

lejos de obstaculizar el curso de la intuición en la tarea

creadora, estas reflexiones puedan contribuir a enriquecer

territorios sobre las cuales la inventiva, elevándose sobre la

técnica, debe siempre desplazarse libremente, sabiendo

aprovechar los aportes que una mesurada consideración teórica

pueda proveer.

PERSONAJE, OBJETO Y FALTA

El personaje es personaje porque es y porque hace, porque

instaura su identidad sobre el universo que le diseñamos y se

debate entre el deseo que le inventamos y la fatalidad que

decidimos imponerle. El azar del personaje es la conveniencia de

nuestro texto, y el mundo de casualidades en que éste se mueve,

no es más que la manifestación superficial de una lucha entre

dos fuerzas que tensan la estructura narrativa: una que se define

a partir de las intenciones del personaje y otra que impone el

desenlace previsto por el autor: el texto es arena para la Ley y

el Deseo, digámoslo una vez más, pero para la Ley y el Deseo tal

y como se enfrentan y transmutan en el imaginario del escritor.

Nos encontramos entonces con el hecho de que uno de los motores

del relato se inscribe en el personaje: la historia es porque el

protagonista quiere algo. Desea. O, dicho de otro modo, carece de

algo. Ya Propp, en su análisis del cuento maravilloso, señala

esta importancia de la carencia:

La carencia (o privación) inicial es una situación que,

imaginamos, data de muchos años cuando comienza la acción. Pero

llega un día en que el mandante (o el buscador) se da cuenta de

pronto que le falta algo, y este instante origina la motiva-

ción, ya sea para el envío de una expedición, ya sea para

marcharse directamente a la búsqueda.

Este énfasis en la falta como constitutiva es, según creemos,

vital en el diseño de un personaje con capacidad de actuar y nos

ha llevado, en nuestra primera búsqueda de modelos

extra-literarios, hasta Lacan. La vacuidad sustancial en la

constitución del sujeto aparece, según Lacan, en la denominada

fase del espejo. En palabras de Hornstein:

Para Lacan el yo se forja como una envoltura psíquica ortopédica

desde la trama intersubjetiva y en función del desamparo

infantil. Hay una coincidencia imposible entre el yo del

enunciado y el sujeto del inconsciente. El yo se origina en una

dialéctica de identificaciones narcisistas con imagos que generan

una discordancia progresiva entre el yo y el sujeto: desde la

fase del espejo el niño es capturado por una cadena causal de la

que nunca será otra cosa que efecto.

Lacan explica la formación de la identidad sobre una primera

carencia constitutiva: somos, porque alguna vez alguien deseo que

fuéramos. Somos deseo del otro sobre un pre-sujeto que no es, y

que construye su identidad en la complacencia de este deseo

materno. Somos, pues, por haber sido objeto de un deseo

exterior, signados por una primera carencia desde que nos

constituimos en sujeto. Esta carencia motoriza y direcciona

nuestros movimientos posteriores:

El deseo no es ni el apetito de la necesidad, ni la demanda de

amor: a la realidad del deseo no se llega partiendo de la

necesidad, sino que es el deseo del deseo, inscripto en el orden

del significante. El placer está ligado a la búsqueda de un

objeto que no cobra su valor sino de su diferencia con otro

perdido.

Agrega Kizer:

A partir de la falta, de la castración, [la teoría lacaniana] nos

enseña su función determinante en la organización y la repetición

insistente de la cadena significante, lo cual ocurre en las

estructuras míticas y utópicas. En ambas se parte de la falta,

que tratan de obturar en el pasado (mito) y en el futuro

(utopía).(22)

Las consideraciones anteriores nos llevan a nuestra primera

formulación en relación al diseño del personaje: más que un

cúmulo de virtudes, más que un agregado de cualidades que visten

una corporeidad imaginada, un personaje puede ser diseñado a

partir de sus carencias constitutivas. No es que las cualidades,

las características del personaje en el sentido ya estudiado,

sean innecesarias: por el contrario, su diseño contribuye a la

investidura temática del personaje, a su poder representativo en

términos de los valores que circulan en el relato. Pero lo que

confiere al personaje la posibilidad de actuar es precisamente lo

que no tiene, la carencia de algún objeto perdido. A esta altura

es pertinente incorporar una definición formalizada por Greimas

y Courtés y que nos parece de definitiva relevancia: la defini-

ción de actante.(23)

El actante puede concebirse como el que realiza o el que sufre el

acto, independientemente de cualquier otra determinación. Así,

citando a L. Tesnière de quien se toma este término, "los

actantes son los seres o las cosas que, por cualquier razón y de

una manera u otra -incluso a título de simples figurantes y del

modo más pasivo- participan en el proceso..."

Cada personaje es susceptible de desempeñar un rol actancial,

según realice o sufra determinados actos. Para hablar con rigor,

hay que distinguir previamente entre dos tipos de enunciados que

aparecen en el texto: en primer lugar, los enunciados de estado,

los cuales "corresponden a la relación entre un sujeto y un

objeto" (24) y las transformaciones o enunciados de hacer, que

implican cambios entre enunciados de estado.

Si bien el interés de Greimas se sitúa a nivel del análisis del

enunciado, nivel en el cual se ejecuta la distinción entre, por

ejemplo, una estado de conjunción y otro de disjunción, a

nosotros nos interesa una interpretación de estos modelos

actanciales más referida al significado (al efecto de realidad)

que nosotros conferimos al personaje. No se tratará de considerar

los enunciados que remiten a tal a cual estado, sino de

interpretar las representaciones formales como estados mismos que

adjudicamos a los personajes. Valgan algunos ejemplos:

- El diseño del héroe de aventuras -en consecuencia con los

estudios de Propp - supone el de un sujeto (digamos Indiana

Jones) en disjunción de un objeto de valor (el Santo Grial). La

historia transcurre para que se opere la transformación del

estado disjunto al estado conjunto.

- Toda historia de amor supone el diseño de personajes (por lo

menos dos) para quienes el personaje amado (objeto de amor)

invoca una obligante emergencia conjuntiva. De no alcanzarse la

conjunción, sobreviene la tragedia (Romeo y Julieta, por

ejemplo).

Volviendo al problema del diseño del personaje en términos de sus

carencias, podríamos reformular las consideraciones previas

señalando que inventar un personaje, y más generalmente, formular

un actante, implica escoger un conjunto de objetos de valor en

disjunción con el mismo, es decir, formularlo como un sujeto

carenciado, signado por la falta que representa la no conjunción

con dichos objetos. Cada personaje es, en cierto sentido, como el

sujeto tachado de Lacan, S, un sujeto definido por su falta. En

términos de una metodología constructiva, podríamos comenzar

diciendo que el primer paso en el diseño de un personaje

consistirá en la determinación de sus faltas y, en particular, en

la formulación del objeto de valor principal asociado al

personaje. Esta formulación generará a su vez una construcción

en dos sentidos: hacia el "pasado" del personaje, y por ende, a

la construcción de su historia previa, en la búsqueda de las

determinaciones "psicológicas" o "históricas" en general que han

motivado dichas carencias (y que aflorarán, explicativa o

temáticamente en el transcurso de la diégesis); y, princi-

palmente, una construcción orientada hacia el futuro, que dará

cuenta del itinerario de "alejamientos" y "acercamientos" entre

sujeto y objeto y constituirá la acción dramática misma.

Algunas las "leyes" (ver Capítulo: De Leyes y Caprichos) que

afectan la construcción del personaje podrían comentarse a la luz

de esta consideración:

- La autonomía del personaje está relacionada con la esfera de

sus intereses propios, es decir, con sus carencias esenciales.

El personaje será fiel a su búsqueda (con una fidelidad que le

es específica) lo cual es también un modo de asegurar su

consistencia.

- La fuerza de la voluntad de un personaje no es más que un

síntoma de la profundidad o de la esencialidad de su falta. El

empeño persecutorio de un policía no nos habla más que de su

potencia reparadora. Idénticamente, la intensidad de una obsesión

amorosa de la necesidad ser de amado, etc.

- En términos globales, la orquestación demandará una repartición

de faltas entre los personajes, faltas que resultarán ser de

naturaleza diferente e incluso contrastante (el que tiene dinero

no tiene amor, el que tiene amor es impotente, la de gran corazón

no es bella, etc.). De esta manera se asegura la circulación de

una variedad de objetos de valor que serán intercambiados en el

relato.

ESTILO DEL PERSONAJE

Los modos de consecución de un objeto de valor constituyen un

estilo del personaje y pudieran ser asimilados a los que en el

Análisis Transaccional se denominan Guiones de vida, debidos a

Eric Berne. Un guión de vida es para Berne, según cita G.

Gutiérrez en un trabajo publicado por Roman J. M.:

... un programa en marcha, desarrollado en la primera

infancia bajo la influencia parental que dirige la conducta

del individuo en los aspectos más importantes de su vida.

James y Jongeward distinguen cuatro niveles en dichos guiones:

guiones culturales, guiones sub-culturales, guiones familiares

y guiones individuales. Cada una de estas instancias señala un

modelo actitudinal en una esfera específica del comportamiento

humano, un "rol" a ser cumplido por el individuo y cuyo contenido

básico puede ser encerrado en una etiqueta. Por ejemplo, el

guión cultural de un expedicionario inglés a comienzos de siglo

podría englobarse bajo el término de "civilizador(25)",

posición que comporta un catálogo de actitudes más o menos

previsibles. El guión sub-cultural se refiere al patrón de

comportamientos y valores de porciones homogéneas que comparten

una identificación en el seno de una cultura: West Side Story, el

film de Robert Wise y Jerome Robbins, nos habla del choque entre

dos guiones sub-culturales (jóvenes norteamericanos "puros" y

puertorriqueños). El guión familiar define un cuerpo de

comportamientos propio de un apellido, de una estirpe (El Honor

de los Prizzi, de John Huston, o casi cualquier tragedia griega).

Por último, el guión individual define una suerte de programa-

ción personal, segun James y Jongeward, referida a las

preguntas "¿Quién soy? ¿Qué hago aquí? ¿Quiénes son los otros?"

(Para responderse, por ejemplo, como el detective Gites de

Chinatown de Huston: "Soy un terco. Me encanta meter las narices

donde no debo. Hay muchos que andan por ahí jugando sucio", o

bien, como Mr. Cross, el magnate corrupto del mismo film: "Soy un

triunfador. Soy dueño de lo que me rodea. Puedo hacer lo que

quiera con todo el mundo").

Guiones culturales, guiones sub-culturales, guiones familiares

y guiones individuales, constituyen pues, esquemas de conducta

que una vez escogidos, sitúan al personaje en el universo de sus

actitudes posibles y lo preparan para el desempeño de sus

acciones dentro de una modo particular de relacionarse con los

demás personajes.(26)

OTROS APORTES DEL ANALISIS TRANSACCIONAL

Si el diseño de los guiones de vida constituye un instrumento de

construcción a nivel macroscópico, hay otras dos herramientas

del análisis transaccional que pueden funcionar con eficacia para

el estudio microscópico de la acción, entendiendo por tal, a

aquel que se sitúa en el nivel de las modificaciones del

personaje en cada escena. Estas herramientas son el triángulo

dramático de karpman y el miniguión.

Karpman, discípulo de Berne, ha sintetizado en tres roles básicos

las posiciones que adoptan los individuos en sus interacciones

"dramáticas". Cita James y Jongeward:

En el análisis de un drama solamente se necesitan tres roles para

representar los reveses emocionales que constituyen el drama.

Estos roles activos ... son el de Perseguidor, el de Salvador y

el de víctima (o P, S y V en el diagrama). El drama comienza

cuando estos roles son establecidos o cuando los espectadores los

preven. No hay drama a menos que no haya cambio de roles... El

drama es comparable a los juegos transaccionales, pero el drama

cuanta con mayor número de sucesos, un mayor número de cambio de

roles por suceso y una sola persona representa a menudo dos o

tres roles al mismo tiempo.

P S

----------------

. .

. .

. .

.

V

Cada posición del triángulo se vincula con el guión de vida en

la medida en que cada individuo ocupa una posición preferencial

durante el transcurso de su existencia: un individuo es

fundamentalmente víctima, aun cuando en sus interacciones

(necesariamente) adopte los roles(27) complementarios de

salvador y perseguidor. En este sentido, la posición preferente

del personaje en el triángulo es uno de los datos que se

requieren para configurar su respectivos guiones de vida. Sin

embargo, es a nivel de lo que hemos denominado la interacción

microscópica donde el uso del modelo cobra la mayor importancia:

el cambio de posición en el triángulo de Karpman garantiza el

predominio del cambio de situaciones(28).

Algunas variantes del triángulo de Karpman pueden ser

considerados, ya sea dentro del análisis transaccional o en

modelos que por lo menos tienen en común con éste la preocupación

por definir las relaciones interpersonales en términos de

posiciones vacías capaces de ser ocupadas por el mismo personaje

individual. Uno de ellos, el miniguión, , creado por Taibi Kahler,

reduce la dinámica de la conducta (conflictiva) personal a cinco

mandatos (sé perfecto, date prisa, compláceme, trata más, y sé

fuerte), mandatos que, por una parte, se manifiestan

conjuntamente con una esterotipia verbal, gestual, postural, etc.

y, por otra, condicionan la conducta a una secuencia de estados

relativamente previsible, la cual constituye, precisamente, el

miniguión. De nuevo, estamos ante itinerarios conductuales

altamente reconocibles, que orientan unos atributos psicológicos

y una conducta posibles. M. Poblete presenta otro modelo creado

por K. Mellor y E. Schiff en 1975 para el estudio de los

"mecanismos que utiliza la gente para mantener y confirmar sus

puntos de vista acerca de sí misma, de los otros y del mundo",

mecanismos a los cuales denomina roles definitorios. El

mencionado modelo no hace más que contrastar las posiciones

predominantes en el nivel social (N.S.) con las posiciones que

adopta el individuo a nivel psicológico (N.P.). Logra así la

caracterización de seis posiciones, cuyas etiquetas son:

trabajador duro (N.S.: salvador, N.P.: víctima o perseguidor;

cuidador (N.S.: salvador; N.P.: perseguidor o víctima; virtuoso

enojado (N.S.: perseguidor; N.P.: víctima); virtuoso desdichado

(N.S.: víctima; N.P.: perseguidor); malhechor enojado (N.S.:

víctima; N.P.: perseguidor); malhechor desdichado (N.s.:

perseguidor; N.P.: víctima). En resumen:

--------------------------------------------------------

CUIDADOR

N.S.: S

N.P.: P ó V

VIRTUOSO ENOJADO MALHECHOR ENOJADO

N.S.: P V

N.P.: V P

VIRTUOSO DESDICHADO MALHECHOR DESDICHADO

N.S.: V P

N.P.: P V

TRABAJADOR DURO

N.S.: S

N.P.: V ó P

--------------------------------------------------------

La virtud del modelo es que contrasta el lugar que el individuo

ocupa socialmente (en el "exterior"), con el lugar que

psicológicamente quiere ocupar (en su "interior") y, por tanto,

facilita el diseño multidimensional del personaje. Tomemos por

ejemplo un Kane- malhechor desdichado por excelencia- para

quien la posesión de un poder social ilimitado se opone la

carencia de ese mismo poder en el nivel psicológico (en

particular, el de sentirse amado). El genio de Welles sintetiza

en dos objetos la tragedia de esta disociación: Xanadu, el

castillo del Kane omnipotente y multimillonario; Rosebud, el

trineo del muchacho trágicamente arrancado a su niñez.

El denominador común en los ejemplos estudiados lo constituye la

modelización del sujeto -por parte del análisis transaccional-

como un ente capaz de ocupar, en cada momento, alguna de las

posiciones vacías que constituyen su estructura. Por esta razón,

no será posible citar tales modelos sin considerar aunque sea

brevemente la muy conocida estructura de los estados del yo

propia del AT. Para James y Jongeward:

Cada persona tiene tres estados del yo que son fuentes separadas

y diferentes de conducta: el estado Padre del Yo, el estado

Adulto del Yo y el estado niño del Yo.

Harris agrega:

Estos estados del ser no son papeles sino realidades

psicológicas... El estado es producido por la reproducción de

datos registrados de acontecimientos del pasado, que se refieren

a personas reales, tiempos reales, decisiones reales y

sentimiento no menos reales.

Cada individuo, entonces, refiere su conducta a una de estas tres

posiciones: Padre - Adulto - Niño, desde las cuales ejerce

interacciones típicas. Berne ha dedicado su esfuerzo al estudio

de los conjuntos de posibles interacciones (o intercambios de

caricias) que se prolongan en forma de Juegos Psicológicos y que

conforman buena parte del objeto de estudio del AT. Las

transacciones o conciliaciones constituyen la unidad básica de

este intercambio y se ejercen entre un estado del yo de un

individuo y un estado del yo de otro individuo.

Para el dramaturgo son de particular importancia las

transacciones conflictivas: las llamadas transacciones cruzadas y

sobre todo, las trasacciones ulteriores. Las primeras se refieren

a un error (psicológico) de lectura (Por ejemplo, un esposo

solicita -adultamente - un cierto favor de su mujer; la mujer

responde desde su estado Niño, defendiéndose de lo que percibe

como una exigencia paterna). Las transacciones ulteriores

encarnan acciones de "doble sentido" (en particular parlamentos y

diálogos) que ponen en actividad simultáneamente dos estados del

yo (por ejemplo, el Adulto, que se dirige al Adulto, y el Niño

que al mismo tiempo se dirige al Niño) y están presentes en

cualquier comunicación con "espesor" dramático, es decir, en la

que se eluda la explicitud y la obviedad. (Un ejemplo típico lo

proporciona la seducción: caso del personaje Sergio del film

Memorias del Subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea, quien seduce

al personaje de Elena a través del ofrecimiento, falsamente

adulto, de unas prendas de vestir). En síntesis, podríamos decir

que la consideración del análisis de las transacciones puede

orientar al escritor en relación al sentido del intercambio entre

dos personajes: cada personaje buscará cierto tipo de caricias

(por ejemplo, de Padre a niño) y querrá, "inconscientemente"

culminar un cierto juego (por ejemplo "Patéame"(29) ). Por otro

lado, la bidireccionalidad presente en las transacciones ul-

teriores, remite a una suerte de regla que regula las inte-

racciones dramáticas: la del ocultamiento de las verdaderas

intenciones del personaje(30). En tal sentido, las

transacciones ulteriores, serán de preferencia en el catálogo del

dramaturgo(31).

OTROS ENFOQUES

Así como la aproximación transaccional arroja luz sobre la

dinámica de las interacciones entre personajes, otros modelos, al

aproximarse al estudio de la comunicación interpersonal,

introducen variantes dignas de mención. Es por ejemplo el caso

de Virginia Satir quien al estudiar sus modelos de comunicación,

introduce cuatro posiciones comunicativas que son típicas en

situaciones de baja estima: el aplacador, el acusador, el

superrazonable, y el irrelevante. Las cuatro posiciones, que

corresponderían a modos de gestión con los que un personaje se

hace cargo de la carencia de un poder-hacer psicológico, están

tipificadas tanto a nivel de su estereotipia corporal (lo que el

cuerpo dice (32)) como a nivel del discurso interior del

individuo (lo que éste siente cuando actúa así). El primer

aspecto posibilita la configuración de una imagen mental de la

conducta externa del personaje, el segundo facilita al escritor

un conocimiento del discurso interno del personaje, actúa en

favor de un desdoblamiento que es indispensable para la

escritura de los parlamentos y la descripción de las acciones

de cada personaje(33).

Este último aspecto de la "interioridad" del personaje remite en

particular a la problemática de la percepción interpersonal tal y

como la estudia Laing. Para este psiquiatra inglés, el estudio

de la conducta entre dos individuos remite al análisis de las

fantasías que cada uno de ellos configura en relación al otro y a

las fantasías que hace (parcialmente debido a su experiencia)

sobre estas mismas fantasías. Cada par o díada constituye así una

"espiral de perspectivas recíprocas" que condiciona la conducta

interpersonal:

Los seres humanos piensan constantemente en los otros y en lo que

los otros piensan acerca de ellos, y en lo que los otros piensan

que ellos piensan acerca de los otros, etc. Podemos preguntarnos

qué sucede en el interior del otro. Deseamos o tememos que otras

personas sepan qué ocurre en nuestro propio interior.

Laing formula una sencilla notación que da cuenta de estos

niveles de perspectiva: si "p" designa a un sujeto dado, "o",

designa al otro sujeto en la díada y "x ---> y" representa el

"modo como x ve a y", entonces una expresión como:

p --> ( o --> (p -- >p))

representa "la idea de "p" de la idea de "o" de lo que "p" piensa

de sí mismo. (La perpectiva de una perspectiva es llamada por

Laing una metaperspectiva). La comparación entre las diferentes

perspectivas para medir su similaridad o diferencia (y con ellos

"objetivar" las distintas fantasías de quienes c

onforman la

díada), arroja alguna luz hacia lo que podría designarse con el

término de "nivel de la perspectiva de un personaje en relación

al otro personaje". En la medida que la acción de un personaje

revela una metaperspectiva objetiva y más general que la

perspectiva del personaje con el que interactúa, se revela

también una ventaja estratégica de ese personaje. Dicho en otros

términos, el objetivar metaperspectivas constituye una

competencia (saber-hacer, poder-hacer) en relación a las

interacciones con los demás personajes. El análisis somero de la

escena de clímax del film "El Ciudadano Kane" (Orson Welles,

1962), aquella en que la revelación de sus amores prohibidos con

la cantante Susan Alexander da al traste con su carrera

política, serviría para dar ejemplo de las anteriores

consideraciones ("p" designará a Kane, "q" a Susan Alexander,

"r" al inescrupuloso Paul Gettys)

Kane se revela como un personaje que actúa a partir de la idea,

poco objetiva, que tiene de sí mismo y del mundo, de donde:

p ---> p ; p ---> q ; p ---> r

Susan, situada en una metaperspectiva que se ocupa de la visión

que los demás tienen de ella (y que es idéntica a la perspectiva

que ella tiene de sí misma), es poseedora de una mayor

competencia, la cual, de hecho, utiliza en su manipulación de

Kane. Luego:

q ----> (p ----> q) = (q ---> q)

Gettys, por último, personaje ganador de la contienda, posee una

rica metaperspectiva desde la cual ubica a los personajes en

relación a su visión de ellos mismos y a la visión que cada uno

de ellos tiene de él como persona. De allí obtiene su ventaja al

manipular a los demás. Representamos sus metaperspectivas así:

r----> (p---->p) ; r---->(q ----> q)

Y además:

r----> (p---->r) ; r---->(q ----> r)

La consideración de las perspectivas puede constituir un recurso

constructivo que permite diferenciar las competencias de los

personajes en relación a sus posibilidades de manipulación, que

explícita el contraste entre los diferentes personajes en

términos de esta capacidad y que proporciona una cierta medida

de la "interioridad" de cada uno de ellos en términos de su

"capacidad" de estar "alerta" en relación a los demás

personajes(34).

Mencionaremos los trabajos de otros autores que modelizan el

funcionamiento psicológico individual y que en algo tocan las

situaciones recientemente discutidas. Gear y Liendo, en un primer

modelo del sujeto psicológico describe la psiquis conflictiva

como constituida por una estructura binaria de dos posiciones

vacías complementarias ocupadas alternativamente por el sujeto

(culpador-culpado y culpado-culpador; abandonador-abandonado y

abandonado-abandonador; atormentador- atormentado y

atormentado-atormentador, etc.). El conocimiento de tal

estructura proporciona la posibilidad de la construcción de un

itinerario para el personaje que se debatirá en un conflicto

signado por esos dos polos y que los ocupará alternativamente en

su desarrollo. Posteriormente, Liendo se ocupará de una

modelización, ya no puramente semiótica sino también cibernética,

en la que el sujeto conflictivo aparece caracterizado por una

serie de respuestas estereotipadas que ponen en juego al propio

sujeto (ego) y a otro sujeto capaz de "tener con éste relaciones

pertinentes al conflicto" (alter). El énfasis del modelo está en

el desfase entre lo que el ego dice hacer y lo que hace en cada

interacción, así como lo que el ego hace hacer y hace decir que

hace en el ego. A pesar de que el estudio de tales estereotipos

tienen interés clínico, constituye claramente otro modelo de

conductas posibles que acotan las acciones de un personaje de

acuerdo a una conflictiva escogida por el escritor.

Por último, caben ser destacados tanto los trabajos previos de

Lieberman acerca del "estilo en las diferentes clases de

pacientes" que sistematizan ciertas pautas lingüísticas y

comunicacionales para determinados tipos

psicológicos (habla así de "pacientes con estilo narrativo",

"pacientes con estilo lírico", "pacientes con estilo dramático y

suspenso", etc.), como los realizados por Lieberman y Maldavsky,

próximos a los de Liendo aunque con diferente sentido, en los

que el famoso cuadrado semiótico de Greimas es utilizado para

categorizar las "dimensiones semánticas personales" en el aspecto

emocional y conativo(35). Estos modelos, como todos los

anteriores estudiados, podrían servir de marcos formales,

continentes y no restrictivos, para la estructuración del

carácter del personaje.

La definición de acción dramática

HACER Y VER HACER: ESCRITURA Y ANALISIS DE LA ACCION

DRAMATICA.

Acción es lo que pasa. Así, sin más, define Syd Field

un concepto fundamental para la estructura dramática del guión

cinematográfico. Y sigue: "Hay dos clases de acción: acción

física y acción emocional [...] acción emocional es lo que pasa

dentro del personaje durante la historia". Con este margen de

imprecisión, pero con la certeza de que el término remite a un

concepto por todos conocidos, los manualistas del guión elaboran

un discurso que encuentra precisamente en el concepto de acción

uno de sus pilares fundamentales. Cucca, sin molestarse en

definir el término, elabora una distinción que separa las

acciones de base (fundamentos esenciales de la historia) de las

acciones complementarias (acciones de transición que ilustran

el carácter de un personaje o dan información) y Lajos Egri, en

el estudio del conflicto, discute el origen de las acciones,

conformándose con hacer mano de un muestrario de metáforas

climáticas y antropológicas:

"The walking of a man is action, the flight of a bird,

the burning of a house, the reading of a book. Every

manifestation ot life is "action" (36).

Eugene Vale es tan sucinto como Field: un verbo representa

acción. Y desarrolla todo un capítulo para estudiar la transición

de la acción. Swain analiza tanto la descomposición de las

acciones como sus antecedentes sin preocuparse ni un instante

por definir el término. Chion se pregunta qué es la acción,

sin llegar jamás a respondérselo, adelantando tan sólo algunas

previsiones de alcance absolutamente particular. Y Gutiérrez

Espada, quizás el más prolijo de todos en relación al tema,

esboza los términos de una discusión histórica que remite a

Kulechov y a Gorki y que se reduce a destacar el alcance y la

importancia de la acción, sin, en principio, definirla. No

obstante, al querer diferenciar entre acción externa e interna,

Gutiérrez Espada asoma una discusión que toca aspectos más

profundos del problema:

La experiencia demuestra que los films saturados de acción han

tenido siempre un éxito indiscutible. Por ello la acción debe

estar presente ya en el guión, como condición importantísima.

Pero entiéndase que nos referimos a un concepto exterior de

acción, exclusivamente, como si se tratase de acción "mecánica",

por así decir, donde abunda el movimiento de las cosas, sino que

la acción debe resultar enlazada con el conflicto que se produce

entre los personajes, o en las ideas que se exponen, que son como

las líneas de fuerza que mantienen en tensión todo el discurso

narrativo. La acción, muchas veces, es el resultado de la

situación emotiva de un personaje o de un grupo de ellos, cono

efecto de su conducta y actitudes.

En Howard Lawson ese "movimiento general que da lugar a que

algo nazca, se desarrolle y muera entre e comienzo y el

final"(37), es analizado con mayor detalle. Para ello, recurre

a una definición que suministra Schlegel en su Curso de Arte

Dramático:

¿Qué es la acción? ... En su significación más profunda, la

acción es una actividad que depende de la voluntad humana. Su

unidad consiste en su dirección hacia un solo fin y su totalidad

la compone todo lo que se encuentra entre la primera

determinación y la ejecución del hecho.

Tal definición, suficiente para Brunetière, para quien el uso de

la voluntad consciente sirve para diferenciar la acción del

movimiento o agitación (Las Leyes del Drama, citado por Howard

Lawson), es sin embargo criticada por Howard Lawson, quien

introduce el problema del sentido. Dice Lawson:

La acción es una especie de actividad, una forma de movimiento en

general. La efectividad de la acción no depende de lo que hace la

gente, sino del significado de lo que hace.

Esta última aproximación introduce un elemento vital en la

discusión: la acción, así considerada, refiere su importancia, no

a su magnitud medida en términos de "realidad" (lo cual

configuraría una referencia extra-textual), sino al sentido que

tiene dentro de la estructura y, en particular, respecto a la

acción base. Sin embargo, hay que ir hasta Pavis, cuya

preocupación por la acción proviene del análisis semiótico, para

transitar el camino hacia una formalización que permita

aprovechar el descubrimiento. La discusión de Pavis va desde una

definición tradicional según la cual la acción dramática

consiste en una "Serie de hechos y actos que constituyen el

argumento de una obra dramática o narrativa", hasta una

definición semiológica, construida sobre el modelo actancial,

para la cual la acción se produce como cambio de posición de los

actantes en la configuración actancial.

Observamos entonces cómo la idea de acción ocupa un lugar nodal

en la preceptiva dramaturgica del guión, a pesar de que su

contenido jamás se conceptualiza dentro de un marco de rigor.

ACCION Y ESTRUCTURA

El papel estructural de la acción, esto es, la función

específicamente dramática de este elemento constitutivo, es

considerado por Howard Lawson con cierto cuidado. Preocupado por

diferenciar la simple actividad de la acción dramática, Howard

Lawson logra una descripción dinámica de la acción dentro de la

estructura:

La acción (en contraposición a la actividad) debe estar en

proceso de realizarse, así que debe brotar de otra acción, y

conducir a otra diferente. Cada cambio de equilibrio implica

cambios de equilibrio anteriores y venideros. Esto también signi-

fica que debe considerarse el tiempo dedicado a cada acción, el

tiempo que resulta necesario en relación con la cantidad de

actividad.

Howard Lawson establece también una diferenciación entre acción

externa y acción interna, siempre, claro está, dentro de las

limitaciones que le imponen sus presupuestos según los cuales en

el drama se enfrentan la voluntad consciente, a nivel

individual, y las fuerzas sociales, a nivel social. En este

respecto el autor puntualiza:

La extensión de la acción interna está limitada a las causas

que se encuentran en la voluntad consciente de los personajes.

La extensión de la acción externa está limitada a las causas

sociales que constituyen el contexto de hechos dentro del cual

se mueve la acción.

Para Lawson la acción-base es aquella transformación esencial que

tiene lugar en la obra y que en general se resuelve en el clímax

principal. Lawson estructura la obra alrededor de la acción-base

de manera análoga a la que Egri construye la armazón sobre la

base proporcionada por la premisa: la estructura completa se

condiciona al éxito de la acción-base. En sus principios de la

continuidad, Lawson da un dibujo de cómo es esta estructura y

de cómo se desarrolla en ella la acción:

1. La exposición debe estar plenamente dramatizada en términos de

acción.

2. La exposición debe presentar posibilidades de extensión que

sean iguales a la extensión de la acción-base

3. Pueden seguirse dos o más líneas de causalidad si encuentran

su solución en la acción-base.

4. La acción creciente se divide en número indeterminado de

ciclos.

5. Cada ciclo es una acción y tiene la progresión característica

de una acción: exposición, ascenso, choque y clímax.

6. El aumento de la tensión cuando cada ciclo se acerca a su

clímax, se logra mediante el incremento de la carga emocional;

esto puede hacerse enfatizando la importancia de lo que está

sucediendo, subrayando el miedo, el valor, la ira, la histeria,

la esperanza.

7. El tempo y el ritmo son importantes para mantener e

incrementar la tensión.

8. El eslabonamiento de las escenas se logra mediante contrastes

abruptos o por superposición de líneas de interés.

9. Cuando los ciclos alcanzan la acción-base, el tempo se

aumenta, los clímax subordinados son más intensos y están más

estrechamente agrupados, y la acción entre los puntos culminantes

se acorta.

10. La probabilidad y coincidencia no depende de la probabilidad

física, sino del valor del incidente en relación con la

acción-base.

11. La obra [...] no es una simple continuidad de causa y

efectos, sino una interacción de fuerzas complejas; pueden ser

introducidas nuevas fuerzas sin preparación previa, siempre que

su efecto en la acción sea manifiesto.

12. La tensión depende de la carga emocional que la acción pueda

soportar antes [de] que se alcance el momento de la explosión.

Otros autores, preocupados por el mismo problema del lugar que

ocupa la acción en la armazón dramática, distinguen en el relato

las "zonas" en la que la acción se concentran de manera crucial

para configurar la historia, de aquellas otras en que aparecen

diluido, facilitando las transiciones y las descripciones. No son

otra cosa las mencionadas acciones de base y acciones

complementarias de Cucca o núcleos de acción(38). En

resumen, podemos decir que, para los manualistas consultados, la

acción es un elemento constitutivo de primer orden cuya

disposición inicial constituye la columna vertebral de la

estructura dramática. En esta vertebración primaria la

acción-base, o acción principal, ocupa un lugar medular que actúa

como eje rector en relación al cual se disponen y cobran sentido

las demás acciones.

FORMALIZACIONES DE LA ACCION

Greimas y Courtés entiende por acto el cambio de estado de un

sujeto en relación a la conjunción o disjunción de un objeto

valor. Estos objetos, o bien representan cosas, entes materiales

valorados cuya posesión se disputa en el relato, o bien

describen valores psicológicos o abstractos. La formulación de un

acto, viene dada por una expresión del tipo:

F (S1) ----> [ (S v O)-------->(S ^ O) ]

Cabe señalar que esta definición abarca incluso los llamados

actos de habla, actos en los que pueden distinguirse varios

niveles de acción: como actividad somática que pone en conjunción

a un sujeto y un hacer gestual significante, como un hacer-saber,

es decir "como un hacer que produce la conjunción del sujeto

enunciatario con un objeto del saber" , y también, como un

hacer-hacer, "es decir, como una manipulación de un sujeto por

otro mediante el habla). Esta distinción, revela un aspecto de

importancia central para el dramaturgo cinematográfico y en

particular para el dialoguista: la dimensión de los actos de

habla en términos de la acción dramática, al descubrir para el

escritor los diferentes sentidos en que el acto de habla es

acción. Lozano resume claramente la referida tricotomía analítica

proveniente de Austin:

A la luz de la hipótesis "hablar es hacer", el uso del lenguaje

consiste en una actividad que incluye: el acto de decir algo, el

que tiene lugar al decir algo y el que acaece por decir algo.

Austin los denomina respectivamente acto locucionario,

ilocucionario, y perlocucionario, aun cuando no constituyen

propiamente actos distintos, sino tres subactividades

analíticamente discernibles en cada ejecución lingüística o acto

de habla.

Colocados en este punto, podemos distinguir en el personaje -y

sobre todo en el personaje que habla, en esa instancia

constitutiva del personaje que es el parlamento- diferentes

niveles de su hacer lingüístico. Lo más común es que el escritor

-e incluso el manualista- ponga el acento en el nivel

locucionario y se preocupe del decir del personaje, del

"contenido" de ese decir. Pero una visión más profunda nos lleva

a postular como esenciales los dos niveles restantes, destacando

por ejemplo, los enunciados ilocutorios, aquellos, cuya "función

primera e inmediata consiste en modificar a los interlocutores",

(Ver Ducrot y Todorov). Repensados de esta manera, los

parlamentos (y los diálogos) participan de la acción de una

manera distinta según prioricen uno u otro nivel: pueden ser

portadores de información unidimensional o, simultáneamente,

remitir a diversos niveles de la acción(39) (y de la

información)(40).

Ahora bien, ¿cuáles son los problemas generales en relación a los

cuales la disponibilidad de una definición rigurosa de la acción

puede jugar un papel esclarecedor, aún en lo operativo, es decir,

en la escritura guionística? Una serie de preguntas naturales

rondan el diseño de la acción:- ¿Como se identifica una acción

dramática? ¿Cómo se dispone la acción en la estructura general

de los acontecimientos? ¿Como progresa o se detiene? ¿Cómo se

logra su gradación? ¿Qué caracteriza la acción importante, cómo

se "mide" su intensidad? ¿Que diferencia dos acciones en la

misma estructura dramática?

La aproximación greimasiana comporta de por sí la virtud de una

definición operacional: hay acción cuando hay intercambio de

objetos, cuando el estado de un sujeto cambia. A la pregunta

"¿Qué pasa?" se le podrá responder siempre afirmativa o

negativamente. Por otra parte, para intentar respuestas

(parciales) a las restantes preguntas, hay que recurrir

primeramente a una distinción debida a Moles entre la llamada

importancia intrínseca de una acción -referida a la secuencia de

acciones posteriores a dicha acción dentro de la historia

contada- e importancia extrínseca, aquella que es adjudicada

por el espectador a la acción en sí. Retomemos el comentario

ya citado de H. Lawson, dentro de un nuevo contexto:

La acción es una especie de actividad, una forma de movimiento en

general. La efectividad de la acción no depende de lo que hace la

gente, sino del significado de lo que hace.

Si entendemos por efectividad la importancia intrínseca de la

acción, lo que esto significa es que cada acción define su

significado en relación la acción-base, esta última interpretada

en el sentido que le da el mismo Howard Lawson. En términos de

nuestra definición, una acción-base del tipo:

F (S1) ----> [ (S v O)-------->(S ^ O) ]

presupone su descomposición en una secuencia de acciones se-

cundarias que se gradúan y definen relación a esta acción

principal(41). Una caracterización plausible de las acciones

que constituyen una tal secuencia es la proporcionada por

Moles(42). Cada uno de los actos mínimos (actomas) que

constituyen una secuencia, queda caracterizado por:

a) Su importancia relativa [extrínseca o intrínseca]...

b) Su grado de implicación, medida de cero a uno, es decir, la

estimación subjetiva del grado de causalidad.

c) Su valor como acontecimiento o valor de imprevisibilidad para

el observador o el lector (tasa de sorpresa de lo inesperado).

d) Su complejidad, es decir, la medida de su entropía en relación

con los actomas más simples, en el nivel inmediatamente inferior

de la observación.

e) Su tasa de riesgo, ligada a la atención emocional que provoca

en el actor o en el espectador.

f) Sus estrategias alternativas o posibilidades de reemplazo de

un actoma particular por otro que desemboque en el mismo

resultado.

g) El portador de la acción (actante), que impone las condiciones

de sujeción a los actos: que estos sean sucesivos, que sean

conjuntos si ocurren en el mismo lugar, y que sean desunidos

[disjuntos] si tienen lugar en sitios diferentes, por los de-

talles t=x/v, siendo x la distancia y v la velocidad máxima de

traslado de un lugar a otro.

h) La duración de la acción en unidades compatibles con el

conjunto.

i) El lugar geográfico donde tiene lugar (líneas del universo).

Un análisis de los aspectos anteriores a la luz de las

consideraciones que se vienen analizando, arroja:

a) La importancia relativa intrínseca se mide en relación a la

acción-base. Vale decir, cada acción que integra la armazón

narrativa cobra sentido respecto a la acción fundamental,

aquella que pone en juego el objeto principal en disjunción

(caso más frecuente) o conjunción con el sujeto principal (el

héroe). Puede pensarse entonces la acción base como descompuesta

en actomas -haciendo nuestra la terminología de Moles- que

componen la acción principal y, por tanto, al objeto principal

como aproximable mediante una cierta sucesión de objetos que

llamaríamos componentes (objetos modales). Formalmente, tal

consideración estaría comprendida dentro de lo que Greimas y

Courtés llaman un programa narrativo complejo(43) -relativo a

la acción principal- el cual está constituido por programas de

uso respecto de los cuales dicho programa se denomina programa

de base. Más allá de la terminología escogida, lo que resulta

valioso desde el punto de vista de la escritura es que la

determinación de la importancia relativa intrínseca de cada

acción, podría hacerse manifiesta a través del análisis de la

medida en que cada objeto componente (cada transformación de un

programa de uso) colabora en la realización de la acción

principal (es decir, en el cumplimiento del programa de base).

"¿Qué requisitos debe cumplir el personaje para el logro de su

objetivo?", es la pregunta que conduce a la descomposición de la

acción principal en actomas. "¿Cuánto acerca una acción dada

sujeto y objeto principal?", es la pregunta que, a nivel de la

acción particular (el actoma), remite a su importancia.

b) La medida del grado de implicación es una prueba frecuente a

la que se somete la escritura dramática y actúa sobre lo que,

siguiendo a Barthes, denominamos núcleos del relato. El

procedimiento consiste en la remoción de una unidad con el fin

de determinar los efectos sobre las unidades subsiguientes (¿Qué

pasaría si tal personaje no hubiera hecho tal cosa?). En un

relato de acción, donde la supremacía de los núcleos sobre las

unidades indiciales debe ser manifiesta, el escritor procede a

determinar la densidad de la acción, es decir, el número de

unidades nucleares por cada tantas unidades de su segmentación

(por ejemplo, una escena de acción por cada cinco escenas o tres

escenas de acción por cada cinco escenas). Este procedimiento

permite, entre otras cosas, identificar las "lagunas"

innecesarias, los puntos muertos que detienen el curso natural de

la acción dramática.

c) El valor de imprevisibilidad está ligado al recurso -

mencionado al revisar algunos manualistas norteamericanos (ver

capítulo dedicado a los modelos de construcción- del revés. La

acción debe avanzar la historia pero por una vía plena de

originalidad que eluda las previsiones y suposiciones del

espectador. El escritor -como en el comentario de Swain- diseña

todas las alternativas esperadas y escoge una nueva que, con el

mismo efecto neto, se salga de lo previsto. En particular, en el

revés, el cambio hacia un "nuevo sistema de valores" para el

conflicto equivale a la imposición de un nuevo programa narrativo

(Indiana Jones tiene en sus manos el tesoro buscado, pero ahora

el puente por el que transita cede bajo sus pies). La pregunta en

estos casos entonces es: ¿Qué nueva situación impensada se

introduce con cada ganancia parcial del personaje? La mejor res-

puesta es que la mejor situación es una que cumpla a la vez con

los requisitos de ser verosímil y poco probable.

d) Una acción compleja será aquella que se descomponga en una

multiplicidad de actomas. La gradación en las acciones también

podrá comprender un crecimiento en términos de la complejidad,

dejándose para la crisis una acción de complejidad considerable.

e) Ninguna acción dramática debe estar asegurada de antemano, la

probabilidad de que el sujeto involucrado en la acción alcance su

objetivo (es decir, su junción con el objeto) debe ser, en

general, media o baja. Eso no es más que una manera de decir

que cada acción debe ser diseñada de tal forma que cree una dosis

de suspenso. El escritor crea obstáculos que se oponen a la

junción y que disminuyen la probabilidad del final esperado para

la unidad considerada. Globalmente, también, reparte el riesgo

entre las diferentes unidades, cuidando matizar sus efectos con

el espectador(44), buscando la manipulación de sus emociones

básicas.

f) La búsqueda de alternativas para cada acción constituye el

derrotero obligatorio de un escritor en casi todo momento de su

escritura: enfrentado al paradigma cambiante que le impone el

texto en cada una de sus encrucijadas y a las exigencias de su

imaginación, evalúa constantemente sus propias propuestas. El

procedimiento más efectivo sería quizás el que recomiende la

consideración del mayor número de posibilidades (aun de las más

descabelladas) y la evaluación de estas alternativas a la luz de

los requerimientos, tanto intrínsecos como extrínsecos, que se

imponen al lugar vacío que con la acción se intenta llenar.

g) Acción y personaje están ligados hasta el punto que cualquier

diseño de acciones que resulte impropio del personaje provoca en

el texto un efecto de intervención exterior, de deus ex machina

actuando caprichosamente según sus propias necesidades. Así como

el personaje nace de sus carencias esenciales y es, en cierto

modo, acción potencial(45) (acción que se manifiesta en las

circunstancias apropiadas), la acción debe ser evaluada a la

luz del personaje construido. La acción revela al personaje

cuando proviene de lo que hemos internalizado como su necesidad

más íntima.

h) El problema de la distribución de las acciones en el tiempo se

hace patente sobre todo en los filmes en los que predomina la

acción exterior (persecuciones, enredos, etc). En este caso el

diseño de las coincidencias espaciales, de los equívocos y las

apariciones inoportunas requiere de un cuidadoso cálculo de las

posibilidades de desplazamiento del personaje (no puede

encontrarse en dos sitios a la vez, requiere de cierto tiempo

para desplazarse de un lugar a otro, etc). El olvido de tales

consideraciones acarrea en ciertos casos una ubicuidad contraria

a la verosimilitud.

h) La duración de la acción - como cada uno de los aspectos

anteriores- debe estar medida en términos del conjunto. Pero es

sobre todo en relación a su propia temporalidad que la acción

corre sus mayores riesgos: el timing, el tempo casi musical que

requiere la acción obliga al escritor a suprimir las

divagaciones y las extensiones ociosas. Cada acción tiene su

ciclo de agotamiento, la manera de conducir su propia extinción.

i) En el guión, la consideración del lugar geográfico es

delicada materia de discurso: el ambiente- el contexto icónico-

podría decirse, condiciona la lectura de manera definitiva: en el

cine todo sucede en un lugar espectacular, es decir, propio de un

espectáculo. ¿Dónde situar la acción diseñada? Una amplia

evaluación de los elementos del paradigma conducirá a la opción

adecuada.

Una última consideración en cuanto a la acción es la referida a

lo que se ha llamado el uso del detalle significativo(46).

Como hemos dicho, cada personaje es un sentido acción

potencial, acción que no se desencadena debido a las

circunstancias. Es el detalle imprevisto -pero significativo y

pertinente, capaz de catalizar el comienzo de una acción- el que

aparece signa de verosimilitud su desencadenamiento. En este

aspecto, claro está, también la originalidad es un requisito de

primera línea, al detalle previsible (el choque inesperado de la

pareja de futuros amantes, la caída nerviosa del botín oculto) se

opone la invención (el viento que revela el rostro codiciado en

Rashomon, la primera debilidad los invitados en El Angel

Exterminador).

Construir la acción dramática y evaluar objetivamente su

construcción, son dos caras obligatorias de la escritura.

Mientras más amplio sea el panorama de su visión analítica, más

ricas serán las opciones del escritor en su búsqueda de la

solución óptima para el guión cinematográfico.

Triángulos y conflictos

TRIANGULOS Y CONFLICTOS.

El de conflicto es un concepto que los manualistas del guión

cinematográfico han tratado con precisión definitiva. Dice Dwight

Swain:

Conflict [is] the interplay between forces seeking to attain

mutually incompatible goals(47).

Y agrega Syd Field:

...the basis of all drama is conflict; once you can

define the need of your character, that is, find out

what he wants to achieve during the screenplay, what his

goal is, you can create obstacles to that need. This

generates conflict...(48)

Lajos Egri lo formula a su manera:

No dialogue, even the cleverest, can move a play if it

does not further the conflict. Only conflict can

generate more conflict, and the first conflict comes

from a conscious will to achieve a goal which was

determined by the premise of the play(49).

Para Eugene Vale "un relato sin lucha nunca puede ser

dramático" y esta lucha "es una lucha para eliminar la

alteración.", es el "resultado de la intención y la dificultad".

Vale distingue cuatro estadios en el progreso de la acción

hacia el conflicto: El estadio inalterado, la alteración o

perturbación, la lucha y el ajuste.

Vale analiza con detalle la naturaleza de la dificultad

dramática postulando tres tipos esenciales: el obstáculo, la

complicación y la contra-intención. "El obstáculo es una

dificultad de naturaleza circunstancial" y "la complicación de

naturaleza accidental". La contra-intención, definida como la

intención de un personaje de evitar el cumplimiento de la

intención de otro personaje, es considerada por Vale como la

dificultad dramática más efectiva. Vale abunda en la evolución de

la lucha entre intención y contra-intención, de una manera muy

clara:

... la lucha es una pelea entre fuerzas que se oponen,

ya sean ataque y resistencia o ataque y contraataque.

Cualquier pelea entre fuerzas que se oponen debe

terminar en victoria a menos que se interrumpa o que

termine en un empate. Tal interrupción no está permitida

en el relato dramático. La victoria y la derrota son

idénticas al cumplimiento de la frustración de la

intención, respectivamente. La decisión final se emite

en el clímax... (50)

Pero para los manualistas, la intención puesta en juego en el

conflicto -que es necesariamente la intención del héroe o

protagonista, si se trata del conflicto principal- es una

intención consciente, un acto de voluntad. Dice Brunetière

(citado por Howard Lawson)

Lo que pedimos [...] es el espectáculo de la voluntad que lucha

por alcanzar un objetivo, consciente de los medios que emplea

[...] el drama es la representación de la voluntad del hombre en

conflicto con los poderes misteriosos o las fuerzas naturales que

nos limitan y empequeñecen; es uno de nosotros, arrojado vivo

sobre la escena para luchar contra la fatalidad, contra las leyes

sociales, contra la otros hombres, contra sí mismo y, si es

necesario, contra las ambiciones, los intereses, los prejuicios,

la locura y la malevolencia de quienes nos rodean

Howard Lawson, al suscribir la idea, agrega:

Shakespeare vio la lucha entre el hombre y su conciencia (que

es, en esencia, una lucha entre el hombre y las

necesidades del medio, no sólo como una lucha entre el

bien y el mal, sino como un conflicto de la voluntad

donde la tendencia a actuar se equilibra con la tendencia a huir

de la acción.

Vemos entonces que a la clara definición del conflicto dramático

se superpone una consideración restrictiva que lo pretende

categorizar como una oposición entre voluntad consciente y sus

obstáculos correspondientes. Pero tal oposición obviamente puede

extenderse hasta configuraciones que, conservando la estructura,

no nieguen la oposición de fuerzas dramáticas cualesquiera,

fuerzas que, en particular, pueden generarse desde el

inconsciente (al menos una de ellas, como suele suceder).

El conflicto entonces es el modo de ser de la acción en el drama

y por tanto, su presencia es absolutamente obligatoria en el

film narrativo. ¿Cómo se inserta dentro de la estructura

dramática general? Hemos visto que el conflicto aparece como el

producto de un desequilibrio de una estabilidad primigenia. En

la dramaturgia clásica este desequilibrio tiene lugar en el

error (la hamartia de Aristóteles) que, cometido por el héroe,

lo hace caer en desgracia. Dice Torok:

La grande faute, cést l'hamartia qui, observe Corneille, peut

signifier en grec tantôt erreur, tantôt faute; c'est une pure

malchance, ou bien una faute morale, ou quelque chose entre les

deux. Elle est le pivot d'un renversement de grande amplitude qui

conduit du bonheur au malheur un homme qui, n'etant pas méchant,

ne mérite pas son sort. [...] Ce renversemente suscite

l'inquietude chez le spectateur, c'est-à-dire, au sens propre,

détruit le repos, le sentiment d'attente confortable dans le quel

le tenait le prologue, et le plonge dans l'agitation(51).

El desequilibrio que motoriza la acción y que por lo general se

ubica en los comienzos del film, se problematiza y complica en

forma creciente hasta un punto de máxima tensión y se resuelve

por el triunfo de una de las fuerzas que lo integran. En ese

itinerario, el conflicto sufre modificaciones cuantitativas

(por incremento de la tensión, es decir, por el aumento de

la magnitud de las fuerzas en pugna) y cualitativas(52). La

modificación cualitativa del conflicto ha sido una preocupación

primordial de la manualística norteamericana. James Boyle la

denomina reversal (revés) o shifting point, término que designa

el "desplazamiento de las tensiones crecientes hacia un sistema

de valores diferentes" y Syd Field construye su paradigma (un

modelo estructural estándard para la construcción guionística)

sobre la base del llamado plot point, un punto de giro de la

acción que cambia su sentido, "an incident, or event, that hooks

into the story and spins it around into another

direction"(53), o en otros palabras, una circunstancia que

cambia los términos del conflicto.

La antedicha evolución explica claramente que el conflicto es un

elemento estructurador que secciona el film en lo que

clásicamente se conoce como la exposición, el nudo y el de-

senlace o bien como la crisis, el clímax y la resolución. Dado

que el conflicto se constituye por la agregación de conflictos

menores, es natural que esta disposición ternaria pueda ser

encontrada en diferentes niveles de descripción (a nivel del film

completo, de la secuencia o de la parte, de la escena,

etc.(54)).

El estudio detallado del conflicto conduce a la consideración de

cómo se jerarquizan varios conflictos dentro de una misma

estructura. En este sentido, pueden adelantarse dos

observaciones. Por una parte, la estructuración de un conflicto

principal(55), soporte de la acción principal (regularmente

acción del héroe) no invalida la posibilidad de que se

construyan otros conflictos independientes que den lugar a líneas

narrativas secundarias(56). El cine narrativo (y en particular,

el cine narrativo norteamericano) tiende en general a manejar

varios conflictos paralelamente, aún cuando es usual que las

líneas secundarias sean desarrolladas muy débilmente. En segundo

lugar, un mismo conflicto puede acumular, por decirlo así, varios

niveles de enfrentamiento que particularizan una oposición

genérica: Los hermanos que combaten en ejércitos enemigos

(primera oposición), que se enfrentan personalmente (segunda

oposición) y que generan en el interior de uno de ellos un

conflicto de conciencia (tercera oposición).

Por último, es necesario considerar, aunque sea a grosso modo,

las relaciones entre conflicto externo y conflicto interno.

Aunque los manuales no hacen referencia explícita a esta

distinción, parece claro que el conflicto trabajado por

excelencia es el conflicto externo, esencialmente, aquel que está

dado por el enfrentamiento entre la voluntad de un individuo y

otra voluntad individual o social (ver supra). No obstante, se

colige de algunas de las discusiones, que muchos conflictos

externos se traducen o tienen su correlato en el interior del

héroe en forma de conflicto interno. No es otra cosa la que

afirma Swain cuando pide del personaje, con el nombre de

potencial de clímax, la capacidad de manejar dos emociones

contradictorias.

FORMALIZACIONES PARA EL CONFLICTO

Enunciaremos de entrada aquello que nos resulta central en la

formulación del conflicto: su aspecto triangular. Todo conflicto

puede reducirse a un conflicto triangular en uno de cuyos

vértices se sitúa el sujeto conflictuado. Greimas y Courtés

dirían que, en cada conflicto, a cada programa narrativo (y

en particular el del protagonista) se opone un anti-programa

narrativo (el del oponente o antagonista). Un objeto valor se

disputa entre dos sujetos con junciones contrarias (S1 no tiene

lo que tiene S2 o viceversa). Cuando S1 y S2 no coinciden en el

mismo personaje, se tiene un conflicto externo, cuando repre-

sentan modalidades actanciales propias de un mismo personaje (de

un mismo actor, nos encontramos con un conflicto interno. Por

tanto, en cada conflicto:

- Un objeto se disputa entre dos sujetos.

- El estado conjunto S1 ^ O y el estado conjunto S2 ^ O son

excluyentes (no se pueden dar simultáneamente).

- Tal oposición puede interpretarse como la pertenencia a un

triángulo en el que el personaje se debate entre los términos en

riesgo: la conjunción o la disjunción con el objeto.

- Los conflictos externos son "vividos" por el personaje en

términos de "toma de partido" por uno de los estados en disputa

("búsqueda" de la conjunción, "defensa" de la disjunción). Los

conflictos internos son "vividos" por el personaje como

verdaderos triángulos amorosos, en los cuales el personaje

constituye el territorio común de dos sujetos en pugna

(corrientemente, sujeto del deseo y sujeto de la ley).

- El personaje podría pensarse como ocupando una posición vacía

entre los dos términos en conflicto(57), susceptible de

aproximarse a los otros dos vértices del triángulo, situación que

podría representarse por:

S ^ O S v O

. . . . . . . . .

. .

. .

. .

.

S

- Los triángulos no se dan de manera aislada, sino que el espacio

narrativo está a menudo configurado por una verdadera retícula

de tales triángulos que se complementan y comparten sus vértices.

Algunas formalizaciones en ciencias sociales son próximas a las

enunciadas. Por ejemplo:

- Es clara la vinculación de esta interpretación del conflicto

interno con las ideas freudianas y postfreudianas que sitúan en

el complejo de Edipo la primera relación triangular que vive el

hombre y que formulan para tal relación el carácter de matriz

primaria según la cual el hombre vivirá sus sucesivas

identificaciones e ingresará en sus posteriores conflictos.

- Algunos trabajos sobre terapia de familia -los de Virginia

Satir, Salvador Minuchin y, bajo otro punto de vista, Cooper -

utilizan las configuraciones triádicas en su explicación de la

dinámica de la conflictiva familiar. En particular el triángulo

de Karpmann, proveniente del análisis transaccional, parece un

instrumento adecuado para describir típicas situaciones

conflictivas con intercambio de roles temáticos entre un

perseguidor, una víctima y un salvador(58).

- De un modo más general, en un contexto que toca el estudio de

organizaciones, empresariales, humanas y literarias, los trabajos

de Caplow valorizan el análisis de las interacciones y las

coaliciones en las tríadas.

Las estrategias de escritura debe asegurar, para cada personaje

en conflicto, la pertenencia (por lo menos) a una situación

triangular, así como la evolución dramática de tales triángulos.

El escritor, muy tempranamente, escogerá las situaciones

triangulares a ser desarrolladas por cada personaje, diseñará sus

posibles complicaciones y su devenimiento en otros triángulos y

la resolución final que tiene como resultado la rotura de la

situación triangular, es decir el cese del conflicto.

LEYES Y CAPRICHOS

LEYES Y CAPRICHOS

Para poder inventar libremente hay que ponerse límites.

Umberto Eco. Apostillas a El Nombre de la Rosa.

Una revisión de algunos manuales clásicos de escritura

guionística revela la aplicación de ciertas reglas cuya aparición

generalizada le confiere una categoría de preceptos para la

"buena escritura" del guión. No está demás recalcar el carácter

relativo y, sobre todo, lábil, que presenta la aplicación de

tales reglas, las cuales, sólo por comodidad llamaremos leyes.

En el análisis que hagamos de cada una de ellas podrá notarse

este carácter restringido de su aplicabilidad, el uso

determinado por condicionantes históricos, ideológicos o sociales

y, lo que es más importante, su propia naturaleza relativa a cada

obra artística.

Adoptaremos la distinción entre historia y discurso introducida

por Tzvetan Todorov y desarrollada por Gérard Genette según la

cual la historia consiste en el significado o contenido

narrativo de una narración y el discurso (o relato) es el

significante, enunciado, discurso o texto narrativo en sí. (En

términos menos formales, historia es lo que se narra, discurso,

cómo se narra lo que se narra). Nos alejamos así de otra acepción

de estos dos términos que proviene de Benveniste y que ha sido

adoptada por muchos teóricos preocupados por el problema de la

enunciación cinematográfica, entre ellos Gianfranco

Bettetini(59).

LEYES QUE ACTUAN A NIVEL DE LA HISTORIA

LA COHERENCIA

La idea de coherencia, tal y como es postulada por autores como

Pavis, esto es, como "la armonía y no-contradicción entre

elementos de un conjunto", contiene dentro de sí dos

significaciones que hemos diferenciado. En primer término,

remite a la idea de homogeneidad de las estructuras (narrativa,

temática, estilística, etc.), aspecto al que designaremos

propiamente con el término de coherencia. En segundo lugar el

carácter de no-contradicción envía al sistema de supuestos que

gobiernan un relato, es decir, a lo que Todorov llama la lógica

de las acciones y hemos preferido, en el momento de referirnos a

ella, hablar de consistencia. Dejaremos este segundo aspecto para

más adelante.

La coherencia dramática, en el sentido que nos ocupa, es

claramente formulada por Pavis:

La dramaturgia clásica ... se caracteriza por una gran

unidad y homogeneidad tanto en los materiales que

utiliza como en su composición. La fábula forma un todo

lógico y orgánicamente articulado en partes

constituyentes de la acción .... El personaje asume y

representa en su conciencia unificada las

contradicciones de la obra, coincide perfectamente con

el conflicto ... La obra dramática se asemeja a una

transposición mimética de la realidad y facilita el paso

de una a otra.

Esta coherencia es un presupuesto -tácito en algunos casos- de

los manualistas y abarca aspectos como la conservación del

sentido en la información (la información que se da de un

personaje o de una situación mantiene su validez a través de toda

la obra y sólo se modifica cuando otra información o situación

redefine su veracidad), el mantenimiento del carácter del

personaje y de su entorno, el cierre de las líneas narrativas

correspondientes a cada uno de los personajes, etc.

En realidad, la coherencia no sino una generalización del viejo

criterio aristotélico de unidad, válido para todos los géneros

miméticos:

Es preciso, pues, que, a la manera como en los demás casos de

reproducción por imitación, la unidad de la imitación resulta de

la unidad del objeto, parecidamente en el caso de la trama o la

intriga; por ser reproducción imitativa de una acción debe ser la

acción una e íntegra, y los actos parciales estar unidos de un

modo que cualquiera de ellos que se quite o se mude de lugar se

cuartee y descomponga el todo, porque lo que puede estar o no

estar en el todo, sin que en nada se eche de ver, no es parte del

todo.

CONSISTENCIA

La consistencia asegura la preservación lógica del mundo

dramático, la inviolabilidad de las leyes que lo rigen, (y, en

particular, de las reglas del género al que la obra pertenece).

Un relato es consistente cuando no contradice sus propios

postulados, es decir, cuando no atenta contra el cuerpo de

verdades relativas que le sirven de axiomas. Quizás la manera más

clara de dar cuenta de tal regla consiste en observar la fragi-

lidad, evidente aún para el espectador común, a la que se somete

un film cuando contradice las leyes que propone. Así, la

consistencia se emparenta con principios como el de la

gradualidad de las transiciones (un personaje no puede cambiar

abruptamente, por ejemplo, si esto contradice la "velocidad" con

la que él se transforma dado su carácter, sus motivaciones, las

condiciones de su entorno, etc.) y la verosimilitud (Ver infra)

En otro nivel, la consistencia remite a reglas más profundas que

subyacen el texto y que rigen el universo moral del relato, en

otros términos, a la Ley en el sentido de Lacan(60). No parece

ser de otra naturaleza las reglas que Todorov desentraña en su

análisis de la novela Les Liaisons Dangereuses de Choderlos de

Laclos: los principios morales que conforman el mundo galante

del París del siglo XVIII descrito por el autor, principios que,

en particular, condenan a los personajes amantes a su

destrucción. La novela de Laclos (y con ella, el film de Stephen

Frears) es consistente por que no contradice las normas de su

mundo, porque condena a Valmont a la destrucción cuando se atreve

a violar las leyes que él mismo, con su conducta, ha ayudado a

sostener.

VEROSIMILITUD

La exigencia de respetar la verosimilitud en el drama aparece

claramente estipulada por primera vez en la Poética:

Es preciso en los caracteres, al igual que en la trama de las

cosas, buscar siempre o lo necesario o lo verosímil, de manera

que resulte o necesario o verosímil el que el personaje de tal

carácter haga o diga tales o cuales cosas, y el que tras esto

venga estotro.

Esta exigencia no se detiene en la preferencia, sino que supera,

en algunos casos, a las leyes del mundo natural:

Es preferible imposibilidad verosímil a posibilidad increíble, y

no se han de componer argumentos o tramas con partes

inexplicables o inexplicadas.

Los dos fragmentos resumen con claridad el tipo de exigencia que

ha soportado el drama por cientos de años: el de ser regido por

la posibilidad según verosimilitud, es decir, el de que la

lógica que gobierna el texto dramático, descanse,

fundamentalmente, en la veracidad que le confiere el lector

común(61). Si en términos de la premisa, una narración

dramática se equipara a la demostración de un teorema, entonces

sus reglas de inferencia recurren a una lógica que no es

racional, sino emocional. No es otra cosa lo que afirma de J. D.

Garcia Bacca en su prólogo a la Poética:

... no interviene en la poesía el logos o razón,

razonamiento... en cuanto tales, sino que tienen que ser

modificados, y saber el logos no a principio de

sabiduría, sino a deleite...

Y agrega:

...[que] siempre que las cosas que haga o diga tal o

cual persona [en el drama] interesen sentimentalmente y

hablen al alma, dando origen a un entimema, y que el

silogismo que se construya a partir de ciertos dichos

o hechos para llegar verosímil o necesariamente a otros

dichos o hechos, sean silogismos entimemáticos (62).

Recíprocamente, Boileau(63) sostiene que "Lo verdadero puede a

veces no ser verosímil." Tomashevski, llamando motivaciones a

las reglas de causalidad que gobiernan el universo ficcional

de una obra, utiliza esta observación para distinguir entre

motivación realista- aquella que remite a las probabilidades de

ocurrencia de un hecho en el mundo real- y motivación estética,

causalidad que surge desde el interior del texto y que, según

él, constituye el elemento variante que emerge en la transición

de una escuela poética a la siguiente. Dicho entonces con

palabras de Tomashevski, es "necesario que cada texto actúe de

acuerdo a las restricciones que le impone la estética a que

pertenece" (64).

Una última palabra:. cada texto fílmico, aún el más con-

vencional, busca un compromiso entre la previsibilidad que le

impone la verosimilitud y la imprevisibilidad que requiere en

términos de la captación del interés del espectador (de allí, por

ejemplo, los consejos respecto a la imprevisibilidad de el

manualista Swain) o, dicho en la terminología de la teoría de

la comunicación, entre la redundancia y la originalidad de sus

mensajes. No es otra cosa la que le preocupa a Eugene Vale

cuando analiza los efectos del film sobre el espectador, y, en

particular, sus posibilidades de anticipación respecto a los

sucesos del relato(65).

LEYES QUE AFECTAN EL PERSONAJE

AUTONOMIA

El vocablo autonomía engloba una serie de exigencias parciales

que convergen en la demanda, para el personaje, de un efecto de

existencia que se manifiesta en la caracterización, en sus

acciones, y, sobre todo, en los diálogos. El personaje cobra

vida en la medida de que aparece dentro de la diégesis como

motor de sus propias decisiones y como artífice de sus propios

parlamentos(66). Varias son las vertientes que se alimentan de

esta regla general:

- El diálogo aparece como el producto de una operación "interna"

del personaje, de un tamizado que regula su interioridad y, que

la más de las veces, oculta, más que muestra, sus verdaderas

intenciones. De allí las metáforas que presentan al parlamento

cinematográfico como "iceberg" que tan sólo revela parte de la

intención del personaje y el valor altamente connotativo del

diálogo cinematográfico en general. Además, el diálogo es

vehículo de un hacer "personal" del personaje, es decir,

constituye su modo particular de actuar hacia los objetivos

específicos que lo mueven.

- Tanto el diálogo como las acciones son gobernadas, en su

decurso, por una "línea de pensamiento" que se adjudica al

personaje y no al autor. Precisamente, la violación de esta regla

desemboca en la construcción de personajes que "telegrafían" las

soluciones autorales, que parafrasean monocordemente el

dialogismo del creador y que aparecen como títeres claramente

conducidos por una mano externa.

- También el gesto, soporte supremo de la emoción(67) , es

portador de esa autonomía que diferencia al personaje y, aunque

en el guión sólo aparece esbozado, constituye una guía segura de

que su interioridad no se diluye en las palabras.

- Por último, a nivel de la ideología, la autonomía del

personaje demanda una orquestada repartición de roles temáticos

que deshomogeniza la postura ideológica de los personajes,

evitando el panfleto y, sobre todo, el enmascaramiento de una

voluntad que utilice los personajes con un puro utilitarismo

persuasivo.

CONSISTENCIA

Hablar de la consistencia del personaje es repetir lo que se ha

dicho respecto a la estructura, haciendo el énfasis en la

preservación de personaje como elemento cuyos rasgos, un vez

dados, se conservan válidos para el resto del film. Tal previsión

obliga a que las modificaciones del personaje respeten el

principio de no-contradicción. En este aspecto, el equilibrio

dinámico entre acción y personaje, entre hacer y ser, juega un

papel preponderante. En otros términos, el personaje mantiene su

consistencia en medio de una constante tensión entre la fuerza

centrípeta de su ser y las demandas de la acción. Una excesiva

polarización conduce al estatismo, en el primer caso, y a la

inconsistencia del personaje en el segundo.

Vale en su estudio de la caracterización, introduce dos términos

que resultan valiosos para la consideración de la consistencia:

característica y emoción. El primero alude a una cualidad

entendida como constituyente del personaje, la segunda, describe

una situación afectiva pasajera:

Hacer una afirmación amarga puede ser incidental, pero

si una persona hace continuamente afirmaciones amargas

será porque así es su carácter. [...] La actitud

permanente distingue la característica del humor

pasajero. Entonces la constancia es un atributo esencial

del carácter. [...] una vez que se ha establecido una

característica estamos forzados a creer en su

existencia continua.

Es claro que la consistencia, por otra parte, remite al problema

de la modificación de los personajes y en este sentido, un buen

equilibrio dramático supone la posibilidad de que las

transformaciones se operen con un mínimo suficiente de

imprevisibilidad que, sin embargo, respete la consistencia de los

personajes.

CRECIMIENTO

Para Lajos Egri, el llamado crecimiento del personaje constituye

una condición indispensable del buen drama:

...characters move relentsly from one state of mind to

another; they are forced to change, grow,

develop...(68)

Ese crecimiento gradual, que evita las transiciones bruscas o

injustificadas en el personaje, tiene su origen en el conflicto:

The contradictions within a man and the contradictions

around him create a decision and a conflict. These in

turn force him into a new decision and a new conflict

(69)¨

Un ejemplo de esta gradualidad que lleva al personaje de un

extremo al otro, y por ende, de un universo de acciones al

universo opuesto, es el que proporciona Egri:

Amistad --> desencanto --> disgusto --> irrita-

ción --> rabia--> agresión--> amenaza --> preme-

ditación --> asesinato

Conviene señalar que las etiquetas del ejemplo describen

indistintamente tipos de vinculación (amistad), emociones

(rabia), sentimientos (disgusto, irritación) y acciones con-

sumadas (agresión, amenaza, asesinato). Esta imprecisión podrá

ser subsanada al recoger de Greimas la formulación de la acción

en términos de relaciones sujeto-objeto. (Ver capítulo: Hacer y

ver Hacer: Escritura y análisis de la acción.)

Los autores norteamericanos, aunque sin preocuparse del detalle,

también hablan de la modificación del personaje como de un

elemento de primera importancia. Swain la contempla como un

aspecto central en el diseño del personaje, asociándola con la

posesión de secretos (el personaje sería modificado, en ciertos

casos, por el descubrimiento o la revelación de ese secreto).

Tanto este autor, como James Boyle y Syd Field hablan del

cambio confinándolo al reino de los personajes protagónicos. Los

personajes secundarios, y sobre todo el antagonista, son

personajes que no cambian, o cambian muy poco (70).

Cucca sitúa la modificación del personaje dentro de un ciclo

apuntalado por los estados de la condición, aspiración y la

realización del personaje. Nuevamente nos situamos bajo un punto

de vista de la modificación del personaje que toma en cuenta su

voluntad consciente como instrumento de modificación. Este sesgo,

típico de una filmografía que prioriza la acción exterior y por

ende, la relación consciente con el medio, es precisamente el

compartido por los manualistas norteamericanos. Curiosamente,

es Lawson un socialista (y norteamericano) quien los expresa

más explicitamente:

El significado de las situaciones se encuentra en el grado y

clase de voluntad consciente ejercida, y en cómo ésta funciona;

la crisis, la explosión dramática, se crea mediante una ruptura

entre el objetivo y el resultado; en otra palabras, mediante un

cambio de equilibrio entre la fuerza de la voluntad y la fuerza

del cambio social. Una crisis es el punto en el cual el balance

de fuerzas es tan tenso que a veces se quiebra, y causa así una

nueva alineación de fuerzas, un nuevo esquema de relaciones.

Por último, cabe citar el inventario, parcialmente

aristotélico, que lleva a cabo Chion, al enumerar los elementos

que modifican al personaje o, con el nombre que lleva el capítulo

de su libro, Qu'est ce qui fait courir les personnages (et

marcher les spectateurs)? Estos elementos son: el terror, la

conmiseración, el cambio de fortuna (la metabasis aristotélica),

los ya mencionados reconocimiento y peripecia (o "coup de

thèâtre"(71) ), el malentendido o quiproquo, la deuda (de

dinero, de un servicio recibido, de la vida), la condición

social, los valores morales, las perturbaciones, las

dificultades, la voluntad, la presencia de un antagonista o de

un objeto de extremado valor como el llamado "Mac Guffin"(72).

Toda esta agotadora enumeración tiene sin duda el valor de

recoger procedimientos de reconocida universalidad, pero peca,

en su particularismo, de mostrarnos un universo fracturado en el

cual, la característica esencial del mecanismo de modificación

del personaje, aparece diluida.

El crecimiento del personaje resulta crucial para la estructura

dramática y, por tanto, aparece reiteradamente en los manuales.

Resta decir que tal regla de construcción, consecuencia de una

concepción que sostiene que sin acción no hay drama, constituye

probablemente el más sólido legado aristotélico. Sometido

entonces el personaje a los designios de la acción, está

condenado a crecer o a desaparecer en el decorado.

ORQUESTACION O CONTRASTE

La orquestación es una regla que recomienda la mayor diversidad y

contraste en el diseño de los personajes. En principio, podrían

señalarse para ella dos motivaciones de diferente nivel. Por un

lado, la orquestación atiende a un problema de composición(73):

se requiere que los personajes conformen un todo que disponga

sus diferencias y sus semejanzas de manera armónica (armonía que

depende, por supuesto, de la escogencia de una visión estética,

de una "poética" como se suele decir), de manera similar como en

la composición pictórica se disponen los colores, las texturas y

las masas, o en la composición musical se orquestan (y de allí

el uso del término) el color de las diferentes voces, las

intensidades y los timbres. Así, los diferentes personajes podrán

constituir un todo orquestado y bello (bello, repetimos, para

una particular visión de la belleza) en donde acciones y

caracterizaciones conformen una estructura de contrapunto, mas

que monódica.

El otro nivel al que alude la orquestación es el de las acciones

y, en él, la situación se reduce al problema de la economía de

los roles. La regla de orquestación apunta a la supresión de las

duplicaciones de tales papeles, así, habrá un sólo protagonista o

un sólo avaro, se evitará la repetición del personaje chistoso o

depresivo o lo que fuere. Al obrar así, la orquestación evita la

redundancia paradigmática(74), facilita las oposiciones y por

tanto, propicia los conflictos y propulsa la acción(75).

FUERZA DE VOLUNTAD

La fuerza de la voluntad es un requerimiento soportado por el

héroe o protagonista y constituye una garantía para el

mantenimiento de la acción. Significa que el personaje principal

adquiere dentro de la historia el compromiso irrenunciable de

alcanzar su objetivo. De la intensidad de ese compromiso depende

la magnitud del conflicto, al enfrentarse las acciones

determinadas por esa voluntad, con los obstáculos dramáticos que

impedirán su alcance.

Ya hemos comentado el papel que asigna Lawson a esta fuerza de

voluntad, considerándola como actividad medular en la

conformación del drama. Lajos Egri también sustenta una postura

similar:

A weak character cannot carry the burden of protracted

conflict in a play. He cannot support a play. We are

forced, then, to discard such a character as a

protagonist(76).

Dicho a la manera de Swain, se requiere que todo personaje

principal posea un potencial de clímax de suficiente intensidad

como para arribar al final del film.

Restaría acotar que la introducción de una temática psicológica

que aborde la problemática del inconsciente, pone en duda el

alcance de esta regla que reduce las intenciones esenciales de

los protagonistas al reino de lo consciente(77). Baste citar a

manera de ejemplo, el caso de filmes como Looking for Mr. Goodbar

de Richard Brooks o Sex, Lies and Videotape de Soderbergh, en

los que la búsqueda compulsiva de cierto tipo de actividad

sexual por parte de la protagonista constituye la fuerza de

primera magnitud que motoriza la acción. Esta "búsqueda de un

goce sexual para huir del amor" como comenta Lander tiene muy

poco de acto voluntario y sí bastante de impulso indoblegable

impuesto por un deseo inconsciente(78).

CARACTERIZACION

La caracterización, vista como ley, es una operación que obliga

al escritor a la construcción textual de los personajes, vale

decir, a la puesta en práctica de ciertos dispositivos de su

discurso que tengan como resultado el nacimiento de un

personaje. Ciertos aspectos de esta construcción ya han sido

mencionados. En resumen:

- El personaje queda construido en el texto, en primer término,

por sus acciones. Esta tendencia, heredera de la poética clásica,

prevalece en los manualistas.

- Secundariamente, el personaje es construido a través de sus

diálogos, bien porque el uso performativo configure al acto de

habla como un a modalidad de la acción(79), bien porque

semánticamente el diálogo sea portador de informaciones que

aludan al personaje o porque su enunciación,

paralingüísticamente, revele aspectos incidentales del personaje

enunciador (como las emociones) o constitutivas del mismo (a

través de usos idiolectales, sociolectales, etc.).

- Adicionalmente, la caracterización de un personaje se logra a

través de las acciones y de los diálogos de los otros personajes.

En particular, los personajes protagónicos son construidos a

través de las acciones y los diálogos de los personajes

secundarios, (como la heroína de la telenovela por los chismes de

la servidumbre).

LEYES DE LA ACCION

UNIDAD

Con la expresión unidad de acción se designa una de las llamadas

tres unidades aristotélicas que por tanto siglos impusieron a la

dramaturgia fuertes restricciones en cuando a su estructura. Dice

Pavis:

La acción es una (o unificada) cuando toda la materia narrativa

se organiza en torno a una historia principal, cuando todas las

historias anexas son referidas al tronco común de la fábula.

[...] La unidad de acción es la única que los dramaturgos, al

menos parcialmente, han respetado.

El cine narrativo clásico se conserva relativamente fiel a este

postulado sobre todo por una razón de tipo práctico: un film

generalmente no rebasa las dos horas de duración, hecho que

impide la multiplicación - y sobre todo la autonomía- de muchas

líneas narrativas. Esta regla de la unidad es coherente con

cuanto se ha dicho de la acción, centrada en un personaje

protagónico y orientada hacia la consecución de un logro que

magnetice el movimiento principal.

AVANCE

La "ley" de avance es quizás la más meticulosamente subrayada por

los manualistas, al demandar del escritor una fase de

comprobación en la que la estructura es sometida a la prueba de

la progresión de la acción entre sus unidades componentes. Para

Syd Field esta operación se lleva a cabo a nivel de cada uno de

los tres actos que conforman su paradigma, (Ver capítulo: Un

vistazo a algunos Modelos de Construcción del Guión.) para el

resto de los estudiados aquí, la revisión de la progresión se

ejecuta en el nivel de la scaletta. Macroscópicamente la ley

significa que, de cada situación a otra (de cada unidad que

conforma la scaletta o que estructura los actos) la acción debe

avanzar. Dicho de otra forma, entre dos unidades consecutivas, se

espera, salvo excepciones programadas, un progreso en la acción.

A nivel de la escena esta regla de avance obliga a la constante

modificación de los personajes y las situaciones, los

personajes interactúan para modificarse y todas sus acciones

tienen carácter modificatorio.

La antítesis del avance es el estatismo, concepto execrados de la

dramaturgia clásica.

GRADUALIDAD DE LAS TRANCISIONES

Este aspecto ya fue tocado más arriba e implica el control sobre

la velocidad de los cambios que se operan en las situaciones y

los personajes. Howard Lawson, en algunos de los "principios que

gobierna la continuidad dramática", alude a esta gradualidad. Los

más relevantes son:

- La acción creciente se divide en número indeterminado de ciclos

[...]

- Cada ciclo es una acción y tiene la progresión característica

de una acción: exposición, ascenso, choque y clímax. [...]

- El aumento de la tensión cuando cada ciclo se acerca a su

clímax, se logra mediante el incremento de la carga emocional;

esto puede hacerse enfatizando la importancia de lo que está

sucediendo, subrayando el miedo, el valor, la ira, la histeria,

la esperanza.

- Cuando los ciclos alcanzan la acción-base, el tempo se

aumenta, los clímax subordinados son más intensos y están más

estrechamente agrupados, y la acción entre los puntos

culminantes se acorta.

Los principios recogidos dan cuenta adicionalmente de un fenómeno

de ritmo que se encuentra condicionado por las transiciones: en

efecto, en muchos filmes narrativos -pero sobre todo en los

filmes de aventura- la velocidad con que se modifican las

situaciones es cada vez mayor (otro de los principios de Lawson)

a medida que se aproximan al clímax principal.

RESPIRACION

Las situaciones de reposo, de detención en el progreso de la

acción, constituyen un dispositivo destinado a contrastar el tipo

de información enviado por el texto, sobre todo con miras a

variar el efecto sobre el espectador. Para Chion:

Les scènes de respiration y de repos ('relief' en

anglais) sont considérés comme nécessaires a unu

histoire bien equilibré, afin d'éviter l'affablissement

du rire ou de l'émotion par saturation d'effets comiques

ou dramatiques. Dans le filmes sérieux, voire tragiques,

ce sont des scènes d'humour, de détente, d'intimité; et

dans les films comiques au contraire, de scènes

d'émotion, qui donnent aux personnages plus de intimité.

(80)

El reposo permite el descanso (y por tanto, la variación) al

cesar, por algunos momentos, las tensiones de los conflictos en

juego, "porque uno no puede sostener una tensión continua" (Lewis

Herman, citado por Chion). Las llamadas situaciones

interlineales de transición postuladas por Cucca se incluyen

entre estas situaciones de reposo de la acción principal en las

que el avance de la acción se ve sustituido o bien por la

profundización en el estudio de los caracteres, o por el

desarrollo de situaciones secundarias menores.

MOTIVACION

La dramaturgia guionística exige que las acciones no se

produzcan porque sí, sino que aparezcan justificadas, motivadas

por un complejo de hechos o situaciones que actúan como su causa:

So it seems that conflict does spring from character

after all, and if we wish to know the structure of

conflict, we must first know character. But since

character is influenced by environment, we must know

that too. It might seem that conflict springs

spontaneously from one single cause, but this is not

true. A complexity of many reasons makes one solitary

conflict(81).

Egri, agrega:

Action is not more important than the contributing

factors which give rise to it(82).

Este énfasis en la motivación realista (en el sentido en que

anteriormente mencionado, aparece en todos los manuales en par-

ticular en Vale, en Cucca, y en Swain. En este último, en forma

de recomendación operacional que determina la construcción de las

historia previa de los personajes en busca, precisamente, de las

motivaciones que hacen a los personajes ser lo que son y lo que

hacen.

LEYES DEL CONFLICTO

CONSERVACION DE LA TENSION

El término tensión merece, por lo menos, dos interpretaciones.

Por una parte se refiere a un aspecto cuantitativo de la

manifestación de un conflicto: la tensión dramática será más

fuerte en la medida en que sean mayores las fuerzas en oposición

que definen dicho conflicto. Por otro lado, el término remite a

un efecto sobre el espectador y, en este sentido, denota la

ansiedad a la que éste se somete con relación al acontecer

próximo futuro de la obra, ya sea por que el espectador tiene

dudas del cumplimiento de la intención, conocida por él, de un

personaje (y se tiene el suspenso), o porque ciertos indicios

han generado en él una curiosidad de fuerza suficiente (y cuyo

remate final, es en general, el de la sorpresa). En la primera de

estas interpretaciones -que será la que consideraremos- el

problema de la tensión se circunscribe a la historia, y su

estudio es textual. En el segundo caso, apunta más bien hacia el

manejo de la información, a las relaciones historia-discurso, y

se vincu