Guerra del Pacífico (1879-1881)

Historia de América. Compañía de salitres. Ocupación de Antofagasta

  • Enviado por: Napoleón
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 23 páginas
publicidad

Introducción.

La guerra del pacífico se produjo en el desierto de Atacama, entre los años 1879 y 1884 en ella participaron directamente Perú, Bolivia y Chile.

Esta guerra comienza por diversas causas, las cuales ponían en riesgo la soberanía de Chile, esta fue una sangrienta lucha- por más de 4 años- que puso a prueba la valentía de soldados y marinos, especialmente Chilenos y Peruanos, que lucharan con gran valentía y astucia, como quedará demostrado con el siguiente trabajo.

La Guerra del Pacífico (1879-1881).

ANTECEDENTES: Después del tratado chileno-boliviano de 1866, que fijaba el límite entre Chile-Bolivia y reglaba lo relacionado con los derechos aduaneros, este último país había concertado con Perú el tratado secreto de 1873.

  • El salitre de Tarapacá. Al subir a la presidencia del Perú Manuel Pardo en

  • 1872, el fisco s hallaba en bancarrota, pues las rentas públicas sólo alcanzaban a saldar la mitad del presupuesto nacional.

    Tal situación tenía por causas el derroche y la decadencia del guano. El guano, que era propiedad del Estado peruano, se estaba agotando, al mismo tiempo que el salitre, que se explotaba por cuenta particular y sólo pagaba un impuesto de exportación, le hacía en el mercado una competencia ruinosa. La cuarta parte de los capitales salitreros de Tarapacá eran chilenos, así como la mayoría de la población trabajadora.

    Pardo resolvió entonces colocar al salitre en la misma situación jurídica que el guano, es decir, convertirlo en propiedad del Estado, que monopolizaría así ambos abonos, evitando la competencia y salvando la difícil situación fiscal.

    La medida, que en teoría parecía intachable, resultó el más completo fracaso: el salitre bajó de precio como consecuencia de la cesación de la guerra franco-alemana, los capitalistas chilenos negaron nuevos créditos a las compañías salitreras de Tarapacá y el gobierno peruano no tuvo fondos para pagar al contado las expropiaciones y hubo de emitir certificados o pagarés hipotecarios.

    Para colmo de males, la existencia de salitre en territorio boliviano y aun en Taltal (unos y otros en poder de chilenos), hacía ilusorio el estanco del salitre peruano. Esto movió a Pardo a unirse a Bolivia y buscar la alianza de Argentina, para aprovechar la momentánea superioridad naval del Perú y arrojar a Chile del desierto de Atacama. A Pardo le urgía el pronto estallido de la contienda, a fin de que Chile no pudiese retirar de los astilleros británicos los dos blindados mandados a construir por el gobierno de Errázuriz.

  • El tratado secreto (1873). En ese año Perú y Bolivia firmaron el tratado de alianza defensiva, que más tarde provocaría la guerra del Pacífico. Establecía lo siguiente:

  • Bolivia y el Perú se garantizaban la integridad de sus territorios.

  • Bolivia y Perú harían efectiva su alianza en el caso de que cualquiera de ellas viese menoscabada su soberanía o se le tratase de obligar a variar leyes que se diese en el ejercicio de esa soberanía.

  • Cada parte contratante se reservaba el derecho d decidir si la ofensa recibida por la otra “está comprendida entre las designaciones en el artículo anterior”.

  • Las partes contratantes no podrían celebrar tratados de límites con otro país sin conocimiento previo de su aliada.

  • Solicitar la adhesión de otras naciones americanas.

  • El tratado sería secreto.

  • Argentina y el tratado secreto. En ese tiempo, el ministro Ibañez exigía el

  • pronto arbitraje en la cuestión chileno-argentina.

    El presidente Sarmiento obtuvo entonces de la cámara argentina la adhesión al tratado secreto y los necesarios créditos de guerra (septiembre de 1873); pero el senado, aunque aprobó estos últimos, postergo toda resolución sobre el tratado mismo.

    En realidad, entre Argentina y Brasil, así como entre Argentina y Bolivia, el Perú y el Brasil, existían también cuestiones limítrofes.

    Por otra parte, sabedor Errazuriz de la existencia del tratado, guardó la más estricta reserva y dio orden de que el "Cochrane", uno de los blindados en construcción, zarpara inconcluso de Inglaterra.

  • El tratado de 1874. La presencia de aquel barco basto para cambiar la

  • actitud del Perú y de Argentina; el primero aconsejó a Bolivia a tranzar con Chile y el segundo no formalizó su ingreso a la alianza.

    Un nuevo tratado entre Chile y Bolivia fue firmado por los gobiernos de Federico Errázuriz y Tomás Frías en 1874. En el se estipuló lo siguiente:

  • El limite se mantendría en el paralelo 24.

  • Se suprimía la medianería establecida en el tratado de 1866.

  • Bolivia se comprometía a no aumentar las contribuciones existentes durante los 25 años sobre los capitales e industrias chilenos.

  • Daza y la compañía de Salitres. El gobierno de Frías fue derribado en 1876 por el pronunciamiento del general Hilarión Daza, quien hizo aprobar un impuesto de 10 centavos por quintal de salitre exportado.

  • El gobierno chileno y la compañía entablaron reclamación; pero Daza ordenó cobrar un impuesto, y como gerente de aquélla se negase a pagar, trabó embargo y sacó las salitreras a remate.

  • Ocupación de Antofagasta (1879). Violado el tratado del 74, renacían para

  • Chile los derechos que hacía valer antes del tratado del 66 sobre el territorio a que ese convenio se refería.

    Sólo correspondía, en consecuencia, la ocupación militar de Antofagasta, con lo cual se reivindicaba el litoral y se evitaba el remate de las salitreras. Tal fue lo que hizo el gobierno de Chile mediante el envío de 200 hombres al mando del coronel Emilio Sotomayor, quien ocupó Antofagasta en medio del entusiasmo de la población, chilena en su inmensa mayoría (14 de febrero).

  • Declaración de la guerra. Bolivia declaró la guerra el 1 de marzo y Prado,

  • sucesor de Pardo en el gobierno del Perú, se negó a mantener su neutralidad, confesando la existencia del tratado secreto. Chile declaró la guerra a los aliados el 5 de abril.

    Argentina, gobernada por Avellaneda, rechazó una nueva petición de ingreso a la alianza; temía las complicaciones con el Brasil, cuyo emperador, don Pedro II, simpatizaba con Chile, aunque dentro de la más estricta neutralidad.

    Situación de los beligerantes.

    Ninguno de los tres países beligerantes estaba en 1879 en condiciones necesarias para emprender una guerra larga y costosa como la que iba a empezar. Como no tenían servicio militar obligatorio, sino el sistema de guardias nacionales, debieron engrosar sus pequeños ejércitos de línea por medio del reclutamiento. Las tropas de línea se reducían en Bolivia a 2000 hombres, en el Perú a 6000 y en Chile a 2400, que en su casi totalidad se hallaban sosteniendo las interminables campañas de la Araucanía.

    Potencias Navales Comparadas.

    Bolivia carecía de escuadra; pero el Perú disponía de cuatro blindados: "Huascar", "Independencia", "Manco Capac" y "Atahualpa". Estos dos últimos, más que unidades de escuadra, eran fortalezas flotantes, poderosamente artilladas y blindadas, pero de escaso andar. Además de ellos, poseía las corbetas de madera "Unión" y "Pilcomayo", lo suficientemente rápidas.

    La Escuadra chilena comprendía los blindados "Cocharne" y "Blanco Encalada" y cinco barcos de madera, las corbetas "Chacabuco", "O'Higgins", "Esmeralda", "Magallanes" y la goleta "Covadonga".

    La oficialidad y tripulaciones chilenas estaban mejor preparadas que las peruanas, con honrosas excepciones.

    COMBATE NAVAL DE CHIPANA.
    (12 de abril de 1879)

    Tan pronto le fue notificado el bloqueo de Iquique, el mando naval peruano dio ejecución a lo planeado para sus primera operaciones.

    La "Unión" y la cañonera "Pilcomayo" zarparon de El Callao el 8 de abril a interceptar las líneas de comunicaciones marítimas chilenas al sur de Iquique, para negar los abastecimientos a los buques chilenos.

    El Almirante Juan Williams Rebolledo conoció este zarpe, pero, creyéndolo del monitor "Huascar" con la cañonera "Pilcomayo" y temiendo un bombardeo a la planta resacadora de agua en Antofagasta, ordenó el zarpe del blindado "Cochrane" y la cañonera "Magallanes" a ese puerto.

    Entretanto, el Gobierno había enviado instrucciones urgentes para el Almirante Williams, que llegaron telegráficamente a Antofagasta.

    Cuando recalaron las naves al puerto, la cañonera "Magallanes", al mando del Comandante Juan José Latorre Benavente , fue comisionada para llevar dichas comunicaciones a Iquique.

    En la mañana del 12 de abril y a la cuadra de la punta Chipana, avistó a los buques peruanos "Unión" y "Pilcomayo", que de inmediato gobernaron para acortar distancia con la cañonera.

    Ambos eran superiores a la cañonera " Magallanes" en andar y armamento.

    A las 10.50 la cañonera "pilcomayo" abrió el fuego a 3.550 metros, seguida por la "Unión".

    El Capitán de Fragata Juan José Latorre Benavente ordenó izar el pabellón de combate, con un fuerte "Viva Chile" de su tripulación y decidió no responder el fuego de la cañonera"Pilcomayo", para concentrar su escaso armamento sobre la "Unión". Al tercer disparo logró un impacto generando un enorme escape de vapor. La nave se detuvo momentáneamente y después viró, abriendo distancia para reunirse con la cañonera "Pilcomayo" y ambas decidieron terminar la acción.

    El Comandante Juan José Latorre Benavente recaló en Iquique, entregando el documento al Almirante y cumplió en forma integral el objeto de la comisión.

    Los buques peruanos no supieron aprovechar su mejor andar y armamento, para poner entre dos fuegos a la cañonera "Magallanes".

    La "Unión" tuvo que regresar hasta El Callao para ser sometida a reparaciones, y la cañonera " Picomayo" a Ilo para carbonear.

    El Capitán de Fragata Juan José Latorre aplicó correctamente el principio de mantenimiento del objetivo. Dos naves enfrentaron a una más débil y resultaron rechazadas con averías.

    La Campaña Marítima. (1879).

    Desde un comienzo se pudo observar serias discrepancias dentro del gobierno chileno y entre éste y el elemento militar y naval. El ministro del interior, Belesario Prats, reprentaba la tendencia que estaba resuelta a hacerse respetar, frente al presidente Pinto, inclinado a la moderación y a la cautela. El gabinete opinaba que debía atacarse inmediatamente al Callao, pero el almirante Williams Rebolledo aplicó su plan de bloquear Iquique a fin de privar de recursos a Perú y obligar a su escuadra a batirse en alta mar. El ministerio de Prats hubo de renunciar, siendo reemplazado por el que encabezó Antonio Varas.

    EL BLOQUEO DE IQUIQUE.

    Iquique no resultó a la Armada peruana un apremio lo suficientemente poderoso para que concurriera a presentar batalla, lo que restó significación estratégica al bloqueo.

    El Almirante Juan Williams Rebolledo, antes de cambiar su plan original, decide hostigar los puertos peruanos. Para este efecto divide a la Escuadra en las siguientes agrupaciones:

    A los buques más viejos la corbeta "Esmeralda" y la goleta "Covadonga" los mantuvo en el bloqueo de Iquique.

    Con el blindado "Blanco", la corbeta "Chacabuco" y la corbeta "O'Higgins" zarpó al ataque de Huanillos, Pabellón de Pica y Pisagua.

    El Comandante Enrique Simpson Baeza , con el blindado "Cochrane" y la cañonera "Magallanes" , fue destacado a atacar Mollendo.

    En Pabellón de Pica, se suspendió el cargamento de guano a 15 naves mercantes neutrales, se quemaron los muelles e instalaciones fiscales y se capturó un remolcador a vapor, con todos los faluchos empleados en la carga de buques.

    En Huanillos se procedió de igual forma con 50 naves mercantes e instalaciones portuarias.

    Los chinos residentes contribuyeron enormemente a la acción ofensiva de las naves, al sublevarse, incendiando y saqueando el resto del puerto.

    En Mollendo se enfrentó resistencia de fusilería enemiga en tierra, que el Comandante Enrique Simpson Baeza neutralizó bombardeando las instalaciones portuarias.

    Reacción similar desde tierra experimentaron el blindado "Blanco" y la corbeta "Chacabuco" en Pisagua, por lo que también bombardearon el puerto, hasta que la bandera peruana fue arriada.

    Al enviar un destacamento a tierra para destruir los faluchos, los peruanos reanudaron el fuego, lo que motivó la continuación del bombardeo hasta incendiar todos los depósitos de salitre.

    Al regreso de la Escuadra a Iquique, el Almirante Juan Williams Rebolledo ordenó a las autoridades del puerto detener las plantas destiladoras de agua y el ferrocarril, so pena de bombardear la ciudad. Pero la escuadra enemiga no se presentó a dar batalla. Entonces el Jefe Naval decidió cambiar el Plan.

    EXPEDICION DE LA ESCUADRA A EL CALLAO.

    Dado que el enemigo no presentaba combate en Iquique, se consideró necesario ir en su busca mediante acciones ofensivas.

    El 9 de mayo había recalado el vapor "Lamar" con carbón, víveres y municiones.

    Seis días más tarde arribó a Iquique el vapor inglés "Lontué", cuyo Capitán informó al Almirante Juan Williams Rebolledo que el grueso de la flota enemiga aún permanecía en El Callao y le proporcionó un croquis de la base naval con la ubicación de los diferentes buques peruanos.

    Manteniendo el mayor secreto, Juan Williams Rebolledo decidió zarpar el 16 de mayo para atacar a El Callao.

    Antes, efectuó algunos relevos:

    El Capitán de Fragata Arturo Prat Chacón asumió como Comandante de la corbeta "Esmeralda" y la responsabilidad por el bloqueo de Iquique.

    El Comandante Manuel Thomson Porto Mariño asumió el mando de la "Abtao" y el Capitán de Corbeta Carlos Condell de la Haza , como Comandante de la goleta "Covadonga", que permanecía junto a la "Esmaralda" en el bloqueo de Iquique.

    El día anterior, el Almirante citó al Comandante Arturo Prat Chacón a bordo del buque insignia y le entregó un sobre sellado con instrucciones, el que debía ser abierto el 20 de mayo.

    El 16 de mayo zarpa la Escuadra con rumbo a El Callao.

    Quiso el destino que el mismo día se hiciera a la mar la escuadra enemiga desde El Callao a Arica, llevando embarcado al Presidente Mariano Ignacio Prado y escoltando un convoy con 4.000 soldados, destinados a reforzar el dispositivo terrestre en Tarapacá.

    Ambas fuerzas se cruzan de vuelta encontrada en alta mar, sin avistarse.

    En Arica, el jefe peruano, Capitán de Navío Miguel Grau Seminario, obtiene las siguientes informaciones:

    • Que la Escuadra chilena había zarpado con sus unidades más significativas hacia El Callao.

    • Que el bloqueo de Iquique era mantenido por dos buques de muy escaso valor combativo.

    • Que desde Valparaíso había zarpado un convoy desprotegido con 2.500 soldados (noticia en la prensa chilena).

    Ciñéndose fielmente al plan de campaña, el Comandante peruano resolvió atacar a las dos naves chilenas en Iquique y luego continuar al sur para interceptar y apresar el convoy con tropas y destruir la máquina resacadora de agua de Antofagasta.

    Así el 20 de mayo zarpaban desde Arica el monitor "Huascar" y la fragata blindada "Independencia" y al día siguiente a las 08.00 horas entraban a la rada de Iquique.

    El mismo día entraba la Escuadra nacional en El Callao, encontrando una base naval ausente de objetivos. El Almirante Williams ordenó regresar al sur forzando las máquinas.

    Combate Naval de Iquique.

    Convencido al fin el almirante de la ineficacia de su plan, marcho al norte en demanda de la escuadra enemiga, que suponía anclaba en el Callao.

    Así tuvo lugar el memorable Combate Naval de Iquique, del 21 de mayo de 1879. Al amanecer de ese día, el capitán Carlos Condell, comandante de la Covadonga, fue avisado por el oficial de la Covadonga, fue avisado por el oficial de guardia de su buque que hacia el norte se divisaban dos grandes barcos. En el acto saltó sobre el puente y observó. No le fue dificil reconocer al Huáscar y la Independencia.

    Después de una hora de activo cañoneo, durante el cual la Independencia descargaba sobre la Covadonga y el Huáscar sobre la Esmeralda, los comandantes Grau y Prat se hallaron frente a frente. Como la Esmeralda estaba cerca de tierra, desde el puerto se le hacía también un nutrido fuego de fusileria. Era evidente que el buque chileno perdía contienda. Apenas podía moverse y sus tiros se estrellaban débilmente contra la coraza del adversario.

    En un momento de calma, Prat hizo formar a su marinería y la arengó, diciéndole: "¡Muchachos! La contienda es desigual. Nunca se ha arriado nuestra bandera ante el enemigo. Espero que no sea ésta la ocasión de hacerlo. Mientras yo viva, esa bandera flameará en su lugar; si muero, mis oficiales sabrán cumplir con su deber". La marinería lanzó un estruendoso "¡Viva Chile!", y el duelo continuó con más empuje.

    A las tres horas de combate, la corbeta Esmeralda había sido perforada por varios proyectiles; hacia agua, pero su fuego no disminuía. El comandante Grau, comprendiendo que no debía prolongar por más tiempo un encuentro tan disigual, suspendió el fuego y con sus máquinas a todo vapor lanzó sobre al Huáscar sobre la Esmeralda, la tomó por la mitad y la atravesó con l espolón. Prat, que esperaba sereno ese instante, dio un grito que era una voz de mando: "¡Al abordaje !". Sus hombres no lo escucharon, y sólo él, acompañado del sargento Juan de Dios Aldea, saltaron a la cubierta del buque enemigo. Allí cayeron ambos acribillados por las balas.

    La lucha continuó, sin embargo, dirigida por el teniente Luis Uribe. Al segundo espolonazo, otro teniente, Ignacio Serrano, saltó también al abordaje con unos cuantos marineros. Todos corrieron igual suerte que Prat y Aldea. Un tercer espolón derribó definitivamente a la Esmeralda, con su arboladura y su casco hecho astillas. Entonces un guardiamarina, el joven Ernesto Riquelme, descargó a ras de agua el postrer cañonazo y se hundió en el océano con los despojos de la vieja nave, cuya bandera, todavía a flote, flameaba rozando las olas.

    Combate Naval de Punta Gruesa.

    (21 de mayo de 1879).

    Cabe explicar que el combate desarrollado entre el Huáscar y la Esmeralda, se denomina Combate Naval de Iquique, y ese entre la Independencia y la Covadonga se denomina Combate Naval de Punta Gruesa, este transcurrió de la siguiente manera:

    Luego de la derrota de la Esmeralda, más al sur se estaba continuando el encuentro entre la Independencia y la Covadonga. Las fuerzas de estos adversarios eran más desproporcionadas todavía que los otros. Inferior a la Esmeralda era la Covadonga, y superior al Huáscar la Independencia. Sin embargo, a la misma hora en que la nave de Grau hundía a la de Prat bajo el mar en Iquique, el más débil derrotaba, en Punta Gruesa, a un paso del puerto, al más poderoso.

    La independencia había perseguido hacia el sur con sus formidables cañones a la Covadonga, que allegada a la costa se batía en retirada. Al cabo de más de tres horas de lucha, la Independencia avanzó hacia la Covadonga con el fin de deshacerla con su espolón; pero ésta, como nave pequeña y de poco calado, se había detenido en una mar baja, entre los arrecifes de Punta Gruesa. Al pretender alcanzarla, la Independencia había tocado fondo, hundido su proa y escorado, varándose completamente. Entonces la Covadonga avanzó sobre ella y la había cañoneado hasta rendirla. Sólo el pronto auxilio del Huáscar pudo impedir que su tripulación se entregara. La Covadonga escapó, entonces, seguida por el poderoso buque de Grau; pero como éste abandonara pronto su persecución, temeroso de encontrarse con alguna escuadrilla chilena, logró guarecerse y reparar sus averías en el puerto de Antofagasta.

    Tal fue el resultado del combate naval de Iquique. Chile perdió un barco viejo y ya gastado; pero ganaba un héroe, Prat, cuya acción paso a ser para todos los chilenos, el más glorioso emblema de patriotismo, y cuyo nombre, repetido en los campamentos orgullo de todos los labios, pareció desde ese día guiar los ejércitos a la victoria o a la muerte. El Perú, en cambio, perdía su más formidable nave de guerra.

    El Huáscar se rinde,

    Combate Naval de Angamos.

    Mientras tanto el Huáscar y algunos buques menores del Perú se convertían en el terror de las costas de Chile. Durante varios meses, Grau, astuto y valeroso, había sabido burlar la persecución de las naves enemigas. Pero su fortuna no se prolongó demasiado. Vuelta la escuadra chilena a entrar en campaña, se concertó un plan para dar caza al rápido y formidable monitor peruano. En efecto, el capitán Juan José Latorre, comandante del acorazado chileno Cochrane, encontró al Huáscar de regreso de una excursión al sur, frente a Mejillones, en la punta de Angamos, el 8 de octubre de 1879. Aunque éste quiso huir, no lo consiguió porque el Cochrane era de más andar. Obligó, pues, Latorre a librar combate allí mismo al temible Grau.

    La acción no fue larga; duró una hora y media. A los primeros tiros, Grau cayó despedazado por una bala de metralla que hizo volar la torre blindada desde la cual dirigía su buque. Murió como un héroe.

    Dos oficiales que sucesivamente ocuparon su puesto rodaron también barridos por las balas. Llegado el Blanco Encalada, acorazado que dirigía Riveros, a reforzar la acción del Cochrane, el monitor peruano se rindió. Poco tiempo después una corbeta peruana La Pilcomayo, se entregaba también a sus vencedores, con lo cual la escuadra de Chile quedaba dueña del océano. Los demás buques del Perú no salieron ya de sus puertos. El Huáscar, reparado, se incorporó a la armada chilena. Hoy se conserva, como un santuario de las glorias navales de Chile, en el puerto de Talcahuano.

    CAMPAÑA DE TARAPACÁ (1879).

    Hasta este momento el gobierno no pensaba anexarse Tarapacá y sólo deseaba la posesión de esa provincia como garantía del pago de una fuerte indemnización.

    Tarapacá era el centro de los recursos económicos del adversario y su dominio daría a Chile una prenda para el caso, que ya se temía, de una intervención europea. Pues cabe advertir que el Perú estaba tratando de poner en juego contra Chile los poderosos intereses ingleses y de otras nacionalidades existentes en las compañías salitreras de aquella provincia.

    A fines de octubre, un ejército expedicionario de 9500 hombres se embarcaba en Antofagasta al mando del general Erasmo Escala, militar de la vieja escuela, formado en tiempos en que el valor temerario decidía los combates.

    1.- La Toma de Pisagua. El 2 de noviembre llegaron frente a Pisagua la escuadra chilena y los transportes que conducían al ejército. Después de silenciar los fuertes mediante el cañoneo de los buques de guerra, se efectuó el desembarco bajo el nutrido fuego de los aliados que se hallaban parapetados en trincheras, en las rocas de los cerros de la costa, en la maestranza del ferrocarril, en la aduana y en los rimeros de salitre.

    2.- Batalla de Dolores. Después de la pérdida de Pisagua, el ejército de Buendía, fuerte de 9000 hombres, marchó de Iquique a Dolores, sin saber que esta aguada ya había sido ocupada por 6000 chilenos al mando de Emilio Sotomayor. Sotomayor tomó fuertes posesiones en el cerro de Dolores o de San Francisco, a cuyo pie había una oficina salitrera y un pozo de agua, alrededor del cual se iba a dar la batalla.

    La batalla de Dolores se produjo el 19 de noviembre. El combate se inició con un duelo de artillería, al que siguió el ataque de la infantería perú-boliviana por la falda del cerro San Francisco y el contraataque de la chilena, que la hizo retroceder hasta el en un furioso cuerpo a cuerpo. Los aliados abandonaron el campo sin ser perseguidos, lo que permitió salvar la mayor parte de sus tropas y proporcionar más tarde a los chilenos la derrota de Tarapacá.

    3.- Combate de Tarapacá. Después de Dolores, la guarnición de Iquique abandonó este puerto y marchó a reunirse con los fugitivos en el oasis de Tarapacá. Con ello quedaba Chile en posesión de nuevos recursos para proseguir la guerra: los derechos que producía la exportación de salitre.

    Desgraciadamente, el comando, sin conocer la fuerza que había salvado en Dolores, cometió la imprudencia de enviar contra Tarapacá una simple división de 2200 hombres, con escasos víveres y municiones y falta totalmente de agua, elemento indispensable en toda operación en el desierto.

    Buendía, en cambio, había logrado reunir en Tarapacá más de 5000 combatientes, incluyendo a los defensores de Iquique, que le aportaron abundantes municiones.

    El combate fue un desastre para las armas chilenas, cuyos efectivos quedaron reducidos en un 32%. Allí murió el comandante Eleuterio Ramírez.

    Después del combate, Buendía se retiró hacía Tacna por los senderos de la falda de la cordillera y llegó a Arica con sólo 3700 soldados.

    La campaña de Tarapacá dejaba en poder de Chile la rica provincia salitrera del mismo nombre, cuyas entradas sirvieron para financiar la guerra.

    Cambios de gobierno en el Perú y en Bolivia.

    La captura del “Huáscar” primero, y la pérdida de Tarapacá después, produjeron en el presidente Prado el más profundo desaliento. Abandonó el país, y días más tarde, un movimiento militar y popular llevaba al poder, en calidad de dictador, a Nicolás de Piérola, caudillo que se apoyaba en el pueblo y en el clero.

    En cuanto a Daza, cayó en un total desprestigio y sus tropas se sublevaron contra él y lo depusieron. Le sucedió Narciso Campero.

    Prado y Daza, los autores de la guerra, sufrían sus consecuencias.

    Campaña de Tacna (1880).

    Después de muchas vacilaciones, el gobierno chileno resolvió expedicionar contra Tacna y Arica.

    El ejército fue organizado en divisiones y elevado a cerca de 13000 hombres. Se le dotó, al mismo tiempo, de los elementos necesarios para una nueva campaña en el desierto; esta vez en el que separa a Tacna de la costa.

    El desembarco se hizo en la caleta de Ilo y días después fueron tomadas las alturas casi inexpugnables de Los Angeles (21 de marzo de 1880).

    Esta victoria fue como el anuncio del triunfo definitivo.

    1.- Batalla de Tacna (1880). Desde tiempo atrás se venían produciendo desacuerdos entre el general Escala y el ministro Sotomayor. El primero renunció al cargo y fue designado en su reemplazo el general Manuel Baquedano. Sotomayor falleció poco después en el campamento de Bella Vista, suceso lamentable que iba a privar el ejército del hombre que había sido el organizador de la victoria.

    Entretanto, los aliados, en número de 8500 peruanos y 5000 bolivianos, ocupaban el campo de la alianza, inmediatamente al norte de Tacna. Los mandaba el general Narciso Campero, nuevo Presidente de Bolivia.

    Baquedano disponía de 14500 combatientes, de los cuales participaron en la batalla solo 10000, pues el resto permaneció inmóvil en la retaguardia.

    La batalla comenzó por un duelo de artillería y termino en medio de furiosas cargas a la bayoneta que pusieron en derrota a los aliados, que solo fueron perseguidos hasta las vecindades de la ciudad de Tacna (26 de mayo). Los bolivianos, que ya no volverían a participar en la guerra, tomarían el camino del Altiplano. Los peruanos, completamente desmoralizados, huyeron hacia Arequipa.

    La alianza perú-boliviana quedaba desecha.

    2.- Toma del Morro de Arica. Faltaba apoderarse del Morro de Arica, que era la llave de la zona conquistada. Para ello habría bastado sitiarlo, sin necesidad de lanzarse al asalto; pero fue esto lo que se hizo, a causa de que escaseaban los víveres y el ejercito necesitaba lo mas pronto posible ponerse en comunicación con el mar.

    El Morro, peñón casi inaccesible, de 139 m. Sobre el mar, estaba guarnecido por 2.000 hombres, al mando del coronel Francisco Bolognesi. Poderosos fuertes, dilatadas trincheras y una complicada red eléctrica de minas automáticas que reventaban con la presión del pie sobre el fulminante invencible, hacia de el una posición casi inexpugnable.

    Sin embargo, el Morro fue tomado en el tiempo récord de 55 minutos, no obstante la heroica resistencia de sus defensores, la excelencia de sus defensas y el efecto destructor de las bombas automáticas. Mando el asalto el coronel Pedro Lagos (7 de junio).

    Al finalizar la campaña de Tacna, quedaba en el poder de Chile toda la parte sur del Perú hasta el río Sama; pero la guerra estaba aún muy lejos de terminar.

    Conferencias de Arica.

    Piérola era un dictador de extraordinaria energía y tenacidad, que no pensó jamás en rendirse.

    En Chile, en cambio, las ultimas victorias y la posesión de las provincias de Tarapacá y de Tacna hacían pensar a Pinto y al ministro Santa María en la posibilidad de obtener la paz; pero la opinión pedía la pronta campaña contra Lima.

    Así las cosas, el ministro ingles Gladstone invitó a las grandes cancillerías a unirse para poner fin a la guerra en Pacífico por imposición, si bien reconociendo los derechos que la victoria daba a Chile. Bismarck respondió, dice Bulnes, “que los gastos de una empresa semejante serían para el Imperio alemán muy superiores a las utilidades que podía reportar”.

    El gobierno de los Estados Unidos se adelantó entonces a intervenir, para evitar que las cancillerías europeas atropellaran el principio de Monroe: de aquí salieron las conferencias de Arica.

    A ella asistieron delegados de Chile, Perú, Bolivia y Estados Unidos. Las sesiones se celebraron a bordo de una fragata norteamericana, entre el 22 y 27 de octubre de1880.

    Como los delegados de Chile exigiesen la cesión incondicional de todos territorios situados al sur de Camarones, los aliados propusieron el arbitraje incondicional de Estados Unidos, lo que los chilenos no aceptaron.

    Las conferencias no tuvieron otro resultado práctico que demostraba la necesidad de la expedición a Lima.

    Entretanto, la escuadra chilena bloqueaba el Callao y trataba de dar caza a los barcos que desde Panamá llevaban armamentos al Perú.

    Campaña de Lima.

    Después de una memorable disputa, bajo la presión del congreso y de la opinión publica, el gobierno hubo de resolver la expedición a Lima. Pinto, que tanto la había combatido, se consagró a organizarla, inteligentemente secundado por José Francisco Vergara, que era ahora el adalid de aquella empresa.

    El ejército fue elevado a 42000 hombres.

    Piérola, que ejercía una incontrolada dictadura, no necesitaba consultar a las cámaras ni a los políticos. Organizó un ejército de 45000 hombres, de los cuales, entre 30000 y 35000 tendrían a su cargo la defensa de Lima. Al mismo tiempo fortificó las líneas de Chorrillos y de Miraflores para defender la capital peruana.

    El ejército, al mando de Baquedano, se embarcó en Arica y desembarcó en seguida en Pisco, acampando luego en el valle de Lurín en número de sólo 25000 combatientes. Se hallaban a 30 kilómetros de Lima.

    1.- Batalla de Chorrillos ( 13 de enero de 1881). Las líneas de Corrillos, con un frente de 16 kilómetros, estaban defendidas por 22000 hombres y 80 cañones. Ocupaban aquéllas los morros, lomas, cerros y gargantas que partiendo desde la costa avanzan hacia el este, reforzadas en aquel entonces por fuertes reductos, baterías abiertas y trincheras, todas precedidas de minas automáticas ocultas en el suelo.

    Baquedano, que no era hombre de planes complicados y que tenía una ciega confianza en sus tropas, ordenó el ataque frontal y el empuje de sus soldados la dio la victoria.

    2.- Batalla de Miraflores (15 de enero 1881). Intervino entonces el cuerpo diplomático de Lima, cuyos miembros se ofrecieron para conferenciar con el dictador peruano, siempre que se concediera un armisticio prudente para alcanzar la tarea que se proponían.

    Baquedano no se comprometió a no atacar Miraflores antes de a medianoche del 15 al 16; pero a las 2 de la tarde del 15 el enemigo abrió el fuego de fusilería sobre las líneas chilenas. Roto el armisticio, empezaba la batalla de Miraflores.

    Las posiciones cubrían la población de este nombre, situada a seis y medio kilómetros de Lima. Como estaban en terreno plano, se habían tenido mayor cuidado. En fortificarlas. Las defendían 20000 hombres. Baquedano disponía de poco más de 24000 combatientes.

    Mientras la escuadra bombardeaba el ala derecha de la línea peruana, las divisiones se lanzaban al ataque. A las 4:30 se dio el asalto final y a las 6 empezaban la retirada y fuga del enemigo.

    Se ignora la cuantía de las pérdidas del ejercito de Piérola.

    En Chorrillos y Miraflores, el ejercito chileno había perdido entre muertos y heridos más del 22% de sus efectivos.

    El 17 de enero el ejercito entraba a Lima. Baquedano y una parte de sus tropas regresaron a Chile en una vuelta triunfal, cubiertos de gloria y saludados con el entusiasmo delirante de sus conciudadanos.

    La guerra estaba virtualmente terminada. La prudencia de Pinto, la inteligencia y la audacia de Baquedano, habían llevado al país a la victoria. El pueblo chileno sin distinción de clases, habían abierto un paréntesis a las luchas políticas y consagrado todas sus energías a la defensa nacional. El país que entró a la lucha pobre y en plena crisis, veía restablecidas sus finanzas y sus economías con el salitre de Tarapacá.

    FIN DEL GOBIERNO DE PINTO.

    La cuestión presidencial.

    El fallecimiento de Rafael Sotomayor, de quien se pensaba sería el sucesor de Pinto, dio a Santa María la seguridad de que ahora nadie podría disputarle la presidencia.

    Mas de pronto surgió la candidatura del general Baquedano, que contó con la adhesión del partido conservador, de fuertes núcleos liberales y radicales, y de una gran base en opinión pública, que veía en el candidato un futuro continuador de Bulnes y un medio de poner atajo a la ya inveterada practica de la intervención electoral.

    Pero Santa María, que había prestado innegables servicios en el curso de la guerra, contaba con el favor oficial, esto es, con el apoyo del poderoso partido liberal de gobierno. Luego se sumaron a sus huestes las nacionales o montt- varistas, dirigidos por Antonio Varas y los radicales de Matta. Una gran convención liberal proclamó a Santa María candidato a la presidencia de la república.

    Al mismo tiempo desde el gobierno se preparaba activamente la intervención. Baquedano renunció indeclinablemente a su candidatura.

    Santa María resulto elegido por 275 electores de presidente.

    El Tratado de Limites con Argentina (1881).

    Si bien es cierto que la Argentina se abstuvo de intervenir por las armas en la contienda iniciada el 79, no lo es menos que no dejo de aprovecharse de la situación, apremiado a Chile para resolver la cuestión del limite en las horas mas difíciles de la crisis internacional.

    Posteriormente trato de esterilizar las victorias chilenas, gestionando la mediación conjunta con el Brasil sobre bases contrarias a las que había propuesto Chile en la conferencia de Arica: nada de compensaciones territoriales (diciembre de 1880). Pero el Brasil se negó a inmiscuirse en lo que pudiera ofender los propósitos de Chile.

    Al mismo tiempo, los estadistas argentinos, que veían acertadamente en la Patagonia “una reserva del porvenir”, se oponían a toda solución que tuviese por base el arbitraje.

    Finalmente, al término del gobierno de Pinto se firmo el tratado de 28 de julio de 1881, en el cual renunció Chile a sus derechos históricos sobre la Patagonia.

    El tratado estipulo lo siguiente:

    La línea fronteriza “correrá por las cumbres mas elevadas de la cordillera de los Andes que dividan las aguas, y pasará por entre las vertientes que se desprenden a un lado y otro”.

    A Chile le correspondería una faja de territorio al norte del estrecho de magallanes.

    La Tierra del Fuego se dividiría por una línea recta, desde el cabo de espíritu santo hasta el canal Beagle. La región occidental sería chilena y la oriental argentina. Toda las islas situadas entre el canal y el cabo de Hornos pertenecerían a Chile.

    El estrecho de Magallanes sería neutral para la bandera de todas las naciones.

    Desgraciadamente, con el tiempo se suscitarán graves dificultades al constatarse que la línea de las altas cumbres no coincide con la de separación de las aguas o divortia aquarum.

    Santa María y la Expansión.

    Fin de la Guerra del pacifico(1881-1884).

    Domingo Santa María.

    Domingo Santa María González nació en Santiago en 1825 en el seno de una familia colonial.

    Después de obtener el título de abogado, ingresó al partido liberal, en cuyas filas fue uno de los más ardorosos opositores de Montt, a quien combatió en los movimientos revolucionarios de 1851 y 1859. Una vez en la presidencia, imprimió a su gestión política un marcado personalismo.

    Dotado de extraordinaria inteligencia y de un carácter enérgico, aunque inconstante, Santa María trató en todo momento de imponer su voluntad. Si por su elocuencia sus maneras afables y su espíritu mundano atraía adhesiones y se captaba simpatías, por su versatilidad, la violencia de sus pasiones y su autoritarismo no tardaba en perderlas.

    Ningún presidente intervino como Santa María en forma más destacada y violenta en las elecciones, a fin de formarse congresos que le fuesen totalmente adictos. Sus adversarios eran barridos del parlamento, sin el menor respeto a la ley ni a la opinión pública, que ya empezaba a exigir libertad electoral.

    Cupo a Santa María promulgar el tratado de límites con la Argentina (1881), dar término a la guerra del Pacífico y a la pacificación de la Araucanía, realizar trascendentales reformas jurídicas y administrativas, construir obras públicas, etc. El país empezó a conocer entonces una nueva era de expansión territorial y económica.

    García Calderón.

    Como Piérola huyó a la sierra, el Perú se hallaba prácticamente sin gobierno y sometido a las armas chilenas, cuya ocupación podría prolongarse por un tiempo indefinido.

    Finalmente, una asamblea eligió presidente provisional a Francisco García Calderón, quien estableció su sede en la villa de La Magdalena, a las puertas de Lima.

    Entre tanto, surgía una nueva complicación: un grupo de espectadores norteamericanos y franceses intentaban apoderarse del guano y del salitre, para lo cual trataba de introducir al gabinete de Washington a ejercer presión sobre Chile para que renunciase a toda anexión territorial y aceptarse una simple indemnización pecuniaria. Esto dejaría al grupo en posesión de las riquezas de Tarapacá, ya que sería él quien proporcionaría al Perú los fondos necesarios.

    García Calderón, que buscaba la intervención de los Estados Unidos, fue depuesto por las fuerzas chilenas y enviado a Chile en calidad de prisionero (Septiembre de 1881).

    La ocupación del Perú: Patricio Lynch, “ El último Virrey”.

    La ocupación del Perú se prolongó por mas de tres años y medio, al mando del contralmirante Patricio Lynch, que fue tal vez el jefe mas brillante que produjo la guerra del Pacifico. Se había formado en la Armada Británica.

    En la ocupación del Perú fue algo mas que un general en jefe, pues tuvo bajo su tuición inmediata la parte mas rica y poblada del país, esto es, el centro del territorio, desde Pisco por el sur hasta Lambayeque y Paita por el norte.

    Lynch poseía un carácter de inquebrantable dureza cuando era necesario, bajo las formas afables y elegantes del hombre de mundo y de sociedad. “hablaba correctamente el francés y el ingles, lo cual hacia su trato muy agradable para los extranjeros que llegaban al Palacio de los Virreyes, donde vivía y donde tenia sus oficinas”.

    Secundado por sus colaboradores, Lynch puso orden en un país completamente desorganizado por la guerra. Como un verdadero jefe de Estado, reorganizó las policías, los servicios judiciales, la hacienda, la administración y el sistema de contribuciones locales. Mantuvo la disciplina de sus tropas, puso termino al bandidaje y al robo y llevó la guerra a la región de las sierras, donde algunos jefes peruanos mantuvieron una agotadora campaña de guerrillas. Gracias a sus inteligentes medidas y a su rigurosa economía, los gastos de la ocupación casi se balancearon con las entradas.

    Las campañas de la Sierra.

    Después de la ocupación de Lima, Cáceres, y otros jefes peruanos se retiraron a las sierras, donde organizaron montoneras formadas en gran parte por indios crueles y salvajes, o por mestizos sin disciplina militar.

  • Combate de Sangra. Fue uno de los más gloriosos encuentros de esas campañas, pues 35 soldados del regimiento Buin, al mando del capitán José Araneda, hubieron de batirse con fuerzas ochenta veces superiores, formadas principalmente por indios y montoneros. La contienda duró 13 horas, quedando los chilenos dueños del caserío, pero reducidos a 10 combatientes, pues todos los demás fueron muertos o heridos (26 a 27 de junio de 1881 ).

  • Nuevas expediciones a la Sierra. Santa María deseaba activar las operaciones militares a fin de acelerar la firma de la paz, destruyendo un ejército de más de 3.000 hombres que habían logrado organizar el coronel Cáceres y cuyo cuartel general se hallaba en Ayacucho.

  • El ejército atravesó la mole andina, encontrándose luego en una complicada situación: lejos de sus bases, obligo a vivir de los recursos de un país hostil y diezmado por la rudeza del clima y la fiebre tifoidea, que en un momento llegó a matar o a postrar al 25% de sus efectivos. Para mantener la posesión del terreno conquistado y asegurar la alimentación, fue preciso seguir el peligroso procedimiento de acantonar pequeños destacamentos en los pueblecitos de la sierra, sumidos en hondonadas rodeadas de elevadísimas montañas entre las que se deslizan terribles desfiladeros. Los que caían en una emboscada eran pasados a cuchillos y sus cabezas y sus miembros mutilados servían de enseñas de victoria a los guerrilleros y a los indios.

  • Combate de la Concepción (9 10 de julio de 1882). Fue entonces cuando el coronel Juan Gastó, al frente de varios miles de indios y guerrilleros, cayó sobre la aldea de La Concepción, donde cubrían guarniciones 78 hombres. Mandaban la campaña el capitán Ignacio Carrera Pinto y los jóvenes oficiales Julio Montt Salamanca, Arturo Pérez Canto y Luis Cruz Martínez.

  • Todos parecieron al pie de la bandera que habían jurado defender.

    Gestiones de paz: Combate de Huamachuco.

    El fracaso de las expediciones a la sierra hizo pensar al gobierno de Chile en poner término a la ocupación del Perú y retirar sus tropas a la línea del río Sama, límite norte de la provincia de Tacna.

    Mas, en ese mismo tiempo, un prestigioso jefe pierolista, el general Miguel Iglesias, lanzaba el manifiesto de Montána, en el cual hacia ver al pueblo Peruano la necesidad imprescindible de hacer la paz y poner termino aquella situación caótica (abril de 1882).

    Pero la actitud de Iglesias fue hábilmente explotada por sus enemigos políticos, que le acusaron de traidor. Cáceres reanudo la campaña de la Sierra.

    Su ejercito, formado por gentes de las montañas, logro burlar por algún tiempo la persecución de los chilenos, hasta que al fin fue destruido por Gorostiaga en Huamachuco (10 de julio de 1883).Cáceres logró escapar a uña de caballo.

    La paz: el tratado de Ancón (20 de octubre de 1883).

    La destrucción del ejercito de la Sierra afirmo al gobierno de Iglesias, permitiendo entablar las negociaciones finales.

    Se firmo el tratado de Ancón, cuyas disposiciones principales estatuyeron lo siguiente:

    El Perú cedía a Chile, “perpetua e incondicionalmente”, la provincia del Tarapacá, entre el río y quebrada de Camarones y el río y quebrada del Loa.

    Las provincias de Tacna y Arica, entre el río Sama y la quebrada y río de camarones, continuarían poseídas por Chile, “durante el termino de diez años”, y, expirado ese plazo, un plebiscito decidiría su nacionalidad definitiva.

    El país a cuyo favor quedaran anexadas a Tacna y Arica pagaría al otro diez millones de pesos.

    Un protocolo, que se consideraría como parte integrante del tratado, determinaría “la forma en que el plebiscito deba tener lugar y los términos y plazos en que hayan de pagarse los diez millones por el país que quede dueño de las provincias Tacna y Arica”.

    Tratado de tregua con Bolivia (4 de abril de 1884).

    Después de enojosas y complicadas alternativas pudo llegarse a un entendimiento con Bolivia bajo la forma de un simple pacto de tregua.

    La tregua seria indefinida.

    Esto fue firmado en Valparaíso y en él se estipuló la siguiente:

    El territorio entre el río Loa y el paralelo 23 continuarían sometido a las leyes chilenas.

    Se restablecían las relaciones comerciales entre Chile y Bolivia, y se otorgaban a esta última franquicias especiales para su comercio por Arica y Antofagasta.

    Bolivia devolvería las propiedades confiscadas a chilenos y los productos percibidos por el secuestro.

    Se proseguirían las gestiones para conseguir una paz justa y definitiva.

    Civiles en la Guerra.

    Además del brillante comportamiento de nuestras Fuerzas Armadas en el curso de la Guerra del Pacífico, sobresalieron en el transcurso de ella numerosos civiles que se convirtieron en soldados para defender a la patria. Algunos tuvieron un actuación notable. El Presidente de la República, Anibal Pinto, dio el ejemplo. El ministro de Guerra y Marina, Rafael Sotomayor, verdadero ministro en campaña, designado para "centralizar la alta dirección de la guerra". Lo mismo puede decirse de José Francisco Vergara, quien ocupó el cargo de Ministro de Guerra Y Marina después de la muerte de Rafael Sotomayor.

    Consecuencias de la Guerra del Pacífico.

    Con la liquidación de la guerra, Chile pasaba a ejercer hegemonía en América del Sur y aumentaba en más de un tercio de su territorio. Se abría una nueva era de paz y de trabajo. El conflicto había puesto en tensión las fuerzas productivas del país, especialmente los sectores agrícolas, minero e industrial. Además de los artículos de vestuario, productos químicos, calzado, carros, barriles, cureñas, calderas para buques, la industria nacional fue capaz de construir locomotoras.

    Naturalmente, el salitre pasó a constituir el motor principal del desarrollo económico, seguido por la producción de cobre. La explotación de los territorios ganados en la guerra proporcionó cuantiosas rentas al Estado y a los empresarios que tomaron la responsabilidad de administrar esos negocios. Se estima que el decenio 1879-1889 las exportaciones de salitre aumentaron en aproximadamente, un 70%.

    Ha sido controvertida la resolución del gobierno chileno de entregar la administración de las salitreras de Tarapacá al capital foráneo en lugar de reservar esa gestión al Estado. El gobierno, antes de resolver al respecto, había nombrado dos comisiones con el carácter de asesoras. Ambas aconsejaron dictar un decreto de junio de 1981, que dice: ” Los establecimientos salitreros del territorio de Tarapacá comprados por el gobierno del Perú y por cuyo precio éste había expedido certificados de pago no cubiertos, serán devueltos provisoriamente y sin perjuicio del derecho de terceros, a los que depositen, por lo menos, las tres cuartas partes de certificados emitidos por el valor de cada salitrera y enteren además en una al precio tesorería fiscal en moneda una suma igual al precio de la otra cuarta parte, cantidad que será devuelta al interesado cuando entregue todos los certificados emitidos por el de la respectiva salitrera”.

    Conclusiones.

    Al concluir el siguiente trabajo pudimos darnos cuenta de la gran valentía de las participantes de esta guerra, y de cómo surgieron esos héroes que hasta el día de hoy admiramos.

    A través de este trabajo fuimos testigos de cómo cada país pudo afrentar con valentía, dando incluso la vida, para salvar los ideales de su respectiva patria, nombrar cada batalla o describir cada pasaje bélico de esta guerra sería largo y difícil, nombrar a cada héroe imposible, porque nos obligaría hacer un justo recuerdo de cada uno de ellos.

    Ni ciento dieciséis años de paz pueden borrar las cicatrices que aún continúan en la memoria de todos nosotros, sirviéndonos como ejemplo de valor, valentía y amor a la Patría, de cómo miles de campesinos, mineros y ciudadanos se transformaron en soldados para escribir con su sangre generosamente derramada, tan tristes, pero a la vez gloriosas páginas dentro de la historia.

    Bibliografía.

    • Manual de Historia de Chile. Francisco Frías Valenzuela.

    Editorial Zig-Zag.

    • Historia y Geografía de Chile, 4º medio.

    • www. Contenidos.com

    Indice.

    Introducción..........................................................................................Pág. 01.

    La Guerra del Pacífico............................................................................Pág. 02.

    Situación de los Beligerantes..................................................................Pág. 04.

    Potencias Navales Comparadas..............................................................Pág. 04.

    Combate de Chipana..............................................................................Pág. 05.

    La Campaña Marítima...........................................................................Pág. 06.

    Expedición de la escuadra al Callao.......................................................Pág. 07.

    Combate Naval de Iquique......................................................................Pág. 08.

    Combate Naval de Punta Gruesa............................................................Pág. 09.

    El Huáscar se rinde. Combate de Angamos.............................................Pág.10.

    Campaña de Tarapacá...........................................................................Pág. 11.

    Campaña de Tacna................................................................................Pág. 12.

    Campaña de Lima..................................................................................Pág. 13.

    Fin del gobierno de Pinto........................................................................Pág. 15.

    Fin de la Guerra del Pacífico..................................................................Pág. 16.

    Campaña de la Sierra..............................................................................Pág. 17

    Tratado de tregua con Bolivia.................................................................Pág. 19.

    Consecuencias de la Guerra del Pacífico.................................................Pág. 20.

    Conclusiones.........................................................................................Pág. 21.

    Bibliografía............................................................................................Pág. 22.

    Anexo (Imágenes)...................................................................................Pág. 23.

    Guerra del Pacífico

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