Guerras desde 1914 a 1989

Historia universal contemporánea siglo XX. Primera o Segunda Guerra Mundial. Periodo de entreguerras. Movimientos sociales

  • Enviado por: Aurelio
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 20 páginas
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EL PAPEL JUEGAN LAS GUERRAS EN EL DESARROLLO DE LA HISTORIA CONTEMPORÁNEA ENTRE 1914 Y 1989.

Las lamparas se apagan en toda Europa, no volveremos encendidas antes de morir”. Frase dicha por Edward Grey, Ministro de Asuntos exteriores de Gran Bretaña, al contemplar las luces de Whitehall durante la noche en que está misma potencia y Alemania entraban en guerra en 1914. Personalmente este hecho marca el inicio del siglo XX, pero bajo su característica central de muerte y destrucción de la raza humana, poniéndose en serias dudas, hasta nuestros días, los principios e ideales que preconizaba la Revolución Francesa: Libertad, Igualdad y Fraternidad de todos los hombres.

Valores que los condujeron a creer en sí mismos, como artífices en la implementación de un sistema democrático, basado en la doctrina liberal y en la expansión acelerada de un sistema económico fundamentado en el incremento de la productividad, gracias al uso de las nuevas tecnologías, materias primas abundantes y baratas, junto la explotación de la mano de obra, reduciendo los costos de producción y así abarcando nuevos mercados consumidores tanto en Europa como en la periferia en algunas regiones de Asia, África y América Latina. Lo anterior se expresaba muy bien en la llamada idea de progreso del hombre, ya que se creía que mediante la adopción de la democracia como sistema político y que con el desarrollo económico, plasmado en el uso de la ciencia y nuevas tecnologías, el hombre lograría inevitablemente progresar y ser felíz. Idea que primó durante el siglo XIX, pero que ante la destrucción que significaron las guerras mundiales en el siglo XX cayó derribada por la idea de decadencia del hombre.

Entonces se produjo una profunda contradicción, nosotros hemos visto como todo lo útil y bueno que ha creado el hombre, se le dio un uso siniestro que implicó exterminio de millones de vidas humanas y la caída de los valores que sustentaban a nuestra sociedad occidental. Situación que hoy pervive como una especie de psicosis colectiva, un miedo ante la posibilidad que algún inevitable día volverá a estallar una tercera guerra mundial, de carácter nuclear. La que destruirá ya no solo millones de vidas humanas, sino que significará el fin de la raza humana por medio de un botón.

Por las razones ya señaladas el historiador Eric Hobsawm denominó al siglo XX: la “era de la catástrofes”, nombre con una marcada connotación pesimista pero que refleja muy bien la sensación que nos embarga, pues al contemplar retrospectivamente el mundo occidental de hace unos ochenta años atrás, se ven las diferencias con el de hoy. Porque heredamos el miedo y el horror ante una nueva guerra mundial, porque ya no nos guiamos por los principios y creencias occidentales ya que se demostró que no fueron suficientes para mantener la sana convivencia y tolerancia entre los hombres que se creyeron a sí mismos “civilizados”. Y por último al pensar como se deberá encarar este siglo XXI, reina la incertidumbre, porque ya no se posee la seguridad y la confianza en el actuar del hombre que tuvieron nuestros antepasados. En fin no se sabe adónde nos dirigiremos, ya que se ha perdido el horizonte.

Para poder comprender la dimensión que le otorgamos al siglo XX, habrá que remontarse a las situaciones causales que detonaron la primera gran masacre, es decir, la primera guerra mundial en la Europa de 1914. Y cómo esta guerra repercutió en el centro y las periferias, lo cual reflejó muy bien las llamadas diacronías históricas entre ambos sectores eminentemente desiguales

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En el presente análisis se debe mencionar el papel que tuvo el imperialismo en la conformación de lo que llamamos mundo moderno. Básicamente el imperialismo dentro de la sociedad occidental de comienzos del siglo XX, consistía en la lucha por lograr la hegemonía política y económica de las llamadas periferias, fuentes de materias primas baratas y abundantes, y que en algunos casos representaba también la mano de obra necesaria para aumentar su productividad, como también representaron un excelente mercado consumidor.

No se debe olvidar que previo a la primera guerra mundial, la hegemonía la ejercía Inglaterra, acompañada de Francia y Alemania entre las principales potencias. Las cuales habían logrado expandir sus dominios en ultramar, en sus llamadas colonias en África, Asia y América. Colonias que tuvieron el carácter económico que ya fue señalado. Todo lo anterior se tradujo en una desigualdad económica, pues se desarrollaron dos ritmos distintos, el centro creció a expensas de sus colonias ultramarinas, las periferias porque fueron esencialmente economías monoproductoras, dependiendo exclusivamente de las fluctuaciones de los centros, que ya eran industrializados que requerían de la producción de ciertas materias primas, que luego volvían a las periferias, pero como productos manufacturados y a precios establecidos por ellos mismos, bajo sus condiciones

Sin embargo, tras el fin de la Primera Guerra Mundial, no solamente se puede apreciar sus consecuencias sólo dentro del elevado costo de pérdidas humanas y materiales, sino que tiene un alcance mayor, ya que además de cambiar el escenario de la hegemonía mundial de ser eurocéntrico al trasladarse a Estados Unidos, que al no resultar perjudicado económicamente en comparación con los desastrosos efectos de todo tipo en Europa.

Este efecto se hizo patente de manera más o menos inmediata, en el caso de Rusia, que tras retirarse agobiada y al borde de la derrota de la Primera Guerra Mundial, ve derrumbarse su sistema monárquico semifeudal de carácter opresor, regido por el Zar Nicolás II, iniciando la llamada “Revolución de Octubre” o “Revolución bolchevique” en noviembre de 1917.

La Revolución Rusa no se limitó a ser el primer gran acontecimiento político desde el inicio de la guerra, sino que modificaría drásticamente el sistema político, económico y social de una extensa parte del mundo en el transcurso del siglo XX, ya que representó la solución alternativa a las contradicciones que generaba el sistema capitalista en sus variadas facetas y que afectó hondamente a las relaciones sociales entre los individuos, organizaciones y el Estado. Hobsbawm corrobora la trascendencia temporal y espacial de lo anterior por medio de la siguiente afirmación “Las repercusiones de la Revolución de Octubre fueron más profundas y generales que la de la Revolución Francesa... la Revolución de Octubre originó el movimiento de mayor alcance que ha conocido la historia moderna” .

Lenin y Stalin, basados en la ideología de Marx, establecieron un sistema de gobierno socialista, que preconizaba que el socialismo era su objetivo, con la introducción de un Estado plenamente activo y planificador de la economía, pasando los bancos al control del gobierno, como también que la producción y gestión económica quedó en manos del control obrero, que necesitaba salir del atraso en que se encontraba para poder sobrevivir, la naciente Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Ese férreo control estatal, se logró por medio de la acción de su único brazo administrativo que fue el Partido Comunista, que actuó como un modelo fuertemente centralizado, organizado y disciplinado, que fue legitimado ya que los comunistas participaron dentro de la conducción del Estado, más el apoyo del Ejército Rojo para defender y mantener sus fronteras del peligro de la desintegración, porque prefirieron una Rusia no democrática - liberal con el fin de preservar su unidad multinacional territorial desde la época del viejo régimen zarista. A esto se le debe sumar el apoyo de la masa campesina, que al obtener las ansiadas tierras quiso conservarlas, por lo cual mantuvieron su adhesión, ante el peligro de perderlas por la instauración de otro régimen.

Si se pudiera caracterizar la huella que dejó la Primera Guerra Mundial se puede afirmar que este conflicto dejaron profundas “cuentas pendientes”, que actuaron como un verdadero “caldo de cultivo” para la Gran Depresión Económica de 1929, los regímenes autoritarios de carácter nacionalsocialista que posteriormente detonaron la Segunda Guerra Mundial, con la invasión inesperada alemana en el corredor polaco de Dantzing en 1939, dejando un mayor costo de vidas humanas (40 millones aproximadamente) y una Europa en ruinas.

Se hace referencia al término “cuentas pendientes”, porque las condiciones de paz impuesta por los vencedores (EE.UU, Gran Bretaña, Francia e Italia) por medio del Tratado de Versalles (1919), eran humillantes e inaceptables que tenían como fin aplastar a Alemania en forma definitiva porque se le consideró como la única culpable de la guerra y debido a que estuvo a punto de derrotar a los aliados por si misma, imponiéndoseles el oneroso e imposible pago de 132 millones de marcos de oro, junto con la división territorial, la ocupación y desmilitarización de sus fronteras. Para darle mayor solidez y evitar que nunca mas se produjera un conflicto de tales características, se creó la Sociedad de Naciones que tenía la misión de encontrar solución pacífica y democráticamente a los problemas internacionales por la vía de la diplomacia.

Tanto lo estipulado en el Tratado de Versalles y el objetivo de la creación de la Sociedad de Naciones, no fueron suficientes para lograr y mantener una paz estable. Ambos medios estaban condenados al fracaso desde el principio ya que el estallido de otra guerra era prácticamente seguro.

Otros de los factores detonantes, fue la crisis económica de 1929, que unos pocos años de guerra destruyó los cimientos de una economía liberal por el lapso de unos cincuenta años, que se venía imponiendo con fuerza una dinámica dirigida por EE.UU como núcleo de las dinámicas económicas al verse Europa arruinada económicamente. Donde ambos actores creyeron que el sistema continuaría sin ningún problema a pesar de los avatares de la guerra. Ya que la escena internacional siguió dominada por un desequilibrio económico pero con otros matices.

El crac de la Bolsa de Nueva York del 29 de octubre de 1929, marcó lo que para algunos pareció el comienzo del fin, que golpeó a todos los involucrados.

A pesar de lo anterior, Estados Unidos se encontró por sobre todas las potencias europeas y no necesitaba de nadie. No logró una función estabilizadora, al otorgar en exceso de créditos blandos tanto a los países afectados por la guerra como también a otros que fueron afectados por la crisis de sus economías monoproductoras. Además de ello no generó una demanda suficiente, ya que los salarios comenzaron a descender y la actividad agrícola a decaer. Porque al no poder la gente adquirir los productos, se produjo una sobreproducción y los productos manufacturados sobraban y se especuló en torno a sus precios que perturbaron los mercados internacionales, especialmente se vieron afectados las zonas periféricas, monoproductoras de materias primas, que dependían exclusivamente de las fluctuaciones del laissez - affaire, como por ejemplo el nitrato en el caso chileno, la carne el Río de la Plata, el café en Brasil.

Así se generó una concentración del capital, que condujo a poca redistribución y muy escaso dinero en circulación; se empieza a “especular”, “a jugar a la bolsa”. Esto y lo ya anteriormente dicho desembocó gradualmente en los efectos que marcaron posteriormente del famoso “Octubre Negro" de Wall Street, interrumpiéndose el flujo mundial de capitales y como también cayeron los prestamos internacionales en un noventa por ciento.

El desempleo subió a índices astronómicos (en comparación con 1914) a partir de 1920, hasta el 18% como el caso de Dinamarca y Noruega. En el caso de Alemania y Rusia derrotadas tras la guerra, el sistema financiero y la moneda se devaluó, a la millonésima parte en Alemania, por ende todo los ahorros quedaron reducidos a nada. Traumando a las clases medias y bajas al ver perder sus ingresos, siendo una de las premisas para el surgir de los nacionalsocialismos al perderle al fe al sistema que se estaba derrumbando, por lo que la masa decidió adoptar medidas populistas y radicales, que expresaron con mayor intensidad en Alemania e Italia que prometieron una vía rápida a la solución de los problemas que los oprimían.

Ante tan desolador panorama y además existía en el ambiente un sentimiento de catástrofe generalizado, con mayor intensidad en los hombres de negocios, economistas y políticos que ya sabían que en el marco de la antigua economía liberal ya no podían solucionar a corto plazo, es por ello que tuvieron que buscar nuevas bases y soluciones definitivas.

Los países como EE.UU y Gran Bretaña, implementaron un mayor proteccionismo a sus mercados y a sus sistemas financieros, para no quedar como simples títeres ante los vaivenes económicos internacionales

Fue complementado como resultado de la Gran Depresión, por lo efectos desastrosos que tuvo para los millones de cesantes, la instauración de sistemas de seguridad social para los trabajadores, lo que comenzó a llamarse a partir de 1940, como “Estado de bienestar”. Que además del proteccionismo generalizado, el Estado sube los aranceles a los productos importados y favoreciendo la producción agrícola local mediante subsidios, para evitar que se repita el alto desempleo y que la gente no dejara de consumir para así no contraer la economía, adoptando una mayor injerencia en el desarrollo económico, por lo que los distintos gobiernos tuvieron un carácter más social, pero sin dejar de ser un sistema capitalista en sus bases.

En el caso de la U.R.S.S parecía inmune a las consecuencias de la Gran Depresión Económica, al ser el único país que no adoptó la estructura capitalista, mientras los otros se estaban frenando. Vivía otro proceso de industrialización acelerada aplicando sus planes quinquenales que venían implementándose desde antes de este caos económicos por lo que su producción industrial no se vio afectada y hasta se multiplicó por tres y no existía desempleo.

La misma Alemania nazi, gravemente herida por partida doble por la primera guerra y la crisis. Y para enfrentar la situación Hitler inició un “plan cuatrienal” y organizó un programa social para las masas cumpliendo en cierta proporción, con el llamado “ coche del pueblo” (Volkswagen). Superaron la crisis adoptando un antiliberalismo, sin embargo eso no significa que el capital no se haya insertado en el régimen nazi. Ya que dio impulso a la economía de libre mercado, ya que el fascismo en sí era una alternativa entre la contrarrevolución dinamizada, logrando eliminar la revolución social izquierdista, los sindicatos y movimientos obreros. Lo que garantizaba la entrada de los capitalistas, una respuesta muy favorable ante tiempos difíciles, que se tradujo en el progreso de las economías industriales.

Mientras tanto en los sectores periféricos, esta crisis económica aumentó el rechazo ante el sistema imperialista, en el cual se encontraban sometidos. Ya sea tanto por la caída del precio de las materias primas que ellos producían y también porque las metrópolis, ante la crisis sólo se preocuparon por proteger su agricultura y su empleo, no tomando en cuenta los efectos de esta decisión sobre sus colonias.

Las consecuencias de la Primera Guerra Mundial y de la posterior Crisis de 1929, se vieron reflejadas también en el campo político, provocando la caída del régimen liberal y que muchos regímenes cambiaron sus principios e ideologías, de tipo democrático instaurando gobiernos reaccionarios basados en ideologías autoritarias y antiliberales, que tenían como fin frenar la revolución social que se desarrolló de manera sorpresiva y violenta en Europa Oriental entre 1917 y 1920. Además de las características ya señaladas, se cuenta el hecho de que eran hostiles hacia las instituciones democráticas - liberales, al no permitir la existencia de más de un partido político. Dándose en tres vertientes dentro de la derecha política: la primera corresponde a los conservadores de viejo cuño, como el general Francisco Franco de España, los cuales no poseían una ideología concreta más allá del anticomunismo y de los prejuicios propios de su clase. La segunda vertiente se le conoce como los llamados estados orgánicos, de corte conservador que defendían la aceptación de una sociedad jerarquizada, como algo natural sin derecho a cuestionamientos.

Y como última vertiente, y la más radical son los movimientos denominados fascistas, que eran los revolucionarios de la contrarrevolución, diferenciándose de otros movimientos de derecha porque movilizaron y consiguieron el apoyo de las masas populares desde abajo. Los movimientos fascistas deseaban crear una superraza humana por medio de la reproducción selectiva donde sólo los más aptos. Esta ideología se basó en un nacionalismo violento y exacerbado, fomentado por las altas tasas de migración de polacos y de trabajadores golondrinas que se integraban como masa trabajadora en los países receptores. La xenofobia masiva, de la que el racismo fue la expresión más común de la masa popular y de las clases medias, que se reflejó en una postura antisemitista, que sentían que la sociedad los marginaba porque habían perdido su posición preferencial ante los polacos y los judíos que ascendían socialmente y que había que eliminar para conservar y ampliar su espacio vital.

Dada estas condiciones junto con la crisis del 29, posibilitó el ascenso tanto de Hitler como Mussolini, como lideres populistas prácticamente divinizados y que inspirados en las ideas ya señaladas, iniciaron una violenta acción expansiva de sus fronteras, para así destruir definitivamente los valores e instituciones de la civilización occidental para así instalar un orden nuevo.

Sobre la influencia del fascismo en las zonas de América Latina, se puede señalar que se aprecia en los regímenes de Juan Domingo Perón en Argentina, Getulio Vargas en Brasil ambos durante la década de los 40'. Si bien no fueron abiertamente regímenes fascistas, adoptaron algunas de sus características según sus necesidades internas. Como por ejemplo la organización de un ejército según el modelo alemán; también se dio la situación que dejaron de apreciar a EE.UU como un aliado de las fuerzas internas progresistas y como un opositor diplomático de las fuerzas imperiales del antiguo régimen. EE.UU inició un proceso de conquistas imperialistas con la guerra de 1898, la revolución mexicana y el desarrollo de la producción bananera y petrolera, con esto se ganó la antipatía por medio del surgimiento de un antiimperialismo antiyanqui dentro de las políticas latinoamericanas.

Los gobernantes latinoamericanos veían en los regímenes fascistas la solución para hacer de sus países modernos, ricos y prósperos. Esto es porque París y Londres dejaron de ser modelos de inspiración política, Moscú aún era visto como un modelo peligroso de revolución social y Washington había desaparecido de la escena política.

Lo imitado del fascismo europeo, por los dirigentes latinoamericanos fue el carácter de divinización de sus líderes populistas con gran llegada a las masas. Las cuales eran muy distintas a las de Europa, porque en América Latina fueron movilizadas para apoyar a los gobiernos como el caso de Juan Domingo Perón, que contó con el respaldo de la clase obrera, especialmente con el movimiento sindical que él impulsó. En cambio en Europa los movimientos obreros - sindicalistas, fueron aplastados por los fascismos.

Como movimiento reaccionario al Fascismo europeo, surge bajo el alero de España, los llamados Frentes Populares. Estos englobaron en sus filas a los países ocupados territorialmente por el Eje (Alemania, Italia y Japón) y a los aliados, que a pesar de sus diversas posturas políticas e intereses económicos lograron una cierta cohesión que les permitió enfrentarse al movimiento fascista y vencerlo.

Como efectos inmediatos de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), se puede estipular, además de la gran tragedia humana que significó, imperó el caos moral entre los vencidos alemanes y japoneses que pelearon por la guerra con convicción en sus creencias. Y lo sorprendente fue que la ideología fascista desapareció de la escena política rápidamente, junto con la crisis mundial que había permitido su aparición.

En el caso de los aliados antifascistas (Francia, Inglaterra, EE.UU. y la U.R.S.S), lograron la unión y la cohesión mientras tuviera un objetivo común, a pesar de lo heterogenea y transitoria que fue su alianza. Ideológicamente se basaron en los valores heredados de la Ilustración que rechazaban las desigualdades por el nacimiento y origen, la educación y el gobierno popular. Estos valores no estuvieron alejados de la realidad en común entre las metrópolis occidentales, Moscú y el Tercer Mundo; porque todos ellos defendían la igualdad de derechos para todas las razas y para ambos sexos.

Después de 1945 todos rechazaron activamente la supremacía del mercado y en cambio eran partidarios de que el Estado interviniera en la planificación de sus economías. Los gobiernos capitalistas creyeron que esta medida evitaría que se reprodujera la catástrofe económica del período entreguerras y así evitar el peligro político de que la población volviera a caer seducida por algún líder de características mesiánicas que ofrecieran soluciones radicales y que pusieran en riesgo la supervivencia de la civilización occidental. A su vez los países periféricos creyeron que sólo adoptando la intervención estatal podía sacar a sus economías del atraso y dependencia; tomando como modelo a la Unión Soviética, ya que el socialismo era sinónimo de progreso para ellos. Y en el caso de U.R.S.S. y sus nuevos aliados creyeron que la mejor salida estaba en la planificación centralizada. Además los centros occidentales, las periferias y la Unión Soviética comenzaron un periodo pos guerra, con la seguridad e que habían vencido por la movilización política y por la aplicación de programas revolucionarios, y que todo esto a pesar del sufrimiento que experimentó la sociedad de la época, representaba el comienzo de una nueva era de transformación social, pero que no fue la esperada, pero eso es tema de respuesta.

Una consecuencia que abarcará un lapso de 40 años de esa cruenta Segunda Guerra Mundial fue la llamada “Guerra Fría”, etapa en que E.E.U.U. y la Unión Soviética si bien no se enfrentaron directamente en combate, sí lo hicieron por la hegemonía mundial por las vías de la diplomacia. Cabe señalar que dentro de la sociedad occidental quedó permanentemente el temor al estallido de una tercera guerra mundial de tipo nuclear (que ya había causado una masacre por su utilización en Hiroshima y Nagasaki), pero lo curioso fue que este miedo no era inminente. Porque ambas superpotencias aceptaron el reparto global de fuerzas, lo que suponía un equilibrio de poderes supuestamente, ya que si bien continuaron con una carrera armamentista, eso no significaba en un enfrentamiento directo entre ambos, porque cada uno sabía los costos de ese posible enfrentamiento.

Mientras que la Unión Soviética ejerció una influencia en la zona ocupada por el Ejército Rojo y otras fuerza comunistas dentro del globo, pero sin intentar aumentarla por la vía de las armas al no obtener los resultados esperados. En el caso de Estados Unidos, comenzó a ejercer un dominio del sistema capitalista, ya no sólo en el Hemisferio Occidental, sino que también asumió la hegemonía del modelo económico, dejado por las antiguas potencias imperiales, que perdieron su rol protagónico al quedar devastadas económicamente post 1945, a favor de EE.UU y la U.R.S.S, logrando tal supremacía mundial, que adquieren el calificativo de superpotencias

Tras la Segunda Guerra Mundial la situación en Japón no quedó muy clara porque los EE.UU ejercieron una ocupación territorial que no sólo excluyó a la U.R.S.S y a los demás aliados. El problema en sí era que se vislumbraba el fin de los imperios coloniales en Asia (que se hacía más evidente en 1945) y África; pero la orientación que tomarían estos gobierno no fue lo suficientemente explícita. Es por ello que ambas potencias se disputarían la influencia y el apoyo de las futuras naciones asiáticas bajo la Guerra Fría.

Es en este momento en que en la escena internacional, aparece el concepto de Tercer Mundo, que los diferencia del Primer Mundo desarrollado capitalista y el Segundo Mundo de los regímenes comunistas. Esencialmente el Tercer Mundo se compone por aquellos países con estructuras de gobierno febles y que necesitaban imperiosamente crecer y salir de su situación de alta dependencia con las potencias.

El mencionado fin de los imperios en África y en Asia especialmente trajo como secuela una transformación drástica del mapa político internacional, ya que mientras que África hacia 1939 existía un solo estado reconocido como independiente, en cambio hacia 1990 habían más de 50 estados independientes, en el caso de Asia la cifra se quintuplicó como fruto del proceso de descolonización.

Con la creación de estos nuevos países independientes, se alteró el equilibrio demográfico de estas áreas como del planeta, situación que hoy día se sigue experimentando. Este desequilibrio se debió a que las naciones pobres del mundo crecieron a un ritmo explosivo, sus poblaciones se duplicaron en menos de treinta años (1950-1980). Principalmente porque se frenaron los elevados índices de mortalidad, pero no mejoraron las condiciones de calidad de vida a diferencia de los países europeos, más bien se debió a las nuevas mejoras médicas y farmacológicas.

Por ende al aumentar tan desmesuradamente la población, creciendo en la misma proporción las necesidades, con lo que hizo más difícil el posible desarrollo de los países pobres. Y como otra consecuencia se acentuó aún más las diferencias entre países ricos y pobres, en que los primeros en si ya poseían un alto PIB y que poseían índices demográficos estables.

Muchos de estos gobiernos adoptaron los modelos de los antiguos imperios coloniales, la minoría se inspiraba en la revolución social que basada en el modelo soviético, en forma de “representación popular” y otros que pretendían ser parlamentarias. Que más bien era para ubicarse dentro de los grandes bandos de la escena internacional, en el marco de la llamada “Guerra Fría”. Pero en la práctica, estos sistemas políticos no pudieron ser aplicados en forma viable, ya sea por falta de estructuras políticas claras y dándose el caso contrario con múltiples golpes y regímenes militares.

Varios de los países “tercermundistas” evitaron involucrarse en el sistema de alianzas de los dos grandes bandos, sin embargo eso no significa que no tuviesen conflictos, varios de ellos con una connotación local, como son los casos del subcontinente indio, manifestado en la primera (1965) y segunda guerra (1971) indo-paquistaní. Y el conflicto del Medio Oriente tan contingente desde hace cincuenta años; Israel, Turquía, Irán, Iraq, Siria y las sucesiones de revueltas regionales en Egipto, marcando una inestabilidad política y social que puede estallar como reguero de pólvora.

Para seguir agregando conflictos se dan en tres focos: el Mediterráneo oriental, el Golfo Pérsico y las regiones fronterizas de los países ya mencionados.

A excepción del resto de las otras zonas en América Latina la mayoría de sus países ya estaban descolonizados. Su cultura y su lengua eran homogéneas, siendo occidentales y católicos en su mayoría, con una gran masa mestiza. Estas naciones inteligentes sabían que estar al lado de Estados Unidos, les ahorraría problemas con el hermano grande del norte, formando la OEA, organismo que excluyó a Cuba en 1959, tras derrocar en ese mismo año a Fulgencio Batista que era un títere del gobierno estadounidense.

Este período de existencia de dos grandes bloques mundiales, se enmarca dentro de una época de esplendor económico que Hobsbawm denomina Los años dorados (desde 1950 hasta principios de la década de los 70 con la crisis del petróleo) en que los países occidentales lograron levantarse de las cenizas de la Segunda Guerra y lograron un progreso material sin comparación. La recuperación también representaba la superación del pánico a la propagación de la revolución social y el avance del régimen comunista.

El boom económico lamentablemente se limitó al área de las potencias capitalistas desarrolladas, que a lo largo de las décadas de los '50 y '60 representaban cerca de las tres cuartas partes de la producción mundial y más del 80% de la exportación de productos elaborados. Otra razón que demoró la percepción de lo limitado de los beneficios de este auge fue que durante los cincuenta el crecimiento económico parecía ser de competencia mundial, independientemente del modelo económico adoptado.

Por lo tanto los años dorados si bien representaron una época de esplendor económico incomparable, que se cimentó en el explosivo aumento de la producción de alimentos, de tal grado que en los años venideros se produciría una sobreoferta, ante lo que se tuvo que bajar el precio de coste o producir menos para intentar competir en el mercado con países más pobres. Lo anterior fue causado por el gran avance científico y tecnológico (revolución tecnológica) logrado en esta época, con la masificación del uso del petróleo como combustible. Así el ciudadano común tuvo acceso a una diversidad de productos y servicios que sus padres jamás habrían soñado, transformando la vida y las relaciones sociales entre los hombres con la expansión del uso de la televisión, los discos de vinilo, calculadoras de bolsillo y otros equipos electrónicos.

Pero este progreso económico no sería eterno, sino que se frenaría a partir de 1973, donde empezó a predominar nuevamente la inestabilidad y la crisis, manifestándose como punto álgido en la década de los '80, que modificaría profundamente el rol del Estado frente a la economía e iniciaría el proceso de desintegración definitiva de uno de los grandes bloques en pugna: la Unión Soviética y hasta entonces imbatible sistema socialista.

Como factores que gatillaron la caída de los paradigmas que sustentaron la Edad de Oro, tales como el desequilibrio que se produjo entre el aumento de la producción y el poder adquisitivo de los consumidores, que no creció como se suponía que debía ser. Para lograr este equilibrio los salarios debieron haber aumentado en forma lo suficientemente deprisa para mantener el mercado a flote, pero no demasiado para no recortar los márgenes de beneficio. Esto fue imposible porque no se pudo mantener los precios de los productos en una época de expansión constante, es decir no se pudo controlar la inflación. Además estaba el rol de EE.UU con su dominio avasallador en lo político y en lo económico, lo que se expresó en que cumplía funciones de estabilizador de la economía mundial. Pero en los setenta su hegemonía entró en decadencia ya que a medida que dentro del sistema monetario mundial fue decayendo el valor de la convertibilidad del dólar en oro. Sumándosele el factor de la movilización de los trabajadores en busca de mejores salarios en relación con lo que producían para el mercado, ante la ineficiencia de las negociaciones de sus sindicatos.

Por lo tanto se aprecia que la Edad de Oro, comenzó a experimentar una crisis que la hizo perder sus características de auge económico, específicamente con llamada de crisis del petróleo en 1973, donde los países de la OPEP toman el control del precio de este, multiplicándolo y provocando que el resto de los países que lo requerían, se vieran seriamente afectados y sometidos a las fluctuaciones. Por lo cual todo el sistema económico se ve afectado, ya que resiente el sistema productivo y por ende la dinámica total de la economía.

El mundo capitalista más avanzado continuó con su desarrollo económico de una manera más pausada en comparación con la Edad de Oro. Pero los hasta entonces periféricos países asiáticos, siguieron creciendo porque en esa época comenzó su revolución industrial, perdiendo así el carácter de totalmente dependiente de las metrópolis, pasando a ser industrializados y con una mayor productividad y riqueza que en los años 70'.

En cambio no ocurrió la misma situación en Oriente. La economía china experimentó un crecimiento incomparable. En los países del sudeste asiático el concepto de “depresión” no tenía significado. No se debe olvidar que esta zona en los setenta pasó a ser la región económica más dinámica de la economía mundial.

En los sectores periféricos del planeta la situación era más negativa. En África, Asia Occidental y América Latina, el crecimiento del PIB se estancó. Así la mayoría de la gente perdió su poder adquisitivo y la producción decayó en las dos primeras zonas durante casi todo el transcurso de la década de los ochenta. Por estos días ya nadie dudaba de la grave depresión que se estaba experimentando. Y en la vieja zona del socialismo real en occidente, las economías que crecieron en forma modesta, se hundieron completamente después de 1989. Como ejemplo, el PIB de Rusia cayó un 17% en 1990-1991, un19% en 1991-1992 y un 11% en 1992-1993.

En las zonas metropolitanas, como Europa occidental la crisis se hizo cada vez más patente. El desempleo creció de un promedio del 1.5% en los sesenta hasta un 4.2% en los setenta. Otro signo importante de esta crisis fue la reaparición visible en las calles de la pobreza y de la miseria (Nueva York) en países ricos y desarrollados. Esta situación pasó a ser parte del crecimiento explosivo de las desigualdades sociales y económicas de la nueva era.

A comienzos de los noventa se expandió poco a poco un clima de inseguridad y resentimiento hasta en varios de los países más ricos. Entre 1990-1993 ya todos asumieron que el mundo capitalista desarrollado estaba sumergido en una crisis; donde lo medular de las décadas de crisis fue que las operaciones del capitalismo estaban fuera de control y no que este sistema funcionase peor. No se tuvieron los medios para enfrentarse a las fluctuaciones del mercado. Como medio principal para esto se había utilizado (durante la llamada edad de oro) la acción política organizada ya sea en forma internacional como nacional, pero que ya no funcionaba. Esta fue la etapa en que el estado nacional perdió sus poderes económicos. Situación que tampoco fue evidente en el corto plazo y porque para variar los políticos, economistas y empresarios no captaron la persistencia del cambio de la coyuntura económica, ya que creían que los problemas serían temporales. Por lo tanto no era necesario cambiar esas políticas que habían funcionado tan bien durante la generación anterior.

Pero que ahora no tenían efecto. Ante esto, la solución parecía ser la preconizada por los teólogos ultraliberales que no creyeron en la economía mixta. Su postura se vio apoyada por el fracaso de las políticas económicas convencionales. Los neoliberales planteaban que la economía y la política de la edad de oro dificultaban(tanto al gobierno como a las empresas privadas) el control de la inflación y la disminución de los costes, que posibilitarían el aumento de los beneficios, que constituía el motor del crecimiento den una economía capitalista. A su vez los partidarios de Keyness postulaban que los salarios altos, el pleno empleo y el estado bienestar creaban la demanda del consumidor que posibilitaba la expansión; y que aplicar más demanda era la solución a la depresión económica.

Éstos en la práctica no tuvieron éxito al no poder terminar con las injusticias sociales que iban cada vez más en aumento. Como también que se encontraron entre las exigencias del capital y del trabajo, cuando ya no existía el crecimiento de la edad de oro.

Los neoliberales al comienzo pudieron enfrentar los problemas causados por los despilfarros económicos de las políticas de la edad de oro, cuando estas ya no pudieron mantenerse a flote por la prosperidad, empleo e ingresos gubernamentales. Pero no fue suficiente la esperanza en que la empresa era buena y el gobierno era malo. No constituyó una política económica alternativa. No pudo serlo en el mundo de los ochenta, hasta en E E.U U., ya que el gasto del gobierno central representaba casi un cuarto del PNB, e inclusive en los países de la Europa comunitaria, donde este gasto representaba alrededor de un 40%. Entonces los gobiernos neoliberales debieron gestionar y dirigir sus economías, a pesar de que dieran la impresión de limitarse a estimular las fuerzas del mercado y porque tampoco existía una forma de reducir el peso del estado.

En resumen los intentos neoliberales de instaurar una economía de libre mercado de un día para otro también fracasaron. No sobrevivieron los embates de la economía mundial a principios de los noventa, y a la sorpresa provocada de que después de la caída den la Unión Soviética(1989), la economía más dinámica del planeta, era la China Comunista.

Finalizando debo señalar que a pesar de los diversos intentos por aplicar soluciones hasta mágicas para erradicar la miseria y las desigualdades sociales que aquejan irremediablemente a todo el planeta, especialmente con fuerza al Tercer Mundo y a las llamadas metrópolis. Que con todo su desarrollo industrial y su progreso económico, y bajo gobiernos democráticos que se rigen por los principios heredados de la revolución francesa no han logrado en forma definitiva, lo propuesto por ésta.

Es más, atrás ha quedado la idea de progreso indefinido del hombre. Que podía usar sus capacidades y razón en beneficio de todos los seres humanos. En cambio se demostró lo contrario, basta recordar los millones de muertos por las dos grandes guerras que ha sufrido este mundo. Entonces resultó ser que no siempre el hombre era el ser racional y humano que nos han enseñado. Porque por diversos motivos absurdos a nuestro criterio, se intentó tener la hegemonía de todo tipo sobre el mundo para someterlo a sus intereses. Increíblemente gente común y corriente apoyaron esta acción al sentir que era la única salida a sus problemas, causados y agravados por las crisis económicas. Su actuar es comprensible pero en ningún caso justifica los horrores acontecidos y los libera de toda culpa.

Como producto de todo esto la sociedad se transformó irremediablemente, gracias al desarrollo económico alcanzado en los años posteriores también. Sociedad que enfrentó nuevos problemas, propios de su tiempo. Pero lamentablemente en las postrimerías del siglo XX se han acentuado las diferencias sociales entre centro y periferia, donde los países más ricos y poderosos se volvieron más influyentes y ricos; y en cambio los países más pobres y atrasados, se estancaron en ese estado sin una solución definitiva, ni siquiera a largo plazo.

Y es este el desafío que tendrán que enfrentar las nuevas generaciones y buscarle una solución equitativa para toda la humanidad. Pero siempre tomando en cuenta las duras lecciones aprendidas durante el catastrófico siglo XX.

ROL DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES EN EL SIGLO XX

Hoy en día ya nadie se cuestiona el hecho de la masificación mundial del uso de tarjetas de plástico en reemplazo del efectivo, de los teléfonos celulares que nos han convertido en seres “ubicables” donde sea y como sea, y especialmente con la masificación del uso de internet, que nos permite estar en contacto desde nuestro recóndito con Marruecos, por ubicar un lugar geográfico. Pero para mí personalmente esto ya no constituye una novedad, ya que siempre crecí viviendo estos cambios tecnológicos, por lo que nunca había dimensionado la trascendencia de elementos siempre presentes en nuestra vida cotidiana. Un ejemplo de ello, es mi madre que no entiende nada de “esas cosas con puros botones”, pero las adopta, porque al fin y al cabo le han facilitado su vida diaria, como la de millones de habitantes en la Tierra.

Y quien sabe que nuevos adelantos científicos y tecnológicos se impondrán en 20 años, siendo yo el que no los comprenda totalmente en un futuro próximo, y mis hijos me digan “... pero mamá si es tan fácil”.

Pero para tener la posibilidad de acceder a tantos y variados adelantos y servicios, vaya si ocurrieron cambios que afectaron y variaron profundamente las relaciones dentro de nuestra sociedad occidental, tanto desarrollada como tercemundista, adaptándose a esta ola de transformaciones, ya que la sociedad ha modificado fuertemente sus relaciones, heredando lo que hoy conocemos como sociedad globalizada, en que obedece a un proceso que abarcó todo el llamado Siglo Corto por Eric Hobsbawm.

Los primeros cambios notables se enraizan con la trascendental Revolución Rusa en 1917, que con el llamamiento y posterior participación de todas las masas trabajadoras (incluyendo a obreros y campesinos) movilizadas incesantemente. Las internacionales comunistas, especialmente la II y III, son la fuente canalizadora donde ya se habían conseguido los adeptos necesarios entre los movimientos socialistas internacionales, que adoptaron una postura cada vez más radical, después de la Primera Guerra Mundial, en que pretendían ahora crear un cuerpo de activistas disciplinados y comprometidos en un ciento por ciento con la para expandir la causa revolucionaria al resto del mundo.

Sin embargo este modelo de fuerte cohesión que se había planificado, ya que los bolcheviques no permitieron integrarse a los partidos que no adoptaron el modelo leninista que deseaba lograr el poder por la vía de las armas. Lo cierto es que esta revolución, no fue viable ni practicable tanto en Occidente como en Oriente, por lo que fracasó en otras esferas mundiales con realidades internas distintas, como en China que entre 1920-1927 el Partido Comunista, fue aplastado por el general chino Chiang Kai-Shek.

Lo vivido en este país, como también en Brasil, produjo que el núcleo revolucionario se replegase sobre sí mismo, que no pudo ocupar el poder en ningún sitio y no poseía las herramientas para ello. Por lo tanto Stalin trasformó la política del Estado soviético, al utilizar al Partido Comunista como instrumento de control que hiciera prevalecer definitivamente los intereses del gobierno de la U.R.S.S, para intentar mantener el poder que tanto les había costado lograr, así el intento de realizar la llamada Revolución Mundial quedó en el pasado y como una bella retórica, ya que no se poseía el poder ni los medios para conseguirlo.

Posteriormente en las décadas de los 30' y 40', las masas, especialmente las italianas y las alemanas, se sintieron atraídas y apoyadas por las figuras de los líderes populistas en que viendo en ellos lo que parecían tener en sus manos la panacea para la solución de todos los males causados por la ruina provocada por la Primera Guerra Mundial y el efecto devastador de la Gran Depresión Económica del año 1929.

A estos movimientos se les conoce como fascistas, teniendo como indiscutibles líderes a Mussolinni en Italia y a Hitler en Alemania, movilizando desde abajo a las masas por lo que se sintieron identificadas en él por el resentimiento que sentían los más débiles en contra de una sociedad que los aplastaba entre el gran capital y el ascenso del movimiento obrero. Sentimiento que expresaron muy bien en el rechazo a los judíos, con el antisemitismo, que se reflejó en los seis millones judíos muertos en la Segunda Guerra Mundial, quienes pasaron a simbolizar lo injusto de la competencia, que implicaron para ellos obtener puestos de trabajo, que deberían ser ocupados por los ciudadanos autóctonos, en fin eran vistos como intrusos u oportunistas.

Por lo tanto este movimiento radical de derecha, de características intolerantes, siendo transformadas por sus líderes para captar adeptos, calando muy bien en la visión de las capas medias y bajas de al sociedad europea, integrándose cada vez más a las filas la derecha radical, transformándose la base estructural del movimiento fascista.

Como reacción al intento de expansión del fascismo, surge en España y en Francia, los movimientos de carácter anti-fascista, que tuvo como partidarios más fervientes a minorías compuestas por intelectuales. artistas, una parte de los estudiantes de las clases medias, siendo esta clase la primera que sostuvo una oposición en contra de ellos, debido al miedo de que se repitiese el horror y destrucción de la Primera Guerra Mundial. Por ello utilizaron el recurso de las armas que fue inevitable ante la política irracional del nacionalsocialismo, por lo que la guerra era algo más que predecible, surgiendo la política de unir a todos los países en contra de los agresores fascistas, disuadiéndolos por la vía del combate si era posible. Pero se enfrentaron al hecho de que entre ellos mismos había conflictos de intereses que afectaban su cohesión.

La Guerra Civil Española (1936-1939), al final no sólo sentó las bases estructurales que destruiría al fascismo, que fue apoyada por las masas de todos los países aliados destruyeran el movimiento de esta derecha ultrareaccionaria, formando una política a seguir: la alianza de frentes nacionales que abarcara toda la diversidad de posturas políticas (conservadores, liberales, revolucionarios izquierdistas, etc..) y que así juntos lograran la reconstrucción de una sociedad nueva y mejorada, perfeccionada tras los sufrimientos de la guerra.

Junto con ello se debe hacer mención que los movimientos de resistencia a la ocupación del Eje (Alemania, Italia y Japón) en la Europa beligerante (excepto Gran Bretaña). Estos tuvieron como protagonista la sociedad civil a través de frentes armados compuestas por ciudadanos no reconocidos como tales por los ejércitos alemán e italiano. En que se caracterizaron por tener una importancia política y moral, a pesar de no tener una gran injerencia militar hasta 1943, cuando Italia se retira de la guerra, pero siguió siendo mínima su trascendencia. Su importancia política y moral se explica en que en post Segunda Guerra, los regímenes de gobierno se legitimaron por su participación en la resistencia, como el caso de Francia que constituye un buen ejemplo en que la resistencia armada tuvo escaso apoyo popular y sólo fue relevante en 1944, siendo Francia reconstruida por De Gaulle sobre el mito de que nunca ese país habría aceptado la derrota, dando un gran plus al enaltecimiento de los valores nacionales a los ciudadanos.

Los movimientos de resistencia políticamente estuvieron orientados hacia la izquierda. Lo dicho se explica en que en todos los países la derecha radical, fascistas, conservadores, en fin aquellos que temían por la llamada revolución social, apoyaban la causa alemana. Lo mismo se aplica a los movimientos nacionalistas minoritarios, como el polaco y el eslovaco. La Iglesia tuvo una posición compleja, debido al predominio de los comunistas en los movimientos y el avance político que lograron durante la guerra. Ellos se sintieron a ser parte de la resistencia por la que habían sido entrenados para situaciones extremas como la represión y la guerra, por lo que su internacionalismo y convicción por la causa, ejerciendo una fuete atracción sobre los jóvenes intelectuales, generando como efecto inmediato de la resistencia, fue la expansión e influencia del movimiento comunista entre 1945 - 1947 en Europa.

Sin embargo, la importancia que estriba con mayor fuerza de los movimientos de resistencia, fue mitológica al luchar contra la irracionalidad que imperaba de la doctrina y régimen fascista, en que se debía derrotarlo arriesgando la vida, si eso fuera necesario.

En síntesis los movimientos que llevaron a las masas durante la primera mitad del siglo XX, se caracterizaron por luchar en contra de la revolución social y conseguir mejores condiciones de vida que las que se poseían para sus ciudadanos, como también ante la amenaza del nacionalsocialismo, en que las masas se cohesionaron a pesar de sus diferencias para así erradicar definitivamente la ideología que amenazaba la continuidad de la supervivencia de la sociedad occidental y de la raza humana. Es innegable, no indicar la participación y apoyo de las capas medias y bajas alemanas e italianas apoyaron fuertemente al fascismo, al verse motivados ante la ruina económica y la decadencia moral producto de la Primera Guerra y la Gran Depresión del 29. En fin las masas se movilizaron y lucharon no sólo por causas económicas y sociales, que fueron acentuadas por las causas ya señaladas.

Situación que no conoció la generación siguiente, que se movilizó por mejoras propias de su tiempo, porque no conocieron una guerra mundial o un debacle económico (ya que a partir de los años 50' comienza una prosperidad económica sin parangón alguno y que duraría hasta el principio de los 70') y que ellos consideraron justas, debido a que existían ciertos aspectos, que no cambiaban con la misma velocidad que requerían los nuevas épocas.

Todas estas transformaciones dentro de nuestra sociedad se manifestaron con fuerza y violencia durante los '60 tanto en los centros, potencias como EE.UU. y Europa , como también en ciertas áreas de la periferia como nuestro país. Esto se explica porque los cambios en la metrópolis venían produciéndose desde mucho antes pero que en esta década se aceleraron y se expresaron con fuerza, siendo más perceptibles para todos los sectores sociales. En cambio en las periferias fue justo durante los años '60 y '70 que se manifestaron con fuerza como un modelo a seguir de lo que ocurría en EE.UU y el viejo continente y que había que seguir, imitar pero con adaptaciones a las necesidades locales.

Por lo tanto, cambios caracterizados tanto por su rapidez como por su universalidad.

No se debe olvidar que estos cambios, transformaciones, expresados por medio de los movimientos sociales fueron producto del desarrollo económico alcanzado por los países donde éstos se originaron. La generación de los '60, núcleo de estos movimientos, era una generación que tuvo mejores condiciones de vida gracias a las políticas del “Estado Bienestar”. O sea que no pasó por las necesidades que sus padres y abuelos, que sufrieron los embates de las dos Guerras Mundiales, por lo tanto un mundo distinto al '40.

Todos fueron movimientos que combatieron por ser reivindicados, legitimados, respetados dentro de la sociedad, con derechos y obligaciones; para esto tuvieron que usar la protesta y la barricada como medio de expresión y par llamar la atención.

Como primer cambio social y de mayor profundidad de los '60 del siglo XX es la desaparición del campesinado.

Este marca la separación definitiva del mundo del pasado, ya que desde el neolítico la población mayoritariamente se dedica a la actividad agrícola. Cambio que ocurrió aceleradamente en países con mayor industrialización; situación que demostró que esta actividad obligo a desaparecer al campesinado. Porque se traslado del campo a la ciudad en busca de mejores oportunidades de trabajo y mejorar así su calidad de vida. “Campesinos europeos habían dejado de labrar sus tierras”.

También es importante el hecho de que en la periferia donde faltaba un desarrollo industrial, la disminución de la población rural también fue importante. Por ejemplo dentro de América Latina, Colombia, Brasil, México al finalizar la segunda Guerra Mundial eran la mayoría absoluta de la población activa. Pero en los años '70 no había ningún país en que el campesinado fuere mayoría.

Es notable también señalar que el éxodo poblaciones del campo que en los países más industrializados por que ellos mismos productores de artículos, producción agrícola por medio de la utilización de maquinarias para aumentar su productividad. Por lo tanto la actividad agrícola ya no necesitaba la misma cantidad de mano de obra para producir.

Así se fomentó el traslado del campo a las ciudades, que durante el ultimo cuarto del siglo XX se urbanizó sin comparación. Por ejemplo las aglomeraciones urbanas más grandes fueron después de la década de los 80 en el tercer mundo: el cambio de Ciudad de México y Sao Paulo, con ocho cifras. Pero contradictoriamente muestra que el mundo desarrollado seguía cada vez más urbanizado, sus ciudades se desintegraban. Las centralizaban con la creación y expansión de suburbios, complejos residenciales suburbano con sus propios servicios comerciales.

El viejo y el nuevo mundo convergieron. La ciudad típica o “gran ciudad” del mundo desarrollado pasó a ser una región de centros urbanos interrelacionados, dentro de una zona de negocios y conectados por el desarrollo del transporte público y compra de vehículos particulares. En cambio las ciudades del tercer mundo también estaban comunicados por redes de transporte público, pero de baja calidad; por lo que además estaban dispersas y mal estructuradas.

Otro cambio importante fueron los movimientos estudiantiles con el auge de las profesiones que requerían estudios secundarios y superiores. Es cierto que la alfabetización de las masas fue general. Como también que la demanda de plazas de enseñanza secundaria y superior se multiplicó a un ritmo extraordinario.

Tanto en Gran Bretaña, Francia, Alemania y especialmente EE.UU. como en las zonas periféricas de América Latina como Brasil, México, Perú. Esta ola de masificación de la alfabetización fue repentina y rápida. Pero lo destacable es que los estudiantes durante los años'60 se convirtieron tanto a nivel político como social, en una fuerza más importante que antes.

Lo curioso está en el hecho de que en los países socialistas, a pesar de su política de educación de las masas, la fiebre universitaria no fue importante. Esto por que este aceleramiento del crecimiento de la población universitaria se debió a la demanda de suplir necesidades de los consumidores; situación que no pudieron enfrentar, debido a que no estaban preparado para la magnitud de esta situación.

Esta expansión de la educación superior se sustentada en la posibilidad de que el estudio de alguna carrera era la puerta de acceso a un nivel social más alto. Al obtener riquezas e influencias a costa del sacrificio de sus familiares que no poseían grandes recursos económicos.

Entonces estos miles de estudiantes resultaron ser un factor nuevo en la política, al poseer una postura más radical y violenta a la hora de expresar su desencanto político y social.

En Chile por ejemplo bajo la dictadura de Pinochet los estudiantes fueron el único movimiento que emprendía acciones políticas colectivas de rechazo.

Como también se dio el hecho de que en el resto del mundo y América Latina los estudiantes crecían en cambio en Chile disminuían su cantidad de 1,5% al 1,1%.

Pero si bien fueron parte de la acción política, ellos solo no pudieron llevar a cabo la anhelada revolución social en 1968. Su eficacia política estaba en su capacidad de actuar como fuerza inspiradora, detonadores de otros grupos mayores, como los movimientos sindicales, obreros. Pero que tampoco fue suficiente. Ante el fracaso de implementar la revolución algunos estudiantes formaron bandas terroristas que en ocasiones tuvieron alguna incidencia política sería, y que en caso de Pekín, en la plaza de Tianenmen terminaron en masacre.

Todo lo anterior, deja en evidencia de que los estudiantes optaron por la izquierda como postura política, porque demostraron un resentimiento contra todo tipo de clase de autoridad y por que tampoco hasta entonces tenían un lugar concreto en el interior de las relaciones sociales. No hay que olvidar que estos jóvenes disfrutaron todos los beneficios del desarrollo económico y no conocían otros problemas como los sufridos por sus padres. Por lo que creyeron que las cosas podían cambiar y ser mejores, aunque supieran ciertamente como. Todo este descontento estudiantil fue justo en el momento pick de la gran expansión mundial y que por ende se dirigía a lo característico de esa sociedad, según la óptica de los jóvenes. Lo irónico fue que el movimiento estudiantil no afectado por los problemas económicos sufridos por sus padres, estimularon los movimientos obreros y sindicales.

Por lo tanto el efecto más inmediato del movimiento estudiantil fue el surgimiento de una oleada de huelgas de obreros que pedían salarios más altos y mejores condiciones laborales.

La clase obrera industrial en comparación con el campesinado y los estudiantes no se expandieron, sino que se mantuvo estable durante los años dorados; en los países industrializados con un tercio de la población activa; como también aumento en los países de industrialización resiente. Osea a partir de los años dorados existían más obreros en el mundo en cifras absolutas.

También es cierto que se creyó que existía una decadencia del movimiento obrero industrial, por que su cantidad de trabajadores ya que no era la misma; lo cierto fue que cambió el escenario de la ubicación de las industrias y organizados de otro modo por el uso de nuevas tecnologías. Las cuales fueron la tumba a la postre de la clase obrera, específicamente el caso de hombres y mujeres no calificados. Osea con el paso de las décadas '50 y '60 de gran expansión económica mundial a los problemas económicos también a nivel mundial de los '70 y '80, la industria dejo de expandirse al mismo ritmo de antes que era la razón de que creciera la población laboral.

Lo anterior se tradujo en paros masivos en Europa que no se veían desde hace cuarenta años. Situación que se explica por que antes de la segunda Guerra Mundial toda la clase obrera en sí poseía una conciencia de clase que los unía y les daba cohesión. Pero una vez finalizada la guerra más la combinación del período de máxima expansión, de pleno empleo y del desarrollo de una sociedad de consumo de masas transformó completamente la clase obrera de los países desarrollados. En comparación con sus padres, estos obreros ya no eran pobres. El dinero que ganaban ya no solo les alcanzaba para satisfacer sus necesidades básicas (como en el caso de sus padres), pues ahora disfrutaban de los beneficios de la tecnología. Situación que hizo innecesaria su existencia como un grupo cohesionado, por que ya no tenían una razón para luchar juntos.

Pero cabe señalar que dentro de la misma clase obrera se originó una fractura, que se evidenció con fuerza en los 80', cuando se sintieron las presiones del neoliberalismo sobre las políticas del “Estado de bienestar” y los sistemas “corporativistas”, que habían protegido a los sectores más débiles de la clase obrera. Los obreros calificados se adaptaron a la era de la tecnología, situación que no ocurrió con los que no estaban especializados. En la Gran Bretaña de Margaret Thatcher, se desmantela la acción protectora del gobierno y de los sindicatos, por lo que los trabajadores mayormente capacitados ascendieran socialmente, hecho que se reflejó en el abandono de los centros de las ciudades, viviendo en la periferia donde se encontraba una nueva clase obrera pudiente

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También se encuentra el factor de las migraciones en masa que causaron, ya no sólo en EE.UU y en Francia, la diversificación étnica y racial de la clase obrera; con los correspondientes conflictos internos que ello implicaba. Porque al debilitares los movimientos sociales obreros se permitió que aflorará un racismo que ellos siempre se habían opuesto a este tipo de discriminación entre sus filas. Es decir, los inmigrantes representaron una mano de obra auxiliar existente, política propiciada por el Estado de la Europa Occidental post guerra, en que estos trabajadores tenían los mismos derechos, cuando los nativos los consideraron un peligro para sus oportunidades laborales pues no se aceptaba la posibilidad de que los inmigrantes accedieran a cargos superiores.

Otra consecuencia de relevancia, no sólo en la clase obrera, sino que además en la mayoría de las sociedades desarrolladas, fue el rol que comenzó a ejercer particularmente las mujeres casadas. Pero lo cierto que la entrada de la mujer en el mercado laboral no era la gran novedad, ya que sólo fue un cambio en la intensidad, ya que desde fines del siglo XIX, trabajaban en tiendas, oficinas, servicios telefónicos y el cuidado de personas, actividades terciarias, mayoritariamente realizadas por ellas en las metrópolis de la época.

Por otro lado en las zonas periféricas, como los enclaves industriales del Tercer Mundo, florecían fábricas con mano de obra femenina, siempre mal pagado y menos rebelde que los hombres, causando que la proporción de mujeres en la población económicamente activa, aumentó sin importar la distinción de pertenecer al sector secundario o terciario.

Junto con lo expresado, el sexo femenino se destacó en su ingreso a la Educación Superior como medio para obtener profesiones de mayor responsabilidad (post Segunda Guerra Mundial, constituían entre el 15 y el 30 por ciento de todos los estudiantes de la mayoría de los países más desarrollados, mientras que hacia 1980 la mitad o más, de todos los alumnos de EE.UU eran mujeres. Lo mismo en Canadá y Bulgaria).

El masificación del ingreso de la mujer al campo laboral como a la Educación Superior, constituyeron de los movimientos feministas desde los 60' en los países más desarrollados, sumándosele que esto que en todo el mundo se realizaban elecciones en que la mujer tenía derecho a voto. Esto hizo que al tener a las mujeres como grupo de apoyo, pasaran a ser una fuerza destacada al tener conciencia de clase femenina. Situación muy bien captada por los políticos de izquierda.

Lo más relevante del rol que pasó a tomar la mujer, es hacer énfasis en las ideas que existían sobre el papel público, teniendo acceso en la política tras el termino de la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, esta participación fue desigual, si se comparan los centros, como los pases occidentalizados, con las periferias e incluso en el mundo socialista, donde supuestamente imperaba la igualdad.

Los cambios fueron acompañados de transformaciones en lo privado, como en la moda (minifalda) y el uso de la píldora anticonceptiva.

En conclusión los movimientos sociales transformaron las relaciones que se dan en la sociedad actual, aunque no con la fuerza que se esperaba, ya que los actores de estos movimientos con el paso de los años se fueron insertando en el sistema que ellos querían cambiar, pasando a ser parte de ellos y no motores de cambio.

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